Draco fue despertado por el golpe en la puerta, se encontraba totalmente desnudo y con el cuerpo molido a golpes y maldiciones, habían pasado ya unas tres horas desde que Greyback había terminado de utilizarlo, el hombre lobo estaba especialmente enojado porque el lord se había marchado sin darle la oportunidad de comunicarle que su tarea de encontrar mestizos e hijos de muggles en los bosques estaba dando frutos reales, esperaba que con eso Voldemort lo tomara un poco más en serio, que lo dejara estar en sus filas como un elemento valioso.
Por supuesto que Malfoy había sabido lo que sucedería en cuanto le había comunicado a Fenrir que Voldemort se había marchado y que no volvería hasta después, se preparó mentalmente para aquello e incluso, dio bastante batalla, no había en la mansión nadie aparte de ellos dos, los mortífagos muy rara vez permanecían en Malfoy Manor si el lord no los convocaba y sus padres junto con su tía Bellatrix habían salido en una misión de la cual regresarían pronto.
Lanzó maldiciones una tras otra, pero estaba débil, no había comido en una semana, castigo de parte del lord por haberse rehusado a asesinar a una niña muggle de solo cinco años. Finalmente fue sometido por el hombre lobo quién no perdió el tiempo, se lo hizo rudo y sin preparación, fue doloroso e inquietante, estaba agradecido de haber perdido el conocimiento a la mitad a causa del cansancio y el hambre.
La puerta volvió a sonar haciéndolo sentir un terrible dolor de cabeza.
—¿Draco? —Dijo la voz de Narcissa del otro lado de la puerta, sonaba ansiosa, como si algo hubiese pasado en aquel momento, algo importante.
—Un momento... —Dijo con voz cansada.
Haciendo un esfuerzo sobre humano se puso de pie, no podía permitir que su madre le viera en esas circunstancias. Miró su cuerpo, sus piernas estaban manchadas de sangre y su torso tenía bastantes rasguños.
No tenía fuerza mágica ni física para curarse a sí mismo, así que simplemente se limpió, acomodó su ya bastante largo cabello rubio y con un movimiento de varita que le costó más de lo que creyó, se vistió nuevamente con una túnica negra que ya portaba el broche que Harry le había regalado y el giratiempo escondido en uno de los bolsillos internos.
Abrió la puerta con mucho cuidado, del otro lado, Narcissa miraba a su hijo con una chispa que hacía mucho tiempo no veía en sus azules ojos, esperanza.
—Fenrir ha venido acompañado de unos jovencitos, afirma que uno de ellos es Harry Potter —Habló en voz baja, muy, muy baja. —Tienes que bajar para identificarlos, prepararé tus cosas, esta noche te marchas de Malfoy Manor.
El corazón de Draco latía con fuerza, era como volver a la vida después de mucho tiempo, era como despertar de una terrible pesadilla. ¿Cuánto tiempo había permanecido en las sombras? No lo sabía, ya no importaba, ahora tenía una oportunidad.
—Pero... ¿y tú? —Dijo con voz temblorosa. —Tienes que venir con nosotros...
—Mi deber es quedarme junto a tu padre, Draco.
—No, no es cierto... Ya no, mamá, por favor... No voy a ir a ninguna parte sin ti.
—Escucha Dragón, ya sufriste demasiado por mí —Narcissa tocó el dedo anular de su mano derecha, aquel que le había crecido después de que se lo cortaran con todo y el anillo que la identificaba como la señora de la casa. —Has estado aquí encerrado porque intentaste protegerme y como tu madre ese era mi trabajo.
—No voy a ir a ninguna parte sin ti —Sentenció. —Tu no necesitas seguir junto a Lucius, él no va a protegerte como yo, madre, él no va...
—Yo le amo, Dragón y no voy a abandonarlo aquí.
Draco se quedó en silencio, entendía a la perfección ese sentimiento, el sentimiento de querer proteger a la persona que más amas en el mundo, el no querer abandonarla, el ser su apoyo y su respaldo, Draco lo entendía a la perfección, después de todo, había hecho muchas cosas para proteger a su madre y a Harry, para proteger a sus amigos.
