CAPÍTULO 43: PIENSA EN MÍ.
La fiesta por la victoria en el partido se había alargado hasta que los primeros rayos de sol habían iluminado la sala común y para sorpresa de casi todos, la profesora Macgonagall no había ido a decirles que se callaran o que se fueran a la cama. El mérito había sido de Sirius que con una de sus sonrisas cautivadoras le había ofrecido un refresco a la profesora que contenía una fuerte poción para dormir y que la había dejado descansando como un angelito toda la noche, permitiéndoles a ellos bailar, gritar y beber todo lo que les dio la gana. Al día siguiente, por suerte domingo, muy pocos alumnos de gryffindor aparecieron por el castillo, se habían despertado bien entrada la tarde y el cansancio, y en algunos casos la resaca, no les permitió bajar ni si quiera al comedor.
Harry se había pasado el día de cama en cama, de la suya, había ido a parar al cuarto de los merodeadores, donde todos pasaron el día allí, sin hablar mucho e intentando recuperar las energías que habían perdido a lo largo de la noche. Por suerte para Harry y para James, el lunes por la mañanas las energías volvían a sus niveles de normalidad porque esa semana, con la cosa de que se habían acabado los entrenamientos de quidditch, Andrea había anunciado que pasaría todas las tardes en el colegio, lo que significaba que ellos tendrían que quedarse hasta la madrugada estudiando para los exámenes.
El lunes Harry y James pasaron la tarde perfeccionando los poderes de Harry; Andrea estaba asombrada con la rapidez con la que era capaz de aprender algo y ejecutarlo a su antojo sin tener que recurrir a ninguna manipulación de su ánimo, pero más asombrados habían quedado ellos cuando Andrea sacó de su manga, siempre larga, la varita. No era la primera vez que la usaba delante de ellos, pero nunca la suya propia, la última vez que lo había hecho Kreacher había terminado muerto y no sabían si después de aquella tarde ellos engrosarían la lista.
-Si ponéis esas caras de acojonados delante de unos mortífagos, no aguantaréis ni medio minuto.
-¿Desde cuándo usas la magia?- consiguió preguntar James después de un rato en silencio- Se supone que tú… bueno, eres peligrosa ¿no?
Harry le dio un golpe en el hombro recriminándole su último comentario, pero James no parecía entender porqué lo había hecho, se encogió de hombros e intentó explicarle sin palabras a Harry que eso era precisamente lo que todos pensaban.
-James, yo no sería peligrosa con vosotros. A no ser que quiera serlo.- El tono frío y amenazante en que lo había dicho les había helado la sangre, tenía la misma cara de odio y furia distante que había tenido en Grimmauld Place antes de matar a Kreacher.- Hoy tendrás las cosas difíciles, Harry, pero antes necesito tu capa de invisibilidad.
-Está en mi habitación- respondió el con firmeza procurando que no se notara que se le habían erizado todos los pelos del cuerpo.
-Yo tengo aquí la mía- Andrea y Harry miraron a James sorprendidos de que la tuviera en su mochila- Mejor no preguntéis.
Unos minutos después James y Harry pasaban tres veces por delante de la puerta del cuarto de los menesteres y entraban acompañados de Andrea que se cubría con la capa de invisibilidad. La sala se convirtió en una calle llena de objetos, algunas veces muggles, como coches o contenedores de basura y otras veces mágicas que lanzaban hechizos a diestro y siniestro, teniendo como objetivo siempre a alguno de los Potter. La finalidad de cambiar de escenario aquel día era encontrar un lugar donde Harry pudiera desarrollar sus poderes con más libertad y con más trabas, cosa que cada vez estaba más difícil en el aula en la que solían entrenar.
Tal y como le había advertido, Harry tuvo las cosas muy difíciles luchando contra un James muy entrenado y contra Andrea, que parecía irle la vida en acribillarle a maldiciones. Él tuvo que protegerse, atacar y por exigencias de Andrea, utilizar los elementos como única arma, lo que supuso al acabar la tarde, además de un gran cansancio, un control sobre ellos que no había tenido hasta ese momento.
-Bueno Harry, parece que lo hemos conseguido; aunque yo que tú no me confiaría mucho- Andrea se estaba curando una herida del brazo con uno de los muchos frascos que había traído de casa- Tú serás el siguiente.
-Eso espero- James se había tomado ya dos pociones revitalizantes pero ni por esas era capaz de levantarse del suelo donde los tres estaban sentados.- No me importaría meterle un rayo por el culo a un par de slytherins que yo me sé.
-Si yo estoy en lo cierto, tú no controlas los elementos, pero tampoco te diré lo que haces- le cortó antes de que pudiera emitir un sonido para preguntarle precisamente eso.
-Bueno yo me marcho. Tengo cosas interesantes que hacer con una pelirroja- James se puso de pie con dificultad, le dolían todos los músculos del cuerpo y estaba agotadísimo- Si no rindo tendrás que vértelas tú con ella.- le amenazó a Andrea.
-James, por favor, no me cuentes tu vida sexual.-le rogó Harry ahora totalmente tirado en el suelo.- James recogió su capa para marcharse de allí pero Harry moviendo tan solo el dedo índice se la quitó de las manos- ¿Cómo piensas que va a salir Andrea de aquí sin esa capa?
