CAPÍTULO 53: LUCHANDO POR TENERTE HASTA EL FINAL.
Las victorias en las guerras nunca son verdaderas victorias, pero eso es algo difícil de asimilar en un momento de optimismo. Después de tres años de sufrimiento incesante y de más de veinte de miedos y odios, de bando bueno y bando malo, todo parecía haber terminado. Tal y como había ocurrido la noche que murieron los Potter, aquélla en la que las calles se vistieron de un rumor de paz para acabar en una avalancha de alegría, Londres, como tan solo un representante del mundo mágico, volvía a vestirse de fiesta; salía a la calle sin importarle que estaba llena de muggles, de turistas asombrados al ver tal cantidad de gente vestida fuera de los parámetros de la moda, hablando de cosas extrañas, del fin de una guerra que a ellos no les sonaba.
No obstante, una guerra nunca deja de ser una guerra y ésos que podían llamarse vencedores se debatían entre la alegría de las calles que anhelaban paz y los llantos en casa, velando a los muertos, recordando a los niños que habían caído en Hogwarts, a los hombres y mujeres que habían luchado día tras día por llegar a ese momento y que ahora no estaban. La batalla final había sido una victoria, por fin podían decir a ciencia cierta que Voldemort había muerto. La primera página de El Profeta llevaba la foto de su cuerpo yaciente, con esa expresión en el rostro que sólo da la maldición asesina, sobre la cual se leía en titulares "Potter: el niño que sobrevivió; el hombre que nos salvó".
De repente, Harry se había convertido en un héroe, mucho más de lo que podía haberlo sido en sus mejores años. Ediciones y ediciones de El Profeta salían cada día con noticias varias sobre los acontecimientos de aquella noche en Hogwarts. Algunos contaban que allí, junto a Harry, estaba el mismísimo James Potter, que había resucitado para ayudar a su hijo. Otras veces, decían que Harry estaba crítico en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte y que no sería capaz de sobrevivir a aquello; pero las noticias más contradictorias eran las relacionadas con Andrea. Dumbledore había obligado al ministerio, apenas horas después de la batalla, a publicar en todos los periódicos la verdadera historia de Andrea en un intento por limpiar su nombre, pero años de fama la precedían y pocos fueron los que se atrevieron a creer una historia tan inverosímil. En algunos periódicos se la calificaba de heroína en la sombra, de mano derecha de Dumbledore que había ayudado con su propia vida a derrocar a Voldemort, otros, sin embargo, decían que eso solo era un cuento, un intento por limpiar su destrozada imagen como más tarde harían con otros mortífagos.
Pero la realidad, por mucho que los periodistas se empeñen en contarla, no está en las hojas de diarios y revistas, sólo está en los hechos, y esta vez, los hechos estaban ocurriendo en San Mungo. Si Londres era un caos sumido en la alegría de sus habitantes mágicos, el hospital lo era también pero entre los suyos no podía verse ni una simple sonrisa. Los enfermos menos graves habían cedido sus habitaciones para los heridos de la batalla de Hogwarts, que se apilaban en los pasillos entre lamentos y charcos de sangre entre los que corrían los medimagos para atender a tal número de pacientes, que muchos de ellos llevaban ya casi dos días sin dormir.
Harry compartía habitación con una chica de Hufflepuff con la que había hablado un par de veces en toda su vida, antes de ella un chico de Ravenclaw y otro de Gryffindor ya habían muerto en aquella cama. Junto a su cama, permanecía de manera constante Ginny, había terminado la batalla con tantas heridas que los medimagos estuvieron a punto de bañarla en poción cicatrizante, pero por suerte no fue nada grave y pasaba el tiempo en el hospital sólo como visitante. A Ginny siempre la acompañaba alguno de los chicos, unas veces era su hermano que se paseaba por los pasillos andando a saltitos porque tenía una pierna herida, otras veces era Hermione, que había salido mejor parada que su novio y tan solo tenía un brazo roto. Los merodeadores, unos ingresados a consecuencia de sus heridas y otros simplemente residentes del hospital acompañando a sus amigos, vagaban por los pasillos sin importarles que alguien pudiera reconocerles, sin sonreír ante la idea de que Voldemort no volvería a molestar a sus seres queridos; no había bromas ni risas, tan sólo se miraban entre ellos y apoyaban a Remus como si en cualquier momento pudiera resquebrajarse entre sus brazos.
En Grimmauld Place, Sophie discutía con cualquiera que se cruzase en su camino para conseguir que alguien le dijese algo. Sólo sabía que la guerra había terminado y que entre la Orden del Fénix había mucho estrés por algo que solían cuchichear pero que ella no había llegado a oír nunca. Había gritado, pataleado y llorado, incluso había intentado hablar racionalmente con quien se hubiese parado dos minutos delante de ella, pero no había obtenido nada. Tres días sin saber nada de su madre ni de Remus, sin salir de la casa y sin tener la más mínima noticia de la realidad, así que cuando Dumbledore hizo aparición, no se lo pensó; se fue hacia él, se interpuso de forma maleducada entre el profesor y el grupo de jóvenes con los que hablaba y empezó a gritar y a exigir que la llevaran inmediatamente con su madre. Al principio Dumbledore se negó, la situación era muy complicada y en aquel momento no tenía tiempo para sentarse con Sophie a contarle la situación, tenía que volver a San Mungo.
No obstante, el enfado de Sophie creció tanto, que ante la mirada atónita de Dumbledore y sus acompañantes, la niña empezó a desaparecer y aparecer como un estudiante de sexto que va a sus primeras clases de desaparición. La magia no canalizada de Sophie unida a su tremenda ira podía ser una combinación explosiva que pusiese en peligro su propia vida. Así que con una voz autoritaria y firme, casi enfadada, que Sophie jamás le había oído, Dumbledore le ordenó que se preparara para ir al hospital.
Quizá lo hiciera intencionadamente para darle una lección o quizá lo hacía para mostrarle un porqué al sacrificio de su madre, pero lo cierto es que Dumbledore y Sophie aparecieron en la planta baja del hospital. Una caótica marea de personas desesperadas que se empotraban contra el mostrador de recepción los empujó y sacaron a Sophie del shock que suponía una aparición. Familiares de enfermos y personas desaparecidas buscaban con anhelo una respuesta a su desazón y a su pena. Dumbledore salió de allí tirando de la mano de Sophie y llegó a la escalera; al final del pasillo de la planta que debía estar dedicaba a "Daños por artefactos mágicos" según señalaba el cartel, estaba llena de camillas y de heridos entre los cuales la gente corría con cara de cansada.
