CAPÍTULO 40: EL ALMA AL AIRE.

Andrea no fue al día siguiente y Harry lo agradeció, mandó una lechuza diciendo que le era imposible dar la clase ese día pero que estaría en Hogwarts el martes por la tarde. Ese día había entrenamiento de quidditch pero Harry le pidió a James que le sustituyera, ya que al fin y al cabo su cita con Andrea ese día sólo le afectaba a él. James había estado especialmente atento después de lo ocurrido el domingo, era como si realmente lamentase lo ocurrido, como si le hubiese dolido a él también lo que había dicho, así que no dudó en aceptar la responsabilidad de capitán en funciones y de discutir amistosamente la jornada de entrenamiento, aceptando para sorpresa de todos, las directrices que Harry le había dado.

A pesar de que no estaba enfadado ni con James ni con Andrea por cómo habían hurgado en sus sentimientos con tanta frialdad, Harry se sentía abatido. Odiaba que llegaran a esa parte de él que nadie conocía, en cierto modo era demostrar una debilidad que no podía permitirse, de manera que el lunes por la tarde lo pasó en su habitación, tirado en la cama intentando dejar la mente en blanco. No tenía una buena razón lógica para sentirse así, pero no podía evitarlo, sabía que lo que había ocurrido había sido lo mejor para desarrollar su poder, para hacerle más fuerte, y que ninguno de los dos tenía malas intenciones, pero él se había visto al descubierto delante de dos personas a quienes tenía que demostrar que era lo suficientemente fuerte para enfrentarse cara a cara con Voldemort.

Ginny entró en la habitación y se tumbó a su lado sin decir ni una palabra. Harry tampoco dijo nada y se limitó a hacerse un lado y a abrazarla con un brazo para que ella pudiera recostarse sobre él. Miraban el techo de la cama como si fuera algo muy interesante y se mantenían en un silencio tranquilo y cómodo en el que siempre se habían sentido a gusto.

-James no me ha querido contar lo que te ocurría.- terminó diciendo Ginny con voz muy dulce, después de un largo rato en silencio- No me gusta verte así, lo sabes ¿verdad?

Harry se tumbó de lado para estar cara a cara con Ginny y la besó en los labios antes de contestarle. Sonrió al ver que estaba ahí como siempre que la había necesitado y la estrechó con demasiada fuerza contra él, de repente le había invadido el miedo a perderla, a pensar que podía ocurrir algo y que nunca más volvieran a estar tumbados en la misma cama para transmitirse su apoyo y su cariño.

-Tengo un nuevo poder.

-¿Y eso es malo?- el tono de voz que él había utilizado no parecía dar lugar a una celebración, así que Ginny quedó algo confusa.

-Claro que no, lo cierto es que es muy bueno.- Harry le hablaba sin mirarle a la cara, estaba embelesado jugando con sus rizos y de vez en cuando le dedicaba a ella una sonrisa que parecía algo forzada- Tienes un novio que controla los elementos. No está nada mal, ¿verdad?

Ginny se quedó observando detenidamente cómo él seguía jugando con sus rizos metido en sus pensamientos. Había recurrido a la ironía y eso sólo significaba que estaba ocultándose para hacerse el fuerte.

-¿Por qué estás así entonces? Se supone que tienes que alegrarte de ser más fuerte ¿no?

-Si yo me alegro de tener más fuerza, pero es que… James y Andrea me la jugaron ayer. Me enfadaron y me hirieron para sacarme esos poderes y yo reaccioné tal y como ellos esperaban que lo hicieran.- Respiró hondo y se giró otra vez para quedarse boca arriba.- No he aprendido nada, Sirius murió precisamente porque yo era predecible, porque me podían los sentimientos y Voldemort lo sabía. Después de aquello tenía que haber aprendido la lección, sobretodo después del entrenamiento del año pasado con Nicole. Ahora me pasa esto y me descoloco.

-Mi vida, que tengas sentimientos no es algo malo, quizá te haya hecho daño en el pasado, pero es que si no los tuvieras, si no sintieras como sientes no sería tú.- Ahora fue Ginny la que empezó a jugar con el pelo de Harry mientras le hablaba- Lo que te ocurre es que tienes miedo de ser débil y no deberías. Mostrarte tal y como eres delante de James no es malo, es tu padre y si de verdad quieres esa relación que tanto has esperado debes ser tú. Para la gente que te queremos hace mucho tiempo que dejaste de ser un héroe, para ser Harry a secas.

-Pero es que ahora menos que nunca me puedo mostrar débil, si lo hago, nunca me permitirán enfrentarme a Voldemort.

A Ginny le temblaron las manos pero no había sido por oír el nombre de Voldemort sino por recordarle que tendría que enfrentarse a él. Día a día se empeñaba en vivir con Harry como si no estuviese señalado por nada para enfrentarse a un mago oscuro, como si fuese simplemente su novio, pero de vez en cuando él se lo recordaba haciéndole volver a una realidad que casi la consumía.

