CAPÍTULO 25: REFLEJOS QUE DUELEN.

Harry había pasado toda la noche de luna llena despierto en el sofá de la sala común. Después de que Sirius y James se fueran con Remus, para lo que tuvieron que convencer a Andrea, todos subieron a dormir, pero Harry se quedó con la excusa de darle un repaso a la clase de encantamientos del día siguiente. Pensaron que podía haber buscado una excusa mejor porque encantamientos era para él un juego de niños. Estaba muy preocupado por Remus, dependiendo de cómo pasara esa transformación sobreviviría o no; era una idea que quería apartar de su mente pero no le dejaba. No podía dejar de pensar que a penas una semana antes había estado con él y le había dicho que se cuidara. Se sentía furioso, frustrado, ¿por qué no le había hecho caso? Todo el mundo se empeñaba en protegerle y exigirle obediencia pero luego nadie le hacía caso a él.

A mitad de la noche y sabiendo muy bien cuales eran las intenciones de Harry, Ginny bajó para hacerle compañía, no dijo ni una palabra, sólo le besó y se acurrucó en su pecho haciéndole notar que estaba ahí. Harry tampoco le dijo nada, la abrazó y respiró profundamente el olor que desprendía. Sin saber por qué se sintió más calmado y mientras ella dormía sobre su pecho, él volvió a sumirse en sus pensamientos jugando con los rizos rojos de Ginny. Justo cuando el sueño le estaba venciendo después de una semana sin descanso, la primera claridad del día cruzó la ventana indicándole que la transformación de Remus, y fuesen cuales fuesen sus consecuencias, había terminado. Al principio, sumido en la ensoñación no percibió los rayos de sol que estaban iluminando la sala, pero en cuanto fue conciente de ello dio un respingo que hizo que Ginny se despertara sobresaltada.

-Es de día, mi vida.- le dijo a modo de disculpa dándole un beso ausente en los labios. Estaba nervioso, con un nudo en el estómago y la sensación de que ese día no entraría en su vida como uno de los mejores. Presentía que algo que él no quería iba a ocurrir, pero prefería quitarse eso de la cabeza.

-Todo irá bien- le tranquilizó ella con una fuerza interior casi imposible a esas horas de la mañana. Le acarició la cara y le regaló una sonrisa reconfortante antes de levantarse – Busca a Dumbledore y quédate tranquilo, te dijo que te tendría informado.

-Tengo miedo.- confesó Harry con la voz rota - Tengo miedo a no verle más, a que alguien que quiero vuelva a irse sin un adiós.

-Shhhh.- Ginny le tapó la boca suavemente- No pienses en eso ahora, nadie se irá sin decirte adiós.

Harry se levantó sonriendo por la extraña fuerza interior que Ginny era capaz de desprender y que siempre conseguía tranquilizarle. Ella subió a cambiarse para bajar a desayunar mientras Harry salía por el agujero del retrato, pero no había cruzado la puerta centrado en sus preocupaciones sobre Remus, cuando le vio entrar con algunos años menos y muy mala cara acompañado de James y Sirius.

-¿A dónde vas tan temprano?- le preguntó Remus haciendo una mueca de dolor y llevándose las manos al costado, ese día le había dolido bastante la transformación.

-A ver cómo andas en el hospital- A Harry cada vez que mantenía una conversación de este tipo le resultaba todo un poco surrealista, porque no sabía en qué persona hablar, era muy extraño. Miró a su padre y a Sirius pero a su cara de cansancio se sumaba el mayor o menor enfado que ambos tenían con él.

-Cuéntanos luego lo que te diga Dumbledore ¿vale?- Remus le dio un golpecito de consuelo en el hombro, Harry asintió con la cabeza justo antes de que Andrea cruzara la sala como un rayo y se enganchara al cuello de su novio besándole con infinita ternura e ignorando al resto.

-Buenos días, Andrea ¿qué tal?- Sirius hizo gestos a un espacio vacío como si estuviese hablando con ella- Yo muy bien, gracias por preguntar.

-Sí, sí yo también muy bien- siguió James con la broma- Eres muy amable.

-Dejad de hacer el tonto- les calló ella- ¿No veis que estoy preocupada?- los dos chicos hicieron un gesto de asentimiento aburrido para que no siguiera con la charla- ¡Por cierto Harry!- se giró a él con la expresión muy preocupada y le puso una mano en el brazo – Cuéntame como está el adulto ¿sí?- él le asintió en silencio- ¡Es que no gano para disgustos con vosotros! ¿eh?- le bromeó a Remus antes de interesarse por cada herida que había tenido ese día.

El director ya estaba despierto y sumido en su trabajo a pesar de que era excesivamente temprano. Harry cerró los ojos y suspiró antes de llamar la puerta, tenía que coger fuerza para encontrarse con cualquier cosa. Tenía que ser fuerte, era el elegido, el señalado por todos para salvar el mundo, tenía que sobreponerse a cualquier cosa. Esos pensamientos no le sirvieron más que para hundirse aún más antes de girar el picaporte. No quería ser el señalado de nada, quería a Remus con él, quería una vida normal con sus amigos, quería tener a Sirius y a sus padres y no se refería precisamente a esa reproducción juvenil que ahora correteaba por los pasillos del colegio. Con ese pensamiento odioso hacia su vida entró en el despacho y vio al profesor rodeado de papeles y sus habituales cachivaches.

-Buenos días, Harry.- le saludó el profesor sin levantar la cabeza. No podía ser otro.- Parece que no hemos dormido mucho hoy.

-No he dormido, sencillamente- le contestó muy tenso.

-Siéntate por favor.- Harry le obedeció- Estamos esperando que llegue el informe de la noche de Remus. El profesor Snape ha pasado la noche con él, debe estar al llegar.

-¿Snape ha pasado la transformación con Remus?- le preguntó irritado- ¡No me fastidie profesor! Pero si Snape envenenaría a Remus si no fuera porque es algo muy obvio.

