CAPÍTULO 31: ¿QUÉ NO TE DARÍA YO?
Antes de marcharse Dumbledore les había dado a todos la información necesaria para que pudieran ver Grimmauld Place. A Sirius le pareció algo extraño que tuvieran que decirle la dirección de la mansión de su familia para que pudiera verla cuando había pasado allí más años de los que les hubiera gustado. No había nadie en los alrededores del Cuartel General de la orden y el silencio se apoderaba de ellos en medio de la noche como un compañero de viaje al que no han invitado. Remus Lupin les acompañaba llevando de la mano a la pequeña Sophie, que desde que se había despedido de su madre había perdido cualquier atisbo de alegría que sus ojos de niña podían demostrar ante la presencia de la magia. El joven se había tenido que quedar ingresado para terminar de recuperarse y el resto sentía ese vacío que tanto él como la joven Andrea les habían dejado.
Harry entró en lo que ahora era su casa y sintió una punzada de dolor al escuchar la voz de Sirius de nuevo entre aquellas paredes. Se quedó parado en medio del vestíbulo y esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción cuando James tropezó con un paragüero y la voz de la señora Black no desgarró el silencio de la noche. Al fin aquella arpía había salido de su vida, un estorbo menos que le recordase a Sirius tal y como él no quería recordarle. Sólo quería mantener los buenos recuerdos, los que había vivido con él y los que le contaba Remus, a los cuales ahora habría de sumar los que tendría con el joven Black.
-Decidme, por favor, que el único Black que habita esta casa soy yo. – rogó Sirius casi temiendo que sus padres bajaran la escalera con su porte altivo y la mirada de superioridad que tanto odiaba. – No tengo ganas de verle la cara a mi madre después de haberme largado de casa.
-Tranquilo, Sirius- le terminó respondiendo Remus al ver que Harry se había quedado bloqueado- Tu familia ya no vive aquí.
Y tú tampoco, pensó Harry con amargura, pero la Señora Weasley le interrumpió antes de que pudiera seguir pensando lo mucho que echaba de menos a Sirius.
-¡Ya pensé que no llegabais!- Gritó saliendo de la cocina mientras se secaba las manos con el delantal.
Inmediatamente Ron y Hermione se soltaron la mano como una reacción refleja y miraron al suelo para que no pudiera ver lo sonrojados que se habían puesto. Harry y Ginny, por su parte, no tuvieron ese problema, por un lado porque su relación iba más allá de los tres meses y porque Harry ya había pasado en casa alguna temporada, cambiando el título de "amigo de Ron" por el de "novio de la niña" y por otro, porque desde que Ginny había abofeteado a su padre y había delatado con bastante claridad que Harry y él no tendrían tiempo que compartir, ella se había mostrado algo distante, como si sintiese que antes de acercarse a él debía darle una explicación, pero no había encontrado el momento.
Después de un repaso de besos y achuchones a los Weasley y sus parejas la madre de Ron se dirigió al resto casi con sigilo, como quien va a tocar un objeto tremendamente delicado. Lily era a penas unos centímetros más alta que ella y cuando se colocó en frente, la joven pudo notar cómo aquélla mujer que no había visto en su vida la observaba como a un fantasma. Le acarició la cara con la punta de los dedos bajo la sospechosa mirada de James, mientras que Sirius intentaba variar su atención para que no fuera capaz de atar la gran cantidad de cabos que ya tenía.
-Encantada de conocerla, Señora Weasley. – Lily rompió el hielo con una sonrisa llena de comprensión, como si quisiera decirle que no había de qué preocuparse, que ella ya estaba satisfecha con saber que todo había valido la pena porque había conseguido ver a su hijo, al que ella salvó, convertido en un gran hombre.
La Señora Weasley se dio cuenta de que quizá se había dejado llevar por el hecho de tener a nada menos que a tres personas que estaban muertas justo delante de ella con la edad de diecisiete años, así que se intentó recomponer como pudo y saludó a James y a Sirius, dándole a este último un abrazo más fuerte que el que el joven se esperaba, pero no lo rechazó.
-¿Y cuándo va a venir el anfitrión a saludarnos?- preguntó Sirius mirando hacia la escalera donde esperaba verse a sí mismo de un momento a otro, con algunos años más pero sin perder su maravilloso atractivo.
Remus y Harry se miraron preocupados. La señora Weasley, justo delante de Sirius, no sabía dónde meterse para no contestar a esa pregunta y Sirius empezaba a impacientarse.
-Ahora no estás aquí. – Respondió Remus evitando la mirada de su amigo.
-¿Y dónde está?- intervino James- ¿Y por qué no hemos venido Lily y yo?