-Si no te dejan luchar con él es porque quieren protegerte. Igual que tú haces con nosotros o con James.- Harry le sonrió por una apreciación tan acertada.- No deberías estar triste por haber mostrado tu debilidad delante de James o porque Andrea demostrase conocerte. Se ve que le importas, ha dejado su vida por ayudarte y está viviendo en la misma casa que Remus para poder estar contigo. Quizá sean esfuerzos que merezcan la pena que tú le dejes entrar en tu vida.

Harry tardó un rato en asimilar las palabras de Ginny. No es que dudara de lo que Andrea sentía por él, porque estaba seguro de que le tenía mucho cariño, pero dejar entrar tras su máscara a otra persona más no era nada más que otra posibilidad de que se resquebrajara y entonces todo se perdería. Miró a Ginny que le estaba acariciando todavía y volvió a sentir una punzada por miedo a perderla pero se alegró de que en ese momento estuviera ahí para abrirle los ojos como siempre, para decirle en voz alta lo que pasaba por su cabeza y que él se empeñaba en negar.

-¿Por qué te empeñas siempre en conocerme tan bien?- con un movimiento rápido la había tirado en la cama y se había tumbado encima de ella, sonriéndole como si fuera lo único hermoso de la tierra. Le acarició la cara plagada de pequeñas pequitas y la besó repetidamente mientras ella le sonreía por esa efusividad.

-Quizá sea por la misma razón por la que tú te empeñas en protegerme tanto.

-Yo lo hago porque te quiero- Harry se dejó caer sobre el pecho de ella y escuchó su corazón latir acompasadamente. Le daba seguridad, quizá era el único sitio en el que se sentía realmente seguro.

-Pues entonces será por eso también.

Se quedaron en aquella postura mucho tiempo, de nuevo en silencio, pero sin la necesidad de decir nada más. Sólo había pequeñas caricias, algún suspiro y mucha necesidad de tenerse, quizá porque empezaban a tener miedo de que llegara un momento en el que no pudieran hacerlo.

Como todo lo que ocurre en Hogwart la noticia de que Anthony Barker y Patricia Brown estaban saliendo juntos corrió como la pólvora encendida, aunque tampoco fue difícil porque Patricia y Sirius se habían mantenido literalmente pegados el uno al otro durante todo el fin de semana, unas veces, sólo paseaban, otras jugaban como críos cerca del lago y otras se besaban con desesperación, pero el caso es que parecía que se habían propuesto no dejar escapar ni un segundo para estar juntos. Sirius había olvidado el miedo que sentía a estar enamorado y empezaba a sentir que era el mejor sentimiento que había tenido en su vida; era incapaz de quitarse la sonrisa y se pasaba el día bromeando, más de lo normal, aunque había momentos en el día en que le daba la impresión de que aquello sólo era una función que en un momento dado llegaría a echar el telón.

El lunes había traído de nuevo las clases y ellos al estar en cursos diferentes no compartían ninguno y de hecho, los lunes ni si quiera se encontraban por los pasillos, así que tanto uno como otro se dedicaron a cultivar ese pequeño lazo que les mantenía unidos a su independencia charlando con sus amigos y divirtiéndose en solitario, aunque las clases y en el caso de Sirius, tener a Harry tan mustio durante todo el día no era la mejor opción. Por la tarde, sabía que sólo había un sitio en todo el castillo donde podría encontrar a Patricia, así que después de pasar un rato con Remus y James, que se había rendido y había terminado por alegrarse por la nueva relación de Sirius, éste fue a la biblioteca a buscar a su chica.

Cuando entró en la biblioteca la vio cargada de libros y pergaminos, con un moño mal recogido y una pluma en la boca yendo de uno de los pasillos a lo que se suponía era su mesa, que la tenía hecha un auténtico desorden. Sirius se acercó sigilosamente por la espalda y la abrazó por la cintura; eso y el beso que le dio en el cuello hicieron que Patricia se sorprendiera y dejase caer todo lo que llevaba en las manos.

-¿No te cansas nunca de estudiar?- se habían agachado para recoger las cosas y Patricia le dio un beso rápido mientras colocaba los libros sobre la mesa e intentaba colocarse el pelo más o menos bien- No te peines, que así estás más guapa- ella sonrió- Es como más salvaje.

-¡Qué tonto eres!- Se sentó en la silla y empezó a escribir en un pergamino. Cualquiera hubiera dicho que era imposible aclararse entre tantos pergaminos, libros y mapas astrales, pero Patricia parecía estar en toda su salsa- Lo siento mucho, nene, pero estoy muy liada esta tarde, tengo un trabajo de astrología para mañana y no sé por qué pero no he hecho nada este fin de semana.

-¿Pretendes hacerme sentir culpable?- le saltó él con falsa modestia- Anda, ven aquí que te ayude. Con lo fácil que es esto de las estrellas.

Patricia lo miró asombrada cómo se sentaba junto a ella y acercaba el mapa en blanco que tenía delante. ¿Cómo era posible que para él todas las asignaturas fueran tan fáciles con lo poquísimo que estudiaba? Sirius cogió una pluma y empezó a apuntar los nombres de las estrellas del enorme mapa que tenía delante pronunciándolas en voz alta.

