CAPÍTULO 24: SUCEDE A VECES.

Para cuando llegó el primer día de entrenamiento de los Potter, todos sabían de la herencia. Sirius, Lily y James habían terminado el castigo en las cocinas teniendo que hacer los trabajos más duros porque James no se dignó a comentarles a su amigo y a su novia la posibilidad que le había dado Harry. Había sido una semana dura para todos. Marzo se acercaba con los nuevos exámenes, y aunque aún quedaban algunas semanas los profesores parecían haberse obsesionado con los EXTASIS y no les dejaban ni un minuto para respirar, cada día se metían en la biblioteca y allí pasaban horas. Por suerte para Harry a él todo eso no le afectaba mucho, aunque también tenía que hacer todos los trabajos, claro que con mucha menos dificultad que para el resto, ya que el año anterior Nicole Merry le había enseñado a un ritmo vertiginoso casi todo lo que necesitaba para aprobar incluso la carrera de auror.

Ron, Hermione y sobretodo Ginny tuvieron que digerir una vez más una noticia que colocaba a Harry en el ojo de mira de aquella guerra, era difícil tener que recuperarse de una para estar en otra y siempre con el mismo resultado: Harry en peligro de muerte. Nunca se mostraban negativos delante de él, eso hubiera sido lo único que le faltaba, así que se reservaban para ellos sus pensamientos. A pesar de que a los tres les pasaba la misma idea catastrófica por la cabeza, no se atrevían a pronunciarla en voz alta, quizá porque el decir que Harry podía morir le daba más credibilidad o quizá porque sabían que eso sólo sería una losa más en la moral de sus amigos y los tres quería aparentar un optimismo que cada vez era más fingido.

El que peor lo había pasado era Harry, estaba preocupado antes las nuevas expectativas. Se pasaba el día ausente, mirando a puntos infinitos sumido en sus pensamientos. A veces Andrea le sorprendía mirando ensimismado a ella y a Remus abrazarse o hablarse entre susurros con la mirada más enamorada que había visto en su vida y no podía decirle que se estaba preguntando qué habría sido de su vida para que ahora no quisieran verse, para que ella no quisiera volver. Ni siquiera Dumbledore era capaz de localizarla; muy duro tenía que ser todo para ella y para Remus para que éste no fuese capaz de hacer ni una visita cortés en la que le pidiera su ayuda. "Ni quiere ni puede" esas palabras se repetían en su cabeza incesantemente. Sabía que necesitaría toda la ayuda del mundo para conseguir mejorar esos poderes que supuestamente le servirían para acabar con el heredero de Slytherin, pero no sería él quien le pidiera a Remus hacer tal esfuerzo. El otro problema se llamaba James. Habían retrasado el inicio del entrenamiento hasta el domingo, ahora Harry tendría que buscar tiempo para el quidditch, el entrenamiento de sus amigos, a quien no quería descuidar por motivos obvios y el entrenamiento con su padre y era esto último lo que peor llevaba ¿cómo hacer para que James desarrollara su poder? Él simplemente lo hizo, un día, un día muy duro para ser exactos, cuando más agotado estaba y ya desprovisto de su varita consiguió hacer un pequeño escudo tan sólo con sus manos. Quizá fue la ira acumulada en todo ese día o quizá el instinto de supervivencia, el caso es que él no lo buscó, simplemente salió y ahora tenía que hacer que James hiciera lo mismo ¿pero qué poder tenía su padre? Eso no debía importarle ahora, tenían que llevarse bien, al menos cooperar y eso sí que sería un gran milagro. Comía poco y dormía menos, estaba cada vez más desmejorado y seguía sin encontrar un guión para seguir en los entrenamientos con James. No podía dejarse inspirar por el espíritu santo o perdería cualquier atisbo de autoridad que pudiera tener con su padre y todo se unía a la necesidad de prepararse más y más para lograr cuanto antes acabar con Voldemort. Estaba harto de una vida marcada, llena de secretos y perseguida siempre por la sombra del mago tenebroso, tenía que acabar con él, dar a todos y sobre todo a sí mismo una oportunidad de una vida, aunque eso supusiese jugarse la vida en el intento.

El domingo se levantaron tarde. Sirius arrastró la colcha de su cama hasta colocársela en el cuello a James que estaba lavándose los dientes en el baño. James, desesperado porque su amigo llevaba así toda la semana no ofreció mucha resistencia, se dedicó a mirarse con gesto aburrido en el espejo mientras Sirius le acicalaba la "capa" y Remus se partía de risa sentado en el borde de la bañera.

-¿Desea hoy algo especial el señor del castillo?- Remus, como pudo, hizo una reverencia exagerada, justo antes de volver a reírse a mandíbula partida.

-¿Cuándo vais a dejar el temita?- James intentó zafarse de ellos entre risas, simplemente era cansino pero no le molestaba.

-Tendremos que vacilar, no todos los días se sabe que tu amigo es dueño de un pedazo de castillo como este.- Sirius hincó la rodilla a los pies de James. Éste consiguió quitarse la colcha de los hombros e hizo amagos de darse de golpes con el espejo, pero sus amigos dejaron la coña y salieron para desayunar.