-Primero.- le contestó con calma pero con dureza, poniéndose en su sitio- Es profesor Snape y segundo, el profesor Snape es un miembro de la Orden del Fénix que nunca haría nada a Remus.

Harry se tiró en la silla en la que estaba sentado y se cruzó de brazos con un suspiro exasperado. Se hizo un silencio incómodo en el que el director aprovechó para alimentar a su Fénix. Harry, mientras tanto, se dedicó a mirar aquella habitación que casi podía nombrar se segunda residencia en el colegio. Había pasado por allí en innombrables ocasiones y no podía decir que sacara buenos recuerdos de ninguna de ellas. El peor recuerdo fue aquella fortísima discusión con el director justo después de la muerte de Sirius, había logrado superarlo pero no olvidarlo y estar ahora allí esperando las noticias de Remus, que podía haber corrido su misma suerte, le recordaba aún más aquellos momentos. "No puede haber muerto". No quería tener que repetir en su cabeza esas palabras, no tendría a nadie a quien repetírselas. Nadie estaría como estuvo Remus para abrazarlo antes de hacer alguna tontería, la mayor de ellas, salir corriendo detrás de Sirius a través del velo de la muerte.

Snape entró en el despacho sin llamar. No podía decirse que era posible obtener una respuesta por la expresión de su rostro. Avanzó hasta la mesa del director con la barbilla alzada y un porte arrogante, como siempre hacía. Ni siquiera se fijó en la presencia de Harry hasta que no estuvo encima de él. Le miró con repugnancia, como si le trajera un mal recuerdo; ni siquiera en esos momentos en los que sabía que Harry estaría mal se dignaba a comportarse con él como una persona civilizada.

-¿Qué hace aquí, Potter?- le escupió con una mirada asesina.

-¿Y usted qué cree?- le vaciló él- Ya ve, me he levantado temprano y me he dicho "voy a ver qué noticias me trae mi profesor favorito"- ironizó- payaso- la última palabra fue un susurro casi inaudible pero le sirvió para una reprimenda del director.

-¡Harry, por favor, compórtate!- Harry hizo un gesto de resignación con la cara y volvió a su posición escondido tras el respaldar de la silla de la que se caería si se descuidaba un poco.

-Lupin está vivo.- A Harry se le relajaron todos los músculos del cuerpo al oírle, si hubiera querido no habría podido moverse porque su cuerpo se había dejado tanto que se sentía incapaz de controlar el más mínimo de sus músculos- Pero no es definitivo- siguió Snape con seriedad, haciendo que a Harry volviera a cogérsele en el estómago una horrible sensación de pérdida- Si hoy despierta estará fuera de peligro pero si no...

-¿Si no qué?- las palabras brotaron de Harry como un huracán enfurecido, aunque realmente lo que sentía era una profunda desesperación.

-Si no, es más que probable que Lupin no salga de ésta.

Durante unos minutos un silencio espeso se apoderó del despacho, como si cada uno de sus habitantes estuviera rumiando las palabras. Para Harry eso no podía estar pasando, si moría sería una muerte anunciada y él no habría ido a despedirse de él. Tenía que ir, no se quedaría tan tranquilo viendo cómo le contaban que Remus se moría.

-Déjeme ir, profesor, se lo ruego- Harry había utilizado ya la técnica "Potter", es decir, quiero conseguirlo por pura cabezonería, había amenazado al mismísimo Dumbledore y había pensado salir de allí sin que nadie lo supiera, pero ninguna de las opciones le había valido, ahora sólo le quedaba suplicar. Y se arrastraría incluso delante de Snape si con ello conseguía ir al hospital. Le dio la vuelta a la mesa hasta ponerse justo al lado del profesor, la desesperación le estaba carcomiendo y tenía que hacer lo que fuera para lograrlo. No necesitó fingir, sus ojos ya mostraban todo lo que sentía y el profesor lo notó, pero por si acaso, dejó su mente libre de barreras, fijando los ojos en el director por si se le ocurría mirar dentro, y para dar más emotividad al asunto puso en primer plano la muerte de Sirius y a Remus abrazándole para que no corriera detrás de él- Profesor, tiene que entenderme, si le pasa algo y no le he dicho adiós...

-Está bien- Interrumpió el profesor totalmente conmovido, quería a ese chico como a un hijo y sabía lo que significaría no ver a Remus antes de morir- Irás cuando yo lo diga y lo harás conmigo. ¿Entendido?- Harry asintió de forma casi compulsiva como un niño pequeño al que dicen que le llevarán al parque de atracciones- ¿Qué tal está San Mungo? – le preguntó a Snape que en ese momento tenía un tic nervioso en el ojo al ver que su más odioso alumno volvía a salirse con la suya a costa de poner en peligro a más gente que a él mismo.

-No creo que sea buena idea que Potter vaya al hospital, profesor.

-¡No le ha preguntado su opinión!- saltó Harry furioso, ahora que había conseguido la aprobación de Dumbledore no quería que Snape lo estropeara- ¿Qué sabrá usted por qué tengo que ir? No ha tenido un maldito amigo en toda su vida.

-¡No te pases, Potter! – Rugió Snape olvidando que el director estaba allí.

-¡Basta!- les interrumpió Dumbledor con rudeza.- Esto es vergonzoso. Harry ni se te ocurra volver a hablarle así a un profesor y tú, Severus, por favor, dime solamente cómo está San Mungo.

-La cosa ha vuelto a la normalidad. La Orden vigila cada esquina de nuestra zona en el hospital. Hemos puesto hechizos anti-aparición y nadie entra ni sale si no es bajo nuestro control, pero a pesar de eso sigo pensando que es peligroso.

Después de un rato de conversación a cerca de las medidas de seguridad del hospital, Harry empezaba a impacientarse sobre cuándo iría. Tenía que ser cuanto antes, porque esperaba llegar a tiempo. Intentó quitarse ese pensamiento horrible de la cabeza y se preguntó quién estaría con Remus en ese momento.