—Escucha, Draco, el final está cerca y el lord sospecha demasiado de ti como para encargarte una misión de verdad, te tiene aquí solo para asegurarse de que no harás nada que le perjudique, pero estoy segura de que si te vas con Potter serás de mayor ayuda. Podrás ayudar a terminar con esto y cuando todo termine nos reuniremos. —Lo tomó entre sus brazos y le dio un cálido beso en la frente.
—¡Narcissa! —Dijo la imponente voz de Lucius desde la planta de abajo, apurándolos.
—¿Cuál es el plan? —Preguntó Draco cuando su mamá comenzó a guardar todas las pertenencias de su hijo en una maleta.
—No hay plan, cuando sea el momento los ayudaré a salir de aquí.
—No resultes muy obvia, déjame a mí como el traidor. —Ella asintió y Draco se dirigió al recibidor con las piernas temblando.
Había soñado con esa oportunidad cada noche desde que había llegado a Malfoy Manor y aunque siempre era de manera diferente, en esencia sus sueños le mostraban una escena donde Harry iba por él y lo sacaba de ahí, a veces estaban solos, a veces la orden entera entraba en acción y a veces Draco simplemente lograba escapar completamente solo, aprovechando algún descuido del Lord.
Draco sabía que escapar sería sumamente difícil, habían encantamientos antiaparición en todos los terrenos de la mansión y todas las puertas principales tenían un encantamiento que convertirían en cenizas al rubio nada más intentar abrirlas.
No sabía exactamente que planeaba su madre o si la mujer solamente esperaba algún milagro de parte de Potter que tenía fama de tener Felix Felicis en vez de sangre corriendo por sus venas por la cantidad de suerte con la que contaba el chico dorado.
Terminó de bajar las escaleras, se sentía débil y mucho temía no poder ser de utilidad a Potter pero se concentró en lo que era importante y tratando de lucir tranquilo llegó hasta donde Lucius y Fenrir se encontraban.
—¿Qué es lo que sucede? —Preguntó Draco con voz cansada, arrastrando las palabras.
El rubio se detuvo al pie de la escalera, ahí, junto a la chimenea, estaban Weasley, Granger, Dean, un duende y Potter, los cinco estaban amarrados y sometidos, se veían sucios, cansados y bastante asustados, aunque el que menos lo disimulaba era Ronald.
Había reconocido a Harry casi al instante, no importaba que alguien le hubiera lanzado un encantamiento para deformar su rostro, tenía la cara enorme, brillante y rosada, el pelo negro le llegaba por los hombros, y una barba rala le cubría el mentón, pero sin duda aquel era Harry Potter, Malfoy no tenía ninguna duda.
—Dicen que han capturado a Potter —explicó Lucius con emoción—. Ven aquí, Draco.
Greyback obligó a los prisioneros a darse la vuelta para colocar a Harry justo debajo de la araña de luces mientras Draco se acercaba a paso lento por el dolor en su cuerpo.
—¿Y bien? ¿Qué me dices, precioso? —preguntó el hombre lobo con lascivia, tal vez dándose cuenta del dolor del rubio, aquel que él había causado horas atrás.
Draco lo miró con detenimiento, sus ojos grises, fríos y apagados parecían hacer una inspección minuciosa, tratando de ganar tiempo hasta que el milagro se diera, hasta que el efecto Potter se hiciera presente.
Escuchó los inconfundibles pasos de su madre bajar por las escaleras y acercarse hasta Lucius, bien su madre ya estaba ahí, pero no se le ocurría nada más que seguir ganando tiempo.
—¿Y bien, Draco? —preguntó Lucius Malfoy con avidez—. ¿Lo es? ¿Es Harry Potter?
—No sé... No estoy seguro —respondió Draco. Manteniendo la distancia con Greyback.
—¡Pues fíjate bien! ¡Acércate más! —Harry nunca había visto tan ansioso a Lucius Malfoy—. Escucha, Draco, si se lo entregamos al Señor Tenebroso nos perdonará todo lo...
—Bueno, espero que no olvidemos quién lo ha capturado, ¿verdad, señor Malfoy? —terció el hombre lobo, amenazador.