El trío merodeador bajó a la sala común donde estaban esperándole los demás. Harry estaba sentado en una mesa con Ginny entre sus piernas mirándole preocupada, él seguía en sus pensamientos, esa tarde tendría el primer entrenamiento y quería empezar con buen pie. Ron intentaba disimuladamente tirar de Hermione para bajar a desayunar cuanto antes, pero ésta parecía muy preocupada por Andrea que tenía el gesto triste y a Lily a su lado consolándola en silencio. En cuanto llegaron los chicos salieron por el agujero del retrato para bajar al gran comedor. Remus abrazó por la cintura a Andrea y la besó en la mejilla como si estuviese a punto de romperse, sabía que no era un buen día para ella.

-¿Un mal día?- ella se dio la vuelta y se dejó caer sobre el pecho de Remus haciendo un ruido semejante al ronroneo de un gato- Vamos, mi vida, seguro que a Alex le tienen preparada una buena fiesta, además por fin podrá aparecerse y ella se muere por hacerlo.- Andrea le brindó una sonrisa cansada, pero sabía que en el fondo tenía razón y ella tampoco podía hacer mucho. Lo que ocurría es que habían pasado toda la vida juntas y ya llevaban mucho tiempo sin verse- Ey, mírame- Andrea le miró a esos ojos que le ofrecían tantísima calma- No estés triste mucho tiempo ¿vale?- Andrea afirmó con la cabeza y siguieron andando abrazado

-¿Qué te ocurre hoy?- le preguntó Hermione, que no aguantaba más que todo el mundo estuviese tan condescendiente con Andrea y ella no supiese porqué.

-Es el cumpleaños de Alex y la echo mucho de menos.- le respondió ella dejándose caer sobre el hombro de Remus que la llevaba casi empujándola.

-¿Alex es tu hermana?- preguntó Ron un poco despistado.

-Sí- Aunque quiso disimularlo no pudo evitar que se le viera en la cara una gran tristeza- nos llevamos once meses, somos casi gemelas y siempre hemos estado juntas

-¡Vaya, qué poco! – exclamó Ron- A eso se le llama no perder el tiempo. – los cuatro empezaron a reírse por la ocurrencia del pelirrojo- Entonces tu cumpleaños es en marzo ¿no? El mío también. Es el día uno.

-El mío es más tarde, este año cae en las vacaciones de pascua, así que podremos celebrarlo a gusto. Vamos a tener el castillo sólo para nosotros.

-En estas vacaciones tú te quedarás ¿No, Hermione?- le preguntó Ron, casi suplicante, a lo que ella al verle así contestó con un gesto de duda que hizo que a Ron se le cayera la sonrisa.

-Claro que sí, tonto, ¿qué ibas a hacer tú sin mí?

-Uyyyyyy, mejor no te lo cuento- Ron sabía que eso la picaría así que echó a correr algunos metros para librarse de su arrebato.

-¡¡Ron! ¡¡Ronald, ven aquí!- pero Ron se había refugiado entre su hermana y Harry que estaban entrando en el gran comedor.

Ron, Harry y Ginny se sentaron en la mesa con James, Sirius y Lily. Más tarde llegaron el resto y se acomodaron cerca. No había mucha gente en el comedor, al ser domingo habían bajado tarde y casi todo el mundo estaba o en los terrenos o haciendo algunos trabajos. Sirius saludó a Patricia que estaba en la mesa ravenclaw desayunando con un chico.

-Ahí llega Susan- anunció Ron con un canturreo divertido.

-Shhhh-Sirius empezó a hacer aspavientos para que Ron se callara y se escondió un poco detrás de James que lo mirara como si se hubiera vuelto loco- la dejé ayer- susurró tapándose con la túnica de James- Me montó un espectáculo.

-¿Cómo que la dejaste?- interrogó James casi ofendido, eso tiraba por tierra su teoría – Se suponía que te habías enamorado de ella.

-No, principito...

-No me llames principito-le cortó James.

-Tienes un castillo ¿no? Pues eres un principito.

-Pero te quieres callar- le suplicó Harry al borde de la locura, llevaba toda la semana para evitar que Sirius con su gran bocaza les delatara- ¿Cómo quieres que te diga que no hables nada de ese tema?

-Bueno a lo que íbamos, - le ignoró Sirius- que eso de que yo estaba enamorado os lo inventasteis vosotros que os morís por verme con novia.

-¿Y por qué no has sido capaz de quedar con ninguna tía en estos meses?- le preguntó suspicazmente Remus, dejando por unos segundo la atención a su novia.

-Porque estaba en la biblioteca- hubo una carcajada ahogada en todos los presentes ante esa respuesta- Voy todos los días con Patricia a la biblioteca a explicarle transformaciones, no puedo quedar con otras personas.

-Eso lo aclara todo- sentenció Lily, que siguió comiendo con una sonrisa al borde de salir y que dejó a Sirius sin respuesta.

