La habitación era oscura y estaba pobremente iluminada, las telarañas y el polvo cubría los muebles antiguos y el suelo de madera crujía con los mínimos movimientos que hacían sus habitantes. En medio de la habitación Lord Voldemort, vestido con una túnica oscura, miraba con asco a los dos mortífagos que se arrodillaban a sus pies y que tenían que darle explicaciones por el último ataque en el que habían perdido más de lo que habían ganado. Su enorme serpiente estaba enrollada a sus pies y lanzaba la misma mirada rojiza al hombre y la mujer que hacían milagros por no moverse ni si quiera al respirar.
-Era un ataque por sorpresa, nadie sabía nada.- empezó a sisear- Potter y esos misteriosos amigos de los que ha hablado tu hijo estaban allí y habéis fallado estrepitosamente. ¿Qué tenéis que decir a eso?
Lucius Malfoy levantó la cabeza unos centímetros, sin atreverse a mirar a su señor a la cara. Ya no iba cubierto por la máscara, pero por la apariencia andrajosa y sucia, podría decirse que no había podido arreglarse después del ataque.
-Mi Señor, había aurores por todas partes, y la Orden del Fénix estaba allí. Ese vejestorio del director no dejó salir a su cachorro sin protección. El ataque fue efectivo entre la población, pero estaban muy bien preparados y hemos perdido a muchos.- Voldemort paseó furiosamente por la habitación haciendo resonar sus pasos, de repente se giró y blandió su varita contra el mortífago que gritó de dolor.
-Eso ya lo sé, estúpido.
-Amo- intervino Bellatrix Lestrange- al menos tenemos información interesante- la mortífaga tampoco se atrevió a mirar a su señor a la cara.
-Habla.
-Esos amigos de intercambio de los que hablaba el hijo de Malfoy son Black, Lupin y Markins.
-¿Me has tomado por estúpido, Bella?- gruñó levantando de nuevo la varita.
-No, no, no- lloriqueó la mujer para evitar la ira de su señor- Es cierto, son más jóvenes, vi a Lupin, al adulto, al que lucha contra nosotros normalmente, pero también estaba uno más joven abrazando a Markins después de que la atacara.
-Mi Lord- Malfoy se había recuperado y volvía a hablar con dificultad- Algunos de nuestros hombres aseguran que Potter hizo desaparecer a un moreno que se parecía mucho a él y a una chica pelirroja. Visto lo visto pensamos que deben ser sus padres. Creemos que han venido del pasado, no sabemos si por error o porque Dumbledore los haya traído por alguna razón.
Voldemort se quedó pensando unos instantes. Ésa era una buena noticia, si los Potter estaban allí y ahora, matarlos sería el fin de todos sus problemas, no habría un fatídico día de Halloween en el que lo perdió todo y ahora sería el dueño del mundo.
-Ése viejo nunca se atrevería a influir en el tiempo. Sabe que es tremendamente peligroso y que podría ponernos en bandeja a los Potter y toda la historia.- los dos mortífagos siguieron arrodillados en una reverencia continua mientras Voldemort reflexionaba.- Vuestra información os ha salvado de un castigo horrible. Malfoy, márchate.
-Amo, aún hay más.- el silencio lo invitó a continuar- Durante el ataque Potter dejó a un lado su varita.- Voldemort torció el gesto como si eso fuera una apreciación estúpida- Era capaz de hacer magia sin un canalizador y era aún más fuerte de lo que lo es con su varita. Lo vi crear escudos de energía poderosísimos y dejar k.o. a hombres hábiles.
-Está bien, Malfoy, ahora márchate.- Voldemort contenía las palabras como si le faltase el aliento. Era como si de repente un fantasma que llevaba años esperando se apoderase de su cuerpo para mortificarle, pero tenía que seguir aparentando su grandeza.
Malfoy se levantó e hizo otra reverencia antes de salir y dejar allí a Bellatrix, todavía con una rodilla hincada en el suelo y la cabeza agachada.
-Levántate- le ordenó después de sentarse en el enorme sillón que habían en el salón.- Antes has dicho que Markins estaba entre ellos. Habla.
-Al principio me sorprendí. Hace dos semanas encontré su escondrijo y le hice una visita. La torturé lentamente como usted me había pedido, sufrió como no lo había hecho y dejé que muriera lentamente. Cuando la vi otra vez delante de mí como si no hubiera ocurrido nada, pensé que era un fantasma pero entonces vi a Black, tal y como era antes de entrar a Azkabán y até los cabos.
-¿Qué hiciste con ella?
-Está muerta- la soberbia con la que dirigía su vida la inundó; levantó la cara y se dignó a mirar a la cara a su señor que en ese momento había vuelto a ponerse de pie.
Odiaba a Sophie Markins por encima de todas las cosas, por haberle quitado el puesto que le correspondía por derecho por su sangre limpia, la odiaba por haber traicionado a su señor en el último momento. Sin a penas unos segundo para reaccionar Voldemort le había cruzado la cara de una bofetada que le hirió más el orgullo que la piel.
-Estúpida arrogante.- siseó- Si hubieras matado a la joven Markins ¿crees que ahora mismo estaríamos escondidos como ratas?- Bellatrix agachó la cabeza consciente de su error- ¡Nada ha cambiado!
