Capítulo 17: Navidad, mágica e imprevisible navidad (Parte 2)
Hacía ya varias horas que había dejado atrás el número 12 de Grimmauld Place, deambulando sin rumbo por las calles de Londres. Si seguía a ese ritmo, acabaría por quedarse sin gasolina antes de poder siquiera regresar.
No obstante, no deseaba hacerlo, a decir verdad, se debatía entre dormir en un hostal de mala muerte o ir a casa de James. Y aunque sabía que acabaría por elegir esta última opción, no podía evitar sentirse culpable al pensar que una vez más, los señores Potter tendrían que acogerle.
Nunca se habían mostrado molestos por ello, más bien parecían encantados. Tanto o incluso más que James de hecho, pero, aún así, no podía evitar sentir que de alguna forma molestaba.
Sin embargo, no estaba de humor, no podía ni quería volver a casa y por ello, eligió egoístamente presentarse en casa de su amigo como tantas veces había hecho antes pues, no deseaba bajo ningún concepto pasar solo las Navidades y, mucho menos en su espeluznante y desamparada casa.
No tardó demasiado en llegar a Godric's Hollows y aparcar la moto frente a la casa de los Potter. Lucía tal y como la recordaba de años anteriores, decorada enteramente por elaborados adornos navideños y bonitas luces de colores. Colgada de la puerta había una gran guirnalda con una foto familiar que rezaba '¡Feliz navidad y felices fiestas! Att: la familia Potter'.
Se paró unos segundo más observando la fachada con indecisión tratando de armarse de valor para decirdirse a tocar el timbre de la puerta, y cuando al fin lo hizo, pudo escuchar unos pasos que se dirigían hacia la entrada. Ya no había vuelta atrás.
-Sirius - pronunció sorprendida la propietaria de una bonita cabellera rubia y unos ojos azules zafiro al otro lado de la puerta.
-¿Rubia? ¿Qué haces aquí? - preguntó confuso sin terminar de decidirse a entrar.
-Pues supongo que lo mismo que tú - sentenció haciéndose a un lado para dejar pasar al moreno -James y mi tío han salido, si es que lo venías buscando a él -anunció la muchacha dirigiéndose de nuevo hacia la cocina seguida muy de cerca por Sirius.
-¡Sirius! ¡Te estábamos esperando! - exclamó la señora Potter emocionada al ver aparecer al muchacho por el marco de la puerta de la cocina mientras se acercaba para abrazarle. - ¡estás muy delgado!, igual que James..., ¡¿es que no os dan de comer en ese colegio?! - preguntó más como una afirmación que como una pregunta para, a continuación, tomarlo de la mano y obligarlo a sentarse en la mesa de la cocina mientras le servía algo para comer.
El muchacho se sentía algo cohibido pero agradeció enormemente el gesto de la señora Potter pues, desde su teatral huída de la cena familiar no había probado bocado y su estómago había empezado a rugir con fuerza hacía ya varias horas.
Alison rió disimuladamente ante las palabras de su tía y la reacción apocada del moreno. Con los padres de James, Sirius casi parecía otro. No había ni rastro del muchacho presumido y algo narcisista que acostumbraba a ser cuando estaba en Hogwarts, más bien era del tipo de chico que cualquiera desearía tener como hijo, increíblemente educado, amable y humilde.
Tras comer hasta que el pudin de plátano casi le salía por las orejas, Sirius anunció que en tanto que llegaba James, iría a recoger sus pertenencias, hasta ese momento guardadas en el cajón de su moto.
-Alison, cariño, ¿por qué no ayudas a Sirius con sus cosas? seguro que el pobre viene cargado como una mula -pidió con cariño Euphemia.
-Por supuesto, tía - contestó rápidamente la rubia siguiendo a Sirius hasta la entrada de la casa donde tenía aparcada su moto el muchacho.
-Eres la sobrina ideal, ¿eh? - preguntó el moreno en tono jocoso tratando de molestarla cuando se hubieron alejado lo suficiente como para que la señora Potter no pudiera escucharlos.
-Me lo dice precisamente el que no ha sido capaz de decir que no al tercer pedazo de pudin de plátano - contraatacó la rubia con una sonrisa divertida golpeando con cariño el hombro del muchacho.
