CAPÍTULO 51: JURO AMARTE HASTA EL FINAL.

En todo el transcurso de la guerra los alumnos de Hogwarts se habían visto tocados por la muerte de manera individual; podía haber sido un tío, un padre o una hermana; pero nunca en los dos años de conflicto habían sufrido un golpe conjunto; nunca las manos de Voldemort habían alcanzado a alguien común a todos y ahora los alumnos guardaban un riguroso silencio en el gran comedor por la muerte de Nicole y Moody, era como si de repente Voldemort hubiese entrado en su templo sagrado, ese lugar que a base de gruesos muros y de ajetreados días les mantenía a salvo y ajenos a la guerra, pero ahora había entrado de lleno y les había pillado desprevenidos. El profesor Moody, a pesar de resultar un impostor, había dejado en todos ellos la sensación de que le habían conocido, pero las verdaderas lágrimas y el sobrecogimiento general nacían de la desgraciada muerte de la profesora Nicole Merry, que apenas un año antes les había preparado en defensa contra las artes oscuras. Nicole había sabido ganarse a la gran mayoría de sus alumnos con una mezcla de dulzura y dureza, dando a un castillo envejecido un toque juvenil. Ahora el gran comedor se teñía de negro y sus alumnos, recordaban con cariño alguno de los momentos que habían pasado con ella.

En la mesa de Gryffindor, sentados al final y muy juntos, como si quisieran aislarse de todo y de todos, estaban sentados Ron, Hemione, los merodeadores, Andrea y Lily. James tenía muy mal aspecto, la noche anterior le había dejado abatido y tenía unos cortes en la cara que habían dejado de sangrar gracias al hechizo que Sirius, sin hacer la más mínima pregunta le había hecho en cuanto lo había visto esa mañana. El resto removía su comida en silencio, sin expresar en voz alta sus miedos o su tristeza. Lily de vez en cuando respiraba con más fuerza y parecía estar convenciéndose a sí misma de que tenía que ser fuerte porque en cuanto empezaba a venirse abajo se esforzaba por esbozar una sonrisa o hacer algún comentario que distendiera el clima. Esa noche, todos se habían quedado despiertos esperando a Harry y a James. El hecho de que éste no estuviera en su cama en medio de la noche había alarmado a Sirius, que se había propuesto sorprender a Patricia. En sus intentos por buscarle había despertado a todos y finalmente, sin decir una palabra, se habían quedado esperando en la sala común la llegada de los dos Potter. No se enfadaron por que James participara en aquella guerra que día a día parecía más real, ni tampoco por que no se lo dijera. Lily, se había pasado la noche abrazada a sus rodillas sentada en un sillón mientras Andrea le hacía caricias en el pelo.

Las palabras de Dumbledore que a todos les llegaba como el ruido del mar cuando da contra las rocas, fueron al mismo tiempo reconfortantes y desgarradoras. El director no quiso mentir a sus alumnos respecto a la marcha de la guerra y les instó, como siempre, a permanecer unidos para no tener que verse de nuevo en una situación como esa.

Ni Harry ni Ginny pudieron escuchar esas palabras, ni pudieron sentir el ambiente enrarecido que había nacido entre sus amigos. Harry estaba en su habitación, buscando en su baúl algo que pudiera ponerse para ir a un entierro, mientras su novia, sentada en su cama, lo observaba con pesadumbre.

-Harry, cariño, ¿estás seguro de que no quieres que vaya contigo? Dumbledore me dejaría ir, toda mi familia estará allí y yo creo que debería estar contigo.

-Absolutamente seguro. De hecho, ahora deberías estar desayunando con el resto.- Harry tenía bolsas debajo de los ojos y un aspecto terriblemente cansado, se había pasando la noche luchando y esta vez no había sido una cosa fácil, había entrado en la guerra por la puerta grande, enfrentándose cara a cara a sus propios odios y a la mismísima muerte.- Puedo apañármelas solo para encontrar una camisa negra.

-Sabes que no estoy aquí para ayudarte a elegir una camisa.- le reprochó ella lo más calmadamente posible.

-Lo sé y lo siento.- Harry se sentó junto a Ginny y apoyó su cabeza en el hombro de la chica que le besó la frente con dulzura.- Te agradezco mucho que estés aquí, pero se me había olvidado lo que era que la guerra tocase a uno de los míos. Anoche… nada, no importa.

Se levantó con una sonrisa que intentaba suavizar el ambiente y empezó a peinarse, Ginny no dijo ni una palabra, se levantó con parsimonia y se dirigió al baño donde estaba él mirándose al espejo. Sus ojos se clavaron en su nuca como un yugo de culpabilidad, pero ella no decía nada; Harry simplemente la observaba a través del espejo autoconvenciéndose de que era mejor mantenerla al margen, pero esa actitud serena y comprensiva le estaba torturando.

-Fue horrible.- Harry se dio la vuelta y se apoyó en el lavabo- había muertos por todas partes y apenas podía diferenciarse quiénes eran de un bando y quiénes de otro. La ciudad estaba destrozada, se oían gritos…- Ginny le acarició la mano con la punta de los dedos y él la aferró como si fuera lo único que pudiera salvarle del infierno que estaba viviendo en su cabeza.- Nicole murió mientras yo me estaba enfrentando a Bellatrix, la ayudé a levantarse y me marché, quizá si no me hubiera ido…

-Harry, mi vida, no busques razones para culparte cuando no las hay. Tú no podías hacer nada.

-Murió en brazos de Remus, atravesada por un hierro. Fue una manera muy tonta de morir, ella no se merecía eso.

-Estoy segura de que se alegró de morir en sus brazos y eso sí que se lo merecía.- Los dos se callaron un rato, porque ambos coincidían en que al menos así habría muerto feliz. Ginny le pasó los dedos por el pelo en un intento de peinarle, se le quedó muy alborotado pero al menos parecía hecho a posta, así que Harry se dio por satisfecho, antes de que su novia se separara de él la besó en agradecimiento por ser su eterno consuelo.- Anoche todos nos dimos cuenta de que tu padre te acompaña.- no sabía cómo enfrentar ese tema y quizá hacerlo de la forma más directa sería lo mejor.

-¿Mi madre también?- Ginny asintió- ¿Se enfadaron?

-No, ninguno dijo nada, es como si no quisieran decirlo en voz alta, pero todos lo saben. Las cosas han cambiado mucho desde que llegaron.

-La guerra nos cambia a todos, incluso a ellos.

En Grimmauld Place el silencio podía mascarse. Los miembros de la Orden entraban en la cocina y se servían un café pero no decían ni una palabra, todos tenían aspecto de cansados y la mayoría de ellos estaban heridos pero ninguno había querido perderse el entierro de tres compañeros. Nicole hacía meses que no luchaba para la Orden pero seguía siendo una amiga y una compañera en la batalla y ahora lo único que podían repetirse era que ninguno de los tres volvería a acompañarles en el siguiente enfrentamiento. Habían sufrido muchas otras pérdidas, pero nunca habían tenido que enterrar a tres miembros de la Orden en un mismo día y de alguna manera les había conmocionado más.