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Harry llegó el primero a la sala de los menesteres donde habían quedado para iniciar el entrenamiento. Como cada tarde estuvo allí estudiando un poco sobre su antepasado en los mismos libros que había visto el día que Dumbledore entró allí cuando él estaba meditando. James entró tarde despidiéndose entre risas de Remus y Sirius que asomó un poco la cabeza para saludar a Harry.

-Llegas tarde- le especificó Harry cerrando el pedazo de libro que estaba consultando hasta ese momento.- Podrías poner un poquito de interés, esto nos interesa a los dos.

-¿Te crees que eres el único que estudias? – le espetó él quitándose la capa y colgándola en un perchero que apareció a su lado instantáneamente- Ese libro ya lo he mirado, no dice nada interesante.

-¿Y a qué llamas tú nada interesante?- James no sabía de la misa la media, así que su capacidad para clasificar un dato como interesante o no, no era exactamente fiable, sin embargo su interés le dejó sorprendido.

-No dice nada de los poderes que tenía, sólo del trabajo que hizo en el colegio- James se dio cuenta de que Harry se estaba quedando alucinado- No deberías subestimarme- Harry fue a hablar pero el gesto chulesco de James lo dejó con la boca aún más abierta- ¿Has hablado algo de esto con tu padre?

-Tú eres mi padre.

-No, no lo soy, ya hemos hablado de eso. Quiero decir que si has cogido MI espejo para hablar con mi yo adulto.

-¡Ahhh! ¡Eso!- Harry estaba buscando a marchas forzadas una mentira en su cabeza- Sí, hablamos ayer. Casi no tiene tiempo para estudiar nada de esto. Se está esforzando en desarrollar un poder pero no sabe cual, así que la cosa no va muy bien. Se supone que si tú lo encuentras para él será más fácil.

-¿Y qué se supone que vamos a hacer para encontrarlo, maestro Sensei? – le pregunto James con bastante ironía.

-Pues por lo pronto entrenar muy duro, tenemos que desarrollar nuestros poderes y luego ya aparecerá esa herencia.

-Yo quiero hacer magia sin varita también.

-Y yo quiero que dejes de decir tonterías y mírame, escuchándote burrada tras burrada.

-No te pases- le advirtió con la varita alzada.

-Vale, vale. Tenemos que empezar. El truco está en trabajar juntos, es decir, no podemos luchar el uno contra el otro.

-Pues a ver como lo hacemos- protestó James por lo bajo

-Necesitamos algo que nos ataque.- sentenció Harry.

De la nada, en medio de la habitación apareció una especie de cilindro retorcido con multitud de pequeños agujeros. Era como un viejo tronco de árbol. James se acercó con interés, pero Harry se quedó atrás intentando imaginar que era aquello.

-¿Qué es esto?- preguntó James.

-Ni idea, pero...- Harry abrió mucho los ojos y supo exactamente lo que era- ¡¡Ponte a cubierto!

James se tiró al suelo sin saber muy bien porqué lo hacía, pero por suerte para él se fió de su instinto y de la llamada de Harry. Un rayo rojo había salido de uno de los pequeños agujeros de aquella cosa que seguía plantada en el centro de la sala y que ahora se dedicaba a acribillarlos con distintos hechizos. Harry practicó hasta la saciedad sus escudos, había dejado la varita metida en el bolsillo de la capa, cada día la encontraba más inútil y es que cada día su poder se canalizaba con mucha más potencia sin ella. James por su parte, se movía con una agilidad vertiginosa y movía la varita con gran maestría. Al principio cada uno trabajó por su cuenta, intentaban evitar los rayos al mismo tiempo que tenían que evitarse a ellos mismos, pero al cabo de una hora de incesante movimiento entre rayos de colores casi no les hacía falta mirarse en la enorme sala para saber donde estaban. Realmente eso de que unidos desarrollaban más sus poderes era cierto, estaban horriblemente cansados pero no les costaba mucho repeler los hechizos aunque James se vio más de una vez moviendo las piernas de forma frenética y Harry tenía que liberarle con el contrahechizo. El caso contrario era más raro, y es que Harry era capaz de crear escudos de protección cada vez más poderosos.

Después de más de una hora sin poder intercambiar más que palabras de atención, aquel cacharro les dio un descanso. Los dos estaban apoyados sobre sus rodillas, respirando entrecortadamente, se miraron un instante y sonrieron al ver que estaban exactamente en la misma posición. Estaban muy cerca el uno del otro y a Harry se le sobrecogió el corazón al ver una sonrisa amigable de su padre, tenía que empezar a dejar grabado en su cabeza esos contadísimos momentos para que no se perdieran cuando regresara al pasado.

-Este cacharro nos va a matar- exclamó Harry cuando recuperó el aliento. James sólo afirmó con la cabeza.

-Oye... ¿tú...?

-¿Qué?

-Tú también tuviste la sensación esa rara el día del partido ¿verdad?- le preguntó James con una timidez que casi era imposible en él.

-Y en navidad- le afirmó Harry.

-¿La sientes ahora?- Harry le afirmó con la cabeza, casi no era capaz de pronunciar una palabra; se estaba sintiendo extrañamente orgulloso de ser hijo de James y no sabía muy bien por qué. Era como si descubriese realmente a su padre, como si volviese el James de la pequeña tregua de Hogsmeade.