-Esto es un complot en mi contra ¿verdad?
-¡Lárgate!- exclamaron al mismo tiempo
Andrea y Harry se quedaron en la misma posición en la que estaban, con los ojos cerrados e intentando encontrar algo de tranquilidad y recuperarse de la paliza que se habían dado. Andrea alargó un poco la mano y empezó a acariciarle los mechones mojados por el sudor a Harry que se sorprendió un poco por la muestra de cariño, pero no la evitó, la miró acariciarle con los ojos todavía cerrados y con una profunda expresión de preocupación en el rostro.
-Cuéntame algo de tu vida.
-No hay mucho que contar que no haya salido ya en los periódicos. –le contestó Harry casualmente, después de haber asimilado que Andrea, la que le hacía la vida imposible cuando le entrenaba se estuviera interesando por él- Vivo con Remus, salgo con Ginny, soy el último heredero de Gryffindor y controlo los elementos. No está nada mal ¿verdad?- bromeó - ¡Y todo con diecisiete años!
-Yo hablaba en serio ¿Cómo fue tu vida con tus tíos?
-Eso es algo que ha quedado atrás- Harry había adoptado ahora un tono más serio- No fueron los mejores años de mi vida. Ahora llevo casi dos años sin verlos, yo me alegro, ellos se alegran…
-Pero tus años en el colegio tampoco han sido fáciles.
-No, claro que no, en primero un Voldemort en el cuerpo de Quirrel, en segundo un basilisco y el diario…
-Nunca pensé que ese diario llegaría a tus manos-Harry la miró sorprendido ella le hizo una sonrisa que más parecía la de una niña traviesa- No me mires así, yo sabía muchas cosas de Voldemort. Por eso estoy aquí ¿no?
-Si solo estuvieras para eso, ya te habrías ido.- Harry se sentó a su lado, apoyándose en la pared, tal y como ella estaba haciendo. Andrea le sonrió casi agradecida por el detalle de haber captado que él era importante aunque ella hubiese desaparecido de su vida- Sigo con mi historia. En tercero fueron los dementores, pero conocía a Remus y a Sirius y eso lo salvó todo y después regresó él, como si no hubiera tenido suficiente con el torneo de los tres magos. No sabes lo asqueroso que fue verle regresar, salir de aquel caldero…
-¿Sólo entonces te enfrentaste a mortífagos?
-Esa vez casi no me enfrenté a ninguno. Voldemort quería matarme personalmente, pero en el departamento de misterios sí que… Bueno es que allí fue donde…
-Déjalo. Ya lo sé.- Andrea le apretó la mano que él había tenido sobre sus rodilla y por un momento ella pareció aún más afectada que él- Yo le he echado mucho de menos ¿Sabes que compartimos piso cuando estudiábamos en la academia de aurores?
-No, no lo sabía- como siempre que había algo que le pusiese triste Harry lo camuflaba con un sonrisa que no siempre funcionaba. Andrea se percató de que aquello podía acabar mal así que siguió con su tema.
-¿Algún enfrentamiento más con mortífagos?
-Sólo el día que te atacaron en Hogsmeade y… bueno al principio de curso con algunos aprendices, pero no fue nada serio. Creo que el año pasado fue el único tranquilo de mi vida, Nicole me tuvo tan ocupado y tan protegido que no pude hacer nada "ilegal".
-¿Nicole… la nov…?
-La exnovia de Remus, sí ésa misma. Y ahora eres tú quien no debe poner esa cara. Yo sé muchas cosas de Remus- Harry sonrió al haberle pagado con la misma frase que ella le había dicho momentos antes.
Andrea estaba interesada de corazón en que él se sentara con ella y le contara cómo había sido su vida, le hubiera gustado poder tener aquella conversación en Grimmauld Place o paseando tranquilamente sin nada que temer, pero a parte de su interés en Harry, tenía cosas en la cabeza que nada tenían que ver con los sentimientos. Durante unos minutos los dos se sumieron en un silencio profundo. Andrea pasaba una y otra vez por su cabeza los inconvenientes de su plan y al mismo tiempo las ventajas que podría provocarles en aquella guerra, pero Harry no era un arma que pudiera comprarse en el mercado negro, era el hijo de sus mejores amigos y una persona por la que ella estaría dispuesta a dar la vida.
-Harry, yo creo que el entrenamiento ya se te ha quedado corto, tus poderes van más allá de enfrentarte a mí o a James en un aula vacía o incluso aquí. Si quieres hacerte más fuerte, necesitas otros retos- Harry asintió en silencio, ésa siempre había sido su opinión, pero no veía cómo podría encontrar esos retos sin escaparse en busca de aventurillas ilegales, como había venido haciendo hasta ahora- ¿tú te ves capacitado para volver a enfrentarte a los mortífagos?- A Harry la pregunta le pilló de sorpresa, se quedó callado mirándola, intentando sopesar cuál era la verdadera razón y si no se trataba de un nuevo truco- Quiero que nos ayudes en la guerra- a Harry se le subieron tanto las cejas que se le perdieron detrás del flequillo desordenado, intentó abrir la boca pero se dio cuenta de que no podía articular palabras. Era la primera vez que le proponían participar en aquella guerra de una forma tan directa, sin sobreprotecciones ni mentiras
-Yo… bueno… sí, supongo que sí- titubeó- quiero decir, claro que sí. Ya me has visto, los dos juntos no podéis vencerme y no he tenido que esforzarme al máximo, pero es que no me lo esperaba. ¿Dumbledore sabe esto?
