A/N: Hola! *Saluda tímidamente* He vuelto después de meses de desaparición, lo sé... y me sorprendería que aún estén pendientes de esta historia, pero la vida se ha cruzado en el camino. Pero estoy intentando devolverle a este fic la atención que merece... tenía este capítulo medio escrito, pero no me convencía (y no me gusta sacar nada a medias), pero me llegó una de esas inspiraciones nocturnas y logré arreglarlo.

Espero que les guste! Cuéntenme qué tal! Nos vemos pronto!


CAPÍTULO XXVII

7 de Julio, 2000 — Malfoy Manor

El silencio de la celda era enervante. Pansy estaba sentada contra la pared de la fría estructura abrazada a sus piernas; había olvidado el condenado frío que hacía en Inglaterra después de disfrutar un año completo en la cálida Italia y, por si fuera poco, sus captores no habían tenido ninguna consideración con ella. Sólo le habían entregado un pedazo de tela que utilizaba como manta para capear las bajas temperaturas. Llevaba días sumida en la soledad después de que Macnair se hubiese llevado al viejo MacDougal hacia otra ronda de interrogaciones. Pansy había tenido la ingenua esperanza de que volvería, pero dos días de ausencia le habían enviado un claro mensaje.

No era que se llevara demasiado bien con el arqueólogo, de hecho pasaban más de la mitad del tiempo sin pronunciar palabra, pero al menos había una presencia cerca de ella que le decía que no estaba sola en esto. Maldijo su propia ingenuidad cuando comprendió que el hombre no regresaría jamás.

Debería haber recordado que Lord Voldemort no tendía a coleccionar prisioneros.

Sin embargo, lo que le estaba devanando los sesos no era eso. MacDougal le había hablado de algo que el Señor Oscuro estaba buscando con desesperación, un Cáliz que lo haría inmortal, pero no tenía como llegar a él. El hombre había deducido que esa era la razón por la que la habían capturado, para que ella pudiese traérselo. Pero algo no calzaba ¿Por qué el mago más temido de todos los tiempos la necesitaría a ella para adquirir un poder como ese? ¿Qué era tan poderoso para que él fuese incapaz de alcanzarlo? No tenía sentido.

Pansy era una buena bruja, si bien en el colegio nunca tuvo buenas calificaciones no fue por su falta de intelecto o habilidad, es que simplemente no le importaba. Prefería ocupar su tiempo en otras cosas, más superficiales y menos amables. Con el paso del tiempo, esto había resultado ser un arma bastante útil, especialmente después de la Batalla de Hogwarts. Todos creían que Pansy no era más que una niñita tonta y mimada que no tenía más de dos dedos de frente.

Eso fue, precisamente, lo que le permitió escapar.

Pero aquí se encontraba ahora, más encerrada que antes y con una inevitable cuenta atrás para ser utilizada en algo monstruoso. El viejo le había dicho que necesitaba ser fuerte, intentar no caer en las manipulaciones del Señor Oscuro; pero no sabía que hacer. No estaba segura de estar dispuesta a dar la vida por la causa, siempre había creído que eso era cuestión de Potter y sus estúpidos amigos; pero ahora sabía que Theo y Draco estaban con ellos ¿Qué había cambiado? ¿Realmente se les había pegado la idiotez de los Gryffindors o tenían una razón más egoísta?

¿Podría ser ella tan fuerte como para desafiar al temible mago?

Unos pasos se sintieron en lo alto de las escaleras y Pansy supuso que le vendrían a traer esa sosa comida que le habían estado dando desde que había llegado al horrible lugar. Los primeros días se había negado a ingerir esa bazofia, pero luego entendió que no tendría otra opción si no quería morir de hambre. Levantó la vista y pudo vislumbrar una alta sombra que se alzaba tras los barrotes y encendió la varita para darle luz al lugar.

Un hombre con máscara de Mortífago apareció, y Pansy rodó los ojos. Estos idiotas insistían en ser melodramáticos y utilizas estas máscaras donde quiera que fueran. Ella había lidiado con demasiados Mortífagos en su vida para intimidarse por la mera presencia de uno. Fijó su vista, pero no había ninguna bandeja a la vista, cuestión que la hizo fruncir el ceño.

—¿Y mi comida? —preguntó con tono de aburrimiento—¿El Señor Oscuro decidió matarme de hambre?

El hombre no respondió, y abrió la celda con un encantamiento que no logró identificar. No era un simple Alohomora, puesto que tenía unas complejas protecciones que le impedían tocar los barrotes. Se acercó a ella a paso acompasado, y cuando llegó a su lado sintió el miedo aflorar en su interior.

—¿Qué quieres? ¡Aléjate de mí! —exclamó, gateando hacia atrás para alejarse. La acción no le duró demasiado, porque pronto se vio acorralada en un oscuro rincón. El hombre apagó su varita y la guardó antes de agacharse y tomarla por el brazo.

