CAPÍTULO 35: AL OLVIDO INVITO YO.

La muerte de Kreacher los dejó a todos fuera de juego, no era exactamente que lamentasen la muerte del elfo sino más bien las circunstancias en las que había muerto. La reacción de Andrea había sido la última que esperaban y les había pillado de sorpresa. La joven había pasado todo el día en estado de shock balbuceando de vez en cuando frases como "es imposible" o "yo no soy así". El resto lo había pasado consolándola a ella o preguntándose a sí mismo qué había ocurrido para que acabara así.

Después de pasar la media noche la luna llena relucía en el cielo con una luz especialmente brillante. Los oscuros pasillos de Grimmauld Place estaban en apariencia desiertos después de que sus habitantes se fueran a la cama esperando que el siguiente día trajera explicaciones a lo ocurrido. En la habitación de Andrea adulta la luz todavía estaba encendida, ella estaba sentada en el alféizar interior de la ventana con las piernas recogidas sobre el pecho observando ensimismada el cielo en el que a penas algunas estrellas era capaces de atravesar la espesa contaminación londinense. Durante su juventud aquella enorme luna blanca siempre había supuesto un obstáculo a su relación, había aprendido a odiarla tanto como la odiaba Remus, pero ahora era una conexión a él, le gustara o no, había recordado cada luna llena en los últimos trece años y la había observado con añoranza, como se observa la foto que recoge los buenos tiempos.

No podía dormir pensando en lo que había hecho esa mañana, se torturaba imaginando que todo pudiera volver. Sabía que ella no podía controlar sola lo que la magia le hacía, demasiado tiempo rodeada de magia negra, controlándola hasta hacerla formar parte de ella. Durante la guerra había luchado contra ese dominio por sus amigos, por Harry pero sobretodo por la ayuda que tenía de Remus que cada vez que le veía a escondidas le recordaba que a pesar de su cambio de apariencia, a pesar de haber cometido atroces delitos, seguía siendo su niña, su Andy y que eso no podría cambiar nunca.

La puerta se entreabrió pero ella no se percató, seguía concentrada en mirar a través de la ventana. Si hubiera mirado a qué se debía el movimiento de la puerta podría haber visto un lobo castaño entrar sigilosamente. Remus había dicho a Andrea que pasaría la transformación con Sirius y James y a ellos les había dicho que lo haría con Andrea, de manera que se había reservado la noche a sí mismo, a sus pensamientos y a su curiosidad. No había tenido tiempo de ver de la mujer poco más que la muerte de Kreacher y su rechazo a la magia y eso le estaba consumiendo, quería ver cómo pasaba la noche y fuera lo que fuera en lo que Andrea se hubiera convertido sabía que no podía ser una asesina. Ningún asesino pasaba la noche lamentándose como ella lo estaba haciendo después de matar solamente a un elfo.

-¡¡¡¡AAAHHHHHH!!!

El grito de Andrea al ver a Remus allí cruzó toda la mansión sobresaltando en primer lugar al joven lobo que estaba con ella en la habitación. No había adoptado ninguna postura agresiva pero Andrea se había bajado de la ventana y ahora estaba metida en el último rincón de su dormitorio intentando poner un silla entre ella y el lobo.

-Remus, márchate, márchate.- le pedía nerviosa. Andrea no sabía nada de la poción matalobos y lo único que podía ver era a un hombre lobo frente a ella. Por mucho que éste fuera Remus ella sabía mejor que nadie que un hombre lobo durante la luna llena no se reconoce ni a sí mismo.

La puerta volvió a abrirse para dar paso a un nuevo lobo del mismo tono castaño aunque con el pelo más veteado por tonalidades canosas. Se acercó al otro Remus que seguía plantado frente a Andrea sin saber muy bien qué hacer y le gruñó a forma de reprimenda, como contestación sólo obtuvo otro gruñido disconforme. Andrea estaba alucinando, no podía creer en su mala suerte, si no tenía bastante con uno ahora tenía a los dos y encima enfadados entre sí.

-Sirius, James, por favor- estaba desesperada y ya no sabía a quién acudir. Ninguno de los dos lobos parecía quererla atacar pero sabía que eran imprevisibles.

-¿Qué pasa aquí?- la joven Andrea llegó corriendo y con la varita en la mano.

-¡Vete de aquí! – le gritó la adulta- Avisa a James y a Sirius. Son los únicos que pueden controlarlos.

-¿Pero de qué hablas?- Andrea se había despertado de golpe y estaba algo confusa- Remus, cariño, ven aquí- Andrea se acercó al lobo más joven y le acarició como si fuera un perro bien educado- ¿No veis que se está asustando? Tranquilízate- le dijo ahora a Andrea con la voz más fría- ya no son peligrosos, mantienen su racionalidad con una poción.

Andrea estaba saliendo del pequeño refugio que se había hecho con la silla cuando Sirius transformado en perro entró a tropel en la habitación y se puso en posición de ataque entre Andrea y los dos lobos.

-Sirius, déjalo ya. Aquí la señorita "no quiero magia en mi vida" simplemente se ha asustado al verles.- la adulta no pudo contestar al comentario sarcástico de Andrea porque en ese momento entraban en la habitación los demás con la varita preparada, pero casi sólo con eso, porque parecía que el concepto pijama entre los Potter era "ese gran desconocido".

-¡Falsa alarma, chicos!- Sirius había vuelto a su forma humana e intentaba sacar a todos de la habitación- ¿estás bien?- Andrea afirmó con un gesto casi avergonzada de haber montado aquel espectáculo después de lo ocurrido en el desayuno.

Andrea joven salió con Remus a su lado y después de que Sophie le diera un beso a su madre salió también de la habitación dejando allí al lobo adulto con Andrea.

-Parece que encontraste la manera de controlarlo- Remus no se movió ni un centímetro mientras ella volvía a la ventana a su posición original- Ojalá hubieras estado aquí esta mañana, seguramente no habría terminado matando a Kreacher.

Remus se tensó con la noticia, había llegado a penas unos minutos antes de transformarse con la precisa idea de no encontrarse con nadie así que no había averiguado lo ocurrido. Sin embargo volvió a ver en el rostro de Andrea el dolor que le suponía dejarse llevar por toda la maldad que le traía la magia. A pesar de que sabía que siempre la había ayudado a salir de ese pozo ahora se sentía incapaz de acercarse a ella, de rozarla. Sabía que no podía hablar pero es que le era imposible el más mínimo signo de cariño o de apoyo sin necesitarlo él después así que se dio la vuelta y se marchó de la habitación dejando a Andrea nuevamente sumida en los pensamientos que la estaban consumiendo.