Remus estaba sentado en la cama con la misma ropa ensangrentada y sucia que había llevado la noche anterior, tenía la cabeza escondida tras sus manos y oía el ruido del agua de la ducha como si fuese una martilleante tortura que rompía la repetición de todo lo ocurrido la noche anterior y que ahora estaba viviendo por millonésima vez en su cabeza.

Andrea salió de la ducha con una toalla en el pelo y otra tapándole el cuerpo, había pasado la noche sentada en el alféizar de la ventana, observando a Remus en aquella misma posición en la que ahora estaba, sin decirle ni una palabra, escudriñando su rostro marcado por el dolor y la culpabilidad y él también había permanecido callado, sin confiarle sus sentimientos, sus miedos, su dolor, porque no era necesario; ella había estado allí y le conocía demasiado como para reiterarse. Cuando se sentó a su lado y le acarició el brazo, él salió de la guerra que volvía a vivir en su mente, la miró y le dedicó una sonrisa cargada de agradecimiento. Agradecimiento por no haberle hablado en toda la noche y al mismo tiempo por haber estado allí, a su lado; por haber aceptado la licencia que la noche anterior se dio con Nicole para dejarla morir feliz a pesar de las diferencias que tenía con ella.

El grifo de la ducha permaneció abierto mucho más tiempo del estrictamente necesario, daba la impresión de que Remus quería que aquel agua extremadamente caliente que le caía sobre la cabeza se llevase con ella además de la sangre de la noche anterior, todo lo que en ella había ocurrido. Durante el rato que él estuvo en el baño, Andrea tuvo tiempo para recoger la habitación, arreglarse y despertar a Sophie, a quien le explicó con la mayor suavidad posible lo que había ocurrido. Una vez más el rostro de Sophie pareció madurar con un nuevo golpe, la muerte era algo que se estaba convirtiendo en un habitualidad en su vida y hasta ese momento siempre la había considerado como eso que le ocurre a las personas cuando se hacen mayores.

Andrea le pidió a Sophie que no bajara a desayunar, ella misma conjuró un desayuno y la envió de vuelta a su habitación para que no pudiese molestar en el duelo que se estaba formando abajo. Se estaba peinando cuando Remus salió del baño, mucho más limpio pero con la misma consternación en el rostro.

-Te he planchado la túnica nueva.- el tono de su voz denotaba un deje de nerviosismo mientras se pasaba el cepillo por el pelo aún mojado.

-Gracias.- susurró él antes de darse cuenta de que ella ya estaba arreglada- ¿vas a alguna parte hoy?

Andrea le miró a través del espejo sorprendida por la pregunta ¿a dónde iba a ir? Pues donde iban todos. Él sin embargo no parecía verlo tan claro, la observó esperando una respuesta, con la túnica en las manos.

-Voy al entierro, como todos.- por unos segundos Andrea esperó que él no dijese nada y siguiese con su tarea de vestirse, pero se mantuvo quieto, observándola, parecía haber esbozado una tímida sonrisa, como la que se le hace a un niño que dice algo inocente, pero después su rostro se hizo más firme.

-No puedes estar allí. Todo el departamento de aurores irá al entierro de Nicole, Moody y Kingsley y no me apetece casarme en Azkabán. Además no puede decirse que Nicole y tú fueseis amigas.

Ella se acercó a la cama, se sentó e hizo que él se sentara a su lado. Estaba tan calmada que ni si quiera parecía ella, era como si se hubiese vestido con una máscara de indiferencia al mundo que sólo le dejaba ver que tenía que estar a su lado para sacarle de aquello.

-Yo no la odiaba.- comentó mirándole a los ojos- Ella a mí sí, pero tenía grandes motivos para hacerlo. Yo envidiaba su juventud, que te tuviera, odiaba su aspecto porque me recordaba a mí misma, a lo peor de mí; pero nunca tuve nada personal contra ella. No me alegro de su muerte, pero lo único que de verdad siento de todo esto es tu dolor y que te sientas tan culpable.

Remus se levantó intentando evitar aquella mirada que le estaba descubriendo sus más íntimos pensamientos, que llegaba a su alma y se paseaba por ella como si siempre le hubiese pertenecido.

-Tú estabas allí, sabes que fue mi culpa.

-Fue un horrible accidente, ella quería matarme, lo habría hecho. Tú utilizaste el hechizo más tonto para evitar que me matara sin dañarla y tuvo mala suerte. Si no lo hubieras hecho, la muerta sería yo.- Remus dejó caer la cabeza contra el armario en señal de derrota, ése era el principal problema, la verdadera causa de su culpabilidad, en el fondo, en lo más profundo de su corazón, a pesar de lo mucho que le dolía la muerte de Nicole, se alegraba de que Andrea siguiese a su lado- Mi sitio está contigo, pasaré contigo ese mal trago aunque tenga que ir totalmente disfrazada.

Se giró despacio y la estrechó entre sus brazos de manera repentina, ella le respondió con la misma fuerza, pero él parecía querer fundirla con su cuerpo. Lo había estado esperando toda la noche, notar que estaba viva, ahí junto a él, dándole ese apoyo y demostrándole que ahora no era una de sus fantasías, que estaba dispuesta a arriesgarlo todo sólo para estrecharle la mano en un mal momento. Se derrumbó entre sus brazos y Andrea se creció, como siempre lo hacía cuando su cerebro daba la orden de ser fuerte, se mantuvo firme acariciándole los cabellos, sirviéndole de guía como él lo había hecho en los últimos meses.

-Si de verdad quieres ayudarme, quédate aquí. Me pasaría todo el tiempo pensando en si te han reconocido o no.- Tenía los ojos vidriosos y desprendía tanto ruego que Andrea sintió que realmente le ayudaba más permaneciendo escondida- Por favor.

Ella asintió levemente, pero no dejó de acariciarle el pelo. Ambos se dedicaron a observarse, hasta que en sus labios se esbozó una mínima sonrisa, se habían aislado del mundo y ahora sólo existía esa sensación de plenitud que el otro le daba.

-Remus… He estado pensando que si quieres que aplacemos la boda algún tiempo, yo lo entendería perfectamente.- él le sonrió más y le besó la frente, haciéndola sentir como una niña pequeña.

-Llevo toda la vida esperando esa boda; no habrá guerra en el mundo que me haga retrasarla. Y ahora voy a terminar de arreglarme, Dumbledore y Harry estarán al llegar.

Aquella mañana, Nicole no fue la única persona a la que se daba el último adiós. En cada rincón del cementerio pequeños grupos se afanaban entre sollozos y suspiros por resistir a una nueva caída, a una nueva despedida; pero de todos ellos el grupo más numeroso era el compuesto por todos los miembros de la orden del Fénix que aún podían mantenerse en pie y los aurores del ministerio que habían superado la batalla de la noche anterior.

Para Harry aquel era su primer entierro, no había tenido el cuerpo de Sirius para despedirse de él y era un crío cuando sus padres murieron. Ahora resistía con entereza a la derecha de Remus, que de vez en cuando le apretaba en el hombro para recordarle, que a pesar de lo mal que él se encontraba, estaba ahí para apoyarle.