—¡Sácame tus asquerosas manos de encima!

Forcejearon por unos momentos, pero la verdad era que el hombre la superaba considerablemente en estatura y fuerza, e intentar soltarse era virtualmente inútil. Pronto la arrastró por la fuerza hacia fuera de su celda y por las escaleras, pronto descubrió que si se quedaba quieta el hombre no utilizaría más fuerza de la necesaria, por lo que se dejó llevar hacia la primera planta de Malfoy Manor.

Cuando llegó, la luz la cegó durante unos instantes. Después de estar encerrada en un calabozo durante quién sabe cuánto tiempo, sin ventanas ni velas para iluminar el lugar —de hecho, los horarios de comida eran lo único que le indicaba algo sobre el paso de los días —, su vista se había acostumbrado a la oscuridad.

Cuando recuperó su visión miró a su alrededor para encontrarse con la mansión que había sido alguna vez su lugar preferido para pasar las vacaciones, pero no se asemejaba en nada al lugar que recordaba. La mano de Voldemort en la propiedad había destruido cualquier atisbo de la magnificencia que alguna vez la había caracterizado. Narcissa debía estar devastada.


En el salón de Malfoy Manor sólo se escuchaba el tamborileo de los dedos de Lord Voldemort, sentado en su trono al centro de la habitación. Al fin había encontrado unos momentos de tranquilidad después de días sin descanso. Si bien MacDougal terminó por escupirle la información que necesitaba, no había sido suficiente y se las había tenido que ingeniar para descubrir cómo realmente hacer uso de ella.

Recordó los últimos momentos de vida del viejo y una sonrisa de satifacción cruzó sus serpentinas facciones. La sangre, la mirada de horror, el tono de derrota… se sabía sentido especialmente bien; el anciano había resistido más tiempo del que había imaginado para un hombre de su edad, y él había perdido su paciencia.

Usualmente detestaba utilizar métodos tan…muggles para lograr sus objetivos, pero todos lo intentos anteriores habían demostrado ser infructuosos. Cuando lo había propuesto en una de las reuniones con sus seguidores más cercanos, Macnair había saltado como un perro al que le ofrecen una golosina, una morbosa sonrisa en sus labios. Al menos de algo le seguía sirviendo ese neandertal.

Dos figuras aparecieron por la puerta lateral y su sonrisa se ensanchó. Su Mortífago llevaba la lamentable figura de Pansy Parkinson a cuestas. Su nuevo recluta había demostrado ser sorprendentemente eficiente, a pesar de que no era todo lo brutal que le hubiera gustado, hacía su trabajo de manera limpia y sin dejar rastro.

Quizás le mostraría un poco del comportamiento propio de un seguidor de Lord Voldemort, sólo para darse un gusto. Se lo merecía.

La chica cayó al suelo con un golpe seco, su pelo negro esparciéndose por el piso de mármol. Se sentó lentamente hasta quedar arrodillada, y levantó la vista hacia él. Sus ojos verdes refulgían de rencor y miedo a la vez, aún tenían ese brillo altanero propio de la chica, pero parecía estar aminorando. Bien, la pequeña Pansy necesitaba una lección de humildad… mire que creer que podía escaparse de sus garras para siempre.

—Querida Pansy, qué gusto volver a verte.

—Lamento no poder decir lo mismo —dijo ella con la mandíbula tensa —¿Qué quieres?

—Creo que el tiempo fuera de casa ha mermado tus modales, niña —respondión él con reprobación en su voz —Esa no es forma de dirigirse a tu Amo.

—¿Amo? —Pansy soltó una risa llena de amargura —¿No te quedó claro que no me interesa nada que tenga que ver contigo? ¿Crees que me fui para tomarme unas vacaciones? Tu trabajo no paga demasiado bien.

La chica se comportaba de una manera extraña, pero que a él le pareció sumamente interesante. La voz le temblaba, como si estuviese aterrada, pero utilizaba el sarcasmo y lo desafiaba abiertamente con las palabras. Pobre niña, estaba intentando parecer fuerte, tendría que sacarla de sus delirios.

—Veo que tu crianza te ha impedido ver las cosas con verdadero valor. Estar a mi servicio eleva considerablemente tu posición en el mundo mágico y te permite los lujos que tanto te gustan… —Voldemort entonces se incorporó hacia adelante y clavó sus ojos en los de ella, mirándola intensamente —¿O será que tus gustos han cambiado?

Pansy lo miró con confusión unos momentos, aparentemente sin entender la implicación en la pregunta que le había hecho. No obstante, la reacción que esperaba llegó poco después, cuando los ojos de la chica se abrieron de par en par.

—¡¿Qué le hiciste?!

—Verás, mi amigo aquí presente decidió visitar Italia… hermoso país, por cierto. —empezó él, poniéndose de pie —Nos encontramos con una respetable familia ahí… ¿Cómo se llamaba? —preguntó al enmascarado con parsimonia.