-Sí que lo sabe y está de acuerdo aunque muy a su pesar. Harry, esto no va a ser fácil, y vas a tener que obedecerme en todo momento ¿entendido?- él asintió- no quiero que tengas miedo, yo… yo cuidaré de ti.
A Andrea le hubiera gustado demostrar más seguridad y no porque dudase de que dado el momento ella no fuese a estar allí para protegerlo, sino de que iban a estar en medio de una batalla y ella no era la misma en ese tipo de circunstancias, aunque quizá aquello sería lo mejor para la seguridad de Harry.
-Yo no tengo miedo- contestó con más sequedad de la que le hubiera gustado- Es sólo que no me esperaba que de la noche a la mañana dejaseis de tratarme como un niño de cristal. Dime cuándo es la próxima batalla y allí estaré.
-Va en serio, Harry, si me desobedeces, si te arriesgas más de lo necesario, vuelves a convertirte en el niño de cristal ¿me has entendido?
Esa misma noche mientras Sophie y Andrea estaban cenando solas y en silencio en Grimmauld Place, los miembros de la Orden del Fénix empezaron a invadir el salón, entre cuchicheos rápidos y órdenes nerviosas. Andrea pidió a su hija que subiera a la habitación y se dirigió, como el resto de personas que iban llegando, al salón. Ya estaban todos sentados alrededor de la gran mesa, donde se habían desplegado algunos mapas y donde cada uno intentaba exponer sus conocimientos de lo que estaba ocurriendo. Andrea se quedó apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados como si entrar supusiese formar parte de algo que no pertenecía a ella. Pasó la vista por los rostros, cansados y preocupados de los miembros de la Orden, en su mayoría demasiado jóvenes o demasiado mayores para el trabajo que realizaban y se detuvo de golpe al ver a Remus, junto a Ojoloco Moody estudiar, ajeno a todo, uno de los mapas. Era la primera vez que lo veía desde que se había marchado y dio gracias de estar apoyada en la puerta porque por un momento sintió que se le aflojaban todos los músculos del cuerpo y que no iba a ser capaz de permanecer allí.
-Eres bienvenida a esta mesa.- La voz de Dumbledore la sacó de su concentración en los movimientos de Remus y la devolvió a la realidad- Quizá quieras ayudarnos.
-Estoy bien aquí.- la negativa de Andrea fue bien acogida entre los miembros de la Orden, que no acababan de confiar en ella. Instintivamente, sintió que Remus la estaba mirando pero cuando giró la cabeza él había vuelto a concentrarse en sus mapas.
-Hace una hora que dos grupos de mortífagos están intentando atacar Gringotts- empezó Dumbledore por encima de los murmullos de la gente, que cesaron de inmediato- Han secuestrado a los duendes y les están obligando a abrir las cámaras. Ahora mismo está allí el departamento de aurores, pero los mortífagos están atacando a la población y el callejón Diagón se está convirtiendo en un auténtico campo de batalla.
-Deberíamos cercar el banco- un chico joven extendió un mapa y empezó a señalar en él con la varita las zonas en las que estaban los mortífagos y los aurores en tiempo real. A juzgar por sus apariencias y por la seguridad de su voz debía ser un experto en la materia porque todos le escucharon con atención- Si creamos un cerco alrededor de ellos podremos contener un ataque a la población y encerrarlos contra el Banco.
-¿Quién capitanea los grupos de mortífagos?- Andrea no había cambiado de postura y ni si quiera se había dignado a observar en la lejanía el plan del joven miembro de la Orden. Su pregunta llamó la atención de todos que observaron cómo se quedaba allí plantada como si aquella guerra no fuera con ella.
-Los Lestrange.- Fue Remus quien contestó a la pregunta, quedándose conectados por unos segundos en medio de un salón lleno de gente, pero que en ese instante estaba vacío.
-¿Puedo?-Dumbledore le dio permiso para dar su opinión tan sólo con un gesto de la mano. Andrea se acercó a la mesa y con un leve empujón poco cortés quitó al chico que acababa de hablar para colocarse cerca del mapa- Lo mejor es centrarnos en el grupo de Bellatrix, dejaremos que los aurores contengan a Rodolphus mientras nosotros desintegramos el comando de Bellatrix, si logramos acabar con ellos primero nos haremos con Gringotts.- Los demás la escuchaban atentamente pero en sus rostros podía verse el escepticismo y casi la desconfianza- Los mortífagos que estén bajo el mando de Bellatrix serán los más fieros y los más sangrientos, ella misma los elige y os aseguro que es muy difícil conseguir estar ahí, pero también es cierto que son los más anárquicos. Sólo quieren matar y no aceptan órdenes de nadie mientras están luchando.
