CAPÍTULO 37: PODRÍA HABERTE DICHO QUE ME IMPORTAS.
Sirius había bajado el día que habló con James al comedor para buscar a Patricia y hablar con ella, pero no la encontró. Tampoco la vio en la cena, ni al día siguiente, sus amigas aparecían solas en el comedor y ella no iba hasta que no se aseguraba de que Sirius lo había abandonado. Ginny le había dicho que en clase estaba como siempre, habladora y simpática y que no daba síntomas de haber entrado en ningún tipo de depresión como Sirius, catastrófico como nadie, había imaginado después de dos días sin verla por los pasillos. A veces Remus o Ron le decían que se acababan de cruzar con ella en alguna parte del castillo, pero para cuando él llegaba ella ya no estaba allí; James era el único que no colaboraba con él para que hablara con Patricia y le repetía continuamente que si ella no quería verle era lo mejor para los dos.
El domingo Sirius se había levantado tarde, había bajado a desayunar sin la más mínima esperanza de ver a Patricia ese día y entró en el comedor desaliñado, con barba de cuatro días. Se sentía un estúpido por no haberla besado, no es que estuviera entrando en una depresión de amor ni nada por el estilo, pero se repetía continuamente que era un capullo, que había ofendido a una amiga que encima le importaba más que cualquier otra chica con la que hubiera estado. Entró sin mirar a otro sitio que no fuera el suelo y cuando se chocó con alguien a penas murmuró un "lo siento" hasta que se dio cuenta de que la persona con la que había chocado era Patricia y entonces despertó del trance y echó a correr detrás de ella, que se dirigía a la puerta con paso rápido.
-¡Patricia, espera!
-Tengo prisa, Anthony- tiró del brazo que él le había agarrado y volvió a andar para salir de allí.
-Tenemos que hablar, yo… siento mucho lo del otro día.
-Olvídalo ¿quieres? El otro día no pasó nada. Ahora tengo mucha prisa.
-Vamos, nena, escúchame- intentó poner una sonrisa interesante pero Patricia parecía inmune a sus encantos, como siempre había parecido- Tú sabes que sí pasó algo.
-Tengo prisa. Otro día hablamos ¿vale?
Patricia fue tajante, así que Sirius, derrotado, la dejó que se marchara y volvió a entrar en el salón, dándole una patada a una de las sillas que se había interpuesto en su camino.
-Maltratar el material de la escuela es una causa para perder cinco puntos.
-No me jodas, Hermione- farfulló Sirius de vuelta a su desayuno- No tengo el día para tonterías.
-Hemos visto lo que ha pasado con Patricia.- Hermione y Ron que habían entrado en el comedor después de la rápida conversación de Sirius y Patricia se sentaron a su lado y se pusieron a desayunar- Deberías darle tiempo.- Sirius la miró como si lo que estuviera diciendo fuera una tontería- Se siente ofendida, pero se le pasará.
-Parece que te has vuelto una experta en el amor.
-Reconozco que por una vez tu enorme bocaza sirvió para algo y Ron y yo llevamos más tiempo que tú con Patricia…
-Con la que todavía no has empezado- puntualizó Ron devorando un croissant.
-Gracias por los ánimos.
-Pero de todas formas- continuó Hermione como si nadie la hubiera interrumpido- por si no te has dado cuenta yo soy una chica y de eso sí que entiendo bastante más que tú, por muy Don Juan que quieras ser.
Al día siguiente los Potter tendrían su primer encuentro con Andrea, lo cual les venía muy bien porque empezaban a cansarse de luchar el uno con el otro hasta que Harry se aburría y daba el duelo por terminado, con el consiguiente enfado de su padre. James últimamente estaba raro, y no había mejor ejemplo que el que se pasara la mayor parte de su tiempo libre solo, a veces leía un libro de la biblioteca y otras se escabullía sin dar explicaciones para volver cuando ya se habían ido todos a la cama. Lily no tenía ni idea de lo que le podía pasar y se preocupaba cada vez porque él la rehuía y se alejaba de ella, incluso la había asaltado el fantasma de los celos y había exprimido a Remus y a Sirius a preguntas hasta que ellos habían confesado estar igual de preocupados. Harry también lo había notado, pero había preferido no preguntar teniendo en cuenta que James y él no tenían precisamente una relación ideal, y si Sirius o Remus no habían sido capaces de averiguarlo, él no iba a ser más que ellos.