Estaba despistado, se había vuelto a sumir en sus pensamientos, pero esta vez al menos, eran unos pensamientos medianamente felices. James cayó sobre él justo antes de que un rayo morado que tenía aspecto de dejar muy mal parado chocara contra Harry. James no lo había pensado, simplemente necesitó sacar a Harry del peligro y sin saberlo se había colocado justo en la trayectoria del rayo. Un grito de dolor cruzó toda la habitación pero no había nacido de James, éste había caído sobre Harry sin ningún rasguño, el rayo había rebotado en él como si hubiese tenido un campo de fuerza protegiéndole. Se incorporó un poco para ver qué le había ocurrido a Harry, al principio pensó que no había llegado a tiempo para quitar a Harry de la trayectoria de aquel hechizo, porque él no había sentido nada pero sí le había oído gritar como un desesperado.

Harry no tenía apariencia de haber sido dañado por ningún hechizo pero se tapaba la cara como podía debajo del peso de James. Sentía que la cabeza se le partía pero en seguida se pasó el dolor intenso y pudo incorporarse.

-¿Qué ha pasado?- le preguntó James muy preocupado, mirando a Harry y a la máquina lanzahechizos, como si ella hubiera sido la culpable.- ¡¡Desaparece! – le gritó al aparato que enseguida dejó el hueco como si nunca hubiese estado

-Es Voldemort, está... contento... creo- dijo con mucha confusión todavía masajeándose la cicatriz. - ¿Cómo has repelido ese rayo? Venía directo a mí, pero cuando lo he visto no me ha dado tiempo a reaccionar. Gracias por ponerte en medio, pero me has matado la espalda- bromeó Harry.

-Creo que rebotó en mí. No sé, fue muy raro, además con esos gritos que das no me entero de nada- James le devolvió la broma y se vio a sí mismo manteniendo una conversación casi de buenos amigos con el que consideraba una de las personas más odiosas de Hogwarts.

Harry se incorporó con dificultad, para dar por terminado el entrenamiento pero antes de que hubiese estado totalmente erguido un nuevo e insoportable dolor se apoderó de él con una fuerza increíble. No llegaba a ser el insufrible dolor que sintió cuando Voldemort intentó poseerle a principios de curso, pero se acercaba peligrosamente. Cayó al suelo ante los sorprendidos ojos de James que no sabía qué hacer. Se retorcía sobre sí mismo, era un dolor conocido, llevaba ya muchos años conviviendo con él pero se había acostumbrado a librarse de él en los últimos meses. Su dominio de la oclumencia le había dado un tiempo de paz pero después de una semana de preocupación, en la que comía poco y dormía a penas unas horas su cuerpo no pudo oponerse con eficacia a un cambio brusco en el humor de Voldemort.

-¡Vamos, Harry! – suplicó James que se había arrodillado al lado de su hijo y agarrándolo por los hombros en un intento inútil de hacer algo – Venga, chaval que me estás asustando.- Harry hizo un intento por hablar pero el inmenso dolor que sentía sólo le permitió hacer una mueca.- ¿Frío o calor?- preguntó James a la desesperada pero Harry no lo entendió y entreabrió un poco los dedos para mirarlo con uno de sus preciosos ojos como si su padre se hubiera vuelto loco- ¿Que qué te alivia, frío o calor?

-Frío- su voz sonó rota y con mucho esfuerzo, era increíble que le estuviese durando tanto.

James movió su varita y de la nada apareció una bolsa con hielo que inmediatamente colocó en la cabeza de su hijo a pesar de que éste se resistió primero a retirar las manos. Tenía la cicatriz roja y más visible que normalmente. James la observó por unos momentos, no sabía cual era la verdadera historia de esa cicatriz, pero por lo que le había contado era la señal de que habían intentado matarle cuando era un bebé ¿por qué el mago más poderoso quiso matar a un crío? Y lo peor ¿por qué falló en su intento? Después de unos segundos, reposado sobre las rodillas de su padre y con el alivio que el hielo le daba pudo recuperar su voz.

-Hay que avisar a Dumbledore- James hizo el intento por levantarse- ¡No! No te vayas- Fue un ruego que le sorprendió a sí mismo, pero estaba agotado y muy dolorido y quería quedarse allí con su padre, sentía más paz que con cualquier otra persona en el mundo, más incluso que cuando Lily le abrazó- Llama a Fawkes y dale mi varita; Dumbledore sabe que estamos entrenando, no tardará en llegar.

-¿Fawkes?- preguntó muy extrañado, pero en seguida cayó en lo que quería Harry- ¡¡FAWKES!

Unos instantes después el magnífico fénix del director aparecía en medio de un resplandor.

