CAPÍTULO 46 EL MUNDO SE QUEDÓ PARADO.

Harry apareció en la chimenea del salón de Grimmauld Place. Desde la sala donde entrenaban había conexión directa con el cuartel general, así que el viaje fue fácil y rápido, aunque todo hubiera sido mucho mejor si no hubiese tenido que cargar con la ansiedad que se había apoderado de él ante la idea de su primera batalla. En su casa, la reunión habían empezado sin él, el relampagueo de las llamas verdes llamó la atención de todas las personas que estaban sentadas alrededor de la mesa con caras preocupadas y gestos nerviosos, Harry se fijó en apenas unos segundos en que todos los que estaban allí sentían la misma ansiedad que él y no podían decir que era su primera vez.

-Bienvenido a la Orden del Fénix, Harry.- le saludó Dumbledore poniéndose de pie y sorprendiendo a la mayoría de los que estaban allí. Andrea estaba sentada al lado de él y le saludó tan solo con un leve gesto de cabeza, más distante de lo que habría estado cualquiera de los demás que estaban a la mesa. Remus, por su parte, se levantó con un alto nivel de furia contenida y cogió unos mapas de la estantería sin ni siquiera mirarle.- Llegas un poco tarde.

-James quería venir.- explicó de forma escueta sentándose en una silla libre. Se sintió intimidado ante aquellas miradas y cuchicheos, como si fuese un extraño que no debía estar ahí.

-Está bien, continuemos por donde íbamos. Paul, ¿te importaría?

El tal Paul miró a Dumbledore extrañado y luego volvió a mirar a Harry al que no le había quitado un ojo de encima desde que había llegado. El joven tendría unos veinticinco años y tenía desplegado delante de él un mapa de algo que parecía un edificio.

-Disculpe profesor, pero le importaría explicarnos qué hace Potter aquí.- Harry levantó la cabeza ofendido, él había llegado casi cohibido por la situación, intentando pasar desapercibido y no quería que nadie le pusiese en tela de juicio, de repente aquel hombre se le antojó un engreído y un estúpido por cuestionarle.

-Luchará a nuestro lado ¿algo más?- los cuchicheos se levantaron entre los miembros de la mesa y Remus dejó caer pesadamente uno de los libros que había cogido haciendo que el ruido llamase la atención de los demás y se callasen.

-¡¡Pero si es un crío!!

Harry fue a saltar para defenderse de ese comentario, pero alguien lo hizo por él. Le hubiera gustado que fuese Remus, lo que habría supuesto que él no lo consideraba un crío, pero sabía perfectamente que Remus nunca aceptaría de buen grado que él luchase, sin embargo Ojoloco Moody se acercó al joven arrastrando su pierna de madera y clavando sus dos ojos de manera atemorizadora en él.

-Ese crío, como tú le llamas, ha mirado a Voldemort a la cara más veces de lo que tú lo harás en tu vida y está ahí para contarlo, así que procura pensar lo que dices antes de abrir esa boca la próxima vez.

"¡¡Sí!!" pensó Harry asombrado de Moody lo viese así "yo soy el heredero de Gryffindor y he luchado contra Voldemort. Con mucha suerte, todo hay que decirlo, pero lo he hecho".

-Ahora que todo está aclarado- Harry salió de esa conversación mental consigo mismo cuando oyó a Dumbledore hablar de nuevo, ya no se sentía tan intimidado, él quería estar allí y sabía que era fuerte, quizá mucho más fuerte que todos los presentes así que no habría ningún problema.- continúa.

-Entraremos por grupos. El efecto sorpresa será nuestro aliado…- Paul siguió contando cuál sería la estrategia a seguir para asaltar el edificio donde se encontraban alojados parte de los mortífagos, por primera vez en aquella guerra iniciarían ellos el ataque, y aunque no fuese un punto de crucial importancia al menos serviría para mermar la moral del bando contrario y dar una buena noticia a "El Profeta".- Bien, entonces- concluyó el joven- los grupos serán de unas diez personas.

Andrea se puso de pie y se dirigió a la puerta, captando la atención de todos, incluido Harry que parecía estar en su primer día de clase en un sitio nuevo, sin saber muy bien dónde ponerse ni lo que hacer. Andrea le hizo una señal para que saliera y él simuló no entenderla muy bien, no quería que lo sacasen de allí porque estaba seguro de que Andrea le intentaría convencer de algo que lo mantuviera a salvo.

-Harry, a la cocina, tú luchas conmigo.- le ordenó con severidad.

-Por si no lo recuerdas, Markins, ahora tú luchas con nosotros.- le hizo ver una mujer en un tono muy mordaz.

-¡¡Yo no quiero un trato especial!!- protestó Harry por primera vez, aquello ya empezaba a resultarle familiar y no lo quería- Yo lucharé como cualquiera, no soy ningún crío.

