CAPITULO 34: HOY QUE NO ESTÁS.

Los dos días siguientes al despertar de la Andrea adulta y de que se descubriera el poder de James los chicos obligaban a James a pasar con ella el mayor tiempo posible, pero no había vuelto a repetirse la situación. Andrea adulta, pasaba la mayor parte de su tiempo con Sophie, los chicos habían entrado para conocerla pero el shock de ver a James, Lily y Sirius juntos había sido muy fuerte; tanto que a penas había sido capaz de cruzar con ellos dos palabras. Se había sentido avergonzada; no había sido capaz de salvar a James y Lily y todavía no había asimilado la verdad que Dumbledore le había contado sobre Sirius. Por su parte Remus joven no había sido capaz de entrar, seguía teniendo la misma sensación de no haber cumplido con su promesa y prefería pasar la mayor parte de tiempo posible acariciando a su Andrea, a la que estaba seguro de que era suya.

Remus y Harry no habían aparecido por el hospital desde el día que despertó. El primero estaba totalmente descontrolado, cada día la influencia de la luna lo debilitaba más pero se afanaba en mantenerse ocupado. Nicole ya no dormía en Grimmauld Place, pero pasaban algún tiempo juntos y Harry había preferido quedarse con Remus el resto del tiempo, aprovechando el tiempo que les daban. Por otro lado, Dumbledore le había pedido que no viera a Andrea hasta que no llegara a Grimmauld Place, según él sería más productivo, aunque Harry no encontraba muy bien la utilidad que podía tener aquello.

El día que le iban a dar el alta a las dos Andreas, Grimmauld Place era un hervidero de nervios. Los chicos no sabía donde meterse, estaban eufóricos pero el exceso de energía los hacía ir de aquí para allá, chocándose unos con otros sin hacer nada productivo. A algunos como a Sirius y Ron les había dado por comer y se había perdido en la cocina en busca de algún manjar, lo cual no estaba siendo nada difícil, porque tanto uno como otro se conformaban con engullir cualquier cosa no nociva. Hermione, Ginny, Lily y Remus eran los menos inquietos, aunque las uñas de Remus habían desaparecido por completo de sus manos y ahora miraba a las chicas como si estuviese atento a su conversación, aunque ellas sabía que eso no era así.

Remus adulto consultaba unos pergaminos con Tonks y Nicole; intentaba llenarse la cabeza de cosas para no pensar en lo que se avecinaba, pero ver a Sophie pasearse por el salón hablando con unos y con otros no servía de gran ayuda. Nicole había intentado llamar su atención con un par de caricias, pero él en seguida volvía al trabajo y se centraban en la situación de los mortífagos en aquel momento.

James estaba tirado en el suelo, con los pies puestos en la pared y jugando con su varita. A veces, para distracción de Sophie hacía salir algo de ella como si fuera el mago de un local muggle, para que les sirviera de distracción a ambos, cosa que Harry no conseguía. Se había pasado toda la mañana leyendo periódicos, hablando con miembros de la orden que iban y venían para saber qué estaba ocurriendo fuera y ahora tenía demasiada energía acumulada como para sentarse a esperar.

-Harry ¿por qué no te buscas una ocupación y dejas de dar vueltas por la habitación?- Le comentó Nicole levantando la cabeza del pergamino, la quinta vez que Harry examinaba una mancha de la pared que ya se sabía de memoria.

-Lo haría, pero es que tengo demasiadas horas de relax encima últimamente. ¿quién lo iba a decir? Pero necesito un entrenamiento urgente.

-Todos dicen que has progresado mucho- Nicole le sonrió perversamente, ella le había entrenado y habían luchado hasta la saciedad, pero Harry no había conseguido derrotarla con facilidad- Habrá que ver si es verdad.

-¿Me estás retando?- Harry adoptó una pose chulesca, sabía que todo era una broma pero le apetecía mantenerse distraído. El resto dejó lo que estaba haciendo y les atendió- Porque si me estás retando, ve reservando una cama en el hospital, pequeña.

-Pasas demasiado tiempo con tu padre- Remus sonrió lleno de orgullo al ver a Harry seguir aquel juego.

-¿A que sí?- James se había puesto de pie de un salto y ahora estaba junto a Harry con una pose muy parecida y mirando a su hijo con algo que parecía ser orgullo.

-Está bien, jovencito.- Sentenció Nicole- Un duelo, tú y yo.

-No quiero ser un abusón- volvió a chulear Harry con una sonrisa- ¿Tú y ella contra mí, James?- propuso a su padre haciéndole un gesto con la cabeza para que se uniera.

-Mejor tú y yo contra ella- James apoyó su brazo izquierdo en el hombro de Harry y cruzó las piernas, pareciendo aún más prepotente, pero todos sabían que era una broma.- Vamos a enseñarles a esta Orden de pacotilla quienes somos los Potter.

El más sorprendido de aquella reacción cordial de James fue el propio Harry que le miró casi asustado, pero completamente feliz. James se estaba comportando como, al menos, un colega; y eso empezaba a ser una costumbre en los últimos días.

-Sabes que sería injusto.- Hablaban en voz baja, como si fuera una confidencia, aunque suficiente para que todos la oyeran- No tendría tiempo ni de sacar la varita.

-No te pases, chaval, que sabes que te he dado más de una paliza.

-Eso era antes.- contestó Harry- El tiempo no pasa en valde. Ejem ejem.- la insinuación de que se estaba haciendo vieja no era más que una forma de picarla, porque teniendo en cuenta que Nicole tenía veinticinco años, no era un argumento muy válido, pero al menos se estaban distrayendo.