-Alphard, Regulus… Nynfadora… Bellatrix… Heka… mmm…

-¿Cómo sabes dónde están todas sin tener que consultarlo?- Patricia le miraba por encima del hombro asombrada de la rapidez con la que él colocaba el nombre de las estrellas en las diferentes constelaciones.

-Toda mi familia tiene nombre de estrellas, es una tradición.- contestó él sin pensarlo y con la cabeza todavía en el mapa.

-Anthony no es el nombre de ninguna estrella.- Sirius se dio cuenta de su desliz e intentó buscar una excusa rápida.

-Mi abuelo materno se llamaba así, mi madre se empeñó. ¡¡Estas cosas pasan!!- volvió al mapa una vez más después de ver que Patricia se lo había tragado- ¡y la mejor de todas!- Sirius se dispuso a escribir su propio nombre junto a su estrella homónima pero justo cuando iba a pronunciarlo en voz alta Patricia le interrumpió.

-Sirius.

-Veo que esa sí te la sabes bien- Sirius sonrió para evitar que ella notara lo que había sentido cuando había escuchado su nombre de sus labios. Sentía que por muy bonito que estuviera siendo todo aquello nunca sería real si ella seguía pensando que era un chico americano llamado Anthony Barker.

-Sí esa sí, en realidad, me sé bastantes más pero Sirius… es especial. La estrella Alpha de la constelación del Cannis Major- recitó como si estuviera en clase- La abrasadora. Terminarás pensando que estoy loca, pero antes incluso de dar astrología siempre me llamó la atención esa estrella. De pequeña y… bueno a veces también ahora- confesó algo avergonzada- creo que Sirius brilla sólo para mí.- Sirius cerró los ojos y apretó los puños, pero ella no se dio cuenta porque había bajado la cabeza un poco con vergüenza- Lo cual es una tontería porque Sirius es la estrella más brillante.

Sirius se levantó de la silla y la abrazó por la espalda haciendo fuerza para que se levantara, mientras él intentaba reponerse de que ella pasara su vida pensando que esa estrella brillaba para ella, quizá había algo que había sido capaz de superar las barreras del tiempo.

-No creo que sea una tontería. A lo mejor es cierto y brilla sólo para ti.- ella sonrió agradecida de que no se hubiera burlado y que encima le demostrase aquel cariño que quizá nunca hubiera esperado encontrar en él la primera vez que le conoció precisamente en aquella mesa de la biblioteca.

Patricia observó su trabajo ya terminado, mientras Sirius se esmeraba en besarle el cuello. Ella seguía leyendo las estrellas estremeciéndose de vez en cuando al notar uno de los besos de Sirius en algún lugar especialmente sensible.

-Me gusta este nombre- Patricia señaló una estrella en la constelación de Serpens- Alya, la serpiente ¿no hay nadie en tu familia que se llame así?

-No, pero a mí también me gusta. Si tenemos una niña la llamaremos así- bromeó Sirius haciéndola reír.

-Está bien y si es niño…- Patricia le siguió el juego entre risas mientras leía los nombres de las estrellas.

-Ésta- Sirius puso el dedo sobre una de las estrellas de la constelación Bootes- Ízar ¿te gusta?

-Mmmm Ízar, ¡no está mal! Está bien, ahora sólo nos falta la fecha de la boda.

-A mí en junio me viene bien.- Sirius habló con seriedad pero era obvio que todo estaba siendo una broma, así que Patricia volvió a reírse con ganas entre sus brazos.

-Dejémonos de bromas que tengo que seguir estudiando- le dio un beso e intentó volver a concentrarse en sus pergaminos pero Sirius no la dejó.

-Vamos a dar una vuelta, ya no tienes excusa que te acabo de hacer todo el trabajo y como no salgas a que te dé el aire, estoy seguro de que sí te volverás loca.

Patricia no se hizo mucho de rogar y en seguida empezó a recoger los pergaminos, plumas y tinteros que había ido desperdigando por toda la mesa durante la tarde. Una vez que lo tenía todo en su mochila se abrazó a la cintura de Sirius y salió de allí dispuesta a pasar el resto de la tarde con él.

El martes por la tarde James se había ido al campo de quidditch temprano para organizar el entrenamiento, había estado hablando con Harry sobre ello antes y todo parecía haber vuelto a la normalidad después de la charla con Ginny, así que Harry terminó dándole a James carta blanca para que hiciera lo que creyera oportuno y él se fue al aula del quinto piso donde había quedado con Andrea para ver de qué era capaz con sus nuevos poderes. Cuando entró en el aula no había nadie, así que se dedicó a arreglar las sillas que había roto el domingo en su ataque de furia y se sentó en una de ellas a jugar como siempre hacía con la llama de la vela. Pensó en por qué nunca le había quemado e intento hacer con ella a su antojo, sabía que para controlar sus poderes necesitaba mucha concentración, así que cerró los ojos y movió la mano alrededor de la llama, pero cuando los abrió no pudo saber si había habido algún cambio en la vela porque el ruido de la chimenea anunciando una llegada con los polvos floo lo descentró completamente.

