Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de
largo y disfruta de algunas de mis otras historias.
Capítulo 23
La curiosidad lleva a la persona a descubrir placeres ocultos y
sentimientos que le hacen conocerse a sí misma.
Oler el café recién hecho era uno de sus pequeños vicios. Pero hacía
mucho tiempo que no había podido disfrutar de algo así. Ichigo abrió
los ojos y trató de ubicarse. No estaba ni en su habitación ni en su
cama. Intentó hacer memoria y pronto recordó el placer que había
sentido al tener bajo sus manos el cuerpo de Rukia, la satisfacción de
verla en su orgasmo, el deleite de que ella lo tocara. Y la frustración
de quedarse sin liberarse de su clímax.
Después de estar horas sentado y que su excitación bajara a unos niveles
más soportables, había tratado de salir de la casa de Rukia, pero la llave
echada en la puerta lo había impedido. Había intentado forzar la cerradura
pero sin resultado. Tenía que pedir clases a los técnicos para que lo ayudaran
con esas cerraduras modernas.
Buscar las llaves había quedado descartado pues no quería verse como un
cotilla, rebuscando entre los objetos personales de Rukia. Así que había subido
a su dormitorio para preguntarle directamente dónde estaban las llaves y poder
marcharse de esa casa. Quería llegar a su piso, descansar y olvidarse del día
que había tenido.
Al subir y verla dormida en la cama, lo había tentado. Se había
aproximado a ella y acariciado, a lo cual reaccionó de inmediato. Y lo
siguiente que había pasado era que se había metido en la cama, sin pantalones,
y ella lo había abrazado. Y no recordaba más.— ¿Me he dormido? —Se preguntó
a sí mismo frotándose la cara con la mano.
— Nada más caíste en la cama —respondió otra voz.
Ichigo giró para ver a Rukia en el quicio de la puerta con la bata negra y
una taza humeante de café recién hecho. Tenía el pelo revuelto y su rostro
vacío de maquillaje, pero con una luz natural que lo enamoraba. Se acercó y
bebió de la taza para, después, pasársela a él.
— No sabía cómo te gustaba así que lo preparé a mi gusto —le dijo mientras él
recogió la taza.
La probó y cerró los ojos. Hacía tiempo que no tomaba un café tan bien
hecho. Su piso seguía siendo un caos y aún no se había decidido a contratar a
una persona o a ser competente y organizarse él mismo. Así que lo más
parecido a café que tomaba era el de la comisaría, o el que Kaien y él se
bebían en la cafetería cercana a la comisaría.
— Está muy bueno... —dijo tras un segundo sorbo.
— Gracias.
—Y, nada más decirlo, se agachó y lo besó saboreando en sus labios el sabor
de la bebida—. Sí, está bueno —susurró cerca de sus labios mirándolo a los
ojos. Rukia sonrió—. Ni se te ocurra tirarme el café en las sábanas —advirtió
anticipándose a lo que se le había pasado por la cabeza a Ichigo.
Se apartó de él para darse la vuelta cuando la mano de Ichigo la detuvo y
la giró. La atrajo haciéndole perder el equilibrio y saltó de la cama para
acabar encima de Rukia sujetándola entre sus piernas. La taza de café seguía
teniéndola en la mano y no parecía que se hubiera derramado nada.
Sin embargo, poco le duró esta pues la acercó a su boca y bebió de un tirón
el contenido de ella para soltarla lo más lejos posible de ellos dos en el
colchón, y besarla. Ese había sido el mejor despertar y desayuno que hubiera
soñado.
Notó los dedos de Rukia por su cabeza, enredándose con su cabello, acariciándole
en esa zona que no sabía podía ser tan erógena, y quiso quedarse así para siempre, teniéndola
bajo él, y saciándose ella de su cuerpo.— Vamos a llegar tarde... —le recordó Rukia cuando logró
apartarse de la boca de él.
— Que esperen... —protestó él abriendo un poco la bata de Rukia para besarla en el pecho.
— ¿Incluido tu capitán?
El gruñido de Ichigo le hizo reír. Había dado en la llaga y en lo único que podía hacer que él dejara
lo que estaba haciendo.
