CAPÍTULO 28: CONFESIONES TRAS LA BATALLA.

La primera mañana de vacaciones la pasaron tumbados en el césped de los terrenos hablando poco y descansando mucho, pero al día siguiente sería el cumpleaños de Andrea y los chicos querían pasarlo en Hogsmeade así que Harry se tuvo que pasar la tarde en el despacho del profesor Dumbledore convenciéndole de que no ocurriría nada. No fue fácil, estuvo al menos una hora intentando hacerle creer que estarían bien y la respuesta era siempre la misma, pero no se resistió a hacerlo una vez más antes de marcharse.

-Profesor, por favor, no va a ocurrirnos nada. Nadie sabe que ellos están aquí y no vendrán a buscarme así por las buenas ¿por qué iban a saber que queríamos ir a Hogsmeade?

-No lo sé Harry. Puede ser muy arriesgado.

-¡Pero Hogsmeade está muy protegido!

-Está bien- se terminó rindiendo después de una jornada dura de negociaciones- iréis mañana. Sólo mañana.- recalcó- y os quiero aquí temprano.

Harry hizo el intento de marcharse para salir de allí y pasar la tarde con su novia, por fin, pero el director le pidió que volviera a sentarse con un gesto de la mano.

-¿Qué tal te va con James?- Harry hizo un gesto de confusión con la cara porque no sabía muy bien a qué se estaba refiriendo- Con sus poderes, quiero decir, ¿habéis averiguado algo?

-Nada. Bueno es mucho más poderoso y yo controlo mi magia mucho mejor desde que entrenamos juntos pero ningún poder en especial. – le contó Harry- Pensé que sería capaz de controlar a los animales pero me equivoqué así que volvemos a empezar desde cero.

Harry le siguió contando porqué lo había pensado y todo lo que había ocurrido en el bosque hasta llegar a la conclusión de que a James no le haría caso ni una hormiga. El director se levantó de su asiento con gesto cansado, cerró los ojos y negó con la cabeza, como si todos sus esfuerzos se estuvieran viendo abocados a la nada. Fuera todo estaba siendo muy difícil, cada día las cosas se ponían peor y Voldemort estaba teniendo mucho poder. Estaba seguro de que si James encontraba ese poder, Harry tendría muchas más posibilidades, pero sabía tan poco de todo aquello, si al menos hubiera podido hablar más con Andrea.

-¿De verdad que sólo Andrea puede ayudarme?- le preguntó Harry al ver el gesto cansado del director, que afirmó con la cabeza al oírle- Pero... no sé, alguien más debe saber algo.

-Ella fue la que más estudió y leyó sobre el tema. Si alguien puede ayudarte a desarrollar tu poder y encontrar el poder de James, ésa es Andrea, pero... no sé dónde está. Creo que Remus sí, pero tampoco estoy seguro.

-¿Y por qué?- la curiosidad de Harry siempre le había podido- ¿por qué sabía tanto del tema?

-Eso no te lo puedo decir.- le respondió él con una sonrisa- Es un secreto. Le prometí a Andrea no decir nunca ni una palabra.

-Ella se lo dijo a Remus.

-Estoy seguro que Andrea se lo contó a Remus por pura necesidad.- Harry bufó levemente en señal de desacuerdo, odiaba tanto secretito- Mañana tened cuidado- se despidió Dumbledore- La Orden estará vigilando y le diré a Remus que vaya al pueblo. Creo que tiene algo que contarte.

-¿Malo?

-No, creo que no es nada malo- le respondió con una mirada pícara antes de sentarse a seguir enfrascado en sus papeles.- Pero que éstos no le vean otra vez.

A la mañana siguiente no demasiado temprano los chicos estaban en Hogsmeade dispuestos a pasar un buen cumpleaños con Andrea. Hacía un buen día y ellos estaban tranquilos, habían acabado los exámenes y estaban de vacaciones así que nada más llegar al pueblo se aprovisionaron de dulces en Honydukes y hubo que sacar a Sirius a rastras de Zonko porque quería encadenarse dentro. Sólo la promesa de que pedirían un encargo especial para él a los gemelos Weasley sirvió para que saliera de allí sin armar un escándalo. Remus desapareció misteriosamente nada más llegar al pueblo y todos imaginaron que iba a comprarle un regalo a Andrea así que no le dieron la menor importancia. Mientras tanto ellos se dedicaron a dar un paseo viendo escaparates antes de ir a comer.

Se sentaron en una pequeña plaza delante de Las Tres Escobas. Había bastante gente por la calle pasando de un lado a otro e ignorándoles completamente, así que se apropiaron de los bancos a tomar el sol, últimamente parecían lagartos, se pasaban el día medio tirados almacenando energía solar, y es que el síndrome primaveral era muy malo. Remus llegó con una sonrisa de oreja a oreja y en cuanto lo vio cruzar la esquina Andrea se puso de pie como una niña pequeña esperando su regalo, pero él para martirizarla un poco se sentó entre Sirius y James haciéndose un poco el loco. Así que ella se sentó sobre sus rodillas se abrazo al cuello y le puso cara de niña buena.

