CAPÍTULO 39: HOY LLUEVE, HOY DUELE.

La vuelta a la normalidad de James benefició a todos en general, Harry se llevaba mejor con él desde su última conversación y de vez en cuando se reían como buenos amigos, como si nunca se hubieran llevado a matar. Para Sirius tener al James de siempre otra vez fue todo un avance; Patricia seguía ignorándole y evitándole así que él intentaba disuadirse de todo pasando el mayor tiempo posible con James y con Remus, se iba a los entrenamientos del equipo, charlaba con Ron y Harry e incluso un par de veces se fue a la biblioteca con Hermione a estudiar, aunque todos pensaron que era sólo una excusa para ver a Patricia aunque sólo fuera de lejos. Se acercaba el fin de semana y el hecho de que Patricia pasara de él y James le insistiera en que la olvidara le hizo, al menos en apariencia, fijarse en otras chicas. No era capaz de verlas ni la mitad de guapas que a ella y aunque hablaba un rato y las dejaba insinuarse siguiéndoles el juego al final no quedaba con ninguna.

El viernes entre juego y juego, acabó acompañando a una ravenclaw de quinto a su sala común. Era una chica pequeñita y rubia que parecía a punto de quebrarse cada vez que se reía, pero Sirius, o más bien su subconsciente, le mantuvo la conversación hasta llegar a la armadura que custodiaba la puerta a la casa de las águilas. Quizá por educación o quizá porque se moría por ver a Patricia salir por aquel agujero siguió hablando allí durante un rato; la chica era simpática y divertida y no podía decir que era fea, pero él hubiera preferido estar hablando de cualquier cosa con Patricia. Como si hubiese pedido su deseo de cumpleaños, Patricia salió del agujero de la armadura hablando con un amigo de algo que debía ser muy divertido a juzgar por sus risas. Para Sirius aquello fue como el encender de una mecha, nunca había sentido tantos celos en su vida así que prestó más atención a la chica con la que hablaba y se rió con más fuerza de sus bromas. Ella no le había visto, pero le escuchó, hubiera reconocido su voz en cualquier parte y las risas que se traía con su amigo se apagaron de golpe. No le quedó más remedio que pasar por su lado y cuando lo hizo, quizás los celos o quizás el despecho le hicieron mirar a Sirius y su acompañante como si fueran dos bichejos asquerosos.

-¡Vaya!- exclamó Sirius al darse cuenta- Me miras mal pero al menos me miras.- Ella como única respuesta dio un giro de cabeza que hizo que le ondeara la melena castaña para enfrascarse de nuevo en la conversación con el chico. Sirius con un pequeño gesto se disculpó con su nueva amiga y cogió a Patricia del brazo- ¿Piensas escucharme ahora?

-Olvídame.

Sirius resopló de desesperación, la miró a ella y después miró al chico, que la estaba esperando y sin previo aviso cargó con Patricia sobre su hombro al tiempo que ella pataleaba y le gritaba para que le soltara. El ravenclaw con el que ella estaba sacó la varita inmediatamente pero Sirius ya tenía la suya en una mano y con la otra agarraba a una inquieta Patricia.

-Te recomiendo que no te acerques a mí. Esta personajilla y yo tenemos una cuenta pendiente.

Sin darle tiempo a nadie a decirle una palabra se dio la vuelta, con Patricia todavía pataleando y gritando sobre su hombro, y se marchó de allí para meterse en la primera aula vacía que encontró. Cuando entró dejó a Patricia con poco cuidado sobre una mesa y esperó el golpe.

-¡¡¿¿Quién te has creído que eres para hacerme esto??!!- gritó Patricia fuera de sus casillas apretando los puño tan fuerte que se estaba clavando sus propias uñas.

-Un tío que lleva desde que empezamos las clases intentando hablar contigo.

-¿Y no te has dado cuenta de que te he estado evitando todo ese tiempo?- le saltó ella con todo el sarcasmo del mundo.

-Pues sí me he dado cuenta- le respondió él en el mismo tono imitando las muecas que ella le hacía- precisamente por eso he tenido que hacer lo que he hecho.

-Se llama secuestro.

-¡No seas exagerada!-Sirius se había alterado, no entendía cómo podía ser tan orgullosa y tan cabezota cuando él lo único que quería era decirle que se moría por besarla, pero en ese momento se lo estaba replanteando- ¿Sabes qué te digo? ¡Que te largues! – Sirius se metió las manos en los bolsillo y la miró con desilusión, nadie le había rechazado de esa manera, y mucho menos sólo por orgullo, así que se rindió- No entiendo cómo he podido pensar que podíamos salir juntos.

Patricia se quedó parada mirándole, pero el que le dijera eso sólo aumentaba su enfado. Le conocía, sabía que era capaz de decir misa en hebreo si con eso podía conseguir a una chica y ella acababa de verle tontear con otra, no debía estar muy colgado con ella cuando estaba con otra y además si como él decía, quería que salieran juntos, no comprendía porqué no le había aceptado el beso.

