CAPÍTULO 45: SANGRE DE MI SANGRE.
La fiesta sorpresa de Sophie había terminado siendo una sorpresa para todos, especialmente para Andrea y Remus que habían visto que su futuro juntos no estaba tan destrozado como les había parecido en un principio. Ver caer a Andrea tan debilitada después de la reacción de Sophie les había hecho sacar esa imagen de mujer desalmada que tenían de ella y sentir por primera vez en toda aquella historia, pena por ella. Para Hermione, Ron, Ginny y Harry aquello era sorprendente, pero al fin y al cabo era una historia ajena, algo que les ocurría a otros, Harry cada día se sentía más involucrado con Andrea pero no podía vivir aquello como lo estaban haciendo los merodeadores y las chicas.
A la mañana siguiente en el cuarto de los merodeadores no se oía absolutamente nada, el sol brillante de la primavera tardía se colaba por los doseles de las camas pero no amenazaba con despertarles porque el que más y el que menos, allí no había dormido nadie. Lily y Andrea, como de costumbre, habían dormido con James y Remus y Sirius lo sabía, por eso cuando se hartó de estar acostado, después de darle toda la noche vueltas a un asunto que le estaban carcomiendo, empezó a pasearse por la habitación con la esperanza de que al escucharle sus amigos se levantaran y le ayudaran, pero sus cuatro amigos parecían haber conseguido entrar en un profundo sueño cuando la mañana había llegado y ahora no le oían, suspirar con más fuerza de lo normal, así que cansado de aquel juego les abrió los doseles dejando al descubierto a las dos pareja.
Al golpe de luz, Andrea se retorció entre los brazos de Remus, que sí estaba despierto y que miraba a Sirius, en silencio, con gesto severo, por haber entrado así en su intimidad a pesar de que siempre que lo hacía se ganaba una bronca. Antes de que Sirius pudiera abrir la boca, Remus le hizo un gesto para que guardara silencio, se deslizó entre los brazos de Andrea con sumo cuidado, y muy despacio la tapó más de lo que estaba para que Sirius no la viera casi desnuda, la besó suavemente, como si se estuviera despidiendo de ella y tapó los doseles con suma calma, para desesperación de Sirius, que tanta tranquilidad le estaban sacando de sus casillas.
-¿Qué quieres?- susurró algo irritado.
-Tengo un problema, pero yo también quería su opinión.- se lamentó señalando la cama donde dormía Andrea, sin ninguna consideración en su tono de voz porque lo que realmente quería es que sus amigos se despertase.
-¿Qué está pasando?- al otro lado de la habitación James se estaba desperezando, despertado por Sirius.- ¿Qué hora es? Todavía falta un rato para las clases.
-Sirius tiene problemas.- dijo Remus con voz cansada.
James le miró extrañado intentando averiguar lo que le ocurría, mientras Sirius, cruzado de brazos con gesto aburrido le instaba a que se levantara, así que James despertó a Lily zarandeándola con cuidado.
-Ay, James, ahora no, que casi no he dormido.
-Venga, Lily, que es Sirius. Tiene problemas amorosos.
-¡¡Yo no he dicho qué tipo de problemas son!!- se quejó él en voz demasiado alta terminando de despertar a Lily y a Andrea que asomó la cabeza entre las cortinas de la cama.
-¿Por fin ha decidido contarlo?- Andrea abrió los doseles y se sentó en la cama liada en las sábanas- ya podías haber elegido otra hora, que casi no he dormido.
-¿Tú tampoco?- preguntó Lily casualmente sentándose también en la cama e ignorando la cara de alucinado que tenía Sirius en ese momento.
-A ver que yo me entere, ¿todos vosotros sabéis que tengo problemas con Patricia? ¿¿Cómo??
James se levantó de la cama y cruzó con Remus una mirada cómplice. Cada uno de los chicos se puso a un lado de Sirius que les miró algo asustado, de repente parecían los oráculos de la sabiduría y eso no le gustaba nada.
-Sabemos que te ocurre algo, siempre se sabe. Eres un libro abierto.- empezó Remus.
-Pero a ninguno de los que estamos aquí se nos da bien la adivinación así que como mucho puedo llegar a suponer que tienes problemas… ¿cómo decirlo? ¿sexuales?
-Eeeeeee, echa el freno.- saltó ofendido- yo no tengo problemas de ese tipo. Yo… ¿pero cómo se te ocurre pensar eso?- Sirius estaba al borde del enfado mientras el resto se partía de risa, al fin y al cabo, consciente o inconscientemente siempre acababa sacando lo mejor de ellos.- Mis problemas son… ¿psicológicos?