-¿Quién está con Remus ahora?- la pregunta le salió sola, interrumpiendo a los dos profesores, lo que le valió una mirada recriminatoria de Snape, que se mordió la lengua antes de contestarle secamente.

-Nicole Merry ha dicho que se quedará todo el día con él.

Harry sonrió para adentro y pensó que si Remus despertaba en ese día le gustaría la compañía. Conocía a su tutor y sabía que siempre se negaba a tener una relación con Nicole aunque no sabía muy bien porqué. Pasaban la mayor parte del tiempo juntos y él siempre decía que era una buena amiga, pero quizá el recuerdo de Andrea le atormentaba o simplemente no se atrevía a dar el paso. Eso era algo que tendría que solucionar.

El director mandó a Harry a desayunar con la promesa de que lo avisaría cuando él fuera a visitar a Remus. Para Harry eso fue más que suficiente para mitigar un poco esa mala sensación que llevaba teniendo desde que los primeros rayos de sol le habían anunciado el nuevo día.

A la hora del recreo los chicos se fueron al patio del castillo para aprovechar las horas de un sol suave y tibio que anunciaba el mes de marzo. Harry estaba algo más animado que había estado esa mañana, al menos Remus había salido vivo de la transformación y sabía que ya fuera en ese día o como mucho al siguiente podría visitarle y ver de primera mano cómo se encontraba. Durante el desayuno había tenido que dar la noticia del estado de salud de Remus y le valió para que al menos Sirius volviera a hablarle con normalidad. James sin embargo seguía en sus trece de tratarlo como si fuera un ser invisible y eso le traería problemas para el siguiente entrenamiento, que debía ser esa tarde. Durante el descanso todos estaban hablando del insufrible trabajo de pociones que Snape les había puesto esa misma mañana, al parecer todos tendrían que pagar el desplante que Harry le había hecho, pero cuando les contó lo ocurrido a ninguno les pareció mal tener que pagar ese precio por saber que alguien había dado una contestación en condiciones al odiado profesor. A pesar de que la conversación estaba muy interesante, Sirius llevaba diez minutos mirando al otro extremo del patio, moviendo de vez en cuando la cabeza como si algún obstáculo se pusiese entre él y su objetivo.

Remus no había tenido que ir a clase ese día, pero no se iba a perder el recreo con sus compañeros, así que después de una visita rápida a la enfermería para que le diera algo para el dolor, fue al patio a charlar con el resto y sobretodo a tener a Andrea entre sus brazos. Andrea y Remus se habían dado cuenta del extraño comportamiento de Sirius, que debería estar gastando alguna de sus bromas o insultando a Snape y sin embargo, estaba frunciendo el ceño y musitando ruidos extraños que asemejaban ser palabras. Al otro lado del patio, justo donde Sirius estaba mirando, estaba Patricia en una pose muy cariñosa con un chico con el que ya la había visto varias veces, pero nunca de esa forma.

-¿Y a ti qué te pasa?- le preguntó Andrea divertida. Al ver que ni si quiera le había escuchado le dio un pequeño tirón de uno de los mechones y Sirius saltó como un resorte. El pelo era sagrado.- ¿Que qué te pasa?

-A mí nada- respondió inocentemente provocando la risa de Remus- Voy a hablar con Patricia de lo que dijimos anoche.

-¿Ahora?- se extrañó Remus- ¿Pero no ves que está ocupada?

Sirius hizo un gesto con la mano como si sus palabras fueran absurdas y enfiló entre los alumnos para llegar hasta Patricia.

-¡Eh, Canuto!- oyó a James detrás de él- No hagas mucho el tonto, que nos conocemos –Sin girarse le hizo un gesto muy soez con el dedo y siguió su camino.

El chico que estaba con Patricia la tenía abrazada por la cintura mientras hablaban muy cerca entre sonrisas. Vestía con la túnica de Ravenclaw y aunque no llegaba a tener el atractivo de Sirius las chicas siempre habían dicho que era bastante guapo. Sirius se puso al lado de ellos e intento esbozar una expresión agradable, aunque su intento fue inútil. No sabía qué le estaba pasando pero quería que ese tío estúpido le quitase las manos de encima a su amiga, pensó que quizá era muy sobreprotector, pero es que le parecía un aprovechado. Ninguno de los chicos que había en el colegio era digno de estar con ella. Carraspeó con firmeza para llamar la atención de la pareja y Patricia se giró con una sonrisa al verle.

-¡Hola, Anthony! ¿Qué tal?- le saludó vivaracha.

-¿Puedo hablar contigo?- la pregunta de Sirius fue seria y seca y pasaba su mirada entre la chica y su acompañante, detalle que Patricia captó.

-¿Conoces a Simon?- Sirius negó con la cabeza y tardó un rato en estrechar la mano que el chico le estaba ofreciendo, lo estaba examinando minuciosamente y al apretar la mano como saludo lo hizo con más fuerza de lo habitual, provocando entre los dos chicos un pequeño pique.

-Tengo que hablar contigo, Patricia. ¿Puede ser ahora?

-¡Aish, qué soso estás hoy!- exclamó ella extrañada del comportamiento de Sirius- Sí, ahora hablamos.

Sin tener una explicación muy buena para ello, Patricia le dio un beso en la mejilla al chico, que se quedó muy extrañado por no haberlo recibido en los labios y con un "luego te veo en clase" se separó un poco de Simon y atendió lo que Sirius tuviera que decirle.

-No me habías contado que tenías novio- fue la primera frase de Sirius. Estaba cruzado de brazos y había adoptado una pose ofendida.

-Simon no es mi novio. Es... Simon.

-Pues para no serlo, estabais muy cariñosos. En mi tierra eso es que sea tu novio.

-¿Pero qué me estás contando?- Se picó Patricia- Pero si tú precisamente eres el rey de los rollos rápidos.- se cruzó de brazos y lo miró por encima del hombro- Además, espero que no hayas interrumpido sólo para pedirme explicaciones sobre Simon ¿qué quieres?