-Y yo no entiendo cómo pude querer besarte. ¡¡No eres más que un chulo arrogante!! ¡¡Un creído que piensa que se puede llevar a cualquiera a la cama solo con un par de palabritas!!

-¡¡No se te ocurra juzgarme!!- le gritó él, enfadado nuevamente. La agarró por los dos brazos y la zarandeó un poco- Si sólo quisiera llevarte a la cama te hubiera seguido aquel beso, si solo quisiera acostarme contigo no te habría seguido como un maldito perro faldero durante todos estos días sólo para decirte que lo sentía, ¡¡no supe reaccionar porque me vuelves loco!!

Patricia, que había estado forcejeando con Sirius desde que la había agarrado, se quedó paralizada, mirándole fijamente incapaz de decidir si creerse o no lo que estaba diciéndole.

-No juegues conmigo-Era un ruego, había perdido toda la furia y todo el sarcasmo pero Sirius se rindió, al ver que ni sus palabras más sinceras la hacían cambiar de opinión, le soltó los brazos para dejar que se marchara pero ella siguió allí- Te acabo de ver tonteando con otra. No estoy dispuesta a ser una más.

-Sólo la acompañé para verte, pero ya se ve que mi fama me precede. Creía que tú me conocías, pero se ve que no.- Sopló decepcionado y se quitó de delante de ella, que se había quedado anclada a apenas unos centímetros de él.- Yo no estoy hecho para esto, así que nada, ya nos veremos por ahí.

Se dirigió a la puerta despacio con una mezcla de decepción y confusión. Por una vez en su vida era sincero con sus sentimientos y la chica no se fiaba de él. Se maldijo por idiota, tenía que haberle hecho caso a James y alejar a Patricia de su vida y así no hubiera tenido que sentir, por primera vez, el dolor del verdadero rechazo.

-¡Anthony!- Sirius ignoró el grito de Patricia y abrió la puerta, pero antes de que pudiera salir por ella, Patricia le había agarrado del brazo y le había hecho girar con fuerza. No le dio tiempo a reaccionar, ni a quitarle la cara, ni a resistirse, simplemente le besó con rabia, con pasión, con tanta fuerza que casi se estaban haciendo daño.

Sirius se había quedado aprisionado entre el cuerpo de ella y la pared y no había tardado nada en seguirle el beso. No podían parar, se abrazaron más y más, se acariciaron el pelo y se besaron hasta perder la conciencia del tiempo. Era un beso esperado, casi codiciado durante mucho tiempo y ninguno de los dos tenía un carácter romanticista acérrimo como para preferir una caricia dulce y unas palabras cursis. Al cabo de un rato dejaron de besarse y se quedaron abrazados mirándose con una sonrisa.

-¿De verdad te vuelvo loco?- Patricia le puso cara de niña buena y media sonrisa cómplice- ¿De verdad has venido hasta aquí sólo para verme?- Sirius no pudo evitar una sonrisa al verla jugar así y asintió con la cabeza- ¿De verdad quieres salir conmigo?-Patricia se había acercado para besarle pero estaba esperando su respuesta.

-Lo cierto es que sólo pretendía liarme contigo un par de veces y luego darte la patada.- bromeó él, a lo que Patricia en un ensayo de enfado simulado, intentó separarse de él, pero antes de que pudiera haber hecho el más mínimo movimiento Sirius la apretó contra él y la volvió a besar con la misma pasión que lo habían hecho antes, hasta que se les olvidó por qué habían estado tanto tiempo sin hablarse o por qué acababan de discutir.

En Grimmauld Place Andrea y Remus habían hecho un esfuerzo por olvidar lo que se habían dicho en Elgin. Después de aquella información las cosas eran diferentes, ella siempre había pensado que la había abandonado, que no había estado cuando más le necesitaba y que había antepuesto la magia a lo que sentía por ella. Por su parte, Remus se había pasado diez años pensando que ella le había olvidado pronto y que había rehecho su vida con otro hombre, uno que podía darle una familia normal, no como él. A pesar de todo ello y de la tensión que tuvieron en algunos momentos, todo seguía igual, Remus seguía con Nicole y Andrea seguía convencida de que cuando todo aquello acabara saldría de la magia y de la vida de Remus.

A Sophie no le habían dicho nada de su verdaderos padres; ella había llegado pletórica de la Madriguera contándole a su madre y a Remus cada una de las cosas que había visto, cuántos gnomos había lanzado del jardín o las comidas nuevas que había probado. Para su propia sorpresa su madre no le dijo nada, aceptó sus historias con una sonrisa nostálgica y se quedó con ella y con Remus hablando hasta tarde. Esa semana Remus había tenido que trabajar fuera para la Orden y a penas había aparecido por casa. Llegó el viernes por la mañana y Sophie parecía que lo había estado esperando como agua de mayo porque en cuanto entró por la puerta no se separó de él ni un instante. Le contó lo que había hecho esa semana que había sido bastante interesante gracias a una visita sorpresa de los gemelos Weasley y a un rato que pasó con Tonks, que la deleitó con sus habilidades metamórfagas.