—D'Angelo, mi Lord —dijo el aludido. Pansy frunció el ceño y miró al hombre que estaba de pie a su lado ¿Lo habría reconocido?

—Ah, sí, sí… bastante decentes, de verdad. Buen linaje, una fortuna considerable —continuó Voldemort — Es un lástima que su hija esté involucrada en asuntos tan… indecorosos.

Cuando se enteró de la relación que poseía la italiana con Pansy Parkinson le dieron ganas de vomitar. ¿Qué mujer respetable se prestaría para un circo como ese? Era asqueroso, antinatural.

Pansy gruñó de rabia, pero él la ignoró.

—Claro que nos costó un poco dar con ella, a pesar de sus desviaciones parece tener un trabajo importante y viaja muy a menudo —. Por fortuna, volvió a Milán. Debo decir, Pansy, que para ser una asquerosa desviada tienes buen gusto.

Pansy se levantó y corrió hacia él con furia desmedida, pero su vasallo la atrapó sin demasiado esfuerzo.

—¡Malnacido! ¿Qué le has hecho? —bramaba la chica, forcejeando con su captor —¡Te haré pedazos si le tocas un pelo!

—¿Pedazos? Veo que te tienes en alta estima, considerando la situación en la que te encuentras.

—¿Qué demonios quieres de mí? —seguía gritando la morena. Bien, podrían pasar a hablar de negocios.

—Es bastante simple…y complejo a la vez —dijo él, frunciendo los labios —Verás, hay un objeto que necesito, pero a pesar de mis grandes poderes no he logrado llegar a él, hay una molesta mujer que insiste en impedírmelo. Un incordio, la verdad. Pero he encontrado algo que me puede llevar a él… Según tengo entendido tu familia se remonta a generaciones ¿No es verdad?

Una delicia, siglos de sangre pura sin ser manchada ni una sola vez; si no fuera impropio de mí me reverenciaría a tus antepasados por tan impecable ética. En fin, resulta que producto de tu sangre ancestral es posible que tengas la capacidad de entrar en ese mítico lugar.

Voldemort llegó hasta la chica y se plantó frente a ella, mirándola hacia abajo. Pansy le devolvía la mirada mientras apretaba los dientes. Le pasó una mano por su suave mejilla, a lo que ella corrió la cara, asqueada.

—Tengo dos misiones para ti, la primera es la principal… y la segunda, bueno, es el plan de emergencia en caso de que seas lo suficientemente inútil para no cumplirla… Pero no puedo decírtela a menos que accedas.

—¿Y si me opongo?

—Ay, Pansy. Tan corta de mollera —dijo él, sacudiendo la cabeza —Tengo a alguien vigilando a la señorita D'Angelo constantemente, y estaré más que encantado en entregársela a uno de mis Mortífagos si no cooperas. Estoy seguro que más de alguno estará encantado de darse un gusto con la chica; puede que incluso vuelva a enrielarse y dejar de lado tan inmorales prácticas.

El terror volvió a invadir las facciones de Pansy, y él sintió una tremenda satisfacción. No dejaba de impresionarlo la cantidad de emociones que podían recorrer el alma de las personas comunes y corrientes; era un deleite ver cómo con unas simples palabras eran capaces de someterlos al miedo. La chica tragó saliva.

—Si hago esto…—empezó con un hilo de voz —¿La dejarás en paz?

—Por supuesto. Cumples tu misión y aquí no ha pasado nada.

—Eres un ser despreciable… Un monstruo.

—Tanto dramatismo, por Salazar —dijo en un suspiro, caminando de vuelta a su trono —Bien ¿Lo harás?

—Sí.

—Inteligente decisión. Partirás cuando yo diga al pueblo de Glastonbury, mi amigo acá te escoltará, en caso de que cometas la estupidez de querer escapar. Te guiará hacia la entrada de este lugar. Desde ahí estarás por tu cuenta.

Necesito que me traigas un cáliz que está escondido en aquella isla, no será tan fácil, puesto que hay un grupo molesto que ha logrado pasar recientemente.

—Necesitaré una varita —dijo ella, con voz escueta.

—No, no te servirá de nada allá. Confío en que uses tus habilidades Slytherin para poder engañar lo suficiente a esta gente y traerme lo que necesito. Sin embargo, en caso de fallar… las cosas tendrán que ponerse feas.

La mujer que custodia estas tierras, la Dama del Lago, es especialmente molesta y poderosa, y la necesito fuera de mi camino para poder ingresar a la isla. Tu misión será asesinarla.

—¿Qué? ¿La Dama del Lago? Pero si es un personaje mítico… —dijo ella con los ojos muy abiertos —¿Es real? ¿Se le puede asesinar siquiera?

