CAPÍTULO 48 HE SIDO TAN FELIZ CONTIGO.

Remus quiso pasar el día paseando por Londres con Andrea y Sophie para celebrar su reconciliación, así que cuando se levantaron y vieron un estupendo día soleado, prepararon unos sándwiches y se marcharon de paseo turístico. Andrea llevaba las gafas que Remus le había comprado la primera vez que fue a Hogwarts y entre ellas y su aspecto tan distinto al que solía llevar en la primera guerra era imposible que la reconocieran. En los días que habían pasado desde que casi se habían besado ninguno de los dos había dicho ni hecho nada al respecto, dejaban que las cosas fluyeran sin presiones, poniendo en su lugar lo que tenía que haberse situado muchos años atrás, pero lo pasaban bien, los tres reían como llevaban años sin hacerlo y pasaban las horas en casa jugando o contando historias como si hubiesen estado así toda la vida.

Remus, Andrea y Sophie entraron en Grimmauld Place corriendo para refugiarse de la lluvia, iban calados hasta los huesos, pero parecían estar divirtiéndose después de toda la tarde en la ciudad. Después de comer el tiempo había cambiado como sólo cambia en Inglaterra y unas nubes negras habían ensombrecido su maravillosa excursión, así que tuvieron que volver a la carrera. Sophie llevaba un par de bolsas con ropa nueva y una enorme de chucherías que le había terminado sacando a Remus a pesar de la oposición de su madre. Andrea y Remus tampoco se habían quedado cortos y no habían resistido la tentación de comprarse algo de ropa, como si la vida fuese simplemente eso, sin nada que preocuparse, sin ninguna guerra a su alrededor. Subieron las escaleras rápido, sin dejar de hablar de alguna anécdota que les hubiera ocurrido en su día fuera.

-Corre a ducharte si no quieres pillar un pulmonía- Le dijo Andrea a Sophie quitándole el paquete de golosinas que la niña ya llevaba por la mitad y comiéndose algunas. La niña se quejó pero Andrea estaba demasiado contenta ese día como para empezar alguna bronca con ella así que le sonrió con superioridad y cariño por haberle quitado las chucherías y le señaló la puerta de su habitación para que fuera a bañarse- Vamos, a la ducha, que ahora te haremos la cena.

La niña sabía que tenía que cambiarse de ropa antes de enfriarse así que no prestó más resistencia y se marchó a su habitación dejando a Remus y a Andrea solos en el pasillo. Se habían pasado todo el día con miradas tiernas, sonrisas cómplices y roces fugaces que significaban mucho más de lo que ambos querían aparentar. Puede que sólo fuera el buen ambiente que habían disfrutado ese día, comprando por todo Londres, comiendo en Hide Park o visitando monumentos como una auténtica familia feliz, o puede que fuese ese intento de beso hacía casi una semana, pero el caso es que les había costado mucho más refrenar sus muestras de cariño que cualquier día normal.

-Tú también deberías darte una ducha.- Remus se había colocado a su espalda y ahora le había puesto la mano a la altura de la cintura. Andrea ni se sorprendió ni se molestó, extrañamente todo lo que estaba ocurriendo ese día era como si hubiera debido ocurrir toda la vida. Se dio la vuelta sobre sí misma sin que Remus separara la mano de su cintura y se quedó muy cerca del hombre.

-Sí creo que ahora me daré un bañito- estaba hablando por inercia, porque se habían perdido en la mirada del otro conectados a escasos diez centímetros. Las gotas de lluvia adornaban todavía la cara de Remus, al que los mechones le caían desordenados - Tienes toda la cara llena de agua- Andrea le pasó su mano para empapar las gotas, pero había una intención oculta, incluso para ella, en aquellos movimientos dulces.

Remus tomó la mano de Andrea con la mano que tenía libre y la apretó contra su propia cara. Cerró los ojos mientras notaba el tacto de sus dedos, no había resistencia en ella, no se había tensado ni parecía querer huir. Empezó a besarle la palma de la mano todavía con los ojos cerrados con besos pequeños y suaves, respirando su olor y almacenando en la memoria el tacto de su piel. Con su mano tapándole la boca abrió los ojos para ver la reacción de ella, le estaba sonriendo, y él sólo la miró con picardía antes de volver a su tarea de besarla y acercarla más a él con la mano que tenía en la cintura. Siguió dándole besos repartidos por el brazo y se paró expresamente a darle uno en la marca tenebrosa que adornaba su brazo, inmediatamente y por instinto ella lo recogió pero Remus ya sabía cómo reaccionaría y la había agarrado fuerte, volvió a besarla en la misma marca hasta que ella se relajó otra vez y le dejó hacerlo, siempre la había querido incluso cuando lucía aquella marca con orgullo, no tenía nada que ocultarle.