—¡Por supuesto que no! ¡Por supuesto! —replicó Lucius con impaciencia y se acercó a Harry inspeccionándolo él mismo.
—¿Qué le hicieron? —le preguntó Lucius a Greyback—. ¿Qué le ha pasado en la cara?
—No hemos sido nosotros.
—Yo creo que le han hecho un hechizo punzante —especuló Lucius, y a continuación examinó con sus grises ojos la frente de Harry—. Sí, aquí tiene algo —susurró—. Podría ser la cicatriz, tensada... ¡Ven aquí, Draco, y mira bien! ¿Qué opinas?
Malfoy que ya se había ido a aparar junto a su madre quién le entregó una diminuta maleta reducida con todas sus cosas sin que nadie se percatara caminó de nuevo hasta Harry.
—A un lado, necesito un poco de luz —Demandó el rubio con impaciencia mientras tomaba el rostro de Potter entre sus manos y lo acariciaba discretamente para hacerle saber que todo estaría bien. —No puedo saberlo —Anunció al final, alejándose de Potter y extrañando su inconfundible aroma.
—Será mejor que nos aseguremos, Lucius —le dijo Narcisa a su esposo—. Debemos estar completamente seguros de que es Potter antes de llamar al Señor Tenebroso. Dicen que esta varita es suya —añadió, examinando una varita de endrino que Draco no reconoció como la de Harry—. Si nos equivocamos y hacemos venir al Señor Tenebroso para nada... ¿Te acuerdas de lo que les hizo a Rowle y Dolohov?
Draco sabía perfectamente lo que su madre trataba de hacer, al igual que él estaba ganando tiempo para poder actuar y la mejor manera era infundir miedo en Lucius quien no podía darse el lujo de volver a fallar frente a su señor, el hacerlo le podía costar la vida o la vida de su familia. Lucius era un cobarde, pero amaba a su familia.
—¿Y la sangre sucia qué? —gruñó Greyback. Harry estuvo a punto de caerse al suelo cuando los Carroñeros obligaron a los prisioneros a darse otra vez la vuelta, para que la luz cayera en esta ocasión sobre la cara de Hermione.
—Espera —dijo de pronto Lucius—. ¡Sí! ¡Sí, ella siempre está con Potter! ¡Y vi su fotografía en El Profeta! ¡Mira, Draco! ¿No es esa tal Granger?
Hermione lo miraba con tranquilidad, como si estuviera segura de que no la delataría.
—Pues... no sé, podría ser, se parece bastante.
—¡Pues entonces, ese otro tiene que ser el hijo de los Weasley! —gritó Lucius, y rodeó a los prisioneros para colocarse enfrente de Ron—. ¡Son ellos, los amigos de Potter! Míralo, Draco. ¿No es el hijo de Arthur Weasley? ¿Cómo se llama?
Ronald en cambio lo miró con terror, esperando a que Malfoy simplemente afirmara de quién se tratara y en ese momento, Weasley se arrepintió de siempre haberse llevado tan mal con Malfoy.
Pero Draco ya había dejado atrás aquel odio infantil por Weasley, sus vidas habían cambiado, mucho y aquel ya no era un simple juego de niños donde ambos podían perder puntos por insultarse o delatarse, aquella era la vida real y Draco no iba a poner en juego la vida de alguien no mientras pudiera evitarlo.
—No sé —repitió Draco, mirando fijamente a Weasley que se tranquilizó notablemente—. Podría ser.
De pronto se abrió la puerta del salón y Draco cerró los ojos con impotencia al ver a su tía Bellatrix entrar, estaban jodidos
—¿Qué significa esto? ¿Qué ha pasado, Cissy?
Bellatrix Lestrange, de párpados gruesos, se paseó lentamente alrededor de los prisioneros y se detuvo a la derecha de Harry, mirando fijamente a Hermione.
—¡Vaya! —dijo con serenidad—. ¡Pero si es la sangre sucia! ¡Esa Granger!
—¡Sí, sí, es Granger! —exclamó Lucius—. ¡Y creemos que quien está a su lado es Potter! ¡Son Potter y sus amigos! ¡Por fin hemos dado con ellos!