Andrea y Remus llegaron a Hogsmeade después de comer, en tren, tal y como ella había dicho. Sophie se había quedado en la mansión Black con la señora Weasley, la cual después de la reunión de la orden del fénix parecía haber perdido su profundo odio hacia Andrea. Remus le había comprado algo de ropa y unas gafas enormes último modelo que hacían un buen trabajo ocultando el rostro de Andrea. Era mucho más seguro coger un traslador hasta el despacho de Dumbledore pero le estuvo repitiendo un "no" rotundo hasta el último instante. El camino del tren se hizo largo y pesaroso, demasiadas horas en un lugar que les traía demasiados recuerdos. Andrea pasó la mayor parte del camino en silencio, mirando por la ventana un paisaje que durante su adolescencia le había resultado muy familiar. No se atrevió casi a abrir la boca, alguna conversación ligera e insustancial, pero nada que se metiera a fondo en sus pensamientos, que en ese momento vagaban entre la locura y la melancolía.
Desde el día que habían aclarado sus diferencias no habían hablado mucho y Remus seguía pasando la mayor parte del tiempo fuera de la casa, ya fuese con Nicole o trabajando para la Orden del Fénix, así que su relación se reducía a una convivencia cordial que ahora se había visto obligada a pasar cinco horas en el mismo vagón de un tren. En Hogsmeade la apariencia de Andrea pasó completamente inadvertida, todos los habitantes podían estar prevenidos contra una furia rubia a la que la rumorología había catalogado de monstruo perverso capaz de asesinar con sólo mirar, así que caminaron hasta Honydukes para atravesar el pasadizo que les condujera al castillo sin que nadie pudiera verles. El torbellino de emociones no les dejó pensar más que en la cantidad de veces que lo habían recorrido para montarse alguna fiestecilla al "estilo merodeador", no eran recuerdos de pareja, de ellos, era esa extraña sensación de añoranza que da volver al sitio en el que una vez, hacía mucho, habían sido felices.
-No conocía este pasadizo- Una vez que habían atravesado la bruja tuerta Remus la había conducido por otro pasadizo en el mismo pasillo, era angosto y oscuro y olía a humedad- ¿A dónde va?
-A un aula en el quinto piso, James y Harry nos esperan allí. No debe verte nadie en el colegio.- respondió él sin darse la vuelta.
-¿No te parece extraño volver al colegio? Después de tantos años… no sé, para mí es muy raro.
-Yo ya estuve aquí como profesor- esta vez sí se dio la vuelta para ayudar a Andrea a subir un peldaño muy alto. Al darse la mano cruzaron sus miradas por un momento y volvieron a su conversación obviando el nerviosismo que habían sentido- Pero sí, tienes razón, a mí también se me hizo muy extraño.
El aula del quinto piso estaba vacía, no había más muebles que una mesa y algunas sillas. Se acomodaron en ellas y el silencio volvió a ellos, era un silencio incómodo que sólo se rompía con los repiqueteos que Andrea daba en la mesa con nerviosismo, tendría a James y a Harry delante, otra vez a Harry, y tendría que ayudarle. Había ensayado cada una de las palabras que tenía que decirle, había repasado sus conocimientos en la cabeza y se había dado cuenta de que a pesar de los años no había tenido que recurrir a sus notas, unas notas que guardaba en el último rincón de su casa de Elgin, junto a su varita, "igual de inservibles" pensó.
-¿Qué palabras de "NO QUIERO ENTRENAR HOY" son las que no entiendes?- James entró como un rayo dando un fuerte empujón a la puerta.
-¡Pero es que Andrea viene hoy!- le gritó Harry igualmente – Y bastante trabajo me costó convencerla.
Remus y Andrea intercambiaron una mirada, pero se mantuvieron al margen de la lucha de los dos Potter.
-Me importa poco lo que te costara convencerla ¿te enteras?- James le dio una patada al suelo a falta de más mobiliario que golpear. Aún no se había percatado de la presencia de los dos adultos- Quiero estar solo. Creo que tu maravillosa inteligencia te dará como para entender eso ¿no?
-No se trata de lo que TÚ quieras sino de lo que YO tengo que hacer ¡¡y tu obligación es ayudarme!! ¡¡Tengo que acabar con Voldemort!! A ver si con tu maravillosa inteligencia eres capaz de entenderlo.
Harry le había gritado fuera de sus casillas. Era cierto que James estaba últimamente muy extraño, pero él no estaba dispuesto a sacrificar su posibilidad de acabar con Voldemort sólo para satisfacer sus necesidades de adolescente caprichoso. Al escuchar los gritos de Harry, James se dio la vuelta enfurecido, con los puños apretados; tan enfadado estaba que Harry incluso se sorprendió. Ya le había dicho mil veces que como heredero de Gryffindor su misión era acabar con Voldemort pero ahora parecía afectarle mucho más, parecía rabioso, pero por muy extraño que fuera, parecía rabioso consigo mismo.
