CAPÍTULO 49: LOS NIÑOS DE LA GUERRA.

Harry y James estaban esperando en la sala de entrenamientos que Andrea llegara; estaban medio tirados en las sillas, sin hablar, pero esta vez no era un silencio incómodo provocado por algún enfado, era que simplemente estaban cansados. Últimamente entrenaban demasiado y a pesar de que estudiar estudiar, no estudiaban mucho, sí tenían que entregar sus trabajos al día y eso suponía muchas horas extras. Las llamas de la chimenea se iluminaron, pero a diferencia de la figura de Andrea, los chicos pudieron ver su cabeza buscándoles por la habitación.

-Venid a Grimmauld Place.- ordenó sin saludar y volvió a desaparecer.

Los chicos se miraron entre sí confusos y sorprendidos y sin decir nada obedecieron a Andrea. Harry se esperaba mayor movimiento en su casa, la orden de Andrea le había producido un cosquilleo en el estómago, el presagio de alguna dura batalla, pero en Grimmauld Place no había nadie excepto sus habitantes habituales. Sophie estaba sentada en la mesa merendando y mirando la tele que Harry se había empeñado en comprar cuando llegó a esa casa. Cuando les oyó llegar dejó todo de lado y se fue a saludarles, especialmente a James que siempre le enseñaba algún truco para cuando llegara a Hogwarts, pero estaba vez James no estaba para trucos, la llamada de Andrea lo había preocupado mucho y ahora la observaba hablar con Remus en un rincón preguntándose si realmente fue una buena opción meterse en aquella guerra.

-¡Ah, hola, chicos!- Remus tenía muy mal aspecto, esa noche habría luna llena y su piel estaba muy pálida ante las pocas horas que le quedaban para transformarse. Les saludó sin mucha efusividad y les hizo un gesto para que se acercaran, justo antes de meterse de nuevo en su conversación con Andrea.

-Hola, sentémonos- Andrea se dirigió al sofá sin darle a los chicos tiempo de preguntar qué estaba ocurriendo- Andy, cariño, ¿Por qué no te vas a tu habitación?-Sophie la miró como si le estuviera pidiendo que tirara la gran muralla china con un martillo de plástico.- A tu cuarto.

Sophie resopló para no salir de bronca con su madre, últimamente las cosas estaban tan bien que no quería estropearlas pero su genio era innato y controlarlo le costaba muchísimo, así que agachó la cabeza, apretó los puños y salió del salón sin despedirse de nadie.

-¿Por qué estamos aquí?- preguntó Harry sin sentarse.- ¿Ha ocurrido algo?

-Perdón, llegamos tarde.- un chico joven que Harry había visto en su última operación con la Orden entró acompañado de otras dos chicas. Parecían haber llegado corriendo hasta allí y tuvieron que recuperar el resuello antes de seguir hablando.- Dumbledore acaba de avisarnos. Dice que no hay más operativos libres. Tendremos que arreglárnoslas nosotros o retrasarlo.

-¿De qué estáis hablando?- James no sabía por dónde le venían las cosas, intentaba encontrar en Harry alguna respuesta pero éste le miraba con la misma cara de perplejidad.- ¿Alguien podría explicarnos qué se supone que vamos a hacer?

-Vamos a matar licántropos.- Harry y James se quedaron sin capacidad de movimiento con las palabras de Remus. Escucharle precisamente a él hablar con ese desprecio y tan gratuitamente de matar a otros como él, era cuanto menos sorprendente, pero el resto no parecía haberse sorprendido. Abrieron un armario en el cual James siempre había pensado que se guardaba la porcelana y en vez de eso se encontró con una colección de dagas, varitas y otras armas, perfectamente ordenadas.

-Tú no vas a hacer nada, ya lo hemos hablado.- le dijo Andrea a Remus en un susurro poco cariñoso- Estás tan débil como ellos.- Remus fue a contestar, pero sabía que tenía razón y acababan de volver los tres jóvenes aurores con las armas que las pusieron encima de la mesa, así que no quiso seguir discutiendo con ellos delante.

-Andrea, aclara esto.- sentenció Harry observando las enormes dagas de plata que acababan de colocar encima de la mesa.

-Esta noche habrá luna llena y hemos descubierto un nido de hombres lobo. Antes de la transformación estarán muy débiles y es el momento ideal para atacarles. La mayoría de ellos no son magos así que no habrá muchos problemas. Sólo tenéis que tener cuidado de que no os muerdan.

Andrea les estaba hablando como si fueran a darle de comer a los monos del zoo, les puso en la mano a cada uno una de las armas y fue a otro armario para coger la suya propia, la única que no tenía grabado un fénix en la empuñadura.

-¿Pero hay que matarlos con esto?- James no quería parecer asustado, pero estaba muy sorprendido y la idea de clavarle un cuchillo a alguien no entraba en sus planes.

-Si no lo hacéis, esta noche esos… esas criaturas, podrán morder a cualquiera, destrozarles la vida y aumentar su ejército. -Remus se había puesto de pie, aunque había tenido que disimular un gesto de dolor al hacerlo. Él estaba decidido, no había cosa en el mundo que más detestara que a los licántropos del bando de Voldemort, los que se habían rendido a sus promesas, los que se habían dejado llevar por el mal amparándose en que la magia los discriminaba o que alguien alguna vez les había convertido en unos monstruos. Para él la solución no estaba en pagar con gente inocente su desgracia y les odiaba por ello.- No toman la poción precisamente para ser más peligrosos. Ellos no tendrán piedad con nadie y vosotros tampoco debéis tenerla con ellos.

