CAPÍTULO 26: NO CREAS TODO LO QUE LEAS.
Una semana después Remus salió del hospital con la firme promesa de que se quedaría unos días en casa descansando. Harry no había podido ir a verle otra vez, pero no le importó, sabía que estaba bien y eso era suficiente, así que estaba de tan buen humor que ni James en los dos entrenamientos que tuvieron pudo enfadarle y eso que había hecho muchos méritos para ganarse una buena respuesta que lo pusiera en su sitio. Sentía que la relación iba cada vez peor, aunque en el fondo le había demostrado que en una situación de peligro su instinto le guiaría y se comportaría no ya como un padre pero al menos sí como un amigo protector, así que se planteó muy seriamente dejarse dañar por alguna maldición potente con el fin de volver a fortalecer el lazo que les unía. El jueves Lily había ido a ver el entrenamiento, en principio Harry se negó porque pensaba que eso le desconcentraría, pero al final se dio cuenta de que no era una mala opción, con Lily allí, como ocurría siempre, James al menos mantenía una relación civilizada y dejaba de lado las contestaciones irascibles, así que aunque no consiguió volver a sacar de él un buen escudo que les protegiera en un momento dado, tampoco salió a golpes con él.
Harry estaba obsesionado con encontrar el poder de James, sabía que lo que más irritaba a su padre era que él, Harry, controlase sus poderes y él no, así que el primer paso era dar con él. A pesar de que había mirado en muchos libros de esa extraña y fructífera biblioteca que aparecía en la sala de los menesteres, no había encontrado nada realmente importante que le indicara como desarrollar ese poder, pero lo cierto es que con a penas unos pocos entrenamientos se podía apreciar un grandiosa mejoría en su poder, pero para su desgracia ninguno sobresalía por encima de los demás. El viernes después del entrenamiento de quidditch y para pesar de Ginny que casi no le veía el pelo, volvió a encerrarse entre los antiguos pero vacíos libros que hablaban de su célebre antepasado. Bien entrada la madrugada estaba desesperado, el libro que estaba leyendo relataba cada uno de los poderes que Godric Gryffindor manifestó en su larga vida. Encontró como el más destacado el suyo, la capacidad de controlar la magia sin necesidad de un canalizador y hacerlo con aún más potencia que si lo usara. Siguió buscando, ya casi los había memorizado de tanto leerlos una y otra vez; alguno de aquellos debería ser el que tenía su padre. Cuando estaba a punto de rendirse le llamó mucho un párrafo, no era exactamente el poder que describía puesto que incluso Dumbledore le había dicho que Gryffindor podía dominar la naturaleza, sino cómo lo hacía:
i Godric Gryffindor consiguió a la temprana edad de 16 años dominar la animagia y convertirse en león a su antojo. Como tal y ya que el león es el rey de los animales fue capaz en poco tiempo de controlarlos y comunicarse con ellos. /i
Se quedó pensando apoyado sobre una mano y haciendo pasar el dedo por la llama de la vela que tenía sobre la mesa. Era asombrable el hecho de que su padre consiguiese dominar la animagia antes incluso que Gryffindor, pero él no se había convertido en un león ¿Por qué no? ¿Por qué si por sus venas corría la sangre de Gryffindor se transformaba en ciervo y no en león? Lo pensó detenidamente, se repetía una y otra vez la frase del libro "el rey de los animales", el famoso rey de la selva para los muggles. ¿Sería James capaz de controlar a los animales? No entendía entonces porqué no era un león y sí un ciervo. Un ciervo... un majestuoso ciervo. Seguía pasando el dedo por la llama, le reconfortaba el calor dulce que le transmitía en medio de su somnolencia, de repente paró en su juego ¿majestuoso? El ciervo es el rey del bosque, para todo cuento o leyenda el ciervo domina el bosque. James es el otro rey. Se puso de pie y cerró el libro de golpe, tendría que hablar con él cuanto antes y preguntárselo, pero si ese era el poder de su padre, desgraciadamente no serviría de mucho para nadie a no ser que el bosque prohibido se aliara con Voldemort. Había salido ya de la sala y se paró en seco sorprendiéndose a sí mismo en ese pensamiento. Como si quisiera castigarse por ello se dio un golpe con la mano en la cabeza. "No seas idiota, Harry, James no va a luchar contra Voldemort, ¿qué importa que domine a los animales o que sea capaz de hacer estallar una tormenta? No va a salir de aquí"
Durante el entrenamiento de quidditch Sirius se quedó en la sala común haciendo como el que estudiaba. No quería aparecer por la biblioteca porque seguía enfadado con Patricia y no quería verla. Por como ella había actuado durante esos días cuando se habían encontrado en algún pasillo o en el comedor, ella pensaba exactamente lo mismo. Estaba medio tirado en la mesa, con el libro de aritmancia abierto y apoyado de mala manera sobre la mano. La prioridad de esa semana había cambiado; se le había olvidado por completo todo lo que tenía que ver con sus ganas de conocer el futuro; ahora la pregunta que se repetía en su cabeza de manera incesante era la que le había hecho Remus ¿Qué tiene Patricia? Remus había sido un idiota haciéndole esa pregunta. En ese momento estaba a su lado, concentrado en un hechizo de encantamientos. Cuando le vio en ese estado, Remus levantó la cabeza de su libro y le hizo un gesto con la mano delante de la cara para que reaccionara.
-¡Estoy ya cansada de estudiar!- Andrea cerró el libro de golpe y se dejó caer en el respaldar de la silla cuando vio que los dos chicos que la acompañaban habían dejado su tarea.
-Es verdad, ¡Esto es un asco! – sentenció Remus haciendo lo propio con su libro- ¿y a ti qué te pasa?
-¡Bah! Nada- intentó escabullirse- también estoy cansado de estudiar. –Remus y Andrea aguantaron una carcajada- Total si cuando volvamos tendremos que repetir todos los exámenes.
-¿Y si no volvemos?- Ese era un pensamiento que todos llevaban compartiendo mucho tiempo pero no se habían atrevido a decirlo en voz alta. Se habían tomado el estar allí como si fueran unas vacaciones pero de vez en cuando el fantasma del miedo se cernía sobre ellos y esta vez fue Andrea la que lo expresó- Dumbledore no ha logrado nada en todo este tiempo ¿y si no lo consigue?
