Draco despertó ligeramente cansado, había descansado bastante bien y por primera vez en dos semanas se sentía realmente feliz.
Miró a su lado, Harry ya no estaba, pero eso ya lo había sabido desde la noche anterior en que se habían despedido con un fugaz y tierno beso, prometiendo que se verían lo antes posible para reunirse con Dumbledore y crear un plan para sacar a Narcissa Malfoy de la mansión donde ahora gobernaba Voldemort.
El rubio se puso de pie bostezando, se colocó el uniforme y despidiéndose de la enfermera retornó a la sala común de Slytherin, necesitaba hablar con Blaise y Pansy, necesitaba pedirles perdón y explicarles todo, necesitaba advertirles y pedirles que se pusieran a salvo, necesitaba que hablaran con todas las serpientes disponibles y convencerlos de luchar del lado correcto, de luchar para Harry Potter.
Había acordado junto al pelinegro pasarse del lado de la luz definitivamente, aunque no había tenido tiempo de explicarle que en realidad ya jugaba para aquel bando y que solo aparentaba estar de lado de Voldemort para llevar información a la orden del fénix. Había acordado nunca apartarse de él, ser su mano derecha y sus ojos en la espalda, le había prometido luchar a su lado.
Llegó hasta las mazmorras y bajó hasta su habitación donde tomó una muy merecida ducha, su piel aún olía a Harry y aunque realmente no quería deshacerse de aquella sensación, no podía postergar mucho aquel baño.
Salió con el cabello húmedo solo para encontrarse con las camas de Vincent y Gregory completamente vacías y un Blaise Zabini mirándolo de reojo mientras recogía sus libros y los guardaba en su baúl.
—Necesito hablar contigo —Le dijo Draco en voz baja mientras se acercaba a la puerta para asegurarse de que no había nadie escuchando. —Ve por Pansy y tráela aquí, necesito que ambos me escuchen.
Blaise lo miró con fría indiferencia y sin decir nada salió de la habitación. Draco aprovechó ese momento para vestirse y colocarse la túnica del uniforme, con mucho cuidado anudó su verde corbata y con mucho orgullo volvió a colocarse el broche de Slytherin que Harry le había regalado, aquel que había guardado al fondo de su baúl junto a la snitch que el pelinegro le regaló durante su tercer año.
No mucho tiempo después Blaise apareció por la puerta junto a una muy desconfiada Pansy Parkinson que le miraba como si quisiera usar legeremancia y adivinar sus intenciones.
Draco cerró la puerta tras ellos y aplicó un encantamiento muffiatopara que nadie pudiera oír lo que iba a decir. Aquello puso en sobre aviso a sus dos antiguos amigos, los cuales rápidamente y de manera nada discreta colocaron sus manos sobre sus varitas que guardaban dentro de las túnicas.
El rubio levantó las manos en son de paz, guardando su varita dentro de la túnica y dejándola ahí, demostrando que realmente lo único que quería era hablar. Luego les hizo un gesto para que se sentaran frente a él, en la cama de Blaise y ambos chicos obedecieron en silencio pero sin apartar la mano de sus respectivas varitas.
Malfoy tomó aire, relajó los hombros, miró a sus ex amigos, directamente al rostro y finalmente dijo:
—Lo siento —Tanto Zabini como Parkinson parecían realmente sorprendidos. —Lamento haberme portado como un hijo de puta estos dos años, pero créanme, era necesario —Miró hacia sus zapatos, nervioso. —Mi padre involucró a toda mi familia con quien-ya-saben y yo no tenía muchas opciones, me ofrecieron unirme a quien-no-debe-ser-nombrado y servirle o unirme a él y filtrar información para los buenos —No mencionó a Severus para no comprometer su papel como doble agente. —Terminé jugando para los dos bandos y las cosas se me salieron de las manos, no podía decirles esto porque no estaba seguro de donde estaban sus lealtades, ambos son magos poderosos de familias sangre puras y si estaban involucrados con Voldemort aquello podía complicar las cosas para mí y para mi madre.
—¿Y cómo sabes que no lo estamos? —Preguntó Zabini.
—Porque usé legeremancia contigo mientras dormías y sé que tu madre se ha mantenido neutral —Luego miró a Pansy. —Y porque desde que estás saliendo con Granger pareces más una Gryffindor, no me sorprendería si me dijeras que aconsejaste a tus padres mantenerse neutrales también. —La pelinegra asintió, muy seriamente.
—Pero si lo sabías ¿Por qué no nos lo dijiste antes? —Preguntó ella.
