Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Advertencia: Lemon


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ÉXTASIS

Después de un día cargado de emociones, al fin puedo darme un tiempo para mí. Este es uno de los momentos que más espero: tomar un refrescante baño. Siempre me ayuda a relajarme, a pensar y a olvidar los desastrosos sucesos que pudieron acontecer durante el día.

Hoy no es la excepción, me mantengo sumergido en el agua tibia repleto de esencias; ya sé que no es muy masculino recurrir a esos productos, pero realmente me tranquilizan y me ayudan mucho a reducir la tensión de mis músculos. Ahora no quiero pensar, ni recordar. Como siempre, la responsable de mi estado anímico negativo es una mujer, esa mujer, la que me enamoró y por la que estoy colado hasta los huesos: Akane.

Suspiro y cierro los ojos visualizando los posibles escenarios, en ninguno hay una solución pacífica. Ya discutimos, ya le reclamé, intentó explicarse, pero yo estaba tan furioso que no quise escucharla; ahora estoy aquí encerrado en la ducha para poder calmar mi estado de cólera. Antes me servía ir al dojo a despejar mi mente con rivales imaginarios, pero siempre terminaba adolorido por la mala ejecución de mis movimientos, producto de la falta de concentración. Ahora tengo un mejor control de mis emociones y he hallado otra forma de canalizar mis estados de ánimo; opto por aislarme para serenarme sin sobre esfuerzo físico, y me dedico a descargar mis pensamientos de todo lo que me genera malestar. No niego que me ha ayudado bastante aprender una que otra técnica de relajación que el viejo Happosai me ha enseñado.

Doy respiraciones lentas sintiendo el oxígeno refrescar mis pulmones.

Escucho un ruido y al instante abro los ojos.

¡No puede ser! Lo que me faltaba…

Frente a mí está esa chica de belleza despampanante que usa de estandarte la seducción para doblegarme, nunca me cansaré de decir que es una preciosidad, pero justo ahora no quiero ver a nadie y mucho menos a ella.

-¿Qué haces aquí? Será mejor que te vayas, no quiero problemas con…

-Ella no está si es lo que te preocupa- no deja de verme a los ojos y yo no puedo evitar recorrerla con la mirada. Lleva solo una toalla que cubre su delicado y hermoso cuerpo. Se queda de pie, clavándome esa vista traviesa a la que últimamente no puedo negarle nada.

Frunzo el ceño porque sé lo que pretende y aunque mi cerebro lo niegue, mi anatomía se pone en alerta y entra en un estado de ansiedad y espera.

Con una tortuosa lentitud se deshace de la toalla que recubre su cuerpo de diosa, la deja caer y se muestra completamente desnuda ante mí.

¡Mierda!

Es tan hermosa… detallo a la perfección su exquisito cuerpo, mis ojos se pasean de sus firmes piernas a sus muy pronunciadas caderas; observo esa diminuta cintura que se ajusta a su talle y me deleito con su tentador ombligo. Mis ojos suben y me concentro en sus redondos y pesados pechos semi cubiertos por dos mechones largos de su suave cabello. Me paseo por su estilizado cuello hasta llegar a su rostro. Esa mirada me incita, sus ojos se clavan en los míos con una determinación que me pone nervioso.

Ya tenía bastante tiempo que no me asaltaba en la bañera, desde aquel incidente en el que ella nos descubrió y que me costó no solo una buena reprimenda sino una clara amenaza por parte del bueno para nada de mi padre, ¿con qué calidad moral se atrevió el viejo? A raíz de ese acontecimiento todo cambió para mí, aunque afortunadamente para bien.

Trato de desviar mi vista, pero su precioso cuerpo es magnético, me atrae y no puedo negarlo. Desde que éramos unos adolescentes despertó en mí ese instinto salvaje con su presencia, sobre todo después de la primera vez que de la nada, se me apareció desnuda en este mismo lugar. Esa experiencia fue tan bizarra como erótica que por las noches solía recrear la escena en mis sueños.

-Vete- trato de sonar firme porque a pesar de la vista que me está regalando, yo estoy enfadado y lo que menos quiero son más problemas y discusiones.

-Sé lo que te tiene así, pero ya no pienses en eso- dice con esa jodida voz seductora que me hace temblar como una hoja.

Cierro los ojos un momento intentando que la situación no se salga de mis manos, pero como siempre su insistencia derriba mis barreras. Mi cuerpo ha reaccionado sin poder evitarlo, estoy listo y firme, a la espera de ella.

-Por favor, vete que a la que menos quiero ver es a ti y tampoco deseo pelear con ese imbécil que siempre te persigue- por un instante recuerdo lo acontecido y mi rabia renace.

Como es su costumbre, no me hace caso. Veo cómo se mete a la bañera con una elegancia propia de una modelo; yo trato de incorporarme para salir de ahí, pero es muy tarde, ella avanza con toda la audacia que posee y se sienta a ahorcadas sobre mí. Puedo sentir su intimidad muy cerca de la mía, mis latidos se aceleran y mi excitación aumenta.

