CAPÍTULO 33. ENTRE UN MUNDO Y OTRO.

Lily llevaba ya un rato dentro de la habitación de Andrea, era su mejor amiga y había pasado mucho tiempo soportando un gran peso. Saber que mueres con unos veintidós años pesa como una losa pero tener que mantenerlo en secreto y aceptarlo con madurez la había estado mortificando. Sabía que la joven Andrea ya lo sabía y cuando saliese de aquello podría compartir con ella su peso como había compartido otros muchos, pero sin saber por qué sentía que era con la adulta con la que debía compartir aquello, que era ella quien podía comprenderla, quien había llorado en su tumba y quien había criado a su hijo. Lo que no podía imaginar es que la realidad no había transcurrido como ella la estaba imaginando.

Llevaba un rato intentando hablar pero le costaba, verla tan inerte sólo era una preocupación más, a pesar de que había recuperado el color de cara y parecía estar mejor. Su respiración rítmica y pausada cambió al cabo de un rato, llamando su atención y vio cómo los párpados de Andrea empezaban a moverse con lentitud, como si pesaran toneladas. Lily sonrió emocionada, estaba despertando, así que se dirigió a la puerta para avisar a la medimaga Becket. Al abrirla tan deprisa, Tonks se sobresaltó y sacó su varita, era como si hubiera estado esperando cualquier desastre de esa habitación.

-¡Ha despertado!- exclamó Lily sonriendo- ¿Dónde esta Becket?

-Ha tenido que marcharse.- El rostro de Tonks estaba serio y decidido, miraba el hueco de la puerta intentando ver cualquier movimiento extraño por si aquello era una trampa.- Sal de esa habitación. No quiero que estés con ella estando despierta.

-¿Pero de qué hablas?- se sorprendió Lily- Andrea es mi mejor amiga, no voy a dejarla sola- y con un golpetazo cerró la puerta en las narices de Tonks que no tardó en abrirla de nuevo y entrar.

Andrea tenía los ojos entreabiertos y parecía estar despertando de un sueño largo. No se inmutó de nada de lo que ocurría a su alrededor, ni siquiera cuando Lily se colocó junto a ella tomándola de la mano y Tonks mantenía la varita alzada apuntándole.

-¿Markins?- la voz de Tonks resonó con resolución y Andrea se movió un poco, era un nombre que hacía años que no usaba y le sonaba como un viejo sueño disipado- Sophie ¿me oyes?- volvió a insistir Tonks.

Ese nombre la sobresaltó con mucha más fiereza que lo había hecho su verdadero apellido. Hacía diez años que lo había sustituido por Mackenzie pero el nombre de Sophie hacía nada menos que dieciséis años que no lo usaba. Sólo había vuelto a oírlo de boca de Bellatrix unas semanas antes, y no había traído nada bueno. Despertó abriendo mucho los ojos y retrocedió dentro de la cama al ver a Tonks apuntarle. Esa mujer la había llamado Sophie y la estaba apuntando con una varita, la magia volvía a su vida y a primera vista lo hacía para hacerle daño.

-Tranquilízate- Lily le acarició la cara desencajada y le sonrió para que se calmara- La medimaga llegará muy pronto.

-No puede ser, no, no, no.- Andrea se tapó los ojos y quitó la mano para mirar una vez más a Lily. No podía estar ahí, ella estaba muerta; tenía que ser un fantasma- Esto tiene que ser cosa de él. Quiere torturarme volviéndome loca.- murmuró.

-Andrea, cielo, tienes que calmarte.

-¡Oh, Lily!- le tocó la cara como si tuviera miedo de que fuera un holograma- No puedes ser tú, tú no puedes estar aquí, es imposible.- Lily le sonrió amargamente, había querido hablar con ella sobre su muerte y ella se la estaba insinuando, pero veía miedo en sus ojos y no quería que Andrea tuviese ese despertar.

-Durante nuestro séptimo curso tuvimos un pequeño problema con el tiempo. Andrea, yo tengo diecisiete años, no soy ningún fantasma, solamente he viajado veinte años hacia el futuro.- Andrea seguía respirando entrecortadamente y no acababa de creerse una palabra. Ella no recordaba nada de ese viaje en el tiempo. Sólo sabía que tenía a su mejor amiga muerta delante de ella y a una bruja que no conocía apuntándole con la varita y llamándola Sophie.

-Eso no es cierto, ha tenido que ser cosa de él. Primero quiso matarme y ahora me está torturando.

