CAPÍTULO 44: VOY A ESTAR CONTIGO.
El colegio se había despertado sin la más mínima idea de lo que la noche anterior había ocurrido en el callejón Diagón. Ya estaban acostumbrados a que su única fuente de información fuese el periódico de la mañana o el boca a boca que se propagaba rápidamente, pero esa mañana los chicos de Gryffindor bajaban a desayunar sin saber nada de lo que había ocurrido. Iban por el pasillo del segundo piso charlando tranquilamente de las clases que tendrían y de cosas sin mucho sentido, aunque Harry iba ausente a todo, agarrado de la mano de Ginny pero sin prestar atención a nada que no fuera su última conversación con Andrea y en cómo se lo contaría a sus amigos, especialmente a Ginny.
-¡¡Maldita hija de puta!!- los gritos sacaron a Harry de su ensoñación y se giró para ver a Draco empujar a Andrea contra la pared. Había sido tan rápido que nadie se había percatado de lo que iba a ocurrir y ahora Andrea estaba forcejeando sin tener la más mínima idea de porqué se veía en esa situación.
En cuanto hubieron reaccionado Remus y Sirius que eran los que estaban más cerca se apresuraron en separarlos, pero Draco estaba completamente desquiciado, tenía la mirada perdida y desprendía odio por todos los poros de su cuerpo.
-¡Voy a matarte, cabrona! Te acordarás de mí.
-Si la tocas, el muerto serás tú.- Remus había sacado esa agresividad protectora que solía tener tan escondida y que salía sólo cuando alguien que quería era atacado.
-Suéltame, licántropo asqueroso.-No vio venir el puñetazo que Sirius le había dado por insultar a Remus, pasaba que pudiera perder los nervios por algo que aún no sabía o que intentase atacar a Andrea, pero no estaba dispuesto a que ningún niño bonito viniese a insultar a su amigo.
-Soltadle- Andrea se había colocado bien la ropa y había sacado su varita- He dicho que lo soltéis- miró intensamente a Remus y a Sirius que habían ignorado su orden.- ¿Quieres matarme? Pues si eres tan valiente, enfréntate a mí como un hombre.
Harry no estaba muy seguro de que aquello fuera una buena idea, intentó decirle algo, pero ella se había puesto muy seria y miraba a Draco con frialdad. Sirius hizo caso a Andrea y quitó a Remus de allí, que aunque reticente, acabó poniéndose junto a su novia. En el pasillo no había nadie más que ellos, agolpados detrás de Andrea y pensándose mucho si dejarla actuar sola o no, y Malfoy, que extrañamente había dejado a un lado a sus mastodónticos amigos y había ido solo.
-Está bien, zorra. Solos tú y yo. Te vas a arrepentir de lo que has hecho.
Por un momento nadie se movió, contuvieron la respiración en vista del duelo inminente. Tanto uno como otro parecían decididos a no dejarse ganar, pero la duda de todos era por qué Malfoy quería atacar precisamente a Andrea, si hubiera sido a Harry habría sido comprensible dentro de las dudas del porqué, pero hasta ese momento nunca había tenido ningún altercado con ella.
-¡A la mierda!- Remus se olvidó de cualquier cosa que Andrea pudiera haberle dicho, de la regla de oro que tenían de respetar siempre al que tuviera que enfrentarse a un duelo, no estaba dispuesto a ver cómo nadie la atacaba mientras él se quedaba de brazos cruzados viendo el espectáculo. Empujó a Draco contra la pared del pasillo y evitó que pudiera hacer ningún movimiento con la mano con la que sostenía la varita.- Te lo dije antes, tócala y estás muerto.
-¿Qué se siente al tirarse a una asesina, licántropo?- Malfoy había sido siempre soberbio por naturaleza pero en ese momento se estaba superando incluso a sí mismo, miró a Remus con asco y escupió la palabra asesina con saña. La sorpresa que recorrió a todo el grupo al escucharle, Andrea incluida, no afectó a Remus, que cegado en ese momento sólo apretó más la mano con la que aprisionaba el cuello de Malfoy- La zorra de tu novia mató ayer a mi padre.
Con la mano que tenía libre sacó el periódico del bolsillo y se lo puso a Remus en la cara, éste al ver que el titular decía "Lucius Malfoy muerto ayer en Gringotts" se olvidó de Draco y cogió en seguida el periódico. Andrea se había quedado completamente paralizada con la noticia, obviamente sabía que no había sido ella, sino esa versión adulta de sí misma que no le caía nada bien, pero no importaba, era casi peor, ver una película de tu propio futuro en el que te digan que te has convertido en una asesina.
Malfoy sólo quería una cosa esa mañana, tenía que haber ido al despacho de Snape donde seguramente le hubieran dado la noticia, pero tenía planes para el desayuno y se había saltado la llamada del profesor, a cambio había tenido que enterarse de la muerte de su padre por el diario El Profeta y por una carta de su tía Bellatrix en la que le decía que la asesina había sido Markins. Después de eso su única meta había sido encontrarla y hacerle pagar lo que había hecho, así que vio su oportunidad en el momento de confusión, apuntó a Andrea, que a diferencia de los demás se había quedado paralizada, sin importarle lo más mínimo lo que dijera aquel periódico, pero antes de que hubiera pronunciado el hechizo, Harry, que no se había confiado porque conocía bastante bien al que había sido toda la vida su Némesis en el colegio, movió la mano y la varita de Malfoy salió volando, él se estrelló contra la pared y antes de que pudiera dar un paso, Harry hizo aparecer una barrera de fuego a su alrededor, dejándolo atrapado entre el fuego y la pared.
-Pero mira que estás mono ahí atrapadito. – se rió con sarcasmo- si tienes calor podría buscarte un abanico.
-Potter, sácame de aquí. Juro por mi padre que acabaré contigo y con la… la… ¡¡auch!! – en su intento de señalar a Andrea se había quemado con el fuego, lo que había aumentado su odio y ahora temblaba de ira- os mataré a los dos. Lo juro.
Harry asintió la cabeza como se le da la razón a los niños y le quitó el periódico a Remus. Empezó a ojearlo, leyendo en voz alta algunos trozos conforme iba buscando algo de interés.