Las palabras determinantes de Remus les calaron, a Harry le sorprendieron profundamente porque nunca había sido capaz de ver tanto rencor en él, ni si quiera cuando hablaba de Peter. Agarró su daga con fuerza y se la ató en el cinturón, James lo observó y le imitó sin decir nada. Si ellos habían decidido entrar en la guerra tendrían que jugar con sus reglas.

-Está bien, vámonos.- ordenó Andrea. Se apartó un poco del grupo con Remus de la mano y le dijo algo al oído. Hablaban muy bajo aunque no hacía falta escucharles para saber de qué iba su conversación. Al final, Remus aceptó pesadamente con la cabeza y le dio un beso rápido antes de salir del salón.

Los seis se aparecieron silenciosamente en la azotea de un edificio abandonado de Dover, Harry echó un vistazo rápido y vio que los edificios de al lado parecían igual de viejos y con las mismas posibilidades de caerse que en el que ellos estaban, pero no parecían abandonados. Había gente por la calle, niños jugando a darle patadas a una lata y algún coche abandonado con los cristales rotos. Era una zona marginal en la que se escuchaban gritos ordinarios desde las ventanas. Ninguno de los adultos se estaba fijando en el ambiente que les rodeaba, era como si no les importara nada excepto su misión. Andrea cogió a Harry del brazo para hacer que le siguiera y éste obligó a James a ir delante de él, aún no aceptaba que se metiera en ese tipo de situaciones y no iba a permitir quitarle el ojo de encima.

Bajaron por la escalera de incendios uno detrás de otro en silencio, tenían la varita sacada para usarla en cualquier momento. La chica que iba delante hizo un gesto para que se pararan y señaló en silencio que habían llegado a la planta adecuada, a Harry y James no les dio tiempo a escuchar el cristal de la ventana romperse y los gritos de las maldiciones y hechizos que lanzaron los aurores en cuanto entraron. Andrea les siguió y Harry volvió a sentir que su mente se quedaba en blanco, aquello era un entrenamiento más, no perdía detalle de James y parecía estar sintiendo lo mismo que él, porque su expresión precavida había cambiado por completo y usaba la varita como si lo que tuviera delante fuese su máquina lanzahechizos. Los hombres lobo estaban muy mermados, tal y como habían previsto, a penas unos pocos eran magos y el resto o intentaba huir o lanzaba ataques a la desesperada intentando morder a quien le atacase.

Andrea a penas había utilizado su varita, en aquel tipo de situaciones el puñal era más gratificante. No les daba tiempo a reaccionar cuando les había rebanado el cuello o había clavado su arma en el corazón. Harry la observó y su mente se nubló, ya no sabía muy bien lo que tenía que hacer, cual era la guía a seguir en aquello y el despiste le valió para que un licántropo se abalanzara sobre él sin darle tiempo a reaccionar. Harry forcejeó para quitárselo de encima, pero le tenía las manos atrapadas y estaba a punto de morderle. De repente sintió el peso de su cuerpo caer inerte sobre él y vio a James arrancando de su espalda la daga que acababa de clavarle, se lo quitó de encima y agarró la mano que James le ofrecía. No le dijo nada, sólo se miraron a los ojos y Harry pudo ver en ellos una mezcla de determinación, miedo y tristeza, lo que le hizo caer aún más en la confusión en la que su cabeza se estaba sumiendo.

Harry sacó su daga del cinturón, la observó brillar y la empuñó como si aquello fuese todo lo que tenía que hacer en la vida, como si su única misión allí fuese usarla. En medio de su confusión, de su oscuridad, de lo perdido que se sentía sólo pudo ver a Andrea matando sin piedad a aquellos hombres con la voz de fondo de Remus hablando con odio sobre ellos, pidiéndoles que les mataran. Era un bien para todos, tenía que acabar con ellos, no darles la oportunidad de convertir la vida de una persona en un infierno y lo hizo, sin saber a quien ni cómo ni en qué momento lo había decidido, clavó su daga en el pecho de uno de ellos y sintió en crujido al cruzar el tórax, escuchó el último hálito de vida de aquella criatura, pero siguió hundiendo hasta el fondo la daga hasta que la sangre empezó a brotar roja y brillante, manchándole todas las manos. Arrancó con rabia la daga y el golpe seco al dar contra el suelo resonó en su cabeza por encima de los gritos y de las maldiciones, sacándole de la pesadilla en la que había entrado. Se miró las manos totalmente manchadas de sangre sosteniendo el arma y volvió a la realidad, a su realidad, a aquella en que tenía las cosas claras y en la que no era capaz de matar a nadie.

-¡¡Para el tiempo!!- gritó desesperado- ¡¡Páralos a todos!!

