CAPÍTULO 38: ENTRA EN MIS SECRETOS.

Esa noche James no pudo dormir, escuchó la profunda respiración de Remus y a Sirius llegar bien entrada la madrugada para darse una ducha larga. Pensó una y otra vez los reproches que quería decirles y cuando se los supo de memoria intentó dormir, pero seguían rondándole la cabeza. Se acordaba de las veces que Lily o Remus habían salido inexplicablemente en defensa de Harry, de lo estúpido que debía parecer diciendo que "ya tendrían tiempo". Por un momento sintió que se arrepentía de haberse comportado tan mal con Harry, pero es que realmente le caía mal, estaba celoso de él o se sentía intimidado, pero el resultado es que no era capaz de estar cerca de él sin enfadarse. Después se arrepintió de que su hijo huérfano le cayera mal, pero tampoco podía hacer nada contra eso, simplemente había ocurrido así y él no había tenido la culpa. Sin darse cuenta había madurado más de lo que él podía imaginar, aunque tenía la sensación de que la pelea de ese día con Harry no sería la última que tuviera.

A la mañana siguiente bajó a desayunar en cuanto vio la primera claridad en la ventana y se esfumó a clase antes de que el resto llegara. Así estuvo todo el día, escabulléndose de unos y de otros, sabía lo que quería decirle pero en el fondo le costaba ponerse delante de ellos y decirles "me habéis fallado". Después de comer se había encerrado en su habitación, prolongando cuanto pudiera la conversación con sus amigos y con Lily, pero Harry ya les había contado lo que había ocurrido la noche anterior y querían zanjar cuanto antes el tema con James. En cierto modo se sentían culpables, habían querido decírselo, o quizá no, pero era una forma de ahorrarle un mal trago, posiblemente una sobreprotección innecesaria, de esas que tanto odiaba Harry, pero ya estaba hecho y ahora sólo les quedaba enfrentarse a él. Los peor parados y ellos lo sabían serían Lily y Sirius.

Escuchó un "alohomorra" al otro lado de la puerta pero ni se inmutó, tumbado en su cama, con las manos cruzadas en la nuca y mirando el techo de su cama adoselada. Era una posición absolutamente chulesca, pero en cierto modo era como quería ser en ese momento, nada de sentirse culpable como lo había hecho con Harry, ni enfadado.

-¿Podemos pasar?- preguntó Lily desde la puerta todavía con la varita en la mano.

-Eso debías haberlo preguntado antes de forzar mi cerradura ¿no crees?- le contestó él sin cambiar de postura.

Lily intercambió una mirada con Andrea que estaba a su lado y las dos chicas entraron seguidas de Remus y Sirius, que se dejó caer en su cama como si su cuerpo pesara toneladas. Por un lado sabía que tenía que hablar con James, estar ahí porque le necesitaba, pero no tenía el cuerpo para soportar muchos reproches después de las evasivas, ya cansinas, de Patricia.

-¿Tienes algo que decirnos?- le tanteó Remus, apoyándose en uno de los doseles.

-¿A parte de que tengo un hijo que es un chivato?

-Es que estábamos muy preocupados.- Lily se sentó junto a él y le acarició un mechó del pelo pero James movió la cabeza para evitar su caricia.

-Ya sé que os preocupáis mucho por mí, quizá debería daros las gracias por esa preocupación tan incondicional- se puso de pie y acompañó su fantástica ironía de movimientos exagerados.

-James no hemos venido aquí a aguantar tus chorradas, dinos lo que tengas que decirnos y quédate tranquilo- La respuesta seca y borde de Sirius llamó la atención de todos, pero sobretodo de James. Su amigo no se había movido ni un centímetro de la postura que había adoptado al dejarse caer en la cama y su voz sonaba cansina, casi como si estuviera allí por obligación.

-Nadie te ha pedido que vinieras.- le contestó James en el mismo tono- Ya sabes dónde está la puerta si quieres largarte.

-James, por favor…- intentó interceder Lily que conocía la cabezonería de su novio.

-¿Qué?- le interrumpió él- ¿Acaso no tengo razón? Se supone que aquí el ofendido y el enfadado soy yo…

-No tienes motivos para estarlo- le respondió Sirius levantándose- No tienes ni idea de cómo lo hemos pasado nosotros. ¿Sabes lo que fue para mí tener que pensar que te había traicionado? ¿Que te había vendido, y a Harry? ¡No tienes ni idea de lo que fue seguir viéndoos cada día y pensar que dentro de unos años nos ibais a dejar!- James no se apiadó lo más mínimo por sus amigos, él seguía en su mundo, en el que le habían tomado por imbécil- ¿Y para Lily? ¿Sabes lo que ha sido para ella?- Lily agachó la cabeza, lo había pasado peor que cualquiera de ellos pero lo había llevado estoicamente, sin pedir ayuda ni contárselo a nadie- Ella lo ha llevado sola, te ha visto enfrentarte a su hijo diciendo que no eras su padre y no ha dicho ni palabra. ¿Qué derecho crees que tienes para recriminarnos nada?