A la mañana siguiente la noticia de que se convocaba una reunión urgente de la orden del fénix sorprendió a Andrea, pero sobretodo por el hecho de que ella misma estaba "obligatoriamente invitada" a asistir. Hubiera discutido con el director en cuanto se lo echara a la cara, de no ser porque todavía se sentía profundamente avergonzada por lo ocurrido con Kreacher, así que decidió asistir a esa reunión para ver qué tramaba Dumbledore. Desde su habitación, en la que se mantuvo encerrada hasta la llegada de la tarde pudo escuchar mucho ajetreo, gente que iba y venía, algunas voces le sonaban como brumas llegadas del pasado y otra sin embargo le resultaban completamente nuevas.

Después de al menos una hora empujándose a sí misma para salir de la habitación y bajar al salón donde sería la reunión, se convenció de que era su obligación y salió de allí por primera vez en dos días. Era temprano y el ruido de la gente venía de la planta baja, así que decidió esperar antes de encontrarse con quién sabe más temprano de lo debido. Sabía que si volvía a su habitación no saldría de allí de manera que prefirió esperar en la biblioteca. Abrió la puerta y por un momento sintió que le faltaba el aire, algo se había colocado en su garganta y le había oprimido el pecho sin dejarla respirar. Delante de sus narices tenía una estampa que bien podía haber sido sacada de su propia cabeza. Remus estaba sentado en un sillón enorme, con aspecto cansado después de la transformación de la noche anterior y sobre sus rodillas una chica joven, rubia y con un look muy similar al que ella llevaba durante la guerra le estaba curando una herida de la frente con sumo cuidado mientras le decía algo entre susurros y sonrisas cómplices. Se hubiera marchado de allí de no ser porque sus piernas no obedecían a su cerebro y esa pérdida de tiempo le costó que Nicole y Remus se dieran cuenta de que ella estaba allí.

-¡Es esa maldita zorra!- Nicole se levantó rápidamente del regazo de Remus y miró a Andrea con absoluto asco.

-Andrea Mackenzie, si no te importa- contestó ella reponiéndose a la visión que acababa de tener-¿Tu novia?- le preguntó a Remus casi con soberbia a lo que él sólo pudo mover la cabeza afirmativamente

-¿Andrea Mackenzie? ¡¡Y una mierda!!- exclamó Nicole fuera de sus casillas.

-¿Se puede saber qué te ocurre conmigo?- Andrea había entrado en aquella habitación buscando precisamente evitar cualquier situación como aquella así que eso la estaba alterando un poco.

-¿No lo sabes?-Nicole se irguió un poco y la miró de arriba abajo con repugnancia- Habrás cambiado tu aspecto. Podrás seguir engañando a Remus incluso a Dumbledore pero yo sé quién eres y lo que hiciste y no se me va a olvidar. Acabaré contigo.

-Nicole, no sigas por ahí, por favor- intervino Remus.- ya hemos hablado de esto

-Déjala –Andrea se había acercado a Nicole y la miraba con superioridad, como si ella hubiera conocido cosas que Nicole nunca sabría; se sentía tan segura de sí misma como no se había sentido en años y eso sólo podía significar una cosa: La magia volvía a ella-¿auror, verdad? ¿piensas que por serlo ya eres una guerrera? ¿qué sabes tú de la guerra?

-He visto más muerte de la que me hubiera gustado.- le gritó ella- Y la peor de todas me la proporcionaste tú. ¡Eres una maldita asesina!

-Basta, estoy diciendo que dejéis esto- Volvió a intervenir Remus viendo que la situación entre las dos mujeres se le estaba yendo de las manos.

-¡Ah, era eso!- le vaciló Andrea ignorando a Remus, seguía mirando a Nicole como un insecto que no merecía la pena, una extraña forma de defender su propia integridad- ¿me viste matar a alguien? ¿a tu familia quizás?- Nicole se alteró y sacó la varita apuntando directamente a Andrea que no se inmutó lo más mínimo. Remus se acercó a su novia rápidamente para detenerla pero la mano de Andrea le paró.- Sí, fue a tu familia ¿verdad?. Pues escúchame bien, niñata engreída, era su vida o la mía ¿te enteras?. No eres la única que quiere salvar el mundo, pero ya aprenderás que no puedes.

-¡¡Cállate!! ¡Tu vida no vale nada! Ojalá hubiera sido la tuya y no la de ellos. No has sido otra cosa que una asquerosa asesina y una traidora. Matar a inocentes y vender a tus amigos no son funciones que cumpla un héroe.

Las palabras de Nicole calaron tan profundo en Andrea que con un rápido movimiento le retorció la muñeca y se hizo con su varita. Los ojos volvieron a oscurecerse como lo habían hecho en la cocina minutos antes de matar a Kreacher. Sintió el poder que le volvía a dar, tener una varita en la mano y se creció aún más.

-Bastarían tan sólo dos palabras para acabar contigo.- masculló mirando a Nicole directamente a los ojos.

-Baja la varita, por favor- Remus le puso la mano en el brazo alzado con el que apuntaba la varita, sabía que tenía que ser lo más tranquilo posible en aquella situación o lo lamentarían todos.

-Dos palabras y no tendría que ver tu cara de arrogante estúpida. –siguió Andrea sin hacer caso a Remus.- Dos palabras y no volvería a escucharte llamarme asesina.

-Cálmate- Remus se puso en medio de las dos mujeres intentando captar la atención de Andrea.

-Lárgate- Le ordenó de mal talante, pero esta vez fue Remus quien ignoró sus palabras. Le acarició la cara con suavidad e intentó ignorar el serpenteo que había notado en el estómago- ¡¡Te he dicho que te largues!!- le gritó de nuevo fuera de sí, mucho más por lo indefensa que se veía entre sus manos que porque se estuviera poniendo en su camino.

-Mírame- Remus le tomó la cara con ambas manos a apenas unos centímetros de la suya- Mírame, Andy. Vamos, Andy, tú sabes que no eres así. ¡Mírame!

Andrea cerró los ojos y respiró despertando como de un trance macabro. Volvía a llamarla Andy y simplemente el tono de su voz al hacerlo la estaba desestabilizando. Lo miró ausente durante un instante y bajó la mano en la que tenía la varita volviéndola a dejar caer entre los dedos. Ya había pasado todo pero ninguno de los dos podía dejar de mirarse a los ojos, era la primera vez que estaba realmente juntos después de tantos años.