-¿Dónde te has dejado hoy a Remus?- Andrea se sentó a su lado y le hizo una caricia en el pelo igual que la que siempre le hacía Remus.

-Esta noche hay luna llena y le he dado un descanso. Él quería venir, pero yo soy más cabezota.- Harry le sonrió un poco, había estado pensando en lo que Ginny le había dicho y quizá no fuera tan malo dejarla entrar en su vida- ¿Se te ha pasado el enfado?

-No estaba exactamente enfadado.- Harry se levantó y simuló hojear los pergaminos de Andrea, para evitar que ella llegara a él, se podía haber planteado la posibilidad pero no era una cosa fácil.

-No deberías esconderte de la gente que te quiere.- Andrea soltó el consejo con absoluta serenidad, la que da el haber tenido toda una vida para darse cuenta de cuál era la opción correcta. – Hazlo sólo con el enemigo, pero ten siempre algo que te mantenga unido a tus verdaderos sentimientos, si no quieres acabar loco.

Harry siguió un rato mirando los pergaminos, sonrió con una pizca de cinismo y terminó levantando la cara lentamente para mirar a Andrea.

-Mucho has debido cambiar en todos estos años porque la Andrea que yo conozco no deja a nadie entrar en ella. Y dudo mucho que la mortífaga lo hiciera.

-Eso no es cierto, yo siempre procuré mantener un lazo entre mi vida y la escena de ficción en la que me había metido. Tú, si quieres sobrevivir, haz lo mismo. Finge ante los demás, pero no nos mientas a los que te queremos.

-No sabía que tú te incluías en ese grupo.- le contestó sin maldad Harry.

-Dejé muchas cosas en este mundo, a Remus entre ellas, pero te aseguro que si de algo me arrepentí de verdad fue de hacerle caso a Dumbledore y dejarte con tus tíos después de que tus padres murieran.

-Ya no tiene importancia.- Harry había resoplado para intentar recomponerse a aquellas muestras de cariño a las que le había costado acostumbrarse- Yo no te guardo rencor y dudo mucho que mi madre lo hiciera, así que no te preocupes. Ahora quizá sea mejor que practicáramos ese nuevo poder.

Empezaron a esforzarse en desarrollar ese poder, empezando primero por el fuego. De los cuatro elementos era el más cambiante y quizá por ello el que más fácilmente podía seguir los deseos de Harry. La concentración no fue una buena opción en un principio, Harry por mucho que lo intentase tenía demasiadas ganas de conseguirlo y demasiadas cosas por las que preocuparse como para sacar a la luz unos poderes que sólo habían aparecido en momentos puntuales, así que por iniciativa propia pidió a Andrea que le atacase con fuego.

-No creo que sea buena idea que use una varita, Harry, y mucho menos la tuya. Es demasiado poderosa.

-Para magos poderosos- Harry la sacó de la mochila y se la puso en las manos sin permitirle negarse. Igual que Remus había hecho unos días antes mantuvo las manos de Andrea encerradas entre las suyas hasta que ella se acostumbró- Busca algo a lo que aferrarte para no perderte ¿no era ese tu consejo? Ahora atácame.

Puede que le hubiera perdido el miedo a la magia o puede que realmente se hubiese aferrado a ese algo que la mantenía cuerda, pero Andrea consiguió mantenerse un largo rato con la varita de Harry en las manos, lanzándole llamaradas a los pies, a la túnica e incluso a la cara, pero Harry no conseguía controlarlo, se dedicaba a rechazarlo, sin ser capaz de usarlas a su voluntad. Intentó concentrarse, escuchar las palabras de Andrea que le decían que toda su fuerza estaba en él, que sólo tenía que dejarlo salir y después de dos horas cansadas consiguió apagar una de aquellas llamaradas sólo encerrándola entre sus manos.

-Sea lo que sea lo que hayas hecho, sigue haciéndolo.- le ordenó con firmeza Andrea, que cuando se metía en su trabajo parecía cambiar de personalidad otra vez para adquirir una furia que no mostraba cuando aparecía la Andrea dulce.

Harry siguió concentrándose en lo que tenía que hacer, veía el resultado como solía hacer cuando lanzaba un hechizo y el resultado se cumplía. Una de las veces cogió entre las manos una bola de fuego que acababa de salir de su propia varita y la observó centellear sin que le hiciera el más mínimo daño, movió la mano ágilmente y devolvió la llama hacia Andrea que tuvo que defenderse con rapidez. Harry empezó a reírse al ver la sorpresa que la mujer se había llevado, había estado preparado para hacerla desaparecer en cuanto pudiese hacerle la más mínima quemadura pero ella había sido muy rápida.

-Parece que empiezo a controlarlo.

-Sí, claro que sí, en un aula vacía, conmigo delante y sin nada que desvíe tu atención. Confíate y estás muerto.