—Sí, he descubierto la forma de deshacerme de ella, pero tiene que hacerse desde dentro. Te daré los detalles al momento de partir, sólo por si acaso. —terminó él, luego miró al hombre al lado de la chica e hizo un gesto con la mano —Puedes llevártela, y regresa de inmediato. Tengo que hablar contigo.

El hombre desapareció de su vista por unos minutos, permitiéndole a Voldemort volver a sentarse, mucho más complacido que hace unos momentos atrás. Estaba cada vez más cerca. Su vasallo apareció nuevamente, con su máscara puesta, caminó con postura rígida hasta plantarse frente a él.

—¿Mi Lord?

—¿Qué hay del otro trabajo que te encomendé?

—Estuve en el límite del bosque esta mañana, antes de ir a Milán. Aún no hay señal de ellos —dijo el hombre con un tono que no denotaba expresión alguna. Voldemort gruñó.

—Estúpidos, niñatos. Si creen que podrán detener a Lord Voldemort, están muy, pero muy equivocados—. Siseó con rabia. Llevaba casi un mes enviando a su vasallo todos los días al bosque de Glastonbury para captar cualquier movimiento inusual. Vale decir que dos semanas atrás se enteró que el grupito de Potter había logrado traspasar el lago con la irritante autorización de esa tal Nimue.

Ya se enteraría ese intento de hada quién era él en realidad. Le molestaba tener que descansar en Pansy Parkinson para que hiciera ese importante trabajo, era una niña mimada de veinte años que ya estaba reluctante a trabajar para él. Había confiado en que el afecto de la Slytherin por Fiorenza D'Angelo fuera lo suficientemente fuerte para manipularla.

Como siempre, había tenido razón.

—La niña ¿Está bien vigilada?

—Por supuesto, mi Lord.

—Bien —dijo —Has demostrado ser útil, muchacho. No te tenía demasiada fe.

—Es un honor, mi Lord.

—Quítate la máscara —le ordenó. Muchos podrían decir que era una orden idiota ¿Qué le importaba la cara del chico? Pero lo cierto era que era su constante recuerdo que tenía un as bajo la manga del cual Potter no tenía la más mínima idea, y recordárselo a sí mismo le daba una morbosa satisfacción.

La máscara cayó al piso con un tintineo y Voldemort alzó su varita.

—¡Crucio!

El muchacho cayó de bruces al piso y comenzó a retorcerse de dolor. Voldemort miró con desprecio cómo su cuerpo se contraía, y sus gritos llenaban Malfoy Manor.

Retiró el hechizo por un momento y el cuerpo quedó lánguido, la respiración del chico era entrecortada. Cuando dejó de temblar se incorporó pesadamente, y abrió los ojos para mirarlo. Voldemort sentía como el pelirrojo luchaba contra la maldición, y pudo percibir un destello de odio en sus ojos azules. Afortunadamente, su cuerpo estaba demasiado débil, y la magia del Señor Oscuro era mucho más poderosa.

—Eres mío, Ronald Weasley —dijo con voz fría, antes de volver a lanzarle un Crucio y que los aullidos de dolor volvieran a llenar el lugar.


La Sagrada Isla de Ávalon

Blaise logró prender un cigarrillo después de varios intentos de hacer fuego con un pedernal. Hermione le había enseñado a hacerlo un tiempo atrás, cuando recién llegaron a la isla (claramente sin saber cuáles eran sus intenciones, él apreciaba demasiado su integridad física). Se había alejado del resto de sus compañeros para tener unos minutos a solas.

El entrenamiento de magia al que habían estado sometidos era arduo y le drenaba energía como una sanguijuela. Nimue había sido sumamente vaga al respecto y al principio tuvieron que apañárselas solos, con Hermione y Potter como única referencia. La castaña llevaba tiempo entrenando magia sin varita y Potter era irritantemente hábil aprendiendo cosas nuevas.

Sentía como si llevara una eternidad en ese lugar ¿Cuánto había pasado? ¿Un mes? No podía saberlo, puesto que al parecer el tiempo funcionaba distinto que el mundo normal. Su estadía se había alargado más de lo que habían pensado. Cuando decidieron ir a la Isla fue sólo para saber qué ocurría con el famoso Cáliz y cómo evitar que Voldemort se hiciera con su poder; sin embargo, Nimue parecía tener otros planes.

Resultaba que ellos eran los primeros mortales que pisaban la isla en siglos. Nadie, después de Arturo Pendragon, había sido capaz de entrar a la isla siendo un ser humano normal. Durante períodos difíciles, reencarnaciones de las Sacerdotisas habían ido hasta allí para servir al mundo mágico y luchar por su equilibrio; pero no seres normales, menos aún hombres. La Dama del Lago había sido enfática cuando les dijo que esto era una anomalía, y que el hecho de que Ávalon los reconociera dignos de internarse en ella guardaba un significado mucho más profundo de lo que ninguno de ellos podría imaginar.