—Porque entre menos personas supieran de mis verdaderas intenciones sería más fácil guardar el secreto y mantener las apariencias, el que ustedes me miraran con tanto odio por los pasillos me ayudaba a mantener la máscara.
—¿Y por qué has decidido contarnos esto ahora? —Preguntó Blaise, con genuina curiosidad.
—Hable con Harry Potter anoche, él descubrió mi secreto y bueno... no pude mantener la farsa frente a él, me ha dicho que esta noche él y Dumbledore irán en una misión importante, algo que ayudará a vencer al señor tenebroso y que aquello podría significar el inicio de una nueva guerra —Los miró con seriedad. —Necesitaba advertirles, necesitaba que estuvieran preparados para que pensaran que era lo que querían hacer, luchar o marcharse cuando el momento fuese preciso.
—Hermione mencionó algo, no me dijo que Potter iría con el viejo —Afirmó Pansy. —Me ha pedido que ayude a los leones a montar guardia esta noche, lo hacemos siempre que Dumbledore tiene que salir... —Luego, un poco avergonzada agregó. —Sabíamos que planeabas algo peligroso y creíamos que la ausencia de Dumbledore te daría valor para intentar lo que sea que planearas. Teníamos que detenerte.
—Han hecho bien, Pans no soy el único mortífago en el castillo y puede que ahora que estuve inconsciente y convaleciente tanto tiempo el Lord le haya traspasado mi tarea a algún otro incauto.
—¿Cuál era tu misión? —Preguntó el moreno.
—Asesinar a Dumbledore, por supuesto que él estaba al tanto, por eso nunca tomó medidas contra mí, a pesar de que todo el mundo le dijo lo peligroso que era.
—De acuerdo... —Dijo Blaise seriamente. —Entonces... ¿Cuál es el plan?
—Por ahora quiero que se encarguen de identificar a un grupo de alumnos que podamos reclutar, pero primero tienen que asegurarse que son de fiar, no necesitamos ningún agente doble en nuestras filas, también que se encarguen de convencer a los más jóvenes de mantenerse neutrales para no enredarlos en conflictos. Yo tengo que seguir fingiendo que soy un hijo de puta, pero confío en que sabrán hacer el trabajo.
Draco se puso de pie, dispuesto a tomar el desayuno.
—Me alegra que no seas de los malos —Dijo Pansy con voz tranquila, llena de cariño. —Jamás vuelvas a ocultarnos nada ¿De acuerdo?
El rubio asintió y salió de allí para volver a fingir que nada de eso había pasado.
Durante todo el día, Draco no vio señal alguna de Crabbe o Goyle, ninguno de los dos se presentaron a clases o a comer, aunque tampoco era que a Malfoy aquello le preocupara demasiado, su cabeza había estado pendiente únicamente de idear una forma de reunirse con su madre y ponerla a salvo o en un caso totalmente drástico, aplicarle un obliviatepara que pudiera mentirle al Lord sin problemas y pudiera decir que no sabía que su propio hijo era un traidor.
Había pensado seriamente en esperar al fin de semana para usar el armario y transportarse hasta Malfoy Manor, juntar el equipaje de su madre usando la capa de Harry y transportarse de regreso al castillo junto a su madre, no le hacía mucha gracia aquello de esperar, pero ya había esperado dos años y un par de días más no harían la diferencia o al menos eso creía.
Otro de los asuntos que le agobiaban ligeramente era el tema de la seguridad, estaba seguro que cuando Dumbledore muriera, aquella garantía de seguridad se acabaría, pues Voldemort sería capaz de tomar el control de todo en un santiamén sin que ningún mago le plantara la cara para intentar detenerlo. Un año a lo mucho, le daba al viejo, la última vez que lo había visto la maldición que atacaba su mano ya se había extendido por todo el brazo y nadie podía hacer nada para detener la infección.
Entonces pensó que la mejor opción era llevar a su madre a Grimmauld Place, sabía por Severus que se encontraba bajo un encantamiento fidelius y estaría rodeada de miembros de la orden que no la dejarían a su suerte. Después quizás tendría que enfrentarse a su padre y convencerlo de dejar al Lord, convencerlo de mantenerse oculto junto a Narcissa y mantenerlos a salvo a ambos, aunque algo le decía que Lucius sería más necio y primero tendrían que lanzarse un par de imperdonables para después llegar a un acuerdo, eso si Voldemort cumplía con su promesa de sacarlo de Azkaban.