-La mataré- murmuró Bellatrix- Mataré a esa Markins como maté a la otra, regodeándome en su dolor.
-Eso espero.- sentenció- o si no, seré yo quien se regodee en el tuyo. Ahora lárgate.
Cuando Bellatrix cerró la puerta, Voldemort se dejó caer en el sillón y su serpiente se arrastró hasta colocar la cabeza sobre sus huesudas rodillas, como haría un perro fiel.
-Las noticias de Malfoy no nos traen nada bueno, Nagini, si Potter es capaz de hacer lo que dice sólo puede significar una cosa.- un gruñido desesperado le rompió la garganta sobresaltando a la serpiente- Si no tenía bastante con la asquerosa profecía, encima ese maldito niñato es también el heredero de Gryffindor.- Enfadado con su mala suerte se puso de pie y paseó por la habitación torturando el suelo con sus pasos decididos.- Ese viejo cree que me puede vencer, sabe que ha reunido en la misma persona al que se supone que será mi caída y al heredero de ese león andrajoso, pero no tiene nada. No tiene ni idea de cómo acabar conmigo. ¡¡Yo soy el heredero de Slytherin! Yo encontré la solución a la muerte y ahora la única persona que podría ayudarle está muerta.
Se apoyó en el respaldar del sillón y perdió la mirada en el hueco de la chimenea ahora apagada. Habían pasado años desde la anterior guerra pero a diario las imágenes le sobrevenían mostrándole que había rozado la grandeza y había caído al vacío.
-Esa zorra de Sophie Markins está donde se merece. Muerta. La convertí en mi más fiel compañera a pesar de ser una sangre sucia, vi en ella mi reflejo, mi maldad y mi odio por el mundo y ella me lo pagó con la traición.- Se maldijo a sí mismo por no haber sido capaz de verlo venir, por haber confiado demasiado en ella a pesar de haberle guardado siempre secretos como el hecho de que Pettigrew trabajaba para él- Dumbledore ha dejado escapar la oportunidad de contar con la más entendida en la herencia de los fundadores. Me di cuenta tarde de que ella sabía más que yo, pero ahora sus conocimientos se esconden tras su tumba. – Respiró profundamente y alzó la cabeza con suficiencia, dándose cuenta que él tenía el conocimiento, el poder para vencer en aquella guerra y llevarse consigo al odiado niño Potter- sin ella, Potter no tiene ninguna oportunidad, sin ella yo seré el heredero vencedor, el más fuerte, el que se alzará con el mundo y lo limpiará de escoria traicionera como esa asquerosa zorra que ahora se pudre por ingrata.
Andrea había acabado el colegio y había entrado en la academia de aurores con James y con Sirius, con el que compartía piso mientras Remus recorría Inglaterra de trabajo en trabajo. Las circunstancias la llevaron a acabar la carrera en tan sólo un año, mientras que el resto empleaba dos y usó ese año en relacionarse con el lado oscuro hasta ganarse la confianza de Voldemort. El mundo le daba la espalda, alejaba continuamente lo único que daba sentido a su vida: Remus. Sus padres habían muerto y su hermana seguía en Hogwarts así que su familia eran sólo sus amigos y los apartó como quien pasa la página de un libro para adentrarse en el lado más oscuro de la magia. Creció entre los mortífagos destacándose en magia negra hasta que llamó la atención de Voldemort y la adentró en su círculo. Llegó a ser la más perversa, la más cruel y la más temida dentro y fuera del círculo de Voldemort. Tanta admiración se ganó que Voldemort le pidió que investigase para él todo lo relacionado con los herederos de los fundadores de Hogwarts, con aquellos que podían hacerle sombra, especialmente con el de Gryffindor, y así fue hasta el final de la guerra. Ahora Voldemort recordaba cómo había confiado en ella y la había admirado por su grandeza y su frialdad y cómo ahora se regocijaba por su muerte. Desdichadamente para él, Andrea no estaba muerta.
La noche había sido larga y a la mañana siguiente Harry y Remus entraron en la cocina con el pelo mojado después de una ducha que les despertarse un poco, Remus le dio un toquecillo cariñoso en la cabeza para saludarle cuando se encontraron en la puerta de la cocina y los dos entraron para ir preparando el desayuno, como buenos anfitriones. La luz de la mañana iluminaba ya la habitación y en el fregadero todavía quedaban los restos de una noche de recuerdos, unos vasos que olían a whisky y una botella vacía.
-¿Mucha resaca?- preguntó Harry socarronamente mientras fregaba los vasos con un movimiento de sus manos.
-Yo sé beber, no como otros.- Harry lo miró sorprendido, más haciéndose el loco que otra cosa- sí, sí, no me mires así que te vi llegar este verano después de tu cumpleaños.
Harry y Remus empezaron a reírse, un remanso de tranquilidad, de familiaridad en medio de una guerra que les estaba consumiendo a ambos, que les dejaba sin dormir, pero que al menos les permitía disfrutar el uno del otro en contadas ocasiones. El buen ambiente fue roto por la entrada a la cocina de la figura encorvada y consumida de Kreacher. Harry seguía sintiendo un nudo en el estómago cada vez que lo veía deambular por la casa, pero sabía que no podía echarlo de allí, sólo podía hacer cuanto estuviese en su mano para que no repitiera la operación de marcharse a casa de los Malfoy.
