CAPÍTULO 47: SIGAMOS SIENDO CÓMPLICES.

Andrea había dormido como un lirón esa noche, después de haber pasado la anterior en vela y muchas otras preguntándose si llevaría razón al pensar que James tenía otro poder, esa noche no le dio tiempo ni a apoyar la cabeza en la almohada, seguía teniendo problemas en la cabeza, demasiados, pero todo empezaba a encajar y el final se acercaba. Se estaba desperezando cuando Remus entró en la habitación con una bandeja en la que junto al zumo de naranja y las tostadas había un par de pociones.

-Buenos días, dormilona.- Andrea se escondió debajo de las sabanas como si fuese una niña a la que su madre iba a despertar para ir al colegio- Vamos, Andy, que tienes que curarte la herida.

-Ya está curada.

-No, no lo está.- se sentó en la cama y le quitó las sabanas de la cara. Se había levantado juguetona y eso era raro, era como si volviese a ser la misma de antes.- Come algo y déjame curarte.

Andrea se tomó el zumo y picoteó algo de lo que había traído. Sabía que su herida estaba casi curada y ella misma podría haberse echado todas esas pociones como había hecho otras muchas veces, pero le gustaba que Remus estuviese pendiente de ella, que la acariciase con mimo. Se estaba acostumbrando a su presencia de una forma peligrosa, pero no podía dejar de hacerlo. Cuando se tomó el desayuno, se levantó un poco la camisa del pijama; de todas las veces que lo había hecho en los últimos días en ninguna ocasión había tenido ni una mínima connotación sexual. Podía ver a Remus concentrarse preocupado en no hacerle daño, le rozaba sólo en la medida en que curarla lo requería, nada.

-Estate quieta.

-Me haces cosquillas.- la herida había mejorado tanto que ahora casi no le dolía.- Además tienes las manos heladas.

-¡Eso no es verdad!- exclamó él levantando la cara. Los dos estaban sonriendo pero en cuanto se vieron a cinco centímetros el uno del otro, la sonrisa se les cayó. Si en todas las veces que había estado curándola no se le había pasado por la imaginación en ninguna de ellas tocarla más allá de lo que suponía ponerle una venda, verla esa mañana tan risueña y tan cerca, le estaba volviendo loco. Pasó de los ojos a los labios y los encontró más apetitosos que en su vida. A Andrea le ocurrió lo mismo, le miraba fijamente, expectante y se acercó a él un poco más, lo justo para dejarle dar el siguiente paso. Se sonrieron y…

-¿¿Estáis jugando a los médicos??-Sophie estaba en la puerta, con la misma cara de mal genio que había llevado desde el día de su cumpleaños. Había pasado por delante de la habitación de camino a la suya y les había visto a punto de besarse, así que encontró la manera perfecta de fastidiar, pero algo le quitó el gesto de soberbia de la cara.

Andrea se había separado de Remus instintivamente, pero seguía teniendo la herida al descubierto, y aunque ya estaba muy mejorada, toda la piel de alrededor seguía amoratada. Sophie se quedó helada mirando el cuerpo de su madre y se sintió culpable por haberle fastidiado el momento. De repente ella dejaba de ser la agresora, para convertirse en una víctima y veía que podía perderla en aquella guerra en la que estaban metidos. Seguía enfadada por haberle mentido, pero en el fondo de ella no podía negar que la quería, que era la única madre que había tenido y que no le deseaba nada malo.

-Pásame esa poción, por favor.- Remus se había dado cuenta de la reacción de Sophie y aunque en un primer momento hubiese sentido deseos de matarla por haberles interrumpido, encontró la manera perfecta de acercarla a su madre. Andrea se percató de sus intenciones, llevaba días haciendo aquello sin ayuda y recurrir a Sophie después de la reacción de la niña era un juego con trasfondo.

-¿Qué te ha pasado?- le preguntó sin mirarla a la cara, todavía muy fría, dándole a Remus lo que le había pedido.

-Me hirieron la semana pasada.- Sophie levantó la cara sorprendida, no sabía nada de la última excursión de su madre así que la única batalla que le quedaba era la que había tenido el día antes de su cumpleaños, cuando ella la había rehuído.- Pero ya estoy mejor ¡Auch!- Andrea miró a Remus entre sorprendida y enfadada por haberle hecho daño mientras le ponía la poción, el resto de días casi no lo había notado y ahora, con la intención de darle un toque dramático al asunto, lo hacía con más fuerza.

-¿Te duele mucho?

-Ahora menos…

-¡Menos mal que me di cuenta el día de tu cumpleaños!- interrumpió Remus como si nada- Tenía una herida horrible y podía haber terminado muy mal.- Sophie se sobrecogió aún más.-Bueno pues yo ya he terminado, tengo que marcharme pero vendré a la hora de comer.- Se puso de pie, recogió las cosas del desayuno y le dio un beso en la frente a Sophie y otro a Andrea que le supo a muy poco después de la interrupción de la niña.

