Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias Yani por betear esta historia, ¡también por apoyar mis locuras!
Capítulo Diez: Todo se trata de la familia
POV Edward Sinvergüenza
—Espera —dije, dándole una calada a mi cigarro—. ¿Estás diciendo que Carlisle está aquí? ¿Y dijo que regresaría hoy?
¡Carajo!
—Se me acercó afuera de la cafetería —confirmó Pequeña en voz baja, asintiendo un poco mientras se mordía ese maldito labio suyo.
—Por favor, no te muerdas el labio, nena —me quejé—. En serio, no quiero estar duro mientras hablamos de ese imbécil.
¿Verdad? Verdad. Así que ahí tenían.
—¿Qué es estar duro, papi?
—Caraaaaajo —gemí por lo bajo.
Volteando hacia atrás, vi a Ranger subir saltando los escalones del porche, sus ojos estaban tan llenos de curiosidad como siempre. Carajo, a veces era muy parecido a mí. Siempre tan malditamente curioso.
—Sí, papi —dijo Pequeña, sonriendo—. ¿Qué es estar duro?
Odiosa.
—Pregúntale a mamá —le dije a Ranger, porque eso siempre era la respuesta segura.
—Buen intento, amigo —se rio Bella, cargando a Ranger para ponerlo en su regazo, y el pequeño no perdió tiempo en acurrucarse más cerca de ella. Era inteligente—. Pero esta te toca a ti.
—Hmph. —Mi esposa era tan jodidamente servicial que dolía.
Suspiré, pasándome una mano por la cara.
Claro, agradecía que Pequeña hubiera esperado hasta que terminé de devorar las deliciosas magdalenas de arándanos para soltar la bomba de Carlisle. Y le agradecería todavía más si pudiera encargarse de esto. O sea, no había forma de negar que habíamos tenido que mentir sobre muchas de las palabras que salían volando de mi boca.
Y era una jodida maldición tener hijos inteligentes. En serio, eran malditamente perceptivos. Por suerte, sabían que usualmente las palabras de papi eran "palabras de adultos" y Ranger rara vez decía "carajo". Solo a veces, por lo cual me sentía feliz, ya que Pequeña se volvería loca si él me imitaba en cuanto a lenguaje.
Luego lo escuché. Pequeña me estaba salvando el culo. Otra vez.
—Creo que escuchamos mal a papi, Tex —le murmuró—. Creo que se refería a algo duro como un hueso. Y sabes lo que es un hueso, ¿no?
¿Ven? Ella también era inteligente.
De ahí lo sacaron mis enanos, así que podía culparla, ¿cierto?
Sí.
—¿Como un hueso para perro? —preguntó Ranger y asentí furiosamente.
—Sí, a eso me refería, amigo —dije.
Ranger se quedó feliz con eso, gracias a Dios, y luego regresamos al tema de Carlisle.
Él estaba aquí. Dios.
Bueno, podía encargarme de él, claro, pero detestaba que hubiera estado tan cerca de Pequeña y Mini.
Ellas eran mis jodidas chicas, sabían, y no quería a ese cabrón respirando el mismo aire que ellas.
Sí, era un poco protector con mi familia.
Hablando de Mini…
Llegó saltando entonces, y apagué rápidamente mi cigarro antes de que ella se lanzara a mí como un misil.
Me tapé las joyas familiares al atraparla.
—¡Papá! ¡Jugué con Emma! —gritó.
Cristo, amaba a esta niñita.
—Jugaste, ¿eh? —murmuré, dándole besos de esquimal—. ¿A qué jugaron?
—¡Pincesas!
Por supuesto. ¿A qué otra cosa?
—Y tú eres la princesa de papá, ¿cierto? —Tenía que asegurarme.
Afortunadamente, asintió con fuerza.
Y sentí esa presión en mi pecho que había sentido antes de comprender que estaba enamorado de mi Pequeña. Desde entonces había sentido mi pecho revolotear, hincharse y tensarse un montón de veces, pero eso era lo que recibías al estar estúpidamente enamorado de tu familia. Era seguro decir que la charla sobre Carlisle quedó pospuesta, porque prefería por mucho pasar la tarde del sábado con mi esposa e hijos. Además, Carlisle no era familia. De ninguna forma.
