CAPÍTULO 42: JUGANDO A NO QUERERTE.
La ruptura entre Nicole y Remus sólo había servido para que ella abandonase la Orden del Fénix y para que Andrea se dedicase a huir sistemáticamente de cualquier encuentro con Remus. Durante los días que siguieron se acabaron las conversaciones amistosas, las cenas juntos o los juegos con Sophie. Andrea se atrincheraba en su habitación y sólo salía cuando él estaba fuera de casa. Había veces en las que se alegraba de que aquella relación hubiera terminado, pero en la mayoría de las ocasiones se sentía culpable. Ella había acudido a su cama con la única intención de recuperar su humanidad, porque sabía que sólo él era capaz de mantenerla unida a su parte buena. Quizá en sus sueños se había imaginado precisamente las palabras que él le dijo, que volvería a dormir con ella cada noche, que su relación con Nicole acabase y que ellos volviesen a tener lo que un día habían dejado, pero su manía de racionalizarlo todo la obligaba a dejar a un lado sus anhelos y a pensar con la cabeza. Por un lado, ella quería huir de ahí en el mismo momento en que Harry no la necesitara y teniendo en cuenta lo que había estado planeando en las últimas semanas lo mejor era no reiniciar nada con Remus, no quería que sufriese otra vez y no quería tener que despedirse de él para siempre.
Habían pasado dos días desde que Nicole se había marchado y Remus había intentado hablar con Andrea sin ningún éxito. Sabía que su declaración le había pillado de sorpresa y mucho más con la aparición de Nicole en ese momento, pero tenía que aclarar las cosas con ella. No había contado con la posibilidad de que ella no quisiera recuperar su relación, había olvidado que un día él se había ido porque ella le había pedido que abandonara la magia para seguir juntos, no había pensado en nada en ese momento excepto en la sensación de haberse despertado con ella entre sus brazos. Ahora tenían que hablar, recuperar al menos la cordialidad y el trato que habían tenido hasta ese momento. Quizá ella tendría razón y lo mejor era olvidar que podían volver a estar juntos, pero perderse el uno al otro para siempre no era más que otra injusticia que les podía presentar la vida.
Esa mañana había salido y había vuelto antes de lo previsto. En el salón estaba Andrea leyendo un libro y no se percató de su llegada hasta que lo tuvo justo al lado del sillón en el que estaba sentada.
-¿Y Sophie?- Andrea se sobresaltó al oírle, cerró el libro de golpe y se puso de pie dispuesta a marcharse.
-Sophie está en su habitación y yo… yo tengo la comida en el fuego, no quiero que se queme.
Se escabulló como pudo, con una sonrisa cortés pero antes de que se hubiese alejado lo suficiente Remus la había agarrado del brazo impidiendo que se marchara. Cerró los ojos antes de darse la vuelta, sabía que aquel momento llegaría pero no quería que fuese justo entonces.
-Acabo de venir de la cocina y no hay nada en el fuego. ¿A qué estamos jugando?
-Yo a nada ¿y tú?- le contestó ella con nerviosismo.
-Andy, nos conocemos desde hace mucho, así que haz el favor de sentarte ahí y dejar de rehuirme como si tuviéramos quince años.
Por un momento ella se mantuvo orgullosa, erguida, mientras él le señalaba el sillón del que acababa de levantarse, pero sabía que tenía razón y que antes o después tenía que afrontar aquella conversación. Además no le interesaba acabar mal con Remus porque tenía varias cosas que pedirle.
-¿Por qué me huyes?- Remus había cogido una silla y la había colocado justo frente a ella.
-¿Por qué dejaste a tu novia?
-Yo no la dejé, me dejó ella a mí.-Esa había sido la verdad pero él sabía qué quería Andrea con aquella pregunta. Respiró hondo y jugó unos instantes con su dedo índice pensando cómo expresar lo que tenía que decir- Pero… si ella no lo hubiera hecho, lo habría terminado haciendo yo. Andy, el otro día te dije en serio que dormiría contigo no esta noche, sino todas. ¿Quieres que lo admita? ¡Está bien!-exclamó sin esperar una respuesta de ella que estaba observándole sin hacer el más mínimo movimiento- Te quiero, no he dejado nunca de quererte. ¿Te vale?
-No.- fue una respuesta dura, seca y rotunda que dejó a Remus descolocado, se había sincerado como sólo podía hacerlo con ella y esperaba al menos un poco de cortesía- No quiero que me quieras, ¡¡por eso huyo de ti!!- Andrea intentaba mostrarse fuerte pero las manos habían empezado a temblarle y un molesto nudo se había alojado en su garganta impidiéndola respirar con normalidad- Cuando esto acabe volveré a mi vida, a Elgin, y tú ya no estás en ella.
-¿A tu vida?- Remus se estaba enfadando y muy pocas veces lo hacía pero cuando así era su sarcasmo y su cinismo le delataban- ¿A qué vida? Sólo vives un engaño, te pasas el tiempo fingiendo, finges que eres madre de una niña que no es tu hija…
-¡¡No te pases!!- le gritó ella poniéndose de pie pero él la ignoró.
-La semana que viene cumple once años. ¿Qué piensas que hará ella cuando reciba la carta de Hogwarts y descubra que la has estado engañando?