James guardó ahora silencio y miró de reojo a Lily que seguía sin levantar la cabeza, quizás porque no quería que James se hubiera enterado nunca de cómo había estado. Se sorprendió de escuchar esas palabras de Sirius, quizás las hubiera esperado de Remus, en un tono más afable, desde luego, pero nunca de Sirius. Sin embargo algo le dijo que sólo un amigo como él le podía decir todo eso a la cara, enfrentarse a él con esa entrega y defender a Lily como lo estaba haciendo, pero seguía ofendido; si tan amigo era no entendía cómo se lo había ocultado tanto tiempo.

-¿Y tú sabes lo que es saber que tus amigos se están riendo de ti? ¿Que te toman por idiota?

-Nadie se ha reído de ti- le aclaró Remus- fue una decisión difícil para todos no decírtelo, pero era la mejor opción, sobretodo para Harry.

-Él nos pidió que no te lo dijéramos, que todo debía ser como había ocurrido y tú… bueno, James, tú eres muy impulsivo y no sabíamos cómo ibas a reaccionar. – le explicó Andrea.

-Pensabais que actuaría como un niño malcriado, que no sería capaz de afrontar esto como un hombre ¿verdad? Todos habéis podido hacerlo pero el idiota de James seguro que no.

-¡¡Sólo queríamos protegerte!!- le gritó Lily harta ya de aquella situación- No queríamos que pasases por lo que has pasado esta semana. ¡¡Es muy duro ver a tu hijo y saber que no te conoce!!

-Yo no necesito que tú me protejas- masticó las palabras como si el comentario de Lily hubiera sido el más doloroso y quizá lo había sido, porque de todo aquello lo que más le había afectado era saber que no haber sido capaz de protegerles. – No necesito que ninguno me proteja.

James pasó con fuerza junto a Remus para dirigirse a la puerta, pero antes de que la alcanzara, ésta se había cerrado delante de sus narices. Se dio la vuelta irritado y vio a Lily con la varita en la mano señalando a la puerta.

-Llevas evitándonos una semana, querías echarnos en cara que te habíamos tratado como a un niño tonto, de acuerdo, pero no te vas a ir sin acabar este tema.- Lily le miraba con fiereza, amenazante, y James se sorprendió de ver esa faceta suya que tan pocas veces salía a la luz- Tengo tanto derecho a protegerte como tú a mí y si no quiero que sufras pensando que tu vida se acabará en cinco años, me callaré y punto, si no te gusta te aguantas, pero tú sabes muy bien que habrías hecho lo mismo por cualquiera de nosotros.- James abrió la boca para rechistar pero Lily no le dejó hablar- Enfádate si quieres, grítanos si tu conciencia te lo permite, pero no salgas de aquí y vuelvas a ignorarnos como si hubiésemos hecho algo malo. A nadie más que a nosotros nos ha dolido saber la verdad y a nadie más que a mí le ha dolido no poder compartirlo contigo.

James no dijo nada durante al menos cinco minutos que se hicieron inacabables para los demás. Se dedicó a sentarse en la cama y a examinarse las manos mientras su mente daba vueltas a toda velocidad.

-Nunca me ocultéis nada- acabó diciendo- Apuntadlo y llevadlo siempre en el bolsillo para que el obliviate de Dumbledore no os haga olvidarlo, haced lo que os dé la gana pero jamás volváis a ocultarme algo así.- el resto guardó silencio mientras James, en un tono lento y monótono hablaba mirando al suelo- Quizá tuvierais buenas intenciones pero no lo voy a tolerar otra vez.- silencio otra vez. Se levantó despacio, como si le costara trabajo y abrazó a Lily por la cintura dejando caer la cabeza en su hombro, respiró su aroma y le susurró- Siento haberte dejado sola en esto y alejarme de ti esta semana, pero no vuelvas a pensar que estoy con otra- Lily lo miró sorprendida de que él tuviera esa información y James sonrió- Tengo un hijo muy chivato- le dio un toquecito cariñoso en la nariz y la besó en los labios muy muy despacio.

-Yo también siento no haberte dicho nada, pero…- James no la dejó terminar, le puso un dedo en los labios para que no siguiera; ya no le interesaba nada de lo que le pudiera decir para justificarse, sabía que las personas que había en esa habitación le querían como si fueran su familia y que nunca harían nada contra él.

-¿Y tú desde cuando eres tan borde conmigo?- le espetó a Sirius en broma.

-Desde que tú no me ayudas a ligarme a la tía que me gusta.-le contestó él en el mismo tono, con una sonrisa en los labios.

-Tú nunca me has necesitado en ese terreno.- Sirius se encogió de hombros y puso cara de interesante, pero no le dio tiempo a hacer ningún comentario ingenioso, porque al igual que él había hecho el día que le había dicho la verdad sobre lo que sentía por Patricia, James le abrazó con fuerza- Sólo un amigo como tú dice las cosas como tú lo has hecho.