Las palabras de unos y otros llegaban sin significado, ninguno de aquellas personas que simulaban ser guías espirituales en aquel mar de locos era capaz de explicar cómo sonreía Nicole, cómo se enfadaba cuando no se hacían las cosas como a ella le gustaban o la calidez que irradiaba cuando daba un abrazo. Ninguno de aquellos hombres fue capaz de describir los recuerdos que Harry tenía, las palabras halagadoras no valían para nada si no podían plasmar cómo consiguió sacarle de su peor momento, obligándole a seguir cada día, a refugiarse en sus amigos y a madurar. Miró a Remus y pensó que por su cabeza estaba pasando lo mismo, así que los dos cogieron unas flores del enorme montón que había preparado para que los asistentes las lanzasen sobre las tumbas, y sin terminar de oír los discursos preparados lanzaron una flor sobre cada uno de los féretros de los que habían sido parte de sus vidas y se desaparecieron.

Pasaron algunos días al entierro y las cosas volvieron a la normalidad con tranquilidad, a base de hacer a cada hora lo que habrían hecho cualquier otro día. Poco a poco también la tensión con James desapareció, éste no dijo nada al respecto y tampoco sus amigos le comentaron nada. Por su parte Lily parecía la más ajena a todo, era como si no se hubiese enterado de que cualquier noche su novio, del que dependían veinte años de futuro y el destino de dos guerras, podía salir junto a su hijo para no volver.

El despacho del director estaba muy iluminado en aquella mañana de junio, él se esmeraba en leer unos libros de aspecto antiguo mientras alrededor toda su cacharrería hacía un ruido monótono y suave. En frente de él, Andrea estaba sentada en su habitual butaca, medio tumbada y con las manos entrecruzadas encima del pecho. No miraba a ningún lugar en concreto, simplemente se dejaba llevar por la tranquilidad del momento. Dumbledore levantó la vista una par de veces y la observó. Desde que había llegado no había hecho otra cosa que saludar y sentarse allí como si fuese un banco del parque. Él sabía que tenía que meditar, que había muchas cosas que podían estar perturbándola, pero le ponía nervioso, especialmente porque a pesar de su aspecto relajado había cerrado su mente a cal y canto, como la gran experta en oclumencia en que se había tenido que convertir.

-Sabes que no me molesta que me visites, pero preferiría que al menos me dieras algo de conversación- Andrea tan solo le sonrió levemente- ¿Ha ocurrido algo?

-No, es sólo que necesitaba salir de casa- se enderezó en la silla y apoyó la cara en las manos como si fuera una niña que estaba esperando su castigo- Molly está como loca preparando la boda. Yo se lo agradezco mucho pero me está poniendo histérica con tantas flores, vestiditos y canapés ¡Tengo cosas peores en la cabeza!

-No pareces muy ilusionada- Dumbledore la miró con un toque de cariño, sabía que sí le hacía mucha ilusión después de todo lo que había pasado y sabía también qué era lo que le preocupaba.

-Todo lo contrario, estoy deseando que llegue ese día, pero yo sólo quiero casarme con Remus, el resto no me importa. Ni si quiera he buscado una túnica, me podré cualquier cosa que pille. Lo importante es que estemos todos bien.

-¿Temes algo?

-¿Tú qué crees? Los mortífagos llevan cinco días desaparecidos, nada, ni un secuestro, ni un ataque, ni si quiera un miserable robo.

-¿Y eso es malo?- preguntó el director fingiendo inocencia.

-No te hagas el tonto, Albus. Sabes muy bien que eso significa problemas. Les hemos perdido el rastro, vampiros y hombres lobo han salido de sus guaridas y sabes que eso supone que habrá un gran ataque.

Dumbledore se quedó callado un rato, acariciándose la barba y sopesando las palabras de Andrea que parecía muy segura de lo que estaba diciendo. Al final se puso de pie y colocó el libro que había estado leyendo en la estantería.

-No deberías preocuparte tanto- acabó diciendo como si acabasen de plantearse el tiempo para el fin de semana.

-¡Oh, vamos, Albus! No me vengas con eso. Tú sabes que se está cociendo algo gordo, quizá el golpe definitivo, el ministerio por ejemplo y allí seguro que estará Voldemort. Será nuestra oportunidad.- Andrea respiró hondo y buscó los ojos del director, donde a pesar de su apariencia, podía verse una profunda preocupación- ¿Está todo preparado?

De repente, un silencio espeso y pesado cayó en el despacho. Andrea se esforzaba por mantenerse íntegra, aparentando, como siempre, una fría capa de indiferencia y fortaleza. El director, meditó unos momentos, parecía estar debatiéndose en una duda importante y al final, terminó subiendo las escaleras que llevaban al piso de arriba, bajo la mirada atónita de su acompañante.

-Tengo un regalo para ti- le dijo desde la planta superior.

-Espero que pueda guardarse en un frasco.

-Lo siento, pero éste se guarda en una caja.- Dumbledore bajó las escaleras con una caja plana y alargada. Tenía la misma cara que si estuviese invitado a un cumpleaños, lo que sorprendió aún más a Andrea, teniendo en cuenta lo que ella le había pedido.

Andrea cogió la caja, que el director le puso en la mano, de la misma manera que si contuviera una bomba a punto de estallar, la ojeó un poco por encima y cerró los ojos al imaginarse lo que podía haber dentro. Efectivamente, Andrea dejó caer la tapadera para encontrarse con una túnica de gala en un tono naranja extremadamente claro. Dumbledore la miró como si estuviese observando a su propia hija unos pocos días antes de su boda y no pudo evitar emocionarse. Había tenido una relación tan estrecha con aquella mujer y se había hecho tan responsable de su vida que ahora no podía evitar verla con una mirada especial. Andrea se puso la túnica por encima y se observó. Le llegaba hasta los pies e incluso por detrás parecía que arrastraría un poco, los hombros se quedaban al aire pero la manga llegaba hasta la mitad del antebrazo, lo justo para que no se le viera la marca tenebrosa. Tenía un bordado en el mismo color que la tela en la parte del pecho que bajaba hasta la cintura y a partir de ahí la túnica se abría dejando una caída preciosa.

-No sabía que tuvieses tan buen gusto.- intentó bromear pero dos lágrimas caían por sus mejillas, no era capaz de quitar los ojos de su nueva túnica, que no podía haber sido más perfecta.- Gracias, de todo corazón.

-Es lo menos que podía hacer- el director le hizo una caricia y le quitó los rizos que le caían en la cara- Te conozco muy bien y sabía que no pensarías en algo tan irrelevante como esto. Te he quitado muchas cosas y es algo que pesará en la conciencia toda mi vida, al menos ahora sé que ese día serás feliz y estarás guapísima.

Andrea se abrazó a Dumbledore con fuerza y por mucho que intentaba controlarse para no llorar no podía hacerlo. No supo cuánto rato estuvo así y cuando fue capaz de dejar de llorar, intentó recomponerse y hacer como que aquello no había ocurrido. El director, a quien los ojos le brillaban especialmente, sonrío al ver que luchaba por seguir aparentando ser fuerte. Ella se sentó de nuevo en su silla y respiró profundamente hasta que se aseguró de que volvía a ser ella con esa máscara de dureza. Dumbledore, por su parte, hizo como que no había ocurrido y volvió a su sitio original.