A la caída de la tarde, Remus había empezado a ducharse y a arreglarse para salir así que Sophie se fue al salón con su madre donde empezaron a jugar con una miniatura de un campo de quidditch. A Sophie le había costado algo de trabajo cogerle el truco a las normas y al uso de aquellas pequeñas escobas, pero en cuanto lo había hecho se había convertido en una campeona sin rival. Andrea y Sophie estaban medio tiradas en el suelo dándole órdenes a las escobas con tanta efusividad que las dos estaban gritando como locas, el partido estaba muy igualado y cualquier fallo podía hacer desequilibrar la balanza así que se mantenían muy concentradas, pero su concentración se rompió en cuanto Remus abrió la puerta del salón. Iba muy elegante con un traje de chaqueta muggle color gris, no llevaba corbata pero eso sólo le daba un toque más informal. Se había quedado un instante observando a las dos chicas jugar como niñas, pero ellas no le habían dejado más tiempo porque se habían vuelto a mirarle y se habían quedado con la boca abierta. Sonrió imperceptiblemente al cruzar su mirada con Andrea que parecía muy asombrada de verle tan guapo, pero Sophie cortó la conexión rápidamente.

-¡¡Guau!! ¡¡Qué guapísimo estás!!- los pequeños muñequitos del campo de quidditch empezaron a dar vueltas sin ton ni son al no recibir mandatos de ninguna de las dos jugadoras, que seguían más concentradas en la apariencia de Remus que en otra cosa- Si es que todas las tontas tienen suerte.- murmuró la niña pensando en Nicole.

-¡Andy!- le riñó su madre- No seas grosera.

-Bueno chicas ¿Quién va ganando?- intervino Remus mientras madre e hija intercambiaban miradas furibundas, ya sabía que Sophie (ni Andrea) soportaban a Nicole, así que tampoco valía la pena darle importancia.

-¡Yo! Pero sólo por diez puntos.- Exclamó Sophie poniéndose de pie- Vamos, Remus, juega conmigo. Vamos a darle una paliza a mi madre. – Empezó a empujar a Remus para que se acercara al campo de quidditch y Remus lo hacía sin prestar ninguna oposición; cada día estaba más encantado con aquella niña y mucho más desde que había descubierto que no era hija de Andrea.

-¡Hecho! – exclamó el hombre quitándose la chaqueta y sentándose en el suelo- Yo cojo a los cazadores y tú a los demás.

-Remus no seas crío – le reprendió Andrea- ¿No ves que te vas a manchar y estás muy… elegante? – Remus le sonrió al ver que no había sido capaz de decirle que estaba guapo, pero con un gesto le restó importancia.

-¡No pasa nada! Lo que te ocurre es que tienes miedo de peder.

Empezó a darles órdenes a sus cazadores y Andrea hizo lo mismo con sus jugadores. Mientras tanto, Sophie, totalmente emocionada con su nueva adquisición, se apoyó sobre la espalda de Remus abrazándole por el cuello y dando instrucciones a los jugadores que le correspondía. Al cabo de cinco minutos los tres volvían a estar concentrados en el partido, gritando e insultando a los muñequitos cuando no les hacían caso. El buscador de Remus y Sophie estaba a punto de encontrar la snitch después de veinte minutos de partido, Remus ya se había remangado la camisa y estaba un poco despeinado, pero los tres se reían cuando alguno reclamaba una falta inexistente o fallaba un tiro.

-¡Vamos cógela, cógela!- empezó a gritar Sophie- ¡Ya es tuya!

-¡Síííííííí! ¡Hemos ganadoooo!- Remus se tiró al suelo en cuanto el buscador había cogido la snitch y notó el pesó de Sophie sobre él gritando emocionada como si acabase de ganar la copa de quidditch.

-¡¡Tramposos!!- Andrea se había abrazado a sus piernas y los observaba con odio fingido, pero en el fondo estaba sintiendo en el estómago una sensación extraña, como si estuviese viviendo en un sueño y aquella fuese su familia feliz, pero de todos los sueños se acaba despertando.

-¡Ejem, ejem!

Nicole había interrumpido los gritos de alegría y estaba en la puerta con la cara contorsionada, intentando fingir una sonrisa cortés, pero se notaba claramente que aquella escena la estaba matando. Llevaba un vestido de tirantes rojo a media pierna y un bolso pequeño en la mano. Nada comparable a su habitual vestimenta de vaqueros y camisetas. Sophie había levantado la cabeza y la había mirado con una mueca de asco, pero se había quitado de encima de Remus que ahora se intentaba poner bien la camisa y el pelo. Andrea la había mirado y se había quedado asombrada de lo guapísima que podía llegar a estar; por suerte Nicole no la había visto mirarla con esa sorpresa porque hubiera sido perder puntos delante de ella. Con disimulo se miró a sí misma y se dio cuenta de que no estaba arreglada, llevaba un pantalón corto y una camiseta vieja y el pelo desarreglado; y lo que más le pesaba: trece años más.