-Pues nos quedaremos aquí, no tiene que estar mal este tiempo- A Sirius le traicionó el subconsciente y sus amigos lo miraron con una sonrisa, ellos sabían por qué estaba tan bien ese tiempo.
-No nos dejarán aquí, si no volvemos no pasarán muchas cosas que tienen que pasar. – dijo Remus con sensatez- Por lo pronto, si no volvemos no nacerá Harry. Además ya tendremos tiempo para vivir esta época.
-Pero ya no estaremos juntos. – la voz de Andrea surgió como un suspiro ahogado. Remus la abrazó por la cintura y le dio un beso en la cara para intentar consolarla.
-Ya te he dicho que tengo que hacer algo para cambiar eso. – le intentó reconfortar él, pero sabía que tocar ese tema era ponerse tristes así que prefirió cambiarlo- Bueno, Sirius, ¿qué te contó Patricia? Ya te hemos dejado plazo para que se te pase el enfado, ahora cuéntanos quiénes somos en el futuro.
Sirius se tensó con el recuerdo de Patricia y el tono en que Remus había usado su nombre. Pensó en la información que había obtenido y la respuesta fue fácil: nada.
-No me ha dicho nada- se quejó malhumorado- Se acojonó porque dice que Hermione, que por cierto ¿dónde está?- preguntó buscándola por la sala.
-Con Lily viendo el entrenamiento. Venga sigue contando- le apremió Andrea- ¿qué pasó con Hermione?.
-Le dijo que no me contara nada y ella se lo ha tomado en serio. ¡Es tonta!. No va la loca y se me pone a jugar a las adivinanzas, y claro luego se decide a contármelo en el comedor se puso celosa y la liamos.
-¿ella se puso celosa?- preguntó Remus al borde la risa, pero se calló de golpe al ver la mirada furibunda de Sirius- por supuesto, ella fue la que se puso celosa.
-¿Qué adivinanzas?- Andrea seguía concentrada en su objetivo, se había picado con todo eso de saber cosas del futuro.
-¡Yo qué sé!- Sirius se dejó caer en la silla y miró al techo- dijo no sé qué de que no crea todo lo que lea. ¡Puff! Y tiene la cara de llamar a eso pista.
Remus y Andrea se quedaron pensando un momento, si Patricia había dado eso como pista es porque tenía que ser importante. Lo pensaron largo rato. Sirius seguía a lo suyo, no quería concentrarse en nada que hubiera dicho Patricia, pero Andrea lo sacó de su mundo de inopia.
-¡Claro!- se puso de pie con un respingo- No creas todo lo que leas, significa que tenemos que leer algo.
-¡Uy qué lista!- saltó Sirius con sarcasmo, pero Andrea volvió a dedicarle otra de esas miradas que tanto le incomodaba.
-¿Y dónde se leen las cosas?- siguió Remus que había captado el pensamiento de su novia- ¡En la biblioteca! Tenemos que buscar un libro que hable de nosotros.
-Puede que yo llegue a ser famoso y salga en los libros,- Sirius adoptó una posición prepotente llevándose la mano al pecho- pero vosotros no creo que lo seáis.
-¡Qué tonto eres a veces!- se exasperó Andrea- No creo que haya nada de nosotros, pero...- se tapó la mano con la boca y repiqueteó con el dedo índice en ella, centrada en sus pensamientos- Se supone que Harry sobrevivió a una maldición de Voldemort ¿no?- los dos chicos asintieron- Pues entonces Harry vendrá en los libros.
-Buena idea- Remus le dio un beso emocionado por su inteligencia- A partir de ahí obtendremos algo. ¡Vamos a la biblioteca!
Remus y Andrea se dirigieron hacia la puerta con la intención de descubrir cuanto antes lo que pasaba en la vida de Harry que tantos secretos podía provocar.
-No- se negó en rotundo Sirius haciendo que sus amigos se detuvieran en seco- Yo no aparezco hoy por la biblioteca. No quiero que Patricia me vea por allí y piense que he ido a buscarla- Remus y Andrea se dieron un golpe en la frente por la reacción de Sirius.- Si queréis vamos mañana- sentenció encabezonado.
A Remus y a Andrea no les quedó más remedio que aceptar sobretodo porque ya era muy tarde y la biblioteca no tardaría en cerrar. Además diez minutos después llegaron del entrenamiento de quidditch todos excepto Harry que se fue a la sala de los menesteres a seguir con su investigación acerca de Godric Gryffindor.
Eran cerca de las cuatro de la madrugada cuando Harry volvió de la sala de los menesteres. Se metió en la cama y sonrió al notar la comodidad de sus almohadones. Por suerte para él al día siguiente no tenía planeado nada y su estresante vida tendría un día tranquilo, aunque todavía seguía teniendo esa extraña sensación de que iba a ocurrir algo que él no quería, claro que se había conformado con la explicación de que realmente él no quería que ocurriera todo lo que estaba pasando de muros para afuera así que era algo con lo que tendría que aprender a vivir. Ni siquiera se molestó en poner la alarma del despertador para hablar con James sobre la posibilidad de que su herencia fuera la capacidad de dominar al mundo animal, lo consideraba un poder tan poco útil que aunque así fuera no tendría la mayor importancia. Así que cerró los ojos dispuesto a dormir hasta muy tarde.
En el otro dormitorio de los chicos de séptimo, las intenciones de dormir hasta tarde no estaban en sus planes. Andrea se había quedado a dormir en la cama de Remus y fue la primera en despertarse esa mañana. Levantó la cabeza del pecho de su novio con un poco de dificultad porque Remus dormía con su brazo sobre ella; le dio un beso suave y él hizo una mueca todavía dormido así que después de una sonrisa leve volvió a intentarlo. Le costó cinco besos como ése el que Remus despertara y cuando lo hizo se los devolvió estrechándola aún más entre sus brazos. Estuvieron así unos minutos dejándose envolver por la poca claridad que entraba por las aperturas de los doseles.
-Tenemos que ir a la biblioteca- le susurró Andrea- ¿crees que Sirius querrá ir ahora?
-Y si tú y yo nos quedamos aquí y Sirius va a la biblioteca.-Andrea se quedó pensando la propuesta pero cuando iba a dar una respuesta la cabeza de Sirius apareció por las cortinas del dosel.