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El hospital de San Mungo era un caos. Los medimagos corrían por los pasillos intentando ordenar la gran cantidad de muggles y magos que iban llegando heridos o muertos. Tenían que borrar la memoria a los que iban saliendo después de un saneamiento rápido y a otros había que ir acomodándolas en habitaciones que cada vez escaseaban más. Había habido un ataque en la estación; la gran cantidad de aurores que estaban allí de guardia no dieron abasto para oponer resistencia y sólo la llegada de la mayoría de la orden pudo hacer que los mortífagos retrocedieran, pero no sin antes haber herido a muchos y matado a un centenar de personas entre muggles y magos.

En una de esas habitaciones ocupadas, algunos miembros de la orden entre los que estaban Emmelin Vance, Tonks y Arthur Weasley observaban el cuerpo demacrado de Remus Lupin que yacía sobre la cama como si estuviera muerto. Había llegado con el resto de la orden para echar una mano justo cuando los aurores estaban más asediados. Había luchado como lo que era, un gran mago con mucha experiencia pero dos maldiciones de magia negra le habían hecho caer en una de las vías donde quedó como muerto a ojos de todo el mundo hasta que Nicole Merry, que en este momento estaba siendo atendida por unas heridas en los brazos, hizo todo lo posible por devolverle unos mínimos de constantes vitales.

Después de unos minutos de un silencio absoluto en la habitación, sólo roto por la entrada periódica de una medimaga para administrarle unas diez pociones diferentes a Remus entre las que se encontraba la poción matalobos, Nicole entró en la habitación con el brazo vendado y la cara desencajada. Llevaba siempre un modernísimo corte de pelo que le daba un toque fuerte e independiente, pero en ese momento, su cortísimo pelo rubio estaba desordenado y sucio. Ella había sido la instructora de Harry y Remus su apoyo y tutor desde la muerte de Sirius, situación que hizo que se unieran en una gran amistad que se había reforzado cuando ella había vuelto a las misiones sobre el terreno. Nicole se sentó en la cama de Remus ignorando por completo al resto de personas que estaba allí, estaba asustada, desesperada por verle abrir los ojos y sonreír con la calma que siempre lo hacía.

-Remus, por favor, no puedes irte. No puedes dejarle solo.- susurró- No puedes dejarme a mí.

La última frase la había dicho en un susurro pero había sido perfectamente oída por el resto de miembros de la orden que preferían no seguir escuchando lo que Nicole tuviera que decirle a Remus en una situación tan delicada. Tonks carraspeó para llamar la atención de su amiga y ésta se giró arrepentida de las últimas palabras que había pronunciado. Para evitar un poco la vergüenza que estaba pasando empezó a mirar las cosas que había sobre la mesita de noche.

-Son los objetos personales de Remus- explicó Emmelin antes de que Nicole preguntara.

Nicole cogió una cadena de oro con dos anillos también de oro, uno más ancho que el otro, enganchados en ella y la levantó en el aire examinándola.

-Nunca le había visto esto.

-No lleva nada colgado, dice que en cualquier transformación puede perderlo pero de todas formas yo tampoco se lo había visto en estos años.- explicó Arthur.

-No sabía que había estado casado- había un grave tono de decepción en su voz. A pesar de que hasta ese momento su relación con Remus no había llegado más allá de una bonita amistad a ella no le hubiese importado que el licántropo aceptase dar un paso más- ¿Y qué habrá sido de su mujer? Él tiene los dos anillos

-Que yo sepa no ha estado casado nunca- intentó tranquilizarla Tonks, que se había dado cuenta de cómo le había afectado ver los anillos. – Es más, nunca lo he oído hablar de ninguna mujer. Para mí que no se ha enamorado en la vida. Debe ser otro como Sirius.- Tonks ahogó una risa, había intentado distender el ambiente pero Nicole seguía con la mirada fija en los anillos que ahora reposaban en su mano.

-Sí que estuvo enamorado.- la voz de Emmelin Vance llamó la atención de todos los presentes- Fue hace mucho tiempo y nunca fueron una pareja oficial ni en Hogwarts ni cuando salieron del colegio, pero... estaban muy enamorados. – los demás guardaron silencio esperando que Emmelin diera un nombre- Yo estaba en la clase de su hermana Alex, éramos muy buenas amigas y me tenía más o menos al día de cómo le iba a su hermana y a Remus.

-¿La hermana de Alex?- preguntó muy interesado Kingley Shacklebot- No puede ser quien yo creo.- su voz sonó sorprendida y descolocada.

-Sí, sí que es. Remus y Markins estuvieron juntos mucho tiempo, por decirlo de alguna manera.

-¿¿Markins?- Nicole, totalmente asombrada, dejó caer los anillos y se retiró de la cama de Remus como si acabara de oír una increíble barbaridad- ¡Eso no puede ser!

-Fue hace mucho tiempo, Nicole. Después la vida presentó las cosas como eran y la guerra nos cambió a todos.

Emmelin se acercó a ella y le dio un golpecito cortés en el hombro, ella también parecía muy tensa pero no le había pillado de sorpresa, como a los demás. Se agachó para recoger los anillos de Remus y volvió a colocarlos sobre la mesa. Le acarició un mechón de pelo que caía sobre el rostro blanquecino de Remus y suspiró pidiendo a todos los dioses que no fuese el siguiente en la lista.