-Os veo mañana.- murmuró Remus después de darle a Nicole un beso en la mejilla.

Remus salió de allí con Nicole agarrada por la cintura. Parecía estar algo cortado, como si no le hubiera gustado ni que Nicole le viera jugando con Sophie y Andrea, ni que Andrea les viese juntos antes de su cena romántica. Cuando cerró la puerta Sophie se acercó a su madre, que se había quedado clavada en la misma postura mirando la puerta cerrada.

-Si tú llevarás ese vestido estarías más guapa. – Andrea reaccionó con las palabras de Sophie e intentó recomponerse ofreciendo una sonrisa que distaba mucho de ser auténtica.- No sé cómo puedes dejar que la estúpida ésa se lo lleve.

-Andy, la estúpida ésa es su novia. Él lo ha decidido así y yo… yo no siento nada por Remus- Sophie puso cara de "cuéntaselo a otra", pero su madre no la vio- Él y yo sólo somos amigos.

-Pero si es que no le pega nada.- se quejó la niña- Él es muy simpático y guapo y ella… puaj… si es que me dan arcadas sólo de pensarlo.

-Ya te he dicho que no seas grosera.- la voz le salió cansada y poco convincente mientras recogía el campo de quidditch.

-¡Vamos mamá! Pero si tú tampoco la tragas.- saltó Sophie- Él era tu novio y ahora se pasea con esa… esa… rubia; no me digas que no te importa.

-No te metas donde no te llaman.- le respondió secamente. Sophie, enfadada por el corte de su madre se sentó en el sofá con los brazos cruzados y esperó a que ella terminara de recoger. Andrea que se había dejado llevar por su mal humor, se sentó junto a la niña y le acarició un poco el pelo- Te cae muy bien Remus ¿verdad?- la niña asintió todavía sin dar su brazo a torcer- ¿mejor que Mark?

-Son diferentes- estaba vez sí miró a su madre extrañada por la pregunta- Yo quiero mucho a Mark, pero Remus… no sé ¡Me gusta!- Andrea movió la cabeza afirmativamente, como si esa hubiera sido la misma respuesta que ella hubiera dado, pero volvió a centrarse.

-Andy, cariño, si a mí me pasara algo… ¿con quién preferirías quedarte? ¿Con Remus o con Mark?

-Punto uno- saltó la niña casi ofendida- A ti no te va a pasar nada y punto dos… no sé. Mark siempre ha sido como el padre que no tuve, pero Remus también se porta muy bien conmigo y nos llevamos mejor que Mark y yo. Además yo quiero ser bruja y Mark no me dejaría, pero…- estaba totalmente confusa con aquello- sería como hacerle un feo a Mark ¿no? ¡¡Aish no sé!! Además ¿por qué me lo preguntas? ¿Estás enferma o algo?

-No por nada- intentó salir Andrea teniendo que recurrir a su arte para mentir- Era sólo por preguntar.

Al otro lado de la puerta del salón Nicole no estaba mucho más contenta por lo que había visto. Había llegado exultante, preciosa y con ganas de pasar una velada romántica con su novio y se lo había encontrado jugando con su ex y con su hija como si fueran una familia, así que los celos no hicieron otra cosa que crearle un profundo sentimiento de inseguridad, muy parecido al que había nacido en Andrea.

-Muy bonita la escena de ahí dentro- terminó estallando con ironía cuando llegaron al vestíbulo.

-¿Te he dicho que esta noche estás preciosa?- Remus, como si no hubiera oído una palabra, la tomó por la cintura y la acercó para besarla despacio.

-No me cambies de tema.

-Vamos, Nic, no empieces con los celos.- le rogó él- Sólo estaba jugando con la niña. – ella meneó la cabeza indecisa- Me gusta tu vestido.- le susurró en el oído haciéndola sonreír.

-¿Cuál es el plan de esta noche?- Nicole se había rendido y ahora se dejaba acariciar por Remus al tiempo que ella le pasaba los dedos por el pelo.

-Tengo dos entradas para el teatro, una reserva en un restaurante italiano y el resto… ya lo planearemos.- Nicole le sonrió y le besó para felicitarle por el plan que le tenía preparado.

-¿Te he dicho alguna vez cuánto te quiero?

-Alguna vez- Como cada vez que ella se lo decía, de repente se tensaba la situación, esperando un "yo también" que nunca llegaba, así que tal y como hacía siempre, Remus le dio un beso para dar por zanjado el tema- Será mejor que nos vayamos o no llegaremos al teatro.

