CAPÍTULO 23 LA SANGRE ENCONTRADA.

Se miraron asustados, esa no podía ser la intención del director. No podían arriesgar a James, su vida valía más que la de Harry porque sin él Harry simplemente no existiría. Escucharon la puerta abrirse y los dos se giraron a la vez dispuestos a averiguar qué le pasaba por la cabeza al hombre que acababa de entrar.

El director entró serio, sin fijarse directamente en ninguno de los dos, que ahora mismo lo estaban examinando minuciosamente intentando quitarse de la cabeza la idea que acababan de tener. El profesor Dumbledore se acomodó perfectamente en su asiento, con esa calma tan propia de él y se fijó en Harry esperando ver lo que pensaba en la expresión de su rostro, pero le estaba costando mucho porque Harry simplemente estaba confuso, demasiada información y poco tiempo para asimilarla.

-Supongo que te preguntarás por qué ahora ¿no es así?.

-Sí, me interesaría mucho, pero la verdad es que me interesa más saber por qué ha huido, no ha querido estar presente cuando se supone que usted es el que más sabe de esto.- en ese momento lo mucho que pudiese admirar al profesor o el hecho de que fuese uno de los magos más poderosos de todos los tiempos no importaba, simplemente mostraba con su irreverencia lo fastidiado que estaba.

-Harry...- le riñó Remus para que abandonara aquella postura.

-Déjalo, Remus. No he huido – le respondió esbozando una sonrisa- simplemente sabía que si te lo decía yo no serías capaz de asimilarlo ni la mitad de bien que lo has podido hacer ahora. Los dos sabemos que no me perdonas mi parte de culpa en la muerte de Sirius.

Harry se tensó sobre su silla pero no bajó la mirada, era cierto que por mucho que quisiera no podía perdonarle el que le ocultase información, que lo mantuviese toda la vida dentro de una mentira a medias, pero no sabía que el director estaba al tanto de eso.

-Profesor, lo único que no entiendo es porqué se empeña en no contarme mi vida. ¿No lo entiende, cada vez que me sorprende con algo nuevo, mi vida se descoloca, ¿qué se supone que significa el hecho de que sea heredero de gryffindor?

-Si hay alguien a quien Tom Riddle teme en este mundo es a Harry Potter, pero si hay algo que el heredero de Slytherin teme es al heredero de Gryffindor. En vida uno y otro fundador fueron magos increíbles, los únicos que podían plantarse cara entre sí y eso lo sabe Voldemort, por eso teme tanto que exista un heredero de Godric y que se una a ti.

-¿Él no tiene idea de nada?- preguntó muy extrañado Harry.

-No, no sabe nada.- fue Remus quien le respondió a la pregunta- Ya te he dicho que es un secreto muy bien guardado, se hizo un gran esfuerzo para descubrir la línea de sucesión de Godric Gryffindor, pero sobre todo se hizo para que Voldemort no supiera nada

-Sólo cuatro personas sabemos ahora esto, Harry- continuó Dumbledore- pero por desgracia, ninguno de los que estamos aquí tiene la más remota idea de cómo actuar. Yo he estado investigando todo este tiempo, pero no ha habido manera.

Harry miró a Remus porque sabía que esa otra persona era su misión en todo ese asunto, pero por la cara que tenía entendió que preferiría mil veces seguir sin saber nada a obligarle a buscarla, sin embargo su curiosidad le superaba.

-¿Quién es esa persona?

-Markins- contestó simplemente el profesor Dumbledore clavando su mirada en Remus- pero nadie sabe dónde encontrarla. Hace años que no hay rastro de ella.

-¿Andrea Markins?

Harry miró ahora sin ningún tipo de disimulo a Remus, era lo último que se imaginaba. Andrea, la chica con la que llevaba conviviendo tantos meses resultaba ser la portadora de su secreto, pero en ese torbellino de ideas algo llegó a su cerebro, él sí sabía donde estaba Andrea. Remus le había dicho que la última vez que la vio era un perfecta muggle del norte de Escocia. Se conocían demasiado bien y bastó solo una pequeña mirada de Remus para que él entendiera que debía callarse, nada, no diría ni una palabra que le comprometiera, pero ¿por qué tanto secretismo? ¿por qué Remus sabía dónde estaba mientras el resto el mundo lo desconocía?

-Sí, Harry- le respondió Remus con una sonrisa leve después de captar la declaración de intenciones de Harry- La misma Andrea que tú conoces aunque con algunos años más, el problema es que ella no está, nadie la puede encontrar y en cualquier caso- ahora fijo su mirada en el director que permanecía muy atento al juego que se traían – Andrea nunca volvería. Sería pedir un imposible.