-Te agradezco mucho el detalle, significa mucho para mí que lo hayas hecho precisamente tú.

-No tiene importancia.

-Y ahora…- suspiró profundamente- ¿tienes la poción?

Por un momento, parecía que Dumbledore iba a decirle que no, sin embargo acabó levantándose una vez más, con pesar. Sacó de uno de sus armarios una caja y después de murmurar unas palabras en voz baja, ésta se abrió con un clic. Dentro dos botellitas resplandecían de un color morado intenso, estaban metidas en una especie de raso que las protegía de cualquier golpe. El director sacó una y se permitió unos minutos observándola, en las últimas semanas había trabajado intensamente en aquella poción y había tenido mucho tiempo para tomar una decisión. En su soledad humeante se había convencido de que no podía permitir que Andrea hiciera aquello, especialmente ahora que por fin su vida empezaba a ser realmente una vida.

-Sabes que una vez que lo hagas, no habrá manera de devolvérsela ¿verdad?- Dumbledore seguía con la poción en la mano y habló sin mirar a Andrea. Ella sabía muy bien lo que suponía aquella poción, precisamente porque había sido ella quien la había sacado de los olvidos de la magia y se iba a arriesgar a usarla por primera vez. Simplemente asintió con los ojos cerrados- Sólo si tú mueres podrá volver a él.

-Así una parte de mí vivirá siempre en él y una parte de él morirá conmigo.- Andrea tenía los ojos clavados en el anillo que Remus le había puesto y le pasaba los dedos por encima acariciándolo. Se había transportado y había salido de aquel despacho, ahora estaba de nuevo con Remus en aquella habitación notando sus manos, sintiendo su aliento, oyendo su voz. No era justo, pero la vida nunca había sido justa con ellos.

-No puedo permitirlo. Muchos menos ahora que tienes una vida perfecta por delante.

-¡No tienes elección!-Andrea le miró a los ojos con fiereza, se puso de pie y extendió la mano para que le diera la poción.

-Yo tomaré esta poción. Estoy dispuesto a usarte a ti si eso te hace sentir mejor, pero seré yo quien asuma los riesgos- Contestó el director en el mismo tono- Dime el hechizo, Andrea.

-No te lo diré nunca. Si tomas esa poción y mueres ¿Qué será del resto? Mi vida no vale nada, no soy más que una asesina a la que todo el mundo desprecia, pero tu muerte nos debilitaría a todos, acabaría con nuestras esperanzas. Tú has guiado a toda la comunidad mágica en dos guerras. ¡No puedes morir!

-A todos nos llega la hora. Si no me lo dices tú, se lo sacaré a Harry. Él haría cualquier cosa para que tú no te arriesgaras a morir.

Andrea no pudo evitar una risa burlona. Miró al director quizá con demasiada soberbia y volvió a sentarse.

-Harry sabe lo que le ocurre a quien absorbe la magia de Slytherin. Es como James, moriría antes de permitir que cualquiera de las personas que quiere corra peligro. Jamás te lo diría.

Ante un argumento tan rotundo y tan cierto, el director también tomó asiento y le ofreció con resignación la botellita que tenía en la mano, pero dejó dentro de la caja la otra que había preparado.

-Está bien, tienes razón, pero no podrás hacer nada por que yo investigue por mi cuenta, así que me guardaré esto, por si acaso.- Ella se conformó con una leve sonrisa, no se esperaba otra cosa de él, pero el gesto le cambió rápidamente. El final estaba más cerca que nunca, en su mano derecha, y tenía que zanjar muchas cosas.

-Albus, quiero que me prometas dos cosas.- respiró profundamente e intentó parecer entera aunque lo que estaba a punto de decirle la quemaba por dentro- Una vez que yo haga todo esto, Harry y James no tendrán especiales problemas con Voldemort, así que tendrás que quedarte con Remus hasta que todo acabe- se restregó la cara con la mano libre y resopló en un vago intentó de no volver a llorar- No le dejes morir, no dejes que haga ninguna locura y cuida de él ¿vale?

-Por supuesto, pero…

-La segunda cosa que quiero que me prometas es que convertirás a mi hija en una gran bruja. Tendrá problemas con esa cabezonería que ha sacado, así que quédate a su lado como has hecho con Harry- El director asintió e intentó decir algo pero ella lo interrumpió- Pero sobretodo, prométeme que jamás, jamás, le pedirás lo que me pediste a mí.

Mientras Dumbledore y Andrea estaban hablando en el despacho, los chicos aprovechaban los días cálidos para relajarse. Tenían muchísimo que estudiar, pero esa mañana, hasta Hermione se había dado la licencia de bajar al lago con sus amigos y despejarse un poco.

Ginny, Andrea y Lily estaban dando un paseo por la orilla, dejando que se le mojaran los pies de vez en cuando y lanzando algún gritito cuando lo que las rozaba no era precisamente el agua. Junto al árbol de siempre los cinco chicos pasaban su conversación del quidditch a alguna anécdota merodeadora. Parecían relajados, medio tirados en el césped con la corbata en el bolsillo y riéndose a carcajadas, como si no tuvieran una despedida a la vuelta de la esquina. A unos metros de ellos, la escena era más curiosa, Patricia y Hermione hablaban animadamente sobre la forma más eficaz de hacer la poción del valor, pero llamaba la atención que a pesar de hablar a un nivel muy similar, obviando incluso la diferencia de curso, Hermione estaba perfectamente sentada en el suelo, con su uniforme impolutamente colocado, mientras que Patricia tenía la corbata tirada por el suelo y más botones desabrochados que abrochados. Eran como la cara y la cruz y aunque en un principio esos caracteres tan diferentes las habían llevado incluso a las amenazas, a esas alturas se habían convertido en buenas amigas.

Al cabo de un rato, llegaron las chicas y se dejaron caer junto a Hermione y Patricia, que tuvieron que variar su conversación sobre pociones a algo más interesante para las demás.

-Estoy deseando que llegue pasado mañana.- Suspiró Lily- ¡Va a ser tan emocionante!

-Sí, es cierto, aunque será un poco raro.- Andrea miró a Remus que en ese momento estaba unos metros más alejado riéndose a carcajadas de algo que acababa de contar Ron- Menos mal que Harry nos ha comprado las túnicas de gala porque no me parecía bien ir a mi propia boda hecha un adefesio.

-¿Te casas?- la sorpresa de Patricia dejó a las demás sin palabras, que se miraron entre sí sin saber muy bien qué hacer en ese momento, ya que se suponía que Sirius se lo había contado todo.

-¿Sirius no te lo ha dicho?- terció Hermione.- Pero si le ha pedido permiso a Dumbledore y todo para que vengas.

-Que vaya a dónde. ¿Te casas en este tiempo o en el pasado?

-En el futuro.- murmuró Ginny, lo que dejó a Patricia aún más descolocada- No es ella la que se casa, es su versión adulta. El profesor Lupin y ella se casan pasado mañana en la mansión Black y se suponía que Sirius te tenía que haber contado un poco de qué iba la historia.