-Tú te callas.- le ordenó Remus tajantemente, tanto que Harry se sorprendió de que lo hiciera con aquella fiereza y no supo qué contestarle.

-¿Tú te pondrías en medio de un avada kedavra que fuera directo a Harry?- Andrea había ignorado las palabras de Harry y de Remus, y seguía metida en su duelo personal con aquella mujer, que como el resto de la orden seguía teniendo sus dudas con respecto a ella. La mujer se quedó paralizada ante la pregunta que la había pillado de sorpresa pero no quería dar su brazo a torcer.

-Si fuera mi deber, sí.

-Pues YO no lo hago por deber, por eso él lucha conmigo.- Harry se quedó desconcertado unos minutos, por un lado se sorprendió de que Andrea hiciese aquella declaración, pero por otro se molestó porque estaba cansado de tener gente a su alrededor dispuesta a morir por él. Para cualquiera eso hubiera sido una buena noticia, pero él ya había tenido que sufrir bastantes sacrificios como para soportar uno más.

-A la cocina.- Era Remus quien estaba en la puerta, abriéndola con una mano y señalando el camino con la otra. Harry no lo había visto tan borde en su vida y no podía significar nada bueno- Los dos.

Andrea y Harry salieron del salón sin decir nada dispuestos a no montar un espectáculo familiar delante del resto de miembros de la Orden. Remus les siguió dando un portazo y adelantándoles con paso firme. Andrea y Harry intercambiaron una mirada cuando escucharon el golpe de la silla dentro de la cocina, respiraron hondo y entraron para aguantar el chaparrón.

-Remus ya hemos hablado esto.- empezó Harry que estaba viendo que aquella escenita podía retrasar el ataque de la orden. Remus ni siquiera le miró, estaba sentado a la mesa de la cocina mirando fijamente algún punto de ella- No quiero que me trates como un crío, ¿vale? Es mi obligación.

-Y la mía cuidar de ti. Ahora, siéntate.- no subió ni un barítono de su habitual tono de voz, pero sí fue mucho más frío- Y tú también.- le dijo Andrea. – Primero, no voy a animarte a luchar, pero tampoco a impedírtelo, tú sabes todo el sacrificio que ha supuesto que sigas vivo hoy y espero que seas suficientemente responsable para darte cuenta de que se ha perdido mucho en el camino como para que te arriesgues tontamente.- Harry hubiera preferido que le gritara que tenía tajantemente prohibido luchar antes de que le diese aquella charla de responsabilidad y sacrificio- Así que escúchame bien, no te alejarás de mí más de dos metros, no buscarás a ningún mortífago por mucho odio que sientas por él, no desobedecerás mis órdenes y sobretodo no te arriesgarás. ¿Entendido?

-Hay un pequeño problema. Todo eso que tengo que hacer contigo, también tengo que hacerlo con Andrea, así que o estáis los dos en el mismo sitio y me dais las mismas órdenes o no podré cumplir con los dos.

-No hay problema- le contestó Remus forzando una sonrisa a la altura de la cordialidad fingida con la que Harry le había hablado- porque Andrea no va a estar en esta batalla.

-Eeeee ¡Quietecito!- saltó Andrea- ¿Quién te has creído que eres para decir lo que tengo que hacer?- Remus le miró de tal manera que Andrea bajó su rebeldía en cuestión de segundos, jamás le había visto tan extrañamente autoritario- Remus, no puedes impedirme que vaya.

-No irás a ninguna parte hasta que no te recuperes.

-Si yo no voy, Harry no va a ningún sitio.

-¡¡Entonces todo solucionado!!- exclamó poniéndose de pie- los dos os quedáis aquí viendo una peli y todos tan amigos.

-Remus, no tienes opción- le dijo Harry en un perfecto tono amistoso- si quieres protegernos, ven con nosotros.

-Si haces algo fuera de lo normal…- Remus no sabía con qué amenazarle, estaba desesperado por convencerle de que se mantuviera a salvo- mm… estarás castigado hasta los veinte.

-Remus soy mayor de edad- le contestó él intentando no sonreír de verle tan paternal.

-¿Y a mí qué? Ahora ve a ver a Dumbledore.- Harry salió de la cocina sin rechistar. Ahora era el turno de ir a la desesperada por convencer a Andrea y a Remus sólo le quedaba una baza: chantaje emocional.- Andy, no lo hagas, por favor, hazlo por mí.- Remus empezó a acariciarle la cara con el dorso de la mano y lo que estaba siendo un chantaje se convirtió de repente en una autotortura porque sintió una enormes ganas de besarla allí mismo ignorando que fuera pudiese estar fraguándose una batalla.