Su largo cabello mojado se pega a su espalda y los mechones delanteros sirven para cubrirle las cimas rosas de sus sensibles pechos. Sus ojos destellantes de deseo me vencen, me tiene donde quiere. No podré escapar. Soy un imbécil, un endeble, ella hace lo que quiere conmigo y yo se lo permito, sabe que su cuerpo es mi debilidad y no duda en usarlo en mi contra.

Envuelve mi cuello con sus delgados brazos y siento rozar sus pezones con mis pectorales. Sabe perfectamente que me enloquece sentir su piel junto a la mía.

-Suéltame, no estoy de humor para esto- miento porque lo único que deseo ahora en hundirme en su interior y descargar todo ese coraje que me hizo pasar el idiota de Ryoga.

-¿De verdad quieres que me vaya Ranma?- se balancea sobre mi miembro y la descarga de placer es inmediata, ella me excita demasiado. Conoce mis puntos débiles y es experta en seducirme. No es coincidencia que la primera vez que accedí a sus deseos fue en este mismo sitio. De tantas veces que me insistió, caí redondo a sus encantos, pero eso ya tiene mucho tiempo.

-No conseguirás nada con esto- su rostro está muy cerca del mío y nuestras miradas fijas el uno en el otro.

-Solo quiero que olvides lo que pasó con esa entrometida- besa mi frente -¿No estás cansado de las discusiones?- baja besando suavemente mis mejillas. -Odio que le des tanta importancia- besa la comisura de mis labios. -Yo no haría nada para herirte, no pienses más en ella- me besa en los labios y yo trato de resistir, pero es imposible, le correspondo el beso con rabia. Nuestras lenguas se encuentran y se degustan salvajemente. Mis manos se aferran a su cintura y ambos nos perdemos en las sensaciones.

Estoy tan cabreado que mis instintos se apoderan de mí. Toda mi furia se transforma en una bestial excitación y un insano deseo de posesión. Voy a reclamarla como mía, tomaré su cuerpo como tanto quiere y lo llenaré de mi esencia. Si lo que buscaba era que descargara en su interior toda mi frustración, así será. Ahora ya no me importa que nos descubra ella.

Detengo el beso y la elevo un poco para tener sus senos a la altura de mi rostro. Hago a un lado los mechones de cabello que los cubren y sin esperar más introduzco uno en mi boca. Lo succiono y saboreo la dulzura de su tierno pezón mientras atiendo al otro con suaves caricias. De inmediato gime por mi movimiento y se aferra a mis hombros. Me dedico a comerle los pechos, para acrecentar su humedad, la quiero totalmente mojada para mí.

-Ranma…- jadea abandonada al momento. Tiene el cuerpo demasiado sensibilizado y eso me encanta porque me permite arrancarle esos sensuales sonidos con mayor facilidad. Mientras continúo atendiendo sus montes la miro, mantiene los ojos cerrados y la cabeza para atrás gozando de los efectos que le provocan mis besos.

No me resisto y dirijo mis labios a su cuello, disfruto besarla ahí porque me gusta sentir su piel cuando se eriza y porque sé que es una zona que la pone a mil.

Mi miembro comienza a doler y a palpitar, estoy duro como una roca y listo para atravesarla, pero no seré condescendiente con ella, si me quiere dentro, que me lo pida. Dejo de besarla y me recargo en la pared con los ojos cerrados. Dejaré que haga el trabajo.

Es tan inteligente que entiende mi supuesto rechazo. Se acerca a besarme mientras sus manos se pasean de mi pecho a mi entrepierna. Sus labios bajan de mi cuello a mis pectorales donde se dedica a mordisquear y lamer mi piel. Gruño fuertemente excitado, no podré aguantar más. Con la más apabullante seguridad que posee toma mi virilidad y lo masajea debajo del agua.

¡Maldición!, se me olvidaba que cuando se trata de resistencia en la intimidad, siempre salgo perdiendo.

-¿Te gusta Ranma?- susurra en mi oído al momento en que me da un ligero apretón en la punta.

No respondo porque temo gimotear como un adolescente necesitado.

-¿Quieres que me vaya?– no cesa de acariciarme. Su voz está consiguiendo desbocarme.

-Qué lástima, con las ganas que tenía de montarte, pero veo que no quieres. Será para la próxima- hace un intento por levantarse, pero antes de que logre separarse de mí la sujeto de la cintura para impedir su huida.

La beso con fuerza para demostrarle que no se irá así, no hasta que termine lo que empezó. Aprieto su trasero y la acerco nuevamente a mi zona pélvica. Ella toma mi miembro y se acomoda despacio para enterrárselo por completo. Gime fuerte cuando entro en su interior, la sensación acuosa del agua rodeándonos es increíble. Su intimidad se amolda a mi grosor presionando mis puntos más sensibles.

Nuevamente me recargo en la pared mandándole la señal de que continúe sola, si vino a provocarme, que sea ella la que busque su propio placer porque el mío llegará muy pronto. Como si leyera mis pensamientos comienza a balancearse sobre mí, primero despacio y poco a poco va encontrando el ritmo que necesita.