-Asquerosos sangre sucia y traidores de la sangre, quemaron el retrato de su ama, obligan a Kreacher a servir a otra familia que no es la noble y honorable familia Black.
-¿Qué protestas?- le espetó Harry al oírlo refunfuñar. Kreacher lo miró con asco y siguió deambulando por la cocina haciendo como el que limpiaba algo.
-Traen a más gentuza y llenan la gran casa de los Black de escoria. Ahora más niñatos en las habitaciones de mis señores. Todos tenían que haber muerto como el traidor.
Harry sólo llegó a entender la última frase pero fue la gota que colmó el vaso, su buen humor se había disipado y el recuerdo de Sirius le embargó en forma de ira. De un movimiento de mano estampó a Kreacher contra la pared sin ni siquiera tocarle, como si un fuerte viento lo hubiese hecho volar.
-Sigues vivo porque me das lástima.- masculló entre dientes- pero no juegues con tu suerte.
Remus se mantenía al margen, odiaba a Kreacher tanto como lo hacía Harry pero su madurez le daba el lujo de controlarse a pesar de que en todo el tiempo que llevaba viviendo en esa casa le hubiera retorcido el cuello en más de una ocasión.
-¡¡Harry!- Hermione abrió la puerta y vio a Harry mantener a Kreacher medio ahogado a un metro del suelo. A pesar de que no le había perdonado su implicación en la muerte de Sirius, seguía siendo la defensora de las causas perdidas.
Al grito de Hermione, Harry la miró como saliendo de un trance, enfurecido aún, pero le dejó caer al suelo sin ninguna consideración. Detrás de la chica y Ron entraron los demás, que habían guardado silencio al grito de Hermione. Sirius entró en la cocina con la naturalidad que uno entra en su casa, colocándose bien los mechones mojados; saludó a Remus y cogió una tostada, sin prestar atención a nada más que el agujero que sentía en el estómago. Detrás de él, Kreacher se había pegado a la pared esperando desesperado que ésta se moviera y le permitiese alejarse de aquel fantasma, tenía los ojos más abiertos que nunca y parecía haber envejecido cincuenta años de golpe.
-No puede ser, no, no, no.- Kreacher se había sentado en el suelo con las rodillas en el pecho y se tapaba los ojos mientras negaba desesperado.
-¡¡Vaya! Mira a quien tenemos aquí- exclamó Sirius incapaz de comprender la extraña reacción de su elfo doméstico- ¿Te alegras de verme?
-Asqueroso traidor, él no puede ser, él se fue.- chapurreaba mientras seguía negando con la cabeza.
Sirius buscó a James con la mirada y los dos se encogieron de hombros sin encontrar una explicación, pero Harry se cruzó entre ellos para acercarse al elfo. Le cogió de una de sus grandes orejas y lo arrastró por el suelo como si fuera un objeto inservible. Ignoró por completo las voces que tanto su madre como Hermione le estaban dando para que lo tratara con más respeto. Abrió la puerta de una pequeña sala que hacía las veces de despensa y lo lanzó con fuerza contra unos sacos que contenían patatas, cerrando la puerta tras de sí. El elfo se encogió sobre sí mismo y gimió como un perro apaleado, pero no era el dolor físico que le había producido Harry sino el miedo que había sentido al ver a Sirius.
-Escúchame bien, asquerosa sabandija, vuelve a cruzarte en su camino y estás muerto. Vuelve a pronunciar una palabra sobre él y estás muerto. Vuelve a hacer referencia a que está muerto y te aseguro, que estás muerto.- Harry respiraba agitadamente y lo miraba con tanto odio que casi no se le reconocía- ¿Ha quedado claro?
El elfo asintió temeroso, encogido sobre sí mismo y Harry salió de allí con un portazo. En la cocina, Ginny, Ron y Remus estaban desayunando como si no hubiera ocurrido nada; sabían lo que sentía Harry cuando se cruzaba con aquella criatura y no querían darle más problemas, pero el resto no tenía las mismas intenciones. Hermione estaba cruzada de brazos, pidiendo explicaciones en silencio y cuando Harry pasó por su lado, la mera mirada que el chico le echó bastó para que ella se mordiera la lengua.
-Nunca pensé que mi hijo trataría así a sus semejantes.- Lily habló de forma soberana, como lo hace una madre cuando se dispone a echar una buena bronca después de una gran decepción.
-Ése no es mi semejante.- le respondió Harry sin mirarla sentándose a la mesa junto a Ginny, que le dio la tostada que acababa de untar.
-No hay diferencias entre los magos y otras criaturas- siguió insistiendo Lily.
-Y no seré yo quien las haga- Harry levantó la cabeza cansadamente y la miró de frente.- Tengo amigos elfos y jamás en mi vida los he considerado inferiores, pero ese ser en concreto, elfo o mago o lo que quiera que sea, no merece más respeto que el que le acabo de demostrar.