-Yo no estoy de acuerdo con esa opción- protestó el chico colocándose bien las gafas en un gesto de enfado nervioso. Andrea le miró como si fuera un insecto en el parabrisas de su coche y el chico al ver eso intentó erguirse con solemnidad- Yo soy especialista en tácticas de ataque mágicas, titulado por el Ministerio.
-Mira, niñato, antes de que tú te hubieras puesto el sombrero seleccionador yo capitaneaba el bando ganador en la primera guerra, así que no me vengas con títulos de pacotilla porque no sabes nada de luchar.
-Ese es el problema, Markins,- exclamó otra chica demasiado joven como para haberse enfrentado a Andrea- que el bando ganador en la primera guerra era el de Voldemort.
-Ese es un asunto que ya quedó zanjado- La voz grave y autoritaria de Dumbledore acalló las protestas que empezaron a alzarse después de la acusación a Andrea, la cual las estaba soportando estoicamente.- Andrea, por favor, ¿te importaría continuar?
-Gracias. Si los que estamos aquí rodeamos la zona en la que se está moviendo el grupo de Bellatrix podremos acabar con ellos pronto, como ya he dicho son muy anárquicos, pero habrá que tener mucho cuidado porque les da igual todo. Mientras tanto, los aurores tienen que resistir defendiendo el banco del ataque del grupo de Rodolphus. Si lo consiguen en cuanto hayamos desintegrado al de Bellatrix nos uniremos a ellos. Es sencillo. Sólo hay que evitar caer en su trampa, ellos saben que somos pocos y que si nos dividen, nos vencerán. ¿No te enseñaron eso en tu curso de tácticas de ataque?- le preguntó con mordacidad al chico que aún permanecía a su lado pero antes de que pudiera contestarle Dumbledore evitó un nuevo enfrentamiento.
-Ya sabéis lo que tenéis que hacer, ahora por favor, hay un banco que defender.
La Orden empezó a marcharse del salón, pero Andrea no se movió de allí, tenía que hablar con Dumbledore porque todavía quedaba pendiente el asunto de Harry, por primera vez sintió el verdadero miedo que todo aquello le provocaba, ya no era teoría, era una lucha real y no estaba segura de querer arriesgarlo. El director se le acercó y no hizo falta que le dijera nada, en su intercambio de miradas quedó claro que los dos sentían el mismo miedo.
-¿Lo harás?
-Creo que preferiría dejarlo para la siguiente vez.- Andrea lo dijo dudando, casi esperando que Dumbledore le llevara la contraria para así tener algo que la obligara a cumplir con aquella carga, pero para su desgracia vio cómo el rostro del director se relajaba como si le hubiera dejado respirar después de un estrangulamiento.
-Sí, yo creo que será lo mejor.- los dos se sonrieron sabiéndose cómplices de un miedo común- Ahora tengo que marcharme al colegio. Buena suerte.
El director se marchó y Andrea se quedó allí, apoyada en respaldar de una de las sillas intentando encontrar la concentración suficiente para no flaquear aquella noche, porque esa vez Remus no estaría allí para salvarla de sí misma.
-Por un momento, me ha parecido verte como la asesina que siempre fuiste. – la voz siseante de Snape en su espalda no hizo más que acrecentar el vacío que había empezado a sentir precisamente por esa razón, porque se había vuelto a ver a sí misma dando órdenes en medio de una guerra. Intentó buscar palabras para callarle, pero no las encontró porque todo su ser le repetía que él tenía razón.
-¿Por qué no le haces un favor a la humanidad y te tiras del Big Ben?
-Lupin- Andrea y Snape se giraron igualmente sorprendidos para ver a Remus mirar a Snape con desprecio- Siempre defendiendo a tu damisela ¿no es cierto?
-Lárgate- fue la única respuesta que le dio Remus y hasta que Snape se hubo ido mantuvo con él un cruce de miradas rencorosas- Me ha parecido entender que vas a venir al callejón Diagón.
-Sí, así es.- le contestó ella sin ser capaz de mirarle a los ojos.
-No lo hagas- su voz se había vuelto más suave y más que una orden parecía un ruego desesperado- No te arriesgues de esa forma. Todos te quieren muerta, pero Bellatrix muy especialmente. ¿Por qué lo haces?
-Yo… te agradezco mucho la preocupación- irremediablemente se quedó tan dominada con sus ojos que le fue imposible dejar de mirarle y sólo le quedó sonreír agradecida- pero… cuantos más elimine hoy, menos se enfrentarán a él.
-¿A Harry?- Andrea asintió con un leve gesto de cabeza y Remus se resignó; en el fondo, él luchaba por lo mismo y cada mortífago que capturaba sabía que era un obstáculo menos para Harry.- Ten mucho cuidado.- Ella le sonrió antes de dirigirse a la puerta por donde ya salían los últimos miembros de la Orden. -¡Andy! ¿Qué tal has estado estos días?
-Bien, pero Sophie te echa de menos- Era cierto que la niña le estaba echando mucho de menos, pero mucho más que era ella quien esperaba verle entrar cada vez que escuchaba la puerta o un crack anunciando una aparición- ¿y tú?
-Bien, también. Esto… no te separes de mí en Gringotts.