-No sé qué me ha pasado.- susurró ella.

Remus se acercó aún más hasta que sus frentes quedaron pegadas; tenía la mirada calmada que siempre había conseguido sacarle de todo el horror en el que ella se empeñaba en meterse. Con suavidad le pasó el pulgar por los labios haciendo que el labio inferior se quedar ligeramente pegado a su dedo mientras los acariciaba.

-No hace falta que te disculpes- le susurró él con media sonrisa.

Nicole no pudo soportar aquella escena ni un segundo más y se marchó de allí dando un portazo que los sacó de la concentración mutua que tenía. Al darse cuenta de lo increíblemente cerca que estaban ambos dieron un paso atrás y se movieron con nerviosismo durante el eterno minuto en que guardaron silencio.

-Deberías estar con tu novia ahora.- atinó a decir Andrea- No ha pasado un buen momento y se enfadará si sigues aquí.

-No le hagas caso, estaba muy nerviosa.- se disculpó él por ella intentando parecer más tranquilo de lo que estaba

-Ella ha dicho la verdad. Soy una asesina.

-Tú no eres una asesina y lo sabes.

-No quiero hablar de esto. Márchate por favor- Andrea cortó la conversación de la forma más seca posible y vio a Remus cruzar la habitación para marcharse. Antes de que cruzara el umbral de la puerta su muro de soberbia y fuerza se derrumbó y empezó a temblar de miedo y de rabia.- Gracias otra vez.- susurró en un tono casi inaudible pero que llegó a los oídos de Remus, que antes de cerrar la puerta sonrió melancólicamente.

A Andrea le costó más de media hora recomponerse nuevamente a los sentimientos y el comportamiento violento que la magia provocaba en ella. Para su sorpresa la magia había influido en ella con muchas más fuerza que lo hacía en el pasado y seguramente se debía al miedo que ella le tenía, al miedo que se tenía a sí misma. La puerta del salón ya estaba cerrada cuando ella bajó pero no le importó lo más mínimo. Se vistió de arrogancia, de una coraza de fría distancia entre ella y el mundo; esta vez no era la magia la que actuaba sobre sí sino un instinto de autoprotección. Sabía lo que se le avecinaba en esa habitación y no estaba dispuesta a mostrar debilidad. Cuando abrió la puerta el nerviosismo cundió entre los miembros de la orden que se levantaron rápidamente con las varitas en alza. Sólo Dumbledore, Remus y para sorpresa de la propia Andrea, Nicole, se mantuvieron sentados.

-Señores, señoras, por favor. –Dumbledore se puso de pie y llamó al orden con tranquilidad- La señorita Markins está aquí porque yo se lo he pedido y me gustaría que siguiera viva durante esta reunión. Hay algo que tengo que contaros sobre ella.

Andrea se quedó paralizada, por dentro el horror la estaba consumiendo pero no daba ni el más mínimo síntoma de ello. Su verdad iba a conocerse y no estaba segura de que lo quisiera. Quizá era mejor que todos la tomaran por una psicópata, una asesina sin escrúpulos; pero no sentía fuerzas para negarse a aquella declaración, así que una vez recuperada tomó asiento con altanería junto a Dumbledore, mirando a los ojos a cada una de las personas con las que se iba encontrando en su camino. Algunas le eran conocidas, otra ni siquiera le sonaba pero todas, excepto Remus que ni siquiera la estaba mirando, tenían en común un profundo odio hacia ella.

-Todos creéis conocer a esta mujer- empezó Dumbledore, todavía de pie, una vez que todos se había sentado- Para la gran mayoría de vosotros es sólo Sophie Markins, pero algunos un día la conocisteis como Andrea- Algunos miembros entre ellos Emmeline Vance y algunos otros de su edad asintieron sin apartar de sus rostros una mueca de asco- Pues bien, llamadla como queráis, pero os quisiera presentar a la mejor y más productiva espía a la que Voldemort ha tenido que enfrentarse.

Un cuchicheo de asombro rompió el instante de silencio que había seguido a las palabras de Dumbledore. Andrea no había perdido detalle de cada uno de los miembros de aquella mesa y le sorprendió ver que Nicole, esa mujer que tan asquerosamente le recordaba a su época de mortífaga se había quedado petrificada, como en estado de shock.

-Esto debe ser una broma ¿no?- Snape se había puesto de pie. Él había trabajado como espía en la primera guerra a favor de la orden y había visto todo desde dentro- Yo traté con ella, y puedo asegurar que era una auténtica mortífaga.

-Severus, que yo fuera capaz de llegar más lejos que tú no te da derecho a cuestionarme.- le escupió Andrea con desprecio. Nunca habían tenido una buena relación, ni siquiera como mortífagos. – Yo siempre supe que trabajabas para esta orden y aunque no lo sepas te salvé el culo en más veces de las que me hubiera gustado.

-Snape tiene razón.- Ojoloco había interrumpido a Snape antes de que le replicara a Andrea y ahora la examinaba con su ojo mágico como si con él fuera a encontrar la verdad- Estuvo a punto de matarme dos veces. No me creo que trabajara solo para ti, Dumbledore. Tú no luchaste contra ella, no la miraste a los ojos después de haber matado a alguien.- Andrea no fue capaz de soltar ningún comentario sarcástico después de esa intervención, simplemente se mantuvo mirando al frente con la cabeza alta.

-Eran órdenes mías.- sentenció Dumbledore y un nuevo murmullo le interrumpió- No el que cometiera esos asesinatos, pero sí que se convirtiera en una mortífaga. Andrea llegó mucho más lejos de lo que yo hubiera pensado jamás y para ello tuvo que matar, torturar y convencer al mundo y casi a sí misma que era una mortífaga. Si alguien duda de mí está en todo su derecho pero ésta es la verdad y no quiero que nadie de esta Orden la persiga como si fuera una mortífaga cualquiera.

-¿Trabajaba para usted cuando cometía sus asesinatos?- Nicole salió de su trance y miró a Dumbledore como si hubiera encontrado en él el punto de ira que llevaba buscando años- ¿Eran sus órdenes que matara a mi familia?

-Nicole, por supuesto que esas no eran mis órdenes, pero si haces memoria te darás cuenta de que no fue la varita de Andrea la que mató a tus padres y a tus hermanos.

-¡¡Pero los mandó ella!!- gritó desesperada poniéndose de pie y encarando a Dumbledore- Ella se quedó ahí impasible mirando satisfecha su buen trabajo.