-Menos hablar y más acción- intervino James- Búscate un compañero y vamos a hacer algo que mi varita ya me está pidiendo movimiento.

-Vamos, cariño- Nicole le pasó los brazos por el cuello a Remus que permanecía sentado viendo el espectáculo- demostremos a estos niñatos cómo se lucha.

-Te ayudaría- Remus le dio un leve beso en la mejilla mientras se ponía de pie con algo de dificultad- pero mañana es luna llena y estoy muy cansado. - Realmente Remus tenía muy mala cara, más de lo normal a juicio de cualquiera que prestara algo de atención, aunque no todo era debido a la luna.

-Es cierto, cariño.- aceptó Nicole acariciándole el rostro demacrado- Es que soy malísima para las fechas y siempre se me olvida cuándo hay luna llena.

-¡Pues no es tan difícil!- saltó Remus joven desde su sillón algo apartado en un tono perfectamente audible para todos- Andy se lleva acordando desde que tiene once años, no creo que haya que ser muy lista.

-Yo voy contigo, Nic- Tonks interrumpió el silencio espeso que había creado el comentario de Remus y que había dejado al adulto algo descolocado ante su novia- Se van a enterar estos dos de quienes somos.

Remus y Harry tenían preparada una enorme habitación en el último piso para entrenar durante el verano, así que los duelistas y Remus adulto se marcharon allí para comenzar su entretenimiento. El resto había preferido ir a la cocina a acompañar a Ron y Sirius para comer algo.

-Varitas fuera, chicas- vaciló James jugando con la suya entre los dedos- y no seáis buenas con nosotros. No lo necesitamos.- Las dos chicas los miraron con superioridad mientras Harry intentaba adoptar una posición parecida a la de su padre entre carcajada y carcajada.

-Muy subiditos os veo yo.- Tonks intentó ponerse a la misma altura que ellos pero James tenía muchos años de experiencia chuleando y se la notaba algo sobreactuada.- ¡Venga ya! ¿preparados?

El cruce de hechizos y maldiciones empezó con rapidez. Remus, que se había negado a perderse el espectáculo, tenía que mantenerse completamente alerta por si algún hechizo perdido iba a parar a donde estaba él. Observaba a James y Harry moverse con tal integración que parecía mentira que se llevaran tan mal. Sintió una punzada cuando vio a James ayudar a Harry a levantarse del suelo creando alrededor ellos un gran escudo dorado con la mano libre. Se dio cuenta de lo mucho que echaba de menos a su amigo y de la cantidad de momentos que se había perdido junto a Harry y que ahora él estaba disfrutando.

Harry y James estaban completamente ausentes a la añoranza de Remus, seguían concentrados evitando los hechizos de las dos aurores, cada vez más enfurecidas, porque les estaban prestando más resistencia que los mortífagos con los que habitualmente solían luchar. Aunque Tonks y Nicole hacían un gran equipo después de tantos años luchando juntas, los Potter las estaban manteniendo a raya. Nicole, que conocía muy bien el estilo de Harry se había centrado más en él, y estaba quedando alucinada del enorme progreso que su alumno había hecho en cuestión de poco menos de un año. Tonks empezaba a cansarse de los perfectos escudos que los chicos hacían y que rechazaban todos sus ataques.

-¡Vamos Tonks! ¿sólo eres capaz de eso?- James estaba empleándose a fondo con Tonks, porque estaba demostrando que era realmente una buena bruja, pero no podía evitar sacar su parte prepotente.

-Te voy a cerrar esa bocaza, James.

Después del comentario de James, Tonks se esforzó aún más en lograr algo con el chico. Era ya una cuestión personal, había estudiado dos años en la academia de aurores bajo el nombre de James Potter como uno de los mejores alumnos de aquella academia y ahora tenía la oportunidad de batirse con él frente a frente, pero había tenido la esperanza de que con diecisiete años no fuese un hueso tan duro de roer.

-¿Y ahora qué, pequeño?- Tonks había conseguido quitarle la varita a James que ahora se veía indefenso. Ella le enseñaba su varita haciéndole ver que era su fin y Harry estaba demasiado entretenido con Nicole como para ayudarle.- ¿Te rindes?

Como respuesta James desapareció de su vista, Remus y Tonks se sobresaltaron y miraron el hueco casi asustados, pero un nuevo crack anunció que James estaba junto a Harry, unos tres metros más lejos de donde había desaparecido.

-Luego te la devuelvo- con una sonrisa traviesa James le quitó a su hijo la varita del bolsillo trasero de los pantalones, donde se pasaba inútilmente la mayor parte del tiempo. Harry giró un momento sobresaltado y el despiste le valió para que un hechizo le rozara el brazo dejándole una fea herida.- Lo siento.- murmuró antes de volver a desaparecerse.

James, con la varita de Harry, no tenía la misma efectividad que tenía con la suya, pero a pesar de ello siguió plantándole cara a Tonks en un duelo que se estaba alargando más de lo que ellos habían planeado. Con tanto movimiento Harry y James habían acabado de nuevo luchando hombro con hombro y no parecían estar ni la mitad de cansados que lo estaban las chicas. Dumbledore parecía llevar razón cuando decía que cuando los dos herederos de Gryffindor luchaban juntos sus poderes aumentaban con creces.

