Capítulo 18: Quiéreme si te atreves (Parte 1)
La vuelta al castillo tras las vacaciones no solía ser especialmente fácil para la mayor parte de los alumnos pues, tras tantos días de descanso, en los que la mayoría no habían hecho prácticamente nada, volver a centrarse, acostumbrarse a las cargas de trabajo que suponían estudiar en un colegio como Hogwarts y recuperar el ritmo de las clases en ocasiones suponía un verdadero reto. Especialmente en el caso de los alumnos de quinto curso, a los que las amenazas de que los TIMOS cada vez estaban más cerca los tenían angustiados y aterrorizados a partes iguales.
Entre esos alumnos despistados, se encontraba Lily Evans. La muchacha siempre se había considerado a sí misma como una alumna aplicada y eso, sumado al hecho de que las vacaciones en su casa no solían ser precisamente un sueño hecho realidad sino más bien una pesadilla recurrente, hacía que volver a centrarse en su vida en el castillo no fuera especialmente difícil para ella.
No obstante, ese año estaba siendo una auténtica locura en todos los sentidos. En pocos meses había vivido tantas cosas que, a veces, le parecía que había transcurrido mucho más tiempo del que realmente había pasado y veía increíblemente lejano su primer día como estudiante de quinto curso.
Además, por si eso no fuera poco, los últimos acontecimientos vividos entre el baile y la finalización de las vacaciones de Navidad habían conseguido descentrarla por completo consiguiendo que, su cabeza, normalmente ordenada, trabajara a mil por hora tratando de buscar posibles soluciones a las encrucijadas en las que se encontraba sumida. ¡Maldita la hora en la que decidió hacer cualquier otra cosa que no fuera estudiar!. Añoraba aquellos días en que su mayor problema era estar castigada después de clase por culpa de James Potter.
Era lunes por la tarde y caminaba sumida en sus propios pensamientos mientras se dirigía a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, acompañada por Sarah y Alison.
Las muchachas charlaban animadamente tratando de ponerse al día sobre sus respectivas vacaciones navideñas.
Sarah les había relatado su estancia en el castillo como un sueño hecho realidad. El tiempo que había compartido con Remus esos días hacía que cada una de sus palabras estuviera impregnada de tanta alegría, felicidad e ilusión que Lily pensó que en cualquier momento los pies de su amiga se separarían del suelo y comenzaría a flotar por el aire.
Alison, por su parte, había confesado a las muchachas que durante las Navidades había intentado pasar el menor tiempo posible en su casa, lo que le había llevado a cobijarse durante la mayor parte del tiempo en casa de sus tíos junto a James y Sirius, que, como de costumbre, también había solicitado asilo en casa de los Potter. Por lo que, en consecuencia, sus vacaciones habían sido bastante divertidas, incluso había tenido la oportunidad de montar en moto por primera vez en su vida.
Lily sintió cierta envidia al escuchar los relatos de sus amigas. Evidentemente se alegraba enormemente de verlas tan felices pero no podía evitar sentir cierta envidia y preguntarse una y otra vez por qué, en contraposición, a ella todo le salía mal.
A decir verdad, no sabía que era peor, si los sentimientos contradictorios por Diggory que la habían empujado a huir de él en cuanto había tenido oportunidad, el maltrato psicológico al que la había sometido su hermana Petunia durante las vacaciones, o el tremendamente inconveniente beso que le había dado Severus. Aunque pensándolo mejor lo de Petunia se quedaba en nada en comparación a sus otros problemas.
Y casi como si el destino hubiera podido leer sus pensamientos, al girar la esquina del pasillo por el que transitaban divisó a pocos pasos de ellas a Amos Diggory de espaldas charlando animadamente en medio del pasillo con varios de sus compañeros de casa.
La parte racional de Lily Evans se esfumó por completo al ver al muchacho y casi como si de un acto reflejo se tratara, agarró a sus amigas de los brazos, obligándolas a cambiar de dirección. Las chicas en un primer momento no opusieron resistencia pero en cuanto, siguiendo los acelerados pasos de la pelirroja, llegaron a la vuelta de la esquina que comunicaba ambos pasillos se detuvieron en seco.
-¿Pero a ti qué te pasa? - se quejó Alison frotándose el brazo dolorida.
Tanto ella como Sarah la miraban confundidas mientras permanecían estáticas en medio del pasillo pensando que su amiga había perdido completamente la cabeza.
-Por favor, ahora no tengo tiempo de explicaros nada. Sólo vamos a buscar otro maldito camino para llegar a clase - pidió suplicante ante la incrédula mirada de sus amigas que, aunque a regañadientes, aceptaron seguirla.