Esta mujer me satisface tanto que no puedo creer que sea la misma que buscó "asesinarme" cuando me conoció como realmente era.

El ritmo que alcanza me enloquece. Se aferra a mis hombros mientras siento cómo me saca y me vuelve a encajar en su interior. Me está cabalgando como desea y de la forma como me gusta. El sonido del agua chapoteando a causa de nuestros movimientos es escandaloso, pero ahora no me importa que alguien nos escuche.

-Ranma… me vuelves loca- gime sumamente excitada, siento su interior contraerse, está a punto de terminar.

-Tú me vuelves loco a mí- tomo sus caderas y la embisto con fuerza. Sus pechos rebotan con la misma fuerza con la que nos movemos. La penetro unas cuantas veces hasta que la siento vibrar y tensarse. Lanza un grito y se deja caer sobre mí, provocando que yo explote y descargue todo mi simiente dentro de ella.

Respiramos a un ritmo acelerado, disfrutando de la plenitud que nos otorga el sexo.

Nos mantenemos un buen tiempo abrazados mientras nuestra agitación va disminuyendo.

Mi mente se va aclarando y un sentimiento de culpa y vergüenza me invade…

¿Qué hice?

¿Qué hice, maldita sea?

¿Cómo voy a explicarle a ella lo que acaba de ocurrir?

Es obvio que no debe enterarse, pero siempre logra saber todo lo que me pasa, no sé cómo lo hace.

Me dejé dominar sin importar nada más, justo cuando me prometí que no permitiría ningún ataque más en el baño, llega mi perdición y me hace caer.

De pronto siento que se ríe provocando espasmos en su cuerpo. Sabe que ganó y ahora la detesto porque me lo restregará en la cara. Frunzo el ceño y aunque me siento burlado, no puedo negar que estoy satisfecho y colmado.

-¿Qué es tan gracioso?- pregunto indignado.

Se incorpora y me mira de frente con esos hermosos ojos que de un tiempo para acá han cobrado un brillo magnífico.

-¿Sigues enojado "cariño"?– acaricia mi mejilla tratando de apaciguar a la bestia, aunque ya la amansó por completo.

No sé si enfadarme nuevamente o dejarme llevar por el estado de bienestar que siento ahora.

-¡Eres una tramposa Akane!- mi acusación le genera más carcajadas.

-De alguna forma debíamos solucionar el problema ¿no crees? -me da un beso corto en los labios. Yo suspiro derrotado.

-No creas que ya se me pasó el coraje.

-¿Al menos ahora sí me vas a escuchar?– susurra en mi oído, al mismo tiempo que me acaricia despacio, encandilándome como una sirena a un marino.

Ya no puedo luchar más, me venció, derrotó a mi orgullo, pero nunca lo admitiré frente a ella. Se levanta sacándome de su intimidad y se da la vuelta sentándose sobre mí, recarga su espalda en mi pecho y no puedo evitar rodearla de la cintura. Es momento de las explicaciones.

-¿Por qué no me esperaste Akane? ¿Sabes lo que sentí cuando supe que mi amada esposa se fue a la consulta con el imbécil de Ryoga?

-¡Yo no me fui con Ryoga! Te estuve esperando en casa y nunca llegaste Ranma…

-¿Y sabes por qué no llegué? Porque me la pasé recorriendo media ciudad buscando los estúpidos panes con forma de cerdo que se te antojaron en la mañana.

-¡Por eso mismo! Sabía que no ibas a llegar a tiempo y decidí cambiar la cita, no iba a ir a la revisión sin ti bobo. Al salir de la clínica me encontré con Ryoga y se ofreció a acompañarme de vuelta, bueno, más bien estaba tan perdido que prefirió venir aquí para poder retomar su camino; al parecer quedó de encontrarse con Akari, pero terminó extraviándose. Apenas habíamos caminado unos pasos cuando nos vio Shampoo y claro, a la tonta esa se le hizo fácil inventar una historia para que tú te enojaras conmigo. Y como eres tan estúpido se lo creíste- me reprocha, ahora la enfadada es ella.

-¡No se lo creí!, sé perfectamente cómo es Shampoo, pero cuando te vi llegar con ese infeliz sonriendo despreocupada, me descontrolé.

-Sí, y preferiste golpearlo, antes de escucharme- es cierto, no soporté verla con Ryoga y lo mandé a volar de una patada. Y es que ya no quiero dejarla sola y menos como está ahora, mi instinto de protección se ha triplicado y no puedo tolerar que se vaya como si nada a algún sitio sin mis debidos cuidados.

Me siento como un niño regañado, creo que nuevamente cometí un terrible error, pero no me culpo porque no soy capaz de dejarla desprotegida y a merced de cualquier imbécil. No me arrepiento de golpear a Ryoga, de lo que sí me arrepiento es de no haberla escuchado antes. Los papeles cambian y ahora la enojada es ella y el que busca una absolución soy yo.