Nicole se había cansado de que su alumno se volviera contra ella y dirigió su varita al suelo y una llama de fuego salió de ella creando alrededor de los chicos un círculo llameante de más altura que ellos.

-¡Mierda!- exclamó James intentando mantener a raya las llamas. En el exterior los tres adultos tenían la varita preparada para actuar en cualquier momento, pero querían darle una lección de humildad a los Potter.- ¿probamos con un escudo?

-No sé- el calor le estaba agobiando ya y se quitaba el sudor con el dorso de la mano.- Probaré con uno fuerte- En una fracción de segundo en la que Harry se había concentrado para crear un escudo potente una lengua de fuego había chasqueado demasiado cerca de ellos- ¡Mierda de fuego! – gritó moviendo las manos- ¡Apágate!

El grito desesperado de Harry y que para él no significaba más que la demostración de su enfado, había surtido un efecto que dejó sorprendidos a todos y principalmente a él. El fuego había desaparecido, no había ni rastro, sólo una mancha negra en el parqué y un olor a humo en toda la habitación. Miró a James intentando encontrar alguna explicación, pero no recibió como respuesta más que a su padre encogiéndose de hombros.

-Creo que ya me he cansado de este juego- al ver a sus dos oponentes de nuevo en guardia a pesar de la sorpresa, decidió que ya no quería seguir con aquello. Se sopló los dedos, como si hubiera hecho una gran proeza y movió las manos con una rapidez asombrosa haciendo desaparecer las varitas de las mujeres- Se siente chicas, pero se acabó.- con un nuevo movimiento igual de rápido las dejó petrificadas y en el suelo mientras él y James salían del círculo humeante pintado en el suelo.

-Un gran espectáculo- felicitó Remus con doble intención a Harry cuando éste se le acercó, mientras James iba despertando a las chicas- ¿Cómo lo has hecho?

-No tengo ni idea.- confesó- Supongo que habrá sido lo de estar luchando junto a James en vez de contra él.

-¡Vamos chicas confesad!- James estaba ayudando a levantarse a Nicole y a Tonks- ¿quiénes son los mejores? ¡¡Menuda paliza!!- se rió- Vosotras... mmm... – las observó un poco por encima- con dos, tres... ¡¡siete heridas!! Y nosotros ni un rasguño.

-Habla por ti, gracioso- masculló Harry, mirando a James de forma significativa y señalando su hombro sangrante- Como a ti no te ha distraído nadie.- James puso la cara de corderito que nunca fallaba con Lily y que al parecer era otra cosa que su hijo había heredado de ella.

-Iré a traerte algo para eso- terminó diciendo Remus después de unos segundos observándoles.

-Te acompaño y así busco también algo para nosotras- Nicole salió de la habitación abrazada a Remus por la espalda, parecía que ese día estaba más efusiva con él que cualquier otro, pero Harry pensó que eso se debía a la muy cercana llegada de Andrea.

Tonks les había dejado solos en la sala de entrenamiento. Ahora que no tenían que demostrar lo grandes magos que eran, James y Harry se habían dado el lujo de sentarse en el suelo y descansar. Harry se estaba observando la herida a través del rasgón de su camiseta.

-Me gustaba esta camiseta- se lamentó mientras seguía hurgándose la herida- ¡Auch!

-¿Te duele?

-No es un cruciatus, pero sí duele bastante.

-Lo dices como si los recibieras a diario.-Harry movió la cabeza para evitar la mirada de su padre, por un momento lo veía preocupado, maduro, como si no fuera el mismo que llevaba con él todo el curso.

-No los recibo a diario, pero sí que los he recibido más de una y más de dos veces- James lo miró con interés, era imposible que alguien tan parecido a él, con la misma edad hubiera vivido una guerra mucho más de cerca de lo que él lo había hecho- Y es una experiencia que no te recomiendo.

Guardaron un silencio incómodo durante unos instantes que se hicieron largos, Harry volvió a su tarea de observar la carne abierta de su brazo y James empezó a jugar con su varita como si fuera una peonza.

-Te ayudaría si supiera cómo. Se supone que tengo ese poder, pero no sé utilizarlo.- James no había levantado la cabeza mientras hablaba y Harry lo miró con una sonrisa que se acercaba a la satisfacción.

-¿Cómo lo hiciste con Andrea? Dumbledore dice que aliviaste su dolor.

-No sé qué hice. Sólo quería que estuviera bien, sabía que la necesitábamos, pero no fue nada especial; fue algo así como a lo que tú has hecho con el fuego.

-Ya entiendo, quizá los dos deberíamos practicar, entonces.

-¿Para qué?- saltó James algo más alto del tono que estaban teniendo- Mis poderes son una mierda. Ya te has visto, tú repartes hechizos a diestro y siniestro sin varita y con una potencia increíble y yo... ¡¡Yo alivio el dolor!! Casi prefería controlar a los animales.- Se dejó caer en la pared derrotado, no estaba enfadado con Harry por tener mejores poderes, pero no podía evitar sentir una punzada de envidia- Tú vales para luchar y yo para curar. ¡¡No es justo!!

-Tú eres muy bueno luchando, desde que empezamos a entrenar a ahora has mejorado muchísimo y lo sabes. Quizá tu poder sea un poco inútil durante una batalla, pero seguro que le servirá a alguien después. De hecho, a mí no me vendría nada mal que supieras usarlo ahora.

-Sí, pero no sé.