Decirlo y planearlo se saboreaba fácil, hacerlo sería lo complicado, siempre había algo que alteraba sus planes, siempre había algo dispuesto a decirle que seguiría pagando por los errores de sus padres y que aquello sería así el resto de su vida.
Caminó al gran comedor, donde nuevamente ni Vincent ni Gregory estaban, era la hora de la cena y definitivamente era extraño que ninguno de los dos se presentara en todo el día a comer, con lo mucho que ambos amaban hacerlo.
Draco pudo ver a Pansy sentada en la mesa de los leones junto a Granger quien parecía estarla regañando por algo mientras Longbottom, y los Weasley las miraban divertidísimos, una Ravenclaw los acompañaba, pero parecía totalmente perdida en su propio mundo mientras le hacía una trenza a Ginevra.
Del otro extremo de la mesa de las serpientes, Blaise estaba con Theodore Nott, ambos hablaban tranquilamente y se sonreían de manera coqueta, haciendo que Draco sonriera por dentro, jamás le había dado una respuesta a Zabini cuando le confesó sus sentimientos y ahora que sabía que su amigo seguramente ya lo había superado se sintió mucho mejor, mucho más tranquilo y deseó con todas sus fuerzas que las cosas fuesen así siempre, que sus amigos fuesen felices, que la armonía de ese momento no se rompiera nunca.
Al terminar la cena Draco regresó a su alcoba, dispuesto a dormir, Blaise llegó mucho después con una enorme sonrisa en el rostro. Malfoy no preguntó nada, solo le lanzó una mirada divertida que hizo que su amigo se sonrojara.
—¿No te parece extraño que esos dos no aparecieran en todo el día? —Preguntó Blaise ya cuando estaban acostados en sus respectivas camas, con la luz apagada. —Quiero decir... no estarán haciendo nada malo, ¿o sí?
—No tengo idea, mientras permanecí con ellos parecía que sus únicas ordenes era apoyarme en mi misión y vigilarme, nunca pareció que trajeran nada entre manos.
El silencio se hizo presente de nuevo en la habitación, entonces Draco se puso de pie y comenzó a quitarse la pijama para colocarse de nuevo el uniforme.
—Tengo una idea —Dijo el rubio cuando terminaba de ponerse los zapatos, Blaise le había imitado y volvía ponerse el uniforme. —Tenemos que encontrar Weasley o a Granger y pedirles el mapa. Así sabremos si esos dos están dentro del castillo o no, si lo están podemos seguirlos y averiguar lo que hacen.
Por supuesto que el moreno no entendía una mierda de lo que Draco decía, pero se limitó a asentir y a seguir a su mejor amigo escaleras arriba pero se detuvieron nada más salir al vestíbulo, Gregory llegó con la cara empapada en sudor, agitado.
—Draco, escucha, no tenemos mucho tiempo, Vincent, él usó tu armario, fue a traer a algunos de los mortífagos, no tardarán mucho en llegar, me ha dejado vigilando en la entrada y mierda... tienes que avisar a ya sabes.
El rubio se quedó inmóvil, incapaz de creer que Gregory realmente estuviera al tanto de asunto. Goyle por su parte miró a Zabini con terror, creyendo que quizás había metido la pata.
—¿Desde cuándo...? —Quiso preguntar, pero no había tiempo para ello. —Escucha, Greg, vuelve junto a Crabbe ¿De acuerdo? tranquilízate y sigue fingiendo tan bien como ahora, Blaise, alerta al ejercito de Dumbledore, Pansy ya debe estar con ellos.
Entonces, dentro de la cabeza de Draco, pudo sentir la mente de Madame Rosmerta intervenir por el imperio que aún la gobernaba, le decía que Harry Potter y un muy débil Albus Dumbledore se encontraban en Hogsmeade.
Liberó de la imperius a la pobre mujer, consiente que de que probablemente no necesitaría su ayuda nunca más. Blaise y Gregory ya se habían marchado, Draco sacó su varita.
—Expecto Patronum —Dijo en voz casi implorante, tenía siglos sin invocar su patronus y ahora lo necesita, seguramente Potter y Dumbledore ya estarían de camino al castillo y él necesitaba mantenerlos alejados de la pelea lo antes posible.
El pavo real blanco emergió de la punta de su varita y lo miró con cierto reproche, como reclamando que lo hubiera dejado olvidado.
—Por favor, encuentra Harry Potter y Albus Dumbledore, diles que deben llegar juntos a la torre de astronomía.