~~O ~~O ~~O
—¡No domi, papá! —me regañó Minibelle—. ¡Abre ojos, papááá!
Nop, no iba a abrir los ojos, eso era jodidamente seguro.
Si lo hacía, ella me lanzaría su sonrisa Minibelle… o el puchero Minibelle, y me moriría. Bien, no me moriría, pero me rendiría, y justo ahora ella de verdad necesitaba irse a dormir. Ninguna niña de dos años debería estar despierta a esta hora.
—Dame un beso de buenas noches, cielo —dije, manteniendo los ojos cerrados mientras paraba los labios.
Podía escuchar a Pequeña riéndose desde la puerta.
Me quedé quieto.
Mini tenía la cama de arriba de la litera que compartía con Ranger, así que tenía su cama a la altura de mi pecho, y me quede ahí parado esperando el azúcar de mi Mini.
—Papi quiere un beso —dije con un puchero. Todavía tenía los ojos cerrados.
—No-oh. Abre ojos, papá.
Carajo.
Abrí los ojos y ahí estaba. El puchero de Minibelle. Ojitos de cachorrito y cabeza ladeada.
—No domi, papá —dijo con ese puchero triste.
—Suficiente, bebita —escuché a Pequeña decir, acercándose desde atrás—. Necesitas dormir, de otra forma no podrás jugar con papá y el tío Em mañana.
—Gracias —susurré por lo bajo. Ella siempre me salvaba el culo frente al puchero. Y la sonrisa, los cuales ambos Minibelle había heredado de Pequeña. Así que, una vez más… todo era su culpa. De Pequeña, me refería.
—Dale las buenas noches a mamá —dijo mamá, parándose de puntillas para alcanzar a Minibelle—. Te amo, cielo.
—No domi —se quejó Mini, aunque aun así se inclinó y besó a Bella—. Mamá, no domi.
Pero entonces bostezó.
Bella alzó la ceja de mamá.
Minibelle hizo "hmph".
—¿Puedes darle un beso a papi también? —pregunté, alzando una vez más los malditos labios. Pero, maldición, ¿qué tan difícil era de entender?
—Bien —murmuró, y me dio el famoso besito de Minibelle. Era solo para mí. Pequeña recibía besos y abrazos, pero yo me ganaba el beso doble con un beso de esquimal extra.
Eran los mejores.
—Te amo, Mini muñeca —murmuré.
—Tamo, papá. Tamo, mamá. —Bostezó.
Otra vez con el revoloteo del pecho.
Era un hijo de puta muy afortunado.
—Buenas noches, cariño. —Bella se rio entre dientes, tirando de mi mano para salir de la habitación.
En cuanto salimos por la puerta, no pude detenerme. Así que empujé a mi exquisita esposa contra la pared más cercana.
—Te amo —dije, sin esperar una respuesta. En lugar de eso, me agaché y la besé bien y con fuerza—. Jodidamente mucho. —No era nada más que la verdad. Verla con nuestros hijos… mierda, díganme ridículo, pero vivía por eso. Vivía por mi familia.
—Mmtambién yo —exhaló cuando pasé mi lengua sobre su labio inferior. Gran Papi se estaba despertando, carajo—. Afuera, cielo.
Sí, sí, sabía que teníamos gente esperando afuera.
Exactamente: Em, Rose, el abuelo, Ranger, Ethan, Jeb y Emma.
Sábado en la noche, saben. Era noche de parrillada.
Alice, Jasper y Austin estarían aquí, pero estaban pasando la noche con los padres de Jasper.
—En serio, Edward —gimoteó.
—Ah, hombre —gemí, muy jodidamente reticente a romper el beso. Pero de alguna forma logré apartarme, y pronto nos encontramos de regreso en nuestro pequeño porche donde entones jalé a Pequeña a mi regazo.
