Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 10: El comienzo del final
Canción del capítulo: A Bad Dream de Keane
BPOV
Cuando me despierto el miércoles en la mañana, tardo diez minutos para que mi buen humor se arruine.
Edward y yo no acordamos nada anoche, pero yo seguía bajo la impresión de que íbamos a irnos o a reportar a Carlisle con la policía. Pero eso no pasará ahora, viendo que Edward no está en casa. Busco por toda la casa, pero no está aquí.
Buen humor, efectivamente arruinado. Como dije.
Aunque sí dejó una nota. En el refrigerador.
Regresaré más o menos a las diez de la noche – Cullen.
Miro esa nota por un largo tiempo.
Uno, sus padres regresarán más o menos a la misma hora.
Dos, firmó la nota con "Cullen". No Edward.
No sé por qué eso me molesta, pero así es. Somos Cullen y Bella cuando peleamos. De otra forma, somos Edward y Tinks. Así es cómo es.
Suspiro para mí, y luego mi estómago ruge. No solo tengo un poco de hambre, de repente estoy hambrienta. También noto que esta mañana no siento náuseas. Eso es bueno. Abriendo el refrigerador, tomo lo que necesito para preparar un par de sándwiches, y para cuando devoro el primero escucho el timbre sonar.
—Ugh. —Dejo mi sándwich con una mirada de anhelo y luego me dirijo a la puerta.
Estoy más que un poco sorprendida de ver a Rose y Charlotte al otro lado. Porque es miércoles, deberían estar en la escuela. También yo, pero llamé para decir que estaba enferma.
—No te ves enferma —dice Rose inexpresiva y entra.
Alzo las cejas.
—Apuesto a que Cullen tampoco se ve enfermo. —Charlotte me dedica una sonrisita y también entra.
Si tan solo supiera lo enfermo que se ve Cullen.
—¿Qué están haciendo aquí? —pregunto, siguiéndolas adentro. Terminamos en la cocina, para alegría mía, así que tomo asiento en la isleta de la cocina otra vez y le dedico mi atención a mi delicioso sándwich—. Hay más si tienen hambre. —Agito la mano en dirección al refrigerador.
—Entonces, así es cómo viven ustedes los niños ricos —comenta Rose, mirando a su alrededor. Y comprendo que nunca han estado aquí. Edward nunca permite que la gente lo visite, y sé por qué—. En cuanto a qué estamos haciendo aquí… —Sus ojos se posan en mí otra vez—. ¿Recuerdas la fiesta del sábado pasado?
Cómo podría olvidarla.
Pasé dos o tres horas quejándome de mi vida de mierda. De hecho, todas nos estábamos quejando. Charlotte se quejó de que toda su familia se mudaría a Texas —de dónde son originalmente— y sucede que es ahí es también donde Charlotte irá a la universidad este otoño. Solo que no pensó que su familia la seguiría. Y Rose se quejó de Emmett; él quiere que ella vaya a la universidad local, pero ella no puede esperar para salir de aquí. Irá a UCLA, y aunque se siente eufórica debido a eso, también va a extrañar a Emmett.
Yo hablé sobre Cullen ignorándome, que me dolían las tetas, sobre los inminentes exámenes finales que me dan pavor, y luego fui a casa e intenté hablar con Edward otra vez… solo para encontrarme con nada.
—Fue divertido —respondo con la boca llena. Les lanzo una sonrisa sarcástica para darle énfasis. Mastico y trago, luego camino hacia el refrigerador y agarro refrescos para nosotras—. ¿Y qué hay con eso?
Charlotte sonríe irónicamente y se inclina hacia Rose.
—¿Acaso Bella no se ve radiante?
¿Qué demonios?
—Definitivamente. —Rose sonríe y me mira de arriba abajo. Me siento un poco incómoda, así que jalo la orilla de mi camiseta y me aliso mi pantalón de yoga—. Están más grandes, ¿no? —Señala mis pechos con el mentón, y alzo las cejas otra vez.
—Oh, sí. —Charlotte asiente y le da un trago a su refresco—. Apuesto a que siguen doliendo. ¿Cierto, Bella?
—¿De qué carajos están hablando? —escupo.
