CAPÍTULO 36: OLVIDÉ QUE PROMETÍ OLVIDARTE.

El último ataque de Voldemort a la residencia del primer ministro inglés, había dejado al mundo muggle totalmente conmocionado. El ministerio de magia no había ganado para hechizos desmemorizantes pero había conseguido devolver una relativa calma en tiempo record. La mejor excusa la encontraron en un ataque contra los dirigentes ingleses de un grupo de radicales que buscaban la caída del gobierno del momento, pero para los magos y brujas, que sabían toda la verdad, un ataque contra el dirigente de los muggles sólo les hacía pensar que el suyo podía ser el siguiente y si eso era así, sabían que Voldemort tardaría muy poco tiempo en hacerse con todo el poder.

Los chicos habían vuelto a Hogwarts mediante un traslador que les había dejado justo en el despacho de Dumbledore. Se habían levantado temprano y a penas habían tenido tiempo para despedirse de Andrea y Sophie, que había intentado colarse en el grupo para visitar de una vez ese colegio que se le presentaba como algo mucho más emocionante que lo que ella tenía que hacer. En cuanto los chicos se fueron y antes de cruzarse con Remus por lo pasillos, Andrea se deslizó por la puerta de la calle, dejando a su hija con un entretenido desayuno, sabedora de que si se encontraba con Remus éste no la dejaría salir sola y no le apetecía nada tener que cruzar con él una nueva palabra en ese momento. Tenía que llamar a Mark y contarle algo para que no se preocupara, darle algunas direcciones para el trabajo de los futuros meses y mandarle para que hablara con la dirección del colegio de Sophie. El tono de su voz le dijo que no lo había convencido con sus excusas, que a penas se había creído que ella estuviese en Francia por placer cuando había rehuido ese país hasta en su nombramiento, pero no dijo nada, como siempre. Mark nunca la cuestionaba y era eso lo que lo había mantenido a su lado tanto tiempo.

-¿Piensas volver?- le dijo con la voz casi apagada a través del teléfono de la esquina.

-Supongo, pero si no vuelvo, no me busques, ni a mí ni a Sophie. Ella estará bien. –había casi un tono de ángel anunciador en su voz, como si estuviera profetizando una catástrofe, pero no se inmutó- No vayas por casa, quizá mande a alguien para que recoja nuestras cosas.

-Pero no puedes dejarlo todo y marcharte así como así, ¿qué hay del trabajo y del colegio de Sophie?

-No te preocupes por eso, yo... ya tengo un trabajo, algo así como una especie de clases particulares a un chico... importante y tú sabrás apañártelas solo. Sophie... está a punto de ser reclamada por una de las mejores escuelas del país, aunque a mí no me hace ninguna gracia que vaya.

-Te noto distinta, a pesar de lo segura que pareces... yo creo que estás muy perdida.

-Mark, por mucho que lo has intentado nunca has llegado a conocerme.- Andrea sonrió con amargura- De hecho, por suerte o por desgracia, me he encontrado y... ahora tengo mucha prisa. No vayas por casa, por favor.

Andrea no le dio tiempo a rechistar, volvió a casa arrastrando los pies sabiendo que todo lo que le había dicho a Mark era una triste verdad. Por mucho que ella se negara, las cartas de Hogwarts terminarían llegando a las manos de Sophie, lo levaba en la sangre, pero eso no era lo que más le pesaba. Se había encontrado, con ella y con su pasado, y eso le asustaba muchísimo, casi tanto como enfrentarse a Remus. Si no vuelvo, no me busques. Algo le decía que no volvería, que Andrea Mackenzie había dejado de existir el día que Remus la estrechó de nuevo entre sus brazos y la llevó a San Mungo, pero aquel sentimiento de pérdida, aquel mal presagio llegaba más lejos.

Entró en la mansión esperando encontrarse con su hija en la cocina pero al llegar a la puerta escuchó la voz de Remus y prefirió no entrar. Ascendió las escaleras lo más rápido que pudo para no cruzarse con él, lo único que esperaba es que el encuentro se demorase lo máximo posible.

El colegio de Hogwarts estaba totalmente vacío. El tren aún no había llegado a Hogsmeade cuando los chicos soltaron su traslador en el despacho del director que les dio instrucciones para no mencionar su salida a Grimmauld Place después del ataque. Dumbledore había hecho lo imposible para que la foto de Andrea Markins quedara lo más alejada de los diarios, pero no pudo evitar que la historia de que la temida Sophie Markins volvía a estar en busca y captura llenara cada día El Profeta y demás revistas sensacionalistas, contando en la mayoría de ocasiones una serie de barbaridades sobre su actual paradero, solo comparables a las que habían contado sobre Sirius.

En general, todos estaban cansados, habían dormido poco, por no decir nada en el caso de Harry o de Andrea; así que decidieron dejar a un lado la posibilidad de tener el castillo para ellos solos y se fueron a la sala común a apoderarse del mayor número de cojines que había, dispuestos a pasar la mañana allí, sin hacer absolutamente nada, ni si quiera Hermione parecía tener ganas de empezar a darle caña a los EXTASIS a pesar de que llevaba todo el curso diciendo que decidirían sus vidas.