La estrecho a mí con cuidado y entierro mi cabeza en su cuello, aspirando su delicioso aroma.

-Entiende, no me gusta que te arriesgues. Ya te dije que yo te voy a cuidar.

-Ranma no seas exagerado, solo fui a cambiar la cita, no me pasó nada. Además, no soy tan inútil como para no ser capaz de volver ilesa a mi propia casa.

-Ya sé, pero eres muy torpe y como te gusta lucirte ante los demás, puede pasarte algo.

Sin esperarlo me da un fuerte golpe en la cabeza. Boba, ni que pasen miles de años dejará de comportarse como una marimacho.

-Idiota- me dice y yo sonrío abrazándola más y depositando un beso en su hombro desnudo.

-El doctor nos espera mañana Ranma, a la misma hora- dice mientras me dedico a acariciarla por debajo del agua.

-Espero que ahora sí podamos verlo- mis manos se pasean de sus pechos a su vientre. El abultamiento es cada vez más notorio. Cuatro meses y ha crecido demasiado rápido, en pocas semanas se dejó ver, cambiando inevitablemente el cuerpo de Akane.

Ella gira la cabeza y nos miramos por un instante, es tan hermosa y sus bellos ojos tienen un resplandor distinto que me hace amarla más. Nos besamos despacio mientras mis manos permanecen en el lugar donde descansa nuestra creación, el ansiado heredero, nuestro primogénito.

No veo pasar el tiempo, hasta que nuevamente soy consciente de la situación.

-A…Akane será mejor que salgamos de aquí, no quiero que nos descubra- digo rompiendo nuestro beso.

-Ella no vendrá, ya te dije que no está aquí.

- ¿Cómo estás tan segura?

-Parece que no conocieras a tu madre, se ha vuelto adicta a las compras de productos para bebés y como en la mañana le dije que había una nueva tienda departamental en el centro comercial, se fue a saquear todo junto con mis hermanas- se ríe porque es verdad, mi mamá ha adquirido un nuevo pasatiempo en conseguir todo lo que cree que necesita su descendiente, así se trate cosas inútiles; todavía no sé para qué demonios le va a servir el detector de voz que compró la semana pasada, si por obvias razones el involucrado ni hablar podrá.

Sin esperar más, Akane vuelve a besarme al mismo tiempo que gira su cuerpo para colocarse nuevamente a ahorcadas sobre mí. Si algo tengo que agradecerle al estado de gravidez, es que mi bella esposa ha adquirido un insaciable deseo sexual, producto de sus revolucionadas hormonas y yo como el buen marido que soy, debo procurar satisfacerla las veces que lo necesite, todo sea por su bien.

-Ak… Akane… aquí no… mejor… mejor vamos… a… la habitación- trato de hablar, pero los demandantes besos de mi chica no me lo permiten.

Se separa y me mira traviesa.

-¿Todavía temes que nos descubra la tía Nodoka como la primera vez?

-Esa vez fue tu culpa, tú viniste a provocarme y por gritar como una loca todos se enteraron de lo nuestro.

-Pero bien que te gustó estúpido, no vi que te quejaras mucho- por un momento permanece pensativa- No sé por qué, pero siempre quise hacerlo aquí, creo que fui influenciada por nuestro primer encuentro, fue tan impactante ¿te acuerdas? Nunca pude olvidar ese día.

-Eso te pasa porque eres una pervertida- sonrío jugando con ella.

-Mira quién lo dice, el que quería ver mis pechos cuando aumenté de talla y me manoseó el trasero por una supuesta técnica para bajar el mal genio.

-Eso fue diferente- intento defenderme, aunque sé que no tengo excusa.

-No veo la diferencia.

-Como sea, lo mejor será irnos, el agua comenzará a enfriarse y no quiero que te resfríes.

Suspira derrotada, pero sabe que tengo razón. Nos aseamos nuevamente y luego limpio el desorden que generamos con nuestra "reconciliación". Akane intentó ayudarme, pero se lo prohibí, podría resbalar y caerse, le pedí que se fuera a la habitación y me esperara. Me hizo prometerle un encuentro más antes de que regresen todos y arruinen nuestra intimidad. Qué más puedo hacer, no debo dejarla con ningún antojo.

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- ¡No puedo creer lo que hiciste Ranma Saotome! - mi madre está furiosa conmigo y a punto de lanzarme el tazón de fideos a la cabeza.

Junto a mí está Akane, abochornada por la situación, mientras todos los demás se mantienen callados.

-Mamá no sé de qué hablas- intento hacerme el desentendido, pero con Nodoka Saotome eso no funciona.

-No trates de negarlo- voltea a ver a Akane que tiene la cabeza abajo muerta de pena.

Pienso rápidamente en alguna excusa, pero cualquier cosa que diga no lo creerá. No me queda más remedio que aceptar mi culpa y aguantarle los regaños.

-¡Maldita sea! ¿Cómo te enteras de todo?

