CAPÍTULO 52: ESE ÚLTIMO MOMENTO.

La calma siguió siendo la protagonista en los días siguientes a la boda de Remus y Andrea y a aquellas alturas, ella no era la única nerviosa por el absentismo de Voldemort. En Hogwarts la gran preocupación de todos los alumnos eran los inminentes exámenes. Harry se veía obligado a pasar gran parte de su día en la biblioteca repasando cosas que ya tenía más que sabidas, de manera que casi todo el tiempo lo empleaba en ayudar a Ron o a Ginny o en tirarse sobre la mesa pensando en qué estaría pasando en el mundo para que Voldemort estuviese tan parado. Los EXTASIS estaban siendo para todos los alumnos de séptimo la peor tortura que alguna mente retorcida podía haber imaginado. A diario, los jefes de las casas les acribillaban con salidas profesionales y panfletos, mientras que en la mente de la mayoría la única salida que veían era la guerra que se estaba desarrollando de muros para afuera. Harry tenía la suerte de no tener que estudiar, pero aún así el ambiente era estresante.

Dumbledore cada vez pasaba menos tiempo en el colegio, en la mayoría de las comidas su silla estaba vacía y se empeñaba en encontrar lo que Harry y Andrea le negaban. Sabía que Voldemort planeaba algo, le conocía demasiado bien como para obviar aquella tregua. No era necesario ver a Andrea sacando mapas o bombardeándole a preguntas en cuanto le veía. Tenía trabajando a toda la Orden del Fénix en busca de alguna señal, de algo que les diese una pista de lo que podía ocurrir, pero lo único de lo que disponía era de unos cada vez más calurosos días de junio y de una paz que empezaba a incomodar a aquellos que no confiaban en su buena suerte.

La semana de exámenes llegó como cualquier otro año. En cierto modo, Harry había aprendido a olvidarse de los problemas mientras el sol brillaba. Aprovechaba cada instante en compañía de sus amigos y sobre todo, aprovechaba al máximo el tiempo que podía pasar con sus padres. El primer día de los EXTASIS y TIMOS el colegio se llenó de miembros del ministerio con calvas relucientes y carteras bajo el brazo. Ninguno de ellos tenía cara de buenos amigos y Harry no encontró a ninguno de los que le había examinado en los TIMOS, lo cual no supo clasificar como una buena o una mala noticia. El primero de los exámenes era teoría de encantamientos; en la puerta del examen Lily tenía a su alrededor un número considerable de alumnos de diferentes casa que atendían con la boca semiabierta las explicaciones que daba sobre los fundamentos de los encantamientos evanescentes, mientras que el resto repasaba sin mucho interés (a excepción de Hermione) unos apuntes que Harry les había pasado.

-Todavía no entiendo muy bien por qué tenemos que hacer estos exámenes- Los chicos habían acabado su examen de encantamientos y ahora se aprovisionaban a la hora de la comida para coger fuerzas antes del examen de transformaciones. Sirius se había dejado caer sobre el hombro de Patricia, que había ido a comer con ellos a la mesa Gryffindor y entre patata y patata hacía como que pasaba unos folios en los que había más dibujos de su propia cosecha que los que estrictamente exigía la clase de transformaciones- En primer lugar, estoy seguro que ninguno de esos vejestorios es capaz de convertirse en animago ni nada que se le aproxime y en segundo lugar, ni si quiera nos acordaremos de las preguntas que nos han puesto el día que tengamos que repetir los EXTASIS en nuestro tiempo.

-¿Sabes qué deberías hacer, Canuto? – se metió James – Deberías acercarte a uno de esos y decirles, "Buenas tardes, señor vejestorio, mi nombre es Sirius Black, ya ven, me he colado a través del tiempo y soy animago ilegal desde los quince años, así que les rogaría, muy amablemente, que no me hicieran este examen". – James abandonó la pantomima que había hecho reír a todos, incluido Sirius y volvió a sentarse.- Creo que conseguirías algo más que un aprobado con una declaración como esa.

El examen teórico de transformaciones transcurría de una manera casi soporífera, los chicos se concentraban con más o menos éxito en las preguntas mientras que por las ventanas entraban unos rayos de sol extrañamente calientes para aquellas latitudes. Harry no se pensaba mucho las preguntas, la mayoría de ellas se las sabía y las que no las pasaba porque sabía que eran las mínimas; James y Sirius tenían una actitud parecida, incluso se daban el lujo de bromear entre ellos, pero los demás no estaban pasando una velada tan relajada. El sufrimiento podía verse especialmente en Ron, que se estrujaba los sesos por dar con la respuesta adecuada.

Harry estaba a punto de acabar su examen cuando algo inesperado ocurrió. En un principio la mayoría de los presentes pensaron que el enorme patronus en forma de águila que había irrumpido en el gran comedor era producto del fallo de algún alumno que intentaba practicar, pero en cuanto el ave plateada empezó a batir las alas sin control, todos empezaron a preocuparse. Harry y James se levantaron inmediatamente e intercambiaron una mirada de profunda preocupación. Los examinadores hicieron esfuerzos por acabar con el águila; sin embargo, la profesora Macgonagall se puso de pie y ordenó silencio a todos los alumnos que, nerviosos, habían empezado a cuchichear y a alejarse del centro de la habitación.

Antes de que la profesora pudiera abrir la boca para decir algo, James y Harry atravesaban el gran comedor a toda velocidad hacia la puerta, los demás los miraban estupefactos sin saber cómo reaccionar ante aquella cadena de sucesos. Los chicos sabían muy bien lo que significaba aquel patronus, Andrea no los sacaría en mitad de un examen por un ataque sencillo y teniendo en cuenta el miedo que todos tenían al ataque definitivo aquello no podía ser otra cosa.

-Los prefectos de cada casa buscarán a los demás e irán inmediatamente al despacho de sus jefes. El resto se dirigirá a las salas comunes y no saldrá de allí hasta nueva orden ¿Ha quedado claro?- gritó la profesora Macgonagall con decisión por encima de los murmullos de la gente y del batir de alas del patronus de Andrea, que al haber conseguido su propósito salía por la ventana.- ¡Weasley, Granger!- la profesora se acercó a sus prefectos mientras los demás salían del comedor- Los prefectos de quinto estarán haciendo el examen de pociones en las mazmorras, buscadles y haced lo mismo con los de sexto. Os quiero en mi despacho lo antes posible y vosotros- los demás se habían agolpado alrededor de la profesora para ver lo que tenía que decirles a Hermione y Ron- Haced lo posible por mantener el orden en la torre Gryffindor, no quiero ninguna tontería.

-¿Qué ha ocurrido, profesora?- Lily no dejaba de mirar a la puerta y parecía haberse tensado tanto como una cuerda a pesar de que Sirius se había puesto a su lado y la había abrazado desde el mismo momento que los Potter salían de su habitación.

-Algo muy grave.

La chimenea del despacho del director era un hervidero de personas que llegaban sin descanso e intentaban buscar un hueco entre los cachivaches del anciano y la gran cantidad de gente que se había agolpado allí. Cuando Harry y James entraron corriendo, Dumbledore estaba hablando entre susurros con Lupin. Los demás demostraban una profunda preocupación en sus rostros y hablaban agitadamente entre ellos, pero ninguno de los dos Potter consiguió saber qué había ocurrido realmente. Andrea no estaba en el despacho, ni ella ni gran parte de la orden, lo que preocupó aún más a los chicos.

