CAPÍTULO 50: TE DEJARÉ UNA ILUSIÓN.

Habían pasado unos días desde la luna llena y el ambiente en la guerra estaba alarmantemente tranquilo, pero la Orden del Fénix había decidido no lanzar nuevos ataques, tenían que sanar a sus heridos y recuperar algo de paz en unas vidas que se habían vuelto demasiado caóticas.

Como cada día en las últimas semanas, la mañana pilló a Andrea durmiendo en la habitación de Remus, era raro que fuese ella quien despertase primero pero esta vez lo había hecho, estaba recostada sobre su pecho y podía notar el sube y baja de una respiración tranquila, como si no tuviese preocupaciones. Empezó a hacer círculos concéntricos sobre su pecho y la sonrisa con la que despertaba cada mañana se oscureció un poco con sus pensamientos. El cosmos, el destino o simplemente la casualidad había jugado en su contra, les había separado durante años y le había dado una felicidad a medias, una pantomima de una vida que no era la suya. Ahora, cuando veía el final tan cerca, todo se volvía perfecto, tenía a sus amigos, los que había muerto, y no la odiaban y tenía a Remus, ése que creció con ella, que aprendió con ella y que la salvó de su perdición tantas veces que a menudo pensaba que vivía gracias a él. Se acurrucó aún más contra el cuerpo durmiente de Remus intentando captar aún más su esencia, sentirse a salvo de todo lo que la rodeaba y se le cruzó la idea de que estaba siendo muy injusta. Tenía que haberse controlado, haberse negado a acariciarle la cara llena de lluvia, tenía que haber luchado contra sus impulsos porque ahora todo sería mucho más duro para él, volvería para irse y él no lo sabía. Se sentía incapaz de contarle sus planes porque sabía que jamás los aceptaría y sólo serviría para robarles una vez más un momento de felicidad, aunque sólo fuese un último momento.

Siguió jugando a hacerle caricias en el pecho y se encontró con los anillos de compromiso que ahora siempre llevaba colgados en el cuello, donde ella los había colocado el día que volvieron a estar juntos. Pensó en el día que se marchó, en lo mucho que le odió y le amó al mismo tiempo durante esos años, en lo mucho que le echó de menos y pensó en el día que Alex murió. Habría dado todo su mundo por que volviera a abrazarla como sólo él podía hacerlo. Se lamentó por el día que volvió y ella no le vio, "si se hubiera acercado", no habría necesitado explicaciones porque se habría abrazado a él como si fuese la única vía de acceso para salvarla, como lo estaba haciendo ahora. Las cosas con él dolían menos, pesaban mucho menos.

Se deslizó el anillo en el dedo en el que él había intentado ponérselo. Le hubiera hecho tanta ilusión llevarlo, había soñado tantas veces casarse con él y formar una familia, aunque fuese sin hijos, no le importaba si estaba con él; pero su mente le había dicho que no era el momento, que si aceptaba sufriría más, que el adiós sería más duro, pero lo quería tanto. Observó su mano con el anilló y sonrió, se permitió el lujo incluso de fantasear con cómo habría sido y su sonrisa se volvió más melancólica.

-Te lo pediría otra vez, si tú quisieras.

Andrea no se había dado cuenta de que Remus había despertado, ni de que la había estado observando sonreír ante la idea de llevar aquel anillo, pero en cuanto oyó sus palabras intentó quitárselo con poco éxito. Los nervios y las prisas no le dejaban sacarlo y sus intentos de hacerlo por la fuerza sólo estaban empeorando las cosas. Remus la observó con paciencia y algo de decepción en los ojos, por un momento había pensado que podía haber aceptado. Le quitó la mano con la que estaba intentando quitar el anillo y lo sacó despacio, muy despacio, como si estuviese haciéndolo contra su voluntad.

-Se supone que yo quiero ponértelo, no quitártelo.

-Lo siento, he sido una tonta.- Andrea se levantó de la cama avergonzada. Se rascó la cabeza intentando encontrar una excusa, pero no había ninguna válida.

-¿Por qué no?

-Estamos en guerra ¿te parece poco? Ni si quiera deberíamos haber vuelto. – Remus se ofendió con el comentario y ella se dio cuenta.- No me has entendido, yo… yo te quiero mucho y estaría contigo toda mi vida y lo sabes, pero todo sería más doloroso si nos casáramos. El ministerio me quiere muerta, Voldemort me quiere muerta. No es fácil tener dos enemigos tan fuertes.- Sus razones eran buenas, pero no eran las verdaderas y le dolía mentirle.

-¿Crees que si murieses siendo mi esposa me dolería más que si murieses ahora?- ella asintió levemente. Remus se levantó de la cama y la abrazó como si hubiese entendido de golpe el porqué de su negativa- Piensa lo que sientes ahora mismo- se dieron un momento abrazados y en ese silencio todo parecía volverse más fácil- Si nos casamos mañana, ¿me querrías más?

-No puedo quererte más de lo que te quiero.

-Pues yo a ti tampoco. Sería igual de doloroso, si te pasara algo, mi alma se partiría en pedazos fueras o no mi esposa ¿lo entiendes?

-Pero…

-Andy, ninguno de los dos sabemos lo que nos va a ocurrir- Andrea le sonrió forzadamente, ella sí lo sabía- pero una boda no cambiará las cosas entre tú y yo. A ti te hace ilusión y a mí también, ¡no te imaginas cuánta!- Andrea se tapó la boca con la mano porque le había empezado a temblar el labio, sentía ganas de abrazarle, de llorar, se sentía confusa, debatiéndose entre lo que ellos querían y lo que le parecía correcto.- Además, tenemos a James, a Lily y a Sirius. ¿No te apetece hacer como que no ha ocurrido nada, que seguimos llevando esa vida feliz con la que acabamos el colegio?

Andrea había empezado a llorar irremediablemente, sus palabras estaban siendo como una hipnosis y ahora no encontraba nada para negarse. Le apetecía tantísimo casarse con él, ver a su lado a Lily, como ella debía haber estado cuando se casó con James; fingir por un momento que su vida era perfecta, que nunca había servido en las filas de Voldemort y que no se había separado de Remus. Apoyó la cabeza en el pecho de Remus y le abrazó, se agarró a él con fuerza y él le acarició el pelo, un gesto que se había repetido desde que eran unos niños. Cuando se calmó un poco le pasó los brazos por el cuello y le sacó la cadena, Remus la observaba en silencio, henchido de alegría, ella sacó los anillos y los observó en la palma de su mano. Se daría el lujo de cumplir un sueño antes de acabar con todo. Cogió el más grande y las manos le temblaron al ponérselo a Remus, los dos observaron cómo iba deslizándose por el dedo hasta llegar a la base y Remus le dio un beso en la frente cuando ella fue a colocarse el suyo; se lo quitó de las manos y fue él quien lo hizo, con mucha más decisión que lo había hecho ella, como si hubiera estado ensayando para ese momento los últimos once años.