-Un gran espectáculo el vuestro.- exclamó Andrea con una frialdad pasmante, como si la mujer casi quebradiza que Remus había conducido por los pasillos oscuros del castillo hubiera sido otra- La próxima vez me gustaría que añadierais un toque musical, para animar el ambiente.
La distancia en sus palabras no era más que una forma de poner distancia en la sensación que le producía tener a James y Harry juntos, tan iguales, chocando como dos trenes en marcha, con los mismos gestos, la misma furia, y la misma cara de sorprendidos al escuchar sus palabras.
-No sabíamos que estabais aquí- murmuró James en un tono que podía calificarse de avergonzado- Hola, Remus, ¿qué tal?
-Mejor que tú.- James tuvo que apartar la cara ante la mirada inquisitiva que ya había visto en el Remus joven durante toda la semana.- ¿Y tú qué tal esta semana?- Le removió el pelo a Harry cuando éste se acercó para darle un beso.
-Bien hasta que el cabezota éste se ha propuesto fastidiarme el día.
-¿Por qué no me olvidas?
-¿Por qué no os calláis los dos?-les espetó Andrea con dureza- No me he pasado cinco horas en un tren para escuchar cómo peleáis.
-Yo voy a ir a hablar con Dumbledore.- se dirigió a la puerta después de un saludo con la mano a los chicos - Andy – se volvió antes de cruzar la puerta- Luego vengo a recogerte, recuerda que el tren sale a las nueve.
Ella le dedicó una sonrisa suave y se sentó junto a James que en ese momento estaba en la mesa jugueteando con la varita, ausente, aunque al menos ahora no estaba enfadado.
-¿Estás bien?- James no reaccionó hasta que Andrea le hizo una caricia en el brazo y ni si quiera entonces fue capaz de darle una respuesta oral, se dedicó a mover la cabeza- Pues entonces vamos a empezar. ¡Harry por favor!- le señaló la silla para que se sentara a su lado.- Y tú guarda la varita, no la necesitarás.
Los dos se miraron un poco extrañados, pero ambos hicieron caso, James guardó su varita y Harry se sentó junto a Andrea. Ambos se esperaban una nueva forma de entrenar, algo que les provocara sus poderes, que los agrandara pero no sentarse alrededor de una mesa a escucharla hablar.
-¿Por dónde empiezo? Ya sabéis que tú eres el heredero de Gryffindor- James carraspeó al ver que Andrea se estaba refiriendo a Harry- Verás James, el hecho es que a tiempo actual él es el heredero…
-Porque yo soy el último, no tengo hijos ni nada- interrumpió Harry rápidamente, empeñado en que James no se enterara de nada- Era eso ¿no?- Andrea se apresuró a asentir con la cabeza, mientras que James miró a Harry casi con cara de asco.
-¿Por qué no cierras la boca y dejas a Andrea que hable?- Harry resopló para contestarle a su padre pero antes de que pudiera abrir la boca Andrea empezó a hablar.
-El caso es que Harry es el heredero más poderoso, aunque por supuesto necesita de tu ayuda.- Andrea se levantó y se dirigió a la ventana, había empezado a nublarse a pesar de que durante toda la semana el tiempo había sido inmejorable- Por eso, sea lo que sea lo que terminéis haciendo tenéis que hacerlo juntos.
-¡Olvídalo!- saltó Harry- busca otro medio, lo que quieras pero James no hará nada.
-¿Y tú de qué vas?- le gritó James- A lo mejor soy yo el que no quiero que tú hagas nada.
-¡¡Callaos los dos!! Harry puede que lo consigas solo, eres un gran mago por lo que me han contado y el heredero más poderoso de todos los que ha habido, porque ninguno tuvo el poder que tú tienes, pero con James tienes más posibilidades.
-James no saldrá de este castillo para luchar con nadie.
-¡Deja de tratarme como a un niño! Te recuerdo que aquí el padre soy yo y quien tiene que protegerte soy yo.- James estaba fuera de sí, mucho más enfadado de lo que la situación requería. Harry lo miró asombrado, acababa de actuar como un padre y eso le estaba descolocando, era algo a lo que no estaba acostumbrado.