-Modera tu lenguaje jovencito. Ustedes son tan obvios, mira nada más el cuello de Akane, esas marcas rosas las conozco muy bien y no son precisamente picadura de mosquitos ¿verdad? -Akane me fulmina con la mirada, nuevamente dejé evidencia a los ojos de todos, pero no es mi culpa que ella tenga una piel súper sensible que al mínimo toque se le marque y tarde en desaparecer.

-Y tú también tienes marcas en el cuello, un poco menos visibles, pero yo sí las veo- ahora soy yo el que fulmina a Akane con la mirada. La boba no se mide cuando me besa y siempre me deja marcado por algún lado, menos mal que mamá no puede ver la mordida que me hizo la muy degenerada en el trasero cuando fuimos a nuestra habitación.

Esto es precisamente lo que quería evitar, la reprimenda y lo peor es que toda la familia comparte nuestra vida privada. Ya me había advertido que no me atreviera a tocar a Akane porque según ella, dañaría a su nieto y podría tener consecuencias catastróficas. Llegó a tal extremo de dormir con nosotros en nuestra recámara para evitar que "hiciéramos cosas pervertidas y lastimáramos" a su preciado heredero.

-Tía Nodoka, el ginecólogo ya nos dio permiso. Él dice que el bebé no sufrirá ningún daño porque nosotros… bueno… ya sabe- Akane está tan roja como mi camisa, hablar de esto en la cena familiar no es precisamente el tema que la gente normal traería a colación.

-Es que ustedes siguen siendo muy inmaduros y no saben del cuidado que deben tener. Ya sé que mi hijo es tan varonil que logró engendrar a otro Saotome en tiempo récord, pero no quiero que se excedan y mi nietecito salga con algún problema.

Si alguien considera que el infortunio lo persigue, no se imagina lo que es lidiar con estas situaciones todos los días. Lo que más me causa sentimientos encontrados, es que fueron ellos los que siempre nos alentaron a avanzar en nuestra relación y ahora que ya está consolidada, todavía quieren interferir en asuntos que no les corresponden.

¡Ya estoy harto!

-Mamá, ¿podrías dejar el tema para hablar en privado? Este no es el momento.

-Sí tía Nodoka, deje que los tortolitos se demuestren amor. Fueron muchos años de reprimirse que es normal que anden como volcanes a punto de explotar- Nabiki nunca ha sido de gran ayuda, solo aumenta la incomodidad.

-Soun, Genma, digan algo- dice mamá, buscando quién la apoye.

-Yo creo que son unos jóvenes muy saludables ¿no lo cree así Saotome?

-Desde luego que sí Tendo.

Ambos comienzan a reír como dos dementes, sin tomar la seriedad que necesita la situación.

Esto es peor que ir con algún terapeuta sexual, creo que preferiría contarle estos detalles a un extraño que a esta familia de lunáticos.

-No quiero que le pase nada a mi nieto, ustedes son demasiado salvajes y poco cuidadosos ¿y si lo dañan? – pongo los ojos en blanco, a pesar de todo mamá es demasiado dura para entender.

-No le va a pasar nada, tenemos el permiso del ginecólogo, incluso nos sugirió que mientras más encuentros mejor porque en un futuro facilitaría el trabajo de parto- jamás creí hablar abiertamente de algo así frente a toda la familia. Me sonrojo porque esto es demasiado vergonzoso.

-Tía, Ranma es muy cuidadoso, se lo aseguro- responde Akane intentando dar por zanjado el tema.

-Mi hijo es un hombre demasiado vigoroso ¿verdad Akane? Yo sabía que mi Ranma había heredado el instinto natural de mi familia para engendrar y ser el mejor amante- dice mamá emocionada y con esa mirada esperanzadora. No puedo creer los matices que alcanza esta mujer, si no se tratara de mi madre, juraría que sufre de algún trastorno de personalidad.

-¿Podemos cenar ya? Este tema es demasiado aburrido, además desde que estos dos se casaron, ya no se vende igual la información de su relación, así que ya no me interesa saber lo que hagan bajo las sábanas. Mis compradores desistieron después de saber que Ranma había deshonrado a su prometida.

-¡Nabiki!– grita Akane, el descaro de su hermana es increíble. –Ranma no me deshonró, y ya estuvo bueno. No quiero que se vuelva a hablar de mi vida íntima otra vez. Ya no somos los adolescentes que solían manejar a su antojo. ¡Lo que hagamos Ranma y yo es asunto nuestro! ¡¿ENTENDIDO?! -grita alterada, dejando a todo el mundo callado y asombrado.

Lo había olvidado, Akane tiene cambios drásticos de humor.

-Sí Nabiki, déjalos en paz, no está bien meterse en la vida privada de los demás- dice mamá y yo pongo los ojos en blanco, todo esto inició por su culpa y ahora se hace a la inocente.

-Familia, aquí están las verduras, podemos cenar- como caída del cielo, aparece Kasumi de la nada, rompiendo el ambiente que se había formado. Pareciera que todo estuviera solucionado, pero esta plática ya la habíamos tenido días atrás. Así que lo más seguro es que en pocos días vuelvan a cuestionar nuestra vida en pareja.