Aún no tenían permitido acercarse al Cáliz. Nimue enfatizó en que aún necesitaban controlar mejor su magia interior como para poder acercarse al objeto, argumentando que éste tenía un poder sobre la voluntad humana que podía ser extremadamente peligrosa. Tenía sentido ¿Quién no se sentiría tentado a beber de una copa que te podía brindar inmortalidad?

El caso era que aún no lograban hacerlo, ni siquiera Hermione; pero habían avanzado considerablemente. El lugar era magia en su más pura expresión y les permitía mimetizarse con ella lo suficiente para aflorar fuerzas que Blaise jamás se imaginó tener. La magia era mucho más poderosa que cuando usaba una varita, lo aprendió después de dejar a Theo casi inconsciente en un duelo después de lanzar un simple Impedimenta; su pobre amigo había salido despedido varios metros hacia atrás, y tuvo suerte de no golpearse con algún árbol.

Blaise estaba sentado en las raíces de un árbol a la orilla de un hermoso río, cuya corriente emitía un sonido de lo más relajante. Le dio una calada a su cigarrillo mientras apreciaba el paisaje. Todo estaba lleno de vida, incluso las rocas parecían estar cubiertas de ella, del otro lado del río había una gran pared de roca cubierta de enredaderas de vivos colores. Era simplemente hermoso, casi le hacía olvidar que en el mundo real había un maniático asesino que quería eliminarlos a todos.

¡Reducto!

La exclamación sacó al moreno de su ensimismamiento y lo sobresaltó, se giró hacia el lugar de donde provenía la voz y se encontró con una inesperada escena. Una gran roca había sido destruida y caía hecha polvo desde lo alto de la pared de piedra. Blaise arqueó las cejas.

Nada mal.

Desvió la mirada hacia la perpetuadora de tal hechizo y, a pesar de que conocía perfectamente su voz, nada lo preparó para lo que vio. A unos diez metros de él se encontraba Ginny Weasley en ropa interior, sumergida en el río hasta la cintura y con su largo cabello rojo cayendo libremente hasta desaparecer en el agua. No sabía cuánto rato llevaba la chica ahí, pero no estaba cuando Blaise había llegado al lugar.

Se dedicó a observarla mientras fumaba plácidamente. Su pálida piel brillaba a la luz del crepúsculo y la hacía parecer una de esas ninfas que salían en las historias que le contaba su nodriza cuando era pequeño (su madre estaba demasiado ocupada planeando las misteriosas muertes de sus maridos, o algo por el estilo). Sí que era hermosa.

Y ese era, justamente, el problema.

En primer lugar, estaba Theo, quién había expresado una vez que sentía algo por ella, y Blaise apreciaba su amistad más que cualquier cosa en el mundo. En segundo lugar, la chica claramente lo detestaba y no tenía líos en hacérselo saber; creerán que esto haría más fácil alejarse de ella, pero lo cierto era que tenía el efecto contrario.

Weasley tenía una personalidad impactante. Era apasionada en todo lo que hacía y esa pasión era contagiosa, parecía prender una llama en todos sus compañeros en cuanto se proponía algo. Era directa y tenía un humor inteligente. Al moreno le gustaba sacarla de quicio sólo por el placer de entablar una discusión con ella y ver cómo lo hacía pedazos con sus comentarios sarcásticos, le encantaba ver cómo lo miraba con incredulidad y alzaba una ceja. Sus sonrisas eran adictivas y esos ojos marrones irradiaban fuego puro.

Demonios, esto no era nada bueno.

—¿Qué haces ahí mirando, Zabini? No sabía que tendría que añadir "pervertido" a tu lista de cualidades —escuchó su voz acercándose, sacándolo de sus pensamientos. La miró caminando hacia él y quedó boquiabierto.

La figura esbelta de la pelirroja era…Merlín bendito. Tenía unas curvas de miedo, y la simple ropa interior negra que llevaba sólo la realzaba. Por no mencionar la seguridad con la que caminaba, como sabiendo que tenía un cuerpo increíble y que no habría nadie en el mundo que pudiese decir lo contrario. Su garganta se secó.

Weasley se detuvo frente a él y puso sus manos en las caderas, esperando una respuesta.

—¿Bien?

—Eres tú la que anda en ropa interior por ahí, yo sólo estaba disfrutando de mi cigarrillo —dijo él al cabo de unos momentos, pero su voz sonó rasposa y no podía dejar de mirarla.

—Morgana, tu cara… ¿Nunca habías visto el cuerpo de una mujer? —preguntó ella, con una leve sonrisa en su rostro. No había rastro de vergüenza en él, ni rubor en sus mejillas.

Sintió un calor dentro de él y supo que su cuerpo estaba reaccionando. Maldita bruja.

—¿No te molesta andar paseándote así? Digo, si no quieres que te anden mirando —preguntó él, sin contestar a su pregunta. Ella se cruzó de brazos y alzó una ceja.