-Las cosas no van bien y lo sabes Remus- habló tajantemente el director- a veces es necesario hacer imposibles, por mucho que nos pesen.

-Profesor, yo no puedo traer a Andrea- sentenció con rotundidad- Sé perfectamente lo que está ocurriendo ahí fuera, por si no lo recuerda yo me la juego casi a diario.

-¡Un momento!- interrumpió Harry- ¿Qué es eso de que las cosas van tan mal? Y explícame lo de que te la juegas.

Los dos adultos intercambiaron una mirada preocupada. Se habían dejado llevar y habían hablado más de la cuenta. Él se la jugaba como todos los demás, ni más ni menos, pero la guerra estaba siendo una empresa muy difícil. Los mortífagos se multiplicaban y las ideas de Voldemort encontraban cada vez más cabida en aquellos que se dejaban llevar por el miedo a que finalmente Voldemort se hiciese con todo el poder o porque simplemente sucumbían a las continuas amenazas de los mortífagos.

-Harry, la guerra no va bien- empezó Dumbledore con tranquilidad pero visiblemente cansado- Voldemort encuentra más y más aliados en todas las criaturas a las que los magos hemos tratado mal durante años y nosotros ya no damos abasto. Los aurores del ministerio están saturados, trabajan demasiadas horas y eso está repercutiendo en su rendimiento.

-Bueno, pero según El Profeta, la cosa va mal pero no tan tan mal.- opinó Harry tímidamente.

-El Profeta no cuenta ni la mitad de lo que ocurre, Harry- le explicó Remus poniéndole una mano en el hombro- Las cosas están realmente muy mal. Salimos a misiones a diario y ya hemos perdido a muchos.

-¿Y por qué no me lo has dicho?- le recriminó Harry – Yo pensaba que no tenías misiones muy peligrosas.

-En un ataque vamos todos. No podemos pensar que en ese momento eso es peligroso o no; simplemente hay que estar. Como acaba de decir Dumbledore, los aurores no dan abasto.

-¿Nicole está bien? ¿le ha ocurrido algo?

Nicole Merry era una aurora perteneciente a la orden del fénix que el director contrató como profesora de defensa contra las artes oscuras el curso anterior. Durante ese año le había entrenado al máximo en transformaciones, encantamientos y defensa a un ritmo increíble y terminó provocando que a finales de curso Harry desarrollase un poder que desconcertó a todos. Hasta el momento nadie había sido capaz de hacer magia sin canalizarla a través de una varita y Harry se tuvo que ver obligado a hacer un entrenamiento a ciegas, pero no por ello menos duro. Al principio era imposible, simplemente la hacía, sin poder controlarlo, hasta que con mucha concentración consiguió dominar pequeños hechizos. Nicole se había convertido en ese año en un gran apoyo, después de la muerte de Sirius, Harry estaba fatal y Nicole con su carácter estricto pero increíblemente amable le había sido de mucha ayuda.

-Nicole estuvo ingresada en San Mungo hace dos semanas por un ataque pero ahora está bien. – le explicó Remus con cautela – Ha vuelto a la acción. No tienes de qué preocuparte.

-Harry el caso es que estamos simplemente dando resistencia- siguió Dumbledore- La cosa se complica día a día y, bueno, creo que era el momento y la situación para que supieras quién eres y la tarea que eso lleva.

-Ya le dije que estoy preparado, - afirmó seriamente- domino muy bien este poder y podría enfrentarme a Voldemort si fuera necesario.

-¡De eso nada!- gritó Remus exaltado poniéndose de pie- No digas tonterías, Harry, no sabes lo que dices. La suerte no te va a acompañar siempre y ... no, que no, que me niego.

El miedo a perderle no le dejaba racionalizar correctamente, sólo sabía que tenía que negarse a aquella locura y esperaba que Dumbledore le apoyara, así que le miró expectante buscando su ayuda para quitarle a Harry esas ideas de la cabeza.

-Ya te dije que Voldemort tomó muchas medidas para vencer a la muerte. No es tan fácil como usar un Avada Kedavra. Remus tiene razón. No debes hacer una locura, sin embargo...- se quedó pensativo unos segundos, como si tuviera miedo de dar el siguiente paso en la conversación, como si realmente él no estuviera de acuerdo con aquello, pero se viera obligado.

-¿Sin embargo qué? – animó Harry curioso y casi desesperado por la incertidumbre.