-A ver...- la cosa empezaba a tomar un color extraño y Harry no sabía lo que iba a pasar, después de lo de la bofetada James estaba muy receptivo con todo aquel tema, y aunque sabía que Lily y Sirius ya se habían enterado de lo que les ocurría a los Potter, era mucho mejor que el detalle de la muerte de Sirius quedara aparcado- Sirius no vive aquí, ¿en serio pensáis que Sirius viviría en esta casa?- intentó parecer todo lo cómodo que sus recuerdos le dejaban, pero le estaba costando mucho- El tiene un apartamento en el centro y ahora no está en Londres. Está en una misión para la orden.
Sirius se sintió tan orgulloso de sí mismo que no prestó atención a que todo aquello podía sonar extraño, sin embargo James miró a Harry suspicazmente, sin creerse mucho de todo aquello, aunque realmente tenía que admitir que Sirius no estaría muy contento viviendo en aquella mansión y estaba seguro de que debía ser muy propio de él lo de largarse a misiones que luego poder contar a todos.
-¿Y yo? ¿Y Lily?- inquirió James- ¿Acaso somos tan malos padres que no venimos a ver a nuestro hijo?
El tono que usó heló la sangre de todos los que estaban allí, James se estaba acercando peligrosamente y ninguno sabía cómo reaccionar. Sophie, ajena a todo, se fijo en los rostros de los que la acompañaban y luego miró a James como si fuera un bicho raro, lo cierto es que incluso aquella niña podía darse cuenta de que le estaban ocultando algo, así que James insistió.
-¿no me vais a contestar?
-Donde vaya Sirius vas tú.- se aventuró Remus.- Todas las misiones las hacéis juntos desde que salisteis de la academia. – Remus no estaba mintiendo del todo pues era cierto que desde que habían acabado en la academia de aurores, James y Sirius habían estado juntos en todas la misiones. El problema es que ahora no estaba ni el uno ni el otro.
-¿Y Lily?
-James, cariño, esto no es un interrogatorio, si no he venido a ver a Harry será porque estoy en otro sitio. ¿Por qué no dejas el tema y cenamos algo?
-¿No ves que todo esto es muy raro?- le murmuró entre dientes a Lily, pero ella ya sabía qué había de raro en todo aquello y lo único que quería era quitarle hierro al asunto.
-Lily está en París haciendo un trabajo para Gringotts.
A pesar de que sabía que era una enorme mentira, Lily sintió un gran orgullo. Siempre había querido trabajar en Gringotts y al parecer lo había conseguido, había sido poco tiempo pero sabía que algún día tendría una familia con el hombre al que amaba, un hijo precioso que se convertiría en una gran persona y el trabajo que siempre había soñado. A veces la felicidad es efímera pero ella sabía que podría tenerla algún día.
A James no le convenció nada todo aquello que le estaban contando pero la señora Weasley ya empezaba a empujarles hacia la cocina así que no tuvo más remedio que sentarse a la mesa y ponerse a comer lo que parecía una deliciosa cena.
-¿Cómo está Markins?- le preguntó Molly a Remus, apartados de la mesa mientras servían los platos. El tono maternal que desprendía aquella mujer en la gran mayoría de sus comentarios había desaparecido por completo en aquella pregunta, era obvio que para la señora Weasley el ataque a Andrea era una bendición.- ¿Y quién es esa niña?
-Andrea está estable,-replicó Remus marcando mucho el nombre de Andrea- pero no sabemos si se recuperará y esta niña es su hija.
-¿Andrea? Yo estoy hablando de Sophie Markins.- rectificó la señora Weasley, que no estaba al tanto de nada relacionado con Andrea. Remus suspiró algo cansado de que la vida de Andrea, de la que había sido su Andy desde los once años, estuviera nuevamente ligada a esa fatídica personalidad, pero sabía que la señora Weasley no tenía la culpa.
-Molly, es la misma persona. – la señora Weasley soltó la cuchara con la que estaba sirviendo el puré de patatas y lo miró sorprendida. – Además de nosotros, Andrea vino del pasado y fue atacada esta mañana, así que los efectos del ataque se han reflejado en la adulta; esa adulta es la que fue durante la primera guerra Sophie Markins.
-Ojalá no saliera de ésta- murmuró la mujer volviendo a su tarea- así pagaría todo el daño que hizo.- Remus agarró con fuerza el plato para llevarlo a la mesa, contuvo la respiración, ya había olvidado lo acostumbrado que estaba a que el mundo odiara a la persona que él quería- No entiendo cómo has podido saber dónde se escondía esa zorra y no haber dicho nada.
-Eso es algo que sólo me concierne a mí.- le contestó en tono cortés pero sin dejar posibilidad de réplica alguna.
Sin intención de dejar a la señora Weasley recuperarse Remus se alejó de ella y se sentó junto a Sophie y Harry para comer. Movió el tenedor alrededor del plato unas cien veces y pudo apreciar que no era el único, Harry y Sophie tampoco eran capaces de ingerir nada y el resto no era capaz de demostrar su habitual apetito, ni si quiera Ron estaba devorando los exquisitos platos de su madre.
-¿Qué pasaría si Andrea no sale de ésta?