Se dirigieron a la puerta y Nicole dejó que él cerrara. Remus miró un instante dentro, inseguro, y después miró a Nicole. Podía tener dos planes esa noche, uno en casa con una cría de diez años y una mujer que había regresado a su vida para ponerla bocabajo o una velada inolvidable con Nicole; como siempre su cerebro le forzó a tomar la opción que consideraba correcta, quizá fuera la mejor o quizá la más egoísta, pero cerró la puerta y se giró para montarse con Nicole en el coche dispuesto a no pensar en nada de lo que había pasado ni en Elgin, ni en Grimmaul Place.

El sábado lo habían dejado para el quidditch, estaban a un solo partido de alzar la copa de quidditch y tal y como avanzaba el tiempo la primavera se presentaba despejada y calurosa, de manera que en cuanto pasaban más de media hora volando a pleno sol todo el equipo estaba al borde de la deshidratación. A pesar de todo, los siete componentes del equipo eran buenísimos tanto a nivel individual como en conjunto, especialmente bajo la dirección de lo que ahora parecía un gran tándem padre-hijo. El domingo estaba reservado en la agenda Potter para la siguiente visita de Andrea que había prometido ir más a menudo a partir de entonces para sacar el máximo partido de los poderes de Harry y buscar ese supuesto poder oculto de James, que estaba encantado con aquella idea. Era relativamente temprano y la gente o estaba desayunando o seguía durmiendo, de manera que los pasillos estaban casi vacíos cuando James y Harry se dirigían a la clase del quinto piso para su cita con Andrea. En el segundo piso había un pasadizo que les ahorraba la mitad del camino así que se metieron por ahí, pero para su desgracia, al final del pasillo venía Malfoy con una slytherin de sexto que tenía la misma cara de asco que él. James y Harry se miraron e hicieron la misma mueca. Malfoy había pasado un año tranquilo, casi no les había dado problemas pero cada vez que lo tenían cerca siempre hacía que cualquiera de los dos se saliera de sus casillas.

Cuando Malfoy se cruzó con los Potter, le dio una palmetada en el trasero a la chica con la que iba para que se fuera sin él y se quedó parado en medio del pasillo. James y Harry no se habían dado cuenta del gesto, se habían dedicado a devolverle la mirada de odio profundo al slytherin y seguir con su conversación sobre quidditch como si no hubiera ocurrido nada.

-¡Ey Potter!- James y Harry se miraron de reojo y suspiraron antes de pararse en medio del pasillo.

-¿Qué quieres Malfoy?- le preguntó Harry con voz cansina- ¿No ves que es muy temprano para escuchar tu voz de rata afónica?

Malfoy avanzó hasta ellos con una sonrisa de autosuficiencia, cuando llegó hasta la altura de los chicos se paró delante de Harry y lo miró de arriba abajo como si fuera algo repulsivo. Cuando llegó de nuevo a la cara volvió a sonreír con soberbia y altanería.

-No me refería a ti, estaba llamando a este Potter- cuando Malfoy señaló a James, tanto padre como hijo se quedaron sorprendidos por un momento, pero Harry reaccionó a tiempo e intentó parecer lo más casual posible.

-No sé de qué estás hablando, Malfoy.

-No me hagas reír, Cararrajada. ¿No te alegra tener un padre? Al fin y al cabo debe ser una sensación nueva para ti ¿no?

Harry estuvo a escasos microsegundos de partirle la boca de un puñetazo, pero antes de que él lo hiciera James lo había cogido por la solapas de la túnica y lo había estrellado contra la pared.

-Si te acercas a nosotros otra vez te mato.- James masticaba las palabras con la cara tan cerca de la de cara de Malfoy que podía haberle contado las pestañas- ¿Qué pretendes? ¿Darme la sorpresa, gilipollas? Lo sé todo y ahora lárgate.- de un empujón lo lanzó a mitad del pasillo, pero Malfoy no perdía su sonrisa de superioridad.

-¡¡Qué bonito!! El padre defendiendo al hijo, a lo mejor esta vez eres capaz de defenderlo, James- siseó con maldad- la última vez llegaste tarde.

Harry se lanzó ahora a por él con los ojos inyectados en sangre, estaba fuera de sí, pero antes de que pudiera alcanzarle James le había agarrado de la túnica para pararle. Harry, que no se pensaba quedar con las ganas, movió la mano con fuerza y una potentísima ráfaga de viento hizo que Malfoy se estrellara contra la pared con un fuerte estruendo que no pudo oírse porque fuera, donde a penas unos minutos antes había hecho un día perfecto, había empezado una tormenta eléctrica y un trueno estalló al mismo tiempo que Malfoy chocaba con la pared.

Malfoy se levantó con dificultad y se palpó la cabeza, donde estaba sangrando un poco y miró a Harry casi con miedo, aunque intentó aparentar que ya esperaba algo así de él. Para sorpresa de los Potter, Malfoy volvió a sonreír satisfecho, como si hubiera logrado su propósito.

-Muchas gracias, Potter.

-No me tientes a seguir.