-No puedo- le contestó ella con un nudo en la garganta ¿por qué se ponía tan meloso justo en ese momento?- y deja de intentar chantajearme, voy a luchar.- Remus se separó de ella y se cruzó de brazos al verse al descubierto pero ella le sonrió y se le acercó al oído- ¿sabes que estás muy guapo cuando te pones autoritario?

Sin darle tiempo a contestar a aquello salió de allí como si no estuviese ocurriendo nada fuera, como si fuesen los dos críos que empezaron a cambiar su amistad por algo más cuando tenían quince años, pero la orden al completo estaba en el vestíbulo esperando para aparecerse en el lugar del ataque.

-Profesor, le daremos un informe completo en cuanto hayamos terminado.- comentó una joven dispuesta.

-No te preocupes, Sarah, yo estaré allí, así que no necesitaré un informe.- le contestó el director, creando un silencio sepulcral entre todos los presentes.

-No podemos permitir eso, profesor- protestó otro joven- sería perjudicial para la moral de nuestro bando y le indicaría al enemigo que estamos debilitados.

-John, eso ha sido un gran discurso, - saltó el profesor con una sonrisa que no podía calificarse ni como amistosa ni como forzada- pero le aseguro que el que yo esté allí será una ayuda. Tengo mis años, pero sigo siendo el mismo, además las circunstancias requieren mi presencia.

-Si lo dice por mí, ya he dicho que no quiero tratos especiales. Soy el heredero de Gryffindor y tengo más poder que todos los que están aquí.

-Primera lección antes de una batalla- Andrea le agarró del brazo y le habló entre dientes de manera que el resto no pudiera enterarse- nunca subestimes al enemigo, ni a tus aliados.

-Harry, además de eso, eres nuestra última esperanza y no estoy dispuesto a quedarme en casa esperando de brazos cruzados, ahora por favor, abandona esa arrogancia tan Potter y acata las órdenes como el resto.

Harry miró a Dumbledore con algo de rencor por haberle llamado arrogante y quizá por ponerle a la altura del resto. Aunque no quisiera aceptarlo y siempre odiase esa particular popularidad que tenía, ser tratado como uno más cuando sus poderes podían equipararse a los de Voldemort, era algo que hería su orgullo.

Los grupos empezaron a desaparecer del vestíbulo de Grimmauld Place para tomar posiciones en un edificio abandonado a las afueras de Manchester donde la Orden tenía certeza de que se entrenaban las nuevas adquisiciones de Voldemort. No sería un gran golpe porque extrañamente podrían encontrar a alguno de los pesos pesados del grupo pero sería el primer ataque directo en aquella guerra. Siempre se habían tenido que conformar con estar a la retaguardia, esperando el golpe de los mortífagos para defenderse dentro de sus posibilidades, pero ahora iban a ser ellos los primeros en dar el paso y eso sería un gran golpe psicológico para Voldemort.

Harry se apareció en una calle oscura en la que sólo se oí el goteo de una tubería rota y el ruido de alguna lata al moverse, quizá porque las ratas se habían apoderado de aquella zona desértica y abandonada que parecía haber sido una vez una fábrica de zapatos. No fue muy conciente de lo que hacía, sólo que un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo cuando Andrea le dijo que les tocaba a ellos, se dio cuenta que estaba rodeado, a cada lado estaban Andrea y Remus que parecían extremadamente tensos y nerviosos, delante Dumbledore, mucho más calmado en apariencia, escudriñaba cada centímetro que les rodeaba con su varita en alza. Harry observó que en su grupo estaban las personas de mayor confianza de Dumbledore y supo en seguida cuál era la razón. Él era la razón y quería que eso no fuese así la próxima vez. Les demostraría a todos que no necesitaba aquella protección, así que respiró hondo y se obligó a hacer desaparecer el come-come que sentía en el estómago.

Los grupos se dividieron entre las diferentes plantas y rincones de la vieja fábrica, era un lugar enorme y no sabían exactamente dónde se encontrarían a los nuevos mortífagos. El grupo de Harry tenía que avanzar hasta la última planta. Por el camino no se encontraron con nada y Harry pensó que le mandaban allí precisamente para sacarle de cualquier peligro; Andrea y Remus no se separaban de él ni medio metro, a pesar de que apenas le miraban porque estaban concentrados en cualquier cosa que pudiera ocurrir alrededor. Para Harry escuchar voces supuso una mezcla de excitación y nerviosismo, no quería llegar hasta allí y marcharse sin luchar, pero por otro lado sentía reparos ante su primera batalla buscada. Andrea le sacó de su estado de concentración, agarrándole del brazo cuando iba a dar la vuelta a una esquina donde se veía más iluminación y las voces se escuchaban más cercanas.

-No te arriesgues- Harry puso gesto cansado, era la diezmilésima vez que se lo decía- pero quiero verte luchar, quiero ver de qué eres capaz ¿me has entendido?