Él ya estaba en su hombro, lo que significaba que se acercaba peligrosamente al cuello. Andrea ya se había entregado completamente, le había abrazado por el cuello y sus cuerpos mojados por la lluvia estaban completamente pegados cuando él le rozó los labios por primera vez. Aquello no podía haberse catalogado como beso, era una primera toma de contacto, un estímulo al recuerdo. Habían cerrado los ojos y todavía no habían pronunciado una sola palabra, seguían dejando hablar a sus cuerpos que se compenetraban a la perfección, se acariciaron la nariz con la del otro antes de volver a besarse, esta vez con más intensidad, aunque aún con mucha calma, muy despacio, saboreándose tan solo con el roce de los labios, pero habían dejado sus cerebros atrás, habían decidido abandonar su racionalidad y darle el control a sus cuerpos, unos cuerpos que se habían deseado toda la vida y que se conocían mucho mejor que ellos mismos. El beso se hizo más profundo, más apasionado, sus manos paseaban sin descanso por el pelo y la espalda del otro casi con furia, con desesperación. La respiración se volvió más agitada y sus lenguas se entrecruzaban analizando cada rincón.

Sin saber en qué momento, habían empezado a andar, sin separarse, hacia el cuarto de Remus; con ella abrazada jugando con su pelo y besándole el cuello intentó abrir la puerta a tientas, cuando lo consiguió la cogió de la cintura y la aupó haciendo que ella acabara con las piernas enredadas en la cintura de él, concentrada en seguir besándole. Cerró la puerta y se dirigió a la cama donde se dejaron caer sin dejar de besarse y de tocarse con absoluta desesperación, sin pensar en nada de lo que estaban haciendo ni de lo que podía ocurrir después.

Les sobraba la ropa, que mojada como estaba se pegaba a sus cuerpos sirviéndoles de obstáculo en unas caricias cada vez más ansiosas. Era como si no hubiera pasado el tiempo, como si se hubieran tocado por última vez en aquellas circunstancias el día anterior en vez de hacía casi catorce años. Andrea, acostada sobre el colchón empezó a desabrocharle la camisa y a tirar de ella para quitársela, iba besándole el pecho lleno de cicatrices a cada tirón que daba, eran besos llenos de avidez, de deseo mal contenido e incontrolable. Él la dejó hacer, dejó que en ese momento llevara las riendas que hasta entonces había dirigido él, intentó no tocarla mientras ella saboreaba cada centímetro de su piel al tiempo que se deshacía de la ropa, pero el intento fue en vano, porque en cuanto ella le había conseguido arrancar los vaqueros pegados por el agua, la abrazó con fuerza pasándole las manos por toda la espalda y empezó a desnudarla con rapidez hasta que la dejó sin nada encima.

-Siempre has estado preciosa cuando estás desnuda.

Remus se había quedado quieto contemplándola desnuda tumbada en la cama y ella no era capaz de decirle nada que pudiera expresar realmente lo que estaba sintiendo. No había palabras para aquel momento que describiese con fidelidad el impulso que sentía de abrazarse a él con fuerza y no separarse jamás, el miedo a que desapareciera de su vida otra vez, no había palabras que calmases la extrañísima sensación que tenía en la boca del estómago cuando él la miraba como lo estaba haciendo en ese momento. Un "te quiero" no lo hubiese descrito suficientemente, nada lo hubiera hecho excepto ella y su cuerpo. Le pasó los brazos por el cuello, sin dejar de mirarle a los ojos y sonriendo como sólo se puede sonreír en ese tipo de situaciones. Le besó con calma, olvidando su deseo, quería sólo sentir el roce de sus labios, decirle que ella sentía lo mismo. Se acariciaron la cara con la del otro, con los ojos cerrados, en movimientos que podían parecer torpes pero que habían sido toda la vida los primeros pasos de un ritual más que conocido, pero algo les interrumpió.

-¡¡Remus!!- la voz de Sophie se oyó al otro lado de la puerta que estaba aporreando- Remus, ¿sabes dónde está mi madre?

Remus se dejó caer derrotado por la interrupción sobre el hombro de Andrea que se estaba tapando la boca para que Sophie no la oyera reírse. Era la segunda vez que lo hacía y en esta ocasión ninguno de los dos estaba dispuesto a que les fastidiara el plan. Se cruzaron una mirada cómplice y Remus empezó a levantarse de la cama, la besó en los labios y se lió en la sábana. Entreabrió la puerta lo justo para ver a Sophie que se quedó con la boca abierta al verlo aparecer liado tan solo con una sábana. Era una niña inteligente, de mente ágil y su cerebro sumó rápidamente dos más dos, así que sólo le quedó sonreírse.

-¿Has visto a mi madre?- ya había una doble intención en el tono de la niña.

-Tu madre está… ocupada- terminó diciendo después de buscar un momento la palabra adecuada que era "desnuda encima de mi cama" pero no era plan de decirle eso a una niña.- Así que baja a la cocina, hazte un sándwich y no subas hasta dentro de un rato largo ¿de acuerdo?

-Totalmente de acuerdo- Sophie empezó a reírse otra vez y se despidió de Remus con un movimiento pícaro de la mano, pero antes de que Remus cerrara la puerta ella le llamó la atención.- ¡Ah! Dile a mi madre que ya era hora.