-Tendrá que ser pronto.- susurró Andrea.

-¿Esta tarde?- bromeó él besándola.

-No, tan pronto no.

-Avisaré a Dumbledore luego, él nos casará encantado y se lo tengo que decir a Harry…

-Quiero que se él quien me lleve.

-¡¡Claro que sí!! Ya verás, seguro que le encanta la idea.

Andrea estaba preparando el desayuno con el inconveniente de que Remus la tenía abrazada por la cintura y a cada cosa que hacía le cogía la mano donde ahora llevaba su anillo de compromiso y la observaba, de manera que hacer tortitas a la manera muggle se estaba convirtiendo en una tarea difícil. No es que se quejara de que lo hiciera, le encantaba sentir esa emoción, algo que la sacara de sus pensamientos, quizá fuera injusta pero al fin y al cabo las cosas no serían tan diferentes si la boda no se celebrase, así que al menos llegaría al final con su ilusión cumplida.

Sophie entró sin que ellos se percataran de su presencia, seguían jugando a besarse y cocinar, aunque realmente cocinar estaban cocinando poco. La niña sonrió al escuchar a su madre reír como nunca lo había hecho cuando Remus le besó el cuello, pero prefirió no seguir viendo el espectáculo.

-Os recuerdo que soy menor.

La interrupción valió para que se separaran y, ahora sí, se dedicasen por completo a preparar el desayuno. Esa mañana parecían adolescentes, y Sophie estuvo a punto de reñirles un par de veces para que dejaran de juguetear en la mesa, pero algo llamó su atención y comprendió lo que les ocurría, sin embargo, no dijo nada.

-Cariño, tengo… bueno, tenemos algo importante que contarte.- empezó Andrea algo nerviosa, estaba segura que a Sophie le gustaba Remus casi tanto como a ella, pero quizá no viera bien que su madre se casara.- Verás, no quiero que pienses que esto va a significar…

-Mamá, dilo ya.- le cortó ella que estaba al borde de la risa.- Como tardes tanto en decírmelo como vosotros habéis tardado en decidiros, creo que serán mis nietos quienes lleven vuestros anillos.- los dos se quedaron sin palabras, sorprendidos de la perspicacia de la niña- ¿De qué os sorprendéis? Lleváis dos anillos iguales y os he dicho mil veces que yo tengo mucha tele encima.

-¿Entonces no te importa?- le preguntó Remus.

-Sí, y mucho- Sophie intentó parecer seria, pero le estaba costando mantener su broma- pero ¿vosotros sois tontos? ¡¿Cómo me va a importar?! ¡¡Me encanta la idea!! – les dio un abrazo muy efusivo a cada uno y volvió a ponerse seria- ¡Eso sí! Ya sé que soy un poco mayor para esto, pero los anillos los llevo yo.

-Los magos no nos ponemos anillos cuando nos casamos- le explicó Andrea y Remus le miró algo sorprendido, era la primera vez que se incluía a ella misma en el mundo de la magia- Usamos una especie de cinta, como un pañuelo. Ya verás.

El día anterior, ajeno a lo que le ocurriría esa mañana, Remus le había prometido a Sophie enseñarle los libros de primero que Harry guardaba allí, para que se hiciera una idea de las asignaturas que tenía que estudiar. Los tres estaban en el desván, una habitación oscura y polvorienta que dejaba ver gracias a los encantamientos de Andrea y Remus; habían hecho aparecer una mesa y desperdigados por ella sin orden estaban todos los libros y trabajos de Harry. Los había guardado, como lo guardaba todo, con prisas y sin cuidado así que ahora intentar seguir unas pautas para dar con los libros adecuados era una empresa inútil.

Después de un rato, Remus encontró en el fondo de una estantería llena de cosas de Harry lo que estaba buscando, cargó con los libros hasta la mesa donde las dos chicas ya estaban examinando otros ejemplares. Sophie esbozaba de vez en cuando una mueca entre confusión y asco al encontrarse con alguna ilustración poco agraciada, pero a pesar de todo mostraba un interés que nadie le había visto con los libros del colegio. Su madre, sin embargo, pasaba las hojas como por inercia, sonriendo de forma melancólica cuando encontraba algún encantamiento que le había costado especial trabajo, algo en los libros de pociones que le traía a la cabeza alguna anécdota. Todo era tan perfecto cuando estaba en el colegio y echaba tanto de menos sentir lo que sentía entonces.

Remus dejó los libros de primero sobre la mesa y empezó a enseñárselos a Sophie, sin embargo Andrea seguía metida en su mundo, evocando imágenes que pensaba que había olvidado, recordando cosas que nunca había vuelto a utilizar, como trasportada a otra época.

-¿Por qué tiene Harry aquí todos sus libros?- preguntó Sophie cuando ya había examinado la mitad de los volúmenes de primero.

-Pues porque Harry vive aquí desde hace dos años, ésta es su casa.- Remus estaba pendiente de explicarle con paciencia infinita todo lo que preguntaba sobre los libros, pero no dejaba de mirar a Andrea que seguía metida en su viaje en el tiempo, sonriendo de vez en cuando con las hojas de los libros.

-¿Y por qué no vive con James y Lily? Son sus padres ¿no?- Andrea ni si quiera había oído la pregunta, Remus la había buscado con la mirada esperando que le diera una respuesta sin palabras de qué contestarle, pero él ya había aprendido que lo mejor era no tener mentiras con ella.

-Los padres de Harry murieron cuando él tenía un año.- La sonrisa curiosa de Sophie se cayó de inmediato, era como si se hubiera arrepentido de preguntar, como le ocurría siempre que descubría algo que no le gustaba.- A Harry lo criaron sus tíos.

-Como a mí.- fue lo único que supo responder.

-Sí, pero la diferencia es que a Harry lo trataban muy mal. Sus tíos le odian y en cuanto pudo se marchó de allí, por eso vive ahora conmigo.

Andrea había dejado ya sus libros de lado y estaba atenta a lo que contaba Remus y a la reacción de Sophie, que de repente, parecía estar aún más agradecida de que Andrea la hubiera criado como a su propia hija. Después de aquello, los tres estuvieron un rato en silencio, hojeando nuevos libros, pero esta vez Sophie no tenía preguntas curiosas sobre ilustraciones extrañas o nombres que le sonaban más a cuento infantil que a libro de texto.

