Nota del autor:

Como digo en el otro fan fic, no soy dueño de Harry Potter y solo escribo como pasatiempo.

Aparte de eso, pido disculpas por no subir nuevo capítulo en Las Aventuras de Harrison Peverell: Libro 1.

Me quedé sin ideas, pero ideas para posteriores capítulos me venían y luego me vino esta idea, para un nuevo fic. Bueno aquí dejo uno con el nombre de Harry Potter y el poder del conocimiento.

La idea principal era que Harry aprendiera todo lo que le cayera en sus manos acerca de la magia, pero según avanzaba yo, mientras escribía, iba evolucionado a más.

Debo advertir de que habrá abuso infantil, estoy totalmente en contra de él, pero en el prólogo es vital para que se entienda un poco la historia.

También habrá un poco de sadismo o intentaré que lo sea, un poco de gore y finalmente decir que es un poco oscuro el fic.

Nuevamente pido disculpas por dejar el otro Fic en suspensión, pero veo que este va más rápido que el anterior. Los capítulos o algunos de ellos son más cortos que otros. Eso depende de cómo vaya la historia. Habrá momentos en los que solo sea argumentativo o descriptivo el capítulo, con poco dialogo. Esos capítulos serán más o menos los años que pasa Harry en Hogwarts.

De momento Harry pasará el primero y segundo año allí, si por algún casual sigo con la historia en el mismo colegio, aviso, si no es posible que vaya a otro distinto.

Un cordial saludo y disfruten del capítulo y la historia.

Harry Potter

Prologo

Cuatro años habían pasado desde que Harry llegó a Privet Drive. Cuatro años desde que Albus Dumbledore dejó las "protecciones" en la casa de los tíos muggles del joven Potter. En esos cuatro años al joven Harry le sucedieron muchas cosas, y no por ello buenas.

Desde que sus padres murieron asesinados por Lord Voldemort, la vida de Harry Potter fue cuesta abajo.

Primero Albus Dumbledore le raptó del cálido cuidado de su padrino Sirius Black, o como él lo conocía Canuto. Después lo dejó en la puerta de una casa a media noche, con una manta y una carta explicando su situación. Pero no acabó ahí la cosa, cuando los demás testigos se fueron, Albus salió de las sombras y lanzó varios encantamientos y maldiciones sobre él y la casa en la que se alojaría.

Sobre el joven Harry fue lanzado encantamientos de bloqueo en su magia, no sea que aprenda demasiado temprano sobre la magia, no sería bueno para sus planes. También lanzó encantamientos para bloquear la mayor parte de su inteligencia, tampoco sería bueno que tuviera un pensamiento independiente. Seguidamente maldiciones que se asegurarían de que los Dursley no fueran amables con él, y por si acaso hizo lo mismo con la casa. Se necesitaría un héroe que estuviera dispuesto a sacrificarse por el mundo de los magos, es decir, un mártir.

En la casa también lanzó la maldición de no amabilidad contra el joven Harry, pero aparte de ello, puso una compulsión sobre la carta, para cuando la tocaran los muggles dicha compulsión entrara en vigor. La compulsión trataba de que una vez que estuviera activa, todos los muggles de la casa, tendrían un odio irracional sobre el joven Potter, no solo el odio, sino que llegaría hasta el punto del maltrato físico sobre el niño.

Albus esperaba que el niño fuera maltratado tanto emocional como físicamente, puesto que si llegaba roto y con esperanzas de encontrar amigos y deseos de quedarse en el mundo mágico, cuando llegara el momento de sacrificarlo, iría al matadero cual cerdo.

Es cierto que Albus Dumbledore era el supuesto líder de la luz, pero cuando una profecía entra en vigor, es mejor manejarla tú mismo que el propio destino. Albus temía que si no hacía nada para manipular la profecía, ésta se volvería en su contra y eso no lo podía permitir. Por eso actuó como actuó, por el bien común, y por su propio bien también.

Cuando Albus probó el verdadero poder político tras la derrota de Grindelwald, allá a finales de la década de los 40 a principios de la década de los 50, a Albus le encantó sentirse un líder de la luz. Su sueño de gobernar el mundo mágico empezaba a surtir efecto. No le hacía falta matar a su oposición, con tal de recordar a la mayoría de los borregos del mundo mágico que él era el que venció a Gellert, le empezaron a dar títulos políticos.

En Europa recibió los títulos de Hechicero supremo y Jefe supremo de la ICW o Confederación Internacional de Magos. De regreso a Inglaterra recibió los títulos de Director de Hogwarts y Jefe de Magos del Wizengamot. Cuatro títulos que recibió y mucho o demasiado poder para manejarlos, por ello tuvo que hacer varios rituales para prescindir del sueño. El no dormir era malo por naturaleza, dado que te volvía inestable con el paso del tiempo, pero si hacías el ritual a medias, solo con dormir la mitad del tiempo en la mitad de los días de la semana, no te volvías tan inestable. Por supuesto Albus tenía sus excentricidades, pero nadie era perfecto.

Con una sonrisa de abuelo, de la cual le tomó mucho tiempo practicar, deseó suerte al bebé que estaba en la cesta y desapareció con un ligero "pop" hacia Hogsmeade y posteriormente a cabeza de puerco, a celebrar que una familia antigua y poderosa había caído por el bien común y a rezar para que sus planes de futuro salieran como planeó.

La calle de Privet Drive parecía una calle normal de los suburbios de Surrey, Inglaterra, pero no lo era porque en ella vivía un niño mágico llamado Harry Potter. Harry era un niño pequeño de la tierna edad de cuatro años y como todos los niños de esa edad no era consciente en su mayor parte de sus acciones, por ello la poca magia accidental que causaba, lo hacía con un miedo atroz, dado que después del estallido de dicha magia, vendrían los problemas con su tío Vernon Dursley.