Hermione fue a protestar desde su asiento, que había tomado junto a Ron, pero éste le dio un pellizco en la pierna, como ella solía hacer cuando quería que alguien no saltase. En la cocina se creó una tensión extraña, Lily no acababa de aceptar que su hijo tratase así a otra criatura y Harry tenía muy buenas razones para hacerlo.
-¡Oh, vamos chicos!- Sirius rompió la tensión hablando con la boca llena- Harry tiene razón, yo conozco a Kreacher y siempre ha sido un criatura despreciable. Harry no ha tratado mal a un elfo, sino a Kreacher por ser como es. ¡No le juzguéis!.
El desayuno transcurrió en silencio y sin que nadie levantara la cabeza de su plato hasta que Sophie entró desperezándose, con la misma ropa desaliñada del día anterior y con un hambre voraz.
-¿No podrías hacer algo con esto?- Sophie se señaló la camiseta arrugada y Remus sonrió haciendo un movimiento de varita que la dejó impecable- Me está empezando a gustar la magia- el resto sonrió- ¿Vamos a ir a ver a mi madre?
La zona de San Mungo reservada exclusivamente para la atención de las dos Andreas y de algunos miembros de la orden del fénix estaba tranquila, en cada puerta había una persona vigilando que no entrara ni saliera nadie que ellos no conocieran. Los chicos entraron en la habitación de Andrea en cuanto llegaron, allí estaba Remus, con el bazo en cabestrillo mucho más recuperado aunque con unas horribles ojeras de no haber dormido que acompañaban a las facciones demacradas provocadas por la cercanía de la luna llena.
-¿Cómo ha pasado la noche?- preguntó Lily sentándose junto a la cabeza de Andrea acariciándole los rizos.- Tiene mala cara.
-No ha reaccionado en toda la noche, ni para bien ni para mal- respondió Remus con la voz rota por el cansancio- la doctora dice que es una buena señal, pero es que parece...- se pasó la mano por la cara antes de atreverse a decir que parecía como muerta.
Mientras los chicos estaban tirados por la habitación de Andrea esperando algún cambio favorable, Remus adulto estaba hablando con la doctora Becket que había pasado toda la noche con las dos Andreas. Al parecer, la adulta había evolucionado mucho mejor que la joven, su recuperación estaba siendo más rápida. Según le había dicho la doctora, lo que sufría la Adulta no era más que una secuela de la maldición de la joven, de manera que a medida que ésta salía de la maldición la otra se recuperaba.
Nicole estaba en la puerta de Emmeline Vance, había pasado allí toda la noche aguantándose las ganas de dirigirse a la habitación de Andrea para acabar con todos los sufrimientos que había tenido desde los ocho años. Remus se acercó a ella y la besó en la mejilla.
-¿Cómo has pasado la noche?-le preguntó ella algo decepcionada después de haber recibido el beso en la mejilla.- tienes mala cara.
-La luna, pronto estará llena- se escaqueó él.
-Es verdad, ya no me acordaba. Soy muy mala para esa fecha.- le hizo una caricia suave, casi provocativa.- Te he echado de menos esta noche, al final como me dijiste que no fuera a tu casa, me quedé de voluntaria de guardia.
Sophie admiraba el espectáculo con una mueca de asco, se le había atravesado aquella rubia sin saber por qué. Escuchó la puerta de al lado abrirse y a los chicos salir conversando sin su habitual alboroto, pero ella vio el cielo abierto, se pegó a Sirius y James y dejó a la pareja sola.
-¿Qué tal está tu brazo?- se preguntó Remus a sí mismo, pero no obtuvo una respuesta inmediata. El Remus joven le miró fijamente casi con desprecio y después se fijó en Nicole que tenía puesta la mano en la cintura del hombre, sintió que un odio le recorría y le culpó de que en su futuro Andrea y él no pudieran seguir juntos.
-Mejor- fue la respuesta escueta y directa que le dio antes de alejarse de allí con el resto y con la pequeña.
Remus siguió un rato hablando con Nicole, pero le pidió que se marchara a descansar en cuanto Tonks llegó. Él se paseó por las puertas de las dos habitaciones, buscando excusas para entrar y no entrar, se estaba volviendo loco. Al final, incapaz de entrar a ver a la adulta otra vez y recordar cada segundo que había pasado con ella, lo hizo en la habitación de la joven. Estaba tumbada en la cama, con los rizos desordenados y los brazos por encima de las sábanas blancas que le tapaban todo el cuerpo. La vio más indefensa que en toda su vida y sintió una punzada en el corazón.
-¿Qué tal estás?- le preguntó en un susurro acariciándole la cara, al hacerlo volvió a sentir la ya conocida descarga eléctrica, retiró la mano y se miró los dedos; ¿a qué podía deberse aquello?- Siento mucho lo que te ha ocurrido, siento que hayas tenido que vivir la guerra antes de lo que te corresponde, bastante te espera después- le tomó una mano e ignoró la sensación eléctrica, concentrándose en sus pensamientos.
Vio imágenes que no había vivido, no tenían coherencia y ni siquiera alcanzaba a verlas con claridad, a veces eran sólo sensaciones con ella, besos que no recordaba, palabras que nunca le había dicho. La oyó llorar y hablarle con desprecio y le soltó la mano rápidamente, como si se hubiese asustado. Se levantó de golpe y con una mano tapándose los ojos negó continuamente. La puerta se abrió y entró Remus joven, ahora solo.