-Cuéntanos qué te ocurre de una vez.
-Está bien. – Sirius se acercó a la ventana y les dio la espalda a todos, más para evitar cualquier burla que por melancolía- Patricia me ha insinuado ya varias veces… bueno pues que… que nos acostemos y yo no soy capaz.
-Lo que yo decía- saltó James triunfante, ganándose una mirada recriminatoria de Sirius y una colleja de Lily.
-Sirius ¿Eres tú el que no es capaz o es Anthony Barker?- le preguntó Remus, que ya se esperaba la respuesta. En otra cosa no sería experto pero en mentiras Remus se consideraba un maestro y sabía que lo que más dolía de todo era vivir una con la persona a la que se quería.
Sirius se quedó pensativo, no había pensado exactamente en esa posibilidad pero al parecer sus amigos sí, porque de la forma que le miraban, debían estar esperando un "tenéis razón".
-Es posible pero no entiendo por qué, quiero decir, yo nunca he tenido problemas de ese tipo. A mí me da igual que me llamen como quieran siempre que yo pase un buen rato.
Lily y Andrea se dejaron caer sobre la cama rendidas ante el egocentrismo de Sirius, al menos siempre había sido sincero, lo cual era un punto a su favor, pero ahora tenía que enfrentarse a añadir sentimientos a la relación con una chica y en ese campo no estaba muy puesto.
-Canuto, que conste que lo que te voy a decir no significa que le debas contar la verdad a Patricia.- empezó cauteloso James que le conocía demasiado bien- pero Remus tiene razón, es Sirius Black el que está enamorado de esa chica, por desgracia, tengo que decir; pero el caso es que no habrá comparación entre lo que has tenido con otras tías y lo que puedas tener con ella. En el fondo tú lo sabes, y me atrevería a decir que incluso es lo que quieres, por eso no quieres que sea una mentira.
Si Sirius se quedó con la boca abierta por el discurso de James, los demás no se quedaron atrás, Lily se había levantado despacio de la cama conforme lo estaba oyendo, completamente asombrada de que esas palabras estuvieran saliendo de él, pero a pesar de la sorpresa colectiva James se quedó tan normal, como si acabara de pronosticar el tiempo para ese día, aunque mirando a Sirius significativamente, él mejor que nadie podía entender a su amigo porque había pasado por lo mismo.
-¿Sabes una cosa, Cornamenta? Ser padre te está sentando mal. ¿Desde cuándo eres el maduro del grupo?- James levantó una ceja en señal de enfado y Sirius le sonrió – Creo que tenéis razón, lo mejor es que le cuente a Patricia la verdad.
-¡¡Yo no he dicho eso!!
-Venga Sirius, tú eres el rey de las mentiras, seguro que encuentras la forma de sobrellevarlo- sugirió Andrea, que tampoco veía bien que se lo contara- ¿Sabes lo difícil que puede ser para ella saber que antes o después tú te acabarás yendo?
-Para ti también es difícil saber que no tenéis un futuro juntos y sin embargo estáis aprovechando el tiempo al máximo.
-Sirius.- Remus se acercó a él con seriedad, ignorando la brusquedad con la que había puesto de manifiesto la verdad de su relación y que había dejado a Andrea descuadrada- no puedes comparar y tú lo sabes. Desde el principio sabías a lo que te enfrentabas, no intentes buscar en nuestro consejo la excusa para decirle la verdad. No es buena idea.
Sirius los miró a todos y en sus gestos reflejaban claramente la misma idea. Al menos había logrado encontrar la causa de todo, sabía que lo único que quería era tener una relación normal y corriente con Patricia, no podía engañarla aunque eso fuese tan extraño en él que ni si quiera él mismo se diera cuenta; pero no había encontrado la respuesta correcta en sus amigos, al menos la que él quería escuchar y ahora se sentía aún más confuso. Salió de la habitación sin decir nada, sin portazo ni quejas.
Después de comer Harry, Ginny, Ron y Hermione dieron un paseo por los terrenos, era difícil quitarse de la cabeza lo que había ocurrido, especialmente para Harry que se había hecho la imagen de que Andrea era inquebrantable, tan fría en su vida como lo era en los entrenamientos, a pesar de las pequeñas muestras de cariño que tenía con él. Lo más complicado de todo era mantener una conversación sin ninguno de la otra mitad de su grupo cerca, no querían hablar de aquello con Lily o con la propia Andrea delante; era como cuestionarles, analizar sus vidas a pesar de que no lo eran, así que el tema surgió en cuanto se sentaron a la sombra de un árbol.