-El hecho de que tú seas al mismo tiempo el único con poder para vencer a Voldemort y el único con poder para acabar con el heredero de Slytherin es una ventaja que nos coloca por encima de Voldemort. Además tenemos el hecho de que él no sabe que eres tú precisamente ese otro a quien él podría temer. –Volvió a callarse unos segundos sopesando sus propios pensamientos- pero además tenemos no uno sino dos herederos de Gryffindor, de manera que nuestra posibilidades podrían aumentar.

-¿Qué quiere decir?- preguntó Remus temiéndose lo peor. Todavía de pie, había pasado por detrás de la silla de Harry y le había puesto las manos sobre los hombros para que se calmara, sabía que en ese momento podría saltar en un arrebato un poco incontrolado y era mejor dejar terminar al director.

-James nunca supo que era heredero de Gryffindor, no tuvimos tiempo para prepararle, sin embargo ahora que está aquí podríamos aprovecharlo. Harry y él tendrían mucho más poder juntos que por separado, ya habéis visto lo que ocurre cuando se tocan. Os complementáis porque vuestro vínculo es superior al que podrías tener por ejemplo con Lily.

-No- sentenció Harry con total calma y una madurez en su tono que sorprendió a los dos adultos- No estoy dispuesto a arriesgar a mi padre. Sencillamente no. Nadie va a poner a mi padre en peligro, él no saldrá de este castillo para ir a buscar a Voldemort por mucho que eso signifique para la guerra. Si le ocurre algo y no vuelve al pasado toda la historia cambiará, yo no naceré y Voldemort no tendrá a nadie que le haga verdadero frente.

-Harry tiene razón- le apoyó Remus un tanto inquieto ante la idea que había tenido el director- No podemos arriesgar a James, de que vuelvan todos sanos y salvos a su tiempo dependen todos estos últimos años y sobretodo depende la mismísima existencia de Harry.

-No me habéis entendido. – se defendió el director con calma- No pienso arriesgar a James, no voy a llevarlo delante de Voldemort y acabar con las pocas esperanzas de victoria que nos quedan. Sólo quiero que entrene, que desarrolle su poder de heredero. De lo poco que he conseguido averiguar en este tiempo es que todos los herederos de Gryffindor tienen un poder que pueden o no desarrollar, pero que siempre se acrecienta si están más conectados.

-A ver que yo me entere- empezó Harry- Mi padre tiene un poder ¿no?- el profesor Dumbledore asintió- ¿cuál? Porque yo no le he visto que sea muy capaz de hacer nada sin una varita.

-No lo sabemos. James nunca demostró tener ningún don especial, excepto que era un gran mago, muy poderoso, pero podría ser capaz de desarrollar cualquiera de los que tuvo Godric.- le explicó el director- no sé, controlar los elementos, el tiempo, tener premoniciones o incluso el más característico, el que tú tienes.

-¿Está diciendo que si James y Harry entrenan juntos su poder crecerá? – preguntó Remus – Pero ¿Cómo van a hacerlo si ni siquiera sabemos qué puede hacer James?

-Por eso necesitamos a Andrea- le señaló el director- bueno, por eso y por otras muchas cosas que ella sabe y nosotros no.

-No insistas, por favor- le rogó Remus- Sabes perfectamente que no sólo es que no la podemos encontrar sino que ella no quiere volver y sobretodo, no puede hacerlo.

-Está bien- Harry se puso de pie, colocándose justo entre los dos adultos, que estaban manteniendo un duelo de miradas, se pasó las manos por la cabeza intentando estrujarse el cerebro para conseguir aceptar todo aquello- Entrenaré con mi padre. Yo no necesité a Andrea para descubrir mi poder ni para desarrollarlo, podemos hacer lo mismo con James. Pero quiero dejar una cosa clara, jamás permitiré que se arriesgue. ¿entendido?

-Por supuesto- confirmó el director- Ahora el problema será cómo decirle a James que tiene que desarrollar un poder como tú lo haces, que tenéis que hacerlo juntos, que es heredero de Griffindor y todo sin que se entere de que es tu padre.

-No se preocupe por eso, profesor.- Harry sonrió para sí, la verdad es que ese era el menor de los problemas- Mi padre ya sabe quién es. Todos lo saben, aunque realmente lo único que saben es que soy hijo de James y Lily, nada de que murieron, nada de la profecía, simplemente eso.

-No deberías habérselo contado- le dijo Remus sin pizca de reproche.

-Era mi vida o mi secreto. El día que tuve que ingresar en la enfermería no tenía un dolor de estómago normal y corriente. Estaba desapareciendo porque mis padres estaban a punto de separarse. Mi madre lo descubrió y cuando James nos vio abrazados pensó que teníamos algún tipo de relación a sus espaldas.