-¿Qué haces aquí?
-¿Besaste a otra chica delante de Andy?- Remus joven abrió la boca sorprendido y avergonzado, era un capítulo de su vida que necesitaba borrar.
-Se supone que tú no te acuerdas de eso, nos borrarán la memoria ¿no?
-Ha sido al estar con ella- le explicó él- Dime que no es verdad. ¡Por Merlín, le he dado clase a todas las chicas de ese colegio.
-¿A Lavender Brown también?- preguntó con cautela. Remus se dejó caer en el sillón, le estaba sobrepasando todo.
-¿Cómo pudiste hacerle eso a Andrea?
-¿Quién te crees que eres para pedirme explicaciones?- saltó a la defensiva- No tienes ni idea de lo que nos estaba pasando en ese tiempo, ni idea de lo que me ocurrió ese día y además- se paró un poco recuperando el aliento- Soy yo quien la intenta convencer cada día de que movería el mundo para que siguiéramos juntos mientras tú te paseas con esa rubia.
-Tú sí que no tienes ni idea de lo que nos ha pasado, la vida no ha resultado tan fácil como vosotros lo pensáis ahora.
Los dos guardaron silencio, eran tan parecidos y a la vez tan diferentes; tenían la misma esencia y sentían las mismas cosas, pero la vida los había llevado por caminos diferentes hasta ese momento.
-¿Qué tal está la adulta?- preguntó el joven Remus ahora más tranquilo.
-No he ido a verla, pero la doctora Becket dice que se recupera con rapidez.- Lo miró por unos instantes y le vio preocupado, cansado, mucho más de lo que se merecía a esa edad. Recordó sus diecisiete años y para nada tenían ese peso que ahora veía en los ojos del muchacho- ¿Quieres que vayamos a verla ahora?
Remus asintió y salió en silencio de la habitación, seguido por el adulto. La Andrea adulta estaba en la misma posición en la que acababan de ver a la joven, la expresión de su rostro era la misma y sólo podrían encontrarse diferencias por algunas arrugas en la piel y una expresión de madurez y calma que la pequeña Andrea todavía no había encontrado. Los dos Remus entraron y se colocaron cada uno al lado de la cama; tal y como había apreciado Sophie, parecían hermanos pero miraban a la mujer con la misma mirada.
-No ha cambiado nada.- apreció el joven acariciándole un mechón.- Sigue estando igual de guapa.
-¿No habías entrado a verla antes?- el joven negó con la cabeza, sin mirarle- ¿Por qué?
-No he sido capaz, llevo toda la noche quedándome en la puerta. El auror que está de guardia debe pensar que estoy loco.- El adulto sonrió levemente- Siento que le he fallado, yo le prometí que la querría toda la vida y tú no lo has cumplido.- Ahora no había furia en su voz, como había ocurrido antes, sino reproche y desaliento.
-La vida ha sido muy difícil para los dos- empezó el adulto casi en un susurro después de un rato de silencio en el que tuvo que digerir la verdad que él mismo se estaba reprochando- pero eso no significa que la haya dejado de querer.
-¿Entonces cómo puedes estar con esa...- se mordió la lengua antes de continuar hablando- con esa mujer? Si todavía la quieres ¿cómo puedes estar con alguien que ha intentado matarla?
Remus adulto sintió una punzada de culpabilidad, Nicole odiaba a Andrea hasta el punto de querer matarla y a pesar de todo él seguía con ella. Sabía que la quería, Nicole había sido una buena amiga en los últimos años y un gran apoyo, se habían compenetrado muy bien y por primera vez en muchos años sentía que quería estar con una mujer algo más que un par de noches, pero ahora su pasado se rebelaba contra él, le traía a Andrea, a la que había deseado ver durante años y no había sido capaz de visitar, a la jovencita que le cautivó y le dijo que le amaría siempre y a sí mismo, un Remus que no tenía ni idea de la pérdida, de lo que había sido compartir vida y cama con la peor de todos los seguidores de Voldemort, que no había tenido que luchar por conservar a una Andy que se consumía tras la dura personalidad de Sophie.
-Las cosas nunca son como queremos. Andy y yo seguimos juntos cuando nadie imaginaba que seríamos capaz de hacerlo. Como siempre nunca fuimos pareja...
-¿Nunca perdiste el miedo al compromiso?- le reclamó el joven, sorprendido.- Pero si hasta yo he sido capaz de hacerlo. Andy y yo llevamos saliendo oficialmente tres meses.
Remus sonrió como se sonríe a un niño que presume de una proeza estúpida. Él había tenido una relación más fuerte que nada en el mundo sin tener que llamarse novio de nadie, así que ahora eso le suponía sólo una nimiedad.
-Lo perdí tarde, cuando fui capaz de dejar mi vida por ella, ya había rehecho la suya. Tiene una hija. Yo ya no pintaba nada en su vida.
-¿Y ahora?
Fue una pregunta breve, casi vacía de contenido pero para Remus adulto era toda una prueba de voluntad. Una pregunta que su subconsciente le había repetido en silencio toda la noche y que ahora al sonar en voz alta, era aún más complicada.