-Creo que es mejor que le dejemos descansar- advirtió sensatamente Arthur Weasley después de tragar la noticia que acababa de darle Emmelin.

Se dirigieron a la puerta pero justo cuando iban a cruzarla el director entró como alma que llevaba el diablo. Les miró a todos, sin pronunciar una palabra, como quien quiere hacer un balance de los daños que ha sufrido y reflejó un gran alivio en el rostro cuando los vio a todos más o menos sanos.

-¿Qué tal tu brazo, Nicole?- le preguntó intentando esbozar una sonrisa.

-Listo para la acción, como siempre, profesor.- le contestó ella también denotando un claro esfuerzo por aparentar estar mejor de lo que estaba.

-¿Y Remus?

-Está bastante mal- Respondió Shacklebott- Los medimagos han dicho que no ha muerto de milagro, ha sido magia negra.

-¿Pero han dicho algo sobre su recuperación?- preguntó el profesor otra vez claramente preocupado- ¿saben que mañana es luna llena?

-Dicen que hay que esperar a ver como pasa la transformación- siguió explicando Arthur- Ahora mismo está estable, pero... no se sabe lo que puede ocurrir.

El director se tapó la cara con las manos. No sólo sería una gran pérdida personal, apreciaba muchísimo a Remus, sino que sería el único golpe que a Harry le faltaba para acabar de hundirse. No podía perder a Remus, se había apoyado en él de una forma tan fuerte que a veces le asustaba que fuese muy dependiente de él, pero era la única forma que había tenido para salir del bache que supuso la muerte de Sirius. Un resplandor dorado le sacó de sus pensamientos y llamó la atención de todos los miembros de la orden. Todos sabían lo que significaba eso, era su forma de comunicación, pero con Dumbledore allí ¿qué función podía tener la llegada de Fawkes? El enorme fénix batió sus alas delante del profesor Dumbledore, que palideció al ver que en las garras llevaba sujeta la varita de Harry.

-Harry tiene problemas- la noticia petrificó a todos los que estaban allí, que se sentían incapaces de asimilar otra mala noticia.- Estaba entrenando en el colegio- comentó para sí el director- ¡Me marcho! Esta noche hay reunión, mientras tanto ayudar aquí en lo que podáis.

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El profesor Dumbledore abrió la puerta de la sala de los menesteres sin ninguna contemplación y se quedó paralizado al ver la imagen. Harry casi había perdido el conocimiento y estaba recostado sobre James, ahora esas conexiones con Voldemort le dejaban mucho más exhausto que lo hacían antes, no era un simple dolor de cabeza, casi no podía moverse. Fawkes había cumplido su función perfectamente y sólo habían pasado unos minutos desde que había desaparecido de la sala con la varita de Harry en la manos. James no tenía muy claro la función de Dumbledore allí, no sabía qué podría hacer para ayudar a Harry pero al menos habría esperado mucha más movilidad de la que el director estaba mostrando. El profesor estaba mirándoles con los ojos muy abiertos y con la mano todavía apoyada en la puerta.

-¿Qué estáis haciendo?- preguntó con mucha cautela. James se sorprendió muchísimo y empezó a mirar a su alrededor para quedarse con una expresión muy parecida a la que había adoptado el profesor.

Un campo de fuerza dorado le cubría a él y a Harry, no había sido nada voluntario, era como si en un momento de debilidad de uno de ellos al unirse hubiesen creado ese escudo protector para que la debilidad momentánea no supusiese una amenaza. Al darse cuenta de ello se movió bruscamente haciendo que Harry saliera de su somnolencia y que el campo de fuerza se rompiera.

-¿Cómo has hecho ese campo de energía?- James se encogió de hombros, él no había hecho absolutamente nada y por el estado en el que estaba Harry dudaba que pudiera haber hecho ni un hechizo sencillo- Parece que el entrenamiento está yendo bien- Dumbledore sonrió para sí mismo, realmente estaba dando resultados si esa protección había nacido involuntariamente entre ellos.

-Harry está muy mal, no creo que eso sea precisamente que el entrenamiento haya ido bien.

-¿Harry, qué ocurre?- El director se arrodilló junto a Harry, que estaba volviendo en sí; por un momento su mente había desplazado a Harry al ver ese despliegue de energía.

-Estoy muy cansado, he dormido mal- intentó justificarse- He sentido a Voldemort. Me he quedado sin fuerzas.

El profesor Dumbledore sacó su varita e hizo aparecer una pequeña botellita que contenía una poción revitalizante y se la dio a Harry, que en seguida se sintió mejor.

-Voldemort está muy enfadado.

-¿Pero no habías dicho que estaba contento?- se extrañó James.

-Primero estaba muy contento, como si le hubiesen dado una gran noticia. Sentí que se veía por encima de mí, como si me hubiese derrotado, pero eso no fue muy fuerte, me recuperé enseguida, pero luego...- guardó silencio un momento, miró a Dumbledore y después a su padre, como si no quisiera hablar con él allí, pero iba a estar complicado echar a James después de que se hubiese comportado como lo había hecho- Ha amenazado a Bellatrix...