—Se tardaron mucho —se burló el abuelo, parado afuera del porche en el asador donde estaba preparando las manzanas a la parrilla que eran las favoritas de Pequeña. Ranger y Ethan lo estaban ayudando—. Es gracioso cómo es que algo como acostar a los niños siempre les toma mucho tiempo. —Nos miró a Pequeña y a mí… antes de mirar a Em y Rose.
Y qué, éramos una familia llena de amor. Nos escapábamos cuando podíamos para repartir unos cuantos besos. No había nada de malo en eso, abuelo.
—Tú eras igual con nana May —bufé, encendiendo un cigarro—. Sabes, siempre solía preguntarme por qué nana salía toda sonrojada y esas mierdas, pero luego Carlisle me dijo la verdad. —Me estremecí al pensar en nana y el abuelo "lavando los trastes" después de la cena cuando era pequeño—. Y ahora necesito una jodida cerveza para sacarme esa imagen —gemí, exhalando el humo por la nariz—. Pequeña muñeca, ¿podrías darme una cerveza?
Em, Rose y Pequeña solo se rieron.
Pero en cuanto tuve una bien fría en la mano, todo estuvo bien.
—Gracias, querida —murmuré, metiendo un poco la mano por debajo de su top para sentir un poco de piel. Me encantaba.
—Hablando de Carlisle… —Em se quedó callado, alzando una ceja, preguntando en silencio si teníamos noticias.
Solo me encogí de hombros. Hasta ahora no había aparecido y ya eran las diez de la noche. Suponía que la promesa que le hizo a Pequeña de regresar hoy era tan verdadera como todas sus otras promesas.
—Todavía nada —dijo Pequeña, apoyándose en mi pecho—. Tal vez no vendrá.
—Esperemos que no —bufé en voz baja.
Aunque, había una parte de mí que esperaba que sí viniera. En parte porque sentía curiosidad sobre sus razones para estar de regreso en Baytown, y en parte porque… bueno, quería darle una paliza. No estaba amargado ni nada así, porque tuve al abuelo y nana May conmigo al crecer, y podía confiar en esos dos. No se podía decir lo mismo de mis padres, pero al menos mi madre tuvo la decencia de mantenerse lejos. Ella renunció y se fue, pero Carlisle tenía la tendencia de regresar en ocasiones solo para hacernos enojar al abuelo y a mí. Quería, decir, claro, el abuelo se fue de Baytown un tiempo porque yo estaba actuando muy revoltoso, metía mi culo en muchos problemas, pero nunca se lo reproché. Nana May acababa de morir cuando yo empecé a involucrarme en mierdas más pesadas, y fue demasiado para el abuelo. Yo era un mierdecilla estúpido en aquel entonces. Pero, como fuera, sabía que todavía tenía el amor y el apoyo del abuelo, a pesar de que él necesitaba espacio. Demonios, incluso escondió el dinero de mi último trabajo cuando fui a prisión. Ahora eso era amor.
Sin embargo, Carlisle… no, él solo era un imbécil inmaduro.
Pero suficiente sobre el jodido Carlisle.
Era hora de celebrar el sábado.
—Dame otra cerveza —eructé, haciendo reír a Ranger y Ethan cuando subieron al porche con las manzanas asadas del abuelo—. ¿Te ríes de mí, hijo?
—No, papi —se rio—. Aquí tienes, mamá.
—Aw, gracias, cariño —dijo Pequeña, aceptando la maldita manzana en un palo.
Personalmente no le veía el atractivo. No tenían azúcar, saben. Solo era fruta y canela.
—¿Puedes darle una cerveza a papá, Ranger? —pregunté—. La tomaría si pudiera, pero tengo a mamá en mi regazo.
Y era un cabrón holgazán. Perdónenme, pero había sido una semana larga.
—¿Puedo abrirla? —preguntó, sus ojos se iluminaron.
—Claro, amigo —me reí.
—¿Tú también quieres una cerveza, papi? —le preguntó Ethan a Em, probablemente porque él también quería abrirla.
Sabíamos la razón, claro, porque Em y yo estábamos intentando ser buenos padres y enseñándoles a nuestros hijos cómo hacer mierdas de hombres.
¿Ya saben?
Sí.
—Suena bien, hijo —dijo Em con firmeza.