-Vuestra lucha es muy loable- dijo Andrea dando un golpe en la mesa para romper la conexión visual que se había creado entre los dos- Me parece encantador que os queráis proteger el uno al otro, pero el hecho es que tendréis que luchar juntos- Su ironía la estaba salvando del apuro, porque cuando había visto a James gritarle que era su padre había estado a punto de desmayarse. Ella nunca había tenido la oportunidad de compartir con su amigo esa paternidad, se había tenido que dedicar a ser una espectadora en la lejanía y escuchar de boca de Remus lo que ocurría en esa casa y ahora lo tenía enfrente llamándose a sí mismo padre.
-Dumbledore me dijo que él nunca lucharía- protestó Harry más calmado.
-Para su desgracia y la de otros, Dumbledore no siempre puede cumplir con aquello que le gustaría.- esta vez no había ni rudeza ni ironía en sus palabras, era como un lamento, como si esa desgracia hubiera sido la suya también- Si quieres tener más posibilidades delante de Voldemort tendréis que hacerlo juntos y ahora si no os importa, dejad que siga hablando sin interrupciones.- Los dos chicos guardaron un silencio que ella interpretó como que le haría caso.- Está bien, sigamos. Voldemort es el último heredero de Slytherin, y como Harry también es el más poderoso, pero a diferencia de vosotros él lleva muchos años explotando sus poderes y sus posibilidades. Hace muchos años, antes incluso de que empezara la primera guerra, Voldemort se hizo un gran experto en magia negra, domina esa magia tanto como ella le domina a él y en medio de esos estudios descubrió que podía hacerse algo así como inmortal.
-¡¡¿¿Voldemort es inmortal??!!- exclamó James entre asombrado y asustado.
-No exactamente, pero… ya ha sido capaz de enfrentarse a la muerte y salir victorioso.
-Siempre me intrigó esa parte- le animó Harry, que estaba absorto en el relato.
-Voldemort descubrió que mediante la magia negra podía hacer residir en él toda la magia de los herederos de Slytherin, es algo difícil de explicar, porque no es que esté poseído por el espíritu de Salazar ni por el de ninguno de sus herederos. Es su magia la que reside en él y esa magia sí es inmortal en él, le sobrevive y a partir de ahí es capaz de conservarse y luego volver a la vida con una poción. Los ingredientes son difíciles de conseguir pero al parecer él dio con ellos.- Andrea guardó unos instantes de silencio y respiró hondo como si le estuviera costando seguir- Hueso del padre, carne del vasallo y…
-Y sangre del enemigo- terminó Harry con la voz rota y acariciándose el brazo derecho a la altura del codo donde la cicatriz de la herida que le hizo Colagusano en el cementerio le recordaba que en cierto modo él había contribuido a ese regreso.- resucitarás al que odias- murmuró en un tono casi inaudible.
James estaba atónito pero no dijo ni palabra, se dedicó a observar a su hijo con aprensión, casi con lástima y luego apretó los labios para controlarse. Andrea, que había tenido una reacción parecida cuando Harry le había cortado la frase hizo acopio de toda su fuerza y respiró para continuar.
-Consultó conmigo aquella poción hace muchos años y le mentí diciendo que quizá no funcionara. Ojalá me hubiera hecho caso.- se lamentó- Ahora ya da igual, el caso es que nadie puede resucitarse, si Voldemort recuperó su cuerpo es porque una parte de él nunca había muerto y esa parte es la que consiguió mediante la asimilación de todos sus predecesores.
-Pero si Voldemort pudo hacerlo- interrumpió James- Harry también puede tomar la magia de todos sus antecesores y así no morir.
-No es tan fácil.- le explicó Andrea, mientras que Harry escudriñaba a su padre como si sospechara de él por algo- Voldemort lo hizo gracias a la magia negra y yo no quiero que Harry se acerque a esa magia más de lo necesario.
-¿Hay alguna forma de acabar con él?- preguntó Harry tajantemente.
-Existe un hechizo capaz de sacar de Voldemort esa magia y almacenarla en algún objeto, algo mágicamente muy poderoso o… o en otro cuerpo. En un cuerpo que no pertenezca a la familia Slytherin la magia se consumirá cuando ese cuerpo se consuma, que será en pocos minutos. Para combatirlo hay que usar magia muy antigua; Voldemort la ignoró porque pensó que no había magia más potente que la magia negra, pero se equivocaba. Invocando esa magia antigua es posible acabar con él.
-¿Y tú conoces ese hechizo?- Andrea asintió en silencio- ¿funcionará?
-Supongo… espero que sí. Yo… trabajé mucho para perfeccionarlo.
-¿Tú hiciste ese hechizo?-preguntó James asombrado- ¿Y por qué no lo empleaste?
Andrea guardó un silencio denso durante un minuto que se hizo eterno. Los dos chicos la observaban expectantes, pero ella parecía haberse sumergido en un viaje de recuerdos y pesadillas.