-¿Quién te lo hizo?- preguntó Sophie tímida. Algo le decía que debía pensarse su enfado con su madre. Llevaba días queriéndole preguntar mil cosas, pero su orgullo no le dejaba y ahora al verla vulnerable había sentido el miedo de perderla.

-No tiene importancia. Estas cosas pasan en guerra.- Ella se levantó y empezó a hacer la cama para entretenerse en algo, tenía miedo de volver a alejarla. La necesitaba, necesitaba incluso discutir con ella con ese maldito genio que había sacado. La echaba de menos y no quería empeorar las cosas.

-Siento haberte llamado asesina.- dijo Sophie de carrerilla, sabía que cuando estaba enfadada siempre decía las cosas que más dolían pero luego se arrepentía de haberlas dicho, aunque normalmente no encontraba el valor suficiente para pedir perdón.- Yo… no tengo derecho a juzgarte y si tuviste que matar a alguien, sería para defenderte.

Andrea se sentó en la cama y resopló nerviosa. No sabía cómo decirle que quizá no siempre había sido por su propia defensa, pero si de algo estaba segura era de que no podía seguir jugando a las mentiras con ella.

-Cariño… verás… siéntate.- Sophie se sentó en la otra esquina de la cama y la miró con reservas- tú todavía no entiendes muy bien lo que está ocurriendo en este mundo, por qué es la guerra y por qué nosotros estamos tan metidos, pero poco a poco lo irás entendiendo. Al fin y al cabo en septiembre tendrás que ir a Hogwarts.- Sophie sonrió un poco pero bajó la cabeza porque sabía que no era un plato de buen gusto para Andrea- pero hace dieciséis años acabó la primera guerra y en ella yo… yo trabajé como espía.- Sophie abrió la boca asombradísima pero no fue capaz de decir nada- por eso llevo esta marca y por eso me llaman Sophie Markins y… bueno oirás a mucha gente decir que fui una asesina, pero… fue un papel; yo… simplemente tenía que hacerlo.

-Lo entiendo. Pero es que me pilló de sorpresa, fueron muchas mentiras juntas y yo creía que tú no eras así.

-Yo nunca debí haberte mentido respecto a la magia, pero no quería volver a este mundo porque es algo muy duro para mí. Tampoco debí haberte mentido respecto a lo de tu madre, pero… es difícil encontrar el momento. Tú llegaste a mi vida cuando tenías seis meses y lo hiciste en el peor momento, cuando más sola me sentía, así que fuiste mi salvación. Lo único por lo que merecía la pena levantarme cada mañana.- A Sophie, empezaron a aguársele los ojos al oír las palabras de su madre- Te veía crecer y cada día me decía a mí misma que tenía que contártelo, pero nunca veía el momento, tú eras mi niña y no quería compartirte con nadie. Pero no tenía derecho a ocultarte algo así.

-¿Qué pasó con mis padres? La verdad.

-La historia de tu padre es cierta. Robert Stevenson, un gilipollas redomado que despreciaba la magia y que acabó abandonando a tu madre cuando estaba embarazada. Por suerte para él, nunca he vuelto a verle.- Sophie sonrió un poco, esa historia sí se la sabía y al parecer era verdad- Tu madre… Alex era una persona increíble, fuimos íntimas amigas hasta que yo me convertí en espía y entonces ella quiso matarme, pero no te asombres, era su trabajo, era auror y muy buena por cierto.

-¿Esos son los policías mágicos?

-Sí más o menos. ¿Sabes? Yo también saqué esa carrera, pero mi destino fue otro.- Andrea le sonrió con amargura y se sentó algo más cerca de ella, había logrado no llorar en todo su relato y la estaba sintiendo cada vez más cerca.- Tu madre sobrevivió a la guerra y siguió trabajando como auror; en ese entonces ella me odiaba, pensaba que era una asesina, como tú hasta hoy.- Sophie bajó la cabeza avergonzada- pero cuando Remus se marchó fui a hablar con ella y le conté la verdad. Todo volvió a ser como siempre entre nosotras hasta que naciste tú y ella me pidió que te cuidara si le ocurría algo. Su trabajo era peligroso así que quería tener todo arreglado.- Andrea empezó a acariciarlo los rizos a Sophie, que ahora se había sentado aún más cerca de ella- y un día no volvió; yo te estaba cuidando. Ella tenía que ir a una misión para detener a unos traficantes de pociones y no volvió. El mundo mágico me perseguía así que cuando lo leí en el periódico recogí tus cosas y te llevé a mi casa en Elgin; lo arreglé todo para que tú fueras mi hija en el mundo muggle, con la esperanza de que nunca volvieras a la magia.

-¿Ella me quería?

-Más que a nada en el mundo.- le contestó abrazándola con un brazo.

-¿Entonces por qué se arriesgó tanto?