Estas perras se volvieron locas.
—Esta es una intervención —dice Rose solemnemente, alzando una pequeña bolsa—. Creemos que es hora de que dejes de vivir en negación.
Charlotte musita mostrándose de acuerdo.
—Negación no es solo un río en Egipto, chica.
Frunzo el ceño.
—Sí, nunca entendí eso, porque es el Nilo. No de Nilo*.
Se encogen de hombros.
—Como sea. —Rose le quita importancia—. Espero que tengas que orinar. —Y luego me avienta la bolsa, que casi no atrapo—. Porque es hora de ver si Cullen te embarazó.
Dejo caer la bolsa.
También dejo caer mi mandíbula.
Estoy bastante segura que palidezco.
~CLO~
Lloro, no, sollozo. Y grito en agonía.
Soy un desastre.
Estoy sobre el piso en el baño de abajo.
Estoy embarazada.
Embarazada.
—Todo estará bien, cariño —escucho a Rose decir suavemente.
Sacudo la cabeza en negación y sigo llorando en mis manos. No estará bien. Esto es demasiado jodido. Todavía ni siquiera tengo dieciocho, ¿y se supone que voy a ser mamá? Y ni siquiera me hagan empezar sobre el chico que es el papá. Oh, Dios. Edward. Lo jodimos. Hemos sido tan malditamente irresponsables.
—Um, cariño… —Charlotte se sienta junto a mí en el piso—. ¿Sabes cuánto tiempo podrías tener?
—Oh, Dios —grazno, sacudiendo otra vez la cabeza, porque no tengo idea. Tampoco tengo ningún deseo de pensar en eso. Solo quiero que esta miseria se vaya. ¿No he sufrido ya suficiente? Primero Alec, luego toda mi escuela creyendo la mentira que Irina hizo circular, luego perder a mis padres, ambos padres, el mismo día, mientras iban de camino a recogerme… luego todo este desastre con Cullen, y… ¿ahora estoy embarazada? Embarazada. ¿Con un jodido bebé?
—¿Han tenido sexo sin protección más de una vez? —pregunta Rose vacilante.
Quiero vomitar.
¿Quién sabe cuántas veces follamos sin condón?
A Edward nunca le importó un carajo, y yo estaba demasiado drogada para hacer algo más que quejarme un poco.
Incluso cuando Edward se salía antes de que él, él…
No nos hemos cuidado para nada.
Empiezo a sollozar otra vez.
—¿Y no tomas la píldora ni nada? —susurra Charlotte.
Otra sacudida de cabeza.
He querido tomar la píldora, pero no lo he hecho. Cuando me fui de Phoenix dejé de tomarla, porque no vi razón para ello. Con Alec fuera del camino, lo último que necesitaba era otro chico en mi vida. Ugh. Qué poco sabía entonces…
—La cagué —lloro.
—Oh, Bella —murmura Rose y desliza su brazo sobre mis hombros—. No pongas toda la culpa en ti. También fue el error de Cullen.
Créanme. Lo sé. Pero nada de eso importa ahora. Estoy embarazada.
Rose habla de nuevo, todavía con voz baja y suave.
—Hay… uh, hay opciones… claro…
Sé a qué se refiere, y por alguna razón, la palabra "opciones" me hace ir de nuevo hacia el retrete. La náusea es abrumadora y dolorosa, y tengo arcadas sobre el retrete una y otra vez, incluso cuando siento que mi estómago ya se vació por completo. Empiezo a sudar frío y estoy temblando, pero al mismo tiempo siento que estoy quemándome. Mis ojos arden, mi pecho arde, mi piel arde. Todo se arrastra dentro de mí.
Para mí, comprendo, solo hay una opción.
No puedo tomar una vida cuando he perdido a tantos a mi alrededor.
Alice. Mamá. Papá… antes de eso, hubo abuelos… todos los que son cercanos a mí parecen caer muertos.
No. No puedo elegir… opciones… como lo dijo Rose.
No puedo.
~CLO~
Cuando Carlisle y Esme regresan esa noche, Edward todavía no llega a casa.
Les digo sobre su nota del refrigerador y eso es todo.
No quiero estar en la misma habitación que ellos, así que me disculpo rápidamente y subo a mi propia habitación.