-¿Y por eso te pegó?- preguntó Dumbledore. Harry simplemente afirmó con la cabeza- Está bien, eso lo deja todo más fácil, pero no debe saber nada más, nada de sus muertes ni de la traición de Peter. Harry por favor es muy importante para todos que la historia transcurra tal cual lo ha hecho.

-No se preocupe, soy muy conciente de ello.

Ya era muy tarde y Remus tenía que volver al cuartel general. Había sido un día duro para todos, especialmente para él y era mejor hablar con James al día siguiente.

-Cuídate- le dijo Remus dándole un beso en la mejilla antes de marcharse- Y procura no discutir mucho con tu padre.

-No te metas en líos, Remus, por favor y quiero que uses el espejo más a menudo. ¿vale?

Remus desapareció entre las llamas verdes de la chimenea y Harry se despidió del director para marcharse a la torre gryffindor. No había cenado pero todo lo que tenía en la cabeza le había quitado las ganas de comer cualquier cosa. Estaba ausente, caminaba mecánicamente hacia la torre sin reparar en otra cosa que no fuera todo lo que acababan de hablar. Una nueva cosa lo señalaba como el elegido y él odiaba eso como odiaba ser el más ignorante en su propia vida. No había nadie en los pasillos, era realmente tarde y cuando entró en la sala común pudo ver cómo sólo algunos alumnos aislados se veían desperdigados por las mesas intentando hacer algunos trabajos de última hora. Cruzó la sala en dirección a las habitaciones ignorándolo todo, todavía demasiado concentrado en lo que le acababan de decir para ver nada que no estuviera dentro de su cabeza.

-Buenas noches, señor Potter.

Harry se dio la vuelta sorprendido y encontró a Ron sentado tranquilamente con los brazos cruzados en una butaca junto a la chimenea.

-No te había visto, ¿qué haces aquí a estas horas?

-Pues esperarte, ¿tú qué crees?-le preguntó acercándose a él- Saliste corriendo en cuanto te dijeron que Dumbledore quería verte ¿qué ha pasado?

-No te lo vas a creer. Remus tenía que contarme una cosa. Por cierto ¿y las chicas?- le preguntó extrañado al darse cuenta de que no estaban allí.

-Se estaban poniendo muy nerviosas y las mandé arriba, la verdad es que todavía no sé cómo me han hecho caso- se rió de su propio comentario- Las mujeres de mi vida no me tienen en cuenta como regla general, pero venga vamos cuéntame eso tan sorprendente.

-Ya sé de donde he sacado mi capacidad para hacer magia sin varita- Ron le miró expectante animándole a continuar- De mi tatara-tatara-tatara-abuelo por parte de padre.- le explicó con ironía.

-¡Ah! Así está todo mucho más claro- satirizó Ron.

-Tío, tengo la negra, si no tenía bastante con la leche esa de la profecía ahora va Remus y me dice que soy el heredero de Gryffindor y que tengo que hacer que mi padre desarrolle su poder. De esta salimos a tortas otra vez, lo que yo te diga.

-¿Y estás bien?- le preguntó Ron inspeccionándole después de unos segundos de silencio en el que tuvo que asimilar la información que le acababa de dar– No sé, no parece que la herencia te haya hecho mucha ilusión.

-Demasiadas cosas, Ron, y como siempre yo sé muy pocas; además esto es otro peso más, de repente vuelvo a estar en el centro de una historia y no me gusta, me descoloca. Me costó lo suyo aceptar la profecía y ahora estoy doblemente señalado. El heredero de Slytherin, o sea Voldemort, solo teme al de gryffindor, es decir, yo. ¿Tan difícil es tener una vida normal? A veces me gustaría ser un tío simple.

-Venga chaval- le pasó el brazo por los hombros- se te pasará, al fin y al cabo no cambia tanto. De todas formas tendrías que enfrentarte a Voldemort, al menos ahora sabes más de tu vida. Ahora tu problema se llama James "soy arrogante" Potter. Además ser un tío simple sería aburrido, ¿qué habríamos hecho nosotros todos estos años sin Voldemort persiguiéndote?

-¡Pero mira que eres tonto!

-Sí, ya sé que me quieres, yo a ti también.

Subieron juntos las escaleras, ahora un poco más animado. Ron era el mejor para hacer que las cosas serias encontraran una dimensión diferente. En el descansillo que dividía la escalera que conducía a la habitación de las chicas aparecieron Hermione y Ginny con el camisón, así que Harry tuvo que volver a repetirles la historia. Eran las dos de la madrugada cuando los cuatro volvieron a sus habitaciones, después de una larga charla que pasó por todos los puntos que habían tocado en el despacho de Dumbledore incluido el hecho de que necesitaran a Andrea.