-Yo creo que Andrea no ha debido tener un día peor en toda su vida.- apreció Ron dejándose caer sobre el regazo de Hermione, como hacía siempre- ¿Visteis su cara? Parecía enferma.
-Quizá la hirieron en la batalla de antes de anoche o quizá le pese la conciencia por matar a Malfoy.- Hermione tenía el periódico en las manos y leía por encima las noticias que se daban de la guerra, el balance final de la última batalla y como siempre una sección dedicada a Andrea y sus "proezas".
-No creo que haya sentido su pérdida.- Ginny que estaba sentada junto a Harry, le miró esperando un comentario al respecto en aquella conversación, pero Harry estaba algo abstraído.- Harry ¿tú qué opinas?
-¿Qué? ¿De qué?
-¿Estás bien?- inquirió Hermione, que llevaba a su lado demasiados años como para pasar por alto lo que estaba ocurriendo. Harry afirmó con la cabeza pero no convenció a ninguno- Aquí dice que pronto capturarán a Andrea, esperan que se presente en el siguiente ataque, aunque no sé yo… ahora tiene mucho lío.- Harry seguía metido en su mundo y Hermione, aunque estaba comentando la noticia no le quitaba ojo de encima- ¡¡Basta ya, Harry!! ¿Qué ocurre?
Harry se sobresaltó un poco y se encontró con la mirada inquisitiva de sus amigos y de Ginny. Tenía que contar que había aceptado participar activamente para la orden del Fénix y que muy probablemente en breve tendría que luchar en vivo y en directo pero no sabía cómo hacerlo. No quería que se apuntasen, cosa que estaba seguro que harían y no quería ver la cara que le pondría Ginny, sobretodo porque tendría que contarle que al ser el heredero de Gryffindor estaba marcado doblemente para acabar con Voldemort, cosa que le había ocultado desde que se había enterado de la verdad.
-Tiene que ver con Voldemort ¿verdad?- se aventuró Ginny decidida- ¿Qué ha ocurrido ahora?
-No está exactamente relacionado con Voldemort.- empezó tímidamente- pero… será mejor que os mantengáis al margen.
Harry se puso de pie para marcharse, era la primera vez que los dejaba a todos al margen, que no les contaba sus miedos. Ginny no hizo el más mínimo gesto por detenerle, después de su último enfado por el destino de Harry, se había convencido de que quererle a él era correr con el riesgo de que algún día podría no estar, su destino formaba tanta parte de él como podía serlo la magia, pero esa determinación no debía ser de familia, porque Ron se puso de pie con gesto serio y le detuvo. No hizo falta que se dijeran nada porque Harry entendió perfectamente que Ron no iba a permitir que le dejara al margen, de repente se dio cuenta de que ya no tenía nada que ver con el niño inseguro que se había encontrado en el tren siete años atrás.
-¿Hay otra profecía? ¿otra historia de herederos? No puede haber otra cosa más que te señale como el elegido para salvarnos, así que más te vale que cuentes conmigo para esto.
-¿Herederos?- preguntó Ginny confusa, ella se había perdido la pequeña conversación sobre su destino como heredero de Gryffindor.- ¿Hay algo que te marque como elegido por ser el heredero de Gryffindor?
-Sí, ¿no te acuerdas?- le dijo Ron impaciente- todo el rollo ese de heredero de gryffindor mata a heredero de slytherin bla, bla, bla. Nos lo contó hace siglos.
-No, no lo hizo- contestó ella tajantemente taladrando a Harry con la mirada que en ese momento hubiera querido matar a Ron de no ser porque prefería salir de allí.
Ron ignoró el enfado de su hermana y se concentró en detener a Harry, de los tres parecía el único que no se había resignado a dejar a Harry seguir sólo su camino y tiró de él para que se parara, casi decepcionado de que ahora ya no confiara en él.
-Ron, si te cuento lo que vas a hacer, vendrás conmigo y no puedes.
-Te dije que iría contigo hasta el final.
-Esto no es el final ¿no lo entiendes? Es sólo el principio.- gritó Harry irritado- Cuando leas la siguiente batalla en el periódico, quizá la primera plana lleve mi nombre, pero tú… y vosotras, os quedaréis aquí, ¡seguros!. ¿Quieres ayudarme, Ron? No te arriesgues ni las arriesgues a ellas.
Esta vez Harry se marchó de allí sin que nadie le opusiese mayor resistencia. Ron había entendido de golpe que ya no podía acompañarle a sus aventuras porque sus aventuras no eran juegos, Harry sólo estaba intentando protegerle, no es que se hiciese el héroe, es que simplemente si ellos estaban a su lado, Harry no podría defenderse a sí mismo porque estaría más pendiente de defenderles a ellos.