La conversación continuó aunque Lily hacía tiempo que había perdido el hilo de lo que estaban hablando. Estaba demasiado ocupada mirando de un lado a otro paranoica mientras el eco de los latidos de su corazón sonaba tan fuerte en sus oídos que, a duras penas podía escuchar las voces de sus amigas.
Casi habían llegado al pasillo que daba paso a la puerta del aula cuando, a unos pocos metros de ellas, divisó a un moreno de pelo lacio y túnica de Slytherin caminando en la misma dirección. Su parte racional volvió a volatilizarse y repitió su anterior gesto, obligando a sus amigas a cambiar nuevamente de dirección a dar un rodeo para llegar a la dichosa clase.
- En serio Lily, o nos dices qué está pasando o te dejamos aquí sola y nos vamos a clase sin ti- amenazó Sarah algo enfadada mirando a su amiga mientras se cruzaba de brazos.
Alison la imitó y ambas se situaron frente a la muchacha a la espera de una explicación a su extraño comportamiento.
-Es una larga historia pero el resumen corto es que Diggory no me gusta pero él cree que sí y ha estado mandándome cartas durante todas las vacaciones, ah sí...y que Severus me besó -recitó de carrerilla sin pararse siquiera a respirar.
-¡¿Qué?! - exclamaron sus amigas al unísono.
-Shhhhh chicas, no gritéis tanto, nos va a oír - susurró la pelirroja haciendo un gesto con las manos para pedirle a las muchachas que bajaran el tono de voz.
-¿Snape te besó? ¿Y tú qué hiciste? ¿Le correspondiste? - preguntó aceleradamente Alison.
No obstante, sus preguntas fueron interrumpidas al instante por las de su amiga castaña.
-¿Cómo que no te gusta Diggory? ¿Desde cuándo? ¿Ahora te gusta Snape? - preguntó Sarah sin disminuir ni un ápice la sorpresa que le había causado la confesión de su amiga.
-No he hablado con ninguno de los dos, ni siquiera sé por dónde empezar ni cómo hacerlo, tengo la cabeza hecha un lío - reconoció con desesperación pasando las manos por su cabello nerviosamente.
Tanto Alison como Sarah guardaron silencio para que su amiga pudiera continuar con su relato sin ninguna interrupción.
-Yo, pensé que me gustaba Diggory, me he pasado años convencida de que así era pero cuando me besó en el baile no sentí absolutamente nada, fue como besar a un amigo, no fue especial, no hubo esa chispa que pensé que sentiría cuando nuestros labios se encontraran - explicó con tristeza- y no hago más que darle vueltas a cómo le voy a decir que después de haberle dado múltiples señales de que me gustaba y quería salir con él, me he dado cuenta de que en realidad no es así - suspiró.
-¿Y Snape? - preguntó Sarah tímidamente.
-Eso es aún peor, se supone que somos amigos, ¿por qué demonios tuvo que estropear nuestra amistad besándome? Ya nada va a ser igual entre nosotros, no sabré cómo actuar cuando esté con él - se lamentó la chica tratando por todos los medios de evitar dejar escapar las lágrimas que había estado guardando desde aquella tarde en Spinner's End, fruto de la desesperación que le generaba la situación.
-Lily, cuando vayamos a la habitación hablaremos todo esto más detenidamente con calma y te ayudaremos a buscar una solución, entre tanto, trata de relajarte. Hasta que hablemos, haremos lo posible porque ninguno de los dos logre acercarse a ti, palabra de bruja - prometió Ali levantando la mano derecha solemnemente.
-Estoy con Ali, pero por favor chicas, vamos a clase antes de que la profesora cierre la puerta y terminemos castigadas el primer día tras la vuelta de vacaciones - suplicó Sarah obligándolas a apresurarse para tratar de llegar a tiempo a la clase de Defensa contra las artes oscuras.
-Alumnos, tomad asiento, por favor. Hoy estudiaremos el encantamiento inmobilizador impedimenta, página 152 - indicó la profesora Galatea Merrythought para, a continuación, darse la vuelta para escribir en la pizarra el nombre del conjuro con una perfecta caligrafía - ¿Alguien puede decirme para que se emplea o cuales son sus efectos? -preguntó la docente.
La mayor parte de los alumnos trataron de pasar desaparecidos bajando la cabeza para evitar contestar a la pregunta. No obstante, como era habitual, tanto Remus como Sarah habían elevado las manos para responder, lo que extrañó enormemente a la maestra pues habitualmente las manos levantadas en su clase eran tres, no dos.