Todo se relaja y al fin podemos disfrutar de la cena con un poco más de tranquilidad.

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Recostado en la cama disfruto la plenitud del momento. Mi cuerpo ha liberado las endorfinas necesarias y ahora solo me dedico a gozar de lo que se ha convertido mi vida. En mi pecho descansa la razón de mi existencia. Ese ser que fue capaz de envolverme en sus redes sin que me diera cuenta, la que invadió mi mente desde el primer momento en el que la vi y la que hizo rehén de sus encantos a mi solitario corazón.

Me dedico a acariciar la suave piel de su espalda mientras se deja mimar. Adoro todo de ella, su carácter endemoniado, su terquedad, su torpeza, su perseverancia y su belleza. Akane es mi complemento, fue la única que me dio lo que realmente quería: comprensión, apoyo y amor sincero. Nunca me importó que otras fueran más habilidosas o fuertes que ella, ninguna me hacía estremecer con una sonrisa y tampoco consiguieron ser ese eslabón que necesitaba en mis momentos de angustia, solo ella estuvo ahí conmigo incondicionalmente, sin sacar ventaja o aprovecharse de mi vulnerabilidad.

¿En verdad creyeron que con demostrarme lo buenas amas de casa que podrían llegar a ser, iban a lograr enamorarme? ¿Que su belleza física, sus habilidades en el combate o su postura sumisa eran un afrodisiaco para mí? ¡Qué tontas! ¿No saben que un platillo delicioso lo puedo conseguir en cualquier sitio y de cualquier persona? Para mí no es impresionante que una chica que se dedica a vender alimentos sepa cocinar bien, o que una experta en combate de gimnasia sea una excelente peleadora y mucho menos que una mujer que se sabe hermosa muestre ante mis ojos su cuerpo sin pudor. Nada de eso logró cautivarme y no porque no me guste la comida, o no aprecie el combate o no sea capaz de admirar la belleza de una chica, sino porque ninguna es como ella.

Sí, Akane no sabe cocinar, pero el solo hecho de esforzarse en preparar algo para mí es motivo suficiente para amarla. A ninguno de los babosos que la perseguían le cocinó algo con tanto esmero y cariño. Tampoco es la mejor en el combate, pero sus ganas por superarse y la perseverancia en sus entrenamientos atrajo más mi atención que cualquier pelea callejera que se disputara por mi causa. Quizás no tiene el cuerpo de una modelo de esas que se sienten perfectas, pero para mí fue suficiente verlo una sola vez para rendirme ante él. Me incitó a descubrirlo lentamente, primero me permitió sentirla cada vez que la rescataba o defendía, luego me dejó tocarla sutilmente y después me instó a poseerla por completo.

Sonrío mientras llegan a mí las más placenteras memorias…

Nuestro primer beso, aquel que ocurrió después de una escena de celos monumental por parte mía. Se cansó de mis reclamos y buscó la mejor manera de callarme.

La primera vez que nos acariciamos, mientras nos escondíamos de mis otras "prometidas" en el armario de mi habitación. Nuestra primera noche durmiendo juntos, cuando ella sintió miedo por la película de terror que había visto.

Y la mágica primera vez que hicimos el amor.

De esto recuerdo exactamente cómo fue…

No había nadie en casa, o al menos eso nos hicieron creer. Akane había tomado por costumbre entrar mientras yo me bañaba con la excusa de que a esa hora se hacía un tratamiento para la piel. Ya se había vuelto rutinario y ese era uno de los pocos momentos que compartíamos sin que nadie nos molestara, pero esa noche ella tenía otros planes.

Se atrevió a cruzar la puerta que nos separaba y grande fue mi sorpresa al verla solo con el corto albornoz puesto. Me sonrió y se acercó a mí hecha una maraña de nervios. Yo también me sentí nervioso y la miré como en un sueño, habían sido muchas las noches que había fantaseado con hacerla mía, que cuando la oportunidad se me presentó ya no supe cómo reaccionar.

No podía creer mi suerte, llegué a imaginar que estaba siendo víctima de algún hechizo, que algo la había poseído o que era la mismísima Shampoo jugándome una pesada broma. Con los nervios atenazando mi garganta le reclamé que se atreviera a entrar cuando un hombre se estaba bañando, pero ella continuó acercándose más, hasta quedar hincada frente a mí, de la misma forma que cuando me despertó de mi pesadilla con las ranas.

Intenté que se alejara con toscas palabras, no porque sintiera rechazo por ella, todo lo contrario, sabía que no iba a poder controlarme si seguía con esa actitud. Ella lo tomó a mal y pensó que su físico no era lo suficiente para mí y que no era capaz de despertarme los instintos.

-Supongo que no soy bonita como Shampoo y que mi cuerpo es demasiado aburrido. Lamento haberte molestado- había dicho mientras se levantaba dolida y humillada por algo que jamás había salido de mis labios.

No podía dejar que se hiciera ideas falsas como solía pensar.