-También fue ella quien mandó que se marcharan sin matarte incluso después de haberte visto- Andrea se dio cuenta de qué caso en concreto había sido el de Nicole. La había visto y a pesar de que la sensación de poder y maldad la tenían presa, como siempre ocurría cada vez que salía a una misión para Voldemort, su parte humana, la que mantenía gracias a las caricias de Remus le hizo ignorar a aquella niña rubia que la miraba asustada. – Andrea siempre fue conciente de que era su vida o la de aquellos a quien Voldemort le mandaba matar, pero su labor como espía supera con creces las muertes que pudiera haber provocado.

-Eso no es cierto- Esta vez fue Andrea que se había puesto de pie, los miraba a todos con fuerza, casi con desafío- Nada de lo que yo pudiera hacer vale más que la vida de una sola persona que matara. Sus voces me siguen persiguiendo y sus espíritus me torturan pero no les culpo. Es cierto, yo fui una asesina y no me enorgullezco de ello. Quizá tomé la opción más maquiavélica, quizá sea cierto que el fin no justifica los medios pero es la decisión que tomamos. Si actué como lo hice es porque tenía una meta a la que llegar y la alcancé, pero lo hice a un precio muy alto. La magia negra y todo lo que conllevaba estar tan cerca de Voldemort hizo que la magia, en general, acabara consumiéndome, pero nunca fui más seguidor de Voldemort que cualquiera de vosotros.

-¿Crees que vamos a pensar que eres la hija pródiga que vuelve?- le espetó Nicole que estaba completamente fuera de sí, se había llevado la peor decepción de toda su vida. Dumbledore, el mago al que más lealtad juraba, había sido la causa remota de la muerte de sus padres y ahora le pedía que no matara a Andrea.- No has cambiado nada, sigues siendo tan asesina como siempre ¿o me lo vas a negar?

-Nicole, por favor.- interrumpió Dumbledore.

-¡Déjame acabar!- por primera vez en toda su vida le había hablado a Dumbledore sin ningún respeto- ¿Qué hay de Kreacher, Sophie? Lo mataste sin pensártelo sólo porque te había recordado quién eras y ¿qué hay de mí?- ahora miró a Dumbledore- Tu querida espía ha estado a punto de matarme hace un rato si no fuera porque Remus se metió en medio. ¿Ahora también trabajaba para ti?

-¡Nicole!- pero Nicole ignoró completamente a Dumbledore y salió una vez más dando un portazo.- No sé qué habrá ocurrido antes pero...

-Un momento, por favor- Andrea con un tono mucho más bajo que el que estaba usando Dumbledore consiguió captar completamente la atención de todos- Esa mujer, Nicole o como se llame, tiene razón; maté al elfo doméstico y he estado a punto de hacerlo con ella, pero ya he dicho que tuve que pagar un precio muy alto por mi trabajo en la primera guerra. Ahora la magia me consume, me vuelve irascible y violenta y no la puedo controlar, por eso la he dejado a un margen- Cuando lo dijo miró fijamente a Dumbledore para dejarle claro que seguía en sus trece.

-Eso no es cierto- por primera vez en toda la reunión, Remus se puso de pie y habló- Tú controlaste la magia negra cuando más se había arraigado en ti. Sabes que puedes volver a hacerlo.

Los dos se quedaron conectados, mirándose como si estuvieran solos en la habitación, ignorando el hecho de que al menos treinta personas estuvieran pendientes de sus movimientos.

-Deberías estar con tu novia. Otra vez.- Él había captado el mensaje de "sal de mi vida" que ella le mandaba y salió de allí sin pensárselo dos veces.

Andrea se repuso a la extraña sensación que la mantenía unida a él como si fuese el leño que podría salvarla de la tempestad en que se había vuelto a convertir su vida y le repitió la misma frase que le había dicho antes. Guardó un silencio casi doloroso mientras veía a Remus hacerle caso. Estaba saliendo de la habitación para estar con su novia, con una que ya no era ella, pero intentó recomponerse convenciéndose a sí misma que realmente no quería volver a tenerle, que el pasado debía quedar atrás. Volvió a la realidad en la que tenía a toda la orden del Fénix pendiente de ella, nada convencida de que lucharon en el mismo bando, pero no le importó, volvió a adoptar toda la frialdad que podía haber perdido en su cruce de miradas con Remus y habló.

-Ya sabéis quien soy y a unos u otros os aseguro que he velado por vuestras vidas más veces de lo que imagináis. Ahora sólo quiero volver a mi mundo muggle sin tener que preocuparme de que alguno de vosotros intentará acabar conmigo.

Para ella aquella reunión ya había terminado, no tenía nada más que decir ni nada más que escuchar, así que sin dar tiempo a que un nuevo debate en torno a ella se abriera se marchó de allí y volvió a encerrarse en su habitación donde se tumbó en la cama esperando que todo acabase pronto.

-¡Nic! Nicole, vamos, espérame.- Remus había salido de Grimmauld Place corriendo detrás de Nicole que andaba por la calle totalmente desesperada.

-Tú lo sabías. Sabías quién era.- le replicó ella sin dejar de andar a toda velocidad hacia el coche y sin girarse para mirarle.

-¡Claro que lo sabía!- Remus la alcanzó respirando con dificultad dado su estado físico después de la transformación, la tomó del brazo y la giró para que le mirara- Nosotros estábamos juntos en ese momento, no puedes echármelo en cara. Paga si quieres conmigo tu frustración, pero no me culpes.

-¡Y no lo hago! Es sólo que me siento tan confundida.-Nicole se tapó los ojos con una mano en signo de rendición. Remus la miró con cariño, como si fuera una niña desesperada y de repente volvió a sentirse como lo había hecho con Andrea en la primera guerra, como el fuerte, pero él estaba demasiado confundido como para afrontar de nuevo ese papel. A pesar de ello la abrazó tímidamente para reconfortarla.- Dumbledore estaba detrás de todo esto. Yo... yo no puedo seguir trabajando para él después de saber que él y tu amiguita tienen la culpa de que muriera mi familia.

-Sabes que no es así.- le intentó calmar él cogiéndola de la barbilla y haciendo que le volviera a mirar- Fue Voldemort quien dio la orden y la hubiera ejecutado cualquiera de sus mortífagos. Si no hubiera sido Andrea quien lideraba el grupo tú no estarías aquí ahora.

-Y tendrías el campo libre para volver con ella ¿no es así?- le saltó con la falta de coherencia que sólo da la desesperación.- He visto la escenita de antes y sé lo que hay entre vosotros.- Remus cerró los ojos intentando buscar a aquella situación una coherencia que ni él mismo tenía, pero dejó a un lado las extrañas sensaciones que había sentido ese día con Andrea y le hizo caso a su cerebro.