-¡¡A ver, el perrito!!- Andrea se dejó caer un poco hacia atrás para tener contacto visual con Sirius que al escuchar lo del perrito, dejó su representación teatral del momento y la miró- Ven aquí, que tienes ciertas cosas que explicarle a tu novia. ¡Vaya! No me acostumbro a pensar en que Sirius tiene una novia- pensó en voz alta cuando volvía a su posición original

Sirius llegó y con él vinieron el resto de los chicos, que se volvieron a tumbar en el césped buscando alguna caricia de sus respectivas pareja. Sirius se arrodilló a la espalda de Patricia y la abrazó, esperando que de esa manera la bronca, fuese cual fuese, se hiciera más leve.

-¿Tú pensabas contarme lo de la boda o es que no querías que fuera?

-¿Cómo puedes pensar eso? Si fue idea mía invitarte.- Patricia se giró y lo miró incrédula- pero es que no es fácil encontrar el momento para explicártelo todo.

-No es tan difícil explicarle que está invitada a una boda.- vaciló Andrea, pero cuando Sirius la miró se calló de golpe.

-¿Ah no? ¿Entonces por qué tu boda es secreta? Verás, nena, ¿Te acuerdas del día que te conté quiénes éramos?- ella asintió cautelosa- ¿Te acuerdas que te dije que lo de Andrea era una larga historia?- Patricia repitió la operación- Bueno pues… no grites, ni te asustes, ni me eches la bronca porque yo no tengo culpa ¿vale?

-Habla de una vez, que me estás poniendo nerviosa.

-Esta Andrea, dentro de unos años se convertirá en una especie de espía muy importante en la primera guerra, aunque bueno… nadie sabe eso, así que todos pensáis que es una mortífaga, la misma que ahora trae de cabeza a todo el departamento de Aurores.

-¿Eres Sophie Markins?- consiguió decir después de un rato con la boca abierta- No me lo puedo creer. Pero… pero…

-Ves como era difícil. Nena, no puedes decírselo a nadie. Dumbledore y Andrea me han dejado llevarte a la boda pero con la condición de que guardes el secreto. Es muy importante. Tienes que confiar en mí.

Patricia se pasó un rato pensando y resoplando, miraba a unos y otros y de repente le sobrevenía una sensación de vértigo parecida a la que sintió cuando supo que venían del pasado.

-¿Entonces no eres una asesina?- Andrea hizo un gesto negativo- Está bien, pero si alguien tiene algún secreto más que lo diga ahora, por favor.- Volvió a mirar uno por uno a todos los que estaban con ella, pero nadie dijo nada. Harry y James intercambiaron una mirada cómplice, y sin decir una palabra los dos acordaron que su secreto era mejor guardárselo.- De acuerdo, pero que sepáis que si algún día necesito un psicólogo por esto, os pasaré la factura.

Andrea estaba en la puerta de lo que durante dieciséis años había sido su casa. En la ventana del vestíbulo colgaba ahora un enorme letrero que decía "se vende" y a través de las cristaleras del salón podían verse los muebles vacíos y las paredes desnudas. En su bolsillo estaba guardado todo lo que había sido su vida, una casa llena de recuerdos que ahora se cerraba de la misma forma que había dejado atrás su vida muggle. Junto a ella un hombre de mediana edad, algo canoso la observaba mientras cerraba con llave la puerta de la casa. Tenía aspecto confuso y al mismo tiempo sus ojos reflejaban una profunda tristeza.

Mark había escuchado durante horas con extrema atención todo lo que Andrea había ido a contarle, empezando por un secreto que siempre le había negado y que le había llegado como un primer golpe noqueador al que después habían seguido muchos otros. Andrea se había dado el lujo de contarle toda su vida con el más mínimo detalle, como si quisiera alargar aquella charla más allá de lo que tenía previsto, le habló de los Potter, de su verdadera relación con Remus, de su época de mortífaga; no fue parca en sentimientos ni detalles, era como si estuviese recreando esa vida para ella, para ver de verdad lo que habían sido sus treinta y nueve años. Con cada episodio, Mark parecía más asombrado, pero en ningún momento fue capaz de abrir la boca, ni si quiera cuando le contó la historia de Sophie y el hecho de que ella también era una bruja.

Al día siguiente sería su boda y ella se había pasado la mañana contándole a su mejor amigo sus más íntimos secretos, incluso aquellos que no se atrevía a contar a Remus y ahora sólo le quedaba despedirse de él como se había despedido de toda su vida.

-Si alguna vez tienes algún problema o cuando necesites algo por la venta de la casa o simplemente quieras ver a Sophie, escribe una carta a esta dirección.- Andrea le tendió un pergamino doblado y sus dedos temblaron cuando Mark lo cogió- Es la casa de Remus y él te ayudará en todo lo que necesites.

-¿Te das cuenta de que me estás pidiendo que me cruce de brazos mientras te marchas para siempre? No puedes venir aquí, soltarme esa bomba y pensar que no voy a hacer nada.

-Claro que lo harás, venderás esta casa y harás todo lo posible por que el dinero llegue a mi hija, seguirás tu vida y convertirás nuestro negocio en algo importante y cuando algún día pasees por aquí con Sophie, le recordarás los muchos momentos que hemos pasado juntos y lo importante que ella ha sido toda la vida para mí. Eso es lo único que harás.

Después de un fuerte abrazo, Andrea desapareció con un crack y llegó a la cocina de Grimmauld Place donde cucharones y ollas se afanaban por preparar la comida que se serviría después de la boda. Remus entró a la carrera, cargando con un montón de platos que acabaron rotos por el suelo cuando chocó contra Andrea, formando un tremendo estruendo.

-¡Por Merlín! ¡Qué susto! Reparo – los platos volvieron a su estado original y se apilaron encima de la mesa- Pensé que no te vería el pelo, últimamente desapareces mucho.

Podía haber sonado como un reproche, sin embargo Remus lo dijo con una gran dulzura. Le dio un beso en los labios y siguió con su tarea de colocar platos.

-¿Se puede saber qué ha sido eso?-Sophie irrumpió en la habitación sin dar posibilidad a su madre de decir ni una palabra- ¡Ah, hola, mamá! ¿Nadie te ha dicho que no deberías desaparecer el día antes de tu boda?

-¡Sophie!- le riñó Remus- No seas impertinente, tu madre tendrá sus razones.

-Gracias y sí tengo mis razones. He ido a ver a Mark- la reacción fue diferente en sus dos interlocutores. Sophie dio un salto de alegría y se abalanzó sobre su madre para que siguiera hablando, mientras que Remus, a pesar de la mucha seguridad que sentía en su relación no puedo evitar esbozar una mueca de intriga picajosa- He ido a despedirme.- aclaró Andrea con una especie de sonrisa al ver cómo le había sentado la noticia a Remus.- He traído todas nuestras cosas y le he pedido que ponga la casa en venta.

-¿Te ha preguntado por mí?

-Claro que sí, me ha dicho que te dé muchísimos besos. Le he contado toda la verdad sobre nuestra magia y le he dicho que el año que viene irás a Hogwarts, pero quiere que vayas a visitarle en verano, aunque sólo sea unos días.