A los Dursley no les gustaba su sobrino para nada, ellos pensaban que era un desperdicio de espacio y un monstruo que no merecía el mínimo respeto. Un monstruo debido a que el joven Harry, nació con un don maravilloso para algunas personas, una maldición para otras; la magia. En el momento que llegó a la puerta de sus parientes muggles, la maldición que puso Dumbledore sobre él y la casa, se activó. Tanto Vernon como Petunia tuvieron la tentación de llevarlo a un orfanato directamente, pero en la carta explicaba que los seguidores de Voldemort irían tras él y el resto de la familia que le quedara, por ende, ellos. Vernon no podía tolerar eso, su preciosa y normal familia no podía estar en peligro, por eso acogieron al "monstruo" como empezaron a llamarlo y lo echaron al armario de debajo de las escaleras.

Allí pasó los primeros cuatro años más miserables de su infancia, se dice más miserables porque el niño era alimentado solo una o dos veces al día, hasta que pudo comer comida normal, cuando era lo suficientemente grande para comer comida normal, le daban raciones mínimas, que los presos de Guantánamo comían mucho mejor que el niño. Un día, cuando lo empezaron a llevar a la guardería junto a su primo Dudley, los maestros dijeron a Petunia que su sobrino era un prodigio, que hablaba como si tuviera diez u once años, que debería empezar el colegio cuanto antes y desarrollar su gran inteligencia, la cual eclipsaba enormemente a su primo obeso.

A Petunia y a Vernon no les gustó que su sobrino monstruoso fuera tan inteligente, menos que superara con creces a su queridísimo Dudley, por ello Vernon empezó lo que serían el principio de dos años de abusos físicos a Harry, dos años hasta que algo dentro de él se rompiera y sacara la magia que estaba bloqueada.

Cuando llegaron al número 4 de Privet Drive, esa misma tarde Vernon cogió por el pescuezo al joven Harry y lo llevó al salón, lejos de las ventanas insonorizadas para que los vecinos no escucharan los gritos del monstruo. Una vez allí, con una furia implacable Vernon empezó a despotricar acerca de que era un error garrafal que Harry fuera tan inteligente.

- ¡Si ya eres tan listo como para ser mejor que mi hijo, entonces ya puedes empezar a hacer las tareas domésticas y ganarte el pan y alojamiento de cada día!- Bramó Vernon Dursley montando una frase coherente por primera vez en lo que recordaba Harry.

La cara de su tío se empezó a poner de un color morado que no era muy saludable a medida que le gritaba a Harry. - ¡No eres más que un monstruo sin valor! ¡Estoy harto de ti! ¡A partir de ahora, harás todas las tareas que te mandemos sin rechistar y si te quejas una sola vez, desearas no haber nacido! ¡Entendiste, monstruo!- Con esas últimas palabras, Vernon hizo algo que nunca había hecho hasta ahora, cerró el puño y lo desplazó hacia atrás y con un rápido movimiento lo estampó en la cara de su sobrino, tirándolo al suelo por la fuerza del impacto.

Mirando a su sobrino monstruoso en el suelo, sangrando por la nariz profusamente del golpe que recibió de Vernon, lo único que Petunia pudo decir a su marido, era que estaba manchando la alfombra con su asquerosa sangre. Vernon lo recogió nuevamente del pescuezo, apretando todo lo que pudo y más, sacando alaridos y llantos de dolor del niño y con fuerza, lo tiró contra la pared del armario de debajo de las escaleras.

- ¡Te quedaras sin comer hasta que yo diga!- Con esa sentencia, Harry se acurrucó echo un ovillo en la tenebrosa oscuridad que poseía el armario y comenzó lo que sería uno de los muchos llantos de pena y dolor. Con eso se quedó dormido o más bien se desmayó por el dolor causado por el puñetazo que le propinó su tío amoroso y cayó en la profunda oscuridad de Morfeo.

Una semana más tarde, saliendo solo para comer alguna comida en la "bondad" de su tía, le mandaron su primera lista de tareas. En la mañana, temprano, a eso de las seis, cuando el sol todavía no había salido, su tía lo despertó tirándole una jarra de agua helada.

- ¡Arriba monstruo!- Siseó con furia y odio Petunia. – Hoy vas a hacer el desayuno para todos y como se te queme el beicon, te tiraré el aceite hirviendo sobre la espalda, así aprenderás.- Con la amenaza tácita y con un miedo atroz de que se le queme el desayuno de sus parientes, Harry salió empapado de agua fría del oscuro y tenebroso armario.

Dirigiéndose a la cocina con pasos lentos por el sueño que todavía tenía, empezó a hacer el primero de muchos desayunos y comidas para sus parientes.

Por pura suerte o por azares del destino, ese día no se le quemó el tocino, ni el beicon, ni las tostadas, pero no por ello no se llevó un regaño de su tío, el cual encontró que el café de la mañana era defectuoso, porque la leche no estaba caliente.

Sacándose el cinturón, empezó a aporrear a Harry hasta que los primeros gritos empezaron a emanar del niño, una vez hubo terminado lo arrastró hacia el jardín trasero de la casa y lo lanzó con fuerza contra el suelo.

- Hoy cortaras las hierbas del jardín, ¡A mano! Y después me lavaras el coche, una vez que termines, harás esta lista que tu tía ha preparado para ti, ¡Entiendes muchacho!- Rugió Vernon con furia al cuerpo tembloroso de miedo y dolor de su sobrino.

Con un leve asentimiento de cabeza, no atreviéndose a hablar por no enfurecer más a su tío, Harry hizo que entendía, pero su tío, queriendo que fuera sumiso, le dio una patada en las costillas y le gritó que si le entendía.

- Ssssi, tío. Entiendo.- Dijo Harry tartamudeando por el dolor de las costillas rotas.

- ¡Pues empieza!- Rugió Vernon y se marchó al interior de la casa a disfrutar del día libre del trabajo.