Aquel era el punto más alejado de la sala de menesteres. El patronus pareció entenderlo y se marchó atravesando las rocosas paredes del castillo.
Fue precisamente en ese momento que escuchó los primeros ruidos de pelea a sus espadas y las luces de las maldiciones comenzaron a hacerse visibles, estaban avanzando muy rápido.
Debatió entre regresar y ayudar a sus amigos o advertirle al viejo sobre lo que ocurría para darles ventaja a los dos hombres que simbolizaban la libertad y la luz en la guerra que pronto se desataría.
Un encantamiento perdido le dio en la pierna, dejándola completamente paralizada, tomó aire y comenzó a cojear en dirección contraria a la pelea, después tendría tiempo de estar al frente de la batalla, por el momento era más importante encontrar a Harry.
El pasillo se le hacía infinito, las piernas ya le dolían por el esfuerzo que presentaba que su pierna izquierda estuviera completamente neutralizada, agradeció haberse puesto en forma, de lo contrario no hubiera resistido ni la mitad del trayecto corriendo a esa velocidad.
Al llegar a las escaleras en forma de caracol, escuchó ruidos a sus espaldas ¿Cómo era posible que la pelea lo hubiera alcanzado tan rápido?
Subió con cuidado, escalón por escalón hasta que finalmente se encontró con la enorme puerta de madera la cual abrió apresuradamente, detrás de ella, Albus Dumbledore permanecía completamente inmóvil, parecía apenas poder mantenerse de pie.
—Hay mortífagos en el castillo —Dijo el chico. —No tardarán en llegar a esta parte, la ED de Potter está tratando de retrasarlos ¿Dónde está Harry? Los dos deben ponerse a salvo.
—Tranquilo muchacho, algunos miembros de la orden también se encuentran aquí, estoy seguro de que podrán detenerlos sin problemas —Dijo Dumbledore con falsa tranquilidad.
Entonces, por la ventana, una luz verde iluminó el cielo, la marca tenebrosa había aparecido, dejándolos a todos con la boca abierta.
—Están avanzando, —repitió Draco— tiene que salir de aquí ¿Dónde está Potter?
—¿Tienes idea de quienes están aquí? ¿A que nos enfrentamos?
—No tengo idea, el imbécil de Vincent usó el armario evanescente que yo arreglé para traerlos.
—No me habías dicho nada sobre un armario... —Malfoy casi se sintió regañado.
—Nadie lo sabía, planeaba usarlo para traer aquí a mi madre.
Entonces el sonido de la pelea se fue acercando hasta que se estuvo justo debajo de ellos.
—El patronus debió alertarlos... —Reflexionó Dumbledore. —Ya deben saber que estamos aquí arriba ¿Estás listo para cumplir con tu tarea, Draco?
El rubio se paralizó, por supuesto que no lo estaba.
—Aún puede escapar, aún puede...
—No, no, mi querido muchacho, yo ya estoy muy débil, no puedo pelear ni huir y como bien recordarás, mi tiempo está contado, esta es tu oportunidad, te preparaste para esto por dos años y hoy es hora de que cumplas, por el bien común.
—No soy un asesino... —Dijo casi en un susurro.
Los pasos en las escaleras lo hicieron sentir realmente nervioso y con los ojos bien abiertos miró al anciano que le sonreía amablemente.
—Cuida de Harry, Draco. Y no tengas miedo.
Aquella frase hizo que su cerebro conectara de nuevo, no podía dejarse descubrir en ese momento, aún tenía muchas cosas que hacer. Entonces la puerta se abrió de golpe, Draco apuntó hacia Dumbledore que había afirmado con la cabeza muy débilmente.
—¡Expelliarmus! —Gritó y la varita de Dumbledore salió volando hasta un extremo de la sala.
Dumbledore cerró sus ojos, como si estuviera apunto de caer dormido y los gritos de la pelea en la planta de debajo de intensificaron hasta volverse insoportables.
— ¡Dumbledore acorralado! — dijo un hombre de aspecto mugroso y mirada lasciva. El hombre volvió su mirada hacia una pequeña mujer que parecía que era su hermana y quién sonreía con impaciencia. —Dumbledore sin varita, ¡Dumbledore solo! ¡Bien hecho, Draco, bien hecho!
— Buenas noches Amycus, — dijo Dumbledore calmadamente, como si diera al hombre la bienvenida a una fiesta. —Y has traído a Electo también...encantador...
La mujer se enfado un poco pero rió tontamente.
—Creo que tus chistes no te ayudarán esta vez en tu lecho de muerte ¿verdad? —Se burló ella.