-A lo mejor no la recibe nunca- le desafió ella.
-¡No puedes interceptar las cartas de Hogwarts toda la vida!
-¡¡Ponme a prueba!! Ya he conseguido tres y puedo seguir haciéndolo.
-Claro que sí- Remus también se puso de pie, pero sin arrebatos, como hacía Andrea, lo hizo lentamente sin apartar la mirada de ella- Lo que sea por mantener tu mentira, por seguir fingiendo que no eres una bruja cuando la magia fluye en ti con tanta fuerza que la necesitas para ser tú misma, la que realmente eres y no la que te has imaginado en tu cabeza. Finges que no necesitas a nadie más que a un pobre hombre que se ha enamorado de ti y al que no puedes corresponder ¡¡¡PORQUE ME SIGUES QUERIENDO!!!
El silencio se hizo pesado después de los gritos de Remus. Andrea lo miraba fijamente intentando mantener el tipo, asimilar todo lo que había dicho e intentar saber hasta qué punto tenía razón. La respuesta llegó clara y rápida: tenía razón en todo. Su vida era una continua mentira y lo único que había de verdad en ella es que seguía queriéndole como lo había hecho toda la vida, pero una única verdad en un mundo de mentiras no merecía la pena.
Remus había dicho todo lo que tenía que decir y se recriminaba haber perdido el control de aquella manera así que se dio media vuelta, casi derrotado y se dirigió a la puerta para marcharse de allí.
-Tienes toda la razón.- la voz ahogada y rota de Andrea le hizo detenerse en la puerta antes de abrirla- No tengo una hija ni soy una muggle y es cierto que sigo enamorada de ti, pero da igual. Cuando esto acabe, volveré a mi vida.-repitió con firmeza- No voy a seguir huyendo de ti, pero espero que no vuelvas a repetirme lo que sentimos. Llámalo fingir, pero es la única forma que tengo de seguir viva.
-¡¡Esto es absurdo!!- Remus no se dio la vuelta, siguió agarrado al pomo de la puerta, con la cabeza gacha, pensando si lo que estaba a punto de hacer era lo mejor o no- Intentar ser amigos después de todo lo que nos ha pasado es imposible.- Andrea se había quedado descolocada cuando él se dio la vuelta y vio una determinación que llevaba muchos años sin ver y por la que hubiera dado mil vidas por no volver a tener en frente. Remus tenía la misma cara que el día que se había marchado a Francia y eso sólo significaba malas noticias- Yo… me voy a ir a mi casa hasta que tú vuelvas a tu vida.
-¡¡No!!- la negativa le salió del alma, sin pensarlo, era ese no que le quería haber dicho cuando se había ido a Francia, ése que se había repetido durante trece años, que se había recriminado hasta la saciedad y que ahora salía sin ni siquiera pensarlo- No puedes irte…- Andrea estaba intentando recuperar la compostura; si se iba era precisamente porque no podían seguir como si no pasara nada cuando realmente seguían queriéndose, así que intentó aparentar la mayor tranquilidad, aunque no encontraba excusas en su cabeza que realmente le sirvieran- Dumbledore te dijo que cuidaras de nosotras.
Remus sonrió sin ganas, había sido una excusa realmente mala, por un momento había pensado que había cambiado de idea, pero no era así.
-Tú sabes cuidar de ti.
-Pero…- Andrea estaba luchando casi contra su propio orgullo para decir lo que quería- yo…- resopló- yo te necesito.
-Y yo necesito estar solo.- No hacía falta nada más, Andrea sacó esa coraza de orgullo y arrogancia y asintió en silencio, aceptando sus condiciones- Ya nos veremos por aquí.
Remus cerró con un portazo de frustración, sin decir una palabra. No sabía si enfadarse consigo mismo, con ella, o simplemente gritar para desfogarse, pero el caso es que una vez más volvían a estar separados, quizá más que nunca.
El lunes tenía que ir a ver a Harry y James por la tarde para la siguiente clase, el poder de Harry estaba casi controlado y Andrea ya había maquinado la forma perfecta de sacar, si es que lo tenía, el otro poder de James. Sophie y ella habían pasado dos días en Grimmaul Place prácticamente solas y aunque estaban acostumbradas a vivir toda la vida sin nadie más, se les había hecho tremendamente extraño, especialmente a Sophie, que había echado de menos jugar con Remus antes de irse a la cama o simplemente verle pasear por casa o contarle alguna historia de magia que su madre no le dejaba escuchar. Andrea se había mantenido ocupada, leyendo y releyendo unos pergaminos que ya se sabía de memoria pero con los que intentaba sacarse de la cabeza la maldita conversación con Remus que se le repetía una y otra vez como se le había repetido la última que tuvieron antes de separarse para siempre.
Había hablado, por llamarlo de alguna manera, con Tonks para que hiciera el favor de quedarse con Sophie mientras ella iba a Hogwarts aquella tarde y la chica, que había aumentado su recelo hacia Andrea desde que su amiga Nicole había tenido que salir de la casa en el estado que lo había hecho, había aceptado más por la niña que por la madre. A pesar de tenerlo todo preparado para ir al colegio después de comer, Andrea tuvo que salir corriendo hacia allí cuando la cabeza de Dumbledore se materializó en la chimenea exigiéndole que fuera a su despacho lo antes posible.