—¿Debería? Es mi cuerpo y puedo hacer lo que me plazca con él —devolvió la pelirroja —Honestamente, no sé porqué me sorprendo. Deberían mirar más allá de su pene, las mujeres no andamos por ahí buscando su atención todo el tiempo. Supérenlo.

Blaise se quedó sin palabras ante esto, fue como un golpe directo en la boca del estómago.

—En fin, estoy agotada, llevo entrenando durante horas y…—dijo, sentándose en una piedra. Oh, Salazar, las gotas que caían por su cuello, pasaban por sus abultados pechos, y…

Weasley chasqueó los dedos delante de él.

—Ojos aquí arriba, Zabini — dijo ella. Blaise la miró a los ojos, y aunque su expresión era seria, podía ver que por dentro se estaba divirtiendo a lo grande. Esa mujer de verdad era malvada, debería advertírselo a Theo.

Sí, piensa en Theo, es la primera mujer por la que muestra algo de interés. Mantén la calma…

—Sí, eh… creo que debería irme, tengo que practicar unos hechizos antes de la comida —dijo Blaise de pronto, poniéndose de pie ¿Qué estaba haciendo? Ella lo miró, sorprendida.

—Okay… —respondió —Trata de no matarte con tus propios encantamientos.

—Muy graciosa —dijo Blaise con sorna, tomando sus cosas y caminando lejos de ella lo más rápido que pudo sin parecer desesperado. ¿Qué diablos había sido eso? Blaise Zabini se había alejado de ahí intimidado por una mujer. Al parecer había una primera vez para todo.

Necesitaba darse un baño de agua muy, muy fría.


—Vamos, Theo. Estoy preparada.

Theo miró a Lovegood frente a él, estoica. Cerró los ojos y exhaló, sintió el flujo de magia correr por su cuerpo y se concentró en llevarlo a sus manos.

¡Flipendo! —exclamó, y un rayo de luz salió despedido hacia la rubia con fuerza, la chica lo desvió fácilmente.

—¡Protego! —lanzó la chica —¡Impedimenta!

—¡Stupefy! —gritó Theo, Lovegood hizo un movimiento con la mano para desviar el hechizo, sin pronunciar palabra alguna. El castaño gruñó ante la demostración de magia. Estaba terriblemente frustrado, todos sus compañeros estaban progresando rápidamente en su magia sin varita, mientras que él estaba luchando con encantamientos demasiado básicos.

¿Cuándo había sucedido eso? Siempre se había jactado de ser uno de los mejores de su generación, peleando con Draco el segundo lugar en términos de calificaciones. Este tipo de magia, sin embargo, le resultaba muy difícil de controlar.

—Siento que estás pensando demasiado, Theo —dijo Lovegood con suavidad mientras se acercaba a él —Deja que las cosas fluyan con naturalidad, tu mente está bloqueando la energía.

—¿Qué demonios crees que estoy intentando hacer? No soy como tú, Lovegood, toda espiritual y esas estupideces. Soy una persona racional —espetó él, pero luego miró a la chica, que lo miraba con las cejas alzadas y suspiró —Lo siento, no planeaba ofenderte.

—No te preocupes —dijo ella con una sonrisa tranquilizadora ¿Cómo lo hacía esa mujer para conservar siempre la calma? Era exasperante — Quizás entrenar con Hermione te sirva más.

—¿A qué te refieres?

—Mione es una persona muy lógica, al igual que tú. Creo que podrían entenderse mejor. —respondió la rubia, encogiéndose de hombros.

—Granger hizo volar por los aires un inmenso candelabro en Oxford, Lovegood, dudo que esté teniendo problemas con esto —refunfuñó Theo. Él sabía que se estaba comportando como un crío, pero era humillante ver como todo el resto avanzaba tanto. Estaba seguro de que él era la razón por la que Nimue aún no accedía a llevarlos a ver el Cáliz.

—Se nota que no conoces a Hermione —comentó la chica, que comenzaba a caminar hacia el campamento. Theo la siguió —Es la persona más brillante que conozco, pero la inmensa habilidad mágica que posee no es nata, al menos no tanto como la de Harry. Él puede entender la mitad de lo que está haciendo en términos racionales, pero tiene una conexión muy extraña con la magia, hasta a mí me da envidia a veces.

Theo rodó los ojos, bendito Potter y su grupo de fans.

—No te estoy mirando, pero puedo sentir cómo rodaste los ojos, Theo —dijo Lovegood con voz divertida —En fin, a lo que voy es que Hermione es tan magnífica por su inteligencia y perseverancia. Trabaja sin descanso hasta que logra las cosas, se preocupa de saber cada detalle de lo que está haciendo para que salga todo bien, sin dejar margen a errores.

Tengo la impresión de que son similares en ese aspecto. Estoy segura de que a Hermione le tomó mucho tiempo poder realizar algún encantamiento sin varita. No me malentiendas, mi amiga es fantástica, pero gran parte de ello es trabajo duro. De verdad creo que podrían entenderse bastante bien.