-¿No se lo contaste a Dumbledore?- insistió Harry.
-Ese hechizo no lo puede usar cualquiera, ni si quiera Dumbledore tiene magia suficiente para hacerlo sin morir en el intento. De hecho, Harry, si tú lo hicieras solo puede que tampoco lo consiguieras, eres el que más posibilidades tiene de todos nosotros, pero debéis hacerlo juntos si queréis aseguraros de seguir vivos. – Harry no dijo nada pero no estaba dispuesto a arriesgar a su padre- Ni si quiera sé si funcionará, si os estoy arriesgando inútilmente… pero no tenemos otra salida. Si se lo hubiera dicho a Dumbledore, él habría intentado acabar con Voldemort y sólo hubiera supuesto su muerte y entonces Voldemort no habría tenido nadie que le hiciera frente.
-¿Recuerdas el hechizo?- le preguntó Harry con seriedad, más que dispuesto a arriesgar lo que hiciera falta para acabar con aquello.
-Dame papel y boli.
-¿El qué?- preguntó James más desconcertado que en cualquier momento de aquella tarde.
-Tendrás que conformarte con pluma y pergamino- le dijo Harry sacándolos de su mochila.
Andrea escribió rápidamente, una vez que se acostumbró a la pluma, sin tener que pararse a pensar. Habían pasado unos diecisiete años desde que había escrito aquel hechizo pero lo recordaba como si lo hubiera hecho el día de antes. Cuando acabó de escribirlo se lo extendió a los chicos que se agolparon para leerlo.
-¿También te inventaste el idioma?- gruñó James.
-Es latín- le explicó Andrea.
-Pero el inglés no viene del latín.
-Ni la magia surgió en Inglaterra. Hace cientos de años el latín era el sistema de comunicación entre países, es la mejor manera de invocar la magia antigua.
-¿Cómo se lee esto?
-Heredis magice tuum vitam regit, ego vetium magii voco, magii quod in temporium origine natus est ut cum te transigere. In meum veni. Suum corporem discede et in meum veni. (La magia del heredero gobierna tu vida, yo llamo a la magia de los antiguos, a la magia que nació en el principio de los tiempos para que acabe contigo. Ven a mí. Abandona su cuerpo y ven a mí) - recitó Andrea sin tener que consultar el pergamino.
-Esto será más difícil que controlar nuestros poderes.- murmuró James.
-Pues tendréis que controlarlos antes de recitarlo.- le saltó Andrea quitándoles el pergamino- Ya sabéis cuál es la meta, ahora necesitáis las armas. Si no sois capaces de controlar al máximo vuestros poderes no conseguiréis nada.
-Pues no será porque mi poder sea precisamente ofensivo- se quejó James.
-Yo sigo sin creerme que sólo tengas ese poder- A James se le iluminaron los ojos con la idea de poder tener un poder que le gustara.- Ya conseguiremos sacarlo a flote.
-¿Sin magia?- tentó Harry.
-Recuerda nuestro trato.
-Si yo lo respeto, sólo que me parece difícil que consigas algo de nosotros contándonos simplemente una historia.
-Harry, que te veo venir- le advirtió ella.
-Me malinterpretas- se excusó él- No te estoy convenciendo de nada.- mintió con maestría- Era pura curiosidad, porque lo considero bastante difícil.
-Mejor ve a buscar a Remus, deben de ser… ¡¡Oh, Dios mío!! ¡¡Son las ocho y media!! No nos dará tiempo a coger el tren. ¡¡Corre ve a buscarle!!
Harry salió corriendo mientras Andrea se lamentaba por su despiste, se dio la vuelta casi enfadada consigo misma y se encontró con James, otra vez lánguido y decaído mirando por la ventana.
-¿Me vas a contar qué te ocurre?- le dijo con voz dulce apoyándose en el otro lado de la ventana.- Se te ve a kilómetros que no estás bien. Nos conocemos.
-No te preocupes, no es nada.
-Sea lo que sea no deberías pagarlo con Harry, él… no se lo merece. Es un gran chico.
-¿Y tú cómo lo sabes si hace una semana que le conoces?- le espetó James escabulléndose de su mirada.- No soy tonto ¿sabes? A pesar de que todos pensáis que lo soy, sé más cosas de las que me contáis.
-James, si sabes tanto como dices, entonces sabrás que no es Harry con quien debes descargarte. Con él menos que con nadie.
-No es con él con quien estoy enfadado- murmuró- es conmigo.