-¿Señorita Evans? - preguntó en voz alta tratando de llamar la atención de la distraída chica que, en respuesta, levantó la cabeza rápidamente para mirar a la profesora.
-¿Cuál era la pregunta? - contestó dubitativa, consiguiendo que prácticamente la totalidad de la clase se volviera para mirarla con asombro. No era para nada habitual que alguien como Lily Evans contestara las preguntas de los profesores con otra pregunta.
-En adelante agradecería que si viene a mis clases estuviera atenta señorita Evans, de lo contrario preferiría que no se molestara en venir, no me gusta que me hagan perder el tiempo - le regañó con dureza la maestra apretando fuertemente los labios.
Y antes de que la pelirroja pudiera siquiera disculparse dio la palabra a Remus que, a esas alturas, ya había bajado la mano.
-Es un embrujo que dificulta el movimiento, bien ralentizándolo o bien inmovilizando por completo durante un corto periodo de tiempo a la persona a quién se lo lanzan -recitó el chico de memoria recibiendo un gesto de aprobación por parte de la profesora.
-Deberíamos usar eso para mantener a Diggory y Snape lejos de Lily - sugirió Alison cerca del oído de su amiga Sarah, aprovechando que la profesora estaba distraída apuntando las características del hechizo en la pizarra.
La castaña que hasta entonces había estado enfrascada en la clase mientras tomaba apuntes, trató de contener una carcajada ante el comentario de su amiga cuando la cómica escena se materializó en su imaginación.
-Puede que como último recurso...antes igual deberíamos tratar de entretenerlos, ya sabes, hacer el esfuerzo de hablar con ellos para no tener que embrujarlos y acabar castigadas durante el resto del curso - replicó la chica divertida ante la disparatada aunque tentadora sugerencia su amiga.
Alison puso los ojos en blanco y resopló teatralmente.
-¿No te cansas de poner todo siempre tan difícil? - bromeó golpeando cariñosamente el hombro de su amiga con el suyo- además, de qué se supone que vamos a hablar con ellos, ¿te imaginas? 'Oye Snape, ¿Qué se obtiene si se añades polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?'-
-No es tan mala idea, cambia Snape por Diggory y polvo de raíces de asfódelo e infusión de ajenjo por Quidditch y Amago de Wronski y lo tienes hecho- propuso Sarah continuando la broma de su amiga que, al escuchar su sugerencia rompió a reír a carcajadas ganándose ambas como consecuencia de ello una merecida reprimenda por parte de la profesora.
Alison estaba realmente agotada, se había pasado toda la tarde y gran parte de la hora de la cena ingeniando junto a Sarah las más absurdas formas de evitar que ni Snape ni Diggory fueran capaces de acercarse a Lily a menos de dos metros. Tenía que reconocer que ambos muchachos eran extenuantemente insistentes. Pero al fin lo habían conseguido, Lily estaba sana y salva en el dormitorio que compartían y cuando ella regresara de su cita con Sirius y Lily de la ronda de vigilancia que tendría que realizar más tarde junto a su primo, las tres podrían hablar largo y tendido y elaborar un plan para afrontar y dar solución a los problemas de la pelirroja.
-Hola, me han dicho que me buscabas - saludó Alison tomando asiento junto a Sirius en el suelo de la Torre de Astronomía.
Sirius llevaba tiempo dándole vueltas a cuál era la mejor forma para sincerarse con Alison. Sabía que las probabilidades de que le diera calabazas eran de 99 a 1 pero ya era tarde para echarse atrás, estaba dispuesto a jugársela. Jamás había sido un cobarde y no empezaría a serlo ahora.
Nunca antes había estado enamorado de nadie y al darle vueltas al asunto pensó que desde su punto de vista no era tan bonito ni idílico como acostumbraban a describirlo en las novelas románticas. En primer lugar, por mucho que lo intentaba no podía sacar a la muchacha de su cabeza, no sabía cómo había ocurrido pero ella se había instalado de forma permanente en sus pensamientos impidiéndole centrarse en ninguna otra cosa, además, había perdido por completo el apetito y por si fuera poco las condenadas mariposas no dejaban de revolotear dentro de su estómago. Si eso significaba estar enamorado debían incluirlo urgentemente en la lista de enfermedades potencialmente peligrosas.
Siempre había pensado que cuando tras años de infructuosos intentos consiguiera llamar la atención de Alison Potter, perdería por completo el interés en ella. Sería una más de las chicas con las que había salido, con la única diferencia de que conquistarla había supuesto un reto especialmente difícil, pero no podía haber estado más equivocado, pues las cosas habían salido justo al contrario de como él planeaba.