Theo siguió caminando tras ella en silencio. Tal vez la rubia tenía razón, no conocía demasiado a Granger, pero sí sabía que tenía un pensamiento sumamente guiado por la lógica. Recordó las noches en vela que pasó intentando descifrar las runas y atar todos los cabos que los llevaron hasta la isla.

Disfrutaron de unos minutos de silenciosa caminata hacia el campamento. A pesar de los prejuicios que tenía respecto a sus compañeros, había descubierto que disfrutaba bastante de la compañía de la Ravenclaw. Lovegood no tenía la necesidad de hablar todo el tiempo y podía pasar el tiempo en silencio sin que éste se tornara incómodo, y eso era una cualidad muy importante para un hombre solitario como él. Sí, a veces hacía comentarios demasiado directos que podían sonar inadecuados, pero no decía nada que no fuera medianamente cierto.

Se podría decir que, aparte de sus dos amigos y Ginny, la rubia era la persona con la que Theo más se había conectado durante su estadía en Ávalon.

Cuando llegaron, encontraron a Ginny sentada en la mesa común con una taza caliente en las manos, levantó la cabeza al sentirlos llegar. Estaba vestida con una cómoda sudadera azul y tenía el cabello empapado.

—Lu, tenías razón. Esas hojas de cedrón son deliciosas para hacerse una infusión —dijo la pelirroja con una sonrisa.

—¿Hay algo para comer? —preguntó la rubia.

—No aún, a Harry le toca cocinar, pero aún no ha vuelto del entrenamiento —respondió Ginny, y le lanzó una mirada cómplice a Lovegood que Theo no comprendió.

—Oh, fantástico. Empezaré a preparar algo entonces —dijo Lovegood, mientras se apresuraba al mesón y sacaba unas verduras. Theo miró a Ginny, confundido. Ella rió con soltura.

—Harry cocina fatal. Te lo digo en serio, puede hacer que una simple ensalada sepa a rata muerta. No sé cómo lo hace. —dijo ella —En el Campamento, cada vez que le tocaba cocinar a Harry, Justin o Terry se preocupaban de tener algo preparado de antemano.

—¿Por qué no se lo decían, simplemente?

—Oh, lo hicimos, créeme. Pero el pobre seguía intentando — entonces Ginny miró a Luna —Te compadezco, de verdad. Una vez, en un ataque de romanticismo, se propuso hacerme chocolates para San Valentín con una mezcla lista que consiguió en una tienda muggle. Me los comí sólo porque me miraba con ojos de cachorrito y no quería decepcionarlo, pero estaban terribles. Es decir ¿Quién puede arruinar un chocolate pre hecho?

Ante esto, Lovegood se carcajeó con soltura.

—¡Oh! ¿Es por eso que estuviste enferma del estómago al día siguiente?

Theo las miró mientras hablaban. Era evidente que tenían un vínculo sumamente especial, mayor al que tenían con el resto de sus amigos. Al principio, al castaño le pareció muy extraño que hablaran con tanta naturalidad respecto a la antigua relación de Ginny y Potter, considerando que ahora la rubia estaba con él; pero pronto se dio cuenta de que su amistad era demasiado fuerte como para que cupieran celos entre ellas.

—A propósito, creo que acabo de espantar a Zabini —comentó Ginny con una sonrisa suficiente en sus labios. Theo rodó los ojos. —Hubiesen visto su cara…

—Tienes una retorcida obsesión con torturar a mi amigo, Weasley —contestó él —¿Qué demonios le hiciste?

—¿Yo? Nada —dijo con expresión de falsa inocencia —Resulta que decidí practicar un poco en el lago que está a unos minutos de aquí. No sabía que estaba ahí, así que me quité la ropa y…

—¿Qué? —la interrumpió Theo, incrédulo. ¿Blaise había visto a Ginny desnuda?

—Oh, tenía ropa interior —dijo ella, restándole importancia con un ademán —Pero me estaba mirando fijamente y decidí que podría divertirme un poco. Sólo me acerqué a él y le empecé a hablar, no pensé que saldría corriendo así.

—Espera —dijo el castaño, cerrando los ojos y frunciendo el ceño —¿Me estás diciendo que Blaise te vio en ropa interior y se espantó?

Ella asintió, divertida. Theo estaba desconcertado, conocía bien a su amigo, y una mujer con poca ropa jamás lo había ahuyentado, muy por el contrario. Blaise era la persona más descarada que había conocido en su vida, y no tenía reparos en contarle detalladamente sus experiencias íntimas cuando estaba en Hogwarts, muy a su pesar.

Ver para creer.

—Eres cruel, Gin —comentó Lovegood, sin despegar la mirada de las verduras que estaba cortando. —El pobre chico se muere por ti.

—¡¿Qué?! —exclamaron Ginny y Theo al unísono.