James estaba atando en ese momento a un licántropo que había congelado. Le miró confundido y movió la mano para detenerles a todos. Observó a Harry caminar a trompicones hasta la pared y se dejó caer en ella hasta sentarse en el suelo sin dejar de observarse las manos bañadas de sangre. James se acercó corriendo a él y se arrodilló delante. Él le entendía perfectamente porque había hecho lo mismo, pero lo había aceptado. Le observó algo extrañado y se sorprendió de ver que a pesar de lo mucho que se parecían sus morales eran diferentes.

-Necesito agua- balbuceó Harry señalando sus manos.

-Harry, tú controlas el agua- James le habló con una dulzura más propia de Lily que de él y le dio un golpecito en el hombro, pero Harry le ignoró, le mostró sus manos pidiéndole sin palabras esa agua que le limpiara.- Está bien. ¡¡Aguamenti!!

El chorro de agua empezó a limpiar la sangre de las manos de Harry que caía como un río rojizo por el suelo. Él se frotaba con extremada fuerza, como si fuese incapaz de quitar una suciedad que realmente estaba saliendo con facilidad. James le observó, le miró a la cara y pudo ver que luchaba contra sí mismo por no llorar, que en el esfuerzo de limpiarse aquella sangre intentaba borrar de su cabeza lo que acababa de hacer.

-Harry, ya, para.- Intentó detenerle pero no podía, Harry seguía restregándose las manos con fuerza- Ya están limpias. ¡¡Párate!!- James le agarró las manos y se las separó. Una vez que parecía que no iba a volver a intentarlo se sentó a su lado- Sé lo que te pasa, pero no debes ponerte así. Yo he hecho lo mismo.

-Tú lo has hecho para salvarme.- Harry no le miró, echó la cabeza para atrás y la apoyó en la pared.- Yo lo he hecho a sangre fría.

-Podía haberle congelado y mi primer instinto fue clavarle el puñal.- se lamentó James, él se sentía igual de mal pero las circunstancias no eran las mismas.- Harry, yo no sé lo que toda esta gente espera de ti, pero sí sé que sea lo que sea es demasiado para alguien de diecisiete años.-Harry chasqueó la lengua, no quería hablar de aquello, no quería que nadie le pusiese delante de sus ojos que tanto él mismo como los que le rodeaban le llevaban a una vida que no quería.- Nos han traído aquí para matar a todos los que podamos, ya has oído a Remus y a Andrea, es lo que esperaban de nosotros.

-He quitado una vida, puede que fuera una mala persona, pero yo le he matado. No hay excusas para eso.

-Es posible, pero esto es una guerra, los dos decidimos meternos en ella porque algo me dice que, herederos o no, algo te marca a ti para ser protagonista. Te exigen que respondas como un hombre, siendo realmente poco más que un crío. Te piden que asumas responsabilidades que al mismísimo Dumbledore le pesarían y tú lo haces sin decir nada. Estás sometido a mucha presión y eso puede volver loco a cualquiera, pero tú has sabido reaccionar y eso te hace grande.

Harry se tapó la cara y se restregó con las manos, estuvo así un largo rato, respirando hondo, analizando las palabras de James, lo que había ocurrido y se dio cuenta de que quizá su padre tuviera razón. Lo importante es que no se había cegado, que no se había dejado llevar y que en el peor momento había sabido encontrar la guía, la línea que le marcaba a él y sólo a él lo que debía y no debía a hacer. James no se había movido de su lado y Harry se lo agradeció. Le había hablado como jamás pensó que podía hacerlo, había en él madurez y resignación y una mezcla de ira contra el mundo que le había tocado vivir a su hijo. Harry se permitió un momento de nostalgia, de sentirle cerca en esos últimos momentos que quedaban, de sentirle más padre que nunca.

-¿Sabes papá?- era la primera vez que le llamaba así y le había salido sin ser consciente de que lo había hecho, la última vez se había corregido a tiempo pero en este momento ni si quiera se había oído a sí mismo. Seguía con la cara tapada, metido en su mundo, pero James sí le había oído y una sensación rara le sobrevino, como si de repente se sintiera más padre, más maduro, como si una simple palabra pudiera unirles más. No le molestó, ni le sorprendió como la última vez, sólo sonrió y se puso de pie- Nunca pensé que fuera a tener una conversación como ésta contigo.- Harry le tomó la mano que le estaba ofreciendo para levantarse.

-Ni yo pensaba que iba a tener a alguien que me llamara papá.- Harry se sorprendió y buscó en su memoria el momento en el que lo había hecho, se sintió un poco ridículo por haberle llamado así precisamente en aquella situación, pero James no parecía habérselo tomado mal- voy a descongelar a Andrea y los demás.

Harry se fijó por primera vez que todo a su alrededor estaba paralizado. Los aurores que les había acompañado llevaban en una mano su varita y en la otra la daga cubierta de sangre, uno de ellos la tenía en ese momento clavada en el pecho de un licántropo. El ministerio no permitía el uso de maldiciones imperdonables pero sí veía bien que se clavase un puñal de plata en el cuerpo de un licántropo. Harry miró a Andrea y vio que ella ni si quiera llevaba varita, en ese momento tenía a una mujer agarrada con la daga pasándole por el cuello.

-Déjales así. Atemos a todos y que se los lleven a Azkabán cuando hayamos terminado.

