19. Epílogo, segunda parte

Llegamos tarde a la fiesta y, cuando entramos en el jardín de los Uchiha cogidos de la mano, es como si todo el mundo supiera por qué hemos tardado tanto.

Temari lo sabe, lo sé por la sonrisita que me dedica, y Hina también porque me recibe con los pulgares levantados y un movimiento de cadera más bien poco sutil.

Escondo la cara en el hombro de Itachi.

—Lo saben, lo saben todos.

Se ríe, me pasa un brazo alrededor y me da un beso en lo alto de la cabeza.

—Me da absolutamente igual. Mi novia está buenísima y me apetece hacerle el amor a todas las horas del día, no es su puto problema.

—Bonita elección de palabras, y ahora cierra la boca que la abu Uchiha no me quita los ojos de la barriga.

¡Sigue siendo plana, lo juro! Un poco hinchada por la pizza, quizá.

—Hablando del rey de Roma...

Nos dirigimos hacia su abuela, que está charlando con uno de los compañeros de golf de mi padre, el señor Sarutobi, un hombre encantador que la escucha embelesado.

Eso es, abu Uchiha, tú puedes.

—¿Desde cuándo sabes que me está ayudando a pagar la matrícula?

Con la beca aprobada, aún necesitábamos encontrar la forma de cubrir el resto de los gastos. Itachi tiene dinero ahorrado de trabajar los veranos y los fines de semana durante el curso, pero sus padres no le dejaron tocarlo. Además de pagarle una buena parte ellos mismos, le dijeron que había recibido una suma considerable de un donante anónimo. El dinero era de la abu Uchiha, aunque tardó lo suyo en conseguir que el sheriff confesara. Admito que, cuando lo descubrió, no pude evitar emocionarme.

—Puede que me lo mencionara una o dos veces, cuando me dijo que la avisara si íbamos mal de dinero.

Itachi se dirige hacia su abuela y la sorprende con un abrazo.

—Eh, abu, esta noche estás especialmente guapa.

Ella hace un gesto con la mano como quitándole importancia, pero es evidente que están a punto de enzarzarse en un intercambio de bromas y que el señor Sarutobi se va a quedar atrapado en el fuego cruzado.

—Sakura, cariño, ven aquí que te vea.

Huele a rosas y polvos de maquillaje, un olor que ahora siempre relaciono con ella. La abu Uchiha es el miembro de la familia Uchiha con el que tengo un vínculo más profundo, y siempre ha sido así, desde que era pequeña. Abrazarla es como volver a la casa en la que creciste, entrar en la cocina y encontrarte un plato de galletas recién hechas y un vaso de leche. Es consuelo y amor en la mejor de sus versiones.

—¿Cómo estás, abu? ¿Te has metido en problemas últimamente?

Me guiña el ojo y su mirada azul cielo desprende un brillo travieso.

—Empieza a preocuparte por mí cuando no desate el infierno a mi paso. ¿Y este qué?, ¿te está dando problemas? —pregunta, y le da una colleja cariñosa a Itachi—. Aún no te he perdonado el numerito de la rodilla. Dios sabe la cabezonería que he tenido que aguantar con tu abuelo. Ni se te ocurra volver a hacer algo así.

—Tranquila, abu.

Itachi sonríe a su abuela y, tras escuchar unas cuantas historias sobre la inundación que provocó hace poco en la residencia, los dejo solos para que se pongan al día y se inventen un plan para dominar el mundo. Pobre señor Sarutobi, no sabe dónde se ha metido.

Veo que todos mis amigos han llegado y que la fiesta está en su mejor momento. Localizo a mi padre y a su novia, Mei, ayudando al sheriff con la barbacoa y voy a saludarlos. Después de anunciar su retirada de la política, mi padre decidió centrarse en los negocios y las propiedades en las que había invertido y, la verdad, creo que dejar la alcaldía es lo mejor que podría haber hecho. En cuanto la prensa perdió el interés por él, dejaron de molestar a la familia y la gente no tardó en olvidar lo que se había publicado. Yo le agradezco que tomara esa decisión, no por lo que ha significado para Shikamaru y para mí, sino porque ahora es mucho más feliz. Ha decidido comprarse un piso en el pueblo de al lado al que se mudará en breve, pero por ahora no piensa vender la casa. Cuando se lo pregunté, me dijo que quería conservarla por si Shikamaru o yo decidíamos volver al pueblo. Mi hermano ya le ha dicho que no y yo lo estoy pensando. Quizá dentro de cinco años... Pero para eso aún falta mucho tiempo.

—Sakura, te acuerdas de Pakura, ¿verdad?