-Creo que estamos todos- algunos miraron a su alrededor y se fijaron en que ni la profesora Macgonagall ni Snape estaban allí, pero no dijeron nada.- Estamos en la peor situación de toda la guerra, así que seamos breves. El Ministerio está siendo atacado en este instante, algunos de nosotros ya están allí y el departamento de aurores al completo está haciendo lo posible por mantenerlos alejados, pero todos sabemos que si esta noche cae el ministerio de magia, será el final para todos.- de repente todos los presentes se quedaron petrificados, ni si quiera fueron capaces de respirar porque el miedo les congeló hasta los pulmones, pero el director les sonrió tímidamente- No dejaremos que eso ocurra, haremos todo lo posible por acabar con Voldemort esta noche.- la profunda mirada azul del director se clavó en Harry como un hierro ardiente y él sintió que un profundo agujero nacía en su estómago.

No podía definir si era miedo, nervios, ansiedad o incluso sentimiento de culpabilidad por no haber encontrado el objeto mágico que Andrea tanto le había machado. Miró a James y pudo ver que por su cabeza estaba pasando lo mismo y al mismo instante ambos giraron la cabeza como si descubrirse en aquellos pensamientos fuese motivo de vergüenza. Harry buscó a Remus y vio que aunque le sonreía con cariño parecía mucho más asustado de lo que le había visto en toda su vida; pensó que quizá estaba nervioso por su enfrentamiento con Voldemort y que temía por su vida. Los demás no parecían tener menos miedo así que Harry prefirió evadirse de todo, incluso de las nuevas palabras de Dumbledore, y se dedicó a mirar aquel despacho. Quizá fuese la última vez que estuviese allí, quizá después de aquella noche no podría volver a hacer nada en su vida. Recordó el peso del sombrero seleccionador y sus ganas de pertenecer a Gryffindor a pesar de lo que aquel trapajo parlante le decía, vio el pensadero plagado de letras rúnicas y la espada de su antecesor, lo que le recordó al basilisco y de nuevo a Voldemort.

-Perdón por el retraso.- le interrumpió la profesora Macgonagall, que entraba a la carrera en el despacho seguida de Snape- El plan de emergencia ya está en marcha, profesor.- Ninguno de los presentes tenía la más remota idea de la existencia de un plan de emergencia, así que su incertidumbre se reflejó en sus rostros y en sus movimientos incómodos.

-¿A qué te refieres, Minerva?- Remus no había sacado la cabeza de detrás de unos planos del ministerio hasta que la profesora Macgonagall había hecho referencia a aquel misterioso plan.

-Tenemos que mantener a los alumnos a salvo.- explicó el director- Si esta noche Voldemort consigue el ministerio, Hogwarts será su siguiente parada.

-Pero es imposible entrar en el castillo.- exclamó una chica de rasgos asiáticos.- Nadie puede aparecerse en Hogwarts o en sus terrenos.

A Harry le recordó a Hermione y a sus lecciones de Historia de Hogwarts y se lamentó de no haberse despedido de ella ni de los demás. Pensó un momento en Ginny y se la imaginó muy preocupada, sentada en la sala común sin querer entrar en ninguna conversación. Si aquella noche tenía que enfrentarse cara a cara a Voldemort en la lucha final, había dejado muchas cosas sin hacer. No le había dicho adiós a su madre, ni a Ron o a Hermione lo importantes que ellos habían sido en sus vidas, ni a Sirius lo mucho que le echaría de menos. Empezaba a sumirse de nuevo en sus pensamientos cuando las palabras de Dumbledore lo devolvieron a la realidad.

-Nada es imposible en la magia, Maggie, y aunque he de reconocer que he hecho grandes logros en la protección del castillo, siempre puede haber una ranura por la que entrar.- aquella idea los puso aún más nerviosos, todos los presentes habían crecido pensando en la indestructibilidad de Hogwarts y ahora caía una especie de mito- Podría asegurar que entrar en el castillo sin derribarlo es imposible, pero los terrenos presentan más vulnerabilidad y siempre es mejor precaver. Ahora, por favor, Lupin, Snape, Anniston y Lena haced vuestros equipos. Los de Markins y Tonks ya están en el ministerio. Minerva por favor, tú ve a San Mungo con Poppy y Pomona y organizad a los heridos. Harry, James, vosotros venid conmigo.

Era una lucha a plena luz del día; el sol amenazaría con irse en unas horas pero aún seguía bañando de luz las calles de Londres cuando la Orden del Fénix se apareció cerca del Ministerio de Magia. Los muggle corrían despavoridos huyendo de los haces de luz que salían de las varitas de mortífagos y aurores; las explosiones se oían por todas partes y los grandes edificios que rodeaban la entrada al ministerio de magia presentaban a esas alturas un estado lamentable. Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de heridos que ya había, la primera impresión de Harry al aparecerse allí fue que si aquello era el ataque definitivo tenía mucho que envidiarle a Edimburgo.

Apenas se habían materializado cuando James ya había tenido que congelar a un mortífago que intentaba atacarles. Harry aprovechó la tregua para localizar a Remus y a su equipo y para ver si Andrea seguía bien, pero no logró ni lo uno ni lo otro. A su alrededor había mucho humo y sólo podía oír esa masificación de sonidos a la que había terminado por acostumbrarse pero que tanto odiaba. A su lado, ni James ni Dumbledore perdían el tiempo ni se daban el lujo de buscar a nadie, y si lo hacían, al menos no se notaba, así que Harry se olvidó de todo y empezó a pelear. Al principio le costó meterse, como si volviera que entrenar después de mucho tiempo de descanso. Ahora Edimburgo se veía tan lejos que le costaba creer que él había estado allí, hasta que empezó a sentirse cómodo; sus hechizos salían sin pensarlos, se compenetraba con James a la perfección y en ningún momento tuvo que recurrir a los elementos para salir de un apuro.

-Vamos a entrar en el Ministerio.- se oyó gritar a Dumbledore. Harry y James corrieron inmediatamente hacia la entrada, seguidos de otros miembros de la orden. Dumbledore tardó unos minutos en alcanzarles y cuando lo hizo ya tenía organizada la defensa en el exterior, coordinada con el departamento de aurores, de manera que la gran parte de la Orden les siguió hasta el interior.- El grueso del ataque debe estar ahí abajo, Markins y Tonks están abajo con sus equipos, así que distribuiros de manera lógica; atacad los flancos y procurad que se dividan.- El restó asintió y entró sin mirar atrás pero cuando Harry iba a echar a correr para seguirles, Dumbledore le agarró del brazo.- Voldemort aparecerá esta noche. Lo sé. Cuando lo haga, no te separes de mí.

-Profesor… lo que mi padre y yo tenemos que hacer esta noche… bueno, que usted no puede intervenir. Yo se lo agradezco, pero…

Dumbledore asintió con algo de decepción; Harry rechazaba su ayuda simplemente por el hecho de que ya había asumido que nadie podría ayudarle en aquel momento, así que sólo le quedó resignarse.