-¿Qué querías con tanta prisa?- Andrea estaba en el despacho del director sacudiéndose la ceniza bajo la atenta mirada de los antiguos directores- He tenido que dejar a Sophie con el primero que ha llegado y era Snape.- Dumbledore la miraba con pasividad ignorando su molestia por haber dejado a la niña precisamente con Snape- Yo no respondo de lo que ella le haga.
Dumbledore ni si quiera sonrió con la broma de Andrea y ella viendo que él no tenía un buen día tomó asiento sin pedir permiso. Se acomodó en la silla, en una posición en la que casi se había cansado de estar durante los años de la guerra cuando tenía que hablar con él y le miró expectante.
-Quiero que me expliques algunas cosas.- Dumbledore ni si quiera le saludó, ni hizo el más mínimo gesto amistoso, parecía tenso y sus arrugas se habían acrecentado en las últimas semanas, como si soportase un gran peso.
-Tú dirás- La única respuesta de Dumbledore fue una mirada dura y un montón de periódicos delante de Andrea, que se dedicó a ojearlos como si fueran prensa del corazón- Nunca me gustó este corte de pelo. ¿Tú crees que si les mando una foto más favorecedora la pondrían?
En la portada de los periódicos y revistas que Dumbledore le había colocado delante de las narices estaba la foto de Andrea con un pelo cortísimo y rubio muy parecido al que llevaba Nicole y que ella tanto odiaba porque le recordaba a sus años como mortífaga. Sin embargo, no mostró ni arrepentimiento ni miedo, sólo había desdén en sus palabras y una imagen de "todo me da igual".
-Andrea, ¡No me juegues!- Dumbledore se puso de pie y le quitó de las manos los periódicos que ella miraba con desinterés- "Vuelve Sophie Markins" "Markins vista en Birmingham" "Un nuevo ataque con Markins de protagonista"- El director iba poniendo sobre la mesa con fuerza los periódicos a medida que iba leyendo sus titulares.
-¿Es que esos periodistas no conocen el término "objetividad"?
-¡¡Esto es algo muy serio!!- le gritó Dumbledore- ¿Por qué fuiste a esa batalla? Esa no es tu misión en esta guerra.
Esa fue la única cosa de todas las que le había dicho que hizo que Andrea reaccionara y se pusiera rápidamente de pie, enfadada, mirándole con seriedad, intentando demostrarle mucho más de lo que ya le había demostrado.
-Primero- empezó con tono amenazante- yo no tengo misión alguna en esta guerra. ¿Entendido? Sólo ayudo al hijo de mi mejor amiga a salir vivo de su destino. Y el otro día fui a Birmingham porque necesitabais gente. Mucha gente.
-Tú sola no puedes cambiar el mundo.- le recriminó él.
-¡¡Pues no era eso lo que pensabas cuando me animabas a seguir con Voldemort!!- Andrea había golpeado la mesa con las dos manos haciendo caer algunos papeles. Alrededor los antiguos directores se habían agrupado en algunos cuadros y cuchicheaban sobre el comportamiento de Andrea, sin embargo, Dumbledore no se había inmutado, la miraba con los brazos cruzados, esperando a que siguiera hablando- No pretendía cambiar el mundo en aquella batalla- siguió ella mucho más tranquila- Pero al menos conseguí que Remus no se presentara allí.
-Te han descubierto- Dumbledore sabía que la mejor forma de hablar con Andrea era evitar que ella pudiese desatar su mal genio, así que intentó racionalizar la situación, especialmente después de haber descubierto la verdadera causa de que ella se presentara en Birmingham- Los aurores han dado contigo y te estarán esperando y los mortífagos saben que sigues viva ¿Qué pretendes, que te maten?
-Aún no- murmuró ella creando una tensión casi cortante- Pero no te preocupes por los aurores- Andrea intentó esbozar una sonrisa que acertaba a ser maléfica, como si disfrutase con aquello, como si se estuviese dejando llevar por esa parte de ella que se satisfacía matando- Y por los mortífagos… Digamos que no me importaría encontrarme con una vieja amiga. Tiene algunas cuentas que pagarme.
-Te has vuelto loca. Harry te necesita.
-Pero ese no es el problema ¿verdad?- comentó ella mordazmente mientras se observaba las uñas con desinterés- El problema es que TÚ necesitas a Harry sabiendo lo que YO sé.
-¡¡No se te ocurra dudar de mí!!- bramó Dumbledore adoptando una postura tremendamente amenazante- Quiero a ese chico como si fuese de mi familia; me paso las noches sin dormir preocupándome por su seguridad como antes lo hacía contigo.- Dumbledore se dejó caer sobre su enorme sillón y de repente pareció haber envejecido lustros- Ojalá pudiera ocupar yo alguno de vuestros puestos.
Andrea se dio cuenta de que había pasado los límites y que había dudado precisamente de quien siempre había buscado lo mejor para todos, pero algo en lo más profundo de ella siempre le guardaría rencor por haberse presentado un día en su casa y haberle hecho la terrible proposición de convertirse en mortífaga.