-Pues practica conmigo- Harry se arrodilló justo delante de James y le mostró el brazo herido- concéntrate y desea que me cure, aunque para eso...- Harry vaciló un momento, se le había ocurrido algo. Su padre tenía un buen momento y quería aprovecharlo, exprimirlo un poco para ver si daba su brazo a torcer- para eso sería mejor que no me odiaras.

-Yo no te odio- contestó él rápidamente y Harry sonrió interiormente satisfecho con el éxito de la jugada. James incapaz de comerse su orgullo no le dejó regodearse ni unos segundos- Sólo es que no me caes bien.

Harry se decepcionó un poco, pero de nuevo su contradictorio padre volvió a sorprenderle y le tomó el brazo herido. Lo acarició un poco sin acercarse a la herida, parecía muy concentrado, con muchas ganas, pero el resultado estaba siendo nulo. De hecho, la presión en el brazo estaba haciendo que doliera un poco más.

-¿Se te ha curado?- James abrió los ojos esperanzado pero se encontró con el mismo panorama.

-Andrea dijo que tu poder no era curar, sólo aliviar el dolor de los enfermos y no, no me has aliviado ni un poco.

James bufó desesperado y sin darse cuenta rozó la herida con fuerza provocando el correspondiente quejido de Harry. Una sensación cálida cubrió toda la zona dañada en ese preciso instante y notó cómo el dolor disminuía significativamente. Seguía ensangrentada y abierta pero era como si le hubieran dado un sedante.

-Ahora sí que ha funcionado. – le confirmó con una sonrisa a James- Sigue preocupándote por mí hasta que llegue Remus con la poción.

A la caída de la tarde la antigua mansión Black perdió todo su movimiento; por mandato de Dumbledore ningún miembro de la Orden podía aparecer por la casa excepto Remus Lupin, pero éste había desistido de ese honor por voluntad propia. Harry empezaba a sentir una enorme curiosidad por conocer a la mujer, mucho más después de que Dumbledore le dijera que procurara aparecer en el salón, después de que todos la hubieran saludado. Eso tenía toda la pinta de ser una estrategia del anciano pero no había querido contarle en qué consistía. Si Remus adulto había salido sin ni siquiera molestarse en buscar una buena excusa, el joven cruzaba el salón de lado a lado mordiéndose las uñas hasta quedarse sin ellas. Tenía mala cara, dado que al día siguiente sufriría una nueva transformación, pero después de estar acostumbrado a hacerlo sin poción matalobos el lujo que el futuro le estaba ofreciendo hacía que su enfermedad no le importara mucho.

Andrea se había negado a llegar a Grimmauld Place por cualquier medio que implicara el uso de la magia. Había vuelto a tener una discusión con Dumbledore y éste había aceptado porque sabía que su acuerdo no era aún lo suficientemente sólido como para contradecirla. El metro los dejaba cerca del cuartel general; Dumbledore había intentado parecer lo más muggle posible pero su larga melena y su barba llamaban mucho la atención, aunque en el metro de Londres nadie solía asombrarse por un personaje peculiar. No hablaron en todo el camino, a veces la joven miraba de reojo a su versión adulta intentando encontrar las diferencias con ella. En apariencia no encontraba ninguna excepto las que podían dar veinte años de tiempo, sin embargo por su juvenil mente, junto a la ansiosa idea de estar viva y poder volver a estar con Remus, fluía continuamente la pregunta de qué habría ocurrido en su vida para que una mortífaga quisiera matarla y ella misma se negara a usar la magia de una forma tan rotunda.

El ruido de la puerta principal llamó la atención de todo el salón que salió corriendo hacia el vestíbulo. Harry, siguiendo las directrices de Dumbledore se quedó más retrasado y Ginny hizo lo mismo para hacerle compañía a su novio. La pequeña Sophie se abalanzó al cuello de su madre y la estrujó como si fuera lo único que pudiera hacer en la vida, mientras tanto, el resto iba pasando uno por uno dándole a Andrea un beso de bienvenida. Remus había dejado paso a sus amigos para reservarse él el último momento. Estrechó a Andrea entre sus brazos levantándola unos centímetros del suelo a pesar de la debilidad que sentía esos días, no se dijeron nada en absoluto, ni un simple "hola", sólo se miraron y sonrieron tan sinceramente que todos los que les estaban mirando se conmovieron.

Sophie había soltado a su madre en el mismo instante en que Remus había empezado a acariciar con sumo cuidado la cara de Andrea y para la adulta aquella imagen estaba siendo como el reloj de un hipnotizador, quería dejar de mirar, quería que aquello desapareciera, sentía como si su estómago se hubiese convertido de repente en aceite hirviendo pero era incapaz de apartar la mirada de los dos chicos.

-Buenas tardes, Andrea- Era el saludo más neutral que a Harry se le había ocurrido, algo como un "encantado de conocerte" habría delatado que ella no había estado presente en su vida y eso les haría sospechar a todos aún más.

La voz de Harry despertó a Andrea de su hipnosis, giró la cabeza para ver quién le había saludado y se encontró de frente con un fantasma. El suelo se había evaporado y su cerebro empezaba a sentir que necesitaba oxígeno. Harry y Ginny estaban delante de ella saludándole, pero la imagen que tuvo fue la de James y Lily. Su cerebro le decía que era Harry, sólo podía ser él, y eso es la que la estaba poniendo tan nerviosa, ya había visto a James, había pasado el mal trago en el hospital, había asumido que sus tres mejores amigos muertos ahora tenían diecisiete años y le hablaban como si nada, pero había estado prevenida para ello; sin embargo ver a Harry tan absolutamente parecido a James la había pillado de sorpresa. Era él, el pequeño bebé que había sostenido con un año de edad durante a penas unos minutos, se había convertido en un hombre alto y fuerte que le recordaba a James. Su equilibrio le falló, la sobrecarga de noticias la saturó y estuvo a punto de caerse.