-Escúchame- Andrea la puso de pie delante de ella y la agarró de los hombros- A veces la vida nos impone obligaciones a las que no nos podemos negar. El trabajo de tu madre era peligroso, pero ella se aseguró de que tú estuvieras bien si le ocurriese algo.

-Y tú harás lo mismo ¿verdad?-Sophie la abrazó y rompió a llorar en su hombro, desahogándose de todo lo que le había ocurrido en los últimos días. Se había sentido sola, culpable, enfadada y confusa y ahora sólo quería recuperar a su madre. A la que había tenido siempre y que había estado a su lado.

-Cariño, yo no sé lo que va a ocurrir mañana, pero… antes que nada me aseguraría que tú estuvieras bien.

Estuvieron un rato, abrazadas, acariciándose y Sophie siguió llorando. Se habían echado de menos mutuamente y se habían encontrado en la verdad después de mucho tiempo.

-Mamá.- Andrea no pudo evitar abrazarla aún más fuerte cuando la escuchó llamarla así- Quiero que hables con Dumbledore y con quien sea para que me quiten el nombre del Robert ese.- Andrea le sonrió, le estaba hablando con determinación- No quiero tener nada que ver con él. Así que diles que yo no soy Sophie Stevenson.

-Está bien, pero yo… ahora no puedo hablar con nadie del ministerio para registrarte como Sophie Mackenzie, porque el ministerio me sigue buscando por mortífaga. Ellos no saben la verdad.

-¡Ah! Bueno pues… ya irás cuando descubran la verdad, pero… ese tampoco es mi nombre. Se acabaron las mentiras ¿recuerdas? Yo quiero el apellido de mi madre, el tuyo.

-Cariño, no es bueno llamarse Sophie Markins, está muy vinculado a lo que yo hice.

-Me da igual. Es mi nombre y yo… yo estoy orgullosa de ti.- Si Andrea había conseguido aguantar las lágrimas en toda la conversación, aquello fue superior a ella misma y comenzó a llorar- Si hubiera sido algo malo Dumbledore y Remus no cuidarían de ti.

Esa tarde Remus y Andrea tenían una reunión con el profesor Dumbledore. Los tres habían pasado la comida especialmente felices, se habían reído de buena gana por primera vez desde hacía bastante tiempo y Sophie había contado a Remus su decisión de llamarse Sophie Markins, lo que tampoco le hizo mucha gracia, más por las consecuencias que podía acarrear en su vida que por lo que podía significar el nombre para él. Por su parte, Andrea y él no hicieron ningún intento de seguir su conversación por donde la habían dejado, había sido un arrebato del momento y ninguno de los dos hizo la más mínima referencia a él, sólo actuaban como hacía muchísimos años que no lo hacían, como buenos amigos y eso les estaba resultando reconfortante.

El profesor llegó a la hora del té y tuvo que responder a todas las preguntas de Sophie acerca del colegio, las casas y las asignaturas hasta que Andrea se hartó y la mandó a su habitación, así que los tres tomaron sus tazas y la bandeja de pastas y se fueron al salón donde estarían más cómodos.

-No tienes buena cara- apreció Andrea- ¿Ocurre algo malo?

El director dudó unos minutos antes de contestar. Se tomó el tiempo necesario para saborear su pasta de limón y dar un sorbo al té con parsimonia. Remus y ella estaban al borde del infarto, mirándoles expectantes, y a punto de zarandearle para que hablara.

-Lo cierto es que no sé si son buenas noticias o no.- Eso era lo único que faltaba para acabar de preocupar a los otros dos, que se mantenían sentados en el borde de la silla sin probar una gota del té- Ayer encontré la forma de devolveros a vuestro tiempo sin peligro de extraviaros.

Remus y Andrea intercambiaron una mirada de decepción. Eso era algo que no se esperaban, podrían haber apostado por un ataque, por alguna mala noticia relacionada con Harry, pero ¿devolverles a su tiempo? Lo extraño era que eso era algo con lo que vivían, sabían que antes o después se marcharían, tendrían que decirles adiós a Lily, a James y a Sirius, que al fin y al cabo eran lo que faltaban, pero a pesar de que sabían que era algo que estaba ahí, no se lo esperaban, se habían acostumbrado a ellos y no querían tener que despedirse.

-¿Tan pronto?- fue Remus quien puso palabras a su decepción- no sé, no me lo esperaba.

-¿Pronto?- se sorprendió el director- Llevo casi un año buscando la fórmula para llevarles a su tiempo. Ha sido algo muy difícil. No podía arriesgarme a que aparecieran descolocados.

-Ya, pero no puedes llevártelos aún.- Remus miró a Andrea con algo de compasión, pensaba que ella simplemente no quería decirles adiós, pero ella llegaba más allá y Dumbledore lo sabía.

-Ese es el problema y por eso quería hablar con vosotros. No pueden quedarse aquí toda la vida, lo que significa que tiene que ser pronto. Eso… o lo hacemos solos.

-¿Me estoy perdiendo algo?