-Remus- Sophie se puso a su lado y jugó con sus manos nerviosa, él la miró esperando que siguiera hablando. Era como si hubiese ensayado un discurso y esperaba decirlo sin olvidarse de nada- Si Harry no tiene padres y vive contigo, es como si tú fueses su padre ¿no?

-Eso dice él.- le contestó con una sonrisa, le extrañaba que estuviera tan nerviosa para una pregunta así, al otro lado de la mesa Andrea la observaba expectante, como si hubiera descubierto las intenciones de su hija.

-Y tú no puedes tener hijos ¿verdad?

-No, bueno sí, pero serían licántropos y yo no permitiría eso.- explicó aún más confuso.

-Pues es que… yo había pensado… que como tú no puedes tener hijos… y además te vas a casar con mi madre… pero no es porque te vayas a casar con ella ¿eh?- explicó nerviosa- es que… bueno como yo no tengo padre y tú no puedes tener hijos, a lo mejor… mmm… si tú quieres… podrías adoptarme.- Andrea se tapó la boca conmovida por la declaración que acababa de hacer su hija, pero fue la única que se movió porque tanto la niña como Remus se quedaron estáticos, mirándose a los ojos.- Claro, si no quieres no pasa nada.- comentó decepcionada sacando a Remus de su shock.

-No, no, no. No es que no quiera, claro que quiero, es que no me lo esperaba.- le acarició uno de los rizos que le caían por el hombro y le sonrió- Me encantaría ser tu padre, pero no porque me vaya a casar con tu madre. Ya te dije que tú me gustas por ser tú.

Sophie le sorprendió dándole un enorme abrazo que le estaba haciendo daño en el cuello, pero no le importaba. Esa mañana le habían dado dos sorpresas y de la noche a la mañana tenía una familia con la que nunca había soñado, apretó a Sophie contra él y miró a Andrea por encima del hombro, estaba a punto de llorar pero le sonreía. Ella le había pedido que la cuidara como si fuera su propia hija, le había preguntado a Sophie si se quedaría con él y ellos solos, sin su influencia, se habían buscado el uno al otro, ya no era un favor. No dejaría a su hija con un extraño, ella lo había declarado su padre y no conocía mejor persona en el mundo a la que encomendar criar a su hija. Con ella, él siempre podría verla, siempre se había asombrado de que Sophie se pareciera más a ella que a su propia madre. Jugarretas de la genética que ahora podían tener un significado. Sophie era la persona más importante de su vida y se parecía tanto a ella que era posible que Remus siempre encontrara en la niña a la persona que amó. Al final de su vida, todo empezaba a encajar con una facilidad con la que nunca lo había hecho, quizá era una compensación por lo mal que se había portado jugando con sus destinos. Los observó como en un trance y pensó en lo mucho que le hubiera gustado seguir con ellos, pero las palabras de su hija la sacaron de ese estado y la devolvieron a la realidad.

-Papá. Suena muy raro ¿verdad?- Sophie trataba de acostumbrarse a decir una palabra que nunca había necesitado pronunciar para llamar a nadie.- Nunca se lo había dicho a nadie.

-Si te sirve de consuelo, yo no había tenido a nadie que me lo dijera.- los dos se sonrieron y Remus empezó a cerrar los libros- Vamos a recoger esto.

Desde la salida para acabar con los hombres lobo la semana estaba siendo muy tranquila. Andrea sólo se empeñaba en que se supieran con auténtica convicción aquel hechizo y en buscar algo donde encerrar la magia de slytherin, pero nada de misiones con la orden, ni salidas aunque fueran sencillas. Harry empezaba a pensar que después de lo ocurrido con los licántropos Andrea no quería volver a sacarlo del colegio, pensaba que le veía como un niño incapaz de acabar con sus enemigos, pero tampoco encontraba en el diario nada que le dijese que fuera estaba ocurriendo algo de lo que él no tomara parte.

Esa tarde Andrea llegó resplandeciente, entró por la chimenea intentando quitarse la sonrisa de la cara pero era imposible, esta simplemente radiante y tanto James como Harry se percataron, pero no se atrevieron a preguntar por riesgo a que fuera una cuestión indiscreta que sus mentes juveniles achacaban a algún comportamiento de Remus. A pesar de su entrada, y de sus pensamientos felices, en cuanto empezó a preparar con los chicos diferentes ataque que podrían encontrarse en el momento del enfrentamiento con Voldemort todo desapareció de su cabeza y se concentró como siempre hacía en lo que tenían que hacer.

Al cabo de dos horas, los tres estaban sudorosos y cansados, en esta ocasión no podían utilizar sus poderes de herederos, porque Andrea no quería que se centraran exclusivamente en ellos, por si algo inesperado ocurría en el último momento. Las únicas personas que conocían ese hechizo eran ellos tres pero se fiaba tan poco de Voldemort que no estaba dispuesta a arriesgarse lo más mínimo, así que la sesión fue intensa en hechizos, maldiciones y escudos de defensa y ahora los tres estaban sentados alrededor de la mesa tomando una poción revitalizante e intentando recuperar el aliento.

Ninguno de los dos hizo ninguna referencia al estado anímico con el que Andrea había llegado, y tampoco se habían fijado en que llevara puesto el anillo de compromiso que Remus le había colocado esa mañana, ahora estaban medio tirados en la mesa, dando gracias porque el entrenamiento se hubiera terminado, pero Andrea sabía que tenía que decírselo, especialmente a Harry, que esperaba que fuera su padrino.

En ese momento llamaron a la puerta y sin esperar a que les dieran permiso entraron todos los chicos. Como casi siempre habían quedado con James y Harry para recogerles después de entrenar y despejarse un poco de sus horas estudiando, así que ahora que les veía allí a todos, Andrea se vio aún más en la obligación de contárselo. Tenía la sensación de que era una adolescente contándole a sus padres que iba a salir con un chico por primera vez y no entendía muy bien porqué se sentía así.

-Remus no ha hablado con vosotros ¿verdad?- Andrea se levantó y habló por encima del barullo que habían formado con sus charlas, señaló a Sirius y James y los dos movieron la cabeza al mismo tiempo preguntándose qué sería lo que tenía que contarles- Es que Remus quería pediros… que fueseis sus testigos.

-¿Testigos para qué?- preguntó inocentemente Sirius.

-Remus y yo vamos a casarnos- de repente un silencio espeso les calló a todos de golpe, se quedaron completamente asombrados y por unos instantes fueron incapaces de reaccionar, especialmente Andrea y Remus que les parecía haber caído en medio de una película ¿Se iban a casar? Era tan extraño, no sabían cómo sentirse ¿eran ellos mismos u otras personas? - La semana que viene.- aclaró esperando tener alguna respuesta.