-¡Uish que tierno! – bromeó Remus – al final me voy a poner celoso.

James le dio un golpecito en el hombro y le pasó el brazo por lo alto.

-Siempre pensé que eras el sensato del grupo. Tú podías habérmelo dicho ¿no?

-James no empieces que íbamos muy bien.

Salieron de la habitación riéndose y decidieron pasar la tarde disfrutando de la primavera en los terrenos del colegio, en vez de estudiar que era lo que deberían estar haciendo teniendo tan cerca los exámenes, pero no había ganas de meterse en la biblioteca.

Después de comer, mientras James se había escaqueado y el resto había ido a hablar con él. Harry, Ginny, Ron y Hermione habían salido a tomar un rato el sol en el patio del castillo. Harry estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en una columna de piedra y Ginny, medio dormida, sentada entre sus piernas, mientras él le acariciaba el pelo. Ron, había sido menos sutil y se había tirado en el suelo con la cabeza en el regazo de Hermione, que estaba sentada frente a Harry, y por mucho que dijera después se estaba dando un buena siesta.

-Si me sigues tocando el pelo me voy a quedar durmiendo- murmuró Ginny dejándose caer más en el pecho de Harry.

-No sería la primera vez.

-Ya pero es que me tengo que ir a la biblioteca- Harry, con la mano que tenía libre la abrazó más fuerte para evitar que pudiera marcharse- Vamos, cariño, que tengo deberes.

-Luego te los hace Hermione.- le dijo él con voz pastosa besándola en los labios.

-A mí no me metáis en vuestras cosas que siempre salgo perdiendo- se quejó Hermione.- Además, Harry, deja que se vaya que tiene que entregar un trabajo para Snape.

-Ya has oído a la prefecta- bromeó Harry- A la biblioteca, pero que sepa usted, señorita, que esta noche tiene una cuenta pendiente conmigo.

-Si pones una mano encima de mi inocente hermana te la corto.

-¿Tú no estabas durmiendo?- se quejó Harry.- ¡Además! Como si fuera a ser la primera vez que duerme en nuestro cuarto.

-¡¡No quiero oírlo!!- Ron, todavía tirado en el suelo, se tapó las orejas con las manos y empezó a negar con la cabeza- ¿Ves cariño? ¡¡Me traumatizan!! Esta noche no podré quedarme en mi habitación con estos depravados ¿Me haces un hueco en la tuya?- se lamentó haciéndole pucheros a Hermione.

-¡Qué morro tienes!

Ginny se levantó entre risas y después de darle un beso a Harry se marchó a la biblioteca para dedicarse a su trabajo de pociones, mientras los otros tres seguían descansando al sol.

-No nos has contado nada de tu clase con Andrea.- dijo Hermione después de un rato de silencio.

-No hay mucho que contar.- Harry seguía apoyado en la columna con los ojos cerrados mientras un sol extremadamente relajante le daba en la cara.

-Si dice que no hay mucho que contar es que pasó algo importante.- opinó Ron incorporándose y sentándose correctamente junto a Hermione, que asentía con la cabeza.

-¡Vamos, Harry! Que nos conocemos. ¿Qué hicisteis?

-Nada importante, sólo nos estuvo hablando de lo que hizo Voldemort para evitar la muerte.- contestó él sin cambiar de postura.

-¡¡¿Sólo eso?!!- gritó Hermione gateando hasta ponerse juntos frente a Harry que la miró como si se hubiera vuelto loca- Cuéntamelo ya, ¿vamos a qué esperas?

-¿Sabes que a veces das mucho miedo?- ella hizo un gesto de impaciencia para animarle a hablar- Está bien, mediante magia negra Voldemort ha invocado, por decirlo de algún modo, toda la magia de Slytherin y sus herederos, mientras la conserve no podrá morir.

-Y tú eres quien se la vas a quitar ¿no?- dijo Ron detrás de Hermione con una seriedad inusitada en él.

-No me queda otra opción.

-¿Sabes cómo hacerlo?- Harry asintió- Es muy peligroso ¿verdad?- Harry volvió a asentir.- Iré contigo.- sentenció en un tono que no admitía réplica, pero la réplica se oyó.

-¡De eso nada!- era Hermione quien había gritado poniéndose de pie- ¡Iremos!- puntualizó.

-A ver cómo os lo digo para que no os ofendáis- Harry imitó estar pensando durante unos segundo- No vendréis ninguno de los dos, iré yo solo. No voy a dejar que venga ni si quiera mi padre.

-A ver cómo te lo digo yo, para que te enteres- le imitó Ron- me importa una mierda lo que tú quieras, hemos estado contigo en todos tus líos desde primero y no vamos a dejarte sólo ¿claro? Donde tú vas, vamos nosotros.

-Está bien- claudicó con poca convicción Harry, era mejor dejarles creer lo que ellos quisieran.

