CAPÍTULO 23

—No me puedo creer que no estés pensado en denunciar a Rosalie después de lo que ha hecho con Renesmee —le recriminó Bella a Edward con voz dura.

Habían pasado varios días desde el secuestro y ella seguía insistiendo en acudir a la policía.

—Es mejor que dejemos las cosas como están. Además, nosotros también tuvimos nuestra parte de culpa por pereza. Deberíamos haber avisado en el colegio de que esa persona ya no estaba autorizada para recoger a Renesmee —le hizo ver Edward—. Y a la niña no le pasó nada. Lo más seguro es que Rosalie tuviera ganas de verla y estar con ella y, con lo que ha pasado últimamente, sabía que no la dejaríamos acercarse a nuestra hija. Me imagino que por eso recurrió a llevársela sin decirnos nada. Y te vuelvo a repetir que a Nessie no le ocurrió nada malo. Rosalie la quiere demasiado. No permitiría que sufriera algún percance.

—Estoy harta de que la defiendas —siseó Bella—. Cada vez que sale el tema me vienes con los mismos argumentos. ¡Hay que darle un escarmiento! —gritó molesta.

—Baja la voz, por favor. No quiero que los que están fuera se enteren de nuestra vida privada.

Estaban en la oficina del gym. Bella ya había terminado su entrenamiento y, antes de marcharse, quiso hablar con su marido sobre el tema otra vez. Si no daba su brazo a torcer y cedía a sus ruegos, acudiría ella sola a la policía.

—Además —añadió Edward—, ¿piensas que te van a creer en comisaría cuando vayas a contar que hace más o menos una semana nuestra antigua niñera secuestró a nuestra hija? Preguntarán por qué no denunciamos enseguida, querrán escuchar la explicación de Nessie y, cuando ella les diga que Rosalie no le hizo daño, que solo la recogió del campamento y le compró un algodón de azúcar de camino a casa, ¿qué van a pensar, eh? Yo te lo diré: que somos unos padres histéricos que quieren cargar con el muerto a la pobre niñera porque se han dado cuenta de su metedura de pata al no cambiar las autorizaciones del colegio.

Bella se levantó de la silla donde había estado sentada frente al escritorio de su marido y, apoyando las manos en la mesa, se inclinó hacia él.

—¿Por qué proteges a esa zorra?

—No la estoy protegiendo a ella. Intento proteger a nuestra hija, ¿no te das cuenta? No quiero que Renesmee tenga que visitar una comisaría ni hacerla pasar por un interrogatorio, porque, con sinceridad, no ocurrió nada grave y asustaríamos a la niña.

«También intento protegernos a nosotros, a nuestro matrimonio, porque la policía es muy lista y, cuando sepan lo sucedido en mi coche, tirarán del hilo y acabarán sabiendo que me la follé en el club. Y tú también lo sabrás, por mucho que haya firmado un contrato de confidencialidad. Además, es una menor. ¿Qué consecuencias habrá para mí? Iré a la cárcel».

—Muy bien. No hagas nada si no quieres, pero esto no va a quedar así —le advirtió ella.

—Bella…

Edward no continuó al ver que su mujer se daba la vuelta y salía enfadada de la oficina, cerrando con un sonoro portazo.

Iba tan ofuscada pensando en cómo salirse con la suya que no se dio cuenta de que estaban cerca Jacob y Sam hasta que chocó con ellos.

—Bella —le llamó la atención Jacob.

—Perdón, voy distraída —se disculpó ella.

—Y cabreada, querida —puntualizó Sam.

—Sí, enfadada también. Muy observador. —Quiso sonreír, pero le salió una mueca.

—¿Con Edward? —preguntó Jacob.

—¿Con quién si no?

—No irás otra vez al club a tirarte a todo bicho viviente, como la última vez que te enfadaste con él.

Bella recordó lo mucho que había disfrutado de su propio gang bang.

Sin embargo, a pesar de tener un grato recuerdo, también le vino a la mente lo que descubrió en El Jardín Secreto y el estómago se le revolvió.

—No, esta vez no.

—¿Cuándo volveréis? Hace mucho que no os vemos por allí.

—No hace tanto tiempo —rebatió—. Ni un mes siquiera.

—Demasiado —dijo Jacob con cara y voz tristes. Bella se acercó a él hasta que solo les separó un suspiro.

—¿Qué pasa? ¿Quieres follarme otra vez mientras Edward nos mira?

—¿Y si así fuera? —cuestionó él con un murmullo.

—Tendría que hablarlo con mi marido.

—Tampoco pierdo la esperanza de tener algo con Edward.