-Ahora nada. Ella tendrá que hacer lo que tenga que hacer y yo... yo he elegido ya mi vida; quizá la haya elegido tarde, pero es la mejor opción.- no había precisamente convicción en su voz, pero lo estaba intentando.
-Tenía la esperanza de que el tiempo me hiciese perder los miedos- Remus joven se puso de pie y se dirigió a la puerta, con la mano en el pomo, miró al adulto y por un momento pareció que él fuera el hombre de treinta y ocho años con horribles experiencias a su espalda- pero ya veo que sigues siendo igual.
Hermione, Tonks y Sophie habían salido a la puerta del hospital para que la niña pudiera llamar por teléfono. Estuvo un rato hablando, tapando de vez en cuando el auricular, para consultar alguna mentirijilla que decirle, con lo que descubrió que Hermione y Tonks eran muy buenas en esa materia, quizás porque habían vivido entre muggles a los que había que ocultarle la existencia de la magia.
Después de hablar con Marc, Sophie subió corriendo todos los escalones hasta la planta en la que estaba su madre. Remus estaba junto a Dumbledore pero ella no le hizo caso a la presencia del anciano y se acercó Lupin totalmente orgullosa de sí misma por haber sido capaz de hablar con Marc sin contarle nada relacionado con la magia.
-¡Remus! ¡Remus! ¡Ya he hablado con Marc!
-¿Y qué le has dicho?- le preguntó él sonriendo.
-Hermione se inventó una mentira buenísima- le dijo emocionada- Le he dicho que mi madre me había preparado un viaje sorpresa por su cumpleaños y que estamos en Francia.
-¿Y se lo ha creído?
-Pues la verdad es que no lo sé- se rascó la nuca un poco contrariada- Se ha quedado extrañado cuando le he dicho que estábamos en Francia, dice que a mi madre no le gusta.
Remus sonrió con amargura, Francia había supuesto su ruptura, era normal que a Andrea no le hiciera ninguna gracia ir a ese país.
-¿Qué más le has dicho?
-Quería hablar con mi madre, pero le he dicho que no podía ponerse. – volvió a rascarse la cabeza y ahora ya no estaba tan orgullosa- pero creo que eso tampoco se lo ha creído mucho. ¡Ah! Y le he dicho que tardaríamos en volver.
-Bueno tranquila, seguro que tu madre sale pronto y ya se lo cuenta ella. Lo has hecho muy bien. – al ver que estaba un poco decepcionada la intentó animar, le desordenó un poco los rizos y le sonrió, lo que hizo que ella se sintiera mucho mejor. – Ahora voy a hablar con el profesor Dumbledore ¿por qué no te vas un ratito con los chicos?
-Prefiero estar con mi madre- dijo ella tímidamente- ¿puedo?
-Claro, después iré a buscarte para ir a comer.
La niña se perdió detrás de la puerta de Andrea que ahora estaba custodiada por una joven que había entrado hacía poco en la Orden.
-Parece que te llevas muy bien con la pequeña de Andrea ¿no?- observó Dumbledore con una media sonrisa.
-Lo está pasando mal y necesitaba a alguien. Ha sido casualidad.
-Ya.- Dumbledore sonrió aún más- Bueno, yo creo... que tienes algo que contarme ¿no crees?- Remus intentó no mirarle a la cara, por un instante tuvo la sensación de tener quince años y estar en el despacho después de una trastada- ¿por qué no me dijiste dónde estaba?
-Profesor, yo... quería pedirle perdón por no habérselo contado antes. Sé que usted me ha dado un gran voto de confianza durante muchos años y yo no he sido capaz de corresponderle cuando me ha necesitado, pero... es que... era algo superior a mí.
-No te estoy haciendo ningún reproche, pero tengo algunas dudas. Siéntate, por favor.- los dos hombres se sentaron en los asientos que estaban junto a la pared.- Sé que Harry es lo más importante en tu vida- empezó el profesor- y a pesar de ello me dijiste que no era posible encontrar a Andrea incluso aunque sabías que era su mejor baza.
-Profesor, yo sé cuánto odia Andrea la magia. Volver a buscarla no hubiera servido para nada excepto para hacernos daño. Simplemente no podía. Nadie en el mundo conoce los secretos de los herederos como Andrea y eso hubiera sido lo mejor para Harry, pero es que ella no aceptaría nunca, sólo hubiéramos discutido y sufrido.
-¿Tan mal acabó todo?
-Acabó simplemente.
-Comprendo- el director se dejó caer sobre la pared y se acarició la barba repetidamente- ¿Por qué sabías dónde vivía?
-Después de la muerte de Lily y James, Andrea se escondió. Usted...
-Sí, sí.- hizo un movimiento con la mano para restarle importancia y le invitó a continuar.
-Bueno, el caso es que nosotros seguimos viéndonos durante años. Durante tres años para ser exactos. Después todo se acabó, eso ya es una historia rara de contar.
-Lo que más me sorprende de todo es que a pesar de ser quien era, a pesar de que Lily y James murieron a manos de Voldemort... No sé, ella era nada menos que Sophie Markins y tú seguiste con ella.
Remus se puso de pie, con una sonrisa tapada, se movió con serenidad y se volvió a Dumbledore para mirarle a los ojos. El director lo miró extrañado, analizando sus movimientos y la expresión de su cara.