Llegar a Hogwarts era como entrar en una burbuja que te aislaba del exterior, la pesadez con la que se habían levantado después de lo del ataque a Downing Street y la historia de Andrea, parecía que se disipaba detrás de los gruesos muros del castillo. James se había pasado la hora que llevaban allí tirados hablando entre murmullos y risas cómplices con Lily hasta que de buenas a primeras se había levantado y había salido de allí con ella subida al hombro como si fuera un saco, gritando y riendo. Harry los había observado todo el rato, sin perderse un detalle de cada gesto de su cara, de cada mirada que no podía calificarse de otra forma que de enamorada y había negado con la cabeza cuando los había visto subir las escaleras hacia el dormitorio, ojalá y él pudiera desconectar como lo estaban haciendo los demás. Remus medio dormitaba con la cabeza en el regazo de Andrea, mientras ella le acariciaba la cabeza totalmente ajena a él, mucho más centrada en la conversación sobre literatura que estaba teniendo con Hermione y Ginny. Harry se dedicaba a observarles, sonrió al ver que parecían felices y lo hizo aún más cuando un ronquido de Ron llamó la atención de las chicas haciendo que pararan en su conversación. El único que parecía preocupado de todo el grupo era Sirius, que se había pasado todo el rato mirando por la ventana a cada segundo. Había destrozado un pergamino viejo que había encontrado sobre una mesa, a base de retorcerlo de puros nervios y subía y bajaba los primeros peldaños de la escalera para no mirar por la ventana.

-Sirius ¿estás bien?

-Sí, claro, claro, estupendamente- contestó nervioso- ¿y tú?- Harry no fue capaz de hablar para no reírse en la misma cara de su padrino, cuando éste, totalmente ajeno al hecho de que Ron dormía en el sofá, se había sentado encima de él despertándolo sobresaltado.

-¡Oh, Sirius!- se quejó Ron- ¡Quita tu culo de mi estómago!- Ron intentó seguir durmiendo pero se ve que no pudo, porque le lanzó a Sirius una mirada envenenada y se sentó correctamente en el sofá.

-¿Sabes Sirius?- Hermione abandonó su conversación con las chicas y miró a Sirius sosteniendo una sonrisa maliciosa- No es tan difícil, sólo tienes que ir y decírselo.- Hermione había sonado con todo el retintín que el sarcasmo podía dar de sí y antes de volver a su conversación, ya terminada, le dedicó al chico una mirada de superioridad.

-Punto uno, listilla,- Sirius levantaba el dedo amenazador y pretendía parecer seguro pero estaba fallando estrepitosamente- ese consejo no es tuyo, es mío y punto dos... mmm... no sé de qué me estás hablando.

Sirius se recostó en el sofá con los brazos cruzados y el ceño fruncido para evitar mirar a todos los demás que estaban aguantando las ganas de tirarse al suelo y echarse al reír.

-Digo yo que si no sabes de qué te está hablando, ¿cómo sabes a qué se refiere el consejo?

-Tú, cierra hocico de lobo feroz y sigue durmiendo que dicen las malas lenguas por ahí que cuando duermes tienes cara de angelito. Además ¿por qué no me dejáis un rato tranquilo?

Sirius se dio la vuelta con mal talante dejando a todos riendo a mandíbula partida. Se sentía furioso, casi avergonzado, pero no encontraba argumentos para defenderse porque en el fondo sabía que todos llevaban razón.

-Espera, a ver si me acuerdo.- empezó Ron intentando recuperarse de la risa- ¡Ah sí! Tú solo vas, pones sonrisa encantadora y miras así- Ron intentó poner la mirada de conquistas que solía poner Sirius y que una vez le había puesto para que él conquistase a Hermione- y le dices algo así como ¿dónde te has metido toda mi vida? Y caen a tus pies

-Esa frase también es mía- farfulló Sirius apretando los dientes- y no sé a quién tengo que decírselo.- puso cara de estar pensando y de sacar sus encantos de conquistador irremediable pero no le estaba funcionando- Quizá pruebe con una chiquita de hufflepuff que vi antes de que nos fuéramos de vacaciones.

Harry entre carcajada y carcajada se puso de pie y abrazó a Sirius por los hombros, Sirius le miró y por un momento sintió que había sido James el que había asistido a su rescate como solía hacer y sonrió imperceptiblemente.

-Verás Sirius, de ahijado a padrino, todos sabemos lo ligón que eres y que a ti las chicas no te importan y bla bla bla, PERO- la subida de tono sobresaltó a Sirius que se había deleitado en las palabras de Harry sobre sus capacidades amatorias- también sabemos que te encanta Patricia y que llevas más de una hora esperando a que cruce las puertas del colegio, así que ¿por qué no te haces un favor y subes, te arreglas un poquito y vas a hablar con ella cuando llegue?

