¡Hola a todos! ¿Sorprendidos de que haya otra historia tan rápido? Bueno, en verdad esto es más un "especial" que otra cosa. Solo que he estado un poco ocupadilla, me he despistado de la hora y... Que ya no es San Valentín por media hora, pero me da igual.
Aquí os traigo esta breve historia (que podemos catalogar como "recuerdo") protagonizada por una tierna parejita que sí tuvo momento declaración en el pasado. Os la dejo leer y ya comentaréis.
Si cualquiera que escuchase el ruido de alguien volando a gran velocidad alzase la vista, no tendría claro qué estaba cruzando el cielo en ese momento. Ni tan siquiera sus llamativas cintas azules eran visibles al ritmo que ella volaba. Antes que alguien pudiese identificarla, alcanzó su objetivo. Incapaz de frenar, entró por una de las ventanas, sobresaltando al único digimon que en esos momentos estaba en esa sala.
—¡Por favor, Angewomon! —exclamó Wizardmon —. ¿Qué te cuesta entrar como todo el mundo?
—Perdón... Es que... —intentó excusarse, la respiración entrecortada, las pulsaciones a mil...
—Anda, cálmate, que te va a dar algo —dijo indicándole una silla.
—Necesito... hablar con...
—La dama Ophanimon está ahora mismo ocupada —se adelantó.
—Es... urgente...
—Lo que es urgente es comprobar tu estado —negó, dejando los libros que cargaba y acercándose a ella —. ¿Te ha pasado algo? ¿Otra vez alguien persiguiéndote? ¿Un acosador?
—No... no... Sólo... quería llegar rápidamente.
—Quizás... —empezó antes de bajar la voz —. ¿Una de esas misiones secretas?
—Tampoco.
—Estás algo roja... Espera, iré a buscarte alguna medicina...
—No, no, es el cansancio. Se me pasará —dijo rápidamente —. Avisa a mi hermana, por favor...
—Está bien —suspiró el mago, dejando allí al ángel para alertar a la gran dama del castillo.
Aunque sólo fueron unos pocos minutos, a Angewomon la espera fue eterna. Cuando al fin volvió Wizardmon para decirle que podía pasar, el ángel se puso en pie de un salto y fue directa a la puerta del despacho de Ophanimon.
—¡Hermana! —exclamó sin más, abriendo la puerta y topándose con dos pares de ojos sobre ella.
—Pues sí, está agitada —dijo JetSilphymon.
—Cálmate, Angy —pidió Ophanimon, indicándole una silla en la que tomar asiento —. Wizardmon dice que tienes algo urgente que decir.
—Eh... sí... esto... —empezó, lanzando varias miradas a la Guardiana junto a la dama angelical.
—Supongo que necesita el consejo de una hermana mayor —sonrió la digimon —. Iré a ver si encuentro de mientras esos libros.
—Gracias por la ayuda, Jet —aceptó Ophanimon —. Le diré a Wizardmon cuándo puedes volver.
—Sin prisas —dijo pasando junto al ángel de cinta azul.
Angewomon observó, algo nerviosa, cómo JetSilphymon abandonaba el lugar, cerrando la puerta tras de sí. Por unos instantes, estuvo tentada en acercarse para comprobar que realmente había marchado, pero la voz de su hermana, llamándola a sentarse e iniciar la conversación que la había llevado hasta ahí, le retuvo.
—¿Qué es eso tan urgente? —extendió ambas manos la de mayor nivel.
—¿Por qué tiene que ser tan idiota? —preguntó sin más antes de apoyar los brazos en el escritorio y hundir la cabeza en ellos.
—Oh, vale, hablamos de él —negó la mayor, intentando no reír —. ¿Qué ha sido esta vez?
—¡Se me ha declarado! —exclamó alzando la cabeza justo para gritar esas cuatro palabras.
—¿Perdón? —preguntó, totalmente sorprendida. Pero su hermana volvió a hundir la cabeza en los brazos.
—Ese imbécil... ¿Por qué no me dijiste que sería él quien subiría a la Ciudad de los juguetes?
—Sinceramente, no lo sabía —respondió con calma Ophanimon —. Él tiene también faena con Kerpymon.