-¿Nos vamos antes de que se despierte James? Buenos días Andrea.- Sirius la miraba sonriente mientras ella levantaba la cabeza con claras intenciones de matarle y Remus entornaba los ojos desesperado.
-Una preguntita, Canuto, ¿tú sabes lo que es la intimidad de pareja?
-¡Venga ya, chicos!-les abrió las cortinas dejando que la claridad de esa mañana mostrara a un Remus sin camiseta y a Andrea tumbada sobre su pecho con la camiseta que le faltaba a él- Si os conozco desde que tenéis once años.
-Sirius, por favor- Remus se estaba alterando; se había erguido quitando a Andrea de encima y tapándole las piernas con la sábana- ¿Eres idiota?- Sirius puso cara de incredulidad, tampoco era para tanto, vale que Andrea tuviera unas piernas bonitas, pero era Andrea y para él no contaba.- ¡Lárgate ya y vístete!
Sirius se miró y se rascó el pelo despeinado. No iba tan mal como para que Remus pusiese esa cara cuando le había ordenado que se vistiera. Llevaba unos boxers negros y eso ya era suficiente, ¡ni que Andrea no supiera como era un chico!. Pero viendo que Remus no compartía su opinión cogió su ropa y se metió en el baño para vestirse.
Al cabo de media hora los tres estaban en la biblioteca. Era bastante temprano y casi no había alumnos ocupando las mesas así que tomaron una que estuviera al final. Iban emocionados, casi nerviosos, tendrían la oportunidad de saber qué había ocurrido pero cuando alcanzaron la mesa se miraron esperando que alguno de ellos fuera el primero en hacer la propuesta de por dónde empezar.
-¿Por dónde empezamos?- Andrea miraba a su alrededor la cantidad de miles de libros que albergaba la biblioteca, alguno se descartaban por pura eliminación, Harry no saldría en un libro de cuidado de la criaturas mágicas, pero había una amplia gama en la que elegir.
-¿Maldiciones?- se aventuró Remus.- Harry recibió una maldición imperdonable y sobrevivió, en alguna parte tendrán que hablar de él ¿no?- Ni él ni los otros dos que asintieron con la cabeza estaban especialmente seguros de ellos pero al fin y al cabo era un comienzo.
Una hora después la mesa que habían ocupado tenía doce libros apilados, algunos de ellos abiertos. Remus estaba perdido entre las filas de estanterías encabezadas por Magos importantes, mientras que Andrea examinaba uno a uno los libros que le llegaban. Remus y Sirius sabía que ella era mejor opción examinando los libros; no era premio anual pero siempre había demostrado tener una gran inteligencia y, lo más importante, trabajaba como no lo hacían ninguno de ellos, así que Sirius se dedicó a la sección grandes hazañas de la historia. Toda la ilusión con la que habían llegado se estaba desvaneciendo poco a poco. No encontraban nada en maldiciones, nada en hazañas mágicas y ni si quiera en grandes magos de la historia encontraron algún apartado dedicado a Voldemort. O no estaban buscando bien o realmente su idea había sido una soberana tontería.
Sirius cargaba con un montón de libros para dirigirlos a la mesa. Iba resoplando por el peso y porque a esas alturas el estar allí le parecía una tontería, no estaban encontrando nada y aunque tuviera mucha curiosidad tampoco iba a descubrir nada excepcional. Quizá Harry sólo tuvo suerte o quizá el hecho de que fuera el heredero de Gryffindor le protegió de aquella maldición. Estaba ya confuso e irritado, iba sudando de tanto subir y bajar libros y le dolía la espalda, así que sus pensamientos no coordinaban muy bien. Dejó los libros encima de la mesa y volvió al pasillo en el que estaba buscando, pero justo cuando dobló la esquina resoplando de aburrimiento se quedó sin respiración.
-Hola- Patricia estaba justo en frente con un libro de la guerra de los duendes del siglo XV, que casi se le cayó de las manos al oír la voz de Sirius a sus espaldas. Se giró más rápido de lo que le hubiera gustado y lo miró en medio de un silencio un poco incómodo en el que Sirius intentaba adoptar una postura arrogante.
-Hola ¿qué tal estás?- le saludó ella intentando ser los más cordial posible.
-Aquí jugando a las adivinanzas- No le hubiera gustado sonar tan seco como lo hizo pero estaba cansado y perdido y toda la culpa la tenía ella por no dar pistas claras, así que dio un paso y la retiró levemente para seguir buscando en la estantería que le tocaba- Llevamos horas buscando algo que no tengo que creerme ¿te suena de algo?
-No hace falta que te pongas chulo, ¿sabes que estás insoportable cuando te pones así?- se cruzó de brazos con el libro el pecho y aguantó durante unos minutos su mirada hasta que él se rindió.
-Está bien, no me pongo chulo, pero es que estoy desesperado y no encuentro nada. – intentó arreglar Sirius- Me da igual lo que sea ya, cualquier cosa de Harry, de los Potter, de m...- se paró a tiempo justo antes de decir "de mí" y supo reaccionar sin que Patricia lo advirtiera- de Sirius Black. Creo que no he buscado tanto sobre un mago como hoy sobre Voldemort.
El libro de Patricia se cayó provocando un gran estruendo al que ella no prestó atención, se tapó la boca con las manos y lo miró como si se hubiera vuelto loco. Sirius no entendía muy bien qué era lo que había dicho exactamente para que se pusiera así.
-¡No pronuncies ese nombre!- era la segunda vez que tenía que decirle que no lo hiciera. Tuvo un pequeño escalofrío e intentó sobreponerse- Por eso no encuentras nada, ninguno de estos libros tiene ese nombre. A veces me sorprende lo mucho que ignoras lo que pasa en Inglaterra ¿es que no te contaron nada en Estados Unidos o es que vienes de otro planeta?
-De otro tiempo – murmuró por lo bajo.
-Muy gracioso- fue la respuesta de Patricia que para nada se creyó que eso fuera posible. Buscó por las estanterías hasta que dio con lo que quería- Toma, busca ahí y luego no digas que no te he ayudado.
-¿Qué tal llevas transformaciones?- le preguntó Sirius en tono conciliador como modo de darle las gracias.