-Profesor, una vez le dije que no había secretos entre nosotros y cuando se lo dije quería decir que no había ningún secreto entre nosotros. Ella me lo contó todo siempre.- explicó con seguridad, como si por primera vez en su vida supiese más que el director- Yo conocía a Sophie y a Andrea, sabía cada cosa de su vida, todo lo que pasaba por su cabeza y todas sus misiones ¿entiende lo que le quiero decir?- le preguntó mirándole intensamente, como si quisiera llegar más lejos que sus palabras. El profesor asintió en silencio- pero a pesar de todo, para mí siempre, durante toda mi vida, sólo fue Andy.
-¿y por qué tanta distancia? ¿tantos años sin veros? Todo hubiera tenido sentido si no lo supieras, pero si dices que lo has sabido siempre entonces no le encuentro la lógica.
-Ni la guerra, ni las apariencias pudieron con nosotros, pero la magia nos consumió. Ya le he dicho que ella la odia. La magia... saca lo peor de ella y la quiere mantener lo más lejos posible y yo formo parte de la magia como ella de mí.
-Entiendo.- el director se puso de pie y le puso una mano en el hombro, parecía más viejo de lo normal- ¿Crees que podrías convencerla ahora que está aquí?
-Ni siquiera sé si quiero verla cuando despierte o si ella querrá hablar conmigo. Si quiere convencer a Andrea le va a costar mucho, pero... debe tener en cuenta que antes de eso debe convencer a mucha gente de que no la mate en cuanto se cruce en su camino.
-Andrea nos puede ser muy útil en esta guerra, haré lo necesario para que se mantenga a salvo, tú sabes que eso nunca ha sido un problema.
-El problema vendrá cuando quiera meterla de nuevo en nuestro mundo.
-Siempre me guardo un as bajo la manga, Remus. –le dio unos golpecitos en la cara y le sonrió- Después de tantos años ya deberías saberlo.
Remus se calló, pensando extrañado, cuál sería esa carta que Dumbledore escondía. Siempre había sabido que ese hombre sabía más que el resto, que su inteligencia le hacía controlar cada instante de la vida como si el resto fueran marionetas, pero a veces su circo de pulgas se le escapaba de la manos y no estaba tan seguro de que fuese capaz de convencer a Andrea de que abandonara su vida, volviera a la magia y encima trajera de nuevo a su mente los recuerdos de lo que había supuesto su vida. Los recuerdos no era buenos aliados y él lo sabía. Siguió callado pensando en cómo una sarta de recuerdos podía moldear toda una vida. El profesor Dumbledore, a su lado, hizo el intento de irse, pero Lupin le paró.
-Profesor, hay algo que quería comentarle.
-Tú dirás.
-Es algo extraño, ya me ocurrió ayer, pero estaba demasiado confundido como para asimilarlo, pero es que hoy ha vuelto a ocurrirme- Dumbledore le miraba suspicazmente esperándose de su antiguo profesor alguna nueva preocupación que echar sobre sus hombros.- Cada vez que he tocado a Andrea, a la joven, he sentido como si estuviéramos electrificados.- Dumbledore sonrió.
-A lo mejor es amor.- bromeó al ver a qué podía referirse Remus.
-No estoy para bromas, profesor.- El director asintió- He recordado cosas de nuestro viaje aquí, cosas que me pasaron... quiero decir, todo lo que le está pasando a aquel Remus- señaló al final del pasillo donde estaba el joven Remus hablando con Sophie- ya le digo que no lo he visto claramente, sólo algunas imágenes sueltas, sensaciones sobretodo, cosas desencadenadas.
-Suponía que eso te ocurriría- Remus abrió los ojos por la sorpresa. Ese hombre siempre tenía que controlarlo todo- Yo os conozco a los dos desde que erais unos críos y desde que os veía hablar por los pasillos como dos amigos siempre supe que seríais una pareja singular, y así ha sido. Por mucho que intentes negarlo ella siempre ha sido la persona más especial de tu vida- un pellizco de culpabilidad se le cogió a Remus en el estómago pero siguió en silencio esperando su teoría- Volver a entrar en contacto con ella, la del pasado, hace que el obliviate que te hice cuando llegasteis del futuro se rompa en cierto modo.
-¿Me está diciendo que si sigo en contacto con esta Andrea recordaré lo que ocurrió mientras que estuvimos en este tiempo?
-No del todo.- le contestó con media sonrisa- No es tan fácil romper mi obliviate, pero hay cosas más importantes que los meros recuerdos. Acabas de decir que sobretodo tenías sensaciones, no recuerdos propiamente dichos. Hay cosas más fuertes que la mente y Andrea está conectada a esa parte de ti que te hace ver más allá de tu cerebro.
-No lo entiendo muy bien.
-Si Sirius estuviera vivo, tocar a Andrea no le serviría de nada. No recordaría nada porque ella no es el elemento esencial que le une a este viaje, sin embargo si estuviera con James o contigo, con los jóvenes quiero decir,- Dumbledore se calló unos segundos y una sonrisa traviesa iluminó su cara- o mejor, con la señorita Brown, entonces sí hubiera tenido algún recuerdo.