-¿A la prima de Sirius? ¡Ostia! Verás cuando se lo cuente.

-James por favor, esto es muy serio. Preferiría que te marcharas.- le dijo el profesor, pero también sabía que sería muy fácil echarlo. James bajó la cabeza e intentó pasar inadvertido.

-Ha dicho que tiene que buscar a alguien, no dijo el nombre. Quiere venganza.- el rostro del profesor se ensombreció en una búsqueda a toda velocidad sobre los planes de su enemigo- Dice que la matará si no cumple con sus órdenes. – Harry se calló, como si en ese momento se hubiese dado cuenta del significado de lo que ocurrió después- Ha dicho que el resto ha cumplido con su cometido ¿qué ha ocurrido?- Se puso de pie, con algo de dificultad y examinó el rostro de su profesor que en ese momento parecía más viejo y cansado que nunca- Usted lo sabe ¿qué ha ocurrido?

El director respiró profundamente, tendría que darle la noticia o cuando se la dijeran más tarde sería mucho peor, pero tal y como estaba no sabía si era la mejor opción.

-Ha habido un ataque en King Cross, por eso estaba tan contento. Han muerto muchos y algunos miembros de la orden han terminado en el hospital. Ha sido una verdadera masacre.

-¿Quién en concreto está en el hospital?- preguntó Harry con tono amenazante.

-Nicole ha sido herida en el brazo pero ya ha sido dada de alta- Harry respiró aliviado pero al ver que el profesor seguía muy preocupado, casi asustado, por seguir hablando sus peores miedos crecieron.

-¿Y Remus?

-Harry, verás...- el profesor vaciló mucho, no sabía cómo decírselo.

-¿Qué le ha pasado? Profesor, por favor, dígame dónde está.

-Remus está en San Mungo, Harry. Está muy grave. Fue al ataque a pesar de que le habíamos dicho que no lo hiciera. Mañana es luna llena y estaba muy débil, pero en cuanto supo del ataque se presentó allí sin escuchar a nadie.

-¿Cómo está?- Harry estaba a punto de derrumbarse, no quería creerse sus propios pensamiento. Sin Remus se hundiría sin remedio- Profesor, por favor, sin rodeos.

-Está muy mal. No saben si se va a recuperar, todo depende de cómo pase la transformación de mañana.

James estaba escuchando todo con los ojos desorbitados. Su mejor amigo estaba grave en el hospital y a Harry parecía que le fuera a dar un síncope. Tomó la decisión de no abrir la boca, prefería pasar inadvertido y así enterarse de más cosas.

-Quiero verle- sentenció Harry.

-Eso no puede ser, Harry.

-Voy a ir a verle, diga lo que diga.

-Sé razonable. No puedes ir. Es lo que espera que hagas ¿por qué crees que has sentido que podía vencerte? Te conoce y sabe que la historia puede repetirse. ¿Acaso quieres que ocurra lo mismo que en el departamento de misterios?

-¡No me hable del departamento de misterios!- le gritó Harry fuera de sí- Usted no lo vio caer detrás de ese velo, usted no le llamó sin obtener respuesta. ¡No miró por si podíamos ayudarle! ¡No tiene ni idea de los que es verle una y otra vez caer y saber que no va a volver! ¡No sabe la de pesadillas que tengo sintiéndome culpable de todo lo que ocurrió! No venga a recordarme lo que ocurrió en el departamento de misterios porque sé perfectamente lo que pasó y no quiero que me vuelva a pasar. Se lo advierto profesor, si a Remus le ocurre algo y yo no estoy allí, no quedará títere con cabeza. ¡Y no me refiero sólo a los mortífagos!

-No me amenaces, Harry.- le espetó el profesor, sabía bien lo que podía sentir pero no estaba dispuesto a que le tratase así- Pero no puedo dejarte ir sin protección, te matarán.

-¿Por qué no vas con mi yo adulto o con Sirius?- aportó James por primera vez.

-Cállate, por favor. No puedo ir ni contigo ni con Sirius ¿entiendes?- le saltó Harry con el mismo desprecio que solía hablarle su padre, pero se arrepintió enseguida

-¿Quién es ahora el gilipollas arrogante?- le preguntó mirándole con muchísimo odio y salió de aquella habitación con el orgullo totalmente herido, se había portado con Harry como un amigo y ahora le había tratado mal.

No había querido portarse así con James. El mal genio le había podido, pero había tocado un tema demasiado delicado. Remus se estaba muriendo y él le decía que recurriese a su padre o a Sirius ¿cómo? Estaban muertos, le habían dejado como ahora le estaba dejando Remus y Dumbledore no le permitía ir a verle. Le importaba una mierda que le atacasen en ese hospital, tal y como estaba de furioso, mal parado saldría quien osase enfrentarse a él.

-Harry- la voz conciliadora del director lo sacó de su desgraciado pensamiento- San Mungo es un caos esta noche, nadie está disponible para protegerte y si te ocurre algo por ir a ver a Remus, él nunca se lo perdonaría.

