All For You

EPILOGO

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración

N/A: Este capitulo contiene

Verano Lemmon todo aquel que se sienta sensible con este contenido, pondré la siguiente marca */*


1917

El sonido de la verdura picarse se hacía presente en la cocina de la pequeña estancia en la que vivía un joven matrimonio, alejado de las comodidades que le ofrecía la mansión de su familia, pero otorgándoles la privacidad que una pareja de enamorados agradecía. El esposo, una apuesto joven, rubio, ojos azules, fuerte, varonil, con una agilidad además para la cocina, cerciorándose de que todo estuviera en orden, poniendo finalmente la verdura en la olla y posteriormente probar uno de los guisados, sazonándolo un poco más con sal hasta estar satisfecho con el sabor. Solo quedaba esperar unos minutos más y todo estaría listo, lo que le dio la confianza de retirarse de allí mientras se despojaba del delantal y con una sonrisa salía de la habitación.

El sonido del agua caliente caer de la regadera y el vapor llenaban el baño, mientras que la esposa se daba un baño, dejando que sus músculos se relajaran después de un arduo día de trabajo. No obstante, a pesar de haber pasado más de un año le alegraba cuando la llamaban: Enfermera Brower, al principio no se acostumbraba, pero al darse cuenta de que era ella, era común que respondiera con una sonrisa. Estaba por retirar el último rastro de jabón en su cuerpo, cuando el sonido de la puerta se hizo presente, haciendo que ella respingara, pero al deducir quien era trato de apresurarse un poco más.

-Ya casi término…-menciono, sin embargo cuando la cortina se abrió y al ver al apuesto hombre con aquella mirada, recorriendo su cuerpo, llena de fuego, sabía que no había escapatoria, haciendo que el deseo comenzara aprisionarla cuando él se fue despojando de su ropa.

*/*

-No pequeña pecosa, esto apenas comienza-Anthony se puso bajo el chorro del agua mientras besaba a su esposa y ella lo abrazo del cuello permitiéndole a él con sus fuertes brazos cargarla, se enredó a él con sus piernas, logrando tener acceso a ella mientras un jadeo se escapaba de sus labios. Se dejaron llevar a la misma velocidad que hacia ebullición el agua que previamente el rubio había dejado en la cocina. Su mente quedaba en blanco, se aferró más a él dejando que su voz expresara la deliciosa electricidad que recorría todo su cuerpo-De vez en cuando no es malo comer el postre antes de la cena, ¿no crees?-menciono él, deleitándose con el rostro agitado, las mejillas sonrojadas y el brillo en los ojos de Candy, que siempre aparecía cuando iban más allá de un apasionado beso, haciéndose uno solo, él estaba a su merced, todo con tal de que ella mostrara esa hermosa expresión.

*/*

Ambos amaban la intimidad que les otorgaba vivir en aquella pensión, sin interrupciones, amándose en cualquier rincón de su apartamento. Llegando al acuerdo que durante su primer año serian solamente ellos dos, aunque la tía abuela estaba impaciente de no ver descendencia. Después de disfrutar de la cena, se acomodaron en la sala, ella recargada sobre su pecho, mientras él la abrazaba y leían uno de sus tantos libros, mientras la ventana permanecía abierta para dejar entrar el viento que apaciguaba el calor causado por la temporada.

-Oh ya entendí-menciono ella después de la explicación que atentamente Anthony le había dado.

-Aparte de preciosa eres muy lista, ¿no has pensado estudiar medicina?-cuestiono él, aunque Candy pensó que estaba siendo muy exagerado.

-En realidad no, siento que soy más útil como enfermera-por su parte no se sentía como una persona tan brillante, sobre todo teniendo como ejemplo a grandiosas y destacadas doctoras como lo eran Kelly y Erin.

-Bueno si algún día decides emprender ese camino, en mi tienes a un mentor dispuesto a guiarte-sin embargo el rubio estaba hablando muy enserio aunque no perdía la oportunidad de coquetear con la pecosa.

-¿Y tus servicios serian costosos?-pregunto ahora tomándolo en broma.

-Por ser un médico de la elite, sí, serían muy costosos-contesto fingiendo estar pensativo-Pero no es algo con lo que no puedas retribuirme-decía mientras levantaba una de sus cejas, para después poner el libro sobre la mesa, abalanzándose sobre su esposa para abrazarla y besarla sobre su sofá entre risas y caricias.

Faltaban un par de horas para el amanecer, sin embargo Anthony tuvo que levantase debido a que tenía una importante cirugía programada antes de que el sol se pusiera, con gran pesar en su corazón dejo el lecho que compartía con la rubia, trato de ser sigiloso, pero ella al no sentir el calor del abrazo del ojiazul se dio cuenta y lo tomo de la mano.

-¿No quieres que te acompañe?-pregunto con la intención de asistirlo, de serle de ayuda.

-No preciosa, ayer fue un día muy pesado para ti, descansa, nos vemos más tarde-menciono para después besarla tiernamente en la coronilla, logrando que ella nuevamente durmiera.