-Anoche hubo un ataque masivo en Gringotts.- Al leerlo se quedó parado un momento, si había habido un ataque ¿por qué nadie le había avisado? Estaba seguro que una sobreprotección tenía que estar detrás de todo aquello y ya empezaba a estar harto, sobretodo después de que Andrea le dijera que no le trataría como a un niño- Lucius Malfoy encontrado muerto con una herida en la garganta… varios aurores muertos… dinero recuperado… ¡¡Aquí no dice nada de que haya sido Andrea!!
-Me lo ha dicho Bellatrix.
-Perdona por poner a tu tía en duda, pero no es una persona que se merezca mi confianza- le respondió Harry con insolencia- A fin de cuentas no deja de ser una asesina un poco desquiciada.
-¿Qué está ocurriendo aquí?- la voz de Snape resonó en el pasillo vacío justo antes de que Malfoy saltara en defensa de su tía- Señor Malfoy, ¿Qué está haciendo ahí?
-Harry, ¿Tienes tú algo que ver en esto?- Dumbledore venía con el profesor Snape y se había quedado asombrado viendo lo que Harry había hecho, pero su tono amable no encontró una respuesta similar.
-Es posible.- contestó simplemente Harry con descaro. Ginny le apretó la mano para que controlase su carácter delante del director, pero él estaba enfadado con él, con él y con Andrea por haberle ocultado que había un ataque y haberle dejado de nuevo entre algodones.
El director ignoró la contestación de Harry, se fijó en el fuego que Snape estaba intentando apagar, sin mucho éxito debido a que cada vez que movía su varita Harry hacía algo para que su fuego se reavivase. Dumbledore se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y con un ligero movimiento de su varita una enorme nube negra empezó a descargar agua sobre el fuego.
-¿Sabe profesor? No debería hacer usted eso- Harry pasó la mano por delante de la lluvia y la cárcel de fuego de Malfoy se convirtió en una prisión de hielo que dejó al director y a todos los demás completamente asombrado- Este… gilipollas ha intentado atacar a Andrea.
-Mató a mi padre.
-Malfoy, por favor, y usted, Potter, no sea atrevido y saque ahora mismo al señor Malfoy de ahí- rugió Snape, pero Harry no le hizo ningún caso.- Profesor Dumbledore, este niño insolente está poniendo en tela de juicio nuestra autoridad en este colegio.
-¿Pero de qué autoridad hablas?- se mofó James.- Tú no tienes autoridad ni para cuidar una mofeta.
-No te pases.
-No, no te pases tú.- le contestó enfadado- ningún tío con tanta grasa en el pelo llama insolente a mi … a Harry.
-¡¡Silencio!!- la voz de Dumbledore sonó de forma atronadora y nadie se atrevió a decir una palabra más. Sólo Harry parecía algo ajeno a su autoridad y miraba a su padre con una sonrisa encubierta, había estado a punto de llamarle hijo y eso era toda una proeza en él. Con un movimiento de su varita, Dumbledore liberó a Malfoy, sin que Harry volviera a presentarle oposición- Tú- señaló a Harry- te quiero esta tarde en mi despacho y no se te ocurra llevarme la contraria, los demás bajen a desayunar o llegarán tarde a clase y usted señor Malfoy, vaya con el profesor Snape, pero tenga muy claro algo: la señorita Markins no ha matado a nadie, no ha salido de este colegio y en todo caso usted no tiene derecho a atacarla o podría ser expulsado.
-No me va a expulsar ningún viejo arrugado que piensa que puede acabar con el señor Oscuro. Mañana yo no estaré en este colegio de mierda.
El camino al comedor fue silencioso y mucho más el desayuno. Harry parecía querer estudiarse el diario y examinaba cada hecho que relataba sumiéndose cada vez más en un enfado que le estaba haciendo ya tener un pequeño tic en la cara. No comió nada e ignoró completamente cualquier gesto de Ginny, que al darse cuenta de que no había manera de calmarle, aun sin saber el porqué, prefirió dejarlo para que se le pasara. Al otro lado de la mesa, Andrea estaba sentada entre Remus y Lily y tampoco ella hacía caso de las llamadas de atención cariñosas que ellos podían hacerle, se había sumido en un estado de shock, en el que sólo podía repetirse una y otra vez la cara de odio de Malfoy diciendo que ella había sido la causante de la muerte de su padre. Otra vez se repitió en su cabeza la expresión de aquella adulta que decía ser ella matando a Kreacher sin piedad. Podía ser cierto que la magia negra la consumiera, pero se negaba a creer que su futuro sería el de una asesina.
Harry tiró el periódico conforme iba andando por el pasillo, sin percatarse de nada de lo que ocurría a su alrededor excepto de las palabras que quería decirle a Andrea en cuanto la viera, por haberle dejado al margen, como si ya no tuviera suficientes cavilaciones ahora se sumaba una más, pero estaba dispuesto a dejar las cosas muy claras. Le dio un beso mecánico a Ginny que podría haber jurado no haberlo hecho porque a penas era consciente de sus movimientos y cuando fue a entrar en clase de encantamientos se chocó con Andrea, que estaba apoyada en la pared, con Remus a su lado intentando hacerla volver con poco éxito.
-¿Estás bien?- a Harry se le pasó el enfado de repente, podía ver la desilusión en su rostro, pero sobre todo el miedo – Andrea, ¿estás bien?
-Está así desde que Malfoy dijo lo de su padre- le explicó Remus, derrotado, al ver que ella no contestaba.
-Andrea, escúchame, te conozco, no a ti, sino a tu versión adulta, he tratado contigo cada tarde en el último mes y te aseguro que si lo hizo, que si cogió una varita y se fue a luchar es porque no quedaba otro remedio. Lucius Malfoy no era ningún ángel, y ella debió tener una buena razón para hacerlo.
-No hay razones para matar a otra persona.- contestó con la voz ronca después de un momento de reflexión.
-Te sorprendería saber lo que una guerra puede cambiar a una persona. Tú no eres la única que mata mortífagos. Aprenderás que es tu vida o la de la gente a la que quieres.
Ésa era una lección que Harry había terminado aprendiendo a base de golpes y que se repetía cuando más oscuras veía las cosas. Tenía que llegar al final del laberinto, algo así como había ocurrido en el torneo de los tres magos, y el premio volvería a ser encontrarse con Voldemort cara a cara, pero esta vez, no saldría huyendo, aunque eso le costase la vida.