Pronto ya tenía otra cerveza en la mano.
Me encantaba.
—Gracias, Ranger. —Sonreí y chocamos el puño—. También un beso.
Mientras que Minibelle me daba un beso doble y uno de esquimal, Ranger me chocaba el puño y luego me daba un beso.
¿Saben?
—¡Muack! —se rio, dándome un beso rápido. Sabía que necesitaba atesorarlos, porque tenía la sensación de que pronto él ya no querría. Y quién sabía, tal vez pronto solo le daría besos a su mamá. Así que sí, soy el cabrón que los atesora.
—Pues que me maldigan —escuché decir al abuelo, haciéndome voltear a verlo.
Estaba mirando hacia la oscuridad, pero… mierda, también escuché los pasos. Y luego ahí estaba una figura alta saliendo de las sombras mientras se acercaba a la casa.
Apreté la mandíbula.
Pequeña comenzó a frotar círculos en mis brazos que la estaban rodeando.
—Oh-oh, papi se ve enojado, mamá —escuché decir a Ranger.
No podía concentrarme.
Todo lo que podía ver era a ese jodido cabrón de Carlisle.
—¿Qué carajos estás haciendo aquí? —le preguntó el abuelo a Carlisle, ambos estaban parados junto a la parrilla—. ¿Quieres que te maten, chico?
—Ohh, ¡el abuelo maldijo! —jadeó Jeb.
Carlisle había cambiado. Se veía… más viejo, descuidado. Seguía vistiéndose como siempre. Jeans, camiseta, sombrero vaquero. La maldita panza cervecera.
—Relájate, cielo —susurró Pequeña.
No podía.
No quería a ese cabrón cerca de mi esposa y mis bebés.
—Pensé que podría visitar a mi hijo —dijo Carlisle, mirándome—. Ha pasado mucho tiempo, Edward. —El imbécil sonrió—. Me topé a Flo. Me contó que habías sentado cabeza y tenías un par de pequeños.
Flo, esa perra.
Flo era la hija de la mejor amiga de nana May, su madre había muerto cuando Flo era una niña. Y ya que mi nana era un ángel, también acogió a Flo. Sabía que Carlisle la veía como una hermana, pero yo siempre la odié. Tal vez porque se parecía mucho a Carlisle. Bebía, apostaba, ignoraba a la familia, disfrutaba de su vida. Nunca se quedaba en un lugar por demasiado tiempo.
—Espera un minuto —dijo Pequeña, levantándose de mi regazo, eso no era bueno. Ella era la que me mantenía en mi lugar en este momento. Y ahora ya no estaba aquí—. ¡Dime que no es verdad! —se rio—. ¿Tienes una "hermana" que se llama Flo? —Luego se giró hacia Emmett y hacia mí. Rose también estaba sonriendo, sabiendo lo que se venía. No se preocupen, yo también lo sabía. Y torcí una sonrisa—. ¿Estás diciendo que tienes una tía Flo*, cielo?
Y ahí estaba.
—Sí —suspiré, solo sonreía porque mi esposa me sacó la sonrisa—. Pero nunca la vi como una tía. No es mi familia.
Rose se carcajeó.
Pequeña se carcajeó.
Los pequeños se carcajearon solo porque sus mamás lo hicieron.
—¡Tía Flo! —se carcajeó Bella—. ¡Qué gracioso!
—Oye, eso es suficiente —dijo Carlisle de entre todas las personas—. No estés insultando a mi hermana. Eso no se hace con la familia.
No debió decir eso.
Ahora tendría que enfrentar la ira de una mamá oso.
De hecho, esto era muy entretenido.
—Ven aquí, cielo —dije, haciéndole un gesto a Ranger para que se acercara—. Mira a mamá.
Se acurrucó en mi pecho.
—¿Disculpa? —le dijo Pequeña a Carlisle con las manos en las caderas. Sí, aquí íbamos. Emmett y yo intercambiamos sonrisas, y Rosalie acompañó a mi deliciosa esposa—. ¿Quieres hablar sobre cómo se trata a la familia?