A la pregunta de Lily todos soltaron su cubierto y se fijaron en ella, parecía tremendamente cansada y muy triste, pero se mantenía con una entereza que no parecía propia de una chica en apariencia tan frágil. Después del primer choque, la señora Weasley resopló y siguió comiendo como si esa preocupación fuera absurda.
-Esto... Sophie...- Remus se puso de pie y separó la silla de la niña- creo que es hora de que te vayas a la cama. Ha sido un día duro y mañana iremos al hospital.
-Si vas a decir que mi madre se está muriendo, me gustaría que lo hicieras delante de mí- le respondió ella mirándole con frialdad.
-Nadie ha dicho que tu madre se esté muriendo- intervino Hermione con firmeza- Pero es hora de dormir y punto.
Sophie la miró con los ojos entrecerrados, pero no le quedó más remedio que salir de la cocina. Odiaba los secretos, especialmente si ellos relacionaban a su madre y su estado de salud. Remus la siguió para enseñarle dónde dormiría. Subió las escaleras detrás de ella, callado, pensando en que era asombroso cómo aquella niña había heredado el mismo carácter que Andrea; sus zapatos resonaban contra la madera vieja de la escalera y ella no se tomaba ninguna molestia por evitar que eso fuera así. Al pasar por el descansillo una luna a la que le faltaban pocos días para estar llena atravesó la ventana y les iluminó el camino, junto a ella, la estrella Sirius brillaba con fuerza como cada noche y sin saber porqué Remus echó a su amigo mucho más de menos que lo había hecho desde que había muerto.
-Tú dormirás aquí- Remus empujó una puerta del segundo piso y dio paso a su habitación.- Aquí es donde duermo yo, pero te cederé el sitio mientras estés aquí.
Remus intentó con esa pequeña broma suavizar la tensión que se había generado después de haberla echado limpiamente de la cocina. Cuando pasó a su lado le hizo una caricia en la melena ondulada y la niña giró un poco la cabeza para evitarla.
-¿Y tú dónde piensas dormir?- le pregunto manteniendo las distancias.
-Esta casa es muy grande, no te preocupes por mí. – Realmente Remus no tenía pensado dónde dormiría, porque sencillamente no tenía pensado dormir. Por él se hubiera marchado al hospital para estar allí ante cualquier novedad- Tú ponte esto y acuéstate.
Al abrir el primer cajón de la cómoda, donde guardaba algunas camisetas, para que la niña la usara como pijama, sus ojos chocaron de frente con la caja de madera tallada en la que había guardado bajo llave todos sus recuerdos. Era irónico que justo cuando se decidía a hacerlo, después de tantos años; todo llegara de golpe, arrasando, como si en vez de cerrarla la hubiera abierto al modo de Pandora.
-¿Esto es de la rubia ésa del hospital?- Sophie levantaba en la mano un camisón azul con la punta de los dedos, como si fuera a picarle, y lo miraba como si fuera la cosa más fea que había visto en su vida. - ¿Es tu novia?
-Suelta eso ahora mismo.- le reclamó Remus quitándoselo de la mano. La niña bufó en tono burlesco, como si no le importara nada que él pareciera enfadado. –¿Nadie te ha dicho que no debes ser tan insolente?
-Sí, mi madre, pero ya ves, sigo siéndolo.
-Será mejor que te acuestes, has tenido un día duro.
Remus salió de la habitación con las ganas de haberle echado una buena bronca a la niña. Sabía que su madre tenía la misma frialdad, la misma insolencia, pero él muy pocas veces había sido el blanco de su ira, así que tener a aquella pequeña reproducción de la parte que menos le gustaba de Andrea, le estaba poniendo nervioso.
Entró en la cocina que seguía en el mismo silencio que la había dejado, con la excepción de que ahora estaba allí Arthur Weasley cenando. El resto, había abandonado su plato casi intacto y se miraban los unos a los otros esperando a ver quien era de nuevo el valiente en preguntar. Remus se acomodó en una silla después de saludar al señor Weasley y sintió cómo los ojos de sus jóvenes amigos se clavaban en él como lo hacían en el pasado cuando esperaban una explicación.
-Si vuestra Andrea muriese, – empezó a hablar de la nada- las consecuencias serían fatídicas para todos. Nuestro pasado cambiaría completamente y quién sabe cómo sería todo ahora.
-Seguramente un mundo mejor. – masculló la señora Weasley sin poder evitarlo.
-Pero estoy seguro que no le ocurrirá nada- siguió Remus como si no hubiera oído nada. – Andrea es muy fuerte y tiene muchas cosas por las que salir adelante.
-¿Por qué le afecta tanto a la adulta entonces?- preguntó James- Si no es tan grave no debería afectarle ¿no?
-Nadie ha dicho que no sea grave. Sólo digo que Andy saldrá de ésta.- se recostó sobre el respaldar de la silla con aspecto cansado- Tiene que salir de ésta- termino murmurando más para él que para el resto.