No había acabado la frase cuando con la mirada cargada de ira le lanzó a Harry una nueva llamarada que impactó en su pecho haciendo prender sus ropas. Dio un traspiés y cayó al suelo, entre sorprendido y asustado, su sonrisa había desaparecido y ahora sí sentía el calor. Le costó reponerse a la sorpresa para poder apagar aquel fuego y cuando lo hizo vio su varita apuntándole a apenas veinte centímetros de su cara. Andrea había dejado de ser la mujer fría pero amable que hacía un rato le había dicho que le quería, ahora sus facciones eran duras y su mirada parecía un témpano negro.

-Nunca te relajes y mucho menos delante mía. No sabes lo que la magia puede hacerme, así que no tientes a tu suerte- Harry seguía clavado en el suelo escuchando las palabras de Andrea en un tono duro y amenazante- Hoy has tenido suerte, mañana quizá no tanta.

Andrea no había perdido el control de sí misma en ningún momento. Sabía que jamás podría perderlo si su víctima iba a ser Harry pero no estaba dispuesta a darle ese margen al chico. Tenía tendencia a sentirse demasiado seguro y ella no iba a darle alas en ningún momento. Se dio la vuelta sin ayudarle a levantarse y volvió a ponerse en guardia. Le había demostrado a Harry que era un oponente, uno difícil por mucho que ella quisiera negar sus capacidades como bruja y lo peor de todo es que aquello sólo había sido el principio.

-Podías haberme quemado.-Harry se estaba observando la túnica todavía humeante y chamuscada.

-Pensé que ya empezabas a controlarlo.- le saltó ella con sarcasmo- Podemos ser grandes amigos, Harry, pero jamás confíes en mí si estamos enfrentándonos.

Harry no estaba seguro de hasta qué punto la magia la había gobernado en ese momento pero se dio cuenta de que tenía razón, no era digna de fiar con una varita en las manos y la lección había sido buena. Como siempre su excesiva confianza. "Mi arrogancia" acabó aceptando antes de volver a ponerse delante de Andrea esperando un nuevo ataque.

-El fuego puede ser un gran aliado pero si eres capaz de hacer en mayores proporciones lo que le hiciste el otro día a James, te convertirás en una máquina casi infalible en una batalla. Ya practicaremos con el fuego, pero ahora quiero ver un tornado entre tus manos.

-No estoy enfadado.

-No me importa.- le respondió ella con sequedad acercándose a él.- Tus sentimientos ya no importan, te he dicho que los guardes para tus amigos, para quien te quiera, ahora estas luchando por tu vida. No hay sentimientos que valgan.

-¿Sabes que te contradices mucho?- Harry empezaba a cansarse de esa dureza en un entrenamiento. Con James el duro era él, Nicole le había cogido en el peor momento de su vida y sabía que no podía tratarle con excesivo desdén, pero Andrea parecía haberse transformado.

-Es posible, pero no me importa si con eso soy capaz de salvarte la vida.- Harry se resignó y bufó descontento, pero ella no se amilanó- quiero-ver-un- tornado. ¡¡¡Ya!!!

Ahora sí estaba enfadado, pero no lo suficiente como para hacer aquella demostración de poder que había tenido con Malfoy y con James. Intentó calmarse porque sabía que hacerlo enfadado era una pérdida de tiempo, tenía que controlarlo, no dejarse controlar. Se concentró, con las manos abiertas como había hecho con James, cerró los ojos y respiró profundamente pensando en el resultado, al igual que antes había hecho con el fuego o con la magia sin varita, pero el viento no se movía. Estaba sintiendo una especie de energía recorrer todo su cuerpo aunque no era nada que pudiera compararse con lo ocurrido el domingo. Cuando empezaba a estar más concentrado la puerta se abrió de repente chocando contra el muro de piedra.

-¡¡Tienes que volver!!- La profesora Macgonagall había entrado en la habitación con una mano en el pecho y esforzándose por respirar. Harry y Andrea se acercaron a ella rápidamente para ayudarla y la llevaron a sentarse en una silla. Harry hizo aparecer un vaso de agua y se lo ofreció pero la mujer lo rechazó- Tienes que volver al cuartel general.

-¿Qué ha ocurrido?- Andrea la agarró por los brazos y perdió cualquier atisbo de frialdad que hubiese representado con Harry- ¡Vamos! ¿Qué ha pasado?

-Tres ciudades están siendo atacadas. Y…- Macgonagall seguía luchando por respirar- Remus están en el cuartel, no quiere ir al hospital.

-¡¡Este hombre es imbécil!!- clamó Harry dándole una patada a la mesa- ¿Por qué no me hará nunca caso? ¡¡Y esta noche hay luna llena!!

-Vale, tranquilidad- Andrea se levantó y cogió a Harry de un brazo para que se calmara- Ya te avisaré para decirte cuando vuelvo, tú sigue practicando y no te preocupes por Remus.

-Me voy contigo. Hay que convencerle de que vaya a San Mungo.

-Usted no irá a ningún sitio, señor Potter.- la profesora Macgonagall se había recuperado y se había puesto de pie mostrando la misma fuerza de siempre.