—Ni yo, querida —intervino Sam—. Si Jacob consigue follarse a tu marido, yo también quiero hacerlo con él.

Bella soltó una carcajada y se distanció de ellos unos centímetros.

—Seguid soñando. Es posible que yo acceda a la petición de Jacob de tener otra vez sexo con él, pero Edward… —Negó con la cabeza—. No dejará que le pongáis un dedo encima.

Dio media vuelta y se alejó de ellos.

Bella tocó al timbre de la casa. En el trayecto hasta allí había pensado mil formas de contar lo sucedido y al final lo había resumido a una. Edward tenía parte de razón en sus argumentos; sin embargo, ella no iba a dejar sin castigar las acciones de Rosalie.

¿Que no podían ir a la policía? Bien. Lo arreglaría a su manera y qué mejor forma, que contar a los padres de Rosalie cómo era su hija y lo que había hecho.

La puerta se abrió y apareció la señora Hale.

—Buenos días, Lillian.

—Hola, Bella. ¿Qué tal estás? —saludó con una gran sonrisa.

—Bien, bien. ¿Puedo pasar? Hay algo que quiero comentarte sobre Rosalie.

—Sí, dime, ¿qué ocurre? —dijo la mujer echándose a un lado para dejarla entrar en su casa—. ¿Te apetece un té o un café? ¿Un refresco mejor?

—No, gracias, no quiero nada.

Lillian condujo a Bella a una sala decorada en tonos vainilla. La madre de Rosalie se sentó en un sillón orejero mientras que Bella lo hacía en un sofá claro frente a ella.

—Bueno —comenzó Lillian—. Tú dirás. Lamento que Rosalie ya no cuide de Renesmee, pero tienes que entender que los King le pagan más dinero. Así que, si lo que quieres es que mi hija vuelva a cuidar de la tuya, tendrás que aumentar…

Bella levantó una mano para detener su habladuría.

—No he venido por eso. No quiero que Rosalie vuelva a cuidar de Nessie.

—¿Entonces? —quiso saber Lillian extrañada.

Ella aspiró profundamente y se preparó para lo que iba a soltar.

—Rosalie —se abstuvo de decir «la zorra de tu hija» porque con insultos no iba a llegar muy lejos— fue hace unos días a recoger a Renesmee al campamento… y nos dio un susto bastante grande a Edward y a mí porque no nos avisó. Nosotros no le habíamos pedido que lo hiciera y ella se sirvió que aún no habíamos actualizado las autorizaciones para llevarse a nuestra hija.

Le contó la búsqueda de Renesmee y cómo al final apareció en la puerta de su casa sola, pero ilesa.

—Fue una imprudencia por parte de Rosalie. Primero, por llevársela del centro educativo; y segundo, por abandonarla en la calle. Vale que fue delante de la puerta de mi casa, pero también hay niños que desaparecen de sus propios jardines —prosiguió—: Esta vez no hemos ido a comisaría, pero dile a tu hija que, si lo vuelve a hacer, la denunciaremos por secuestro.

Lillian estaba alucinada por todo lo que le había contado Bella.

—Nunca hubiera imaginado que Rosalie pudiera hacer algo así —comentó asombrada su madre.

«Pues si te cuento que intentó tener sexo con mi marido en el coche y que por eso no la hemos vuelto a llamar…».

—Lo siento muchísimo —se excusó Lillian—. Me imagino que el susto que os llevasteis fue brutal. No sé en qué demonios piensa la juventud de hoy en día, pero, tranquila, no volverá a suceder. Hablaré con mi hija para que no lo vuelva a hacer.

—Es más, Lillian, estamos tan molestos con ella que te pediría que le dijeses que no se vuelva a acercar a mi familia. Ya no confiamos en ella.

—Me parece un poco exagerada esa decisión, pero comprendo que aún tenéis el susto en el cuerpo, así que se lo diré de vuestra parte.

—Muy bien. Agradezco mucho tu comprensión, Lillian —dijo Bella alzándose del sofá para marcharse.

La señora Hale la acompañó hasta la puerta y, justo cuando la abrió, se encontraron con Rosalie que llegaba a casa.

La joven al ver a Bella se temió lo peor. Había ido a contarle a su madre todo: que había secuestrado a Nessie para vengarse del matrimonio Masen porque Edward la había rechazado sexualmente.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó con cautela.

—Tu madre y yo acabamos de tener una charla muy interesante sobre ti —espetó Bella sin poder contener su malestar.

—¿Cómo has podido hacer una cosa así, Rosalie? —le recriminó Lillian. Ella, pensando que su madre lo sabía absolutamente todo, se delató.