-Espero que estéis preparados, porque no va a ser algo fácil.

-Tranquilo, profesor- intervino James en un vago intento de incluir una nota de humor- Ya controlamos el latín.

En el interior la batalla estaba siendo cruel. La gran parte de los pesos pesados de Voldemort luchaba encarnecidamente contra la Orden del Fénix, que hasta que el resto había entrado en el interior del Ministerio, se estaba viendo en una gran desventaja. Harry observó entre hechizo y hechizo cómo Andrea controlaba a duras penas el sector oeste; a ellos les tocaba luchar contra el equipo de Avery, pero hubiera dado todo su oro por enfrentarse en ese momento a Bellatrix y ver la cara con la que le miraba después de su enfrentamiento en Edimburgo; sin embargo tuvo que conformarse con un montón de mortífagos que extrañamente le estaban ignorando. De hecho, Harry se sentía tremendamente raro, era como si tuviera un mal presagio aunque visto lo que le esperaría cuando Voldemort llegase no le sorprendió nada; sin embargo le pareció muy raro que no hubiera banshees molestando a diestro y siniestro, ni licántropos sembrando el pánico entre los muggles; incluso, echó de menos a un gigante, pero la batalla no le dejaba pensar en claro; sólo podía concentrarse en aquella cantinela en latín que había repetido hasta la saciedad y en qué podría utilizar de todo lo que le rodeaba como instrumento para almacenar el espíritu de Slytherin.

Con James las cosas estaban siendo diferentes. Si el vacío que le estaban haciendo a Harry era algo palpable, contra James estaban llevando una política de acoso y derribo. Apenas tenía tiempo de reaccionar entre un ataque y otro y a menudo se veía obligado a congelar el tiempo de todos los que le rodeaban para escabullirse de allí, con el consecuente ataque entre ellos una vez que él se salía del círculo. Harry intentaba ayudarle en todo lo que podía, pero siempre encontraba a alguien que le entretenía para que no llegara hasta su padre. Estaba claro que Voldemort había dado la orden de cambiar toda la historia, no le importaba arriesgarse a un pasado que podía presentarse completamente diferente. Estaba tan obcecado con acabar con la saga de los Potter que la muerte de James se le antojaba completamente necesaria; pero no contaba con la fuerza del chico ni con sus recién estrenados poderes.

Siguiendo las órdenes de la profesora Macgonagall, todos los alumnos de Gryffindor estaban en ese momento encerrados en su sala común. Los prefectos se habían encargado de comunicar la situación y ahora los miembros de la casa más valiente de la escuela se acurrucaban en los rincones de su sala común pensando en qué estaría pasando en Londres, en si sus padres estarían vivos a la mañana siguiente y sobretodo en si su vida pasaría a depender del arbitrio caprichoso de Voldemort.

Tal y como Harry había imaginado, sus amigos estaban sentados alrededor de la chimenea apagada, sin pronunciar una palabra, sin mirarse. Ginny estaba algo más alejada del resto y miraba al suelo como si allí algo pudiese decirle que Harry seguía con vida en ese momento. Los demás no estaban mucho mejor, Lily miraba al infinito apoyada en el pecho de Sirius que de repente desprendía una tremenda seriedad y madurez. A su alrededor todo era silencio, un silencio espeso y molesto que se prolongó durante una hora eterna, hasta que cada vez más alumnos decidieron que era hora de irse a la cama.

En la sala común apenas quedaban algunos alumnos de sexto y séptimo; los prefectos tenían la orden de mantenerse despiertos para calmar los ánimos de los demás, aunque realmente ninguno de ellos estaba en condiciones de transmitir mucha calma en aquellos momentos. El silencio espeso que les cubría se rompió cuando una niña de primero bajó las escaleras de las chicas gritando y muerta de miedo. Todos saltaron como un resorte con el primer lamento, imaginando en una mente en estado de alerta que algo había ocurrido, pero en cuanto la vieron al pie de la escalera roja y bañada en lágrimas se relajaron ante un simple ataque de nervios.

Ginny se acercó a la pequeña y le secó las lágrimas; intentó averiguar qué ocurría pero no era capaz de pronunciar una palabra, así que la cogió de la mano para llevarla de nuevo a su habitación.

-Ya lo hago yo.- Hermione la detuvo con una caricia en el brazo que intentaba ofrecer todo aquello que no podía darle con palabras- Quédate aquí si quieres.

-Gracias, pero no tiene importancia.

La pequeña entró en su habitación y corrió hacia la ventana, señalando a través de ella. Aún no había recuperado el habla, el miedo no la dejaba pero sabía que había que hacer algo con lo que estaba ocurriendo. Ginny, algo extrañada, se asomó a la ventana y por unos segundos se quedó tan paralizada y bloqueada como lo estaba en ese momento la niña. Su respiración se aceleró y se llevó las manos a la cabeza perdiendo los dedos entre los rizos como si estrujándose el cráneo aquella imagen fuese a desaparecer. Sin decirle nada a la pequeña que se había sumido aún más en un ataque de histeria, bajó corriendo las escaleras en busca de sus amigos.

-¿Qué ha ocurrido?- Ron se levantó en cuanto vio bajar a su hermana blanca como la cera.

-Nos atacan.

No encontró más palabras para decir, no podía creerse que aquello fuera verdad, estaban solos en el colegio y estaban siendo atacados por los ejércitos de Voldemort cuando se suponía que éstos estarían en Londres. El resto de personas que había en la sala común no reaccionaron, estaban igualmente paralizadas y todo se les antojaba como una mala película. Hermione fue la primera en moverse, corrió las gruesas cortinas rojas de las ventanas.

La imagen era grotesca. A un lado el bosque prohibido ardía en llamas que cada vez se acercaban más al lindero con los terrenos de Howarts, de los árboles criaturas de todas clases volaban para salvarse y aquellas que no podía entraban en los terrenos del colegio para encontrar un refugio. A lo lejos un enorme ejército de criaturas oscuras se acercaba, esperando la oportunidad para entrar.

-No puedo creerlo- murmuró Remus.

Los gritos empezaban a oírse en las habitaciones y los alumnos bajaban corriendo intentando explicar de manera ininteligible lo que habían visto a través de sus ventanas.

-Aquí dentro estaremos seguros ¿no?- Hermione no apartaba la mirada de la ventana e intentaba encontrar la seguridad en todo lo que había aprendido sobre Hogwarts en sus años de estudio, pero nada de ello tenía cabida con un ataque de aquella magnitud. – Hogwarts es impenetrable.

-¿Tú crees?- Sirius dudaba mucho de aquella premisa cuando él había sido un gran experto en salir y entrar de aquel castillo a sus anchas. La respuesta sarcástica provocó en Hermione una enorme duda que le recordó que precisamente él había burlado toda la seguridad del colegio en su tercer año.