-¡¡Andy!!- le riñó Remus, pero al ver que los dos le miraban con un "cállate" tajante, resopló malhumorado y se dio la vuelta.

-Tengo la sensación de que podrías acabar con esto en cinco minutos- Harry abrió la boca pero esta vez no para protestar, sino de pura sorpresa- pero ya te he dicho que quiero verte luchar, cuando yo te diga acabas.

-¿Cómo?

-Sigue tu instinto.

El resto entró primero, era obvio, pensó Harry y tampoco podía pedirles más. Tomó aire antes de entrar y de repente todo cambió, era como un entrenamiento más, miraba a un lado y a otro defendiéndose y mandando hechizos, ya no sentía nada en el estómago ni tenía nada en la cabeza excepto su siguiente hechizo, sentía a Remus muy cerca, le oía gritar maldiciones y defenderse pero no se separaba de él ni un metro, detrás de ellos estaba Andrea, más porque cada vez que intentaba acercarse al epicentro de la pelea Remus se lo impedía que por voluntad propia. Harry se tiró al suelo una de las veces que le atacaron y en los pocos segundo que estuvo en aquella posición se fijó en Dumbledore que luchaba al otro lado de la enorme habitación, le pareció increíble que una persona tan afable luchara de aquella manera, pero tampoco tenía mucho más tiempo para pensar en nada. Le hizo caso a Andrea, siguió luchando como un entrenamiento más utilizando sus poderes lo máximo que podía aunque sin abusar de ellos porque la causa no lo merecía. Escuchó un "ahora, Harry" que le pareció venir de otro planeta, fuera de su concentración. Y siguió su instinto, se escabulló de Remus seguido de Andrea que estaba preparada para cualquier reacción de Harry y ambos terminaron luchando junto a Dumbledore.

-¡¡Profesor, ordene que se retiren!!-gritó Harry por encima de los intercambios de maldiciones y los gritos. Dumbledore le miró sorprendido y serio, como si acabara de decir una locura pero Harry tenía una determinación que nunca le había visto y Andrea, a su lado, le apoyó afirmando al director en silencio. No sabía lo que Harry tenía pensado, pero quería ver a dónde le llevaba ese instinto.

El profesor Dumbledore dio la orden y a pesar de la sorpresa entre todos, especialmente entre los mortífagos, le obedecieron y retrocedieron. Harry se quedó junto al director y movió sus manos creando una corriente de viento que los arremolinó a todos en el centro. Los mortífagos, desconcertados y desorientados, se levantaban y volvían a caer sin saber muy bien qué estaba ocurriendo. Antes de que pudieran reaccionar una columna de fuego les rodeaba y amenazaba con alcanzarles.

-¡¡Desarmadles y aturdidles!!- gritó el director segundos después de reaccionar ante lo que su alumno había sido capaz de hacer con tan sólo un leve movimiento de sus manos.

Una vez que habían obedecido al director, los miembros de la orden intentaron calmar las llamas con un hechizo congelador pero fue una tarea inútil. Harry había sido capaz de controlar tan bien ese elemento que mientras él estuviera sólo podría seguir sus deseos, así que cuando vio que todo estaba seguro sopló levemente, más por un adorno teatrero que por su eficacia y las llamas se evaporaron dejando tan sólo una hilera de hollín negro en el suelo.

Andrea le sonrió orgullosa cuando se topó con él. Había hecho justo lo que ella esperaba, no era necesario que desplegase aquella fuerza, pero la verdadera razón de sacar a Harry a luchar era entrenarle, ponerle a prueba y ver que era capaz de seguir siendo igual de bueno que en el castillo donde se sabía seguro. Remus por su parte, no estaba tan orgulloso, de hecho, su rostro no podía reflejar otra cosa que sorpresa, como el resto de miembros de la orden. Él jamás le había visto controlar los elementos, la única vez que había podido verle luchar había sido en Hogsmeade y en el departamento de misterios y su capacidad había crecido tanto que comprendió lo que Harry le había dicho en el cumpleaños de Sophie "si después de verme sigues pensando que necesito protección, entonces hablaremos". Efectivamente, Harry no necesitaba de su protección, acababa de demostrarle que ni si quiera Dumbledore podría tener el poder que él tenía y que había aprendido a luchar muy bien.

-Te alejaste de mí- le dijo Remus en cuanto se acercó, aunque no había un verdadero reproche en el tono de su voz.

-Andrea me seguía. Ya te dije que no puedo obedeceros a los dos.

Bajaron las escaleras más relajados, arriba su grupo, capturaba a los mortífagos aturdidos. Harry se sentía como si acabara de hacer puenting, había descargado toda la adrenalina que llevaba acumulada y su primer golpe había resultado con éxito, sentía que por primera vez era útil realmente, no era un nombre en el que muchos tenían una esperanza, estaba haciendo algo para parar aquella guerra y eso le hizo sonreír.

