CAPÍTULO 29: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE.
James y Lily habían avisado al director rápidamente. Dumbledore tiró la enorme silla en la que se sentaba al levantarse con tanto sobresalto y salió corriendo junto a los chicos, pero al pasar por la enfermería Lily chocó con Madam Pomfrey que salía como un rayo de allí.
-¡Poppy!- exclamó el director evitando que la enfermera cayera al suelo- ¿qué ocurre?
-Remus y Andrea están en la enfermería, profesor. ¡Andrea está muy grave!- gritó tirando de la túnica del director hacia la enfermería.
Lily y James se miraron y palidecieron en un momento. Lily sintió que el aire dejaba de llegarle a los pulmones y casi perdió el equilibrio por un desmayo provocado por la ansiedad del momento. James reaccionó antes, tiró de su brazo y caminó con paso decidido hasta la enfermería, iba mascullando por lo bajo pidiendo que no le ocurriera nada y maldiciendo no haber estado allí para ayudarla.
Entraron en la enfermería y el blanco reluciente que brillaba siempre en la habitación se vio turbado por un Remus de diecisiete años casi trastornado, paralizado de pie en medio de las dos hileras de camas, totalmente cubierto de sangre y con la mirada perdida, los brazos le caían como si no fueran parte de su cuerpo y el pelo desordenado no era capaz de adornar unos ojos que habían dejado de brillar. James había arrastrado a Lily corriendo por el pasillo pero al entrar y ver a su amigo en un estado tan lamentable se paró en seco, se acercó a él despacio mientras que Lily intentaba ver algo por detrás de la cortina en la que Dumbledore y Madam Ponfrey estaban con Andrea.
-¿Qué ha ocurrido?- preguntó Lily con la voz rota apretando la mano de James.
Remus no respondió, siguió mirando fijamente la cortina blanca como si no hubiera oído una palabra, ella le acarició la cara con la punta de los dedos, debía estar realmente mal para haber dejado a Remus con esa pena tan increíble, las manos le temblaron un poco al rozar la piel de su amigo, pero él seguía sin darse cuenta de nada de lo que hubiera a su alrededor. Remus cerró los ojos muy despacio como si le pesaran toneladas y suspiró profundamente. Su mente se movía a gran velocidad diciéndole una y otra vez que tenía que haberse quedado a su lado, que tenía que ser él el que estuviera allí sangrando como lo estaba haciendo ella, si algo le ocurría sería su culpa, siempre le había dicho que estaría para ella y ahora le había fallado de la peor forma posible, se estaba muriendo y él no había hecho nada. James y Lily tenían la sensación de que en cualquier momento fuera a derrumbarse delante de sus propias narices. La curiosidad por saber cómo estaba su amiga les corroía, pero guardaron silencio sepulcral que casi hacía que los oídos les pitaran, era como estar dentro de una campana de cristal.
El silencio sólo era roto por los murmullos urgentes que se traían el director y la enfermera detrás de la cortina, pero después de unos minutos interminables en los que Remus seguían sin apartar los ojos de las sombras que se dibujaban en la tela blanca que tapaba a Andrea, un barullo se hizo en el pasillo de fuera y se oyó el golpe de la puerta al dar contra la pared. Remus, ahora con bastantes años más, pero la misma preocupación, estaba en la puerta con la cara tan desencajada como el joven que permanecía en el centro de la sala como si no hubiera entrado nadie.
-¿Cómo está?- Preguntó Remus entrando a la carrera. Ni James ni Lily fueron capaces de responder, no tenían ni idea de lo que había pasado ni de cómo estaría. Esta vez no se asombraron de verle, no fue el momento divertido o entrañable que habían tenido en el despacho. Ahora lo importante era que Andrea estaba muy mal, aunque no sabían cuánto.
Detrás de Remus habían entrado Ginny, con una herida en la pierna, Ron que parecía tener alguna costilla rota, Hermione, a la que todavía le sangraba la herida de una cabeza, Sirius y Harry, que habían salido intactos.
-¿Ha dicho algo Pomfrey?- le preguntó Harry a su madre, ella negó con la cabeza.
-¿Qué le ha pasado?- Lily estaba a punto de echarse a llorar totalmente impotente de ver que su mejor amiga estaba tan grave.
-Una mortífaga la atacó- no había sido una mortífaga cualquiera y Harry lo reflejó perfectamente en su tono de voz. No había perdonado a Bellatrix la muerte de Sirius y ahora eso sólo pasaba a engrosar su lista de venganzas.- No pude hacer nada ¡joder! No me dio tiempo a traerles- se lamentó Harry, que se estaba sintiendo muy culpable de lo que le había ocurrido.
James estuvo a punto de decirle algo pero se encontró con la mirada retadora de Lily, que le había adivinado las intenciones, para él Harry era en parte culpable, pero no por no haber llegado a tiempo sino por no haberle dejado allí. Remus había oído a su casi ahijado y había dejado de mirar a la cortina, como había estado haciendo el joven.
-Harry, no seas tonto. Tú no tienes la culpa de esto.