A la mañana siguiente Harry se despertó muy cansado, no había dormido nada dándole vueltas a la cabeza una y mil veces, se hacía continuamente preguntas sin respuesta. Odiaba ignorar su pasado y se repetía una y otra vez que nada sería igual si Lily y James siguieran vivos, ahora era todo diferente. Estaba dispuesto a enfrentarse a su destino como heredero y como niño que vivió, pero quizá Ginny tenía razón y con su madre siendo tan madre esa disposición se había avivado, no era venganza, ya no sentía venganza ni hacia Voldemort ni hacia Bellatrix; le había arrebatado a las únicas personas que le querían de verdad pero había sabido no rebajarse a su nivel. Lo haría porque debía hacerlo, pero era asquerosamente duro. En su cama, solo, sin tener que aparentar que estaba preparado, sin tener que demostrarle a nadie que no tenía de qué preocuparse porque él estaba dispuesto a acabar con todo, su mundo se le venía encima y sentía miedo a no estar un día con la gente con la que estaba ahora, a no poder besar a Ginny una mañana, no poder contarle a Hermione uno de sus problemas, a no oír a Ron una de sus bromas que sólo pretendían animarle; pero tenía que seguir. Tenía que hablar con James y prepararse para aumentar ese poder para así acabar con Voldemort.

Estaba en el baño intentando adecentarse un poco el pelo y que no se le viera tan mala cara. No era la primera noche de insomnio que pasaba, pero ese día tenía que hablar con James y quería estar, o al menos parecer, estar bien.

-Si quieres le pido a mi hermana algún potingue de esos que usan las chicas para la cara- Ron estaba apoyado en el marco de la puerta observándole- El agua no hace milagros. No creo que arregles esas ojeras, te has pasado toda la noche despierto.

-¿Y tú como lo sabes?

-Muy mal has debido estar para no darte cuenta que no estaba roncando- bromeó Ron – Después de tantos años, cuñadito, ya sé como respiras cuando duermes y cuando no. ¿Estás bien?

-¡Claro!- respondió encogiéndose de hombros, pero recibió un toallazo en la cara de su amigo y tuvo que claudicar- No mucho, pero se me pasará. En serio, no te preocupes.

Ese día la clase de pociones fue la más dura de todo el curso. A Harry se le hizo enterna, entre lo poco que había dormido y lo malo que era en pociones, tener a Snape más enfadado y odioso de lo que ya era de por sí estaba convirtiéndose en algo insufrible. Por lo que le contaron Sirius y James en el descanso, le habían dado una buena lección a Malfoy y habían tenido un pequeño choque con Snape, lo que le satisfizo muchísimo a pesar de que eso significara tener al profesor de pociones enfadado todo lo que restaba de curso.

-Después tienes que venir conmigo al despacho de Dumbledore- le dijo Harry a James.

-¿Para qué?- fue su respuesta seca.

-No te lo puedo decir ahora, pero tienes que venir.

-¡Ya empezamos con los secretitos!- exclamó un poco enfadado - Estamos castigados en las cocinas, no tengo tiempo para tus tonterías.

-James, por favor, no empieces. Tienes que venir quieras o no quieras, es algo muy importante ¿vale?

-Vale, pero me libro del castigo de hoy.- reclamó James para no conformarse sólo con aceptar lo que Harry le pedía.

Pero James no se libró del castigo de ese día, Lily y Sirius se negaron en rotundo a cargar ellos con todo mientras él le hacía una visita al director. De hecho se apuntaron a ir con la esperanza de que ahora fuese Sirius o el mismo James quien les estuviera esperando pero Harry se negó totalmente a que ellos también fuera, conocía ya a su padre lo suficiente como para saber que no tardaría ni cinco segundos en contarle a todos sus amigos quién había sido su antepasado pero prefería contárselo primero a él y así evitar cualquier pregunta peligrosa.

Entraron en el despacho en silencio. Por el camino Harry había intentado sacar algún tema de conversación, pero James estaba ya un poco enfadado por tener que ir al despacho para no se sabe el que y encima luego salir corriendo hacia las cocinas. Al menos le quedaba la esperanza de que encontraría a algún elfo que le hiciese el trabajo. La persuasión siempre había sido su fuerte y por muchas órdenes directas que Dumbledore les diera para que les obligaran a trabajar, Sirius y él tenían que encontrar la manera de librarse. Cuando entraron, James se sentó en las silla tranquilamente, como si acabase de hacerlo en el salón de su casa; Dumbledore le miró y sonrió, sobretodo cuando Harry detrás de él negaba con la cabeza en un gesto muy parecido al que siempre hacía Lily cuando se daba cuenta de que su novio no tenía remedio.