Harry entró en el despacho de Dumbledore cuando Andrea ya estaba allí. El director estaba examinando unos papeles y Andrea miraba por la ventana, algo más erguida de lo normal debido a la herida que le habían producido la noche anterior. Tanto uno como otro ignoraron el portazo de Harry y el hecho de que se sentara sin ni si quiera saludar y con poco decoro en una de las sillas que ya se había acostumbrado a ocupar.
-Deberías mostrar más respeto- le regañó Andrea, sentándose con extremado cuidado en la butaca de al lado. Dumbledore, levantó las cejas en señal de sorpresa, porque precisamente ella no era la más respetuosa de las brujas con él.
-Buenas tardes, profesor. Buenas tardes, Andrea- soltó con retintín.
-En vista de que no estás de humor voy a ir al grano- el director se colocó bien las gafas con parsimonia y dejó su pluma perfectamente colocada en el tintero, lo que desesperó a Andrea y Harry que no eran tan dados para el orden.- Has sido un inconsciente utilizando tus poderes a la ligera esta mañana, no puedes mostrarte tan abiertamente delante de la gente, especialmente del señor Malfoy que irá directo a contárselo a Bellatrix. Sobretodo ahora que ha abandonado el colegio.
-Eso es una gran noticia.- respondió Harry como si lo único que le hubiera dicho es que Malfoy se marchaba- pero no iba a permitir que hiciera nada a Andrea.- Andrea, sentada a su lado, lo miró sorprendida- No a ti, sino a la que está en mi clase, una pena que ella tenga que pagar los platos de lo que tú haces. Claro que no lamento, en absoluto, que matases a Malfoy, tenía cuentas pendientes con él.
-Estás siendo un insolente ¿lo sabes?- le reclamó Andrea con frialdad.
-¿Y qué? Me lo puedo permitir. ¿no? Los niños suelen ser insolentes y como vosotros pensáis que yo soy un crío, pues me comporto como eso.
-¿De qué estás hablando? – la subida de tono hizo que la herida del costado le doliera más y tuvo que hacer esfuerzos para que no lo notaran- Yo, precisamente, no te he tratado nunca como un niño. Aunque debería empezar a hacerlo.
-Si no fueras como los demás, que pretenden siempre protegerme como si fuera de cristal, anoche me habrías avisado para ir a Gringotts y no habría muerto tanta gente.
-No era necesario que fueras- intervino Dumbledore- El ataque no tuvo la magnitud suficiente como para arriesgarnos a mostrarte.
-Yo no soy ningún arma de última generación- le contestó fríamente y por primera vez en esa tarde pareció un completo adulto. Se le habían bajado los humos y aunque absolutamente distante, siguió hablando más calmado- No podéis tratarme como si fuera un arma secreta, yo sé que tengo poder suficiente como para ayudar en esta guerra, y además necesito luchar de verdad. ¿no es así, Andrea?
-Sí, así es, pero tendrás que entender que para nosotros no es fácil, Harry. No eres un arma de guerra, eres una persona que, por desgracia para nosotros, nos importa demasiado. Deberías estar agradecido de que nos duela ponerte en peligro.
Harry volvió a sentarse, en silencio, reflexionando sobre esas palabras y lo que en el fondo significaban para él. La gente se había pasado la vida preocupándose por él, poniéndose en el camino de su destino para salvarle del mismo sin dejar que él se enfrentara cara a cara y ahora esas palabras sólo le recordaban dos cosas, el sacrificio de sus padres y el de Sirius; así que lo único que tenía claro en ese momento es que no estaba dispuesto a aumentar la lista.
-Entiendo vuestra postura, no la comparto, pero puedo entenderla. Ahora entended vosotros la mía. Ya no soy un niño y he demostrado que tengo mucho poder, mi destino es enfrentarme a Voldemort y no quiero que nadie más se vuelva a poner en medio para salvarme. No quiero protecciones, ni sacrificios.
A Dumbledore le costó asentir, pero sabía que en el fondo tenía toda la razón y todo el derecho a enfadarse, pero Andrea no dijo nada ni hizo ningún movimiento que pudiese dar a entender su consentimiento en aquella condición. Ella tenía muy claro cuál sería el final de la historia y no estaba dispuesta a dejar que el sacrificio de sus mejores amigos fuera en vano, aunque eso supusiese su propia muerte.
-Si me perdonáis, me gustaría mucho pasar la tarde con Sophie. Es su cumpleaños y desde ayer no se digna a mirarme.- Andrea se puso de pie para marcharse por la chimenea, pero Dumbledore no la dejó.
-Es un bonito propósito pero a James le encantaría descubrir su poder, así que si no te importa, en época de guerra las obligaciones son lo primero.
Inconscientemente Andrea se tocó el costado donde tenía la herida. Su excusa, además de ser una completa verdad, estaba encaminada a darle tiempo a su herida para curar sin que nadie se percatara de ella, pero si ahora se negaba, Dumbledore podría olerse que algo estaba ocurriendo, así que tanto ella como Harry se despidieron y se marcharon por un pasadizo hasta la sala donde habitualmente entrenaban. Para descubrir el poder de James no haría falta la sala de los menesteres.
Mientras Harry tenía su pequeña charla con Dumbledore y Andrea, Sirius tenía una cita con Patricia. Había quedado con ella en el lago para sacarla un poco de su incesante hábito de estudiar y de camino hasta allí se dio cuenta de que quizá pronto ni si quiera recordaría sentir aquello que estaba sintiendo. Sus oscuros pensamientos se evaporaron en cuanto la vieron, descalza en la orilla del lago, mojándose los pies y salpicando. Se acercó a ella sigilosamente y la abrazó por la espalda repentinamente. Del susto, Patricia estuvo a punto de caer en el agua, pero al final él consiguió mantener el equilibrio por los dos.
-Estás guapa cuando te asustas.
-Gracias, pero no vuelvas a intentarlo.- Patricia se sentó en el suelo para ponerse los zapatos y Sirius se arrodilló a su lado, empezó a darle pequeños besos por el cuello que la hacían reír y estremecerse un poco, hasta que los dos se olvidaron de los zapatos y quedaron tumbados en el suelo besándose.- Vienes con fuerza- bromeó Patricia una de las veces que pararon.- Pero tenemos mucho público.