-Mal- Patricia se hizo un poco la remolona esperando que Sirius le ofreciera su ayuda porque lo poco que habían dado esa semana lo llevaba realmente mal.
-¿El lunes a la hora de siempre?- le preguntó con una sonrisa encantadora.
-¿No has quedado con la Hufflepuff?
-¿Qué...?- preguntó extrañado- ¡Ahhh! Pues no. He quedado contigo.- Como siempre, le hablaba con descaro, pero si James hubiera estado viendo la escena hubiera apuntado una nueva mirada en el repertorio de su amigo, nunca le había visto mirar a nadie como lo estaba haciendo con Patricia. No era ni prepotencia ni el egocentrismo típico de quien ha tenido siempre a la chica que ha querido. Era... era simplemente imposible que Sirius estuviera mirando así a una chica.
Le guiñó el ojo con una sonrisa de complicidad y se marchó a enseñarle el libro a Remus y a Andrea. Por el camino le hubiese gustado pegarse con el libro en la cabeza por como se había comportado, pero algo le decía que no sería la primera vez que se comportase así cuando Patricia estuviera delante.
-¿Qué es eso?- Remus sacó la cabeza detrás de un montó de libros polvorientos seguido de Andrea que mantenía el dedo en el índice de uno muy muy grueso para no perder el hilo después de la interrupción.
-"Caída y Regreso del Terror".-leyó- Me lo ha dado Patricia, dice que busquemos aquí. Son un poquito exag...-Casi no había terminado de hablar cuando Andrea le arrancó el libro de las manos y empezó a buscar las hojas como una experta. –exagerados ¿no?- nadie hizo caso a su apreciación, después de tantas horas buscando dar con algo que les pudiera ayudar a dar con lo que quería.
Detrás de Andrea, apoyados en el respaldar de la silla donde estaba sentada, Sirius y Remus intentaban captar algo de las páginas que pasaban. Cuando dio con lo que quería, pasó las manos por las hojas para alisarlo y ver mejor lo que ponía, no parecía un libro muy viejo. Andrea se giró a mirarlos y ellos asintieron a la vez, era como si estuvieran al borde de hacer algo ilegal y les diera la oportunidad de arrepentirse en el último momento, pero ellos, como buenos merodeadores, llevaban muchas ilegalidades a la espalda y habían aprendido a ignorar a la voz de la conciencia.
SEGUNDA PARTE: PAZ APARENTE.
La noche de Hallowen de 1981 supuso el fin del reino del terror que el-que-no-debe-ser-nombrado y sus seguidores había sembrado durante cinco años y que se había cobrado con miles de vidas tanto en la comunidad muggle como en la mágica. Desde ese día y durante trece años la comunidad mágica vivió una calma aparente que finalizó con el regreso del temido mago tenebroso.
La responsabilidad de su desaparición recayó sobre el pequeño bebé de la familia Potter.-En ese momento los tres levantaron la cabeza y se miraron, habían dado con lo que querían- Harry Potter, que desde ese día se conoce en toda la comunidad mágica como el-niño-que-vivió, fue la primera persona en la historia que sobrevivió a la maldición asesina, maldición que había sido letal durante la guerra y que esa misma noche había acabado con la vida de sus padres: James y Lilian Potter.(ver apéndice)
El libro seguía contando a lo largo de una gran número de páginas cómo había caído Voldemort aquella noche, hacía un examen exhaustivo de la rara cicatriz de Harry y describía cómo se había vivido durante la época de paz, los procesos contra los mortífagos más importantes y el renacimiento de Voldemort, pero en ese momento nada importaba. Los tres se quedaron mirando la última frase que había leído Andrea en un medio tono impaciente. No podía ser verdad, era imposible, no podían estar muertos. El silencio les cayó encima como una manta espesa y durante unos minutos no fueron capaces de mirarse. Cuando lo hicieron, los tres tenían la misma expresión de incredulidad y tristeza, era como si se hubieran quedado vacíos al mismo tiempo. Con manos temblorosas y sin perder el horrible nudo que se estaba creando en la boca del estómago y que amenazaba con desahogarse en forma de un llanto amargo, Andrea pasó las páginas del libro hasta llegar a los apéndices, dejando una marca en la página que había leído.
JAMES Y LILIAN POTTERJames y Lilian Potter (antes Lilian Evans) han pasado a la historia como los padres del niño que vivió. Su sacrificio valió a la comunidad mágica trece años de paz y la esperanza en la figura de su hijo Harry.
James pasó pronto a formar parte de las avanzadillas más beligerantes del cuerpo de aurores siendo protagonista de episodios destacados del bando de la luz. Lilian, por su parte, a pesar de trabajar en Gringotts no dudó en participar en la resistencia, llegando a enfrentarse junto a su marido hasta tres veces cara a cara al que no debe ser nombrado.
Señalados por la marca de la muerte y en estrecha relación con el renombrado mago de nuestro tiempo Albus Dumbledore, se escondieron bajo el hechizo fidelio; pero la traición se hizo presa de esta familia y el encargado de guardar el gran secreto se los presentó en bandeja al mago tenebroso.
La referencia a una traición les hizo volver a detenerse, a Remus le estaba temblando el labio inferior y Sirius estaba totalmente inmóvil. Andrea, volvió a girarse para mirarles, los ojos le brillaban terriblemente y alguna lágrima furtiva le caía por las mejillas a la mera idea de que James y Lily habían sido asesinados.
El peligroso asesino Sirius Black ...
-¿¿QUÉ?- Sirius reaccionó instintivamente tirando a Andrea de la silla de un desconsiderado empujón pero no le hizo el menor caso. Ella, incapaz de creerse lo que estaba leyendo se abrazó a Remus y ambos siguieron leyendo por encima del hombro de Sirius.
El peligroso asesino Sirius Black, que fue durante años un gran amigo de la pareja, había estado jugando un doble juego que no se descubrió hasta que la fatídica noche del 31 de Octubre de 1981, cuando entregó a los Potter, que cayeron irremediablemente ante las manos de quien no debe ser nombrado. Tras esto, Sirius Black protagonizó uno de los más sangrientos asesinatos de Londres matando de un solo golpe a trece muggles y un mago, Petter Petegrew, a plena luz del día.