—¡Pues ha ido él! —exclamó, alzando de nuevo la cabeza sólo para gritar —. Se presenta ahí, todo lo grande que es como Ancient Greymon, pide que se le ponga al día y, cuando me ve, se me acerca y dice "cuando acabemos, te acompaño de vuelta a casa".
—Todo un detalle por su parte. Eres una digimon bastante peculiar y, en los últimos meses, te han molestado muchos —advirtió la dama.
—Ya, lo sé —resopló —. Pero vamos, que como es tan gigante como Ancient, dedigievoluciona a Aldamon y...
—Y pierdes la cabeza.
—¡NO!
—Oh, venga. Dime algo que no sepa... Explícame bien eso de la declaración.
—¡El muy idiota, no bien acabamos la faena, me lo suelta mientras volamos de vuelta! —chilló.
Ophanimon empezó a reír a carcajadas, provocando que el rojo en el rostro de su hermanita se encendiese aún más.
—¡No tiene gracia!
—Oh, vamos, créeme que sí la tiene. Después de todas las veces que me has venido, soñadora, a ver cuándo se te declaraba...
—¡Nunca he pedido eso! —chilló dando patadas a la mesa de la otra —. ¡Te lo estás inventando todo!
—Ya me dirás tú entonces qué es lo que siempre me dices de él...
—¡Que es un idiota rematado, un tonto del bote, un descerebrado, tiene poquísimo tacto...! —empezó a despotricar el ángel, alzando un dedo tras otro y una mueca de molestia.
—Fuerte, valiente, atrevido, admirable...
—¡Muy caballeroso, atento, antepone a cualquiera antes que a sí mismo, tiene buen cuerpo, unos ojos que...! —siguió nombrando, callándose de golpe —. ¡OPHANIMON! —chilló al percatarse de por dónde la había llevado su hermana.
—¡Es que eres muy fácil de enredar! —se excusó, entre risas, la otra. Angewomon dejó caer de nuevo la cabeza entre los brazos.
—Menos mal que no se ha quedado Jet —suspiró —. Entre las dos, aún habría sido peor...
—Jet no te molestaría como yo. Esto es algo normal entre hermanos —negó la dama, calmando las risas.
—¿Eso crees? ¡Todo el puñetero Cuartel sabe de sobras lo que yo siento, segurísimo!
—Imaginaciones tuyas —negó la otra.
—¿En serio? Dime por qué, cuando coinciden Grey y Garuru donde estoy y ese imbécil actúa como él hace y me afecta, Garuru intenta no descojonarse cuando jamás se ríe —apuntó.
—Bueno, bueno, minucias —negó —. Grey se te ha declarado. ¿Qué le has dicho?
Angewomon se quedó petrificada en la silla, con la mirada de Ophanimon en ella. Por un momento, la dama angelical pensó que su hermana se había convertido en una estatua. Sólo cuando se le cayó de nuevo la cabeza a los brazos, constató que seguía siendo una criatura con vida.
—Le he dicho que tenía algo importante que hacer y he volado en otra dirección a gran velocidad...
—¿No le has dicho nada? —preguntó, más sorprendida aún, la de mayor rango.
—No —suspiró levantando la vista —. Me da vergüenza.
—¿Por qué? Ya ha quedado claro que te gusta. Él te quiere también, así que no hay razón para sentirse avergonzada por un sentimiento correspondido.
—¡Pero es que siempre le he estado criticando e insultando! —exclamó —. Porque es un bobo —añadió volviendo a ocultar el rostro.
—Tu estúpido y sensual bobo —rió la dama.
—¡PERO BUENO! —chilló la otra, totalmente encendida.
—Anda, no se hable más. Ahora mismo vas con Jet al Cuartel y le das una respuesta.
—¡¿QUÉ?! ¡NO PUEDO! —chilló de nuevo.
—Sí puedes. Créeme, a los dos os vendrá bien que exista respuesta —dijo.
Sin más, se levantó y fue hacia la puerta, desoyendo las protestas de su hermana. Se asomó y le pidió a Nefertimon que fuese en busca de JetSilphymon. Poco tardó la Guardiana en aparecer, cargando con varios libros, para encontrarse con una nueva misión que intentó realizar fingiendo no tener ni idea de qué le pasaba al ángel de cintas azules.