—¿Chistes? No, no. esos son modales— replicó Dumbledore.
Draco se mantenía con el semblante frio apuntando al anciano, no escuchaba realmente la conversación que se desarrollaba a su alrededor, únicamente intentaba serenarse, debía cumplir, debía hacer lo necesario para garantizar su supervivencia y ser de ayuda una vez tuviera la oportunidad.
— ¡Hazlo! —La voz de Fenrir Greyback le hizo sobresaltar de manera imperceptible.
— ¿Eres tu, Fenrir? — pregunto Dumbledore.
— Exacto —carraspeó el otro. —¿Encantado de verme, Dumbledore?
— No puedo decir que lo estoy exactamente...
El hombre lobo se acercó hasta Draco y lo envolvió con sus fuertes garras, sujetándolo por la cintura y pasando las manos por su abdomen de manera obscena. Fenrir Greyback sonrió abiertamente mostrando sus dientes puntiagudos. La sangre resbaló por sus labios y se relamió.
— Tú ya sabes lo mucho que me gustan los niños, Dumbledore.
— Ya basta Greyback, — dijo un cuarto mortífago bruscamente, alguien a quien Draco no se molestó en identificar. Tenía una mirada dura y brutal. — Tenemos órdenes. Draco hay que hacerlo. Ahora, Draco, deprisa.
Pero en aquel momento se renovaron los sonidos de la pelea que se libraba abajo y una voz gritó:
—¡Han bloqueado la escalera! ¡Reducto! ¡REDUCTO!
— AHORA, Draco, ¡Rápido! — Dijo el hombre de cara brutal, enfadado.
Malfoy tomó aire y sujetó con firmeza la varita. En ese preciso momento la puerta de la torre se abrió como una explosión y apareció Snape, con su varita agarrada en la mano y sus ojos negros mirando la escena, desde Dumbledore acorralado en el muro contra la muralla, hacia los cuatro mortífagos incluido el hombre lobo, y Draco.
—Tenemos un problema, Snape — dijo el grumoso de Amycus, el cual tenía su varita y sus ojos fijos en Dumbledore, — el chico parece que no puede.
Severus miró a Draco quién no apartaba la vista del viejo. El rubio miró a su padrino quién lo miró de forma indescifrable, parecía que la decisión era solo suya.
El profesor no dijo nada, pero avanzo unos pasos y quitó a Malfoy fuera de su camino. Los tres mortífagos retrocedieron sin decir una palabra. Y hasta el hombre lobo parecía intimidado. Snape miró fijamente a Dumbledore durante un momento con repulsión y odio marcados en las líneas de su rostro.
— Severus... por favor... —Dijo Dumbledore, suplicante por primera vez en la noche.
Snape levantó su varita mágica y apunto directamente a Dumbledore.
Draco lo comprendió de inmediato, Snape debía cumplir con su tarea en caso de no poder llevarla a cabo, el viejo de todas formas moriría aquella noche.
Sacando valor de un lugar que no reconocía Draco usó un encantamiento no verbal para apartar a Severus, quien de verdad parecía asombrado por su decisión. Draco no dejaría que su padrino se manchara la manos por su culpa, ya no más.
— ¡AVADA KEDAVRA! —Un rayo de luz verde salió de la varita de Draco directamente hacia el pecho de Dumbledore dándole de lleno.
El anciano profesor cayó de la cima de la torre hacia al vacío mientras Draco intentaba mantener la calma, algo dentro de él se había roto y no podía ser reparado, su alma había terminado por corromperse por completo y nadie podía solucionarlo.
Sintió a Snape jalarlo hasta la salida, él caminaba simplemente por inercia, en su mente aún podía ver el destello verde de aquel maleficio, el rostro de Dumbledore, débil pero satisfecho y aquellas últimas palabras que el viejo le había dirigido flotaban en su mente, no debía tener miedo, debía ser valiente, debía cuidar de Harry.
Cuando logró recuperar sus sentidos y su cuerpo dejó de temblar se dio cuenta que se encontraba atravesando el castillo con Snape prácticamente arrastrándolo. Vio pasar los rostros de Pansy y Blaise, estaban heridos pero no de gravedad, vio a su antiguo profesor, Remus Lupin peleando junto a Sirius Black, a Granger apoyando a Ginevra, el cuerpo de Bill Weasley tendido en el suelo, muerto tal vez. Longbottom también estaba ahí junto a un par de Ravenclaws y Hufflepuffs.