Debería estudiar, pero la verdad esa es la última de mis preocupaciones. En lugar de eso me encuentro pensando sobre el futuro —mi futuro inmediato— y nunca me había sentido tan feliz de que solo falten unas cuantas semanas para la graduación. Por supuesto, todavía queda lidiar con Edward; tengo que contarle. No tengo idea de cómo va a reaccionar, pero dudo que sea de forma positiva. Todo lo que él quiere es salir de aquí, no puedo culparlo por eso, pero su siguiente paso es la universidad. Sin importar lo que quiera para sí mismo, está decidido en seguir los pasos de su padre y convertirse en doctor.
Carpintero. Eso quería ser cuando era pequeño. Pero Carlisle le puso un alto a eso, por supuesto. Jodido cabrón.
Sacudo la cabeza para despejarla. No puedo permitirme desperdiciar tiempo. Hay muchas cosas que hacer y, y… ¡apenas tengo diecisiete! ¿Cómo demonios se supone que tengo que tomar decisiones inteligentes? Aunque el dinero no será problema —al menos cuando cumpla dieciocho y reciba el dinero que dejaron mi mamá y mi papá— todavía hay más cosas aparte de eso. No tengo plan, curso de acción, para nada… y apenas sé qué es lo correcto. Se supone que este es el momento en mi vida donde debería poder cometer errores y aprender de ellos, y luego seguir adelante. Pero no puedes seguir delante de un bebé. Jesucristo. Un bebé. Pongo las manos sobre mi estómago plano. Un bebé. ¿Con Edward Cullen de papá?
Las desgracias nunca vienen jodidamente solas.
Suelto una temblorosa respiración y caigo de espaldas sobre mi cama.
Miro el techo con lágrimas silenciosas resbalándose por mis sienes.
No es que tome nada por garantizado o que asuma que lo sé, pero estoy muy segura que Edward no… um, quiere… eso. Un bebé. Conmigo. No. De ninguna forma. Toda su existencia está jodida; es miserable y está sufriendo. Es violento y siempre está a la defensiva. Ofensiva. Pero ¿eso significa que me pedirá que elija… las opciones? Una parte de mí dice que sí lo hará, y no solo eso, sino que tiene todo el derecho. Apenas tenemos diecisiete años y traemos muchos problemas arrastrando. Y la otra parte de mí susurra: "Tal vez esto será su salvación. Tal vez esto lo hará querer escapar de este infierno".
Obviamente la chica en mí es quien susurra esas mierdas. La niñita en mí que todavía tiene la esperanza de arcoíris y cuentos de hadas, que no ha aceptado la pérdida de mamá y papá… la chica que vive en una fantasía para poder escaparse de la vida real… la chica que desea que todo esto sea solo un mal sueño.
Entonces… ¿cuándo despertaré?
Irónicamente, cierro los ojos y me quedo dormida.
~CLO~
Cuando me levanto la mañana siguiente, ya todos se han ido excepto por Esme.
—¡Buenos días, cariño! —me saluda con una enorme sonrisa—. ¿Quieres desayunar?
Mi estómago se revuelve al pensarlo, pero como si se activara un interruptor, las náuseas se detienen y me siento hambrienta. Aun así, esta casa —y Esme, esa jodida… ni siquiera tengo palabras para describirla— hace que mis entrañas griten en protesta. Solo quiero salir de aquí. Así que, con una sonrisa fingida, rechazo lo que me ofrece y digo que ya debería irme.
—Compraré algo en la cafetería —añado en voz baja antes de irme.
De camino a la Cafetería de Sue, sigo entumecida. Todavía en shock, supongo. No siento nada, ni pienso en nada. Solo dejo ir todo.
La pequeña soñadora que hay en mí sigue esperando a que me despierte de esta pesadilla.
Creo que le espera una sorpresa muy desagradable.
—¡Buenos días! —dice Sue de forma cálida cuando entro a su cafetería. La diferencia entre Esme y ella es que Sue es genuina. Es dulce y amable, y no puedo culpar a Rose y Charlotte por amar este lugar más que al restaurante. Sin embargo, Sue cierra alrededor de las cuatro, por alguna razón, es por eso que usualmente terminamos en el restaurante después de la escuela… a menos de que yo me vaya con Edward, claro.