Al levantarse, se alisto para ir al Hospital y encontró lo que habitualmente hacia Anthony cuando se dirigía más temprano al trabajo, el desayuno preparado, solo tenía que recalentarlo y servirlo, evitaba que ella se martirizara en preparase algo o por las prisas no alcanzar a desayunar como era debido. Se auto reprochaba por permitir que él hiciera todo eso por ella, cuando era un médico tan dedicado y a veces no tenía tiempo para descansar como era debido. De camino a su trabajo se detuvo en el puesto de periódicos, donde la revista The Scandal mostraba las fotografías de dos rostros conocidos en su portada bajo el título "La Gran Obra del Año". Le pido al tendero que le vendiera aquel ejemplar, al pagar, finalmente pudo apreciar de cerca aquellas fotografías.

-"Terry y Eleonor"-eran las fotos de los dos actores, madre e hijo. Al hojear encontró el articulo donde reseñaba el gran éxito que estaba siendo la obra de Hamlet, protagonizada por dos grandes actores, diferentes generaciones, las funciones agotadas, sin dejar de lado la magistral actuación de Karen en su papel de Ofelia, quien estaba siendo reconocida como una de las mejores revelaciones desde que protagonizo Romeo y Julieta. Recordó que el mismo Tom le había escrito, comentándole que fue invitado junto con su padre al estreno, pudiendo visitar a la actriz que ignoro a sus fans para estar a su lado-"Me alegra que puedas compartir el escenario con tu madre, debes estar muy feliz"-pensó, imaginando la alegría del actor no solo por ser tan reconocido, sino porque también podía compartir ese éxito con su madre, dejando atrás la sombra de la gran carrera de Eleonor Baker.

Continúo su marcha hacia el Hospital sin percatarse que en la librería por la que acababa de pasar, el encargado ponía en la vitrina en exhibición el reciente libro de Anne S. Blythe "El Dador de Vida" el recopilatorio de historias del grupo de elite de investigación del Hospital Universitario de Zurich.


Al mediodía en el la Clínica Feliz, en donde se curaba humanos y animales, el Dr. Martin abrió su dispensario en donde sus ojos se iluminaron al encontrar una botella de Escoses deliciosamente añejado, lo tomo, pero una mano más joven hizo lo mismo evitando que lo bajara.

-Dr. Martin, eso no es jarabe-comento la joven que había llegado un año atrás interesada en los conocimientos que el había plasmado en su ensayo, el cual fue escrito cuando era un joven y cotizado medico en el país.

-Dra. Callaghan, usted desconoce las bondades de un excelente whisky para los malestares-el medico trato rápidamente justificarse, aunque advertía que la rubia no era una ingenua.

-¿Y de que malestares habla?-pregunto frunciendo el ceño y riendo irónicamente, ya conocía el habito que no esperaba encontrar en el autor de tan brillante ensayo en la que se basaba su investigación, reconocía totalmente su capacidad, pero hacia lo posible para mantenerlo sobrio.

-No me quiero imaginar la difícil vida que le dará a su futuro esposo-argumento el Dr. Martin en un intento de desviarla del tema, pero Erin se mantenía firme en sostener aquella botella.

-Lo dudo bastante, porque no hay nada en él que me desagrade-respondió vehemente sin evitar recordar todas las cosas por las que se había enamorado de él.

-Yo también diría lo mismo de mi futura esposa-ambos miraron hacia la puerta, el par de médicos se habían enfrascado en su discusión que no se percataron de la presencia del elegante hombre que había entrado a la Clínica Feliz.

-Pero miren nada más, uno de mis pacientes favoritos-argumento, siendo sorprendido un año atrás al enterarse que el paciente con amnesia que había atendido era nada más y nada menos que el líder el clan más reconocido en Chicago-Espero que por lo menos en su boda si me dejen beber-reprocho mientras soltaba la botella y se dirigía hacia al recién llegado.

-Usted estará en la mejor mesa, con la mejor cosecha de licores, se lo aseguro-respondió él, estando agradecido por haber sido su paciente cuando ni él sabía quién era, ni podía ser recibido en otro Hospital y sobre todo porque gracias a él y a su trabajo, había traído a dos personas importantes para él.

-Esa voz me agrada-comento risueño el medico quien se había mantenido firme en continuar su labor en la Clínica Feliz, pero dispuesto a colaborar con la investigación que estaba liderando la joven que tenía el turno de ayudarlo ese día.

-Vine por Erin para salir a comer-costumbre que tenían cuando apenas se estaban conociendo y que esperaban conservar por mucho tiempo.

-Adelante, yo me encargare de los pacientes-hizo el gesto con su mano para que se apresuraran.

-Se lo agradezco-respondió el rubio con una sonrisa.

-Yo me llevare esto-menciono Erin al llevarse entre sus manos la botella y alejar al Dr. Martin de la tentación de beber.