-Yo aprendí a sobrevivir y a ser útil y Harry… él hará lo mismo. De hecho, quizá sea el momento de dar el siguiente paso.
-No, eso no.- contestó Dumbledore nervioso.
-¿Y si yo me encargo de que llegue vivo al último momento?
-¿Podrías asegurarme que saldrá vivo de ese último momento?- Dumbledore no esperaba respuesta a esa pregunta, ya sabía que no había nada que pudiera asegurar que Harry seguiría con vida después de enfrentarse a Voldemort.
-Lo cierto es que estoy en ello. Es difícil asegurarlo pero estoy haciendo todo lo posible y te necesitaré para conseguirlo- Dumbledore se quedó sorprendido, dentro de sus planes nunca habían contado con él, pero no le importaba- Ya te diré cuál es tu misión en esta guerra. Ahora necesito carta blanca.
-No lo sé, Andrea.- Dumbledore se pasó las manos por la cara esperando encontrar algo que le diera la solución, ser siempre el oráculo le estaba empezando a desgastar en exceso- Es muy peligroso.
-Es mucho más fuerte de lo que podíamos imaginar. – a pesar de lo que ella le aseguraba, el director siguió dudando de la viabilidad de sus planes y negó con la cabeza- Yo estaré a su lado para protegerle.
-¿También podrías protegerlo de ti?
-¡¡Jamás perdería el control con Harry!!-Gritó ella muy irritada, casi ofendida- Yo nunca le haría daño.- Dumbledore al ver lo alterada que se había puesto con su duda, se levantó e hizo que ella se sentara poniéndole las manos en los hombros y tranquilizándola- Además… estoy segura de que Remus no le dejará solo tampoco.
-Remus nos matará si hacemos esto.- Andrea esbozó una media sonrisa asintiendo ante la apreciación. Realmente Remus se enfadaría mucho con su idea, pero había que arriesgar para ganar.
-¿Tú me apoyarías?- Dumbledore volvió a dudar unos minutos, en el fondo sabía que tenía que hacerlo, pero tenía mucho miedo por Harry.
-¿Tenemos otra salida?- Andrea le negó en silencio- Entonces yo también estaré.
-No podemos permitirnos que te pase algo.
-No, Andrea- le corrigió él mirándola con cariño- lo que no podemos permitirnos es que os pase algo a vosotros dos.
La conversación se había acabado y aunque Andrea quería marcharse a casa con Sophie, tenía la sensación de que Dumbledore tenía más cosas que decirle. El director había vuelto a su asiento y se había sumido en uno de sus largos y reflexivos silencios y ella, ya algo incómoda por la situación, empezó a curiosear los trastos nuevos que tenía por el despacho. A veces cogía uno de ellos y observaba su funcionamiento intentando buscarle una utilidad que raramente llegaba.
-Tengo entendido que Remus se ha marchado de Grimmauld Place…- El estruendo que hizo al caerse el extraño artilugio que Andrea tenía en ese momento en las manos interrumpió a Dumbledore, que no pudo reprimir una sonrisa ligera al verla recoger los pedazos de cristal con manos temblorosas- Tranquila, deja eso, total tengo muchos y eso que Harry se ofreció voluntariamente a hacerme limpieza hace un par de años.- Andrea controló sus respiraciones y se sentó de nuevo en la silla delante del director intentado parecer lo más casual posible.- A lo mejor tú puedes contarme por qué he perdido un miembro de la Orden del Fénix y Remus se ha marchado de esa casa en cuestión de a penas unos días.
-Eso tendrías que preguntárselo a ellos.
-Pero es que tengo la intuición de tú tienes mucho que ver en todo esto.
-Albus, quizá tú también tengas mucho que ver en que la chiquita esa haya dejado tu fantástica Orden. Te recuerdo que eras tú quien dirigía los pasos de la asesina de su familia, que casualmente fui yo, a la cual le has pedido que encubra. Y sí, lo admito, tengo mucho que ver, - aceptó casi con chulería- pero yo no tengo culpa de que su vida y la mía estén tan unidas ¿acaso no hay más hombres en el mundo que mi… "pareja" de toda la vida?- Dumbledore miraba interesado su disertación sobre las casualidades de la vida que Andrea parecía estar soltando en un discurso pasional- Y Remus se ha ido porque sí, eso es algo de lo que no te tengo que dar explicaciones, si quieres saber más, pregúntale a él.
-Él no me ha querido contestar.
-Pues no quieras saber más de lo que te corresponde.- Andrea se levantó dedicándole una mirada fría y se dio media vuelta para coger un puñado de polvos para la chimenea.
-Andrea- la mujer se dio la vuelta- Visto que no vas a cumplir con mis advertencias, quizá podrías entrar en la Orden.
-Yo jamás he pertenecido a ninguna Orden.- le contestó duramente.
-De todas formas, ten esto.- Dumbledore le ofreció una daga con la hoja de plata idéntica a la que Remus le había prestado a excepción del fénix en la empuñadura- La próxima vez, Remus necesitará la suya.