-Confía en mí.- le susurró Lily haciéndola que la mirara a los ojos- Nadie te está torturando.

-¿Dónde estoy y como he llegado aquí?- miró a Tonks a los ojos con frialdad y dureza, no estaba dispuesta a que la volvieran a torturar como lo había hecho Bellatrix.

-Estás en San Mungo.- Le contestó Tonks con la misma dureza, casi imposible en ella- Remus Lupin te trajo.

El color que Andrea podía haber recuperado desapareció de su cara de golpe. Entonces era cierto, no lo había soñado, había sentido su aroma y había oído su voz llamándole "Andy" después de tantos años. Había vuelto a salvarla como siempre lo había hecho. El silencio invadió cada molécula de aire y Andrea sintió cómo la habitación se hacía más pequeña, el aire más denso y su cuerpo más tembloroso.

-¿Remus estuvo en mi casa?- ya no había dureza en su voz. Todas sus barreras se habían roto de súbito, seguía pegada al cabecero de la cama como si intentase colarse detrás de él para alejarse de aquel mal sueño. Lily, Remus y Sophie. Su pasado volvía para conducirla a la locura. De repente su miedo le permitió un momento de lucidez y pensó en su hija- ¡Mi niña! ¿Dónde está mi hija?

Tonks abrió la boca para contestarle con la rudeza que para ella se merecía, pero Lily le lanzo una mirada furibunda y se giró hacia su amiga, que parecía más indefensa que una niña pequeña en medio del bosque prohibido, le sonrió con sinceridad, lo hacía siempre que ella se enfadaba o estaba triste y siempre era capaz de transmitirle una gran calma.

-Tu hija está con James y con Sirius.- le explicó. Al ver la cara que había puesto a la mención de Remus prefirió no decirle que también estaba con ellos- Han dicho que van a hacerle unos truquitos para entretenerla.- Tonks las miró negando con la cabeza, no sabía cómo era posible que Lily le hablase con esa dulzura. Si ella la conociera, la odiaría como hacían todos- Sophie dice que nunca había visto la magia.

-Y no lo ha hecho- suspiró derrotada, había mantenido a la niña fuera de ese mundo esperando que no heredase las cualidades de su familia. Esbozó una ligera sonrisa a su amiga para que se quitara la preocupación de la cara y se fijó de nuevo en Tonks que no había bajado la varita- ¿Quién eres tú?- escupió con desprecio.

-No creo que te interese mi nombre.- Tonks estaba haciendo grandes esfuerzos para no lanzarle una maldición que acabase con ella. Si no lo hacía era porque Dumbledore se lo había prohibido terminantemente, pero no podía evitar sentir el asco y el odio que la mujer le producía.- Aún no creo que Lupin no dijera dónde estabas. Has vuelto loco a todo el ministerio buscándote durante años, pero ya estás aquí y nadie te librara de tu merecido.- las dos mujeres mantenían una conexión tensa de miradas en la que ninguna quería ceder.

-Lily, saca tu varita.- ordenó sin dejar de mirar a Tonks.

Lily las miró a una y a otra sorprendida de aquel espectáculo. Nadie les había contado porqué una mortífaga había llamado a Andrea, Sophie, ni por qué todos los aurores que había en el ataque quisieron acabar con ella, pero esa situación le estaba pareciendo surrealista, un miembro de la orden del fénix y su mejor amiga enfrentadas como si fueran enemigos.

-¿Pero qué estas diciendo, Andrea? Tonks es de los buenos, es un auror del ministerio.

-Sí, Lily, yo soy de los buenos- habló Tonks sonriendo con ironía y sin mirar a la pelirroja- pero quizá sea eso lo que no le hace gracia.

-¿Qué quieres decir?-Lily se estaba hartando de aquella situación y no quería más juegos, quería la verdad. Andrea, por su parte, guardaba silencio, con la vista fija en Tonks, absolutamente furiosa.

-Mira su brazo izquierdo.

Andrea iba vestida con un pijama del hospital y a la mención de Tonks se agarró instintivamente su brazo izquierdo, justo en la zona donde una pequeña marca había cambiado toda su vida. Lily no tenía ni idea de lo que hablaban, pero quería comprobarlo, en su tiempo los mortífagos no estaban en auge y no eran más que una pandilla de radicales, así que nunca había oído hablar de la marca tenebrosa. Hizo el intento de tomar el brazo de Andrea pero ésta le miró y le negó con la cabeza en silencio, fue un movimiento casi inapreciable, pero para Lily no fue la negativa de su amiga la que la paró, vio en aquellos ojos que hacía unos segundos eran fríos como sólo en contadas ocasiones se los había visto, rogarle que no lo hiciera, sintió que seguía siendo su Andrea, la de siempre, la que había estado a su lado desde que eran unas niñas y no necesitaba más que su palabra.