Al salir de la concentración en la que estaba, se fijó en sí mismo, joven, ausente y muy concentrado en donde debía estar su chica debatiéndose entre la vida y la muerte. Se acercó a él y se puso en frente, pero ni con eso consiguió que saliera del estado casi autista en el que se había sumido desde que la enfermera le había arrancado a Andrea de las manos. Era como estar delante de un espejo algo distorsionado, tenía el pelo más castaño, aunque con un largo muy similar, y menos arrugas junto a los ojos, pero sobretodo y a pesar de la pesadumbre del momento, se veía que no había tenido que soportar nada del peso melancólico y triste que él llevaba sobre sus espaldas.
-Remus- era extraño llamarse a sí mismo, pero estaba entrando en estado de shock y había que sacarle de aquello- Remus reacciona- con la mano izquierda le cogió la cara y la fijó en él, tenía los ojos idos, como si no enfocara nada. El adulto intentó agarrarle con las dos manos, pero seguía teniendo todo el brazo derecho algo entumecido como si le pesara el doble de lo habitual
No había manera de sacar a Remus de aquello, simplemente había salido de allí y estaba de nuevo en la batalla, viéndola caer una y otra vez, mirándose las manos asustada al ver la muerte tan cerca. Oyó la risa de aquella mujer que la había llamado Sophie y vio los ojos de Andrea mirándole como si quisiera agarrarse a él para que la salvara, pero no pudo hacer nada más que llevarla a la enfermería y ni siquiera sabía si eso había servido de algo. Sonrió imperceptiblemente como se sonríe en medio de un sueño, al verle el rostro radiante cuando había recibido su regalo, la sintió abrazada a su cuello emitiendo ese calor y ese olor particular que sólo podía encontrar entre sus brazos, pero de repente su sonrisa se transformó en una mueca de miedo y agonía, de dolor mortificante. Ya no le abrazaba alegre sino desesperada, enganchada a su cuello suplicando un minuto más de vida al tiempo.
El ruido de la cortina corriendo en la barra que la sujetaba fue lo único que le hizo volver, parpadeó y quitó de su camino a Remus adulto sin ni siquiera fijarse en quién era. Dumbledore estaba allí de pie serio y preocupado, salpicado de sangre en su túnica y en su barba siempre inmaculada. Detrás de él la enfermera parecía todavía muy concentrada en Andrea. Remus, después de salir de su letargo casi se estrelló contra el director intentando ver qué ocurría detrás de él.
-¿Cómo está?- Remus miró a los ojos a su director, tenía la respiración agitada y por la expresión de su rostro parecía estar a punto de echarse a llorar. No se había sentido tan impotente en su vida - ¿cómo está, por favor?- le rogó arrugando entre sus dedos la túnica morada de Dumbledore.
-Remus, tranquilízate- Dumbledore intentaba pararle en su intento por colarse hasta el cuerpo de Andrea, le pasaba las manos por la cara o le empujaba en el pecho para que no pasara, pero estaba siendo realmente difícil. Le obligó a mirarle, pero aunque su cara estaba enfocada de frente a la del director, sus ojos se iban por encima del hombro de Dumbledore. Antes de empezar a hablar echó un vistazo al Remus adulto que estaba delante de él y que parecía cargar con la misma preocupación, aunque con la calma que sólo dan los años.
-Hemos parado la hemorragia, pero...- empezó a decirle al joven que casi abrazaba y éste se fijó en él, intentando parecer calmado. Dumbledore levantó la cabeza y miró al resto que bebían cada una de sus palabras - pero está muy grave. La maldición era muy dura y sea quien sea se ha asegurado de que quede muy mal. Aquí no podemos hacer nada más por ella.
Fue como si un aire espeso cayera en la habitación haciendo que sus pensamientos fueran más lentos y la respiración más difícil. Tanto un Remus como otro se quedaron petrificados, incapaces de asimilar las palabras que habían oído, la estaban perdiendo. Su niña se iba delante de sus propios ojos y no podían pensar en otra cosa que no fuera recuperarla.
En medio de su inconsciencia Andrea emitió un sonido que no podía haberse calificado como grito de dolor pero que se había parecido tanto al preludio de su marcha que su novio había salido de nuevo del trance en el que estaba y había logrado colarse entre los brazos de Dumbledore para llegar junto a la chica. La enfermera intentó impedírselo, pero Remus tenía mucha fuerza y sólo quería acariciarla, susurrarle que saldría, que estaba allí.
-Déjale, Poppy.- Dumbledore se compadeció de aquel chico que ahora trataba a Andrea como si fuera de porcelana, y a juzgar por el color de su piel y la rigidez de su cuerpo, bien podría decirse que estaba hecha de ese material. El director se giró dando la espalda a los dos enamorados para encontrarse con su antiguo profesor de defensa observándoles como si estuviera dentro de un pensadero, se le habían aguado los ojos y daba la impresión de que sentía celos de sí mismo y quería ser él quien la estuviera consolando como lo estaba haciendo el Remus joven- ¿Quién ha sido?
Remus giró la cara y miró a Dumbledore sorprendido, como si sobrase en esa escena que quería reservarse para él, pero se dio cuenta de que sólo era algo que estaba en su cabeza y que tenía que volver a la realidad.
-Fue Bellatrix- Dumbledore suspiró, como si algo que él hubiese estado temiendo acabara de ocurrir. El resto, detrás de él, no perdía detalle.