Sirius se dio cuenta de que a esas alturas de la primavera eran muchos los alumnos que salían a pasear por los terrenos y mucho más cerca del lago donde la temperatura era más fresca, así que se levantó y ayudó a Patricia a hacer lo mismo.
-¿Qué es eso?- junto a la mochila de Patricia había un balón de fútbol que para Sirius bien podía ser una quaffle pintada de blanco.
-Es de Mary, mi compañera de habitación, es un balón de fútbol- le explicó ella- Es como el quidditch para los muggles.- Sirius puso cara de interesarle- se juega con los pies, sólo con los pies, y hay que meter la pelota entre tres palos.
-¿Sin escobas?
-Claro, se hace así.- Patricia empezó a correr con la pelota entre los pies, alrededor de Sirius, tentándole para que se la quitara, pero ella llevaba mucho tiempo jugando al fútbol con sus hermanos o con sus amigos como para que vinieran un novato a desbancarla. – Oh, vamos, Anthony, intenta quitármela.
-Tú dame una escoba y un bate y te haré maravillas, pero sólo con los pies. ¡Qué juego más estúpido!
-¿No te atreves?- la duda sobre su osadía levantó su interés y en seguida empezó a picarse con aquel juego, así que pasaron un rato corriendo el uno detrás del otro con los ojos fijos en el balón. – Esto es mucho más cansado que el quidditch.- se quejó al cabo de un rato, sin aliento.
-Está bien, si metes la pelota entre aquellos dos árboles ganas y si lo hago yo, pues gano yo.
A Patricia no le costó mucho ganar a un desentrenado Sirius, así que en cuanto consiguió marcar el tanto, empezó a gritarle "Gooool, goooool"
-Me has ganado, ¡Premio para la señorita!- los dos estaban sudados, pero eso tenía más morbo, la abrazó por la cintura y le dio un beso mientras ella se seguía jactando de su victoria- ¿Qué premio quieres?
-Y si…- una mirada peligrosa cruzó su cara- tú y yo nos vamos de aquí a un sitio más tranquilo y acabamos lo que llevamos dejando pendiente mucho tiempo.
La primera reacción de Sirius fue esbozar una sonrisa tonta, pensando en cómo podían acabar, pero algo le dijo que no quería hacerlo, inexplicablemente era incapaz de acostarse con Patricia incluso aunque ella se lo estuviese poniendo en bandeja.
-Es que dentro de un rato tengo un compromiso, una fiestecilla, y no quiero que nuestra primera vez sea una cosa rápida.
Sirius podía ser como regla general un auténtico dejado para las cosas románticas y Patricia, acostumbraba a representar el antirromanticismo pero eso no significaba que en esas contadas ocasiones en las que Sirius apelara a los sentimientos ella no se estremeciese.
-¿Y yo no puedo ir a esa fiesta?
-Lo siento, pero no. Ojalá pudieras.
-¿Sabes? a veces creo que hay una parte de tu vida a la que no me dejas entrar
-Todo el mundo tiene sus secretos- le contestó él forzando una sonrisa, porque si había algo que le doliera de todo aquello era estar mintiéndole a ella y a él mismo sobre aquello. Ella estaba saliendo con Anthony Barker, un chico recién llegado de Estados Unidos, lo cual no tenía ni punto de comparación con su verdadera historia.
-Yo no.- fueron dos palabras pero a Sirius le supusieron una puñalada. Ella estaba siendo sincera con él y él sólo le compensaba con una identidad ficticia y una historia increíble.
-Demos un paseo.
El paseo empezó siendo tenso y silencioso pero pronto dejaron a un lado el tema de los secretos y empezaron a hablar de unas cosas y otras. Sus pasos les llevaron cerca del sauce boxeador que movía sus ramas agresivamente cada vez que algún pájaro se les acercaba.
-Pues nuestra ruta turística nos trae hasta el sauce boxeador- bromeó Patricia imitando ser una guía- Es un árbol con una gran historia, Hogwarts tiene muchas leyendas urbanas, pero ésta en concreto me la tiene que explicar Potter un día de estos, ahora que tenemos algo más de confianza.
-A ver, cuéntame esa leyenda tan interesante.
-Hace cuatro años, Potter y sus amigos consiguieron saltear las ramas del árbol y colarse por un pasadizo secreto hasta la casa de los gritos.- Sirius no tenía ni idea de esa historia y su interés en ella aumentó muchísimo- Al parecer, Sirius Black se escondía ahí- La cara de Sirius palideció de golpe y la respiración se le cortó, por fin llegaba a algo de su futuro- Ese año me acuerdo que había dementores por todo el colegio buscándole, incluso consiguió entrar en el colegio y atacar a la Señora Gorda. Y en junio, sin comerlo ni beberlo, esos tres dieron con él, pero logró escapar de nuevo.
-Ese Sirius Black… es un asesino ¿no?- la historia de Harry sobre su inocencia le había acabado convenciendo pero prefería que alguien se la confirmase.
-Eso pensaban todos. Cuando escapó fue un horror, me acuerdo que mi padre estaba muy asustado. Fue algo parecido a lo que está ocurriendo ahora con Markins. Pero al final resultó ser inocente. Yo…- Patricia enrojeció un poco, como cada vez que le hablaba de esas extrañas sensaciones que tenía- yo siempre tuve la sensación de que era inocente. No sé, tenía una cara de loco increíble, pero yo veía pena en sus ojos y… sentía que… ¡no sé, es una tontería!
-¿Sabes? Estoy seguro de que si ese Sirius Black pudiera conocerte, se enamoraría de ti como un idiota.
-Pues no tendrías nada de qué preocuparte, porque sería más de veinte años mayor que yo y además… ¿Qué ha sido eso?
El suelo acababa de temblar bajo sus pies, como si hubiese un terremoto, pero enseguida había parado. Sirius empezó a mirar por todas partes, para ver qué había ocurrido y nadie de los que estaban a su alrededor se había percatado. El suelo volvió a moverse otra vez, pero la gente seguía sin darse cuenta, de hecho, sólo se movía la pequeña parcela de terreno que había bajo sus pies. Harto de mirar por todas partes, Sirius pensó que aquello podía ser obra de Harry y como no lo vio a su alrededor miró a las ventanas de la torre que estaba más cerca. Allí estaban Harry y James asomados y riéndose de él por su desconcierto.