-¿¿Y a qué espera para contármelo??- acabó exclamando Harry poniéndose de pie en un intento de enfado mal fingido. Andrea le sonrió y dejó que la abrazara para felicitarla, nunca lo había hecho y se sintió bien recibiendo el abrazo de Harry, era como si lo hubiera estado esperando desde el día que lo vio pero no se sintiese merecedora de aquello.- ¡¡Enhorabuena!!

-¡Sí, enhorabuena!- la felicitó James – ¿Y Sirius y yo somos los testigos? ¡¡Es genial!!

Los demás pasaron para felicitarla con algún pequeño abrazo o con una sonrisa que ella agradecía de la misma manera. Lo más extraño fue verse a sí misma y a Remus, que estaban tan estupefactos que ni si quiera se acercaron para felicitarla. Esa misma mañana acababa de despertarse con él, había sido protagonista y ahora verles ahí se hacía extraño, pero Sirius la salvó.

-¿El testigo seré yo o el adulto?- Andrea buscó en su cabeza una excusa a marchas forzadas y se decantó por la que usaban siempre.

-Todo ha sido muy precipitado y tú no puedes venir; Remus ha hablado contigo esta mañana y ha dicho que espera que tú le sustituyas porque para él es imposible. Está muy metido en su misión en… Italia y no podría escaparse sin desbaratar todo un año de trabajo.

-¡¡Vaya sí que soy importante!!-Sirius estaba tan maravillado con la relevancia de sus actuaciones que no se percató de la mirada que cruzaron Andrea y Harry. Realmente mentía muy bien, pensó él- Será perfecto, James y yo los testigos, montaremos un pedazo de despedida.

-Y Lily- especificó ella buscándola con la mirada- bueno si tú aceptas ser mi dama de honor, claro.

-¿Estás de broma?- a Lily le faltaba gritar, estaba loca de contenta, sin saber muy bien si celebrarlo con la adulta o con la que era su amiga- Sí, sí que acepto. ¡¡Aish!! Va a ser tan bonito.

Harry la observaba sonriendo, pero algo en la mirada delataba su decepción. Se alegraba de que Remus pudiera casarse con la mujer que siempre había querido y que tuviera la oportunidad de tener como testigos a sus mejores amigos, pero le habían dejado al margen y en el fondo, eso le molestaba un poco.

-Harry, yo quería pedirte algo- Andrea le hizo una caricia en la cara y se conmovió por ese reflejo celoso que desprendía- a mí, me haría mucha ilusión que tú fueras mi padrino y me llevaras al altar.

Se le iluminó la cara como a un niño que le dan un regalo después de habérselo escondido, abrazó a Andrea por la cintura elevándola unos centímetros y esta vez no fue un abrazo de felicitación o de alegría, había cariño. De verdad le hacía ilusión formar parte de aquella ceremonia y lo que le sorprendió es que no sólo le hacía ilusión por Remus.

Sirius y James no dejaron a Andrea marcharse sin brindar con ellos, así que hicieron aparecer botellas de cava que acabó casi todo derramado por el suelo en un triste intento de abrir la botella por parte de Sirius.

-Ey, Andrea ¿Puedo llevar a mi novia a la boda?- Andrea se había quedado un poco descolocada, la palabra novia era lo último que esperaba escuchar de Sirius. Sabía que estaba irreconocible con un chica, pero de ahí a escucharle llamarla novia, había un abismo, ella había vivido con él y sabía el concepto de amor que tenía.

-No sé, Sirius, no es que no quiera que ella vaya, es que… bueno no creo que sea buena idea que se entere de todo esto, además a mí me siguen buscando ¿recuerdas?

-¡Ah! Tú no te preocupes por eso, ella lo sabe todo, bueno lo tuyo no, pero es de confianza, de verdad que si se lo explico no contará nada.- Sirius empezó a poner esa horrible expresión que siempre la convencía de todo, así que Andrea chasqueó la lengua en señal de rendición y le sonrió.

-Está bien, pero tendrá que pedirle permiso a Dumbledore.

Andrea sabía que tenía que volver a casa, pero cada vez que intentaba despedirse alguno de los chicos se le acercaba y hablaba con ella, todos lo hicieron excepto Andrea y Remus, que seguían sintiéndose extrañamente ajenos y protagonistas al mismo tiempo. En una ocasión, Andrea se paró a observarles, y se dio cuenta de que se comportaban igual que ellos lo habían hecho esa mañana, dejando a un lado las preocupaciones y pensando sólo en que acababan de decidir que se casarían. La joven Andrea se percató de que la observaba y la miró, no hicieron falta palabras porque sabían lo que querían decirse, era su misma alma hablándose a través del tiempo, agradeciéndose volver a ser la que había sido, la que debía ser siempre, alegrándose de encontrar el rumbo perdido. Se sonrieron tímidamente, como si ambas guardaran un secreto que nadie más sabía y cada una volvió a su conversación a cada extremo de la habitación.

Cuando ya iba a irse, Remus se acercó, ella estaba sola recogiendo de un rincón sus cosas y no se percató de que había llegado hasta que olió su aroma, en los últimos días lo había aspirado tanto que se hacía inconfundible. Cuando recogió su bolsa del suelo y se giró estuvo a punto de besarle, era él, esa mirada dulce y esa sonrisa, quizá más inocente que la que tenía ahora pero seguía siendo él.

-Me alegro de que superarais resolver vuestros problemas.- Andrea le sonrió.

-Cumpliste tu promesa, quizá este viaje era lo que necesitábamos. Según tengo entendido tú fuiste la cabeza en la broma a Snape, lo que os trajo aquí- Remus asintió con una sonrisa, le parecía que habían pasado siglos desde aquello- así que podría decirse que tú eres la causa de que yo haya vuelto, y te lo agradezco mucho.

Remus le cogió la mano y observó el anillo, se imaginó por todo lo que tendrían que pasar antes de eso, pero no había imaginación suficiente para aquello, era tan raro vivir aquella situación, saber que acabaría casándose con ella, que pasaría el resto de su vida a su lado, pero no era él.

-Eres la mujer más increíble que he conocido hasta ahora,- le dijo sin apartar la mirada del anillo- y supongo que si nos vamos a casar será porque no encontraré otra como tú.- Andrea se sonrojó como una adolescente, no se acostumbraría en la vida a escucharle decir aquellas cosas – Será increíble envejecer contigo.

Sus palabras provocaron un profundo sentimiento de culpa que se alojó en su estómago como si le estuvieran arrancando el alma a tirones, pero él debió notarlo porque le hizo una suave caricia en la cara y supo porqué había aceptado esa mañana a pesar de todo, siguió buscando con la cara el contacto de su mano, como un gato que quiere que le continúen acariciando. Cuando abrió los ojos volvió a sentir deseos de besarle, pero no era a él a quien tenía que dar esos besos, así que se acercó a su mejilla, la dejó un largo rato ahí y la besó.