Esa tarde Andrea volvió para dar una nueva clase con James y Harry, pero ella no estaba muy concentrada y los Potter tampoco; esa semana su principal objetivo no estaba relacionado con ningún heredero, ni con poderes especiales, ellos sólo querían ganar el partido contra Hufflepuff y llevarse la copa de quidditch para Gryffindor, así que Andrea, harta de la situación, terminó marchándose antes.
La emoción por el partido se palpaba en cada esquina del colegio, los profesores se desgañitaban por encima de los murmullos de los alumnos que se pasaban el día haciendo cábalas para ver cómo podía quedar finalmente la clasificación. Ravenclaw había conseguido ganar a Slytherin de manera casi milagrosa en un partido emocionantísimo en el que Patricia estuvo a punto de caerse de su palco de comentarista; aunque tuvo la suerte de que Sirius estuviera allí para agarrarla antes de que cayera al vacío. Si Hufflepuff conseguía ahora ganar a Gryffindor, Ravenclaw se proclamaría campeón del torneo de quidditch, lo que suponía además del grandioso enfrentamiento que había en el colegio, un estupendo pique entre Sirius y Patricia que casi no habían quedado esa semana porque cada vez que lo hacían terminaban discutiendo por el partido. Gryffindor se había quedado solo esa semana. Por un lado, Hufflepuff, que no tenía nada que ganar excepto el orgullo de conseguir vencer a los campeones de los últimos años; obviamente nadie esperaba el apoyo de Slytherin, pero Ravenclaw siempre había sido un buen aliado y ahora el aliado estaba con Hufflepuff para conseguir sus propios intereses.
La mañana del partido el equipo de Gryffindor bajó como siempre junto a desayunar. Harry entró en el gran comedor serio y concentrado y a su lado James tenía una postura muy similar, los dos habían aprendido a soportar mucha presión y a llevar sobre sus hombros más responsabilidad que el resto y eso se reflejaba en madurez aunque por mucho que hubiese madurado James, Harry siempre parecería mayor. Junto a los siete componentes de Gryffindor, se habían sentado a desayunar Sirius, Remus, Andrea, Lily y Hermione que iban ataviados con banderines, bufandas y gorros rojos y escarlata para animar a su equipo.
Los Gryffindor empezaron a aplaudir a su equipo cuando se levantó, mientras que el resto de casas hacía lo mismo con los Hufflepuff, que no habían levantado tanta expectación en décadas. Todos estaban concentrados de camino al campo de quidditch, aunque se permitían alguna conversación distendida. Sirius iba con Andrea y Remus, mientras veía de lejos a Patricia llevar un banderín de Hufflepuff. Harry iba andando abrazado a la cintura de Ginny que se iba riendo de lo que él le iba contando al oído y Lily iba dándole ánimos a James.
-¿Qué les pasa a esos dos?- Harry se había dado cuenta de que Ron y Hermione caminaban delante de ellos, solos y sin mirarse.
-Discutieron ayer- le dijo Ginny, poniendo cara de "otra vez"- Una tontería increíble, algo de que habían quedado y Ron desquedó o algo así, ¡cualquiera se aclara con éstos!
-¡Ey, Ron!- Ron se detuvo para esperar a que llegara Harry, más que concentrado parecía serio y de vez en cuando lanzaba una mirada esquiva a Hermione que seguía su camino orgullosa- ¿Estás bien?
-Sí, muy bien.- intentó acompañar su mentira con una sonrisa pero no sirvió de mucho.- Tranquilo.
-¿Volverás a ser nuestro rey?- intentó bromearle Ginny, pero su hermano no hizo ni el más mínimo amago de reírse.
-El rey de los tontos- terminó murmurando.
-Oye, Ron- Harry empezaba a preocuparse, sabía que la relación de sus amigos no peligraba con esa tontería pero su oportunidad de ganar el partido con Ron en ese estado, sí, y mucho- ¿por qué no haces las paces con Hermione antes de partido?
-Porque es una cabezota orgullosa que no me ha hecho ni puñetero caso cuando le he pedido perdón.
Ron no dejó que su amigo siguiera preguntándole y se marchó de allí con la escoba al hombro y paso rápido. Harry intercambió una mirada preocupada con James que no se había perdido detalle y cuando éste le hizo un gesto con la cabeza no dudó en seguir la dirección que le marcaba y detener a Hermione en su camino hacia las gradas.
-¿Por qué no perdonas a Ron?- le preguntó Harry directamente dejando a su amiga sorprendida por la intrusión.
-Harry, nosotros somos muy buenos amigos, así que no te ofendas con lo que te voy a decir, pero esto no es asunto tuyo.
-Ron te ha pedido perdón y ya sabes lo despistado que es. Si perdemos el partido por su culpa pesará sobre tu conciencia toda la vida así que más te vale arreglar esto antes de que Krum dé el pitido inicial.
Harry la dejó con su conciencia, sabía que no perdonaba a Ron por pura cabezonería y que apelando a su interés en ganar el partido podría conseguir algo de ella. De camino al vestuario se encontró con Andrea, Remus y Lily que le desearon suerte, aunque la mejor, como siempre, fue su madre, que se desvivió en hacerle mimos y caricias y darle un montón de besos al mismo tiempo que le pedía que se cuidara mucho allí arriba. Realmente aquella Lily era como la que debería haber sido y como siempre, Harry perdió por un momento la noción de donde estaba hasta que Remus le dio un golpecito en la espalda para desearle suerte.