-Las posibilidades de Harry contra Voldemort serán mucho mayores si James está allí.- Remus se quedó parado con la boca abierta incapaz de encontrar algo que decir a la explicación de Andrea- Es capaz de detener el tiempo y por lo que vi ayer, a Harry no le afecta, eso supondría la mayor baza a su favor.

-Pero no sabemos si arriesgarnos a llevar a James- explicó Dumbledore como contrapunto- Si le ocurriera algo… bueno ¡para qué pensarlo!

-Harry no lo aceptará.

-Harry sabe que las cosas no siempre serán como él quiere. Antes o después tendrá que aceptarlo igual que tú has aceptado que él luche.

-Yo no lo he aceptado.- saltó Remus- Es sólo que… bueno que más bien tiene que protegerme a mí. Sé que es muy fuerte.

-Y James también.- observó Dumbledore- Y estoy seguro de que si lo consultáramos con él aceptaría encantado; pero volvemos a lo mismo ¿Lo arriesgamos o no?

-Yo voto por que sí.- opinó Andrea.

-¿Y el otro plan?- Remus se quedó aún más asombrado, él no había oído hablar de ningún otro plan.

-Ése es paralelo.- Andrea se puso de pie y empezó a dar vueltas por la habitación, no quería que Remus la pusiese en un aprieto ni descubriese nada de lo que tenía en mente.- Harry dispondrá de unos minutos, a penas es nada, no sabemos cómo estará en ese momento, si podrá atacar. ¡¡Nada!! Es algo que no puede planearse. Detener el tiempo sería lo que cualquiera rogaría en ese tipo de situaciones y James se lo puede dar.

-Estoy empezando a cansarme de no entender vuestros secretos.- saltó Remus algo enfadado.

-Es sencillo.- empezó a hablar Dumbledore y Andrea estuvo a punto de caerse ante la expectativa de que él le contara la verdad- Harry tendrá que deshacerse de la magia de la herencia de Slytherin y a partir de ahí dispone sólo de unos minutos para matar a Voldemort.- Andrea respiró tranquila al escuchar la mentira de Dumbledore, tomó asiento y se bebió su té, ya demasiado frío, de un tirón.

-Si es así, lo mejor será que James esté allí para ayudarle, pero habrá que protegerle al máximo.

Los tres volvieron a su merienda, cogiendo alguna pasta por pura inercia, pero jugaban con ella entre las manos, pensando cada uno en sus cosas. Andrea la estaba deshaciendo en trocitos que caían en su taza vacía. Tenía la vista fija en la jarra de la leche como si su interior pudiera darle las soluciones a todo lo que se avecinaba. De repente todo se le venía encima, las noticias de Dumbledore, sin que se diera cuenta habían precipitado todo en su cabeza. Sabía que la lucha final llegaría pronto, pero ahora la veía ahí, a la vuelta de la esquina y se había asustado. Por primera vez toda su determinación se convertía miedo. Respiró profundamente, obligándose a quitar esos pensamientos de su cabeza, a ignorar que su posibilidad de redención llegaba cuando su vida había logrado encaminarse, y se centró en lo que tenía que hacer.

-James no ha luchado nunca.- comentó mientras volvía a coger otra pasta para seguir desgranándola.- Eso es algo a tener en cuenta.

-¿Estás proponiendo que también lo llevemos a una batalla?- Remus no podía creerse lo que oía.- Creo que con tenerte a ti y a Harry ya tengo suficiente.

-Remus, no te ofendas- le dijo Dumbledore con tranquilidad- pero no se trata de lo que tú puedas preocuparte, sino del interés de todos.

Remus apoyó los codos en la mesa y se tapó la cara desesperado. Sabía que el director tenía razón, que no podían tomarse decisiones teniendo en cuenta su sentido de la protección, pero era tan difícil aceptar a alguien más que le importaba en aquella guerra.

-Creo que eso es arriesgar demasiado.- acabó diciendo.

-Quizá algo sencillo, como con Harry el otro día.- tanteó Andrea- más que nada para que no le pille de sorpresa ¿Y si no sabe reaccionar?

-Estás hablando de James- murmuró Remus con melancolía- Eso es que nunca le has visto luchar.

-Te recuerdo que intentó matarme. Varias veces.-Remus asintió con una sonrisilla como si le estuviese contando una rivalidad de colegio.

-Pero en aquel entonces era auror y luchaba por su familia.

-Y ahora también.- le contestó Andrea.- No te imaginas cómo estaba ayer viendo a Harry sufrir, fue su instinto el que detuvo el tiempo, sus ganas de sacar a Harry de aquello.

-Quizá Andrea tenga razón, algo sencillo.

-No hay nada sencillo en esta guerra.- Remus se puso de pie y estrelló su servilleta contra la mesa en un gesto de frustración- Pero si los dos estáis de acuerdo… adelante. ¡Eso sí! Con Harry habláis vosotros.