-Mira Harry, de padrino a ahijado chismoso- Sirius se deshizo del brazo de Harry con un tono molesto- Patricia es sólo una amiga y ya me estoy hartando de que todos queráis que haya algo más. Escuchadme bien todos, y tú el primero,- Señaló a Remus que estaba mirándole con cara de "no me creo una palabra de lo que me digas" – No estoy enamorado de esa chica.

-¡¡Nadie está hablando de amor!!- el grito de Remus llegaron entre carcajadas a Sirius cuando estaba a punto de cerrar la puerta de la sala común de un golpe para salir de aquella cacería en la que se había metido.

Sirius deambuló por los pasillos vacíos del castillo, dándole patadas a pequeñas piedrecitas que se iba encontrando y con las que parecía tener una guerra sin cuartel. Abrió la puerta de roble no sin algo de esfuerzo y agradeció el golpe de aire tibio que anunciaba una primavera tranquila. Se iba convenciendo de que todo lo que le habían dicho en la sala era mentira, de que él no estaba mirando por la ventana para ver a Patricia, se intentó convencer de que ni si quiera la veía guapa, pero este último intento fue inútil. Al verse incapaz de no encontrar en ella algo que no le gustara, decidió buscar en el resto algo que le gustara. Era cierto lo que había dicho de una chica de Hufflepuff, se había fijado en ella y se había extrañado al no verse a sí mismo luciéndose delante de la muchacha, pero... se dio un golpe en la cabeza como un idiota y cayó en porqué no lo había hecho "estaba hablando con Patricia". No podía negar que le gustaba, que había tenido extrañas sensaciones siempre que ella estaba cerca, que incluso había llegado a sentirse celoso cuando ella estaba con el imbécil ese besucón, pero de ahí a que él quisiera salir con ella había como mínimo un abismo, o al menos eso se repetía continuamente.

Los carruajes llegaron de Hogsmeade un rato después de que Sirius se acomodara junto al lago y tirara medio centenar de piedras para entretenerse. La vio bajar, hablando con una amiga y se quedó paralizado, no había sido ella la que le había hecho quedarse así sino el cosquilleo que había sentido en el estómago cuando ella había sonreído. Se preocupó como si le acabasen de comunicar una enfermedad incurable. Tenía pensado acercarse cuando la viera, había dado un paso hacia el carruaje cuando ella había bajado pero el cosquilleo en el estómago del que todo el mundo hablaba lo había dejado fijo en aquella posición junto al lago. Se obligó a darse la vuelta y a seguir con su entretenida misión de lanzar piedras al lago con la esperanza de que ella no le viera y le diera un día de tregua para aclararse y para hablar con James sobre aquello.

-¡Anthony! ¡Anthony!- la primera vez que la había oído pronunciar ese nombre que no le pertenecía casi no se había dado cuenta, llevaba mucho tiempo sin que nadie lo empleara, pero a la segunda vez ya no hubo vuelta atrás- ¿Qué tal las vacaciones?

Patricia se acercó risueña y sin vergüenzas a darle un beso y él respondió al beso que le acababa de dar en la mejilla, estaba vez sin problemas de coordinación, pero con bastante más nerviosismo del que le hubiera gustado. Sin tener una buena explicación para ello los dos esbozaron una sonrisa casi tímida y estuvieron un momento observándose en silencio, mirándose con complicidad, quizá recordando su último encuentro antes de que ella se marchase a casa.

-Mis vacaciones bien ¿y las tuyas?- le preguntó Sirius intentando recomponerse lo máximo posible.

-Bien, con la familia y con algunos amigos que no veía desde el verano.- Patricia estaba en la misma misión que Sirius: meterse en una conversación insulsa que le permitiese recuperarse.- Me enteré de lo del ataque en Hogsmeade, menos mal que os pasó nada. Decían que había vuelto una tal Sophie Markins.- Sirius no sabía dónde meterse viendo por dónde iba la conversación- No será familia de tu amiga Andrea ¿Verdad? Porque mi padre cuando leyó el nombre en el periódico se quedó blanco como la pared.

-No, no es familia de Andrea, no tiene nada que ver con ella- mintió - Y lo del ataque... estábamos en el lugar equivocado en el momento equivocado, sólo eso, pero no pasó nada. - Sirius se miró los zapatos encontrando en ellos algo muy interesante, porque le estaba sentando fatal mentirle a Patricia, él que había sido siempre el rey de las mentiras ahora se veía casi al descubierto con ella y se sentía mal.- ¿Te acompaño a tu sala común?

Pasaron el camino hasta la torre ravenclaw hablando y riendo, rozaban las manos con más frecuencia de la exigida cuando andaban uno junto a otro y de vez en cuando se encontraban riendo y mirándose fijamente, sin ser capaces de continuar con la conversación que estaban manteniendo.

-Pues ya hemos llegado- Sirius se había parado delante de la armadura que custodiaba la entrada a la torre ravenclaw. Se conocía todas las entradas de las casas como la suya propia y en muchas ocasiones llegaba a saberse incluso las contraseñas.- Me alegro de volver a verte.

-Yo también.- Patricia había clavado su mirada en los ojos de Sirius con tanta intensidad que rozaba el descaro y para sorpresa del propio Sirius, se estaba empezando a sentir incómodo- ¿Me seguirás dando clases?