Ni Remus ni Andrea abrieron la boca, totalmente asombrados de lo que acababan de leer. Sirius había traicionado a James y a Lily y había matado a Peter. Eso era imposible, Sirius era el más leal de todos, el libro tenía que estar mintiendo, pero los libros de Historia no mienten.
Sirius se levantó en silencio arrastrando la silla con la mirada fija en el frente. No oía nada a su alrededor a pesar de que justo a su espalda Andrea ya estaba sollozando. Él estaba estupefacto, en un asombroso estado de shock que casi no le dejaba pensar en otra cosa que en la figura de Peter muerto bajo su varita o la de James y Lily protegiendo a Harry hasta la muerte. Respiró profundamente y salió de allí con paso rápido; por el camino se chocó con Patricia que lo miraba muy preocupada pero él la ignoró por completo. Sólo podía oír dos palabras en su cabeza "asesino y traidor".
Caminó por los pasillos dejándose llevar por su instinto, notaba cómo le faltaba el aire y cómo un asqueroso agujero se había apoderado de todo su pecho. "El peligroso asesino Sirius Black" se lo repetía continuamente mientras chocaba con los pocos alumnos que se iba encontrando por el camino y a los que no les prestaba la más mínima atención.
Cuando entregó a los Potter
Matando de un solo golpe a trece muggles y un mago, Petter Petegrew,
El peligroso asesino Sirius Black
Martirizándose con cada una de las palabras que había leído en aquel libro llegó cerca del lago. Seguía teniendo la mirada fija en un punto inexistente y cuando llegó allí se dejó caer en el suelo apoyando la espalda en el árbol. Como si hubiese estado esperando a llegar allí, justo cuando se sentó sus ojos recuperaron un atisbo de vida, pero enseguida se aguaron. Miró al lago, estaba tranquilo y oscuro, parecía completamente inofensivo pero Sirius sabía que era una de las partes más peligrosas de los terrenos del colegio. Sintió un horrible paralelismo entre él y aquel lago: oscuro, ¿cómo podía haber sido él un mortífago, peligroso, un peligroso asesino y lo peor de todo traicionero. A James. Nada más y nada menos que a James. Arrancó con furia el césped que caía a la altura de sus manos y en ese momento sus ojos no aguantaron más tiempo soportando las lágrimas. No había nadie por allí cerca que le pudiera ver así, pero Sirius se escondió entre sus piernas y sus brazos, sobrecogiéndose como un bebé. A veces, levantaba la cabeza y abría la boca intentando aspirar algo que le devolviese la integridad que había perdido. Se sentía sucio, vacío, solo.
Como si con una mortificante tortura pudiese sentirse mejor, su mente recreó para él los momento más importantes de su vida con James. Lo vio con once años, defendiendo junto a él a Peter de un slytherin mayor que ellos y que intentaba aprovecharse de él. Ése fue el primer día que cruzó una palabra con él.
-Tú debes ser el primer Black que está en Gryffindor. ¡Creo que vamos a llevarnos bien!
Y se habían llevado bien, tan bien que James era su hermano. Ante ese pensamiento se restregó las manos por los brazos como si quisiera quitarse una capa de grasa pringosa que lo embadurnaba. Volvió a suspirar con el corazón sobrecogido y empezó a notar que le faltaba el aire, por mucho que abriera la boca no conseguía que el aire traspasara la garganta. Y entonces vio a Lily, su mente se la mostraba sonriente, haciéndole a James alguna caricia. Ella era lo más importante de su vida y él los había llevado a la muerte, los había entregado. Quiso gritar. Se tapó la cara con las manos y amagó un gritó pero no salió nada de su boca. Su voz se había apagado. Como él.
Intentó calmarse, dejó caer la cabeza sobre el tronco del árbol y volvió a mirar al lago. Había sucumbido a su familia, había adoptado esas ideas que tanto odiaba, había matado por un mago al que ahora consideraba un asesino. Un asesino, eso era en lo que se había convertido. Seguía llorando, tanto que los ojos le escocían y el aire entraba en sus pulmones caliente y pesado. Empezó a temblarle la barbilla al tiempo que hacía esfuerzos por calmarse, pero otra vez su mente se rebeló en su contra y volvió a mostrarle a sus amigos. Fue el último verano, habían ido a visitarles a casa de James cuando se habían enterado que se había mudado allí después de escaparse de casa. Allí estaba Peter, persiguiéndoles como si ellos fuesen los dueños del universo. Siempre había sentido hacia él un gran instinto de protección. James y él eran los populares, los fuertes. Los que cuidaban de él y le ayudaban. ¡¡Y él lo había matado!
-Sirius es mi hermano. Yo haría lo mismo por él.
No hacía mucho tiempo que James había dicho esas palabras. Durante los años que se conocían James le había llamado hermano en infinitas ocasiones. Habían fantaseado con ser aurores, en el mismo equipo, cuidando del otro como siempre lo habían hecho. No podía ser, no podían haberlo hecho. No podía traicionarle. Negaba con la cabeza mientras las lágrimas seguían rodándole por la cara. Cuando conseguía parar, una nueva imagen de James o de Lily abrazándole o llamándole de forma cariñosa, una sonrisa de alguno de ellos., una súplica de Peter para que le salvara de algún idiota, volvía a meterle en una espiral de dolor y de rabia.
Intentó pensar en una causa que le llevara a hacer aquella atrocidad, pero no había razón en el mundo que justificase una traición como esa. Él habría muerto por James, no se lo habría pensado; y en vez de eso, lo había llevado a la muerte, lo había enterrado en una tumba con su familia.
Sintió que alguien se sentaba a su lado, desde la posición en la que estaba sólo podía verle el bajo de la túnica. Era muy probable que fuera James, ése era el lugar de meditación de todos ellos y todos lo sabían, era como un lugar sagrado en el que se habían conocido por primera vez y le habían sabido dar a lo largo de los años un gran número de anécdotas que lo hicieran especial. Se tapó la cara totalmente avergonzado, si era James se moriría en ese momento, no podría mirarle a la cara. Él vendría a consolarle y su único pensamiento mientras tanto sería "te llevé a la muerte". La mano que sintió en el hombro sólo fue un peso más a su culpabilidad y al odio que estaba sintiendo hacia sí mismo.
-Sirius...- oír la voz de Remus fue un extraño alivio que le quitó de encima un peso enorme, pero no quería estar con nadie. - ¿en qué piensas?- Era una pregunta estúpida, pero no había frase en el mundo que pudiese ir acorde a ese momento.