Sirius dudó unos minutos sobre qué era exactamente lo que le había llevado a acercarse a ella. Estaba enfadado, no podía negarlo, aunque realmente no podía definir la causa de ello y eso le encendía aún más. Pensó unos instantes e instintivamente miró a donde estaba sus amigos. A esas alturas sólo Andrea y Remus, que sabían de qué iba todo, estaban pendientes de él.

-Ya me acuerdo. Hace tiempo estuviste a punto de contarme algo sobre Sirius Black- El rostro de Patricia se contrajo levemente al recuerdo de la amenaza de Hermione, a la que buscó con la mirada; pero sobretodo ante la sensación que ese nombre le había provocado siempre, por muy asesino rabioso que todos quisiesen que fuera- Quiero que me cuentes algo de él.

-No puedo.- respondió secamente y mirando con nerviosismo a Hermione que en ese momento se había dado cuenta de que alguien la observaba y dejó de lado a Ron para estar atenta a aquella conversación lejana de la que sólo podía captar los gestos de sus rostros.

-Patricia por favor, no sabes lo importante que es para mí. Además siempre he creído que no eras muy amiga de las normas.

-No es eso, es que este año vamos empatados con vosotros en la copa de las casas y la loca de Granger es capaz de machacarme si se entera que te he dicho algo.

-Está bien.- se conformó él- pero una cosita ¿conoces a James Potter?- Patricia empezó a reírse como si esa fuera la pregunta más absurda que había oído en toda su vida.

-Claro que sí. Todo el mundo sabe quién es James Potter. En serio Anthony ¿Tú en qué mundo vives?

-¿Y a Lily Evans?

-A esa no, pero a Lily Potter sí, es la madre de Harry.- Patricia estaba alucinando, ¿ese chico había aprobado historia de la magia de quinto?

-¿me contarías algo de ellos?- Patricia negó con la cabeza, la prohibición de Hermione, que en ese preciso momento se estaba acercando hacia ellos, incluía también cualquier cosa que tuviera que ver con Harry y no pensaba acercarse. -Cobarde

-¿Qué tal?- saludó Hermione examinando con la mirada a Patricia y a Sirius, le había dado muy mala sensación el hecho de que Patricia estuviera más pendiente de ella que de Sirius.

-Aquí jugando a las adivinanzas.- Contestó Patricia algo ofendida por el último calificativo que le había dado Sirius. Nadie la llamaba cobarde, pero ahora que le iba a contar algo, había llegado Hermione. – Bueno Anthony como veo que eres un poco malo y no acertarás la adivinanza, te daré una pista.

-¿Qué pista?- Sirius no pillaba muy bien a qué venía todo aquello de las adivinanzas.

-No creas todo lo que leas- Si a Sirius se lo hubieran dicho en chino mandarín se hubiese quedado igual. No entendía nada de lo que quería decirle con eso, pero ella ya se había ido y no podía seguir preguntando.

-Bueno, Hermione, creo que tenemos clase ¿no?- le pasó el brazo por los hombros intentando evitar su mirada examinadora- ¿Por cierto a qué has venido?

Tal y como había dicho Snape, el hospital San Mungo tenía una gran calma comparado con el día del ataque. La zona en la que estaba Remus Lupin ingresado era un silencio absoluto. Las ventanas dejaban entrar una claridad que no podía ser sino producto de la magia, haciendo que los pasillos fuesen aún más blancos. En el resto de habitaciones de esa planta había aurores heridos en el mismo ataque en King Cross y las medidas de seguridad eran bastante elevadas, especialmente en la última habitación, donde Albus Dumbledore había ordenado que hubiese vigilancia continua. En la habitación, Remus no tenía ningún compañero. Era casi medio día y una cortina la dejaba en penumbras. Había un silencio suave y frío que acompañaba el grave estado de su residente.

Como era habitual en los últimos dos días Nicole estaba allí; con el brazo todavía convaleciente, pero se había negado en rotundo a dejar aquella habitación siempre que no tuviera que cumplir con alguna de sus obligaciones. Esa mañana había llegado temprano, en cuanto había amanecido. Había tenido que pasar la noche en el ministerio haciendo informes del ataque y sin pasar por casa había marchado directa al hospital para saber del estado de Remus. Llevaba allí muchas horas, los medimagos habían dicho que si no se despertaba ese día, sería muy difícil que volviera a despertar. Conocía la habitación como si fuese la suya propia, no salía a comer, ni a tomar un café, a veces alguno de sus compañeros que estaban de guardia en el pasillo le traía algo, pero no era capaz de pasar ni unas gotas de agua por la garganta, en la que se había formado un horrible nudo de desesperación.

Por milésima vez en esa mañana se sentó en la cama junto a un Remus que tenía aún peor cara que el día anterior. Las bolsas de los ojos habían adoptado un color rojizo que contrastaba aún más con su tez blanquecina. Hacía poco tiempo que una medimaga había entrado para curarle las heridas y había dicho que tenía que tenerlas al aire durante unas horas, así que estaba sin camisa, con la sábana hasta la cintura mostrando un torso bastante más musculoso que el que podía mostrar el Remus que en ese momento estaba en clase de runas antiguas. Nicole le acarició la cara con la punta de los dedos, como si tuviera miedo de lesionarle si lo hacía con más fuerza y no pudo reprimir un suspiro amargo y profundo. Para intentar calmarse se pasó la mano libre por el pelo, más corto que lo llevaba el propio Remus, y que desde que todo había ocurrido casi no lo peinaba. Se fijó en las dos heridas que había hecho las maldiciones que lo tenían en ese estado, parecían quemaduras y habían dejado unas importantes perforaciones en su piel que dejaban ver el color rojo oscuro de la carne herida.

-Tienes que salir de ésta- le suplicó casi llorando- Creo que no sabría vivir sin ti. Si me dejas me moriría, no sabría hacer nada sin esa calma que me transmites, sin tu experiencia.