-Yo estoy contigo ahora; es lo que decidí y lo hice porque quiero que estemos juntos. Además... Andrea se irá pronto. Ella tiene una vida y una familia.– era una mala excusa, pero era la única que él mismo se repetía en la cabeza para seguir adelante- Respecto a Dumbledore, no puedes culparle de esto.

-No puedo seguir luchando para él.-le dijo con rotundidad- No puedo seguir en la orden sabiendo que ella trabajaba para él. Sabiendo que él la protege. Simplemente no puedo.

-Escúchame- ella estaba al borde de las lágrimas y él realmente no tenía ni idea de qué hacer para consolarla- Esto ha sido un golpe muy duro para ti pero Dumbledore no tiene la culpa de que tu familia muriera, si tú necesitas culparle a él o a Andrea, lo entiendo, es normal, pero no puedes dejar la Orden ahora. Algún día te darás cuenta de que Dumbledore, equivocado o no, actuó lo mejor que supo. Si no quieres luchar para él, sigue dentro por mí. Lucha conmigo simplemente, pero no nos dejes.

Nicole le miró durante unos segundos examinando su expresión. Le quería hasta la locura y por muy desilusionada que estuviese, por muy incapaz que se sintiese de luchar para Dumbledore, no podía ignorar la mirada de Remus.

-Sabes que lucharé contigo siempre, dentro o fuera de la orden, pero... no sé, tengo que pensar, aclararme un poco. Si lo hago será sólo por ti.- Remus le sonrió y la besó en los labios levemente- Ya puedo volver a ver a Dumbledore como lo hacía ni puedo dejar de odiar a Markins de la noche a la mañana. Si un día me provoca acabaré con ella aunque eso me cueste nuestra relación.

-Ella se irá muy pronto de nuestras vidas y volverá a ser sólo un fantasma. - le aseguró – No te obsesiones, cariño. A veces hay que saber dejar las cosas atrás.- Ella movió la cabeza afirmativamente más por inercia que porque lo pensara, le dio un beso y se metió en el coche- ¿Te veo esta noche?

-Déjame esta noche para pensar.- le contestó ella forzando una sonrisa mientras arrancaba el motor- Nos vemos mañana.

La reunión se había alargado al menos una hora después de que Andrea se marchara. Dumbledore había tenido que enfrentarse a todos defendiendo su postura y convenciéndoles de que no estaba bajo ningún imperius que le hacía defenderla. Finalmente su autoridad moral sobre todos y el hecho de que muy excepcionalmente cuestionaban sus decisiones, la Orden del Fénix acabó aceptando que Andrea había sido una aliada y se comprometieron tanto a no matarla como a evitar que el ministerio lo hiciera.

El día de explicaciones no había acabado para Dumbledore. Ahora era el turno de sus amigos, de los que como adultos habían creído que era una mortífaga e incluso la habían intentado matar en varias ocasiones. Ahora necesitaban alguna explicación, aunque fuera una versión adulterada de la realidad, para que abandonasen el tema y no investigasen por su cuenta. Harry ya le había contado que todos menos James sabían que sus padres habían sido asesinados y si se esmeraban un poco no tardarían en descubrir toda la verdad, así que para evitar cualquier hipótesis que pudiera terminar haciéndoles daño decidió contarles por qué Andrea se había comportado como lo había hecho.

Antes de nada mantuvo una corta conversación con la mujer para pedirle explicaciones por lo de Kreacher y Nicole, aunque no había querido ser muy duro con ella porque sabía cual había sido la causa. Para ella recordarle ahora quién había sido no era más que una tortura que aceleraba el miedo que tenía de volver a convertirse en lo mismo si metía de nuevo la magia en su vida.

En la cocina estaban todos los chicos excepto Sophie, a quien habían decidido dejar al margen de todo. Estaban sentados alrededor de la mesa de la cocina esperando lo que Dumbledore tuviera que contarles. Había optado por una versión edulcorada de la historia omitiendo que Andrea había sido una temida asesina.

-Nadie excepto Remus y yo sabíamos la verdad. Para el resto Andrea era una mortífaga y por eso visteis a los aurores intentar capturarla, pero traicionó a Voldemort y la descubrieron y es por eso que te atacaron en Hogsmeade- le dijo a Andrea.

-Mató a Kreacher sin escrúpulos.- dijo la propia Andrea- Tuve que convertirme en algo más que una espía.

-Te cuesta controlar lo que la magia negra dejó en ti, por eso ocurrió pero no hay nada de maldad en ti- Dumbledore le sonrió- Ni ahora, ni nunca.- el director estaba viendo que iba a tener que enfrentarse a una nueva bandada de preguntas así que decidió terminar con aquello cuanto antes- Ahora, por favor, tengo que hablar con Harry a solas, así que si no os importa os pediría que os marcharais.

Los chicos se marcharon y Harry se quedó allí sentado junto al director. Llevaba ya algún tiempo esperando esa conversación y después de que les explicase lo de Andrea sólo le quedaba que le contara qué quería de él.

-¿Qué tal las vacaciones, Harry?- Dumbledore se puso cómodo en su asiento y sintió como al relajarse por primera vez en ese día el peso que había soportado cayese con aún más fuerza sobre sus hombros.

-Hubieran sido mejores si Andrea no hubiera estado en el hospital, pero al menos he avanzado algo con mi padre. Nuestros poderes crecen. – Harry le hacía el resumen de la semana sin poder evitar mirar al anciano con suspicacia.- Pero usted quería contarme algo ¿no es así?

-Harry, las cosas cada día están peor con Voldemort, ya viste que se dignó a atacar Hogsmeade cuando en la primera guerra a penas había cometido algunos asesinatos allí. El ministerio no da abasto y nosotros no somos capaces de controlar a sus mortífagos, cada vez son más y lo peor es que no encuentro la manera de acabar con él.- Era una auténtica declaración de sinceridad pero sabía que con Harry después de lo de Sirius y de haberle ocultado su origen lo mejor era apartar las mentiras.

-Soy yo quien debe acabar con él y ya le he dicho que mis poderes han crecido muchísimo con mi padre.