Después de un rato de conversaciones insulsas y cortas, los señores Weasley se marcharon a la madriguera. Nadie de la orden apareció por allí aquella noche, lo cual era muy extraño después de un día como había sido ése, pero Harry estuvo seguro de que Dumbledore había tenido mucho que ver con aquello. Nicole tampoco había aparecido y eso sí era muy extraño porque en los últimos días había pasado allí casi todas las noches, pero Remus, muy a disgusto de la chica, le había pedido que esa noche no la pasara en el cuartel.
Harry estaba tirado con los brazos y las piernas abiertas sobre la cama de matrimonio en la que una vez había dormido su padrino y que ahora le pertenecía. Estaba a oscuras, dejando entrar a través de las ventanas la azulada luz de la luna. Su cuerpo estaba cansado y algo magullado, aunque eso no se lo había enseñado a la enfermera para que no le diera uno de sus ya más que probados potingues, pero a pesar de ello, no era capaz de dormir. Al cabo de un rato oyó crujir la puerta y ni siquiera se inmutó, en esa casa a pesar de los más o menos recuerdos que podía traerle, siempre se sentía seguro, especialmente desde que podía llamarla SU casa.
-¿Puedo pasar?- la voz de Ginny sonó con timidez en medio de la oscuridad.
-Claro, ven aquí- Harry se movió en la cama para dejarle un hueco y ella se sentó en el filo de la cama, como si estuviera avergonzada por algo- ¿estás bien? Llevas toda la tarde muy rara conmigo.- Harry la abrazó por la cintura e hizo que se tumbara a su lado, pero ella no cambiaba su postura distante.
-Esta tarde he metido la pata hasta el fondo.
-¿Lo dices por la bofetada a mi padre?- Harry sonrió imperceptiblemente y se tumbó sobre su costado para verla de cerca- No seas tonta, mujer, si los dos sabemos que se la merecía, aunque claro, no sería yo el que se la hubiera dado.- le dio un beso suave en la frente al ver que en medio de todo aquel lío de ese día ella se preocupaba por lo que él pensaba sobre la bofetada a su padre.- A él seguro que le ha dolido el orgullo más que la cara, pero bueno no todos los suegros se llevan bien con sus nueras.
-Estoy hablando en serio, Harry- siguió ella en el mismo tono.- Esta tarde le he dicho a tu padre que no tendrá tiempo para disfrutar de ti. Llevo meses diciéndote que no lo hicieras y yo lo he hecho en un arrebato.
-No lo hiciste conscientemente. No te preocupes más, cariño. Hoy han pasado cosas mucho más graves que eso.
-¿Pero y si James descubre que está muerto?- insistió ella incapaz de perdonarse.
-Mi padre no es idiota, antes o después lo hubiera descubierto, y ni siquiera sabemos si ha captado la indirecta. – Ginny hizo una mueca de incredulidad con la cara – Está bien, puede que algo haya pillado, pero espero que se lo tome tan bien como mi madre.
-¿Se lo has contado a tu madre?- exclamó sorprendida.
-¡Claro que no! –se defendió él.- Mi madre lo ha descubierto solita, ni siquiera se lo ha insinuado alguno de estos, es más creo que lo sabe antes incluso que ellos mismos.
Harry se tumbó de nuevo mirando al techo; sintió el olor de su madre cuando le estaba abrazando en la escalinata del colegio y sonrió como un bebé cuando duerme plácidamente. Ginny se giró y se recostó sobre su pecho; inmediatamente él dejó el recuerdo de su madre y se centró en ella, en el tacto de su piel, la textura de su pelo. En medio de un día caótico, en el que la pérdida había estado más presente que nunca ahora se sentía completamente pleno, como siempre que estaba con ella.
-¿Entonces no estás enfadado conmigo por lo que le dije a tu padre ni por el tortazo?- le preguntó ella con voz melosa acariciándole el pecho por debajo de la camiseta.
-Si alguien te hubiera tratado a ti como mi padre lo ha hecho conmigo, no se hubiera ganado una bofetada; yo lo hubiera machacado.- le contestó él sin dejar de acariciarle- Y lo que le dijiste fue un desliz; lo hiciste sin pensar.
Harry le levantó la cara y la besó despacio, saboreando cada segundo de calma en medio de una tempestad. Ella, ahora más tranquila consigo misma, captó esa necesidad de su novio de buscar en ella un sosiego que el mundo se empeñaba en no darle y relentizó sus movimientos haciéndolos tremendamente dulces y pausados.
-¿Me prometes una cosa?- le preguntó Harry separándose un poco de ella.
-Si puedo prometerla sí.
-Dime que no volverás a estar en medio de una batalla como esta tarde.- Ginny intentó hablar pero él no le dejó- Ya sé que te has entrenado mucho y hoy has demostrada que puedes hacer grandes cosas, pero yo no sería capaz de verte como Remus ha visto a Andrea esta tarde. No lo soportaría.