-Eso es lo que se dejó atrás- murmuró Remus más para sí que para Dumbledore, al darse cuenta de que era a Patricia a quien Sirius no había sido capaz de olvidar en toda su vida.
-¿Qué?
-Nada, nada, pero... ¿Usted sabe esto por algo que hiciera James?
-Es posible.- Remus le miró esperando la respuesta- James hizo algunos comentarios después del nacimiento de Harry que me llevaron a pensar que él recordaba ciertas cosas, no lo recordaba todo, pero... sí tenía presentimientos que sólo podían estar relacionados con este viaje al futuro.
-A Sirius y a mí también nos dijo algo pero nos extrañó tanto que no le prestamos atención. Harry era lo más importante para James, siempre tuvo una sensación de pérdida hasta que lo tuvo en brazos.- Dumbledore sonrió con cierta añoranza, James siempre había sido muy especial para él, como ahora lo era Harry. Ambos guardaron silencio- Profesor, ¿supone eso que Lily también tuvo recuerdos de este tiempo?
-No lo sé, pero es más que probable. Por eso no quiero que sepan nada. Ya sé que se han enterado que son sus padres y estoy casi seguro de que se enterarán, si no lo han hecho ya, de que mueren, pero... sólo espero que Harry sea capaz de guardar el secreto sobre Peter. Todo tiene que ocurrir tal y como lo ha hecho.- ambos volvieron a guardar un silencio pesado- Ahora tengo que marcharme. Volveré para saber como siguen las chicas.
Era casi la hora de la comida y los chicos estaban tirados en el suelo, en un rincón del pasillo observando el panorama en silencio. En cada puerta había un hombre o una mujer con cara aburrida. No había sitio más tranquilo en aquel momento, los médicos que se encargaban de la salud de los miembros de la orden no estaban allí y el profesor Dumbledore ya se había marchado. Ellos habían pasado ya un largo rato con Andrea y con Remus, al que ya le habían dado el alta, y ahora estaban esperando a que Sophie acabara de despedirse de su madre y a que Remus se aburriera de intentar convencer inútilmente a su versión adulta de quedarse allí acompañando a Andrea, pero estaba siendo una misión infructuosa.
-Yo me esperaba unas vacaciones más entretenidas- murmuró Sirius, que en ese momento estaba tumbado en el suelo con la cabeza apoyada en el muslo de James.-Además en tres días hay luna llena y aquí no hay bosque prohibido.
-Podemos merodear por tu casa.- comentó James que tenía a Lily abrazada.- Aunque con Andrea así yo no tengo muchas ganas de nada. Esto de estar en guerra con diecisiete años amarga a cualquiera.-Ron, Hermione, Ginny y Harry soplaron casi al mismo tiempo, para ellos la guerra había empezado antes.
-Lleváis así muchos años ¿verdad?- les preguntó Lily mirando a Harry con impotencia, ojalá pudiera sacar a su hijo de ese sufrimiento.
-En serio, tres años.- les explicó Hermione- pero... Harry tiene mucha facilidad para meterse en líos, así que...
-¡Cómo buen merodeador!- saltó Sirius- ¿Qué esperabas si es hijo y ahijado de aquí los mendas?- consiguió sacarles una sonrisa y volvió a recostarse en la pierna de su amigo, forzando él mismo una sonrisa.
-¿Por qué estáis tan preparados para los duelos?- les preguntó James al que le seguían faltando muchas piezas para completar su puzzle particular.
-Voldemort se la tiene jurada a Harry. Así que también nos la tiene jurada a nosotros.- le contestó Ron.
-No termina de cuadrarme.- James se quedó pensando un rato- Harry está en peligro continuo y nosotros no aparecemos ni en el ataque ni en el cuartel de la orden. A veces creo que Remus le ha adoptado.
-¡No digas tonterías, James!- Lily intentó parecer casual en medio de la tensión que se había creado entre ellos, por suerte Sophie llegó acompañada de los dos Remus, o como ella pensaba, de Lunático y Remus. Seguía pensando que eran hermanos y ellos no sabían cómo explicarle todo el lío que suponía su historia.
Volvieron a Grimmauld Place donde había más movimiento que el día anterior aunque ellos pasaron la tarde en el salón, dejando pasar las horas entre el aburrimiento de todos y los suspiros desesperados del Remus joven, esperando que el día siguiente Andrea hubiera mejorado.
N/A: Hola! He descubierto que soy un desastre esté o no esté ocupada. Antes tenía una buena razón y era que estaba estudiando y eso me comía todo el tiempo, pero ahora mi tiempo se va y lo cierto es que no se en qué aunque creo que descansar en un factor importante jejejejeje. Siento de verdad haberme retrasado tanto, pero entre que se me ha roto el ordenador y que soy muy propensa a marcharme de casa no he encontrado tiempo. Ahora me marcho dos semanas de vacaciones, así que tardaré algo en actualizar aunque prometo que antes de que acabe agosto tendréis el siguiente capítulo.
A quienes estéis de vacaciones, pasadlo bien, descansad y disfrutad y a quienes no… bueno, resignación, ya llegará el momento jejeje.
Un beso fuerte y muchísimas gracias por los reviews.