James iba a confesarse allí mismo, a contar cuál era la causa de su enfado si Andrea le hubiera preguntado, pero en ese instante Harry abrió la puerta seguido de Remus. Los dos llegaban sin resuello y tuvieron que doblarse un poco sobre sí mismo para recuperarlo.
-Lo… siento… no me di… cuenta de la hora- consiguió articular Remus.
-¿Estás bien?-Andrea se dobló un poco para ponerse a su altura y mirarle a la cara, parecía divertida- La edad no perdona ¿eh?
-¡Qué graciosa te has vuelto con los años!- saltó él, una vez recuperado, cargado de sarcasmo divertido – Dumbledore me entretuvo y no me di cuenta.
-Yo tampoco- se lamentó Andrea- ¿Qué vamos a hacer ahora? Era el último tren.
-¿Se puede?- Lily estaba en la puerta, detrás de ella estaba el resto que venían a buscar a James y Harry para bajar a cenar. Por un momento cruzó con James una mirada triste que la llenó de vacío, pero no hizo nada al respecto, sólo se acercó a él y le besó como si haciendo lo que hacían siempre todo fuese a solucionarse.
Todos excepto Sirius, que no se había unido al grupo, entraron en el aula y saludaron a Remus y Andrea. De hecho ninguno de los jóvenes saludó a su homólogo con la más mínima efusividad, es más Andrea joven se limitó a un gesto con la cabeza y una mirada casi rabiosa a la adulta, que ésta intentó ignorar por todos los medios.
-¿No se suponía que os ibais a ir en el tren de las nueve?- preguntó Ron mirando a los dos adultos.
-Se nos hizo tarde.
-Pues coger un traslador o los polvos floo.- propuso Ginny- A no ser que queráis pasar la noche en Hogsmeade.
-Por mí bien, pero no tengo ni un knut- le contestó Andrea evitando mirar a Remus- Además tú… habrás quedado esta noche ¿no?
La joven Andrea bufó en desacuerdo y miró a la adulta con ira mal contenida. ¿Cómo era posible que aceptase con aquella parsimonia que él estuviera con otra mujer? El joven Remus, que sabía lo que le estaba pasando por la cabeza, la abrazó por la cintura y le susurró algo en el oído que la hizo sonreír.
-Yo no he quedado con nadie esta noche.- Remus se forzó a dejar de mirarse a sí mismo juguetear con Andrea y aparentar la mayor compostura posible- pero de todas formas creo que deberíamos estar allí esta noche.
-Hasta un niño es capaz de coger un traslador.- dijo Andrea joven con todo el cinismo del mundo- Papá se sentiría muy avergonzado si viera en lo que me has convertido.
En un gesto rápido la adulta le levantó la mano y la detuvo temblando de rabia justo antes de cruzarle la cara. Su padre había sido mago, le había enseñado a querer la magia como él la quería y por suerte había muerto antes de verla convertida en una asesina sangrienta. Por eso la mención de que ella pudiera decepcionarle le dolía como si la estuvieran matando.
-¿Se puede saber qué te pasa conmigo?- le gritó todavía con la mano en alza.
-¿Acaso no es obvio?- casi para su sorpresa la joven le había respondido con la misma frialdad que ella tenía y que había terminado reprochando a sus años de mortífaga, ahora se daba cuenta de que ella era así, de que había sido parte de ella antes incluso de meterse en la magia negra- Odias la magia hasta puntos insospechados, has dejado de ser yo y has dejado de quererle a él.
La adulta sintió que todos la estaban mirando, que esperaban su respuesta y no pudo evitar ver de reojo a Remus, allí plantado esperando de ella aquella explicación que nunca se había atrevido a pedirle.
-Te sorprendería saber lo equivocada que estás.- no había sido una respuesta premeditada, de esas que sabía cuándo decir para desorientar a los demás de lo que sentía, había sido lo más sincero que había dicho en mucho tiempo y pudo notar como a apenas un par de metros de ella Remus se tensaba, ahora sí venía la parte de desorientación- Hay cosas que han cambiado pero en el fondo sigo siendo la misma.
A la joven no le convenció mucho aquello, lo que había cambiado era lo que sentía por Remus y eso era precisamente lo que más le dolía. Salió de la habitación hecha una furia y Remus la acompañó. La adulta pasó la mirada por todos los que estaban en la habitación y que ahora la observaban como si se acabara de descubrir, se fijó en Harry y sin saber por qué algo le dijo que tal y como le había dicho a Mark, había encontrado su sitio después de mucho tiempo.