-¿Me vas a dar mi regalo?

-¿Qué regalo?- le contestó él como si no supiera de qué hablaban, pero no pudo aguantar así mucho tiempo porque empezó a reírse con la cara de suplica que Andrea le estaba poniendo- Vaaaaale, está bien. Toma. Feliz dieciocho cumpleaños.

Andrea empezó a sonreír absurdamente y de repente su cara se iluminó como la de una niña de tres años. Tenía un pequeño paquetito en las manos y lo mirada totalmente ilusionada, sin empezar a abrirlo

-Andrea, bonita, ¿lo piensas abrir?- saltó Sirius que estaba casi tan emocionado como ella- Lo digo porque por muy bonito que sea el papel seguro que el regalo está dentro.

La chica empezó a abrirlo sin ninguna consideración, se quedó parada con una caja azul en la mano mientras Remus la miraba absolutamente orgulloso de cada gesto que hacía. Abrió la caja despacito con los dedos algo temblorosos y se tapó la boca con la mano libre cuando vio lo que había dentro. No dejó que los demás, que habían hecho un corro a su alrededor, lo vieran, porque se enganchó al cuello de Remus emocionadísima dándole montones de besos.

-¡¡Trae!- Lily, que sabía de las intenciones de Remus le arrancó la caja de las manos y la abrió- ¡Aish, qué bonita es!

Remus le había regalado una pequeña flor de azahar en porcelana. Le hubiera comprado la flor del naranjo en natural, pero es tan delicada que no le habría llegado al final del día, así que buscó y rebuscó por todo el pueblo hasta dar con la pequeña flor de gruesos pétalos blancos que tantísimo le gustaba a su novia.

-¡Qué cursilada!- murmuró Ron a Harry en el oído, pero con la mala fortuna de que le oyó Hermione y le dio un codazo en las costillas sin ni siquiera mirarle – ¡Joder cariño, como te pones!.

-¡Me encanta, me encanta!- seguía Andrea después de haber recuperado su regalo- ¡Ay! Además huele como las de verdad, aish mi niño, ¡Cómo te quiero!

Andrea siguió un rato contando lo muchísimo que le gustaba esa flor desde que había estado de viaje en el sur de España, y lo maravilloso que era Remus por haberse acordado. Era el primer regalo que le hacía sin que fueran sólo amigos así que tendría un valor especial siempre.

Harry se levantó de su banco y tomó a Ginny de la mano, después de un "ahora venimos" se dirigió a la esquina de la lechucería donde Tonks estaba mirando como si algo le interesara en esa tienda, aunque Harry estaba seguro de que estaba vigilando por si les ocurría algo.

-¿Qué tal, Harry?- preguntó ella antes de darse la vuelta. Realmente esa chica sería la más manazas del mundo pero era una gran auror- Hola Ginny- se giró y saludó a los dos chicos con un beso.

-Aquí, dándote trabajo- bromeó él- ¿Has visto a Remus?

-Sí, está en Las Tres Escobas con Nicole.

-Pues entonces vamos a saludarles. ¡¡Te veo luego!

Harry y Ginny se alejaron de Tonks que ahora estaba hablando con una ancianita como si fuera alguien más del pueblo, para ver a Remus y esa noticia que tenía que contarle. No fue difícil encontrarle dentro del bar, estaba en una mesa central hablando con Nicole, de vez en cuando miraban por la ventana o echaban un vistazo al bar para seguir luego con su conversación, aunque Harry estaba seguro, conociéndoles como les conocía, que no perdían detalle de lo que ocurría, así que cuando entraron Remus les hizo un gesto con la cabeza para saludarles.

-¿Esto es una nueva técnica de disimulación o es que al final me has hecho caso?- Harry se había fijado en que Remus y Nicole tenían la mano entrelazada encima de la mesa, esa debía ser la buena noticia que tenía que darle y la sonrisa de Remus se lo confirmó.- ¡Ya era hora de que éste nos escuchara!- bromeó sentándose junto a Nicole. Ginny se había quedado de pie a su lado.

-Sí, creo que tengo que darte las gracias.

-¿Y tú desde cuando te has metido a cupido? – le preguntó Ginny bromeando revolviéndole el pelo. Harry le contestó tirándole un beso al más puro estilo James Potter.

-Pasas demasiado tiempo con tu padre- le acusó Remus bromeando.- Os vi antes ahí fuera.

-Sí, le estábamos dando el regalo a Andrea.- A Remus se le cayó la sonrisa, él sabía que era su cumpleaños y al haberla visto tan emocionada de lejos pensó que acababa de recibir un regalo.