-Sí, sí, claro, cuando quieras.

Patricia se acercó peligrosamente a Sirius, no había casi nadie en el pasillo para observarles, ella se aupó un poco acercándose más a la cara del chico mientras que él se había quedado bloqueado. Sabía lo que estaba a punto de ocurrir y no supo reaccionar de otra forma, con un movimiento sutil de cabeza dejó claro que no quería que ocurriera. Patricia se quedó paralizada, totalmente avergonzada e incapaz de mirarle de nuevo a la cara.

-Será mejor que me vaya. Ya quedaremos para dar clases.

-No, lo he pensado mejor, creo que me las apañaré sola en transformaciones. Muchas gracias.- le respondió cortante y sin mirarle.

Patricia se coló por el agujero de la armadura cuando un chico de su casa salía, mientras que Sirius, por su parte, se quedó allí unos instantes mirando a la armadura y maldiciéndose a sí mismo por idiota, pero incapaz de dar un paso para alejarse de allí.

Sirius no apareció en la cena y tampoco fue a dormir a la torre Gryffindor, sabía que si se encontraba con sus amigos le iban a preguntar y no le apetecía nada someterse al tercer grado en algo para lo que no tenía respuestas. Acabó durmiendo en una habitación del séptimo piso en la que había hecho antes muchas más cosas que dormir y cuando los primeros rayos empezaron a clarear la estancia se levantó con la idea de hacer lo que llevaba toda la noche planeando. Cualquier mente en su sano juicio hubiera pensado que Sirius iba a buscar a Patricia y darle una explicación, pero Sirius no estaba precisamente en su sano juicio, así que echó a correr a la torre Gryffindor para buscar a James. Él le diría lo que tenía que hacer, James estaba enamorado y le diría que lo que él sentía no era nada más que un capricho, que no se preocupara y todo solucionado, volvería a ser el de siempre y olvidaría a Patricia en cuanto se le cruzase una chica con un buen tipo.

Hubiera apostado que iba a tener que enfrentarse a la furia de Lily por despertarles tan temprano y que James le mandaría a la mierda antes que atender a sus súplicas de amigo desesperado, pero para su sorpresa, cuando iba a entrar en la sala común se chocó con James que salía de ella.

-¿Y tú dónde has estado toda la noche, pillín?- le preguntó con maldad.

-¿Y tú dónde vas tan temprano?

-A la biblioteca. Anda, cuéntale a tu amigo cómo fue. Si cuando no vi a Patricia en la cena ya sabía yo que algo habrías conseguido.

-¿No fue a la cena?- preguntó extrañado, pero movió la cabeza rápidamente para sacarlo de su pensamiento- ¡Alto ahí! ¿Vas a la biblioteca? ¿A qué?

-A... a... a sacar un libro que me hace falta.

-Pues aborta misión, porque yo tengo un problema gravísimo y me lo tienes que solucionar- Sirius le pasó el brazo por los hombros para dirigirlo en dirección contraria a donde estaba la biblioteca- Además ¿quién se cree que tú necesites un libro? Pero si nosotros no hemos pisado la biblioteca fuera de exámenes nada más que para ligar.

-Está bien- se rindió James- ¿Qué es lo que te pasa ahora? No me digas que tuviste un gatillazo.

-¿Pero tú con quién te crees que estás hablando?- le preguntó totalmente ofendido-Aunque... creo que esto es peor.

-Me estás asustando.

Llegaron a la escalera y se sentaron allí, no había nadie por los pasillos a esas horas tan tempranas, así que no había problema de que nadie les escuchase y pusiese en tela de juicio las capacidades de Sirius.

-Seamos sinceros- empezó Sirius intentando convencerse más a sí mismo que a James, que lo miraba como si se hubiera vuelto loco- A mí me gusta Patricia...

-¡¡¡Menuda novedad!!!- se rió James- Creo que has sido el último en darte cuenta.

-Si vas a empezar con eso me voy.- Sirius se puso de pie e hizo el intento de irse, pero James, aguantando las ganas de reírse lo volvió a sentar tirando de él.

-Venga, cuéntame lo que te pasa, ¡qué susceptible estás!

-Patricia intentó besarme ayer.

-¿Intentó?- James parecía no creerse lo que estaba oyendo-¿Eso significa que tú no la seguiste?- Sirius negó con la cabeza - ¡Eres gilipollas!

-Y yo que pensaba que tú me ayudarías.- le dijo con sarcasmo.

-Es que no te entiendo. Desde que tienes doce años no se te ha escapado una tía que te gustara, bueno menos Ginny, pero esa no cuenta- se apresuró a decir cuando Sirius le lanzó una mirada asesina- y ahora me dices que te gusta Patricia pero que le quitas la cara cuando ella te va a besar, lo siento, tío, pero sólo me queda decirte que eres gilipollas.- Sirius volvió a ponerse de pie- vale, vale, vale, siéntate. ¿Qué te pasó por la cabeza cuando se acercó para besarte?