-Sabes que eso es algo que no te puedo prometer.- le contestó ella sentándose- Mi familia está en esta guerra, tú estás en el punto de mira; no puedo cruzarme de brazos y dejar que las personas que quiero mueran sin hacer nada. Tú lo has dicho, soy buena, tú me has enseñado a luchar, cariño, no me puedes pedir que me mantenga al margen.
Harry sabía que le estaba pidiendo algo imposible, él jamás lo haría, y de hecho le había costado más de una y más de dos broncas con Ginny, pero es que después de haber visto a Andrea al borde de la muerte no podía parar de pensar que alguna de las personas que él quería podían caer igual que lo había hecho ella.
-Al menos prométeme que no lo buscarás ¿vale?
Ella asintió con una sonrisa, porque eso había sido precisamente lo mismo que le había pedido a él. Volvió a recostarse en su pecho y empezó a notar que el sueño la iba venciendo al mismo ritmo que oía el corazón de Harry.
Al cabo de una hora Ginny estaba durmiendo y Harry seguía mirando al techo con los ojos tan abiertos como los había tenido todo el día, se entretenía jugando con los mechones rizados de su chica mientras pensaba en todas las cosas que le habían ocurrido, en todas las dudas que se habían presentado. Recordó la batalla, a las personas que había visto morir y a Andrea cayendo con una terrible herida en el estómago. Se preguntó porqué Nicole quiso matarla ¿quién sería esa tal Sophie? Y luego estaba la niña, la hija de Andrea; estaba seguro de que Remus tenía que haber hecho un gran esfuerzo en ir hasta allí y ahora estar al cargo de la niña, de una niña que no era suya.
Retiró con cuidado la cabeza de Ginny de su cuerpo y la posó con suavidad sobre la almohada. Con el movimiento, la chica se retorció un poco pero no se despertó, así que Harry le dio un beso en la mejilla y la dejó en la cama mientras él bajaba a la cocina, en busca de un escenario diferente en el que poder encontrar algo de paz que le permitiera dormir.
No necesitaba ninguna vela que le alumbrase el camino porque se lo conocía de sobra. En el vestíbulo algunas velas encendidas flotaban cubriéndolo todo con una tonalidad amarillenta. Escuchó un ruido de cristal desde la cocina y le llamó la atención que alguien estuviera deambulando por allí a esas horas. Abrió la puerta y vio a Remus sentado a la mesa, con un enorme cáliz humeante delante de su cara y una botella de whisky de fuego entre las manos. No hizo nada por esconder que estaba bebiendo cuando vio a Harry en la puerta, ninguno dijo nada. Harry se dirigió hacia el armario de los vasos y cogió uno, sin pronunciar aún ni una palabra, se sentó junto a su tutor y le quitó la botella de la mano para servirse. Remus le miró con sorpresa, intentando poner en su gesto algo de la figura paterna que debía significar para él.
-No me mires así, que menuda te pillaste antes de navidad con los mismos años que yo.- bromeó Harry recordando cómo había terminado el joven Remus en la fiesta del merodeador, aunque tuvo el detalle de omitir que acabó besándose con otra chica delante de Andrea. Al ver la cara que ponía sonrió- Mejor que no lo recuerdes, no sabes la que montaste.
-Si yo no digo nada.- le contestó él recuperando su botella y dándole un gran trago- Ya eres todo un hombre para saber lo que debes hacer, pero no debes recurrir a esto para solucionar los problemas que no te dejan dormir.
-Un gran consejo- Harry le dio un trago a su vaso y aspiró profundamente para refrescarse el esófago después de la sensación de calor que el licor le había producido. – pero quizá también te lo deberías aplicar tú ¿no crees?
-Ey, mocoso, aquí el adulto soy yo.- bromeó Remus- y ahora cuéntale a tu tío Remus por qué no puedes dormir.
-¿Tú qué crees?- Remus se encogió de hombros para darle pie a hablar- El ataque ha sido un golpe muy duro. Yo convencí a Dumbledore de que saliéramos, dije que no pasaría nada y fui yo quien envió a Nicole a que les protegiera.
-Ya te dije que tú no tienes la culpa. La mitad de la orden del fénix estábamos allí y ninguno pudimos ni preverlo ni evitarlo. Lo de Nicole es otra historia.- se paró unos segundos antes de continuar hablando- Harry tú no eres el salvador del mundo, no tienes que cargar con ese peso.- Remus le posó la mano en el hombro mientras Harry apuraba su vaso, ahora sin ninguna mueca por el sabor.
-Eso es fácil decirlo para ti- Harry se restregó la cara con la mano, cansado de todo lo que le estaba tocando vivir. –Veo en el hospital gente que me importa, veo luchar a los que quiero y tengo miedo de que caigan ¿y qué puedo hacer? ¡Nada! Me entreno continuamente para luchar una batalla que no me dejáis luchar.
-Harry no pienses que voy a permitir que te enfrentes a Voldemort. No estoy dispuesto a perderte.