-Quizás esto suene algo loco, pero te he echado un poco de menos estos días - reconoció Sirius desviando la mirada de ella para posarla sobre los adoquines del suelo.
-Quizás esto suene más loco aún, pero yo también te he echado un poco de menos - confesó con valentía la muchacha, provocando que el merodeador despegara la mirada del suelo para volver a posarla sobre ella.
Ninguno de los dos estaba acostumbrado a verse en esa tesitura. Habían perdido por completo el control de la situación y eran conscientes de ello, aunque les costara admitirlo.
No obstante, Sirius trató de cambiar rápidamente de tema sacándoles a ambos del aprieto en los que los habían metido sus palabras.
-En realidad, te he traído algo, pensé en dártelo en el castillo a la vuelta de las vacaciones pero, ya que estás aquí…- explicó el moreno arrastrando las palabras mientras sacaba del cajón de su moto un paquete rectangular adornado con un enorme lazo rojo de terciopelo y se lo entregaba a la muchacha.
-Pero...yo no te he comprado nada - susurró Alison avergonzada acariciando con las yemas de los dedos el envoltorio del paquete con que le había obsequiado el merodeador.
El chico soltó una carcajada.
-No pretendía un regalo a cambio, solo lo vi y pensé en que te gustaría - reconoció algo cortado pasando nerviosamente la mano por detrás de su nuca.
La muchacha no perdió un segundo y abrió el envoltorio con delicadeza, descubriendo bajo él un libro recopilatorio de las pociones más empleadas para la curación de enfermedades y accidentes mágicos.
-Es demasiado -susurró observándole boquiabierta sin terminar de creerse que, el chico al que durante tantos años se había esforzado en odiar, hubiera tenido un detalle como ese con ella.
-No lo es, solo disfrútalo y ten la consideración de no utilizar ninguna de esas pociones conmigo salvo que esté al borde de la muerte - bromeó sonriendo tímidamente a la chica mientras guardaba las manos en los bolsillos de sus vaqueros negros.
La muchacha permaneció unos segundos en shock y a continuación, sin poder evitarlo, invadió por completo el espacio personal del chico para rodearlo con sus brazos en señal de agradecimiento, mientras apoyaba la cabeza sobre su pecho.
Sirius en respuesta, sacó rápidamente las manos de los bolsillos para corresponder su abrazo y posó sus labios sobre el cabello de la muchacha, dejando un tierno beso sobre él. Estaba tan cómodo con ella que si por él fuera habría permanecido así eternamente. No obstante, sabía que no era el lugar ni el momento para hacerlo y por ello se separó con delicadeza de ella, no sin antes acariciar uno de los mechones de su pelo juguetonamente.
-Así que, esta es tu moto - dijo entonces la rubia observando el vehículo frente a ellos con admiración, a lo que el muchacho simplemente asintió - nunca he montado en moto, ¿me darías una vuelta? - preguntó entonces mordiéndose involuntariamente el labio mientras centraba su mirada en los ojos grises del moreno que la observaba divertido.
No obstante, el chico no contestó con palabras, simplemente sonrió antes de entregarla el segundo casco que llevaba guardado para imprevistos.
Sirius se montó en la moto y tras hacerlo la rubia le imitó posando sus manos sobre la cintura del chico.
-Agárrate fuerte - la advirtió antes de arrancar.
La muchacha se aferró con fuerza al moreno y apretó con fuerza los ojos al sentir la velocidad.
-No cierres los ojos, rubia, si los abres disfrutarás el doble del recorrido - sonrió el chico feliz de sentir las cálidas manos de ella aferradas a su cuerpo, mientras dejaban atrás una decena de calles residenciales para adentrarse en la zona más boscosa del camino.
James regresó a casa junto a su padre tras comprar todo lo que les había encargado su exigente progenitora. No obstante, nada más llegar se sorprendió al ver aparcada una moto para nada desconocida en la puerta de su casa.
¡Sirius! - exclamó con notoria alegría a voz en grito mientras entraba por la puerta.
El moreno salió a recibirle rápidamente al escuchar su voz y ambos se fundieron en un cálido y afectuoso abrazo.
-No sabía que vendrías, no me habías dicho nada - intervino con patente alegría James, revolviendo enérgicamente el cabello de su mejor amigo.