Los dos chicos empezaron a atar de arriba abajo a todos los licántropos que habían dejado vivos, había bastantes, más de los que ellos habían pensado y ninguno de los dos tenía mucha fuerza para hacer nada, así que la labor estaba transcurriendo lenta.

En el otro lado de la habitación, Andrea empezó a moverse muy despacio, primero los dedos, las manos… como si realmente estuviese descongelándose. Se vio a sí misma agarrando a la mujer loba con la daga a medio clavar en su garganta y se dispuso a acabar el trabajo, ahora mucho más facilitado porque estaba detenida, pero Harry la había visto y a pesar de la sorpresa porque se había repuesto a los poderes de James, atrajo la daga hasta su mano y la tiró al suelo.

-Hoy ya no muere nadie más. – Sentenció con una fuerza que no había tenido hasta ese momento- Ayúdanos a atadles.

-Yo no hago prisioneros.- le retó.

-No, Andrea, la parte de ti que más odias es la que no hace prisioneros.- Harry se había acercado a ella y le había encarado. Ella palideció con esas palabras porque las reconocía como verdad, no había llegado a perder el control pero seguía disfrutando de aquello, le estaba permitido matarlos, es más, era lo que se esperaba de ellos, así que no había lugar para preguntarse si matarles era fruto de su deber o de la magia negra.- Te has equivocado de lección. Si lo que pretendías era enseñarme a matar, te has equivocado de persona.

Andrea no tuvo argumentos para contestarle, sacó su varita y les imitó, atando de pies y manos a todos los que la rodeaban. No dijo una palabra, sólo pensó en la lección que le había dado. No le había llevado allí con la intención de enseñarle a ser cruel, simplemente contaba con aquello como algo más que ocurría en la guerra sin cuestionarse si estaba bien o no.

-Yo tengo una pequeña duda.- James había dado un plazo prudencial después de que Harry hablara para solucionar su duda, pero ya no iba a aguantar más. Los dos le miraron esperando a que hablara, como si no se pudieran imaginar qué le pasaba por la cabeza- ¿Por qué tú no estás paralizada?

Después de lo que Harry había dicho, a ambos se les había pasado esa cuestión, pero al volver a plantearla Harry miró a Andrea con curiosidad, a la espera de una explicación.

-La magia jamás es infalible. Hay formas de combatirlo todo, incluso los poderes de Gryffindor. Yo cuento con que en cualquier momento que os interese hagáis conmigo lo que hicisteis en clase de Macgonagall, soy consciente de que puedes parar el tiempo así que me da la posibilidad de recuperarme. – James se sintió algo defraudado, como si con aquello su poder se debilitara- Cuanto más poderoso es el mago antes puede salir del trance, pero para hacerlo tendría que saber que puedes congelarle. Ellos no lo saben y se quedarán así hasta que los devuelvas a la normalidad.- Harry y James asintieron despacio, asimilando lo que les acababa de decir.- Y quitad esa cara, no os lo conté porque no estaba segura de que fuese a funcionar.

-Esto ya está.- dijo Harry acabando de atar al último- Será mejor que los descongeles y volvamos a casa.- James hizo lo que le dijo Harry y negaron cualquier explicación a los tres aurores asombrados que había visto cómo de una batalla contra licántropos habían pasado a tenerlos a todos atados dispuestos a llevarlos al ministerio.

-Lleváoslos a todos al ministerio. Hoy ya no muere nadie más- dijo mirando a Harry, que sonrió interiormente- pero sedadles porque en pocas horas se convertirán en lobos hambrientos.

Cuando los aurores se habían llevado hasta el último licántropo, ellos tres se fueron a Grimmauld Place. En el salón, Remus se estaba tomando la poción charlando con Sophie y contándole cómo se podía convertir una persona en licántropo y cómo en animago, lo que a ella le llamó especialmente la atención. Remus se levantó cuando los oyó llegar y exigió un informe pormenorizado pero Andrea le dio un beso en la mejilla y tal y como le miró él supo que no era el momento de preguntar.

-James por favor, vuelve al castillo.- le pidió Andrea cortésmente, pero algo distante- Tú, ven conmigo.

Harry y James se miraron, después de lo de aquella tarde no sabían qué podía pasar, pero James no dijo nada, se despidió de Remus y Sophie y se metió en la chimenea para volver al colegio. Harry tampoco dijo una palabra, siguió a Andrea hasta la habitación de al lado y esperó que ella hablara.

-Esta tarde me has dado una lección.- Andrea le miró a los ojos, como si el hecho de que él le diera una lección fuera algo que pudiera debilitarla y quería demostrar que no era así. – Nadie tiene derecho a decidir sobre la vida o la muerte de otra persona, pero esas en concreto no merecen nada mejor que la muerte. Yo he visto cosas que tú no has imaginado, por eso soy como soy.

-Yo no te estaba juzgando, cada uno hace lo que cree conveniente, pero yo no soy capaz y no puedes obligarme.

-Pues entonces deja que sea yo quien te dé ahora la lección. Falta poco para que te enfrentes a Voldemort y por muy duro que sea, tendrás que tener las agallas suficientes para acabar con él.

Harry se mantuvo callado durante un rato, analizándose a sí mismo, pensando en sus palabras, en la lección que Andrea quería darle.