-No es suficiente.- Dumbledore se pasó las manos por la cara- Necesitamos a Andrea, ella es quien tiene que entrenar tus poderes y los de James. Ella es la única que sabe cómo puedes acabar con Voldemort.- guardó silencio unos segundos dando un margen para el siguiente paso- pero ella quiere huir, ya te he dicho que la magia la consume y ella le tiene miedo. Andrea fue una mortífaga- Harry asintió con la cabeza, se lo acababa de contar- pero no una cualquiera, se ganó la confianza de Voldemort a base de crueldad y muerte.- Harry se quedó un poco sin palabras y abrió ligeramente la boca- pero preferiría que esto quedara entre nosotros, no sería bueno para ellos pensar que su amiga será una asesina.

-Está bien, no se preocupe- Harry había vuelto a recuperarse y ahora afrontaba la situación con la madurez que siempre desprendía cuando se trataba de Voldemort- pero es que no entiendo qué quiere que haga yo para que ella se quede. Hable con Remus, a lo mejor él puede convencerla.- Dumbledore negó con la cabeza.

-Si hay una persona por la que Andrea se quedara, ésa eres tú. De hecho, creo que si fuera por Remus saldría corriendo sin mirar atrás. El amor tiene estas cosas- bromeó antes de volver a la seriedad

-Es que no entiendo por qué yo.

-Eres el hijo de su mejor amiga y ella... siempre se sintió muy culpable por la muerte de tus padres. Harry te pedí que no vieras a Andrea hasta que no llegara a casa para causarle mayor impacto, sé que le habrá dolido más y sé que cuando le pidas que te ayude lo pasará muy mal, pero, si te soy sincero, ella es tu última esperanza. Sin su ayuda no saldrías vivo de un enfrentamiento con Voldemort.

-Pensaba que no me iba a dejar enfrentarme a Voldemort- Harry sabía muy bien por dónde iba, el anciano siempre se había negado a que Harry se enfrentara a Voldemort y su entrenamiento era para algún momento futuro, ahora le estaba hablando como si ese momento estuviese muy cerca.

-Por mucho que me pese, tendrás que hacerlo llegado el momento y para nuestra desgracia, ese momento se acerca peligrosamente- Harry respiró hondo para hacer desaparecer la pequeña punzada que se le había cogido en el estómago y se repuso enseguida.

-¿Qué quiere que haga para convencer a Andrea?- le preguntó con firmeza.

-Ella es muy lista, aprendió a conocer las intenciones de la gente casi por el tono de su voz, así que tienes que ser casual, si se lo pides directamente ella sabrá lo que buscas y se negará.- Harry asintió- Harry, los dos sabemos que has aprendido a ser un gran manipulador y como apunte técnico te diré que si usaras la legimencia con ella, dudo que encontraras las grandes barreras que es capaz de proporcionarse. Puede que sea aprovecharse, pero está en un mal momento y quizá sea éste el único del que dispongamos.

-¿Tan importante es?

-Tu vida depende de que ella acepte.

La tarde anterior al día en que los chicos volvería a Hogwarts, Andrea estaba sentada en el salón con su hija. La niña tenía el pelo mojado y su madre le estaba cepillando la larga melena. A penas habían hablado en los últimos días, Andrea estaba más irascible y Sophie seguía empeñada en convertirse en bruja, así que se habían distanciado un poco.

-Tienes la merienda en la mesa de la cocina.- le dijo suavemente una vez que había acabado con el pelo.

-Mamá- Andrea que había empezado a leer un libro, lo bajó y miró a su hija- ¿papá también era mago?

Andrea tenía dos opciones, o volver a enfadarse con su hija o intentar hacerle ver por qué ella odiaba tanto la magia, y por mucho que le pesara mantener con su hija una conversación sobre magia, no quería alejarse más de ella.

-Ven aquí- le señaló un sitio junto a ella en el sofá- Tu padre no era un mago, cariño, él nunca fue capaz de entender la magia; le daba miedo igual que a mí ahora.- Era la primera persona con la que Andrea se estaba descubriendo, con la que se estaba mostrando sin barreras y Sophie pareció entenderlo porque le sonrió con cariño.

-Pero tú nunca tienes miedo. Además la magia es guay ¿no lo has visto? Incluso a ti te gustaba, pero ahora... ahora no sé porqué te enfadas cada vez que te saco el tema. Yo quiero ser una bruja, como tú y quiero que tú vuelvas a usar una varita y que me enseñes a usarla a mí.

-Andy, mi vida, una no aprende a ser bruja, puede que lo seas o puede que no, pero yo preferiría que no entraras en este mundo. Tú no lo entiendes, pero están en guerra- Sophie abrió los ojos en una mezcla de miedo y sorpresa- Por eso hay tanto movimiento, por eso me atacaron y he estado este tiempo en el hospital. Yo no quiero que tú pases por esto- le acarició un poco la mejilla y enredó sus dedos en los rizos que empezaban a formarse.- Yo sé lo que es estar en guerra, fueron años durísimo por eso ahora no quiero la magia. Perdí mucho, muchísimo en ella y no quiero que tu sepas lo que es el dolor de la pérdida. La magia no sólo es guay, como tu dices, también es capaz de matar a personas, de hacerles daño.

-Pero si yo soy una bruja como tú, éste sería mi mundo ¿no?- le preguntó con inocencia, no quería volver a discutir con ella – Tú te has negado a volver a él, pero... a mí me gusta.

-Cariño, tú eres lo único que me queda en el mundo. Un día lo tuve todo ¿sabes? Tenía unos amigos maravillosos, un chico que me quería muchísimo y una familia encantadora pero la magia se lo llevó todo. Mató a mis amigos, a mi familia, a toda, poco a poco y se llevó a ese chico estupendo. Tú fuiste lo único que me hizo seguir y no quiero que entres en un mundo en guerra ni que pases por lo mismo que pasé yo.

Sophie estaba emocionada, se puso de pie justo delante de su madre y le hizo una caricia parecida a la que ella le había hecho un momento antes. Le sonrió con tanta dulzura que Andrea sintió que no podía permitir que la magia se llevara la inocencia de su hija.

-Tú dices que la magia te lo quitó y yo te digo que te lo dio. Esos amigos son magos, todos, y ese chico... ¿Remus, verdad? También es mago, si no hubieras sido bruja no los habrías conocido y respecto a nuestra familia, yo no sé nada, pero supongo que los abuelos y la tía Alex también eran magos ¿no?

-Tu abuela no, pero tú has sacado toda su cabezonería. Anda ven aquí- Andrea atrajo a su hija hacía sí para darle un abrazo. Lo necesitaba mucho más que la niña para poder soportar todo lo que tenía alrededor, pero no la dejaron disfrutar de él.

Sirius había entrado corriendo en la habitación como alma que llevaba el diablo con la cara descompuesta.