Nicole se tapó la cara con las manos. Las lágrimas habían comenzado a aflorar de manera suave y silenciosa. Se sentía cansada, abatida, asquerosamente triste y desconsolada. En el último año había mantenido con Remus una relación de amistad íntima y peligrosa. Sabía que entre ellos había una extraña atracción que ella no dudaba en demostrar pero que a él, por algún motivo que desconocía, no le gustaba poner de manifiesto. Se habían encontrado en situaciones comprometidas de las que Remus siempre se había escabullido con una frase cortés y una sonrisa tímida. Nunca hablaba de sentimientos, de nada que pudiese suponer un compromiso o darle la esperanza de que entre ellos podría haber algo, pero la conexión que existía, la forma en que a veces la miraba con una mezcla de protección paternal y añoranza perdida a través de los años, le decían que él no podía sentir lo mismo que quería demostrarle.

Colocó la mano de Remus sobre su pierna y se concentró mucho en hacer líneas imaginarias que iban desde su muñeca hasta la punta de los dedos. Estuvo así un rato, a veces se topaba en su camino con sus propias lágrimas y mojaba con ellas la mano de Remus sin dejar de hacer esos surcos imaginarios. A veces suspiraba profundamente cuando el llanto no le dejaba respirar con normalidad, recordando el día que le conoció, su relación con Harry, la tristeza que expresaban sus ojos por el sufrimiento pasado a lo largo de los años, los momentos que habían estado juntos, riéndose o concentrados sin hablar en alguna guardia. Si hubiera estado atenta a algo más que a su mano y a sus recuerdos se habría dado cuenta que Remus había abierto los ojos cansadamente.

Miró con extrañeza a su alrededor sin reconocer nada de lo que tenía en aquella habitación. Notó que alguien le estaba acariciando la mano y escuchó unos sollozos lejanos, estaba muy desconcertado con todo, miró a la mujer que estaba a su lado, vio su figura alta, el pelo rubio y despeinado, parecía muy triste y al verla ahí tan preocupada, a su lado, como siempre, sonrió imperceptiblemente, pero en el intento de sonrisa no pudo evitar toser provocándose un insufrible dolor en el pecho y en el costado. No sabía lo que le ocurría y con la mano libre se buscó las heridas abiertas.

Al sonido de la tos, Nicole levantó la cabeza y lo vio despierto. En cuestión de segundos se abrazó a su cuello y empezó a llorar mucho más sonoramente que lo había hecho.

-No deberías estar aquí- su voz sonó ronca y rota pero con un cariño asombrable, tenía la garganta seca y le dolía todo el cuerpo con cada palabra que pronunciaba pero no podía mantenerse callado al tenerla ahí. – Es peligroso y lo sabes.

-No digas tonterías- le dijo Nicole sin apenas levantar la cara de su hombro.

-Si te encuentran conmigo te matarán.- Después de esta frase no pudo reprimir un quejido de dolor, que hizo que Nicole se levantara rápidamente para intentar examinarle.

-Vamos Remus, nadie me va a matar por estar contigo. No seas idiota.

Remus la miró fijamente, entornaba los ojos como si quisiera verla mejor y de vez en cuando se extrañaba, como si fuera una desconocida. Nicole estaba asombrada, parecía que se había despertado bien pero ahora con esas incoherencias y esa forma de mirarla empezaba a pensar que podía haber resultado algo trastornado.

-¿Tú...? Tú no...- Remus se paraba a examinar una y otra vez el resto de la mujer que le acompañaba y que ahora estaba muy asustada.

-Remus, no me asustes, soy yo. ¡Nicole!. ¿Qué te ocurre?

Remus se detuvo unos instante, asombrado, como si fuera la primera vez que escuchaba ese nombre. La miró insistentemente buscando en las facciones de su rostro respuestas que no llegaban. Repetía el nombre que acababa de decirle una y otra vez hasta que lo encontró, de repente todo estaba en su cabeza. El ataque en King Cross, las maldiciones, Nicole. Por unos segundos la decepción se apoderó de su rostro y ella lo notó, pero en seguida le volvió una sonrisa dulce y amable que mejoró mucho el mal estado en el que se encontraba su cara.

-¿Quién pensabas que era?- le preguntó ella con amargura, pero se consoló con la sonrisa que le dio como respuesta

-No lo sé, no sabía muy bien lo que ocurría ni dónde estaba.- la respuesta no fue del todo satisfactoria, pero como siempre, Remus no entraba más allá de una capa superflua que colocaba entre el mundo y su verdadera vida.

-Me has asustado muchísimo- le pasó los dedos finos entre los mechones dorados que le caían por la cara.- Si te hubiera pasado algo...

-Son cosas que pasan, esto es una guerra Nicole. Todos estamos expuestos a perder a alguien importante- parecía una lección de dureza, pero más bien era una nueva forma de salir de ese callejón ante el que se veían siempre que estaban a solas- ¿Quién me sacó de aquella vía? Es lo último que recuerdo.

-Yo.- respondió simplemente antes de bajar la cabeza, como si estuviese avergonzada por haber tenido que recibir esa lección de realidad por parte de Remus.

-Espero que la próxima vez estés otra vez a mi lado. – Sabía que había sido un poco brusco y tenía que remediarlo, pero no podía evitar que a veces el instinto de autoprotección hablase por él mismo. Le apretó la mano con la que le había estado acariciando la suya y cuando ella le miró le hizo una mueca cariñosa con la cara.

-Ojalá me dejaras estar más cerca- suspiró ella – Tengo la sensación de que vives en el pasado y no dejas que nadie se acerque a ti para no hacerte daño, pero... no sé, a veces tienes cosas cerca que podrían hacerte recuperar una felicidad que hace tiempo que no conoces.

Remus estaba totalmente de acuerdo con aquella valoración y su concordancia se mostró en una mirada dulce. Le volvió a apretar la mano y cuando Nicole se estaba acercando para besarle, sin que él mostrara la resistencia habitual, un medimago entró y se sobresaltó porque nadie le había avisado del despertar del enfermo, lo que hizo que la pareja se separara inmediatamente para dejarle espacio para trabajar.