-¿Y estás dispuesto a perder a los demás? ¿a Nicole?- se calló unos segundos, porque sabía que Remus estaba dispuesto a perderlos a todos excepto a él, a lo único que le ligaba a sus amigos, a su verdadera familia, pero encontró otro punto débil. -¿Estás dispuesto a perder a Andrea?
Remus le miró inquisitivamente, como si le reclamara que le hiciera esa pregunta. Tenía muy clara la respuesta, pero era el hecho de que Harry hubiese dado en el clavo con su debilidad. Se dejó caer un poco sobre la mesa, dio un trago a la botella y pasó el dedo por el borde del cáliz que contenía la poción matalobos.
-Estaría dispuesto a perder al mundo entero, a todos incluida Andy, si con eso supiera que te mantendrías vivo.
Harry sintió una punzada en el corazón, como si esas palabras fueran las que siempre hubiese deseado oír de su padre. Le miró fijamente, casi conteniendo las ganas de abrazarle, no tenía los ojos avellana ni el pelo azabache, ni usaba gafas, no era su padre, pero era lo más parecido a uno que había tenido en su vida y ahora podía sentir cómo sufría.
-Mis padres estaría muy agradecidos si supieran lo buen padre que eres conmigo.- Remus estaba suficientemente sensible ese día como para oír a Harry diciéndole algo así. Se apretó los ojos con los dedos para evitar que salieran las lágrimas y le sonrió.
-Tu madre ya me ha dado las gracias. La primera vez que la vi en el despacho de Dumbledore me dijo "simplemente gracias", pero no las merecen.
-Mi madre sabe que morirán, sabe que me dejarán solo con un año, pero creo que piensa que Andrea, Sirius y tú me cuidaréis.
-¿Cómo lo ha sabido?
-No lo sé, me lo ha dicho esta tarde. Lo descubrió hace tiempo, pero sólo sabe que mueren, dice que no quiere saber nada más.- Harry volvió a quitarle la botella de whisky y a servirse otro vaso, ahora sin que Remus le recriminara nada- Cada día que paso con ella me duele más no haberla conocido.
-¿Y James?
-Mi padre no sabe nada, aunque no creo que tarde mucho en saberlo. Ginny hoy le ha dado un tortazo y le ha dicho que aproveche el tiempo conmigo porque no lo tendrá.
-Suficientes pistas para la cabeza de tu padre. Aunque sería mucho mejor que no lo supiera, es muy impulsivo. Sólo lo vi centrar la cabeza cuando llegaste a casa en brazos de Lily.- Harry sonrió levemente- Hizo a Sirius arreglarse y bajar los pies del sofá, recogió todas las revistas de quidditch que normalmente adornaban el suelo de tu casa y arregló toda la casa. Harry, no quiero que te quedes con la imagen de tu padre que este James te está mostrando.- Harry quitó la cara y se concentró en su vaso- Mírame- le tomó la cara e hizo que le mirara de nuevo- Tu padre te quería más que a nada en el mundo, pasaba cada segundo que tenía libre contigo y no había padre más orgulloso que él ¿entiendes?
Harry asintió con la cabeza, necesitaba cambiar de tema y sabía que tenía que hablar con Remus sobre lo que le ocurría a él, o terminaría llorando, cosa que no le apetecía en absoluto.
-¿Dónde estaba Andrea el día que yo llegué a casa?
Remus había cambiado ya la botella por la poción, pero la pregunta hizo que el líquido se atrancase en medio de la garganta y no le dejara respirar. Como pudo bajó el trago de poción que había tomado y lo miró en silencio.
-Andrea no iba a tu casa. No podía ir. James la hubiera matado.- Harry abrió los ojos esperando más y más información, pero Remus guardó silencio.
-¿Por qué?- insistió el joven.
-Andrea... bueno, Sophie, como has podido comprobar que la llamaban todos, fue una mortífaga durante la primera guerra.- Harry abrió la boca sorprendido, ya se había imaginado algo cuando vio a Nicole y al resto de aurores reaccionar de aquella forma, pero no se hacía a la idea, de que la chica que él conocía terminara siendo una mortífaga.- De hecho, Andrea fue la mano derecha de Voldemort, la mortífaga más fría y cruel. La que capitaneaba sus comandos más sangrientos.
-Eso es imposible.- Remus giró un poco la cabeza para mirarle a la cara, parecía que iba a continuar hablando, como si lo necesitara, pero no lo hizo- ¿Y vosotros seguíais juntos?
-Eso es alguien que no sabe nadie, pero viéndonos más o menos y siempre a escondidas seguimos teniendo una relación algo extraña durante años, incluso después de que huyera tras la muerte de tus padres.
-¿Y por qué no la entregaste? Sabías dónde estaba.- No había ninguna recriminación en las palabras de Harry, simplemente sorpresa. Sabía que durante años había creído la versión de Sirius asesino y lo habría matado con sus propias manos de no ser porque descubrió a tiempo la verdad. Ahora no entendía cómo podía haber mantenido una relación con una mortífaga.