—¡Estoy enamorada de él desde la primera vez que le vi! —gritó, adentrándose en la casa.

—¿De quién? —quiso saber su madre.

—De mi marido —respondió Bella.

Rosalie se dio la vuelta para increpar a Bella.

—¡Pero tú no has dejado de meterte en medio y de hacer que aún te ame!

—Soy su esposa. No voy a dejar que me quites a mi marido tan fácilmente.

—¿De qué estáis hablando?

Lillian las miraba como si estuviera en un partido de tenis, totalmente sorprendida por el giro de la conversación.

Bella clavó los ojos en la madre de Rosalie.

—No te lo he querido decir para no preocuparte más, pero tu hija intentó seducir a mi marido una noche que la trajo con el coche a casa. Edward la rechazó y por eso ella se ha llevado a Renesmee del colegio sin nuestro permiso.

—Oh, Dios mío. —Lillian se llevó las manos a la cara y miró a su hija—. ¿Es eso cierto, Rosalie?

Pero esta, lejos de contestarle a su madre, fijó su mirada en Bella y, con una sonrisa que no auguraba nada bueno, soltó:

—Oh, pero no sabes lo mejor, Bella. Al final sí me tiré a tu marido, solo que no fue en el coche. Fue en el club, en la parte reservada solo a los vips. Una de las chicas enmascaradas era yo. No sabes cómo disfruté de que Edward me tocase por todas partes, me besase, me comiera el coño y me hiciera el amor…

El tortazo que le dio Bella cortó su charla y le dejó todos los dedos marcados en la mejilla.

—Eres una puta —siseó Bella con rabia—. Si te vuelves a acercar a mi marido o a mi hija, juro que te mataré.

Giró sobre sus talones y emprendió la huida de aquella casa con las lágrimas surcándole el rostro.

¿Sería verdad lo que ella había contado sobre el club?

Bella condujo de nuevo hasta el gimnasio. No era el lugar más idóneo para discutir, pero tenía que aclarar lo sucedido en el club. Necesitaba conocer la verdad.

Como un vendaval entró en el recinto y se dirigió a la oficina. Empujó la puerta y esta dio un sonoro golpe contra la pared.

—A este paso me vas a desmontar el gimnasio —dijo Edward al ver el portazo que acababa de dar.

Bella, con toda su mala leche, agarró la madera por el quicio y la cerró con violencia, dando otro golpe.

—¿Qué te pasa? ¿Aún estás enfadada por nuestra conversación de antes? —quiso saber él.

Ella caminó, destrozando el suelo con cada paso, hasta situarse frente a su marido. Con los puños apretados en los costados, le contó:

—Acabo de ir a casa de los Hale para decirles cómo es su hija y por qué ya no es la canguro de Nessie.

—¿Qué has hecho, Bella? —preguntó retóricamente, pues su mujer terminaba de informarle

—. ¿Por qué has ido a su casa? ¿No te das cuenta del lío en el que nos puedes meter?

—¿Lío? Lío el que has tenido con Rosalie y no me lo has dicho —gritó sin poder contenerse por más tiempo.

Al escucharla, Edward supo que su esposa conocía lo sucedido en la otra parte del club.

—Tranquili…

—¡No me digas que me tranquilice porque no me da la gana hacerlo! —volvió a chillar. Edward cerró los ojos y suspiró.

—Déjame que te lo explique.

—Claro, claro que me lo vas a explicar. —Bella cogió una silla y se sentó frente a él—. Empezando por eso que me ha contado Rosalie, delante de su madre, y terminando porque ¡tienes un lío con ella y por eso no quieres denunciarla por el secuestro de nuestra hija! —cuestionó a voces.

Edward abrió los ojos al oírla gritar de nuevo.

—Si no dejas de chillar, no te voy a contar nada. —Se cruzó de brazos y clavó su mirada en ella atentamente.

Se retaron en silencio, solo roto por el murmullo de sus respiraciones agitadas.

—¿Has pensado en mí y en lo que podría pasarme? —preguntó él—. ¿O solo te has movido guiada por tu sed de venganza contra Rosalie?

Bella le miró sin comprender.

—Rosalie podría denunciarme por lo que pasó en el coche hace algunas semanas. Podría decir que intenté abusar de ella. Incluso que la agredí sexualmente.

Ella abrió tanto la boca por la sorpresa, que casi se le encaja la mandíbula.

—No tengo testigos —prosiguió Edward—. Es su palabra contra la mía y ya sabes que, hasta que fuera declarado inocente, iría a la cárcel.

—Pero eso no puede ser. Ella no se atreverá a tanto —dijo sin salir de su asombro. El enfado había mermado hasta convertirse en algo insignificante.

