Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 11
Edward tira de las mangas de mi chaqueta, jalando hasta que me la quito y la lanzo a un costado. Nuestros ojos se encuentran —los suyos parecen más oscuros que la noche— y le correspondo, ayudándolo a quitarse su propia chaqueta. Sonriendo esta sonrisa jodidamente sexy, él se acerca, tomándome en un abrazo.
Inhalando profundo, deslizo mis dedos por sus brazos, tocando la piel que usualmente está escondida para mí.
—Me encanta el clima cálido —dice, rozando sus labios sobre mi oreja y bajando por mi cuello.
—A mí también. —Mis ojos se cierran; intensifico mi agarre en sus brazos—. Hay... tantas... cosas. Que hacer.
—Tanto por hacer. —Él succiona suavemente mi garganta—. Sabía que serías suave. Tu piel... —comenta, creando un camino de besos hacia mi boca—. Esta... es la razón por la que amo el verano.
Es la conversación con menos sentido que he tenido, pero la parte de mi cerebro que sigue procesando palabras entiende que él, como todos los tipos, simplemente quiere ver piel. No puedo culparlo. Desde que vi sus tatuajes, en línea y en el gimnasio, he estado preguntándome si los vería... y sentiría... de cerca.
Entierra sus dedos en mi cabello y me mantiene quieta, besándome tan profundo que es difícil de seguir. Aunque intento todo lo que puedo, explorando su boca perfecta con mi lengua.
Él sabe tan bien. Besa aún mejor.
Deslizando mis manos por debajo de su camiseta, las llevo hacia su espalda, disfrutando de la sensación de su piel cálida y suave. Es difícil creer que está cubierta de tinta. Pienso en ver todo algún día, las implicaciones de eso.
Mis manos están en todas partes, y él se estremece contra mí cuando mis dedos rozan sus caderas, mordisqueando mi labio en respuesta. Me vuelve algo loca, provocando pensamientos sobre dónde más me mordería si le dejara.
Podría besarlo en cualquier momento, cualquier lugar, pero de alguna forma besarlo en el sofá se siente como un terreno seguro. Más peligroso que besarlo de pie, pero no tan arriesgado como el suelo. O la cama. Sí, definitivamente no debemos reclinarnos.
Apartándome, me quitos los zapatos y me siento en el sofá, y él me sigue automáticamente, inclinándome hasta quedar casi acostada.
Bueno, está bien. Quizás nos reclinemos un poco.
~tbts~
Cuando Edward se levanta para irse, son las tres de la mañana. Ha pasado mucho tiempo desde que me quedé despierta solo para besar a alguien, y, por la forma en que él se estremece mientras se reajusta, supongo que para él es lo mismo.
Me pongo de pie, escondiendo un bostezo detrás de mi mano.
—Estás bien para conducir, ¿cierto? ¿No te quedarás dormido al volante?
—Estoy bien —dice, pasando una mano por mi brazo. Él ha hecho eso mucho esta noche, tocarme de forma tan inocente que hace arder todo mi interior.
Le tiendo su chaqueta y lo acompaño hasta la puerta, tratando de ignorar el ardor entre mis piernas. Al segundo que se va, correré hacia la ducha. No para enfriarme, sino para encargarme del problema. Al juzgar por su expresión, él hará lo mismo.
—Adiós, Bella —dice, tomando mi mano. Él me acerca y me besa—. No puedo esperar a hacer eso de nuevo.
—Yo tampoco.
Sonriendo, toca mi mejilla y entonces se va.
~tbts~
La tarde del domingo es fría, pero afortunadamente soleada. Rose y yo nos relajamos en su patio trasero, observando a los niños dando vueltas en el trampolín.
—Todo lo que necesitas ahora es un diario, donde puedes registrar todo lo bueno y lo malo y los besos y el drama —bromea Rose—. No puedo recordar la última vez que me quedé despierta y solo besé a alguien.
—Pensé lo mismo. —Asiento, dibujando con mi dedo en su mesa—. Probablemente en la secundaria.
—Bueno, exactamente. Por ende, el diario.
Pongo los ojos en blanco.
—Creo que fue muy dulce que haya querido que Charlie fuera con ustedes.
—Lo fue. Casi me echo para atrás, pero... estoy feliz de no haberlo hecho.
—Creo que esto es un gran paso para él.
—¿Qué quieres decir? —mascullo, observando Charlie golpear a Embry en la cabeza cada vez que ella baja.
—Em dice que él siempre ha estado obsesionado con el fútbol, ¿sabes? En el pasado, él no podía entender por qué querríamos sentar cabeza tan jóvenes.
Sus palabras me hacen doler. Entiendo ambas partes de esto. No hubiera elegido tener una hija tan pronto como lo hice, e idealmente, no lo hubiera hecho sola. Pero no me arrepiento de nada, ni una jodida cosa. Le di vida a Charlie, pero ella también me dio vida, en formas que no hubiera entendido sin ella. Amo quién soy por ella.