-¡¡Lárgate ya de aquí!!

Cerró la puerta y se giró para mirar a Andrea que estaba sentada en la cama, desnuda, y abrazada a sus rodillas mirándole con una sonrisa de satisfacción. Se acercó a la cama con una sonrisa parecida y se sentó en ella acercando a Andrea con un abrazo, que le pasó las piernas por la cintura.

-Esa niña es un diablillo.- Remus le acarició los labios con los dedos haciendo que tuviera que mordérselos.

-Sí, sí que lo es y tú… eres todo un padrazo.- Andrea le dio un beso en los labios que no pudo quitarle la sonrisa de orgullo que él había esbozado casi tontamente.

-¿Pero sabes lo mejor?- Remus la acercó aún más a él- Que lo sería toda la vida, si tú me lo pidieras.

Andrea sintió un profundo nerviosismo que intentó disimular hundiendo su cabeza en el hombro de Remus, eso era precisamente una de las cosas que tenía que pedirle, el problema es que no cumpliría con aquellas funciones de la manera en la que él estaba planeando.

-Ya lo sé.- le susurró dulcemente acariciándole la cara.

Remus la abrazó más fuerte y se dejó caer sobre su cuerpo, disfrutando de la maravillosa sensación de rozar toda su piel al mismo tiempo

-No me dejes nunca.- era un ruego desgarrador, mucho más en el tono dulce y suave en el que se lo había dicho al oído y Andrea se tensó un poco bajo su cuerpo, por suerte, en la posición en la que estaban él no podía ver cómo se le había ensombrecido el rostro al oír aquella petición. Nunca era demasiado tiempo para prometer algo.

Abandonaron de nuevo el lenguaje de las palabras y se dejaron llevar por caricias, por miradas y gemidos que decían todo lo que era necesario en ese momento. Se exploraron cada centímetro del cuerpo intentando recuperar una esencia que se había quedado almacenada en un segundo plano de la memoria pero que ahora volvía con la misma fuerza. Recuperaron juegos que habían compartido sólo entre ellos, con los que habían aprendido a desenvolverse en el mundo del sexo, disfrutaron como sólo podían hacerse disfrutar ellos, porque cada uno se esmeraba en encontrar en el otro ese punto o esa debilidad que un día se habían arrancado. Se llenaron de sonrisas, de besos, de caricias dulces pero apasionadas. Entre juegos y caricias el ya excitado ambiente se fue calentando más, sus cuerpos no podían seguir esperando, no podían seguir negando lo que llevaban deseando desde la primera caricia en el pasillo, así que sin dejar de besarse repetidamente y sin perder una conexión visual que sin saber muy bien cómo les estaba haciendo más fuertes, Remus empezó a penetrarla con una parsimonia casi desesperante pero que les estaba encantando, era como intentar mantener ese momento que se les había resistido demasiados años y saborearlo segundo a segundo. Se sonrieron ante la primera impresión placentera y a partir de ahí, sus sonrisas sólo eran rotas por gemidos ahogados, no querían hacer ni siquiera ruido para no romper aquel momento, pero una vez más sus cuerpos les vencieron y una vez pasados los primeros momentos, el deseo de tenerse les devoró hasta casi consumirlos, se abrazaron con tanta fuerza que los dedos se quedaban marcados en su piel y sus movimientos se hacían cada vez más rápidos, más rítmicos hasta que todo acabó. Acabó como siempre lo hacían, dejándose llevar por el torbellino de sensaciones que recorría cada nervio de su piel, agotados y casi exhaustos, pero unidos. Andrea se dejó caer sobre el pecho de Remus, notándole todavía dentro de ella, escuchándole el corazón para sentirse en casa, para saber que entre sus brazos no había más mundo que el que ellos modelaban.

Ya era de noche cuando dejaron aquella postura, no pensaban salir de allí por nada del mundo, no iban a dejar esa cama ni a separarse. Se acurrucaron el uno junto al otro, entre susurros de frases con poco sentido para el mundo excepto para ellos, pero sorprendentemente no hubo ningún "te quiero". Se dejaron vencer por el sueño, abrazados el uno al otro dormidos, para volver a despertarse una vez más juntos, sin nadie que les interrumpiese.

La mañana les pilló en una posición muy parecido a la primera noche que habían dormido juntos en Grimmauld Place, con la diferencia de que esta vez estaban desnudos. Remus se despertó primero y ronroneó como un gato abrazándose más al cuerpo cálido de Andrea que dormía profundamente apoyada en su pecho. Algo aburrido de estar solo, empezó a hacerle cosquilla en la nariz con su propio pelo, ella, durmiendo todavía, hacía muecas divertidas con la cara y se quejaba con sonidos guturales, que a Remus le resultaban encantadores. Andrea empezó a despertarse, desperezándose entre los brazos de Remus y rascándose la nariz después de las cosquillas con las que él la había despertado.