-¿Mi prima?- se oyó a Sirius totalmente perdido.
-¡Cállate!- le cortó James, que quería seguir atento a lo que ocurría entre los adultos.
Dumbledore tomó a Remus del brazo para apartarle de allí, pero éste se contrajo al notar el tacto de la mano del director en el brazo dolorido.
-¿Te ocurre algo?
-Nada. No tiene importancia.- Dumbledore lo miró con suspicacia pero se volvió a concentrar en su conversación.
-Esa mujer siempre ha querido matarla ¿Cómo habéis podido dejarlas a solas?- no había reproche en su pregunta sino una lamentación enorme.
-Nicole tenía que protegerles, pero...- suspiró recordando la actitud que había tenido su novia con Andrea- no sé qué le ha pasado. Ha intentado matarla cuando ya estaba herida.
-No puedes reprocharle nada, Remus. El departamento de aurores lleva dieciséis años buscándola con la única intención de matarla.
-Pero es que... era... era como si fuera algo personal.- Dumbledore suspiró y asintió con la cabeza.
-Andrea... bueno... Sophie mató a toda su familia. – Remus se restregó la cara con la mano, lamentando esa noticia tanto por una como por otra.- Ella sólo tenía ocho años; su familia sufrió un ataque, fue algo indiscriminado. Andrea capitaneaba al grupo y Nicole pudo ver cómo los torturaba y los mataba uno a uno.
-¿Y ella?- preguntó Remus después de unos minutos intentando hacer memoria
-Simplemente no la mató. – explicó Dumbledore que conocía la historia de mano de su protagonista- ordenó retirada incluso después de haberla visto. Nicole siempre hubiera preferido haber muerto aquel día también. Ahora sólo quiere matar a Sophie.
Después de que Dumbledore apartara a Remus de donde estaban era imposible que los chicos oyeran una palabra así que se agolparon en el hueco que dejaba la cortina observando a Remus, que estaba medio recostado en la almohada de Andrea susurrando cosas imperceptibles y acariciándole la cara con una mano. Los chicos entraron y observaron el estado de Andrea. Sólo se le veían los brazos, inertes sobre la sábana ahora blanca de nuevo, y la cara, pálida e inexpresiva. Lily no pudo seguir viéndola así, siempre tan risueña y ahora tan... tan... muerta. Se giró y escondió su rostro en el pecho de James que le pasó un brazo por los hombros para consolarla; él tenía los ojos fijos en Andrea, como el resto, incapaz de creerse que le hubiera ocurrido algo.
Sirius se había fijado en Remus, que volvía a estar ausente, sólo concentrado en la chica que se quebraba entre sus dedos. Le dio en el hombro a James y cuando éste le miró le hizo una señal con la cabeza para que se fijase en el estado de Remus. No podían dejarle así.
-Remus- Sirius se había acercado a él e intentaba llamar su atención pero Remus parecía haber enloquecido, no veía más lejos de Andrea y no oía nada más que no fuera su respiración lenta y rítmica- Lunático, por favor, me estás asustando ¡Mírame!- Nada. Remus seguía sin hacer o decir nada.
Sirius se desesperó, no podía permitir que Remus siguiera en ese estado, así que agarró con fuerza el brazo que tenía libre dispuesto a zarandearle hasta que reaccionara, pero a penas había apretado un poco los dedos cuando Remus reaccionó, aunque no como él esperaba. Un fatídico gritó de dolor sobresaltó tanto a Sirius que dio un paso atrás retirando rápidamente la mano de donde la tenía. La única persona que no reaccionó ante aquello fue Andrea que seguía en su estado letárgico en un mundo entre los vivos y los muertos.
La enfermera dejó caer la botella de poción que estaba aplicando en la pierna de Ginny, haciendo que se rompiera en mil pedazos y se giró rápidamente hacia el chico. Dumbledore y Remus, ahora adulto, corrieron aún más la cortina para ver qué había ocurrido. Remus estaba acariciándose el hombro con la barbilla, respirando entrecortadamente como un animal herido, con la mano con la que había estado acariciando a Andrea, se frotaba con suavidad el brazo. Madam Pomfrey no tardó en quitarle la mano con brusquedad y rasgar la manga de su camisa hasta quedarse con ella en la mano.
La mujer se tapó la boca sorprendida de la imagen que el pedazo de tela había dejado a sus ojos. Remus tenía una herida en el hombro, pero en vez de sangrar o mostrar la carne roja, estaba completamente negra. El brazo tenía un color blanquecino, como si llevara horas sin recibir una gota de sangre y cientos de nervios negros se entrecruzaban hasta llegar casi a la mano, era como si un veneno recorriera las venas de su brazo y las dejara ver en ese oscuro color bajo una piel que parecía papel de arroz. Remus se miró tan asombrado como el resto, ahora le dolía insufriblemente, sentía agujas corriendo por sus venas y clavándose en cada uno de sus poros.
-¡Por las barbas de Merlín!- exclamó la señora Pomfrey al recuperarse- ¿Cómo no has dicho nada?