Ichigo se apartó de Rukia pero esta aprovechó para empujarlo en la cama y subirse
a horcajadas, tal y como él la tenía antes.
— ¿No íbamos a llegar tarde? —preguntó él al ver que Rukia le cogía las manos y
las colocaba por encima de la cabeza.
— Por cinco minutos, no se enfadará... —comentó ella atrapando con sus dientes
el labio inferior de Ichigo. Este se mantuvo quieto mientras ella lo succionaba
y pasaba la lengua por él haciéndole desear que el beso fuera mayor.
Pero Rukia tenía otros planes y lo soltó para besarle en el cuello, en los
pectorales y en sus pezones. Les dedicó unos minutos mientras ella bajaba por
el cuerpo de Ichigo sus manos, arañándole al pasar por su pecho, hasta llegar a
los pezones y pellizcarlos.
— Rukia... me vas a hacer arder... —gimió él ante lo que le provocaba.
— ¿Y ahora? —preguntó ella levantando su trasero lo suficiente para que, con
sus manos, pudiera sacar de los calzoncillos el pene de Ichigo y colocarle
un preservativo que llevaba en la bata.
Lo situó a la entrada de su vagina, y se dejó caer notando cómo la abría para
abarcar toda su anchura. Rukia contuvo el aliento hasta que alcanzó la base
del pene y entonces exhaló en un suspiro. Se levantó otra vez y volvió a bajar
con lentitud, saboreando el momento.
— Rukia, la bata... —le dijo Ichigo.
Ella lo miró y sonrió. Quitó el nudo del cordón y, aun moviéndose, se deshizo
de su bata quedando desnuda encima de él, deleitándole la vista al vercómo sus
pechos se agitaban al son del contoneo que iba tomando velocidad.
Ichigo llevó sus manos a los pechos de ella y los presionó haciendo que
sus pezones sobresalieran más. Entonces se incorporó un poco, lo suficiente
para llegar a ellos y besarlos, succionarlos, acariciarlos y morderlos, cada
uno con la misma atención.
Ninguno de los dos podía contener los gemidos que salían de sus labios.
Pero cuando Ichigo llevó sus manos a las caderas de ella, Rukia las apartó
con suavidad, entrelazando sus dedos con los de él. Con ese nuevo apoyo
aumentó la velocidad al tiempo que apretaba la vagina y lo mortificaba con
movimientos de presión y liberación que le provocaban más.
— Rukia... Rukia... —No podía decir otra palabra. Estaba llegando a su
límite.
Rukia se echó encima de él y le mordió la oreja antes de pasarle la lengua y
susurrarle:
— Córrete...
No pudo evitar agarrarle las nalgas y embestir con fuerza un par de veces
antes de gruñir y gritar al mismo tiempo vaciándose con la provocación que
Rukia seguía haciendo con sus músculos vaginales.
Rukia se acurrucó en el pecho de Ichigo y empezó a acariciarle pasando la
mano por la zona donde tenía vello. Le encantaba sentir entre sus dedos ese
tacto suave y a la vez fuerte. Esperó hasta que notó que la respiración se
normalizaba.
— Eso por portarte bien... —le dijo levantándose de su cuerpo.
Lo que no esperaba era que él se incorporara para frenarla y besarla.
— Eso por ser tú... —murmuró él cuando se separó de ella.
Los dos se miraron y sonrieron. Ichigo sostuvo la puerta para que Rukia entrara
y, nada más hacerlo, muchos de los policías que había, se quedaron con la boca abierta.
Hasta los que no eran policías se volvían para ver qué había dejado a un agente de la ley
fuera de combate.
La presencia de Rukia siempre imponía. Y ese día no era para menos. Se
había recogido su melena negra en una coleta alta, y se había puesto una
camiseta blanca y unos pantalones de cuero negro, acompañados de unas botas
altas de tacón de aguja, las mismas que la noche anterior.
Sonrió por cómo ella era capaz de controlar a los demás con su sola presencia.
Le cogió la mano y la dirigió hacia el interior de la comisaría. Se sentía de
alguna manera orgulloso de estar al lado de una mujer así y, después de lo que
había pasado esa mañana, su humor no podía estar más alegre.