Corrí hacia ella y la abracé por atrás, estaba desnudo y completamente empapado. Forcejeó conmigo mientras su llanto se hacía presente ¿cómo podía creer que no despertaba en mí esos deseos? Si era lo único que inundaba mi mente desde que nos besamos por primera vez.

-Suéltame idiota, no quiero verte- pataleó e intentó deshacerse de mi agarre, pero no se lo permití.

-¡No es por mí boba, es por ti!

-¡Cállate, no quiero escucharte!, déjame ir…

-¡No entiendes que no puedo controlarme si estas cerca! -por un instante cesó en su intento de escape y entonces fui consciente de que mi cuerpo había reaccionado a la situación. Sin darme cuenta ella había conseguido excitarme con su explosividad y su cercanía. Me inundó la vergüenza y mi timidez se hizo presente. No podía creer que había verbalizado mi sentir y extrañamente, no me arrepentía, solo deseaba que ella no pensara cosas erróneas.

-Ranma…

Sentía la cara arder, pronto explotaría o me volvería de piedra, tantas sensaciones juntas iban a terminar por acabarme. La aferré más a mí porque no me sentía capaz de enfrentar esos hermosos ojos chispeantes llenos de vitalidad. Nos quedamos así, de pie abrazados, intentando digerir lo que nos estaba pasando.

-Ran… Ranma ¿lo… lo dices en serio?- enterré mi cabeza en su cuello como respuesta.

Después de que lográramos aclarar nuestros sentimientos, habíamos cruzado la línea de la decencia, nos habíamos besado infinidad de veces, nos habíamos tocado y a veces hasta dormíamos juntos, pero este límite era el más grande y riesgoso y al parecer ella estaba dispuesta a cruzarlo.

-Ranma… yo solo quería… quería que…

-¡No lo digas! – interrumpí lo que sea que iba a decir. Sabía perfectamente por qué vino a mí con tanta determinación, pero no me sentía capaz de escucharlo de sus labios. Aún la cobardía no se me quitaba y el pudor a esas palabras era mucho.

-Pero yo…

-¡¿Es… estás segura Akane?!- se mantuvo callada un instante, luego se deshizo de mi agarre y se giró. Nos miramos de frente y pude notar cómo sus bellos ojos me veían con tanto amor y anhelo. Solo asintió y se acercó a besarme lentamente.

El contacto hizo estallar fuegos artificiales en mi interior y una inmensa felicidad me invadió. La chica que amaba con locura quería dar un paso más a nuestra relación y yo no deseaba otra cosa que hacerla mi mujer.

La sostuve fuerte de la cintura y la besé como un loco, había despertado a mi ser perverso y solo quería disfrutar de ella. Mis manos actuaron solas y se dirigieron al nudo del albornoz, lo desaté y la despojé de la prenda dejando a mi merced ese precioso cuerpo por el que mataría sin pensar. Había cambiado mucho, ya no era la misma chica que vi por primera vez, se había convertido en una verdadera mujer, sensual, voluptuosa y apetitosa.

Yo estaba tan idiotizado con la visión, que solo reaccioné cuando ella me tomó de la mano y me llevó de nuevo a la bañera.

Nos metimos juntos y me hizo sentar para luego colocarse encima de mí. Pude saborear todas las nuevas sensaciones que me provocaba. Me tentó con sus labios, con sus manos y con sus palabras. Me dejé encantar por ella y por primera vez me permití ser un hombre y tomar lo que me ofrecía.

Los besos húmedos llegaron al mismo tiempo que las eróticas caricas. Mi tacto memorizó el contorno de sus formas, la suavidad de su piel y la tersura de sus sinuosas elevaciones. Mi lengua probó al fin ese cuerpo que me tenía en continuo ardor y supe lo que era la gloria cuando me alimenté de sus pechos.

Lo increíble vino después de que terminamos de reconocernos; ella me pidió que profanara su interior. Ya no pude hacer nada, en este punto era su esclavo y haría todo lo que me pidiera.

Y lo hice…

Invadí por completo el fondo de su ser, rompí la barrera que le impedía ser de alguien y al hacerlo se volvió mía, solamente mía. Su pulsante dolor fue equivalente a mi malsana satisfacción. Ella me había atrapado por completo y ahora era su prisionero.

Pude sentir los manjares que me otorgó y penetré gustoso su manantial, del que me hice dueño desde esa noche. La sentí por completo y ella me sintió a mí. Gozó de mi rigidez y yo percibí la suavidad de su interior como nunca lo había imaginado. Sus sonoros gemidos fueron el efecto de mis potentes e inexpertas embestidas. Todo fue instinto esa noche; ambos perdimos nuestra pureza infantil al mismo tiempo, dejamos de ser los prometidos inocentes y nos convertimos en los amantes insaciables.

Guiado por mis deseos continué sin parar hasta que ella gritó que no podía más. Comenzó a presionarme exquisitamente haciendo más deliciosa su estrechez. Y ya no supe más de mí, vertí todo mi amor en ella liberándome de tanta pasión contenida.