James estaba fuera del vestuario, ya con la túnica puesta, estaba apoyado en la pared jugando con la escoba, pasándola de una mano a la otra más concentrado en sus pensamientos que en lo que sus manos hacían.
-Vamos dentro, James. Quiero deciros algo antes de empezar el partido.- Harry hablaba conforme pasaba junto a James pero éste le cogió de la manga de la túnica y le paró. Le miró fijamente y Harry empezó a sentirse mal, totalmente descolocado por aquella reacción de James.
-¿Puedo preguntarte una cosa?
-Sí, claro.
-Fuiste tú quien me envió esta escoba para que pudiera jugar en el equipo ¿verdad?- Harry sonrió en un respiro, por un momento se le había pasado cualquier cosa por la cabeza al ver a James tan raro- ¿Por qué lo hiciste si me portaba tan mal contigo?
-Necesitaba un cazador.- bromeó él, pero James no sonrió.- Mira, James, ahora tienes que estar centrado para todo lo que nos viene, el partido, los entrenamientos con Andrea. Olvídate de cómo me trataras o de que estés muerto. Dumbledore tardará poco en encontrar la forma de devolverte a tu tiempo.
James no había acabado de superar eso de que estuviera muerto desde hacía tanto tiempo ni que hubiese tratado tan mal a su único hijo, pero Harry se lo estaba poniendo fácil, así que le sonrió un poco y con un "gracias" entró delante de él en el vestuario.
Después de la charla agresiva de Harry en la que les exigió ganar a toda costa sin preocuparse en exceso ni por su integridad ni por la de sus compañeros de equipo, los siete jugadores de Gryffindor salieron por el túnel de vestuarios con su escoba al hombro y un importante espíritu ganador, todos excepto Ron, que iba el último con los hombros caídos y arrastrando los pies.
-Espero que tengas más ánimo para parar la quaffle.- Hermione estaba apoyada en la pared, con los brazos cruzados. Ron levantó la cabeza para mirarla, pero no se ilusionó lo más mínimo.
-Si has venido para hundirme, te encuentras con el trabajo hecho.
-He venido para desearte buena suerte- Hermione se acercó a él y le dio un ligero beso en los labios- Procura ganar este partido o no habrá quien aguante a Harry y a James.
-¿Ya no estás enfadada conmigo?- A Ron se le había iluminado la cara, ahora la tenía abrazada, con escoba incluida, y la observaba.- ¿O es que Harry te ha pedido que me perdones?
-¡Chico listo!- Ron se olía la intervención de su amigo, así que soltó a Hermione y se dirigió a la fila que su equipo había hecho antes de salir al campo-¡Quieto! Harry ha hablado conmigo pero… bueno… yo tampoco estaba muy enfadada contigo- Ron puso cara de incredulidad, si realmente no estaba muy enfadada, no quería saber lo que haría cuando lo estuviera- es que… bueno quería hacerme de rogar, para que me hicieras mimitos.
Ron se quedó un rato mirando la cara de niña buena que Hermione le estaba poniendo y dudó entre gritarle por habérselo hecho pasar mal o abrazarla. Al final, en vista de que Harry, desde el principio de la fila le estaba metiéndole prisa, se decantó por el abrazo.
-No se te ocurra volver a hacerme esto.
-No te lo garantizo-Hermione le sacó la lengua pícaramente y Ron se rindió simplemente- Buena suerte.
Ron se despidió de ella con un beso rápido y salió corriendo hacia la fila de gryffindor con energías renovadas, ahora sí que estaba dispuesto a no dejarle pasar ni media a los tejones.
-¿Preparados todos?- preguntó Harry en voz alta pasando la pierna por encima de su escoba. Un "sí" general le sirvió como respuesta y el resto del equipo le imitó.
-Suerte- le susurró James que estaba detrás de él.
-Igualmente.
-Ten mucho cuidado- Harry le miró por encima del hombro con una enorme sonrisa de satisfacción, y James al ver que estaba actuando demasiado de padre intentó corregirse, aunque sin mucho éxito- Pero no seas nenaza.
-Yo soy un Potter ¿y tú?
Harry no le dio tiempo a contestar salió volando en seguida a la máxima velocidad que le permitía su escoba, los demás le imitaron y dieron una vuelta al campo, todos en fila, para recibir la ovación de sus seguidores que se desgañitaron por encima de los abucheos del resto de casas que inimaginablemente se habían unido contra Gryffindor, cada una con sus razones.
En la grada preparada para comentar los partidos, Patricia y Sirius parecían llevar a extremos desmesurados sus aficiones deportivas. Sirius, además de haberse pintado la cara de rojo y amarillo, había ido recogiendo bufandas, banderines, pines y demás elementos de apoyo a Gryffindor que lo hacían parecerse más a un vendedor ambulante que a un comentarista deportivo. Patricia por su parte, no había querido perder la oportunidad de abandonar su supuesta objetividad periodística y llevaba una gorra azul, que combinaba, no exactamente bien, con una bufanda amarilla, para demostrar su apoyo a Hufflepuff y se había pegado por la camiseta pegatinas tanto de uno como de otro equipo.