-Por cierto- Malfoy volvió a llamar la atención de los Potter cuando éstos ya se habían dado la vuelta para seguir su camino- Seguro que el licántropo se alegró de que vuestra amiga Andrea saliera de la maldición de mi tía.- Tanto James como Harry se volvieron una vez más con los puños apretados- Una lástima que sea sólo por un tiempo. ¿También sabías que mi tía la mató hace poco?- Se había dirigido a James con una falsa inocencia y eso había colmado la paciencia de los dos chicos. Cuando se habían propuesto un ataque conjunto, uno de esos de los que cualquiera hubiera temido, MacGonagall apareció por el pasillo.

-¿Qué hacen aquí?- miró a los tres chicos e ignoró deliberadamente el triste aspecto que presentaba Malfoy- Creo que ustedes tienen cosas que hacer ¿no?- James y Harry asintieron sin apartar la mirada de Malfoy- Pues vamos, lárguense.

En el aula del quinto piso Andrea, Remus y Sophie estaban sacudiéndose la ceniza de los polvos floo. En la chimenea todavía ondeaban las llamas verdes cuando el cielo empezó a oscurecerse y unos extraños rayos lo iluminaban todo sin previo aviso. Andrea se acercó rápidamente a la ventana para observar el extraño fenómeno, el viento empezaba a soplar con una fuerza desatada y las nubes negras amenazaban con caer, pero lo peor era la cantidad de rayos y truenos que hacían retumbar cada piedra del castillo. Sophie se sobrecogió con el último, más fuerte que cualquiera de los que hubiera oído y se refugió debajo del brazo de Remus que también miraba a la ventana muy extrañado. Justo cuando Andrea iba a preguntar por el extraño fenómeno la puerta se abrió y Harry y James entraron con la misma furia desenfrenada con la que rugían las nubes.

-Argggggg- Harry rugió como un león y descargó su rabia lanzando una silla contra la pared con una nueva ráfaga de aire, bajo la mirada atónita de los demás- Ese gilipollas engreído, cerdo, asqueroso, ¡¡Cómo le odio!!

-¿De quién habla?- preguntó Remus a James, que parecía algo más calmado, aunque también enfadado.

-Malfoy.

-Voldemort- corrigió Harry estrellando una nueva silla.

Remus, en un arrebato de preocupación, abandonó a Sophie y se lanzó hacia Harry para examinarle por si tenía alguna herida o le había ocurrido algo con Voldemort. Andrea sin embargo se mantenía en la ventana mirando a Harry y al cielo alternativamente con gesto pensativo.

-¡¡No me ha hecho nada!! – le gritó a Remus quitándoselo de encima- Pero ese cerdo no ha tenido bastante con amargarme la vida que sigue intentándolo cada día. Sabe quién soy, Malfoy no se ha sorprendido de mis poderes así que Voldemort tiene que saber que soy el heredero de Gryffindor ¡¡Y lo peor!! Sabe que James está aquí, los ha reconocido a todos y ahora puede intentar cualquier cosa.

-¡¡Harry!!- Remus le cogió por los hombros y le centró un poco- Ya contábamos con eso después del ataque en Hogsmeade. Toda la Orden se mantiene alerta desde entonces. Tranquilízate.

Harry se sentó en la única silla que había dejado con las cuatro patas y empezó a respirar para calmarse. Remus se mantuvo a su lado, como si estuviese saliendo de una enfermedad hasta que recuperó el ritmo normal de respiración y James y Sophie se acercaron entonces para ver qué le ocurría, sin embargo, Andrea seguía pegada a la ventana, interesadísima en lo que ocurría fuera. Al mismo tiempo que Harry iba tranquilizándose los truenos dejaban de sonar con fuerza y aunque el cielo seguía oscuro parecía que la tormenta se había alejado. Cuando vio que el tiempo había mejorado se acercó a Harry todavía con gesto pensativo y lo miró durante un rato.

-¿Estás mejor?- le cogió por la barbilla e hizo que le mirara, al primer golpe Harry se sorprendió, nunca se hubiera imaginado a Andrea haciéndole un gesto de cariño, pero encontró en su expresión más interés que preocupación- No imaginas lo grande que eres, Harry.

-¿Quién es ese Voldemort?- preguntó Sophie rompiendo silencio que había surgido después de las palabras de su madre- ¿Y por qué es Harry tan grande?

-Mejor nos vamos.- dijo Remus antes de que la niña siguiera preguntando. Iba a pasar el día en Hogsmeade con Sophie y le iba a enseñar lo que era un pueblo absolutamente mágico- Vendremos después de comer. Vamos, Sophie, vas a probar una cerveza de mantequilla.

Harry siguió pagando su frustración con una mancha de la mesa. Vio a Andrea hablando con James un poco apartados pero no mostró el más mínimo interés en saber de qué estaban hablando, siguió pensando en Voldemort y en su mala manía de aparecer en su vida de una u otra manera para fastidiarla cuando mejor estaba. Andrea se acercó a la mesa y levantó a Harry para ocupar su silla.