-Ni si quiera sabemos si va a estar vivo para sentirse culpable- estaba derrotado, quería llorar desconsoladamente, buscar a Remus y que él le mirase plácidamente para que pudiera sentirse tranquilo, pero él no estaba.

-Ten fe. Remus saldrá de ésta. Prometo tenerte informado en todo momento, pero por favor- el director clavó sus ojos en Harry profundamente- por favor, no hagas ninguna tontería.

Harry asintió levemente y salió de la sala arrastrando los pies, sumido en sus pensamientos y pidiendo a cualquier cosa que le escuchara que Remus siguiera a su lado, que estuviera ahí la siguiente vez que cogiera el espejo y gritara su nombre. No soportaría un nuevo abandono.

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El lunes después de las clases, Harry no pudo seguir escaqueándose a sus mejores amigos y a su novia, que desde que había aparecido en la sala común como un alma en pena habían intentado interrogarle con éxito cero. Por suerte para ellos James era mucho más hablador y en seguida les contó lo que había oído en la sala de los menesteres lo que acentuó la preocupación de Ron, Hermione y Ginny por Harry, pero también la del resto por el estado de Remus, sobretodo Andrea que había recibido la noticia como si le hubiese ocurrido al joven encantador que tenía a su lado.

Antes del entrenamiento, Ron, Ginny y Hermione acorralaron a Harry en los vestuarios del estadio de quidditch que en ese momento estaban vacíos, para que les contaran lo ocurrido. Se saltó deliberadamente todo lo que se refería a sus propios pensamientos y a su estado de ánimo, así que empezó contándoles cómo James se había comportado con él como una persona civilizada, le había defendido, habían sentido ese estado de paz y de total complemento. Ron alucinó con la descripción de aura dorada que los envolvió cuando Harry estaba débil, pero su expresión se ensombreció cuando llegó el turno de hablar del estado de Remus.

-Así que cuando más enfadado estaba con todo va mi padre y dice que recurra a él o a Sirius. ¡Ojalá pudiera hacerlo!

-¿Y por qué no lo haces?- Sirius estaba en la puerta del vestuario con los brazos cruzados e interrogando a Harry con la mirada.- No nos gustan nada los secretos, Harry, si tan amigos somos deberías ocultar menos partes de tu vida.

-Sirius, lo que oculto lo hago porque no tengo más remedio y si no puedo recurrir a vosotros es porque nunca estáis.

-Si somos tus "guardaespaldas" ¿por qué no estamos nunca?- preguntó muy suspicazmente.

-Simplemente no estáis ahora ¿vale? – sentenció Harry

-¿Qué querías?- interrogó Hermione con un tono duro de voz.

-Saber cómo estaba Harry. Estaba preocupado por él, pero ya veo que no tienes remedio.

Sirius salió del vestuario sin esperar respuesta y chocó con James y Lily que entraban en ese momento. Necesitaba hablar con alguien sobre ese secretismo pero James no sería la persona más adecuada, lo conocía demasiado y sabía que estaba muy ofendido por la respuesta seca que le había dado el día anterior. Por otro lado esa noche sería luna llena y no sabía si Remus estaría en condiciones de hablar de aquello, pero fuese como fuese esa era la mejor opción.

-¡¡Remus!- entró en la habitación como un huracán y se paró en seco- ¡Joder chicos! Que esta noche hay luna llena, no podéis parar de besuquearos.

-Ya empezamos con la envidia- saltó Andrea levantándose de la cama donde Remus estaba recostado con la cara muy pálida.

-He oído a Harry decir que no puede recurrir ni a James ni a mí, a los adultos quiero decir- explicó al ver las caras de poemas que habían puesto los dos- Esto ya me tiene harto, necesito saber qué ocurre en este maldito tiempo o me voy a volver loco.

-¿Y cómo pretendes averiguarlo?- le preguntó Remus incorporándose un poco.

-Pregúntale a Brown, ella tiene que saber lo que ha ocurrido en su tiempo, a lo mejor puede decirnos algo.- propuso Andrea.

-Sí, es una idea, pero Hermione la tiene amenazada- Sirius se quedó unos segundos pensando, Patricia y él ahora tenían mucha más confianza y no se veía una chica a la que le gustase cumplir las normas a raja tabla- Lo intentaré, mañana hablaré con ella.

-Muy bien, ya nos contarás- Remus y Andrea le miraron fijamente, invitándole a salir.

-Pero mira que sois... ¡¡obsesos!- le gritó cuando se dio cuenta de lo que querían sus amigos- ¡Que estás convaleciente!- ellos le miraron con la ceja alzada- Vale, vale, ya me voy.

N/A: hola! Q tal estais? Yo un poco liada con los parciales, asi que no encuentro tiempo para nada, por eso he tardado tanto. Bueno las cosas empiezan a ponerse interesantes, aunque el pobre Remus preferiría estar en otro sitio. La historia empieza a dar un giro importante y espero que os guste lo que se va a desarrollar ahora. Ah! Y como veo que estais muy preocupados por si le queda mucho a la historia os dire que tiene como unos 55 capitulos, así que vais a tener que aguantarme bastante jejeje.

BESITOS!