CAPÍTULO 27: DIGO ADIÓS A MI AYER.

Llevaba toda la semana lloviendo, lo cual concordaba perfectamente con el estado de Harry. Desde que Sirius había estado en su habitación echándole en cara que no quisiera cambiar la historia, los días se hacían una cuesta arriba. Cada día se sentía más agotado y que Sirius estuviera distante con él no mejoraba nada la situación. Estaba tan cansado que no podía estudiar, ni si quiera había pasado una miserable hora intentando averiguar más sobre su padre y tampoco le había dicho nada a él. En su cabeza se pasaban una y otra vez las palabras de Sirius y se preguntaba si no merecería la pena tener a James y a Lily con él. Sería tan fácil como decirles que nunca confiaran en Colagusano, que lo escribieran en un papel para que no pudiera afectarles el obliviate; pero entonces se daba cuenta que eso sólo era hacer castillos de humo y que tenía que comportarse como un adulto con responsabilidades.

No había cruzado ni media palabra con Andrea, Remus o Sirius, pero sí se había fijado en que ellos huían de James y de Lily como si tuvieran una enfermedad muy contagiosa. Sirius pasaba mucho tiempo con Ron y cada vez que llegaba James hacía como si estuviesen metidos en una conversación muy interesante para no parar de hablar ni un segundo con el pelirrojo y así evitar tener que mirar a James. Incluso había pasado horas y horas metido en la biblioteca ayudando a Patricia o sentado delante de un libro que ya se sabía. El caso era evitar a sus amigos para no caer en la tentación de decirles una palabra. Remus y Andrea por su parte parecían haber entrado en una fase de "necesitamos intimidad" porque se pasaban el día el uno con el otro y cuando James o Lily intentaban estar con ellos, se metían aún más en sí mismos hasta que los otros se aburrían y se marchaban.

-No sabes lo duro que está siendo esto- Remus se había sentado junto a Harry en la sala común después de muchos días de silencio.- Sirius está fatal y no sé si seremos capaces de actuar como si no pasara nada.

Harry levantó la cabeza del libro que tenía en las manos a pesar de no estar leyéndolo y le miró detenidamente. Le pareció muy extraño tener a Remus pidiéndole consejo cuando era él quien siempre le mantenía a raya, no él, claro, sino el adulto con el que llevaba viviendo más de una año y que se había convertido en lo más parecido a un padre que había tenido en toda su vida. Ahora lo tenía delante, preocupado, con la misma mirada calmada aunque con mucha menos experiencia y menos dolor.

-Sí sé lo duro que es, Remus. Yo llevo viviendo con esto desde que os vi aparecer a principios de curso.- le dio un golpe cariñoso en el hombro de una forma parecida a como se lo hacía él cuando le daba un consejo- Pero tenéis que entender que es lo que debe ocurrir. Yo no pude conocerlos, a ninguno de los dos y los he necesitado como no te puedes imaginar, pero sin su muerte no habría nada. Voldemort lo dominaría todo.

-Yo entiendo eso, pero es tan difícil mirarles como si no hubiera ocurrido nada.

-Sé que es difícil, pero como no hagáis algo por disimular mi padre terminará dándose cuenta de algo, él no es tonto.- Harry se puso de pie y le dedicó un gesto comprensivo- Ahora me tengo que ir a entrenar pero habla con Sirius ¿vale? A ti seguro que te escucha.

Harry llegó al entrenamiento del domingo antes de que lo hiciera James. Se dejó caer en la pared cansado, volvía a dormir mal y eso le afectaba en el humor, lo que se sumaba a que en toda la semana el sol no había salido ni un solo día y la tormenta eléctrica era capaz a veces de helarle la sangre, pero él estaba tan metido en sus problemas, triste por todo lo que ocurría y enfadado con su vida que ni siquiera le preocupaba que pudiera repetirse el diluvio universal. Se sacó la varita del bolsillo trasero porque le molestaba al estar sentado y empezó a jugar con ella mientras esperaba a James. Ahora era un trasto inútil que sólo le servía en las clases o cuando había gente delante, tenía que disimular su poder, pero si por él fuera dejaría la varita bien guardada en el fondo de su armario. Se sentía frustrado cuando la varita no era capaz de canalizar toda su magia sin embargo le tenía mucho cariño, le había salvado la vida en muchísimas ocasiones y había vivido con él desde los once años. Sonrió con cierta melancolía y le dio una vuelta entre los dedos, pero se le cayó al oír el estrépito que James había hecho al entrar.

-¡¡Es que no se puede ser más tonto!- bramó cerrando la puerta con demasiada fuerza. Harry solo lo había visto enfadado así con él así que resopló ante la expectativa de una tarde horrorosa escuchando a su padre - ¿Pero qué se han creído?- siguió gritando mientras tiraba de cualquier manera la chaqueta por el suelo- ¡¡Llevan una semana que no hay quien les aguante!

-¿De qué estás hablando?- le preguntó Harry con cautela, totalmente descolocado por lo que estaba diciendo.

-¿De quién va a ser?- saltó su padre fijándose en él por primera vez desde que había entrado- De Sirius y Remus, que están idiotas ¡y bueno! Andrea no se queda atrás, otra que no sé qué bicho le ha picado.

-Ahhh- exclamó Harry intentando disimular pero pensando que si James no les mataba lo haría él en cuanto los viese.- ¿y eso?