-Venga Harry, deja de pensar, ahora tienes que estar a lo que hay y Voldemort no puede haceros nada en este momento.- le había hablado con mucha más dulzura que antes y le había hecho una caricia en el pelo para animarle pero Harry seguía centrado en lo que le preocupaba.

-Piensa que estás muerta. Dice que Bellatrix te mató.

-Mejor ¿no?- le sonrió para restarle importancia- Si cree que estoy muerta no intentará matarme y ahora ¡Vamos a empezar! Quiero que os esforcéis al máximo, quiero ver de qué sois capaces. Poneos al límite y no tengáis consideraciones el uno con el otro.

A ninguno de los dos le hizo mucha gracia el plan. James se había mantenido alejado, en el sitio en el que había estado hablando con Andrea y ahora observaba a Harry pensativo. Para Harry un duelo con su padre no tenía mucho interés porque llevaban haciéndolo desde que descubrieron que eran los herederos y todavía no había perdido ni uno solo. Sin embargo pensó que quizá aquella fuera la mejor manera de sacar el poder de James a la luz. Seguía sumido en sus cavilaciones cuando el primer hechizo de James se estrelló en su pecho y le hizo salir despedido hasta caer cerca de los pies de Andrea, que lo miró indiferentemente y siguió leyendo sus papeles como si no hubiera ocurrido nada.

-¿Se puede saber qué haces?- le gritó a James poniéndose de pie.- ¡Espérate a que me prepare!

-¡Oh, sí, claro! Seguro que Voldemort también te pide permiso antes de lanzarte una maldición- James se paseó por delante de él y descargó una mordacidad que llevaba bastante tiempo sin usar con él- ¿No se supone que tú eres el fuerte de los dos? ¡Demuéstramelo!

Harry movió sus manos y un rayo azul se dirigió a James pero antes de que pudiera alcanzarle hizo aparecer un enorme escudo protector en el que rebotó el hechizo. Para desgracia de Harry que ya se estaba enfadando mucho, James empezó a reírse con desdén, con la misma soberbia que había usado Malfoy.

-¿Así piensas salvarnos a todos? ¡Menudo héroe de pacotilla!

-¿Y a ti qué te pasa ahora? – le gritó Harry. Miró a Andrea para ver si eso tenía algo que ver con ella pero la mujer seguía metida en sus pergaminos. En cuanto Harry se volvió a encarar a su padre, Andrea le miró aprensivamente y después miró por la ventana por donde la tormenta volvía a descargar con fuerza. Empezó a pasar pergaminos, pero no leía ninguno, se mantenía atenta a lo que ocurría entre los dos chicos aunque simulaba no hacerlo.- ¡Me estoy cansando de ti, James! ¿A qué viene este numerito?

-Es fácil, tú te empeñas en desplazarme como si fuera un inútil. Sólo te estoy demostrando que el inútil eres tú. Vas por ahí alardeando de algo que no has conseguido por ti mismo- Cuanto más le gritaba James más se enfadaba él y más tronaba el cielo- Eres un buen mago porque llevas mi sangre, sólo porque eres el heredero de Gryffindor ¡No porque tú seas bueno!

-¡Cállate!- Harry estaba temblando de furia y sin que él se diera cuenta entre sus manos empezaba a arremolinarse un viento fuerte que hacía que sus ropas ondearan y los pergaminos de Andrea se cayeran de la mesa.- ¡No tienes ningún derecho a decirme eso! No sabes a lo que me he tenido que enfrentar.

-¡Venga ya! No seas creído- James seguía metido en aquel papel de chulo arrogante pero empezaba a mirar a Harry casi con miedo, se estaba enfadando mucho y nunca había sido capaz de crear un mini tornado entre sus manos- Sólo eres un tío con suerte. Saliste de todo porque Lily murió por ti. Ella te protegió con su vida y tú ahora sales con un "déjame que me prepare".

El suelo empezó a temblar con la misma fuerza que el cuerpo de Harry y fuera las nubes descargaron en una inmensa manta de agua que no dejaba ver a un metro de distancia. Harry gritó de rabia y antes de que cualquiera pudiera reaccionar había mandado el torbellino de viento que tenía entre sus manos contra James que se estrelló contra la pared y cayó al suelo inconsciente.

-¡¡Basta!!- gritó Andrea cogiendo a Harry del brazo antes de que volviera a atacar a James- ¡¡Harry párate!!- el chico estaba desquiciado, había acumulado todo el odio que sentía por Voldemort, la rabia de Malfoy y el dolor que le acababa de producir James con sus palabras- ¡Mírame! Harry párate, está inconsciente.- le cogió la cara entre las manos y centró su mirada hasta que vio que se estaba empezando a calmar. Su respiración todavía era agitada y tenía los puños apretados pero había recuperado el control.

Harry se dejó caer en el suelo, abatido, no fue capaz de acercarse a James que sangraba inconsciente al otro lado de la habitación. Ignorando sus propios miedos, Andrea le quitó a James su varita y le hizo con ella un vendaje en la cabeza, después empezó a golpearle la cara para que despertara, hasta que poco a poco James empezó a abrir los ojos con cansancio.