—Buenos días —digo en voz baja, luego me aclaro la garganta. Solo hay otro cliente aquí aparte de mí, un hombre de veintitantos, diría, y está sentado en una cabina en la esquina, leyendo el periódico. No lo reconozco, algo que encuentro extraño. Después de unas semanas de vivir en Forks, siento que ya he visto todas las caras al menos una vez y conozco sus rutinas. Porque las pocas veces que he venido aquí por café antes de la escuela, siempre está vacío. No obstante, cuando me voy, muchas veces me topo al esposo de Sue. Luego, cuando salgo del estacionamiento, una patrulla pasa al mismo tiempo. ¿Ven? Todos aquí van y vienen como manecillas de reloj.
—¿Qué puedo ofrecerte, cariño? —pregunta Sue.
Miro el menú que está en la pared detrás de ella y elijo un té helado.
Es gracioso, porque no es hasta después de ordenar que recuerdo haber leído algo sobre que las embarazadas no podían beber café. ¿O tal vez fue mamá la que me lo dijo? Eh. No importa. Como sea.
—¿De qué sabor? —pregunta luego, sonriendo suavemente—. Tenemos de limón y durazno. Oh, ¿y quieres descafeinado o…?
Asiento de inmediato.
—Descafeinado, gracias. —Maldición, ni siquiera sabía que usualmente esa mierda contiene cafeína—. Um… —Me muerdo el labio—. De durazno suena bien.
Asiente y se ocupa. Cuando suena un temporizador, habla de nuevo, aunque no va dirigido a mí.
—Señor Whitlock, su bollo está listo.
¿Señor Whitlock?
He visto al papá de Charlotte y este tipo no es él. Aunque Whitlock no puede ser un apellido muy común, ¿cierto? Al menos, no aquí. Así que asumo que es un pariente de Charlotte.
Se acerca con una sonrisa amable y definitivamente veo el parecido entre él y el papá de Charlotte, aunque este hombre es más joven.
—Gracias, señora —dice en un cálido acento sureño, uno que es más pronunciado que el del papá de Charlotte. Este hombre… es atractivo y se ve tan… amable. Acogedor. Encantador. Con ojos azules y un cabello rubio oscuro, un poco rizado. Su sonrisa es torcida y dulce—. Y ya le dije que me diga Jasper —añade con un guiño.
Jesús.
Sue suelta unas risitas. Luego se gira hacia mí mientras pone un popote en mi té helado.
—Aquí tienes, cariño.
Con una sonrisa torpe pago por mi bebida, luego salgo de ahí, ignorando el hecho de que todavía tengo hambre.
~CLO~
Cuando llego a la escuela frunzo el ceño al no ver el Aston de Edward. Ya que no estaba en la casa esta mañana, supuse que ya se había ido. Ahora no estoy tan segura. Siempre se estaciona en el mismo lugar, y nunca llega tarde a clases. Jamás. Bueno, al menos no cuando Carlisle está en casa. Me he saltado las clases con Edward una o dos veces antes, pero solo cuando Carlisle está fuera de la ciudad.
También comprendo que no he visto a Edward en casi veinticuatro horas, y no puedo estar segura de si es que siquiera llegó a casa anoche. Después de todo, me quedé dormida.
Durante un segundo, el miedo recorre mi espalda cuando la idea de que Edward está con sus amigos en Seattle se filtra en mi cabeza, pero luego suelto una risita amarga. No tiene amigos en Seattle. Todo era una jodida farsa. Sigue siéndolo. Es la excusa de Edward cuando llega a la escuela con moretones y, y, y… carajo. ¿Es que siquiera estará aquí hoy? Mierda. Probablemente no. Sus costillas todavía dolían; ni siquiera ha pasado una semana desde que eso sucedió. Eso siendo la maldita paliza de Carlisle. Dios, podría matar al bastardo.
Con una maldición me bajo de mi Porsche, con mi mochila y mi té helado en la mano.
La escuela es aburrida. Hay charlas sobre el baile y planes de verano, firma de anuarios y fiestas de graduación.