Cuando Harry terminó ese día de hacer las tareas, era muy tarde en la noche y estaba molido de tantos golpes y el calor que recibió, esa noche no cenó porque su tía no estaba contenta de que hubiera tardado tanto en hacer lo que le dijeron. Después su tío le volvió a golpear y le amenazó de que si no hacia las tareas más rápido, no comería al día siguiente.

Al día siguiente se levantó un poco dolorido e impresionado de que las contusiones y moretones hubieran desaparecido casi por completo, no se podía explicar así mismo como fue posible, era como si fuera cosa de magia, pero la magia no podía existir ¿Verdad? De eso tío Vernon se aseguraba. Aparte de dolorido, lo que sentía era un hambre atroz, esperó que por su propio bien de supervivencia en esa "casa", puesto que no lo podía llamar hogar, hiciera bien las tareas del día de hoy, no quisiera tardar más de lo habitual.

Encogiéndose de hombros, Harry fue a preparar el desayuno para sus parientes, pero ese día cometió el error de pensar que por levantarse antes para que su "familia" estuviera contenta con él, no recibiría una paliza de su tío. Cuan equivocado que estaba, por haber tenido la iniciativa, recibió el doble de golpes que ayer, fue monstruoso y encima se tuvo que hacer el doble de las tareas domésticas, hoy, pensó Harry con desánimo seria otro día sin comer.

Empezó con el jardín a quitar las malas hierbas, abonarlo y regarlo. Después fue a ordenar el garaje y limpiarlo. Más adelante, su tía le obligo a subirse al tejado para quitar las hojas secas de los canalones, sin la protección debida por supuesto. Para colmo de males, su primo tiró la escalera para que no pudiera bajar del tejado y se quedara ahí, su tía de mala gana tuvo que volver a colocar la escalera y cuando bajó recibió más golpes. Los golpes que le daba Petunia parecían caricias en comparación con los que sufrió de Vernon.

Día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año recibía abusos sin parar por parte de los Dursley. No solo se quedaban en el maltrato físico, sino que también en el psicológico.

Para colmo de males, su tío tuvo la mala idea de ir comprando "juguetes" para educar al monstruo severamente.

Los "juguetes" como su primo Dudley solía llamarlos, consistían en artículos de tortura medieval y moderna.

Si un látigo de nueve colas con pinchos de acero era malo, peor fue cuando Vernon decidió calentar barras de hierro candente y golpearlo con ellas, incluso llegó al punto de marcarlo como si fuera ganado. El sadismo que mostraba Vernon Dursley contra su sobrino era increíblemente brutal. Pero la hermana de dicho hombre era aún peor, ella llevó siempre uno o dos perros con ella mientras visitaba a su familia, salvo Harry, no podía considerarse familia un niño que era más un monstruo que humano, según sus estándares.

Lo que le encantaba a Marge Dursley era soltar sus canes en el joven Harry y que éste corriera desesperado por escapar de lo que serían los mordiscos y seguramente una brutal paliza de su tío después por no haber llegado a tiempo para servirles la cena o simplemente porque se aburría.

Cuando Harry empezó el colegio en Surrey, tenía la vana esperanza de que acabaran los abusos por miedo a que dirían los vecinos o los profesores. Pero cuando el médico de la escuela le dio un chequeo y Harry tuvo el descaro de pedir ayuda por los abusos físicos, el director y los consejeros informaron rápidamente a Vernon Dursley de las quejas de su sobrino. Decir que Vernon estaba furioso con su sobrino sería un eufemismo.

Al tener Harry sobre sí mismo también los encantamientos y maldiciones que Albus puso, cualquier muggle con el que interactuara, recibiría un odio y aversión inmediata hacia él.

Por ello cuando se quejó al médico de la escuela, la respuesta de éste fue, que se lo merecería por ser un niño malcriado e ingrato. El médico defendió cualquier abuso hacia Harry, alegando que los criminales no se les deberían mostrar piedad y que seguramente era un engendro del diablo.

Fue por eso que Vernon hizo más allá de todo abuso que dio hasta ahora al pobre Harry y le dio la peor paliza que recibió en su vida y recibiría.

Con un palo de golf, de los que eran más gordos para hacer más daño, le empezó a golpear por todo el cuerpo maltrecho del chico, Harry no podía hacer nada para defenderse, tenía partidos los brazos en posiciones que no eran normal, las rodillas fracturadas, la cara magullada, en fin estaba hecho pedazos el pobre niño. Ese día comprendió Harry que hiciera lo que hiciera, siempre lo haría mal, y que sería su culpa, por ello se juró a si mismo que un día pagarían caro su tratamiento, que un día los torturaría y los mataría aunque ello le costara la libertad. Una libertad que no tenía, una libertad que dejó de anhelar al perder la esperanza cada día desde hacía dos años. Por cada día que iba perdiendo la esperanza, algo dentro de él iba muriendo. Y algo más oscuro iba naciendo, un odio infinito contra sus parientes y las demás personas que no hacían nada para protegerlo de los abusos. Harry comprendía o intentaba comprender que lo que sentía era malo, que lo más probable es que se convertiría en un psicópata o un megalómano sin piedad y corazón, pero que su culpa no era, era culpa de los que poco a poco fueron creando la bestia interna que iba naciendo.

Dicen que los ojos son el reflejo del alma o las puertas hacia ella, pues los ojos de Harry Potter, una vez verdes brillantes cual esmeraldas, ahora eran de un verde oscuro muy profundo. Parecería que eran el verde de un bosque, un bosque muerto que lo único que rezumaba era pura maldad o malicia.

Esa noche, en el dolor que sentía en su joven cuerpo, sintió algo que se liberaba, algo que lo hacía más fuerte y más oscuro. No podía poner el dedo en lo que era, pero una cosa era segura, las cosas en la casa-cárcel pronto cambiarían.