-Quédate aquí-le pidió Andrea con más suavidad- te mandaré una lechuza en cuanto llegue. Seguro que no es grave.

-Si mañana no he tenido noticias tuyas me planto en casa.- amenazó Harry antes de que Andrea se colara por la chimenea gritando la dirección del cuartel general.

Remus estaba sentado en su cama, sin camisa y con una fea herida debajo del brazo izquierdo. A su lado estaba Sophie, observándole asustada y asistiéndole en todo lo que le pedía. Andrea subió las escaleras saltando los escalones de dos en dos y gritando hasta que encontró a su hija en el pasillo indicándole dónde estaba el hombre.

-¿Estás bien?- Andrea se arrodilló junto a Remus de la que venía en una carrera, examinó minuciosamente la herida y le miró a la cara, donde se estaba reflejando un fuerte dolor- Nos vamos al hospital. ¡Vamos levántate!- Intentó levantarlo pero Remus no hizo el más mínimo movimiento por abandonar su sitio en la cama.

-Sophie, tráeme el maletín que hay en el baño, por favor.- le indicó a la niña con tranquilidad- Y no, no vamos a ir a ningún hospital. No tienes ni idea de la cantidad de heridos que hay.

-¿Y tú qué?- le saltó ella alterada, se había puesto muy nerviosa desde el mismo momento que Macgonagall le había dicho que estaba herido y ver su estado no había mejorado la situación.

-Te aseguro que he estado mucho peor. Es sólo un rasguño- pero antes de que acabara de decir la frase se contrajo de dolor. Tenía un apósito en la herida y estaba sangrando bastante cuando Sophie llegó con un maletín lleno de pociones y vendas.

-Pero tú te transformas esta noche, necesitas un médico.

-No hace falta que me recuerdes que será luna llena, bastante dolor estoy sintiendo ya y ni si quiera son las siete.- con una mano abrió el maletín y se sirvió de una compresa limpia para curar la herida.- Olvídalo, Andy, no voy a ir a ningún sitio.

-Trae aquí- Andrea le quitó de las manos la poción que tenía y la compresa y empezó a palpar la herida con sumo cuidado para evitar hacerle más daño del que ya estaba sufriendo- No es una herida muy profunda, pero puede empeorar con la luna.

-¿Quién te ha hecho eso?- Remus y Andrea intercambiaron una mirada ante la pregunta de la niña y se quedaron callados un rato sin saber muy bien qué contestar.

-Te dije que estábamos en guerra. – terminó diciéndole Andrea duramente- Este es el mundo al que tú quieres pertenecer y ahora, márchate por favor.

Sophie no dijo ni palabra, se había quedado conmocionada con aquello. Sabía que estaban en guerra y cada día veía llegar a unos y a otros o tener reuniones en el salón, todos hablaban de ataques pero a ella le sonaba como si fuera una película, ahora lo había visto de frente y no sabía cómo afrontarlo.

-Has sido un poco dura con ella.- Andrea no levantó la cabeza de la herida mientras el hombre le regañaba- Es muy inocente todavía.

-¿Cómo se te ocurre ir a un ataque precisamente hoy? – le recriminó ella mientras buscaba una nueva poción ignorando lo que él le había dicho de Sophie.- Sabes que tus reflejos son peores cuando hay luna llena.

-Han sido atacadas tres ciudades a la vez. Voldemort tiene muchos aliados y nosotros somos pocos. Sabe que si nos separa puede vencernos ¡Auch!

-Perdón. Pero ¿no ves que no puedes arriesgarte de esa forma?

-Nicole mandó su patronus aquí para avisar del nuevo ataque en Ely, ella se dirigía a Oxford cuando se enteró y avisó a la orden.

-No debería habértelo dicho. Si te conoce sabe que irías aunque fuese convertido en lobo.- Andrea tiró las vendas sucias con más fuerza de la necesaria al pensar que la culpable de que Remus se hubiera ido a luchar había sido precisamente de su novia.

-Ella no sabe que hoy hay luna llena. Siempre se le olvida.

Andrea le miró sorprendida pero antes de soltar una fresca se volvió a concentrar en el vendaje. Ni si quiera se había fijado en que Remus estaba con el torso desnudo a cinco centímetros de su cara, ni de que estaba tocando su cuerpo, se había centrado en curarle pero ahora que las vendas ya estaban colocadas, los dedos le temblaron un poco al notar el palpitar de su corazón cuando le ayudaba a recostarse.

-No es una fecha que deba olvidar una mujer que sale con un licántropo.- Se sentó en una butaca que había cerca de la cama y empezó a jugar con sus dedos nerviosa e incómoda- ¿Quieres que avise a Nicole para que pase la noche contigo?

Remus se incorporó lo máximo que le dejaba la herida y la miró con los ojos abiertos y una pequeña sonrisa escondida en los labios. Sabía lo que le debía haber costado hacer esa pregunta con lo mal que se llevaban las dos mujeres, pero también sabía que lo había hecho para que él estuviera lo mejor posible.