-¡Oye no!-exclamo, sin embargo la pareja tomados de la mano salía apresurada del lugar, mientras varios trabajadores pasaban de un lado a otro mientras continuaban con su labor de ampliar la Clínica Feliz y poder recibir cada vez a más personas que tenían dificultades de ser atendidas en el Hospital.

Ambos se dirigieron a un parque cercano donde había un lago, con una variedad de botes en los que se podía navegar y disfrutar aquel paisaje, sin embargo, ellos se quedaron sentados en una banca con vista hacia el lago. Él saco de un canasto, un par de emparedados que el mismo había preparado y dos botellas de jugo fresco.

-Mmmm esta delicioso-menciono la joven disfrutando como siempre la comida que él preparaba, sintiendo como el suavemente retiraba un mechón de pelo que se le había escapado, acomodándolo atrás de su oreja, se sonrojaba cada vez que tenía ese dulce detalle hacia ella. Cruzo su mirada con la de él, viendo aquella expresión que hacia vibrar su corazón, esa sensación que pensó nunca sentiría y que su corazón poco a poco fue comprendiendo-Eres demasiado condescendiente con el Dr. Martin, Dios no quiera que le dé una congestión alcohólica en nuestra boda-dijo en modo de reproche aunque en realidad no podía molestarse con él.

-Créeme es lo menos que puedo hacer por él-dijo, una vez más recordando las cosas por las cuales estaba agradecido, sobre todo al verla a ella-Ya falta menos, ¿no estas nerviosa?-aquella pregunta logro que su prometida comenzara a toser al ahogarse con la comida, preocupándolo dándole unas cuantas palmadas en su espalda y rápidamente destapar el jugo para que ella pudiera beber de el, logrando que ella respirara con normalidad.

-Para nada, ¿y tú?-respondió de manera sarcástica, soltando una risa nerviosa, ella, que alguna vez se impuso en contra de su familia para no casarse y más si era con alguien con el estatus que el clan Callaghan mereciera, pero ahora, ese mismo clan festejaba y vitoreaba la unión que se llevaría a cabo, aunque ella lo hacía por temas ajenos a una negociación.

-De ninguna manera-argumento él también de manera sarcástica-Estoy contando los días-aunque después su expresión cambio a una sincera, mientras sus ojos azules la miraban intensamente logrando cautivarla por completo. No solo había conocido a su mejor amiga si no también a la dueña de su corazón. Cuando le propuso ser su esposa el pasado invierno, deseaba que su boda fuera lo más pronto, pero al tratarse de una unión tan importante y trascendental para dos familias tan prestigiosas, tanto su tía como los miembros de la familia Callaghan querían organizar todo de manera minuciosa, con tradiciones propias de cada familia, reunirlos a todos en Chicago y eso les llevaría varios meses, hasta que finalmente les quedaba menos de dos semana para el tan ansiado día-Hay algo que quiero darte-menciono mientras le extendía una carpeta, haciendo que la rubia mostrara sorpresa.

-¿Y qué es?-pregunto sin imaginar el contenido que pudiera tener aquella hojas.

-Es un regalo de bodas-respondió él, feliz y completamente atento a cualquier movimiento de Erin.

-Primero rechazas mi dote y aun así me das un regalo de bodas, no eres un hombre común-comento divertida, maravillada por las sorpresas que su prometido le tenía preparada desde que lo conoció.

-Nunca dije que lo fuera, más bien, ninguno de los dos somos comunes-respondió acompañado de una carcajada.

-Bien veamos que preparo este hombre poco común a su prometida poco común-menciono siguiéndole el juego dibujando una sonrisa que siempre seria de él, sin embargo al repasar aquellas hojas, su sonrisa se fue desvaneciendo y sus ojos se fueron humedeciendo-Albert, ¿esto?, ¿es real?-pregunto mientras sus manos ligeramente temblaban y una lagrima descendía por su mejilla. El rubio asintió deteniendo una de las lágrimas que amenazaba con caer del rostro pecoso de su prometida.

-¿Quieres que vayamos a decírselo?-pregunto sabiendo que ella sola no podía al estar atravesando por varias emociones, entre ellas, la felicidad.

-No, hagamos una reunión, esta noche, en la mansión Ardley-sus ojos aunque aún llorosos le rogaban al rubio que cumpliera su petición.

-De acuerdo, ¿regresaras hoy al Hospital?-Erin respingo ante la pregunta de su amado tomando en cuenta el reciente descubrimiento.

-No creo poder, esperare-menciono aunque en realidad quería correr, pero decidió contenerse y esperar a que todos los involucrados estuvieran reunidos-Muchas gracias, realmente gracias-lo tomo del rostro, acariciándolo, acercándose a él para unirse en un beso, a ese extraordinario hombre del que se había enamorado.


Una hora más tarde, Candy recibió una nota para que ella y Anthony fueran esa noche a la mansión Ardley, se cuestionaba de qué podría tratarse, Erin no se encontraba allí para averiguar si tenía una pista. Se alegraba que una mujer como ella fuera a llegar al altar junto con su amigo, su padre adoptivo, los dos le parecían personas sumamente maravillosas y bondadosas, que a pesar de los intereses de sus familias, ellos realmente se amaban.