Al ver que Lily confiaba en ella, Andrea sintió que podía relajarse, esa Tonks era una auror que como todos los demás la buscaba por asesina, por lo que había sido, pero Lily la seguía mirando como lo hacía cuando eran unas niñas y no conocían la guerra; quizá lo hacía porque no tenía ni idea de en lo que ella se convertiría pero eso ahora no importaba.

-¿Por qué estoy aquí?- la pregunta de Andrea estaba más encaminada a pedir explicaciones de su vuelta a la magia que el mero hecho de estar en el hospital.

-Hubo un ataque en Hogsmeade y atacaron a... ti- explicó con dudas Lily- bueno a la Andrea que ha venido con nosotros del pasado, vamos, tú con diecisiete años.- Lily torció la boca en un claro gesto de confusión que a Andrea le removió todo el estómago con añoranza- Tu versión joven ha estado a punto de morir... y por eso estás tú así.

Andrea volvió a sobresaltarse, miró a Tonks como si ella fuese la culpable del ataque y de repente sintió miedo, pero no por ella misma. Si moría con diecisiete años todo cambiaría, no podía ocurrir.

-No puede ser- exclamó mirando a Lily apesadumbrada- no puede morir, no le puede ocurrir nada. ¡Oh, qué desastre! ¡Seguro que fuisteis vosotros!- le gritó a Tonks- ¡manada de estúpidos arrogantes que se creen que pueden salvar el mundo! No sabéis nada del daño que podéis hacer.

-Andrea, cariño, tranquilízate.- intentó calmarla Lily.- Si tú has despertado es porque la otra ha tenido que mejorar mucho.

-Para tu información, fue tu amiga Bellatrix quien atacó a Andrea- El nombre de la mortífaga la destrozó por dentro pero no permitió que su rostro lo expresara, hacía unas semanas casi la había matado de no ser porque Sophie había salido de su escondite y había llamado a una ambulancia. - No tendremos la suerte de que mueras por efecto dominó.

-¡Me importa una mierda morir ahora!- bramó totalmente fuera de sí- pero mi otro yo, ésa que ha estado a punto de morir, todavía tiene muchas cosas que hacer.

-¿Cómo qué?- le vaciló- ¿Torturar a muggles, asesinar a sangre fría, ser la mano derecha de Voldemort o traicionar a sus mejores amigos?- Tonks enumeró cada una de las cosas que Andrea había hecho en el pasado mirándola con superioridad y asco al mismo tiempo.

-¡¡Cállate!!- gritó Lily, poniéndose de pie y encarando a Tonks- Andrea jamás haría algo así.

-¿Estás muy segura?- inquirió Tonks sin abandonar esa posición tan extraña en ella- Sophie Markins es la mortífaga más buscada desde la caída de Voldemort...

-¡Lárgate!- le interrumpió Andrea con un grito desesperado, como un niño que no quiere oír la verdad.

-Estoy de guardia, tengo que vigilarte. No puedo dejarte despierta y sola.- Tonks se enderezó aún más como queriendo marcar más la distancias, como si quisiera decirle que era una prisionera- No puedo irme.

-Pues te quedas en la puerta, pero vete de mi vista- le siseo agresivamente- ¡Y tráeme a Dumbledore!

-Dumbledore está muy ocupado, pero dentro de un rato se pasará Lupin con tu hija.

Andrea volvió a quedarse blanca, Remus no sólo había ido a buscarla sino que ahora se hacía cargo de su hija. Eso era más de lo que podía soportar, tanto ella misma como él, o al menos eso pensaba.

-No quiero ver a Remus ¿entendido?- habló con firmeza pero al pronunciar su nombre su voz se resquebrajó un poco, dando pie a la súplica- Cuando llegue que pasé la niña pero a él que no se le ocurra entrar. ¡Y tráeme a Dumbledore!- marcó cada sílaba para dejarlo claro- Me importa muy poco lo ocupado que esté. Tú dile que Markins lo quiere aquí ¡Ya!

Tonks no soportó un segundo más en la habitación sin darle a Andrea su merecido, así que salió dando un portazo y se mantuvo en la puerta, mascullando con tanta fuerza que podían oírse chirriar los dientes.