Sophie siguió subiendo piso a piso todo el hospital hasta la última planta, cada peldaño se hacía más difícil. Las imágenes que veían le estaban revolviendo el estómago y sentía que quería volver a casa y meterse en la cama un par de días. Jamás en su vida había visto algo así, ni oído alaridos tan cargados de dolor como lo estaba haciendo, pero aguantaba. Apretó los dientes e intentó mostrar algo de entereza cuando Dumbledore se giró para decirle que ya habían llegado. La niña respiró fuerte y se tensó; a pesar de las circunstancias. Dumbledore tuvo que esbozar una sonrisa porque aquella reacción era exactamente la misma que hacía Andrea.
-Entraremos a ver a Harry primero.
En la habitación de Harry estaban todos los chicos, en la cama, que habían terminado llamando "la cama maldita" estaban sentados los jóvenes Remus y Andrea, ella le miraba el estado un herida que tenía en el hombro y que había mejorado mucho desde el día anterior. Ginny hablaba con Ron y Hermione al otro lado de la habitación y Lily estaba curando el pecho de James, al que le gustaba quejarse cuando ella estaba cerca. En la ventana sin correr las cortinas y sin tener el más mínimo interés ni si quiera por moverse estaba Sirius. Desde la batalla y el pequeño descubrimiento de su muerte había cambiado, no había sonreído, no hablaba con nadie en absoluto y había perdido algo de brillo en sus ojos. Lo peor de todo era que había dejado marchar a Patricia, que había recibido el alta dos día atrás, sin ni siquiera preguntarle que tal había salido de la batalla. En su cama, Harry estaba acostado bocabajo porque tenía una feísima herida en la espalda. Desde que se había derrumbando junto al cuerpo de Andrea tras matar a Voldemort, no había vuelto a reaccionar, seguía sumido en aquel extraño estado de coma, a pesar de lo cual los medimagos no parecían estar preocupados.
-¿Está muy mal?- preguntó Sophie después de saludarlos a todos, excepto a Sirius, que cuando ella se había acercado había emitido un gruñido muy parecido al que solía hacer Canuto.- Esa herida no tiene buen aspecto.
-No te preocupes, cariño.- le respondió Ginny que lo peor que presentaba a aquellas alturas era una triste cara de cansancio.- Sorprendentemente los medimagos dice que simplemente duerme y que cuando haya descansado lo suficiente se despertará.
Los medimagos habían dicho que su esfuerzo había sido muy intenso y su nivel de magia se había visto muy afectado. Había sufrido una enorme presión en los últimos meses, se había enfrentado nada menos que a Voldemort y eso requería mucha energía y había logrado convocar el espíritu de generaciones de Slytherin sin desfallecer; lo cual nunca nadie había sido capaz de hacer, así que ahora simplemente necesitaba descansar.
-¡Vaya, qué bien!- exclamó Sophie- La próxima vez que mi madre me haga madrugar le contare una excusa como esa.
La referencia a Andrea hizo saltar las alarmas entre todos ellos que inmediatamente se tensaron y eludieron la mirada de la niña, que muy suspicaz habia advertido que algo ocurría pero no podía imaginar hasta qué punto. Los chicos miraron a Dumbledore buscando una respuesta, pero este no dijo nada, permaneció sereno, algo cansado y envejecido como en los últimos meses pero sin aparentes signos de angustia. Sophie no sabía nada de lo que le había ocurrido a su madre, había insistido en saber, en tener una respuesta y en que la llevaran de inmediato a verla, pero en su mente de niña criada en un mundo pacífico lo menos que se le podía ocurrir es que su madre había sufrido un grave desenlace y cuando recibiese la noticia el golpe sería muy fuerte.
-Tú y yo deberíamos marcharnos ya.- Dumbledore rompió en cierto modo aquella tensión cogiendo a Sophie por el hombro y empujándola hacia la puerta. A pesar de su apariencia, casi fría, Dumbledore sabía que sobre él recaían muchos pesos y uno de ellos era el de aquella niña. Enfrentarla con la realidad no sería nada fácil y quizá tendría que terminar afrontando una promesa que había hecho a su madre. – Sophie, hay algo que debes saber.
A Sophie aquellas palabras no le parecieron muy esperanzadoras. Se había imaginado mil cosas estando tantos días encerrada en Grimmauld Place pero siempre se había dicho a sí misma que si las noticias fueran muy muy malas ya se las habrían dicho. Un triste consuelo para alguien que realmente nunca había sufrido un verdadero dolor. Se detuvieron delante de una puerta situada al final del pasillo, no había nadie alrededor como ocurría en todas las demás, ni siquiera vio el ajetreo de los medimagos que había encontrado en todas las plantas por las que había pasado hasta llegar allí.
-Entremos aquí.
La habitación tenía una luz tenue. A diferencia de los pasillos del hospital estaba silenciosa, como si hubiesen pasado a otra dimensión, una dimensión mucho más triste y desasosegada en la que el aire que se respiraba le resultaba pesado, lento de inhalar como si estuviera carente de vida. Sophie entró con cuidado, algo le decía que no debía entrar allí, que lo que había allí dentro no le iba a gustar, pero Dumbledore sujetaba la puerta y ella dio el paso definitivo. La primera imagen le creó un vacío en el estómago, como si de repente le pesara toneladas y se le hubiera bajado a los pies; en la cama del fondo el cuerpo de Remus yacía peligrosamente relajado, estaba amarillento y rígido y la sensación que tuvo Sophie al verlo es que ése realmente no era él, como si hubieran hecho una réplica en cera y la hubiera colocado allí para gastarle una broma de mal gusto. A su lado sobre una mesita había un pequeño gramófono que emitía una música lenta y acompasada, a pesar de que no era precisamente rítmica a Sophie le gustó como sonaba, le hizo sentir bien y en casa.
Si lo que había visto le había causado un gran pesar, el mayor dolor aún estaba por venir, en la cama de al lado, su madre presentaba un aspecto aún peor, demacrada, herida, despeinada y con un aspecto tan horrible que más bien parecía estar muerta. Al igual que Remus parecía amarillenta, pero estaba más pálida y unas profundas ojeras bajo sus ojos cerrados hacían que su apariencia fuera más desoladora, tenía varios vendajes que emitían un olor extraño, una mezcla de sangre y algún ungüento que ella nunca habría calificado de medicinal. A su lado, también había un gramófono, pero la música de éste era aún más lenta y más triste, como si no fuese capaz de crear las notas. Era como si se le estuvieran acabando las pilas y aquel cacharro luchara por emitir unas últimas notas.