-Desde que tenía once años ese nombre me ha perseguido como una maldición. La primera vez que entré en la magia me señalaban como "el niño que sobrevivió" pero realmente lo estaban haciendo como el que tiene la obligación de volver a salvarles.- Andrea sintió compasión por él pero no quería demostrárselo, no quería debilitarle más- Año tras año han surgido cosas que me han acercado más a ese momento del que tú hablas: la profecía, mi herencia… Son siete años preparándome para acabar con él, así que tranquila porque mi mano no temblará en el último momento, pero estamos hablando de Voldemort, él no es una persona, es el mal reencarnado. Es su vida o la del resto del mundo.

-¿Me vas a decir que no sientes deseos de venganza? Él te quitó a tus padres y te marcó como a su enemigo.

-Creo que mi madre se vengó suficientemente haciendo que precisamente lo que más desprecia, lo que más odia, fuese lo que le llevó a su caída.

-¿Y Bellatrix?- Andrea dejó caer la pregunta cuando Harry se dirigía a la puerta para marcharse.

-No le deseo la muerte, con la muerte se acaba el sufrimiento y yo quiero que sufra, que pague por haberme quitado a Sirius. ¿Venganza? Sí es posible, pero la prefiero en la cárcel antes que muerta.

-Pues yo no.

-Pues entonces mátala tú.

Harry no estaba enfadado, se marchó de allí sin aspavientos ni portazos y se despidió de Remus y de Sophie antes de marcharse de nuevo al colegio.

Sirius y Patricia pasaron la tarde ajenos completamente a lo que Harry y James estaban pasando. Desde su salida a Hogsmeade pasaban más tiempo juntos, no se habían convertido en una pareja melosa, pero intentaban aprovechar lo mucho o lo poco que les quedara. Sirius no descuidaba a sus amigos y de hecho Patricia estaba cada vez más integrada con ellos, cosa que no le costaba mucho trabajo, porque al igual que Sirius, había salido un poco descarada.

Patricia había insistido en pasar primero por la biblioteca, tenía unos libros que consultar para su clase de pociones y no quería fallar en el ensayo que tenía que hacerle a Snape porque desde que estaba saliendo con Sirius había pasado de ser la mejor de la clase a ponerla a prueba a cada minuto, por suerte nada se le daba mejor que pociones y siempre salía bien parada provocando en Snape una tensión que cada día le gustaba más. Ahora que Sirius no tenía secretos con ella le había contado todo, su vida en el pasado, su relación con sus padres y con los de James, cómo habían llegado a ese tiempo, cómo se habían enterado de todo lo que les ocurría a los Potter, pero nada que le indicara a Patricia que sabía que había muerto.

Después de la biblioteca subieron a una habitación vacía del séptimo piso. Patricia descubrió lo útil que podía llegar a ser el mapa del merodeador y que no había nadie como ellos que conociesen mejor el castillo. Habían descubierto que la mejor forma capturar a la otra persona sin pensar que podía no estar al día siguiente era el sexo, aprovechaban el tiempo al máximo intentando conocerse como nadie lo había hecho, cada rincón, cada sensación, cada sonrisa y lo estaban logrando. En esos momentos no había posibles adioses, ni pensamientos martilleando las sienes, ni conciencia preguntándose si debía o no contar que moría al poco de ser libre.

-Te echaré de menos ¿sabes?- Sirius estaba vestido, sentado en el suelo mirando por una ventana que estaba casi a dos metros del suelo de aquella habitación redonda. Patricia se había sentado entre sus piernas y se había dejado caer en su pecho, mirando el mismo cielo que empezaba a oscurecerse.

-Yo también.

-Pero yo… quiero decir que a mí me van a borrar la memoria, no voy a recordar nada de esto, pero Harry dice que te echaré de menos, que siempre tengo la sensación de haber perdido algo y que ese algo eres tú.- Patricia sonrió y apretó más los brazos que la agarraban por la cintura- He estado pensando una cosa, pero no sé qué te parecerá. Remus, el adulto, tiene sensaciones y recuerdos cuando está con Andrea y yo he pensado que si mi yo adulto y tú os encontrarais cuando yo volviera a mi tiempo a lo mejor él también lo recordaba y si a ti no te importa la diferencia de edad…

Patricia se mordió los labios y cerró los ojos con fuerza para no llorar, pero no pudo, le cayó una lágrima por la cara con la idea de que él estaba muerto, que jamás podría encontrarle para hacerle tener esos recuerdos. A diferencia de cualquier chica de su clase, Patricia jamás había soñado con encontrar a alguien del que enamorarse, le gustaba ser libre, salir con quien quisiera y no dar explicaciones, pero había llegado Sirius, tan igual a ella, y no había podido evitarlo. Muchas veces se maldecía por haberse enamorado de alguien de otro tiempo, pero eso era cuando no estaba con él. Le encantaba en todos los sentido, en cómo se reía con él, en sus bromas, en sus besos, en esa forma de no decirle nunca boberías romanticonas pero hacerla sentir especial con el más mínimo detalle.

-No crees que sea buena idea ¿verdad?

-Lo cierto es que sería muy extraño.- le contestó ella intentando calmar su llanto- Tú y él no sois la misma persona, él ha pasado doce años en Azkabán, ha visto morir a sus mejores amigos y ha vivido la guerra de primera mano. Eso cambia a cualquiera. No creo que funcionase.