-Lily, por favor, déjame sola.- le rogó a su amiga dejándose caer en la cama, dejando que toda su ira la abandonara- y no dejes que esa mujer vuelva a entrar.

-¿Es verdad todo lo que ha dicho?- preguntó con cautela.

-Sólo algunas cosas- Andrea se giró sobre su costado dándole la espalda a Lily y cerró los ojos con cansancio. Los gritos la volvían a abrumar, el olor a quemado y a muerte volvía a torturarle. Sophie volvía a su vida.- Ahora por favor, márchate.

Andrea había despertado y, tal y como había pedido, su hija entró en la habitación en cuanto llegó de la cafetería de estar con Remus y con los chicos. La cara del licántropo varió de la alegría al miedo y a la desesperación en cuestión de fracciones de segundos cuando Tonks dijo que Andrea había despertado. En ocasiones, y esa era una de ellas, Harry, Ginny, Ron y Hermione se sentían un poco fuera de lugar, así que se sentaron apartados del resto, comentando el hecho de que Remus parecía más perdido que en toda su vida y que se había marchado del hospital dejándoles allí, cuando se suponía que debía estar con Harry pegado como su sombra, pero por lo que había dicho un retrato Dumbledore estaba a punto de llegar.

Si podía decirse que todos estaban algo extraños, el caso de James era singular esa mañana. Lily, Sirius y él estaban sentados en el pasillo en silencio mientras Remus veían qué tal estaba su chica, a la que suponía mejor, debido a que la adulta ya había despertado.

-Cornamenta, o nos cuentas qué te pasa o te quedas quietecito- le saltó Sirius casi desesperado después de que James se levantase y se volviera a sentar por quinta vez. James no dijo nada, simplemente se recostó sobre el respaldar de la silla y se cruzó de brazos en silencio- Tú no tuviste la culpa de nada. Sí, sí, no me mires así que sé muy bien lo que te pasa por esa cabezota dura que tienes. Harry hizo lo que tenía que hacer y si tan mal te sientes contigo mismo, cuando despierte Andrea habla con ella, pero ya te digo que eres idiota.

-Yo también te quiero.

James se levantó de su asiento, miró a Sirius con algo que pretendía ser un "te odio por conocerme tan bien" y llamó a la puerta de la habitación de Andrea.

-¿Puedo pasar?- Remus estaba sentado junto a la cama de su novia acariciándole la mano como si con eso fuese a conseguir algo, al oír a su amigo le hizo un gesto con la mano para que pasara- Esto... Lunático... ¿Te importaría dejarme con ella un ratito?

Cuando Remus se marchó James se acercó casi con timidez al sitio donde su amigo había estado sentado. Miró cada rincón de la habitación y de repente se sintió un poco estúpido por estar allí, pero cuando iba a marcharse, su sentimiento de culpabilidad lo dejó anclado en el asiento.

-Hola Andrea ¿qué tal estás? Supongo que debes estar mejor porque la otra ya ha despertado. Yo... verás... es que quería hablar contigo. Ya sé que el listillo del perro que tenemos por amigo me ha dicho que lo haga cuando despiertes pero estoy seguro de que si hablara contigo estando despierta me dirías los mismo que dicen todos y no podría decirte lo que pienso de verdad.- Guardó silencio unos momentos y le pasó el dedo por las manos inmóviles – Siento mucho haberte dejado sola- la voz se le había roto, como si estuviera a punto de arrancar a llorar- ya, ya lo sé, no estabas sola. Sirius y Remus estaban contigo y había un montón de aurores y... sí está bien, ya lo sé, también estaba Harry y él es mucho más poderoso que yo- Le había costado un trabajo inmenso decir aquello y lo había hecho como si Andrea se lo estuviese reclamando, pero la chica no podía haber dicho ni una sola palabra en el estado en el que estaba.- Pero es que yo siento que si hubiese estado allí te podría haber protegido, ¿sabes? Soy muy bueno haciendo escudos protectores, todavía no he encontrado mi poder, pero a lo mejor hubiera salido en ese momento. Harry siempre dice que saldrá en un momento límite, pero es tan idiota que va y me saca de escena en el momento límite. Vale, vale, ya sé que todos pensáis que era lo correcto, pero es que yo no estoy hecho para quedarme aparte viendo como mis mejores amigos terminan en el hospital.