Dumbledore estaba en su despacho leyendo un libro con un cuenco de bombones a su lado, por toda la mesa había montones de papeles de las chocolatinas que se había comido; las abría sin dejar de leer, como si nada pudiera desconcentrarlo, pero se sorprendió al ver la chimenea incendiarse en unas radiantes llamas verdes y esperó con una mezcla de preocupación y curiosidad quién aparecería en medio de ellas. Andrea se sacudió las cenizas mirando hacia atrás como si estuviera escondiéndose de alguien y se sentó en la silla que había frente a la mesa del director sin decir ni palabras más que un leve saludo con la mano. Tenía mala cara, la piel seguía pálida y sus ojeras se habían vuelto algo rojizas.
-Hoy no tenías entrenamiento ¿verdad?.- Dumbledore había permanecido callado unos instantes, observándola sentada delante de él sin decir una palabra, demacrada e intranquila. Andrea no era una persona que fuese a hacerle a él precisamente una visita cortés, así que podía esperar de aquello cualquier cosa menos una buena noticia.- Si no me equivoco estás aquí en contra de la voluntad de Remus.
-No te equivocas. Digamos que me he escapado de casa, pero es que necesitaba salir de allí.- apoyó los codos en la mesa y se restregó la cara con cansancio- Remus me sobreprotege y yo no estoy hecha para eso después de tantos años.
-¿Has venido a contarme sólo eso?
Andrea se sentó correctamente, no sin un pequeño quejido al notar el respaldar de la silla cerca de la herida. Había ido decidida a contarle todo lo que tenía planeado, a decirle cual era su papel en aquella guerra, pero ahora se le hacía difícil y no era capaz de saber porqué. Contarlo significaba darle realidad y por muy convencida que estuviese de cumplir con su cometido, el destino había vuelto a jugar con ella para hacerle dar el paso cuando toda su vida dejaba de ser una mentira.
-Hace algún tiempo te dije que todos jugaríamos un papel importante en esta guerra.- Andrea deslizó lentamente una hoja de papel por la mesa hasta llegar a las manos de Dumbledore- Yo no puedo hacerlo en casa ni tengo tu toque para las pociones.
Dumbledore leyó detenidamente la larga lista de ingredientes y las instrucciones que habían sido escritas de puño y letra de Andrea. Se colocó bien sus gafas de media luna como si éstas fueran las causantes de lo que estaba viendo y se las quitó para restregarse los ojos, agotado, después miró a Andrea que había permanecido allí como una alumna que espera el veredicto del profesor después de leer su examen.
-Esto es un mito ¿lo sabes?- Andrea no dijo nada- Nadie ha hecho nunca esta poción, ni se ha atrevido a usarla ni a probarla. Puede ser muy peligrosa y no veo la razón para hacerla.
-Encontré esa poción hace muchos años y he intentado perfeccionarla al máximo.
-¡Pero nunca la has probado!
-Harry es el único con poder para no utilizar su cuerpo como instrumento, pero no sabemos cuánto puede debilitarle, jamás podremos probarlo hasta el momento y puede que sea demasiado tarde.
Dumbledore se acarició la barba inquieto, cambió de posición varias veces, pero incluso en aquellas muestras de lo que en cualquier otro hubiera sido histeria, podía mostrar confianza y seguridad y eso era lo que Andrea estaba esperando de él.
-Si no funciona…
-Sé lo que puede ocurrirme si no funcionara; pero procuraré dejarlo todo arreglado para ese momento.
El director se levantó y miró por la ventana a sus alumnos que en esa tarde soleada estaban disfrutando de su descanso en los terrenos del colegio. Parecían muy ajenos a lo que ocurría fuera, pero pronto tendrían que volver a sus casas y la realidad caería sobre ellos como una losa. Andrea tenía razón en una cosa: no sabían si Harry podría tener éxito solo enfrentándose a Voldemort y al último Slytherin al mismo tiempo.
-Está bien. Haré la poción; pero con la condición de que sea yo de quien te sirvas.
-Eso es imposible.- replicó ella, de repente había sentido una mezcla de alivio y de pesadumbre al saber que la ayudaría- No sé si yo sería capaz de soportarlo, bastante riesgo es ya como para sumar otro y además… será mejor que tú estés en plenas condiciones. Por si acaso.
-Remus no tiene ni idea de esto ¿no es así?- Dumbledore se acercó a ella como nunca lo hacía, con un aprecio que le tenía y un extraño sentimiento de culpa de verla allí condenándose y sufriendo- No sabes cuánto siento haberte metido en todo esto.