-Ha sido una decisión de última hora - reconoció el moreno algo avergonzado, desviando la mirada de la de su amigo.
No obstante, tan solo esas palabras bastaron para que James entendiera que si el muchacho había aparecido era que, como de costumbre, las cosas no habían ido demasiado bien por su casa.
-Hola primo - saludó entonces Alison, asomando parcialmente la cabeza por el marco de la puerta- tu madre pregunta si encontrasteis todo lo que os encargó que comprarais- informó a la espera de una respuesta por parte de su primo.
James simplemente levantó la cesta repleta de ingredientes que portaba en forma de afirmación y siguió a la rubia hasta la cocina. No obstante, para ser sinceros, no terminaba de entender qué más podía necesitar su madre con la cantidad de platos que había elaborado ya.
-Aquí tienes mamá -anunció el muchacho dejando la cesta sobre la encimera.
Sin embargo, antes de tener siquiera la oportunidad de escaparse, recibió como agradecimiento una decena de besos por parte de su madre que, como era de esperar, le dejaron las mejillas completamente manchadas de carmín.
James se frotó con ímpetu una de las mejillas tratando de deshacerse de los restos de pintalabios y tras hacerlo, se dirigió hasta la mesa de la cocina para coger una manzana del bol que había colocado sobre ella.
-No sabéis lo feliz que me hace teneros aquí a todos por Navidad - confesó con una sonrisa de oreja a oreja la señora Potter volviéndose para mirar a los muchachos con cariño -Habéis crecido todos tanto…- añadió con ternura tratando de controlar las lágrimas de emoción que amenazaban con escapar de sus ojos.
-Mamá, todas las Navidad dices lo mismo - le recordó James con fastidio, tapándose la cara con las manos algo avergonzado de que su madre siempre le pusiera en esa tesitura delante de su mejor amigo y su, repelentemente encantadora, prima.
-No le hagas caso tía, ya sabes que está en una edad complicada pero, tanto él como nosotros, estamos encantados de poder estar aquí en Navidad- comentó Alison tratando de animar a su tía mientras miraba con reproche a James.
-Si, especialmente tú, ¿verdad primita? - preguntó el castaño con retintín dando un bocado a la suculenta manzana que había cogido, sin despegar ni un ápice la mirada de los ojos de su prima.
Le divertía sobremanera el rumbo que estaba tomando la conversación.
-James - le regañó su madre con un gesto de desaprobación - Alison sabe que siempre será bienvenida en nuestra casa y que puede venir cuando quiera - le recordó autoritaria, mientras apretaba con cariño los hombros de su sobrina.
La señora Potter acostumbraba a ser la dulzura personificada, no obstante, sabía cuando debía poner un alto a su hijo pues, aunque era un buen muchacho, había ocasiones en las cuales se pasaba de la raya y debía reñirle, por mucho que le doliera hacerlo.
-Mamá, no quería decir que no nos guste tenerla por aquí -se corrigió él rápidamente- más bien es que este año parece especialmente interesada en pasar con nosotros las Navidades, sobre todo desde esta tarde... ¿no crees? - preguntó en voz alta sonriendo divertido a su prima que, a esas alturas, le miraba de tal forma que incluso se podían apreciar las chispas saliendo por sus ojos.
-¿Se puede saber qué está pasando aquí? -preguntó a punto de perder la paciencia la señora Potter poniendo los brazos en jarras.
-Nada en especial, solo es que no se oyen los gritos e improperios habituales - contestó simplemente James.
'Ni se te ocurra' deletreo la rubia con los labios mirando amenazadoramente al castaño sin emitir sonido alguno.
En ese momento la situación no podía ser más inverosímil. La señora Potter no entendía nada de lo que estaba sucediendo entre su hijo y su sobrina, Sirius observaba la situación con cara de 'tierra trágame' y Alison y James se miraban de tal forma que estaban a punto de asesinarse mutuamente con la mirada.
-Yo creo que va a tener que ver con que tu querida sobrina al fin ha sentado la cabeza - dejó escapar James desafiando a la rubia.
Alison miró con rabia a su primo sin pronunciar palabra alguna. Intentaba contar hasta diez pues de lo contrario acabaría por lanzarle un maleficio en presencia de su tía, cosa no demasiado aconsejable.