-¡¡Llegas tarde, Canuto!!- le gritó James- Deja de pelar la pava y cumple con tus amigos.
-Más vale que me vaya antes de que Harry monte un terremoto.
-¿Potter ha hecho esto?
-Todos tenemos secretos- Le dio un beso en los labios antes de que pudiera decir nada y echó a correr- Te veo mañana.
Harry y James se habían asomado a llamar a Sirius porque en la sala donde entrenaban ya estaban todos los chicos y Andrea. Para sorpresa de esta última, justo cuando estaba a punto de delatarse a sí misma al negarse sin mucho fundamento a luchar con ellos habían entrado en la habitación Lily, Hermione y Ginny, cargadas de bolsas con globos, chucherías y hasta una piñata. Remus llevaba una enorme tarta de chocolate, y aunque intentaba, al igual que su novia, mostrar interés en aquella fiesta sorpresa para Sophie, algo en sus rostros les delataba, como si celebrar aquello fuese celebrar que no estaban juntos.
-¿Qué es todo esto?- exclamó Andrea muy sorprendida mientras Lily le ponía un gorrito- ¿Qué estáis haciendo?
-Es el cumpleaños de Sophie ¿no?- intervino Harry de mucho mejor humor, ayudando a Ginny con la decoración- Pues no íbamos a dejar a la pobre sin fiesta de cumpleaños.
-Pero es que Sophie no está aquí.
-Es sólo cuestión de tiempo. Ahora sólo falta Sirius.
Después de que Harry hiciese su pequeño truquito para llamar la atención de Sirius desde la altura de la torre, éste llegó a los diez minutos corriendo y casi sin oxígeno. Entró como si fuese el payaso de la fiesta, haciendo bromas y riéndose por cosas sin sentido, pero tanta efusividad no engañaron ni a James ni a Remus, que intercambiaron una mirada preocupada.
Cuando la pancarta con un enorme "Felicidades Sophie" estuvo colgada, la chimenea se iluminó con unas potentes llamas verdes que dieron paso a Remus y a la niña. Sophie agradeció a todos aquella fiesta sorpresa y no paró de repartir abrazos cada vez que recibía un nuevo regalo, sin embargo, cuando llegó el turno de saludar a su madre, la niña se dio media vuelta y se alejó de ella como si tuviese la peste. En ese momento el desplante dolió más que la herida del costado y sólo sirvió para que Andrea se retrajese aún más. Observó a sus amigos comer sándwiches y hablar felices mientras ella se repetía el futuro que les deparaba a cada uno, se vio a sí misma con veinte años menos abrazarse a Remus y besarle y cayó en la cuenta de cómo había cambiado su vida, cómo una decisión podía darle la vuelta a las cosas, alejarla de todos.
-No te agradecí que me salvaras la vida.- Remus se apoyó en la pared junto a Andrea, tal y como estaba ella colocada.
-No tienes por qué hacerlo- le contestó ella sin mirarle. Todavía recordaba ese "piensa en mí" acariciándole el oído y trayéndola de nuevo a la realidad.
-¿Qué le pasa a Sophie? No ha querido contarme por qué está así contigo.
-Son cosas de niños.
La conexión de la noche anterior se había convertido en un silencio tenso e incómodo, así que Remus, en cuanto vio que Harry se quedaba solo al otro lado de la habitación soltó su vaso de zumo de calabaza y dejó allí a Andrea metida en sus pensamientos.
-Ey, Remus – antes de que hubiera podido saludar a Harry, Sirius se había enganchado a su hombros- ¿Tú podrías decirme por qué mi versión adulta no está aquí? Es que esto ya empieza a mosquear.
-Pues porque tú te pasas la vida viajando de un sitio a otro.- intervino Harry con soltura antes de que Remus se viera en un aprieto. – Es lo que tiene trabajar para la orden en el extranjero.
Sirius sopesó un rato la excusa que acababan de ponerle y que era la misma que le ponían siempre así que terminó por creérsela. Cogió un sándwich y se fue a hablar con Hermione y Ron.
-¿Qué tal? No pareces muy contento- apreció Harry al ver la cara de Remus.
-No tiene importancia. Últimamente se me está juntando todo.
-¡Hola Harry!- Sophie se abrazó a Remus por la cintura – ¿Tú podrías hacerme un favor? Es que como se supone que la casa en la que estoy viviendo es también tuya, pues a lo mejor si tú le dices a Remus que se venga a vivir con nosotras otra vez, él te hace caso.
-¡¡Sophie!!- le riñó Remus, que no quería que Harry se enterase de ese detalle.
-¿Qué? ¿Te has ido de casa? ¿A cuento de qué?
-Este no es el momento, Harry, y tú, jovencita, podrías mantenerte callada.- Sophie puso cara de inocente, como si aquello hubiera sido un simple accidente, pero la sonrisa que esbozó al alejarse de allí la delató- Harry, ahora tengo muchas cosas en la cabeza como para sumarle esto.
-¿Es por Andrea?
-¿Tú qué crees? Vivir con ella es una locura, de repente no me habla, que se mete en mi cama, y yo estoy muy mayor para estas cosas. Bastante preocupación tengo con la guerra y con que ella ahora también participe en todo esto.
Remus estaba realmente preocupado y sus ojos le delataban, era como si cargase con un enorme peso, y hablaba de ello con amargura, casi con cansancio, lo que hizo a Harry sentirse culpable por lo que tenía que contarle. Sabía que cuando no había llegado encarándole para echarle la bronca por meterse en la batalla era porque ni Andrea ni Dumbledore se lo habían contado, así que ahora él dudaba si hacerlo o no, pero hacía mucho que no tenía secretos con él.
-Todo saldrá bien, ya lo verás y por Andrea no tienes que preocuparte, es una luchadora nata.
-Ese es el problema. Ella se empeña en enfrentarse sola y no es capaz, nunca fue capaz.
-Pero no puedes evitar que las personas luchen por quienes les importan.- Remus le conocía demasiado bien como para no esperarse una segunda parte después de aquella declaración de principios, así que lo miró suspicazmente.- No te enfades ¿Vale? No querrás arruinarle el cumpleaños a Sophie ¿Verdad?