Andrea tuvo que meterse las manos en los bolsillos para que no se diera cuenta de que le estaban temblando como hojas secas. Sintió que en ese momento se hubiera abrazado a él para que la librase de todos sus miedos, pero no lo hizo, lo único de lo que fue capaz fue de salir de allí con una sonrisa nerviosa.
Sophie se quedó en la puerta de la habitación de su madre observando cómo ella se preparaba sin darse cuenta de que su hija estaba allí. Andrea se colocó un cinto de cuero atado en la pierna donde puso la daga que le había dado Dumbledore, esa vez no habría licántropos pero plata o no una daga podía ser muy útil si se quedaba sin varita. Sophie abrió mucho los ojos, pero fue incapaz de decir nada cuando vio la hoja brillar y la resolución de su madre para guardársela, como si ésa no fuera la mujer estricta pero cariñosa que siempre había tenido cerca. Andrea se colocó la varita en las cintas también de cuero que llevaba en la mano izquierda, se acarició la marca tenebrosa, brillante, y pensó de forma reconfortante que al menos esa vez estaba en el bando correcto.
-¿A dónde vas?- Andrea se sobre saltó e intentó nerviosamente esconder la varita y la daga, pero fue inútil.
-Vete a la cama, Andy, yo tengo que irme ahora, pero estaré aquí muy pronto.
-Vas a luchar.- No era una pregunta, sino una afirmación tajante y decepcionada. Toda la vida pensando que las guerras no eran la solución y ahora su propia madre participaba en una.
-Cariño, tengo que hacerlo.- Andrea se puso a la altura de Sophie y le acarició la cara con suavidad- Tú no lo entiendes pero la gente a la que nos enfrentamos es muy peligrosa y puede acabar con todos, magos o no. No te preocupes por mí, yo siempre vuelvo.
-¿Qué no me preocupe? ¡Tú misma lo has dicho! Esto es un mundo en guerra ¿y ahora me dices que no me preocupe? La gente se muere en las guerras, mamá.
-No es la primera vez que participo en una y ya te he dicho que hoy voy a volver.
Sophie había dejado de escucharla, se había quedado hipnotizada con la daga que colgaba sobre la pierna de Andrea imaginando qué era lo que su madre podía hacer con aquello cuando nunca la había visto capaz de matar ni una mosca. Sin mirarla, le preguntó:
-¿Has matado alguna vez a alguien?
Andrea tardó demasiado tiempo en contestar la pregunta y la mente de una niña de once años que se había criado en un mundo en el que la guerra era algo que contaban en televisión y que siempre estaba mal visto no pudo hacer otra cosa más que sentir rechazo. Dio un paso atrás encogiéndose sobre sí misma y evitando que Andrea pudiera tocarla. Cuando fue capaz de hablar, la niña ya había salido corriendo por el pasillo y ella tenía una batalla que luchar, así que recopilando toda su sangre fría cerró los ojos y desapareció.
El callejón Diagón era un auténtico campo de batalla, cuando los miembros de la orden del Fénix aparecieron allí, la mitad de los comercios cercanos al banco estaban incendiados y la mayoría de la gente corría desquiciada de un lado a otro huyendo de maldiciones y hechizos que volaban por todas partes. La única iluminación provenía de las llamas de los edificios que estaban creando una espesa humareda que se mezclaba con la niebla londinense. Las órdenes estaban dadas y cada uno sabía lo que tenía que hacer. El comando de Bellatrix dominaba sin piedad en ese momento el flanco derecho del banco arrasando con todo lo que encontraran a su paso sin importarles que fueran cosas o personas, en los rostros de los mortífagos sólo se veía un odio psicópata que disfrutaba con cada una de las muertes que cargaba en su cuenta.
Los aurores se concentraron en la puerta y en el lado izquierdo del edificio, lo que supuso una ayuda en la maltrecha división en la que estaba luchando hasta que la orden del Fénix había llegado. Las cosas no se presentaban nada fáciles y casi no les había dado tiempo a tomar tierra cuando ya estaban gritando maldiciones o construyendo escudos para protegerse. Andrea no había sacado la varita de su brazo izquierdo cuando notó un tiró en el hombro.
-Quédate cerca.
Fueron las únicas palabras que Remus consiguió decir antes de enfrentarse a una banshee que amenazaba con destrozarle con uno de sus temidos alaridos. La mujer de aspecto horrendo, con el cabello desaliñado, el rostro cadavérico y los ojos muy rojos no había tenido tiempo de abrir la boca cuando cayó petrificada, fruto del hechizo de Remus, pero no hubo tiempo para relajarse, los mortífagos se acercaron y la auténtica batalla comenzó. Andrea volvió a sentir que todo aquello la engrandecía, que su poder aumentaba por encima de los gritos y el olor a muerte y dejó de pensar, consumida por su propio orgullo y poder. Ignorando una vez más la prohibición del Ministerio de usar las maldiciones imperdonables, Andrea acababa con cada mortífago que intentaba plantarle cara, a veces ni si quiera se fijaba en sus caras pero otras, veía en ellos el deseo de venganza, la intención de entregarle a su señor la cabeza de la traidora, incluso en algunas ocasiones los reconoció como antiguos aliados y eso sólo sirvió para aumentar su deseo de matarles; de acabar con ellos para acabar de aquella forma con su pasado, para matar la parte de sí misma que odiaba con tanta fuerza como les odiaba a ellos.