-Buenas tardes ¿qué tal el día?- Harry y James le miraron con la ceja alzada, preguntándose cómo podía hacer una pregunta tan tonta, cada uno por sus motivos tenía razones para no catalogar ese como un gran día.- Bien, ya veo que no habéis tenido un gran día- se puso de pie y le señaló a Harry que se sentara al lado de su repantigado padre- ¿Le has contado algo?

James se enderezó en la silla al escuchar la pregunta y miró rápidamente a su hijo que negaba con la cabeza. Cómo le molestaban esos secretitos. Empezó a darse repetidos golpecitos en la cara, mirando a Harry para que empezase a hablar, pero él no estaba del todo seguro de cómo afrontar el tema, ni siquiera lo había asimilado, aunque pensaba que lo mejor era que se lo contara él. Sabía mejor que el director lo que James conocía y lo que no de su vida y de su futuro, así podría inventarse mejores excusas para sus preguntas.

-A ver, te explico- empezó Harry intentando ponerse en situación bajo esa mirada asesina de James- Tú el rollo éste de los fundadores del colegio, te lo sabes ¿verdad?

-¿Me piensas dar una clase de Historia de Hogwarts?- le preguntó mordazmente.

-James, por favor, déjale continuar- El profesor Dumbledore había aceptado el pacto tácito de que fuese Harry quien lo contase, pero por lo que estaba viendo iba a tener que intervenir como árbitro entre esos dos.

-Te lo voy a pedir como un favor - Harry intentaba controlarse después de una mala noche y un día intranquilo para no acabar mal con su padre- déjame terminar y luego te pones como te dé la gana- James afirmó con la cabeza de mala gana- Bien, pues visto que la historia de Hogwarts la llevas bien, tengo que decirte que hace algunos años descubrimos que Voldemort era el último heredero de Salathar Slytherin, lo que le hace tener una serie de poderes especiales que ha heredado de él.

-¿Y eso que tiene que ver conmigo?- preguntó James extrañado.

-Pues que hemos descubierto quién es el heredero de Godric Gryffindor y que esa persona tendrá también una serie de poderes herencia del fundador- le explicó Dumbledore.

-Yo soy el último heredero de Gryffindor- saltó Harry llamando la atención de James- y bueno, dada la situación, tú eres el otro heredero, por eso había que contártelo.

James empezó a hacerle gestos con la cara para que se callara, estaba contando delante del director que sabía que era su padre y eso era ahora mismo más importante que la sorpresa que se acababa de dar. Harry no sabía a qué venía esa reacción, se hubiera esperado cualquier cosa de él, que se enfadara o incluso que se alegrara, pero no que se pusiese a hacerle gestos extraños con la cara que no llegaba a entender muy bien.

-James.- le llamó el director, haciendo que adoptase una pose de niño bueno- James, tranquilo, yo sé que tú sabes quién eres. Harry me lo contó ayer, no te preocupes, de todas formas es lo mejor dado lo que te acaba de decir.

-Uff, menudo susto, ya me veía con otra bronca.- respiró tranquilo- A ver que yo me entere, porque esto es un lío. ¿Me estás contando que toda mi familia desciende de Godric Gryffindor?

-Sólo son realmente herederos los primogénitos- interrumpió el director, haciendo que los dos chicos les miraran, ese era un dato que Harry tampoco sabía.

-Como sea- le restó importancia- ¡Cómo mola! ¿no? Eso me convertiría en el propietario de la cuarta parte de este castillo.- exclamó emocionado, para él ser el heredero de Gryffindor no tenía ninguna importancia más allá de poder chulear un poco más.

-¿Pero cómo se puede ser tan tonto?- masculló Harry desesperado.

-Harry...- ahora el turno de ser llamado al orden le cayó a Harry, que admitió con desgana que tenía que callarse.

-¿Eso es lo que vino a contar ayer Remus?- tanteó James, quería enterarse de qué era lo que hacía su amigo allí.

-¡No!- negó rápidamente su hijo- Remus vino por unos asuntos para la orden- Dumbledore carraspeó para que Harry se callara- No profesor, también saben que trabajan para la orden, es que son unos chicos muy cotillas- le sonrió forzadamente a James que le devolvió el gesto con asco.

-El caso James es que tienes que practicar para desarrollar tu poder.

-¿Y cuál es?- James cada vez estaba más emocionado con la idea- ¡Un momento! ¿por qué éste tiene su poder controlado con diecisiete años y yo no sé cuál es? ¡También podré hacer magia sin varita?