-¿Por qué estás tan contento?- le preguntó Remus poniéndose a su altura. Harry sólo se encogió de hombros porque no se sentía capaz de darle la verdadera razón de su alegría- Hoy me he dado cuenta que no me necesitas, pero cuídate la siguiente vez.

Harry sonrió aún más y miró a Andrea que se había parado a su lado mientras Remus seguía bajando las escaleras. Extrañamente ese día parecía estar feliz, como si todo empezase a estar en el lugar que debía, le guiñó un ojo a Harry con complicidad y con un gesto de cabeza le invitó a que fuese detrás de Remus, que al contrario que ella, parecía haberse dado cuenta que todo empezaba a cambiar.

-Ey, Remus- Harry llegó por detrás y se abrazó al cuello, andando al mismo ritmo que él- ¿quién te ha dicho que ya no te necesito?- Remus hizo un gesto poco fructuoso para quitárselo de encima, como si no quisiese hablar de ello- no seas tonto ¿vale? Eres como mi padre, ¡¡claro que te necesito!!

Después de unirse al resto de grupos y comprobar que con sus más y con sus menos habían logrado capturar a un número muy alto antes de que escaparan, cada uno tuvo que marcharse a casa. Remus había vuelto a lo que ya podía llamarse su casa después de todo el lío que Andrea había tenido con Sophie y de verla herida, sentía que había vuelto a necesitarle y que de una u otra forma era más suya, así que tenía poco sentido mantenerse en su antigua casa, pensando qué podría pasar al día siguiente.

Los tres aparecieron con un fuerte crack y al tocar el suelo Andrea perdió un poco el equilibrio y cayó en los brazos de Harry, él no sabía que estaba herida y le extrañó mucho que le hubiera ocurrido algo así, pero antes de que pudiera preguntarle nada, ella había subido las escaleras para asegurarse que Sophie seguía durmiendo.

Remus y Harry entraron en la cocina y se dejaron caer pesadamente en las sillas, estaba a punto de amanecer, así que Remus sirvió un chocolate caliente salido de su varita. Se le había pasado el enfado con Harry y con Andrea por luchar, Harry se lo había ganado con ese "eres como mi padre" y Andrea… bueno jamás había conseguido enfadarse realmente con ella.

-¿Qué le ha pasado? Parecía enferma.- preguntó Harry medio tumbado en la mesa de la cocina.

-Se hirió en la última batalla, por eso no ha ido a entrenar.- Andrea entró en ese momento y se sentó junto a Remus, al hacerlo respiró hondo y se palpó el costado herido. Cuando se sentó fue como si no pudiera evitarlo, simplemente apoyó la cabeza en el hombro de Remus tal como lo hacía cuando eran unos críos- ¿estás bien?- ella sonrió tímidamente, como casi nunca lo hacía, intentando camuflar tras esa sonrisa un dolor que no quería demostrar. Remus le colocó uno de los rizos detrás de la oreja y no hizo falta que le dijera ni una palabra más porque sabía lo que le ocurría.- ¿chocolate?

-Sabes que sí- Cuando Remus se levantó a coger una taza, Andrea ocupó su asiento junto a Harry y le hizo una caricia en el pelo- ¿qué tal tu primera misión?

-No ha estado mal.

-Lo has hecho muy bien- Andrea miró para ver dónde estaba Remus y le vio entrando en la alacena, seguramente para coger algunas galletas- Eres un gran luchador y hoy… me he sentido muy orgullosa de ti.- Sin saber exactamente por qué, el hecho de que Andrea estuviera orgullosa de él le alegraba y le hacía tener una sensación extraña. Aquella mujer había llegado a su vida hacía muy poco pero se estaba convirtiendo en parte de ella, como si fuese parte de su familia.

-¿Puedo preguntarte algo?- ella asintió con la cabeza- Tú casi no me conoces y hoy has dicho que estarías dispuesta a morir por mí. ¿Por qué?

-Yo debería haber sido tu madrina, -le contestó Andrea después de pensarlo unos minutos, se le dibujó una sonrisa melancólica y por unos instantes perdió la focalización de su mirada- Lily siempre lo quiso y el día que la avisé de lo que podría ocurrir me pidió que te cuidara, como ella lo habría hecho. Supongo que estoy en deuda con ella.

-A ti no te gusta este mundo, y ya nos has sacado los poderes, quizá podrías volver. Mi madre te pidió que me ayudaras y tu deuda con ella está más que saldada.

-Harry, tú casi no me conoces y sin embargo estás dispuesto a librarme de esto. Aunque no lo creas eres para mí más importante de lo que piensas, ya no es sólo una cuestión de deudas con Lily.-Andrea se calló un momento y le acarició la mano que tenía encima de la mesa, sus planes compensarían todo- Además, ya no sé a qué mundo pertenezco y ni si quiera sé si voy a poder volver a ningún sitio.