-No le haga caso, señora Potter, a James le ha debido de sentar mal el pudin de plátano - trató de zanjar Sirius con nerviosismo.
-No me digas que…- empezó Euphemia Potter boquiabierta señalando alternativamente a su sobrina y a Sirius.
La señora Potter empezó a atar cabos rápidamente. Desde que había llegado su sobrina, ella y Sirius no habían discutido ni una sola vez, algo del todo inusual. Por no hablar de que Alison no había puesto pega alguna cuando le había pedido ayudar al muchacho con sus cosas y habían tardado bastante en regresar. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?.
-Mamá, eres increíblemente inteligente, creo que definitivamente he heredado tus genes - la felicitó James dando nuevamente un bocado a su manzana.
-¿De verdad estáis juntos? - preguntó emocionada la señora Potter abrazando con fuerza a su sobrina preferida mientras la cubría de besos.
-No tía, James ha debido de pegar un trago al Whisky de fuego del tío Fleamont mientras no mirábais - replicó en respuesta la muchacha mientras con una mirada desesperada suplicaba a Sirius que la echara una mano para salir del entuerto en que los había metido su primo.
-A mi no me engañáis - espetó en tono acusador Euphemia señalando a Sirius con el dedo índice para, más tarde acercarse a él y cubrir de besos sus mejillas ahora enrojecidas por la vergüenza que sentía en ese momento.
-En serio tía, te prometo que no estamos juntos, pero somos amigos y a James parece molestarle mucho, he terminado por creer que está enamorado de Sirius- contraatacó la rubia consiguiendo que su tía luciera aún más sorprendida.
-Si a eso le llamas ser amigos entonces creo que tienes muy equivocado el concepto de la amistad -soltó James entre dientes.
-Bueno es suficiente, se acabó el tema -zanjó rápidamente la señora Potter para evitar que la situación fuera a más.
No obstante, su felicidad era más que evidente, quería a Sirius y a Alison como si fueran sus propios hijos y nada la haría más feliz que verlos a ambos juntos y felices, más aún teniendo en cuenta la situación de ambos en sus respectivos hogares.
Tanto ella como su marido Fleamont los habían visto crecer a ambos y pelearse hasta la extenuación. Nunca habían tenido claro cuál sería el futuro de su relación pero en lo más interno de su ser sabía que estaban hechos el uno para el otro, o al menos eso les gustaba pensar. Eran tan parecidos que incluso parecía absurdo pensar que su relación pudiera ser cualquier otra, pero según iban transcurriendo los años empezaban a dudar de su inverosímil teoría. Hasta ahora, claro está.
No obstante, tanto ella como su marido tenían claro cuál era el futuro que les esperaba a ambos, pero aún albergaban la esperanza de que el destino diera un giro inesperado y permitiera a aquellos inexpertos muchachos ser felices y poder elegir sus propios caminos.
Aunque en un primer momento volver a casa durante las Navidades le había parecido una buena idea cada vez estaba más convencida de que el siguiente año se lo pensaría dos veces antes de volver.
Había perdido la cuenta de cuántas veces durante esos días ella y Petunia habían discutido a voz en grito por las cosas más absurdas y carentes de importancia que cualquiera pudiera imaginar. Su hermana había sido especialmente odiosa y cruel con sus comentarios malintencionados como si, a medida que pasara el tiempo, la odiara cada vez más por su naturaleza.
Era bruja y sería una bruja siempre, tanto si le gustaba a Petunia como si no, y no podía hacer nada por cambiarlo pues así había nacido. Probablemente la envidia fuera un factor determinante pues, que de dos hijas de padres muggle, una por alguna razón inexplicable hubiera nacido bruja y la otra no, era algo que a Petunia siempre le había molestado y Lily era consciente de ello.
Por esa razón, suponía que su hermana se resguardaba en su normalidad y odiaba todo lo que tuviera que ver con ella y sus inevitables rarezas.
Tras una de sus habituales discusiones, la pelirroja había decidido que lo mejor hasta que se calmaran un poco las cosas era salir a tomar el aire y por ello, se encaminó en dirección a la calle de las Hilanderas, donde había acordado encontrarse con su amigo Severus.
El muchacho era el único que conseguía calmarla. Con él se sentía normal, o más que normal, especial. Al menos así era como acostumbraba a describirla él.