-Gracias, por todo, por quererme, por haberme salvado, por haberme devuelto a este mundo. Nuestra vida será difícil, no te imaginas cuánto, pero siempre estaremos ahí, no lo olvides nunca.

Andrea se alejó de allí despacio, como si no quisiera hacerlo, con su bolsa en el hombro y evitando que los demás se dieran cuenta se acercó a James, que era quien estaba solo en ese momento y le susurró:

-Id a las diez a casa.

Tal como les había pedido Andrea y teniendo que escabullirse de sus amigos que no sabían nada de las salidas de James, llegaron al salón de Grimmauld Place donde en ese momento sólo estaban Andrea y Remus llenando una bolsa de algo que parecía estacas y cruces. Harry no tardó nada en abalanzarse sobre Remus, que estaba de espaldas en ese momento y encaramarse a su espalda:

-¡¡Enhorabuena!! Ya me han dado la buena noticia, pero vamos que tú no me cuentas nada.

-Anda, bájate de ahí, que ya no eres un crío y pesas.- Harry le hizo caso y le dio un abrazo en condiciones- Ya me ha dicho Andrea que serás el padrino y para tu información te he intentado avisar esta tarde, pero no llevabas el espejo encima.

-No es muy útil en la habitación de Ginny.- Harry empezó a mirar dentro de la bolsa haciéndose el loco, pero tenía una sonrisilla pícara excesivamente parecida a la de James.

-No nos cuentes tu vida sexual- espetó James quitándolo de en medio para felicitar también a Remus- Bueno, ¿qué hacemos aquí? ¿Vamos a preparar la despedida de soltero?

-No- sentenció Andrea guardando una ballesta en la bolsa- y no sería yo quien te permitiera, precisamente a ti, preparar nuestra despedida.

-Me ofendes con tu desconfianza- James sacó una estaca fina y alargada y la examinó- ¿El menú de la boda son pinchos morunos?

-¡Qué gracioso vienes hoy!- Remus le arrancó la estaca y volvió a guardarla en la bolsa- Hemos encontrado un nido de vampiros, como la cosa está tranquila últimamente, Dumbledore nos ha dicho que salgamos de excursión.

James y Harry se estaban abasteciendo de armas cuando la chimenea se iluminó y dejó paso a Dumbledore. No parecía una visita cortés y por su aspecto no creyeron que fuera a acompañarles sólo para atacar a los vampiros. Su mirada era determinante y a pesar de que respiraba agitadamente desprendía seguridad y fuerza. Remus y Andrea se miraron entre ellos y esperaron lo peor y lo peor llegó:

-Es Edimburgo… la están destrozando. Se ha congregado el mayor ejército hasta el momento, gigantes, banshees, mortífagos, vampiros, hombres lobo. Es una auténtica masacre. Acaban de avisarme, hay que reunir a la orden.

El director no había terminado de hablar cuando los patronus de Andrea y de Remus cruzaron la habitación, la enorme águila de Andrea salió disparada por la ventana seguida de un lobo resplandeciente. James y Harry se quedaron unos segundos sin saber qué hacer, pero en cuanto el fénix de Dumbledore sobrevoló sus cabezas para seguir a los anteriores reaccionaron y ambos conjuraron su propio patronus. Harry ya había visto el de su padre, un ciervo igual que el suyo, pero James no había visto el de Harry y por unos instantes fue incapaz de oír lo que estaban gritando a su alrededor los miembros de la orden que se iban apareciendo en medio del salón. Fijó su vista en la ventana por la que estaban saltando ahora dos ciervos iguales.

-¿Ese es tu patronus?- consiguió articular sin mirar a Harry, que no supo contestar una pregunta tan obvia- Pero… es que… yo no sabía que… ¡¡Soy yo!!

-Hay una batalla en Edimburgo- Harry intentaba centrarse, tenía que luchar y no podía permitirse el lujo de disfrutar de las reacciones de su padre. James le miró asintió con decisión, llevaba razón, aquel no era el momento, pero le había sorprendido tanto. Cuando se dio la vuelta para acercarse a la mesa donde se estaban dando las instrucciones, Harry le detuvo un momento, quizá se mereciera lo que estaba a punto de decirle- Papá- James se dio la vuelta y le sonrió por la forma en que le había llamado- Una vez te lamentaste de no haber podido protegerme, deberías saber que ese patronus salvó mi vida y la de Sirius.

No podía haber nada en el mundo que le pudiera haber hecho sentir mejor que aquella frase, se sintió orgulloso de haber protegido a su hijo y a su hermano incluso después de muerto, quizá ese patronus no fuera él mismo, pero era su esencia, él era la razón de que el patronus de Harry tuviera forma de ciervo y eso sólo podía significar que a pesar de no haber estado en su vida, tenía que haber sido una pieza importante en ella.

Habían sabido dónde atacar, Edimburgo podía ser una ciudad enorme pero como todas, tenía un punto neurálgico, su inicio, y no había nada más representativo en la ciudad que la "Old town", presidida por el magnífico castillo que fue testigo de las luchas contra los normandos, las invasiones del siglo XVII y las batallas contra los ingleses, batallas que se reflejaban en sus cuadros ahora ardiendo. Había sobrevivido a siglos de guerras e invasiones, al cruel clima escocés y ahora sucumbía sin remedio ante las fuerzas de Lord Voldemort. Los fuertes muros de granito habían sido destrozados por dos inmensos gigantes que ahora utilizaban los restos para estrellarlos contra los edificios de los alrededores de la Royal Mile, atestada hacía pocas horas de personas que pretendían pasar una noche tranquila en los incontables bares y negocios que llenaban la avenida, era un escenario en el que la gente corría ahora despavorida huyendo de los gritos de las banshees y de los dientes de los vampiros.

El ataque a Edimburgo suponía una llamada de advertencia a Londres, una profunda herida en la moral de las personas que habían empezado a tener de nuevo fe en la posibilidad de ganar aquella guerra, ahora el despliegue era inmensurable. Cuando la Orden del Fénix llegó a la ciudad, los aurores de Inglaterra y Escocia no daban abasto a la gran cantidad de criaturas que había concentradas, el suelo estaba bañado de cuerpos destrozados que yacían inertes bajo montañas de restos de escombros. Los edificios más antiguos de la ciudad habían caído dejando un amasijo de hierros y roca que suponían un obstáculo más a saltear en aquella cruenta batalla.

Harry y James habían sido colocados como siempre en el grupo de mayor confianza de Dumbledore, que también les había acompañado y tenían como misión acabar con los dos gigantes antes de unirse al resto para hacer algo por no perder aquella ciudad. Los hechizos eran inútiles contra los gigantes, que pisoteaban a sus anchas todo lo que se encontraban por el camino sin advertir si eran cosas o personas y si éstas eran de un bando u otro. Harry intentaba no mirar a ningún sitio y centrarse tan solo en su objetivo pero James no había optado por la misma opción y ahora observaba al borde de una crisis depresiva el horror y la destrucción que le rodeaba.

-No hay hechizos que les afecten- le gritó Andrea mientras intentaba quitarse de en medio un grupo de mortífagos que tenían como misión asegurarse de que nadie se acercara a los gigantes- ¡Hay que matarles!- Andrea le miró recordando su última conversación, pero en esta ocasión no había opciones. Harry la miró y para sorpresa de la mujer tenía una determinación que nunca le había visto, asintió y buscó a James que luchaba junto a Remus y Dumbledore a su izquierda.

Una vez que se aseguró que su padre estaba protegido levantó los brazos al cielo y las estrellas empezaron a desaparecer tras una gruesa capa de nubes oscuras que chocaban produciendo profundos estruendos. El cielo se convirtió en una fuente de electricidad por la que circulaban rayos ramificados iluminando las calles que habían quedado a oscuras después del derrumbamiento de varios edificios. Justo cuando uno de los gigantes iba a lanzar una de las torres incendiadas del Castillo de Edimburgo sobre la población que corría despavorida, Harry bajó los brazos y dos lenguas electrificadas cayeron del cielo para atravesar a los dos gigantes desde la cabeza a los pies. El humo salía por todos los orificios de sus cuerpos y se tambalearon antes de caer sobre el castillo incendiado dejando para el recuerdo lo que había sido el símbolo de una ciudad.

Harry salió de su concentración cuando las dos bestias se estrellaron contra el suelo y se fijó en que a su alrededor todo se había quedado paralizado, pero no había sido obra de James, todos le miraban, tanto de un bando como de otro asombrados por el despliegue de poder que acababa de efectuar y en medio de esa confusión miró a su padre de reojo y ambos supieron lo qué había que hacer, lanzaron hechizos a ambos lados y en cuestión de segundos todo volvía a la normalidad, los gritos de las maldiciones, los rayos y los alaridos de dolor tras un cruciatus o una amputación.

Dumbledore y Moody guiaron a su grupo entre los escombros para colocarse en la zona norte de la batalla donde los mortífagos torturaban a los muggles y luchaban contra los aurores que intentaban acabar con ellos. Tuvieron que saltear hierros, escombros y cadáveres y cuando llegaron, el grupo de aurores estaba tan deteriorado que nadie se fijo en la presencia de Andrea, ver allí a Dumbledore y a Harry supuso un alivio y al mismo tiempo una nueva preocupación, pero esa preocupación desapareció en el momento en que Harry empezó a luchar, estaba sudoroso y aún más despeinado de lo habitual y en sus ojos había una especie de fuego que le colocaba en aquel marco bélico como un elemento fundamental del mismo; a su lado James luchaba junto a Moody contra un mortífago que a juzgar por el ímpetu que ponía en atacar a James debía haberle reconocido.

Dumbledore se movía con agilidad entre lo que parecían seguir siendo sus alumnos a juzgar por el respeto que tenían de atacarle y Andrea y Remus había quedado aislados por un grupo de mortífagos que les atacaban al borde de un profundo socavón que se había abierto en el suelo. Harry lanzaba bolas de fuego y hechizos de manera alternativa y sin fijarse muy bien en la persona a quien atacaba. Luchando contra dos mortífagos que le atacaban entre carcajadas empezó a subir lo que había sido un edificio, sintiéndose algo acorralado, se escurrió con los ladrillos sueltos y tuvo que crear un escudo protector para salir de la situación. En medio de la confusión que creaba su despliegue de poder se alejó de aquella zona para ayudar a un grupo de aurores que se las estaba viendo muy mal contra un grupo de mortífagos que casi les triplicaba en número.

Vio a Bellatrix que estaba luchando con Nicole y que en ese momento la había desarmado y la tenía tumbada en el suelo intentando defenderse con poco éxito. Corrió hacia las dos mujeres para ayudar a su amiga pero supo que no le daría tiempo, Bellatrix blandía su varita dispuesta a matar a Nicole, pero una potente ráfaga de viento lanzó a la mortífaga varios metros por el aire hasta estrellarse contra una casa casi derruida.

-¿Estás bien?- Harry le dio a Nicole su varita que acababa de recoger del suelo y la ayudó a levantarse.

-¿Qué haces tú aquí?- le contestó sin prestar atención a lo que le había preguntado, él sólo se encogió de hombros, porque en ese momento él mismo se hacía aquella pregunta- Me alegro de verte.

-Cuídate.

Fue lo último que le dijo antes de salir corriendo hacia donde estaba Bellatrix, una chispa de venganza se le encendió y perdió incluso la noción de dónde estaba. Había olvidado que James estaba allí y que tenía que mantenerse junto a Andrea y Remus. Ver a la mortífaga a punto de matar a Nicole había reavivado antiguos pensamientos y había llegado el momento de enseñarle que ya no era el crío con el que se había topado en el departamento de misterios.

Bellatrix ya se había levantado y se había dado cuenta de quién había sido el autor de aquel ataque. Draco le había contado de lo que había sido capaz con él y Voldemort había ampliado esas explicaciones, de manera que no hubo lugar para el desconcierto. Una sonrisa maléfica hizo que su rostro pareciera aún más cadavérico cuando Harry se acercó a ella.

-¿El niño Potter busca venganza?- se jactó saltando cerca de él- No tuviste bastante con la lección del ministerio o es que la puta de Markins te ha enseñado algo nuevo.

-Te sorprendería ver de lo que soy capaz.

Efectivamente Harry ya no era un niño, habían pasado dos años pero su cuerpo era casi el de un hombre y su expresión era mucho más madura que la de la mayoría de los que luchaban en aquella batalla. Se dieron un margen para reconocerse, como dos enemigos que han esperado mucho tiempo para encontrarse y quieren saborear el momento. A Bellatrix le sorprendió ver odio en sus ojos, pero no el que había visto el día que murió Sirius, no era un berrinche, era algo asentado, premeditado con lo que parecía estar disfrutando y en el fondo, Harry estaba disfrutando de demostrarle a aquella mujer, que le había arrebatado a Sirius, que ahora era él quien manejaba el asunto.

-Dejémonos de juegos.- siseó ella escurriéndose alrededor de Harry. Le lanzó una maldición que se evaporó al chocar contra la capa dorada que se había creado alrededor de Harry justo antes de que ella abriera la boca.

-¿Sorprendida? Pues espera a ver esto- Harry movió la mano hacia Bellatrix y la mujer tuvo que esquivar unas punzantes lanzas de hielo que salían de sus manos- Pero ¿sabes? Voy a jugar limpio contigo. Reservaré mis poderes de heredero para matar a tu señor.

-¡Niño ignorante!- bramó Bellatrix enfurecida- Nadie ¡NADIE! Puede matar al Señor Oscuro.

Harry se agachó para evitar la maldición que acababa de lanzarle pero ésta le alcanzó en el hombro. Más que la quemazón que empezaba a sentir le dolió la risa estridente de la mujer que había vuelto a levantar la varita para atacar a Harry, pero éste reaccionó rápidamente y desapareció para volver a hacerlo detrás de la mujer.

-¿Sabes? Tengo algo que enseñarte.

Harry dirigió ambas manos a la mujer en cuanto ella se dio la vuelta y varios rayos salieron de sus manos como si cada uno de sus dedos fuera una varita. Bellatrix se retorció en el suelo gritando de dolor ante el gigantesco cruciatus que estaba recibiendo. Harry lo mantuvo ahí durante un largo rato, recreando en su mente la imagen del departamento de misterios, la caída de Sirius a través de aquel velo y la risa de la mujer que tantas veces le había despertado en medio de la noche.

-Soy un buen alumno ¿no crees?- vaciló Harry abandonando su tortura por unos minutos. Bellatrix intentó levantarse pero su cuerpo estaba tan debilitado por el dolor que el esfuerzo era sobrehumano- ¿Cómo era? ¡Ah, sí! Tienes que desearlo, Potter, tienes que desear realmente causar dolor, disfrutarlo.

-Disfrutaré viéndote morir a manos de mi señor.- balbució Bellatrix entre toses- Estaré en primera fila como tú lo estuviste en la muerte de mi querido primo.

Harry se agachó y se acercó mucho a la cara de la mujer, la agarró del pelo y apretó los dientes, algo en su interior deseaba matarla, acallar aquella voz, pero se contuvo, midió su odio para dosificarlo, para disfrutar más con aquello.

-No me provoques. Ahora realmente deseo causarte dolor y no te imaginas cómo lo estoy disfrutando.

-No más de lo que yo disfruté torturando a tu madre.-Bellatrix sonrió aún más al ver cómo se contorsionaba el rostro de Harry que apretó con más fuerza el tirón del pelo- o a tu amiguita Markins, creí que había muerto, pero no te preocupes porque lo haré al final, díselo al licántropo.- Harry soltó con fuerza la cabeza y se puso de pie dispuesto a atacarla de nuevo- pero nada de eso puede compararse a lo que disfruté viendo caer a tu asqueroso padrino por el velo de la muerte. – eso fue el colmo para Harry y una nueva oleada de maldiciones cruciatas salió de sus manos- ¡AAAAAHHHHHHHHH!

Mientras Harry luchaba con Bellatrix, a unos veinte metros más alejados el resto seguía enzarzado en su lucha particular, pero la participación de Dumbledore y la ayuda de James estaba logrando acabar con la mayoría de los mortífagos. Andrea se había percatado de la huida de Harry pero atrapada por un grupo de mortífagos no pudo correr tras él, sin embargo en cuanto Kingsley se unió a Remus y a ella, olvidó a aquellos hombres y corrió tras Harry. Le divisó a lo lejos luchando con Bellatrix y una sonrisa iluminó su rostro, al menos aquel día se cobraría su venganza, corría sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor deleitándose en los alaridos de dolor de la mortífaga que ahora los oía por encima del clamor de la batalla, pero nunca llegó a alcanzarles. Saltó entre los escombros evitando clavarse las enormes barras de hierro que sobresalían por todas partes y cuando intentó seguir corriendo un hechizo la derribó.

-Me alegra volver a verte.- Nicole se cruzó de brazos mirando a Andrea con asco. Ésta se levantó y dudó por unos instantes si seguir corriendo o quedarse allí, pero algo le dijo que tendría que acabar con aquello antes o después y que si salía corriendo para enfrentarse a Bellatrix, Nicole la perseguiría.

-No quiero hacerte daño, bonita, así que ¿por qué no sigues jugando con tu pandilla de ineptos a salvar el mundo y a mí me dejas saldar cuentas pendientes?

-Muy amable por tu parte- le contestó ella con una sonrisa de falsa gratitud- pero hoy seré yo quien salde cuentas.

Andrea tuvo escasos segundos para rodar por el suelo y evitar una maldición de Nicole que no tardó nada en lanzar un nuevo ataque. Por su parte, Andrea empezaba a enfurecerse y aunque ya no se dejase vencer por la magia negra su agresividad era innata y aquella mujer no le proporcionaba ninguna simpatía.

-¡Imbécil! Luchas contra mí en vez de matar enemigos ¿qué clase de auror eres?- Andrea le lanzó un hechizo que le alcanzó en una pierna, haciéndola cojear.

-Tú eres mi enemiga. Hace años que juré matarte y por fin lo haré esta noche.

Andrea resopló casi aburrida, era una rival digna que le estaba prestando oposición pero después de tanto tiempo luchando con Harry y con James, Nicole se hacía un oponente accesible. Justo cuando fue a atacarla, se giró sobre si misma y acabó en la espalda de la auror inmovilizándola con un brazo.

-Hagas lo que hagas, no me lastimes la cara ¿quieres?- Andrea le estaba hablando al oído como si fuera una amiga con la que estaba jugando- Me caso la semana que viene ¿ves?- la visión retorcida del anillo de compromiso enfureció aún más a Nicole que con un fuerte empujón se libró de Andrea, haciéndola caer hacia atrás. Intentó librarse del hechizo de desarme pero tirada en el suelo, con ladrillos y hierros rodeándola se hizo muy difícil, así que Nicole acabó mandando lejos su varita.

-Creo que será un entierro en vez de una boda. ¡Avada…!

-¡Expeliarmus!

El potente hechizo de Remus evitó la muerte de Andrea y lanzó a Nicole unos metros hacia atrás. Remus le dio a Andrea su varita y le tendió la mano para ayudarla a levantarse pero la imagen que vio cuando fue a hacerlo le dejó paralizado. En frente de él, a unos metros, el cuerpo de Nicole se mantenía sobre un trozo derruido de muro debido a una barra de hierro que la atravesaba hasta salir ensangrentado por su estómago. Olvidándose de Andrea, Remus salió corriendo hacia la que hasta hacía poco era su novia. Se sentía culpable, confuso y aterrorizado.