-Primero, céntrate- le ordenó tajantemente Harry harto de tanta emoción, él se había pasado toda la noche preocupado y para James era como si le hubiera tocado la lotería- Esto no es ningún juego ¿entiendes? Te he dicho que Voldemort es el otro heredero, esto no puede salir de aquí o la hemos liado, bastante tenemos ya con que nos tenga más que fichados. Te dije que nos persigue, nos tiene manía desde que no pudo matarme ¿o no te acuerdas?- cada vez estaba más enfadado pero eso no le impedía seguir manteniendo su mentira como si fuese la mayor de las verdades- Ser heredero de Gryffindor no es ningún premio, más bien es una maldición – murmuró para sí, pero el rostro se le ensombreció y James pudo darse cuenta de que no se encontraba bien, aunque no se atrevió a preguntar.

-Lo que quiere decir Harry- siguió Dumbledore- es que es una información con la que tenéis que tener mucho cuidado y sobre todo es una razón para que trabajéis muy duro.

-¿Vamos a luchar contra Voldemort o qué?- bromeó James

-Claro que no- le respondió el director-pero no podemos arriesgarnos a que él os descubra y os persiga, tendríais que estar muy preparados y mejorar mucho vuestro poder.

-Pero yo no sé cuál es- reclamó James- ¿Por qué no viene mi yo adulto y así le preguntamos a él?

-Porque está en una misión y además tampoco sabe cual es- mintió nuevamente Harry dejando al profesor Dumbledore alucinado por su capacidad- Se ha descubierto hace muy poco, siempre has sido un gran mago, uno muy poderoso pero no has desarrollado nunca nada especial. Ahora estás también trabajando para hacerlo, pero si tú lo consigues ahora, para él será más fácil y a mí me dará más poder.

-Exacto- apoyó Dumbledore todavía alucinado con ese despliegue de mentiras.

-Está bien- se conformó James- le pediré a Remus y a Sirius que me ayuden, aunque no tengo ni idea de lo que tengo que hacer.

-No-sentenció el director- Entrenarás con Harry, sólo con él. Entre los dos intentaréis encontrar ese poder y procuraréis tener más treguas de esas que vosotros hacéis.

-¿Seguimos pidiendo cosas imposibles, profesor?- le preguntó Harry casi divertido, "¡menuda le esperaba!" pensó.

-No, no y no, me niego, es que usted no lo sabrá profesor, pero que éste y yo nos llevamos muy mal y que no, que me niego. No puede ser, terminaremos a tortas.

-Espero que no sea así, James. Además, Harry está mucho más entrenado que tú, creo que vais con él a veces a practicar defensa- los chicos afirmaron- pues todo continuará así, pero más duro y en solitario. Y tendrás que hacerle caso. – ordenó mirando a James.

Harry sabía que aquella orden sería totalmente contraproducente, James no le haría caso por voluntad propia de ninguna manera, en todo caso tendría que convencerle de que se necesitaban mutuamente y que eso era lo mejor para todos, eso o ponerle entre la espada y la pared. Ya le costaba la vida que le hiciese caso en el quidditch como para encima ponerse por encima de él en otra cosa más.

Salieron del despacho otra vez en medio de un silencio tenso, James llevaba los puños apretados e iba murmurando cosas inteligibles que Harry pensó que eran insultos contra él, su plan por ganarse puntos tenía que empezar ya y creía saber como hacerlo.

-¿Vas ahora al castigo?- le preguntó tanteando cuando salieron de la gárgola que custodiaba la entrada al despacho.

-¿Y a ti qué te importa?- le saltó de mala leche.

-Dobby es un elfo amigo mío, trabaja de forma libre así que en algunos casos podría saltarse las órdenes directas. Si le dices que vais de mi parte seguro que os pone cosas muy facilitas.

-¡Mira niñato! Llevamos siete años en este colegio, hemos tenido más castigos que nadie y nunca hemos necesitado tu ayuda. Sirius y yo nos bastamos solitos para que nos pongan las cosas fáciles. No pienso aceptar tus favores.

-¡Vete a la mierda, James! Sólo quería ayudarte, pero ya veo que eres tan arrogante y tan gilipollas que ni si quiera puedes ver que alguien quiera echarte una mano.

Salió andando pasillo adelante dejando a James con la boca abierta allí plantado. Harry iba en una postura muy parecida a la que antes había tenido su padre, mascullando cientos de insultos contra él. Le había dolido que le rechazara de esa manera, él solo intentaba tener cierta cordialidad y apaciguar las cosas después de que Dumbledore los enfrentara sin querer. Era realmente imposible llevarse bien con James, era demasiado orgulloso y él no estaba ese día para tonterías, así que a pesar de que era muy temprano, enfiló para su cuarto sin hablar con nadie y se metió en los doseles de su cama dispuesto a pasar otra mala noche sin comer nada.