-¡¡Ha habido un ataque!!- gritó cuando recuperó el aliento, pero todavía con la mano puesta en el costado- ¡¡Los mortífagos han atacado Downing Street!! Todavía no saben si el primer ministro ha muerto o no.

Andrea se puso de pie rápidamente separándose de Sophie, a la que miró con una severa expresión de "¿ves lo que te dije?".

-Andy, vete a tu cuarto.- La niña intentó protestar pero antes de que el sonido saliera de su boca, Andrea la había fulminado con una mirada que no admitía respuesta y ella se marchó- ¿Qué ha ocurrido?

-Han muerto un montón de muggles y la orden está allí al completo. Harry está como loco por marcharse allí, eso está a apenas media hora de aquí.

-¿Ha llegado alguien de la orden para informar?- preguntó Andrea saliendo la habitación con Sirius.

-Sí, pero se ha ido en seguida. No sé quién es pero estaba muy nervioso. Macgonagall está en el salón organizando y ha hablado con ella pero por lo que he oído ha caído alguno de los nuestros.

-¿Quién?- Andra le cogió fuertemente del brazo para pararlo en mitad de las escaleras. El miedo se había apoderado de la expresión de su cara y Sirius supo que estaba tremendamente preocupada por Remus.- ¿No han dicho ningún nombre?

-Tranquila. Remus es un merodeador.- Sirius le guiñó un ojo y empezó a bajar las escaleras más deprisa para evitar que Andrea le viera a él también muy preocupado.

Todavía pasaron dos horas de desesperación en las que Ron estuvo a punto de darle un puñetazo a Harry para que no se marchara de allí. Finalmente llegó un chico joven al que Harry a penas conocía de vista; entró directamente al salón donde estaba la profesora Macgonagall y se marchó en seguida. Los chicos no tardaron una milésima de segundo en entrar al salón y preguntar a la profesora qué había ocurrido.

-Han muerto treinta muggles, gente importante del gobierno de Inglaterra, pero el primer ministro está a salvo.- la profesora Macgonagall parecía estar muy cansada y tenía unas grandes bolsas bajo los ojos- De los nuestros... bueno llegamos muy tarde y por suerte la mayoría están solamente heridos, ya han sido llevados a San Mungo, pero...- miró a los chicos que parecían estar desesperados. En un segundo plano, Andrea miraba a la profesora como si su integridad mental dependiera de sus palabras- ha muerto Emmeline Vance.

Fue un golpe duro, todos la conocían, para unos era la chica de sexto que era muy amiga de Alex, la hermana de Andrea, para otros era un miembro de la Orden con la que llevaban tratando ya mucho tiempo. Andrea no mostró nada, cruzó una mirada con la profesora Macgonagall que se había sentado derrotada y se marchó de la habitación, huyendo de nuevo del horror de la guerra.

Todos se habían acostado cuando Harry bajó a la cocina para despejar un poco la mente. No podía dormir y sabía que Ginny se preocuparía si él empezaba a dar vueltas en la cama así que con la excusa de que tenía hambre bajó las escaleras esperando encontrar una solución al tema que Dumbledore le había planteado. Le hubiera gustado hablar con Remus y que éste le aconsejara por donde atacar pero se le veía demasiado difuso últimamente y aún no había vuelto del hospital aunque sabía que había salido ileso de ese ataque.

-Hola, cariño, ¿no puedes dormir?- Lily estaba en la cocina con un vaso de leche en una mano y un pedazo de pastel en la otra.

-No, tengo muchas cosas en la cabeza- le dijo a su madre dándole un beso en la mejilla- ¿Y tú, qué haces aquí?

-Quería un vaso de leche y a tu padre le pirra la tarta de queso, así que se aprovecha de mí.

-Perdón, no sabía que estuvierais aquí- Andrea adulta había abierto la puerta y se había topado de frente con una escena maternal que no le hubiera gustado ver- Sólo quería un vaso de agua.

-Tranquila, yo ya me iba.- Lily le sonrió como lo hacía con la joven y Andrea pensó que no era justo que Lily se hubiera ido y ella siguiera viva- Buenas noches, cielo.- Le dio un beso a Harry y se dirigió a la puerta.

-¡Mamá!- Lily se volvió un poco sorprendida porque Harry casi nunca la llamaba así, pero le había gustado el detalle; a la que no le había hecho tanta gracia era a Andrea que al oír a Harry había dejado caer el vaso que tenía en la mano montando un escándalo ante el cual Harry sonrió interiormente, el primer paso había funcionado- Nunca he probado una de tus tartas y a mí también me encanta la de queso.

Lily dejó las cosas en la mesa y sacó su varita, en cuestión de segundos algunos ingredientes volaban por la cocina y se mezclaban para dejar sobre la mesa un enorme pastel de queso con mermelada de fresa. Volvió a besar a Harry en la frente y se marchó dando las buenas noches a Andrea que estaba poco menos que en estado de shock. Harry empezó a comerse la tarta con parsimonia, observando de espaldas a Andrea que estaba recogiendo los restos de cristales, tenía que ser muy cuidadoso para conseguir su objetivo.

-Dumbledore nos ha contado lo que hiciste en la primera guerra.- Andrea se giró bruscamente- Bueno, la verdad sólo me la ha contado a mí, al resto le ha dado una versión light.

-Si vas a decirme que soy una asesina o cualquier cosa por el estilo, ahórratelo. No tengo cuerpo para escucharlo hoy una vez más.- Andrea se sentó derrotada a la mesa enfrente de Harry- ¿Me das un pedazo? Lily siempre fue muy buena cocinera.

-Yo sólo he probado esta tarta, pero sí, la verdad es que es muy buena.- Por un instante se miraron fijamente y Harry echó mano de su capacidad con la legimencia. Tal y como le había dicho Dumbledore no había barreras, ni si quiera se había percatado de que había entrado en su mente. Vio a la mujer con el pelo corto y pintado de rubio con un bebé en brazos que se parecía muchísimo a él. – me alegro que Dumbledore me contara tu pasado. Desde que conocí a tu versión joven me preguntaba porqué no habías aparecido en mi vida, como Sirius o Remus. Ahora entiendo que mi madre no te dejara acercarte a mí. Ella pensaba que eras una mortífaga ¿verdad?

Andrea respiró hondo y fijó la vista en el pedazo de tarta que Harry le había dado. Jugó un momento con su tenedor, haciendo dibujos en la mermelada, como si estuviese teniendo una regresión.