Lo que Harry no sabía, era que esa noche cumplió los seis años de edad, una edad en la que por desgracia o no, los encantamientos en su magia y mente empezaron a desaparecer, por muy poderoso que fuera Albus Dumbledore con la Varita de Saúco, los encantamientos y maldiciones que puso sobre el joven Potter, no durarían eternamente, algo que Albus no sabía. También tuvo que ver las constantes palizas por parte de sus familiares y los amigos de su primo Dudley, para que los bloques fueran rompiéndose y desapareciendo. La magia que tenía en su interior se desbordó, rodeando a Harry en un halo de luz verdosa oscura, curándolo y sanándolo de sus heridas infringidas. Esa magia que tenía, pero que no sabía que tenía, fue la que lo iba sanando poco a poco de las brutales palizas que recibía de sus "amorosos" parientes.

A la mañana siguiente cuando Harry despertó, tenía una cosa en mente, hacer daño y hacer sufrir a sus enemigos, en este caso sus parientes. Lo bueno que tenía, era que el fin de semana estaba cerca, tan cerca que quedaban dos días para él. Harry planeó que hoy, Jueves, haría sufrir a aquellos que le hicieron daño más inmediato. Sus familiares y los amigos de su primo obeso.

Ciertamente ese poder que tenía, le iba desbordando e iba cantando por debajo de su piel y por la sangre de sus venas.

Por supuesto, Harry no iba a hacer caso omiso de ese poder, no, lo que haría es utilizarlo en su beneficio. Un beneficio que tendría que buscar, para que autoridades del colegio como los profesores y sus ayudantes no le pillaran, pero si una cosa sí que era cierta, Harry Potter era muy astuto y podría encontrar la manera de salirse con la suya.

El jueves por la mañana amaneció nubloso y con poca lluvia, un día no muy raro para los residentes de las islas británicas. Para los residentes del número 4 de Privet Drive, sería el día en el que lamentaron abusar de su sobrino.

Como todos los días, Petunia preparó una jarra de agua helada para despertar al monstruo; un monstruo que según ella, merecía ese despertar y muchos peores. Su marido Vernon era mucho más imaginativo que ella y por ende más cruel, cuando se trataba de despertar al monstruo. Su hijo Dudley, estaba aprendiendo de su padre maravillosamente y algunas veces, tenía ideas innovadoras para ponerlas en práctica sobre el niño.

Pero cuando fue a echar la jarra de agua helada en el armario, se llevó el susto de su vida, el niño estaba despierto, con un aura rodeándole y los ojos verdes brillantes que tenía, los tenia ahora más oscuros, tan oscuros que era más un verde bosque.

Recuperándose del susto, Petunia fue a lanzar la jarra de agua, incluyendo la propia jarra en el niño, pero lo que no se esperaba fue que la jarra se detuviera en el aire, antes de golpearle. Sin derramar nada de agua, con un pensamiento Harry la convirtió en hielo para que dicha jarra pesara más y se la lanzó de vuelta a su tía a la cara.

Gracias a la magia infundida en la jarra, tenía una velocidad y fuerza sorprendentes. Petunia recibió el golpe en la cabeza, cayendo al suelo con un ruido sordo y la nariz sangrante, Harry salió del armario con una enorme sonrisa siniestra.

- Ahora Petunia, las cosas van a cambiar.- Dijo Harry suavemente y arrastrando las palabras. – Despierta a la ballena de tu marido y al ballenato de tu hijo y vamos a hablar claramente.- Ordenó Harry.

Como Petunia no era una mujer demasiado inteligente, se levantó rápidamente para golpear al niño por haberse atrevido a hacer su monstruosidad en la casa.

- Dolor- Fue la única palabra que Harry dijo apuntando con su mano abierta a Petunia. Cayendo al suelo con un grito de sorpresa por el repentino dolor, empezó el verdadero sufrimiento para la tía de Harry, más gritos de agonía pura se podían escuchar por la casa, lo cual llevó a cabo el despertar de Vernon y Dudley, los cuales bajaron las escaleras de la casa rápidamente y contoneándose como los cerdos que eran.

Para Petunia antes de que su marido y su hijo bajaran para socorrerla del monstruo, era pura agonía. Era como si mil cuchillos candentes estuvieran clavándose en todo su cuerpo. Músculos que ni siquiera conocía que tenía, le dolían como los mil demonios, sus gritos solo empeoraban las cosas, porque a medida que chillaba, la garganta se le despedazaba y le quemaba al rojo vivo. No pudo contener las lágrimas de dolor que se le escapaban, mirando borrosamente hacia su sobrino, todavía con la mano levantada, pudo vislumbrar una sonrisa de satisfacción en su rostro. Una sonrisa que prometía dolor y sufrimiento. Una sonrisa que empezó a temer desde ese día.

Con una oración silenciosa, pidió que Vernon matara al chico, con un poco de suerte esto pasaría solo esta vez. Cuan equivocada estaba Petunia.

Cuando Vernon bajó las escaleras asustado por si habían entrado ladrones en su casa, se quedó en shock al ver al monstruo apuntando con su mano a su esposa y ésta gritar y llorar de agonía pura. Al parecer el chico había aprendido a controlar su monstruosidad, eso no pasaría, lo mataría inmediatamente y se desharían de él para siempre.

- ¡Tu!- Rugió Vernon. - ¡Vas a…!- No pudo decir más porque en ese momento Harry apuntó con su mano a su tío y las piernas de éste se partieron en varias partes, saliendo ambos huesos de las rodillas hacia fuera y rociando un chorro de sangre por medio de las escaleras.

Con un grito de inmenso dolor, el segundo pariente cayó por las escaleras de bruces, al suelo del rellano, enfrente de su sobrino monstruoso, sangrando por ambas rodillas.

Dirigiendo ahora la vista hacia su primo, Harry dirigió su mano hacia él y lo hizo levitar para que quedara al mismo nivel que estaba Harry. Es cierto que no quedarían al mismo nivel que Dudley, al estar levitando estaría por encima de Harry, pero para Harry era más oportuno pensar eso en ese momento.