-No... no me había dado cuenta- respondió el totalmente confuso. Había sido herido al inicio de la batalla pero en medio de aquella locura no tuvo tiempo para percibir el dolor y después, no había sido capaz de notar nada que no fuera el desazón que se había afincado en su estómago al ver a Andrea en aquel estado. – Me atacaron, pero...-apretó los dientes para evitar el dolor y sintió que se mareaba.
-¡Pero Lunático!- exclamó Sirius agarrándole por la cintura para evitar que cayera.- ¡Mírate¿Cómo no lo has notado antes?- Sirius no necesitó que Remus le respondiera porque Andrea empezó a convulsionar y a aspirar aire por la boca de forma compulsiva.
-Hay que llevarlos a los dos a San Mungo, profesor- Madam Pomfrey estaba ahora intentando calmar el dolor de Andrea con una poción, pero sabía que era insuficiente- Tienen que ver a esta chica o se nos morirá y Remus tiene el brazo muy mal.
Dumbledore se giró al Remus adulto para pedirle que acompañara a los dos chicos al hospital y se hiciera cargo de que en medio del caos que tenía que estar sumido San Mungo en esos momentos después del ataque, les atendieran lo antes posible y con la mayor discreción; pero Remus se estaba observando su propio brazo, no tenía ninguna ramificación oscura, ni su piel estaba demacrada pero lo sentía pesado y entumecido, era como si estuviera metido a presión dentro de su propia piel. Muy pensativo miró a su versión joven, que ahora se apoyaba en James y Sirius.
-¿Los llevarás?- preguntó el director después de explicarle las condiciones en las que debían ser atendidos en el hospital. Remus abrió y cerró la mano haciendo un gran esfuerzo para ello- ¡Remus¿Se puede saber qué te ocurre?
-Tengo mal el brazo, el mismo brazo pero yo no he sido herido. – susurró sin salirse de sus pensamientos.
-Es algo normal- le explicó Dumbledore- Estáis conectados por una línea temporal, todo lo que le ocurra a él te repercutirá a ti. Si te miras el hombro ahora mismo tendrás una cicatriz. La misma que tendrá él si consigues llevarlos a San Mungo, para que le curen.
La última frase del director había sido un apremio más que notable, pero Remus no se alteró, se desabrochó un poco la camisa y miró su hombro donde efectivamente había una cicatriz justo en el mismo sitio donde el otro Remus tenía ahora su herida abierta.
-¡Remus!- le gritó Harry, harto ya de tanta parsimonia- ¿Quieres reaccionar de una vez¡¡Hay que llevarles a Londres!.
-No puedo- le contestó algo ausente, mirando el cuerpo de Andrea, pero eso fue como si hubiera oído la señal de salida para empezar a correr. Se sintió enjaulado, acorralado en medio de una incertidumbre. – No puedo- ahora se lo estaba diciendo a sí mismo y por el comportamiento que estaba teniendo parecía que no se refería a un viaje al hospital- a ella le ocurrirá lo mismo.
-¿A quién?- la voz de Lily se oyó chillona, fruto de los nervios que estaba sintiendo en ese momento.
-A Andrea- le contestó Dumbledore mirando a Remus suspicazmente- Debe estar muy grave y seguramente no sabrá por qué.
Remus parecía asustado, miró al profesor como si estuviera a punto de contarle un secreto que le había pesado durante mucho tiempo. Respiraba agitadamente y se pasaba la varita de una mano a otra.
-Me voy.
-¿A dónde?- le preguntó Harry asombrado.
-A Elgin.
-Siempre lo has sabido ¿verdad?- Dumbledore y Remus no perdían el contacto visual, por un momento Remus se sintió muy mal por haberle mentido a una persona que había confiado en él como lo había hecho Dumbledore, pero todo era mejor así.
Dumbledore metió la mano en su bolsillo y extrajo el envoltorio de una rana de chocolate, pronunció un hechizo con su varita y se la entregó a Remus, que nada más tocarla sintió de nuevo como si un gancho tirara de su estómago, ya no había vuelta atrás.
-¿Se puede saber dónde está Elgin?- preguntó Ron una vez que Remus había desaparecido.
-En el norte de Escocia- contestó Hermione, que intentaba atar los cabos que se habían soltado en esa conversación sin llegar a ninguna conclusión lógica.
Para ninguno de los que estaban allí aquella información tenía la más mínima importancia, excepto para Harry que sabía que Andrea había estado viviendo todos esos años en el norte de Escocia. Remus adulto se había ido, pero el joven y Andrea seguían allí cada vez más graves, así que Dumbledore tuvo que dejar a un lado sus planes post-ataque.
-Yo los llevaré al hospital. No quiero que salgáis del colegio ¿Me habéis entendido?
El director se acercó a Remus y apoyó el peso del chico en su hombro; Sirius y James le miraron y él esbozó una sonrisa que pareció mucho más una mueca de dolor que un gesto cariñoso, pero ellos le dieron una palmadita en la cara para animarle. Dumbledore desapareció con un nuevo traslador de la enfermería del colegio con Andrea y Remus.
-Chicos, venid aquí que os cure esas herida. –saltó Madam Ponfrey tomando algunas pociones- Desde luego, como sigáis aguantando el dolor de esa manera terminaréis quitándome el trabajo.