-¿Entregarías tú a Ginny?- Remus tenía razón, él sabía que Ginny podía convertirse en el mismísimo Voldemort y él nunca podría entregarla, pero le seguía sonando extraño.
-No, no lo haría, pero ahora Andrea ha vuelto. ¿Qué vas a hacer?
-Por lo pronto, desear que salga de ésta y después... No lo sé, ni si quiera sé si quiero verla. Y respecto a entregarla... Dumbledore es quien se encargará de ese tema.
-Nicole parecía muy interesada en acabar con ella.
-Nicole tiene motivos muy personales contra Andrea, bueno para ella es Sophie, pero no deja de ser la misma persona, con distinta apariencia. – La cara de Harry reflejó su confusión- Sophie tenía el pelo corto y rubio, tal y como lo tiene ahora Nicole y era fría, perversa, dura como una piedra y maquiavélica. No hace falta que te diga como es Andrea porque ya la conoces.
-No sé qué debes hacer con Sophie, al fin y al cabo fue una asesina que merece la cárcel; pero quizá deberías hablar con Andrea. – Harry se levantó con intención de dejarle de nuevo solo- Tú sabes que pocas cosas han cambiado, he visto cómo mirabas a la joven y no sé cuál sería la solución, lo único que te digo, que Nicole está en tu vida y que no merece sufrir.
Remus asintió sin mirarle mientras Harry se dirigía a la puerta. Cuando la oyó cerrarse guardó la botella de whisky y se concentró en tomarse la poción, un asqueroso brebaje que le tomaba bastante tiempo y que en ese momento, en vez de formar parte de la rutina de su vida, se reflejaba como la maldición de su vida. La que le había servido para alejarse de lo que más le había importado.
Después de que Harry se hubiera marchado a dormir, Remus siguió en la cocina, sentado en medio de la oscuridad intentando poner algo de orden en todo lo que había ocurrido en ese día. Había sido un día duro, un mal cumpleaños para Andrea y para todos y lo peor es que había vuelto el fantasma de su vida y ahora todo volvía a descolocarse. Pasó la mano por el filo de la copa humeante con la mirada perdida en algún punto de la cocina en penumbras. Pensó en la joven Andrea con la que había hablado a través del espejo, la que desde la inocencia de una vida sin complicaciones le había prometido que le esperaría siempre, la que ahora se debatía entre la vida y la muerte en una cama del hospital, haciendo pender de un hilo excesivamente frágil toda la historia.
El ruido de la puerta le sobresaltó en medio de sus pensamientos, en un primer momento creyó que volvía a ser Harry que no podía dormir o que simplemente quería hacerle compañía sabiendo que él efectivamente no conseguiría cerrar los ojos aquella noche, pero se equivocó, en vez del joven al que consideraba casi un hijo, era Sophie la que estaba en la puerta mirándole fijamente y con la expresión más triste que le había visto en ese día y que para su desgracia era exactamente igual a la que le aparecía a Andrea en la cara cuando se sentía así.
-¿Puedo pasar?- la voz le salió en un hilo débil pero sonó con fuerza en aquella cocina antigua y ahora casi desierta.
-¿ya no estás enfadada?- la niña agachó un poco la cabeza -Claro, pasa- le contestó Remus separando la silla que estaba a su derecha para que la niña se sentara.
Cuando Sophie entró y la puerta de la cocina se cerró la luz que llegaba de los candelabros del comedor desapareció y todo volvió a quedarse a oscuras así que Remus movió su varita con un gesto mecánico y las velas que había en el centro de la mesa se encendieron.
-¿Tampoco puedes dormir?- le preguntó ella sin retirar la mirada asombrada de las llamas recién aparecidas sin necesidad de mechero o cerilla.
-No, va a ser complicado descansar esta noche. ¿Tú estás bien? - Sophie negó con la cabeza mirando al suelo avergonzada de haber empezado a llorar.- Ey, mírame.- Remus le tomó por la barbilla y le levantó la cara para que le mirara. Al hacerlo sintió un escalofrío por la espalda, un extraño dejavü que le transportó a su juventud.- Tu madre se pondrá bien enseguida. No tienes nada de qué preocuparte, pronto estaréis de nuevo en casa con tu padre.
-Mi padre no vive con nosotras. Pero yo quiero ver a Marc.
Si el día no estaba siendo suficientemente complicado, Remus sintió que aquel embrollo era lo último que necesitaba para aumentar su confusión, pero una curiosidad impropia de él le guió.
-¿Quién es Marc?
-Es... mmm...- Sophie sonrió un poco, algo confundida- Es algo así como mi padre, pero no es mi padre. Es extraño.
-Mejor no me lo cuentes.- Remus le dio un sorbo a la copa y la racionalidad se apoderó de él.- Quizá deberías avisarle ¿no crees? Se preocupará cuando vaya a casa y no os vea ni a ti ni a tu madre.