-¿están…?- la voz le salió como si fuera de otra persona, las lágrimas habían empezado a correrle por las mejillas sin saber en qué momento se había puesto a llorar, sentía un puñado en el corazón, una pena que jamás había sentido y que quería arrancarse lo antes posible.
-Esa es una respuesta algo complicada. ¿Oyes esa música?- Dumbledore no esperó a que ella contestara, se limitó a dar sus explicaciones a una distancia prudencial, como si fuera el narrador de aquella macabra historia y supiera que debía dejar un espacio- Es su vitalidad, si se callara significaría que están muertos, así que podría decirse que ninguno de los dos lo está.
-Pero…- ella se volvió exigiendo una explicación, algo que su cabeza fuese capaz de asimilar, alguna esperanza, la más nimia que pudiera, para que la ayudara a superar aquella oleada de dolor.
-La situación de Remus es extraña, aunque la de tu madre lo es aún más. Remus ha perdido su magia, algo insólito en un mago. Es necesario una poción complicada que no sé si enorgullecerme por haber hecho, sólo una razón muy poderosa puede llevar a alguien a quitar la magia a otro mago.- Sophie le miró expectante, no le gustaba cuando aquel anciano se andaba por las ramas- Tu madre se la quitó.- El golpe fue duro de asimilar, no entendía cómo su madre podría haber sido capaz de quitarle a Remus su magia y dejarle en aquel estado, aunque algo en el fondo de su cabeza le recordó lo mucho que su madre había odiado la magia.- Sus razones son difíciles de explicar y aún más de que tú las entiendas- prosiguió Dumbledore- pero por supuesto no tienen nada que ver con un capricho; tu madre necesitó hacer eso para después hacer un gesto heroico. El caso es que a pesar de que el hecho de privar a un mago de su magia no tiene porqué significar su muerte, la situación de Remus parece particular, su alma debía estar ligada a su magia, o al menos eso supongo yo, porque aquí nadie sabe muy bien lo que le ocurre. Yo, como los medimagos que los atienden, me muevo en el campo de las suposiciones y todos hemos convenido en suponer que para Remus se mago era esencial, algo que era el mismo y no una parte de él, así que arrancarle su magia fue como arrancarle una parte de él.
-¿Y se pondrá bien?
-Seguramente, sólo necesita acostumbrarse a no tener esa magia. De hecho yo diría que en cuestión de pocos días debía estar mejor, leí algo en un libro en mis tiempos de juventud, pero como de eso hace ya tanto, no podríamos estar del todo seguros. Claro que despertaría sin magia y eso sería algo duro de asimilar para él.- La cara de Sophie se entristeció, ella había descubierto su magia sin tener la oportunidad de realizarla y pensó en lo mucho que le dolería perderla.- Podría recuperarla, pero eso… eso significaría malas noticias. – Dudó un poco en aquella explicación, no estaba seguro de querer dar aquella información a la pequeña, pero había preferido ponerla frente a la realidad y asumir con ella el dolor que ello le provocara. Miró a Andrea y Sophie no necesitó preguntar porqué, entendió perfectamente que Remus sólo recuperaría su magia si su madre terminase de morir.
-¿Y mi madre?
-Como ya te he dicho, la situación de tu madre es aún más compleja. Lo cierto es, y perdona que sea tan duro, es que debía estar muerta. – Sophie abrió los ojos con asombro y las lágrimas brotaron con más fuerza. Le embriagó una sensación de soledad, había perdido a su madre, su padre la había abandonado y cuando tenía una familia perfecta, ésta se desmoronaba- Tu madre hizo un hechizo muy antiguo y muy difícil con el que pretendía algo así como matar a Voldemort y acabar con la guerra, deberías sentirte muy orgullosa de ella porque al igual que durante toda su vida, hizo un gran sacrificio altruista; pero lo cierto es que eso tenía que acabar con su vida, ella pensaba que moriría inmediatamente y así la magia de Remus volvería a él sin causarle ningún mal, pero sus planes le salieron mal, porque no contaba con que había gente que la quiere tanto que no estaba dispuesta a pasar por eso. No sé si lo entenderás, pero tu madre metió dentro de sí misma una magia muy oscura y muy peligrosa que se debía comer su alma. El problema es que es la primera persona que lo ha intentado y no sabemos nada de sus consecuencias. No sabemos si podrá salir de ésta.
Dumbledore se sentó con pesadez en la silla que había a su lado, se había convertido en un abuelo casi sin advertirlo. Limpió las lágrimas de Sophie con cariño y la abrazó con la esperanza de que aquello le reportara algún alivio, pero no había nada en aquel momento que pudiera mitigar el profundo dolor que estaba sintiendo.
Mientras que Dumbledore y Sophie tenían que enfrentarse a la cruda realidad que presentaba la situación de Andrea, alguien vagaba por aquel hospital, ignorando cuanto pasaba a su alrededor, sumido en un cúmulo de sentimientos contradictorios que no era capaz de ver más allá de la nube de humo negro que se había situado en su cabeza. Sirius había vuelto a la habitación en la que dormían mientras se recuperaban; salió de la habitación de Harry en la que todos estaban sin decir nada, como hacía desde el ataque. No hablaba ni sonreía, ni si quiera era él.
Se dejó caer en una silla haciendo un ruido sordo y bufando con cansancio. Estaba tremendamente enfadado con el mundo, le apetecía romperlo todo, salir de allí, gritar, correr, lo que fuera con tal de sacarse aquella presión que tenía en el pecho. Se preguntaba una y otra vez cómo Patricia se había mantenido callada tanto tiempo, por qué no le había contado lo que ocurría, por qué nadie le había dicho que su prima, su asquerosa prima, a la que había odiado desde que aprendieron a andar, había terminado matándole y mientras tanto, él haciendo el ridículo pensando que hacía un papel importante en la guerra. Se sentía confuso y perdido, había basado sus meses en aquel tiempo en la certeza de que tendría una vida, sería útil y ayudaría a luchar contra Voldemort y contra todo aquello en lo que su familia siempre había creído y él había rechazado.
-Es curioso- La voz llena de sorna de James no le alteró lo más mínimo. James estaba apoyado en el quicio de la puerta con aire chulesco y los brazos cruzados, a su lado Remus se mantenía firme aunque mantenía una expresión algo más suave. Sin ni siquiera levantar la cabeza para mirarlos, Sirius cogió la silla y le dio la vuelta, quedando de espalda a sus amigos- Creo recordar que hace algunos meses tú te enteraste que yo había muerto y no dijiste nada durante mucho tiempo.