-Habla.
-Andrea y Dumbledore me han pedido que luche con ellos. De hecho, anoche tenían que haberme avisado, pero no lo hicieron.
-No lo harás – sentenció Remus dirigiéndose a la esquina donde Andrea seguía sola, pero Harry le agarró del brazo antes.
-No soy un niño, Remus.- y por el tono de su voz estaba claro que no lo era- Hace un rato he discutido con ella y Dumbledore precisamente por esa razón. No quiero enfadarme también contigo. Si quieres hacer algo al respecto, lucha conmigo y si después de verme sigues pensando que necesito protección, entonces hablaremos.
-Cuéntale a tus padres lo que piensas hacer, a ver qué opinan ellos.- le desafió Remus, pero Harry estaba muy decidido.
-Para mi desgracia, he vivido toda mi vida sin tener que escuchar su opinión. No te estoy pidiendo permiso, sólo te digo que la próxima vez que luches, yo estaré allí. Si no quieres verme, quédate en tu casa y escóndete de la realidad, como estás haciendo con Andrea.
Aquello hubiera acabado en una fuerte discusión entre los dos de no ser porque Lily encendió las velas de la tarta y todos empezaron a cantarle "el cumpleaños feliz" a Sophie. La niña sopló sus velas y se hizo fotos con todos excepto con su madre, que tampoco hizo el más mínimo esfuerzo por acercarse ya que la conocía demasiado bien. Harry aprovechando la ocasión se escabulló de Remus y se puso cerca de Ginny, que estaba repartiendo la tarta.
Andrea, la joven, se acercó a Remus con un trozo de tarta. Al principio, metido todavía en su discusión con Harry no se percató de que se había acercado, pero cuando lo hizo tuvo una extraña sensación de dejavü, como si con ella cerca su vida tuviese más recuerdos, no podía ver nada en claro, como había ocurrido con la flor que le regaló, pero se llenaba de sensaciones que antes no había tenido.
-Tienes mal aspecto.
-Tú tampoco pareces estar muy contenta.
-Mírame- Remus le hizo caso, pero ella estaba señalando a la adulta- Sola en la fiesta de cumpleaños de mi propia hija, lejos de ti y habiéndome convertido en una asesina que rechaza la magia porque la consume. No es para estar muy feliz ¿no crees?
-Hay muchas cosas que no sabes. No te conviertes en ningún monstruo con el paso de los años. En el fondo sigues siendo la misma, pero has aprendido a esconderte.- Remus se había quedado fijo mirando a Andrea, a la que ahora se le acercaba su versión joven con un trozo de tarta, como ella acababa de hacer con él.
-Tengo una hija de un hombre que me abandonó, y ni si quiera ella me habla, no te tengo a ti y anoche maté a Malfoy. Si eso es seguir siendo la misma, es que nunca me has conocido lo suficiente.- le reprochó ella.
-Nadie en el mundo te conoce mejor que yo y tú lo sabes. Y si anoche mató a Malfoy es porque él estaba a punto de matarme a mí.- Andrea se sonrojó de sorpresa y vergüenza al mismo tiempo- Ya te he dicho que sigues siendo la misma.
Al otro lado de la habitación, como si hubieran cambiado los papeles, Remus joven estaba intentado entablar conversación con Andrea, que ahora además de preocupada y cansada estaba lívida del dolor que estaba sufriendo en ese momento.
-Muchas gracias por la tarta, pero no me apetece.
-No te encuentras bien ¿verdad?- ella forzó una sonrisa, se le había olvidado la inocencia y la ternura que tenía cuando era joven.
-No, pero no es nada para preocuparse.
-Yo…- Remus dudó un rato en seguir o no hablando, se miró a sí mismo hablando con la que en ese momento era su novia y sintió algo de rabia- hace tiempo que quería decirte que lo siento.- Andrea se extrañó muchísimo de que le dijera eso- Es que… yo te prometí que no te dejaría nunca y fíjate. Siento mucho no haber cumplido mi promesa.
En el estado en el que estaba, lo que menos necesitaba Andrea es que Remus le demostrase aquella sensibilidad y que le recordase que se habían separado. Sintió ganas de llorar, estaba demasiado sensible, pero logró contenerse. Con la sonrisa más sincera que había esbozado en días le acarició la cara con suavidad y volvió a sentir la conocida sensación electrizante que le trajo recuerdos de sentimientos, de frases sueltas al oído.
-No tienes que sentir nada. Tú no tienes la culpa de lo que nos está pasando ahora. La vida nos ha tratado muy mal y ahora soy yo la que tiene miedo.
Remus le apretó la mano contra su cara y tuvo la sensación de que era la misma persona que le había besado hacía un rato, con la que dormía noche sí y noche no, pero cuando abrió los ojos se dio cuenta de que no era así. Quizá por casualidad, acabó fijándose en una pequeña pulsera que Andrea llevaba y que raras veces se le veía con su constante manga larga.
-Sigues llevando la pulsera. – el adorno se había convertido en una parte tan de ella a lo largo de los años que ni si quiera se había percatado de lo que le estaba diciendo hasta que él se la señaló.
-Sí, siempre la he llevado, pero no consigo saber de dónde la saqué.- le contestó Andrea acariciándola con una extraña dulzura, como si significase mucho para ella aunque no supiese el qué.
-Yo te la regalé. Para navidad. Lo curioso es que tus palabras en aquel momento fueron algo así como "quiero que salgas de mi vida"- si le había sorprendido el hecho de que él fuese el artífice del regalo, la sorpresa fue mayor cuando supo su reacción.- El caso es que nosotros supimos solucionarlo, enfrentar nuestros propios miedos y ahora ella lleva la pulsera y nosotros estamos juntos.
-¿Qué me quieres decir con eso?
-Que tú ya tienes la pulsera, sólo te falta superar tus miedos.
Remus se fue de allí dejándola sola para reflexionar. Habían empezado a romper la piñata y a recoger los regalos que caían de ella. Andrea sintió que un nuevo peso se sumaba a su haber y que si el día seguía así acabaría explotando, pero para su desgracia, la cosa no iba a acabar allí. La puerta del aula se abrió y la profesora Macgonagall entró con solemnidad. Todos se sorprendieron de que ella estuviese allí, pero la más sorprendida de todas fue Sophie cuando la profesora le entregó una carta. Andrea hizo lo posible por llegar a la carta antes que su hija, pero su herida no le dejó.