-Buenos días.- le susurró él dándole un mordisco en el lóbulo de la oreja.- ¿Qué tal has dormido?

-Genial,-se recostó aún más sobre su cuerpo y empezó a acariciarle el pecho- pero… ahora tengo hambre.- Remus sonrió y la abrazó muy fuerte.

-Quédate aquí, voy a traer el desayuno.- Remus tuvo que escurrirse entre los brazos de Andrea que se había dejado caer inerte sobre él y no le dejaba separarse de ella.

Cuando él se hubo marchado, Andrea se abrazó a la almohada, desperezándose aún, olía a él y eso le hizo sonreír. Había dormido en su cama, habían vuelto a acostarse y todo seguía siendo igual de perfecto. No quiso pensar en nada de lo que pasaría mañana, sólo estaba esa mañana que apuntaba a ser muy soleada, en su cama y con él preparándole el desayuno. Después de un rato, se lió en la sábana y empezó a curiosear por la habitación. Había pasado muy poco tiempo en ella porque siempre había querido mantener una barrera entre Remus y ella, pero aquella barrera había desaparecido en apenas unos segundos que todavía no llegaba a ubicar exactamente a lo largo del día anterior. En el espejo había pegado un dibujo de un lobo que Sophie le había hecho, Andrea lo observó y lo acarició suavemente, se dio cuenta de que su burbuja perfecta empezaba a romperse y prefirió dejarlo a un lado y fijarse en el escritorio donde encontró una caja de madera exactamente igual a la que ella tenía, entre los papeles, demasiado ordenados para su gusto, que Remus tenía. Intentó abrirla pero estaba cerrada con un hechizo, el mismo que Remus le había hecho el día que empezó a salir con Nicole, pero Andrea sentía mucha curiosidad por saber qué escondía él en esa caja que como muchas otras cosas en la vida habían compartido. Cogió la varita de Remus que estaba en el mismo escritorio y la abrió haciendo sonar un ligero clic. Con una mano se estaba agarrando la sábana para no pasearse desnuda por la habitación y con la otra abrió la tapa, por un momento sintió un cosquilleo de culpabilidad por estar entrando sin permiso en su vida, pero le pudo la curiosidad y esa curiosidad la dejó paralizada. Sólo fue capaz de ver la pareja de anillos de compromiso engarzados en una cadena que Remus había guardado ahí después de años llevándolos encima. La mano le tembló al cogerlo y no fue capaz de ver ni si quiera que era su foto la que estaba debajo de aquellos anillos. Los celos la nublaron como sólo ellos son capaces de hacer, se sintió una imbécil por haberle creído, por haber pensado que siempre la había querido y que no había sido capaz de mantener un compromiso serio con otra mujer.

La puerta de la habitación se abrió, pero Andrea no se dio la vuelta, con cuidado dejó los anillos sobre el escritorio y sin mirar a Remus empezó a recoger su ropa del suelo por donde había quedado desperdigada la noche anterior. Remus no se había percatado de esa hostilidad, así que dejó la bandeja con un abundante desayuno en la mesita de noche y se fue a donde estaba ella. La abrazó por la espalda, pero ella no le permitió acercarse mucho, con un movimiento brusco se separó de él y siguió con su tarea de recoger la ropa. Cuando la tenía toda se dirigió al cuarto de baño para cambiarse, no estaba dispuesta a desnudarse delante de él después de lo que había descubierto.

-¿Qué te pasa?- Remus la había agarrado del brazo y la miraba confuso. No entendía a qué venía aquel cambio tan repentino. Ella no contestó pero el subconsciente la traicionó y miró fugazmente al escritorio. Remus miró a donde ella lo acababa de hacer y vio su caja abierta y los anillos encima de la mesa- ¿Por eso estás así?

-¿A ti qué te parece?- exclamó ella, a la que no le había sentado nada bien el tono casi jocoso en el que él le había preguntado- Podrías haberme dicho que te habías casado, al menos te hubiera dado el pésame.- siguió con mordacidad. Remus se quedó descolocado un momento, no había captado muy bien lo del pésame- Uno guarda así los anillos cuando ha perdido a su pareja.

Remus se mordió el labio para no reírse, sabía que no era nada bueno hacerlo o ella se enfadaría tremendamente. Se armó de paciencia y cogió los anillos, después se acercó a ella y forcejeó para cogerle la mano.

-Es cierto que perdí a mi pareja, y pensé que la había perdido para siempre, pero yo no me he casado con nadie, es más, ni si quiera llegué a pedírselo. – Remus levantó un poco la mano que le había cogido a Andrea y ella se resistió intentando deshacerse de él, pero no pudo- Si te hubieras fijado, te habrías dado cuenta que lleva tu nombre inscrito dentro y que es de tu talla.- El cuerpo de Andrea se relajó tanto de golpe que estuvo a punto de desmayarse.

-Yo… lo siento…- era incapaz de articular una frase con sentido y ni si quiera era capaz de pensarla. Su cerebro se había quedado bloqueado con la información y se mantenía en pie fundamentalmente por el hecho de que Remus seguía aferrado a su mano.