A la hora de la comida Sirius todavía no había comentado con Remus y Andrea lo que le había dicho Patricia, más que nada porque no había obtenido de esa conversación ningún dato que pudiera ser interesante. Además, se había pasado las dos horas de clase concentrado en el estúpido que Patricia tenía a su lado durante el recreo y que había vuelto a ver durante el cambio de hora. Al entrar en el gran comedor, vio una escena que le resultó vomitiva. Simon estaba comiendo junto a Patricia haciéndole carantoñas entre bocado y bocado, él jamás haría una cursilada como esa. Seguro que Patricia lo consideraba un empalagoso. Llevaba semanas sin fijarse en una chica, desde que había dejado a Susan, pero en cuanto se le cruzó una hufflepuff de quinto que se le había insinuado un par de veces esa semana se acercó a ella recuperando su majestuoso arte para ligar.

La chica, una castaña de pelo rizada con piel muy morena, quedó encantada con sus miradas cómplices y sonrisas estúpidas, aunque no le gustó tanto que Patricia se acercara y les interrumpiera cuando Sirius se estaba acercando a ella peligrosamente.

-¿Quieres que te cuente eso o no?- Patricia se puso a su lado con los brazos cruzados y una ceja alzada, había dejado de lado a Simon, al que efectivamente había terminado considerando un poco empalagoso. – ¡Ups! Perdón, ¿interrumpo?. – No había precisamente arrepentimiento en su voz y eso hizo que la chica la mirara con el ceño fruncido. – Es que te he visto y me ...

-No, no te preocupes, no interrumpes- le cortó Sirius, pero cogió a la chica de la cintura y le plantó un besazo de escándalo en la misma cara de Patricia- Luego te veo, guapa. – la despidió- Venga cuéntame.

-La última vez que me cortas así- le espetó ella, al ver que se había morreado con la chica en su cara.

-¿Celosa?- le increpó adoptando una postura extremadamente creída.

-¿De esa snob? – Patricia se llevó la mano al pecho como si hubiera dicho la mayor tontería del mundo, pero estaba enfadada y eso era algo que no podía negar- ¡Búscate una tía con cerebro!- le gritó enfilando el pasillo hacia la puerta.

-¿Cómo tú?- le gritó él fuera de sus casillas.

Patricia se paró en seco al escuchar esa pregunta, se giró con los puños cerrados y los ojos a punto de salirse de las órbitas.

-¡NO! ¡Una como yo no! ¡Búscate una que te aguante!

Sirius se quedó plantado allí, asombrado por el desplante que acababa de hacerle, así que como empezaba a ser el centro de atención de la gente del comedor se fue a sentarse con sus amigos. James y Remus le habían guardado un sitio. Se sentó entre ellos sulfurando, miró a un lado y vio a James que estaba comiendo y al otro lado Remus estaba hablando con Andrea en susurros, mirándose a los ojos ignorando completamente al resto del mundo.

-¿Queréis dejaros de cariñitos?- les escupió casi con crueldad- Total si al final no acabaréis juntos.

Andrea al escuchar sus palabras se levantó con solemnidad, cogió muy despacio su vaso de zumo de calabaza y con una sonrisa se lo tiró a Sirius por encima de la cabeza haciendo que casi se muriera del infarto al verse totalmente cubierto del líquido naranja. Intentó gritarle, pero se topó con sus ojos negros y fríos, cargados de un profundo resentimiento y, por qué negarlo, le dio miedo. Así que cogió su varita y arregló el desperfecto mientras ella salía del comedor sin haber pronunciado una palabra. Remus se levantó para ir detrás de ella, pero Sirius le agarró de la manga y le obligó a sentarse. Al ver la cara de desconsuelo que tenía su amigo no pudo resistirse. James y Remus esperaron un rato a que Sirius le contara lo que le pasaba por la cabeza, porque lo que le había ocurrido lo había visto todo el comedor, pero no dijo nada.

-Mira Sirius- empezó Remus, que empezaba a desesperarse- Le acabas de decir a la mujer de mi vida que no acabaremos juntos y aunque ella ya lo sabe, espero que no pretendas que me quede aquí sólo para mirar tu cara de perro pulgoso.

-¿Cómo lo sabes?- le saltó él, volviendo de su mundo.

-¿Qué?- se extrañó Remus, que estaba a punto de controlarle la temperatura por si acaso le había dado un ataque febril.

-Que es la mujer de tu vida. Sabes que no vais a terminar juntos y sin embargo lo sigues diciendo. ¿y tú?- se giró hacia James que lo miró como si se hubiera vuelto loco por mostrar ese interés en el amor.

-Lo mío es fácil.- contestó James encogiéndose de hombros y señalando a Harry que estaba sentando unos sitios más atrás hablando con Ron- Se llama Harry.

-No idiota- se exasperó, no estaba para bromas- ¿por qué Lily? Tenías a todas las chicas que querías y te fijaste justo en la que no te hacía ni caso. Vale que es guapa y tal, pero...

-Y lista y dulce y simpática- James se quedó un poco como tonto describiendo las facultades de su novia y se giró para darle un beso que la sorprendió mucho en medio de su conversación con Ginny.

-Lo voy cogiendo- le saltó Sirius, sin entender muy bien.

-Y no estaría con nadie como estoy con ella- le terminó de explicar James.

-¿Y yo qué?- Sirius se ofendió con ese comentario, no había mejor compañía que estar con sus amigos.

-¿Nunca has preferido estar con una chica antes que con nosotros?- preguntó Remus que era de la misma opinión que James.

-A ver, que tengo mis necesidades y vosotros no sois mi tipo, pero vamos que fuera de ese terreno...- en ese momento Simon se levantó de la mesa para salir del comedor- capullo, engreído y gilipollas.

-Creo que todo está claro- sentenció Remus.

-¿Y tú? ¿qué tiene Andrea?

-Pues...- la cara de Remus adoptó la misma pose de tonto que minutos antes había tenido James- Lo tiene todo, es dulce y dura, fría y cariñosa, pasional y racional hasta límites insospechados.