Un tremendo golpe movió los cimientos del viejo castillo y paralizó a todos sus habitantes. En Gryffindor, el pánico de todos sus miembros, que ahora estaban de nuevo en la sala común, se multiplicó al sentir más cerca aquel ataque. Ron se dirigió al otro gran ventanal y como antes había hecho Hermione lo descubrió para poner de manifiesto el origen de aquel embate. Tres gigantes casi tan altos como la propia torre Gryffindor lanzaban rocas contra el castillo. A pesar de que tendría que haber sufrido una importante lesión después del primer encontronazo, las medidas de seguridad que se habían tomado para protegerlo estaban haciendo efecto, pero aquello no duraría eternamente.

-¿Qué es eso?- la voz chillona de un niño de segundo llamó la atención de todos que se habían quedado asombrados viendo el tamaño de aquellas bestias.

-Son inferi- susurró Hermione de manera que sólo Ron pudiera oírla.- Han traído un ejército de muertos.

Otro estruendo brutal interrumpió los pensamientos de Ron. Esta vez pudo escucharse como restos de la estructura del castillo rodaban por las paredes hasta estrellarse contra el suelo, que retumbó.

-Venid conmigo- Ron les hizo una señal a sus amigos y a los prefectos de quinto para que le siguieran al otro lado de la sala, algo más alejados de los gritos de pánico.- Pretenden echar abajo el castillo.

-Debe ser la única forma de entrar en él.- opinó Ginny.

-Hay que sacar de aquí a los más pequeños, no podemos arriesgarnos a que las torres se caigan. ¿Dónde podríamos llevarles?

-¿A las mazmorras?

-O a las cocinas

-Mejor a las cocinas- opinó Hermione- Los elfos son criaturas muy poderosas y podrían ayudarles si fuese necesario.

-Está bien.- Ron respiró profundamente, parecía estar asumiendo todo el peso de aquella situación y los demás lo estaban aceptando como algo natural. Ya no podía verse ni una nota de humor en su rostro o en sus palabras, era el mismo que llegaba con Harry hasta el final, pero en esta ocasión, sin Harry a su lado, era como si todo creciese- Remus y Sirius, aseguraos de que todas las entradas al castillo están completamente selladas. Vosotros dos- señaló a John y Lucy, los prefectos de quinto- avisad a Ravenclaw y Hufflepuff. Todos los alumnos de sexto y séptimo deben bajar al gran comedor.

-¿Qué pasa con Slytherin?- preguntó Collin.

-Ellos viven en las mazmorras.- intervino Lily con firmeza- Tranquilo, no les pasará nada y para nosotros será mejor no arriesgarnos a soltar al hurón en la madriguera.

-Tiene razón. Collin, tú lleva a todos los alumnos de primero a quinto a las cocinas y avisa a los elfos de lo que ocurre. Busca a Dobby y dile que el amigo de Harry Potter le pide que haga que todos los elfos cuiden y protejan a los alumnos ¿entendido?

-Quinto bajará al gran comedor- afirmó con serenidad John.- No puedes encerrarnos como si fuéramos críos.

-Es que lo sois y no es momento para discutir esto.- le rebatió Ron.

-Tú estabas en quinto cuando saliste vivo del departamento de misterios.- le desafió Lucy.

-De acuerdo, que quinto también nos espere en el gran comedor. Hermione, por favor, haz algo para que ni un solo Slytherin abandone las mazmorras.

-¿Y nosotras?

-Organizad a la gente conforme vaya llegando. Yo subiré a la torre de astronomía a ver cómo está el tablero antes de la siguiente jugada.

-Ron, cariño, esto no es una partida de ajedrez.

-Tienes razón; es una guerra.- le dio un pequeño beso en los labios- Tened mucho cuidado.

La panorámica desde la torre de astronomía era aterradora, a un lado el fuego consumía el bosque a gran velocidad y al otro los tres enorme gigante intentaban destrozar la estructura del castillo para dejar paso al ejército de mortífagos y criaturas oscuras que Voldemort había congregado allí aquella noche. Ron pudo sentir un frío gélido que le caló hasta los huesos y le dejó paralizado; por encima de él, al menos cien dementores sobrevolaban el colegio; lo que le supuso un obstáculo más en su recién asumida misión de defender Hogwarts. Al menos algo le alivió, en el sector este del castillo, en la zona donde se acercaban los inferi, Ronan, Bane y el resto de centauros, incluido incluso el desterrado Firenze, formaban una línea defensiva alrededor del castillo y lanzaban flecha incendiadas contra los inferi, que huían del fuego.

Tenía que regresar al gran comedor para contar lo que estaba ocurriendo y poner en marcha su partida, agarró con fuerza el pomo de la puerta y se dio un microsegundo para desear que nada de lo que estaba ocurriendo fuera cierto. Entró con decisión y delante de él los alumnos de nueve cursos se movían a las órdenes de las chicas que intentaban distribuirlos con algo de lógica. Tras Ron, Sirius y Remus entraron corriendo y le aseguraron con todas las entradas al castillo estaban selladas aunque en una de ellas, habías sido ellos mismo quienes habían tenido que cerrarlas para evitar que al menos quinientas serpientes de diferentes especies entraran.

-Escuchadme todos un momento- en cuanto Ron habló el resto guardó un silencio casi reverencial, como si agradecieran que alguien asumiera el mando en aquella debacle. Buscó a Hermione entre toda esa gente y ella le miró con admiración y con firmeza, confiaba en él como él mismo nunca lo había hecho, el resto parecía muy asustado pero entre sus amigos podía ver fuerza. Sirius había buscado a Patricia en cuanto había entrado y ahora estaban muy cerca de él escuchándole con serenidad- Esto no se presenta fácil; los profesores están en Londres defendiendo el ministerio y aunque Hogwarts está muy protegido habrá que hacer algo para mantener a todos esos fuera, así que no tengáis miedo porque sólo conseguirá confundiros. Si nos organizamos podremos esperar a que Dumbledore llegue. Quiero a todos los que sepan conjurar un patronus en las ventanas de todo el piso, estamos rodeados de demetores. A los de quinto de ravenclaw y hufflepuff en aquella zona, tenéis que conseguir apagar el fuego del bosque, los de Gryffindor, ayudad desde allí a los centauros a quemar a los inferi.- a pesar del miedo que sentían, los más pequeños de su "ejercito" se colocaron donde les habían indicado, junto a algunos de los alumnos que ya habían conjurado varios patronus.- A los mejores en transformaciones allí, hay que construir barreras que detengan a los mortífagos para que les cueste llegar- al menos diez alumnos entre los que estaba Sirius se colocaron en el frontal y empezaron su tarea- ¡Encantamientos! Debemos reducir esas rocas antes de que lleguen a los muros del castillo. – Lily iba a abandonar la ventana en la que se había apostillado junto a Andrea y desde la que estaba conjurando su patronus, pero Ron no se lo permitió- Quien sea capaz de conjurar un patronus que no abandone su posición, menos tú, - Sirius iba a volver a conjurar su perro plateado- encárgate de las transformaciones.

Ron se arrodillo junto a Hermione y Ginny, que estaban concentradas alejando a los dementores.

-Ron, sabes que no aguantaremos así mucho tiempo. Hay que avisar a Dumbledore.

-Sí, pero ¿cómo? Están luchando en Londres y habría que salir del castillo para aparecernos allí. Las líneas floo con el ministerio no pueden funcionar si les están atacando.