Sirius había hecho un asalto al armario de Harry, se había pasado dos horas cambiándose de modelito, mientras que James, Remus, Ron y el propio Harry actuaban de jueces. Junto a la cama el baúl abierto presentaba el mayor desorden que había conocido en los último siete años y eso que no podía decirse que Harry fuese el culmen de la organización. Sirius había quedado esa noche con Patricia para salir en Hogsmeade, había ignorado a Hermione repitiéndole una y mil veces que podía ser peligroso, así que se disponía a pasar una velada fiestera con su chica en la que esperaba encontrar el momento exacto para decirle la verdad.

-Sirius, si te pruebas una camisa más te juro que te tiro por la torre de astronomía.- le amenazó James tumbado en la cama de Ron, harto de ver a su amigo pasearse con toda la ropa de Harry.

-Eso es envidia.- Sirius salió del baño con el pelo mojado y el peine en la mano.- Se te nota que estás loco por salir de fiesta.

Después de muchas vueltas y de aguantar las bromas de sus amigos, Sirius acabó con una camisa blanca y vaqueros; cogió la capa de invisibilidad de James y fue a buscar a Patricia a la entrada de la torre ravenclaw. Se sentó en el suelo, con la capa por encima, hasta que la chica salió y cuando lo hizo no pudo percatarse de que él estaba allí, pero él sí. Patricia se había decidido por una minifalda negra y un escote que estaba dejando a Sirius sin fuerzas para levantarse. Se quedó un rato con la boca abierta hasta que pudo reaccionar.

-¡Guau!- exclamó levantándose aún con la capa de invisibilidad, lo que hizo que Patricia se sobresaltara- Estás alucinante.- Sirius se quitó la capa y la besó- Y mucho más alta.

-Tú tampoco estás nada mal. ¿Eso es una capa de invisibilidad?

-Sí, es de James, la necesitamos para salir de Hogwarts.

-Todavía me estoy preguntando cómo.

-¿No querías entrar en mis secretos? Pues bienvenida a mi mundo.

Sirius la cubrió con la capa y cruzaron el castillo en silencio hasta llegar al sauce boxeador. Hubiera usado el túnel de la bruja tuerta pero a esas horas de la noche Honydukes estaría cerrado y sería una tontería, así que salieron a los terrenos donde hacía una noche estupenda de mayo y los cruzaron con mucho cuidado, hasta que Patricia se cansó de que los tacones se le clavaran en el césped y siguió su camino con ellos en la mano. Al llegar al sauce boxeador, Sirius salió de la capa y lo detuvo presionando uno de los nudos cerca de la entrada. Patricia le miró asombrada pero pensó que quizá Harry le había contado aquello así que no preguntó, se dedicó a darle un golpecito en el trasero cuando él fue a recogerla para cruzar el pasadizo.

-¿Sabes? Me estoy pensando lo de la discoteca.- le susurró Patricia mientras pasaba por el angosto pasadizo abrazada a su cintura- ¿Esto no llevaba a…?

-A la casa de los gritos.

-¿A ti se te va la cabeza?- exclamó deteniéndose en seco- No pretenderás que entre en esa casa ¿Verdad?

-¿Desde cuando eres tan cobardica?

-Te recuerdo que aquí el único gryffindor que hay eres tú. Tú déjame a mí con mis libros y mis miedos y si quieres demostrar algo, ¡¡ala!! Sigue solo.- Sirius empezó a reírse y la abrazó en su camino de vuelta al colegio.

-Yo cuidaré de ti.- Patricia se dejó abrazar hasta que entre beso y beso él la acabó convenciendo de seguir, aunque no estaba muy segura de aquella excursión- No hay nada en la casa de los gritos. Todo es una mentira.

-¿Qué sabrás tú si llevas aquí dos días?

-Te sorprendería sabe cuándo fue la primera vez que crucé este pasillo.

Sirius quería contárselo pero no encontraba la forma de hacerlo, así que se decantó por seguir. La condujo por la casa, como si estuviese en la suya propia hasta salir de nuevo a una cálida noche llena de estrellas en Hogsmeade. La discoteca a la que Sirius había prometido llevarla no estaba lejos, la había descubierto en sus paseos con James y Remus en la luna llena y se había lamentado por que no estuviera ahí en su tiempo, así que quería probarla. No les costó trabajo entrar, al fin y al cabo aunque Patricia no fuera mayor de edad, vestida como iba lo aparentaba y alucinó cuando llegó dentro, con la música a todo volumen y focos de luz pasando de un lado a otro. Había bastante gente, aunque Sirius hubiera apostado a que en tiempos más pacíficos su aforo era mucho mayor.

Llegaron a la barra y pidieron dos whiskys de fuego que Sirius pagó con el dinero que Harry le había dado, a condición de que en cuanto viera a su adulto se lo pidiera. Estuvieron bailando un rato en medio de la pista, concentrándose más en ellos mismos y en lo provocativos que se estaban poniendo mutuamente que en cualquier cosa que estuviera sonando, pero la última canción que puso el DJ era muy conocida y todos empezaron a bailar y catar con más efusividad, todos excepto Sirius, que no la había oído en su vida.