-¿Galletas?-Remus apareció por detrás y puso encima de la mesa una caja de galletas surtidas rompiendo la conexión que se había creado entre Harry y Andrea.

Harry llegó a Hogwarts con el tiempo justo para ir a clase de encantamientos a ver a Ginny y decirle que seguía entero y no entrar tarde a su clase con Macgonagal, que le perdonó sus despistes en clase porque sabía dónde había pasado la noche. En cuanto sonó la campana Lily se aseguró de que Harry no tuviera ningún rasguño mientras los demás le preguntaban por lo ocurrido, todos excepto James que había encontrado un gran divertimento en el periódico de la mañana. Después de esa clase tenían herbología, así que Harry tuvo que soportar el interrogatorio de Hermione y de Sirius todo el camino hasta los invernaderos. Delante de él, James iba andando solo con los puños apretados y más tenso de lo habitual.

-¿Qué le pasa?- preguntó Harry en voz baja a Lily, porque sabía que su padre no se estaba perdiendo detalle de la conversación.

-Está enfadado, se ha pasado toda la noche despierto.- Harry sintió un hormigueo en el estómago, le importaba poco que James estuviera enfadado con él, antes o después se le pasaría, pero se había pasado toda la noche preocupado por él. El problema era que él no había salido de fiesta como cualquier adolescente sino que su padre tenía que espera a verle entrar con todas sus extremidades.

-Esto… ¡¡James!!-

-Olvídame- le gritó sin pararse.

-Andrea me ha dicho que esta tarde tenemos entrenamiento, dice que hoy sacará tus poderes sea como sea.- Harry sabía que le esperaba una buena con su padre pero al menos tenía la ilusión de que la referencia a sus poderes le suavizase.

-¿Y a mí qué? No voy a ir.- dobló el periódico y lo metió debajo de su brazo con mucha fuerza antes de seguir andando hacia el invernadero.

-¡¡James!! Espera -Harry dio una carrerita hasta ponerse a su altura

-Déjame en paz. Estoy enfadado y cansado, no tengo ganas de escucharte.- Harry gruñó antes de volver a hablarle a James. Él también estaba cansado.

-Te he dicho que te esperes- lo agarró del brazo e hizo que se detuviera- Si estás enfadado por lo de anoche, lo siento, pero no voy a dejar que te arriesgues. Esta tarde hay entrenamiento.- acabó sentenciando.

-Andrea dijo que tendríamos que enfrentarnos a Voldemort juntos y tú me sacas de esto cuando sabes que odio que me protejas.- le farfulló sin dar gritos para evitar que todos se enteraran.- ¡ah! Y no voy a ir a entrenar.

-¿Por qué no?

-Porque es una tontería. ¿Para qué? ¿Para que una vez que tenga mi poder tenga que ver cómo soy capaz de hacer algo que ningún mago puede y quedarme aquí de todas formas esperando a que maten a mi hijo sin que yo pueda hacer nada? Pues no, gracias.

-No lo entiendes. En primer lugar anoche no me enfrente a Voldemort y digáis lo que digáis Andrea y tú, voy a seguir haciendo lo imposible para que te quedes esperando, aunque lo cierto es que no tengo mucha intención de dejar que me maten. Pero escúchame bien, tu vida vale más que la mía.- le contestó Harry con seriedad después de asimilar lo que James inconscientemente le acababa de decir.

-Eso será para ti.- James le fulminó con la mirada y le pegó con el periódico en el pecho. Harry lo desplegó y vio cómo en la portada se contaba lo ocurrido la noche anterior, aunque sin ninguna referencia a su presencia allí- A eso fuiste anoche, ¿no? Pues la próxima misión lárgate a escondidas, porque si yo te veo no irás solo.

-Eso ya lo veremos.- le desafió Harry que ya empezaba enfadarse mucho- No me pongas a prueba.

-¡¡No, Harry!! No me pongas TÚ a prueba.- y antes de que Harry pudiera contestarle apretó el paso con los puños apretados y se colocó en el último rincón del invernadero para evitar enfrentarse de nuevo a su hijo.

A la hora a la que había quedado con Andrea, Harry fue a la sala de entrenamientos. No había visto a James en toda la tarde, en parte porque él se había encargado de esconderse y en parte porque se había dado una buena siesta para compensar la noche de insomnio. Andrea ya estaba allí cuando él llegó, se había sentado a la mesa y jugaba con una botellita que contenía un líquido verde y con su varita como si fuera una peonza.

-¡¡Cuánto tiempo sin vernos!!-ironizó Harry sentándose al lado de ella- ¿Qué es eso?

-Buenas tardes, Harry ¿Y James?- preguntó ella ignorando su pregunta.

-No sé si vendrá, está muy enfadado porque ayer no vino.

-Si es que sois tal para cual. Ya llevabais mucho tiempo sin discutir.

-Sí, mucho, ya casi lo echaba de menos- bromeó -¿Qué es eso?- insistió Harry señalando la poción.

-Esta poción elimina el dolor que puedas sentir pero te deja casi inutilizado para luchar.- Harry la miró sospechosamente ¿Para qué la querría?- Cuando venga James, quiero que te la tomes.

-Será mejor que hoy tenga mis habilidades de lucha totalmente activas- Harry empujó la botellita de nuevo hacia Andrea, como si picara- James está muy enfadado.

-No será James quien te ataque. Lo haré yo y a menos que quieras saber lo que duele uno de mis cruciatus más te vale que te lo tomes en cuanto llegue.

-¿Se te ha ido la cabeza?- Andrea le miró con una ceja alzada- Es que tengo una pequeña duda ¿¿Por qué??

-Porque hoy saldrá a la luz el poder de James.

-¿Sabes? Debí ser muy malo en otra vida porque siempre me toca pringar a mí. Que hay que sacar mis poderes, sufro yo; que hay que sacar los de James, también sufro yo ¿Me has visto cara de tonto?- Harry no estaba enfadado, más bien algo confuso y se lo estaba tomando medio a broma.

-Te aseguro que hoy James lo pasará peor que tú. A no ser claro que se te olvide tomar este pequeño frasco.

Harry cogió la poción y la observó con desconfianza. Ambos guardaron silencio durante un largo rato en el que esperaron la llegada de James, pero parecía estar demasiado enfadado como para aparecer ese día, sin embargo la puerta se abrió de repente y Harry estuvo a punto de tirar la botellita con el sobresalto, en cuestión de segundos y antes de que James abriera la boca, Harry ingirió todo el contenido que sabía a una mezcla de hierbas y queso revenido.

-¡¡Que conste que vengo sólo por pura curiosidad!! ¡¡Sigo enfadado!!- exclamó como saludo.- Ya era hora de que me prestaras un poquito de atención. ¿Cuál es mi poder?

-No estoy segura, pero espero que hoy lo demuestres.- explicó Andrea poniéndose de pie- dame tu varita. Te pondré en una situación límite y tendrás que salir de ella.

James le dio su varita con algo de reticencia y sintió que de repente se quedaba indefenso ante la expectativa de algo desconocido y a juzgar por la cara de Andrea, peligroso.

-Harry acaba de tomarse una poción que le quita sus poderes- mintió Andrea- durante unas horas no será capaz de usar su magia.- Harry se encogió de hombros como única explicación cuando su padre le miró inquisitivamente- así que… ¡¡Crucio!!

Harry sintió un hormigueo por todo el cuerpo, pero no era dolor, sus músculos se tensaban igual que lo habían hecho en otros cruciatus pero no sentía cómo le ardían los huesos, sin embargo interpretó sus papel a la perfección, empezó a gritar como si la vida le fuera en ello y al fin y al cabo había sufrido varias veces las consecuencias de la maldición imperdonable como para no saber cómo actuar.

-¡¡Para!!- gritó James desesperado- ¿¿Te has vuelto loca??

-Si quieres pararlo, páralo tú.- le contestó con frialdad antes de volver a lanzar un nuevo hechizo sobre Harry que lo elevó a un metro del suelo haciendo que sus espasmos fueran aún más dramáticos.

James empezó a dar vueltas a un lado y a otro intentando buscar algo en su cabeza, en sus manos, en sus instintos... que sacara a Harry de aquel sufrimiento, pero lo único que podía repetirse una y otra vez era un "párate". Se tapó la cara desesperado y volvió a gritarle a Andrea, lo hizo tantas veces que no era consciente de que lo estaba haciendo, se cogía los pelos a puñados, andaba arriba y abajo y agitaba las manos desesperado sin ningún resultado.

-¡¡YA BASTA!!- se desgañitó y de repente los gritos de Harry pararon y de la varita de Andrea no salió nada, no había rayo y por no haber no había ni siquiera movimiento. El golpe de Harry contra el suelo al no tener nada que lo mantuviera suspendido fue lo único que sacó a James de su sorpresa, que antes de fijarse en el hecho de que Andrea permanecía de pie, congelada en medio de la habitación. Quería asegurarse de que no le ocurriera nada a su hijo- ¿Estás bien? Por Merlín, se ha vuelto loca. ¿Quieres que llame a alguien?

Harry estaba agotado, realmente no había sentido nada de dolor pero sentía que su cuerpo estaba flojo, como si acabara de levantarse y se le ocurrió que aquella poción podía equipararse a las anestesias muggles. Sonrió cuando James lo mantuvo entre sus brazos, arrodillado junto a él, más preocupado de lo que jamás lo hubiera visto en su vida y empezó a tener una sensación reconfortante en todo el cuerpo, incluso el dolor de cabeza que llevaba martilleándole todo el día se estaba disipando.

-James, tranquilízate, estoy bien, no me ha dolido nada el cruciatus. La poción era para eliminar el dolor.- James le soltó inmediatamente y se levantó algo enfadado, todavía demasiado concentrado en Harry y él como para fijarse en Andrea. Harry le imitó y se levantó pesadamente, le cogió una mano y se la puso en la cabeza- No te pares, hombre, que me duele la cabeza. Usa tus poderes.

-¿Me ves cara de aspirina?- le saltó el mordazmente.- ¡¡sigo enfadado contigo!!

-¡Qué cabezón!- se lamentó Harry- Y no te veo cara de aspirina, te veo cara de heredero de gryffindor que alivia el dolor y…- le hizo un gesto con la cabeza para señalarle a Andrea totalmente petrificada- detiene el tiempo. Ya has descubierto tu poder, ahora más te vale saber cómo funciona si quieres que vuelva a la normalidad.

-No me lo puedo creer- exclamó asombrado mirando a Andrea.

James sintió que se mareaba un poco, examinó a Andrea que parecía una estatua con la varita alzada y tuvo que sentarse para recuperarse del shock. Jamás hubiera pensado que podría detener el tiempo, ese poder era mucho más útil que el de aliviar el dolor, así que una sonrisilla se le esbozó en la cara en medio de sus pensamientos.

-James, ¿te importaría concentrarte en devolver a Andrea a la normalidad?

-¿A ti por qué no te afecta?- Harry se encogió de hombros, ¡¡menudas preguntas!!- ¿Cómo se supone que tengo que hacer para devolverla a la normalidad?

-Concéntrate, inténtalo, no sé, cualquier cosa excepto sentarte ahí.

El proceso a la inversa no fue mucho más fácil. James lo intentó, se concentró, gritó cosas como "muévete", agitó las manos pero los resultados fueron inútiles. Harry le iba dando consejos, cosas que le servían a él para controlar los elementos o que había utilizado en sus inicios en la magia sin varita, pero tampoco estaba funcionando.

-James, tranquilízate ¿quieres? Estas muy alterado y así no vamos a conseguir nada.

James volvió a concentrarse, respiró hondo y dejó la mente en blanco; el resto vino solo, hizo un movimiento con la mano que habría jurado no haber hecho y Andrea volvió a la normalidad, aunque algo desorientada al ver que Harry no estaba donde debía y que parecía que ella se hubiera perdido un capítulo en la historia.

-¿Qué ha ocurrido?

-Creo que paré el tiempo, o a ti sólo, no sé.- explicó James confuso.

-¡¡Lo sabía!!- exclamó Andrea triunfante- Sabía que no sólo aliviarías el dolor. ¿Cómo lo has hecho?- James se encogió de hombros, no lo tenía muy claro- bueno no importa, ya lo perfeccionaremos. ¿Contento?

-Bueno… si tenemos en cuenta que para conseguirlo me has hecho pensar que te habías vuelto loca y estabas torturando a Harry… pues no sé muy bien qué pensar.

-Al menos se te ha pasado el enfado.- murmuró Harry aguantando una sonrisa.- Además ahora estamos en paz, tú me puteaste a mí para sacarme mi poder. Algún día tendría que vengarme.

-Muy gracioso.

-¿A Harry le ha afectado?- James negó.- Mucho mejor, esto será perfecto. Justo lo que necesitábamos.- Andrea estaba encantada, había descubierto que tenía razón y el poder de James podía ser más útil que el anterior. -Bueno chicos, yo os veo mañana.- se despidió Andrea- Buenas noches.

James le hizo un gesto con la mano y se dirigió a la puerta, por un momento Harry pensó que no se le había pasado el enfado y que su pequeña broma sólo había servido para recordárselo, pero James le esperó en la puerta.

-¿Vienes o qué?- Harry se acercó a él y notó la mano de su padre en la cabeza, alzó la vista intentando ver qué le estaba haciendo pero empezó a sentir otra vez cómo se calmaba el dolor- Al menos usaré el poder que ya controlo.

-Se te ha pasado el cabreo- canturreó Harry de camino a la sala común.

-Cállate o te dejo con jaqueca.

Harry no dijo ni una palabra más hasta llegar a la sala común pero tampoco fue capaz de quitarse la sonrisa de la cara. Las cosas parecían haberse puesto a su favor, le permitían luchar, James conocía su nuevo poder y no estaba enfadado, así que se permitió el lujo de pasar el resto de la noche cenando con su amigos y olvidándose del hecho de que en poco más de un mes se acabaría hogwarts para siempre y tendría los exámenes.