"Todo me ha superado desde el ataque, verte tan mal fue un shock increíble y ver a Remus tan derrotado... no sé, me impresionó mucho y luego... toda esa sensación de que me ocultáis algo, sobretodo Lily. No sé, supongo que me ha pillado de sorpresa. Al final le voy a tener que dar la razón al idiota de mi hijo cuando dice que soy un niño mal criado que no sabe nada de la guerra. ¡Ver para creer! ¿Quien me iba a decir a mí que iba a terminar dándole la razón a Harry? Pero... con todo esto... lo que yo te quería decir es que... que lo siento mucho, que siento haberte fallado. Llevo todo el curso entrenándome para algo que todavía no sé qué es y cuando tenía la obligación de proteger a alguien que me importa no he podido. Yo sé que si estuvieras despierta me lanzarías una de esas miradas que ponen el vello de punta y me mandarías un poco lejos por estúpido, pero es que necesitaba decírtelo.

"Tienes que despertar. Remus no es capaz de respirar sin ti, no lo había visto tan mal en la vida y Lily... bueno ella se hace la fuerte, ya sabes cómo es, pero te echa mucho de menos. Últimamente está rara, ya te lo he dicho y tengo la sensación de que necesita hablar contigo. Antes ha estado en la habitación de tu versión adulta. Ella dice que tenéis la misma esencia aunque no es por preocuparte, pero yo he notado cosas muy raras relacionadas con tu futuro. Claro que las del mío tienen todavía peor pinta. Pero mejor no te digo nada, ya tendrás tiempo de descubrirlo cuando despiertes.

Le pasó la mano por la cara, sonriendo amargamente, como si quisiera hacerla despertar sólo con el deseo de volver a verla de pie, besando a Remus, riendo con ellos o abrazando a Lily después de decirle un par de cosas bien dichas. Pasó un rato allí en silencio, recordando algunas cosas que había vivido con Andrea desde que se conocían, especialmente el hecho de que fue ella la que convenció a Lily de que ya no era un imbécil.

Sophie se había metido en la cama de su madre y estaba tumbada junto a ella abrazada a su cintura mientras Andrea le acariciaba el cabello. En la mesita había una bandeja con comida que no había sido capaz de tocar, acariciaba el pelo de la niña mirando a un punto inexistente sin hacerle realmente caso de todo lo que le iba diciendo.

-... y ahora vivimos en una casa enorme que es el cuartel de no sé qué orden y todos hacen magia. ¡Está genial, mamá! Yo quiero que me compres una varita- Andrea no le hacía ningún caso- Mamá ¿me estás escuchando?

-Perdona, ¿qué decías?

-Que quiero una varita para hacer magia.

-No.- contestó rotundamente y antes de que Sophie pudiera abrir la boca siguió hablando- Además hay que ser bruja para poder tener una varita y que yo sepa en casa no se hace magia.

-Pero yo pensaba que tú...- empezó Sophie decepcionada- Remus me ha dicho que erais amigos y que ibais al mismo colegio así que creí que tú también eras bruja.

-Remus no debería haberte contado nada.

La puerta de la habitación se abrió haciendo sobresaltarse a Andrea, pero al ver a Dumbledore entrar felizmente como si viniera a una fiesta de cumpleaños se tensó.

-¡Buenas tardes, Andrea! ¡Buenas tardes, Sophie! ¿Contenta de ver ya a tu madre despierta?

-Hola, profesor Dumbledore- exclamó la niña bajándose de la cama de su madre- Sí, estoy muy contenta.

-¿También le conoces a él?- le preguntó Andrea casi furiosa.

-Sí, ya te lo he dicho. A él, y a Hermione, a Tonks, a Lily, a James, a Sirius, a Remus y a su hermano Lunático ¡Qué nombre más raro! ¿verdad? Y a Ron, a Ginny, a Harry... mmm... ¡Ah sí! Y a Nicole – al decir el último nombre hizo una mueca de asco en la cara que llamó la atención de su madre pero estaba más concentrada en lo que le tenía que decir a Dumbledore que en su hija.

-Eso está muy bien.- le dijo con desgana- Ahora, Andy, cariño ¿por qué no nos dejas solos?

-Te he traído esto, Sophie. No sé si te gustarán, pero apuesto a que nunca lo has probado- Dumbledore le tendió una bolsa con un surtido de lo más vendido en Honydukes que hizo que a la niña se le salieran los ojos de las órbitas.

-Profesor, ¿usted cree que yo podría entrar en ese colegio suyo? Es que el mío no me gusta mucho.

-Es más que probable que...