—¿Potter, Harry Potter? —farfulló Bellatrix con voz chillona, y retrocedió un poco para estudiarlo—. ¿Estás seguro? ¡En ese caso, hay que informar de inmediato al Señor Tenebroso! —Y se retiró la manga del brazo izquierdo.
Draco sintió que el corazón se le detenía, si su tía tocaba la marca llamaría a Voldemort y todo habría acabado.
—¡Ahora mismo íbamos a llamarlo! —dijo Draco, y sujetó la muñeca de Bellatrix, impidiéndole que se tocara la Marca y mirándola con furia fría
—Yo lo llamaré, Bella —Intervino Lucius. —Han traído a Potter a mi casa, y por tanto tengo autoridad para...
—¿Autoridad, tú? —se burló Bellatrix e intentó liberarse de la mano de Draco—. ¡Se te acabó la autoridad cuando perdiste tu varita, Lucius! ¿Cómo te atreves? ¡Quítame las manos de enciman Draco!
—Tú no tienes nada que ver con esto. Tú no has capturado al chico, ni...
—Disculpe, señor Malfoy —intervino Greyback—, pero somos nosotros quienes capturamos a Potter, y el dinero de la recompensa...
—¡El dinero! —exclamó Bellatrix y soltó una risotada; aún forcejaba con su ahijado y con la mano libre buscaba su varita en el bolsillo—. Quédate con el dinero, desgraciado, ¿para qué lo quiero yo? Yo sólo busco el honor de... de...
En ese momento, Bellatrix reparó en algo, algo brillante que uno de los carroñeros de Greyback oculto entre las sombras sotenía.
Draco le soltó la muñeca y vio con terror que su padre se arremangaba la camiza
—¡Quieto! —chilló Bellatrix—. ¡No la toques! ¡Si el Se- ñor Tenebroso viene ahora nos matará a todos!
Lucius se quedó paralizado, con el dedo índice suspendido sobre la Marca Tenebrosa de su brazo.
—¿Qué es esto? — Preguntó Lestrange .
—Una espada —contestó un Carroñero.
—¡Dámela!
—Esta espada no es suya, señora; es mía. La encontré yo. Se produjeron un estallido y un destello de luz roja, pronto uno a uno, los carroñeros fueron cayendo, aturdidos, Draco solo pudo pararse frente a su madre para protegerla de cualquier hechizo que rebotara.
—¿De dónde has sacado esta espada? —le susurró a Greyback al mismo tiempo que le quitaba la varita de la mano sin que él opusiera resistencia.
—¿Cómo se atreve? —gruñó él.
—¿Dónde has encontrado esta espada? —repitió ella blandiéndola ante el hombre lobo—. ¡Snape la envió a mi cámara de Gringotts!
Draco la reconoció enseguida, aquella era la espada de Gryffindor, había escuchado por Potter que era espectacular y majestuosa, pero verla ahí en persona era una experiencia diferente, era mejor de lo que se había imaginado.
—Llévate a esa escoria fuera, Draco —mandó Bellatrix señalando a los Carroñeros inconscientes—. Si no tienes agallas para liquidarlos, déjalos en el patio y ya me encargaré yo de ellos.
—No te atrevas a hablarle a Draco como si... —intervino Narcisa, furiosa, pero Bellatrix gritó:
—¡Cállate! ¡La situación es más delicada de lo que imaginas, Cissy! ¡Tenemos un problema muy grave!
Draco le dio a su madre una mirada agradecida y finalmente usó un mobilicorpus para sacar los cuerpos de los carroñeros sin decir nada más.
Las puertas de la mansión se abrieron gracias al permiso de su tía y el viento de la noche rápidamente le golpeó el rostro, haciéndolo sentir ligeramente más tranquilo y reconfortado, la libertad que sentía no se comparaba con nada y se prometió que no moriría encerrado en la casa que había amado y que en ese momento repudiaba con todo su ser.
Se había tomado su tiempo para tomar aire fresco, para observar las estrellas y para escuchar la naturaleza. Necesitaba pensar, necesitaba un plan. Si bien no podía escapar de ahí, al menos necesitaba darle a Harry una forma de escapar, necesitaba darle una nueva oportunidad.