No me concierne. No me importa ni una mierda. En realidad, siento que estoy caminando en una bruma, interactuando con compañeros en piloto automático, respondo a los maestros con las menos palabras posibles, formo expresiones sin emoción o simplemente no me molesto en responder para nada. Bueno, le respondo a los maestros, pero ciertamente no lo hago cuando unas chicas me invitan a ir de compras con ellas o cuando un tipo me pregunta dónde estoy escondiendo a Cullen esta mañana.
No es hasta la hora de comida que me animo un poco de mi estado de entumecimiento, y es porque veo a Charlotte en la cafetería. Una cara amigable, gracias a Dios. No es que los otros no sean amigables, pero Charlotte es una amiga. No puedo decir lo mismo del resto. Otra vez, no me importa, nunca me molestó. Encajé con Rose y Charlotte cuando me mudé aquí, y estaba satisfecha con eso. Me quedé con ellas.
Luego de pagar por mi comida —una ensalada de pollo, una rebanada de pizza, una manzana, un sándwich de pavo y un refresco— camino hacia donde está sentada Charlotte sola.
Su sonrisa es a la vez cautelosa e irónica.
—¿Tienes hambre? —Mira decididamente mi bandeja.
—Cierra la boca —digo simplemente, agarrando primero mi rebanada de pizza—. ¿Dónde está Rose?
Asiente en dirección a las ventanas, las cuales dan hacia el estacionamiento.
Mirando hacia allá, ubico a Rose y Emmett, y parece que están teniendo una acalorada discusión.
Cuando Rose está enojada tiende a hablar con sus manos. Tal vez fue italiana en su vida pasada.
—¿Sabes de qué se trata? —pregunto, masticando.
Se encoge de hombros y picotea su ensalada de pollo.
—Probablemente la misma mierda de siempre. —Ah. Y eso sería la inminente partida de Rose hacia UCLA—. Por cierto, ¿cómo estás hoy?
Mi turno para encogerme de hombros.
—No estoy lista para lidiar con eso. —Necesitando un cambio de tema, recuerdo lo de esta mañana—. Oye, ¿conoces a un Jasper Whitlock?
—Um, ¿sí? —Frunce el ceño, confundida—. Es mi tío, por parte de mi papá.
Supuse que sería algo así.
—Lo vi en la cafetería de Sue esta mañana. Escuché su nombre por accidente. —Le quito importancia con un gesto de mano—. ¿Asumo que viene de visita?
Sonríe.
—Sí, pero se suponía que llegaría hasta mañana. Uh. Bueno, no puedo esperar para verlo otra vez. Es supergenial.
Sonrío.
—Tampoco está nada mal.
—¡Zorra! —se ríe—. ¡Es mi tío! —Me encojo de hombros y vuelvo a comer, y luego Charlotte sigue hablando—. Me dijo que no podría venir a mi graduación; algo sobre un seminario… no sé. —Se sacude el pensamiento de la cabeza—. Dije que no era para tanto, pero quería venir, así que se ofreció a visitarnos antes.
—Qué bien. —Asiento, luego desenvuelvo mi sándwich. Porque la rebanada de pizza había desaparecido. Solo así—. ¿Seminario? ¿Qué hace?
Honestamente no me importa, pero hablaría sobre ciencia molecular si eso garantizaba que la palabra "embarazo" no saliera a tema.
—Um, no sé si hay un título para su profesión —se ríe entre dientes y arruga la nariz—. Es algo sobre mujeres. —Alzo las cejas y Charlotte suelta otra risa cuando comprende cómo sonó eso—. ¡Nada perverso! —se ríe—. No, pero uh… tiene una casa en Memphis; es ahí donde vive, y cuida a las mujeres que se escapan de esposo abusivos… cosas así. —De repente se me hace nudos el estómago; el tema toca una fibra muy sensible—. En realidad, es doctor, es pediatra. Terminó su residencia hace un par de años, pero luego hubo un caso de una mujer y su hijo que llegaron… en realidad no recuerdo la historia, pero mi tío cambió de parecer. Quería ayudar a las mujeres que estaban en esa situación o algo así. —Le quita importancia como si no fuera nada—. Y ya que mi abuelo les dejó un montón de dinero a papá y a mi tío Jasper cuando murió, Jasper usó ese dinero para empezar la Casa Whitlock. —Ahora sonríe, el orgullo es evidente en su voz—. Recibe a mujeres de todo el país básicamente, nunca rechaza a nadie. Si la casa está llena, lo cual sucede muy seguido, les paga un hotel.