A bastante distancia, Ancient Greymon esperaba pacientemente el final de un juicio. Necesitaba hablar con Ancient Garurumon lo antes posible o, sentía, se volvería loco de remate. Para cuando al fin se abrieron las puertas y el lobo de luz abandonó el lugar, el dragón de fuego podría bien haber hecho un boquete en el suelo de tanto dar golpecitos nerviosos con el pie.
—A ver, ¿qué pasa?
—No ha funcionado —dijo sin más.
—¿Los ToyAgumons no enviarán juguetes? ¿En serio vas a recurrir a órdenes angelicales?
—No, eso no... La misión en la Ciudad de los juguetes ha sido un éxito.
—¿Entonces?
—Hablo de Angewomon —suspiró.
—Te ha dado calabazas —dijo directamente el lobo.
—Me ha dado esquinazo. Ha cambiado de tema radicalmente, se ha dado media vuelta y ha empezado a volar a un ritmo que hasta tú alucinarías —explicó.
—Qué raro... La idea de Sphinx era buena —dijo pensativo.
—Sí, lo sé, pero... Nada, soy yo, que soy un idiota —negó —. Me he tenido que enamorar de un ángel. ¡Menuda puntería tengo!
—No es que vayamos decidiendo de quién nos enamoramos —se encogió de hombros el otro.
—Tendrías que haberle visto la cara... Incluso con el casco, sé que estaba asustada cuando se lo he dicho...
—Te recuerdo que ha sido acosada mucho últimamente —puntualizó Ancient Garurumon.
—Ya, lo sé, ¡pero yo no soy como esos locos!
—No, tú eres un loco diferente. Quizás tendremos que enfocarlo de otra forma...
—Da igual, está claro que es un objetivo imposible de alcanzar.
—Grey, has dicho que te ha dado esquinazo. Eso significa que no te ha dicho que sí, pero tampoco que no —recordó el lobo.
—¿Y qué? Su cara hablaba por sí sola...
—Anda, vamos a casa, te metes en la bañera y dejas de pensar en esto.
—¿En serio crees que un baño ayuda?
—Es relajante. Aunque, si lo prefieres, puedes pegarle puñetazos a algo —se encogió de hombros —. Cuando vuelva Sphinx, le preguntamos si ha leído alguna otra novela cursi que pueda servirte.
—Ya podrías darme tú un buen consejo, que eres mi mejor amigo.
—No me he declarado a nadie, así que ya me dirás qué consejo quieres que te dé si ni yo lo pongo en práctica.
—Pues podrías —se quejó el dragón —. No me creo que Jet y tú os entendáis tan bien y no seáis nada.
—Curiosidades de la vida —declaró con calma —. Va, vámonos. Yo también necesito un descanso.
En el cuartel, Ancient Sphinxmon fingió estar durmiendo cuando oyó regresar a su hermano. La idea de que el juicio hubiese desquiciado a Ancient Garurumon valía lo suficiente como para hacerse el dormido por varias horas. Si se lo creía o no el de la luz, eso poco le importaba al de la oscuridad; siempre le dejaba "dormir". Pero tuvo que despertar cuando oyó la voz de JetSilphymon, algo extraña, seguida de las quejas de Angewomon.
—¡Ya he vuelto! —anunció la Guardiana —. Viene Angy conmigo.
—Bienvenidas —saludó el oscuro, fingiendo acabar de despertarse —. Creo que Persiamon no está.
—Ah, no, si no ha venido por su hermana —agitó una mano la del molinillo. El rostro de la otra se encendió más de lo imaginado.
—¿Ah?
—¿Está Grey ya en casa?
—Diría que sí —comentó fingiendo mirar a todos lados.
—Venga, vamos —apremió JetSilphymon, tomando la mano de la otra y caminando hacia las salas de entrenamiento.
Con la voz cada vez más baja de Angewomon, la híbrida alcanzó la "Sauna" y llamó con fuerza. Poco tardaron en oír la voz del dragón ígneo pidiendo que esperaran. El ángel intentó ocultarse aún más detrás de la otra.
—¿Ya está la comida? —preguntó Ancient Greymon, abriendo la puerta y asomándose.
—No exactamente —respondió la del viento, echándose a un lado y empujándole al ángel —. Quiere hablar contigo.