—Ha secuestrado a Renesmee y, aunque nos la ha devuelto en perfectas condiciones, ¿qué más no podría hacer? ¿Tan raro te resulta que me denuncie por abusos o agresión por lo que sucedió en mí coche? Piénsalo. Rosalie quiere hacernos daño.

—Pero tú no hiciste nada. Fue ella la que intentó aprovecharse de ti.

—Gracias, amor. Es un consuelo que me creas, pero, eso no va a ser suficiente en el caso de que me detengan y me envíen a prisión preventiva hasta que salga el juicio y se aclare todo este lío.

—Contrataremos al mejor abogado de San Diego.

—No, Bella. ¿No lo entiendes? Lo primero que harán será detenerme y meterme en una celda. Me alejarán de ti, de Renesmee, me sacarán de mi hogar a la fuerza. Y pueden pasar meses hasta que sea declarado inocente. Si es que lo conseguimos. No tengo ningún testigo de lo que sucedió aquella noche. Nadie declarará que yo la detuve y me bajé del coche para que no continuase besándome ni metiéndose mi pene en…

Dejó la frase en el aire porque sabía que no hacía falta añadir nada más.

—Y en cuanto al club, también me engañó —añadió Edward pasados unos segundos—.

¿Recuerdas que todas iban con máscaras? ¿Cómo iba a saber yo que una de ellas era Rosalie? Me follé a una chica pensando que sería una de tantas que había allí y luego resultó que era ella. Cuando se quitó la máscara y vi su rostro… —Negó con la cabeza—. Jamás me hubiera imaginado que Rosalie frecuentara un sitio así, que tuviese el atrevimiento de follar conmigo usando malas artes, engañándome. Además, es menor de edad. Ni siquiera debería estar allí. No puedo entender cómo… —Apretó los dientes por la rabia que le daba lo que había sucedido—. Cómo es posible que forme parte de eso. Luego me dijo lo del contrato de confidencialidad y pensé que estaba a salvo firmándolo. Pero añadí una cláusula al final. No tendría sexo ni con ella ni con nadie que fuera menor de edad, y a todas las mujeres les vería la cara, así Rosalie no podría volver a engañarme. Después, otra chica me llevó ante Tanya. Y el resto ya lo sabes porque lo viste tú misma.

Bella se levantó de la silla y rodeó la mesa para reunirse con su marido, quien se echó para atrás al ver su acercamiento. Se colocó de cuclillas entre los fuertes muslos de él y le abrazó por la cintura, pegando un lado de la cara en su pecho, escuchando su corazón. Justo donde llevaba el colgante con la llave.

Él, a su vez, rodeó con los brazos el cuerpo de su esposa y emitió un suspiro cansado.

—Por eso no quería que fuéramos a la policía. Si llegan a descubrirlo… —comentó Edward.

—Pero el contrato que firmaste… —dijo Bella alzando el rostro hacia él.

—Ya ves de qué ha servido. A pesar de haberlo firmado, Rosalie se ha ido de la lengua.

Bella asintió. Le contó cómo se había desarrollado todo en casa de los Hale. Primero habló con su madre, pero no le dijo nada de lo sucedido en el coche. Y cuando llegó la joven se descubrió todo, delatándose ella misma. También su advertencia de que no se volviese a acercar a Edward o a Renesmee.

—Estamos metidos en un buen lío —concluyó él.

—No creo que sus padres se atrevan a denunciarte por abusar de Rosalie. Ella misma reconoció que iba detrás de ti y que te engañó para tener sexo contigo.

—Aun así… Podrían cambiar su versión —dijo Edward decaído. Bella se levantó para sentarse en las rodillas de su marido.

—Perdóname por la manera en que he irrumpido en la oficina. Ya sabes que todo lo que tenga que ver con esa zorra me pone de mal humor. Y cuando me ha dicho que había conseguido acostarse contigo en el club… Lo he visto todo rojo y me ha cegado la ira.

—Tranquila. Sabes que te perdono —replicó Edward acariciándole la espalda.

—No creo que cambien la versión que me ha dado Rosalie. Su madre estaba súper alucinada.

Verás cuando vuelva el padre de trabajar y Lillian se lo cuente.

—¿Estás segura de que se lo dirá? ¿Qué hay del secreto entre madre e hija? —cuestionó él dudando.

Bella le echó los brazos al cuello. Él observó primero su colgante en forma de corazón con el candado y luego subió la vista hasta sus ojos.

—Es muy fuerte lo que ha pasado. No creo que se lo oculte a Henry —comentó, refiriéndose al señor Hale.