Hasta ahora, Carlisle permanecía estoico. Pero no duraría mucho tiempo así.
Pequeña avanzó un paso hacia él.
»¿Cómo trataste a tu propio hijo? ¿Eh? —Otro paso—. Corrígeme si me equivoco, pero ¿no lo abandonaste en numerosas ocasiones? —Otro paso. Carlisle empezaba a verse nervioso—. ¿No dejaste a tu propio hijo con tu padre porque querías "pasearte un poco"? —Por supuesto que el abuelo le había contado todo—. ¿Qué edad tenía Edward cuando lo dejaste la primera vez? —Pequeña había llegado al primer escalón del porche. Carlisle tragó. Sonreí, estaba jodidamente orgulloso de mi chica. Era tenaz—. ¿Qué edad tenía Edward cuando lo dejaste la segunda vez? —Otro paso para bajar del porche—. ¿Y la tercera, cuarta y quinta vez? —Último escalón—. ¿Y cuántas veces dijiste "volveré en unos días", pero no regresaste hasta después de semanas o meses? —Ahora estaba en el pasto. Em y yo sonreíamos con anticipación. Igual que el abuelo. Y cuando Carlisle abrió la boca para soltar una patética excusa, Bella alzó un dedo—. ¡Las preguntas eran retóricas, bastardo! —gruñó, viéndose jodidamente sexy.
Y esa era mi señal para interrumpir a menos de que quisiera que Pequeña lo… matara.
—Ve con la tía Rosie —le susurré a Ranger antes de bajarlo—. Papi regresará en un momento.
Pero era mi hijo de quien estábamos hablando.
Así que cuando bajé los escalones del porche, suspiré sin sorprenderme cuando vi que Ranger me estaba siguiendo.
—¿Estás bien, nena? —pregunté, concentrándome en mi Pequeña en lugar de Carlisle. Él pronto recibiría su merecido—. Tal vez debas retroceder un poco —sugerí en voz baja, agarrándole con gentileza el brazo.
—¡Pero, Edward! —se quejó, girándose hacia mí—. Quiero golpearlo. —Y el puchero—. Se lo merece y lo sabes.
—Lo sé, bebita —murmuré, acercándola a mí—. Pero me encargaré de esto, ¿de acuerdo?
Sí, dio una patada. Cristo, amaba a esta mujer.
—Bueno, pero más te vale que lo hagas bien.
Sonreí.
—¿Acaso no me conocen por hacer las cosas bien y a fondo?
Poco a poco una sexy sonrisa se apoderó de su cara, haciéndome decirme "calma, chico".
Calma, chico.
¿Ya saben?
—Sí que lo haces —ronroneó. Y… calma, chico, con un carajo. No es el momento ni el lugar—. Hazme sentir orgullosa, esposo mío.
Con un beso húmedo, volvió hacia el porche, y me quedé con mi hijo y… sí, Carlisle. Así que me agaché para llamar la atención de Ranger. O sea, era hora de matar dos pájaros de un tiro, saben. Si le iba a dejar un ojo morado a Carlisle, de una vez podía asegurarme de que Ranger prestara atención, ¿cierto? Cierto.
—Ranger, ¿recuerdas cuando papi te enseñó a tirar un puñetazo? —pregunté.
—Sí —respondió, asintiendo furiosamente—. Me enseñaste con el tío Em.
Sonreí, porque sí, eso había hecho.
—Pues eso fue solo una práctica —le dije—. Ahora, observa y aprende, amigo. Te voy a mostrar cómo hacerlo de forma adecuada.
Luego me paré y me giré hacia un Carlisle sorprendido.
—No hablas en serio, ¿verdad? —preguntó, retrocediendo un paso—. Yo… quiero decir, solo vine porque… ya sabes… extrañaba a mi hijo. ¿Sabes?
Le alcé una ceja mientras movía los hombros.
—Ni siquiera voy a responder a eso —dije secamente—. Ahora, antes de darte la paliza que mereces, respóndeme esto: ¿por qué carajos viniste? Y no me salgas con eso de que me extrañabas, porque no te lo creo.