Sin sacar el anillo de la cadena, Remus empezó a colocarle el anillo en el dedo anular. En el sitio donde debía haberlo puesto hace muchos años, pero ella le quitó la mano rápidamente. Había recuperado la cordura, y quizá para su desgracia, también la racionalidad.

-No, no lo hagas.- escondió la mano donde Remus le había intentado poner el anillo en la espalda y se alejó de él dando un paso atrás- Yo… no… - resopló desesperada intentando armarse de valor para decir la frase entera- no puedo casarme contigo.

Sabía que había sido un golpe duro, pero estaba convencida, no podía, era imposible en aquellas circunstancias, no volvería a decirle adiós ni a dejarle con una boda a medias. Volvió a dirigirse al baño para cambiarse, pero sobretodo para no seguir viéndole la cara de decepción que él tenía.

-Andy- ella se paró y se dio la vuelta- ¿Tú me quieres?

-¿Cómo puedes preguntarme eso después de todo lo que ha pasado?

-Porque llevas catorce años sin decírmelo.- Remus no la miraba, jugaba con los anillos entre sus dedos.

-Yo… bueno, tú ya lo sabes.

Remus se acercó a ella otra vez y colocó su cara a la misma altura que la de ella. Parecía decepcionado, casi triste y Andrea se sorprendió de ver aquellos sentimientos en sus ojos.

-Dime que me quieres.- fue casi un susurro, pero había determinación en el tono de su voz- Dímelo con la misma sinceridad que has gemido entre mis brazos esta noche, con la misma pasión que has pronunciado mi nombre.- Andrea no dijo nada. Se quedó paralizada, mirándole y sintiendo que un agujero se le abría en el estómago con cada segundo que él le clavaba aquella mirada tan inquisitiva. Él se cansó de ese silencio, de su pasividad y su reticencia a recuperar su relación, así que se dio media vuelta y la dejó allí- Yo estaría dispuesto a darlo todo por ti, pero necesito algo a cambio.

Había sido un ultimátum en el que había puesto la esperanza de una reacción, pero Andrea no dijo nada, se quedó callada durante un minuto que se hizo eterno. Pensó en lo que de verdad quería y en lo que podía ofrecer y llegó a la conclusión de que no sería justo pedir a cambio de nada.

-Dame un minuto para que me vista.

Sin darle tiempo a que le dijera lo más mínimo se metió en el baño. Tardó más tiempo del estrictamente necesario para cambiarse de ropa. Tenía que pensar, sopesar todas las cosas que tenía en la cabeza y todas las que le sobrevenían. Acababa de decirle que lo daría todo por ella y, la margen de todo, eso era algo que estaba esperando. Abrió la puerta del baño con prudencia y vio a Remus sentado en la cama, de espaldas a ella jugando con los anillos. Estaba pensativo, pero sobretodo parecía decepcionado. Ella le observó unos momentos y la conclusión llegó a su cabeza. Gateó por la cama hasta abrazarle por el cuello, le pasó las manos por el pecho y empezó a besarle el cuello con besos pequeños y seguidos.

-Sabes que te quiero- le susurró al oído- te amo tanto que si no estoy contigo no soy yo. Te quiero con la misma sinceridad y la misma pasión que la primera vez que me besaste y…- Remus había girado la cabeza y la había besado en los labios impidiéndole continuar- lo seguiré haciendo siempre.- él tiró de ella hasta sentarla sobre sus rodillas y empezó a besarla.

-¿Eso significa que te casarás conmigo?-Andrea sonrió a modo de disculpa, eso no era lo que le estaba diciendo.

-Remus cariño, yo… volvería a dormir contigo esta noche y todas las noches después de ésta, pero… esto- le quitó la cadena con los anillos de las manos y se la pasó por el cuello- mejor guárdalo tú por los dos. De verdad que no puedo aceptarlo.

Remus no se había quedado muy contento con aquella respuesta pero después de recapacitar un instante se dio cuenta de que eso era mucho más de lo que ya tenía. Había vuelto a oírla decir que le quería, había aceptado tener una relación como la que siempre habían tenido, sin nombres, sin compromisos y quizá incluso con miedos, pero no era el momento de ponerle faltas; simplemente estaban juntos.

-¿Tú cuidarías de Sophie como lo estás haciendo con Harry?- Andrea estaba seria, no había podido escabullirse de su abrazo y seguía sentada sobre sus rodillas, mirándola demasiado de cerca como para poder fingir nada, pero tenía que preguntarle.

-¡¡Claro que sí!! Tú misma has dicho que soy un padrazo- bromeó él que no había captado el tono tocado de Andrea- Los dos cuidaremos de ella.

Se puso de pie y Andrea tuvo que hacer lo mismo para dejarle servir el desayuno, ella se sentó e intentó buscar en su cabeza la forma de seguir con aquella conversación sin romper la magia que tenían.

-No me has entendido. Quiero decir que si cuidarás de ella cuando yo no esté.