Mientras James estaba en el despacho del director con Harry, Sirius había ido a su ya habitual cita en la biblioteca donde cada tarde ayudaba a Patricia con sus deberes de transformaciones. Llevaba media hora tirado en la mesa donde se sentaba siempre, casi durmiendo por el aburrimiento e ignorando por completo los cuchicheos de algunas chicas de su alrededor. Cansado de estar allí y con la firme intención de matar a Patricia cuando la viera salió hecho una furia de la biblioteca, sin mirar muy bien por donde iba, así que no se dio cuenta con quien chocó justo al cruzar la puerta.

-Perdón... ¡oh, vaya! Si es la señorita "mis problemas los soluciono yo"- exclamó con ironía al darse cuenta de que la persona con quien había quedado era Patricia.

-¿Podemos hablar?- preguntó ella tímidamente.

-No sé, estoy castigado porque ayer me peleé con cierto rubio besucón y como cierta persona ha llegado tarde, pues creo que no voy a tener tiempo. – Había estado demasiado tiempo esperando y Sirius no era precisamente una persona a la que le hicieran esperar.

-Sólo será un momento, de verdad. – le rogó ella. Al ver que Sirius se echaba en la pared con los brazos cruzados y con gesto orgulloso siguió hablando – Quería pedirte perdón por lo de ayer, sé que tú lo hiciste con buena intención, pero no me gusta que me protejan, yo soy muy independiente y me gusta solucionar mis problemas.

-Creo que es una tontería- le contestó algo más calmado al ver que ella le había pedido perdón, Sirius era fácil de calmar. – Yo sólo quería ayudarte y darle una lección a Malfoy, no sé por qué te fuiste así como así.

-Por lo que sé, la lección se la diste- le sonrió divertida- y bueno, no quería bajarme a su nivel, y tú no debiste haberlo hecho.

-Me gusta defender damiselas en peligro. – Volvió a ponerse erguido haciendo un gesto chulesco. – Yo soy así.

-Vamos que eres un antiguo- concluyó ella, ahora mejor después de ver que ya no seguía enfadado.

-Sí, ya ves. Yo es que soy muy de los setenta.- se rió un poco de su propio comentario pero Patricia no lo entendió.

-A mí también me encanta esa época. Me encanta todo, no sé por qué. Es una tontería pero siempre he sentido que debería haber vivido esa época, los setenta y los ochenta, como si alguien me llamara, como si mi sitio estuviera allí. Es una sensación muy extraña pero la tengo desde pequeña. Ya hace un par de años que no lo siento, pero antes tenía la sensación que alguien me llamaba desde esa época, como si yo fuera el príncipe de un cuento y tuviera que liberarle. – se detuvo unos minutos y se dio cuenta de que Sirius le estaba escuchando ensimismado- ¡Buaj! No sé por qué te estoy contando esto.

-A lo mejor es porque somos amigos ¿no?

-¿Lo somos?- le preguntó sorprendida, pero con clara intención de picarle- Yo pensaba que el gran Anthony Barker no tenía amigas, sólo tenía rolletes.

-Todos tenemos derecho a tener una amiga, y tú eres la mía. – Abrió los brazos como si eso fuese un gran regalo para ella.

-Eso no le gustará a tu novia. Se os ve muy bien, aunque ayer te vi esconderte debajo de la mesa en el desayuno cuando entró en el comedor.

-Me agobia mucho, yo no estoy hecho para el amor. Soy un espíritu libre.

-Sí, te entiendo, a mí me pasa lo mismo. No me va mucho eso de enamorarse. Al menos tenemos algo en común.

-Bueno, nena, tengo que irme. – se despidió con una sonrisa- Mañana no llegues tarde o yo no podré cumplir con mi castigo.

-Gracias otra vez.

Sirius le dio un toquecito cariñoso en el hombro y se marchó para cumplir su castigo en las cocinas donde Lily ya llevaba un buen rato esperando a que llegara alguno de los dos chicos, para cumplir con las muchas tareas que los elfos les tenían preparadas, desde luego iba a hacer falta mucho encanto merodeador para salir de aquello.

Hola! Q tal? Bueno pues aki buscando huequecillos para subir el capi. ¿q tal va todo? Yo después de mi crisis postvacacional empiezo a mejorar jejeje pero este sabado llega el primer parcial, si es que a una no le dan tiempo a nada.

Bueno que espero que os guste y ya me contareis que os ha parecido.

Un beso fuerte