-¿Ginny lo sabe?- preguntó Hermione

-No, no, no. Ni se lo digáis. No quiero que se preocupe ni que le entren ganas de venir conmigo. Nada, vosotros como si no lo supierais.

-Si te pasa algo ese día, más vale que también me pase a mí, porque si mi hermana se entera que no le dije nada me matará con sus propias manos.

Después de dejar claros los puntos básicos de ese tema, volvieron a su posición de lagartos puestos al sol. Dejaron pasar la tarde entre conversaciones absurdas, alguna anécdota idiota de los últimos siete años o algún plan de futuro, para el que Harry siempre se reservaba un perfecto silencio. Hacía mucho tiempo que no estaban los tres a solas, como siempre y por muchas cosas que tuvieran que estudiar ese día, prefirieron aprovechar aquella oportunidad. Por mucho que los tres lo ocultaran en su mente quedaba el fantasma de que aquella podía ser la última oportunidad que tuvieran.

Tres días después del primer encuentro de Andrea con los Potter, Remus y ella habían planeado ir a Elgin para recoger las cosas que les pudieran hacer falta durante el tiempo que estuvieran allí. Habían tenido ya algunos encuentros amistosos, una cena juntos con Sophie, alguna charla a última hora pero siempre evitando cualquier tema peliagudo que pudiera recordarles que una vez se quisieron muchísimo. Remus pasó esas tres noches en Grimmauld Place y Andrea estuvo tentada de preguntarle si no había quedado con Nicole, pero prefirió no hacerlo, todavía recordaba cómo habían terminado la última vez que ella había sacado el tema Nicole.

La Señora Weasley no podía pasarse la mañana en Grimmauld Place, había dicho que estaba muy ocupada en su casa pero que no le importaba cuidar de la niña en la Madriguera mientras ellos estaban fuera, así que con la idea de que esa mañana usaría por primera vez la red de polvos floo con Remus, Sophie no pudo dormir en toda la noche, se la pasó dando vueltas en la cama imaginando cómo seria la casa de los Weasley y la sensación de desaparecer entre un montón de llamas.

-Como no te quedes quieta y desayunes de una vez no vas a ir a ningún sitio.- le riñó Andrea mientras le ponía el desayuno en la mesa.

-Sí, sí, sí- repitió ella al borde de la histeria ignorándola completamente porque siguió dando vueltas alrededor de un divertidísimo Remus- Pero eso no duele ¿verdad? Y no nos perderemos ni nada ¡Ay qué ilusión!

-Vamos, Sophie, haz caso a tu madre o al final te dejará aquí encerrada.

Sophie se sentó a comer pero no fue capaz de ingerir nada. Andrea la miraba y negaba con la cabeza sabedora del problema que le vendría con esa niña el día que le acabase llegando la carta de Hogwarts; Remus, por su parte, tenía que hacer esfuerzos para aguantar la carcajada por el comportamiento nervioso de la pequeña.

-Pórtate bien y haz caso a la Señora Weasley- Andrea estaba delante de la chimenea con Sophie, arreglándole el pelo- No quiero que me dé ninguna queja y no empieces a flipar por toda la casa.- la niña iba asintiendo con la cabeza pero Andrea estaba segura de que no le estaba prestando la más mínima atención- ¿Qué quieres que te traiga de casa?- la niña la ignoró, más concentrada en mirar por la chimenea que en las palabras de su madre- ¡SOPHIE ALEXANDRA MACKENZIE!

-Ahhhhh- gritó la niña sobresaltada- ¡Qué susto! Si ni si quiera sabía que te sabías mi nombre completo.

-Muy graciosa, ¿Qué te traigo de casa?

-Los libros de mi estantería, la ropa de verano… mmm… mi diario, todo lo que se te ocurra y una varita.- Esbozó una enorme sonrisa de niña buena con la que esperaba conseguir su último deseo, pero su madre no estaba por la labor.

-Mejor nos ahorramos la varita y le sumamos los libros del colegio- Sophie puso cara de odiar esa palabra - Y tú procura no llegar de la Madriguera con ideas de "quiero ser una superbruja" porque ya te he dicho que no.

Se avecinaba un nuevo temporal entre madre e hija, así que Remus, que había permanecido todo el tiempo como un espectador ajeno a su conversación, se metió entre ellas y le quitó a la niña de las manos. Prefería que Andrea no estuviera enfadada aquel día porque tenía que pedirle algo muy importante.

-Bueno, enana, escúchame bien- Sophie le miró expectante- Cierra la boca o se te llenará de ceniza y no se te ocurra soltarme la mano por nada, si te pierdo tu madre me corta la cabeza.- ella sonrió nerviosa.- ¿Estás lista?

-Sí. Me has dicho que no duele ¿verdad?

-No, no duele, tranquila.- Se volvió a Andrea que estaba a su lado- En seguida vuelvo a por ti.- Andrea le dedicó una sonrisa casi tonta, se había quedado mirándoles a los dos mientras hablaban y cuando él se había dirigido a ella no había sido capaz de reaccionar de otra forma.