La Orden del Fénix cada vez tenía más acorralados a los mortífagos, algunos de ellos yacían en ese momento en el suelo malheridos, junto a los propios autores de sus lesiones que habían caído a manos de cualquier otro. Remus estaba luchando en ese momento con un mortífago al que no acertaba a reconocer con la máscara pero que le estaba prestando mucha resistencia, hacía tiempo que un grupo como aquel no hacía una operación de tamaña envergadura y tal y como había dicho Andrea, el grupo de Bellatrix no parecía tener piedad. Remus dio un paso atrás y tropezó con el cuerpo inerte de un hombre que mostraba en su rostro los restos de la maldición asesina. En su caída había perdido la varita y se había quedado a merced de su atacante.
-Avada…
Antes de que pudiera acabar con la maldición el mortífago tenía una daga clavada en la garganta, con tremendos esfuerzos por respirar cayó de rodillas e intentó arrancarse el arma del cuello pero se había quedado atrancada entre los huesos de la traquea. Remus miró atrás para ver de dónde había venido su salvación y encontró a Andrea andado directa hacia ellos, con la mirada fija en el mortífago. Pasó junto a Remus sin mirarle, pisoteando el cuerpo inerte del hombre muerto, como si no le importase lo más mínimo; había cinismo en sus ojos, soberbia y una arrogancia que rozaba límites peligrosos. Remus la observó asombrado, jamás se había enfrentado a ella y por suerte o por desgracia no había tenido que verla en aquel estado, tan perdida; ahora entendía porqué se aferraba a él como lo había hecho, por qué le había rogado que le necesitaba. Buscó instintivamente su varita y por primera vez en su vida sintió miedo de ella.
Andrea se puso delante del mortífago, aún enmascarado, y se regocijó relamiéndose de gusto, no porque fuera una muerte en defensa de Remus, perdía el interés y mucho más siendo quien era aquel mortífago. Cuando le arrancó la máscara todavía luchaba por capturar un poco de oxígeno y lo único que pudo verse fue una melena platina escondiéndole la cara. Andrea le tiró del pelo para quedarse cara a cara y unos ojos grises desorbitados la miraron con orgullo y odio a pesar de la situación en la que estaba.
-Encantada de volver a verte, Malfoy.- le susurró en el oído antes de sacar con fuerza su daga de la garganta del hombre que no tardó ni unos segundos en caer muerto.
Remus observó el cuerpo de Malfoy ensangrentado e inmóvil sobre la acera dejando un reguero rojizo que le pasó cerca de los pies. Andrea no se había quedado allí, ya no había nada más que hacer en aquel escenario y se había desplazado hacia la izquierda donde los últimos mortífagos prestaban una dura resistencia. Remus reaccionó cuando la vio luchar de nuevo, como si no acabase de hacer nada e intentó quitarse de la cabeza la sangre fría con la que había actuado.
Los últimos en caer del grupo de Bellatrix fueron un par de jóvenes arriesgados que habían estado a punto de matarse antes de dejarse capturar. Sabían que no habían podido dar con Bellatrix porque antes de que hubiese acabado se había retirado para ayudar al grupo de su marido; era como si hubiera sido capaz de darse cuenta cuál había sido la estrategia que la Orden había seguido, lo que tenía mucho que ver con que probablemente, si ella se hubiera visto en la misma situación, habría hecho lo mismo. Tal y como se había acordado, la Orden, una vez acabado el primer trabajo, se unió a los aurores para acabar con el resto de mortífagos que estaban ya todos dentro del banco intentando deshacerse de una vez de los aurores para llevarse las bolsas de galeones que ya habían conseguido robar de las cámaras.
Los efectivos se habían multiplicado y los aurores agradecieron la llegada de más ayuda, pero la cosa no se iba a presentar nada fácil, las maldiciones seguían volando a un lado y a otro y costaba distinguir en un sitio tan pequeño quiénes eran de un bando y quiénes eran de otro. Por suerte para Andrea los aurores estaban tan ocupados salvando el banco que no se habían fijado en su presencia, y antes de que alguno de los mortífagos pudiera gritar su nombre ella se encargaba de callarlo, en el mejor de los casos con un "silencio", pero en la mayoría ninguno había corrido mejor suerte que Malfoy. En ese momento, Andrea estaba luchando con un mortífago que no había podido reconocer, pero que le estaba plantando cara, había conseguido alcanzarla en dos ocasiones haciéndole algunas heridas superficiales en los brazos y eso sólo había conseguido aumentar su odio y en cada maldición que el mortífago esquivaba lanzaba un grito desgarrador con el que intentaba descargar su impotencia. Aquello se había convertido en una cuestión personal y Andrea no pensaba dejarle escapar con la satisfacción de que siendo un novato había hecho frente a la famosa Markins; cegada por la furia y la soberbia consiguió encontrar un punto débil en el muchacho para acabar con su vida con la rapidez que se pronunciaba la maldición asesina, pero su tensión no se acababa ahí, quería más, quería volver a sentir que podía dominarlo todo, infundir el miedo que siempre había traído su nombre. Dio un paso atrás y sintió una nueva víctima, se giró con la varita en alto, dispuesta a acabar con él antes de que pudiera reaccionar, pero la sorpresa se la llevó ella.