-Tú vendrás conmigo ¿no?- a Sophie no se le había escapado el hecho de que Andrea no se incluyese en aquellas excursiones a Escocia.- Podemos ir cuando me den vacaciones en el colegio.

-Bueno… yo no sé si podré.- de repente sintió la mirada inquisitiva de Sophie y de Remus y la urgente necesidad de salir de aquella habitación- Quizá esté ocupada, no sé, pero si puedo iré contigo.

-Oye, Sophie, ¿por qué no vas a tu habitación y vas haciendo sitio para las cosas que ha traído mamá?

La niña salió a regañadientes de la cocina, pero al menos lo hizo, dejándole el sitio libre a Remus para que se sentara junto a Andrea. Durante unos segundos tan sólo la miró, esperó a que ella le dijese algo al respecto de sus sospechas, pero ella mantuvo silencio, intentando aparentar la mayor inocencia posible.

-¿Qué tal se ha tomado Mark lo de la magia?- acabó diciendo con tono amable.

-Sorprendido, como todo el mundo cuando lo sabe por primera vez, pero él siempre pensó que Sophie tenía algo especial, así que quizá en el fondo era algo que esperaba.- Se hizo un nuevo silencio, que a cada segundo era más incómodo, como si estuvieran en un interrogatorio y no supiesen cómo iba a acabar todo aquello.

-¿Y sólo habéis hablado de magia y de Sophie?

-¿Quieres saber si le he dicho que me voy a casar?- Andrea le hizo una caricia juguetona en la cara y sonrió, pero él no le contestó- Sí, claro que se lo he dicho.

-No me refería a eso, no sé, ¿le has hablado de la guerra?- las bromas se habían terminado y ella sentía que él sospechaba algo y quería que se lo contara.

-Sí, le he dicho que todos estamos en peligro, pero que esté tranquilo porque a Sophie no le ocurrirá nada- Remus cerró los ojos y sacudió la cabeza, ella siempre se excluía a sí misma de una vida después de la guerra- Tú nunca le has caído muy bien, pero podíais intentar haceros amigos, haz que Sophie le visite y que no pierda el contacto con él.

-Empiezas a hablar otra vez como si tú no fueras a estar- le reprochó.

-Es sólo por si acaso. Le di tu dirección para que contacte cuando venda la casa y arregle las particiones de la empresa de publicidad.

-Si vas a vender tu parte del negocio ¿Cómo vas a ganarte la vida?- En principio fue una pregunta inocente, pero el silencio de Andrea la delató y el rostro de Remus se ensombreció, esbozó una sonrisa sarcástica y se levantó para seguir con lo que estaba haciendo, pero no encontró fuerzas- Simplemente, no piensas vivir ¿verdad?- ella siguió callada sin mirarle.- Entiendo. No es un buen regalo de boda ¿sabes?

-No es eso, cariño, es que la muerte es algo con lo que hay que contar.

-Pero es que tú sólo cuentas con tu muerte, nunca te planteas la mía, ni si quiera la de Harry que es quien está en mayor peligro. ¡Planeas algo; lo noto!

Andrea se acercó a él, apenas les separaban unos pasos, pero en ese intervalo se armó de valor y de entereza. Le acarició la cara e intentó esbozar algo que parecía una sonrisa.

-Lo único que tengo planeado es pasar lo mucho o lo poco que me quede de vida a tu lado; sólo he planeado nuestra boda y lo que te diré durante la ceremonia. El resto vendrá solo.

Le besó con suavidad aunque con mucha entrega y cuando se separó de él, empezó a supervisar las cazuelas con naturalidad, como si acabasen de elegir las flores que decorarían el salón. Remus la miró resignado y siguió colocando platos.

-Esta noche, los chicos han preparado algo en Hogwarts así que habrá que hacerles una visita.

Por fin llegó el día de la boda y los chicos, en Hogwarts, estaban más que revolucionados. Habían pasado gran parte de la noche de fiesta con Andrea y Remus, a los que no les habían dejado marcharse antes de las cinco de la mañana, pero ahora, mientras el resto de sus compañeros aprovechaba la mañana en la biblioteca o en los terrenos del colegio, todos ellos corrían de un lado para otro para arreglarse.

Ron había dejado a Harry solo en su habitación, poniéndose su túnica de gala y había ido a pedir ayuda a Hermione con el pelo, que al habérselo dejado algo más largo se había convertido en una fiera indomable. Ginny había pasado a ver si Harry necesitaba ayuda, pero él la había mandado de nuevo a su habitación al ver que iba perfectamente peinada y maquillada pero llevaba la ropa del entrenamiento, que era lo más cómodo que tenía. No entendiendo muy bien, que para una chica lo peor no es ponerse la ropa sino todo el ceremonial que incluye peluquería y maquillaje, Harry volvió a quedarse sólo en su habitación, plantado delante de un espejo que le daba indicaciones de dónde tenía que colocar cada mechón de su incontrolable melena. Estaba más nervioso que lo había estado en su vida, no era nada comparable a un examen, ni si quiera pudo sentir nervios cuando le pidió a Ginny que saliera con él porque no necesitó explicaciones, pero en ese momento era como si fuese él quien iba a casarse. Remus era su padre e imaginárselo casado por fin con la única persona de la que había estado realmente enamorado y que era al mismo tiempo alguien muy importante para él mismo, era algo que no podía explicar, simplemente podía andar de un lado para otro de la habitación, con la túnica puesta y el pelo lleno de una poción que James había hecho y que supuestamente era bastante eficaz.

-Hola cariño. Ginny me manda por si necesitas algo. ¿estás listo?- Lily entró en la habitación con total libertad al ver que Harry estaba metido en el baño.

-Sí, ahora mismo salgo.- asomó la cabeza por la puerta y se fijó en cómo iba vestida su madre con una túnica de un tono muy parecido al de sus ojos- Estás preciosa, ¿Te ha visto papá?- ella negó con la cabeza- Pues va a alucinar. Por cierto esa poción que me ha dado no vale para nada.- Harry había vuelto a su tarea de colocarse el pelo, pero el espejo seguía diciéndole que así no podría ser el padrino de nadie.

-Tu padre se olvidó de decirte que el secreto de esa poción son mis dedos. Anda, sal un momento que verás que pronto te arreglo.

Cuando Harry salió del baño, Lily se quedó petrificada, con aquella túnica estaba imponente, parecía varios años mayor y nunca lo había visto tan guapo como en ese momento. Se tapó la boca con las manos, totalmente sorprendida y sin saber por qué se emocionó tremendamente. Al principio a Harry le hizo gracia que su madre se emocionase tanto al verlo hecho un hombre pero luego empezó a preocuparse porque a cada momento que pasaba Lily parecía sumirse cada vez más en una espiral de desesperación.

-¿Estás bien? – le hizo una caricia en el pelo y le quitó las manos de la cara con mucho cuidado- Mamá, ¿estás bien?

-Sí, sí- mintió sin mucho éxito- es sólo que me ha impactado verte así.

Le pasó los dedos por el pelo, algo ausente, mientras que Harry la miraba con mucho interés. De todos ellos, la persona que había permanecido más entera y que había afrontado con mayor madurez su futuro había sido ella. Había aceptado sin rechistar su propia muerte y que su hijo tuviera que cargar sobre sus hombros el peso de una guerra, que se escabullese cada noche para enfrentarse a cualquier peligro y por último había terminado aceptando sin el más mínimo reproche que James participara también en aquella locura. Ahora parecía como ida, abstraída en un mundo particular en el que sus barreras, esas que ella ponía con una sonrisa dulce y una mirada comprensiva habían desaparecido.

-¿De verdad que estás bien?

Lily estuvo a punto de asentir de nuevo, pero se dejó caer en la cama y se tapó la cara con las manos. Había empezado a llorar desconsoladamente, como si hubiese estado reprimiendo ese llanto en incontables ocasiones y ahora saliese sin poder remediarlo. Tenía el corazón sobrecogido y parecía no poder parar. Harry se sentó a su lado totalmente desubicado; había visto llorar a Ginny, a Hermione y a ambas había sabido consolarlas con más o menos éxito, pero no sabía cómo consolar a su propia madre, era como si esa situación no debiera darse nunca. Él era el hijo, él había recibido sus mimos y había escuchado sus palabras de apoyo ¿Qué podría decirle?

-¿Te ha ocurrido algo?

-No, es sólo que…-intentó contener su llanto e hipó varias veces antes de seguir hablando- es sólo que me he dado cuenta de que nunca voy a recordar esto. Tú estás ahí tan guapo, que parece que eres tú el que se va a casar y yo… yo jamás voy a tener ese recuerdo. Lo único que voy a conservar antes de morir es la vida de mi hijo hasta un año y… no sé, soy una tonta, pero me ha dado mucha pena. Tú vas a vivir muchas cosas y yo no voy a estar en ninguna, vas a soportar muchas presiones y yo no voy a poder ayudarte. No he podido hacerlo y no podré estar en todos los momentos importantes que te quedan.

-Pero tú siempre te has tomado muy bien todo esto. Siempre has sido la más fuerte.

-Lo siento.- Lily se puso de pie e intentó retocarse un poco- Nunca debí haberte dicho esto. Perdóname.

-¡No seas tonta! Es que no me lo esperaba, pero no me importa que te desahogues conmigo.- Harry la abrazó por la cintura mientras ella miraba en el espejo el destrozo que había hecho en su maquillaje- Tú no lo recordarás, pero yo sí. Hasta este año lo único que sabía de ti era lo que me habían contado o lo que había visto en un pensadero o en mi cabeza cuando se acercaba un dementor. Ahora seré capaz de conservar tu olor, tus abrazos y tu cariño, no olvidaré tus consejos ni esa forma de sonreírme. Has sido la única madre que he conocido y aunque sé que, os marchéis cuando os marchéis, para mí será poco tiempo, no habrá nada en el mundo que pueda sustituirse por esto. Tú no lo sabrás, pero habrás hecho feliz a tu hijo para el resto de su vida.

En Grimmauld Place las cosas no estaban más tranquilas, aunque hasta el momento nadie había sufrido un derrumbamiento y lo único que se masticaba en el ambiente era un profundo estrés. Andrea había salido volando de la habitación en cuanto se habían despertado y con la ayuda de Sophie se había arreglado el pelo en una especie de semirrecogido en la parte superior de la cabeza dejando que todos los rizos cayeran libremente. Sophie en una clara intención de imitar a su madre en ese día en todo lo que fuera posible no sólo había elegido su túnica en el mismo color sino que había hecho que la señora Weasley le hiciera un peinado similar.

En el salón estaba toda la familia Weasley, a excepción de Ron y Ginny que llegarían con el resto y de Percy, que nunca había llegado a reconciliarse con la familia. Los demás estaban ayudando con la decoración, retocando algún detalle y en el caso de los gemelos, buscándole la espalda a su madre para comerse algún empanedado antes de que todo empezase.

En cuanto se aparecieron en el salón de Grimmauld Place, James y Sirius sólo fueron capaces de saludar vagamente antes de lanzarse hacia el dormitorio de su amigo para ver cómo le estaba yendo. Los demás fueron algo más corteses, pero Harry y Lily hicieron lo propio con Andrea en cuanto hubieron saludado, aunque Harry no pudo evitar entrar en la habitación del novio, que estaba tumbado en la cama con el pantalón del pijama aún puesto, para desearle buena suerte y para ver cómo andaba de ánimos. Al principio se asustó al verle sin arreglar, por un momento pensó que se había arrepentido, pero se alivió cuando le dijo que se estaba relajando y que no quería arrugar la túnica, así que dejó a su padre y padrino encargados de que no llegara tarde y se fue a buscar a su apadrinada.

Andrea debía estar tan nerviosa que cuando llamó a la puerta y Lily le dejó pasar, ya estaba vestida y paseando por la habitación de una punta a otra. Parecía estar recitando alguna cosa de memoria, con un ramo de rosas en las manos y con los ojos cerrados. Lily y Harry intercambiaron una mirada de asombro pero no abrieron la boca hasta que Andrea no dejó de recitar lo que resultó ser sus votos para la ceremonia.

Después de besos y abrazos y un par de gritos histéricos entre las chicas que Harry no alcanzó a entender muy bien, le dio a Lily dos paquetitos forrados con un lazo.

-Uno para la dama de honor más guapa del mundo.- le dio un beso a su madre en la cara que ahora volvía a estar perfectamente maquillada y sin resto de lo ocurrido en la habitación de Harry gracias a un encantamiento muy útil- y el otro ¿podrías dárselo a Sophie? ¡Ah! Y me ha dicho Sirius que con los nervios, se le ha olvidado pedirle a los demás que hagan que Patricia se sienta cómoda mientras él no está.

-¡Cómo si ella lo necesitase!- bromeó Lily antes de salir de la habitación.

-Bueno, y éste es mi regalo de bodas para la novia- un pequeño paquete igual que los que le había dado a Lily empezó a crecer considerablemente en las manos de Harry cuando se lo tendió a Andrea- Espero que te guste más que el que tienes.

-No tenías que haberte molestado.- consiguió decir después de superar la emoción de ver a Harry haciéndole un regalo de boda.- A mí me sobraba con que fueras mi padrino.

Andrea abrió el paquete y encontró un ramo de azahares engarzados entre sí hasta formar una compacta capa blanca y amarillenta, adornada con hojas de naranjo, que al abrirlo desprendió un olor al mismo tiempo dulce y cítrico.

-Aún son tus favoritas ¿no?

-¡Oh, Harry! ¡Me encantan!-Andrea le dio un abrazo tan fuerte que estuvo a punto de hacerle daño en el cuello, pero a Harry no le importó. Le gustó ese abrazo, era algo familiar.