-Sí- respondió Sirius enfadado- y si la memoria no me falla tu te comportaste como un imbécil y no hablaste ni con Lily. ¿no es cierto?- La contestación fue dura y fría, pero tampoco se volvió a mirarlos.
James había olvidado aquel pequeño detalle que con tanto sarcasmo le estaba recordando su amigo, así que se quedó sin cartas en la manga.
-Sirius- terció Remus- Tú y yo aguantamos muchos meses guardando un secreto que nos estaba comiendo. Acordamos no contarle nada a James porque sabíamos que eso sólo podría empeorar las cosas. ¿Recuerdas cómo te sentiste?- Sirius no contestó- Nosotros no teníamos ni idea de que tú habías muerto, ha sido la última carta que Harry se ha guardado. ¿Por qué te enfadas con nosotros? Esto tampoco ha sido una noticia que nos haya gustado a ninguno.
-¡Claro como tú estas vivo!
-Canuto, yo estoy tumbado en una cama esperando que la última persona importante de mi juventud muera para devolverme la magia.- no había rencor en sus palabras, tan sólo esa serenidad racional que arroja las verdades como si fueran rocas pesadas.
Sirius volvió a darle la vuelta al sillón y miró a sus amigos. Seguía muy enfadado, sentía un profundo ardor en el estómago pero se ablandó al mirar a Remus. Con los brazos cruzados y el ceño fruncido, intentó mantenerse en sus trece.
-No estoy enfadado con vosotros. Estoy enfadado y punto. ¿No tengo derecho?
-Tienes derecho a lo que quieras- le volvió a contestar Remus mientras James bufaba haciendo un aspaviento de desesperación- imagínate lo que ha tenido que ser para ella todo este tiempo. Saber que no estás, no es sólo que te vas a ir, sino que ya no estás.
-¡Me da igual cómo lo pasara!- se puso de pie y le dio una patada a la silla lleno de rabia- ¡debería habérmelo contado! He hecho el imbécil hablando con ella como si mi vida siguiera con normalidad, no quiero volver a saber nada de ella.
-Cada día me sorprende más lo enormemente gilipollas que puedes llegar a ser.- James retiró a Remus de su camino con más fuerza de la que se merecía, y se encaró con Sirius gritándole a la cara.- Eres un egocentrista que no ve más allá de su ombligo. Yo me comporté como un imbécil cuando supe que había muerto porque me sentía culpable, porque no había sido capaz de salvar a mi familia ¿y tú? Tú sólo piensas en que en este tiempo has hecho el ridículo.
Se hizo un silencio pesado entre los tres. Sirius y James se miraban a los ojos fijamente y ambos tenían los puños cerrados y la mandíbula apretada.
-La guerra ha terminado, - Remus volvió a coger el relevo en aquel pequeño juego de poli bueno poli malo, separando un poco a los dos amigos para que se relajara la tensión entre ellos- en cuanto las cosas se tranquilicen, Dumbledore no va a tardar nada en devolvernos a nuestro tiempo y tú te vas a ir dejando aquí a la única mujer que te ha importado en toda tu vida.
-Se me va a olvidar cuando llegue.- respondió con desaire colocándose el pelo con un gesto chulesco.
-¿Y ella? Ella va a recordar cada minuto que haya pasado contigo.- le recordó James aún un poco alterado- ¿Crees que no se siente mal por esto? ¿Crees que las últimas palabras que se merecía de ti fue aquel grosero "no deberías abrazar a un muerto"? Sirius, tú no eres una mala persona y a ella la quieres muchísimo.
-No se merece lo que le has hecho.
Sirius no dijo nada, volvió a meterse en sus pensamientos reflexionando sobre lo que sus amigos intentaban explicarle. Se sentía herido, traicionado y enfadado, pero quizá lo peor de todo es que se sentía triste, lo más triste que se había sentido en toda su vida. Se sentó de nuevo en la silla, rendido, a lo que sus amigos quisieran decirle, sin ganas de plantarle cara a nada.
James se acercó a él, se agachó un poco para ponerse a su altura y le habló bajo, al oído, como si no quisiera que nadie más se enterara del descubrimiento que le iba a hacer a Sirius. En su voz aún podía notarse el enfado por la reacción egoísta de su amigo pero conocía a Sirius demasiado bien como para en lo más profundo de sí, no comprenderlo.
-La excusa puede ser buena, pero no convence. Si te mueres de miedo por decirle adiós, a lo mejor deberías pensar que una despedida será siempre menos dolorosa que un abandono. Tú mismo, Canuto.
Los chicos salieron de la habitación dejando a Sirius enfrentándose con su propia realidad. Ahora se preguntaba si James tenía razón, si todo aquello, todas aquellas sensaciones confusas e irritantes estaban más relacionadas con su miedo a decir adiós a Patricia que con su enfado por haberse enterado de su muerte.
-Dudo mucho que podamos abrir en septiembre – La profesora Macgonagall miraba con aprensión los restos de Hogwarts desde la puerta flanqueada por dos cerdos alados.- La torre Ravenclaw ha quedado reducida a un montón de piedras y el resto de la estructura está tan dañada que tardaríamos años en poder abrir de nuevo.
-No lo creo- respondió Dumbledore con seguridad. Al lado de su jefa de estudios observaba todo el panorama con una mezcla de dolor y de esperanza- el bosque prohibido estaba arrasado y aún salía humo de algunas zonas, el calamar gigante yacía al borde del lago y el castillo… el castillo era una ruina absoluta, pero algo le decía que todo saldría bien.- han mandado muchos magos y brujas del ministerio y según me comentó Filius ha llegado un gran número de voluntarios para ayudar con la reconstrucción. La pena será que se perderán muchos pasillos secretos, yo no los conocía todos aunque… creo que James y Sirius podrían ser de gran ayuda.- esbozó una media sonrisa como si quisiera poner algo de humor en aquella debacle que tenía ante sus ojos.
Macgonagall no pareció muy convencida con aquello, siguieron caminando juntos por los terrenos del colegio en dirección al castillo. El día de antes habían retirado los cientos de cadáveres que habían sacado del castillo, muchos de ellos eran alumnos y otros muchos aurores y miembros de la Orden del Fénix que había luchado para defender aquel castillo. También en un grupo más apartado colocaron los cuerpos de los mortífagos que ninguno de sus familiares se atrevió a recuperar por lo que tuvo que ser el Ministerio quien los sacara de allí.