-¿Qué Andrea?- preguntó Nicole, que no le sonaba ninguna alumna en su grupo de amigos con ese nombre y que tampoco sabía ni palabra de la llegada de Andrea Markins del pasado.

-¡Mierda! – exclamó Ginny mirando a la puerta- ¡Esa Andrea!

Harry se puso de pie inmediatamente y miró hacia donde Ginny se había encaminado para no dejarles entrar. Nicole se movían intentando identificar a la tal Andrea pero no sabía quién de toda la gente que estaban en la puerta era exactamente y todavía se sintió más confusa cuando se giró para ver a Remus y éste estaba tan pálido como si hubiera visto un fantasma.

-Bueno, me tengo que ir. ¡¡Ya nos vemos!

Harry se dirigió a la puerta y ayudó a Ginny, Ron y Hermione a sacar del bar al resto.

-¿Por qué habéis venido?- le preguntó Harry a Hermione un poco irritado.

-Y nosotros qué sabíamos que Remus estaría precisamente aquí.

-Además ¡Qué más le dará a Dumbledore! Si total ya lo han visto.-le susurró Ron.

-¡Vamos a comer a otro sitio!- propuso Ginny intentando parecer casual,-Este bar está lleno- pero el resto la miró sin creerse una palabra.

Intentaron protestar pero un alboroto les llamó la atención. Desde la calle la gente llegaba corriendo como en una marea. Algunos niños lloraban y gritaban llamando a sus madres. Había mucha gente por todas partes y todos parecían muy nerviosos. Ellos se miraron confusos esquivando a la gente que se estrellaba contra ellos en medio de sus particulares carreras desesperadas. Se sintieron totalmente aprisionados entre la gente que llegaba corriendo y la que salía del bar que tenían a su espalda; no entendían que podía estar ocurriendo pero la mayoría de la gente intentaba entrar en tiendas y casas para esconderse.

Harry se había puesto alerta al oír los primeros gritos, era como si se le hubiera encendido un radar y todos sus instintos se agudizaran, miraba a un lado y a otro intentando evaluar el centro de esa estampida. Su cuerpo se tensó e incluso le cambió la expresión del rostro, estaba más serio, más agresivo pero sobretodo más protector. Ron, Hermione y Ginny se había imaginado lo que estaba ocurriendo y en seguida habían sacado las varitas en posición de ataque, al verles, Harry buscó la suya casi con irritación, le tenía muchísimo cariño, pero era un fastidio tener que utilizarla; a pesar de ello se puso en guardia arrastrando a sus amigos de allí, donde toda gente venía corriendo.

-¡Es un ataque!- gritó Harry al ver a lo lejos a Emmely Vance atacar a alguien, sabía que solo haría eso si fueran mortífagos- ¡Maldita sea!

Ya todos estaban con la varita fuera esperando que la gente dejara de cruzarse en su camino y pudieran hacer algo contra quienes habían llegado, sabían que estaban preparados, unos más que otros, pero no iban a esconderse. Harry los había acorralado a todos frente a la pared como si quisiera protegerlos él sólo poniéndose delante de ellos, en un momento dado podría crear un escudo que les cubriese aunque eso supusiese mostrar su magia. Por un instante pensó en desaparecer con ellos y dejarles en el colegio donde todos podrían estar seguros, pero vio a un encapuchado matar a una joven poco mayor que ellos a penas cinco metros delante de donde estaban y el latigazo que sintió en el estómago al ver el rostro lívido que le dejó la maldición asesina, le indicó que no podía marcharse de allí. Simplemente no podría dejar las cosas tal como estaban, tenía que ayudar y no sabía si podría trasladarles a todos. Remus y Nicole les habían seguido y también habían llegado Tonks, Shaklebott y otros miembros de la orden, pero en contra de conseguir alejar cualquier ataque de ellos sólo habían logrado atraer a los mortífagos hacia la plaza en la que estaban. Unos por un lado y otros por otro habían conducido a los mortífagos inconscientemente hasta donde estaban los chicos y ahora se veían sin posibilidades de salir a no ser que lucharan para hacerlo.

-¡¡Quítate de aquí!- le ordenó Nicole a Harry con una furia que sólo le había visto en los entrenamientos cuando éste intentó ponerse a su lado para poder atacar en primera línea, mientras el resto protegía a los demás haciendo un cordón a su alrededor, pero el ataque estaba siendo muy duro, de manera que o avanzaban o los acorralarían contra la pared y sería su muerte.

-Harry, tenéis que salir de aquí ¿me has oído?- le pidió Remus agarrándole del brazo, le miró lleno de súplica, de casi miedo por él aunque se le veía con mucha determinación. Por un momento desvió la vista y no puedo evitar mirar por encima del hombro del chico donde los ojos de Andrea no se perdían un detalle. Era la primera vez que veía a Remus adulto en persona y las circunstancias no estaban siendo las más óptimas. – Sácalos de aquí.- volvió a decirle a Harry ahora casi más seguro de que era lo que quería.