-Pensé que no llegaría nunca - explicó Lily a modo de saludo con las manos resguardadas en los bolsillos de la sudadera azul celeste que portaba.
La pelirroja observó al muchacho detectando al instante algo diferente en él, se veía bastante triste a decir verdad.
-Sev, ¿estás bien? - preguntó entonces preocupada, tomando la mano del muchacho para guiarlo hasta uno de los bancos de la calle y que ambos pudieran sentarse a charlar.
-Claro- contestó el muchacho no demasiado convencido de sus palabras, evitando a toda costa dirigir su mirada hacia la pelirroja.
No obstante, ella no se rendiría tan fácilmente, Severus era su amigo y siempre había estado allí para ella, por lo que de ninguna forma permitiría que pasara por lo que quisiera que estuviera pasando solo.
-Sabes que puedes contarme lo que sea ¿verdad? - aseguró la chica aparentando en señal de ánimo las manos de su amigo.
El chico levantó la mirada y por primera vez centró sus ojos en las orbes esmeralda de ella.
-Es algo que tengo que resolver yo solo - explicó entonces serio sintiendo como los impulsos eléctricos que provocaba su contacto con las manos de la chica recorrían su cuerpo.
-Bueno, en ese caso, al menos quiero que sepas que si en algún momento lo necesitas estaré aquí para escucharte - le prometió la chica rodeándolo con los brazos.
El chico se dejó abrazar, tenía ganas de llorar, muchas ganas de llorar de hecho, pero no lo haría. Hacía tiempo que había aprendido a ocultar esa parte de él a los demás. No debía mostrar debilidad bajo ningún concepto, ni tan siquiera a ojos de Lily.
No obstante, saturado por la situación que vivía y que sólo él conocía, se decidió a hacer algo que nunca antes había tenido el valor de intentar y cuando ambos muchachos hubieron roto el abrazo que los unía, se acercó con delicadeza a una sorprendida Lily y tomando su mentón con delicadeza depositó un tierno beso sobre sus labios.
La muchacha se quedó muda, no esperaba ese gesto por parte de su amigo, por lo que de un momento a otro todos sus esquemas se hicieron trizas. Casi podía reproducir en su cabeza todas y cada unas de las palabras de James Potter con respecto a su relación con Severus. Maldito Potter.
No obstante antes de que la chica pudiera siquiera pronunciar palabra el muchacho se levantó del banco y partió de vuelta a su casa no sin antes despedirse con un ' Nos vemos en Hogwarts, Lily'.
Cuando el muchacho desapareció de su vista, Lily se llevó la mano a los labios confusa. ¿Qué diantres acababa de suceder?. Aún no era capaz de procesarlo.
Por un momento, deseó con todas sus fuerzas volver el tiempo atrás pues, aunque odiaba pensar en ello, el beso del muchacho acababa de sentenciar la amistad entre ambos para siempre.
Las navidades habían pasado mucho más rápido de lo que a Remus le habría gustado. Nunca antes se había sentido tan cómodo con alguien como lo había hecho con Sarah durante esos días. Habían tenido conversaciones intrascendentes sobre nada en concreto, habían recorrido los interminables pasillos del colegio, se habían atiborrado de dulces en las cocinas del castillo, e incluso habían gastado alguna que otra broma a Filch, el conserje de la escuela.
No obstante, las festividades navideñas habían llegado a su fin y ese sería su último día solos en el castillo, por lo que habían decidido pasarlo paseando junto al lago negro.
Hacía tanto frío que las mejillas de ambos muchachos estaban completamente enrojecidas pero no parecía importarles en absoluto. Caminaban uno junto a otro en completo silencio, perdidos en sus propios pensamientos. Casi se podía sentir la paz antecedente al caos que supondría el regreso de las vacaciones, pues el único sonido apreciable era el crujir de sus pasos contra el suelo.
-¿Tienes ganas de que llegue mañana? - preguntó Remus rompiendo el silencio reinante hasta ese momento.
-Tengo ganas de ver a Lily y Ali si esa es tu pregunta -confesó con sinceridad la muchacha con un deje de tristeza en sus palabras- tú también debes estar deseando reencontrarte con el resto de merodeadores-
-Supongo, aunque reconozco que voy a echar de menos esto -sonrió con melancolía posando sus grandes ojos castaños sobre su compañera de aventuras navideñas.