-¡Que no!- terminó Andrea, le lanzó una mirada furiosa a Dumbledore y otra a su hija que inmediatamente salió de la habitación con su bolsa de golosinas.

-A ti también te he traído algo de Honydukes. –le dijo Dumbledore mientras Andrea se levantaba de la cama con algo de dificultad, todavía estaba algo débil- Según recuerdo, tu dulce favorito era chocolate ¿no es así?

-¿Eso es todo lo que tienes que decirme?-le preguntó con frialdad- Me despierto en San Mungo después de dieciséis años escondida de la magia y ¿tú sólo me traes chocolate?

-Perdona mis modales ¿qué tal te encuentras?- Dumbledore parecía no haberse percatado de nada de lo que le había dicho Andrea, ni del tono que había utilizado. Se había dedicado a mirarla con interés mientras tomaba asiento tranquilamente como quien se dispone a ver un buen espectáculo.

-¿Cómo me encuentro? ¡¡Furiosa!! Así es como me encuentro ¿Con qué derecho me has traído aquí? Yo no quiero nada de este mundo ¡¡Nada!! Y encima traéis a mi hija y como si no tuviera bastante, me despierto con Lily a mi lado y una auror apuntándome con la varita ¿En qué estabas pensando?

-En primer lugar, yo no te he traído, fue Remus quien lo hizo, y no, no lo hizo bajo mis órdenes como estás pensando. De hecho se lo he estado pidiendo desde hace meses y nunca había aceptado, según él, no sabía dónde encontrarte.- la mirada de Andrea no se relajó ni siquiera con la mención de Remus- Estás en San Mungo porque tu vida corría peligro...

-¿Desde cuando te ha preocupado mi vida?

-Eso no es justo, Andrea, y lo sabes. Me he preocupado por tu vida más de lo que te imaginas. -Andrea giró la cara incapaz de mantener la profunda mirada azul del director- Tu hija está aquí porque Remus no podía dejarla sola en tu casa después de haberte visto como lo ha hecho. Lily, como ya te ha dicho ella, está aquí de paseo temporal junto a ti misma y el resto de tus amigos y respecto a la auror, Tonks se llama- le explicó con una sonrisa que Andrea despreció con un gesto de la cara- hacía su trabajo, de hecho da gracias de que no fuera otra quien hubiera estado de guardia.

-Está bien- aceptó Andrea- Me marcharé, cogeré a la niña y nos iremos ahora mismo. No quiero saber nada ni de ti ni de tu mundo ni de nada que tenga que ver con la magia.

-Creo que has olvidado que la magia te hizo muy feliz durante mucho tiempo.

-Cuatro años de fiel servicio a Lord Voldemort son capaces de hacerte olvidar cualquier resquicio de felicidad que la magia pudiera haberme dado.

-Andrea no puedes marcharte. Sophie nos ha contado que te atacaron hace unas semanas y sé de buena tinta que no fue ningún miembro del ministerio así que sólo me queda como opción que te atacara algún mortífago sediento de venganza.

La mujer se paró de repente en sus idas y venidas por la habitación intentando recoger las pocas pertenencias que tenía en ella para salir de allí cuanto antes. Dumbledore había descubierto que estaba en peligro y ahora librarse de él sería mucho más difícil.

-Fue Bellatrix. –terminó confesando casi rendida- No sé cómo me encontró pero lo hizo. Se burló de mí y me torturó, lenta y dolorosamente- tenía los ojos fijos, sin mirar a ningún sitio, recordando lo que le había ocurrido- Me dio por muerta y dejó que me retorciera en mi agonía; supongo que es una forma de pagar por todo lo que hice.

-Tenías una razón para hacerlo.

-El fin no siempre justifica los medios. Dejé que la magia negra me consumiera, dejé que el poder me atrapara hasta casi consumirme y me convertí en todo aquello que siempre había odiado.

-Y fuiste capaz de no sucumbir. En todos los años de guerra que llevo vividos, de todas las personas que han trabajado conmigo para hacerle frente a Voldemort, tú has sido la más útil de todas.- Andrea estaba temblando de ira y de dolor mientras que Dumbledore hablaba- No fue justo acudir a una niña de dieciocho años y pedirle que se convirtiera en mortífaga para ayudarme a acabar con aquella guerra, que dejara su vida y sus amigos y se dedicara a seguir unos ideales que nunca había tenido. Llegaste más lejos de lo que yo nunca había planeado. A costa casi de tu salud física y mental te convertiste en la preferida de Voldemort, ésa con la que se sentía identificado. Tanto te admiraba que fuiste tú quien investigó para él la descendencia de los herederos, cómo sacarle partido a su sangre y... cómo acabar con ella. Fue muy duro para ti, pero no puedes negarme que si no llega a ser por ti, muchas más personas hubieran muerto

-¿Más de las que yo maté?- la voz se le había roto y temblaba con más fuerza intentando evitar las lágrimas.- Todavía los oigo gritar después de un cruciatus, todavía huelo a muerte en mis pesadillas. No puedes pedirme nada más. ¡Me gané el derecho a tener una vida tranquila!