-Sí, tienes razón. La gente cambia, pero a lo mejor podías hacerme una visita, sólo para que pudiera recordarte.

Patricia no pudo reprimir un suspiro entrecortado, tenía toda la cara mojada porque no quería secarse para que Sirius no se diera cuenta, pero ese suspiro la delató, Sirius la giró para mirarla a la cara y se sintió confuso e impotente. Era la primera vez que la veía llorar; siempre la había visto fuerte, divertida y ahora parecía una niña pequeña a punto de quebrarse entre sus brazos. Cuando vio que ya no había forma de evitar que la descubriera empezó a llorar con más fuerza, con el corazón sobrecogido mojándole la camisa mientras Sirius la acariciaba sin encontrar algo que decirle.

-Vamos, nena, no llores más, por favor.- Patricia intentó recuperarse y dejó que el le limpiara la cara, le sonrió cuando le vio tan confuso y comportándose de de esa forma tan tierna que casi nunca sacaba- Mejor no pensemos en estas cosas ¿vale? Yo sentiré que te he perdido, tú me recordarás por los dos y Sirius…- le señaló a la ventana donde las estrellas empezaban a brillar en un cielo casi oscuro- Sirius siempre brillará para ti.

-No me gustas cuando te pones cursi- bromeó ella poniéndose de pie, sabía que Sirius había quedado con Remus para merodear por el bosque pero después de verla así no iba a ser él quien dijese de irse.

-Pues si no te gusto, tendré que buscarme a otra. ¡La vida es dura, pequeña!- Sirius se puso de pie alardeando de cuerpo y mirando a Patricia como si no le interesase nada, pero al cabo de pocos segundos los dos acabaron riéndose.

-Eso no es verdad.

-¿Ah no?

-No, porque Sirius siempre brillará para mí- Patricia le sacó la lengua y empezó a reírse de camino a la puerta, pero en un momento le tenía abrazado a ella por la espalda dándole besos y haciéndole cosquillas mientras bajaban los escalones de la torre.

James esperó a que Harry llegara de Grimmauld Place y los dos se fueron en silencio a la sala común. Faltaba poco para que empezara a oscurecer y Remus ya estaba esperando a que llegaran James o Sirius para ir al bosque. Le habían hecho prometer que esa luna llena abandonaría a Andrea y la pasaría con ellos porque ya tenían mono de animagia, así que cuando les vio entrar, le dio un último trago a la poción matalobos y empujó a James de nuevo hacia el agujero.

-Espera, Lunático, tranquilo, aún falta un rato ¿Y Sirius?

-Con Patricia, venga vamos ya, que pronto oscurecerá.- apremió Remus empujándole de nuevo, pero James no se movió, miró a Harry que se había sentado en el sofá derrotado y que a penas prestaba atención a las caricias de Ginny.

-Ey, Harry- James dejó a Remus un momento en su estado de nervios y se sentó con Harry en el sofá- ¿Te apetece salir un rato por el bosque?

-No, muchas gracias. – Ginny, Ron y Hermione se miraron entre sí, algo muy raro debía pasarle a Harry para no aceptar aquella proposición.- No me apetece hacer nada.

-¿Estás bien?- le preguntó Lily que ese "no me apetece hacer nada" no le había sonado muy bien.

-Sí, tranquilos, es sólo que estoy cansado.

-Arriba- ordenó James poniéndose de pie- será mejor que te dé el aire- Harry fue a protestar, pero James le tiró de la mano para levantarle- ¿Te vienes con nosotros, Ron?

Harry se dejó arrastrar por James y Ron, que había aceptado encantado, y que no tenía ni idea de lo que le pasaba a su amigo. De vez en cuando le interrogaba para entender por qué después de un simple entrenamiento había vuelto tan decaído, pero Harry no iba a contar nada, no iban a entrar en esa parte de él. No quería que sintiesen lástima por él, que intentasen consolarle con palabras que no iban a tener ningún sentido, así que con un par de sonrisas amables y con la divina intervención de Sirius que llegó corriendo por el pasillo de Ravenclaw llegaron a los linderos del bosque donde pensaban pasar toda la noche.

-Esta noche tenéis peor cara que yo.- comentó Remus sentado en el suelo, observando a sus amigos a la luz de un hechizo lumus.- Sirius, hasta tú tienes mal aspecto.

-Cosas de la vida, pero no te eches flores, chaval. Incluso mal, sigo siendo más guapo que tú.- bromeó Sirius, que estaba sentado en el árbol de al lado.

La hora de la transformación se acercó y Remus empezó a sentir cada vez más dolor hasta que acabó convertido en un lobo castaño que necesitó unos minutos para recuperarse. Como si hubiese sido lo que estaban esperando James y Sirius se transformaron automáticamente en sus formas animagas. Así todo era más fácil, no había conversación con Patricia, ni matanza de hombres lobo, sólo estaban ellos, como siempre, sin preocupaciones, en su bosque y dispuestos a pasar la noche como animales.