-¿Estás bien?- Remus había alargado uno de los brazos con los que rodeaba a la joven Andrea para evitar que la adulta se cayera, pero para ella hubiera sido preferible que la dejara caer. El vértigo que había sentido al ver a Harry de forma tan inesperada se había acrecentado muchísimo al contacto de Remus, el mismo tacto suave de sus manos que creía haber olvidado. En el brazo donde él la había sujetado le estaba recorriendo una extraña sensación electrizante y sin saber ni cómo ni porqué una serie de imágenes en las que ellos eran protagonistas le venían a la cabeza, con la particularidad de que no recordaba haber vivido ninguna de ellas. Lo miró fijamente y lo vio preocupado por ella, con esos ojos color miel que todavía a veces se le venían a la cabeza para sacarla de sus peores pesadillas.

Hermione había hecho aparecer una silla al ver que Dumbledore no pensaba mover ni un dedo para mejorar aquella situación. Era como si quisiese que Andrea viviese el momento de la forma más chocante posible, pero la fortaleza de la mujer hizo sonreír al anciano en una mezcla de sorpresa y de orgullo. No había llegado a casi sentarse cuando se puso de pie de nuevo quitándose de encima a Remus y Harry, precisamente los culpables de que ella se estuviera sintiendo así; respiró hondo y adoptó una pose altiva, casi poderosa. Sophie se había abrazado a su cintura, asustada por la recaída de su madre e ignorante de la causa que la había provocado. En cierto modo le sorprendía ver así a su madre, en muy pocas ocasiones Andrea había recuperado su parte oscura durante su nueva vida muggle, pero ahora a la niña eso no le importaba lo más mínimo.

-Buenas tardes... Harry- Andrea le estaba mirando directamente a los ojos, a esos ojos que tanto le recordaban a su mejor amiga, pero lo hacía con fuerza, como si le estuviera desafiando, aunque en realidad era más un desafío a sí misma y al propio Dumbledore, al que conocía tremendamente bien y del que estaba segura habría disfrutado con la escena.- Es un placer verte de nuevo tan joven, Remus.- abandonó la conexión visual con Harry para tenerla con Remus, eso sí le estaba costando poner en marcha todas sus dotes interpretativas, porque a pesar de que sabía que ese no era su Remus, el que la había rescatado de su casa hacía pocos días volviéndola a llamar "Andy", le estaba provocando las mismas sensaciones contradictorias.

Remus la miró sorprendido, tenía a Andy abrazada a él con una expresión dulce y enamoradiza y al mismo tiempo podía ver a la otra parte de su chica, la dura y fría, que ahora le miraba como si fuera un mueble nuevo en la sala.

-Ahora que ya nos hemos saludado todos- al decir la frase miró significativamente a Harry y a Dumbledore que le sonrió como un niño pequeño- creo que me iré a la habitación en la que me voy a alojar, si es que alguien me dice dónde está.

Harry era el anfitrión, el que había preparado la habitación, que por petición de Remus estaba lo más lejos posible de la del hombre lobo; pero las palabras heladas de Andrea le incitaban más a llevarla a la puerta de la calle que a la cómoda habitación que le había preparado.

-Sígueme, Sirius no está en Londres estos días, así que digamos que yo soy algo así como el señor de la casa.- le contestó él con el mismo tono seco que había hablado ella.

Andrea cerró los ojos asintiendo a la mentira de Harry, Dumbledore le había contado el triste destino de Sirius y todo lo relacionado con su encarcelamiento, la traición de Petigrew y su muerte a manos de Voldemort. A pesar de haber estado tan cerca de Voldemort, él nunca le había confiado nada relacionado con el doble juego de Colagusano, para evitar cualquier tentación, así que creyó como todos la versión de que había sido Sirius el traidor.

Cuando Harry volvió de dejar a Andrea y a Sophie en la habitación, en el salón había un ambiente enrarecido, como si a todos les hubiese decepcionado encontrarse con esa clase de Andrea. Dumbledore se levantó al ver entrar a Harry y le dio un golpecito en el hombro.

-Paciencia- musitó – Funcionará.

Harry le miró un poco extrañado, no le había contado nada sobre Andrea, no sabía nada de porqué Bellatrix la había intentado matar, de porqué también lo había hecho Nicole. Nada de lo que esperaba de ella o de lo que lo había contado y sobretodo no sabía nada de lo que él pintaba en aquella historia.

-¿Puedo pasar?

Andrea abrió la puerta para dejar pasar a Dumbledore, sin decirle ni una palabra. Se sentó en la silla que había junto a la cama y observó a Sophie investigar por los cajones vacíos de la cómoda antigua.

-Te recordaba mucho más amable con tus amigos.-empezó el director en un tono amistoso.

-Yo no tenía amigos ¿recuerdas? Ellos querían...- se paró en seco antes de decir "matarme" y miró a su hija- Andy, cariño, ¿por qué no te vas un rato al salón con los demás? Dumbledore y yo tenemos que hablar.

-Pero yo quiero estar contigo- se quejó la niña, aunque visto el carácter de su madre ese día mejor era no contradecirla mucho. Con un resoplido se dirigió a la puerta, pero al pasar junto a Dumbledore le tiró un poco de la manga para que se agachara- ¿Ha considerado usted mi propuesta de entrar a su colegio?