Mirando a los ojos de su primo, probó otra cosa que siempre quiso que le pasara a ese matón, quiso que sintiera el peso de las acciones de sus padres en él mismo y sus propias acciones por así decirlo.

Entrando sin esfuerzo en su mente, le empezó a mandar el sentimiento de dolor, sufrimiento, agonía, miedo, tristeza y muchos otros sentimientos negativos que Harry tuvo en esa casa a lo largo de los años.

Para decepción de Harry, Dudley no tardó mucho tiempo en descomponerse y gritar de dolor y agonía, cuáles fueron los dos sentimientos más fuertes que le mandaba.

Ahora Dudley yacía tirado en el suelo temblando y con dos manchas que salían de sus ropas, de las cuales olían mal, muy mal. El niño se había orinado y cagado encima. Patético, aparte de ser un matón, no tenía la fuerza necesaria para resistir el asalto mental.

Volviéndose a Petunia, dejó de infundirla dolor y esperó a que se recuperara un poco para hablar.

Media hora después de que Petunia sufriera la tortura atroz que Harry le infringió, Vernon estaba tan pálido que parecía que iba a morir si no se le trataba, así que con un movimiento de su mano nuevamente, reparó las piernas rotas del hombre con un gran chasquido audible, pero con un pequeño chillido de la bestia para decepción de Harry.

Volviéndose a Petunia, Harry habló alto y claro, para que los ocupantes de la casa le oyeran y entendieran.

- Desde que tengo uso de razón y desde hace dos malditos años, me habéis tratado peor que a los esclavos, me habéis torturado, lo cual habría hecho a la inquisición española celosa de vuestros usos.- Con una profunda respiración para calmar la furia helada que sentía, Harry continuó. – Pero eso se acabó el día de hoy, ahora soy más fuerte que antes, ya no soy el niño débil que se va a dejar intimidar por personas despreciables como vosotros, no, ahora yo soy al que vais a temer y respetar. A partir de ahora en adelante, voy a comer cuatro comidas al día, me vais a comprar ropa que se me ajuste, no la ropa de mierda que a Dudley ya no le gusta o no usa. Vosotros, patéticos humanos, cambiaréis de habitación, y yo me quedaré en la vuestra, la más grande de la casa. Iréis a la segunda habitación de Dudley. Se acabaron los abusos físicos y mentales. Como oiga una sola palabra, referente a que soy un monstruo o el mismo hijo del demonio, seréis torturados. También quiero que tengáis en cuenta las necesidades secundarias que tengo, y para ello me refiero a libros y otras cosas que se me vayan ocurriendo a lo largo del tiempo. ¿Me habéis entendido?- Terminó Harry de sus demandas para una vida mejor en el hogar. Con la pregunta que les hizo, esperaba con ansiedad que sus tíos no respondieran, para lo cual infligiría más dolor en ellos, como su tío Vernon hizo aquella vez en el jardín. Para alivio de Harry, tanto Vernon como Petunia no respondieron. Con una sonrisa sádica en su cara, les dio un poco más de dolor a ambos, hasta que contestaron con voces temblorosas y temerosas de que, sí, entendían y harían las demandas que les pidió Harry.

Ese día ninguno de los niños que residían en el número 4 de Privet Drive fueron al colegio. Ambos por razones distintas a las que uno se espera. Dudley no fue, porque aún no se había recuperado del asalto mental que le dio su primo. Harry porque estaba disfrutando demasiado de su nueva libertad adquirida. Cuando Petunia se recuperó, intentó arrastrar como pudo a su marido hacia el sofá, para que pudiera descansar. Posteriormente hizo el intento de recoger a su hijo, pero Harry lo levitó y lo encerró en el armario de debajo de las escaleras. Su tía iba a protestar, pero Harry con un gruñido, le hizo entender a la estúpida mujer, que ese era el trato que él mismo recibía después de una paliza, así que ese sería el trato que recibiría su hijo y si no quería sufrir más tortura, que encantado le daría, haría las tareas que le había encomendado, mientras que él se dispondría a desayunar correctamente, por una vez en 6 años.

Cuando Petunia, acabó de mover los elementos personales de habitaciones, llevó a Harry a una tienda de ropa, para comprarle todo un guardarropa nuevo y que se ajustara a él. Poco después fueron al oculista a que le miraran la vista, lo cual Petunia pagó por unas gafas nuevas para Harry y dos pares de lentillas. También fueron a una librería para comprar libros y comics en los que la mayoría, si no todos, eran de fantasía y "magia".

Harry quería ese tipo de libros y comics por la razón de que pudiera entrenar su poder. Como pensó correctamente, la "magia" o el "poder" era como un músculo, mientras más lo ejercitara, más fuerte se haría y lo que Harry quería en esos momentos era volverse más poderoso. Con la ayuda de que el bloqueo en su mente y magia, había desaparecido casi por completo, Harry hizo que su tía pagara el valor de 300 libras en libros y comics.

Cuando salieron de la tienda, dejando un tendero feliz y contento por la venta, fueron directamente de vuelta a la casa. Petunia le preguntó a su sobrino, si pudiera ver como estaban Vernon y su hijo.

- Claro, puedes ver como están. Después de todo no soy tan sádico y no me gustaría quedarme sin entretenimiento. Te lo advierto Petunia, no me molestes hasta la hora de la comida, lo mismo va para tu marido y tu hijo, en caso de que se recuperen.- Con esa advertencia, Harry volvió al silencio tan cómodo que tenían antes de que Petunia hablara.

Con un asentimiento tembloroso, Petunia dirigió el coche de Vernon hacia Privet Drive.

Una vez de vuelta en la casa, Vernon que seguía convaleciente por la pérdida de sangre en el sofá, Petunia fue a mirar dentro del armario, primero para ver cómo se encontraba su precioso Dudly mientras, que el monstruo, no, el monstruo ya no, Harry o… el señor Potter, como quisiera que le llamaran, estaba en su nueva habitación colocando sus nuevas pertenencias y cambiándose de ropa.