-¡Sé buena!- le gritó mientras el hombre y la niña desaparecían entre las llamas verdes.

Al cabo de diez minutos Remus apareció de nuevo en la chimenea sacudiéndose las cenizas de la ropa muggle. Andrea lo observó durante los instantes en los que él estaba demasiado ocupado en limpiarse como para mirarla y pensó que los años le habían sentado muy bien, pero inmediatamente se forzó a sí misma a pensar en otra cosa y quitarse de la cabeza posibilidades estúpidas que ni si quiera quería que se cumplieran.

Después de tomar un traslador, aparecieron justo en el comedor de la casa de Andrea en Elgin. Las cosas seguían tal y como ella las había dejado el último día, aunque con una espesa capa de polvo, soltó el traslador como si le picara y se colocó bien el pelo. Remus estaba paralizado, la última vez que había entrado en esa casa no tuvo tiempo para darse cuenta de lo que significaba en su vida, había ido directo a recoger a Andrea y llevarla a San Mungo, pero ahora que tenía tiempo para fijarse sintió cómo un remolino de sensaciones contradictorias se agolpaba en su estómago hasta hacerle palidecer. Andrea le observó y se imaginó lo que estaba pensando, a ella le había costado muchísimo seguir viviendo entre aquellas paredes sin verlo al entrar en la cocina o sin escucharle entrar en casa inesperadamente.

-Yo… voy a subir a por las cosas- dijo Andrea tímidamente, casi con miedo de interrumpir sus pensamientos- Todo siguen estando en el mismo sitio, tú… bueno tú ya sabes donde está. ¡Como en tu casa!

Andrea salió sin mirarle escaleras arriba y cuando llegó se paró allí a respirar profundamente para recuperarse. Había sido una situación tensa, el primer instante de nuevo en aquella casa que podía decirse habían compartido juntos. Tenía razón cuando le había dicho que todo seguía igual, no sabía por qué pero no había cambiado nada de lugar a excepción de algunas fotos y algunos objetos de decoración que pasaban de moda. Se metió en su cuarto rápidamente y se dejó caer hasta sentarse en el suelo con la espalda apoyada en la puerta cerrada. Tenía que controlarse, aclararse y comportarse como si no ocurriese nada entre ellos. "Han pasado trece años y él no volvió nunca". Respiró nuevamente "Y tiene una nueva relación" Otra respiración. "Y tú no quieres volver con él, sois amigos y ya es mucho". Se armó de valor y se puso de pie.

Remus se había quedado en el salón intentando reponerse de la primera impresión. Se pasó las manos por el pelo y empezó a mirar el mueble, tenía muchos cacharritos adornándolo, pero no quedaba ninguno de los que había cuando él vivía allí. Esos los había traído la mayoría él y entendía que no quedara nada de él en la vida de Andrea. Miró las fotos, la mayoría de Sophie, de bebé, dando los primeros pasos, en algunos cumpleaños o en Halloween y recordó porqué había salido de aquella casa la última vez que había ido a buscar a Andrea. Escuchó pasos en la escalera y se giró para encontrarse a Andrea apoyada en la barandilla, con la mitad del cuerpo saliendo para poder verle; ella había recuperado su estabilidad, o al menos eso parecía. Remus sonrió al verla en aquella posición, como hacía siempre y tuvo la sensación de que el tiempo había dado marcha atrás.

-¿Podrías ayudarme, si no te importa?- propuso ella. Remus subió las escaleras detrás de ella y la sensación de flash back se hizo más intensa, pero no era nada comparado con lo que sintió cuando entró en el dormitorio de Andrea- ¿Me alcanzas esas maletas?-Su voz casual estuvo a punto de resquebrajarse cuando le vio casi petrificado observando la habitación- ¡Remus! ¿Me das las maletas de ahí, por favor?

Remus le alcanzó las maletas que estaban encima del armario y se forzó a sí mismo para recuperar la entereza. Ella se concentró en coger alguna ropa del armario y guardarla con poco cuidado, abrió cajones evitando mirarle para impedir una asociación entre sus recuerdos en esa habitación y el momento actual. Remus por su parte, se paseó por el dormitorio mirando aquí y allí, de vez en cuando le alcanzaba lo que ella le pedía, pero se centró más en curiosear las fotos que Andrea tenía allí. Se fijó en una de ellas que jamás podía haber imaginado que encontraría en casa de Andrea. Mientras ella estaba rebuscando entre los desordenados cajones, tomó la foto y la observó. Andrea y su hermana Alex sonreían a la cámara como si fueran buenas amigas. Se fijó en que no era una foto de infancia, que en todo caso hubiera sido mágica; en esta foto muggle las dos parecían tener unos veinticinco años más o menos, se parecían bastante aunque Andrea no había sido capaz de perder la frialdad en su rostro.