-¿No los has visto esta semana? Me ven y salen corriendo, no he hablado con Sirius en una semana y Remus y Andrea parece que están pegados con cola- se desesperó con un gruñido, mientras Harry ponía cara de interés para disimular lo enfadado que se estaba poniendo porque no le habían hecho caso. Fuera, un estruendo en medio de la tormenta acompañó al enfado que ambos Potter estaban teniendo- Pero que a Lily le hacen lo mismo.- terminó diciéndole como si ese fuera el colmo de todos los colmos.

-Bueno tú no le hagas mucho caso- intentó quitarle hierro al asunto pero por dentro estaba muy irritado- Será alguna tontería que les habrá dado, pero vamos que yo no me he fijado. Yo los veo como siempre.

James le miró con los ojos entrecerrados como si estuviese analizándole para encontrar algo de mentira en sus palabras puesto que no creía que fuese posible que no se hubiese dado cuenta del extraño comportamiento de sus amigos cuando a penas había cruzado unas pocas palabras con ellos.

-Mira mejor dejamos el tema.- terminó diciendo James para alivio de Harry- A ver que tenemos preparados para hoy.

James se sentó en la silla y se concentró en el libro que había encima de la mesa, lo miró muy concentrado y empezó a mover la mano y a decir el encantamiento "wingardium leviosa". Harry con la boca abierta por la estupidez que estaba haciendo su padre se quedó unos minutos observándole sin ser capaz de pronunciar una palabra.

-¿Qué miras?- le saltó James después de siete intentos inútiles.

-¿Qué haces?

-Es sencillo. Intento hacer magia sin varita.- Harry se llevó una mano a la frente y negó con la cabeza desesperado de todo aquello.

-A ver James, no creo que tengas ese poder ¿entiendes? Ese es mi poder y ... creo que he encontrado el tuyo, ahora solo hay que probarlo.

James se levantó con tanta rapidez que tiró la silla al suelo, pero la ignoró por completo y se acercó a su hijo muy nervioso. Harry al ver tanta expectación dudó un poco porque estaba seguro de que ese poder no le gustaría nada a su padre.

-Creo que eres capaz de controlar a los animales. Eres animago, como Gryffindor y él era capaz de hacerlo.- le explicó Harry mientras la cara de James se convertía en una total desilusión- Además te conviertes en un ciervo y el ciervo domina el bosque.

-Yo no quiero ese poder- James refunfuñó como un niño pequeño y le dio una patada al suelo – ¡¡Menuda estupidez! Además a mi el único animal que me hace caso en ese bosque es una cierva que me tiene el ojo echado desde hace ni se sabe y vamos que no creo que siga viva, así que nada.

Harry sonrió con la broma de su padre y pensó por un momento si su madre habría tenido algún rival en el mundo animal. Visto así, James con esa pose de niño mimado y diciendo esas tonterías, lo único que hacía era acrecentar más el pinchazo que sentía por no poder recuperarle. Hubiera sido divertido crecer con él.

-No es seguro, pero es un comienzo. Tendremos que probarlo. Si el sábado no llueve iremos al bosque y lo pondremos en marcha.

-El sábado he quedado con Lily, que tú tengas a tu novia totalmente olvidada no significa que yo tenga que dejar a la mía de lado ¿sabes?

-Si has quedado con Lily, pues desquedas y punto. Te he dicho que tenemos que averiguarlo cuanto antes y si no es, buscar el que sea. Además yo no tengo a Ginny tan descuidada.- Ni si quiera él se creyó esa última afirmación pero estaba seguro de que Ginny lo entendía todo a la perfección.

James se fue murmurando entre dientes pero no le quedó más remedio que comenzar a entrenar. Estuvieron más de dos horas hasta que Ginny y Lily fueron a buscarles para estar con ellos aunque sólo fuera el camino de la sala de los menesteres a la torre Gryffindor. Cuando entraron en la sala, Ron y Hermione estaban hablando con Andrea, Remus y Sirius animadamente. A los tres últimos les hizo falta sólo ver a James de refilón entrar para empezar a desperezarse como si no hubieran dormido en una semana, cosa que realmente no habían hecho del todo.

-¿Y dices que no están raros?- inquirió James una vez que sus amigos habían subido. Harry intentó disimular lo máximo, pero le estaba costando.

-Pues yo voy a subir también.- saltó Harry intentando parecer casual.

-¿Ya?- se sorprendió Ron.

-Sí, mmm, esto...- cogió la mano de Ginny y tiró un poco de ella, haciendo que la chica abriera la boca de la sorpresa- Es que aquí el señor dice que no paso tiempo con Ginny.- intentó bromear señalando a su padre, pero realmente lo que quería es coger a esos tres y echarles una buena bronca.

Ginny se sorprendió al ver que pasaban de largo la habitación de Harry y casi dibujó una expresión de decepción pero cuando vio las verdaderas intenciones de su novio suspiró resignada y se dispuso a oírle ponerles las cosas en su sitio. Entraron en la habitación sin llamar y allí estaban Sirius, Remus y Andrea sin ninguna pinta de querer dormir. Harry se colocó en el centro de la habitación y respiró hondo para no salir a voces con ellos, había que ser diplomático.

-Os dije que James se daría cuenta si no os comportabais normalmente con ellos.- les empezó diciendo todavía con un gran esfuerzo por calmarse, especialmente después de ver a Sirius con esa pose arrogante con la que le miraba últimamente- No imagináis lo importante que puede llegar a ser que todo ocurra igual.