-No podía decirle la verdad a Lily- sonrió con melancolía sin mirar todavía a Harry- ella nunca hubiera levantado la varita contra mí si hubiera sabido lo que estaba haciendo, pero... una vez, cuando tú no tenías ni si quiera un año, fui a tu casa. Voldemort me había dicho el contenido de la profecía y cuales eran sus intenciones, así que no pude resistirme a contárselo personalmente a Lily.- Harry observaba con atención cada uno de los gestos de la mujer, que parecía estar tremendamente agotada- No me mató de milagro, era muy buena ¿sabes?- Harry le sonrió- tuve que contarle toda la verdad atada a una silla. Podía haberme matado en cualquier momento pero algo en su interior le decía que me escuchara. Me dejó que te cogiera un rato en brazos, ésa fue la primera y la última vez que te vi. Eras un niño precioso- los ojos de Andrea empezaron a brillar por las lágrimas- Tu madre me pidió que cuidara de ti cuando ella no estuviera. Me dijo que sabía que iba a morir, pero que tú te salvarías y que serías un gran hombre. No sé cómo lo supo, pero me dijo que tenía que ayudarte.- Andrea se puso de pie incapaz de continuar sin ponerse a llorar, se dio la vuelta y llevó el vaso y el plato al fregadero.

-Remus me ha dicho que mis padres debieron tener flashes de este viaje al futuro cuando yo nací, algo como lo que a ti te ocurrió el otro día al tocar al Remus joven.- Andrea se giró de nuevo para mirarle, pensaba que no se habían dado cuenta de lo ocurrido, pero Harry le sonrió casi con superioridad haciendo que se pareciera aún más a James.

Quizá era todo lo que había aguantado ese día, o quizá que Harry le recordara tanto a James o incluso traer de nuevo aquella petición que le hizo Lily, pero no pudo más y empezó a llorar, las lágrimas caían silenciosas por sus mejillas y Harry pensó que Dumbledore llevaba razón cuando le había dicho que sería muy duro para ella.

-Siento mucho no haber cumplido con la promesa que le hice a tu madre, siento no haber cuidado de ti cuando me necesitabas. Intenté llevarte conmigo cuando ellos murieron, pero Dumbledore me dijo que conmigo corrías más peligro que con tu tía, que su sangre te protegería y yo... yo me rendí hace mucho tiempo.

-Ey, ya,- Harry le acarició el brazo para reconfortarla- no importa, no es que con mis tíos me fuera muy bien, pero luego aparecieron Sirius y Remus y ellos han sido como unos padres y bueno, ahora nos conocemos ¿no? Ya volveremos a vernos cuando esto termine- Andrea le sonrió por su comprensión, pero no esperaba el segundo golpe- Si es que consigo sobrevivir. Si lo hago prometo ir a verte a Elgin.

Harry se dirigió de nuevo a su tarta como si no hubiese dicho nada más que que hacía una buena noche, sabía que había dado en el clavo y ahora sólo le quedaba esperar a que ella moviera su pieza.

-¿Por qué no ibas a sobrevivir?- había casi miedo en su voz- Tienes los poderes más fuertes de Gryffindor, ¿cuál es el otro?- Harry la miró asombrado- Tu otro poder, si tienes el poder más agresivo de Gryffindor es imposible que sólo tengas ése ¿cuál es el otro?

-Sólo tengo ése, hago magia sin varita y punto y eso, para mi desgracia, no es suficiente para acabar con Voldemort. No sabes lo fuerte que está ahora. Yo me entreno, pero sé que no seré capaz de acabar con él. No sé cómo hacerlo.- Harry se estaba haciendo la víctima, en el fondo él pensaba que podía acabar con Voldemort sin ayuda de Andrea pero Dumbledore le había dicho que no, y prefería andarse con cuidado.

-¿Y si sabes que no podrás por qué entrenas?-Harry tuvo la sensación de que Andrea le había descubierto, el tono de su pregunta tenía una doble intención así que tenía que ser cuidadoso.

-Por mis amigos, por Ginny, no voy a permitir que nadie les haga daño. Tú sabías que Voldemort terminaría descubriéndote después de que me pusiera en su punto de mira, sabías que antes o después te terminarías delatando porque estaba tocando a tus amigos, a mí, pero seguiste dentro. Yo no sé cómo acabar con él, ni como encontrar ese otro poder que tú dices que tengo, pero no me voy a rendir. Si tengo hacerlo sólo lo haré, no me importa morir.

Harry empezó a recoger los platos de la mesa dejando a Andrea pensar en sus palabras. Había llegado a calarle incluso a él mismo, casi había sentido miedo al pronunciarlas, porque lo cierto era que sí le importaba morir. Se iba a marchar, al ver que ella no reaccionaba pero la voz de Andrea le detuvo.

-¿Crees que tu madre se refería a esto?- Harry la miró y no habló, invitándola a continuar- ¿Crees que ella quería que te ayudara ahora, que te ayudara a acabar con Voldemort?

-No tengo ni idea.- le contestó él sinceramente- Pero dudo mucho que mi madre quisiera que muriera con diecisiete años. Tengo la sensación de que tú sabes todo lo que yo necesito saber, pero tienes demasiado miedo a dejar que tu vida vuelva a ti. –Andrea escondió la cara tras sus manos- Si no quieres hacerlo, no lo hagas; ya he visto lo que la magia hace en ti, pero si no lo haces sentirás toda la vida que le has fallado a mi madre.- Harry abrió la puerta de la cocina para marcharse.

-¡Harry! Me voy a arrepentir de esto toda mi vida, pero... te diré todo lo que sé, sacaré ese poder que tienes. Me quedaré en Londres hasta que lo logres, pero... pero la magia...

-No tienes porque usarla.- Andrea le sonrió en agradecimiento- Muchas gracias, Andy.

Esta vez sí se fue de la cocina. Había usado aquel nombre a posta y había acertado de lleno, era una forma de recordarle a Remus, lo único que había mantenido de su vida de Andrea cuando era una mortífaga. Harry había conseguido su objetivo, ahora sólo le quedaba esperar a ver cómo se desarrollaban las cosas.

N/A: Si tuviera que explicar mi retraso, faltaría tiempo para hacerlo, pero si tuviera que explicar cuantísimo lo siento nunca encontraría palabras suficientes, así que sólo os pido algo de confianza y de paciencia y sobretodo os agradezco a todos y a cada uno de vosotros lo importantes que sois para mí y esperar como lo estáis haciendo.

Espero que tres capítulos sean compensa suficiente a tantos reviews, los cuales, aunque no pueda contestarlos, he leído.

Un beso muy muy fuerte