Al preguntar dónde se encontraba su esposo, le comentaron que estaba descansando en su oficina, la cirugía fue más larga y agotadora de lo que esperaban. Cuando llego a su destino toco un par de veces, pero nadie respondía, giro la perilla y por suerte esta no tenía seguro, ingreso al lugar que se le fue asignado por ser un especialista al igual que a cada médico que era del equipo de elite. Observo que estaba recostado sobre su sofá, dormido, mientras que su bata colgaba de un perchero, se acercó a él embelesada arrodillándose cerca de él, a pesar del tiempo estaba maravillada como su pecho ascendía y descendía, el milagro que encerraba que su corazón latiera, lo agradecía día con día. Lo observo por varios minutos admirando su belleza, reconociendo de que debía seguir durmiendo se levantó de allí y se dirigió a la puerta, pero cuando estuvo a punto de abrirla una mano se posó sobre la suya, identificando el calor de su pecho cerca de su espalda.

-¿Se marcha tan pronto enfermera Brower?-cuestiono de manera juguetona el rubio mientras que la rubia daba la vuelta recargando su espalda sobre la puerta.

-Pensé que seguías dormido-respondió sonrojada, no importaba que llevaran más de un año de casados, aun lograba erizarle la piel y robarle el aliento cuando la miraba de esa manera tan profunda. Escucho como le ponía el seguro a la puerta, sus rodillas se debilitaron, sintiendo como el calor comenzaba a recorrer su cuerpo.

*/*

-Y desperdiciar un minuto sin verte, de ninguna manera-sin esperar un segundo más se apodero de su labios, tomándola de la cintura, guiándola hasta su escritorio, la levanto, sentándola sobre aquel mueble, mientras la seguía besando, él la fue despojando de la parte de arriba de su uniforme, dejando que mantuviera puesto su brasier, aunque eso no evito que los labios del ojiazul recorriera sus alrededores disfrutando todo ese sendero, ella se deshizo del nudo de la corbata y abrió su camisa, la mano de él fue acariciando su muslo hasta que llego su punto más sensible haciendo que ella arqueara su espalda y que su voz emitiría un sonido de manera inconsciente. Anthony fue dócil con ella, iniciando con movimientos lentos y suaves, aunque poco a poco la expresión de la rubia pedía más, hasta que finalmente se aferró a su cuello cuando culmino, convulsionando cada parte de su cuerpo, aun con la respiración agitada acaricio su rostro.

*/*

-¡Casi lo olvido!, llego una nota diciendo que esta noche debemos ir a la casa de los Ardley-menciono la rubia después de reacomodar su uniforme y cerciorarse de ello en el espejo que tenía en el pequeño ropero que estaba en la oficina de su esposo.

-¿Esta noche?, ¿de qué se trata?-pregunto sin poder recordar si había algún evento importarte en esos días que no fuera la boda de su tío. Abrocho finalmente su camisa color azul y levantaba su corbata color crema del piso, su esposa se acercó para rehacer el nudo que ella deshizo.

-No lo sé, no decía la nota, tal vez sea algo referente a la boda-menciono mientras hacia aquel nudo que el mismo galeno le había enseñado hacer y que le llevo poco tiempo aprender-Listo-dijo con orgullo al verlo terminado y con ello el deseado beso que venía después.

-Por cierto, yo también tengo algo preparado para este fin de semana-argumento entusiasmado logrando intrigar aquellos ojos verdes que adoraba.

-¿Y de que se trata?- pregunto, sin embargo al reconocer aquella sonrisa de su amado, sabía la respuesta.

-Es una sorpresa-beso rápidamente su nariz para después ir por su bata, colocársela y dirigirse hacia la puerta-Nos vemos en la noche enfermera Brower-dijo regalándole un guiño mientras salía y hacer la graciosa huida, dejando a la rubia con la duda pero con una sonrisa atolondrada.

Al salir se encontró a varias de sus compañeras rodeando a alguien, al descubrir de quien se trataba, una inmensa alegría invadió su rostro, se acercó hacia ellas, pero dirigiéndose principalmente a su antigua compañera.

-¡Flammy!, regresaste-sin previo aviso la abrazo, aunque la aludida no correspondió a aquel gesto, si estaba alegre de volver a ver su alborotada compañera de la escuela de enfermería.

-Hola Candy, si, fui dada de baja al parecer las cosas se van calmando-menciono aunque sin querer detallar que quizá la guerra estaba por terminar, aunque siempre podría surgir algún giro inesperado.

-Estoy feliz de que hayas regresado- la tomo de ambas manos haciendo que la enfermera de guerra notara el anillo en su dedo.

-Mírate, hasta tú ya te casaste-menciono sorprendida haciendo que la rubia se sonrojara y fuera soltando sus manos.