-¿Y un patronus?- sugirió Ginny- ellos se comunican así.

-Se necesita una especie de clave, no es tan sencillo como conjurarlo.- explicó Hermione, que entre frase y frase hacía surgir una sólida nutria de su varita para alejar a aquellas criaturas.

-Harry lo sabrá, él dará la alarma.- Lily se había colocado tras ellos y parecía muy convencida de lo que les estaba afirmando. Hermione fue a abrir la boca para preguntar cómo podía saber eso pero ella se adelantó- Simplemente lo sé, Harry vendrá.

En Londres las cosas estaban poniéndose cada vez más fáciles para la Orden del Fénix; la mayoría de los mortífagos contra los que estaban luchando desaparecían ante sus ojos y quedaban apenas los más jóvenes e inexpertos. Dentro del ministerio, el único que tenía más problemas era James, pero los demás estaban suficientemente libres como para evitar que nada le ocurriera. Andrea, Tonks, Remus, Snape y los otros dos jefes de equipo se acercaron a Dumbledore asombrados, intentando encontrar la lógica a un ataque tan anormal.

-Hay gato encerrado, Albus.- empezó Andrea- Nadie atacaría el ministerio con tan pocos efectivos. Voldemort sabe que el ministerio es la pieza clave en su guerra, y sus pesos pesados están huyendo. Luchamos contra novatos. Algo raro pasa.

-Markins tiene razón- opinó Anninston- Desde hace veinte minutos apenas quedan mortífagos clave y no hay rastro de ningún otro apoyo.

Todos se giraron al mismo tiempo cuando escucharon el fuerte crepitar de las llamas detrás de ellos. Harry había encerrado a los cinco mortífagos que estaban atacando a su padre tras una columna de fuego, tal y como había hecho con Malfoy; lo que redujo aún más el número de contrincantes.

-Harry solo podría acabar con todo esto sin encontrar resistencia.- insistió Andrea.

-¡¡Profesor!! ¡¡Profesor!!- Harry corría hacia ellos visiblemente impresionado- Profesor, es Hogwarts.- los demás lo miraron extrañado. James llegaba tras él y lo observaba con la misma expresión; lo había visto mirar la columna de llamas como si en ella alguien estuviese quemándose vivo y después salir corriendo hacia Dumbledore.

-Harry, ¿qué ocurre?- le preguntó Remus preocupado- ¿Qué dices de Hogwarts?

-El bosque prohibido está ardiendo. Hogwarts está siendo atacado.- Harry estaba cada vez más nervioso y al oír aquello James entró en un estado parecido. Sus amigos, Lily y Ginny estaban allí y unos mil niños menores de edad se habían quedado encerrados en lo que se suponía era un lugar seguro.- Señor, el fuego me lo ha dicho, lo he visto, esto eso sólo una trampa para sacarnos del colegio, hay que volver.

-¿Estás seguro?- Dumbledore parecía aún más preocupado de lo que esa noche había estado en su despacho. Harry asintió con firmeza.

-Debemos movilizar a todos, pero no sabemos qué hay allí.- opinó Lena- y no podemos aparecernos dentro de Hogwarts.

-Hay tres gigantes, un ejército de inferi y otro de mortífagos y otras criaturas; el bosque está ardiendo y los dementores sobrevuelan el castillo. Yo os llevaré hasta el lago.

Ninguno supo muy bien qué quería decir Harry con aquel "yo os llevaré hasta el lago", especialmente Snape lo miró como un niño insolente que pretende alardear de lo que no es capaz; pero en cuanto Dumbledore ordenó que todos los aurores y la orden se reuniera dentro del ministerio, ninguno protestó lo más mínimo. Dumbledore tampoco estaba muy seguro de lo que Harry pretendía, pero confiaba en él y en sus inmensos poderes.

Cuando la planta baja del ministerio estaba llena de aurores, Harry se subió en la fuente de la hermandad mágica; le hizo un gesto a James para que se pusiera más cerca de él y se concentró. Los demás le observaban y se miraban entre ellos como si se hubiese vuelto loco, algunos hacían el amago de cuchichear pero no encontraban nada que decir. Los chorros de la fuente, algo deteriorada por el ataque, empezaron a lanzar agua por todo el atrio del ministerio empapando a todos los presentes y provocando las quejas de algunos que a pesar de lo asombrados que estaban por el nuevo despliegue de poder de Harry, les parecía que aquello era una pérdida de tiempo si, como decían, estaban atacando Hogwarts.

Harry seguía concentrado, quería darse la mayor prisa posible porque estaba muy preocupado por sus amigos pero aquello requería tiempo. No lo había hecho nunca con personas y mucho menos con tantísimas personas a la vez, pero estaba seguro de que lo conseguiría. Al cabo de unos minutos el agua los cubrió a todos pero ninguno estaba mojado ni sentía ahogarse y antes de que se hubiesen dado cuenta aparecían en la orilla del lago de Hogwarts ante la cruenta imagen que se les presentaba. Banshees y vampiros arremetían contra la gran puerta de roble y las ventanas, a través de las cuales podían verse a los alumnos intentando luchar contra ellos. Los gigantes habían destrozado ya la mitad del castillo y muchos mortífagos intentaban entra entre las ruinas al interior, pero a cada paso se encontraban con enormes muros unas veces de roca y otras de hielo que construían los alumnos, encabezados por Sirius.

En el ministerio sólo quedaban los dos Potter, Harry se había asegurado de no transportar a su padre junto al resto.

-Nosotros nos apareceremos dentro del colegio.- le acercó a él tirando de la manga, pero James no estaba muy seguro de lo que iba a hacer- tranquilo he estado practicando.

-Harry, no deberías malgastar tanta energía esta noche.

Pero Harry no le respondió, se cubrió en una columna de viento que silbaba a su alrededor y que les dejó en medio del gran comedor. Al principio todos estaban descolocados con aquella intrusión tan extraña, e incluso Remus estuvo a punto de atacarles antes de reconocerles. Lo primero que hizo cuando sus pies tocaron el suelo fue divisar a Ginny entre toda aquella gente que trabajaba de manera ordenada, y aunque podía verse el miedo en sus ojos, también había la determinación del que lucha por salvar su vida.

-¿Dónde están los demás?- preguntó a Ron en cuanto éste se le acercó.

-Slytherin encerrado en las mazmorras y los demás en las cocinas, los elfos les protegerán. ¿Y Dumbledore?

-Fuera. Acabamos de llegar. Esta noche será la noche. Haz que todos los que quieran esconderse vayan a las cocinas y los demás quedaos aquí. – Sabía perfectamente que por mucho que les dijera, ninguno de ellos abandonaría aquella noche.- La Orden no tardará en entrar.

Mientras Ron hacía lo que Harry había dicho, éste, James y Remus corrieron hacia la parte del castillo que estaba derruida y donde mayor ataque estaba habiendo. Sirius conjuraban obstáculos por todas partes y el resto de alumnos que le acompañaban hacían lo propio aunque no estaban dando abasto. Los maleficios de los mortífagos cada vez estaban más cerca y ellos cada vez estaban más cansados. En varias ocasiones tuvieron que retroceder, cediendo terreno a los enemigos. En la última de aquellas veces mientras corrían hacia atrás, Sirius tropezó y cayó de espaldas; alguien le dio la mano para que se levantara y él la cogió sin ni siquiera fijarse en quién lo hacía.