Remus había sentido también chocar con alguien por la espalda y se giró con tiempo suficiente para reconocer a Andrea, aunque algo le dijo que ésa no era ella, su mirada era completamente diferente y sus ojos parecían haberse oscurecido aún más. Ella estaba en ese momento delante de él con la varita a escasos centímetros de su cara y parecía dispuesta a pronunciar nuevamente la maldición asesina, pero Andrea se había quedado paralizada, como si de repente hubiera despertado de una hipnosis y todo lo que estaba a su alrededor fuera una alucinación. La respiración se le aceleró como si estuviese a punto de sufrir un infarto y empezó a temblar convulsivamente hasta que la varita se le cayó de las manos. No era capaz de hacer otra cosa más que mirar a Remus, que por primera vez en su vida no la había mirado con cariño, sino con miedo. La idea de que había estado a punto de matarle, de que se había dejado llevar, la sumió en un estado de conmoción tal que no fue capaz de hacer ningún movimiento excepto los temblores que la estaba dominando.
No hubo tiempo para reaccionar cuando Remus se había lanzado sobre ella abrazándola para protegerla de una maldición que había estado a punto de alcanzarla; con el impulso ambos habían perdido el equilibrio y habían quedado tirados en el suelo. Remus había caído sobre ella y se había quedado en aquella postura como si de esa forma pudiese protegerla de todo lo que la estaba trastornando, como si rodeándola con su esencia pudiera ofrecerle el remanso de paz que siempre había sido para ella. Había visto el miedo en sus ojos, el miedo a ella misma, a lo que era capaz de hacer y cambió su propio miedo por compasión y por instinto de protección.
-Lo… no sé qué pasó… lo siento…
Alrededor de ellos se estaban matando, estaban luchando por no perder una pieza más en aquella horrible partida en la que estaban obligados a vivir, pero Remus le acarició la cara suavemente, una y otra vez, hasta que ella se rindió como un gato que se acostumbra al tacto de su dueño.
-No deberías hacer esto. He estado a punto de matarte.
-Pero no lo has hecho.
-Remus, esto es tan horrible…
Remus le puso las dos manos a ambos lados de la cara e hizo un amago de sonrisa que a ella le valió de poco. Había conseguido sacarla del extraño mundo paralelo al que la magia negra la llevaba, pero eso no significaba que pudiera arrancarle el sentimiento de culpa.
-Piensa en mí.
Las palabras que tanto le había repetido antes de meterse en el papel de Sophie Markins, a las que se había aferrado tantas y tantas veces para no sucumbir volvieron a resonar como una dulce melodía que la tranquilizaba como una nana a un recién nacido. Vio sus labios tan cerca que sintió la necesidad de que la besara, de que le repitiera una vez más ese "piensa en mí" con su voz tranquila y protectora
-¡Qué escena más conmovedora!
Al ver a Nicole apuntando con su varita a Andrea, los dos intentaron reaccionar pero Nicole le había pisado la muñeca a Andrea con tanta fuerza que a penas podía pensar en otra cosa que en el dolor que estaba sintiendo. Más que con odio sus ojos les estaban mirando con asco y antes de ordenar a Remus que se levantara se permitió el lujo de lanzarle una mirada de repulsión y rencor.
-Nic, por favor, este no es el momento.
-Una vez te dije que no me dirigieras la palabra ¿ya se te ha olvidado?- Nicole ni si quiera miró a Remus, estaba concentrada en ese momento en Andrea y en cualquier movimiento con el que pudiera sorprenderla- Lárgate de aquí, esto no es asunto tuyo.-Remus no se movió e intentó replicarle pero Nicole no le dejó- Tú, coge tu varita y ponte en guardia; no quiero matarte como si fueras un perro.
Andrea hizo lo que le había dicho y se soltó de Remus con un tiró rabioso cuando éste intentó detenerla. Las dos mujeres se habían puesto frente a frente, como una vez habían estado, y como ésa vez, Remus se metió en medio para intentar poner paz entre ellas.
-Si no quieres que te mate a ti también, lárgate de aquí ¿o es que ahora necesita protección?
-Es a ti a quien está protegiendo.- le contestó Andrea hablándole por encima del hombro de Remus, que seguía haciendo intentos vanos por parar aquello. A pesar de que había hablado con determinación parecía haber perdido el delirio inhumano que antes la había gobernado, como si ahora fuese más ella, tan dura y tan fría como había sido toda la vida, pero sin dejarse gobernar por nada- Podría matarte si quisiera, ya te dije que me bastarían dos palabras para no tener que volver a escucharte.
-Andy, por favor, pon tú cordura en esto.
Andrea le miró a los ojos sin ningún tipo de expresión, sabía que lo único que evitaba en ese momento que Nicole la atacase era que su cuerpo estaba entre el suyo y el de la auror. Sin cambiar el gesto miró por encima del hombro y alzó la varita tan rápido que Remus no pudo pararla.
-Avada Kedavra.