-Nicole está trabajando y ella no sabe que me han herido, sólo avisé a Dumbledore para que vinieras- Andrea le miró y por un instante se quedaron conectados, pero ella se volvió para mirar por la ventana- No me gustaría pasar la transformación solo, en este estado.

-¡Claro! Sí… esto… sí- dijo ella incoherentemente- Yo me quedaré contigo.

Se levantó y se dirigió a la ventana donde el sol ya empezaba a irse, jugó nerviosa con la cortina sin dignarse a mirarle. No entendía cómo había sido capaz de ponerse tan nerviosa tan sólo porque él le pidiera que pasara con él una luna llena, pero es que sería la primera en su vida, al menos en una vida que recordara claramente, que lo haría y eso significaba entrar en una parte de él que siempre le había estado cerrada herméticamente.

-¿Me puedes dar la poción que hay en ese armario?

Ella asintió sin mirarle y abrió el armario para coger una copa donde humeaba una poción oscura. Olía mal y apostaba cualquier cosa a que debía saber igual, pero ese mísero líquido podía haber significado un antes y un después en su vida, de no ser porque el cosmos jugó en su contra. Ayudó a Remus a levantarse un poco y esta vez sí fue consciente de que le estaba tocando, era un taco que creía haber olvidado pero que de repente evocaba como si lo hubiese palpado por última vez apenas unas horas antes. Le retiró un mechón del pelo, ahora un poco más largo que de costumbre, para que no se mojara con la poción y él la miró con la misma ternura que lo había hecho siempre.

-Cuando me transforme tendrás que volver a ponerme el vendaje para que no sangre, pero no te preocupes, no intentaré morderte.

Pasaron casi todo el rato hasta que oscureció en silencio. Remus se había quedado amodorrado, quizá por la pérdida de sangre y Andrea no encontraba palabras para decir en aquella situación. Estaba nerviosa, preocupada y al mismo tiempo expectante. Cuando había estado con el Remus joven había recordado de manera borrosa el tacto de su pelo animal o el golpe de su hocico, pero nada que no pudiera asimilarse con el recuerdo de un sueño, ahora sería auténticamente real. Tan sumida estaba en todo lo que pasaba por su cabeza que olvidó mandar la carta a Harry, pero es que no podía quitarse de la cabeza que estaba sentada junto a la cama de Remus herido y a punto de transformarse en lobo.

Cuando el día empezó a caer la tenue claridad de la luna iluminó de blanco la habitación antes de que Andrea encendiera las velas de los candelabros. Para cualquiera hubiera sido una escena bonita, pero ésta no iba a serlo; sin pronunciar más queja que algún gruñido ahogado Remus empezó a retorcerse de dolor al tiempo que su cuerpo iba cambiando de forma, las orejas se hacían puntiagudas, la cara se alargaba y los brazos y piernas se hacían más cortos. Andrea observó el espectáculo sobrecogiéndose ante el dolor que estaba sufriendo el hombre y ante la perspectiva de que siempre había sido así y siempre lo sería. Sintió un alivio casi físico cuando Remus dejó de retorcerse y se quedó tumbado en la cama con esa forma de lobo que ya había visto en la anterior luna llena, empezó a lamerse la herida, de nuevo sangrante, y Andrea salió de su momento de ensoñación para volver a curarle. Tocó su pelo suave y castaño por primera vez en su vida y le pareció que el recuerdo olvidado de una noche con él en la casa de los gritos, cubierto de brumas y nieblas, se hacía más presente.

Se había sentado en la cama para vendar a Remus y una vez que había terminado se levantó para volver a su butaca, pero Remus no se lo permitió, mordió levemente la manga de su camisa para que se quedara con él. Era cierto que no quería pasar esa noche solo y quizá también que quería pasarla con ella. Una concesión en medio de una vida que jugó con ellos negándoselo todo. Remus le acarició el brazo con el hocico justo en el lugar donde él sabía que estaba la marca tenebrosa debajo de su manga, inmediatamente ella recogió el brazo y le acarició con la otra mano. Al cabo de un rato Andrea terminó sentándose en el sillón con un libro en las manos mientras dejaba a Remus dormitar, de vez en cuando se quejaba de dolor, pero la herida no parecía ir a peor, había sido un corte muy limpio. El silencio y el sopor de la habitación los fue llevando a ambos a un sueño profundo, de manera que Andrea acabó, sentada pero con la cabeza apoyada en la cama durmiendo plácidamente hasta que notó el hocico de Remus dándole en la nariz. Era casi de día y pronto empezaría a transformarse, no habría despertado a Andrea de no ser porque necesitaba que cambiase su vendaje y se lo estuvo pensando un buen rato apoyado sobre las patas delanteras observándola dormir, pero sería peor para su herida romper el vendaje con el cambio.

Andrea se despertó algo contrariada, no sabía dónde estaba y lo que menos esperaba era un lobo a dos centímetros de su cara, así que se sobresaltó, pero pronto empezó a recordarlo todo e hizo su tarea, cuidando de que la herida no sangrara mucho. Observó estoicamente cómo la claridad solar hacía cambiar a Remus una vez más y cómo sufría con ello, grabó en su mente cada sonido, cada imagen y cada sensación para no olvidarla. Había llegado fuera de tiempo, cuando ya no era la persona con la que compartía todo, pero ese momento precisamente quería conservarlo para siempre.