-Señora, creo que se ha equivocado.- le dijo Sophie a Macgonagall- Aquí dice Sophie Alexandra Stevenson y mi apellido es Mackenzie, bueno en todo caso sería Markins como mi madre.
-El libro de Hogwarts nunca miente.
-No tenías derecho a hacer esto- exclamó Andrea al borde de la histeria. Se acababa de desatar la caja de los truenos.
Sophie abrió la carta y leyó rápidamente que había sido aceptada en el colegio y que tendría que empezar las clases el día uno de septiembre, lo que la hizo saltar de alegría, porque por fin podía decir con total seguridad que era una bruja, pero seguía estando el detalle de ese cambio de nombre.
-Mamá, cuéntame qué está pasando.
-Vámonos a casa.- ordenó Andrea tirando de ella, pero ella se escapó y se alejó, enfrentádola desde la distancia.
-Estoy harta de mentiras, harta de ti y de la mierda de vida que has tenido y que no me quieres contar. Si quieres que vuelva a casa, más te vale que me cuentes la verdad- le gritó.
-Sophie, por favor, hazle caso a tu madre- intentó interceder Remus, pero ni si quiera a él le hizo caso. El resto estaba alucinando, se agolparon todos en una parte de la habitación como si fueran extraños en una vida ajena.- Andy, por favor, sé sensata- le dijo ahora a Andrea- no lo empeores más.
-¿Quieres la verdad?- se rindió Andrea al ver que no tenía apoyo de nadie- la verdad es que te he criado como si fueras mi hija, que te he querido como si hubiese sido yo la que te dio a luz, pero no lo hice- Sophie abrió la boca tanto que casi se le desencajó la mandíbula, pero detrás de ella, los demás habían tenido una reacción parecida, especialmente la Andrea joven, que entendió en ese momento toda su conversación con Remus.
-Eres una mentirosa- le gritó Sophie llorando.
-Tu madre era mi hermana pequeña, esa que tú llamas tía Alex, y fue a ella a quien abandonó tu padre, no a mí.- siguió Andrea, que ahora que había empezado no quería dejarse nada dentro.- Era una gran mujer y una gran bruja, pero se arriesgó cuando no tuvo que hacerlo y murió trabajando.
Andrea se acercó a la niña con cuidado, le costó agacharse a su altura pero el dolor que estaba sintiendo al verla llorar tan desconsoladamente y mirándola como si la hubiese traicionado, no tenía ni punto de comparación con el que le provocaba la herida. Como había hecho el día anterior, Sophie dio un paso atrás para alejarse de ella.
-Me has engañado toda la vida. Me has hecho pensar que eras mi madre cuando lo único que eres, es un impostora. ¡¡No me toques!!- le gritó cuando ella volvió a intentar acariciarla- No quiero verte más en la vida, quiero que te alejes de mí, sólo eres una asesina que se cree que puede ser mi madre sólo con decir que lo es.
Sophie salió corriendo hacia la chimenea y se metió en ella con un puñado de polvos floo. Andrea no supo reaccionar, se quedó ida en medio de la habitación mirando al sitio en el que había estado la niña y cayó al suelo con un fuerte golpe, no se había desmayado, simplemente había perdido las fuerzas para seguir de pie, se había rendido ante todo, porque lo único que le faltaba por escuchar era la voz de la que siempre había considerado su hija, llamarla asesina con aquel desprecio. El resto se acercó rápidamente a ayudarla, pero Remus sabía que la mejor forma de ayudarla en aquel momento era correr detrás de Sophie, así que cogió un puñado de polvos floo y se metió en la chimenea como la niña acababa de hacer.
Encontró a Sophie llorando sin consuelo mientras guardaba desordenadamente algunas ropas en su maleta. Abría y cerraba los cajones a tirones provocando grandes estruendos cuando alguno se le caía al suelo. Remus se quedó un rato en la puerta observándola, se dio cuenta de que tenía un carácter muy parecido al de Andrea, estallaba como un castillo de fuegos artificiales, aparentando no necesitar nada y que nada en el mundo le importaba, pero reclamando al mismo tiempo a gritos una simple caricia.
-¿Vas a algunas parte?
-Tú lo sabías ¿verdad? Por eso te caigo tan bien, porque sabes que no soy hija de ella.
Remus se sentó en la cama con parsimonia, ignorando la acusación. Iba sacando la ropa y doblándola cuidadosamente al mismo tiempo que ella la metía a presión.
-Yo me enteré de la verdad hace muy poco, pero tú me gustas simplemente porque eres tú. Yo conocí a tu madre, era una gran mujer y la mejor decisión que tomó en toda su vida fue pedirle a Andrea que te cuidara.
-¡Oh, sí! En casa con la asesina- saltó ella con sarcasmo.
-¿Eso es tu madre para ti?
-¡¡Esa no es mi madre!!- gritó arrancando a llorar con más desesperación al ver que no podía abrir uno de los cajones.
-Pues hasta hace un rato lo era y enfadada con ella o no, es la persona que más quieres en el mundo.- Sophie no supo qué contestar a eso- Lo pasó muy mal sólo para encontrar una salida a una guerra que no tenía sentido. Tú no lo entiendes porque has vivido en un mundo en paz y para ti la guerra es sólo una pesadilla, pero Andrea y yo la hemos vivido en primera persona y sabemos lo que puede doler.- Sophie se calmó un poco, aunque de vez en cuando hipaba todavía- ¿Crees que es la única persona que ha tenido que matar? Todos hemos tenido que hacerlo y si no hubiera sido por ella, yo ayer hubiera muerto.- la niña levantó la cabeza sorprendida- Por sangre sólo es tu tía, pero ha sido la única madre que has conocido, la que te ha cuidado siempre, la que te enseñó a andar, a hablar, a leer. La primera vez que nos vimos estabas dispuesta a matarme tú misma si le hacía daño. ¿Ya se te ha olvidado?- Sophie no contestó- Lo está pasando muy mal y te necesita. No te imaginas cuánto te necesita.