-Sí, se casó con el doctor más apuesto del Hospital-argumento una de las enfermeras, que al igual que sus compañeras, envidiaban a la rubia, pero no podían reprocharle nada al ver como el "Angel del hospital" amaba a su esposa.

-Vaya, que inesperado-argumento Flammy, pero noto la felicidad y la dicha reflejada en el rostro de la pecosa, pero esta se desbordo al dirigir su mirada hacia la entrada del Hospital.

-¡Anthony!-exclamo la ojiverde causando que su ex compañera mirara hacia la misma dirección, encontrándose con el rostro del joven que la había ayudado en Suiza y que había logrado acelerar su corazón, pero al ver como él se acercaba hacia Candy, nuevamente ese sentimiento desolador se hizo presente, el destino le estaba jugando chueco al reencontrarse con él, cuando ya se había mentalizado no sentir nada, pero al ver como se tomaban de la mano, era definitivo, sus sentimientos debían ser sepultados en lo más profundo-Anthony, ella es mi ex compañera de la escuela de Mary Jane…-

-Flammy Hammilton-nombro el rubio logrando sorprender a la rubia y que el corazón de Flammy diera un brinco.

-¿Cómo se conocen?-pregunto Candy mirando uno al otro a la espera de una respuesta.

-Fue en el Hospital en Zurich, la atendí cuando en el frente francés fue atacado-explico brevemente hacia su esposa quien estaba asombrada y a la vez horrorizada de aquella tragedia-Me alegro que te hayas recuperado-estaba vez se dirigió hacia Flammy, que solo fue capaz de asentir.

-Lo mismo digo-menciono Candy, aunque su ex compañera no deseaba recibir nada de la pecosa, pareciéndole mucho más insoportable que antes.

-Todos iremos a cenar para celebrar el regreso de Flammy, ¿les gustaría acompañarnos?-menciono otra de las enfermeras, ganándose una mirada de desprecio por parte de Flammy quien no deseaba tener enfrente a aquella pareja.

-Nos encantaría, pero ya tenemos un compromiso, será para la siguiente-menciono el rubio, declinado aquella invitación educadamente, caracterizándose por ser un caballero.

-Muchas gracias de todas formas-dijo de igual forma la ojiverde, quien dirigió su mirada hacia su esposo el cual asintió en señal de que era el momento-Nosotros nos retiramos, me dio gusto verte Flammy, espero verte pronto-menciono antes de dirigirse a la salida junto con Anthony en donde un carruaje ya los estaba esperando. Para Flammy la alegría que había tenido por volver a ver a Candy se había esfumado por completo, sin duda, buscaría trabajo en otro Hospital.


Ian Callaghan llego a la mansión Ardley dirigiéndose a la sala principal, encontrándose con una pareja de enamorados, cada vez que los veía, tan felices, lo llenaba de una inmensa alegría, era algo inexplicable al igual que cuando la imagen de su amada esposa venía a su mente cuando veía reír a esa joven enfermera de ojos verdes. Se acercó a ellos esperando no irrumpir con su charla, pero cuando Candy se percató de su presencia se entusiasmó al ver que se acercaba a ellos.

-Buenas noches Sr. Callaghan-saludo alegremente y con aprecio la ojiverde, conservando ese mismo sentimiento que vivió desde que lo conoció.

-Buenas noches Candy, lo mismo para ti Anthony-respondió de la misma manera logrando que esa sombra de tristeza que cubría sus ojos se desvaneciera por un momento al verlos.

-Buenas noches Sr. Callaghan, veo que también lo llamaron para la reunión de hoy-menciono tratando de descifrar a aun de que se trataba la reunión.

-Así es, por un momento pensé que se trataría de la boda, estamos a pocos días aunque al parecer ambas familias ya se encuentran en la ciudad-comento estando al tanto de los pormenores y de que no había algún contratiempo-¿Cómo han estado ustedes?-cuestiono interesado en comprobar la felicidad que ambos rubios desbordaban, deseaba profundamente que su hija Erin viviera esa misma dicha que ellos, pero confiaba que Albert seria la persona indicada para que su deseo se cumpliera.

-Mas felices cada día- respondió la ojiverde mientras se tomaba de las manos con su amado, quien le regalo una encantadora sonrisa.

-Me alegro mucho por ustedes-menciono Ian sinceramente, deseando que esos días de felicidad continuaran por mucho tiempo.

-Muy bien jovencitos, al parecer ya estamos todos-la voz de la tía abuela se hizo presente mientras entraba a la sala, ansiosa por las noticias, esperando que no fuera algo que fuera en contra de todos los preparativos que llevaba haciendo varios meses atrás, tanta era su angustia que no se percató de la presencia de su sobrino favorito-¿Qué es eso que con tanta urgencia nos quieren decir?-pregunto mientras se sentaba en el lugar que le correspondía y que algún día esperaba que Erin ocupara.

-Tranquilícese tía no es nada grave-menciono Albert tratando de calmar a Elroy Ardley para que no le diera un infarto, tomando asiento junto con su prometida, quien venía abrazando la carpeta que horas antes le había entregado el líder del clan Ardley.