-Quiero estar solo- Sirius empezó a restregarse la cara para limpiarse las lágrimas. En los años que llevaba en el colegio nunca lo habían visto llorar y no quería que precisamente el día más desgraciado de su vida alguien fuera testigo de ello- No entiendo que haces aquí.
-¿No lo entiendes?- Remus se colocó de rodillas delante de Sirius y le obligó a mirarle, aunque en seguida le retiró la cara. La vergüenza, al fin y al cabo, no sólo llegaba a James, sino a cualquiera que representase en su vida la amistad, que hasta ese día siempre había sido más importante.- Patricia te dio la clave: no creas todo lo que leas.
-Muy buen consejo- ironizó Sirius intentando aguantar las ganas de llorar al ver que Remus a pesar de lo que acababa de leer estuviera ahí animándole, sin creerse que fuera posible.- ¿Y exactamente qué es lo que no me tengo que creer? Porque tengo dónde elegir ¿sabes? Puedo no creerme que soy un mortífago, sería fácil, porque me escapé de mi casa precisamente porque esas ideas me tenían harto, - Remus intentó hablar- espera, espera, ¡si tengo más! También puedo no creerme que he matado a uno de mis mejores amigos ¡ah! Y a otros trece muggles. O no, mejor, esto sí que es bueno, lo que no voy a creerme es que traicioné a James y a Lily y ellos ahora ¡¡Están muertos!
Sirius había empezado a llorar otra vez y respiraba entrecortadamente, pero Remus no se había movido de allí a pesar de la acidez que había usado en sus palabras. No podía creerse nada de todo aquello.
-Nunca traicionarías a James y lo sabes- Sirius estaba destrozado y se derrumbó. Se abrazó a Remus agradeciéndole con toda su alma que hubiese pronunciado esas palabras, podían o no ser verdad pero en ese momento era lo único que le daba un poco de esperanza. Remus le abrazó con fuerza, sabía lo que podía estar pasando por su cabeza y él no se podía creer eso. Sirius jamás haría eso, él era el más leal, el pilar de todos ellos. Y James... James era su hermano. – No me creo una palabra de lo que ha dicho ese libro. Es imposible sencillamente.
-Muchas gracias, Remus, pero James, Lily y Peter están muertos por mi culpa. Sencillamente el tiempo me convierte en un asesino.- se mordió el labio y abrió mucho los ojos para que no salieran nuevas lágrimas.- ¡Vaya mierda de amigo soy!
-Si eso fuera verdad, Harry nunca hubiera dicho que eres como un hermano para él ¿no crees?
Sirius sólo pensó en Harry, no había atendido al razonamiento de Remus. Harry era su ahijado, James y Lily habían confiado en él para que cuidara de su pequeño y se lo había pagado colocándole de frente nada menos que a Voldemort. Se tapó la cara de nuevo y la apretó con sus manos como si quisiera autolesionarse.
-¡¡Sirius! ¿me estás oyendo? ¿no ves que si hubieras traicionado a sus padres Harry te odiaría? Nunca te habría dicho que no hay padrino como tú.
-Harry no se caracteriza precisamente por sus verdades.- le respondió con aspereza.
-¿Pero tú qué quieres? ¿qué te diga que eres un traidor y un asesino?- le espetó Remus ahora un poco enfadado- ¡Pues lo siento! No creo que eso sea verdad después de cómo te ha tratado Harry.
Se quedaron callados apoyados en el viejo árbol. Sirius se había tranquilizado un poco con las palabras de Remus pero todavía no terminaba de creerse que un libro de historia que estuviera en la biblioteca mintiese de la manera que su amigo le decía.
-¿Se lo vas a decir a James?- le preguntó Remus con cautela.
-¿Y qué le digo?- Sirius no se volvió a mirarle, soltó la pregunta como un suspiro amargo y desconsolado- ¿que está muerto por mi culpa? No voy a poder ni mirarle a la cara, mucho menos confesárselo.
-Quizá deberíamos hablar con Harry.- se puso de pie y le tendió la mano para ayudarle- Ya verás como no es posible que hayas eso hecho.
Sirius se puso de pie con un poco de esfuerzo, su cuerpo estaba tan decaído como su ánimo. Respiró hondo intentando recomponerse e hizo algo que parecía asemejarse a una sonrisa de agradecimiento, que Remus compensó pasándole el brazo por los hombros.
Ya era medio día y se notaba en los pasillos, la mayoría de la gente iba saliendo de sus salas comunes y se dirigía a la biblioteca o a los terrenos donde marzo les estaba ofreciendo un día soleado. Sirius y Remus no pronunciaron ni una palabra por el camino hasta la torre gryffindor y cuando entraron, Andrea y Ginny estaban allí. Al verlos llegar, Andrea miró a Sirius examinándole, no sabía si creérselo o no, era casi imposible que fuera verdad pero las palabras del Remus adulto a través del espejo sonaban en su cabeza "pasarán muchas cosas y no todas buenas". Fuera como fuera, en ese momento Sirius lo estaba pasando realmente mal y no merecía la pena mortificarle más, así que se levantó y le dio un beso en la mejilla que esta vez sí pudo agradecer con una sonrisa. Ginny estaba estupefacta ante aquella situación, pero cuando Remus y Sirius subieron a buscar a Harry, Andrea le contó una historia sobre que Sirius tenía por primera vez en su vida mal de amores, cosa que a Ginny extrañamente le pareció bastante creíble.
Tal y como había planeado, Harry estaba durmiendo hasta tarde, sus compañeros de habitación ya se habían marchado y él dormía plácidamente espatarrado sobre la cama. Sirius le abrió los doseles como esa misma mañana había hecho con Remus, aunque con mucha menos animosidad y Harry se retorció un poco al notar la claridad.
-¡Levántate Harry!-le ordenó enérgicamente, mientras Remus se mantenía en un segundo plano apoyado en la puerta cerrada. Harry abrió un poco los ojos y vio a su padrino con las manos en las caderas y moviéndose algo nervioso, pero él quería dormir, así que se dio media vuelta y se tapó la cabeza con la almohada. – He dicho que te levantes, Harry, tienes muchas cosas que contarme.