Todo parecía ir en cámara lenta, era una escena realmente cruda y cruel, veía cuerpos tendidos en el suelo y él solo rogaba que ninguno de esos cuerpos perteneciera a Harry.
Salieron del castillo sin un solo rasguño, ni si quiera se había percatado de que su pierna izquierda estaba funcionando de nuevo.
—¡No se te lleves! —Gritó una voz a sus espaldas, justo cuando estaban en el límite donde podrían desaparecerse. —¡Lo vas a condenar! ¡Lo vas a condenar si te lo llevas! —Gritaba Harry con desesperación.
—Draco, vete —Le ordenó Snape con la mirada fría. Los mirtífagos que ya esperaban a unos metros de distancia los miraban con el ceño fruncido. —Vete si no quieres que te descubran —Casi susurró.
—¡No! ¡Draco! ¡Draco! —Harry lloraba, desesperado.
Snape apuntó a Harry con su varita, lanzándolo un par de metros atrás.
—¡Cruc...! —Intentó decir Harry pero Snape lo detuvo.
—¡Maldiciones Imperdonables de ti no Potter! —vociferó. —No tienes el temperamento ni la habilidad.
—¡Incarc...!- bramó Harry pero Snape desvió el hechizo con un toque de su varita desganadamente. —¡Pelea conmigo! — le chilló Harry. —¡Pelea conmigo, cobarde...! ¡Pelea y déjalo a él en paz! ¡Tú lo metiste en esto! ¡Y vas a terminar de condenarlo!
—¿Me has llamado cobarde, Potter? —aulló Snape. —Tu padre jamás me atacaba a menos que fueran cuatro contra uno... Me pregunto cómo deberías llamarle...
–¡Desma...!
—Te lo advertí, te dije que te mantuvieras alejado de él —Entonces se dio media vuelta, solo para encontrar a un Draco completamente indiferente pero cuna chispa de dolor en el rostro.
–¡Sectum...! —Intentó atacar el pelinegro una vez que pudo ponerse de pie, no iba a permitirlo, no iba a dejar que nadie se llevara a Draco.
Snape agitó su varita y repelió de nuevo el maleficio, pero Harry estaba ahora a sólo unos pasos y pudo ver claramente, por fin, la cara de Snape. Ya no estaba despreciativo o burlón, las ardientes llamas mostraban un rostro lleno de furia. Reuniendo todos sus poderes de concentración, Harry pensó
–¡Levi...!
–¡No Potter!– gritó Snape. Se oyó una explosión muy fuerte y Harry fue arrojado sobre sus espaldas, golpeándose muy fuerte contra el suelo, una vez más y perdiendo además la varita. —¿Te atreves a utilizar mis propios hechizos en mi contra Potter? Los inventé yo... ¡Yo, el Príncipe Mestizo! ¿Y utilizarás mis invenciones contra mí como hizo tu asqueroso padre, verdad? No lo creo... ¡No!
Harry había saltado hacia su varita. Snape lanzó un maleficio contra ella y la hizo volar varios metros hacia la oscuridad y fuera de su vista.
—¡No voy a dejar que arrastres a la miseria!– jadeó Harry. —No voy a dejar que lo condenes como te has condenado a ti mismo! ¡Él tiene una oportunidad y no voy a dejar que tú, miserable, cobarde se la arrebates! —Miró al rubio, estaba a varios metros lejos de ellos, medianamente ajeno a aquella plática.
—¡NO...– gritó Snape con su rostro súbitamente demencial, inhumano, como si sufriera —...ME LLAMES COBARDE!
Y acuchilló el aire. Harry sintió que algo blanco y cálido, semejante a un látigo le golpeaba en la cara y fue derribado hacia atrás.
—¡Severus! —Exclamó Draco a lo lejos, horrorizado.
En ese momento, Harry oyó un batir de alas sobre él y algo enorme oscureció las estrellas. Buckbeack volaba hacia Snape que se tambaleó hacia atrás cuando las garras rapaces y afiladas se clavaron en él.
Fue solo un momento, en que Harry logró sentarse y despejar su mente, el hipogrifo chillaba de dolor, Snape había corrido en dirección a Malfoy, los demás mortífagos se marcharon, Draco le miró por última vez y moviendo los labios le dijo:
—Te amo.
Y entonces desaparecieron, Harry se quedó ahí, llorando y gritando el nombre el rubio, lo había perdido.
—Lo siento —Dijo entre sollozos. —No pude protegerte, lo siento, Draco, lo siento, yo también te amo, perdóname.