-¡Es verdad!- Sophie se dio un golpe en la cabeza, por no haber caído antes en eso- Llevaba todo el día preparando el cumpleaños de mi madre. Debe haberse asustado al no vernos. ¡Lo llamaré por teléfono!
-Aquí no hay teléfonos, Sophie.- le cortó Remus al ver que se dirigía hacia la puerta de la cocina para buscar un teléfono.- Los magos nos comunicamos por lechuza o por polvos floo- La boca de Sophie se volvió a abrir de sorpresa como ya lo había hecho varias veces en ese día.
-No creo que a Marc le guste ver una lechuza en su ventana, pero ¿eso de lo polvos floo?
-Tampoco creo que le guste ver tu cabeza en una chimenea.- bromeó Remus. Sophie empezó a reírse, dejando a un lado la tristeza que la había conducido a la cocina- cuando te ríes estás mucho más guapa. Mañana buscaremos un teléfono y podrás hablar con él.
La niña volvió a ocupar su asiento junto a Remus y por unos minutos ambos guardaron silencio, como si hubiese surgido entre ellos una complicidad que ninguno de los dos buscaba. Después de un rato así, en silencio y completamente inmóviles, Remus apuró la poción de la copa.
-¿Qué es esa cosa?- le preguntó ella.
-Digamos que estoy algo así como enfermo y necesito tomarme esta poción.- Sophie le miró preocupada y se dio cuenta que efectivamente no tenía muy buena cara. A pesar de que todavía faltaban unos cuantos días para la luna llena, su rostro ya empezaba a mostrar los síntomas de su futura transformación.
Como si con esa información se sintiera más unida a él o quizá por el mero hecho de que en esos momentos necesitaba algún gesto de cariño, Sophie dejó caer su cabeza sobre el brazo de Remus, que en un primer momento se sintió incómodo, confundido sin ser capaz de reaccionar, pero era sólo una niña que tenía a su madre enferma y que necesitaba consuelo, así que le pasó la mano por el pelo con suavidad.
-¿Por qué llamaste Andy a mi madre esta tarde?- le preguntó sin levantar la cabeza- Nadie la llama así.
-Yo sí.- respondió Remus sin mirarla, sonriendo con amargura- Yo soy la única persona que la llamaba así. Ya te dije que tu madre y yo somos amigos desde hace muchos años.- su mente lo devolvió al pasado por enésima vez en ese día, pero esta vez el recuerdo era feliz- Tu madre era sólo un poco mayor que tú cuando nos conocimos, íbamos al mismo colegio y cuando entramos el primer día yo no conocía a nadie allí, así que me senté solo a cenar; estaba un poco asustado porque yo no solía ser bueno para eso de hacer amigos. Tu madre me vio solo y se sentó a mi lado con una sonrisa. Estuvimos hablando de muchas cosas y nos caímos muy bien. Fue la primera amiga que tuve en mi vida. Al día siguiente cuando la vi en la sala común la llamé "Andy", lo hice sin pensarlo, realmente cuando he intentado buscarle una lógica no la he encontrado, ella se giró sonriendo y me dijo que nadie la llamaba así pero que a mí me dejaría, así que desde entonces no he sido capaz de llamarla de otra forma.- Remus se perdió en un punto inexistente entre las sombras de la cocina antes de hablar con una especie de nostalgia – y al parecer ella no ha dejado que nadie lo haga.
Sophie no contestó durante unos minutos, siguió apoyada en el brazo de Remus en silencio.
-Mi madre debía quererte mucho.- terminó susurrando.- ¿Fuisteis novios?
-¿Novios?- Remus se calló unos segundos, no habían sido nunca exactamente novios y no sabía muy bien qué versión quería dar Andrea así que prefirió ser riguroso en la interpretación de la pregunta- No, nunca fuimos lo que se dice novios ¿pero porqué dices que tu madre debía quererme mucho?
-Mi madre nunca me llama Sophie- la niña levantó la cabeza y le miró a los ojos- Ella siempre siempre me ha llamado Andy, por eso me sorprendió que tú la llamaras así. Ella dice que ese nombre representa la parte más maravillosa de su vida, que todo lo bueno que le ha pasado está relacionado con él y que como yo soy lo mejor que le ha pasado pues me tiene que llamar así.
-¿Entonces por qué te llamas Sophie?
Esa era la misma pregunta que le había hecho ella a su madre y no tenía más respuesta que la que ella le había repetido cientos de veces, así que se encogió de hombros, a sabiendas de que la respuesta no era precisamente convincente y habló.
-Mi abuela se llamaba así y es el segundo nombre de mi madre. No sé, eso es lo que dice siempre ella, aunque a mí no me convence mucho, la verdad.
N/A: Hola a todos! Esta vez no he tardado nada; lo cierto es que ahora estoy algo más libre así que espero que para la siguiente vez pueda contestar los reviews.
Como siempre un besazo enorme y agradeceros el seguir ahí.