Los miembros de la orden adelantaron la línea que protegía a los chicos y eso les obligó a separarse un poco. Los mortífagos estaban muy dispersados de manera que poco a poco iban perdiendo el punto de referencia e inconscientemente dejaron a los chicos más indefensos. Ellos seguían en guardia, no estaban dispuestos a no presentar batalla pero de los que en ese momento estaban allí sólo la mitad sabía lo que era enfrentarse a un duelo con mortífagos en vez de con compañeros de clase. Un chico joven, que Harry no reconoció y que no llevaba la cara tapada había lanzado un rayo contra ellos, en ese momento Harry y James estaban muy concentrados con otros mortífagos que intentaban atacarles de manera que no pudieron hacer nada por Remus que fue herido en el hombro aunque parecía que no de la suficiente gravedad como para que no pudiera seguir peleando, sin embargo se había desviado un poco del núcleo que por todos los medios Harry estaba intentando mantener, para sacarlos de ahí en cuanto pudiese. Andrea y Sirius no tardaron en unirse a Remus, dejando a los chicos separados en dos grupos.

-Te quiero a mi lado ¿Claro?- le gritó Harry a Ginny que en ese momento estaba defendiéndose del ataque de una nueva adquisición de Voldemort y que no estaba saliendo muy bien parada, en un momento libre ella le afirmó con la cabeza y siguió concentrada en su tarea. - ¡¡Ron! Poneos allí- les ordenó como si estuviera dirigiendo un ejército al mismo tiempo que seguía defendiendo y atacando con su ya latosa varita.

Harry miró hacia atrás y vio a James luchando como lo hacía durante los entrenamientos. Había mejorado a pasos agigantados y realmente sería de gran ayuda en aquel momento pero no podía consentirlo, había que sacarles de allí cuanto antes y después al resto. Si les ocurría algo a sus padres todo estaría perdido, en cuanto ellos se fueran los siguientes serían Remus, Sirius y Andrea.

-¡¡Cúbreme!- le gritó a Ginny y cuando ella empezó a defenderle espalda con espalda se giró hacia sus padres y los cubrió con un escudo protector convocado con sus manos muy parecido al que había aparecido entre su padre y él el día que le atacó la máquina de entrenamiento.- Tenéis que iros de aquí.

-¿Eres idiota?- le gritó James intentando salir del escudo para seguir luchando- ¡¡Déjame salir!

Harry rompió el escudo pero no dejó marchar ni a uno ni a otro, le agarró de un brazo y se fijó en su madre, que parecía asustada aunque desprendía una fuerza que Harry no le había visto nunca. Por un segundo se sintió tremendamente orgulloso de ella pero no había tiempo para sensiblería. Le clavó sus ojos en los de ella con una madurez inimaginable y una seriedad que casi la asustó, era como si hubiera crecido años en a penas unos minutos.

-No dejes que vuelva- le rogó, a lo que su madre sólo puedo afirmar totalmente convencida de que eso era lo que debía ocurrir.

La imagen de Lily y James empezó a desvanecerse hasta que finalmente dejaron de estar allí, Harry suspiró aliviado, ése era un problema. Ahora tenía que llegar hasta el resto para repetir la operación. Intentó correr hacia donde estaban Sirius, Andrea y Remus pero justo cuando iba a hacerlo Ginny recibió un ataque que la dejó inconsciente, así que Harry para evitar que volviera a atacarle movió el brazo de forma involuntaria, le salió sin pensarlo, hubiera usado la varita, pero era difícil pensar con la cabeza en medio de una batalla cuando tu novia está en peligro. El atacante salió lanzado contra un montón de mortífagos que estaban luchando con Nicole de manera que había matado dos pájaros de un tiro y había dejado a la auror un poco libre. Dijo el contrahechizo para que Ginny se despertara pero volvió a quedarse sin tiempo para ir a proteger a sus amigos que se las estaban viendo en ese momento con algunos aprendices de mortífago. Le estaban atacando a él y por la agilidad con la varita debían ser mortífagos expertos, pero no podía quitarse de la cabeza que tenía que sacar de allí al resto, tenía una mala sensación, un mal presagio y todo su instinto le decía que tenía que sacar a Remus, a Sirius y a Andrea.

-¡¡Nicole!- una vez que captó la atención de la auror le indicó con una mano que ayudara a sus amigos y Remus, que había oído a Harry se acercó a él para protegerle.