-¿No has oído nunca esto en Estados Unidos?- le gritó Patricia por encima de la música sin dejar de brincar. Sirius negó con la cabeza- ¡¡Yanquis!!

-Es que yo no soy de América- gritó Sirius decidido a decirle la verdad.

-¿¿Qué??

-Que yo…- Patricia le hizo un gesto con las manos de que no se estaba enterando de nada, así que Sirius la agarró del brazo y la arrastró por la pista- Vamos fuera. Tenemos que hablar.

-¡Oh, Anthony! Eres un aguafiestas, me encanta esa canción.- se lamentó ella saliendo por la puerta de la discoteca y mostrándole la mano al portero para que le pusieran el sello y así entrar más tarde, pero Sirius se la quitó. Después de lo que le contara no iban a entrar otra vez- ¿Te has puesto así porque os he llamado yanquis?

Sirius siguió andando con paso ligero por el mismo camino por el que había llegado, cruzó la verja de la casa de los gritos con Patricia detrás quejándose porque iba muy deprisa y porque la había sacado demasiado pronto de la diversión.

-Yo no quiero volver a Hogwarts.- terminó diciendo cuando Sirius por fin se paró cerca de la entrada de la casa- Cuéntame ahora mismo lo que está pasando.

-Yo no soy de Estados Unidos.- le dijo muy serio después de un rato. Patricia alucinó en todos los colores, ¿qué importaba eso?, así que le cogió de la mano y tiró de él de nuevo en dirección a la discoteca.

-Anthony, está bien, no eres yanqui, no te lo tomes tan a pecho, volvamos a bailar un ratito. – pero Sirius no se movió.

-Nací en Londres- ella le miró con cara de aburrida- en 1959.

La cara de Patricia se desencajó, de la sorpresa le soltó la mano y le miró fijamente. Él estaba muy serio y se había sentado en el césped, preocupado.

-¿Me estás diciendo que tienes treinta y ocho años? Pues te conservas muy bien. Si es una broma, no le veo la gracia.

-No es ninguna broma.- Patricia al ver que no se reía se sentó a su lado intentando enseñar lo menos posible con el material del que disponía- Nací en 1959, y James, Lily, Andrea y Remus.

-¿Quiénes son Lily y Remus?- a Patricia le estaba costando mucho asimilar todo aquello, no le veía ni pies ni cabeza, pero si encima le metía nombres nuevos la cosa se complicaba aún más.

-Lily es Lily Evans, aunque a ti te suena más como Potter, ahora es la novia de James pero se casarán y tendrán a Harry- Patricia abrió la boca aún más incapaz de verle sentido a todo aquello- Remus es Remus Lupin, sí, el mismo, tu antiguo profesor de defensa- explicó antes de que ella preguntara- Y Andrea… bueno eso es una historia muy complicada que tampoco viene al caso. Tuvimos un pequeño incidente con un hechizo y acabamos viajando veinte años hacia el futuro. Por eso llegamos aquí.

-Tú piensa que yo soy imbécil.

-Nena, tienes que creerme. Este era el secreto que tenía que contarte.

Patricia resopló nerviosa y confundida se tumbó en el suelo ignorando ahora que su falda pudiera enseñar la mayor parte de su pierna. Se pasó las manos por la cara varias veces y miró a Sirius intentando encontrar en él algo que le dijera que le estaba gastando una broma.

-¿Y tú? ¿Quién eres tú?- Sirius se dejó caer junto a ella y la miró indeciso, como si no supiera si contárselo o no, pero ahora que había empezado lo mejor era no parar.

-¿Te acuerdas que te dije que en mi familia todos teníamos nombres de estrellas?- Patricia no contestó, pero Sirius siguió, señaló en el cielo, acercando su cara a la de ella para que pudiera ver bien hacia dónde indicaba- Aquella es la mía.

Patricia se tapó la boca, habría reconocido aquella estrella en cualquier parte. Era su estrella, a la que le pedía deseos cuando era pequeña, la que buscaba siempre que miraba al cielo, la que había brillado para ella desde que tenía uso de razón. No podía ser él, no podía serlo simplemente porque eso significaba que desaparecería, que no habría rastro de él después de que le devolvieran a su tiempo. Si realmente era Sirius, estaba muerto.

-Es mentira.- negó ella incorporándose- Tú sabes lo mucho que significa esa estrella para mí. Sabes todas las coincidencias de mi vida con Sirius Black, no puedes decirme que eres tú. – Se apoyó en sus rodillas y se pasó las manos por el pelo, nerviosa- te conté que esa estrella era especial para mí. Te dije que nací el mismo día que Sirius Black entró en la cárcel y que siempre había visto en él un halo de inocencia. Si estás jugando a hacerme daño, lo estás consiguiendo.