-¡Qué pelmazo eres!- Harry se sentó y se desperezó sin prestar mucha atención al cada vez mayor enfado que parecía tener Sirius.- Quiero dormir, no es tan complicado de entender.
-Pues se acabó tu jornada de sueño- Sirius tiró de la sábana que le tapaba para que Harry abandonara de una vez la cama- Me vas a contar un cuento que empieza en Halloween...
-No estoy para cuentos- le interrumpió Harry, pero Sirius siguió como si no hubiese hablado.
-De 1981.
Halloween del 81. Eso hizo que Harry palideciera de golpe, miró a Sirius con los ojos abiertos y buscó a Remus, que seguía callado esperando ver la reacción que ambos tenía. En silencio se bajó de la cama, se pasó la mano por el pelo intentando buscar una salida aquella situación pero parecía que no la había.
-¿Qué sabéis de ese día?- les saltó a la defensiva.
-Sé que no nos has contado que James y Lily murieron por mi culpa. – la desolación volvía a hacerse presa de Sirius y ese asqueroso agujero en el estómago se apoderó de él a la medida que hablaba- No nos has contado que soy un asqueroso mortífago; un asesino que traicionó a sus mejores amigos, entregó a su ahijado y mató a Peter. ¿sabemos suficiente o nos quedamos cortos?- Sirius volvió a hacer uso de esa ironía ácida que le caracterizaba cuando estaba triste y que usaba como método de defensa.
Algo parecido a la compasión se reflejó en los ojos de Harry. No sabía quién le había dicho eso, pero seguramente lo habría leído porque a esas alturas todo el mundo sabía que el mayor error de la justicia mágica de los últimos siglos había sido el caso de Sirius Black.
-No deberías creer todo eso.- le dijo Harry con seriedad pero con una nota de ternura. Él mismo lo había creído, había creado en su cabeza a un Sirius horrible y peligroso al que hubiera matado con sus propias manos, pero todo fue un error- ¿Quién te ha contado esa tontería?
-¡No me mientas, Harry!- le saltó Sirius- No vuelvas a decirme una chorrada de ésas que te inventas. Lo hemos leído en un libro, no puede haber muchas tonterías, como tú dices, en lo que hemos leído.
Ahora quedaba todo claro. Sirius había sido absuelto el año anterior, después de su muerte, todos los periódicos se hicieron eco de la noticia y desde ese nuevo procedimiento los juicios que se estaban llevando se hacían con muchas más garantías que asegurasen la culpabilidad o inocencia de la persona.
-Sentaos- Remus y Sirius se miraron unos segundos y accedieron a lo que Harry les había dicho.- De todo lo que has dicho, lo único que es verdad es que mis padres murieron el halloween de 1981, pero lo todo demás es un error. ¿entendido?
-No.- Sirius no terminaba de creerse que lo que le fuera a contar ahora sería la verdad, así que andaba la defensiva.
-Te dije que no podía ser verdad- le advirtió Remus- Pero si es un error, ¿por qué está en los libros?
-A ver, centrémonos- para Harry eso estaba siendo también muy difícil, hacía poco más de un año que estaba declarando a favor de Sirius, que había oído a la nueva ministra llamarle inocente públicamente, pero ahora era un inocente muerto y eso dolía igualmente- Nunca traicionaste a mis padres. Jamás lo hubieras hecho. Sirius, tú morirías antes de dejar que a James o a mí nos pasara algo.
A Sirius esas palabras empezaron a tranquilizarle, Harry lo estaba diciendo con mucha convicción y al fin y al cabo, él nunca dejaría que nadie tocara a James, pero eso no aclaraba todo.
-¿Qué hay de Peter? ¿Me vas a decir que tampoco maté a Peter?- insistió Sirius. A la referencia de Pettegrew, a Harry se le contorsionó un poco la cara, pero no quería que descubrieran más de lo que ya sabían así que se les contaría sólo parte de la verdad
-A Peter Pettegrew lo mató Voldemort el año pasado.
Remus y Sirius se miraron sorprendidos, por un lado si había muerto el año anterior, no había sido Sirius tal y como ponía el libro y por otro lado, se compadecieron de su amigo que había caído ante el mago oscuro, seguramente con mucho dolor.
Voldemort había descubierto la deuda de vida que Colagusano se había creado con Harry en su tercer curso, al fin y al cabo como le había dicho Dumbledore, cuando un mago le salva la vida a otro, se crea entre ellos un vínculo especial, así que cuando Peter intentó matar a Harry el día que se trasladaba a Grimmauld Place, la maldición se evaporó antes de rozarle la piel. El resto de mortífagos que le acompañaron en el ataque no tardaron en contárselo a su señor, provocando su ira hasta matarlo en lo que por lo visto fue una horrible sesión de torturas.
-¿Pero por qué dice el libro todo eso?- insistió Remus.
-Los libros no se actualizan de un año para otro y hasta el año pasado, Sirius era el horrible mortífago que traicionó a sus amigos; por eso los libros siguen contando esa sarta de mentiras. El año pasado yo mismo oí cómo te declaraban inocente, libre de todos los cargos, ni mortífago, ni traidor, ni asesino.
-¿Por qué pensaban que había matado a Peter?- se interesó Remus, mientras Harry y Sirius estaban conectados en una especie de análisis de la realidad. Sirius quería aferrarse a esa verdad y Harry... Harry quería volver a tenerle.
-Peter desapareció en una explosión en la que también murieron trece muggles- le mintió Harry, adoptando ahora una posición más distante con ellos para que no le descubrieran, no podía darles esa información- Sirius estaba allí y todos pensaron que fue él.
-No sé si creerte.- insistió Sirius.
-Escúchame, cuando te dije que no había un padrino en el mundo mejor que tú, era cierto- siguió Harry, haciendo ahora esfuerzos por no emocionarse. Sirius no había descubierto que él estaba muerto y tenía que hacer lo posible porque todo quedara así- Cuando te dije que escaparías de Azkaban, no era ninguna broma. Has sido la única persona que ha escapado de Azkaban sin ayuda y lo hiciste sólo para ayudarme-Harry miró al suelo, él no era la única razón por la que había escapado de Azkaban. Su rostro debió mostrar ese pensamiento porque en seguida Sirius se interesó.
-¿Y qué más? Para ayudarte ¿y qué más?