-¡¡Buenos días a todos!!- exclamó Sirius, asomado al balcón del palco, dándole la espalda a su novia- Hoy se jugará el apasionante partido que decidirá la victoria de Gryffindor…
-¡¡O de Ravenclaw!!- interrumpió Patricia intentando sonar por encima de él- en caso de que los tejones batan al equipo capitaneado por Potter.- Sirius la miró con ira mal contenida y ella le devolvió el gesto- Cosa que no será muy difícil.- le murmuró para que sólo se enterara él- Esta noche la fiesta será en la torre Ravenclaw.
-Calla, cerebrito, que vosotros no tenéis ni idea de lo que es hacer una fiesta en condiciones.- Patricia abrió la boca para gritarle pero Sirius se le adelantó- ¡¡Aquí sale el equipo de Gryffindor!! ¡¡Vamos chicos, traedme la copa a casa!!
El equipo de Hufflepuff salió entre los ánimos que Patricia y el resto del colegio a excepción de los gryffindor les estaban dando. En su vida se habían visto con tanta expectación y la presión del momento empezó siéndoles muy desfavorecedora. En escasos diez minutos Gryffindor ya ganaba por 30 a 0 y estaba dominando la situación con mucha facilidad.
-¡¡Sí, señor!! Ése es mi chico- Sirius estaba a punto de caerse por el palco en la última jugada que James estaba llevando a cabo con Ginny y que acabó en un nuevo tanto- ¡Síííí! ¿Lo ves? Te lo dije- le gritó a Patricia- Nadie puede con un Potter.
-Ha marcado Evans, ignorante.- Patricia estaba enfadada con el resultado así que le contestó seca y tajante- Menos mal que es tu mejor amigo.
-Sí, ya,- Sirius vaciló unos instantes por haber metido la pata como lo había hecho- yo me refería al equipo ¡Sí, eso! Potter lo entrena.
-¡Sí!- Gritó Patricia ignorándole completamente- Hufflepuff ha recuperado la quaffle, se acerca rápidamente a los aros defendidos por Weasley y ¡Sí! ¡Sí! Gol para Hufflepuff. ¡¡Vamos a por la remontada!!
-¿Les importaría ser un poco más objetivos?- la voz de Macgonagall impidió que se enzarzaran en una nueva discusión- Se supone que están aquí para comentar el partido, no para enfrentar aún más a los alumnos.
-¿Pero a que usted está de acuerdo conmigo?- le preguntó Sirius con descaro antes de volver a concentrarse en los acontecimientos del partido.
Gryffindor seguía dominando la situación sin graves problemas. Los Hufflepuff estaban siendo unos dignos adversarios, jugando limpio y plantándoles cara en la medida de sus posibilidades pero el equipo de Gryffindor estaba muy compenetrado y Seamus, Ginny y James no dejaban de merodear por los aros de los Hufflepuff. Sin embargo, a pesar de la presión que estaban haciendo, de los goles que marcaran y de lo mucho que resistieran, nada acabaría hasta que Harry hiciera su trabajo.
Harry estaba sobrevolando el campo, le llegaban lejanos los rugidos de las gradas y las disputas entre Sirius y Patricia que de vez en cuando le sacaban una sonrisa, el partido estaba tranquilo y se había dado algún gustazo de quedarse observándolo. James volaba a toda velocidad con la quaffle en una mano, se la pasó sin ni siquiera necesidad de mirar a Ginny que volaba unos metros por encima de él y acabó marcando un nuevo tanto. A Harry le hubiera gustado alegrarse pero un extraño sentimiento le envolvió, quizá pronto no volviera a ver a James. Sabía perfectamente que James tenía que volver y no paraba de repetírselo en su cabeza, pero inconscientemente se había acostumbrado a verle a él y al resto cada día, a recibir los besos de su madre, incluso se había acostumbrado a discutir con James, cosa que seguía haciendo bastante a menudo, aunque sin las hostilidades que tenían antes. Un aleteo brillante le sacó de sus inoportunos pensamientos haciéndole volver a lo que realmente importaba en aquel momento: ganar la copa de quidditch.
Había vuelto a perderla pero intentó localizar por todos los medios al buscador de Hufflepuff para ver si él la había encontrado y por suerte, seguía buscándola por el otro lado del campo. Harry empezó a sobrevolar el campo hasta que volvió a encontrarse con un nuevo reflejo dorado, salió volando a toda velocidad hacia las gradas, donde había visto brillar a la snitch.
-¡¡Potter ha visto la snitch!!- el grito de Sirius desde un palco cercano hacia donde se dirigía Harry alertó a todos de que el final del partido se aventuraba cercano- El buscador de Hufflepuff está muy lejos y su escoba no tiene ni punto de comparación con la saeta de fuego de Potter.- Patricia se había acercado a él tensa como una tabla esperando, muy a su pesar por la persona de Harry, que acabara chocándose o cayéndose de la escoba antes de coger la preciada pelotita- Nadie le ha hecho un regalo como ese- vaciló Sirius, volviendo a olvidar su secreto.