-Vamos que está como una cabra- murmuró Sirius y se ganó una colleja de Remus.

-¿Y Patricia? ¿Qué tiene?

Al mismo instante, James y Remus se levantaron y dejaron a Sirius con la cara apoyada en ambas manos y totalmente sorprendido por la última pregunta que le había hecho Remus ¿Tendría razón?

Por la tarde Harry tendría que enfrentarse a su entrenamiento con James y Dumbledore no había dado señales de vida, así que no había nada que lo librara. Había decidido que tenía que potenciar esa barrera que había conseguido su padre, estaba casi seguro de que ese no sería su poder, sino más bien un método de protección al estilo heredero, pero a pesar de todo no podía descartar ninguna posibilidad, así que cuando entró en la sala de los menesteres le contó su plan: le atacaría sin piedad para que se protegiera con escudos como el que había hecho el primer día y que él casi casi controlaba con sus manos. A James no le hizo ninguna gracia pero no le quedó otro remedio. Harry empezó a mandarle maldiciones sin darle tiempo a prepararse y en un primer momento sólo pudo evitar con movimientos rápidos.

James terminó hartándose y dejó la defensa para dedicarse al ataque, mandando algunas maldiciones que rebotaron en el escudo de protección que Harry creó sólo pasando su mano por delante de sí mismo, haciendo que James se enfureciera porque para Harry eso fue facilísimo y él se estaba muriendo para conseguir una leve protección, por muy mala que fuera.

-¡Me tienes harto ya!-le gritó James mandándole un nuevo hechizo que volvió a rebotar irremediablemente frente a un Harry que casi no se inmutaba.

-Eres idiota- le dijo con prepotencia- ¡Controla tu rabia!- le mandó un hechizo mientras le iba hablando y sonrió al recordar que un año antes Nicole le había puesto la misma prueba para enseñarle la misma lección- Canalizala y contrólala. Cuando lo consigas dominarás tu poder.

-Un gran consejo- El profesor Dumbledore estaba en la puerta sonriendo orgulloso por las palabras de su alumno- A Harry le costó mucho aprenderlo, de hecho, no sé si ha llegado a aprenderlo del todo- bromeó.

-Muchas gracias profesor, a eso se le llama darme credibilidad.- siguió bromeando él.

-Voy al hospital, así que siento interrumpir vuestro entrenamiento.

Harry inmediatamente se colocó junto a Dumbledore dispuesto a agarrar el traslador lo antes posible, pero James se interpuso en su camino a la celeridad.

-Yo quiero ir también, yo quiero ver a Remus.

-No seas crío- le recriminó Harry- no vas a venir.

-James por favor, no puedes venir. No deberías haber visto nunca a Remus, no es conveniente así que márchate a la sala común y avisa a tus compañeros de que Harry estará conmigo.

El traslador les dejó en medio de un círculo de miembros de la orden que estaban en guardia dispuestos a defender a Harry del más mínimo ataque. Por un momento se sintió una estrella del rock pero luego no le gustó la idea y se dejó saludar por todos. Dumbledore lo agarró del hombro y lo mantuvo a cinco centímetros de él durante todo el rato a pesar de que era casi imposible que alguien accediera a esa parte del hospital sin enfrentarse a todo un ejército de aurores.

Remus había pasado casi toda la tarde descansando pero al fin estaba fuera de peligro. Los miembros de la orden habían pasado en procesión para saludarle pero se habían encontrado con una larga siesta así que fue Nicole, que no había consentido marcharse de allí, quien les contó cómo estaba.

Cuando Harry entró, Remus estaba cenando, a su lado Nicole se levantó inmediatamente para saludar a Harry con un beso, pero Harry no le prestó mucha atención a pesar de que tenía muchas ganas de verla. Estaba obsesionado por llegar hasta Remus y saber de primera mano que estaba vivo y fuera de peligro. Se sentó en la cama e ignoró el ceño fruncido que tenía, se concentró en sus heridas, que seguían curándose al aire. Cuando comprobó que estaba entero y que eso sería cuestión de pocos días se lanzó al cuello hasta casi asfixiarlo. Lo había pasado horriblemente mal, se había hecho a la idea de que iba a morir y verlo ahí, a pesar de que tuviera esa cara de enfado, era lo mejor del mundo para él.

-¿Por qué has venido?- le preguntó riñéndole, pero no se resistió a estrecharlo con la fuerza que su estado le dejaba. No quería que estuviera ahí porque era peligroso pero al fin y al cabo, verle era todo un consuelo.

-Yo también te quiero, Remus. ¿Tú qué crees? Por cierto, Nicole, ¿cómo estás? Que no te he dicho nada- ella le sonrió para restarle importancia, ella había hecho lo mismo la primera vez que entró en esa habitación.

-No tenías que haber venido. Es muy peligroso.

-Si alguien consigue acercarse hasta aquí tendrá que pasar por encima de Dumbledore- le dijo en un susurro – y mírale- señaló hacia la puerta donde el profesor parecía más alto y más imponente que nunca- nadie se atreverá a abrir la boca delante de él.

-Déjate de tonterías Harry, eres igual que tu padre cuando hay problemas, siempre recurres a esa ironía. – bromeó un poco- Anda cuéntame cómo te ha ido estos días con él.

Nicole salió porque sabía que les gustaría estar solos, el director Dumbledore hizo lo propio pero se quedó en la misma puerta, ahora cerrada, para que nadie pudiera acceder a Harry sin pasar por delante de él.

-Con mi padre como siempre, intentando sacarle los poderes así que hemos discutido un poco, pero vamos ya casi no me preocupa. Total, es imposible llevarse bien con James ¿tú cómo lo hacías?- Remus empezó a reírse por la ocurrencia pero cuando iba a contestar Harry había tornado el gesto muy serio y lo miraba preocupado- Lo he pasado fatal estos días- le confesó.

-Vamos chaval, no me digas esas cosas, que sabes que yo soy muy tonto para esto.- Al menos consiguió sacarle una sonrisa.- Al menos ahora sabes lo que siento yo cuando te veo metiéndote en líos.