El trabajo de Remus estaba siendo algo inútil, pues si alguien tenía poder más que suficiente para defender al resto ése era Harry. En ese momento y totalmente concentrado en la lucha había olvidado su varita y movía las manos lanzando hechizos y creando importantes escudos dorados que consumían las maldiciones cuando a penas lo habían rozado. No perdía un detalle de Ron y Hermione que estaban luchando junto a Tonks a su izquierda y sentía a Ginny y sus movimientos a la derecha de manera que estando todos más o menos protegidos por gente de su confianza y con James y Lily en la puerta del colegio, donde él los había mandado, se dedicó a quienes tenía delante. Estaban enmascarados pero esos odiosos ojos grises los hubiera reconocido en cualquier parte, Malfoy estaba allí y parecía bastante sorprendido con cada movimiento de Harry, estaba seguro de que después pasaría un informe a Voldemort pero ahora no importaba y si podía conseguir que no llegara a su señor muchísimo mejor.

Nicole había seguido la indicación de Harry y se había unido a Remus, Sirius y Andrea. Por un segundo se quedó muy sorprendida al encontrarse al que ahora era su novio con unos veinte años menos, aunque estuviera enfrascado en un duelo no tenía ni la mitad de preocupaciones y su rostro no reflejaba años soportando una tristeza que le consumía; miró a Sirius y pensó que debía ser él aunque no tenía nada que ver con las fotos de asesino psicópata por las que le conocía. No le dio tiempo a fijarse en la otra chica, esa debía ser la tal Andrea, porque cuando llegó a donde estaban tuvo que tirarla al suelo para que un rayo no la alcanzara. Había caído encima de la chica y sus caras quedaron muy cerca cuando se levantó, involuntariamente volvió a mirarla antes de seguir peleando porque le sonaba esa cara muchísimo. No alcanzaba a saber a quién se parecía pero tampoco tenía tiempo para averiguarlo. Se levantó y ayudó a que Andrea lo hiciera y seguir con el pequeño ataque que estaban sufriendo.

El suelo empezaba a llenarse de cuerpos inertes de uno y otro bando, pero al menos habían llegado aurores del ministerio para ayudarles y algunos habitantes del pueblo habían salido, así que aunque las bajas seguían siendo altas, poco a poco la victoria se veía más cerca. Delante de Nicole y su grupo había un mortífago bastante experimentado que le estaba dando mucha guerra pero que no alcanzaba a reconocer debajo de su máscara, y dos aprendices con los que no se había topado nunca. El ejército de Voldemort aumentaba día a día, pensó. Justo cuando había hecho caer al mortífago enmascarado llegó otro que parecía muy irritado, Nicole pensó que debía ser Bellatrix, esa melena y esos ojos horriblemente fríos se los había encontrado en muchas ocasiones y ya le tenía ganas.

-¡¡Sirius!- gritó la mortífaga sorprendida al ver a su primo ahí, pero el despiste le valió para ganarse un hechizo incendiario de Andrea.

Sirius había atendido a la llamada pero sólo fue capaz de encogerse de hombros y seguir mano a mano con Remus. La túnica de Bellatrix estaba ahora en llamas, pero la mortífaga la apagó rápidamente fijándose bien en la artífice del hechizo. Andrea la seguía apuntando con la varita sin amedrentarse por la maldad que se reflejaba en cada mirada de Lestrange y vio como ella la examinaba, de una forma parecida a como lo había hecho Nicole antes. La auror estaba siendo atacada por los dos aprendices y habían llegado dos más que se estaban enfrentando a Sirius y Remus, así que no pudo darse cuenta del comportamiento de Bellatrix.

-¡¡Tú!- si Bellatrix se había sorprendido de ver a Sirius en esta ocasión parecía que se encontraba delante de un fantasma- ¿Qué haces aquí?- Andrea estaba alucinando pero no bajaba la varita, le plantó cara con una valentía que no sabía de donde estaba saliendo, porque realmente estaba muy asustada. Esa mujer parecía conocerla y ella no se había enfrentado en su vida a nadie que no fuera un compañero. La mortífaga en medio de su risa estridente se quitó la máscara dejando ver su rostro huesudo y hundido tras unas ojeras que sólo nacían en Azkabán- Te torturé, te torturé hasta morir. – siseó con un odio y un orgullo increíble, pero bastante confusa, incapaz de creerse que después de cómo la había dejado ahora estuviera delante de ella.

-Estás equivocada- le retó Andrea con voz fría, aunque no tenía la menor idea de lo que estaba hablando, quizá era verdad que ella también estaba muerta.- No nos conocemos.

-¡¡No seas absurda, Markins! – bramó incapaz de darse cuenta de que la Andrea que tenía delante no era la misma que ella conocía. Ese apellido llamó la atención de Nicole, que se quedó mirando a Andrea como si eso fuese imposible. Los mortífagos que estaban luchando con ellos se paralizaron también como si un fantasma estuviera delante de ellos -Tú y yo nos conocemos muy bien, Sophie.

Si Andrea se descolocó al oír ese nombre que no era el suyo, para Nicole aquello fue como una revelación. Miró sorprendida a Bellatrix que estaba observando a Andrea en ese momento con odio profundo apuntándole con la varita. Aunque debía haberla defendido, Nicole se quedó estática después de acabar con el otro joven que la atacaba. Era Sophie Markins. Nicole se sumió en una especie de hipnosis que no la dejaba reaccionar más allá del odio que sentía. La había defendido cuando tenía que haberla matado y ahora no iba a mover un músculo para evitar lo que parecía muy claro. Alrededor todo se estaba relajando y los mortífagos que no estaban siendo capturados o estaban muertos estaban desapareciendo, pero Bellatrix se quedó allí mirando a Andrea apuntándola con la varita mientras la chica sentía un profundo miedo por su vida, después se fijó en Sirius y Remus, muy jóvenes, luchando ahora contra sus compañeros y entendió lo que había ocurrido. Sophie Markins había llegado desde el pasado y ése era entonces el momento para matarla.

No se lo pensó, miró a su alrededor y vio que algunos venían en su ayuda así que blandió su varita y lanzó un hechizo contra la joven que estaba delante de ella. Andrea sintió mucho calor en el estómago y de repente todo se volvió borroso y frío, abrió la boca con el rostro paralizado y llevó sus manos al estómago, las miró despacio y vio que estaban completamente llenas de sangre mezcladas con un líquido negro. Dio un paso hacia atrás sin perder de vista sus manos y cayó al suelo, aspirando una gran cantidad de aire al chocar contra él, como si estuviera agonizando. Se oyó un grito asolador pero no había sido ella sino Remus que inmediatamente olvidó al joven mortífago y cayó de rodillas junto a Andrea intentando tapar inútilmente su herida. Miró a Bellatrix, respirando con dificultad y sintió que un odio profundo recorría cada centímetro de su piel al ver la sonrisa burlona de la mujer, luego buscó una respuesta en la que debía estar protegiéndoles y la vio paralizada, mirando a Andrea como si eso fuera lo que se merecía.

De la misma forma que habían desaparecido, el cuerpo de Lily y James fue tomando consistencia en la puerta de Hogwarts. A Harry le hubiera gustado dejarles dentro pero eso no era posible cuando se trataba de Hogwarts, como bien se había encargado de recordarles Hermione durante años. En cuanto tuvieron plena consistencia Lily agarró a James del brazo para evitar que volviera a marcharse y tiró de él hacia dentro de los terrenos cruzando el gran portal que daba la entrada al colegio, estando allí por mucho que quisiera no podría desaparecerse.

-¡¡Este tío es gilipollas!- fue lo primero que bramó James al darse cuenta de que Harry le había alejado de la batalla.- Se va a enterar ahora.

Volvió a intentar salir pero Lily lo detuvo. Había desaparecido de su rostro la candidez y la dulzura con la que siempre miraba; ver a Harry de aquella forma, a su hijo metido en aquellos problemas y sin embargo preocupándose por ellos y por sus amigos le hizo darse cuenta de que Harry nunca tendría una vida fácil, pero que sería un gran hombre, así que ahora le tocaba a ella cumplir con su parte y hacer lo imposible por mantener a James y a su temperamento en un lugar seguro.

-¿Qué haces?- le gritó a ella soltándose para intentar salir, pero Lily sacó la varita, lanzó un encantamiento hacia la puerta y un enrejado la cubrió impidiéndole salir- Lily, me estás hartando. Tengo que ir allí. ¡¡Voy a matar a Harry cuando lo pille! ¿¿Cómo se atreve a tratarme como un inútil?

-¿Quieres dejar de comportarte como un idiota?- James se dio la vuelta al oír la seriedad y profundidad con la que Lily había hablado- No vas a volver porque no puedes hacerlo.

-Harry no es nadie para sacarme de allí como si no supiera luchar.

-Es tu hijo ¿Te parece que no es suficiente?

-Harry- remarcó muy bien el nombre para que se diera cuenta de que no lo consideraba su hijo- ha sido un imbécil trayéndome aquí. Me he estado preparando mucho, él sabe que soy bueno, pero no quiere que le quite protagonismo. ¡¡Oh, sí! El gran heredero de gryffindor salvador del mundo- ironizó- ¡¡Yo podía estar allí!

-¿Pero de qué vas?- James estaba aluciando con una Lily tan dura con él- ¿Qué le vas a recriminar si es igual que tú? Tan orgulloso y arrogante como tú, James. No, déjame acabar- le interrumpió cuando él fue a abrir la boca- pero al mismo tiempo daría su vida por la gente que quiere, igual que tú.

-Yo no le he traído aquí.

-Porque no has podido. ¿Crees que no me he dado cuenta que le defiendes de forma casi inconsciente? ¿No te das cuenta que si ahora quieres volver allí no es para hacerte el héroe sino para asegurarte que está bien?

James se quedó callado y apartó la mirada de su novia, vacilando un momento sobre la respuesta, pero le pudo el orgullo. Quizá fuera verdad lo que ella acababa de decirle pero no lo iba a admitir.

-Quiero volver para ayudar a Sirius y a Remus, no a tu hijo.- le respondió secamente.

-¿Mi hijo?- Lily se rió cansada, harta de ver que era imposible acabar con el orgullo de James aunque le estuviera demostrando claramente que Harry le importaba.- ¿Por qué eres así? Tanto trabajo te cuesta admitir que es como tú. Que te llevas tan mal con él porque piensas que deberías ser tú el que le protegiera y no al revés. – James se cruzó de brazos e intentó poner una expresión que demostrase que aquello no le importaba y que Lily estaba equivocada, pero no le fue posible- No lo puedes evitar y lo sabes, por mucho que finjas odiarle no puedes engañarnos, ni a mí ni a él.

-No sé de qué me hablas.

-Harry no es idiota, de hecho es tan inteligente como su padre y tú te delatas. Le defiendes en los entrenamientos, le salvaste del ciervo ese y le contestaste a Malfoy el otro día, cuando se supone que a ti te gusta verle humillado, ¡y todo dejándote llevar por tu instinto!.

-¡Yo no tengo ese instinto!- le gritó harto de esa conversación. – Ese niñato no es mi hijo, me trata como un inútil y cree que puede protegerme.

-¡James, eres idiota!- Lily sabía que todo lo que decía no lo sentía de verdad pero empezaba a ofenderse- Si hubieras podido habría sido al primero que habrías sacado de allí, antes que a Sirius y antes que a mí.

-Eso no es verdad- le contestó pero ahora sin gritarle, como un niño que se está rindiendo cuando le pillan en una mentira. – No lo habría salvado antes que a ti- Lily sonrió un poco ahora que él no le veía, no era el hecho de que la hubiera salvado a ella primero sino que diciendo eso le confirmaba que habría ayudado a Harry antes incluso que a Sirius y eso era un privilegio que poquísimas personas en la vida de James podían tener.

James se giró dándole la espalda, había aceptado a regañadientes que Harry le importaba pero no quería ver la cara de madre orgullosa que estaría poniendo Lily y efectivamente no se equivocaba lo más mínimo. Ella se acercó por detrás y le abrazó por la cintura, apoyando su cara en la espalda.

-¿Por qué os lleváis tan mal?

-Yo que sé.- le respondió él cansado aunque agradeciendo el abrazo con unas caricias en las manos de Lily- No me gusta cómo me trata. Yo no necesito que me proteja.

-Ni él que tú le protejas.

-Está bien, pero dejemos el tema- se giró y le dio un beso a Lily en los labios y ella sonrió casi victoriosa- Pero no esperes que no le caiga una bronca por esto, una cosa es que me importe y otra que le deje apartarme como a un inútil.

-Pero...

-Ni se te ocurra decirle una palabra de esta conversación.- ella asintió con la cabeza- Y sigo pensando que no es mi hijo. Ya tendré tiempo para tener uno cuando esté preparado.

Lily lo miró entristecida, había logrado que James le mostrara lo que sentía realmente hacia Harry pero él seguía empeñado en que tendría tiempo para disfrutar de él, lo que significaba que tendría que soportar nuevos combates James vs. Harry.

-Será mejor que vayamos a avisar a Dumbledore de lo que ha ocurrido.

Remus y Harry llegaron corriendo, seguidos de otros miembros de la orden y de Ginny, Ron y Hermione, momento que aprovecharon los seguidores de Voldemort para desaparecer. El Remus joven tenía a Andrea entre sus brazos mientras ella le miraba con los ojos muy abiertos, contrayéndose de dolor sin ser capaz de pronunciar una palabra. La sangre seguía surgiendo a borbotones mientras Remus totalmente impotente intentaba pararla. Remus, después de la carrera imitó a su yo joven y se arrodilló junto a Andrea, dándole pequeños golpecitos en la cara para que no se durmiera.

-Vamos Andy, tienes que aguantar- le susurraba bajo la mirada atónita de su yo joven, que en ese momento estaba pensando lo mismo.- Esto no puede estar pasándote.- Le retiró el pelo de la cara y la acarició pero separó la mano rápidamente al notar un chispazo, no entendía por qué había ocurrido pero no quiso buscarle tampoco una explicación.

-Cariño, por favor, no te puedes morir- le susurró ahora el joven de diecisiete años.

-¡¡Es Sophie Markins!- gritó Nicole detrás de ellos con autoridad, mirándola con aún más odio después de ver lo que acababa de hacer su novio.

Inmediatamente todos los aurores que estaban allí sacaron su varita y apuntaron a Andrea.

-¿Se puede saber qué hacéis?- Gritó Sirius enfurecido al verles. Remus se dio cuenta y se puso de pie, no había oído ni si quiera a Nicole decir que Andrea era Sophie Markins.

-¡¡Bajad las varitas!- gritó con decisión, con casi fiereza. Estaba desesperado, Andrea no podía morir ese día.

Nicole aprovechó que Remus se había levantado y apuntó a Andrea justo al corazón, pero el joven Remus al verla se abrazó a ella, intentando por todos los medios no llorar al verla así, pero dispuesto a defenderla con su propia vida.

-¡Déjala en paz!- le gritó, acercando a Andrea aún más a sí mismo- ¿No ves que necesitamos un medimago? ¡¡Tú la tenías que haber defendido!

-Quítate de ahí, sólo quiero matarla a ella.- Nicole no perdía la determinación en la mirada ni la fuerza en todo su cuerpo.

-¡He dicho que bajéis la varita!- volvió a gritar Remus obligando ahora a Nicole a que lo hiciera, aunque en cuanto él le soltó el brazo volvió a apuntarle.- ¡No tienes ni idea, Nicole!

-Tú no la tienes- le respondió ella- ¡¡Es Sophie Markins!

-Ni se te ocurra hacerle un rasguño- le retó Remus mirándola a los ojos con furia- No sabes nada. ¡¡Nada! ¿entiendes?

Remus volvió a girarse hacia Andrea y Remus. Ahora acompañados del resto.

-Hay que llevarla a la enfermería, Poppy parará la hemorragia.- se dijo a sí mismo, que aún estaba aferrado al cuerpo ya inconsciente de Andrea.

-¿Cómo te atreves?- rugió Nicole por detrás de él sin darse por vencida- ¡Sé por qué lo haces! Ahora podemos ahorrarnos muchas cosas, si no vuelve no hará nada y todos estaremos mucho mejor.

Remus se puso de pie y la encaró, le agarró con fuerza los brazos y la miró fijamente intentando controlarse. No podía permitir que Andrea muriera, todo sería imposible si ella no volvía.

-¿Merece la pena arriesgar tanto sólo porque estuvieses enamorado de ella? – Nicole hizo la pregunta arrastrando las palabras, sabiendo que ella no debía tener esa información, pero doliéndole aún más todo lo que estaba ocurriendo porque al hecho de que fuese ella la que habitaba su mente en los momentos de soledad, se sumaba que fuese nada menos que Sophie Markins.

-¿Qué sabrás tú por qué lo hago?- Remus jamás le había hablado así y nunca le había oído hacerlo con nadie, pero Nicole no se amedrentó. Remus le lanzó una mirada inquisitiva y respiró hondo para concentrarse y sacar de su cabeza las ganas de dejarla inconsciente para que se callara. Cogió una piedra del suelo y la convirtió en un traslador- Llévala a la enfermería. Dumbledore debe estar allí.

Dicho esto, Remus tomó la piedra y desaparecieron de en medio de aquella jaula de varitas que les tenían aprisionados. Nicole intentó volver a abrir la boca, pero Harry que se había dedicado a convencer, sin éxito, a los aurores de que bajaran las varitas le tomó el brazo y la hizo callar.

-Se estaba muriendo, Nicole. No era momento para celos.

-No son celos, Harry – masculló ella sin mirarle- Es vengaza.

Harry se quedó asombrado por la respuesta fría y seca de su antigua profesora y sobre todo por el hecho de que primero la llamara Sophie y no Andrea y luego todo un ejercito de aurores quisiera matarla, pero Remus, agotado y lleno de sangre le miró y negó con la cabeza, señal que significaba que por favor no le hiciera preguntas.

-Vayamos al castillo- le dijo poniéndole la mano en el hombro, pero Remus se encogió como si tuviera ahí una herida- ¿Qué te pasa?

-No lo sé. No tengo ninguna herida pero me siento el brazo muy entumecido. Es extraño.

-¿Dónde están Lily y James?- preguntó Sirius.

-Los dejé en la puerta del castillo. Ahora – Harry cogió su propia varita y la convirtió en un traslador- Vayamos al castillo.

Los chicos y Remus tocaron la varita al mismo tiempo y sintieron como un gancho les tirara del ombligo hasta desaparecer.

N/A: Hola! Uff, por fin he vuelto! Me ha costado un poco porque me quería quedar en el barco para toda la vida, pero que se le va a hacer! Ahora vienen las vacaciones de semana santa y con respecto a eso, los examenes a los que me refería en el capítulo anterior son a los que hacen antes de pascua, no se ha acabado el curso ni nada de eso, aún falta lo más gordo del año

Un beso a todos!