Harry observó a Sirius saltar alrededor de Remus que se estaba poniendo de pie con dificultad, le costaba un poco adaptarse a su nueva forma y superar el dolor de la transformación, pero en cuanto lo hizo le siguió la broma a Sirius y empezaron a pelearse entre gruñidos falsos y mordiscos al aire. James se acercó a ellos y le mordió a Sirius la cola tirando para que se alejara, cuando éste se revolvió para protestar por su jugarreta, le enseñó los cuernos en algo que parecía ser una amenaza y los dos se estuvieron quietos. Harry y Ron se miraron y empezaron a reírse, Ron nunca les había visto merodear y para Harry las cosas habían cambiado mucho desde la última vez. Empezaron a adentrarse en el bosque, andando despacio entre las ramas. Para los tres merodeadores las cosas eran más fáciles, ellos eran animales y se conocían el bosque muy bien, pero para Harry y Ron, la cosa estaba más difícil, así que se quedaron un poco retrasados.

-Estás así porque ves muy cerca el adiós, ¿verdad?- preguntó Ron, sin mirar a Harry mientras andaban. Harry le miró de soslayo y sopesó si contarle la verdadera razón de su estado, pero prefirió no hacerlo, no era algo que pudiera explicarse con palabras.

-Sí, supongo que sí, les echaré de menos.

-No todo el mundo tiene la oportunidad que has tenido tú. Al menos has podido pasar un tiempo con ellos.

Harry no pudo contestar, ambos se dieron la vuelta al sentir el crujir de una rama listos para atacar a lo que fuese que se hubiera puesto detrás de ellos, pero se relajaron al ver que sólo era James intentando apresurarles. Les miró con sus ojos redondos aún más negros en la oscuridad y se transformó a su forma habitual, bajando la varita de Ron y la mano de Harry.

-Juro solemnemente no volver a asustaros.- bromeó pasándoles a cada uno un brazo por los hombros e invitándoles a caminar- Sois rápidos de reflejos.

-¿Dónde se ha metido estos?- Harry abrió la mano y un haz de luz potente como el de un foco iluminó toda la parte que tenían delante, pero no había ni rastro de Remus y Sirius.- Creo que se han perdido.

-¿En este bosque?- se sorprendió James- Eso sí sería algo curioso. De hecho os habíais perdido vosotros, yo he venido a buscaros.

Encontraron en seguida a Sirius y Remus que se habían metido entre los árboles para adentrarse a una parte del bosque que ellos jamás habían visto. Al cabo de dos horas estaban cansados, a veces era Sirius el que se volvía a su forma humana para estar con Ron y Harry y otras lo hacía James, pero al cabo de ese tiempo los cinco acabaron tumbados en un llano de césped frondoso, descansando de un día, que para unos más que para otros había sido muy largo.

A la mañana siguiente Harry maldijo a todo lo que se le venía a la cabeza cuando sonó el despertador, hacía media hora que se había metido en la cama después de que Remus volviera a la normalidad, y en ese momento la encontraba más cómoda que en toda su vida. En la cama de al lado, Ron no parecía tener muchas intenciones de levantarse porque le había dado un manotazo al reloj y había seguido roncando, pero el resto de compañeros sí se habían levantado y a Harry le pesó la conciencia por no hacer lo mismo, así que se armó de valor y se puso de pie dispuesto a darse una ducha de agua helada que le sacase de su mundo de sueños. Cuando salió Seamus, Dean y Neville ya se habían ido y Ron seguía durmiendo, así que se puso a su lado y empezó a hacer como le salpicara de agua con las manos, a pesar de tenerlas secas, grandes gotas de agua congelada mojaban la cara pero éste no se levantaba, así que Harry decidió tomar medidas drásticas y justo encima de la cama de Ron se levantó una ventisca de nieve y aire que le tuvo todo el día de mala leche.

Por la tarde, como siempre, Harry y James tenían entrenamiento con Andrea, pero estaban demasiado cansados para un entrenamiento y mucho más para una salida a cualquier misión de la orden. Estaban medio tumbados en la mesa, adormilados, incluso James se había quedado frito un par de veces, aunque siempre acababa despertándose. Cuando lo dos estaban a punto de dormirse, Andrea entró y se sentó junto a ellos. Los observó y dudó por un momento si espabilarles o no, pero su compasión no tuvo cabida en aquello y los zamarreó sin piedad para despertarles. Los dos Potter se hubieran esperado una bronca por quedarse durmiendo pero Andrea empezó a reírse, era un nuevo día, un nuevo ciclo lunar y un nuevo final, fuera lo que fuera lo que pasara cada día iba quedándose atrás y ya no tenía cabida en su momento presente.

-¿Qué tal la luna llena? ¿De paseíto por el bosque?- Harry no pudo contestar con palabras, porque cuando iba a hacerlo tuvo un tremendo bostezo- Ya veo que sí. Bueno, en primer lugar quiero deciros que me parece fatal que os presentéis así a un entrenamiento- les dijo con rudeza y ellos no fueron capaces de reclamar nada - sin embargo, habéis tenido suerte, porque hoy el entrenamiento será distinto. Vais a tener que estudiar.

Si se les había creado una mínima ilusión con el cambio de entrenamiento la referencia a estudiar la destrozó todo, especialmente para Harry que durante muchos meses tuvo que conformarse con que sus clases especiales fuesen esencialmente teóricas.