-Nena- Sirius la abrazó por los hombros- Te juro que no quiero hacerte daño. Sólo quería decirte la verdad, decirte quien soy porque mi conciencia no me dejaba seguir con esta relación engañándote. James dice que es porque me estoy enamorando de ti, pero es que no podía seguir escucharte llamarme Anthony. Yo soy Sirius y tú eres la primera persona que me ha conocido bien de verdad, joder nena, pero si hasta te he dicho que te quiero. Eso no lo había hecho yo en la vida.

Patricia se puso de rodillas delante de él y le intentó encontrar en los rasgos de su cara algo que le dijese que era el hombre que se había hartado de ver en los carteles de "se busca", que era el asesino del que ella siempre se había compadecido y lo encontró, algo en esa mirada, en esos ojos grises que la miraban rogándole que le creyera.

-No puede ser verdad.- Sirius empezó a darle pequeños besos por la mano con la que le había acariciado- Si de verdad eres tú, te irás. ¿Qué vamos a hacer entonces? No es una relación a distancia, estamos hablando de que en tu tiempo yo ni si quiera he nacido.

-Ya lo pensaremos otro día ¿vale? Hoy has descubierto demasiadas cosas. – ella le asintió con la cabeza- Ahora… bésame

Patricia no se lo pensó, le dio un beso en los labios muy suave, mucho más de lo que ambos acostumbraban a ser. Sirius se dejó caer en el suelo con ella encima, que seguía besándole como si fuera la primera vez que lo hacía.

-Sirius- volvió a darle un beso corto – Suena bien, me gusta más que Anthony.

-Tú sí que me gustas a mí.

Sirius perdió su mano entre la poca tela de la falda de Patricia mientras que con la otra acariciaba toda su espalda como si hubiese estado deseando aquel momento toda su vida. No iba a ser la primera vez para ninguno de los dos y tampoco se la iban a pasar diciéndose cuánto se querían, se sonrieron con complicidad y supieron que se habían acabado las barreras, los compartimentos vedados y que esa noche no sólo descubrirían la verdadera identidad de Sirius.

Sirius apareció a la mañana siguiente con los zapatos en la mano cuando todos sus amigos se disponían a bajar a desayunar. Había pasado una noche increíble y por desgracia Patricia se había empeñado en ir a clase, porque si no hubiese pasado también una mañana increíble. Se anotó mentalmente que tenía que decirle a James que tenía razón y que lo quisiera o no, todo era diferente, pero cuando él bajó a desayunar después de darse una ducha James no estaba y tampoco Harry así que se sentó junto a Remus con un hambre voraz bajo la mirada de Remus que estaba loco por que le contara lo ocurrido.

Dumbledore había hecho llamar a James y a Harry a su despacho de manera que los dos cogieron unos cuantos bollos y se los fueron comiendo por el camino hacia el despacho del director. Al menos se librarían de la primera clase con Snape y Harry pensó que fuese lo que fuese lo que le esperaba en el despacho de Dumbledore, merecía la pena; pero se equivocó.

El director estaba de pie junto a la mesa hablando con Andrea. Remus, tal y como había dicho, se había negado a volver a ser él quien cargase con la obligación de contarle a Harry algo que no quería escuchar. Harry los vio girarse demasiado serios, mucho más de lo que era habitual y sintió que estaría mucho mejor en una clase con Snape, incluso con un Snape muy enfadado. Miró a James, que a juzgar por su expresión debía estar pensando lo mismo, y ambos se sentaron donde el director les estaba indicando.

-Buenos días a los dos- los dos Potter hicieron un gesto con la cabeza, estaban demasiado a la defensiva como para hablar- os he llamado porque tengo algo muy importante que comunicaros y cuando digo comunicaros no quiero decir consultaros, es decir, siendo franco, vuestra opinión en este tema queda a un lado.- Harry abrió la boca para hablar, si lo iban a dejar al margen es porque sabían que estaba en contra de fuera lo que fuera lo que iban a decir- Un momento, Harry, aún no he terminado.- le cortó el director- Hemos decidido que a partir de ahora James irá a todas las misiones a las que tú tengas que ir, Harry.

-¡¡Sí!!- James acompañó a su grito victorioso con unos movimientos lúdicos antes los que Andrea tuvo que esconderse para no reirse allí mismo. Harry por su parte, no dijo ni palabra, se levantó con parsimonia y miró al director de forma desafiante.

-Él no va a ir.- Harry pronunció las palabras muy despacio, apoyado con las dos manos en el escritorio, miró a Andrea de la misma manera que estaba mirando a Dumbledore y siguió hablando- Me da igual que no os importe mi opinión, porque a mí tampoco me importa la vuestra; así que digáis lo que digáis, James no va a luchar.

-Harry deberías callarte.- le dijo James seriamente.

-No, tú deberías callarte, esto es un asunto entre ellos y yo.

-Conmigo como protagonista así que no me trates como a un crío.