Andrea bajó la cabeza en lo que estaba siendo por primera vez desde su reencuentro una señal de respeto. Quizá era que empezaba a ser conciente de lo que todo su plan iba a suponer, o quizá que su vida en esos momentos le había devuelto la sensibilidad.
-Tienes razón, Remus no sabe nada- dijo poniéndose de pie e intentando ignorar el último comentario del director- Si lo supiera jamás lo aceptaría, pero él también jugará un papel importante en esta guerra.
-Sabes que tiene que hacerlo voluntariamente ¿verdad?
-Lo hará- contestó ella tajantemente, aunque aún no sabía cómo.
-Te recuerdo que una vez se lo pediste y se negó.
-Eso no es cierto. Aceptó… pero lo hizo tarde.-Dumbledore se quedó un poco descolocado, quizá ése debía ser otro capítulo que se había perdido en la historia de ellos dos- Muchas gracias por hacerlo, ahora debería volver a casa.
-¿Qué tal con Sophie?-Andrea no contestó, prefirió ni siquiera mirarle porque él y su colegio tenían también parte de culpa en lo que había ocurrido entre ellas.
-Mal.
Andrea se coló de nuevo por la chimenea y el director volvió a su libro, pero no podía concentrarse en él, sentía que la hoja de papel que Andrea acababa de entregarle le ardía en su mesa, culpándole de algo de lo que en realidad sólo él se culpaba, así que la guardó en un cajón, cerró el libro y se marchó del despacho.
Harry se había saltado las clases de herbología y se había ido solo a entrenar a la sala de los menesteres. No quería ver de nuevo a Ron y Hermione y tener que sacarles de su vida como nunca había hecho, así que descargó su energía contra aquella máquina lanza hechizos que una vez le dejó k.o. pero que en ese momento era casi un juego de niños. Esa tarde no tendrían entrenamiento, Andrea aún no se había recuperado del todo y les había dado el día libre, así que a la vista de no tener ni quidditch ni entrenamiento, la única salida a su frustración era aquella sala, en la que permaneció durante horas hasta que se aburrió.
En la sala común Ron, Hermione y Ginny estaban allí estudiando, o al menos haciendo como los que lo hacían, del resto no había ni rastro; así que Harry saludó rápido subió a ducharse. Estuvo casi una hora debajo de la ducha pero cuando bajó, sus amigos y Ginny seguían allí, aunque ahora estaban sentados en el sofá intentando relajarse.
-Puedes sentarte, nadie te va a pedir más explicaciones- le dijo Ron cuando le vio dudando sobre acercarse o no.- Eres mayorcito para que te obliguemos a hacer nada.
Harry se sentó junto a Ginny que estaba jugando con Crookshanks y que no le prestó el menor interés cuando se puso a su lado. Para Harry aquella libertad que Ron le ofrecía era casi peor que obligarle a contarles toda la verdad y a prometerles que les dejaría acompañarles. El silencio que se hizo entre ellos después de que se sentara se tornó para él más espeso y cargante que cualquier clase de Snape en la que no llevara los deberes hechos.
-¿Prometéis no acompañarme?- ninguno respondió pero Harry se lo tomó como un sí, más por la necesidad que tenía de contárselo que por la confianza en que no lo harían- Voy a participar en la guerra.- las palabras cayeron como un piano desde un quinto piso, con fuerza y dejando un ruido atronador en los oídos de quienes lo habían escuchado. Ginny dejó inmediatamente de jugar con el gato y cerró los ojos vencida, aunque no le dijo nada, ni si quiera le miró- Andrea y Remus estarán conmigo y apostaría todo lo que tengo a que Dumbledore no me dejará solo, pero tenéis que entender que es mi obligación, que de mí puede depender la inclinación de la balanza.- Harry estaba esperando que alguno hablara, que le dijeran algo aunque fuese un "¿eres imbécil?" para que así pudiese dejar de dar explicaciones, pero nadie dijo nada- No quiero que intentéis venir conmigo porque sólo podríais desconcentrarme, estaría más pendiente de vosotros que de lo que tengo que hacer.
-Es tu decisión.- terminó diciendo Hermione para alivio de Harry- Este año te has hecho más fuerte y nosotros no, si tu crees que tu destino es seguir solo…- Harry se sorprendió de aquello y miró a Ron esperando ver en él un gesto de desacuerdo pero aquello debía ser una decisión pactada porque Ron parecía estar de acuerdo en lo que Hermione estaba diciendo.
-Gracias, me alegro que lo entendáis.- Harry miró a Ginny y su rostro no parecía mostrar nada más que no fuera decepción- ¿estás enfadada?- Ginny no contestó- Gin, te estoy hablando ¿estás enfadada?