-¿Estás bien?- Andrea volvió a sentarse en la cama, provista de pociones cicatrizantes para curar no solo la herida del ataque sino las pequeñas heridas, mucho menos graves que había dejado la luna llena.

-Agua.- articuló con dificultad.

Andrea le ofreció el agua y le ayudó a beber hasta que estuvo lo suficientemente hidratado para volver a hablar. Cuando vació la copa tenía a Andrea escasos centímetros de su cara, mirándole sin ninguna intención más que la de ayudarle en aquel momento y por primera vez desde que volvió a verla sintió verdaderas ganas de besarla, aunque lo sustituyó por una sonrisa cortés.

-Muchas gracias por ayudarme.

No habían cambiado su postura tan cercana cuando la puerta se abrió de golpe sobresaltándolos.

-¿Os parece bonito? Yo al borde de la locura y vosotros aquí…

-Lo siento, lo siento- Andrea se levantó de la cama y se llevó las manos a la cabeza- De verdad que se me olvidó.

Harry quitó su cara de preocupación después de echarle un vistazo a Remus y ver que a parte de su rostro demacrado y el vendaje que le cubría el pecho estaba más o menos bien y por lo que acababa de ver, estaba bien en todos los sentidos.

-¿Qué haces aquí?- Harry se inclinó para darle un beso a Remus ignorando su tono seco. Siempre hacía lo mismo y ya estaba acostumbrado- No deberías haber venido.

-No empieces con lo de siempre que ya me conozco el sermón. Estamos en paz, yo te desobedezco para venir a verte y tú pasas de mí cuando te digo que te cuides.- Harry le examinó con aire casual las heridas de cerca para comprobar que realmente no tenía nada.

-Yo voy a ir a ver a Andy- dijo Andrea dirigiéndose a la puerta- Creo que ayer estuve un poco dura con ella.

Harry subió las piernas a la cama y se sentó con la espalda en el cabecero, al lado de Remus, que todavía mantenía una cara de enfado forzado aunque en el fondo se alegraba de que se preocupara tanto por él.

-¿Qué tal la clase de ayer con Andrea?

-¿Siempre es tan borde?- Remus sonrió y asintió en silencio imaginándose la que podían haber montado los dos- Fue bien, ya controlo el fuego, aunque tengo que practicar más.- Se callaron un rato cada uno metido en sus pensamientos- Me cae bien, se ve que lo ha pasado mal.

-Mucho- no hizo falta saber de quién hablaban porque los dos lo sabía, pero Remus sin saber por qué veía en sus palabras algo más que lo que le estaba diciendo y la sonrisa perversa de Harry se lo confirmó- ¿Qué?

-Nada- le contestó él inocentemente pero su sonrisa se amplió- Bueno sí ¿Qué tal con ella?

-No hay nada, Harry. – Remus le habló con seriedad, sin seguirle a él la broma en la que se había metido para sacarle a Remus información- Estoy con Nicole ¿recuerdas?

-Sí y me alegra que estés con ella. Nicole es genial, pero no me gustaría que le hicieras daño.- Ya había dejado su tono jocoso y se ponía serio, como si fuera él el adulto, como siempre ocurría en esos temas- Si quieres a Nicole más que a Andrea, sigue con ella, pero si es al revés, no juegues con Nicole. No se lo merece.

Remus no dijo nada y Harry prefirió dar el tema por zanjado. Se mantuvo sentado a su lado mirando al frente, pensando en si no se había metido de más en la vida del que casi consideraba su padre.

-¿Tú estás bien?- terminó diciendo Remus al cabo de un rato.- Con James y demás.

-Sí, no te preocupes, ya te dije que se había enterado de la verdad y lo que te contase Andrea del domingo… Ya está olvidado. Tranquilo.

A Remus le hubiera gustado insistir para sacar la auténtica verdad, pero Nicole entró corriendo en la habitación y se acercó a Remus alterada y preocupadísima intentando ver qué heridas tenía.

-Yo me voy a clase.- Harry se puso de pie – Me alegro de verte Nicole y no te preocupes por éste. Tiene pensado matarnos a todos del susto antes de morirse él.- ella le sonrió forzadamente antes de volver a su búsqueda de heridas en el cuerpo de su novio.

Harry bajó al salón para irse de nuevo a Hogwarts por la red de polvos floo. Le había costado pelearse con Macgonagall pero la mujer sabía que no había manera de discutir con él, hiciera lo que hiciera por retenerle, acabaría en Grimmauld Place aunque fuera en escoba, así que no le quedó más remedio. En la mansión Black, Nicole se quedó con Remus todo el día, lamentándose por no haber recordado que era luna llena y que él acabara herido. Sophie entró un rato para ver a Remus pero aguantó poco en la misma habitación que la chica así que se volvió con su madre, que ni si quiera se había dignado a aparecer por el pasillo ahora que Nicole estaba allí.