Dumbledore la dejó gritar y desahogarse, era como si hubiera esperado cada reacción, cada comentario y la dejara mover su pieza antes de hacer la siguiente jugada.

-Es cierto que no tengo derecho a pedirte más de lo que ya te he pedido, pero también es cierto que volvemos a estar en guerra. Que la gente muere a diario y que alguien que te importa está en el punto de mira.

-No quiero saber nada- Andrea se tapó la cara con las manos y negó con la cabeza- No me pidas que vuelva. No puedo volver a ser Sophie. En primer lugar, nadie se creería que sigo siéndole fiel. Bellatrix me dijo que él la había enviado, no es sólo ella y sus envidias; él mismo me quiere muerta después de haberle traicionado. Además, YO no soportaría volver a ser Sophie.

-No te estoy pidiendo eso. Sólo te pido que te quedes, que me ayudes, que ayudes al hijo de Lily.

Andrea se sentó en la cama con la referencia a Harry como si eso hubiera sido la gota que colmaba el vaso. Guardó silencio y después de un rato volvió a negar con la cabeza lentamente.

-No puedo hacerlo. La magia...

-Saca lo peor de ti- interrumpió Dumbledore- Remus me lo dijo; pero te conozco. Fuiste capaz de resistirte a tu lado oscuro cuando más fuerte era. Fuiste capaz de seguir manteniendo la cordura después de cada ataque, de cada misión casi inhumana. Seguiste siendo fiel a ti misma y a mí, a pesar de que te había quitado lo más importante de tu vida, aunque... permíteme felicitaros a Remus y a ti, porque me engañasteis magníficamente bien durante años.

-He sido una persona normal durante muchos años- siguió ella derrotada como si no le hubiera oído- en todos los años que he estado sin magia. Mi mente me ha dado tortura suficiente como para redimir todos mis errores, pero he sido capaz de seguir siendo Andrea. No podría haberlo hecho de haber tenido magia a mi alrededor. Me consume.

-Entiendo tu postura y la respeto- Andrea levantó la cabeza sorprendida, se había esperado una lucha más encarnizada con Dumbledore- pero no puedo permitir que te marches.

Un extraño presentimiento hizo que el estómago de Andrea se evaporara casi dolorosamente. Miró a Dumbledore sorprendida y volvió a ponerse de pie, respirando agitadamente, negando con la cabeza.

-¡¡Piensas entregarme al ministerio!!. Por eso estaba esa auror aquí. Vas a dejar que me lleven a Azkaban después de todo lo que hice.

-Andrea, me ofende profundamente que pienses algo así de mí.

-¿ENTONCES POR QUÉ ESTOY RODEADA DE AURORES?- gritó a la defensiva alejándose de Dumbledore.

-Hubo un ataque hace unos días y te vieron, en realidad vieron a la Andrea que ha venido del pasado, ellos pensaban que eras tú, no puedo contarle al ministerio que los Potter y Markins han venido del pasado. Querría cambiar toda la historia y eso no es posible, así que piensan que la joven que vieron eras tú.

-Lo vas a hacer, lo sé, no me lo puedo creer.- murmuró nerviosa.

-Los aurores que están aquí, la medimaga que te ve, son miembros de la Orden del Fénix, no he permitido la entrada a nadie del ministerio a esta parte del hospital. No-voy-a- entregarte.

-Esa Tonks quiso matarme ¿por qué?

-Porque eres Sophie Markins, nadie sabe la verdad, nadie excepto Remus.

-Sácame de aquí. Mantén todo como hasta ahora, pero sácame de aquí.

-No puedo. Por tu propia seguridad, el ministerio está de nuevo buscándote. Les dije que escapaste pero ellos se ha puesto de nuevo en marcha, por supuesto nadie de la Orden ha dicho nada, pero si dejo que te marches volverán a encontrarte, si no es el ministerio será Voldemort.

-Él piensa que estoy muerta.