-No sabía que te habías reconciliado con tu hermana- dijo Remus mostrándole la foto. Alex y Andrea habían estado enfrentadas durante toda la guerra en el sentido más literal de la palabra. Alex, auror de auténtica vocación, se había llegado a enfrentar a su hermana y herirla gravemente en una batalla.

-Poco tiempo después de que… de que tú te marcharas a Francia, pensé que había llegado el momento de hablar con ella. No sé porqué pero algo me dijo que tenía que hacerlo. Me sentía… mal- terminó diciendo en lugar de "sola" que era su auténtico sentimiento- así que busqué su apoyo.

-¿Y qué hizo ella?

-Primero, intentar matarme, pero ya contaba con eso; yo llevaba mi varita y la obligué a escucharme, le conté todo lo que había hecho, lo que había sentido, le hablé de mis pesadillas, de nosotros, de que tú te habías ido.- Remus le apartó la mirada un momento, como si se arrepintiera de haberlo hecho- Le costó creerme, al principio pensó que era una estratagema pero terminó confiando en mí. No me preguntes por qué pero lo hizo, supongo que en el fondo sabía que yo no podía haberme vuelto malvada de la noche a la mañana.

-Me enteré de que había muerto.

-La asesinaron- le corrigió ella con sequedad.- Sobrevivió a la guerra, me partí la cabeza haciendo que ella se mantuviera a salvo durante todo ese tiempo y después la matan unos traficantes de pociones.- Le quitó la foto a Remus y la miró como si hiciera años que no lo hacía, sonrió levemente y apretó los labios para evitar llorar- Le dije que no lo hiciera, que no fuera a esa misión, que tenía muchas cosas que perder, pero no me hizo caso.

-¿Estás bien?- le acarició un poco el brazo y ella levantó la cabeza de la foto asintiendo- Vine a verte el día que me enteré, acababa de llegar de Francia y fue un golpe muy duro. Yo… sabía que había desaparecido de tu vida durante tres años pero quería estar contigo en ese momento.

-No viniste.- Andrea se dio media vuelta y colocó la foto en su sitio con delicadeza- Te esperé cada día después de la muerte de mi hermana y tú no viniste. No te puedes imaginar lo sola que me sentí, así que no me hagas creer ahora que apareciste por aquí porque yo sé que no lo hiciste.-Se había enfadado, ese era un tema que le tocaba bastante y quizá la mayor razón que tenía para reprocharle a Remus algo- Me abandonaste cuando más te necesitaba. Me hubiera importado poco que hubiesen pasado tres años o cinco, pero… pero nunca te eché tanto de menos como en aquel tiempo.

-¿Ah sí?- le replicó él casi con sarcasmo- Pues para tu buena información vine a verte y te vi, con un hombre a tu lado y una niña en los brazos. Si tan sola te sentías y tanto me echabas de menos ¿Cómo era que habías rehecho tu vida?- Andrea se tapó la cara sorprendida, casi sumida en un estado de shock- Vine para quedarme ¿sabes? Habían descubierto la poción matalobos y ya no había nada que me alejara de ti. Pensaba dejarlo todo por ti y te descubrí rodeada de tu familia, así que solo me quedó marcharme.

Andrea se dejó caer en la cama, sentada mirando a un punto inexistente, con la cabeza apoyada en una mano y los ojos muy abiertos. Ella nunca imaginó que él hubiera vuelto y mucho menos que la hubiese visto con Sophie. Remus al no obtener respuesta se dio la vuelta y se dirigió a la puerta. Habían vuelto a echarse cosas en cara, habían vuelto a recriminarse y tenía la sensación de que eso no acabaría nunca.

-¡Espera, Remus!- él se dio la vuelta y vio a Andrea señalando la cama para que se sentara a su lado- El hombre al que viste debía ser Mark y la única relación que Mark y yo tenemos es una empresa de publicidad y una buena amistad.

-Ya no tiene importancia, no tienes que darme explicaciones.

-No, el otro día te dije que si hubieras vuelto te habría dicho quien era el padre de Sophie y que él la había abandonado antes de nacer. Ahora que sé que volviste supongo que tengo que contártelo.

-Ya te he dicho que no hace falta- se levantó para marcharse pero ella se lo impidió.

-¿Te acuerdas de Robert Stevenson?- Remus la miró sorprendido, incapaz de creerse aquello.

-¡¡¿Te acostaste con el marido de tu hermana?!!

-¡Claro que no!- exclamó ella.- Ese imbécil me caía fatal, todavía no sé cómo mi hermana le aguantó tanto tiempo. Era un muggle retrógrada que no la dejaba ser bruja con tranquilidad.

-Me estoy perdiendo.

-Verás, Remus, ese hombre es el padre de Sophie, pero es que… yo no soy su madre- Remus abrió la boca casi tanto como los ojos por la sorpresa- Mi hermana Alex tuvo a Sophie unos seis meses antes de que la mataran, su marido las había abandonado cuando ella estaba embarazada y me había pedido que si le ocurría algo cuidara a su hija como si fuera mía.