La taza de café que Remus tenía en la mano se cayó rompiéndose en pedazos y dejando en el suelo un pequeño charco de café. Él no se inmutó lo más mínimo por lo que había ocurrido con la taza y miró a Andrea fijamente, intentando escudriñar sus pensamientos y llegar exactamente a dónde ella no quería que él llegara.

-¿Qué estás tramando?

-Nada. – saltó ella a la defensiva recogiendo los pedazos de porcelana y evitando así tener que mirarle- Estamos en guerra, sólo me preocupo por ella.

-Andy, no me mientas. ¿Qué tramas? No puedes arriesgarte a morir justo ahora.

-Tengo muchas cosas por las que pagar- murmuró ella sin levantar la cabeza, pero Remus la oyó y la cogió del brazo levantándola para que le mirase.

-Tienes muchas más por las que vivir.

Ella no contestó, siguió recogiendo los restos de la taza y limpió un poco el café derramado. Se levantó y siguió sirviendo el desayuno como si no hubieran hecho referencia a ningún tema escabroso, lo peor era que todavía le quedaba otro tema pendiente. Desayunaron en silencio, mecánicamente, casi sin mirarse, cada uno pensando en qué podía salir de todo aquello.

-Voy a despertar a Sophie.- Dejó la bandeja otra vez en la mesita y le dio un beso en la frente.- Te quiero.

-Y yo a ti.

Andrea abrió la puerta y se paró, pensando en si hacer lo que tenía pensado o no, respiró hondo y se dio la vuelta intentando aparentar completa normalidad.

-Remus, antes me dijiste que lo darías todo por mí- él asintió un poco escéptico- ¿Darías tu magia por mí?

Remus se lo pensó un momento, pero se relajó, había esperado cualquier cosa pero descubrió que lo único que ella le pedía era lo mismo que le había pedido hace años y esa era una decisión más que tomada.

-Lo daría todo, ya te lo he dicho, te daría mi magia, pero no me pidas que me separe de Harry y él pertenece a este mundo.

-No, claro. No te estoy pidiendo eso. Has dicho que me darías tu magia si yo te lo pidiera ¿verdad?-él volvió a asentir. No le dio tiempo a más sospechas, simplemente le cerró la puerta y se marchó para despertar a Sophie. La mitad de sus planes ya estaban solucionados.

James no había tenido que entrenarse tan duro en toda su vida. Harry se había propuesto asegurarse al máximo que estaba preparado para cualquier imprevisto en la batalla y lo había hecho luchar durante horas cada día dentro de un círculo de máquinas lanza rayos sin utilizar su poder para detener el tiempo. Las tardes se pasaban entre maldiciones y piruetas, escudos protectores y ganas de matar a su único hijo, hasta que llegaba Andrea y entonces su duro entrenamiento con Harry se hacía aún más penoso, porque tenía que detener el tiempo, volverlo a poner en marcha, hacer que sólo se detuvieran unas cosas y otras siguieran moviéndose, incluso había tenido que congelar a Andrea y descongelar su cabeza. Todo eso que podía parecer emocionantísimo a James se le había hecho toda una odisea. Habían estado cuatro días entrenando sin parar, quedándose hasta las tantas de la madrugada haciendo ensayos y trabajos, pero había tenido la suerte de que a Lily siempre se le "olvidaban" sus deberes encima de la mesa de la sala común y él podía copiar la gran mayoría.

Habían sido unos días largos y cansados en los que había tenido que enfrentarse al hecho de contarle a Lily que él también iría a luchar. Sorprendentemente ella no le dijo nada, se limitó a meter un peso más en su mochila y a mirarle durante largo rato en silencio, como si estuviese intentando conocer al hombre en el que se convertiría. Le pidió que se cuidara y que cuidara de Harry, pero sobretodo le pidió que no permitiese que su orgullo pusiese en peligro su vida, porque tenían que volver al pasado para tener un pequeño y morir antes de verle decir sus primeras palabras.

Ni Sirius ni Remus se habían enterado de nada sobre James. Él se había negado a contárselo porque les conocía lo suficiente como para esperar que fueran con él al fin del mundo, así que era mucho mejor para todos dejarles al margen, además Sirius andaba últimamente distinto con Patricia, ella tenía rachas, a veces se la veía feliz y otras tremendamente melancólica y Sirius ya no sabía qué hacer con ella, así que intentaba pasar con ella la mayor parte del tiempo y eso que aún no sabía que su permanencia allí empezaba a ver su fin.

Esa mañana en clase de transformaciones, Macgonagall había decidido hacer una ronda de preguntas para ponerles a prueba. Los EXTASIS estaban muy cerca y no quería que sus alumnos fracasaran, así que iba pasando uno a uno con alguna pregunta teórica o práctica en un sin fin de vueltas por la clase que la estaban haciendo la más aburrida de todo el curso. Al final del aula James, Sirius y Harry estaban tirados sobre sus mesas, contestando en voz baja y con tono aburrido cada una de las preguntas que la profesora estaba haciendo. Ellos se sabían todo eso y mucho más de esa asignatura, Harry no había llegado a convertirse en animago pero había tenido que estudiar muchas clases extra de transformaciones con Nicole y aquella clase se estaba haciendo más monótona que una lección de historia de la magia.