-Albus Dumbledore.- ambos profesores se giraron al escuchar la voz profunda y pausada de Ronan, uno de los centauros del bosque prohibido- La magia del bosque fluye perdida sin guía que la encauce.
-Encantado de verte, Ronan- Dumbledore hizo una pequeño saludo con la cabeza- quería agradecerte a ti y a tu pueblo el trabajo que hicisteis defendiendo el castillo, siempre pensé que los centauros no entrarían en una guerra de magos.
-No defendimos el castillo, Dumbledore, ni entramos en una guerra de magos. Defendimos nuestro hogar y es lo que ahora hacemos.- el centauro miró el cielo que estaba soleado pero él parecía estar viendo las estrellas más allá de la claridad del sol- las estrellas anunciaron que era la hora de empuñar los arcos.
-Disculpe- intervino la profesora Macgonagall mirando al cielo y al centauro con algo de escepticismo- ¿Dónde vivirán ahora que el bosque prohibido ha sido devastado?
Ronan analizó durante unos segundos silenciosos a la profesora, la miró con algo de arrogancia que hizo que ella se irguiera aún más de lo que solía estar, después miró el bosque, donde los árboles ahora estaban negros y humeantes y la hierba se había convertido en ceniza.
- La magia del bosque fluye perdida.
-Sí, eso ya lo había dicho.- masculló la profesora.
-El bosque encontrará su camino, ¿no es cierto?- se aventuró Dumbledore mirando también el bosque que parecía muerto. Ronan asintió lentamente con la cabeza.
Los tres se acercaron al límite del bosque y ahora que estaban más cerca podía verse con claridad que allí, en aquello que parecía muerto, había una gran vitalidad. Cientos de pequeñas criaturas volaban de un lado a otro emitiendo un pequeño chirrido que resultaba agradable. Allá donde las hadas pasaban el suelo parecía menos muerto. Otras criaturas ayudaban también en zonas más profundas del bosque a sacar las ramas muertas y todo aquello que podía dificultar la tarea de revivir el bosque. Los browtuckles se afanaban en los troncos de los árboles eliminando el hollín negro de su corteza y haciendo que cada vez adquirieran más vida.
Una de las hadas se alejó de su tarea y se acercó tintineando hasta donde estaba Ronan con Dumbledore y Macgonagall. Después de un breve saludo con la mano empezó a hablar en un idioma basado en tintineo y resplandores. Dumbledore asentía al mismo tiempo que Ronan, pero Macgonagall parecía algo perdida.
-¿Ves Minerva? Hay que tener un poco de fe- empezó Dumbledore después de despedirse de la pequeña hada- la reina de las hadas acaba de comunicarnos que todas las criaturas mágicas del bosque están haciendo todo lo que está en su mano para reconstruirlo y que aunque lo cierto es que no será un bosque viejo e intrincado, para cuando llegue el nuevo curso escolar podremos disfrutar de un nuevo bosque joven y vigoroso, aunque me temo que igualmente peligroso.
-Y prohibido- sentenció Ronan con la esperanza de que sus territorios no fueran ocupados por hordas de alumnos interesados en el bosque.
-Y prohibido, por supuesto.
Al pie del castillo las piedras que un día habían sido parte de la estructura volaban a de nuevo a su posición original a manos de un puñado de magos y brujas sudorosos que se afanaban en su reparación, algunas zonas parecían menos dañadas y otras habían conseguido restaurarlas. Los cristales del gran comedor habían estallado y a través de los huecos se veía lo que había sido el campo de batalla más cruento de Hogwarts, pero dentro, el profesorado del colegio ayudado de un gran número de alumnos que habían sobrevivido a la batalla se afanaban en volver a darle su esplendor.
-Sí, creo que este curso Hogwarts estará preparado. Deberíamos enviar las cartas a los alumnos- afirmó Macgonagall llena de orgullo observando a todos los que habían pasado por sus manos en unas o en otras épocas trabajando duro. Había gente de las cuatro casas, incluida Slytherin, que entre hechizos protectores, transformaciones y conjuros estaban devolviendo a Hogwarts su antigua imagen- Aunque creo que si queremos que el techo del gran comedor vuelva a ser lo que era, debería hacer el trabajo usted mismo.
Ambos sonrieron y entraron al castillo a ayudar con su reconstrucción. Una nueva era se presentaba ante ellos y fuese como fuese, sólo podía ser mejor.
San Mungo poco a poco recuperaba la calma, a veces era porque sus pacientes morían ante la impotencia de los medimagos pero también muchas otras veces era porque aquéllos se recuperaban y recibían el alta, pero a pesar de los avances, las habitaciones de Andrea y Remus y la de Harry no habían cambiado. En la primera la misma música seguía sonando y Harry seguía durmiendo apaciblemente ajeno a las visitas de sus amigos y a los intentos de los periodistas de colarse en su habitación.
-¡He dicho que no! Si dan un paso más les maldeciré de por vida ¡No me ponga a prueba!
Harry oyó las palabras de Ginny lejanas y confusas. Intentó abrir los ojos pero se le cerraron otra vez, demasiado cansados como para mantenerse abiertos. Lo intentó una vez más y esta vez consiguió mantenerlos entre cerrados; percibió una luz muy brillante por la ventana y los gritos de Ginny y de otras personas al otro lado de la puerta cada vez los oía más cercanos.
En la cama del lado estaba Hermione sentada mirando por encima del periódico, aburrida pero atenta, la pelea que su amiga se traía de nuevo con los periodistas. Harry quiso decir algo, pero seguía demasiado cansado para hacerlo, nadie se había percatado de que había despertado y antes de volver a caer en un sueño profundo sólo le dio tiempo a leer los titulares de El Profeta.
San Mungo se niega a revelar el estado de Harry Potter.
Cinco días de silencio sobre el héroe que acabó con quien-no-puede-ser-nombrado.
"Sigue viva, es lo único que diré" Nos contó un medimago sobre el estado de Andrea Markins.
Cuando volvió a despertar la luz que percibía no era tan brillante. Repitió la lucha consigo mismo por abrir los ojos e intentó mover los dedos pero los notaba pesados e hinchados, y había perdido toda su fuerza. Notó que había mucha gente en la habitación y las voces cada vez las notaba más altas. Intentó hablar, escuchaba a Ginny a su lado hablar con Andrea, pero tenía la sensación de que la lengua se le había pegado al paladar, así que hizo un pequeño ruido gutural, pero casi antes de que hubiese salido de su garganta toda la habitación estaba pendiente de él.
-¿Harry?- Ginny se tiró a su cuello abrazándole de alegría- ¡Por Merlín, Harry! Al fin has despertado.