-Para vengarte del verdadero traidor. Nunca has superado no haber estado para James en aquel momento y quisiste compensarlo matando al traidor.
-¿Quién es?- le preguntó directamente, no quiso mirar a Remus porque estaba claro que si él no era el guardián del fidelio, la otra persona en quien James confiaría sería Remus.
-Eso no podéis saberlo. Ya sabéis mucho más de lo que debéis, todo puede cambiar si intentáis cambiar aquella noche.
-¿Intentamos cambiar?- le gritó Sirius ofendido- ¡¡Tú deberías cambiarla! Tú deberías hacer lo imposible porque tus padres estuvieran aquí. ¿Nos dices que no debemos cambiarlo? Pero ¿cómo te atreves a decirnos que nos quedemos quietos cuando le podemos salvar la vida a James y a Lily? ¿cuando puedo librarme de la cárcel?
-No entiendes nada Sirius. La vida de muchas personas depende de que mis padres mueran ¿te crees que a mí me ha gustado crecer sin ellos? ¿piensas que no lo cambiaría todo porque estuvieran aquí? Pero hay cosas que van más lejos de lo que yo quiera, y su muerte valió trece años de paz.
-¡¡No te hagas el héroe conmigo!- le gritó otra vez Sirius fuera de sus casillas. Remus intentaba tranquilizarlo, pero no atendía a razones.
Esa referencia a su heroicidad le dolió en el alma. Sirius había muerto porque él se había hecho el héroe, eso era algo que le remordía la conciencia y le acompañaba en sus peores pesadillas y ahora él se lo restregaba en la cara. Sabía que Sirius no podía ni mínimamente llegar a entender lo mucho que le dolían esas palabras pero a él le estaban hiriendo como hacía mucho tiempo que nada lo hacía.
-Yo...- intentó recomponerse- yo no soy ningún héroe, Sirius; pero soy realista, y aunque mi vida ha podido llegar a ser una mierda sin ellos me he dado cuenta de que era lo que tenía que pasar y no podemos hacer nada contra eso. Mi madre me salvó la vida, murió por mí, por eso Voldemort no pudo matarme. Si la historia no se repite tal y como ha pasado todo puede ser un desastre. – respiró profundamente y se irguió para sentirse más fuerte- No voy a deciros ni una palabra de eso y espero que vosotros seáis lo suficientemente considerados de no contarle nada a los demás.
Sirius se quedó mirándole analizando lo que le había contado. Estaba respirando agitadamente por lo furioso que se sentía con Harry, no atendía a sus explicaciones, las consideraba absurdas al lado de la posibilidad de devolverle la vida a James.
-Sirius, Harry tiene razón.-intervino Remus mucho más tranquilo- Parece que la historia depende de ellos, no sería bueno cambiarlo.- Sirius le lanzó una mirada furibunda por no apoyarle pero Remus estaba lleno de convicción y eso le contagió a él, sabía que siempre era un poco loco y que Remus era quien ponía su parte racional, así que por mucho que le doliera le haría caso.
-No diremos ni palabras, pero si yo fuera tú, dejaría morir al mundo si con eso pudiera tener unos padres como los tuyos.
Remus y Sirius salieron de la habitación con un portazo cortesía de Sirius. Harry se dejó caer en la puerta y se escurrió hasta sentarse en el suelo. Se repetía las últimas palabras de Sirius, a él le había hablado con mucha seguridad afirmando que lo mejor para todos era dejar que Lily y James murieran, pero en el fondo quería evitarlo a toda costa, quería disfrutar de un James que realmente fuera su padre, que se sintiera orgulloso de él y le diese consejos; quería ver a Lily sonreírle y besarle cada día como hacía ahora y no ser un huérfano desamparado que tuvo que criarse en una familia que le odiaba.
No se había metido en sus pensamientos cuando notó que alguien intentaba abrir la puerta en la que estaba apoyado.
-¿Harry?-la voz de ginny sonaba preocupada al otro lado de la puerta- ¿estás ahí?
Harry se levantó y le abrió la puerta a Ginny, ni siquiera la miró, se giró y se sentó en la cama dándole la espalda. Estaba terriblemente triste y sabía que contarle a Ginny lo ocurrido era escucharla otra vez decirle que no podía contarle nada a sus padres. Ginny se subió a la cama y se arrodilló detrás de él abrazándole.
-¿Huyes de mí?- empezó a besarle el cuello, pero al ver que él no le seguía el juego se extrañó- ¿qué te ha pasado?
-Sirius se ha enterado de que mis padres murieron.- se levantó de la cama y se dirigió a la ventana dejando a Ginny totalmente descolocada.- Me ha echado en cara que no quiero salvarles la vida.
-¿Cómo se ha enterado?- Ginny estaba confusa, no sabía cómo afrontar la situación con Harry, no quería recordarle una vez más que no podía decirle nada a sus padres, ya le había insistido bastante y estaba segura que después de oír a Sirius, le hubiera dicho lo que le hubiera dicho, le había afectado mucho.
-Lo ha leído en un libro, pero sólo sabe eso, nada de Colagusano, ni de él. Pero... si vieras cómo me ha dicho que no había nada más importante que tener conmigo a mis padres.
-Mi vida- Ginny volvió a acercarse a él y le acarició la cara con dulzura- Yo sé que tú cambiarías el mundo por tenerles, pero...- se fijó en la tristeza que desprendían sus ojos, ahora vidriosos- sé que sabrás lo que debes. Siempre lo has hecho.
Ginny le besó suavemente, no era momento de sermones ni de charlas. Harry necesitaba estar sólo y ella lo sabía. Así que se dirigió a la puerta sin que él prestara ninguna resistencia.
-¡Ginny!- ella se giró antes de salir para ver qué quería- Gracias, cariño.
Harry se pasó el día del sábado en el dormitorio, tirado encima de la cama, pensando en lo asquerosa que podía llegar a ser a veces su vida. La semana anterior Remus estaba al borde la muerte y ahora que se recuperaba, Sirius se enteraba de todo y le presentaba un nuevo dilema.
N/A: hola! Q tal estáis? Me he vuelto a retrasar, pero ya sólo me queda un examen, a ver si cuando termine puedo actualizar más deprisa. Muchas gracias por todos los reviews, los he leído todos y me encantan, sois muy amables.
Un beso enorme!