-No es verdad. No puede ser. – Movía la cabeza con incredulidad, había perdido la oportunidad de retomar su relación, de pasar con ella diez años. Se había machacado pensando que ella había rehecho su vida y que él no era capaz y ahora ella tiraba todo por tierra diciendo que Sophie no era su hija.

-Yo nunca me he casado, ni por su puesto he tenido hijos. Me hice a la idea hace mucho tiempo de que no podría porque la única persona con la que quería ser madre no podía tener hijos, así que Sophie… ella fue como un regalo en medio de la desesperación.- se miraron fijamente durante unos minutos, habían captado perfectamente lo que había supuesto para el otro esa nueva información y para Remus sus últimas palabras estaban sonando como una mezcla de música celestial y lamento de melancolía.

-Voy a tomar el aire un rato.

Remus volvió casi dos horas después de haber salido de la habitación de Andrea. Había vagado por el barrio pensando en la mala pasada que le había jugado la vida, en el tiempo desaprovechado y en las circunstancias actuales. Había dejado pasar su oportunidad, el tiempo que podían haber estado juntos y había tomado la decisión de empezar una nueva vida con Nicole, así que, después de mucho tiempo pensándolo y repensándolo, se obligó a aceptar que su historia con Andrea había acabado, quizá por un avatar desafortunado del destino, pero el caso es que había acabado y ahora estaba con Nicole. Volvió para encontrarse a Andrea en la habitación de Sophie guardando las cosas que la niña le había dicho, se apoyó en el quicio de la puerta y la observó moverse por la habitación.

-¿Sophie lo sabe?- Andrea dio un respingo al oírle hablar y se volvió todavía algo sorprendida- Lo siento. ¿Sabe que no eres su madre?- Ella negó en silencio- Deberías decírselo, tú sabes que la carta de Hogwarts acabará llegándole y ahí verá que el apellido que tú le pusiste para protegerla no es el suyo.

-Lo sé, pero es muy difícil. No me atrevo a decírselo.

-La Andrea que yo conocía era mucho más valiente.- los dos se callaron en un silencio tenso- ¿Has terminado ya?

-Sólo me queda cerrar esta maleta.- la cerró y la cogió para marcharse a su habitación donde tenía el resto de cosas. Al pasar por su lado, Remus le quitó la maleta y la siguió.

-¿Has cogido los libros y tus apuntes para ayudar a Harry?- empezó tanteando.

-No creo que me hagan falta.

-Por si acaso- ella se encogió de hombros dando lugar a la posibilidad- ¿Y tu varita?- preguntó casi con miedo.

-No, ésa se queda aquí.

-Vamos Andy, por si acaso. Estamos en guerra y puede que tengas que defenderte o defender a Sophie. ¿Cómo crees que pararás un hechizo si no llevas encima tu varita?

-No puedo hacerlo, de verdad- le rogó ella- Tú sabes que no puedo hacerlo, cuando cojo una varita me siento poderosa… ¡mala! No me lo pidas, por favor.

Remus le cogió la cara con ambas manos y le obligó a mirarle a la cara, tal y como había hecho cuando había intentado atacar a Nicole. La miró fijamente a los ojos y como siempre ocurría ella se vio a través de los ojos de él, se vio como siempre había sido, una chica alegre y simpática, algo dura a veces, pero con un gran corazón.

-La magia puede salvarte la vida y te prometo que me quedaré a tu lado para ayudarte a superar cualquier cosa que ella produzca en ti. No dejé que te perdieras en medio de la magia negra y no voy a dejar que te pierdas ahora.

-Las cosas han cambiado mucho, Remus. Tú y yo ya no somos los mismos, ni sentimos las mismas cosas.

-Pero eso no significa que no pueda ayudarte. – ella vaciló- Llévala contigo, no la uses si no quieres hasta que te sientas preparada, pero llévala contigo siempre, por favor, por tu seguridad.

-¿Siempre has sido tan insistente?- le preguntó ella ya rendida, él sólo sonrió sabiendo que había conseguido su propósito- ¡Está bien! Ayúdame a mover esa mesita.

Andrea se dirigió a una de las mesitas de noche que en apariencia debía pesar poco, pero cuando hizo el primer intento de moverla, Remus observó que ella ponía todo su afán y no conseguía avanzar ni un centímetro, así que sacó la varita y se dispuso a apuntar al mueble, pero se lo pensó mejor.

-Muévela tú.- le ofreció su propia varita a Andrea que le miró como si acabara de perder el juicio- Sabes que lo único que te hace sentir tan mal es el miedo que tienes a ti misma, a volver a convertirte en lo que fuiste. Hasta que no superes tu miedo no podrás ser tú.

-No lo entiendes.