Sí, la acompañante de Itachi a la gala en la que todo salió mal. Sasuke me presenta de nuevo a su novia y se le ve tan feliz... La chica parece muy maja y, aunque en su día la odié porque algunos pensaban que era una mejor opción para Itachi que yo, la verdad es que me gusta para Sasuke. El otro hermano Uchiha y yo estamos en nuestro mejor momento, sobre todo desde que me contó que Itachi le había amenazado con subir a internet dos álbumes de fotos suyas jugando con Barbies cuando era pequeño si se le ocurría acercarse a menos de dos metros de mí. Le eché la bronca a Itachi en cuanto me enteré, más que nada porque la idea de que Sasuke aún pueda sentir algo por mí es absurda, aunque tampoco negaré que se me pusieron los pelos de punta de placer. En cualquier caso, me alegro por él y también estoy contenta porque sé que los dos hermanos vuelven a estar bien.

—¿Tengo que hacer cola para poder estar con mi novia?

Itachi me encuentra justo cuando acabo de terminar la ronda de saludos y estoy tratando de recuperar el aliento. Últimamente me esfuerzo por ser mucho más sociable y no quedarme en una esquina cogida de la mano de mi novio. ¿Al fin he conseguido dominar el arte de comportarse como un adulto? Bueno, al menos eso es lo que intento.

—No, pero podrías esforzarte un poquito más para conocer a toda la gente que ha venido a la fiesta que tus padres han organizado para ti.

—A la mitad no los conozco —responde, encogiéndose de hombros—, la otra mitad son una pandilla de imbéciles del instituto y a los demás los veo todos los días. No le veo el sentido.

—A mí me ves todos los días, ¿así es como piensas tratarme en el futuro? Vaya, gracias por hacerme sentir especial.

Me doy la vuelta, dispuesta a dejarlo plantado, pero me coge de la cintura y me deja sin aliento con un beso como los de las películas de antes. Oigo un silbido a lo lejos, seguramente de Kisame, seguido de aplausos. Itachi y yo nos separamos entre vítores y silbidos, y yo escondo la cara en su pecho.

—Ahora sí que es evidente que saben por qué hemos llegado tarde.

Me aferro a su camiseta y él se ríe, qué cara tiene...

—Parece increíble lo vacío que está esto.

Mi habitación está un poco distinta después de todo lo que me he llevado al apartamento de Providence. Estoy agotada, aunque increíblemente satisfecha. La fiesta ha sido un éxito, el colofón perfecto para un verano movidito, aunque Itachi y yo nos marchamos antes de que terminara porque mi novio es más insaciable que mi adicción al azúcar refinado.

Está tumbado detrás de mí, con un brazo alrededor de mi cintura y las piernas enredadas con las mías.

—Me alegro de que hayas dejado esta colcha aquí. Me recuerda a los tiempos en que te me resistías.

Su risa vibra en mi pecho a través del suyo.

—No dejaste que me resistiera. Aunque hubiera levantado paredes de hierro a mi alrededor, las habrías atravesado a lo Hulk.

—Cierto —asiente, muy serio—, no te habrías podido librar de mí ni queriendo, aunque los dos sabemos que no querías.

—Sí, no sabes cuánto te quería, sobre todo aquella vez que me tiraste agua con colorante encima, o cuando secuestraste a mi familia, o cuando me di cuenta de que tenías más fans que todos los de One Direction juntos. Fue el argumento definitivo.

Se ríe.

—Por favor, seguro que tengo, mínimo, doscientas mil fans más que esa pandilla de rompebragas.

—Si veo a una sola chica intentando acercarse sospechosamente a tu paquete —le digo, y le doy un codazo—, entonces tu padre sí que tendrá que mover hilos para sacarme de la cárcel porque esta vez me encerrarán por asesinato.

—Hablando de asesinatos, ayer te vi hablando con Mikoto. ¿Debería preocuparme?

Sus manos se deslizan por debajo de la parte de arriba de mi pijama y me acarician la piel.

—Me pidió perdón, otra vez. —La verdad es que me sorprendió—. Me dijo que se había pasado de protectora y que no fue justa conmigo. Me dijo que... eh... quería intentar que las cosas entre nosotras fueran como antes.

—De ti depende, Sakura, haz lo que creas mejor.

—No nos veremos muy a menudo, pero me gustaría intentarlo. La vida es demasiado corta para enfadarte con la gente que te quiere.

—Es demasiado corta, ¿verdad? Cuando estás seguro de algo, deberías intentarlo con todas tus fuerzas, ¿no? ¿Qué sentido tiene esperar?

Lo que dice suena extrañamente críptico, como si se lo dijera más a sí mismo que a mí.