La enfermera intentó usar un tono jovial para animar el ambiente de ultratumba que reinaba en la enfermería, pero saltaba a la vista que estaba haciendo un sobreesfuerzo mientras aplicaba un ungüento cicatrizante a Hermione. Harry le iba extendiendo la misma sustancia a Ginny en la pierna y Sirius se encargaba de que Ron no se escapara de la enfermería sin tomarse una poción pegahuesos.
-¿Por qué no vais a dar un paseo por el castillo?- les propuso- Os sentará bien tomar un poco el aire.
Los chicos salieron al vestíbulo más porque la enfermera les estaba empujando que por propia voluntad. Acaban de ver desaparecer a Andrea en un estado lamentable, y aunque sabían que Remus no corría excesivo peligro con su brazo se temían cualquier consecuencia extraña si a Andrea le ocurría algo. Harry tenía dos graves preocupaciones en su cabeza, por un lado estaba Remus, el que significaba un padre en su vida y que había tenido que marcharse a buscar a Andrea en contra de su voluntad, sólo para evitar que sufriera lo mismo que la joven sin tener la menor idea de lo que ocurría, si a la pequeña le ocurría algo no pasarían las cosas horribles de las que había hablado Nicole y que él no conocía, pero tampoco estaría la Andrea de la vida de Remus, la que había añorado esos años y eso le torturaría. Su otra preocupación se llamaba culpabilidad. Remus le había pedido que les sacara de allí y él sólo había logrado sacar a sus padres, no había llegado a tiempo y ahora toda la línea temporal podía estar en peligro.
No era el único que andaba preocupado, el resto estaba en silencio, apoyándose en la barandilla mientras iban subiendo en dirección a la sala común, no tenían ganas de que les diera el aire, realmente sólo tenían ganas de volver a empezar aquel día y que nada de eso se repitiera.
-Es muy raro que atacaran Hogsmeade precisamente hoy ¿no creéis?- observó Hermione que llevaba un rato con el ceño fruncido y la mirada perdida como siempre que estaba maquinando algo.
-Hemos tenido mala suerte- suspiró Ron.
-No creo que sea sólo eso.- Hermione chasqueó la lengua incapaz de dar con la solución. No podía ser sólo mala suerte, en toda la guerra Hogsmeade no había sufrido un ataque de ese tipo y era imposible que fuera casualidad que justo aquel día estuviera lleno de mortífagos.
-Suerte o no, usé mis poderes y no creo que a Dumbledore le guste que Malfoy lo sepa.
A Sirius, Lily y James les llamó mucho la atención lo que había dicho Harry, no tanto porque hubiera usado sus poderes en público sino porque había dicho que Malfoy era un mortífago.
-¿Malfoy, padre del rubiales arrogante?- preguntó James para asegurarse.
-¡Lo mío es una familia y lo demás son tonterías!- exclamó Sirius con ironía y todos sonrieron levemente excepto Hermione que esbozó la típica sonrisa de "he dado con la solución y vosotros no".
-Venga, Hermione, cariño, sorpréndenos con tu solución.- le dijo Ron que la conocía ya muy bien.
-Malfoy nos oyó decir que queríamos ir a Hogsmeade- los demás la miraron sin saber de qué hablaba.- El día que acabamos los exámenes, cuando dijo que Harry era el favorito del profesor Dumbledore.- todos seguían sin recordar- ¡El día que James sacó la cara con Harry!
A James le hubiera gustado en ese momento matar a Hermione de una forma lenta y dolorosa por haber recordado ese episodio precisamente en un momento en el que estaba enfadado con él; no se le había olvidado que lo había sacado de mitad de una batalla, por mucho que Lily le dijera que él hubiera hecho lo mismo, pero ahora Andrea se estaba muriendo y él no había estado allí ni siquiera para echar una mano y todo por culpa de Harry, así que apretó el paso ignorando por completo la conversación que había nacido entre el resto sobre Malfoy.
Entraron en la sala desierta y se tiraron en los sillones como si hubieran corrido durante kilómetros, sus heridas habían cicatrizado casi inmediatamente y Ron, aunque aún estaba un poco dolorido, había mejorado mucho. La conversación había terminado y ahora todo estaba en silencio, cada uno repetía en su cabeza lo que había ocurrido buscando exactamente el punto en el que había podido cambiar los hechos. Harry se había sentado solo, apartado del resto a los que en esos momentos no quería ver. Él era de todos ellos el que más posibilidades tenía de haberlo cambiado todo, ahora no importaba por qué Nicole la había llamado Sophie o por qué todos habían querido matar a Andrea, especialmente Nicole; nada valía más que la culpabilidad que se estaba apropiando de todo su cuerpo y su mente y que le estaba martirizando. Era volver a repetir el sentimiento que había experimentado continuamente durante el año anterior y que todavía a veces se apoderaba de él para gritarle al oído que Sirius no estaba por su culpa.
Ginny se sentó en el brazo de su sillón y le besó el pelo sin decirle una palabra porque lo conocía lo suficiente como para saber lo que estaba pensando. Los demás seguían callados hasta que la curiosidad pudo con Lily.
-¿Qué ocurrió?