-¿Qué tal, colega? Has dormido bien.- Harry intentaba hablar pero seguía con la boca tan seca y los músculos tan entumecidos que no podía hacer nada más que mover los párpados.
-¡Agua!- exclamó Lily acercándole un vaso que Ginny le dio con mucho cuidado – Bienvenido a la vigilia, cariño. Has dormido cinco días.
Harry bebió dos vasos más de agua y movió poco a poco los dedos de las manos hasta que volvió a sentir algo de fuerza en todos los músculos de su cuerpo. Se sentía exactamente como si hubiera dormido cinco días sin parar. Le dolía un poco la espalda, se moría por ir al servicio y hubiera sido capaz de comerse a todos sus visitantes si se los hubiesen puesto asados.
-¿Estáis todos bien?- fue lo primero que preguntó intentando examinar a todos sus amigos, algunos ya tenían sus heridas curadas y para otros eran simples arañazos que no tardarían en desaparecer. Remus entró con Sirius que aunque seguía un poco mustio y enfadado se había alegrado de que Harry volviera a despertar.- ¿Dónde está Remus?- era obvio que preguntaba por el adulto y todos esperaron que Ginny contestara a eso- ¿y Andrea? Creo que he leído que sigue viva.
-Sí eso es cierto- Ante la expectativa de dar una buena noticia todos se prestaron dispuestos, sin embargo, fue a Ginny a la que le tocó continuar con lo de Remus- Remus sigue sin despertar, al parecer ha perdido su magia y aunque creen que sólo es cuestión de tiempo… sigue sin reaccionar.
-Se recuperará- James le dio un golpecito cariñoso en el hombro y le dedicó una sonrisa- Aunque se haya convertido en un abuelillo no deja de ser un merodeador.
-¡Ey! Me conservo bien para mi edad- protestó el joven Remus provocando la sonrisa de todos.
Harry siguió el día taciturno, escuchando de sus amigos y de sus padres las últimas noticias, cómo había terminado todo, el traslado a San Mungo, el estado de Andrea y Remus, mortífagos, la Orden… cuando hubieron terminado todos ellos estaban muy cansados pero Harry no parecía tener sueño. Le apetecía caminar, estirarse un poco y visitar a Remus y Andrea.
Delante de su habitación había una mujer y un hombre sentados, durmiendo, con aspecto desaliñado y una cámara cada uno en el regazo. Un pitido salió de la cámara en cuanto Harry abrió la puerta y ambos salieron rápidamente del sueño, cámara en mano dispuestos a cualquier exclusiva. Y la consiguieron. Un montón de flashes envolvieron a Harry que se sintió algo desorientado, llevaba el pijama del hospital, el pelo más despeinado que en toda su vida y un color de cara blancucino.
-¡¡Potter ha despertado!!
Los periodistas salieron corriendo intentando adelantarse los unos a los otros para ser los primeros en dar la primicia. Harry se quedó un poco desubicado pero salió de allí rápido para colarse en la habitación de Andrea y Remus que también estaba custodiada por un puñado de periodistas. La impresión que se llevó fue la misma que tuvo Sophie al entrar allí, ambos parecían muertos, amarillentos y con pocas señales de cualquier esperanza. La música de los dos gramófonos creaba una melodía armónica y bien combinada a pesar de que la de Remus sonaba con más fuerza y más ritmo.
Harry se sentó despacio en la cama de Remus y le puso la mano en su hombro como si así pudiera despertarlo, decirle que había salido de aquella y que él también lo conseguiría. Se quedó un rato pensando en su vida, en la que se le presentaba por delante sin la sombra de Voldemort acechándole. No habían pensado en la posibilidad de salir con vida del enfrentamiento final con Voldemort, a pesar de que a veces su imaginación le conducía por un futuro hermoso en el que compartía su vida con Ginny, comía los domingos con Remus y tenía un trabajo normal.
-Ahora somos una familia- susurró en parte para sí en parte para Remus- No puedes echarlo todo a perder después del trabajo que te ha costado conseguir lo que tienes. Además vivir sin magia no será tan malo. Los muggles lo hacen y lo importante es que despiertes.
Después de un rato en silencio sentado en la cama de Remus, Harry se levantó despacio y se acercó a Andrea. Su aspecto era mucho peor que el de él y la música de su gramófono triste y lenta, incluso en ocasiones, tenía la sensación de que no era capaz de emitir ningún sonido. Le mesó un poco el pelo con cariño. Apenas había tenido gestos de cariño con ella desde que la conoció, aunque la verdad es que ella tampoco era muy dada a esas cosas. Se fijó en sus facciones, duras, tristes y cansadas de la vida y sintió una profunda pena por ella; por la vida que le había tocado vivir, por los enormes sufrimientos a los que se había tenido que enfrentar y las cosas a las que había renunciado.
-No debiste invocar el espíritu de Slytherin- era una especie de reproche a ella y a sí mismo por no haberse dado cuenta antes de que la espada era el objeto en el que tenía que meter el espíritu. Como si la voz de Andrea resonara en su cabeza pudo escucharla decir "tenía mucho por lo que pagar" y sonrió con sarcasmo- Habías vuelto a ser tú, a tener la vida que perdiste. Tienes a Remus y a Sophie y me tienes a mí. Ni si quiera tienes que seguir escondiéndote.
Continuó en silencio, meditando en lo que había ocurrido, en la paradoja de sus vidas, ahora que se encontraban que por fin se tenían el uno al otro, lo hacían inconscientes en la cama de un hospital. Había pasado mucho tiempo en aquella habitación y ya empezaba a tener hambre, así que se levantó y se dirigió a la puerta pero el sonido de la habitación cambió, pudo oír claramente como la música que empapaba el ambiente se aligeraba y aumentaba de volumen.
-¿Andy?
En menos de dos pasos Harry estaba de nuevo junto a la cama de Remus que ahora tenía los ojos abiertos, aunque su apariencia era muy semejante a la que había tenido cinco minutos antes. Abrió y cerró varias veces los ojos antes de volver a preguntar por Andrea, tenía la mirada perdida y la voz rota.
-¿Remus? ¿Remus me oyes?
Antes de que pudiera contestar una medimaga entró corriendo en la habitación como si algo le hubiese avisado del cambio de estado de Remus. Enfocó con su varita los ojos de Remus y escuchó con atención la música que salía del gramófono, después colocó su oreja en el pecho a la altura del corazón y sonrió.