Una vez comprobado de que Dudley había despertado de su asalto mental, Petunia se encargó de que entendiera el nuevo estatus en la casa. Después lo mandó a encerrarse en su cuarto a que descansara o jugara con el ordenador nuevo que sus padres le habían comprado. Pero eso sí, que no se le ocurriera bajo ningún concepto molestar a su primo, ni mirarle a la cara siquiera, es más, si se cruzaba con él, que mantuviera la cabeza gacha en todo momento y si le hablaba Harry, que respondiera con el mayor respeto que pudiera obtener, para no volver a ser torturado.

Con eso en mente, Dudley subió las escaleras rezando, por primera vez en su vida, para que el monstruo no se le cruzara.

Volviendo con Petunia debajo de nuevo, fue a ver como su marido se encontraba, pero viendo que el color había regresado a su cara, o al menos un poco de color, y oyendo los fuertes ronquidos que tanto la molestaban por las noches, fue a limpiar la casa de la sangre y suciedad que habían dejado su marido e hijo atrás. Después de eso, haría una suculenta comida para mantener contento a su sobrino y que no le hiciera nada más a ella, si quería desquitarse con Vernon, que lo hiciera.

Esa noche no hubo castigo para la familia Dursley, eso no quería decir que no les devolviera la tortura infringida a Harry por el valor de 6 años. No, Harry les castigaría cuando menos se lo esperaran. O cuando estuviera aburrido, como su primo y tío hacían con él.

Lo que más le gustó a Harry de esa noche, fue que en la cena, cuando pedía que le pasaran la sal o la fuente de las chuletas y el pan, su "familia" temblaba de miedo, puesto que se dirigía por sus nombres o cuando tenía sed y no había más agua o zumo en la mesa, decía la frase que más gracia le hacía.

- Vernon…- Dejó en el aire durante un momento, disfrutando de los temblores de su tío. – Pásame la sal.- Ordenó con una ligera sonrisa de diversión macabra.

Para alivio de Vernon, era solo la sal y con una mano temblorosa, que casi podía esparcir el contenido del salero por toda la mesa, le dio la sal a su sobrino.

- ¿A quien tengo que matar para que se rellene la jarra de agua y la del zumo? ¿Dudley?- Preguntó sádicamente Harry a una mesa llena de temblor.

Petunia con un chillido agudo, se puso de pie inmediatamente y rellenó tanto las jarras de agua y zumo inmediatamente.

Harry lo estaba disfrutando al máximo esa noche, pero aún había una cosa que le preocupaba y era que en su sueño, sus tíos decidieran erróneamente, que podían acabar con su vida, por ello Harry después de la cena, les advirtió claramente de que no sería buena idea.

- La cena estaba deliciosa Petunia, digna de un rey o un príncipe. En todo caso, si se os pasa por esa mente primitiva que tenéis, el atacarme en mi sueño, debo advertiros de que sabré de vuestras intenciones al momento que pongáis un pie en la puerta de mi habitación y lo primero que haré, será dañar irreversiblemente a vuestro hijo, así que por la salud, tanto mental como física de Dudley, espero que no se os ocurra atacarme mientras duermo.- Dijo Harry con frialdad pura y con palabras suaves llenas de amenaza, que sería capaz gustosamente de cumplir.

Observando los rostros de sus parientes, sobre todo el de Vernon, que algo por el estilo se le pasó por la mente, dio una sonrisa maliciosa y se levantó de la mesa abruptamente, haciendo que los tres temblaran de miedo y anticipación al dolor que estaría por llegar, pero cuando no llegó y vieron que el muchacho se marchó escaleras arriba, suspiraron de alivio.

Esa noche, por primera vez en 6 años, Harry durmió sin preocupaciones y sin miedo a ser atacado en su sueño o despertado por Vernon.

En el transcurso de los siguientes días, la casa Dursley estaba llena de gritos de dolor por la retribución que Harry les mandaba y también por los deslices que su tio y primo cometían. Si bien es cierto que Petunia no cometía muchos deslices, gracias a la maldición que había tanto en la casa como en Harry, los tres de ellos los cometían, no tan a menudo, pero lo hacían.

En el colegio, Harry pudo vengarse y desquitarse con los amigos de su primo, llegando al punto de planear de que tuvieran un "accidente" que los incapacitase temporalmente. A los profesores que negligentemente dejaban pasar por alto el abuso que recibía en su casa, también los castigó, haciendo que las mentes pobres y patéticas de las autoridades, pensaran que cuatro de esos profesores abusaban sexualmente de los niños del colegio.

A Harry le repugnaba que tuviera que ser así, pero era necesario infringir ese castigo, si era cierto lo que había oído de las cárceles, los presos daban un recibimiento cruel y sádico a los que abusaban de los niños, pues bien se merecían los profesores y muchos más de ese castigo, pero no podía mandar a todos a la cárcel, sino, sería muy sospechoso y la gente lo investigaría. No, se conformaría con sus planes y de vez en cuando desquitarse con los Dursley.

En lo referente a la incapacitación de los amigos de Dudley, cuando le persiguieron por el patio de recreo creyendo que le estaban atemorizando, fueron a parar a una zona donde no era vigilada por los profesores, una zona que a los matones de la escuela les encantaba por esa razón y a Harry le vino bien para poner en marcha su plan.

Cuando Piers, el amigo matón de su primo le acorraló junto con otros tres más, Harry levantó sus manos en contra de ellos, mandándolos a volar contra la pared y dando un chasquido fuerte, cual indicativo era que los huesos o algunos de ellos por lo menos se habían roto.

Caídos los tres matones en el suelo, rotos y llenos de dolor, vieron con terror como Potter se acercó a ellos con una sonrisa maniaca en su rostro.