-Tampoco me voy a convertir en calabaza mañana -bromeó la chica consiguiendo arrancar una sonrisa de los labios del muchacho.
-Lo sé, pero a veces parece todo tan complicado en el mundo real- suspiró entonces en respuesta dirigiendo su mirada hacia el despejado cielo azul con el que habían amanecido esa mañana.
-Y que lo digas, pero oye, si alguna vez buscas una compañera de conversaciones infructuosas o alguien con quién debatir sobre tonterías sin importancia mientras recorremos terrenos del castillo, ya sabes dónde encontrarme - propuso la muchacha con valentía mientras sus mejillas se teñían más aún de rojo, si es que acaso eso era posible.
Ambos se miraron entonces durante unos instantes que por momentos parecieron eternos. Y tras hacerlo, emprendieron juntos el camino de vuelta al castillo, recuperando el pacífico que había reinado hasta ese momento.
En todo ese tiempo juntos, ninguno había mencionado nada en relación al baile. Parecía haber sido un espejismo, un punto y aparte en sus complicadas vidas que, muy a su pesar, había empezado y acabado el mismo día. Y aunque ambos se morían por repetir esa noche, Sarah era demasiado cobarde para propiciarlo, y Remus demasiado sensato como para permitirlo.
Para cuando el reloj de cuco del salón de los Potter tocó las doce de la noche del día anterior al de la vuelta a la escuela, James y Sirius se encontraban ya en la habitación del castaño preparados para irse a dormir.
Habían pasado unas navidades mágicas pero como todo lo bueno, éstas estaban a punto de llegar a su fin. Y mientras que Sirius deseaba alargar su estancia en casa de los Potter al menos durante unos días más, James contaba los minutos para volver a la escuela. Esto se debía fundamentalmente a que mientras que uno de ellos daba esos momentos por sentado, el otro apreciaba cada segundo como si de un tesoro se trataran.
Cada uno de los muchachos se encontraba en una de las camas individuales con que contaba la habitación de James tumbados sobre ella mirando al techo en silencio.
-No debiste decir nada James - dejó escapar Sirius pensativo cuando pasados varios días de la conversación en la cocina de los Potter, al fin se armó de valor para sincerarse con su amigo.
-Tarde o temprano se iban a enterar si es que no lo sabían ya, pero, tienes razón, a veces las absurdas peleas con mi prima me nublan el juicio - reconoció con fastidio reprendiéndose a sí mismo por haber metido la pata de esa forma con su mejor amigo.
-¿Sabes? a veces pienso que tienes razón, todo parece perfecto y deja de tener sentido cuando las cosas se vuelven reales - suspiró con tristeza sin despegar los ojos del techo.
-¿Y por qué no eres claro con ella? Lleváis meses jugando al gato y al ratón y no habéis conseguido sinceraros el uno con el otro - expuso James arrojando una de las Quaffle de su estantería hacía el techo para a continuación recogerla.
-¿Y qué esperas que le diga? ' Oye Alison, creo que me he enamorado de tí, ¿Te gustaría ser mi novia hasta que te obliguen a casarte con otro tío?' - imitó Sirius con sarcasmo para señalar lo absurdo de la proposición de su amigo.
-Te has enamorado de ella - repitió simplemente James ignorando el resto de la frase.
-Si James, he sido tan gilipollas como para enamorarme de una de las pocas personas en el mundo que jamás me va a poder corresponder, especialmente teniendo en cuenta que es algo que ni siquiera depende de ella - replicó el moreno tapándose la cara con las manos con desesperación.
-Pues tío, díselo, no pierdes nada. Quiero decir, sabes que su destino está sellado pero estoy seguro de que ella siente lo mismo que tú, de hecho creo que estar seguro se queda corto. Puede que el futuro sea jodido pero no dejes de vivir por ello el presente - le aconsejó James regalándole una sonrisa tímida.
-Odio cuando te pones así de sentimental por las noches - espetó Sirius lanzando una almohada a James para dar por finalizada la conversación. Tras lo cual el castaño le miró divertido y ambos muchachos se acomodaron en sus respectivas camas para, pocos segundos después, quedarse profundamente dormidos.