-Lo ha conseguido. Ha salido de ésta.- Harry sintió que se le aflojaban la piernas y que una sonrisa estúpida se colocaba en su cara, emitió un suspiro de alivio y miró a Remus esperando que éste le hubiera reconocido y volviera a la normalidad- Le costará un poco centrarse.
Remus estuvo un largo rato desorientado, seguía despierto pero le costaba hablar y no enfocaba cuando miraba a la gente. Durante aquel rato pasaron por la habitación todos los chicos y varios medimagos que les dieron esperanzas. Entrada la noche llegaron algunos miembros de la orden del Fénix y profesores de Hogwarts pero Remus seguía sin recuperarse del todo.
El cielo estaba empezando a clarear y Harry seguía sentado en el mismo sitio, no había dormido en toda la noche pendiente de cada gesto de Remus pero por mucho que había intentado empezar alguna conversación con él seguía algo ido.
-¿Se pondrá bien?- Harry se había adormecido un poco escuchando la música que salía del gramófono de Andrea. Remus estaba sentado en su cama, mirando a su esposa con aprensión. - ¿Se pondrá bien?
-Bueno… - se planteó inventarse una historia hasta que Remus se recuperara del todo por si acaso la mala noticia le hiciera recaer, pero no pudo mentirle- Es difícil de saber.
-¿Qué le pasó? ¿Fue Voldemort?
-Sí y no.- Harry chasqueó la lengua a disgusto, no quería mantener aquella conversación con Remus justo en ese momento, pero por otro lado entendía perfectamente que él quisiera respuestas.- Andrea le pidió a Dumbledore que hiciera una poción con la que quitarte tu magia para así tener el poder suficiente para absorber el espíritu de Voldemort. Ella sabía que moriría al poco tiempo de que Slytherin entrara en su cuerpo y así, tu magia volvería a ti, pero su plan le salió mal. James detuvo el tiempo y entre los dos volvimos a invocar a Slytherin, lo encerramos en la espada de Gryffindor y matamos a Voldemort. Ahora ella está viva, pero su alma debió sufrir mucho al recibir a Slytherin.- Remus le miró esperando que le diera algo de esperanzas, una buena noticia, algo a lo que aferrarse- No hay buenas noticias, Remus, ella tiene tu magia y la única forma de que la recupere es… bueno, ya te lo imaginas.
-¿Tú estás bien?- Harry asintió- ¿Y los demás?- repitió la operación- ¿Y Sophie? ¿La has visto?
-No, yo estaba durmiendo cuando Dumbledore la trajo, pero al parecer, está muy triste, seguro que Dumbledore la trae pronto para que te vea.
-¿Te importaría dejarme solo un rato? Estaré bien.
Había pasado ya una semana desde que Remus y Harry despertaran del extraño estado catatónico en el que se habían sumido y ahora todos habían vuelto a Grimmauld Place, aunque el ambiente no se parecía en nada a momentos anteriores en los que habían tenido que compartir aquella casa. Dumbledore les había dicho que la destrucción de Hogwarts y todo el lío que había en el Ministerio retrasarían unos días su vuelta al pasado pero que no se acomodaran mucho en Grimmauld Place porque pronto tendría que devolverlos a su tiempo, así que entre la congoja por el estado de Andrea y la expectativa de una despedida triste, los días pasaban apagados y vacíos de palabras.
Harry intentaba aprovechar el máximo tiempo posible con James, Lily y Sirius. A veces se quedaba tumbado encima de la cama que había sido de Sirius y pensaba en cómo volvería a ser su vida sin ellos y muy posiblemente ahora también sin Andrea, pero procuraba quitarse esos pensamientos de la cabeza para pasar ese tiempo con sus padres. Ya llegaría el momento de la despedida.
Ni la salida del hospital, ni el anuncio de una pronta marcha habían hecho cambiar de idea a Sirius. Parecía haber recuperado su relación habitual con James y Remus, e incluso parecía haber perdonado a Harry, pero nada le había hecho cambiar de opinión respecto a Patricia. Una tarde una lechuza pequeña entró por la ventana y dejó un pesado sobre en el regazo de Sirius. Éste ni le dio una galleta a la lechuza ni le hizo el menor caso a la carta que todos sabían que era de Patricia, no obstante, cuando volvieron a la sala de estar después de cenar, allí no estaba ni la carta ni Sirius que no salió de su habitación hasta la hora de comer del día siguiente, con cara de no haber dormido ni cinco minutos en toda la noche.
Por su parte, Remus casi no abandonaba el hospital, permanecía sentado junto a la cama de Andrea escuchando la música de su alma y apretándole la mano, hablándole como cuando estaba viva. A veces llevaba con él a Sophie y ella hacía lo mismo. Le llevó la carta de Hogwarts con muchísima ilusión, había conseguido que Dumbledore cambiara su apellido Stevensons por el de Markins y le leyó unas cinco veces la lista de instrumentos necesarios para empezar su nuevo curso, pero Andrea seguía sin variar su estado, ni una mínima nota diferente en aquella música pausada, ni un parpadeo, ni un rastro de vida.
Un par de días después de aquello, Remus volvía a estar, como siempre, sentado junto a la cama de Andrea. Ann Becket volvía a hacerse cargo de la salud de Andrea como lo había hecho en su vuelta al mundo de la magia. Cada pocas horas controlaba sus constantes vitales, le daba una poción para mantener los niveles de nutrientes y se iba. En ocasiones se quedaba mirando Remus, veía en su rostro la misma pena y la misma desolación que veía en otros familiares y amigos después de aquella fatídica batalla, pero el caso de Remus le intrigaba especialmente.
-¿Es amiga tuya?- le preguntó un día antes de irse.
-Es mi mujer- le contestó con un sonrisa llena de tristeza- llevamos muy poco tiempo casados y no te haces una idea del trabajo que nos ha costado conseguirlo.
-Entonces… tú la conoces bien ¿no?- él asintió- ¿Es cierto lo que dicen de ella o es sólo una forma de lavar su imagen?
-¿Cambiaría eso el tratamiento?
-Yo soy una profesional- replicó algo ofendida- por supuesto que no cambiaría nada, pero… sentía curiosidad.
No esperó una respuesta y abrió la puerta para marcharse, pero Remus le contestó.
-Sí, es cierto. Ha sido siempre un topo, pero cuando te metes en algo así, tu vida depende de que seas capaz de meterte en el papel.