-¿Recordáis nuestro primer encuentro aquí? Os dije que había creado un hechizo para invocar la magia de Slytherin. Si no sois capaces de dominarlo, no podréis acabar con Voldemort. No es sólo saberlo, es algo más.- Andrea sacó de su bolso papel y boli para los dos chicos, a Harry le llamó la atención escribir con eso después de tanto tiempo pero para James fue una pequeña odisea que acabó con la letra de un párvulo- Tomad nota y no lo olvidéis nunca. Heredis magice tuum vitam regit, ego vetium magii voco, magii quod in temporium origine natus est ut cum te transigere. In meum veni. Suum corporem discede et in meum veni. – Andrea dictó despacio cada palabra, corrigiendo la ortografía y vocalizando con claridad. Ellos iban haciendo un esfuerzo por pronunciar aquello que poco tenía que ver con el inglés en la medida en la que copiaban, pero se les hacía más fácil un duelo incluso con el sueño que tenían que aquella prueba de memoria.- A lo mejor el significado os ayuda a memorizarlo, aunque vuestros conocimientos del latín son bastante pobres.

-Nulos es la palabra- especificó Harry intentando encontrarle sentido a aquello.

-La magia del heredero gobierna tu vida, yo llamo a la magia de los antiguos, a la magia que nació en el principio de los tiempos para que acabe contigo. Ven a mí. Abandona su cuerpo y ven a mí.-Andrea fue señalando las palabras a medida que las iba traduciendo y se sorprendieron del desorden (a su entender) que debían llevar los latinos. - ¿Ha quedado claro?

-¿Y con esto qué hacemos?- preguntó James.

-Tenéis que asumirlo, sentir las palabras, no vale con aprendérselo de memoria, por eso quiero que aprendáis su traducción tanto como en latín.

-Vale, lo estudiamos y lo asumimos- resumió Harry- ¿Y después? ¿Se lo recitamos a Voldemort como si estuviéramos a la luz de la luna?

-Me escucháis muy poco. Os dije que sólo los herederos de los fundadores tienen capacidad para almacenar la magia de otro heredero en un objeto, no en cualquier objeto, claro está. De manera que tendréis que encontrar el objeto mágico en el que podáis guardar el poder de Slytherin cuando estéis delante de Voldemort.

-¿Y tú no sabes cuál es ese objeto?- tanteó James.

-No. Sólo sé que debe ser algo mágico, algo poderoso. Algunos pensaron que ese objeto nacía del propio heredero, otros que era creado y tenía una vinculación especial con él y otros, que pertenecía al fundador. No hay nada seguro en ese tema, pero siempre está claro que el heredero encontrará la manera de dar con él cuando lo necesite. Vosotros sois dos, quizá sea algo que os una.

-¿El quidditch vale?

-No lo creo.

-¿Y si no lo encontramos?- preguntó Harry- ¿No hay otra manera?

El rostro de Andrea se ensombreció, no sabía si contárselo porque se arriesgaba a que olvidaran el objeto y Harry se arriesgara inútilmente. Ella haría todo lo posible para que en el último momento él sólo tuviera que matar a Voldemort, pero el futuro es impredecible y una batalla aún más, así que se restregó la cara, se lo pensó varias veces y empezó a hablar.

-Hay otra manera, pero es mucho más peligrosa y vosotros no tenéis necesidad de usarla. De hecho, James, tendrás que prometer que jamás, jamás, recurrirás a esta forma.

-¿Y Harry?

-Si él lo hace sería una catástrofe, pero no tan grave.- los dos la miraron esperando que siguiera hablando y por un momento se pensó levantarse y salir de allí pero no lo hizo- Como ya he dicho, un heredero puede almacenar el poder de un linaje en un objeto mágico poderoso, pero cualquier otra persona no. Si no se tuviera ese objeto sería posible almacenarlo en el propio cuerpo, pero esa magia se consumiría rápidamente en un cuerpo que no tuviera sangre de Slytherin. – Ninguno de los dos estaba encontrando el fallo en ese relato- El problema es que consumiría el alma del cuerpo receptor a la misma velocidad. Si se mantiene en un cuerpo unos minutos, Slytherin y la persona morirán. Por eso James no puede hacerlo; sería mejor para todos que tú, Harry, tampoco lo hiciera, porque Voldemort seguirá vivo, tan fuerte como el gran mago que es, y tendrás que matarle.

-¿Entonces cualquier persona que conozca este hechizo podría invocar la magia de Slytherin?

-Cualquier persona no. Sólo un heredero tiene magia suficiente en su cuerpo para hacerlo. Moriría igualmente si la metiera en su cuerpo en vez de en un objeto, pero al menos lo conseguiría, una persona normal no tiene de por sí tanta magia, por eso no podría.

Después de aquello, aquel entrenamiento que auguraba ser aburrido se hizo más intenso, tenían que aprenderse aquel hechizo y encontrar la manera de hacerse con ese objeto, algo que les uniera, que los identificase como herederos, pero no lo conseguían. Andrea les dijo que sería más que probable que algo les mostrara el camino llegado el momento, pero ellos no querían confiar en la suerte y no entendían por qué ella estaba tan pasiva con ese tema; su único tema estaba siendo la forma de matar a Voldemort después de aquello. Era como si no fuera importante que Harry y James capturaran la magia de slytherin.