-¡¡Andy!!- gritó Andrea que la había oído. Dumbledore sonrió y le guiñó un ojo a la niña que se dio por satisfecha.- No irá a Hogwarts.- sentenció en cuanto la niña había cerrado la puerta- No voy a permitir que entre en este mundo.

-Ella lleva en este mundo desde el día que nació. Tú sabes muy bien que es una bruja, estoy seguro de que ha debido dar alguna señal en todos estos años.- Andrea contrajo los músculos de la cara- Tú sabes que el libro de inscripciones de Hogwarts nunca miente. En nada.- Andrea se puso de pie tan rápido como si alguien le hubiese puesto una chincheta en el asiento- Puede que su padre fuera un muggle, pero es hija de una bruja, nieta de un mago, en tu familia hay demasiada magia.

-No le digas nada

-¿De qué?- preguntó inocentemente.

-¡¡Tú sabes muy bien lo que te estoy pidiendo!!. – Andrea se dio la vuelta y se masajeó la frente como si quisiera quitarse el tema de la cabeza- No creo que hayas venido para hablarme de Sophie.

-Es cierto. He venido porque supongo que tanto tú como Sophie necesitaréis algunas cosas de vuestra casa.

-No nos quedaremos mucho tiempo.

-Es más que probable que sea bastante tiempo. El suficiente como para que seas tú quien hable con ese tal Mark y como para que encargues a alguien que te traiga lo que necesites de tu casa. Estoy seguro de que a Remus no le importará ir.

-¡No!-la voz había salido más alta de lo que ella hubiera preferido- Remus no puede ir a mi casa, si Mark lo ve allí tendrían más de dos palabras.

-¿Mark es tu marido?

-No, pero sabe toda mi historia con Remus, desde un punto de vista absolutamente muggle obviamente pero no le cae especialmente bien.- Dumbledore asintió en silencio- Creo que será conveniente que le llame cuanto antes y le cuente algo- se sentó en la cama pensando en qué le diría; empezaba a agotarse de aquella situación y acababa de empezar- ya veré lo que hago para recoger algunas cosas que me puedan hacer falta.

-Deberías traer tu varita- tentó Dumbledore.

-He dicho cosas que me vayan a hacer falta y eso precisamente no me hará falta.

-Quizá como medio de defensa, estamos en una guerra y no se sabe lo que puede pasar.

Andrea hundió la cabeza entre sus manos e intentó evadirse de todo lo que le estaba ocurriendo. Dumbledore siguió detrás de ella, de pie y verla tan derrotada después de ser quien era le hizo sentir lástima por ella. La había puesto a prueba ese día y sabía que la cosa no acababa allí, sabía que le haría daño pero había toda una guerra en juego.

-¿Te importaría dejarme sola?

A la mañana siguiente la cocina era un ir y venir de tostadas volando entre las cabezas, de botes de mantequilla y mermelada flotando de un lado para otro y de voces más graves que de costumbre después de horas de sueño. Remus estaba muy pálido, esa noche tendría que convertirse en hombre lobo, pero se había propuesto no separarse más de tres centímetros de Andrea, que aunque convaleciente presentaba mucho mejor aspecto que él. Como había demasiada gente en la mesa, Remus se había sentado en el mármol de la cocina y tenía a Andrea entre sus rodillas, alimentándola como si fuera una niña pequeña mientras ella intentaba, sin resultado, evadirse de tantos cuidados. En la mesa de la cocina estaban sentados todos los chicos, con Harry presidiéndola. En el otro lado estaba Andrea adulta que desde que había entrado no había pronunciado una palabra y se mantenía con la mirada fijada en el plato como si así pudiera sacar de su cabeza toda la magia que había a su alrededor, a la derecha de la mujer estaba Sophie, que como cada mañana observaba anonadada los botes volar sobre ella y la sartén preparando sola las tortitas.

-¿Alguien ha visto a Remus esta mañana?- preguntó Harry al darse cuenta de que el hombre no había llegado aún a desayunar.

-No vino anoche a dormir- apuntó Ginny mirando a Andrea de reojo.

-Dudo mucho que aparezca en todo el día- siguió Hermione- Y con Nicole seguro que no está.

-Pero esta noche es luna llena.

Para sorpresa de todos, había sido Andrea adulta la que había hecho esa apreciación; por primera vez había levantado la cabeza del plato y parecía muy preocupada, sin embargo al ver que todos habían fijado en ella la mirada volvió a bajar la cabeza como si no hubiera ocurrido nada.

-Algunas cosas no cambian nunca- comentó Remus abrazando aún más a la Andrea que estaba entre sus piernas- Al menos tú sigues recordando cuándo hay luna llena, no como la rubia esa.-Su novia le miró extrañada, pero Lily no le dio tiempo a responder

-¡Remus! No creo que sea momento para ese tipo de comentarios. Andrea ya se enterará de todo en otro momento.

-¿Remus? ¿Andrea?- Sophie se había levantado y miraba a uno y a otro chico muy extrañada- ¡A ver que yo me aclare!- la niña se puso delante de Andrea y Remus jóvenes- ¿Te llamas igual que tu hermano? ¿Y tú igual que mi madre? Puede que yo no haya visto magia en mi vida pero os aseguro que he visto más pelis de las que vosotros podéis imaginar y esto no me cuadra.