Los dos pasaron por la puerta a la que accedía solo el personal autorizado y
saludaron a Kaien y Kisuke Urahara, los dos hablando delante del despacho del
capitán.
— Hola, Rukia —saludó Urahara acercándose a ella para darle dos besos.
— Buenos días, Kisuke. ¿Qué tal todo?
— Podría ir mejor, criatura. Pero bueno.
— Hola, Rukia —saludó entonces Kaien.
— Kaien —nombró a modo de saludo.
— ¿Entramos? —propuso Urahara señalando con el brazo el interior del despacho.
Los cuatro pasaron dentro y el capitán cerró la puerta y bajó las persianas.
Quería total intimidad para lo que se iba a hablar en ese lugar.
Rukia tomó asiento y lo mismo hizo Kaien, al lado de ella. En cambio, Ichigo se
quedó de pie entre los dos. No era de los que se sentaban a escuchar, prefería
estar de pie. Esperaron a que Urahara terminara de bajar las persianas y fuera
al sillón. Una vez se sentó, respiró hondo y colocó una mano sobre una carpeta amarilla
que tenía en el centro del escritorio. Todos miraron esa carpeta, algo
gruesa.
— Los he citado aquí para hablar del caso Aizen.
— ¿Hay novedades, capitán? —preguntó Kaien.
— Sí... y no. —Ichigo y Kaien se miraron sin entender.
— ¿Capitán? —insistió Ichigo.
— Aquí se encuentran todos los casos de desapariciones y muertes de nuestra
ciudad. He pedido a otras comisarías de los lugares que visita Aizen que nos
informen de sus investigaciones para colaborar en el caso, pero hasta ahora
hay algunos problemas con la jurisdicción. Además, tenemos detrás al FBI al
ser considerado el caso de nivel internacional.
— Ya estamos... —comentó Kaien de manera despectiva—. Capitán, el FBI ya intentó
detener a Aizen y fue absuelto por defecto de forma. Eso quiere decir que no
pueden juzgarlo por el mismo delito.
— Lo sé. Por eso he dicho que los tenemos detrás, no que quieran el caso. Buscan
el mismo objetivo que nosotros, detenerle de una vez por todas.
— ¿Y yo qué tengo que ver, Kisuke? —inquirió Rukia.
Urahara la miró y sonrió. Se había convertido en una mujer muy hermosa, y a veces
era complicado verla como tal y no como la chiquilla que correteaba y jugaba por
la ciudad.
— Los pondré al tanto. Por un lado, tenemos los casos de desapariciones, muertes
y la vigilancia que le pusimos a Aizen. Por ahora, no ha hecho nada que pueda incriminarlo
y por ahí no hemos conseguido nada. Dudo que lo hagamos. Por otro lado, tenemos las grabaciones
de las sesiones, que no nos sirven de mucho, Rukia, puesto que, tal y como les dijiste a mis hombres,
no habláis. Pero sí que nos han intrigado las grabaciones con las sumisas.
— ¿Hay algo? —se precipitó Ichigo.
— Sí. Hemos podido vincular a algunas con los informes de la vigilancia. Al menos
dos de ellas han quedado con él. Pensamos que pueden ser sus próximos objetivos.
— ¡Maldita sea! —exclamó Kaien—. ¿Les ha puesto protección?
— No. No podemos hacerlo porque, por ahora, Sosuke Aizen no es ningún delincuente.
— ¿Que no lo es? —intervino Ichigo.
— A ojos de la ley, sí, pero sin pruebas que lo acusen directamente. A ojos del público, una persona
acosada por la policía de varios estados y sin nada para condenarle. Es influyente y se mueve por
las altas esferas sociales. Pero sus negocios están muy bien ocultos y se ocupa de tener tapaderas.
Eso solo lo sabemos nosotros. Es su palabra contra la nuestra.
— Kisuke, te vuelvo a insistir, ¿qué tengo que ver yo?
— Necesito que me pongas en contacto con el administrador de la página, con quien
te pasa los audios y vídeos.
— ¿Por? —No le gustaba tener que implicar a más personas en ese asunto.