-¡¡Silencio los dos!!- Dumbledore se puso de pie y dio la sensación de ser mucho más alto de lo habitual, le dio la vuelta a la mesa y se paseó por delante de James y Harry que se habían puesto de pie- Esto es una guerra y en las guerras unos mandan y otros obedecen ¡¡He dicho silencio!!- repitió elevando la voz tan sólo unos tonos cuando Harry fue a replicar- Has tenido conmigo insolencias que ni la mismísima ministra se atrevería a tener- le dijo a Harry- y ya me he cansado de esto. Yo tomo las decisiones que creo oportunas y que son lo mejor para todos; puede que a veces me equivoque, de hecho, me he equivocado en contadas ocasiones, pero ni si quiera el Winzengamot me pone en duda, Harry, así tú tampoco lo vas a hacer.

Harry estaba furioso, se puso completamente tenso y apretó los puños con tal de no saltar con una nueva bordería. Sabía que tenía razón, que le había faltado el respeto al director en muchas más ocasiones que cualquier otro mago y que él nunca se las había tenido en cuenta, pero en esta ocasión estaba en juego nada más y nada menos que James y eso era algo que no podía arriesgar.

-Harry- ahora fue Andrea quien intervino, su tono era severo pero a pesar de ello no parecía tan enfadada con el director- En la primera reunión que tuvimos te dije que los dos juntos tendríais que acabar con Voldemort y ahora que hemos descubierto el poder de James, con mucha más razón.

-Tú no lo entiendes…

-Claro que lo entiendo. Yo tengo el mismo miedo a arriesgarle, a que algo le ocurra y la historia se cambie, pero es que tú no quieres ver que él es muy fuerte- James miró a Andrea y sonrió, se había mantenido al margen de aquello observando asombrado la furia de Dumbledore y la reacción de Harry- usa contigo las mismas palabras que tú usas con Remus y tú le das la misma explicación: quieres protegerle, pero no puedes.

-Esta no es su obligación, es la mía.

-Todos hemos aceptado ponerte en peligro en contra de nuestras propias convicciones. – volvió a intervenir Dumbledore que no había recuperado su tono afable- Lo hemos hecho por un fin mayor, ahora tú, tú que eres con quien más responsabilidad carga en esta guerra, tienes que aprender esa lección.

Harry miró al director casi con odio, le temblaba todo el cuerpo por ponerle en aquella situación, por haberle puesto las cartas sobre la mesa y por no poder gritarle para desahogarse, miró a James y lo encontró asombrado, incluso extrañado por lo último que había escuchado. Acababa de descubrir que era quien más responsabilidades tenía en aquella guerra y no alcanzaba a saber por qué.

-Poniéndole en peligro, arriesgáis mi vida y la de millones de persona. – masculló con ira mal contenida sin mirar a ninguno de los dos.

-Estando juntos ambos sois más fuertes.- le explicó Andrea por millonésima vez- El peligro que James corre luchando contigo es mucho menor que el que pueda correr yo o Dumbledore.

-Pero es que la historia no depende de vuestra vida.

-Harry, ya basta.- James llevaba un largo rato sin ser capaz de articular una palabra, bebiendo de uno y de otro intentando encontrar sentido real a lo que ocurría fuera con su hijo- Tú tomaste la decisión de luchar en contra de la opinión de cualquiera de nosotros. No te importó nada lo que yo te dijera, lo que te pidiera Ron e incluso, no te importó nada dejar a tu novia toda la noche despierta esperando a que entraras por la puerta.-Andrea y Dumbledore se miraron entre sí, porque James no parecía ser el mismo que había entrado por la puerta bromeando con Harry, se había vuelto serio, adulto.- Sé que no me va a pasar nada porque tú estarás allí, así que ahora deja de comportarte como si fueras mi padre y dame la oportunidad de hacer lo que no pude la noche que me mataron.

Harry se sentó en la silla y metió la cabeza entre las manos, con los codos apoyados en las rodillas. Resopló varias veces, pensando en todo lo que acababan de decirle y recordó con algo de pena su clase de pociones, lo que le resultó aún más patético.

-Escúchame bien, no te alejarás de mí más de dos metros, no buscarás a ningún mortífago ni a nadie- Andrea se mordió los labios para evitar sonreír ante el hecho de que Harry estuviese repitiendo las mismas palabras que Remus le había dicho- no desobedecerás mis órdenes- Dumbledore carraspeó- bueno, las de Dumbledore y sobretodo no te arriesgarás. ¿Entendido?

-Sí papá.

-Perfecto entonces.- exclamó Dumbledore- Ahora que lo hemos dejado TODO claro, podéis volver a vuestras clases.

Harry salió del despacho con un portazo y no consintió hablar a James en todo el día. Había aceptado por obligación, como casi todo lo que hacía en esa guerra y había comprendido mejor que nunca lo que sentían sus amigos cuando él tenía que marcharse a luchar, así que prefirió pasar la tarde con ellos y con Ginny, compensándoles así de alguna manera haberles sacado de esa parte de su vida.