-¿Qué ha pasado?- murmuró mirando a un lado y otro.

-Lo conseguiste. Muchas gracias.- Andrea le ayudó a levantarse y lo llevó con cuidado hasta la silla. Harry seguía en el suelo, casi inmóvil, mirando por la ventana cómo seguía lloviendo en un día que se había vuelto completamente negro.- Harry- Andrea se arrodilló junto a Harry y le acarició la cara para llamar su atención- ¿Estás bien?

-Déjame en paz. ¿A qué ha venido todo esto?

-James no hablaba en serio.

-No le disculpes- Harry se puso de pie y se separó de los dos- Claro que lo hacía, siempre lo ha hecho. ¡¡Lo que me sorprende es que después de lo que averiguaste el otro día sigas empeñado en joderme la vida!!

-Harry, Andrea tiene razón- James se puso de pie con dificulta y se apoyó en la mesa para acercarse a Harry- ella me pidió que te hiriera, que te enfadara. Yo no pensaba nada de lo que te he dicho, de verdad.

Harry sopló de incredulidad y se tapó la cara asombrado, era incapaz de cerrar la boca y miraba a James y a Andrea como si se hubieran vuelto locos. Andrea intentó acercarse a él pero con un gesto brusco se quitó de su camino.

-¿Quién te crees que eres para hacerme esto?- le reclamó a Andrea- ¿Crees que esto es el concepto que tenía mi madre de "ayuda"? Si lo que pretendes es hacerme daño, lárgate de vuelta a Escocia. Escóndete como has estado haciendo este tiempo y olvídate de que te pedí ayuda. Ya tengo bastante con mis enemigos como para encima traer más gente que me haga daño.

Harry se dirigió a la puerta dejando a Andrea clavada en el sitio, pero reaccionó antes de que él la cruzara. De una pequeña carrera le alcanzó e hizo que volviera a entrar en el aula.

-Te juro que me estaba doliendo más a mí que a ti.-Tenía la voz rota de verdadero dolor, pero Harry no parecía apiadarse de ella- Sólo James era capaz de herirte tanto y de enfadarte tanto como para sacar tus poderes a la luz. Harry esto va a ser un entrenamiento duro, a veces sufrirás dolor físico y otras te tocaré aquí- le dijo señalando el corazón- pero es la única forma que tengo de ayudarte- Harry hizo el amago de irse.

-¿Es que no lo ves?- ahora fue James quien quiso hacerle entrar en razón- Mira lo que has sido capaz de hacer. Has controlado el viento a tus anchas. Mira ahí fuera, Harry, si te enfadas truena y si algo te duele, llueve. ¡¡¡Has hecho temblar la tierra!!! Ya sabes porqué conseguiste apagar el otro día el fuego.

-Controlas los elementos, Harry.- le explicó Andrea- James te ha hecho estallar para comprobarlo. Ahora sólo tienes que aprender a utilizarlos.

Harry cerró la puerta con cuidado y se giró despacio para mirar a uno y a otro. No podía creerse lo que le habían hecho. James había llegado a sus puntos más sensibles y había jugado con ellos y él no había sido capaz de verlo, se había dejado llevar por sus pasiones, justo lo que había aprendido a evitar con Nicole el año anterior. Se acercó a la ventana y vio que seguía lloviendo, aunque con menos fuerza, se miró las manos como si ellas fueran las culpables de lo que había ocurrido y respiró profundo antes de encarar de nuevo la situación.

-Está bien, ya habéis encontrado lo que queríais. – les habló con frialdad, para de esa manera evitar que vieran lo herido que había quedado – Haz que lo controle.- le exigió a Andrea.

-Hoy no más, Harry. Será mejor que lleves a James a la enfermería. Mañana volveré y seguiremos ahondando en ese poder.

-¿Y James? ¿No era él el que tenía otro poder?

-Y sigo estando segura de que lo tiene. Ya lo buscaremos. Lo que no me imaginaba es que tú tuvieses los dos poderes más agresivos de Gryffindor. Te repito que no tienes idea de lo grande que eres.

-Después de lo de hoy, no estoy para halagos- se acercó a James y le examinó un poco, negó con la cabeza incapaz de creerse lo que le había dicho- ¿Duele?

-Harry, de verdad que no lo pensaba, yo…

-Déjalo- le cortó él- Es mejor que la Señora Pomfrey te vea eso.

Harry ayudó a James a salir de allí después de quedar con Andrea para el día siguiente. La mujer se quedó allí sentada torturándose por haberle hecho sufrir de aquella manera, aunque sabía que era la única que tenía para hacerle reaccionar. Media hora después Remus y Sophie salían de la chimenea mojados y llenos de ceniza pero muy contentos con la excursión. Sophie, como siempre llegó contando cada cosa que había visto y hecho y enseñándole a su madre la enorme bolsa de dulces de Honydukes que Remus le había comprado.