— Si queremos que las pruebas puedan valer para detenerle, he de conocer a esa
persona y establecer una colaboración. Además, si esto lo hace en un club online,
¿quién nos dice que no acuda a clubs de BDSM para captar chicas?
Los tres se quedaron en silencio. Podía pasar. Si en el chat hablaba con sumisas y
las convencía de que era Amo, ¿quién les decía que no estaba en algún local de BDSM
por las noches?
— ¿Crees que esa persona podrá investigar si acude a algún club? Aunque no creo que
lo haga, porque es demasiado listo como para exponerse de esa manera.
— Es posible que no —admitió Rukia—. Pero hay más clubs online y podrían preguntar.
Los llamaré para que levantó de la silla e Ichigo se apartó para que
saliera del despacho.
— Capitán... ¿cree que las desapariciones podrían estar relacionadas?
— Creo que utiliza ese tipo de clubs para seleccionar a las mujeres. Y eso podría
dar un giro importante a la investigación.
Kaien e Ichigo lo entendía. El relacionar a las víctimas y desapariciones con el
BDSM, hacía que se acotara la búsqueda y se pudiera establecer un patrón, además
de conseguir avisar a ese colectivo para que estuvieran atentos. Se podría incluso pedir
que le denegaran el acceso y, en ese caso, viéndose limitado, cometería
errores. Y entonces lo tendrían.
Rukia ya estaba buscando el contacto de Hisagi antes de salir por la puerta del despacho
de Urahara. Cuando cerró la puerta, la voz de su amigo hizo que sonriera.
— Buenos días, ¿Qué pasa?
— Estoy en comisaría...
— ¿¡Qué ha pasado!? —La cortó con preocupación.
— Nada. Tenemos una reunión para lo que tú sabes. —No le gustaba hablar de temas
importantes por teléfono—. ¿Podéis venir Ikakku y tú?
— ¿Por? ¿Ha pasado algo?
— Traed vuestro trasero hasta aquí y lo sabréis. —Y, sin decir más, colgó
el teléfono.
Llamó entonces a Ikakku ya que, de los dos, podía ser el que más problema tuviera
para acudir si estaba trabajando.
— ¿Rukia?— ¿Estás ocupado?
— No, estaba hablando sobre ti...
Rukia rió. Parecía que el dejar con la intriga a Hisagi había hecho que se
moviera rápido.
— Venid los dos a la comisaría. Ahí os enteraréis.
— ¿Hisagi y yo? —preguntó extrañado—. Vale, ahora vamos.
Colgó el teléfono y se dio la vuelta para volver al despacho.
— Vienen en un momento —informó a los que estaban dentro cerrando la puerta.
— Mientras tanto, Rukia, hablemos de ti —comentó Urahara mientras ella tomaba
asiento—. ¿Cómo vas?
— Aizen va mostrándose más atraído por mí. Creo que dentro de poco podré acceder
a quedar con él para tomar algo.
— Perfecto. En ese caso iré preparando a una agente que se ha presentado voluntaria.
Es muy parecida físicamente a ti y con una peluca negra no creo que haya problema.
— No va a funcionar... —sentenció Rukia. El resto la miró.
— ¿Por qué no va a funcionar? —cuestionó Ichigo.
— Porque ella no soy yo. Pillará el embuste nada más empiece a hablar con la mujer.
Y entonces no servirá de nada lo que hemos hecho.
— Rukia, ella sabe lo que debe hacer. Te ha visto en vídeos y es buena interpretando su
papel. No se dará cuenta —le comentó Urahara.
— No lo discuto, Kisuke. Pero no va a funcionar.
— ¿Qué sugieres?
— Ir yo.
— ¡Imposible! —Ichigo puso el grito en el cielo.
— Ni hablar —dictó Urahara—. Es demasiado peligroso, por no decir que eso equivale a
que te reconozca.
— Ki...
— No hay más que hablar, Rukia. No voy a permitir que te ocupes de ese malnacido más
allá de las sesiones virtuales.
— Hablando de las sesiones... —habló Kaien—. Se me ha ocurrido algo.
— Dime —le instó Urahara.