Estoy asombrada. Aunque el tema sigue siendo uno sensible, no puedo negar que quiero saber más.
—Pero ¿cómo puede funcionar eso? ¿Él solo da…?
Asiente.
—Por donaciones. Jasper vivirá cómodamente por el resto de su vida debido a su parte de la herencia, y luego hay donaciones que ayudan a mantener la fundación.
—Vaya —murmuro, sorprendida—. Eso es tan… tan generoso.
—Definitivamente lo es. —Sonríe con suavidad y está a punto de decir algo más, pero una conmoción en la cafetería nos hace alzar la vista.
EPOV
Cuando entro al estacionamiento de la escuela poco antes de mediodía, tengo que ahogar las náuseas una y otra vez.
Estaciono en mi lugar de siempre, pero no hago ademán para salir del carro aún. En lugar de eso, mantengo las manos en el volante. También dejo caer la frente sobre el volante. Y respiro. Me duelen las costillas, pero sorprendentemente eso es fácil de ignorar. Hay otros dolores que son más grandes.
—Es lo mejor —exhalo para mí. Lo que estoy a punto de hacer… es lo mejor. Tink-Bella ha dejado perfectamente claro que no se rendirá. Va a hablar de más… así que yo tengo que callarla. Tengo que hacer que sea poco confiable. Nadie puede confiar en ni una palabra que ella diga. Además, si esto asegura que ella no hablará…
Soy egoísta. Despiadado. Lo comprendo, pero no puedo detenerme. He intentado ver esto desde diferentes perspectivas, he intentado manipular esto para que parezca que lo estoy haciendo por el bien de Bella. Pero esas son mierdas. He sufrido este infierno por casi trece años; es hora de detenerlo. Es hora de salir, y… eso no pasará si Bella habla. Las autoridades se involucrarán; la gente se enterará. Sabrán que mi propio padre me golpea, sabrán que mi madre permite que suceda, sabrán que he sido demasiado débil para defenderme.
El niño de ocho años está sentado hecho bolita en una esquina mientras su padre le grita por ser un debilucho. Edward odia la oficina de su papi porque cuando está aquí… solo duele. Sabe que ha hecho algo mal, pero no siempre es fácil separar lo bueno y lo malo.
—¡Te dije que detuvieras esto! —grita Carlisle. Agarra con fuerza a Edward del brazo y lo jala para pararlo—. ¡Deja de portarte como bebé y empieza a actuar como un niño!
—¡Lo siento! —solloza Edward—. ¡Lo s-siento!
Todo lo que hizo fue agarrar flores para su mami. Su amigo, Lee Stevens, lo ayudó mientras esperaban a la señora Stevens después de la escuela.
A Edward le gustaron las flores amarillas en particular, y había agarrado muchas de esas, esperando que hicieran feliz a su mami. Porque ella está enferma, tiene un resfriado o algo así. Y está en cama.
Luego, cuando la señora Stevens dejó a Edward en casa, él entró en la cocina justo cuando Carlisle y el doctor Liam —un amigo de papi— se estaban abrazando. Edward había estado muy feliz, quería mostrarle las flores a mami, pero Carlisle se había puesto furioso y lo llevó al estudio.
—¡Cállate! —ladra Carlisle. Su agarre en el brazo de Edward es más que doloroso y Edward no puede evitar gimotear. Desafortunadamente, eso solo alimenta el enojo de Carlisle—. ¡De esto estoy hablando! —le espeta a su hijo—. Juegas con malditas muñecas, recoges flores, gimoteas como una maldita niña, mojas la cama, ¡tú-tú necesitas detener esta jodida mierda, Edward! —grita.
Edward cierra los ojos con fuerza y espera a que llegue el golpe.
Muchas veces sucede.
Trago.
Mi pecho se agita.