El rostro de Remus se desencajó sorprendido y decepcionado, con miedo a darse la vuelta para no encontrarse una imagen que ya se había materializado en su mente en cuanto las palabras de Andrea habían salido de su boca. Ella no se había inmutado, seguía allí parada, mirándo por encima de su hombro a donde un instante antes debía haber estado Nicole. Andrea se fijó en él después de haber estado un larguísimo minuto concentrada en aquel punto en su espalda y sólo pudo encontrarse con la decepción y la desilusión que se había apoderado de él. Andrea se lo quitó de en medio con un leve empujón al que él no se resistió, demasiado abatido como para prestar resistencia.
-Es la segunda vez que te salvo la vida. Tenlo en cuenta la próxima vez que quieras matarme.
Remus levantó la cabeza sorprendido por las palabras de Andrea, pero su asombro fue aún mayor cuando vio a Nicole de pie y perfectamente sana, aunque conmocionada, apretar su varita con fuerza mientras Andrea se alejaba de ella dejándola con aquella deuda que ella le había impuesto. Detrás de Nicole yacía el cuerpo de un mortífago que aún aferraba la varita en la mano y que debía ser la amenaza de la que Andrea decía haberla salvado. Cuando se acercó a Nicole para comprobar que estaba realmente bien, ésta no le dejó que la tocara, encogiéndose sobre sí misma, dio un paso atrás y le miró con rencor y casi con vergüenza. Remus al ver que lo tenía todo perdido con ella salió corriendo detrás de Andrea, que se alejaba del grupo central que estaba luchando en ese momento.
-¿A dónde crees que vas?- la agarró del brazó en medio de la carrera y tuvo que evitar el golpe que ella intentó darle confundiéndole con un atacante.
-Déjame en paz, Remus. Tengo asuntos que tratar.
A apenas diez metros Bellatrix estaba luchando en ese momento con dos aurores muy fornidos que no le estaban suponiendo una auténtica amenaza a juzgar por sus risas de burla cuando esquivaba algún hechizo.
-Déjala. No busques más problemas, Andy, estamos a punto de acabar aquí. Vete a casa.
-Ésa pagará todo lo que ha hecho.- intentó zafarse de las manos de Remus, pero él no estaba dispuesto a verla enfrentarse a Bellatrix, por muy de acuerdo que estuviera en que tenía muchas cosas que pagar.
-Por favor, no luches con ella. Hazlo por mí.
Él la había salvado de aquello, siempre lo hacía; y lo mínimo con lo que podía compensarle era no buscando más problemas, pero su cuenta con Bellatrix seguía pendiente y no iba a perdonarla. Chasqueó la lengua y se alejó de allí chocando con Remus, no le gustaba hacerle caso, pero sabía que se lo debía.
La batalla ya estaba ganada; lo aurores y los miembros de la orden estaban recuperando el dinero y terminando de capturar a los mortífagos que no habían huido ni muerto. Andrea se alejó de allí, ahora que la batalla había terminado había más posibilidades de que se fijaran en ella, pero tampoco quería volver a casa, no aún, era como si necesitara mantenerse todavía ahí, como si tuviera miedo de volver a casa y que Sophie volviera a mirarla como lo había hecho, como también lo había hecho Remus, aunque con la diferencia de que él siempre acababa entendiéndola y Sophie era sólo una niña.
-Serías un regalo perfecto ¿sabes?- Andrea sintió que alguien la abrazaba por la espalda con demasiada fuerza inmovilizándola. Sintió el aliento de Rodolphus Lestrange en su cuello siseándole aquellas palabras y se tensó como una roca, intentó buscar su varita pero se le había caído cuando el hombre la había agarrado, tampoco pudo llegar hasta su daga y por primera vez en aquella noche empezó a sentir miedo de algo que no era ella misma. – No sé quién preferiría más matarte lentamente, si Bella o el Señor Oscuro.
-¿Acaso tú no eres capaz de hacerlo? ¿Sigues viviendo a las faldas de tu mujercita?- sabía que estaba en situación de desventaja y que a pesar de sus intentos por escaparse no podía, pero no iba a suplicarle, simplemente no podía.- Si eres un hombre suéltame y lucha conmigo.
Lestrange bajó una de sus manos por la pierna de Andrea hasta quitarle la daga que tenía guardada en su funda de cuero y la soltó, pero antes de empujarla para ponerla frente a él le clavó la daga en un costado. Andrea gritó de dolor y cayó de rodillas; sabía que su única salida en aquellas condiciones era huir, recogió su varita del suelo y desapareció de allí con tremendo esfuerzo para aparecerse en su habitación en Grimmauld Place.
Tuvo que morderse los labios para no volver a gritar al arrancarse la daga del costado. Se metió la mano dentro de la camisa y la sacó totalmente ensangrentada, pero no podía ir a San Mungo, ni quería avisar a nadie de aquello. Extrañamente ese dolor insoportable era gratificante, como si sufriéndolo compensara todo el que ella había provocado. Con pasos torpes consiguió llegar al baño, dejando todo el suelo de madera lleno de sangre y allí empezó a curarse. Las pociones cicatrizantes dolían y no estaban haciendo el efecto suficiente, aunque al menos consiguió que la hemorragia remitiese y pudo vendarse.