-Bueno, primero que nada, estoy muy feliz de que todos estén aquí-para Erin fue difícil que sus ojos no se humedecieran al ver a su padre y a la ojiverde presentes, carraspeo para poder continuar-Como sabrán, hace casi ya diecinueve atrás, mi padres, mi hermana y yo, vivimos por un tiempo en este país, pero por desgracia, en un evento en donde algunas de las distinguidas familias que venían del extranjero se reunieron y sufrieron un atentado, nosotros estuvimos allí, mi madre-una lagrima descendió de su mejilla, mientras que su padre revivía aquel sufrimiento, Candy sintió que su pecho se estrujaba sin dejar de sostener las manos de Anthony. Albert alentó cariñosamente a Erin para que continuara-Ella por desgracia no sobrevivió y también dimos por hecho que mi hermana, una bebé de tan pocos meses, tampoco, no se encontró rastro, nada-tanto para ella como para su padre era difícil aceptar esa situación-Sin embargo, gracias a Albert, me devolvió algo que jamás imagine tener de regreso-con lágrimas en los ojos sentía que no bastaría esa vida para agradecerle todo lo que había hecho por ella. Le extendió la carpeta a su padre, quien con sus manos temblando tomo aquel objeto dudando en observar su contenido-El equipo de investigación de los Ardley, por varios meses, descubrió que tanto mi hermana como la hija de los Bridgerton, fueron llevadas por la nana que se contrató esa noche, pero al tener graves heridas, no sobrevivió por mucho tiempo, ella no tenia familia y al no saber el origen de esas niñas, una vecina de ella las llevo a un orfanato-fue diciendo mientras Ian abrió la carpeta revisando toda la información que Erin iba describiendo, al seguir hojeando una foto resbalo, Candy fue más rápida al tomarla y se paralizo al reconocer el lugar.

-Pero si es…-las lágrimas comenzaron a desbordarse mientras que Anthony también reconocía aquel lugar, abrazando a su esposa, sospechando hacia donde iba todo.

-El Hogar de Pony-menciono Erin mirando a Candy, ambas llorando, mientras que Ian seguía sin poder asimilar lo que escuchaba-Allí tanto la hija de las Bridgerton como mi hermana fueron llevadas, la primera fue adoptada por los Britter y mi hermana primero por los Legan y después por Ardley-las dos rompieron en llanto, mientras que el padre, de ambas se levantó de su lugar, haciendo que todos las hojas se esparcieran, entre ellas algunas fotos de Candy y de Annie.

-Entonces, ¿Candy, Candy es…?-pregunto esperando que lo que estaba escuchando no fuera un sueño.

-Es una Callaghan- respondió, comprendiendo el enorme parecido de Candy con su madre a diferencia de sus ojos, que eran totalmente idénticos a los de su padre. Ian dirigió su mirada hacia Candy, y ella al verlo, ambos lo comprendieron finalmente, ese sentimiento, ella se fue levantando aunque pensó que en cualquier momento se derrumbaría, Ian la tomo del rostro asegurándose una vez que era real, Candy se animó a hacer lo mismo, aquel hombre, de facciones tan elegantes, definidas y a la vez varoniles, con aquellos ojos verdes que seguramente cautivo a muchas damas, era su padre. Sin aguantar un momento más ambos se abrazaron fuertemente incapaces de decir algo más.

Todos en aquella sala estaban conmovidos, la tía abuela, secaba algunas lágrimas, arrepintiéndose de lo dura que fue Candy, esperando enmendar esos errores con la familia que ya estaba integrada a los Ardley. Mientras que Anthony estaba feliz de presenciar ese descubrimiento, feliz por ella al descubrir finalmente de donde venía y que siempre la habían amado. Ambos se fueron soltando lentamente, el padre secando las lágrimas de su pequeña hija mientras que las suyas seguían fluyendo.

-Erin-Candy la llamo haciendo que la prometida de Albert se levantara y corriera hacia sus brazos para abrazarla fuertemente-Estoy tan feliz de que sean mi familia-menciono al mirar ambos y hacer que Ian las abrazara juntas, sentía que su felicidad se multiplicaba.

-Muchas gracias Albert, por todo-el padre de ambas rubias le agradeció al líder del Ardley, reafirmando que era el hombre indicado para su hija mayor. Albert negó, siendo la felicidad de su prometida, el mayor regalo-Muchas gracias Anthony, por cuidarla todo este tiempo-también agradeció al joven que siempre velo por la felicidad de su pequeña hija.

-Para mí es un honor-respondió Anthony, siendo él agradecido de haber traído al mundo al amor de su vida.

-Annie, ella tiene que saber la verdad-recordó de inmediato Candy deseando que su gran amiga supiera finalmente la verdad y su origen.

-No te preocupes, hablaremos con ella, con los Britter y yo me encargare de enviarle una carta a los Bridgerton- menciono Ian calmando la angustia de su hija.