-¿Tu madre? ¿Ésa es tu madre?- la joven no salía de su asombro, mientras que la adulta había encerrado la cara entre sus manos esperando cómo afrontar esa noticia- Tú no dijiste que era su hija- le recriminó a Remus.

-Andy, cariño...

-¡Alto ahí!- Sophie había levantado las manos para que todo el mundo guardara silencio- ¿Vosotros pensáis que yo soy idiota?

-Andy siéntate y cállate- la joven Andrea miró a su versión adulta totalmente extrañada de que le hubiese dado aquella orden y el resto hizo lo mismo, lo que no habían notado es que era con la niña con quien estaba hablando.

-No voy a sentarme hasta que me cuentes porqué una persona que se llama como tú y se parece a ti está ahí sentada con su novio que casualmente se parece mucho a Remus y se llama como él ¡Y fíjate!- satirizó- la llama como te llamaba él en el pasado.

-¿Y tú cómo sabes eso?

-Porque él me lo dijo ¡y no me cambies de tema!

-¡No me hables así!- le gritó Andrea ahora bastante enfadada, mucho más de lo que acostumbraba cuando tenía una discusión con su hija- ¿quieres saberlo? Pues muy bien ¡¡Esta chica soy yo!! ¿qué te parece?

-No me trates de tonta, mamá.

-No lo estoy haciendo ¿no querías la verdad? Pues ahí la tienes. Han venido del pasado. Soy yo con diecisiete años y ése es Remus y al parecer mucho más cariñoso conmigo de lo normal a esa edad, pero sí es Remus. El mismo que tú conoces.- Sophie abrió la boca asombrada mirando a uno y otro; empezó a reírse completamente sorprendida.

-¡¡Me encanta la magia!! ¡¡Esto es genial!! Lo mejor- a cada alabo que Sophie le hacía a la magia su madre contraía un nuevo músculo de la cara, se estaba enfadando a niveles que llevaba años sin alcanzar y lo peor es que empezaba a no controlarlo.- Pero si Remus me dijo que nunca fuisteis novios.

-¡¡Y así es!!- rugió su madre- ¡¡Jamás!!

-Pues ya ves que sí- le desafió la joven.

Andrea la miró con odio y se volvió a concentrar en su plato pinchando los huevos revueltos con tanta fuerza que el tenedor chirriaba al contacto con el plato. La cocina se había llenado de una extraña tensión amarga que estaba afectando a todos, que se intercambiaban miradas cómplices.

-¡Mierda!- exclamó Sirius- me he dejado la varita en la habitación. Hermy ¿me la traes?

-Piérdete, Sirius. – le contestó Hermione simplemente. Sirius se giró hacia James pero no bastó que abriera la boca porque su amigo ya le estaba negando con la cabeza.

-¿Andrea?¿Remus?

-Estamos convalecientes, Sirius. No seas perro y ve tú.

-No puedes pedirme que no sea perro.- contestó él con doble intención haciendo reír a sus amigos.

-Harry, tú no dejarías a tu padrino sin varita ¿verdad?-Harry afirmó con la cabeza- ¡¡Sophie!! Mi niña bonita.

-No lo mires, Sophie- bromeó Ron. Siguiéndole el juego a Sirius, le tapó los ojos a la niña- No lo mires a los ojos que es peor que una serpiente.

-¿Eres capaz de convertirte en serpiente?- preguntó ella esperanzada.

-¡Claro que no!- contestó él casi ofendido y Sophie puso cara de decepción, había pensado que la magia lo podía todo- Pero en perro sí.- Sirius, para deleite la niña adoptó su forma animaga allí mismo. Un enorme perro lanudo estaba sentado en la silla donde había estado Sirius. Mientras que Sophie cruzaba de nuevo la mesa para acariciarle con los ojos fuera de sus órbitas, su madre estaba empezando a maldecir en voz baja, respirando cada vez más rápido.

-Sirius no te conviertas en perro en la mesa- le riñó Remus y Sirius volvió a su forma original.

-¿Irás a por mi varita ahora, pequeña?- ella afirmó con la cabeza rápidamente, era lo mínimo que podía hacer- Bueno, espera, Kreacher lo hará.

El elfo doméstico acababa de entrar en la cocina sin mirar a nadie murmurando cosas no entendibles. Cuando Sirius lo vio, encontró la solución a su problema.

-Kreacher, ve a mi habitación y trae mi varita- el elfo ni siquiera levantó la cabeza para atender a Sirius, él ya no era su amo- ¡¡Kreacher!! ¿no me has oído? Que me fugara de esta casa no significa que no me sigas obedeciendo.- Sirius parecía muy extrañado con la actitud pasota del elfo, él sabía que Kreacher le debería lealtad siempre- Por mucho que nos joda a ti y a mí, yo sigo siendo un Black y tú eres mi elfo doméstico.- Sirius empezaba a impacientarse.

-¡¡Kreacher!!- intervino Harry- ¿no has oído a Sirius? ¿Acaso has olvidado que tienes que obedecerle? Él también es tu amo- Los chicos llegados del pasado entendieron que Harry estaba explicando que el joven Sirius era tan amo suyo como el adulto que estaba fuera, pero en realidad Harry le acababa de ceder a Sirius la copropiedad del elfo.- Es que está un poco viejo- le explicó a Sirius mientras Kreacher volvía a salir para coger la varita de Sirius, todavía sin levantar la cabeza.

Una vez que habían terminado de desayunar, Harry movió sus manos y todo desapareció de la mesa. Los platos se iban lavando en el fregadero y apilándose ordenadamente.

-¡¡Me encanta!!- se escuchó a Sophie una vez más- Harry ¿tú no necesitas varita?- Harry negó con la cabeza- ¿tú tampoco, mamá? Nunca te he visto una.

-Yo no uso magia y tú ve quitándote pájaros de la cabeza porque tampoco la vas a usar.

-¡¡Pero yo quiero ser bruja!! ¿Eso cómo se aprende?- le preguntó a Ron que estaba sentado a su lado.

-He dicho que no- interrumpió Andrea antes de que Ron hablara- No habrá más magia en nuestra familia ¿te ha quedado claro? Yo no uso la magia, no tengo varita ni la quiero.- acabó gritando muy enfadada

-¿Ah no?- vaciló la Andrea joven en el mismo tono de voz- ¿Y esto qué es, entonces?- Andrea le tiró su varita, la misma que la adulta seguía conservando escondida en una caja en el último rincón de su casa en Elgin. Al recibirla sintió como si la invadiera una oleada mareante y de la varita salieron algunas chispas azules, las mismas que habían salido el día que la compró en Olivander's.- Y ahora, si eres capaz, sigue diciendo que tú no eres una bruja.- le retó manteniendo fija la mirada en ella.

-¡¿Qué sabrás tú de mi vida?! No eres aún nada más que una niñata que no tiene ni idea de lo que YO he vivido.

Las dos mujeres que en realidad eran la misma persona se miraron casi con odio, como si fueran desconocidas retándose a un duelo hasta que Kreacher volvió con la varita de Sirius.

El elfo se arrastró por la cocina hasta ponerse junto a Sirius al que le entregó la varita, cuando se giró se topó con el duelo que se traían las dos Andreas que seguían lanzándose miradas de odio de vez en cuando. Como si fuera un imán, la adulta no había sido capaz de despegarse de la varita, sentía lo mismo que cuando vio la escena de Remus y ella misma besándose, quería que desapareciera de su mano y se esfumara la energía que sentía dentro pero no podía separarse de ella.

-¡¡Señorita Markins!!- gritó Kreacher con una voz aguda y se tiró a los pies de Andrea adulta besándole los zapatos.-¡¡Oh, la gran Sophie Markins ha vuelto!! ¡¡Es un honor para Kreacher que esté por fin en esta casa llena de sangre sucia!! La ama de Kreacher estaría tan contenta de verla – los chicos empezaron a intercambiar miradas de asombro. Sirius llegó incluso a hacer un gesto que indicaba que a su elfo se le había ido completamente la cabeza.

-Lárgate, déjame en paz.-la voz de Andrea surgió fría y arrogante.

-Mi madre no se llama Sophie- gritó la niña intentando separar al elfo de los pies de su madre.- Te confundes. Se llama Andrea Mackenzie.- si los chicos se habían sorprendido con el comportamiento de Kreacher, Andrea se sorprendió aún más con ese apellido que su adulta tenía. Miró a Remus reprochándole que no le hubiera contado nada de su futuro, pero Kreacher no la dejó empezar a hablarle.

-Sophie, márchate de aquí- Era escasísimas las veces que Andrea llamaba a su hija por su verdadero nombre y la niña sabía que en esas ocasiones siempre era mucho mejor hacerle caso, así que sin pronunciar una palabras y mordiéndose la lengua para no hacerlo salió de la cocina.

-La más grande. La más leal al Señor Oscuro. Kreacher le sirvió un día ¿se acuerda? ¿sí? ¿se acuerda?

-He dicho que me dejes en paz. ¡¡Cállate!!

Andrea se puso de pie y le gritaba a Kreacher fuera de sí, aferrando la varita con tanta fuerza que los nudillos se le había puesto blancos.

-Kreacher recuerda los tiempos en que la señorita Markins mataba a los sangre sucia y el señor oscuro estaba en el poder. Kreacher lo recuerda. Kreacher adoraba a la señorita Markins. ¿Ha sido capturada por esos idiotas de la orden? Kreacher la ayudará, no se preocupe.

Los ojos de Andrea se oscurecieron mucho más de lo que ya estaban normalmente, su pecho subía y bajaba a velocidades poco saludables. Las palabras de Kreacher seguían resonando en su cabeza mataba a los sangre sucia. La más leal al Señor Oscuro. Junto a las palabras del elfo, los gritos de las personas que había torturado volvían a ella, la sensación de poder, la arrogancia, el odio y la maldad que la había consumido durante años. Mataba a los sangre sucia. La más leal al Señor Oscuro.

-Avada Kedavra.

Las palabras salieron de su boca como si las hubiera dicho otra persona, como si las hubiese dicho Sophie, ésa que la había representado su vida llena de muerte durante años, ésa que sólo Remus había sido capaz de controlar, pero Remus no estaba en ese momento y ella estaba demasiado débil para vencerla. El rayo verde iluminó la cocina sacando a Andrea de su extraño trance, cuando volvió a ser realmente conciente de lo que acababa de hacer miró sus manos y vio su varita en ellas. La magia volvía a su vida, a consumirla trayéndole una nueva muerte. Dejó caer la varita resbalando entre sus dedos y salió de la cocina derrotada.

El restó estaba tan absolutamente conmocionado que no era capaz de pronunciar ni una palabra; en cuestión de segundos habían visto a Andrea comportarse como una persona normal, había oído que había sido la más fiel seguidora de Voldemort y la habían visto matar a Kreacher a sangre fría. Demasiada información para procesar en tan poco tiempo.