No puedo resentir a Edward por sentirse de la forma en que lo hizo. También no sé si sigue sintiéndose de la misma manera. Parece que a él le agrada Charlie, y ella definitivamente lo adora. No sé si a él le agrada por ser ella, o simplemente porque ella es una extensión de mí, una parte de mi vida, pero supongo que el tiempo lo dirá.
Y como sea, sé que no debo colocar expectativas en las personas, especialmente unas así. Esto con Edward es nuevo. No todo tiene que ser difícil de lidiar.
Emmett sale afuera, sosteniendo un bol de alitas de pollo que planea asar. Mike lo sigue por detrás, tomado de la mano con Jessica, quien antes de hoy solo la había visto en una boda.
Mike nos presenta, todo sonrojado como si no supiera como proceder. Él es tan ridículo, pero es adorable. Rose y yo tomamos a Jessica mientras que él va a ser hombre cerca de la parrilla, bebiendo cerveza y gruñendo como Tim "el hombre herramientas".
Jessica es exactamente el tipo de chica que había esperado que Mike encontrara. Ella es extrovertida y amable, incluso jovial.
—Charlie es tan adorable —comenta, observando con anhelo el trampolín—. Apuesto que simplemente estás enamorada de ella.
—Ella es bastante genial —concuerdo, tomando un trago de mi cerveza—. Pero también es complicada.
—No puedo esperar a tener hijos. —Ella suspira, jugando con la etiqueta de su botella—. Algún día.
Echo un vistazo a Mike, que tiene un plato de hamburguesas y las está colocando con cuidado en la parrilla. Él es un buen tipo, y sé que ha estado buscando por bastante tiempo. Con suerte, él y Jessica pueden hacer funcionar esto, lo que sea que esté destinado a ser.
~tbts~
Estoy en la cocina de Rose, preparando una ensalada de frutas, cuando la puerta principal se abre y se cierra. Mi corazón se acelera; no puedo evitarlo. La parrillada de hoy fue de último momento, así que he esperado que Edward llegue. Sin importar que lo vi bastante anoche, y temprano esta mañana.
Un segundo después, entra a la cocina, sosteniendo dos bolsas de compras.
Miro por encima de mi hombro, sonriéndole.
—Me preguntaba si vendrías hoy.
—Em me pidió que consiguiera helado. —Colocando las bolsas en la isla, deja un beso en mi mejilla y se para detrás de mí, deslizando una mano en mi bolsillo trasero.
El patio es claramente visible desde nuestro punto de vista, y él resopla suavemente, inclinándose y señalando.
—¿Chuck es una bestia en el trampolín, eh?
—Ella ama esa cosa. Quiere uno, pero nuestro patio no es lo suficientemente grande. —Sacudo mi cabeza, disfrutando secretamente de tener su barbilla contra mi mejilla—. No que quiera lidiar con uno.
—Emmett dijo que ustedes tenían uno de niños.
—Sí, y me esguincé un tobillo cuando tenía ocho años.
—Uh. —Se encoje con compasión—. Me ha pasado varias veces. Apesta.
—Ni que lo digas.
Su cuerpo es cálido detrás de mí. Me inclino suavemente contra él, atraída por su firmeza.
—Ella es como una pequeña versión tuya —murmura, su aliento haciéndome cosquillas un poco.
—Eso he escuchado.
Recordando mi tarea, rápidamente pelo una clementina y la corto en pedazos, lanzándola con las otras frutas.
Edward desliza su mano de mi bolsillo a mi cadera, distrayéndome cuando roba una fresa.
—¡Oye! —Intento agarrarlo, pero él me agarra primero, estirándose sobre mí para tomar una uva—. Ladrón —bromeo, retorciéndome lejos de su agarre.
—No es un robo cuando es dado voluntariamente —dice, girándome así estamos frente a frente.
—No es dado voluntariamente cuando tienes que robarlo —contesto, disfrutando por completo nuestra conversación divertida.
Sonriendo, él se inclina y me besa rápidamente, apartándose antes que pudiera profundizarlo.
—¿Qué tal eso?
—¿Qué tal qué? —Deslizo mis manos alrededor de su cuello, jugando con el cabello de su nuca.
—¿Robado o entregado?
Podríamos estar hablando de muchas cosas ahora mismo, y él lo sabe. Lo jalo hacia abajo, besándolo adecuadamente, queriendo una probada antes de tener que comportarnos y ser sociales.
Pero se intensifica rápidamente. Es como si todos esos meses de fingir, contenerse, toques ligeros y miradas incómodas han terminado en esta explosión lujuriosa de besos.
Hemos acabado de apartarnos cuando Emmett entra con un par de pinzas. Él nos mira y pone los ojos en blanco.
—Deberían ver sus caras.
—Oh, cállate, Emmett —respondo, volviendo a mi comportamiento juvenil entre hermanos.
—Culpable —canta, lavando las pinzas en el fregadero.
—Como el infierno —concuerda Edward, dándole unas palmadas en la espalda—. ¿Qué hay, amigo?
Me escapo al patio con mi ensalada de frutas, agradecida por el aire fresco de afuera sobre mis mejillas ardientes.
Son tan adorables :3