Ginny miró a Hermione y a su hermano y sin tener que decir una palabra se levantaron y se fueron a hablar con Neville y Seamus.
-No estoy enfadada- acabó contestando sin mirarle, concentrada en la chimenea apagada- ya has oído a Hermione, es tu destino y esas cosas que tú dices que tanto odias pero por las que sientes una extraña atracción.
-¿Prefieres que deje que Voldemort arrase con todo? Tengo poder suficiente para no dejar que lo haga ¿y tú quieres que me quede sentado contigo leyendo en el periódico cuánta gente ha muerto?
-No, yo sólo prefiero que no me mientas.- Ginny le clavó una mirada severa y determinante.- Acepto que tengas que marcharte a luchar, acepto que a día de hoy tengas el poder suficiente para desestabilizar la guerra, pero no acepto que me mantengas al margen como a una niña tonta. No me contaste lo que conllevaba ser heredero, me has estado tratando todo este tiempo como si fuera una ignorante, como si no me diera cuenta de que cuanto más poder tuvieras más te acercabas a Voldemort. Acepto estar saliendo con Harry Potter, pero no que Harry me mienta.
Ginny se puso de pie, no estaba exactamente enfadada, sólo dolida y sobretodo asustada, pero no podía decirle eso Harry, porque él le había ocultado la verdad precisamente para no asustarla. Se fue con unos compañeros de clase que estaban intentando darle vida a un reloj de cuco con consecuencias desastrosas y Harry tuvo el intento de seguirla pero notó el brazo de alguien sobre sus hombros obligándole a sentarse de nuevo en el sofá.
-¿Qué tal se le da a mi ahijado el póker? – En medio de su pequeña discusión los chicos habían entrado y se habían acomodado en los sofás, Remus había hecho aparecer una mesa baja con tapete verde y Sirius estaba ahora barajando como un maestro- Dime que has sido mi mejor discípulo.- La cara de cansancio de Harry quedó por un momento eclipsada por la reacción ante la idea de que él pudiera enseñarle algo, aunque fuese algo tan insignificante como un juego de cartas.
-No tengo ganas de jugar, Sirius.- le contestó apesadumbrado.
-¡Oh, vamos Harry!- James se sentó a su lado con Lily sobre sus rodillas, no parecían contentos, como si hubiesen pasado la tarde intentando escapar de algo- Vamos a bajarle los humos al perrito.
-¡¡Ron, Hermione, Ginny!! ¿os apuntáis? – Andrea se había remangado y se había sentado enfrente de ellos, lanzándole a Sirius miradas asesinas.
-Ni lo sueñes, Markins- le dijo Sirius con voz de mafioso- no conseguirás quitarme el primer puesto.
Ron se apoderó de una silla y se sentó junto a Remus mientras que Hermione se quedaba con la gente de sexto para vigilar que no hicieran nada ilegal con aquel reloj.
-¿Qué les pasa a estos dos?
-Llevan toda la vida picados al póker- explicó Remus mirando a su novia y a su amigo como si fueran los niños que empezaron su lucha de cartas siete años atrás- Es que a James y a mí no se nos da tan bien como a ellos dos.
-Ey, a mí sí se me da bien- se quejó James, pero la mirada incrédula de Sirius le hizo rectificar- Bueno, se me da bien sólo a medias, es que no sé mentir- Lily carraspeó sonoramente- vale, sé mentir pero no con un puñado de cartas en las manos. Creo que es lo único muggle que sabe hacer Sirius.
-Chicos yo no tengo la tarde para cartas.
-Ni nosotros tampoco- le susurró Lily al oído- por eso precisamente lo hacemos.
Harry captó rápidamente el mensaje de su madre, así que recogió el montón de cinco cartas que Sirius acababa de ponerle delante. Nunca había visto a Sirius tan concentrado en algo y cuando miró a Andrea, tuvo la sensación, por un momento, de que era la adulta la que estaba jugando con ellos. El primero en caer fue Ron, no tenía mucha práctica con el juego y se quedó pronto sin nada que apostar; Remus demostró que tenía más horas de juego encima pero también cayó pronto, de manera que quedaron Andrea, Sirius, Harry y James. Lily todavía estaba sentada sobre sus rodillas y de vez en cuando le decía algo al oído. Lily llevaba todo el rato diciéndole las cartas de James a Harry sin que el primero se diera cuenta, de manera que siempre le barría y en esta última mano lo dejó sin nada. Por desgracia James pilló a Lily.
-Ey, se supone que me quieres- protestó- ¿Tú no has oído hablar de los bienes gananciales?
-Vamos, James, él es sangre de mi sangre y a ti… bueno a ti te quiero mucho, pero te encontré en la calle.