-Si de ésta no me duermo creo que podré soportar cualquier cosa- se exasperó Sirius bostezando sin ningún disimulo.

-Es lo peor.

-Señor Potter ¿acaso no le interesa mi clase?

Harry estuvo a punto de decir un "no" rotundo, pero el gesto severo de la profesora Macgonagall no invitaba a muchas bromas, así que se limitó a colocarse bien en la silla y poner cara de atención. Sirius y James, en vista de que eran los siguientes en la lista de broncas, imitaron a Harry, pero en cuanto la profesora se dio la vuelta, los tres volvieron a su posición original en la mesa.

-Yo no aguanto más.- suspiró James.

-¿Y qué vas a hacer? ¿Irte?- a James se le cruzó una mirada peligrosa que hizo que Sirius se irguieran instantáneamente, como si estuviese esperando que le deleitase con un nuevo plan.

-No sería mala idea.- James levantó un poco las manos y movió los dedos como si estuviese intentando quitarse un calambre pero inmediatamente toda la clase quedó paralizada.

-¡¡Te adoro!!- gritó Harry en voz alta, poniéndose de pie. Se asomó por encima de un petrificado Sirius y le faltó darle un beso a su padre por haberle librado de aquello- ¡Ojalá hubieras estado en las clases de historia! ¿Dónde te has metido toda mi vida?- Harry se calló de golpe al darse cuenta de lo inoportuno de la pregunta- Haz como si no lo hubieras oído.

-Sí mucho mejor. ¿Tú no tienes hambre?

-Mataría por un pastel de melaza.- a James se le hizo la boca agua tan solo con nombrarlo, así que se puso de pie y se dirigió a la puerta.

-¿Los vamos a dejar aquí?- Harry señaló al resto de sus amigos, Sirius miraba expectante al hueco donde había estado James y los demás, sentados en la fila de delante, tomaban apuntes o miraban a la profesora.

-A Sirius no- movió la mano en dirección a Sirius y este se sorprendió a si mismo buscando la respuesta a su pregunta en el hueco vacío en el que antes había estado James- A los demás sí, castigados por estar atentos en clase.

-¿Has detenido el tiempo en todo el mundo?- preguntó Sirius casi asustado de camino a las cocinas por los pasillos vacíos.

-¡No hombre! Sólo en clase. Como Dumbledore se entere me mata, pero es que ya no podía más.

Volvieron a clase cinco minutos antes de que el timbre sonara. La profesora Macgonagal miró entrañada su reloj que le indicaba que aún quedaba media hora más de clase y le dio unos golpecitos esperanzada en que no se rompiera, lo que les valió a James, a Harry y a Sirius tener que salir de clase riéndose a mandíbula partido. Al resto no les había gustado que escaparan de clase sin decirles nada y les tocó escuchar a Hermione contarle a James una y mil veces las desventajas de detener el tiempo a su antojo, pero no les importaba, se lo habían pasado bien en las cocinas.

Por la tarde, el entrenamiento con Andrea fue más de lo mismo, aunque esa tarde ella parecía diferente. Estaba más sonriente y no quiso explicarles el porqué, se dedicó simplemente a ser igualmente dura en lo que a entrenar se refería, pero en cuanto lo dejaron, bromeó con ellos y se sentó un rato para charlar. Ellos habían quedado con el resto para que fueran a recogerles y cuando lo hicieron todos saludaron a Andrea excepto ella misma, que como siempre le seguía guardado rencor. Andrea estuvo un rato charlando con ellos pero cuando iba a marcharse las llamas de la chimenea se incendiaron y Remus salió de allí con Sophie de la mano.

-¿Qué estáis hac…?

-Mamá, mamá… Remus me ha prometido que me va a enseñar el castillo.- Sophie salió corriendo alteradísima y se enganchó a su madre, que intentó mirar a Remus severamente, pero después de lo de esa mañana le fue imposible.

-No te enfadas ¿verdad?- Remus sabía que era muy probable que se enfadara, pero hizo como que no, se acercó a ella, le arrancó a Sophie y la besó en los labios.

Lo que ocurrió después fue como si James hubiese detenido el tiempo. Todos, excepto Sophie que se estaba riendo con la mano tapándole la boca, les miraron sorprendidísimos, como si lo que acababan de ver fuera un espejismo. Andrea y Remus, que ahora tenía a Sophie abrazada a su cintura, les miraron aguantando una sonrisa. Sabían que era algo que les iba a sorprender, de hecho, incluso Andrea adulta se había sorprendido un poco con el saludo de Remus, pero ahora era divertido verles a todos así.

-¿Alguien ha traído una capa de invisibilidad?- James y Harry negaron con la cabeza- ¡Chicos! ¿os importaría reaccionar?