Se encontró mirando el enrejado principal de la mansión y sintió sin duda que los hechizos protectores estaban intactos, la única manera de escapar era tal vez usando un traslador, un traslador que no tenía.
Por favor. Pensó, rogando a los dioses. Por favor, si él muere todos estaremos perdidos. Por favor, déjalo salir sano y salvo y prometo que pasaré el resto de mi vida tratando de arreglar lo que mis padres arruinaron, lo que yo mismo, debo admitir, eché a perder.
Regresó a la mansión, consciente de que si tardaba más de lo necesario sería castigado. Conforme más se acercaba unos gritos se hacían más intensos, los gritos de una mujer. Granger, pensó de inmediato y comenzó a caminar mucho más presuroso.
Los demás prisioneros habían desaparecido, sus padres se encontraban presenciando la tortura con gesto impasible desde la chimenea y colagusano, que al parecer acababa de llegar miraba todo con terror.
—¿Qué más se llevaron de mi cámara? ¿Qué más? ¡Contéstame! ¡Crucio!
Draco se quedó en el marco de la puerta, observando como Granger era torturada y no pudo evitar que el estómago se le revolviera, necesitaba hacer algo, ¿Pero qué?
—¿Cómo entraron en mi cámara? —preguntó Bellatrix—. ¿Les ayudó ese desgraciado duende que está en el sótano?
—¡Lo hemos conocido esta noche! —gimoteó Hermione—. Nunca hemos estado en su cámara. ¡Esta no es la espada verdadera! ¡Es una copia, sólo una copia!
—¿Una copia? —repitió Bellatrix con voz estridente—. ¡Mentirosa!
La manera en que Granger soportaba aquellas torturas sin soltar la verdad impresionó a Draco, era una chica fuerte y con fuertes convicciones. Entonces comprendió por que Pansy se había enamorado de ella.
—Basta —Dijo el rubio usando un encantamiento paralizante sobre su tía —Podemos comprobar si es la verdadera si traemos al duende, él puede decirnos la verdad sin problemas.
Se había ganado una mirada furiosa de parte de su tía y una aterrorizada de parte de su madre, aquello podía delatarlo, lo sabía, pero no podía quedarse de brazos cruzados, ya no.
Llevaron al duende ante ellos, lucía realmente cansado y maltratado, pero Draco no sintió pena, justo cuando la creatura se paró al centro de la sala y sujetó la espada que le tendían, un sonido como un chasquido sonó desde el sótano.
—¿Qué ha sido eso? —gritó Lucius Malfoy—. ¿Lo escucharon? ¡Ese ruido en el sótano! ¡Draco! ¡No, Colagusano! ¡Ve a ver!
—Voy a acompañarlo —Dijo Draco con voz indiferente. —El muy inútil no puede hacer nada solo.
—No, Draco, tú te quedas aquí —Sentenció su padre con furia, tal vez conociendo sus intenciones.
—¿Y bien? —le dijo Bellatrix al duende—. ¿Es la espada auténtica?
—No —dijo Griphook el duende—. Es una falsificación.
—¿Estás... seguro? —insistió Bellatrix con voz entrecortada—. ¿Completamente seguro?
—Sí —afirmó el duende.
El alivio iluminó la cara de la bruja, de la que desapareció toda señal de tensión.
—Bien —dijo, y con un somero golpe de la varita le hizo un profundo corte en la cara al duende, que se derrumbó gritando de dolor a los pies de Bellatrix. Ella lo apartó de una patada—. Y ahora —dijo con voz triunfal—, llamaremos al Señor Tenebroso.
Se retiró la manga y tocó la Marca Tenebrosa con el dedo índice.
Draco la apuntó con la varita.
—Aleja tu mano de la marca —Amenazó.
Había esperado por un milagro y éste no había llegado, era momento de crearse su propia oportunidad, no podía esperar más, no podía quedarse ni un minuto más sin hacer nada. Ya no le importaba delatarse, cubriría a su madre, él quedaría como el único traidor, mataría a Bellatrix de ser necesario, inmovilizaría a su padre y sacaría a Harry Potter y sus amigos de ahí así le costase la vida.