-No, el que no puede imaginar eres tú- Saltó Sirius poniéndose de pie y encarándose con Harry- ¿Sabes lo que es saber que acabará muerto y estar ahí como si nada?

A Harry le dolió muchísimo la aspereza con la que estaba hablando su padrino sobretodo porque claro que sabía lo que significaba, mucho mejor que él.

-¿Sabes lo que es ver que el único padre al que voy a poder conocer en mi vida me odia y no puedo hacer nada para cambiarlo? ¿eh? ¿Sabes lo que es pasar toda tu vida pensando por qué vives con una familia que te odia y que tus padres están muertos?- Sirius se paralizó completamente al ver a Harry tan furioso pero sobretodo al escuchar lo que le estaba diciendo, quizá se había pasado con él- No, tú no sabes lo que es Sirius y te digo que si yo soy capaz de ver a mis padres, a mis padres ¿entiendes, y no decirles nada, entonces vosotros también.

Los cinco se quedaron en un absoluto silencio después de esas palabras. Sirius con la cabeza bajada volvió a sentarse en su cama sabedor de que había infravalorado los sentimientos de Harry por sus padres.

-Tenéis que hacerlo, por favor- les rogó Harry mucho más calmado.

-Lo intentaremos- comentó Andrea seguida del asentimiento de los dos muchachos- Pero es realmente difícil.

-Haced lo que queráis, pero que James y Lily no se enteren de nada.- les dijo Harry dirigiéndose a la puerta con Ginny de la mano.

-¡¡Harry!-Sirius se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta donde se había parado Harry- Esto... que... bueno que lo siento, que me he portado un poco mal contigo y tú... bueno pues... que seguro que como te duele a ti no nos duele a nosotros.

-No importa.- le dio una palmadita en la cara y le sonrió para quitarle importancia, en ese momento sintió una punzada de añoranza en el estómago. ¡¡Cómo le echaba de menos!

-¡Por cierto!- volvió a gritar Sirius- James no te odia.

Harry sonrió sinceramente ante aquella afirmación. No podía creérsela del todo porque los hechos le decían lo contrario, pero era gratificante escuchárselo a Sirius.

Al fin las cosas empezaban a ir medianamente bien. Sirius volvía a ser el de siempre con Harry, incluso se había vuelto más cariñoso; tanto él como Andrea y Remus habían hecho un gran esfuerzo por superarlo y ahora se comportaban con James y Lily con bastante normalidad, al menos no salían corriendo cuando les veían y eso ya era un paso. El sol había salido anunciando la primavera y aunque estaban hasta arriba de estudios, libros y ejercicios porque a la semana siguiente tendrían los exámenes; podía decirse que todo estaba bien.

El sábado después del entrenamiento de quidditch y totalmente en contra de la voluntad de James. Él y Harry se adentraron en el bosque prohibido para comprobar si realmente James tenía o no el poder de controlar al reino animal. Le habían dejado la túnica de quidditch y las escobas a Lily con la que habían quedado a la hora de comer en el lindero del bosque y habían empezado su caminata en absoluto silencio. Harry dejaba que fuera James el que guiase, al fin y al cabo no había alumno en ese colegio que conociese el bosque mejor que los merodeadores.

-¿Algún animal en especial?- le preguntó James apartando una rama para que pasara su hijo.

-Tú mismo, donde te sientas más cómodo.

Si había un sitio en el que James estuviese más cómodo que entre los humanos ése era la colonia de ciervos que había en la parte este. Les costó llegar porque estaban bastante escondidos detrás de unos árboles alto y enredados que parecían supurar un líquido fluorescente. Harry los miró extrañado y con asco y siguió a su padre que parecía estar andando por el salón de su casa. Atravesar esos árboles no fue una experiencia satisfactoria pero mereció la pena; detrás de ellos había un pequeño prado muy muy verde, como consecuencia de las lluvias de los últimos días y ahora estaba totalmente dorado por el sol. Harry se quedó embelesado admirando el paisaje pero un estruendoso berrido le sacó de la ensoñación. Por un momento quedó desconcertado sin saber de donde venía aquel ruido, pero al oírlo otra vez se dio cuenta de que era James quien lo estaba haciendo detrás de él.

-¿Qué haces?- le preguntó extrañado.

-Llamarles.- contestó él como si fuera la pregunta más estúpida del mundo.

Harry estuvo a punto de preguntar que a quién exactamente estaba llamando, pero entonces vio un pequeño cervatillo color canela con algunas manchas blancas en el lomo que se acercaba a ellos seguidos de una cierva alta y elegante que debía ser su madre. Harry sonrió al ver al pequeño animal acercarse a James y lamerle la cara mientras él le acariciaba, era increíble que James fuese tan cariñoso. Sintió una pequeña punzada de celos pero en seguida se llamó tonto a sí mismo por haberlo sentido.

-No tendré que preocuparme de buscar un hermanito en el bosque, ¿verdad?- le bromeó acercándose al animal para acariciarlo, cosa que no le gustó nada a su madre así que James inmediatamente se puso de pie y se acercó a la cierva para que le oliera y supiera que era de confianza. Había pasado ya por allí algunas lunas llenas y toda la manada le conocía.

-Al final va a ser verdad que has sacado el encanto de tu querido padrino-le contestó él con ironía pero sin reproches mientras acariciaba el morro del animal- Pues siento decirte que no tiene de qué preocuparte. Yo soy un animal muy fiel.