-En serio, Remus, pensé que la historia se repetía y si tú te vas ya no me quedará nadie en quien apoyarme.- se estaba desahogando, había llevado un peso muy grande esos días y decírselo a él en persona, sabiendo que saldría de esa era el mejor consuelo de todos.

Remus intentó incorporarse un poco más en la cama y con ello sólo consiguió un grave gesto de dolor. Harry al verlo con tal esfuerzo movió las manos y lo acomodó perfectamente entre las almohadas sin ni siquiera tocarle.

-Te veo muy mejorado en tu poder- Harry no sonrió, seguía agotado después de todo- Harry, mírame, no quiero verte así ¿vale? No me voy a ir nunca, te lo prometo- mintió Remus con tal de verle más animado- Siempre vamos a estar juntos, como una especie de familia extraña.

Harry asintió con la cabeza, sabía que era una mentira piadosa, que Remus no podía prometerle algo así en medio de una guerra pero le reconfortó oírle decir la palabra familia. Se puso de pie, y como Nicole había hecho el primer día, tanteó un poco por las cosas que tenía encima de la mesilla. También se fijó en la cadena con los anillos y los miró muy sorprendido. ¿De quién era eso? Remus no se había casado nunca, de eso estaba seguro.

-¿Y esto?-preguntó enseñándoselo- ¿es para Nicole?- le hizo un guiño cómplice esperando una respuesta distendida pero se quedó con las ganas.

-No.

-¡Qué borde! ¿Entonces?

-Vamos Harry, por favor- le rogó en un tono más suave- No quiero hablar de eso.

-Pues deberías plantearte algo con Nicole, ya la has visto, me ha dicho Dumbledore que se ha pasado aquí todos los días.

-Harry, te estás metiendo en temas que no debes.- le rogó. Había tenido que mostrarse un poco fuerte con Harry desconsolado y no sabía si con ese tema sería capaz de mostrarse igual de entero.

-Vamos, Remus, no seas tonto. Yo te lo cuento todo. Además no seguirás pensando en Andrea ¿verdad?- Remus palideció- Quiero decir, Andrea me encanta, es una chica genial, pero no está y ¿desde cuando no la ves?

-Demasiado tiempo.- susurró sin mirarle.

-No deberías pasar tanto tiempo solo. Es alucinante lo feliz que te veo en el colegio con Andrea, me gustaría que estuvieras así con alguien y ella no está. No te voy a preguntar por qué no está ni por qué no quieres buscarla pero sí te diré que deberías buscar nuevos campos.

-Dejemos una cosa clara, Andrea siempre ha sido la mujer más importante de mi vida, pero no he estado estos diez años guardándole fidelidad absoluta - le hizo un gesto con la cara que Harry captó a la primera- pero... no sé, Nicole es otra cosa. No es una mujer para una relación fugaz.

-Ni se te ocurra hacerle eso que cobras- le amenazó él medio en broma medio en serio. Quería mucho a Nicole.

-Ella me recuerda a una parte de mi vida que no sé si quiero volver a tener, pero tampoco sé si quiero olvidar.

-Cuando te pones así no hay quien te entienda.

Una medimaga entró para hacer la última ronda antes de que se acostara, seguida de Dumbledore y de Nicole. Examinó las heridas, les aplicó un ungüento que olía fatal y le obligó a tomarse cinco pociones, que por la cara que puso Remus no debían saber muy bien.

-Pronto podrás salir de aquí- le dijo con una voz alegre.

-¿Podré hacer vida normal?- le preguntó Remus haciendo una mueca de asco después de dejar vacío el último botecito.

-Depende de a lo que llames vida normal- La medimaga le señaló las heridas y alzó una ceja- Estas cosas no salen haciendo vida normal. ¿A qué te dedicas?

-Yo... bueno... digamos que trabajo en la guerra, ¿cuándo estaré listo para volver a luchar?

-¡alto, alto, alto!- interrumpió Harry levantándose de la silla en la que se había sentado y poniéndose junto a Remus- Tú no vas a volver a luchar nunca. ¡Jamás!. Quítatelo de la cabeza. Ya me has ignorado una vez metiéndote en líos y no voy a consentir que lo hagas otra vez.

-¡Vaya!- se sorprendió la medimaga- Tu hijo se preocupa mucho por ti- no se había fijado en Harry casi nada, y aunque lo hubiera hecho Harry se había encargado a lo largo de los años de dejarse el pelo los suficientemente largo como para que le tapara la cicatriz.

-No es mi hijo- le aclaró Remus con una sonrisa de orgullo porque alguien hubiese confundido a Harry con su hijo- Y ya me gustaría a mí que se aplicara a sí mismo sus mismos consejos- le miró con cara de circunstancias y Harry se tuvo que morder la lengua porque sabía que él no se quedaría nunca quieto ante un ataque, así que, por mucho que le doliera, no podía obligar a Remus a quedarse en casa.

En cuanto la medimaga salió de la habitación, Dumbledore anunció que era hora de marcharse, así que Harry se abrazó a Remus otra vez y se dejó abrazar fuerte por él, era increíble cómo había podido convertirse en una persona tan importante en su vida en el último año.

-Si me traes otra vez al hospital te juro que te mato con mis propias manos.- le amenazó con el dedo en alto- Y haz caso de lo que te he dicho, de las DOS cosas que te he dicho.

Remus empezó a reírse y volvió a abrazarle y a darle un beso en la cara antes de que se marchara. Volver a Hogwarts después de haber visto a Remus fue muy gratificante, por fin podría dormir toda la noche sin ningún tipo de preocupación.

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N/A: Hola a todos! Lo siento mucho muchísimo, esta vez me he retrasado demasiado, pero espero que me perdonéis, muchas gracias por vuestras opiniones, me encantan! Y nos vemos en el siguiente capítulo que espero q sea pronto.

Por cierto, ya habéis visto que he salvado da Remus jejeje.

Besos