A decir verdad, no fue consciente de lo que sucedía hasta que ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Siempre había sentido cierta conexión con la chica pero lo había atribuido a la tensión sexual no resuelta que había entre ambos. No obstante, cuando sus labios rozaron al fin los de ella se dio cuenta de que era algo mucho más fuerte que eso. Era cierto, que la pasión que los invadía en sus encuentros era palpable, pero fuera de esos encuentros íntimos comenzaron a florecer otro tipo de sentimientos y gestos que conseguían que inevitablemente, cada vez deseara más.
Se había vuelto adicto a sus labios, al tacto suave de su piel, al olor a camomila de su champú, a su preciosa sonrisa, a su cara de concentración cuando se encontraba enfrascada en la elaboración de una poción, a su valentía y decisión, e incluso a su habitual tono sarcástico. Y la lista no acababa ahí, a ella se sumaban un sin fin de cosas que a duras penas podía enumerar.
Parecía estar volviéndose loco por momentos. Ni siquiera era capaz de dilucidar qué era lo que buscaba. Es decir, tenía claro que tenía sentimientos por ella y quería ser algo más que su amigo con derecho a roce pero...¿Y después de eso qué? .
No había hecho demasiados planes, tampoco era del tipo de personas que acostumbrara a planear qué hacer en cada situación. Más bien era de aquellas que se dejan llevar, que improvisan. Y a sus ojos, la rubia que ocupaba tan frecuentemente sus pensamientos era exactamente igual que él.
Por eso evitó a toda costa artificios y planes elaborados, simplemente le diría que la quería y listo. No podía ser tan difícil...¿no? incluso para una persona como Sirius que jamás se había sentido lo suficientemente cómodo para sincerarse con respecto a sus sentimientos con nadie.
-Emmm si... - empezó el muchacho tan nervioso apenas conseguía controlar el temblor de su voz.
La muchacha sonreía mientras jugueteaba con el extremo de su corbata, ajena a lo que estaba a punto de suceder.
-Soy yo Sirius, déjate de rodeos, sabes que puedes decirme lo que sea - dijo entonces ella extrañada por la actitud del chico.
Nunca le había visto así, normalmente ambos hablaban sin tapujos, sin vergüenza y la confianza que se había generado entre ambos hacían que los nervios que transmitía el muchacho se sintieran incluso absurdos.
-Lo sé, pero es que lo que te quiero decir es importante y probablemente te asustes, te enfades y a continuación salgas corriendo, así que por favor, dame un respiro - suplicó él mirando fijamente a la chica.
Alison estaba completamente confundida, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.
-Sirius, si quieres salir con otras además de conmigo a mí…-trato de decir ella antes de ser interrumpida.
-Te quiero. Eso es lo que quería decirte, no sé cómo ha pasado exactamente pero te quiero, esa es la verdad, y soy muy consciente de que me vas a odiar por habértelo dicho. Pero lo siento, no podía no hacerlo- recitó Sirius de carrerilla.
Había reproducido esa conversación en su cabeza una y otra vez analizando cada palabra y aún así se sintió increíblemente inseguro y vulnerable cuando al fin lo que llevaba tanto tiempo queriendo expresar salió de sus labios.
Tras las palabras del moreno un silencio incómodo se instaló en la estancia. La muchacha se había quedado en shock al oír sus palabras, no sabía qué hacer ni qué decir.
-No - pronunció de repente levantándose de golpe - no me puedes decir eso, no puedes - le reclamó mientras las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos zafiro y a recorrer su rostro.
-Es la verdad, no pretendo que me digas que tú sientes lo mismo, simplemente necesitaba decírtelo - replicó él con sinceridad.
-Es que no puedo, ¿no lo entiendes? da igual si yo siento o no lo mismo, no puedo quererte porque mi destino está sellado y de hacerlo acabaría rompiéndote el corazón y rompiéndome el mío por el camino. Lo siento, no puedo - volvió a repetir tratando de convencerse a sí misma de sus palabras.
-Sabes que no es una penitencia, ¿no? Independiente de lo que le hayas prometido a tus padres, eso no tiene por qué significar que dejes de vivir el presente, que puedas querer o desear algo, aunque ese algo tenga fecha de caducidad- la recordó mirándola con intensidad.
-Lo siento, Sirius, no puedo -zanjó sin dejar de llorar antes de salir corriendo de la sala superada por la situación.
Sirius se quedó mirando como se marchaba sin decir ni una palabra para tratar de detenerla, reprendiéndose a sí mismo por haber sido tan ingenuo de pensar que las cosas podían ser diferentes entre ellos.