Detrás de estos animales llegaron otros, algunos eran ciervos jóvenes con los cuernos asomándole, pero la mayoría eran hembras con algunos cervatillos. Harry estuvo un rato entretenido observándoles aunque no se acercaba a ninguno a no ser que fuera con James pegado a él para evitar cualquier problema. Nunca había visto un ciervo tan cerca excepto su patronus y su padre así que les tenía mucho respeto.

-Bueno James yo creo que va siendo hora de que intentes poner en práctica tu poder.- le sugirió Harry.

James se quedó petrificado rodeado de algunos miembros de lo que casi era su especie, pero no sabía qué hacer. ¿Qué tenía que decirles? Intentó llamar a un ciervo joven pero pasó de él olímpicamente después de mirarle con orgullo, después intentó calmar a un cervatillo que brincaba alrededor de su madre pero sólo sirvió para ponerle más nervioso.

-¡¡Esto no funciona!- se exasperó- A lo mejor yo no controlo a los animales. ¡Míralos! Pasan de mí, sólo me harían caso si me convierto en uno de ellos.

-Tienes que intentarlo más- insistió Harry- ¡¡Concéntrate!

Siguió intentándolo sin ningún éxito. A cada fracaso miraba a Harry y bufaba desesperado al ver que él le seguía insistiendo. Llevaban así dos horas, y el único que había controlado un poco era un cervatillo que casi no se tenía en pie y porque lo chantajeó con un poco de hierva fresca.

-Mira Harry, esto es absurdo- James se puso de pie y dio un zapatazo en el suelo totalmente desesperado- No-ten-go-es-te-po-der. ¿¿lo entiendes? No hay manera, habrá otra cosa que sepa hacer, si no soy capaz de que un ciervo que me conoce me haga caso ¿cómo voy a ser capaz de dominar todo un bosque? Pero si hasta mi lechuza pasa de mí.

-Es que no le pones interés- siguió insistiendo Harry.

-¡¡Es que este poder es una mierda!- bramó cada vez más enfadado- yo me voy de aquí ahora mismo, al menos Lily me prestará algo de atención. Quédate tú si quieres y los controlas ¡¡A ver si eres capaz!- James apretó los puños y se mordió la lengua para controlar su furia y no salir a tortas con su hijo, sobretodo porque en el fondo sabía que tendría las de perder, sin embargo cuando iba a pasar por uno de esos árboles pringosos se detuvo en seco- Mierda, ha venido mi amigo.- murmuró, pero Harry le había oído.

Harry intentó mirar a ver quién era ese amigo al que se refería y lo único que pudo ver fue un macho imponente con una cornamenta gigantesca que les observaba con cara de pocos amigos. Harry se quedó estático, si una hembra, sin cuernos le daba respeto eso ya sería el colmo, además por el tono en el que James había dicho eso del amigo, apostaba su saeta de fuego a que no tenía buenas intenciones. El ciervo se acercó a él enseñando los dientes y Harry se asustó muchísimo, no entendía en ese momento por qué era capaz de enfrentarse al mismísimo Voldemort y asustarse de esa manera con un ciervo aunque lo cuernos puntiagudos y retorcidos que tenía sobre su cabeza le dieron una pista importante. James se acercó a él, despacio pero eso sólo hizo que el ciervo se enfadara más y amenazara con atacarle.

-Ni te muevas ¿me has oído?-Le murmuró poniéndose delante de él tapándole con los brazos- y no uses la magia a menos que quieras que el resto de la manada nos ataque.

James se convirtió en un ciervo justo después de acabar la frase, siguió pegado a Harry protegiéndole ahora con su increíble y majestuosa cornamenta. Le enseñó los dientes y gruñó pero el otro ciervo no se amedrentó, al parecer ya se conocían. Hicieron chocar dos veces sus astas y por suerte no se quedaron enganchados a pesar de que los dos las tenían muy desarrolladas. Harry seguía manteniéndose al margen y James como si le guiara un instinto no se separaba de él nada más que lo imprescindible, en cuanto atacaba volvía a una posición de defensa para evitar cualquier ataque a Harry. Una de las veces, James todavía en su forma animal se mantuvo a medio metro de Harry con la cabeza agachada sin quitarle ojo al espécimen que tenía enfrente. El bosque se quedó en el más absoluto silencio, como si fuera una lucha de titanes y el resto de animales les miraban asombrados totalmente parados, incluso el otro ciervo adulto se quedo petrificado en su posición mirando a James. En ese momento y aprovechando la situación James volvió a su forma humana, pero nadie reaccionó ante tal hecho, como si ya estuvieran más que hartos de verlo.

-Vámonos ya- gruñó empujando a Harry entre los árboles

En cuanto pasaron la fortaleza de árboles pringosos fue como salir de un sueño de silencio, el habitual ruido les envolvió de nuevo pero cuando volvieron la vista para saber qué ocurría con la manada de ciervos no pudieron ver nada entre los árboles.

-Eres capaz de controlar a los animales, James- balbuceó James en un burdo intento de imitar a su hijo- Gryffindor lo hacía. ¡¡Ya has visto lo bien que se me da!- le gritó enfadado, esa pelea con el macho de la manada al que llevaba todo el curso evitando le había dejado muy estresado- Ese no es mi poder, y estoy harto de que me obligues a hacer todo esto.

-Pero es que tienes que hacerlo.- se quejó Harry.- No todo el mundo gira a tu alrededor ¿sabes? Los demás también tenemos que hacer cosas que no nos gustan.

Los dos Potter siguieron el camino por el bosque en silencio, cada vez más enfadados. Harry no soportaba que James pudiera estar defendiéndole en un segundo y al siguiente echándole una bronca como si fuera un insecto incordiante. Había sentido algo muy extraño en el bosque cuando le había defendido de esa manera, una mezcla de añoranza de algo que no había tenido, de culpabilidad, porque realmente murió así, intentando defenderle y de cariño hacia su padre, por eso ahora le sentaba tan mal que le tratase mal.

-Hola chicos- saludó Lily sonriente al verlos salir del bosque pero no recibió más que un gruñido muy similar por parte de cada uno como saludo. Ella ignorando ese comportamiento se acercó a Harry, le hizo una caricia el pelo y le besó en la cara- ¿qué tal el entrenamiento?

-Puff- contestó simplemente su hijo.

-¿Y tú, mi vida?- se acercó a James y le besó los labios pero él no estaba para muchos cariñitos.

-Me voy- saltó Harry- Luego os veo.

-¡Alto ahí!- Lily se situó entre los dos con los brazos en la cintura y sin ningún tipo de mirada cariñosa, parecía estar bastante enfadada y por lo visto, lo estaba con ellos- Me vais a contar ahora mismo lo que ha pasado. No, mejor- se corrigió a sí mima- Me importa poco lo que haya pasado, pero estoy harta de vosotros dos. ¡¡Dejad de comportaros como si os odiarais porque ninguno de los dos lo hacéis!. Tú deberías tener más paciencia con tu padre- le riñó a Harry, que estuvo a punto de abrir la boca pero se quedó en el intento. Era la primera bronca maternal que estaba recibiendo y eso sorprendía- ¡Y tú! Deja de comportarte como un idiota y empieza a hacerlo como un padre.

-Él no es mi hijo y no os lo voy a repetir más- respondió James más enfadado- Me aburre el rollito de familia feliz que os traéis. No somos una familia todavía ¿entendéis?

-¡¡James!- le gritó Lily, James la miró y vio una gran decepción en sus ojos, algo que casi rozaba la pena, así que se comió su orgullo. Era incapaz de ver a Lily así.

-Está bien. Me comportaré, pero no como un padre ni nada de eso ¿entendido?- respondió James allanándose aunque intentando mantenerse firme- Pero es que me saca de quicio con tantas órdenes.

-Déjalo James, no te esfuerces- Harry estaba ya cansado de eso y lo que menos quería es que James se comportase bien con él sólo por obligación- No quiero nada tuyo por obligación, pero no esperes que baje el nivel en los entrenamientos. Hay demasiado en juego.

Dicho eso se marchó dejando a sus padres asombrados y algo enfadados, cada uno por sus motivos. Aunque, como siempre, las cosas volvían a la normalidad en un par de días.

Ya hacía unas dos semanas que Remus había vuelto a lo que ya podía llamarse su casa. Desde que Harry había decidido abandonar a los Dursley antes incluso de cumplir los diecisiete, los dos se habían trasladado a Grimmauld Place. A veces los recuerdos eran insoportables pero habían hecho todo lo posible por ignorarlos empezando por quemar el cuadro de la madre de Sirius en una noche desesperante de verano en la que el calor y los constantes gritos de la mujer recordándoles una y otra vez la maravillosa muerte de su hijo a manos de su querida sobrina les estaban volviendo locos. La gracia casi les costó quemar toda la casa pero al final consiguieron controlar el fuego con un par de hechizos congelantes y pudieron dormir el resto de noches con absoluta tranquilidad.

Llevaba horas vagando por la casa vacía, no sabía porqué pero últimamente los recuerdos se empeñaban en llegarle a la mente como carcoma que consume la madera. Nicole había pasado parte de la mañana con él haciéndole compañía ya que Dumbledore le había prohibido salir a cualquier tipo de misión hasta que no estuviese absolutamente recuperado así que ahora la casa se le hacía cada vez más y más pequeña, solo y aburrido no le quedaba más que volver en el tiempo y encontrarse con cosas que no siempre quería volver a ver. No había hecho caso al consejo de Harry de empezar una relación con Nicole, de hecho, desde el día que había despertado no había vuelto a presentarse ninguna conversación sobre ellos, era como si Nicole esperase a que él moviera ficha y Remus, mientras tanto, se hacía el loco intentando buscar una respuesta en su cabeza.

No podía decir que el amor le había tratado mal, pero tampoco podía decir que había tenido una relación idílica en la que todo era bonito. Las circunstancias fueron mucho más que duras y el final desconcertante. Ahora llevaba diez años sin ver a Andrea y casi trece sin besarla, sin oírle una palabra. Durante mucho tiempo el recuerdo se había ido disipando hasta convertirse en un minúsculo ápice de dolor que sólo volvía eventualmente, sin embargo, ahora sabía que estaba cerca otra vez. No era ella, no era la Andrea que él había besado por última vez pero no dejaba de ser ella y le había dicho que le quería por encima de todo y que le estaría esperando siempre.

Sus pasos le llevaron por quinta vez en ese día hasta su habitación, se acercó al escritorio y acarició una caja de madera oscura tallada; respiró profundamente antes de cogerla como si esa caja supusiese un enorme peso para el que había que concentrar muchas fuerzas. No tenía ningún tipo de llave echada, como si estuviera esperándole dispuesta a abrirse en cualquier momento y llevarle en un viaje por el tiempo. Se sentó en la cama y dejó la caja sobre sus rodillas, la mente se le quedó en blanco observando los gravados oscuros. Tras unos minutos eternos en los que la luz de la tarde de marzo hacía que el ambiente se calentara cada vez más abrió la caja despacio, casi temblando por el miedo a volver pero con la necesidad de dar carpetazo a un episodio de su vida que tenía que superar.

El interior estaba lleno de fotos antiguas. Le quedaban algunas de su época de colegio con sus amigos, aunque la mayoría en las que estaban James y Lily se las había dado a Harry cuando Hagrid se las pidió para completar el álbum del chico. Ahora tenía que contentarse con las que quedaban de grupo, cogió una en la que Peter no estaba, recordó que él hacía casi todas las fotos por suerte para ahora, así no tendría que soportar ver su cara de traidor simulando ser su amigo. Allí estaban todos, James abrazaba a Lily mientras le hacía cosquillas y ella se movía disimuladamente para no salir mal en la foto; Sirius con sus tonterías abrazando a James y a él atrayendo sus cabezas hacia él mientras ponía una sonrisa exagerada y él, con veinte años menos teniendo a Andrea abrazada a su cintura y apoyada en el hombro.

Sonrió amargamente y pasó las fotos con rapidez hasta llegar a una de las del fondo. Volvía a estar él con Andrea, pero ya no era la jovencita morena de pelo largo que se había abrazado a él en el colegio. Ahora era una mujer de 21 años con la mirada determinante pero que se perdía de la misma forma entre sus brazos como si fuera lo único que podría mantenerla con vida. Se fijó que su pelo era increíblemente corto y en un tono rubio muy parecido al que tenía Nicole, por eso le atraía tanto, quizá le recordaba esa parte de su vida en la que había sido para Andrea el bote salvavidas de su horrible existencia. Durante años Andrea cambió su imagen por ésa tan atrevida, tan dura, tan diferente a ella; pero esa imagen que significaba para ella poco más que momentos duros y experiencias a olvidar, para Remus era el tiempo en que más cerca la sintió, cuando más le necesito y cuando más se refugió en él, de ahí que a pesar de que hubiera dado mil vidas por borrarlo, ahora el ver a Nicole tan diferente y al mismo tiempo tan parecida le hiciera volver a sentirse más fuerte.

Acarició la superficie de la foto y ella se acurrucó aún más en su pecho, como si hubiera notado su tacto. Exhaló un suspiro desesperado. Necesitaba olvidarla como fuera, salir de ese pasado que no conducía a ninguna parte. Tenía que dejar de quererla, sacarla de su vida e intentar superarlo como había sido capaz de superar la pérdida de James, de Lily y de Sirius. Andrea había muerto, no en realidad pero sí en su vida. No podría verla más porque ni si quiera sabía si ella querría, lo que estaba claro es que no podía volver y su vida seguía adelante. Harry tenía toda la razón, pero era tan difícil.

Apoyó los codos en las rodillas dejando la caja abierta sobre ellas, aquello había sido tan gráfico como abrir la caja de Pandora y ahora todo daba vueltas en su cabeza a una velocidad de vértigo, recuerdos tristes y alegres. Por extraño que pudiera parecer sintió un escalofrío al recordar el tacto de su piel, fue capaz de oír en su cabeza su risa infantil y su voz melosa cuando quería algo. Tenía que olvidarla ya. Se tumbó un poco sobre la cama perfectamente hecha para poder meter la mano en el bolsillo de los vaqueros donde guardaba la cadena con dos anillos de compromiso. Los observó balancearse y negó con la cabeza recriminándose a sí mismo. Compromiso. Había sido una palabra tan repetida en su extraña relación que ya le sonaba familiar, tan familiar que le había perdido el miedo atroz que en un principio le tenía. Nunca jamás habían llegado a tener una relación estable, pero ambos sabían que se quería por encima de todo; primero fue el miedo, luego las circunstancias y después... después fue la propia magia y el lastre de una vida que no se quería haber vivido.

Se irguió como si intentase buscar en todo su ser un recodo de orgullo y fuerza que le devolviese la estabilidad a su vida. Apretó con fuerza los anillos y por un instante se arrepintió de no habérselos dado a Andrea mucho tiempo antes de la vez que lo intentó, pero ya era tarde para arrepentirse de sus miedos. Guardó los anillos en la caja con mucha calma dejando que la cadena resbalara entre sus dedos retrasando cuanto podía lo que estaba siendo la despedida de una parte de su vida. Volvió a acariciar la foto que estaba justo en la parte superior y en la que Andrea le sonreía como una niña. Siempre era así en las contadísimas veces que estaba con él, a pesar de que cuando salía de su casa no quedaba ni un atisbo de esa dulzura.

-¿Remus? ¿Estás ahí?

La voz de Nicole le sacó de la ensoñación, instintivamente cerró la caja y el ruido sordo que hizo retumbó en su cabeza como si hubiese estado en la cima de una montaña. Parecía la señal que indicaba el despertar de una hipnosis, como si ese ruido plasmase gráficamente lo que él llevaba todo el rato queriendo hacer. Su vida se había cerrado, el pasado quedaba atrás, ahogado por es golpe de madera. Al ver entrar a la auror con una sonrisa se puso de pie rápidamente, el corazón le palpitaba como a un niño pequeño que pillan en medio de una trastada. Con un "hola" suave se dirigió de nuevo al escritorio y por primera vez en su vida fue capaz de cerrar la caja con un hechizo.

-¿Estás bien?- le preguntó Nicole perdiendo la sonrisa y acercándose a él, que todavía le estaba dando la espalda en un intento por recomponerse por completo.

-Sí muy bien. No te preocupes- le dio un pellizco suave en la mejilla y le sonrió para tranquilizarla- Sólo necesitaba poner en orden algunos asuntos.

Nicole guardó silencio; sabía que había vuelto a sumirse en el pasado y ella ya le había dado muchas veces la oportunidad de dejarlo atrás. Se dirigió a la ventana desde donde se veía gracias a un hechizo un magnífico sol y dejó que fuera él quien tomara sus propias decisiones. Sabía muy bien lo que había, habían estado a punto de besarse de no ser por aquel médico inoportuno, pero Remus había vuelto a pararse. Desde que empezara ese curso estaba más taciturno de lo normal, como mucho más ausente y melancólico. Sabía que James, Lily, Sirius y él mismo con 17 años habían llegado desde el pasado y quizá eso le afectara. Sabía que lo había pasado muy mal después de su encuentro en el despacho del director pero no había razón para estar así por mucho que se les echara de menos.

Remus se acercó a ella y se apoyó en la ventana, muy cerca de la chica, que pretendía estar ignorándole.

-He estado pensando- le susurró, pero ella siguió concentrada en lo que se veía tras la ventana.- Y creo que debería hacerle caso a Harry.

Nicole no tenía ni idea de lo que Harry le había dicho así que giró un poco la cabeza mirándole de lado con un gesto de duda. Lo tenía tan cerca que le hubiese besado en ese mismo instante pero quería saber qué era lo que había pensado.

-Harry me dijo que me dejara de tonterías contigo y...- le acarició la cara con el dorso de la mano y le miró con un toque de complicidad.

-¿Has decidido dejar tu pasado?- le intentó picar ella acercándose levemente a él.

-De un portazo.

La mano con la que estaba acariciando la cara se deslizó hasta la nuca y la atrajo despacio sin dejar de mirarla a los ojos, respiró hondo antes de rozar sus labios. Fue un beso lento, dulce y calmado, pero largo hasta que terminó abrazándola por la cintura. Le acarició el pelo que se escurría entre sus dedos de lo corto que lo tenía.

-Tendré que hablar con Harry muy seriamente- bromeó Nicole apoyada en su hombro- Ha conseguido en un rato lo que yo llevaba intentando casi un año.

-No ha sido fácil- se justificó él- Pero... ya es hora de empezar de nuevo.

Nicole volvió a besarle otra vez totalmente feliz de que se hubiera decidido a dejar atrás sus fantasmas.

Era ya el último día de los exámenes y el gran comedor era un hervidero de alumnos corriendo de una mesa a otra con la tostada en una mano y un montón de pergaminos en la otra. En la mesa gryffindor todo el grupo excepto Ron y Harry que tenían cuidado de las criaturas mágicas y Ginny que tenía transformaciones los demás estaban metidos en sus libros de traducciones de Runas.

-Os juro que si me saco el EXTASIS de Runas antiguas me tatúo el pecho- exclamó Sirius cerrando el libro de golpe y concentrándose en su plato.- Ya me hice este cuando aprobé los TIMOS. – Sirius se abrió la túnica para enseñar su pecho con una runa gravada – Es mi nombre.

-Eres un exhibicionista- Patricia apareció por detrás y se apoyó en sus hombros poniéndole delante un pergamino- Anda deja de enseñar tu cuerpo y explícame esto- le pidió- Por cierto, yo quiero ver cómo se escribe Anthony en rúnico.

Patricia se marchó unos minutos después con una concepción equivocada de cómo se escribe Anthony en rúnico, pero con la lección de transformaciones bien aprendida. Los demás seguían metidos en sus libros, menos Ron y Harry que sabían que esa asignatura la tenían fácilmente aprobada, sin embargo también se sorprendieron mucho cuando una lechuza destartalada y muy vieja aterrizó en medio de la mesa cargando un paquete demasiado pesado para su edad.

-¿Qué es eso?- preguntó Andrea levantándole el ala con cuidado de no desmontarla.

-Es mi lechuza, a mi madre se le debe haber ocurrido que estamos faltos de azúcar con los exámenes y ha adelantado la entrega de huevos de pascua- explicó Ron cogiendo la caja con avidez. Empezó a repartir los enormes huevos de chocolate con un envoltorio colorido que tenían el nombre de cada uno escrito con letras cursivas, aunque la señora Weasley había tenido el detalle de poner sus nombres "falsos" por si las moscas- Mi madre está cada día peor- exclamó Ron con la caja vacía en una mano y su huevo en la otra- Se ha olvidado del tuyo, Andrea.

-Bueno, no importa, si tampoco me conoce.- se conformó ella, aunque le dio un poco de rabia, adoraba el chocolate.

-Mi madre siempre está en estas cosas- se entrañó Ginny intentando encontrar una razón- aunque no te conozca, si le dicen que has venido y que eres nuestra amiga ella te lo manda.

-Cómete el mío, anda- Remus le ofreció el suyo para quitarle importancia al asunto- Venga que tú sin chocolate te pones muy peligrosa.