-Gracias…papá-aunque era extraño usar esa palabra, deseaba poder usarla frecuentemente a partir de ahora.


No pasaron más de dos días cuando Annie y los Britter descubrieron la verdad, la pelinegra estaba asombrada por su origen noble, pero a pesar de tener una familia que se alegraría por tenerla de regreso, su amor por los Britter permanecía, sin importar lo que llegara a pasar al conocer a su verdadera familia de origen Inglés.


Al llegar el tan esperado fin de semana, bajo el cielo estrellado, ambos rubios estaban recostados sobre la manta a cuadros disfrutando de aquella noche de verano, recibiendo con gusto el viento que lograba refrescarlos y de una hermosa luna llena que los iluminaba, siendo testigo de aquel picnic nocturno que el joven galeno se encargó de preparar en las orillas del lago de Lakewood y a varios metros alejados de la mansión y de la civilización.

-Por fin, una cita con mi esposa-dijo con gusto, ensanchando su sonrisa al percatarse de lo que había dicho-Mi esposa-no podía dejar de sonreír mientras miraba a su amada recostada a su lado-Nunca me cansare de decirlo-sus miradas se encontraron, había alegría, dicha, pero sobre todo amor.

-Mi esposo, un sueño que jamás pensé que se cumpliría-Candy se recostó de lado por el lado del ojiazul quien a modo de reflejo imito ese gesto, quedando ambos frente a frente, acercando su mano para acariciar el cabello que se resbalaba en su frente.

-Tuvimos que pasar por mucho para llegar a donde estamos ahora-no pudo evitar recordar todas las tristezas, obstáculos y malentendidos que tuvieron que experimentar.

-Pero todo ha valido la pena, porque estamos juntos, agradeceré al cielo por traerte de nuevo a mi vida-fue inevitable que de sus ojos verdes se escapara una lagrima.

Ya que no tengo nada que darte
Te doy mi corazón
Ya que he recibido tanto de ti
No puedo expresarlo de repente

-Soy yo el que tengo la dicha de estar a tu lado, para mi tu eres mi más precioso regalo, la más hermosa de mis rosas-limpio esa y las siguientes lagrimas que ella derramo por aquellas dulces palabras.

-Me has dado tanto, una rosa con mi nombre, un cumpleaños, una familia, tu amistad, tu protección, mientras que yo…-desvió su mirada, sentía que no aportaba mucho y más cuando tuvo una breve relación con Terry, a veces esa culpa se presentaba al sentir aquello como una traición.

-Candy-el rubio la llamo para que lo mirara fijamente de nuevo-Solo hay una cosa que quiero de ti-

Un saludo con voz suave
Que sujeta con cuidado una miríada de mis sentimientos
Si te la paso
¿Te percatarás de mis sentimientos por un momento?

-Que seas feliz, no importaba si yo no estaba a tu lado-aquello hizo que la rubia recordara la inmensa tristeza que sintió ante su supuesta muerte-Pero si estoy a tu lado y eres feliz no deseo pedir nada mas-Candy se cuestionó por un momento si había una manera de enamorarse más y más de Anthony, creo que aún no había límites.

-Soy inmensamente feliz contigo, mi corazón es tuyo, te amo Anthony mío-sin dejar pasar un segundo más el rubio se acercó para besarla lenta y suavemente, disfrutando como ella hacia lo necesario para profundizarlo al recostarse en su pecho disminuyendo por completo la distancia.

No importa la razón por la que nos encontramos
Y nos enamoramos
No importa la razón por la que viniste
Y te quedaste conmigo

-Te amo Candy, mi dulce Candy-dijo mientras recuperaban el aliento, lo suficiente para que fuera la rubia quien correspondiera con un beso más apasionado a esa confesión.

Sin dejar de besarse, Anthony se puso encima de la pecosa, ambos al darse cuenta en la posición en la que se encontraban, se miraron fijamente, con el corazón acelerado, sin una palabra de por medio se dejaron llevar por el deseo, la necesidad de ser uno solo. Besándose de nuevo, él recorrió su mano lentamente por la pierna de ella hasta llegar al muslo y finalmente comenzar a deshacerse de todo aquello que les estorbaba.

Ruego que en los días felices
Y en los días agotadores de la vida
Pueda quedarme a tu lado todo el tiempo

El vestido de verano no fue problema, dejando que su desnudez fuera iluminada por la luz de luna haciéndola ver como una rosa a punto de florecer. Ella hizo su parte deshaciéndose de la camisa mientras sus manos recorrían desde sus pectorales, sus fuertes brazos, hasta su fuerte y ancha espalda. Anthony no desaprovechaba la oportunidad de recorrer sus labios por el cuello de su pecosa, sabiendo que era uno de sus puntos débiles y con ello estaba lista para recibirlo.