-Que era la tía más guapa que había visto en mi vida.

-Oh, oh.- se lamentó James.

-Oh, oh ¿Qué? – le preguntó asustado- ¿Qué quieres decir con eso?

-Nada, nada. Mira Sirius, o me cuentas lo que piensas de verdad de ella o no puedo ayudarte.-Sirius le miró mal por no haberle contestado a la pregunta, pero quería su ayuda.

-Pues es guapa y lista, independiente y hasta ayer había pasado de mí. Sólo éramos amigos. Y eso me gustaba.- Apoyó la cabeza en las manos en un gesto casi depresivo- Me gustaba hablar con ella y pasar con ella la tarde. No sé, como amigos. No es que no la viese atractiva, pero prefería estar hablando con ella que besándola.

-Es peor de lo que me pensaba.- murmuró James mirándole con aprensión- ¿Cómo se te ocurre engancharte tanto con una tía que es 20 años más joven que tú? Te recuerdo que antes o después vamos a volver a nuestro tiempo ¿Y entonces qué? ¿Te la vas a llevar a ella?

-No me estás ayudando.

-Sirius, ¡¡por Merlín!! ¿no lo ves? Esa chica no sólo te gusta, te estás... te estás...

-¡¡No lo digas!! No se te ocurra decir eso.- clamó Sirius desesperado- Se suponía que tú me ibas a decir que ella no me importaba nada, que éramos amigos y que yo estaba echo un lío, pero no me puedes decir eso.

-Canuto, céntrate.- James lo cogió por los hombros e hizo que le mirara- Somos amigos, hermanos diría yo y tú sabes que yo no permitiría que alguien te hiciera daño- Sirius se tranquilizó un poco y afirmó con la cabeza- Por mucho que te cueste admitirlo, Patricia te importa más que cualquier otra chica que hubieras conocido y eso es malo ¿entiendes? Muy malo.

-¿Por qué?

-Porque has tenido que hacer un viaje al futuro para... para conocerla- reaccionó antes de decir la palabra maldita- Y cuando volvamos a nuestro tiempo, ella no estará y entonces lo pasarás mal. ¿Lo entiendes ahora?

-Tienes razón, Dumbledore nos devolverá pronto a nuestro tiempo.

-Exacto.

-Y ella no existe en 1976.- seguía diciendo Sirius como en un trance.

-Muy bien, lo has entendido.

-Tengo que aprovechar el tiempo que me quede para estar con ella.

-Eso es- James cayó en la cuenta de lo que estaba diciendo y reaccionó- No, no, no, no. Eso no. Tienes que olvidarla, Sirius. Que yo te conozco, que eres como yo, mucho ligue y mucha tontería pero cuando se te cruza la chica adecuada se acabó todo. Fíjate en mí- James estaba haciendo lo indecible para que Sirius no se metiera más aún en el pozo- Siempre lo has dicho, desde que estoy con Lily ya no soy el mismo. A ti también te va a pasar.

-Pero tú eres feliz con Lily.- repuso Sirius que no entendía porqué su amigo no quería que estuviera con Patricia.

-Pero es que Lily pertenece a mi mundo, ella va a estar conmigo toda la vida y Patricia... no vas a volver a verla y lo pasarás mal.- Sirius perdió la sonrisa que había tenido desde que se había dado cuenta de que quería estar con ella- Canuto, tío, ¿no lo entiendes? Yo no quiero verte mal. Tienes que olvidarte de ella o lo pasarás fatal.

Sirius se tiró al cuello de James y le abrazó hasta casi ahogarlo. James no entendió muy bien a qué venía, pero le correspondió con la misma fuerza.

-Eres el mejor.- le dijo después de soltarle- pero... por primera vez en la vida creo que no te voy a hacer caso. – James chasqueó la lengua en señal de desacuerdo- Si mi chica pertenece a otro mundo, pues tendré que aprovechar el poco tiempo que nos den para estar con ella, al fin y al cabo luego lo olvidaré y no podré pasarlo mal ¿no?

-No tienes remedio.- suspiró James.

-Yo también te quiero. Anda, vamos a desayunar, que tengo que ver a Patricia y hablar con ella.

Sirius consiguió llevarse a la rastra a James que iba murmurando cosas como "eres un inoportuno" o "sólo se te ocurre a ti", pero Sirius estaba feliz; le había perdido el miedo a admitirlo y quería encontrarse con Patricia para acabar lo que ella había empezado.

Habían pasado cinco días desde que Harry y los demás abandonaran Grimmauld Place; en ese tiempo Remus y Andrea habían sido capaces de hacer malabarismos con tal de no encontrarse en la escalera o en la cocina, pero la cosa ya empezaba a ponerse mal. Tanto uno como otro paseaban por la casa con una mezcla de miedo y ambición de encontrarse, como si lo necesitaran pero al mismo tiempo lo temieran. En aquella batalla, de todas formas, el mejor parado era Remus, que podía salir de allí sin ningún problema y que procuraba pasar el mayor tiempo posible con Nicole, como si de esa forma pudiera sacarse el extraño come-come que tenía en el estómago desde que había rozado los labios de Andrea. Había logrado convencer a Nicole de que se quedara en la orden, quizá más por él que por tenerla cerca pero aunque pudiera resultar increíblemente egoísta sabía que la única razón por la que no se dejaba llevar por su nostalgia y sus sentimientos hacia Andrea, era estar con Nicole.

Ese día Nicole tenía guardia y Remus volvió a Grimmauld Place para la hora de la cena, pasó por el salón, donde Sophie, obligada por su madre estaba haciendo algunas tareas, para no perder el ritmo y después de charlar un rato con ella y de ayudarla en un par de cuentas que la traían loca se fue a la cocina a preparar la cenar. Esperaba que Andrea estuviera leyendo en su habitación, tal y como le había dicho la niña, pero cuando abrió la puerta de la cocina la vio sentada a la mesa, pelando unas patatas con tan poca concentración que había más carne en las peladuras que en las patata que sostenía en la mano. Remus respiró hondo y quiso darse la vuelta, ella ni si quiera había levantado la cabeza, así que no había compromiso pero no quería seguir jugando al ratón y al gato, al fin y al cabo vivirían bajo el mismo techo y ya era hora de afrontar las cosas de cara.

-Buenas noches ¿qué tal?- la voz sonó un poco aguda, como si tuviera algo en la garganta que le impedía hablar con normalidad, pero entró en la cocina y con su varita empezó a organizar el fregadero.

-Bien, aquí haciendo la cena ¿y tú?- el cuchillo tembló en la mano de Andrea con tanta fuerza que estuvo a punto de caérsele.- No sabía que vendrías a cenar.

-Es que Nicole tiene guardia esta noche.

-Ahhh.

La cocina se llenó de un silencio denso y cargado que sólo se rompía con el tintineo de los platos que Remus había decidido fregar finalmente a mano para distraerse de la tensión que estaba acumulando. Ninguno de los dos levantaba la cabeza de sus quehaceres aunque de vez en cuando parecía abrir la boca para decir algo; pero al final, las palabras no encontraban el camino y seguían en silencio.

Andrea había abandonado la pose lánguida y casi melancólica en la que la había encontrado Remus al entrar y ahora atacaba a las patatas como si fuera capaz de ponerles cara. Ya no le temblaba la mano, pero sí el labio, que de vez en cuando tenía que morderse para no explotar. Cómo se atreve a hablarme de ella como si fuéramos amigas."Hoy Nicole tiene guardia" ¡¡Y a mí que me importa dónde esté la imbécil esa!! Por suerte para ella, Remus no la estaba mirando, porque a cada comentario que reproducía su cerebro, Andrea iba haciendo gestos con la cara, hasta que finalmente no pudo más y el sarcasmo y por qué no, la soberbia, pudieron con ella.

-Es muy mona la niña ésa ¿no?

Remus se dio la vuelta sobre sí mismo al notar el retintín de la voz de Andrea. Sabía que con el rencor que almacenaban los dos nada bueno saldría de allí y ella sólo había dado el primer paso.

-¿Qué niña? ¿Tu hija?- Remus remarcó el hecho de que era Andrea la que había creado una familia sin él, a pesar de que sabía muy bien que se estaba refiriendo a Nicole.

-No tonto, Sophie no.- Andrea le dedicó una sonrisa falsa y mordaz- Mmmm ¿Cómo se llama? ¡Ah, sí! Nicole, ¿No es muy jovencita?

Remus se masajeó las sienes en busca de paz y tranquilidad, él había tardado años en rehacer su vida cuando ella lo había hecho en un tris. A él le había costado muchísimo cerrar la puerta que lo conducía a ella y empezar una relación con Nicole y justo cuando lo conseguía ella aparecía de la nada y le echaba en cara que estuviera con otra mujer.

-Sí, es muy joven, pero si a ella no le importa y a mí tampoco, no veo por qué te tiene que importar a ti.

-No, si a mí no me importa.- se encogió de hombros para restarle importancia y le miró fijamente intentando buscar algo en su cabeza, por un momento se sintió tentada de usar la legimencia pero llevaba años sin hacerlo y nunca había sido capaz de entrar en la intimidad de Remus de esa manera- Era solo una apreciación objetiva, por hablar de algo.

-No sabía que quisieras hablar conmigo- le recriminó él en el mismo tono que ella estaba usando, se sentía enfadado, casi ofendido de que fuese precisamente ella, que le había roto el corazón, quien le estuviese reclamando- Si tanto interés tienes, hablemos.

Cuando Remus tomó asiento a su lado, Andrea se levantó con solemnidad, mirándole con esa arrogancia que siempre sacaba para refugiarse del mundo. Empezó a lavar las patatas con calma mientras Remus, a su espalda resoplaba con cansancio. Ella sabía que la conocía, que se había enfrentado a esa parte fría y dura que le caracterizaba en los peores momentos y que siempre había sabido capearlo como un buen temporal.

-Esa novia tuya... me recuerda a alguien. ¿sabes?- Sonrió un poco como el jugador que tiene la mano ganadora y recuperó un semblante de falsa inocencia antes de darse la vuelta para encarar la respuesta de Remus.

-No me andes con juegos, Andrea- Remus se puso de pie dejando caer la silla con un estruendo, pero ninguno de los dos fue capaz de oírlo. Sólo eran capaces de repetir ese nombre que jamás había sonado entre ellos. Andrea tuvo que cerrar los ojos para evitar que alguna lágrima quebrara su magnífica máscara de soberbia. En los más de veinticinco años que se conocían jamás había sido capaz de llamarla Andrea, ni si quiera cuando más enfadado podía haber estado, siempre había sido su Andy y eso era lo que la había mantenido a flote. Ahora él marcaba esa distancia invisible pero más real que los años que habían estado sin verse. Para Remus la reacción no estaba siendo mejor, la había llamado Andrea sin pensarlo, como una vez lo había hecho con el nombre de Andy, pero ese muro que de repente había surgido entre ellos le había dolido igual que a ella, aunque algo, en lo más profundo de su corazón se alegraba de devolverle ese dolor, quizá era la parte mala que todos tenemos o quizá un despecho acumulado durante años, pero sentía que no había tenido suficiente- Sabes perfectamente a quién te recuerda Nicole, así que no me vengas con tonterías. Te recuerda a ti misma cuando eras Sophie...

-Quizá estás con ella por eso – le interrumpió ella con saña.

-Quizás, pero el caso es que estoy con ella.- ya era el segundo puñal que le clavaba en un rato y ya empezaba a notarse en su apariencia de femme fatale.

-Sí, es cierto, pero no sé si te conviene.- a pesar de que era conciente de que él la estaba hiriendo no abandonaba su tono sarcástico y sus palabras duras- Ella es mucho más arrogante que yo, va por ahí creyendo que es capaz de matarme.

-No te creas, en arrogancia os dais la mano. En eso también me recuerda a ti. Ella cree que puede matar a la asesina de sus padres y tú te paseabas por ahí creyendo que nos salvarías a todos de la guerra.- Ésa había sido la gota que había colmado el vaso, podía aguantar que la llamara Andrea, que le restregase por la cara que estaba con otra mujer, pero que fuera él quien la acusara de heroicismo y de asesina era algo que no podía soporta. Los ojos le brillaron por las lágrimas aunque no fue capaz de derramar ni una sola y en su rostro se reflejó el dolor y la decepción hasta tal punto que Remus se dio cuenta de que había traspasado la línea del despecho para llegar a la maldad. Se calló un momento y la miró con súplica como si quisiera pedirle perdón por haberlo hecho, en ese momento le recordó a la mujer que le había vuelto siempre loco, a la mujer fría con el mundo y dulce con él.- Pero también me recuerda a la mujer que más quería del mundo, a ésa que se aparecía en mi habitación y se metía en mi cama para dormir a mi lado con la única esperanza de que la salvara de la horrible realidad que la rodeaba.

Volvieron a callarse y por unos segundos a ambos les pareció ver en el otro la misma mirada que tenían años atrás cuando se adentraban en largos silencios que nunca resultaban incómodos. Sonrieron casi tímidamente y ambos volvieron a sus tareas por un rato en el que la tensión ya se había disipado.

-¿La quieres?- Andrea se había rendido, ya no había mordacidad ni fiereza en su voz y buscaba en aquella pregunta que él le dijera que sí, que la quería locamente para cerrar de una vez esa puerta, pero esa respuesta no llegó.

-¿Quieres tú a tu marido?-Andrea lo miró asombrada incapaz de ver exactamente de donde había sacado esa idea.- O tu novio o lo que quiera que sea el Mark ése.- ella sonrió divertida de que él le mostrara los mismos celos que ella había mostrado.

-Mark es mi socio, sólo mi socio. Yo nunca me he casado, y si lo dices por el apellido, me lo cambié por razones que no ahora vienen al caso.

-Bueno pues al padre de Sophie. ¿Le querías?-insistió.

-Te sorprendería saber quién es.- ahí había tocado un punto sensible- Quizá si hubieras vuelto alguna vez, te habría contado quién era y te habría dicho que abandonó a su hija antes de nacer, pero tú nunca volviste- Andrea se dirigió a la puerta, no quería seguir hablando de aquello.

-¡¡Andy!! Espera, tenemos que hablar.

-¿Ahora sí soy Andy?- Andrea se dio la vuelta y tomó asiento en la mesa donde ya estaba Remus. No había perdido la oportunidad de reclamarle ese cambio de nombre, que aunque pudiera parecer una soberana tontería, para ella había sido lo único que siempre la había salvado.

-Siento haberte llamado Andrea y siento haberte recordado lo que hiciste.- Remus la miró con algo de insistencia, esperando su turno para disculparse, pero ella parecía estar pensándoselo- Mira, esto es una locura. Los dos nos echamos cosas en cara que pasaron hace más de diez años y queramos o no ambos tenemos que vivir en esta casa. Sería mejor que hiciéramos las paces ¿no crees?