—¡Pero es cierto! —exclamó, alzando las manos en señal de derrota cuando avancé otro paso hacia él—. Ya terminé, Edward. Sé que te traté de mierda al crecer, pero… quiero decir, era joven, ¿sabes? —Se frotó el cuello, retrocediendo un paso por cada paso que yo avanzaba hacia él—. ¿De verdad puedes culparme? Era solo un niño cuando te tuve.
Bufé.
—Y sigues siendo un jodido niño. —Asentí hacia mi familia—. Yo solo era un par de años mayor que tú cuando tuve a mi primer bebé. Pero no me ves yéndome. La familia es primero y no podría amar más a mi familia.
—¡Pégale, Cullen! —gritó Em desde el porche. Sí, él también estaba furioso con Carlisle—. ¡Dale un castigo de verdad!
Carlisle se veía aterrado.
Me gustaba eso.
En primer lugar, no debió haber venido aquí, pero ahora que aquí estaba, se sentía bien darle su merecido.
—¡Papá! —le rogó Carlisle al abuelo—. Me crees, ¿no? Quiero decir… ¡carajo! Supe por Flo que Edward tenía unos pequeños por ahí, ¡solo quería conocerlos!
Estaba furioso.
Respiraba profundamente.
Me troné los nudillos, giré los hombros, y me acerqué.
Estaba ahí.
Vi todo rojo.
—¡No te acercarás a mis hijos! —rugí, alzando el puño antes de plantarle un buen golpe debajo del ojo izquierdo.
No era suficiente.
Apreté los dientes.
Agarré su camiseta, lo paré de un jalón, y luego mi puño conectó con su nariz.
Luego con su mandíbula.
Escuché un crujido.
—¡Le estás pegando jodidamente fuerte, papi! —gritó Ranger—. ¡Eso, papi!
—¡Eso, tío Eddie! —Creía que esos eran Jeb y Ethan.
—¡No digas groserías, Texas! —lo regañó Pequeña, haciéndome reír sin aliento—. Pero… ¡tú puedes, Edward! ¡Hazlo sufrir!
No había nada mejor que la familia te apoyara.
—¿Ya fue suficiente? —dije furioso, tirando al piso a Carlisle, donde se agarró la cara—. ¿Ya dejé todo claro?
—¡Sí! —gritó—. Me iré. Carajo.
—¿Y? —presioné, empujando su pecho con mi bota.
—No regresaré —tosió.
Carajo, gruñí internamente, mirándome los nudillos.
Respiraba profundamente.
Era seguro decir que Pequeña me daría un poco de amor después de esto.
—¿Y por qué? —gruñí, empujándolo con más fuerza.
Él debería conocer la respuesta.
Solo había una.
Pero siendo el bastardo que era, dudaba que conociera la respuesta.
Así que decidí dársela.
—Porque lo jodiste demasiadas veces —espeté—. Tuviste la oportunidad de tener una familia y lo tiraste a la basura una y otra vez. Carajo, ya terminamos con esto, papá.
¿Cuándo carajo entenderá la gente que la familia es lo más importante del planeta?
—Ahora vete al carajo de aquí —dije, terminando con todo.
Ya había terminado con ese cabrón.
Para siempre.
—Vamos, Ranger —dije, cargándolo—. Vayamos por un poco de azúcar de mamá.
—Eso fue jodidamente genial, papi —me susurró al oído.
Sonreí.
Ese era mi hijo, amigos.
—No maldigas, bebé —dije, porque a Pequeña no le gustaba cuando maldecía—. Al menos no cuando mamá pueda oírte.
Le guiñé.
Él me guiñó.
—¿Estás herido, cielo? —preguntó Pequeña llena de preocupación mientras subía los escalones del porche—. Déjame ver, cariño. Te cuidaré.
¿Ven?
Mi esposa era jodidamente gloriosa.
—Estoy bien, querida —murmuré, besándole la frente—. Muy bien.
Y era verdad.
Mi vida era jodidamente maravillosa, lo declaraba.
*Es un juego de palabras entre "Aunt Flo" (Tía Flo) y "Aunto Flow" (Es una forma de decirle a la menstruación).