Media hora después, los invitados estaban sentados en sus asientos. La familia Weasley se había colocado en lo que debía ser la familia del novio y los chicos en los de la novia. Patricia estaba alucinada con todo aquello, era muy extraño estar sentada junto a dos jóvenes que estaban a punto de casarse delante de sus propias narices pero con veinte años más. Por su parte, Andrea y Remus no eran capaces de separar sus manos y aunque no decían nada, intercambiaban continuamente miradas cómplices y algún beso fugaz. Delante de ellos, bajo un arco hecho con luces flotantes estaba Dumbledore esperando la llegada de la novia para comenzar la ceremonia. A su lado Remus, cuchicheaba nervioso con James y Sirius que estaban más felices que el propio novio y no dejaban de darle palmaditas en la espalda o de zamarrearle en un ataque de nervios. Al otro lado estaba Lily, que les miraba ahora mucho más feliz que esa mañana, jugando con el ramillete que Harry le había regalado, muy parecido al de Andrea, aunque mucho más pequeño.

Como la mayoría de las novias, Andrea hizo esperar a Remus unos minutos en el altar. Al cabo de ese tiempo, los invitados se giraron para ver bajar a Sophie las escaleras, con una sonrisa enorme y mirando de vez en cuando de reojo a su madre. Detrás de ella, Andrea llegaba del brazo de Harry, ambos parecían nerviosos pero al mismo tiempo orgullosos y tremendamente contentos. Cuando llegaron al altar, Harry le guiñó un ojo a Remus y éste después de agradecerle la complicidad con una sonrisa se centró en Andrea, la miró maravillado como si fuera la primera vez que la veía en su vida, como si en aquella habitación de repente no hubiera nadie excepto ellos y no pudo evitar darle un beso suave en los labios antes de que Dumbledore empezara a hablar.

Durante un rato se refirió a la importancia del amor en unos tiempos como los que ellos estaban viviendo, a la amistad que iba más allá de las líneas temporales, a la familia formada por lazos de afecto y no de sangre. Los presentes escuchaban su retórica, embebidos y sonrientes. La joven Andrea estrechaba con fuerza una de las manos de su novio mientras con la otra trataba de evitar que las lágrimas no salieran, cuando se miraba a sí misma más feliz de lo que ella jamás podía haber imaginado que nunca estaría. Los presentes intercambiaban miradas emocionadas, se sonreían pensando en lo que ellos habían tenido que pasar para llegar hasta ahí, incluso Sirius y James, sentados a la derecha de Remus le miraban con un toque de orgullo paternal, solemnes pero al mismo tiempo emocionados. En un momento de la disertación de Dumbledore, James buscó a Lily, que estaba al otro lado de Andrea y sonrió profundamente al verla absorta, mirando a su mejor amiga, con las manos entrelazadas con Harry, que también sonreía; fue extraño pero en ese momento sintió que tenía una familia y que pasase lo que pasase en cualquier momento del tiempo, Harry siempre sabría conservar en su mente esa sensación de familia.

-Es hora de vuestros juramentos.- anunció Dumbledore y le hizo una pequeña señal a Sophie que en seguida se acercó a sus padres y les ofreció unas cintas de unos diez centímetros de ancho.

La tradición decía que cada uno de los novios tenía que bordar aquella cinta con algo que representase el amor que sentía por la otra persona, pero en los últimos tiempos, nadie hacía esos bordados con sus propias manos y simplemente los encargaban a las tiendas especializadas.

Harry, como padrino, tuvo que colocarse junto a Dumbledore para el siguiente rito. Tenía que alzar su varita para entrelazar las cintas en las manos unidas de Andrea y Remus, aunque Harry tan solo tuvo que mover las manos y al movimiento de los dos trozos de tela se sumó una especie de polvo dorado, cortesía de Harry, que recibió el agradecimiento con una sonrisa.

-Habéis decidido unir vuestras vidas- comenzó Dumbledore- como ahora están unidas vuestras manos. Haced que el amor que sentís y la magia que vive en vosotros mantengan esa unión para el resto de vuestra vida.

Remus y Andrea separaron las manos y tomaron cada uno su cinta. Remus se la pasó a ella por los hombros y pudo ver cómo en la parte que quedaba en su cuello, junto al bordado de unas flores se leía "Andy" con letras cursivas.

-Hace muchos años te sentaste a mi lado y me demostraste que en el mundo hay buenas personas. Me sonreíste como nadie lo había hecho y desde entonces has sido capaz de provocar en mí sentimientos que nunca he podido explicar. Me dejaste ser tu amigo, me hiciste feliz dándome mi primer beso, permaneciendo a mi lado y amándome incluso a través del tiempo. Olvidaste mis miedos, ignoraste lo que yo no era capaz de ignorar y supiste llegar al fondo de mi alma. No hemos tenido una vida fácil, nuestro amor por unas o por otras razones siempre ha estado condenado a ser un secreto y ahora me has hecho el hombre más feliz del mundo aceptando ser mi esposa. El mundo se detiene cada vez que me besas y sueño cada noche con que me permitas pasar el resto de tu vida a mi lado. Juro cuidarte en cada momento, compensarte el resto de nuestra vida por no haber sido valiente y juro amarte de aquí al día que me muera.

En el mismo instante que Remus hizo su último juramento una lengua de fuego les rodeó por la cintura y los unió aún más. Para quienes nunca habían visto una boda mágica, y Harry estaba entre ellos, la sorpresa fue en un primer momento algo atemorizante, aunque al ver que ellos mismos no se sorprendían y seguían mirándose a los ojos como si estuvieran viéndose el alma a través de ellos, todo volvió a la normalidad y fue el turno de Andrea.

Visiblemente emocionada repitió la operación y pasó la cinta por el cuello de Remus, que al sentirla tan cerca tuvo la intensa tentación de volver a besarla, pero se sonrieron ausentes al resto y Andrea suspiró antes de empezar a hablar.

-Me ha costado muchísimo encontrar palabras que sean capaces de describir con fidelidad lo que has significado en mi vida, aunque no hay palabras en ningún idioma que puedan aproximarse a describir lo mucho que te amo y lo agradecida que te estoy por haber pertenecido a mi vida, por no haberme abandonado cuando el mundo me dio la espalda, por salvarme de mí misma, por amarme a pesar de los años y por seguir mirándome como lo haces ahora. Has sido la única persona en el mundo que ha entrado en mi alma y la ha acariciado hasta hacerme sonreír y yo… jamás he sido capaz de encontrar una razón que me haga merecer lo que sientes por mí. No he podido dejar de amarte ni un minuto de mi vida, quizá aquel primer día el destino me invitó a dejarte llamarme Andy, porque eso es lo único que me ha mantenido con vida. Tu amor será el mayor regalo que tendré en este mundo y llegará más allá de la muerte, por eso juro cuidarte en cada momento, juro ser para ti la luz en la oscuridad que tú has sido siempre para mí y juro amarte de aquí al día que me muera y más lejos aún.

Una segunda lengua de fuego los rodeó y acercó aún más. Los presentes no fueron capaces de reaccionar cuando la pareja se besó y los dos círculos de fuego estallaron y bañaron de un polvo dorado toda la sala. Las palabras de uno y otro habían calado en todos y les habían dejado claro que el amor que ellos pensaban que se tenían iba mucho más allá de lo que era describible.

N/A: Hola a todos!! El final está muy muy cerca así que a partir de ahora voy a subir los capis de uno en uno para que podáis saborear mejor el suspense. Espero que os guste mucho y muchísimas gracias por vuestros reviews.

Un beso muy fuerte para todos