-Buenas noches, querido primo.

A Sirius le costó reconocer a su prima Bellatrix en aquel rostro demacrado y aquellos ojos hundidos por el peso de Azkabán.

-¿Por qué no me sorprende que tú estés aquí?- respondió él con desprecio y se puso en guardia antes de que ella pudiese hacer algún movimiento.

A través de los escombros del castillo y de los muros de contención que los alumnos habían construido iban entrando mortífagos y aurores. Parte de la Orden del Fénix atacaba con destreza a los mortífagos y cuando Sirius los vio se sintió algo más seguro. Remus estaba allí y muy cerca Andrea daba órdenes a diestro y siniestro y lanzaba maldiciones sin descanso.

Cuando Harry se dio cuenta de que Bellatrix estaba allí, ésta ya estaba luchando con Sirius que se defendía con uñas y dientes. Harry, James y Remus no tardaron en acudir en ayuda de su amigo, pero más les hubiera valido no hacerlo.

-¡Vaya! Él niño Potter al rescate y trae compañía.- se burló Bellatrix como si Harry nunca le hubiera dado la lección que le dio en Edimburgo- ¿Sabes, primito? Tu querido ahijado vio en primera fila cómo te mataba y ahora quiere volver a verlo.

-¡¡Cállate zorra!!- exclamó Harry fuera de control mientras que los tres merodeadores perdían el color de la cara.

-¡Oh! ¿No lo sabías? ¡Qué pena! Fue todo un placer verte morir como un ingenuo.

-El placer lo sentiré yo cuando te mate.

Andrea apareció justo detrás y apretaba su varita contra la espalda de Bellatrix que al escuchar su voz sonrió con sadismo. Llegó justo en el momento en el que Harry, llevado por la ira, estaba a punto de atacar a Bellatrix de tal manera que Edimburgo quedaría como un mero entrenamiento. Ella al percatarse de la presencia de Andrea, se olvidó de que Sirius estaba allí, incluso ignoró el hecho de que Harry y James estaban delante de sus narices y que aquella era la misión de esa noche. Odiaba a Andrea desde el mismo momento que Voldemort estampó en ella la marca tenebrosa; había ocupado el lugar que le correspondía por derecho de sangre. Era una sangre sucia que compartía con su Señor los secretos que ella se había ganado.

-¡Sirius, Remus! Volved al gran comedor- ordenó Andrea sin quitar los ojos de su oponente- James y Harry ocupaos de los gigantes.

-Pero…- protestó Harry.

-Eres un niño muy desob…

-¡¡Cierra el pico!!- antes de que Bella pudiera acaba la frase Harry la había estrellado contra la pared con el simple movimiento de su mano.

-Me dijiste que lo hiciera yo- Andrea le agarró del brazo con fuera e hizo que le mirara, Harry tenía los ojos inyectados en sangre y respiraba agitadamente- Tú misión esta noche es otra, hay que acabar con esos gigantes y yo, tengo asuntos pendientes que resolver con ella.

Harry se dio la vuelta y salió del castillo seguido de James que todavía no había salido de su asombro. Por el camino se chocaron con muchos mortífagos que quisieron detenerles pero Harry y su frustración por ver cómo su secreto con Sirius había sido destrozado precisamente por Bellatrix se los quitaba de en medio casi sin esfuerzo.

-Tenía ganas de volver a verte- siseó Bellatrix cuando llegó hasta Andrea cojeando levemente después del golpe que le había propinado Harry.

-No será una buena última imagen- vaciló Andrea, que antes de que la mortífaga pudiera reaccionar le había mandado una maldición de magia negra que impactó en su brazo.

Andrea empezó a sentirse bien con aquello, quería venganza, quería verla sufrir entre sus manos, quería apretar los dedos alrededor de su cuello hasta que el aire dejara de pasar por él. Sus ojos se tornaron aún más oscuros y dejó de escuchar todo lo que había a su alrededor, ya no le importaba nada de lo que pasara allí esa noche, sólo sabía que tenía a Bellatrix enfrente después de mucho tiempo de espera.

Bellatrix se recuperó con rapidez, acostumbrada como estaba al sufrimiento y la lucha y con agilidad devolvió el ataque a Andrea, que no tuvo tiempo para protegerse. Las dos mujeres, tremendamente similares en poder, en técnica y en odio hacia la otra se batían en una lucha equilibrada que las estaba llenado de heridas y las debilitaba cada vez más, pero ninguna de ellas parecía querer dar su brazo a torcer y a cada caída se levantaba, con más o menos esfuerzo, para devolverle el golpe a su oponente.

Tras un largo tiempo de lucha igualada, Andrea había perdido su varita y había caído al suelo. Bellatrix yacía unos metros más alejada en condiciones similares, sangrando por la cara y por diferentes partes del cuerpo. Con algo de dificultad, las dos mujeres volvieron a levantarse; Andrea se acercó a ella con altanería, mirándola con la misma superioridad que Bellatrix la miraba a ella, sin importarles que sus vidas dependieran de los caprichos de la otra. Justo cuando Bellatrix iba a blandir su varita para acabar con Andrea, ésta sacó la daga que siempre llevaba y se la lanzó. La mortífaga emitió un penetrante grito de dolor cuando sintió la daga atravesando la mano en la que unos segundos antes había estado su varita; apretó los dientes intentando camuflar el dolor y se irguió para plantarle cara a su enemiga.

-¿Sabes qué es lo que más siento de todo esto?- Andrea se puso a escasos centímetros de la cara de Bellatrix y agarró con fuerza la daga aún incrustada en la mano, dejándola de esa forma inmovilizada. La respuesta de Bellatrix a aquella pregunta retórica fue un fortísimo golpe con el revés de su mano libre que le cruzó a Andrea la cara. Ésta al sentir el golpe que le había herido más el orgullo que cualquier otra cosa, arrancó sin piedad la daga que sujetaba y se la clavó en el estómago haciéndola caer de rodilla. -Lo que más siento de todo esto es que no puedas ver morir a Voldemort esta noche.

-¡¡No pronuncies su nombre!!- balbuceó con ira.

-Pobre imbécil. La más leal, la más pura de todos sus seguidores ¿y en quién acabó confiando tu señor? ¡En mí! una sangre sucia que le traicionó y jugó con todos vosotros.- Andrea se regodeó en sus palabras, sonriendo diabólicamente con el sufrimiento en la cara de Bellatrix.

Le agarró del pelo y tiró de él hacia atrás obligando a Bellatrix a mirarle a la cara. Sin quitar la mirada de los ojos grises de la mortífaga, arrancó una vez más la daga de su cuerpo y la acercó a la garganta.

-No sabes lo dulce que es la venganza.- le siseó en el oído- Pagarás el daño que me has hecho. Te mereces el mayor de los dolores por haberte llevado a Sirius, que siempre fue mil veces mejor que tú.- Bellatrix intentaba incluso en sus circunstancias defenderse, pero a cada palabra que intentaba decir, sólo conseguía que borbotones de sangre salieran por su boca.- ¿Sabes? Harry no te quería muerta, prefería verte sufrir lenta y dolorosamente, pero éste es un placer del que ni siquiera él podrá librarme.