-Quizá sea mejor que hagas un traslador y nos marchemos cuanto antes.-le dijo a Remus sin mirarle. Éste se quedó sorprendido de que alguien hubiese podido convencerla de usar un medio mágico para transportarse así que sin decir una palabra transformó un tintero en traslador y tras despedirse de los chicos salieron de allí.
-¿Qué tal ha estado la clase?- le preguntó Ginny a Harry dándole un beso- Tiene pinta de ser muy dura.
-No ha estado mal, sólo hemos estado hablando.- le dijo él devolviéndole el beso.
-¿Bajamos a cenar?- propuso Hermione que ya se dirigía a la puerta con Ron de la mano.
Lily hizo el amago de darle la mano a James para salir de allí, pero éste se la quitó y se acercó de nuevo a la ventana.
-Yo no tengo hambre- murmuró James sin mirar a nadie- Bajad vosotros.
Lily sintiéndose más impotente que nunca en su vida salió de la habitación al borde de la desesperación. Tenía ganas de llorar, de gritar, de romper algo, de hacer cualquier cosa que hiciese a James reaccionar y que le contara lo que le ocurría.
-Tienes que hablar con él- le rogó a Harry cuando éste cruzó la puerta- Por favor, cariño, tienes que hablar con tu padre. Yo estoy desesperada, no sé lo que le ocurre y James no había aguantado tanto tiempo sin contarme algo.
-No me hará caso-le repuso Harry- ¡¡Él nunca me lo contaría!! Podemos acabar a tortas. Tú sabes que no puedo.- Lily le puso cara de suplica y Harry empezó a sentir que no aguantaría mucho sin claudicar- Vamos, mamá- esta vez el "mamá" le salió sin pensarlo, sin trucos- Si ni si quiera se lo ha contado a Sirius.
-Pero tú no eres Sirius- Se acercó y le dio un beso suave en la mejilla- Por favor.
Harry no pudo resistirse a los ruegos de su madre y le prometió que hablaría con él aunque no le aseguraba nada. Volvió sobre sus pasos y entró de nuevo en el aula donde James seguía concentrado en la ventana. Harry se acercó hasta él y miró hacia donde él estaba mirando. Sirius estaba sentado cerca del lago con un bate en la mano haciendo aparecer cosas para luego lanzarlas como si estuviera jugando al baseball.
-Es sorprendente que estéis los dos tristes en la misma semana ¿no?.
-Cuando está mal siempre hace lo mismo- contestó James sin mirarle- Hubiera sido un buen golpeador si tuviese más disciplina.- Harry sonrió con añoranza ante la idea de que Sirius hubiera jugado al quidditch con él.
-Últimamente estás muy mal. Todos lo hemos notado. Yo sé que no somos precisamente amigos, pero también me preocupo y…
-¿Sirius es tu padrino de verdad?- interrumpió James como si no hubiese escuchado nada de lo que le había dicho Harry. Seguía concentrado mirando por la ventana a Sirius.
-Claro que sí. Ya os lo dije.
-Has dicho tantas mentiras que ya no sé qué creerme de ti- le recriminó dándose la vuelta para mirarle.- ¿Qué tal te llevas con él ahora?
-Bien, muy bien- a Harry le había costado mentir sobre Sirius, aunque lo hubiera superado era una de esas heridas que siempre duelen en determinados momentos- Sirius es una mezcla de hermano mayor y de padre. Él nunca ha tenido hijos así que me quiere como si fuera suyo.- se estaba empezando a emocionar al recordar cómo había sido su relación con su padrino- No pudisteis hacer mejor elección.
-¿Y me puedes contar cómo te llevas tan bien con Sirius cuando él está encerrado en Azkabán?- la pregunta fue directa y casi cínica, tal y como estaba siendo la expresión de James.- ¡Más mentiras, Harry! ¿Cómo puedes pensar que puedo confiar en ti si te has pasado todo este tiempo mintiéndome?
-Sirius no está en Azkabán- le respondió él dolido.
-Ya estoy harto ¿sabes? Deja de tratarme como si fuera imbécil- a Harry le sorprendió la madurez con la que James estaba afrontando aquello, sin voces, ni rabietas infantiles.
-Sirius se escapó de Azkabán hace cuatro años. Se enteró que estaba en peligro y vino a ayudarme.
-Nadie escapa de Azkabán.
-¡¡Sirius lo hizo!! Él volvería de la muerte si se pudiera sólo para ayudarme.- Ahora fue Harry quien gritó, quien fue incapaz de controlar al niño que tenía dentro. El tema de Sirius le tocada demasiado como para fingir que podía con todo y James pareció entenderlo porque no hizo ningún comentario. Se dedicó a darse la vuelta y volver a mirar por la ventana.