Nos mantuvimos unidos mientras asimilábamos lo que había ocurrido.

Pero lo bueno duró poco ya que, a los minutos de haber conocido las bondades del fruto prohibido, fuimos descubiertos por la mujer que me trajo al mundo. Su grito ensordecedor rompió la burbuja en la que habíamos estado sumergidos Akane y yo. Aún con los remanentes de nuestra entrega tuvimos que aguantar los reclamos y los vergonzosos halagos, ya no podíamos fingir que entre nosotros no ocurría nada.

Suspiro profundamente, si mamá no nos hubiera pillado seguramente ahora estaríamos viviendo un romance clandestino. A pesar de las circunstancias, agradezco a la vida que las cosas hayan sucedido tal y como pasaron; ahora no tengo por qué negar que Akane es mi todo, ni tengo por qué aparentar que no me molestan los imbéciles que la siguen acechando. Ella es mía, es mi esposa, mi mujer y la madre de mi hijo.

Siento cómo se remueve entre mis brazos para acomodarse mejor sobre mi pecho, el sueño la está venciendo. Su cuerpo desnudo sigue siendo una gran tentación para mí y no importa que hayamos hecho el amor hace apenas un momento, siempre me nace deseo por ella.

-Ranma…- susurra

-Shhh, descansa- beso su frente y la arropo con nuestras cálidas sábanas.

-Te amo- dice sabiendo que me desarma cada vez que me lo recuerda.

-Yo también te amo Akane.

La veo sonreír y se refugia en mí para dormir bajo mi protección. Continúo acariciándola haciendo a un lado su largo cabello, no sé por qué ha decidido dejárselo crecer. No hace ninguna diferencia cómo lo tenga, para mí sigue siendo la mujer más hermosa de todas, aunque si he de ser sincero, me gusta más como se ve con el cabello corto.

Cuando ella al fin se queda dormida, hago un recuento de todo lo que hicimos durante el día. Sin duda lo más relevante fue nuestra visita al médico. Afortunadamente todo salió bien. Llegamos a tiempo a la clínica y la consulta fue bastante provechosa. Pudimos escuchar su corazón y su crecimiento es cada vez más acelerado, es un digno Saotome que se empeña a ser el mejor. Podrán existir ahora muchos nonatos en los vientres de sus madres, pero el nuestro es superior a todos, tan perfecto como su padre.

Una sonrisa boba adorna mi cara. Aún recuerdo el tremendo descuido que propició su llegada. Fue en un viaje de entrenamiento que hicimos para mejorar las técnicas de combate de mi adorada esposa; en realidad no entrenamos nada y nos dedicamos a pasarla bien y hacer el amor a todas horas y en los lugares donde nos agarraban las ganas. Estuvimos una semana fuera de casa y al volver, la torpe de Akane se dio cuenta que no había llevado sus píldoras. Disfrutamos tanto esos días que ni ella ni yo nos acordamos de las mentadas pastillas.

Como resultado de eso, ahora estamos en espera del heredero que tanto habían ansiado nuestros padres. No los culpo, en el fondo yo también quería tener un hijo con la mujer que amo. Ahora solo nos resta esperar su llegada.

Bostezo siendo presa también del cansancio. Mañana será otro día de eventos poco comunes para le gente normal y es que será el cumpleaños de Kasumi y por alguna razón ha decidido invitar todos los locos que nos han hecho la vida imposible. Seguramente tendré que aguantar las insinuaciones de Shampoo y Ukyo y tolerar al idiota de Kuno que no para de coquetear con Akane sin importarle que ahora no está sola y que carga en su vientre a mi hijo. Idiota aprovechado, si se atreve a acercarse a Akane con otras intenciones no me quedará más remedio que ponerlo en su lugar.

Pero mejor no pienso en eso ahora. Es momento de descansar, abrazo más a Akane y cierro los ojos dejándome llevar por la calma y el silencio. El día termina cuando veo todo negro y me adentro en el mundo de los sueños.

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NOTAS DE LA AUTORA

¡Hola queridos lectores!

Si llegaron hasta aquí, les agradezco infinitamente su tiempo invertido en la lectura de este relato.

Aquí estoy de nuevo con otra historia. Mi mente pervertida anduvo activa por un tiempo y surgió este fic. ¿No habrán pensado que la chica era cierta felina verdad? ¿Creyeron que enloquecí e hice una historia con otro ship?, pues NO jajaja. Estoy segura que los que me van conociendo no cayeron en la trampa jejeje.

Agradezco los reviews que me han regalado en cada una de mis historias, los valoro mucho y me alimentan el alma para seguir escribiendo. Tengo tantas historias que quisiera compartir, pero el tiempo no me lo permite. Aún así, estoy pensando en escribir mi primera historia de más de un capítulo, solo que no me decido cuál de las que rondan en mi mente será.

Nuevamente les agradezco que hayan leído este fic y si desean compartirme sus opiniones, ahí estaré para leerlas. No les fastidio más...

Nos leemos pronto :3