-Una mortífaga- empezó a contar Sirius- mi prima Bella creo, estaba luchando con nosotros, Remus y yo estábamos ocupados con otros dos pero Andrea tenía a la auror ésa protegiéndola. No sé qué ocurrió pero cuando me di la vuelta Andrea se estaba desangrando.
Harry desde su retiro suspiró irremediablemente y se pasó la mano por la cara. Había intentado llegar a ellos y al no conseguirlo había mandado a Nicole, confiaba en ella y ahora su antigua profesora devolvía la moneda intentando matar a Andrea.
-Espero que estés contento- James estaba sentado de espaldas a Harry y ni si quiera se dignó a girarse para hacer ese comentario.
-James, por favor- intervino Lily.
James se puso de pie ignorando las recomendaciones de su novia, se sentía impotente y dolido y pensaba que las cosas hubieran sido diferentes si él hubiera estado allí. Quizá podría haberla protegido con uno de esos escudos que había aprendido a hacer o a lo mejor su poder hubiera aflorado al ver a su amiga en peligro, pero ya no podría saberlo porque Harry lo había sacado de allí. Harry levantó pesarosamente la cabeza dispuesto a aguantar una nueva lluvia de barbaridades por parte de su padre, pero ese día no tenía el cuerpo para sus tonterías, Andrea y Remus estaban mal y se culpaba de ello, había visto morir a mucha gente y también se culpaba de ello, porque siempre se repetía una y otra vez que era el único que podría acabar con todo aquello. James era ajeno a toda esa carga, no sabía nada de lo que tenía que soportar su hijo y sólo le importaba que su orgullo estaba herido y sus amigos muy graves.
-¿Te sientes culpable?- le inquirió casi con maldad, necesitaba desfogarse y Harry era el único de todos los que estaba allí con quien lo podría hacer con alguna razón.- Pues me alegro.
-James, no estoy de humor para tus niñerías ¿Te crees que no me siento lo suficientemente mal como para necesitar que tú metas cizaña?
-Sabes que si me hubieras dejado allí, esto no habría pasado. ¡Yo habría cuidado de Andrea!
Harry se puso de pie con cada célula de su cuerpo queriendo golpear a James hasta hacerle callar por decirle todo aquello, él lo había hecho con la mejor intención, y realmente tener a James fuera de todo aquello era lo mejor para todos. Se sentía mal, agotado y con unas terribles ganas de llorar aunque no sabía muy bien si se debían a la furia contenida o a lo mal que se sentía consigo mismo.
-¡No podía dejarte allí! Y si de verdad crees que yo soy el culpable de lo que le ha pasado a Andrea y Remus entonces adelante…
-Mis amigos están graves por tu arrogancia y heroísmo. Sólo has tenido suerte estos años, no eres ningún héroe y por tu culpa Andrea va a morir.
-¡James!- Harry podía haber esperado ese grito autoritario de cualquiera excepto de Sirius- No tienes derecho a hablarle así.
Sirius sabía lo que era que un padre te odiara sin razón y no estaba dispuesto a que Harry siguiese pasando por aquello después de enterarse que no iba a tener la oportunidad de conocer a su padre. James no sabía nada de aquella fatídica historia y se podía permitir el lujo de meter la pata como lo estaba haciendo pero esta vez no contaría con su apoyo. James le miró sorprendido y casi decepcionado, como si fuera la primera vez que Sirius no iba con él al fin del mundo y no era capaz de entender por qué. Sirius era como él, igual de atrevido y estaba seguro de que entendía su postura, y para colmo el resultado había sido nada menos que Remus y Andrea en el hospital.
Harry los vio cruzar las miradas durante unos minutos, el resto no parecía muy contento con él, pero para Harry sólo volvía a haber ese repetido nexo fatal: héroe y culpable. Sin ayuda de nadie había repetido en su cabeza los sentimientos que había tenido después de la muerte de Sirius, ahora además de una vida podría afectar a toda una línea temporal y su padre estaba ahí dispuesto a recordárselo de forma casi diabólica. Ginny le acarició la espalda y notó cómo temblaba, como si pudiera sentir que se estaba desmoronando con cada palabra de su padre al mismo tiempo que ella se enfurecía más y más. Se había estado callando mucho tiempo, sin querer meterse en una familia que no era la suya, pero estaba viendo a la persona que más le importaba en el mundo desmoronarse a cada segundo y no iba a permitirlo.
-Deberías pensar que es tu hijo antes de abrir la boca.- le gritó Ginny.
-¡Entérate de esto!- bramó James soltándose del brazo del que Lily le estaba pellizcando para que se callara- Ya tendré tiempo para un hijo de verdad, para el mío, tendré tiempo de estar con él, no necesito hacer la pantomima sólo para contentar a éste que se supone que debo tratar como a un hijo.
-¡Es que a lo mejor no tienes ese tiempo!
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La bofetada que Ginny le dio resonó en toda la habitación y dejó a James con la cara cruzada palpándose la mejilla en la que había recibido el golpe. Harry no quiso oír más ni ver más de lo que acababa de ver, no le reprochaba nada a Ginny que se había dejado llevar por la misma furia que él estaba sintiendo, pero en él la pena y el dolor eran ya demasiado grandes para entrar al trapo así que se marchó sin decir una palabra. Ron y Hermione intentaron pararle pero él les negó con la cabeza y ellos respetaron su decisión. Ginny se dio cuenta de la grave imprudencia que había cometido cuando vio a Harry cruzar el agujero del retrato, así que subió a su habitación, después de lamentarse por sus desafortunadas palabras aunque no por el golpe que le había dado a James, y que a su entender tanto se merecía.
James se quedó paralizado viendo subir a Ginny, muy confuso por lo que había oído y por lo que había tenido que soportar, tanto que no se dio cuenta que Ron y Hermione subían detrás de la pequeña de los Weasley y Lily dejaba solos en la sala común a los dos merodeadores después de salir por el retrato.
-Por primera vez en mi vida, no puedo decir que no te merecías eso- Sirius se tumbó en el sofá y pasó las manos por la nuca sin dejar de observar a un James más que sorprendido, en el fondo estaba divertido por haber visto al gran Potter recibir aquel golpe de una chica pero sobretodo estaba esperanzado en que eso le hiciese reaccionar, por el bien de Harry.
Harry bajó corriendo todos los escalones hasta llegar a la gran puerta de roble que daba acceso al castillo, la abrió sin ninguna dificultad sólo haciendo uso de sus poderes de heredero y sintió que la brisa fresca le reconfortaba. No había sol, pero lo agradecía, las nubes habían empezado a cubrir lo que había comenzado como un buen día. Se sentó en los escalones de piedra intentando poner en orden sus ideas, convenciéndose a sí mismo de que su padre no era quien le había hablado de aquella forma, que la guerra le había hecho madurar y que le había adorado cuando era un bebé, pero era una tarea difícil cuando sus palabras culpándole de héroe responsable de las heridas de sus amigos le martilleaban las sienes.
Escuchó el repiqueteo rápido de unos zapatos de mujer al dar contra el mármol del vestíbulo. No se volvió pero esperó la caricia de Ginny a su espalda. Notó que la chica llegaba, se sentaba detrás de él unos escalones por encima y le acariciaba el pelo sin pronunciar una palabra. Harry sonrió amargamente, sin necesidad de mirarla sabía que no era Ginny, no era su olor ni su caricia, habría sido capaz de reconocer esas características en cualquier parte, pero no sólo en Ginny. Sabía que era su madre por el aroma que desprendía, una especie de mezcla cítrica que le encantaba y esa suavidad que era perceptible incluso en la caricia más leve.
Lily abrió un poco las rodillas para poder apoyar mejor en ella el cuerpo de su hijo y le abrazó por el cuello transmitiendo una seguridad que Harry no era capaz de encontrar en ninguna otra parte del mundo. Se dejó abrazar, dejó que ella le consolase como a un bebé, acariciando su pelo azabache con su cara. Harry cerró los ojos por un momento y pensó lo maravilloso que hubiera sido tener a Lily toda la vida, curándole una herida cuando se cayera, secándole las lágrimas con las primeras desilusiones o animándole a no temer nada ante algo nuevo; pero no la había tenido así que se obligó a esconder el niño mimado que emergía siempre que ella se ponía así de cariñosa con él y se incorporó un poco separándose de ella.
-No debería avergonzarte sentirte débil con tu madre.
Harry se sentó de lado en el escalón para poder mirarla a la cara mientras le hablaba, parecía triste; los ojos le brillaban pero no era con ese brillo radiante que solía tener. Ver a Andrea de aquella forma le había afectado, habían sido amigas desde los once años y Andrea siempre había sido la fuerte, la que había tirado en los momentos malos y se había burlado de ella cuando se había mostrado débil, con la única intención de fortalecerla. Ahora la débil era Andrea y eso la impactaba. Después había tenido que presenciar un nuevo enfrentamiento padre hijo y ya estaba muy quemada, muy harta de permitir ver a su hijo sufrir sin hacer nada, sin consolarle, dedicándose solamente a cubrir con su cariño lo que James se empeñaba en negar.
-No me avergüenzo- Harry le acarició la mejilla incapaz de mantenerse fuerte ante su madre, real, de carne y hueso- Pero no me gusta sentirme así, sólo me siento así de débil contigo.
-¿Estás bien?- le preguntó con una sonrisa tímida.
-Se me pasará, es sólo que ya me sentía muy culpable como para oírselo a James.
-Lo primero es que no debes sentirte culpable, estoy segura de que hiciste todo lo que pudiste y James se equivoca al llamarte héroe arrogante- Se había dado cuenta de que había sido precisamente esa palabra la que le había destrozado, había estado atenta de su hijo mientras James bramaba su sarta de tonterías y la referencia a su heroísmo lo había dejado fuera de juego, sin fuerzas para contestarle- y lo segundo es que tu padre es tonto de remate, pero no se lo tengas en cuenta.
Harry sonrió y le apretó la mano con la que ella estaba jugando con su pelo.
-Quizá tenga razón. Él no es padre, de repente se ha visto con un tío de diecisiete años que dice que es su hijo y él no se lo esperaba.- Harry lo decía más intentando convencerse a sí mismo que a su madre, pero a ella se le había ensombrecido el rostro y en su mirada había aumentado el cariño hasta un punto que Harry se sintió vulnerable manteniendo el contacto visual con ella.- Ya tendrá tiempo de tener un hijo y yo ya tengo ese padre.
Lily siguió acariciándole ahora en silencio, rumiando algo que por la cara que tenía parecía estar atormentándole. Harry lo había notado pero no alcanzaba a identificar la fuente de su angustia, al fin y al cabo ese día había tenido muchas razones para sentirse así.
-Sabes que no.
-¿Qué?- se sorprendió Harry.
-Sabes que no tienes ese padre.- Harry se irguió un poco y la escudriñó con la mirada, ella parecía haber madurado en cuestión de segundos y daba la impresión de que se estaba quitando un peso de encima.- Hace mucho que supe que nunca conociste a tu padre, ni a mí; que todo eso que me contabas sobre que hablábamos casi a diario o lo buena madre que era, era mentira.
-No del todo. Sólo una buena madre hubiera hecho lo que tú hiciste, pero…- Harry estaba consternado, su madre sabía que moría, lo sabía desde hacía mucho y nunca le había dicho nada- ¿Cómo lo sabes? Y… ¿por qué no me dijiste nada?
-Noté algo muy raro el día que me dijiste que era tu madre, como si no me hubieras abrazado en la vida y quise saber por qué – Harry se sintió avergonzado, él mismo se había delatado, pero había sido imposible ocultar ese sentimiento- sólo leí que James y yo moríamos. No quise leer más.
Harry se sintió tremendamente orgulloso de su madre, tanto que la abrazó con fuerza dejándola totalmente sorprendida.
-Sé que has debido tener una vida dura, e imagino lo difícil que debe ser para ti que James se comporte así contigo, pero no quiero decirle nada de lo que nos ocurrirá. Él es muy impulsivo y seguramente querría cambiarlo todo.
-¿Y tú no?
-Si de alguna forma mi vida sirvió para salvar la tuya, no quiero que cambie absolutamente nada- los ojos se le aguaron, era realmente duro aceptar aquello pero al ver a Harry tan adulto, tan responsable, se enorgulleció muchísimo – En todo este tiempo que me han dado para conocerte me he sentido orgullosa de ti en cada gesto, en cada palabra. Eres un gran hombre, Harry, y cargas un gran peso- A Harry se le debió notar la turbación ante aquello – tranquilo, no sé cuál es ese peso, pero tu rostro lo dice.
Harry le secó las lágrimas que le acariciaban la cara y le sonrió, estaba horriblemente triste pero al mismo tiempo al oír a su madre decir aquellas palabras se sentía realizado, como si todo empezara a tener sentido.
-Sé que James se ha portado mal contigo, pero él no sabe nada. Si lo supiera… seguramente no sería tan idiota, pero… creo que es mejor que todos sigan sin saberlo.
-Sirius, Andrea y Remus lo saben. Lo averiguaron hace muy poco, los días esos que estuvieron tan raros.
-Lo imaginaba.- se callaron un segundo.-Tu padre me matará por esto, pero… esta mañana me dijo que le importabas mucho.
-¿Dijo eso?- Harry estaba asombrado, no se imaginaba a James confesando eso, a pesar de que en las últimas semanas le había visto un instinto protector muy crecido.
-Realmente dijo que te salvaría antes que a Sirius y eso es decir mucho.- Lily volvió a callarse, sonrió mientras acariciaba los rasgos que eran los mismos que los de James- Yo… te quiero muchísimo.
Harry se apretó los ojos con las palmas de las manos para evitar que las lágrimas brotaran. Cuando hubo conseguido mantenerlas a raya, miró a su madre. Ella sí estaba llorando y la abrazó fuerte, intentando guardar en su mente su aroma, el tacto de su piel, la suavidad de su pelo y sobre todo sus palabras, diciéndole cuánto le quería.
N/A:Hola a todos! me echábais de menos? la verdad es que yo a vosotros sí. Me parecía que ya que no escribo nada, al menos debía contestar los reviews, lo que ocurre es que se me está haciendo muy complicado y creo que por ahora la contestación de reviews va a seguir en suspenso. Os merecéis una y mil explicaciones por vuestra paciencia, por vuestras opiniones, por vuestros ánimos y en definitiva por estar ahí, al otro lado de la pantalla esperando que algún día se me ocurra escribir algo, pero la única explicación que puedo ofreceros es que estoy muy liada. Ya no es sólo el tiempo que empleo estudiando (q no es poco), sino el hecho de que tengo la cabeza tan llena de leyes y artículos que no encuentro ni un momento para pensar en el fic. Como ya dije, para escribir se necesita pensar antes, yo en concreto necesito estar metida en la historia, asumir la personalidad de cada uno para saber cómo van a reaccionar y eso no puedo hacerlo de cinco en cinco minutos; todo tiene un proceso y yo ahora mismo no puedo dedicarme a él. De verdad que lo siento en el alma, os aseguro que me duele a mí más que a nadie no tener tiempo para escribir, pero no quiero que cunda el pánico, en este tiempo, aunque no haya subido he escrito algo y prometo que en muy breve habrá otro capítulo con un flash back que me encanta. Una vez más lo siento tremendamente. Un beso a todos