Estoy tan jodido de la cabeza. A veces siento que he merecido toda esta mierda; las palabras humillantes de papá se han quedado pegadas. Y a veces mis manos tiemblan cuando quiero matar a mis propios padres por lo que me han hecho. No distingo entre bien y mal, arriba y abajo. Todo lo que sé es que veo una salida y Bella está parada en medio.
—Bien. —Asiento—. Bien. —Me repito todo esto internamente.
Con unas cuantas profundas respiraciones, salgo del carro.
Royce y Laurent, dos… conocidos… de Port Angeles están estacionados al otro lado de la calle.
No hay muchas cosas que no harían por dinero fácil.
—¡Cullen! —escucho a alguien gritar, y me giro para ver a Emmett caminando hacia mí.
Rosalie lo está siguiendo.
—Emmett, ¡no lo hagas! —grita—. ¡Prometiste que no lo dirías!
Alzo las cejas.
—¡Estas no son mierdas de preescolar, Rose! —le grita en respuesta—. ¡Carajo, él merece saberlo!
Pongo los ojos en blanco, me pregunto sobre qué mierda trivial están discutiendo ahora.
Justo cuando Rosalie grita diciendo que es la historia de Bella para contar, Emmett llega a mí con aspecto furioso.
Puedo ver que sus ojos notan los moretones y cortadas en mi rostro, pero no lo menciona. Supongo que ya son noticia vieja. Probablemente piensa que acabo de pasar otro fin de semana en Seattle.
—Tu chica está embarazada —dice entre dientes—. ¿Puedes creer esa mierda?
Frunzo las cejas.
—¿De qué carajos estás hablando?
Suelta una respiración frustrada y me dedica una mirada de impaciencia.
—Bella. Está embarazada.
Lo miro inexpresivo.
Las palabras se hunden y me estremezco.
Embarazada.
Durante un segundo, algo cálido y sensacional corre a través de mí, dejando mi cuerpo cosquilleando.
Suelto una temblorosa respiración.
Luego sacudo la cabeza rápidamente y la amargura se filtra. Seguida de rabia, incredulidad y dolor.
Empiezo a reírme. Con fuerza. Sin humor. Ignoro las punzadas en mis costillas.
Emmett me mira como si me hubiera vuelto loco. Rosalie se ve recelosa.
Embarazada.
Y mi risa cesa.
—¡Esa PERRA! —grito. Mis gélidos ojos se encuentran con Rosalie, y la señalo con un dedo—. ¿Dónde carajos está? —Sé qué es esto. Este es el intento de Bella para hacerme irme con ella; una razón para que yo deje todo atrás. Dios, es jodidamente estúpida. Simplemente no dejará ir las cosas. ¿Y qué, finge un maldito embarazo? Jodidamente increíble.
Carajo, por favor dime que esto es un mal sueño.
—¡Dime dónde está, puta inútil! —le grito a Rosalie.
Extrañamente, empieza a tartamudear.
—N-No sé. ¿S-Supongo que en la cafetería?
Asiento una vez antes de irme.
Avanzando furioso por los pasillos, sin importarme quién me sigue, aunque estoy seguro de que son varias personas, me abro camino hacia la cafetería. Estoy listo para darle el empujón que necesita para irse al carajo de Forks.
Este pequeño truco le será contraproducente. Cuando ponga en evidencia sus mierdas, solo le añadirá a la pila que ya estoy construyendo para hacer que la gente evite a Bella jodida Swan como si fuera una plaga.
—Oye, hombre, no hagas nada estúpido —escucho a Emmett decir nerviosamente detrás de mí.
—Vete al carajo —escupo—. Y no caigas ante sus mierdas. Está mintiendo.
Con un fuerte empujón, abro las puertas de la cafetería, lo que las hace chocar contra la pared.
—¡Cullen, detente! —me ruega Rose.
Ignoro a la perra y me concentro en Bella, que alza la vista al mismo tiempo que la encuentro.
Le sacudo la cabeza, me acerco lentamente, y todo duele.
La historia de mi jodida vida.
BPOV
Además de que Edward tiene aspecto asesino mientras se acerca a mí, también noto que Rose lo está siguiendo y está llorando.
—¿Qué demonios? —murmura Charlotte, confundida.