-Tienes razón, yo... yo no debía haberte hablado de Nicole ni de la relación que tenéis- se callaron un momento, incapaces de continuar- ¿Sabes? Esto parece terapia de pare... de grupo- bromeó Andrea- tanto pedirnos perdón y tal, no sé, es curioso, nunca lo habíamos hecho.

-Dumbledore me ha dicho que ayudarás a Harry.- cambió de tema Remus.- Me alegro.

-Se lo debía a Lily, le prometí que cuidaría de él. ¿Tú crees que debería haber vuelto a por él cuando era un niño?

-No te tortures. Harry pertenece a la magia como la magia pertenece a él, tú mejor que nadie sabes que es él quien tiene que acabar con Voldemort y estando contigo... quién sabe si le hubieras dejado entrar en este mundo.- Ella hizo un gesto casi divertido de "me has pillado"- Además hubiera sido peligroso para los dos, a ti te buscaban todos y a él Voldemort se la tiene jurada. No habríais hecho buena pareja.

-He pensado mucho en él.- Estuvo a punto de decir "y en ti", pero era mejor no entrar en terreno pantanoso.

-Harry es un gran chico, es la mezcla perfecta de James y de Lily.- comentó Remus como un padre orgulloso.

-Es mucho más manipulador que ellos.- dijo sin maldad- Sabe muy bien lo que decir y en qué momento hacerlo, lo han entrenado bien.

-Lo entrenó...- Remus estuvo a punto de decir "Nicole", sin pensárselo, pero su cerebro reaccionó a tiempo- Sí, lo han entrenado bien, pero de todas formas es que él nunca ha tenido la vida de James, sus tíos lo trataron muy mal y cuando encontró a Sirius... bueno, casi no tuvieron tiempo para estar juntos.

-Pero ahora te tiene a ti.- en un acto inconsciente le dio una palmadita en la mano, pero ambos la retiraron rápidamente, como si fuera una gran tentación que estaban evitando por todos los medios.

-Y a ti también ¿no?- Andrea sonrió un poco, con ternura.- Esto... quizá deberíamos ir a tu casa y coger algunas cosas ¿no crees?- Remus tanteó ese terreno después de que ambos hubieran guardado un rato de silencio.

-Sí, bueno, supongo que sí, no tenemos nada de ropa y Sophie necesita sus libros y... bueno el otro día llamé a Mark por teléfono para decirle que no apareciese por casa- Remus levantó la ceja ante esa información. -Es que me escapé de casa- bromeó ella como si fuera una adolescente.

-Mejor no me lo cuentes. Ya iremos un día de estos. Esto...- Remus vaciló unos momentos- Dumbledore me ha dicho que... que te acompañe a Hogwarts cuando vayas a ver a Harry.

-Está bien- se rindió ella, que no estaba dispuesta a entrar en otra guerra- ¿a qué hora sale el tren a Hogsmeade?

-¿Tren? ¿De qué estás hablando?

-No pienso usar ningún medio mágico para llegar allí, le dije a Harry que le ayudaría pero que no usaría la magia. Ya sabes lo que me pasa.

-Primero, estás loca si piensas que vamos a ir hasta Hogwarts en tren y segundo, te afecta tanto la magia porque estás muerta de miedo, tú sabes que la puedes controlar. Siempre la hemos podido controlar cuando estamos juntos.

-Pero ya no lo estamos.- volvían a discutir, pero esta vez sin gritos ni malas intenciones, era una discusión civilizada en la que cada uno intentaba imponer su punto de vista- Y, o voy en tren a Hogwarts, o no voy.

-Andy, por favor, no me puedes llevar a Hogwarts en tren, ¡ni a Elgin! Está lejísimos. – intentó empezar con la parte fácil, aunque Andrea se estaba negando en rotundo. La conversación le parecía de lo más tonta, pero le apetecía tenerla, jugar como si fueran otra vez unos críos sin que fuera de esas paredes estuviera batallándose una guerra. Al ver que ella no reaccionaba, con su ruego casi infantil, pasó a temas más serios- Andy, ya en serio, tú no eres una cobarde y aunque no estemos juntos, yo... yo te voy a ayudar a controlarlo.

-Voy a ir en tren a Hogwart.- sentenció ella, haciendo como que no le había oído, pero sonriendo interiormente por sus buenas intenciones.

-Cabezota.

-Vago.- Ambos sonrieron ante aquella discusión casi estúpida, pero que les estaba devolviendo el buen ambiente que siempre había entre ellos. Podían no ser pareja, pero siempre habían sido los mejores amigos y eso era algo que gustaba recuperar.

-Me ha encantado hablar contigo- confesó Remus arrancándole a Andrea una enorme sonrisa.

-A mí también y ahora si no te importa, ¿puedes decirle a Sophie que se vaya duchando mientras termino la cena?

-Claro que sí.

Cuando Remus salió de la cocina, Andrea se dejó caer en la mesa, resoplando como alguien a quien le ha faltado el oxígeno durante mucho tiempo. Le había gustado recuperar a su amigo de la infancia, pero iba a ser toda una tortura tenerlo al alcance de la mano.