Metiéndose en las mentes de cada uno de ellos, Harry hizo algo que más tarde, cuando se enterara de que era un mago, descubriría que era un encantamiento olvido y una compulsión en las mentes de los niños.

Les hizo olvidar lo que habían visto y les implantó la idea de que cuando salieran del colegio, deberían de correr directamente a la carretera sin mirar si venían coches. A otro le implantó en la mente que sería buena idea probar a tirarse por el balcón de su casa. A Piers, le hizo creer que sería muy divertido apuñalar a un profesor con las tijeras, que más tarde utilizarían en la clase de educación plástica, y luego posteriormente tirarse del coche en marcha de sus padres.

Ese día tuvo que aguantar muy fuerte de no reírse de los sucesos que sucedieron en el colegio, primero Piers apuñaló al profesor de plástica en el cuello, haciendo que éste se desangrara y muriera en una clase llena de niños pequeños. Para Harry era dulce la venganza, porque ese profesor, era uno de los que iba a hacer la trampa, bueno una pena que fuera prescindible.

Después del colegio, pudo observar como las autoridades de niños, algo que llamaban los servicios sociales, se llevaron a Piers a comisaría o a donde fuera que se llevaran a los pequeños criminales. Los otros dos niños que había implantado ideas, fueron a cumplirlas, por desgracia no pudo observar su trabajo, pero si que escuchó que el que se lanzó a la carretera cuando venían los coches rápidamente, murió poco tiempo después de que la ambulancia llegara para llevarlo al hospital.

El que saltó desde el balcón de su casa, escuchó como sus compañeros con pena describieron que estaba en el hospital, con numerosos traumas y en coma. Por último Piers, no pudo saltar desde el coche en marcha de la policía, pero sí cuando esa misma mañana sus padres lo llevaron al colegio, tras sacarlo de la prisión temporal para niños. Ahora Piers estaba en el hospital, también en coma, sin saber cuándo iba a despertar.

Una semana más tarde los tres profesores que Harry puso su mirada, fueron detenidos bajo cargos de abuso infantil. Un mes más tarde fueron condenados a quince años de prisión.

Conforme fue pasando el tiempo, Harry fue aprendiendo más de su "poder" mientras leía los libros que le iban comprando y los comics, había ciertas cosas que podía copiar de allí, como los escudos protectores que describían en los libros, escudos hechos de un aura dorada, que podía repeler cualquier ataque que le lanzaran. También evocó las bolas de fuego en sus manos, hizo que de la tierra brotaran raíces, convirtiéndolas en Golems humanoides. Cambiaba de forma las piedras en objetos, hacía que esos mismos objetos se animaran e interactuaran como si estuvieran vivos. A los pájaros o los gatos que poseía la señora Figg, los utilizaba para sus experimentos de dolor, o de telequinesis como estuvo llamándolo hasta que leyó un libro sobre la brujería y la hechicería. Curiosamente el libro trataba sobre las aventuras de Merlín con el rey Arturo y las batallas mágicas de Morgana Le Fay.

Más tarde sabría que tanto de los tres seres míticos de leyenda, eran reales en el mundo mágico.

En fin, poco a poco Harry fue aprendiendo a moldear su poder a su imagen y semejanza y sus tíos, ni su primo, podrían hacer nada para detenerlo, pues sabían lo que pasó en la escuela con los estudiantes y profesores, fue obra de su sobrino, sin haber entrenado en absoluto.

Así a través de los cinco años que Harry estuvo leyendo y entrenando en sus ratos libres, su "poder o magia", fue volviéndose más poderoso y fuerte.

En esos cinco años, no se olvidó nunca de la retribución de sus parientes, y cuando se la devolvía, lo hacía con gran placer, puesto que hacía tiempo, había dejado de sentir lastima por los "mundanos" como en uno de sus libros los llamaban a los que no tenían poderes o magia.

Por eso cuando Petunia vio el correo aquel 25 de julio de 1991, dio un grito de triunfo silencioso y más una oración de que la perdonara por no haberle dicho antes de su patrimonio.

Cogiendo las cartas, se dirigió a la cocina a seguir preparando el desayuno, antes de que Harry regresara de su carrera matutina. Convenció fácilmente a su marido de que lo mejor para Harry sería ir a esa escuela, la escuela a la que su hermana monstruosa fue, para así poder deshacerse de él para siempre y mudarse bien lejos de Surrey, sino fuera de las islas británicas.

Cuando Harry llegó de su carrera matutina, sudoroso y con hambre, fue primero a la ducha y luego a desayunar. Pudo ver que en el aire que se respiraba en la casa era de esperanza, algo había ocurrido en su ausencia, bueno, entonces tendría que averiguarlo justo después de su ducha.

Una vez duchado y cambiado de ropa, bajó a la cocina vestido con un pantalón vaquero oscuro, botas de montaña marrones y una camisa de manga larga negra con un dragón dibujado en la espalda, con llamas rojas y verdes rodeándole.

Viendo a su tía que le había preparado el desayuno inglés típico, fue a sentarse y comenzó a comer. Gracias a las amenazas que dio a sus parientes, Harry pudo salir de la mal nutrición en la que estaba y alcanzar el peso y altura ideal para un niño de su edad.

Aunque Harry no tenía nada de grasa de bebé debido a la vida que llevó, las cicatrices que todavía adornaban su cuerpo, estaban ocultas bajo lo que el denominaba "hechizos de camuflaje" para que no se vieran. Un poco musculoso debido al entrenamiento físico que en sus libros detallaba era bueno para una mejor resistencia mágica, Harry se encontraba perfectamente saludable a la edad de 10 años, principios de los 11, cuando se enteró de que nació el 31 de julio de 1980.

Petunia con nerviosismo le dijo a Harry que había recibido una carta especial y fue ahí cuando le contó que su madre era una bruja y su padre un mago, le contó lo que les pasó la noche del 31 de octubre.