También estoy confundida, y un poco aliviada de ver a Edward otra vez. Pero ¿por qué se ve tan furioso?
—¿Quién demonios crees que eres? ¿Eh? —brama cuando está a unos metros de distancia. Le frunzo el ceño antes de escanear la audiencia que ha atraído—. Recuerdas cuando… —se ríe entre dientes—. ¿Recuerdas cuando me dijiste que no eras nada más que una zorra?
Agrando los ojos, se me atora la respiración en la garganta, y no estoy segura de si me estoy sonrojando o poniendo pálida.
Inclinándose sobre la mesa, él se agacha y me susurra al oído.
—Te lo advertí, Bella. No tienes idea de lo que soy capaz, y ahora lo experimentarás de primera mano. —Con eso, retrocede y sonríe. Ya estoy bastante segura de que toda la sangre ha abandonado mi cara, y todavía estoy jodidamente confundida—. Te destruiré por lo que has hecho —termina en voz baja.
Me ahogo.
—¿Ed-Edward?
Sacude la cabeza y se va.
Y me quedo atrás mientras que todos a nuestro alrededor susurran y me miran.
—¿Qué fue eso? —susurra Charlotte con incredulidad.
—Yo… —No puedo encontrar las palabras. Y no tengo idea. Pero ya que no puedo hablar, solo le dedico una mirada desamparada, mis ojos siguen como platos después de todo lo que acaba de suceder.
—Bella, lo siento mucho —dice Rose llorosa, ni siquiera sabía que estaba parada junto a la mesa—. Todo esto es mi culpa.
Siento que estoy en una bruma otra vez, y sacudo lentamente la cabeza, sin entender.
—Um, chicas, saltémonos la siguiente clase —decide Charlotte, mirando a la multitud que apenas se está disipando—. Podemos salir a platicar.
Así que, quince minutos después cuando la campana suena, Rose, Charlotte y yo estamos sentadas afuera en una de las mesas de picnic, y Rose está terminando de contarme lo que hizo. Pero en mi opinión, ni siquiera estoy enojada con ella. Solo le divulgó mi embarazo a Emmett —quien es su novio, después de todo— y no tenía idea de que Emmett reaccionaría de esa manera. Y aunque estoy totalmente de acuerdo que no le concernía ni un carajo a Rose contarle a Emmett… como dije, no estoy enojada. No es mi preocupación más grande ahora, porque Edward lo es. Emmett le dijo que estoy embarazada, y… luego Edward actuó de la forma en que lo hizo en la cafetería.
Trago con fuerza, sabía que decirle a Cullen no sería fácil, pero… esto… esto es peor de lo que esperaba. Se portó tan frío y furioso.
¿Me destruirá por lo que he hecho?
Mis ojos se llenan de lágrimas y siento como si me hubieran pateado en el estómago.
Oh, Dios, todo es tan irreal.
—Bella, escuché a Cullen decir algo sobre que mentías —añade Rose, que sigue llorosa—. ¿Tal vez solo es el shock?
—¿A qué te refieres? —digo con voz rota. Comprendo que también estoy llorando, aunque no estoy exactamente segura de la razón.
—Oye, ¿ese no es Royce King? —pregunta Charlotte de repente.
Siguiendo su mirada, veo a dos chicos entrar a la escuela.
No conozco a Royce King, solo sé que él y dos tipos llamados James y Laurent son los "delincuentes" locales de Port Angeles.
Como sea.
—Sí —murmura Rose—. Supongo que están vendiendo hierba o algo. En fin… —Me mira otra vez—. Creo que se arreglará una vez que te hayas sentado con Cullen para explicarle todo. Es solo que lo siento…
—Deja de disculparte —suspiro—. Lo que hiciste estuvo muy jodido, pero se supone que debes poder contarle cosas en confianza a tu novio, lo entiendo.
Siendo sincera, me preocupa muchísimo que Edward no vaya a comportarse como un adulto luego de explicarle todo.
No puedo pensar en el futuro justo ahora porque todavía ni siquiera sé cómo va a resultar todo el día de hoy.
*En español no tiene mucho sentido, pero es un juego de palabras con "Denial" y "De Nile".