—Pensé que lo sabían, es bastante obvio —dijo la rubia, como su fuese lo más normal del mundo. —No tanto como las miraditas que comparten Draco y Hermione todo el tiempo, pero es evidente ¿Por qué crees que busca fastidiarte todo el tiempo?

—Bueno, porque es un idiota —respondió Ginny —Creo que está imaginando cosas, Lu. Es imposible que ese cabeza de rábano se fije en mí.

—¿Por qué? Eres una mujer hermosa e inteligente, es lógico que cualquier hombre se sienta atraído hacia ti ¿No crees, Theo?

Él se quedó petrificado en el lugar. Ginny apoyó los codos sobre la mesa y se incorporó, mirándolo; esperando su opinión con interés. Él tragó saliva, maldita fuera Lovegood y sus comentarios incómodos.

—Eh, claro. —dijo él, escueto. Ginny frunció el ceño.

—Que elocuencia —repuso la chica, cruzándose de brazos. Él no pudo hacer más que encogerse de hombros.

Theo se contuvo de hacer un comentario mordaz hacia la rubia, más que nada porque estaba intentando digerir la información que acababa de obtener. El castaño se había fijado en Ginny hace un tiempo atrás, por supuesto que la consideraba hermosa, fuerte e inteligente; y se había sentido atraído por la chica. Por Merlín ¿Quién no?

Pánico y confusión se entremezclaron en el interior de Theo. Nunca se había sentido tan cercano a alguien fuera de sus dos mejores amigos como con la pelirroja; durante esos meses que pasaron juntos en Nott Manor forjaron un lazo que jamás creyó posible. Pero hasta ese momento había logrado dejar bajo llave la más incómoda de las preguntas:

¿Qué era lo que de verdad sentía por Ginny Weasley?

—¿Estás bien, Theo? —preguntó Lovegood de pronto, provocando que diera un respingo. La miró, en sus ojos azules se asomaba un atisbo de preocupación —¿Dije algo indebido?

—Sueles hacerlo —contestó él, ausente. —¿Y Ginny?

—La envié a buscar unas hierbas en cuanto vi tu cara. —explicó. Se quedaron en silencio unos momentos, en los cuales Theo estaba intentando descifrar qué demonios estaba ocurriendo en su interior. No obstante, al cabo de unos minutos, la rubia volvió a hablar —Lo siento, no sabía que te gustaba Ginny… Eres bastante difícil de leer ¿Sabes?

—No saques conclusiones equivocadas Lovegood —contestó de inmediato, y un segundo después soltó una risa cargada de amargura — Bueno, ¿Qué importa, de todos modos? Si Blaise quiere algo con ella, no me voy a poner entre medio.

¿Qué podría querer con un chico huraño y atormentado como yo, si tiene la posibilidad de estar con Blaise "Carpe Diem" Zabini?

Tal vez debió haberse sentido culpable por la acidez de sus pensamientos hacia su amigo, pero no podía importarle menos.

—No sabes lo que ella quiere, Theo

—¿Importa? —preguntó sin poner demasiada atención

Luna clavó el cuchillo en la mesa, y Theo se sobresaltó. La miró a los ojos y vio un enojo en los ojos celestes de la rubia que no creía posible.

—De hecho, es lo que más importa —dijo, modulando cada palabra con especial énfasis —Aunque cueste creerlo, las mujeres no somos una especie de trofeo por el que competir. Ginny puede tener a una fila de hombres y mujeres detrás suyo, de hecho así era en Hogwarts, pero nada de eso importa si ella no muestra interés.

—Pues claramente tiene interés. Se le acercó en ropa interior, después de todo —puntualizó Theo. Luna silvó en apreciación.

—Que no te escuche decir eso. No me sorprendería que haya perfeccionado su hechizo Moco-Murciélago sin varita.

Hechizo Moco… ¿Qué?

—Piensa bien en lo que quieres y háblalo con Zabini. Esto no tiene por qué ser un tira y afloja, o transformarse en un triángulo amoroso — siguió Luna, y se encogió de hombros —Pero si descubres que de verdad la quieres, te recomiendo que actúes…, por si no te has percatado, Ginny no es una mujer que se siente a esperar.

A Theo no le gustaba nada que le dijeran qué hacer, pero decidió que lo más sabio era guardar silencio. Se levantó de la mesa y resolvió alejarse, necesitaba estar solo y pensar. Sin embargo, antes de volverse miró a la rubia con advertencia.

—Por cierto, esta conversación nunca ocurrió.

—Mi boca está sellada —dijo ella con una sonrisa. Con esto, Theo se alejó a paso apresurado. Estaba irritado, no sabía cómo la gente lo hacía para lidiar con tantas emociones al mismo tiempo, o porqué, en el nombre de Merlín, buscaba sentirlas.

No le gustaban las cosas que no tenían respuestas concretas, y esta era, sin ninguna duda, una de ellas.