La broma de Lily meses atrás hubiera sido el detonante de una bronca descomunal pero en esa ocasión James empezó a reírse y se acomodó entre Harry y Sirius, dejando a Lily al otro lado de Harry.
-Demuéstrale a estos dos lo que es un Potter.
-Más vale que no lo haga- vaciló Andrea- No me has ganado en toda tu vida.- James fingió haberse ofendido y agarró a Harry del brazo como si éste fuera su última esperanza.
-Machácala.
En ese momento empezó realmente la partida para Harry, el resto había estado pasando el rato, pero ahora tenía a su padre y a su madre a cada lado, bromeando con él como si siempre hubieran estado ahí y se le fue de la cabeza cualquier cosa relacionada con Voldemort, con la guerra o con Ginny. James estaba como un niño pequeño cuando Andrea empezó a caer, sus apuestas eran cada vez más cautas porque cada vez tenía menos que apostar y el hecho de que James estuviera poniéndola nerviosa no ayudaba mucho. Sirius y Harry estaban centrados en el juego, ignorando que James se levantara cada vez que Harry ganaba una mano o intentara verle las cartas a Sirius.
-Se supone que una vez que pierdes tú vas conmigo- le dijo Sirius la enésima vez que tuvo que esconder sus cartas para que no se las mirara.
-Ya, pero es que éste es sangre de mi sangre y a ti… ¿cómo era? ¡Ah! A ti te encontré en la calle.
Incluso Sirius se rió con aquello, pero Harry reía de manera diferente, no lo encontró divertido, sino más bien emotivo y eso le descolocó un poco de la partida, cuando volvió a mirar sus cartas no era capaz de verles mucho sentido a pesar de que eran buenas. Le tocaba apostar y él ni si quiera era capaz de ver que tenía una escalera, hasta que Lily le susurró algo en el oído.
-Era sólo cuestión de tiempo que le conocieras, ahora, dedícate al póker.
Con esa mano, Harry se hizo con todo lo que le quedaba a Andrea, que tuvo que abandonar soportando las burlas de James y de Sirius.
-Ahora es el gran momento.- James se había puesto de rodilla en el sofá y le estaba haciendo un mal masaje a Harry en los hombros como si estuviese a punto de saltar a un ring- tú concéntrate, no te pongas nervioso y a ver esa cara de póker- James le agarró la cara de asustado y sonrió con satisfacción- Vale no es muy buena, pero tienes que ganarle.
-James, por Merlín, siéntate.- le riñó Lily.
-Sí, por favor, pa… - de repente fue como si el tiempo se detuviera, Harry frenó en seco al ver la cara de asombro del propio James, pero no lo había hecho pensando, simplemente le estaba saliendo y no era buena idea- Venga James, déjalo ya.
James se sentó como un niño bueno en el sofá, en cuestión de segundos tan sólo una sílaba le había quitado la energía sobreacumulada. Ahora la tensión entre padrino y ahijado podía mascarse. La gente había empezado a subirse a las habitaciones y Hermione y Ginny habían vuelto para ver el duelo final. Harry barajó en silencio, mirando fijamente a Sirius como si se estuviese jugando con él todas sus pertenencias.
-Un momento- se paró Harry- ¿vamos a seguir apostando macarrones? Quiero decir… si gano ¿qué hago? ¿Me cocino una ensalada de pasta?
-Si ganas, cosa que dudo- matizó Sirius- ganarás el prestigio de desbancar a Sirius Black, pero si lo prefieres podemos canjear macarrones por galeones. Dile a mi versión adulta que te pague la deuda, aunque más bien creo que me volveré al pasado con más dinero del que vine.
-¿Tú tienes para pagar todo esto?- preguntó James incrédulo.
-Eso y más- suspiró Ron, dejando a James con la boca abierta.
-Bueno, bueno, volvamos al juego.- saltó Sirius antes de que James pudiera reaccionar.- yo voy.
La partida siguió en riguroso silencio al menos quince minutos más, hasta que ambos habían puesto en el centro de la mesa su último macarrón. Sirius enseñó las cartas con deleite, tenía un póker de reyes y los colocó todos, uno a uno, encima de la mesa riéndose, al ver muy cerca su victoria.
-¡¡Mierda!!- exclamó Harry- el mío es de damas.- Harry dejó caer derrotado las cuatro cartas iguales encima de la mesa y Sirius saltó victorioso arrastrando para sí sus ganancias- Un momento.- saltó con inocencia mal fingida- ¿tú crees que esto puede valer?- Harry le enseñó su última carta a James que enseguida la cogió y empezó a juguetear con ella por la mesa como si fuese un muñequito de plomo.