-Me mintió.
-¿Y una mentira borra once años tratándote como a su hija?
De la rabia por saber que tenía razón Sophie tiró la maleta de encima de la cama desperdigando toda la ropa por la habitación. Remus se levantó sin decirle nada, sabía que al menos la haría reflexionar y no tendría que preocuparse de salir a buscarla por todo Londres.
En Hogwarts Andrea había conseguido salir de su estado después de diez minutos de shock absoluto, se libró de las manos de la profesora Macgonagall que se sentía culpable de la situación, y de las de Harry, que se había empeñado en acompañarla a casa, pero finalmente consiguió marcharse sola que era lo que más necesitaba en ese momento. Entró en su habitación y se derrumbó, rompió a llorar desesperadamente como había necesitado durante mucho tiempo, se dio el lujo de sentirse débil, de rendirse. Lloraba con tal agonía que los temblores hacían más agudo el dolor de la herida, pero no lo notaba, sólo podía pensar en el desprecio que acababa de hacerle Sophie y en lo terriblemente sola que se había sentido.
Remus había salido de la habitación de Sophie con la intención de volver a Hogwarts a buscar a Andrea pero cuando pasó junto a su habitación escuchó sus sollozos desgarrados. Entró sin pensárselo, ignorando cualquier cosa que ella pudiera decirle o su tormentosa relación, simplemente se le partió el alma al oírla. Se acercó a la cama donde Andrea estaba encogida sobre sí misma como un desecho que busca en su posición original una guía a seguir para salir de la oscuridad. Notó a Remus sentarse a su lado pero no hizo nada, simplemente se calló, intentó controlar su llanto que la convulsionaba y hacía que le faltase el oxígeno. Cuando Remus intentó acariciarla ella se cerró aún más en sí misma para evitar que la tocara, como un animal herido que tiene miedo incluso de quien pretender ayudarle, pero Remus era paciente y la conocía muy bien, no se dejó amedrentar por ese primer rechazo y volvió a intentarlo, sin palabras, tan solo con la suavidad y la ternura que siempre los había mantenido unidos
Cuando Remus por fin pudo acariciarle el pelo sin que ella le opusiese resistencia, fue como si a partir de ahí ella pudiese liberarse y arrancó a llorar con más dolor y más desesperación que lo había hecho antes, pero dándole aún la espalda, como si se estuviese pensando si aceptar por completo la mano que le estaba tendiendo o no. Remus ya no sabía qué hacer, cada vez su caricias eran más profundas y ella se rendía más pero necesitaba estrecharla, decirle que no llorara más porque él estaba ahí, como siempre le había ocurrido, verla mal era mucho peor que estar mal él mismo y se reprochaba no encontrar palabras que la consolasen. Con Sophie había sido mucho más fácil, pero Andrea era tan complicada y tan imprevisible. Como si le estuviese leyendo el pensamiento, Andrea se giró sobre sí misma y le miró, era un ruego en toda regla, un "sálvame" sin palabras, avergonzada de estar tan débil y al mismo tiempo tan necesitada de él, de que la calmase tan sólo con una palabra dulce.
-Abrázame, por favor.
Remus no se lo pensó, la levantó como si fuese un niño que acababa de tener una pesadilla y la estrechó contar él con fuerza, con desesperación por sacarla de aquello, por que no sufriera más.
-Andy, mi niña, deja de llorar, por favor.- sus palabras no sirvieron para que ella dejara de llorar, siguió haciéndolo con la cabeza escondida en su cuello, absorbiendo su esencia como si eso fuese la panacea.- Sophie estaba muy nerviosa, pero te quiere mucho, ya verás como mañana se arreglará todo.
-No debí engañarla- Andrea levantó la cabeza y se quedó a escasos centímetros de su cara, todavía abrazada a él por los hombros- todo ha sido mi culpa…
-Ya, no lo pienses más- Remus le puso un dedo en los labios para que no siguiera hablando y extrañamente no sintió deseo de besarla, solo quería protegerla, como si fuese de cristal.- Ahora será mejor que duermas un poco.
Al intentar acostarla puso precisamente la mano en la herida; Andrea, que al estar ahora más tranquila tenía más conciencia de su cuerpo se estremeció involuntariamente, delatándose sin posibilidad de escape. Intentó hacer que no había ocurrido nada y se mantuvo acostada, pero Remus ya lo había notado.
-¿Qué te ocurre?
-Nada.
-¿Qué te pasa ahí?- Andrea se tocó instintivamente en la herida y Remus le levantó la camisa ignorando la oposición que ella le estaba presentando- ¡¡Estás herida!! ¿Por qué no has dicho nada? Vamos ahora mismo al hospital.
-No.- le frenó ella en seco- no vamos a ningún sitio. Rodolphus me lo hizo ayer y no te lo he dicho porque no deberías haberte enterado- En cualquier otra situación aquellas palabras hubieran sido tajantes y frías, pero en esos momentos Andrea estaba tan derrumbada que no era capaz ni de sacar fuerzas para imponerse.
-¡Ese hijo de…!- se mordió los dedos de rabia y le dio un golpe al dosel de la cama para descargar la ira que estaba sintiendo, pero en cuanto volvió a mirar la venda manchada de sangre por el ajetreo del día, su ira desapareció y se tornó en absoluta preocupación- Déjame que te cure- ella lo rehusó con un gesto cortés de cabeza, como si acabase de ofrecerle un té- Andy, no voy a dejarte sola otra vez. Nunca más. Me da igual lo que me digas, lo que me pidas o lo que me rechaces, voy a estar contigo otra vez en todo.
Con una declaración así, Andrea no fue capaz de negarse, se relajó tumbada sobre la cama y dejó que Remus curara su herida con mimo, ella había logrado que no le afectase a ningún órgano curándose la noche anterior, pero seguía abierta y dolía muchísimo. Remus la arropó cuando terminó y la dejó dormir con tan solo un beso en la frente. Al menos volvía a ser la niña de su vida.
N/A:: Hola a todos!!! Como os va?? A mí en mi línea, estudiando, cansadilla, pero muy bien. Espero que os esté gustando, ya veis que Remus y Andrea parece que se acercan un poco jejeje. Muchas gracias por seguir ahí a pesar de todo. Un beso enorme.