-¡Claro que lo entiendo!- exclamó él- Te asusta que la magia vuelva a consumirte, tienes miedo de no tener algo a lo que aferrarte como tuviste durante la guerra, pero te estás engañando a ti misma, porque sabes que eres lo suficientemente fuerte como para superarlo y que además me sigues teniendo para ayudarte.

Como única respuesta, Andrea se afanó nuevamente en mover a mano el pesado mueble, pero Remus negando con la cabeza por lo testaruda que era la cogió de una mano y la atrajo hacia donde él estaba. Le puso la varita en la mano y cerró la suya por encima de la de ella.

-Verás como no es difícil.- mantuvo la mano allí durante unos minutos, mirándola fijamente a los ojos- ¿Sientes ese poder? ¿Te sientes malvada?- ella negó con la cabeza incapaz de articular una sola palabra. Se le había formado un enorme nudo en la garganta al tener a Remus tan cerca, apretándole la mano. Él sin soltarle la mano, se puso a su espalda y sin ser muy conciente de lo que hacía colocó la otra mano libre en la cintura de Andrea que, también en un acto reflejo, la aferró y entrelazó sus dedos con los del hombre- ¿Ves como tienes miedo?- le susurró muy cerca del oído- Estás temblando.

"Pero no es miedo" pensó Andrea, todavía incapaz de hablar.

-Ahora apuntamos- movió su mano y con ella la mano de Andrea y la varita hacia el mueble- y dices el hechizo.- Andrea no dijo ni palabra- Vamos, Andy, sé valiente, es sólo un hechizo tonto.

-Locomotor mesita.- murmuró en un tono a penas audible, pero la pesada mesita de noche empezó a moverse hacia un lado dejando ver debajo de ella la puerta de una caja fuerte.

Durante unos momentos los dos ignoraron que la mesita se había movido y que ya no tenía sentido seguir en la postura que estaban, pero no se movieron, siguieron notando el contacto de sus manos y el calor que desprendían sus cuerpos así abrazados.

-Gracias- murmuró Andrea liberándose de aquella situación- Supongo que llevabas razón cuando dijiste que sólo tenía miedo, pero… no creo que vuelva a la magia.

-Nunca digas nunca.

Andrea se había agachado para poner la combinación de la caja fuerte y después de unas vueltas a la rueda sonó un clic y la pesada puerta de acero se abrió. No era una caja fuerte muy grande y dentro no había ni joyas ni dinero, sólo un montón de pergaminos escritos y una caja de madera oscura tallada igual que la que Remus tenía en su habitación. Sacó las cosas de allí y las puso sobre la cama, después de volverse para cerrar la caja fuerte se encontró a Remus con la caja en las manos. Él le hizo un gesto como pidiendo permiso, aunque sabía que lo tenía y ella asintió.

-Ahora hazlo con tu propia varita.- Ella negó con la cabeza y él se la ofreció por segunda vez- Sé tú misma, no tengas más miedos.

La mujer colocó de nuevo la mesita en su sitio, sin sentir nada a parte de un cosquilleo que se manifestó en unas chispas azules iguales que las que habían surgido en Grimmauld Place cuando su versión joven le había tirado la varita. Después de tenerlo todo en orden, le quitó a Remus la caja y metió la varita en ella. Estaba llena de fotos mágicas, algunas del colegio, otras de su época de mortífaga con Remus, le miró de reojo y vio que la estaba observando, así que intentó no ponerse nerviosa.

-Nunca te di las gracias por regalarme la flor.- Dentro de la caja estaba la flor de azahar de porcelana que Remus le había regalado a la joven Andrea para su cumpleaños. Después de su regreso al pasado, había olvidado de dónde la había sacado pero siempre le había tenido un cariño muy especial.

-Tampoco sabías que te la había regalado yo. Yo lo recordé cuando estuve en el hospital con la otra Andy.

-Yo en Grimmauld Place, con el otro Remus.

Los dos se sonrieron y los dos presintieron que por mucho que sus cerebros le dijeran, si seguían allí, en aquel marco tan propicio para los recuerdos, las cosas podrían complicarse mucho, así que al mismo tiempo se separaron haciendo como que arreglaban algo del equipaje.

-¿Haces tú el traslador?- le tanteó Remus.

-No tientes a la suerte.

En vista de que Andrea ya había hecho suficiente magia por aquel día, Remus hizo un traslador y ambos volvieron a Grimmauld Place, con un montón de ropa y demasiados recuerdos, algo que sólo ponía obstáculos a su nueva relación de amistad, pero que ninguno de los dos era capaz de evitar.

N/A: Decir más de lo que ya he dicho es tontería, podría pediros perdon miles de veces o daros millones de explicaciones pero todo quedaría sin sentido, porque lo cierto es que no tengo tiempo para nada, y cuando digo para nada os sorprendería la cantidad de cosas cotidianas que tengo que dejar en el tintero, así que con lo único que puedo compensaros es con esto. Estos capítulos son de la parte que más me gusta, así que espero que a vosotros también os gusten.

Un beso muy fuerte