-¿Por cuánto tiempo? Dime ¿cuánto tardará en descubrir que sigues viva? Andrea, tú y tu hija corréis un grave peligro y lo sabes. No puedes volver a tu casa, a tu vida. Tienes dos opciones, o dejarme que te esconda o morir.

-No me importa morir. Tengo mucho por lo que pagar.

-Pero Sophie no.

Un silencio duro los cubrió durante unos minutos en los que Andrea le miró fijamente, como si le odiara por tener la razón.

-Tú no lo entiendes, no es sólo la magia, es todo este mundo. No puedo pasar por lo mismo y además...

-Remus y tú sois suficientemente adultos como para afrontar esto como personas civilizadas-le interrumpió Dumbledore leyéndole el pensamiento.

-No voy a aceptar. Dejaré que me escondas lo suficiente hasta que pueda rehacer mi vida, pero nada más. No haré magia, no quiero saber nada de la guerra, ni de porqué me necesitas. Nada. ¿entendido?

-De acuerdo. Te esconderás en el cuartel general de la orden; contaré a los miembros quién eres en realidad y lo que hiciste. Allí estarás a salvo, pero el Ministerio no me creerá... tu actuación fue demasiado real como para que piensen que todo estaba planeado.

-Es que mi actuación, como tú dices, le costó la vida a mucha gente. Yo dirigía el grupo más belicoso, el más duro.

-Tú lo has dicho, Andrea. Lo dirigías, era tu vida o la de aquella gente y en la mayoría de los casos las maldiciones no salieron de tu varita. Si dejaras de torturarte te darías cuenta que diste más de lo que quitaste.

Dumbledore se puso de pie. La primera batalla había terminado y él estaba satisfecho con los resultados. Al menos la había convencido para quedarse y una vez que estuviera en grimmauld place podría jugar sus cartas.

Andrea se sentó en la cama, abatida, de repente su expresión cambió; mostró un gesto sorprendido y se llevó una mano al pecho totalmente extrañada de lo que le estaba ocurriendo.

-¿Estás bien?- le preguntó el director preocupado.

-Sí- le respondió ausente- es... es extraño... ha sido una sensación buena, como si hubiera mejorado mucho en poco tiempo. ¿le han dado alguna poción a la otra Andrea?

-No lo creo. Los medimagos no pasarían hasta dentro de un buen rato. Además creo que era James quien estaba ahora con ella.

-¿James?- preguntó extrañada y sobresaltada Andrea- ¿estás seguro? No puede ser... ¿seguro que es James?

-Sí, creo que sí- Dumbledore no sabía qué le pasaba a Andrea por la cabeza pero después de cuatro años de tenerla bajo sus órdenes directas infiltrada en el círculo más íntimo de Voldemort había aprendido a confiar en sus reacciones- Espera, que lo pregunto.

Dumbledore salió unos segundos a la puerta y volvió con una respuesta afirmativa. James seguía dentro de la habitación de Andrea y ella no había despertado aún.

-¿Le has dicho a James quién es? ¿sabe que es el heredero de Gryffindor?

-Sí y Harry también lo sabe.

Andrea no se acostumbraba a pensar en Harry, la última vez que lo había visto tenía un año y ahora debía tener diecisiete. No era capaz de hacerse a la idea de que ya era un hombre.

-Pero no puede ser... ese no era su poder- murmuró Andrea- no es el que le tocaba tener. Yo siempre pensé...

-¿De qué estás hablando?- preguntó Dumbledore algo descolocado.

-Godric Gryffindor tenía la capacidad de aliviar a los enfermos, no curarles, sólo aliviar su dolor, pero James... no sé... yo pensé que debía desarrollar otro poder.

-¿Estás segura?

-¡Claro que no! Ni si quiera he hablado con él, no sé qué ha hecho, pero... es tan extraño.

-¿ves?- Andrea le miró extrañada- Es para esto para lo que te necesito. Harry es el heredero de Gryffindor y el único con poder para matar a Voldemort. Necesita tu ayuda. Nadie en el mundo sabe más que tú de este tema.

Andrea le miró otra vez con el gesto cansado, como si ya no fuera capaz de seguir discutiendo con él y volvió a meterse en la cama, con calma, ignorando que el director estuviera allí.

-Búscate a otra.

Dumbledore se marchó de allí sin pronunciar una palabra, cerró la puerta despacio y dejó que sus palabras calaran en Andrea lentamente. Ya llegaría el momento de sacar la estrategia final.