Por momentos el rostro de Harry fue poniéndose más serio por la historia que le contaba su tía, la única pregunta que le venía a la mente, era porque ahora, porque le contaba esto tan tarde, cuando él tuvo que descubrir y redescubrir sus habilidades.

Tal vez su tía no le contó nada, no por miedo a lo que le hiciera, sino porque pensara que ya lo sabía. Con un ligero toque de su mente en la de su tía, descubrió sus sospechas. En efecto, su tía suponía que ya sabía de su mundo y que era un mago, por ello lo de los poderes y habilidades para perfeccionar, usándolos como conejillos de indias. También descubrió la rivalidad y odio que llevaba hacia su madre y después hacia él, hasta el día de la liberación mágica, cuando ese odio pasó a ser miedo y temor.

- Está bien, dame la carta para que la lea.- Dijo Harry, cortando la historia de Petunia al instante y ésta pasándole la carta de aceptación de Hogwarts.

Recibiendo la carta de la mano temblorosa y sudorosa de Petunia, Harry con su siempre sonrisa maliciosa en el rostro, por el temor de ella a que la castigara por algo, recogió la carta y la abrió. Sorpresa inundó sus ojos brevemente al descubrir donde estaba dirigida. Tal vez le estuvieran observando, aunque dudaba profundamente de ello.

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

Director: Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.

Querido señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Subdirectora

Uniforme
Los alumnos de primer año necesitarán:

Tres Túnicas sencillas de trabajo.

Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.

Un par de guantes protectores.

Una capa de invierno.

Libros
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:

El Libro Reglamentario de Hechizos Miranda Goshawk

Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot

Teoría Mágica, Adalbert Waffling

Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch

Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore

Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger

Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble

Resto del equipo

1 varita.

1 caldero de peltre número 2.

1 juego de redomas de vidrio o cristal.

1 telescopio.

1 balanza de latón. Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata o un sapo.

SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS

Después de haber leído la carta un par de veces se quedó pensativo en cuanto a dónde tenía que ir para conseguir los materiales y que hacer después. Con otro vistazo a la mente de su tía, se enteró el nombre de donde podía conseguir los útiles escolares y el banco, donde sus padres seguramente hubieran dejado algo para él. Con una decisión rápida le ordenó a su tío que le llevara a Londres, Charing Cross para acceder al Caldero Chorreante, un nombre bastante único si le preguntaban.

Su tío alegremente le dijo que se prepara, que como no tenía cosa mejor que hacer, que felizmente le llevaría hasta allí.

Cuando Harry salió de la casa, con la carta en el bolsillo doblada meticulosamente, su tía y primo suspiraron de alivio al ver que se alejaba, con un poco de suerte para siempre y no lo volverían a ver. Nuevamente, cuan equivocados estaban, seguramente lo volvieran a ver, pero solo para recoger su ropa y pertenencias que tenía en la casa.

Yendo por las calles de Surrey en silencio cómodo para Harry, incómodo para Vernon, en 15 minutos llegaron a Londres y poco después llegaron a Charing Cross. Aparcando el coche, Vernon se despidió de su sobrino con un "hasta luego" secamente y por supuesto temerosamente.

Bajando del coche lentamente, para exasperación de su tío, Harry sonrió con alegría contenida por primera vez en años desde que pudiera recordar. Según su tía Petunia, el bar llamado El Caldero Chorreante, se encontraría cerca y solo los magos, como él, podrían encontrarlo y entrar. Personas no mágicas o "muggles" como les denominaba el mundo mágico ni podían verlo, ni podían entrar. Un beneficio para Harry, en estos momentos, puesto que le gustaba y agradaba su independencia.

Caminando lentamente, pero con paso seguro hacia el bar que logró divisar hace unos pocos metros, fue pensando en un plan para que la gente le creyera que sus padres estaban al otro lado y que había sido un accidente el quedarse en el bar. Si eso no funcionaba, podía ir por el lado seguro y volverse invisible y esperar a que alguien cruce, para ir de paquete desconocido.

Abriendo la puerta del local, Harry pudo vislumbrar la barra y al camarero que servía bebidas que nunca había visto.

Una vez dentro, se dirigió directamente al camarero con un acto de niño timido y un poco temeroso.

- Disculpe… señor, me preguntaba…- Comenzó Harry para ser interrumpido por una sonrisa del camarero dirigida hacia él. Harry se imaginó que los magos deben sonreir continuamente, porque éste no paraba de lanzar por doquier sonrisas afectuosas.

- Claro hijo, imagino que quieres que te abra el paso al Callejón Diagon. Ven conmigo, no te quedes ahí.- Dijo el camarero amablemente a Harry para que lo acompañara a lo que parecía una puerta trasera.

Si el mago tenía intenciones nobles o maliciosas no lo sabia, pero pronto lo descubriría, si fueran maliciosas se podría encargar fácilmente de él, no por ello estuvo practicando magia continuamente desde los seis años.

Entraron en la parte trasera, donde había unos cubos de lo que parecía basura y una pared de ladrillo, la cual el mago, sacó una especie de palo corto y se volvió hacia él.

- Lo que tienes que hacer hijo, es golpear la secuencia correcta para entrar en el Callejón. Observa atentamente.- Dijo el mago que dirigía el pub.

Harry no pudo evitar la sorpresa inicial al ver como tocaba los ladrillos correspondientes y la pared se movió y desapareció para dar lugar a un hermoso callejón lleno de tiendas de todo tipo, con adoquines limpios pulcramente adornando las calles, gente vestida de lo que parecían ser túnicas del siglo quince o más adelante. Solo tenía una palabra para describirlo y era: Impresionante.

- ¡Bienvenido al Callejón Diagon, chico! ¡Bienvenido a casa!- Fueron las palabras amables del camarero y Harry no pudo estar en desacuerdo con él, puesto que ésta sería su casa, su lugar, su mundo a partir de ahora y para los próximos años.