—¡JET, POR FAVOR! —pidió el ángel. La otra echó a correr lejos de allí.
—¿Angewomon? —preguntó, extrañado, el dragón.
—Eh... hola...
—¿Va todo bien?
—Eh...
—Oye, sobre lo de antes... Olvídalo —dijo abriendo más la puerta y adentrándose en la sala. Angewomon lo siguió por inercia —. Sé por lo que estás pasando y quizás no era el momento... No, quizás ni querías escuchar algo así.
—¿Olvidarlo? —preguntó, levemente dolida.
—Lo siento, en serio —dijo mirándola —. Es verdad, me gustas. Y no se debe a que tengas algo diferente, único. Que, a ver, no malinterpretes, eres guapísima y estás cañón... ¡Pero eso no es lo importante de verdad! —exclamó, repentinamente nervioso —. Eres una digimon amable, cálida y con un sentido de la justicia envidiable. Te he visto defender muchas veces a digimons más débiles y eso es posiblemente lo que más me gusta de ti.
—Grey...
—Pero sé que en los últimos tiempos, este tipo de acercamientos te han traído problemas. Debí haberme quedado callado y ya —negó —. Lo siento. No es necesario que digas nada. Simplemente quiero poder seguir hablando contigo como hasta ahora y...
—¡ESTÚPIDO ANCIENT GREYMON! —chilló, acallando al dragón y sorprendiéndolo —. ¡NO PRETENDAS AHORA QUE FINJA NO SABER NADA DE LO QUE HAS DICHO!
—Lo sé, es una estupidez —asintió —. Me lo merezco, por idiota... Y tú tienes todo el derecho a estar molesta.
—¡NO LO ESTOY! —exclamó —. Yo... He venido a responderte —dijo, apretando los puños para inspirarse algo de valor.
—No hace falta, de verdad, no te sientas obligada a...
—Quiero decir a corresponderte —interrumpió, dejando mudo al dragón —. Antes me pillaste por sorpresa... Y sí, esos acosadores tan molestos han hecho que me sintiese algo nerviosa... Pero es una tontería porque... —dijo, la voz cada vez más baja.
—¿Qué has dicho? —preguntó el rojo.
—¡Que tú también me gustas! —dijo, quizás más alto de lo que habría querido hacerlo —. Me gustas... mucho... Desde hace tiempo...
Los datos tardaron nada en rodear al dragón. Angewomon bajó la vista, repentinamente avergonzada, sólo para toparse con que dos brazos la alzaban. A la fuerza, se encontró con el rostro feliz de Aldamon.
Wisemon extendió la mano ante Lilamon. La digimon floral, a regañadientes, dejó varios billetes en ella antes de salir hacia la cocina diciendo que necesitaba un trago de agua. Sentados en el suelo, Ancient Garurumon, Ancient Sphinxmon y JetSilphymon intentaban no reír.
—No sé por qué se ha enfadado Lila —se encogió de hombros el del metal.
—Cree que has vuelto a usar tu libro para anticiparte a los acontecimientos. En otras palabras, que has hecho trampas —explicó el lobo.
—Nunca haría eso —negó contando los billetes —. Voy a guardar esto. Luego me decís si ha pasado algo más ahí dentro.
—Pues al final, no le ha ido tan mal —dijo la del viento —. No veáis el viajecito que me ha dado para venir aquí.
—Seguro que tan pesado como el mío y eso que ha sido más corto —comentó el de la luz.
—Sabéis lo que esto significa, ¿no? —preguntó el de oscuridad, atrayendo las miradas de ambos al instante —. Que ahora, nuestro líder va a necesitar el doble de ayuda para organizarnos al tiempo que planifica citas románticas con su encantadora dama.
—Hazlo tú, si te aburres tanto —negó Ancient Garurumon, levantándose y alejándose.
—Pues vaya mejor amigo estás hecho —le sacó la lengua su hermano.
—Sphinx, calla —pidió JetSilphymon, asomándose de nuevo a la puerta entreabierta para espiar.
—¿Se han besado ya?
—Son tan tímidos... ¡Qué tiernos! —intentó no reír.
—Asegúrate de grabarlo todo bien, ¿eh? Tenemos que ponérselo en la boda —apuntó el cuadrúpedo.