-Qué graciosillo- le recriminó ella en tono jocoso- pero dame sólo la mitad que a ti te pasa lo mismo.

-Bueno tortolitos, dejaros de tonterías, y vámonos al examen antes de que me dé un ataque de azúcar con tanta cursilería que tenéis.- se quejó Sirius poniéndose de pie y recogiendo los libros.

El día fue totalmente agotador. Tuvieron tres exámenes y para colmo el último fue de pociones. Snape se tiró todo el rato rondando por sus calderos murmurando frases ofensivas para ponerles nerviosos y tener así la satisfacción de ponerles un cero, pero los únicos que se estaban viendo más apurados eran Remus, Harry y Ron. Las pociones eran superiores a ellos mismos y con Snape cerca todo se complicaba aún más. A pesar de todo cuando salieron del examen a las cinco de la tarde estaban muy contentos, no tanto como Sirius y James que se sentían total y absolutamente satisfechos de haber obligado a Snape a poner junto a sus nombres una buena nota, pero en general estaban bien.

Aprovecharon la tarde para tirarse en los terrenos del castillo. Al día siguiente todos esos alumno se irían a casa y tendrían todo para ellos solos, lo cual significaba una ventaja teniendo en cuenta que en esas vacaciones sería el cumpleaños de Andrea y querían celebrarlo.

-¿Y si nos vamos a Hogsmeade un día de estos?- propuso Hermione- La verdad es que tengo ganas de salir de aquí aunque sea un rato.

-Habría que pedírselo a Dumbledore.

-Que hable Harry con él que parece que se llevan muy bien- sugirió Sirius.

-Sí, el cararrajada siempre ha sido su favorito- murmuró Malfoy pasando por su lado.

-¿Tú por qué no te compras una vida y nos dejas a nosotros en paz?- le escupió James incorporándose. Al ver que estaba en clara desventaja y recordar cómo había terminado la última vez, Malfoy les hizo una mueca de asco y se marchó de allí- Imbécil.

Harry estaba medio dormido tirado en el suelo con la cabeza apoyada en la pierna de Ginny que le estaba acariciando el pelo hasta dejarlo casi dormido, pero cuando vio a su padre defenderle le miró extrañado, aunque él no hizo lo mismo y volvió a tumbarse, así que a Harry sólo le quedó sonreír para sí mismo.

-Bueno, ya hablaré con Dumbledore - dijo Harry volviendo a echarse sobre las piernas de su novia.

A la mañana siguiente, los chicos bajaron a desayunar con ropa cómoda y con mucha tranquilidad, todo lo contrario del resto de colegio, que iba de un sitio a otro con la maleta en la mano, gritando por los pasillos a sus amigos si tenían alguna de las cosas que les faltaban y aligerando el paso para desayunar pronto y poder coger el tren.

Sirius estuvo todo el desayuno callado, cosa casi imposible para él. Era como si tuviera mucho sueño y se quedaba embobado intentando pinchar algo en el plato, pero como no miraba la mayoría de las veces se lo llevaba a la boca vacío. No reaccionó hasta que James le dio un golpe en el brazo haciendo que se le doblara y casi cayera de golpe en el plato.

-¿Mala noche?- le preguntó medio riéndose- No habrás encontrado ya sustituta para tus noches solitarias ¿Verdad canuto?

-Si es que me parto contigo- ironizó el chico- Y no he encontrado sustituta de nadie si tanto te interesa.- Sirius se puso de pie y se marchó hacia la puerta dejando a todos riéndose en la mesa.

-¡¡Cada día me preocupas más!- le gritó James desde la mesa

La razón por la que Sirius se había levantado de la mesa tenía nombre y apellidos pero sobretodo tenía unos preciosos ojos marrones. Patricia estaba hablando con Simon en el vestíbulo pero esta vez los gestos de cariño brillaban por su ausencia. A primera vista parecía que Patricia estaba muy incómoda allí.

-Te la robo un segundo- saltó Sirius cogiéndola de la cintura y tirando de ella sin darle tiempo a Simon a contestar.- No pareces muy contenta con tu novio.

-No es mi novio- refunfuñó ella- Es más, ya no estamos juntos y cada día lo aguanto menos.

-Yo venía a despedirme. Me quedo aquí todas las vacaciones.

-Seguro que lo pasáis bien.- le comentó ella con una sonrisa- bueno, pues... eso, que... ya nos vemos cuando vuelva ¿no?

-Claro.

Los dos hicieron el intento de darse un beso en la mejilla al mismo tiempo con tan mala fortuna que ambos quisieron hacerlo en el mismo sitio así que se pararon repentinamente, casi cortados por la situación, cosa que era extrañísima en ellos y volvieron a retomar la operación ahora con total coordinación. Sirius se quedó allí un rato hasta que salieron los demás del desayuno y se fueron a dar una vuelta por los terrenos soleados.

N/A: Hola! que tal estais? yo por fin he acabado los examenes, aunque eso no significa mucho, porque me voy de viaje diez dias y no tendre tiempo ni para pensar en el siguiente capitulo, así que espero que sigais manteniendo esa paciencia tan alucinante.

Muchas muchisimas gracias por vuestros reviews y por seguir ahí a pesar de mis retrasos, pero espero que merezca la pena, los capítulos cada vez se hacen más difíciles y yo sigo muy atrancada hasta que le vuelva a coger el ritmo a escribir.

Pues eso, que un beso enorme para todos.