—Sí, claro. ¿Por qué esperar a que te pasen las cosas cuando puedes ir a por ellas?

Me doy la vuelta para mirarlo y, a pesar de que las luces están apagadas y lo único que le ilumina es la luz de la luna, veo la determinación que se desprende de su expresión. Estira un brazo hacia la mesilla de noche, abre el cajón que es oficialmente solo para él y saca algo. De repente, estoy totalmente despierta. Me incorporo e intento controlar el latido desbocado de mi corazón.

—Date la vuelta, Saku.

—¿Qué?

Mi voz suena susurrante, ansiosa, pero de una forma maravillosa.

—Por favor, date la vuelta.

Me pongo de rodillas sobre la cama, de espaldas a Itachi. El colchón se hunde bajo su peso cuando se acerca. Con una mano me aparta el pelo del cuello y yo le ayudo recogiéndolo en una coleta.

Y entonces algo frío cae sobre mi pecho y no puedo reprimir un grito de sorpresa. Porque alrededor del cuello tengo una fina cadena de plata y lo que cuelga sobre mi pecho es un anillo. A pesar de la oscuridad, veo el diamante de corte princesa reflejando la poca luz que entra por la ventana.

Un anillo de diamantes.

—Itachi...

No puedo respirar, me he quedado sin habla. Ni siquiera puedo moverme; la impresión me ha dejado petrificada. Sus brazos me rodean y, de pronto, me doy cuenta de que estoy temblando y a punto de llorar.

—El anillo es tuyo, siempre lo ha sido. La abu me ha recordado hoy que te lo diera cuando creyera que había llegado el momento. Pero siempre he estado seguro, siempre he estado preparado para este momento, para lo nuestro. Le prometí a tu padre que esperaría como mínimo hasta que tuviéramos veintiuno para dar el paso, pero quiero que sepas que este anillo no es mío, es tuyo, y cuando estés segura de que ha llegado el momento, te lo pondré en el dedo.

Doy media vuelta y me lanzo sobre él, sus labios en sintonía con los míos. Pongo en ese beso hasta la última pizca de amor que siento por él y, mientras lo empujo hasta que cae de espaldas sobre la cama, acaricio el anillo que descansa tan cerca de mi corazón.

—Cada día que pasa, me enamoro un poco más de ti —le confieso, y beso cada centímetro de su cara —. Cada día que paso a tu lado es mejor que el anterior. Eres fuerte, tienes el corazón más grande y compasivo que he visto en mi vida, me quieres como nunca nadie me ha querido. —Mis manos se posan encima de su corazón mientras le cubro de besos el pecho, que se contrae rápidamente al contacto con mi piel—. Eres mi héroe, el amor de mi vida, el cavernícola de mis sueños. —Al oír esto último, se le escapa la risa—. Y si de algo estoy segura en esta vida, es de que quiero pasarla a tu lado. —Me siento a horcajadas encima de él y le sujeto la cara con las dos manos—. Me tienes ganada, Itachi Uchiha, tendrás que soportarme el resto de mis días, y esto —le digo, acariciando el anillo que parece que pesa una tonelada, pero que, al mismo tiempo, me tiene flotando en las nubes—, esto es todo lo que podría pedir en la vida. Así que te prometo una cosa: aunque tengamos que esperar dos años más, cuando quieras hacerme la pregunta, cuando creas que estamos preparados, tú pregúntame y mi respuesta siempre será sí.

La noche se transforma lentamente en día, la luz del alba nos rodea mientras celebramos otra primera vez y Itachi exprime hasta la última gota de placer que contiene mi cuerpo. Ni siquiera me molesto en pellizcarme porque sé que esto es real. Ya no tengo miedo, ya no necesito aferrarme a lo nuestro como si mi vida dependiera de ello, porque durante este año he aprendido y he vivido. He madurado y Itachi también.

Ahora vivimos más libres, amamos con más fuerza y, lo más importante, confiamos tanto el uno en el otro que si de algo podemos estar seguros es de que el amor que compartimos, y que tanta suerte hemos tenido de encontrar, es tan fuerte, tan poderoso, que sobreviviría al mismísimo apocalipsis.

Hemos llegado al final. Quiero darles las gracias a todos los lectores de esta historia que estuvieron desde el inicio. Espero hayan disfrutado de esta adaptación tanto como yo. Les recuerdo que Naruto, así como sus personajes, le pertenece a Kishimoto. La historia es el tercer libro de la saga "Bad Boy´s Girl" del cual la autora es Blair Holden. El uso de los personajes como la historia es sin fines de lucro y sólo con el afán de entretener.

Además de avisarles que hare muchas más adaptaciones en el futuro, estén al pendiente.