— Habíamos dicho que, llegado el momento, Rukia lo llamaría diciendo que estaba secuestrada,
¿no? —Al ver que todos asentían, Kaien prosiguió—: ¿Y si hacemos que el secuestro sea en vivo?
— ¿Cómo? —inquirió Ichigo.
— Piénsalo, Ichigo. Ella dominándole por internet. Y de pronto se oyen ruidos, entran tres hombres y
la cogen delante de las narices de Daniel. Se pondrá hecho una furia. Presenciará el secuestro, lo
que le dará más veracidad. Solo habrá que procurar que no se nos reconozca y que el rostro de Rukia
no salga en la cámara en ningún momento.
— ¡Buena idea! —elogió Urahara—. Y bien pensado. No hay nada mejor como presenciar
el secuestro para que sea más creíble. Rukia, ¿podrías ir dejándole caer que te sientes observada?
No ahora, pero sí cuando avance más la relación.
— Por supuesto.
Unos golpes en la puerta hicieron que todos se volvieran hacia ella.
— Capitán, dos hombres buscan a la señorita Kuchiki.
— Ya han llegado —dijo poniéndose en pie.
— Hazlos pasar —ordenó Urahara.
El policía asintió y abrió más la puerta para que entraran.
— Señores, les presento a mis amigos... —Los miró a ambos sin saber si decirles sus verdaderos
nombres o solo sus apodos.
— ¿Juez Ikkaku Madarame? —La voz de Urahara había ido subiendo en intensidad conforme
formulaba la pregunta.
— Buenos días, capitán Urahara —saludó Armand con una sonrisa—. Me ha pillado.
— En ese caso, yo soy Shuhei Hisagi —se presentó Hisagi—. Y ahora, ¿van a decirnos por
qué estamos aquí?
Rukia sonrió. Hisagi era de los que consideraba el tiempo como un bien preciado y
no le gustaba perderlo. Kaien e Ichigo estrecharon las manos con Ikkaku y Hisagi y se
apartaron para que se sentaran los dos.
— Supongo que están al tanto del caso por su amiga —comenzó Urahara.
— Sí —respondieron al unísono.
— Me gustaría dejar claro que colaboran en la investigación y que el material aportado
está libre de manipulación.
— ¡Por supuesto! —exclamó Hisagi—. Sé lo que me hago, soy inspector privado.
— Y hacker —lanzó Rukia haciendo que el otro la mirara y sonriera orgulloso.
— Lo que me lleva a recordar... —Se volvió hacia Urahara—. La próxima vez que la policía
se meta en mi club, obtendrán un virus de regalo.
Urahara lo miró extrañado. Él no había pedido a nadie que entrara en el club.
Rukia se fijó en Ichigo y se echó a reír haciendo que los otros la miraran y
tuviera que excusarse por su reacción.
— Capitán Urahara, ¿qué tienen contra Aizen? Me gustaría saberlo para asesorarles.
— Antes querría preguntarles si tienen contactos con lugares físicos y virtuales
donde se practique el BDSM.
Hisagi e Ikkaku se miraron.
— Sí. ¿Por qué?
Urahara comenzó a explicarles lo que habían averiguado en torno a los archivos multimedia
que ellos les habían mandado. Conforme les daba las conclusiones a las que habían llegado,
los semblantes de ambos se oscurecieron. Estaban furiosos porque un asesino y criminal como
él utilizara su club virtual para perpetrar esos secuestros y muertes, y ellos mismos querían zanjar
el asunto.
— En la ciudad hay un local de BDSM abierto al público y un club privado. Podemos responder
por el último porque nosotros somos los administradores e identificamos a cada miembro. Aizen no
está como socio allí. Pero no podemos decir lo mismo del local. Solo hay que pagar una entrada
para que te permitan entrar —comentó Ikkaku.
— También tenemos contactos con otras ciudades o incluso países. Es cuestión de echar mano de
ellos y que nos cuenten algo. ¿Por dónde suele moverse ese hijo de puta?
— De todas maneras, dudo que vaya a lugares públicos —opinó Ikkaku.