Como cada noche, Remus volvía a casa, controlaba que Sophie cenara y se acostara temprano e intentaba reconfortarla con palabras que ni él mismo se creía. Ahora tenía responsabilidades de padre y eso siempre estaría por encima de su necesidad de pasar cada minuto con Andrea. Los chicos solían esperar a Remus en la sala de estar, a veces jugaban al ajedrez mágico o a los globestones o simplemente charlaban hasta que Remus llegaba y les contaba el estado de Andrea aquel día, a pesar de que nunca traía novedades.
Aquella noche el metro estaba especialmente lleno, había tenido que hacer todo el camino de pie, apretujado entre un montón de chicos con el pelo pintado de azul. Desde que había perdido su magia había tenido que acostumbrarse a marchas forzadas a hacer las cosas más insignificantes sin recurrir a su varita. Entró en casa, subió a hablar con Sophie y después entró en el salón sin decir una palabra. Estaba derrotado, cansado y triste. Se dejó caer en una silla cerca enfrente de Andrea joven y sin querer, se quedó observándola mientras le miraba esperando una respuesta, casi no había cambiado o al menos así lo veía él y tuvo que taparse los ojos con la mano para controlar las lágrimas que amenazaban con salir.
Harry se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros, los demás guardaban silencio esperando lo peor. A Remus le costó un par de minutos recuperarse y miró a Harry agradecido.
-¿Ha ocurrido algo?- Tentó el propio Remus, que en su versión del pasado se había tensado junto a Andrea y le estaba apretando la mano tan fuerte que los nudillos se habían vuelto blancos.
-No, todo sigue igual; pero es que estoy algo cansado.
-Deberías dormir un poco.- le dijo Harry con cariño.
Remus asintió y se levantó con pesadez. Se despidió de todos con un gesto de la mano y cuando fue a salir estuvo a punto de tropezarse con los restos de ajedrez mágico que Remus y Ron habían dejado en el suelo después de una larga y dura partida. Junto a los restos de peones y caballos vio algo que le resultó familiar, su propia varita, aunque con muchas menos ralladuras que la que él mismo había tenido que guardar en un cajón de su armario, totalmente inútil.
-Deberías tener cuidado con esto- se la extendió a Remus joven que ni si quiera se había dado cuenta de la pérdida.- Llegará un momento en el que la eches de menos.
Justo en el momento en el que Remus iba a coger su varita, de ella empezaron a salir chispas de colores. El adulto perdió el poco color de cara que tenía y tuvo que agarrarse a la mesa para no caerse, una sensación extraña le estaba recorriendo cada centímetro de su piel y sentía que las piernas no aguantarían su peso.
-¿Estás bien?- todos se acercaron rápidamente para ayudarle, le acercaron una silla para que se sentaran y se miraron entre sí preocupados- ¿Qué ha pasado?
-Mi magia.-Un gran mazazo cayó sobre todos que se miraron entre sí tremendamente preocupados. Todos sabían lo que significaba que Remus hubiera recuperado su magia.- No, no, no. ¡Oh, por Merlín! ¡Andrea!
Se levantó rápido pero sintió un ligero mareo. Se sentía descolocado, quería hacer de todo pero no podía hacer nada. Andrea no podía haber muerto.
-Remus, vamos al hospital.- Harry le cogió del brazo con cariño e intentó que enfocara la mirada. Los demás se apartaron con respeto y Lily se sentó en el sofá y se escondió tras sus manos para llorar.
Harry se desapareció con Remus, él mismo podría haberlo hecho con su magia recién estrenada pero en el estado en el que estaba prefirió no tentar a la suerte. En la habitación de Andrea el crack sonó con mucha fuerza, casi con eco. Había un profundo silencio, el gramófono después de tantos días tocando aquella música triste y apagada había cesado al final. Junto a Andrea estaba Ann Becket, su medimaga, que al oír la llegada de Remus y Harry se volvió con gesto serio.
-Lo siento- había tenido que dar aquella mala noticia demasiadas veces en el último año – No ha sufrido nada, simplemente se fue.
Las lágrimas de Harry empezar a rodar por su mejillas, en silencio, sin mover un músculo, sólo mirando a Andrea por encima de la medimaga que seguía allí con gesto compungido mirando a los dos hombres a los que les consumía la tristeza. Harry se dejó caer en la silla y apretó las manos perdiéndolas entre el pelo, sentía dolor, un dolor que se repetía de nuevo por la pérdida y la muerte, pero también sentía ira; porque Voldemort había sido capaz de quitarle a un ser querido incluso después de acabar con él.
Remus no reaccionó igual, quitó a la medimaga de un empujón y se tiró sobre el cuerpo de Andrea destrozado con los ojos inundados de lágrima.
-¡No puedes morirte!- el grito fue desgarrador, como un lamento roto y destrozado- ¡No puedes dejarme!- Remus se tapaba la cara y la miraba, intentaba acercarse a ella y se separaba, estaba perdido, descolocado, hundido.- ¡No te vayas! ¿me oyes?- cogió el cuerpo de Andrea por los hombros y lo zamarreó con fuerza, casi con ira. Estaba enfadado con el mundo, con ella y con él mismo- ¡No ahora! ¡No puedes dejarme! ¡Por favor, por favor!- Había vuelto a dejar el cuerpo sobre la cama pero a cada cosa que decía le daba un golpe en el pecho, exigiéndole que volviera, que no le dejara solo- ¡Vuelve! ¡Tienes que volver! ¡No te mueras, por favor!
El sonido de una inhalación profunda calló los gritos de Remus, el cuerpo de Andrea se arqueó y el aire volvió a entrar en sus pulmones. Abrió los ojos, tenía la respiración agitada y no podía hablar, pero todo daba igual ahora que la música volvía a sonar en aquel gramófono con fuerza y con ritmo. Esta vez fue la medimaga la que retiró a Remus para examinar a Andrea y determinar bajo su total asombro que estaba viva.
Remus se sentó junto a Harry que sonreía y se quitaba las lágrimas de la cara, pero Remus empezó a llorar desconsoladamente, tenía el corazón sobrecogido y sentía que el peso de diez toneladas había desaparecido de sus hombros. Entre suspiros volvió a mirar a Andrea que aunque tenía mal aspecto parecía querer sonreírle entre los movimientos y observaciones minuciosas que le estaba haciendo la medimaga. Al fin y al cabo la vida podía presentarse esperanzadora.
N/A: Hola!! Cuanto lo siento!! Pensé que había subido el capítulo y ahora me doy cuenta de que no lo había hecho, menuda cabeza tengo!! Bueno espero que os guste mucho porque es el penúltimo. Muchas gracias a todos por vuestras opiniones y vuestros ánimos, de verdad que me encanta leer todo lo que escribís aunque no pueda contestaros.
Un beso fuerte