-¿Estáis juntos?

-¿Ahora me hablas?- fue la respuesta algo mordaz que Andrea se dio a sí misma.

-Haya paz- medió Remus adulto- A ver, traed vuestras capas de invisibilidad y sí, estamos juntos. ¿Contentos?

-Ya era hora. ¿Cuándo pensabas contármelo? - Harry le dio un golpecito en la cara a Remus antes de dirigirse a la puerta para recoger su capa- James, ¿vienes?

-No, espera, tengo una idea mejor.-James se sopló las manos como si acabara de disparar una pistola en medio del antiguo oeste- Tengo que practicar. Os voy a hacer una ruta turística por Hogwarts, pero calma yo voy congelando los pasillos antes de que ellos pasen.

Sophie empezaba a ponerse nerviosa, se subió a la espalda de Remus, que llevaba a Andrea de la mano, como si de repente se hubieran convertido en la familia perfecta. Sophie iba preguntándole mil cosas, mientras veía a James congelar en medio del pasillo a cualquiera que pasara por allí, pero se cayó cuando el otro Remus se acercó a ellos.

-Has mantenido mi promesa. Tarde pero lo has hecho.- Remus le sonrió y con un gesto de la cabeza le señaló a Andrea joven para que se fuera con ella.

-Tarde, pero lo he hecho.- le susurró a Andrea mientras la ponía delante de él para abrazarla por la espalda. Sophie les miró y se bajó de un salto para irse con Ron y Hermione que iban paseando algo más adelantados.

James dio su ruta turística sin ningún inconveniente, entre todos le explicaron a Sophie más cosas de las que su madre hubiera querido que supiera, pero inexplicablemente la niña tenía maneras de buena merodeadora.

James y Harry tenían que ducharse, así que en cuanto Remus, Andrea y Sophie se fueron, corrieron a la torre para darse un baño. Lily fue con ellos, porque tenía que leerse aún algo para su próxima clase de encantamientos, pero el resto prefirió seguir paseando un poco antes de encerrarse en la sala común. Harry bajó de ducharse y se encontró a Lily sola sentada en una esquina del sofá leyendo. Se sentó a su lado y se acurrucó un poco junto a ella hasta que acabó tumbándose en su regazo recibiendo sus mimos. No se habían dicho nada más que un "hola", pero en cuanto Harry había visto a su madre le apeteció enormemente recibir sus caricias y ella no se iba a hacer de rogar. Andrea le había dicho que habían encontrado la forma de llevarles al pasado y ahora todo se precipitaba, quería aprovechar al máximo aquel tiempo, quería recibir todo el cariño de Lily y bromear todo lo que pudiera con James.

A veces, cuando pasaba alguien por allí cerca miraba a Harry como si se hubiera equivocado de pelirroja, porque estaba tumbando, con la cabeza en las piernas de su madre, mientras ella hablaba con él y le hacía caricias. El resto entró antes de que James bajara de ducharse. Se sentaron en los sillones de alrededor, pero Harry no se movió de allí nada más que para darle un beso a Ginny, que sonrió al verle en aquella postura, le había contado lo de su próximo regreso y se alegró de que, aunque fuese con mucho retraso, Harry pudiese decir que sabía lo que era el cariño de una madre.

James bajó las escaleras y sólo pudo ver que Lily estaba sentada en el sofá, se acercó por detrás y empezó a masajearle los hombros hasta que se fijó que un tío estaba tirado encima de ella. Al principio no le hizo ni pizca de gracia, pero en cuanto reconoció a Harry, lo que en meses anteriores hubiera supuesto un descomunal enfado por su parte, en ese momento sólo fue una carcajada.

-Verás chaval- empezó a hablarle como si fuera a contarle un secreto- ¿ves aquella chiquita tan mona que te está mirando?- le señaló a Ginny- pues me ha dicho un pajarito que si vas te va a dar un besito.- Harry empezó a reírse- Y ésta- siguió James- es mía.

Harry se puso de pie despacio como si le estuviese costando trabajo, mientras los demás miraban la escena divertidos. Le dio un beso a su madre mirando a James, como si se estuviera recochineando y James no pudo evitar quitar su cara de falso enfado y sonreír. En cuanto Harry se levantó, él ocupó su sitio.

-Me voy, pero que sepas, que me quiere a mí más que a ti.

Harry tuvo que recurrir a una pequeña ráfaga de viento para evitar que un cojín le diera en la cara por su último comentario. Se dejó caer en el sillón junto a Ginny y sonrió al ver la escena como un espectador, era increíble que estuviese teniendo una familia.

N/A: Hola a todos!!! Feliz 2008!! Y todas esas cosas que se suelen decir en estas ocasiones, parece mentira que ya haya pasado tanto tiempo y yo todavía sin terminar el fic, soy un desastre!!! Pero espero compensar la espera con estos capis que espero que os gusten mucho.

Un abrazo muy fuerte a todos y muchas gracias por vuestros reviews, sois fantásticos.