Al ver que lo miraban con sorpresa, se explicó—: Reconozcámoslo. Aizen es
una persona de alto standing. Los medios de comunicación lo sacan a menudo,
ya sea por sus adquisiciones, por sus fiestas o por estar relacionado con la
policía. Lo conocerían y dudo que eso le permita acceder fácilmente a las
mujeres cara a cara. Por eso usará internet para hacerlo. Una vez las haya
seducido, quedar con ellas es más fácil, así como engañarlas.
— Lo entiendo. —Urahara se quedó callado—. Aun así, me gustaría que intentaran verificar esto.
¿Qué hay de los virtuales?
— Eso puede ser más complicado —expuso Hisagi—. Internet está plagado de sitios
web para chatear con la gente. Hay miles de salas relacionadas con el BDSM, por no mencionar
las páginas web de locales BDSM en distintas ciudades, clubs privados, como el nuestro, y foros.
Tiene mucho donde abarcar.
— Un momento —interrumpió Ichigo—. La fuente con la que yo di con el club puede meterse en el
ordenador de Aizen y obtener información de dónde se mueve por internet. ¿Nos ayudaría eso a
cerrar la búsqueda?
— Sí y no —explicó Hisagi—. Puede usar un navegador anónimo y ese tipo de páginas no deja
cookies si el navegador está configurado así.
— ¿Por qué entonces tu club sí? —preguntó Rukia.
— Porque quería que tuvieran un pequeño archivo en los ordenadores, oculto a la vista, por si
ocurría algún problema —respondió Hisagi con una sonrisa de superioridad—. Aunque esperaba
no tener que utilizarlo nunca.
— ¿Es viable lo que hablamos? —centró la conversación Urahara—. ¿Podéis rastrearle?
— Puedo intentarlo. Pero el hecho de que en internet puede utilizar nombres diferentes ralentizará
mi búsqueda. Aun así, no estaría de más conocer a esa fuente suya, señor Kurosaki, para que me
eche una mano.
Rukia rió sorprendiendo a los demás. Le había parecido que el comentario de Hisagi tenía oculto
un mensaje para cierta "fuente" que se había colado en su club en varias ocasiones. No dudaba
que le dejaría bien claro que ese lugar era intocable.
— Entonces quedamos así. Cualquier cosa, por favor, pónganse en contacto con Rukia, o conmigo
mismo —comunicó Urahara—. Señor Madarame, ¿quiere ver lo que tenemos?
— Sí, por favor.
— Yo también. —Se unió Hisagi.
— En ese caso, yo me voy —anunció Rukia—. He de ocuparme de mi empresa.
— Por supuesto, Rukia. Gracias por todo lo que estás haciendo —agradeció Urahara.
Ella simplemente sonrió y se dio la vuelta para salir de la oficina.
— ¡Rukia! —exclamó Ichigo.
— ¿Sí?
— Te llamo luego —le dijo al ver que había varias cabezas pendientes de lo que tenía que decirle.
— Vale.
Rukia paró el motor del coche delante de su casa. Giró la cabeza a la derecha y observó a Ichigo.
Tras la comisaría, ella había ido a trabajar a su negocio y, a la salida, la había llamado para cenar
juntos.
Fue a recogerlo en su coche y él la había llevado, mediante indicaciones, a un restaurante desconocido
para ella, pero muy agradable, tanto en el ambiente como en la comida. Había disfrutado mucho más
que en los restaurantes elitistas, de una comida y una compañía que habían hecho que se olvidara de
todo y se centrara únicamente en la persona que tenía delante.
No había podido resistirse a juguetear con él bajo la mesa, ni tampoco a sacar el
tema de una tal "Piruleta" que tanta risa le había dado. Al final, los dos se habían reído de ello.
Tras el restaurante, habían paseado y hablado por un parque cercano.
Tanto uno como otro querían saber detalles de la otra persona y los minutos se hicieron horas conversando.
Rukia cogió su móvil, que había sonado cuando conducía, y lo miró. Tenía un mensaje
de wasap de parte de Ikkaku:
Ikkaku (Titán): Esta noche el club está abierto. ¿Vienes? Contraseña:
pájaro de fuego.
P.D. Algunos te están esperando ya.
— ¿Qué pasa? —preguntó él al ver cómo sonreía.
— Nada. Vamos a otro sitio.
— ¿A dónde?
— Al club.