-Nic, Nic, mírame- El rostro de Nicole estaba totalmente blanco y de su boca salía un hilo de sangre. A penas podía respirar y a cada mínimo movimiento parecía estar a punto de vomitar sangre.- Esto no puede estar pasando, no, no, no. Nic, Nicole.- Remus le hacía pequeñas caricias en la cara, intentando centrar en él su atención, pero ella sólo miraba al frente sin que realmente pudiera ver nada en concreto.

-Remus, cariño- Remus se sorprendió de que le llamara así después de todo lo ocurrido pero se dio cuenta de que en la situación en la que estaba su mente le estaba jugando una mala pasada, o quizá era la última oportunidad que le prestaban de llevarse un recuerdo feliz- Te veo muy mal.

-No hables ¿Sí? Ya verás, te vamos a sacar de ésta, tienes que salir de ésta.- el ruego era más para él que para ella, aún no podía creer que un hechizo tan inocente como el que había utilizado, precisamente para no herirla, hubiera acabado en esa situación.

-Tengo frío.- Intentó llevarse las manos a la herida, pero Remus se las cogió antes de que fuera conciente de lo que le estaba ocurriendo, se estaba muriendo, pero le permitiría agonizar sin miedo, se quitó la camisa que era lo único que llevaba y se la echó por encima que en seguida se cubrió de la sangre que nacía del orificio de su estómago.- Me estoy muriendo ¿verdad?

-Shhhh, no digas nada, por favor.

-Te quiero.- Nicole intentó esbozar una sonrisa pero una nueva oleada de dolor le sobrevino y contorsionó su rostro. Remus miró hacia atrás donde a apenas unos metros, Andrea observaba la escena incapaz de saber cómo actuar después de aquello. Sus ojos se encontraron con los de Remus y no hizo falta que le preguntara nada, ella simplemente asintió con la cabeza y se giró para buscar a Harry.

-Nic, mi niña, yo también te quiero, siempre te he querido más que a nada en el mundo. – ella sonrió satisfecha y se dejó caer sobre el pecho de Remus como si intentara quedarse durmiendo. Remus bajó la cabeza y la besó suavemente en los labios, lo justo para darse cuenta de que se había muerto en ese mismo instante.

Harry no dio tiempo a Andrea a llegar hasta Bellatrix, la había dejado tirada en el suelo casi sin fuerzas para seguir hablando, se había fijado en la escena de Remus y Nicole y ahora corría desesperado hacia ellos. Chocó con Andrea y ésta se quedó clavada en medio de la calle, la batalla seguía viva aunque las cosas parecían más fáciles. No sentía ni siquiera deseos de matar a Bellatrix; no era exactamente pena por la muerte de Nicole, pero le dolía por lo que estaba pasando Remus y por lo que pasaría Harry.

Cuando llegó a Nicole, Remus la estaba descolgando la barra que la atravesaba, le ayudó a hacerlo incapaz de creerse que estaba manteniendo entre sus brazos el cuerpo inerte de una persona a la que había considerado su amiga.

-No me lo puedo creer- se lamentó- ¿Quién lo ha hecho?

-Ha sido un accidente- murmuró Remus incapaz de mirarle y Harry entendió quién había participado en ese accidente.- No se ha dado cuenta de nada, su mente estaba muy confusa.

Harry no encontró palabras para consolarle, no le culpaba, en absoluto; pero se sentía tan triste que no se veía capaz de decirle nada con sentido.

-Harry, vamos levántate, tenemos que seguir.- Andrea estaba de pie, manteniendo las distancias, como si no se sintiera digna de entrar en aquella escena de dolor.

-¿Seguir? ¿Es que no lo ves? – Exclamó sorprendido- ¡¡Está muerta!!

-Si lloras a los muertos, serás uno de ellos.

Harry buscó en Remus algo de cordura a aquella frialdad, pero sólo encontró un asentimiento. Seguían en guerra y en una batalla, los caídos debían ser precisamente eso. El hombre se levantó, le tapó la cara a Nicole con su camisa con sumo cuidado e hizo levantarse a Harry, que en ese momento estaba asombrado de la frialdad con la que asumían la muerte.

Nunca podría haber relatado cómo siguió después de aquello, no sabía muy bien qué hechizo pronunciaba ni a quién atacaba, sólo que después de un tiempo, que se le hizo eterno, los enemigos empezaron a desaparecer y sólo quedaron cuerpos caídos en el suelo, humo mezclándose con la neblina de la mañana y un horrendo olor a muerte. Harry se dejó caer en el suelo, observando el mar de cuerpos que yacían a su alrededor, sintió a James sentarse a su lado y ponerle la mano en el hombro para librarle de un dolor que ni siquiera sentía. La herida que Bellatrix le había hecho no dolía nada comparada con el recuerdo de la muerte.

-Nicole ha muerto.

-Lo sé, se lo he oído a Dumbledore.- le contestó James sin mirarle- Moody y Kingsley también.

Harry giró la cabeza repentinamente, pero se dio cuenta de que ya no estaba sorprendido, había asumido la muerte como lo habían hecho Remus y Andrea, cada vez dolía menos y se entendía como algo normal en medio de aquella locura. No dijo nada, volvió a mirar al frente y se dio cuenta de que muchos de aquellos cuerpos no estaban muertos, eran heridos que gritaban de dolor y se lamentaban.

-Tenemos que irnos.- Remus les dio un toquecito en el hombro a cada uno para que se prepararan.

-¿Qué pasa con toda esa gente?- preguntó James señalando a la gran cantidad de heridos.

-Los medimagos llegarán pronto.

Harry se levantó y se acercó al grupo de miembros de la orden que estaban relatando a Dumbledore las bajas sufridas, pero James no hizo lo mismo, siguió en dirección contraria hasta colocarse en medio de lo que acababa de ser el campo de batalla. Salteó los cuerpos y miró horrorizado el sufrimiento que toda aquella gente estaba sintiendo.

-¿Dónde va James?- preguntó Andrea al ver que no se acercaba.

El resto se giró para ver a dónde iba y Harry estuvo a punto de salir tras él, pero le vio sentarse allí en medio, como si se dispusiese a meditar, cerró los ojos y una neblina dorada cubrió todo Old Town en apenas unos segundos. Los gritos de dolor se disiparon y la gente, que hasta ese momento, se revolvía nerviosa en el suelo, se calmó como si acabara de entrar en un sueño profundo.

N/A: Hola!!! Esta vez he tardado un poquito menos, pero son sólo dos capis. Espero que os gusten mucho porque como podréis comprobar se acerca el final. Ya falta muy poco. Muchas gracias por todos vuestros reviews, los leo todos y me encanta.

Un beso muy fuerte y que todo os siga iendo bien.