-Lo sabéis todos ¿verdad?- murmuró haciendo que el cristal se empañase conforme él hablaba- De ti lo hubiera entendido, siempre con esa obsesión de ocultarnos lo que va a ocurrir, pero Lily… y Sirius… no me puedo creer que me hayan hecho esto.
-¿Cómo te enteraste?
-Lo leí. Leí que mi hermano me vendió a mí y a mi familia a Voldemort. Leí que no fui capaz de defenderte ni tampoco a Lily- Los ojos se le estaban empañando pero no era tristeza sino rabia de que no fuese capaz de salvar a su familia- Lei que Voldemort te quiere muerto desde entonces, que eres un héroe para todos, pero yo no puedo verlo porque estoy muerto.- a Harry le estaba doliendo todo aquello de forma inimaginable, él más que nadie lamentaba que no pudiera estar a su lado- Lo que no puedo creerme es que quieras tanto a Sirius después de lo ocurrido. O no lo hizo o eres un cínico.
-Él no lo hizo. Jamás lo hubiera hecho, ni tampoco mató a Peter... todo fue una especie de trampa que le tendieron y de la que no pudo salir. Para Sirius no hubo cosa peor en el mundo que ver nuestra casa después del ataque. Incluso ahora lo pasó muy mal cuando supo que él te había traicionado, no era capaz de creérselo de sí mismo.
-¿Quién fue?
-Eso sí que no te lo puede decir. Por mucho que me duela todo tiene que volver a ocurrir tal y como lo ha hecho.- James asintió con la cabeza, era increíble que estuviese reaccionando de aquella forma.
-¿Por qué no me lo contaste?
-No se lo he contado a ninguno. Sirius, Andrea y Remus lo descubrieron hace poco ellos solos. La semana esa que estuvieron tan raros ¿te acuerdas? Y mamá… esto… Lily lo averiguó al poco de saber que era mi madre, pero no dijo nada.
-Es una chica sorprendente – murmuró James casi con orgullo. – Pero es que no te imaginas lo que es ponerte a leer un libro y que te diga que tu vida se acaba con veintidós años, saber que todo el mundo te lo ha estado ocultando y descubrir que has sido un cobarde que no fue capaz de de proteger a su familia.
-Podrán decir mil cosas de ti, desde que eres un gilipollas engreído hasta que eres el mejor amigo del mundo, pero jamás te llamarían cobarde. Saliste ileso de muchos enfrentamientos con Voldemort, eres algo así como un mito entre los aurores y aquella noche… no tuviste otra opción, pero si te sirve de consuelo ni si quiera Voldemort te considera un cobarde-James le miró extrañado porque él supiera aquello- un tonto sí, pero sólo porque decidiste enfrentarte a él para darle a mamá una oportunidad de escapar conmigo.
Harry tuvo que darse la vuelta y respirar profundamente varias veces para evitar que las lágrimas le cayeran. Le dolía recordar aquel episodio de su vida, pero mucho más hacerlo bajo la mirada de su padre que en ese momento, y aunque solo fuese por aquella vez en toda su vida lo estaba viendo lleno de orgullo.
-A lo mejor si me lo hubieras dicho no hubiera sido tan gilipollas contigo.- Harry se volvió y le miró con una sonrisa de incredulidad en los labios que hizo sonreír también a James- Tienes razón, hubiera sido igual de celoso y de estúpido, pero me habría ahorrado muchos comentarios.
-Quería conocer a mi padre, en todas sus facetas y si eres un capullo pues qué le vamos a hacer.
-Ey chaval no te pases un pelo- bromeó James.
-No deberías aislarte así ¿Sabes?- Harry volvió a recuperar el talante serio- Lily está muy preocupada por ti, ha llegado a pensar que estabas con otra chica hasta que le dije que el que yo no estuviera sintiendo que perdía la existencia era un punto a tener en cuenta.- James sonrió recordando lo mal que se había puesto su hijo cuando él se había ofuscado en dejar a Lily por celos- Habla con ella.
-Lo haré, pero sigo un poco enfadado con ellos, con todos.
-Cabezonería Potter.- James le dio un golpecito suave en la cabeza a Harry y éste sintió que por primera vez en su vida tenía una familia, aunque no fuese exactamente lo que él hubiese querido tener.
Al cabo de un rato estaban en el comedor cenando con los demás, excepto con Sirius que debía seguir con su tarea de romper cosas junto al lago. James no besó a Lily cuando llegó, ni se mostró simpático con el resto, pero al menos abandonó su pose lánguida y depresiva, lo cual ya era un paso.