Con regocijo y recreándose en cada centímetro que recorría la punta de su daga, Andrea le rebanó todo el cuello de punta a punta. Notó cómo le salpicaba la sangre y cómo el peso inerte de la mortífaga acababa pesando sobre ella, que sintió una liberación al saber que al fin había muerto. No era simple venganza, no era sólo una revancha por la tortura que le proporcionó hacía unos meses, ni por la muerte de Sirius; su liberación no venía ni siquiera por saber que le había devuelto el mismo daño que le había hecho a Harry. Era ella. Había matado a una parte de ella misma, a alguien a quien había terminado pareciéndose tanto que la odiaba por ello y ahora estaba muerta.

A Harry no le costó nada acabar con los tres gigantes; estaba terriblemente iracundo y sentía la necesidad de destrozar todo lo que estaba a su alrededor así que la tormenta que conjuró para que atravesara a las tres criaturas como lo había hecho en Edimburgo se alargó más tiempo del que él voluntariamente quiso. Los rayos cruzaban el cielo cada vez más negro y los estruendos sustituían los gritos de las maldiciones y los lamentos.

James se había recuperado del shock en el que había entrado después de saber lo que le había ocurrido a Sirius y en cierto modo se había despertado en él un recelo que había marcado su relación con Harry durante mucho tiempo. Lo observaba concentrarse para conjurar la tormenta, sin permitir que nadie le pudiera hacer el más mínimo daño, pero teniendo que controlar el ardor que le estaba carcomiendo y por el que le hubiese cogido de la camisa y le hubiese zamarreado hasta quedarse a gusto.

-¡¡Cuidado!!- concentrado en su recién recuperado recelo hacia Harry, James había acabado por despistarse y si no hubiera sido por el empujón de Harry, una maldición le habría dado de lleno- ¿¿Se puede saber en qué estás pensando??

-¿Y tú qué crees?- le devolvió James en el mismo tono irritado, mientras los dos corrían de nuevo hacia el interior del castillo donde seguían sus amigos- ¿Te guardas alguna otra mentira? ¡No sé! A lo mejor tienes más hermanos y yo no lo sé.

Harry se paró en seco en su carrera y se dio media vuelta encarando a James con gesto desafiante. Tardó unos segundo en contestarle, como si estuviera rumiando lo que pensaba decirle.

-Pues como no sea un hermano muerto nacido de unos padres muertos, no sé qué otra cosa puede ser.- El gesto prepotente de James se borró de su cara y reflejó culpabilidad. Había vuelto a ser el imbécil que había machacado a su hijo durante muchos meses sin reparar en lo que él sentía- No es el momento para esto.

Harry volvió hacia el castillo y James le siguió sin decir una palabra. Había vuelto a pasarse con Harry y ese momento había sido el peor para ellos. Hogwarts estaba cayendo, Voldemort no tardaría en llegar y ellos no tenían nada donde conservar el espíritu de Slytherin.

En su carrera Harry y James tuvieron que saltear una batalla equilibrada, muchos de sus compañeros estaban en el suelo, unos heridos o otros desgraciadamente muertos. La orden del Fénix y los aurores hacían cuanto podían por mantener a los ejércitos de Voldemort pero eran muy numerosos y ellos estaban cada vez más abatidos. La único que les llevaba a seguir era el impulso de salvar Hogwarts, de dejar ese espacio que había supuesto para todos un lugar de tranquilidad y seguridad. Harry frenó cuando se percató de lo que estaba haciendo Andrea; ignorando todo su alrededor clavó la mirada en ella y en Bellatrix que estaba arrodillada mientras Andrea le arrancaba la daga del estómago, parecía estar regodeándose en algo que le estuviera diciendo y Harry sintió deseos de estar allí, de poder burlarse de ella, de decirle al oído cuánto la odiaba en aquellos últimos momentos de su vida. Andrea pasó el cuchillo por la garganta y el peso de la mortífaga cayó sobre ella. No sabía explicar muy bien cómo, en medio de aquel caos, de aquella confusión de sentimientos y de todo lo que se vivía a su alrededor sintió un profundo alivio, como si alguien le hubiese quitado un gran peso de encima.

Sintió la mano de James empujándole hacia abajo para sacarlo de la trayectoria de una maldición. James no podía entender lo que suponía para él ver aquella imagen; no hubiera sido capaz de matarla por mucho odio que sintiera por ella, incluso en cierto modo no estaba muy de acuerdo en que fuesen las manos de Andrea las que acabasen con su vida, pero se sentía aliviado, como si ahora pudiera luchar con un lastre menos, como si enfrentarse a Voldemort aquella noche fuese algo más fácil.

Cuando llegaron al gran comedor se encontraron a sus amigos arrinconados contra una pared que estaba a punto de caerse. Había banshees sobrevolando la habitación y un grupo de hombres lobo que al parecer habían sido tratados con pociones para adoptar una extraña figura a mitad de camino de la transformación, intentaban sumar a Lily a la lista de los alumnos que ya habían mordido. Ginny y Sirius hacían lo posible para evitarlo pero les estaba costando mucho, así que la maniobra de distracción de Harry pasó por hacer que esos hombres lobo se incendiaran, lo que permitió a los demás escapar del derrumbamiento.

-¿Estáis bien?- Lily se abrazó a James en cuanto lo tuvo cerca; se podía ver el miedo en sus ojos, como en los de todos los demás.

-Vosotros ¿Cómo estáis?- Harry inspeccionaba con un ojo a sus amigos y a su novia, mientras que con el otro no perdía detalle de lo que estaba ocurriendo cerca.

-Estamos bien- Hermione intentó sonar convincente pero la mano ensangrentada a la altura de su hombro decía todo lo contrario. Harry la miró y se sintió culpable. Le buscaban a él, todos le querían a él y él lo único que podía hacer era poner en peligro a todos aquellos que querían ayudarle.

-Harry, Voldemort vendrá pronto.- le susurró Ron al oído- Tendréis que estar preparados.- Harry miró a James que en ese momento hablaba seriamente con Sirius y Remus. Aún faltaba lo más importante de aquella lucha, no sabían dónde meterían el espíritu de Slytherin.

Harry hizo como que ignoraba a Ron y empezó a organizar a la poca gente que quedaba para enfrentarse a la nueva oleada de criaturas malignas que se acercaba. En su interior había empezado a gestarse una idea que hasta ese momento no le había pasado por la cabeza. Llegado el momento, si no tenían el objeto mágico, él tendría que servir de recipiente y que James se encargara de matar a Voldemort, independientemente de lo que aquella dichosa profecía dijera.

La lucha empezó pronto y aunque Harry intentaba concentrarse en eso que no había encontrado hasta el momento, eso que les uniera como herederos, las maldiciones y los golpes se lo sacaban de la cabeza. Con Harry y James allí todo era más fácil para los demás. El grupo de Andrea se acercó por la derecha para ayudarle y Harry vio a Remus dar órdenes a su izquierda.