-¡¡Anda, mirad lo que nos hemos encontrado!!- se mofó- ¿qué es?
-Oh sí, es un jóker- siguió Harry con la broma. Los dos eran dignos de ver medio tirados por la mesa jugando con el naipe entre macarrones y la cara de anonadado de Sirius- Y eso significa…
-Que el niño Potter ha hecho un repóker y que el perrito pierde.
Todos estaban disfrutando con aquello, todos excepto Sirius que no podía apartar los ojos del payaso que aparecía en la carta como si fuese la causa de todos sus males. Aunque a todos les hubiese parecido extraño habían logrado encontrar un remanso de tranquilidad en medio de un día duro, pero las cosas buenas no duran eternamente.
La ventana de la sala común estaba abierta y por ella se coló una inmensa águila plateada que sobrevoló en círculos toda la sala vacía, tirando los papeles de las mesas y las cartas, hasta que se colocó encima de la mesa pequeña que Remus había conjurado para jugar y empezó a batir las alas delante de Harry, que perdió la sonrisa en cuestión de minutos.
-¿Qué es eso?- preguntó Ron alucinado.
-Eso es mi patronus.- explicó Andrea en una mezcla de sorpresa y desconcierto- pero no he sido yo quien lo ha conjurado.
Ron, Hermione y Ginny intercambiaron miradas de preocupación. Ya sabían lo que aquello significaba y guardaron silencio cuando Harry se levantó para marcharse.
-¿Dónde vas?- preguntó James extrañado cuando Harry fue a acercarse a una Ginny que en cuestión de segundos se había encerrado en sí misma.
-Tengo que irme.
-¡¡¡Dime donde vas!!!- James había levantado la voz más por la preocupación que de repente le había sobrevenido, que por la molestia de que no le contara a donde iba.
-No es asunto tuyo, tengo que irme y punto- Harry estaba intentando despedirse de Ginny y la insistencia de su padre sólo le estaba poniendo más nervioso, no era fácil ir por primera vez a una batalla sabiendo a lo que iba, cuanto menos tener que escuchar a James irritado.
Lily, por su parte, no necesitó más explicaciones, ató los cabos rápidamente y se levantó sin decir una palabra, le dio un beso en la mejilla a Harry y subió las escaleras dejando a James aún más desconcertado.
-Harry James Potter, - bramó James que empezaba a enfadarse mucho - no vas a ir a ninguna parte hasta que no me digas qué quería Andrea.
-Lo siento, James, pero no estás en posición de castigarme sin salir. Ahora si no te importa tengo que hablar con Ginny.
Antes de que James pudiera protestar de nuevo Ron se había acercado a él y le había callado. - Harry tiene que hacer cosas que no quiere, James, no lo empeores.- las palabras de Ron sorprendieron sobretodo a Harry, que se volvió para agradecer con una sonrisa la frase a su amigo.
-¿Vas a Luchar?-le preguntó James más tranquilo, pero con decisión. Harry hizo un levísimo movimiento afirmativo con la cabeza - No vas a ir solo.
-Tú no vas a ir a ninguna parte.- le contestó con firmeza.
Una vez más, Ron no le dejó saltar a aquella orden, pero esta vez Remus le ayudó, entre los dos consiguieron sentar a James y hablar con él para que dejara de atosigar a Harry, pero jamás lo habían visto tan preocupado.
-Gin, no es el momento para nos enfademos.- Harry se sentó junto a Ginny en el sofá algo apartado en el que ella estaba y le cogió la mano. Si eso le hubiese ocurrido tiempo atrás hubiese acabado dando voces y diciendo cosas de las que después no se sentiría orgulloso, pero ahora veía la guerra demasiado cerca, tanto que sentía que tendría que pagar aquella aventura con su propia vida; las peleas con Ginny o con sus amigos ya no tenían importancia comparado con lo que podía esperarle en cuanto saliese del castillo.- Tenía que habértelo contado, pero no merece la pena que te pongas así. Ahora no.
Ella no le contestó, no tenía palabras para hacerlo, porque en el fondo sabía que tenía razón, que en medio de aquella guerra que le señalaba con el punto de mira, una pelea de novios no tenía sentido. Se dejó abrazar por Harry y cuando lo hizo tuvo la sensación de que era una especie de despedida, como si pretendiese aferrarse a ese momento por si después no pudiera tenerlo. Sintió sus labios besarle tan solo con un roce y se le olvidó cualquier cosa por la que se hubiera podido enfadar con él.
-No vuelvas a hacer eso.
-¿Mentirte?
-No, despedirte de mí.