-¡Anda y calla! Ni que se lo hubieras hecho tú. Potter parece haber cogido la snitch- gritó ahora Patricia aunque sin ninguna efusividad. Harry había detenido su escoba en seco y por unas décimas de segundo todo el estadio había contenido la respiración.
-¡¡La tiene!! ¡¡Potter la tiene!!- gritó Sirius- Sí, sí, sí, sí. ¡¡Gryffindor gana la copa de quidditch por tercer año consecutivo!!
De la alegría del momento, agarró la cara de Patricia con las dos manos y la besó. Ella no reaccionó negativamente, pero no mostraba ni por asomo la misma felicidad que su novio. En el campo, Harry ya había descendido y había tenido el tiempo exacto de bajar de su escoba antes de sentir el peso de su equipo sobre los hombros. No podía respirar y le estaban haciendo daño en todas las partes de su cuerpo pero estaba tan feliz que no le importaba. Había vuelto a ser campeón de quidditch y esta vez compartía el premio nada menos que con su padre.
Tardó más de diez minutos en conseguir quitarse todo aquel peso de encima y los más reticentes fueron James y Ginny que a cada dos palabras que le decía le plantaba un beso en los labios. Ponerse de pie no le sirvió para mucho a Harry porque antes de que se diera cuenta de su verticalidad tenía a Sirius enganchado a su cuello y a todos sus compañeros de casa alrededor, ocupando el campo y felicitando al resto de miembros del equipo.
Dumbledore le entregó la enorme copa, pero antes de levantarla miró a su padre, que estaba justo a su lado y no hizo falta que le dijera ni una palabra. Cada uno cogió un asa y levantó la copa bien alto, para enseñársela a todos, la misma sonrisa de satisfacción iluminaba sus rostros, pero no tenía ni punto de comparación con la que había esbozado Lily a escasos metros de ellos, al verles tan unidos. Harry miró a su alrededor, había mucha gente, unos felicitándole, otros simplemente gritando palabras ininteligibles pero en ese momento lo único que sabía es que estaba compartiendo uno de los momentos más importantes de su vida con su padre y eso era algo que no podía decir muy a menudo.
Les costó llegar al vestuario entre tanta gente que quería felicitarles en persona y que saltaban alrededor de ellos, sin embargo al final consiguieron entrar y cerrar la puerta. Estaban solos en el vestuario, felices con la última copa de quidditch que la mayoría de ellos podía llegar a levantar algún día y la fiesta comenzó solo para ellos. Ron y Ginny empujaron a Harry a las duchas y lo dejaron chorreando y uno a uno fueron metiéndose gritando y saltando hasta acabar totalmente mojados. Los ruidos de fueran se dispersaron, ahora la fiesta empezaría en la torre Gryffindor y James tenía una sonrisa demasiado pícara como para decir que no sabía lo que Sirius y Remus tenían preparado.
Los componentes del equipo empezaron a ducharse, esta vez sin ropa, cada uno en sus habitáculos reservados y Harry se dejó caer en uno de los bancos para relajarse, se sentía feliz, eufórico y totalmente satisfecho de aquel día.
-Lo conseguimos- James se sentó a su lado y también se apoyó en la pared, en una postura casi idéntica a la que tenía Harry- Enhorabuena, capitán.
-Ha sido cosa de todos. Tu ayuda ha sido importante este año.- Harry se calló unos momentos escuchando sólo el ruido del agua cayendo en las duchas de sus compañeros.- Me ha gustado mucho jugar contigo.
James esbozó una sonrisa que intentó disimular, pero Harry no se dio cuenta porque había vuelto a cerrar los ojos para archivar ese momento, quizá sería un buen recuerdo cuando tuviera delante un dementor. James se buscó en los bolsillos de la túnica escarlata y se puso de pie.
-Me gustaría que te quedaras esto. Tómalo como un regalo de cumpleaños.- James le extendió la mano donde una snitch, su snitch; la que había robado veinte años atrás reposaba con las alas relajadas.
-No es mi cumpleaños.- Acertó a contestar Harry visiblemente emocionado.
-¡Qué más da! Total, yo no he estado en ninguno.- el humor negro no era el fuerte de James y Harry ni si quiera se imaginó que estaba bromeando, así que al ver que cabía la posibilidad de que el ambiente se entristeciera, le puso la snitch en la mano y volvió a sentarse- En navidad no lo aceptaste porque no era un regalo de corazón, ahora me gustaría que te lo quedaras. Como recuerdo.
-Muchísimas gracias. No te imaginas lo que significa para mí, pero…- James se sorprendió, no esperaba que Harry fuera a rechazarla- no puedo permitir que tú te quedes sin tu juguete favorito.
Harry se puso de pie y buscó en el bolsillo de su túnica un pequeño souvenir que había cogido en el partido. La snitch aleteaba todavía incansable entre sus dedos y James empezó a reírse cuando la vio.
-Esto debe ser genético.- bromeó- Muchas gracias.
Después del intercambio de pelotitas que podía parecer una soberana estupidez pero que para ellos tenía un significado muy especial, el ambiente se tensó un poco, era como si en ese preciso instante tocase darse un abrazo, pero ninguno estaba muy seguro de que fuese buena idea. Por suerte, Ron salió de la ducha, con la toalla liada a la cintura cantando un "somos campeones" muy desafinado.