James se acercó a Harry, noqueando por el camino a unas banshees y dejando congelado a un mortífago que estaba a punto de atacar a Ginny. Sentía la misma preocupación que su hijo y ahora que sin saber muy bien por qué veía el final muy cerca, quería encontrar cuanto antes la solución. Andrea al verles luchar juntos se acercó también a ellos. Tenía que darles las últimas directrices.

-Cuando Voldemort llegue, buscad la forma de acabad con un gran mago, usad toda vuestra magia, pero no hagáis ninguna locura. Estará débil y eso os lo facilitará pero no olvidéis quién es.

-¿De qué estás hablando?- James no era capaz de entender por qué Voldemort iba a estar debilitado pero Harry lo entendió todo a la primera, ella había pensado lo mismo, pero estaba seguro de que no tendría poder suficiente para hacerlo. Ella no era una heredera, así que no correría peligro.

-Estamos en ello.- cortó Harry-

Andrea no volvió con su equipo sino que corrió en dirección contraria, atravesando todo el campo de batalla hasta donde Remus estaba luchando. Antes de llegar, se desvió hacia donde estaba Dumbledore. Cinco mortífagos intentaban acabar con él con poco éxito, era como si se estuviese entreteniendo con ellos en una clase de defensa contra las artes oscuras porque los mortífagos tampoco se veían con fuerzas para acabar con él.

-¡No olvides tus promesas!- Dumbledore se giró para mirar a Andrea creando a su alrededor un campo de protección – Está cerca- sus ojos se clavaron en los del anciano como si nada estuviese ocurriendo a su alrededor.- Todo estará bien, pero ahora, tendrás que cuidar de él.

Se volvió y echó a correr de nuevo hacia donde estaba Remus, pero escuchó un fuerte crack detrás de ella y se paró para ponerse en guardia por si no era uno de los suyos. Para su desgracia, el mismísimo Voldemort la había atrapado por la espalda. A su alrededor se creó un silencio pesado durante unos segundos, pero como si hubiese sido un revitalizante, el ejército oscuro atacó con más fuerza, sin dar tregua, especialmente a quienes más posibilidades tenían de atacarle en ese momento, para que pudieran hacer otra cosa que no fuera defenderse.

-¿Me echabas de menos?- siseó mientras la agarraba con tanta fuerza que las uñas afiladas se le clavaban en los brazos.

-¿Y tú a mí?- Andrea estaba dolorida, herida y debilitada, pero a pesar de ello no quería abandonar su pose soberbia y dura y mucho menos delante de él.

-¿Pensaste que podrías engañar al Señor Oscuro, al mago más poderoso de todos los tiempos?

-No lo pensaba.- Andrea giró la cabeza para encontrarse cara a cara con Voldemort. Hacía años que no lo veía y su aspecto había cambiado mucho, ahora era aún más Slytherin y eso al mismo tiempo la alegró y le hizo sentir un hormigueo de nerviosismo, pero clavó su mirada en los ojos rojos de aquella criatura que hacía mucho que había dejado de ser un hombre y cerró su mente- Por si no lo recuerdas, lo hice. Te engañé y te ves así por eso.

Voldemort la estrelló contra el suelo y antes de que pudiera moverse lanzó un tremendísimo cruciatus que la retorció en el suelo gritando de dolor.

-¿Has olvidado de lo que soy capaz?- Andrea intentó levantarse pero apenas podía moverse- Te enseñé que no hay nada más allá de mí, que esas ñoñerías a las que has vuelto sólo te debilitan. Mírate, no eres más que una sucia perra que no es capaz de levantarse.

Andrea hizo un esfuerzo para ponerse de pie. Apretó la mandíbula e ignoró su dolor mientras Voldemort la observaba divertido.

-Más allá de ti está Harry- le desafió- y eso te asusta. Y esas ñoñerías de las que hablas sólo me hacen más fuerte. Te recuerdo que fue el amor de Lily lo que acabó contigo.

De nuevo, el rayo de un cruciatus salió de la varita de Voldemort, pero esta vez fue a estrellarse contra la barrera de protección que Harry y James habían creado entre ellos. Andrea, al sentir detrás a Harry intentó no desfallecer pero rápidamente Remus la sacó de allí y la apartó del peligro. De fondo se escuchaban las risas estridentes de Voldemort al verse rodeado de James, Harry y Dumbledore. Para él aquello más que el final parecía solo una prueba más de su grandeza, pero Remus lo ignoró. Ignoró el odio que sentía por él, su deber como jefe de equipo y se concentró en Andrea que tosía malherida.

Con esfuerzo, Andrea metió la mano en el bolsillo de su pantalón e hizo un esfuerzo para ponerse de pie, ignorando las negativas de Remus.

-Dijiste que lo darías todo por mí- empezó Andrea con voz ahogada.- Lo recuerdas- Remus asintió descolocado- Me dijiste que darías hasta tu magia.

-Cuando esto acabe te prometo…

-Esto acabará hoy, todo acabará hoy, pero tú y yo no. Juro ser para ti la luz en la oscuridad que tú has sido siempre para mí y juro amarte de aquí al día que me muera y más lejos aún.- Remus se quedó atónito al escuchar en aquel extraño momento los votos que Andrea había hecho en su boda, no fue capaz de reaccionar cuando la vio tomarse una poción morada y ni siquiera cuando le besó apasionadamente. Sólo sintió que su alma se le escapaba por la boca y que todo se nublaba.

Andrea acababa de absorber la magia de Remus, ahora sería capaz de pronunciar aquel hechizo y acabar con el espíritu de Slytherin. Lo vio tirado en el suelo y rogó porque fuera un efecto pasajero. Antes de que pudiese dar un paso, tal y como le había prometido, Dumbledore abandonó la lucha con Voldemort y se acercó a Remus. No era el momento para él por mucho que le pesara, aquel final debía llevarse a cabo por quienes él había conducido de la mano, pero en el último acto él se quedaba fuera.

-Heredis magice tuum vitam regit, ego vetium magii voco, magii quod in temporium origine natus est ut cum te transigere. In meum veni. Suum corporem discede et in meum veni. (La magia del heredero gobierna tu vida, yo llamo a la magia de los antiguos, a la magia que nació en el principio de los tiempos para que acabe contigo. Ven a mí. Abandona su cuerpo y ven a mí)- la primera vez que lo recitó las palabras salieron debilitadas, pero se hicieron cada vez más fuertes a medida que las repetía.

Andrea dejó de oír a su alrededor. Estaba a la espalda de Voldemort, a apenas unos metros de él, invocando su espíritu y en su cabeza lo único que podía repetir una y otra vez era aquel hechizo.

-Heredis magice tuum vitam regit, ego vetium magii voco, magii quod in temporium origine natus est ut cum te transigere. In meum veni. Suum corporem discede et in meum veni.

No vio a Voldemort retorcerse, ni le oyó gritar, sólo sentía un intenso dolor a la altura del estómago que la quemaba por dentro. No podría explicar cómo pero sintió que el espíritu de Slytherin empezaba a entrar en su cuerpo y que el final de su alma estaba cerca. Había llegado la hora de morir.