Por ti, a quien aguardo con desesperación
Más que cualquier otra noticia
Esperaré por ti aquí

*/*

Aquel sonido que lo enloquecía, era emitido por la rubia en cada movimiento que la llevaba a la cima y a la vez la hacía aferrarse a su abrazo. Agitada y dichosa cada vez que llegaba ese punto, buscaba los labios de su esposo. Para ambos, imaginar una vida sin el otro, era una tortura sobre todo después de lo que eran capaces para saciar la necesidad de amarse.

*/*

Para que no nos echemos de menos a través del camino

Una carta escrita mientras presionaba
Que contiene una mirada de mis anhelos con cuidado
Cuando vengas a mí
La deslizaré en tus manos

De aquella noche pasaron varios meses para que ambos se encontraran en una sala de hospital. Candy recostada y respirando de manera acelerada sin soltar la mano de su amado, quien no quería parecer angustiado y ser quien le llevara la calma a su pecosa.

-Tranquila, todo va estar bien-vio como uno de sus colegas se preparaba junto con un par de enfermeras para proceder, no pudo evitar sentirse nervioso.

-Anthony, prométeme que no me dejaras sola, si lo haces no lo soportaría-un grito de dolor se hizo presente, ya era el momento.

No importa la razón por la que nos encontramos
Y nos enamoramos
No importa la razón por la que viniste
Y te quedaste conmigo

-Por favor puje-el medico a cargo le pidió y ella obedeció apretando con fuerza la mano de su esposo, quien soporto semejante fuerza.

-No, siempre estaré contigo, lo prometo, ahora puja-tomo su mano con ambas para reafirmar su promesa.

Ruego que en los días felices
Y en los días agotadores de la vida
Pueda quedarme a tu lado todo el tiempo

Candy siguió pujando con toda su voluntad, hasta que sus gritos fueron remplazados por llantos y tanto ella como Anthony se habían quedado sin respiración, pero la batalla aún no estaba del todo ganada.

-Queda uno más-ella nuevamente pujo hasta que finalmente otro llanto hizo que el corazón de ambos rebosara de alegría-Felicidades, son gemelos-ambos rubios se miraron, sin saber si reír o llorar de la alegría que los invadía.

Durante las cuatro estaciones
Y los doce meses
Contigo cada día
Hasta que nos quedemos sin aliento
Estaremos enamorados y permaneceremos juntos

Fue el llanto quien gano cuando las enfermeras les acercaron a los recién nacidos, niña y niño. Anthony no sabía que se podía amar más de lo que ya amaba a su esposa, pero al tener en sus brazos al fruto de aquel amor, no evito que las lágrimas se desbordaran al pensar que estaba dispuesto a renunciar a toda esa felicidad, se sentía un idiota, ¿en qué rayos había pensado?

Ambos se miraron con lágrimas en los ojos, sonriendo, juntaron sus frentes, acercando a sus bebes y ver en lo que se había transformado su amor.

-Te amo, mi dulce Candy-

-Te amo, Anthony mío-

No importa la razón por la que nos encontramos
Y nos enamoramos
Como este momento, ahora mismo
Espero que esperemos cada día
Y nos mantengamos leales

Más tarde las visitas fueron llegando para conocer a los nuevos miembros de la familia Brower. El capitán junto con Ian fueron los primeros en conocer a sus nietos, quienes se sintieron conmovidos, Vincent extrañando terriblemente a su Rosemary al ver a su nieta, del mismo modo Ian, pero al ver los ojos de su nieto pudo ver a su amada Sophie. Los felicitaron y le agradecieron a ambos por tan hermoso regalo. Albert y Erin junto con la tía abuela llegaron después, siendo la última quien intentaba controlar su entusiasmo, pero al conocer a los bebes no pudo reprimir el cariño que ya sentía por ellos, Albert no evito bromear con la idea de ser un verdadero tío abuelo ya tan joven, comprometiéndose a cuidar a los pequeños como le fuera posible, del mismo modo Erin, quien sin saber, tendría a su heredero pronto. Los hermanos Cornwell junto con Annie y Patty fueron los últimos en llegar celebrando la dicha de ese evento, sin poder evitar preguntar el nombre que tenían para ellos.

Ruego que en los días felices
Y en los días agotadores de la vida
Pueda quedarme a tu lado todo el tiempo

Un mes después en la mansión de Lakewood, finalmente Rosemary y Arthur tomaban su siesta de la tarde en sus cunas que estaban en la habitación principal junto con sus padres, en donde tenían una mesa con un jarrón lleno de flores frescas, ambos medallones abiertos, la cruz y la foto de su boda. Candy y Anthony al verlos dormir plácidamente se miraron con dulzura mientras el rubio pasaba una mano por su cintura, acercándola a él para darle un tierno beso en su frente. Su promesa había sido cumplida.

Ruego que
No permanezcan como meros recuerdos contigo

Sin duda, Lakewood era un lugar lleno de recuerdos…

FIN


Hola.

Muchas gracias a todos y a todos por seguir esta historia, espero leernos pronto.

La Familia Bridgerton se baso en la serie de Netflix que lleva el mismo nombre y a la saga de libros creada por Julia Quinn

Songfic: Give You My Heart - IU

Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos