Disclaimer: Star Wars no me pertenece, propiedad de Disney y Lucas Film.

Nota: Esta historia es un universo alterno tomando sucesos de las películas, novelas y cómics. La edad de los personajes al principio de esta historia es de Rey 7 años y Ben 17, irán cambiando conforme al paso de los capítulos. Gracias por darle una oportunidad, me encanta leer sus comentarios ya ustedes son mi inspiración. Disfruten.


Capítulo 1

-¿Seguro que este es el sitio correcto?- Mira con un aire de escepticismo un joven padawan a su maestro, estaban en lo alto de una planicie rocosa, contemplando al horizonte unos puestos de campaña en medio de la nada.

-Si Ben, es aquí, conseguimos la pieza que nos falta, nos reabastecemos y nos marchamos de inmediato- responde con su semblante sereno, todo lo contrario, a su aprendiz, que ya empezaba a impacientarse, ese definitivamente no había sido su día. Esa mañana se encontraban de regreso al santuario después de una agotadora misión, cuando repentinamente en la nave comenzaron a sonar pitidos extraños activando el protocolo de emergencia, obligándolos a aterrizar en aquel inhóspito planeta. Arena y vieja chatarra es lo único que parecía haber allí, ¿cómo se supone que saldrían de esta?, se cuestionaba una y otra vez. Toma una larga respiración tratando de aclarar su mente, ya habían estado en situaciones peores, debía confiar en él.

-Entendido, maestro-

Le sigue con cuidado procurando no dar un paso en falso en aquellas grandes dunas, los rayos del sol golpeaban con ferocidad su cara y el calor era demasiado abrazador en esas tierras lejanas, haciendo su trayecto insoportable. El sudor ya empezaba a fluir desde su frente hasta las mejillas y el poco viento que soplaba, no hacía mas que empeorar su situación, la arena se le adhería a su rostro, provocándole una molesta picazón. Nunca antes estuvo en un sitio como ese, Jakku era un planeta bastante árido y desolado, lejos de los confines de la galaxia aquello no era más que un basurero de chatarra galáctica.

"Diríjanse al este, allí encontrarán el puesto de Avanzada Nimma, busquen a un tipo llamado Ucklar Plutt, él les dará las piezas que necesitan para su nave"

Esas fueron las palabras exactas de aquel extraño lugareño de ese desértico planeta, más le valía que fueran ciertas porque lo único que quería era arreglar la nave y marcharse lo antes posible de ese maldito lugar.

-Ya estamos cerca- la voz de su maestro lo saca abruptamente de sus pensamientos, divisando en frente suyo aquel asentamiento de puestos chatarreros, al fin había llegado a Nimma, ahora solo faltaba encontrar a ese tal Ucklar Plutt.

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- ¡Aquí tienes! - le grita con su voz áspera, extendiéndole en sus manitas una pequeña porción, la castaña lo toma mirándolo con desaprobación, aquello no era suficiente, no le rendiría ni para una sola comida, con un poco de temor, alza su mirada decidida a enfrentarlo.

-Señor Plutt esto es mucho menos de lo que me dio ayer- le reclama con voz quedita la niña, pero aquel ser voluminoso no reacciona de la mejor manera ante su petición.

- ¡Cómo te atreves mocosa a reprocharme! - se agacha tomándola fuertemente de su bracito acercándola a su rostro, sus pupilas se dilatan del miedo, al conectar su mirada con aquel ceño fruncido.

- ¡Auch! - grita de dolor, derramando unas pocas lágrimas por sus mejillas rosadas -Suélteme por favor, no lo volveré hacer- suplica con desesperación, hacía tanta presión en su brazo que ya empezaba a enrojecerse, trataba con su otra manita aflojar su agarre, pero le fue imposible, luchar contra él no le serviría de nada.

-Escúchame atentamente mugrosa carroñera, que no te lo volveré a repetir- la agita con brusquedad lastimándola aun más, su rostro enrojecía de la furia mientras el suyo palidecía del miedo, su pequeño cuerpecito empezaba a temblar involuntariamente, pero aquello no lo detuvo ni por un instante.

- ¡Eres mi esclava!, que jamás se te olvide niña que tus padres te vendieron a mi como simple basura- aquello último golpeó fuertemente a su corazoncito, reabriendo la herida una vez más.

-Así que nunca olvides cual es tú posición aquí, porque yo puedo deshacerme de ti cuando me plazca y dejar que te pudras de hambre como la simple basura que eres, recuerda chatarrera, trabajarás en lo que yo te diga y aceptarás sin reclamo las porciones que te dé, ¡haz entendido mugrosa! -

-Si señor Plutt - susurra débilmente la pequeña, esperando que su suplicio terminase.

- ¡Dilo más fuerte que no te escuché! - le replica con bastante ferocidad.

- ¡Si señor Plutt! - siente decirlo tan fuerte que hasta sus oídos retumbaron ante su afirmación.

- Bien- Suelta con brusquedad su agarre arrojando a la pequeña contra al suelo llevándose un buen golpe.

- Ahora ¡lárgate! antes de que cambie de opinión respecto la ración de tu porción- se da la media vuelta y camina al frente de su puesto.

Escucha sus pesadas pisadas alejarse de ella, sin mirar hacia él toma la porción que yacía a su costado y se levanta precipitadamente corriendo fuera del puesto, ignorando por completo su dolor. Ya afuera se sienta bajo la sombra de una gran carpa desgastada disponiéndose a trabajar, si quería que Plutt le diera un mayor número de porciones tenía que sacar más piezas de las que le había llevado el día de hoy. Con bastante furor empieza a pulir una pieza tras otra sin siquiera darse un respiro, dando más de si de lo que pudiera soportar su débil cuerpecito, estaba tan concentrada que no nota la presencia que se aproximaba a su lado.

-Tranquila pequeña, trabaja con más calma- se sobresalta, era Mara, una anciana bastante mayor carroñera compañera de carpa, se sonríe al verla, ella era lo mas cercano que podía tener de cariño familiar.

-Pero yo tengo que…-

-Shhhh, no se diga más- la calla colocando su dedo en sus pequeños labios, se sienta a su costado, dedicándole una mirada llena de amor.

-No te preocupes mi niña, yo doy de mis porciones si es necesario, ya no quiero ver que trabajes a ese ritmo, eres muy chiquita para este tipo de trabajos, ¿has entendido? - la pequeña mueve su cabeza en señal de aprobación y le dedica una última sonrisa antes de regresar sus deberes. La anciana se la corresponde dulcemente, pero al desviar su mirada a su brazo nota los hematomas que se le empezaban a formar, las arrugas de su rostro se comprimen formando una mueca de disgusto.

Ese maldito de Plutt volvió a lastimarte- la anciana resopla con bastante furor, empieza a maldecir perdiendo los estribos. La pequeña estaba tan concentrada en sus deberes, que no notaba el estado de su brazo, al mirarse pudo ver unas marcas moradas, que al tocarlas dolían un poco.

– Maldito perro, hijo de su chin … – se calla en seco, aquello la hizo hervir instantáneamente que no media sus palabras ante su pequeña amiga, furiosa se levanta con un poco esfuerzo de su lado para dirigirse al gran puesto de Plutt – Pero esto no se quedara así, ese abusador va a escucha… – siente un pequeño jalón detenerla, al girarse ve a la niña sujetándole parte de su túnica, al observarla pudo notar su mirada llena de terror.

–No vayas por favor– la sujeta con bastante fuerza, sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas – No volverá a pasar, yo… yo estoy bien, no quiero que te lastimen- le dice con voz quebrantada. Dando una larga bocanada de aire y tranquilizando sus nervios, la peligris decide hacerle caso.

-Está bien cariño- lleva sus dedos a su cabeza acariciándola dócilmente -Solamente por esta ocasión, pero prométeme que no dejarás que te vuelva a poner una mano encima, sino ese maldito se las verá conmigo-

-Es una promesa Mara- suelta su agarre, llevando sus manos a su carita secando las pocas lágrimas derramadas en su rostro – Te lo prometo- reafirma una vez más dibujando en sus labios una pequeña una sonrisa para darle tranquilidad, aliviada de que su única amiga no fuera a enfrentar aquel monstruo por su culpa.

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El sonido de las cerdas de su pequeño cepillo al chocar contra sus piezas de metal hacía eco en su cabeza con el paso de los minutos. Sumergida en su rutina le encantaba observar a los carroñeros yendo y viniendo a lo largo de todo el asentamiento matando con ello su aburrimiento, prestando especial atención a aquellas conversaciones que surgían entre ellos, en su mayoría eran chismes locales, otras veces discusiones por malas negociaciones, nada fuera de lo común en ese sitio, hasta que esa tarde, la monotonía de su rutina se ve interrumpida por un bullicio repentino, rompiendo con su concentración, parando por un instante sus deberes.

Alza su mirada para averiguar que es lo que estaba sucediendo a su alrededor. Al posar sus ojos en Mara, nota que ella había cesado de trabajar, dirigiendo con asombro su atención a un costado suyo. Curiosa se gira tratando de encontrar entre la multitud aquello que causaba tanto revuelo, entonces los ve a ellos, sintiéndose hipnotizada al verlos.

Eran dos misteriosos hombres, uno era un señor con una cabellera rubia cubierta con ligeras canas y una abundante barba y el otro era un joven delgado de rebeldes mechones negros, que contrastaban perfecto con su clara piel. Ambos portaban vestimentas un poco extrañas color crema en conjunto con una larga túnica marrón, complementándose con un grueso cinturón en el cual llevaban sujeto un extraño objeto metálico, al mirarlos con mayor detenimiento la pequeña pudo distinguir quienes eran realmente esas personas, maravillándose por su descubrimiento.

-Jedis- susurra para si misma, mientras recuerda con asombro todas las leyendas que llegó a escuchar alguna vez de chatarreros o hasta de su amiga Mara. Aquellas historias le hacían fantasear con las aventuras de esos seres místicos sensibles a la fuerza, haciéndole olvidar por pequeñas ráfagas de tiempo su miserable existencia en medio de ese hoyo sin salida.

"¿Son acaso jedis?"

"Se rumoraba que el último había muerto en la batalla de Endor"

"¿Pero que hacen por este lado galaxia?"

La multitud murmuraba a su alrededor mientras se abrían paso a través de los puestos hasta llegar al de Plutt, miradas extrañas y asombradas se posaban sobre ellos, entre ellas la de unos pequeños ojos color avellana que los seguían atentamente. Se forman tras de una fila de carroñeros esperando su turno de ser atendidos, no pasa ni cinco minutos cuando ya se encontraban enfrente del mostrador, pero aquel recibimiento no fue el esperado.

-¿Pero mira nada mas que tenemos por aquí, un par de jedis por estos lados de la galaxia?, pensé que ya se habían extinguido- se burla el comerciante con una pesada carcajada, la cual no le hizo gracia al mas joven de ellos, Luke siente la perturbación en la fuerza de Ben, posando de inmediato su mano en su hombro para tranquilizarlo, le guiña un ojo indicándole que él se haría cargo de la situación. Cuidando de no caer en sus provocaciones, saca con bastante tranquilidad de su pequeño morral la pieza que necesita reponer de la nave extendiéndosela en el mostrador y junto de ella un costalito con un buen puñado de créditos, llamando instantáneamente la atención de Plutt, eso era demasiado dinero.

-Necesito una pieza como esta, ¿tienes el repuesto? ¿oh no?, o me iré y la buscaré en otro puesto, al parecer nuestra presencia no le es grata- le dice pacíficamente, pero con firmeza en sus palabras, con sus enormes manos Plutt toma la pieza y la empieza examinar, esos eran bastantes créditos, no se daría el lujo de perder a semejantes clientes.

-Disculpen mis señores- aquello sonaba mas a una burla que a una disculpa, el pelinegro no dejaba de observarlo en silencio deseando fulminarlo con su mirada.

-Permítanme un momento, enseguida les traeré lo que necesitan- Da media vuelta y camina rumbo al interior perdiéndose entre el montón de chatarra que se encontraba allí dentro. En su espera Luke se gira y empieza a buscar en aquel asentamiento algún puesto donde pudiera abastecerse de víveres para el resto del viaje, pero al parecer en ese lugar no encontraría nada, sólo eran puestos chatarreros. De pronto lo siente, una pequeña perturbación en la fuerza, cierra sus ojos concentrándose en ello, era un poco débil, pero podía sentirla, dejándose guiar por ella, abre sus ojos mirando con asombro aquello que lo provocaba.

La pequeña niña no dejaba de observar esos misteriosos hombres, se sentía atraída como si una extraña energía la uniera a ellos. Sumergida en su mundo imaginaba en lo increíble que sería ser un jedi, viviendo aventuras y recorriendo los confines de la galaxia como en las historias de Mara. Tan clavada estaba en sus pensamientos que no notaba que el jedi más grande tenía los ojos fijos en ella, al percatarse de ello, siente como el corazón se le va hasta los pies al ser descubierta espiándolos, vuelve tan rápido como puede a sus deberes para evitar con ello la incomodidad de la situación, su rostro enrojece de la vergüenza.

- ¿Tú también lo sientes Ben? - llama la atención de su aprendiz.

- ¿Qué sucede maestro? - Ben se confunde tras su repentino comportamiento, pero al verlo puede notar que su atención estaba fija en un punto específico de ese sitio. Busca en medio de la multitud aquello que observa con asombro, cuando de la nada algo atrapa sus sentidos, rápidamente la enfoca y la mira fijamente, era una pequeña niña de escaso años, de cabellos castaños sujetos en 3 extraños bollos, al concentrarse en ella, siente su fuerza fluir.

-Si, lo siento maestro…- le confirma el pelinegro sin dejar de observarla - En aquella pequeña niña- le señala con su mano.

- Hay fuerza en ella…- termina por completar la frase de su sobrino – Pensé que no lo encontraría en alguien más durante un largo tiempo- El jedi suspira, Ben lo observa con cautela analizando con detenimiento su expresión, llevaba junto con él 7 largos años, conocía la manera de actuar y de pensar de su tío, creía saber donde acabaría todo eso.

- ¿Y que hará al respecto maestro? - Lo cuestiona ante lo obvio de su respuesta.

-Sígueme- y sin decir más empieza a caminar hacia la niña, siguiéndole a un costado el paso el pelinegro.

La niña mira de reojo que aquellos hombres de túnicas cafés se acercaban a ella sintiéndose bastante ansiosa, de seguro los incomodó con su mirada siendo de su desagrado, sabía que espiar a las personas no era bueno, la reprenderían, estaba completamente segura de ello, no había ningún otro motivo para dirigirse a una débil y mugrosa carroñera como ella, no tenía nada de especial al resto de los lugareños que se encontraban allí. Agacha su mirada tratando de concentrarse con sus deberes, pero aquello fue inútil, traicionándole sus nervios a último minuto al tenerlos cerca, sus presencias eran imponentes.

-Hola pequeña- la dulce voz del hombre mas maduro la sobresalta, haciendo que se le resbale la pieza que estaba puliendo rodando hasta los pies del jedi.

"Tonta, torpe" se reprocha la castaña una y otra vez en su cabecita, eso era bastante penoso. Con su mirada baja, camina con pasos torpes hasta sus pies, temerosa se empieza agachar para tomar su pieza, pero una mano la sorprende tomándola primero del suelo.

-Toma pequeña – la pieza le es extendida frente de ella con bastante amabilidad por aquel jedi, aún inmutada la toma con un movimiento fugaz de su pálida mano, sujetándola con fuerza contra su pecho.

-Gra…cias señor- logra completar tartamudeando con bastante nerviosismo, quedando paralizada frente a ellos, no sabía como actuar ante la situación, no era capaz de tan siquiera mirarlos a los ojos.

-Dime Luke- le responde con dulzura colocándose de cuclillas frente la pequeña, pero ella no lo mira tan siquiera, ni pronuncia palabra alguna, continuando con su vista clavada a sus pies. Luke siente su fuerza alterada, la niña estaba asustada, al mirar con detenimiento su rostro, nota el sufrimiento reflejado en él, imaginando todo por lo que debió pasar en ese lugar, quería ayudarla, debía encontrar la manera de que confiara en él.

-Tranquila, yo no te haré daño, puedes confiar en mi- el jedi le extiende su brazo en su hombro, transmitiendo mediante aquel vínculo en la fuerza calor y tranquilidad.

Aquella mano en su hombro la sobresalta, pero en lugar de sentir temor, empieza a sentir paz, ella se había equivocado, ellos no le harían daño alguno. Sintiendo como una especie de llamado a su alrededor, eleva sus ojos conectando con los suyos, eran de un hermoso azul celeste, jamás vio unos como esos, al fin pudo contemplar su rostro, él no estaba molesto en cambio le regalaba una cálida sonrisa.

-Y dime pequeña, ¿cuál es tu nombre? – hasta ese momento ella no se había animado a entablar conversación, pero sin siquiera notarlo sus labios se empezaban a abrir, dejando al fin fluir las palabras de su boca.

-Rey- susurra quedito siendo apenas audible para Luke.

-Es un hermoso nombre Rey – la castaña se sonroja ante sus palabras, hace tanto nadie le decía algo tan lindo de su persona, provocando que involuntariamente se le escapara una pequeña sonrisa.

- ¿Y donde están tus padres Rey? - en cuanto se lo dice, el jedi siente un gran arrepentimiento, pues nota como de la nada el rostro de la pequeña pierde su brillo, dibujando sobre ella una mueca de dolor.

-Mis padres… ellos – la voz de Rey se quiebra – ellos me vendieron- Luke se queda mudo ante su respuesta, siente remordimiento de haberle abierto una herida, buscaba las palabras correctas en su mente para enmendar su error.

-Pequeña, yo lo siento tanto, yo no quise…-

-Descuida- Rey lo interrumpe - está bien, tengo esperanza que algún día volverán por mi- una pequeña chispa de esperanza brilla en sus ojos, eso último le parte el corazón Luke, era tan solo una niña que ignoraba la realidad de su situación, ahora sabía perfectamente que ella lo necesitaría mas que nunca y él estaría allí para apoyarla.

- ¿Eres un jedi de verdad? - aquella pregunta lo toma por sorpresa a Luke, pudo notar como su rostro de dolor era cambiado por uno de curiosidad, brindando tranquilidad al jedi.

-Así es Rey – le responde con una sonrisa en los labios, le daba gusto saber que supiera de ellos.

-Lo sabía- se apresura a responder la castaña bastante entusiasmada – he escuchado algunas historias de ustedes- con su manitas señala aquel objeto metálico sobre el cinturón del Luke, animándose por fin a preguntarle.

- ¿Eso es un sable? - le cuestiona curiosa, Luke se sorprende al parecer si sabía mas de lo que él creía.

-Si Rey, ¿te gustaría verlo encendido? - le pregunta mientras lo quita de su cinturón posándolo frente suyo.

-Si- un chillido emocionado escapa de los labios de Rey, jamás imaginó que podría ver uno así de cerca.

-Aléjate un poco- le indica Luke haciéndose unos pasitos hacia atrás Rey. De pronto su rostro se ve iluminado por el resplandor azul de aquel láser.

-Es hermoso- susurra la pequeña al contemplar la luz que irradiaba, era hipnótica, sintiéndose inmediatamente atraída a ella, algo despertaba en su interior.

- Y dime, ¿te gustaría ser un jedi? – escucha la cálida voz mientras el sable es apagado enfrente suyo, aquella pregunta deja perpleja a Rey, pestañea rápidamente quedándose muda por un instante, ¿ella una jedi?, ni en sus mas locos sueños imaginó que eso sería posible.

-Yo… yo no soy como ustedes- finalmente responde la niña con un tono altibajo.

- ¿Y si te dijera que si lo eres? - le replica Luke con su cálida sonrisa – La fuerza fluye en ti, puedo sentirla- los ojos de Rey se abren como platos ante la declaración del jedi, esa situación era tan irreal, debía estar soñando.

- ¿Qué? - finalmente resopla sus labios.

-¡Hey mocosa!- un grito frío suena a distancia, congelando a Rey, su rostro se vuelve pálido, era Plutt - ¡Deja en paz a mis clientes y regresa a tus deberes!- le grita desde su puesto, sin decir ni una palabra la castaña se gira dándole la espalda a Luke. Corre desmesuradamente a su mesa de trabajo, su cuerpo empezaba a temblar, Plutt odiaba que se distrajera en sus horas laborales, estaba segura que al rato le daría una buena paliza o peor aún una miserable porción. Luke se levanta con un movimiento ágil, se gira a un costado mirando agitado a su sobrino.

-Quédate aquí con ella- le ordena, Ben asiente con su cabeza un poco inconforme mientras ve a su tío alejarse al puesto de Plutt.

-Le pido una disculpa si lo ha molestado- comenta Plutt con hipocresía en sus palabras al jedi, mientras le extiende la pieza que había pedido.

-Fue un placer haber hecho negocios contigo- toma la pieza y la guarda en su morral, pero aquello no terminaba allí, ahora debía buscar la manera de liberar a Rey del yugo de ese desagradable sujeto.

-Y dígame ¿esa niña es suya? -

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Rey podía sentir su presencia justo a su costado, poniéndola un poco inquieta, sin poder evitarlo lo observa curiosa de reojo sin que él lo notara. Se encontraba recargado sobre una esquina de la carpa cruzado de brazos, con sus ojos castaños mirando perdidamente al horizonte, su mirada era profunda y misteriosa y su piel blanca resaltaba de su rostro unos pequeños lunares. De pronto nota como esos ojos se giran hacia ella sintiéndose apenada, pensaba que le diría algo, pero sus palabras nunca llegarían.

Él podía sentirla, aún sin verla sabía perfectamente que no le quitaba la vista de encima, causándole un poco de incomodidad, jamás había tratado con niños pequeños, toda su vida creció solo, así que convivir con una niña como ella podría ser una pequeña molestia. Se sentía fuera de lugar, sin saber que hacer o que decir, hubiera preferido enfrentar a ese maldito de Plutt que quedarse de niñero. Entonces, la mira, conectando por unos instantes con aquellos traviesos ojos, observa sus sucias mejillas teñirse de rosado dirigiendo su atención a otro lado, fingiendo no haberlo visto.

El silencio se volvía incomodo entre ambos, cuando de repente un gruñido resuena en el sitio sonrojando aún mas a la pequeña de la vergüenza, el hambre ya empezaba hacerle efecto, esa mañana no había comido absolutamente nada. Ben la mira mientras ella lleva su mano a su estómago presionándolo con fuerza, cuando una vez mas aquel gruñido vuelve a surgir. El muchacho no puede ignorar su situación, naciendo en él un pequeño sentimiento de empatía.

Abre con cuidado una bolsa de cuero que cargaba con él de provisiones, ya no era mucho lo que poseía, quedando solo una cantimplora con agua y un pedazo de pan envuelto en una bolsa de papel, saca este último dirigiéndose a la castaña.

-Toma- se sobresalta al escuchar al fin su voz, era bastante grave y profunda, aún no se giraba hacia a él cuando siente el suave olor de la levadura, provocando que sus tripitas gruñan una vez mas. Al dirigirse al él, observa que su mano le extendía una bolsa con un esponjo pan en su interior, con un poco de pena se acerca y sin decir nada lo toma con ambas manitas, generando un pequeño roce entre ambos.

"¡Auch!", "Suélteme por favor, me lastimas" La escucha gritar aterrada.

"No lo volveré a hacer" Su llanto resuena como eco a su alrededor, ella suplica por ayuda, un sentimiento de angustia invade todos sus sentidos, podía sentir su dolor.

"¡No te atrevas a reprocharme!", "¡Aprenderás a respetarme maldita carroñera!" - Esa voz áspera, ya la había escuchado antes, era de ….

"¡Nooo!"

Las voces desaparecen de su cabeza cuando la castaña suelta su agarre. Su respiración se vuelve agitada, Ben estaba perplejo ante lo ocurrido, mientras la pequeña parecía no notarlo.

-Gracias – le susurra quedito Rey, disponiéndose a sacar el pan de la bolsa para darle un gran mordisco. Cierra sus ojitos mientras mastica lentamente aquel pedazo, no recuerda cuando fue la última vez que comió un pan tan delicioso como ese.

Ben no dejaba de verla mientras ella ignoraba la situación disfrutando de su pan, no podía creer lo ocurrido, con tan solo un roce de sus manos pudo entrar en sus recuerdos, ya antes había hecho aquello, ver a través de las mentes de sus compañeros mediante la fuerza , pero jamás a ese grado, algo había diferente en esa pequeña, un tipo de vínculo que no lograba explicar. Su mente se empezaba a llenar de cólera al tan solo recordar lo vivido, esa voz, esas palabras, al verla ella frágil, maltratada y hambrienta. Frunce sus puños dirigiendo su fulminante mirada hacia él, ahora ya tenía un verdadero motivo para hacerle daño.

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-Ya se lo dije, la niña es de mi propiedad y de importancia para mi, si quiere llevársela tendrá que darme algo valioso suyo, que le parece ¿aquel sable que porta con usted?, es un intercambio justo ¿no le parece? –

Luke se empezaba a desesperar un poco con aquel sujeto, era bastante terco no cediendo ante su petición, no le quedaba mas que aplicar su último haz bajo la manga. Con cautela y sin quitarle sus ojos de encima se quita su sable de su cinto colocándolo sobre el mostrador.

-Vaya, vaya, usted si que sabe como cerrar un buen negocio- se burla Plutt ante su sorpresiva acción, la cual no esperaba que accediera. Toma entre sus manos el sable admirándose por aquella pieza única.

-Sorprendente, jamás en todos mis años había visto algo como esto, es…-

-Me regresarás mi sable y dejarás que Rey se marche conmigo- Luke lo interrumpe de manera firme, Plutt lo mira incrédulo, dejando salir una enorme carcajada.

-Te has vuelto loco ¿qué te hace pensar que haré eso? -

-Me regresarás mi sable y dejarás que Rey se marche conmigo- le repite sin inmutarse ni por un segundo Luke, el comerciante ya se empezaba a enfadar por su actitud.

- ¿Te estás burlando de mi asqueroso jedi?, ¿qué acaso no sabes quien soy y de lo que soy capaz de hacerte? –

-Me regresarás mi sable y dejarás que Rey se marche conmigo- lo mira con mayor firmeza enfocando toda su fuerza en sus palabras, aquello al fin surte efecto, sus ojos en ira se vuelven en trance, dibujando una sonrisa de satisfacción en Luke.

-Te devolveré tu sable y dejaré que Rey se marche conti…- la voz del comerciante se corta de repente, lleva ambas manos a su cuello dejando caer el sable al suelo, luchaba contra eso que no veía, liberando leves gruñidos ahogados, se estaba asfixiando. Los ojos de Luke se abren como platos al contemplar lo sucedido, siente su ira en la fuerza, sabía que era él. Se gira bruscamente a su costado y ve a su sobrino con su mano alzada hacia su dirección, frunce su ceño molesto ante las acciones de su aprendiz.

"¡Ben, detente!" le ordena desesperadamente mediante su vínculo en la fuerza, pero el pelinegro no cedía aplicando mayor presión a su cuello, la obscuridad fluía en él, empezando a temer lo peor Luke.

"¡Qué te detengas ya!" le vuelve a llamar, pero él no hacia mas que ignorar su orden.

"Ese maldito la golpeaba, la lastimó, ¡se lo merece!" resopla con sus ojos llenos de ira, el rostro de Plutt ya empezaba a ponerse morado, si no hacia algo pronto, iba a matarlo.

"No dejes que la obscuridad nuble tu juicio Ben, no me obligues a intervenir" estaba a punto de hacerlo cuando su sobrino cedió bajando su brazo, suelta su agarre, dejando caer Plutt con fuerza contra el suelo, la obscuridad en él se fue desvaneciendo, aunque no mostraba ni una pizca de remordimiento sobre su acción.

"Descuida" llama a su alterado maestro, que seguía atónito con lo sucedido.

"Solamente se encuentra inconsciente" el muchacho podía sentirlo en la fuerza que ese maldito aún respiraba, pero con eso le bastaba, el solo quería darle un buen escarmiento por el daño hecho a la niña.

Aquellas palabras en vez de darle tranquilidad lo alteraron, Luke estaba furioso, todo aquello no debió pasar. Pudo notar como los lugareños los miraban con asombro y otros con temor, debía salir de allí lo antes posible. Mediante la fuerza atrae su sable que se encontraba a un costado del inconsciente Plutt, abalanzándose con pasos agigantados rumbo a su sobrino.

-Hablaremos de esto cuando lleguemos, no se va quedar así Ben- le reprocha con voz baja para evitar que Rey lo escuchara, pero ella ignoraba la situación aún disfrutando de su pan. Luke respira hondo para tranquilizarse y olvidar lo ocurrido, ahora su deber era conservar la calma y sacar a la pequeña Rey de ese sitio.

-Rey - Otra vez esa dulce voz masculina la llamaba, se gira y lo ve de nuevo a él junto al joven pelinegro, se pone un poco nerviosa mirando rumbo al puesto de Plutt, notando que algo extraño había pasado, pues no lo veía por ninguna parte. Ben siente la quietud de la pequeña.

"Tranquila, él ya no te hará daño"

Rey se sobresalta al escuchar esa voz en su cabeza, antes de cuestionarse su origen nota como el jedi mas grande le extiende su mano.

- Pequeña, ven con nosotros, yo te cuidaré y te transmitiré todos mis conocimientos, te entrenaré como una jedi- le sonríe dulcemente, Rey se emociona ante sus palabras, ella sería una jedi, por fin saldría de ese infierno, quería tomar su mano, pero algo en el fondo de su ser la detenía, entonces pensó en sus padres, dando un paso hacia atrás.

-Se quien eres- La cálida voz de la anciana suena a espaldas de la castaña, dirigiéndose a Luke, todo ese tiempo Mara observaba en silencio lo ocurrido.

-Tú eres Luke Skywalker- el jedi asiente con su cabeza ante la afirmación de la chatarrera.

-Conozco tu historia y por eso se que cuidarás bien de mi niña, por favor llévatela lejos – la anciana mira con ojos de súplica al jedi, su pequeña no tenía ningún futuro allí, sabía quien era él y conocía su leyenda, por ende era el indicado para cuidarla, pero Rey que la escucha con atención no estaba de todo de acuerdo.

-Mara, yo no puedo irme y si ellos…- la niña reprocha, pero una vez mas el dedo de su amiga se posa en sus labios, callando sus palabras.

-Mi niña hermosa, no puedes seguir viviendo de tu pasado, ya no te aferres- Rey baja el rostro pero Mara con su mano levanta su mentón haciéndola que la mire a sus ojos.

-Debes irte de aquí, vete lejos de este lugar y se feliz, ya no quiero verte sufrir, eres fuerte, saldrás adelante-

-¿Pero y tú?- replica Rey, no quería abandonarla, después de tanto tiempo era la única amiga que tenía.

-Tranquila yo estaré bien, estoy segura de que nos volveremos a ver- la mira con dulzura depositando un beso en su frente.

-Gracias por todo- la castaña se abalanza sobre sus brazos dándole un fuerte abrazo.

La niña suelta su agarre regalándole una sonrisa amarga de despedida, al darse vuelta Luke le vuelve a extender su mano, decidida Rey la toma, sintiendo calidez en su unión.

-Por favor cuida de ella-

-Es una promesa-

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El camino hacia la nave era bastante largo, nunca antes había visto el basto desierto que era Jakku, en el trancurso del año que permaneció como esclava de Plutt, rara vez salía del asentamiento y de sus cercanías, a menos que se le obligara a conseguir piezas pero por su edad ocasionalmente acompañaba a Mara a alguna de sus expediciones. Miraba con asombro su alrededor, aunque solo era chatarra y arena era agradable pisar mas allá de los puestos chatarreros. Con el paso de los minutos Rey ya empezaba sentirse cansada, el poco alimento y el cansancio de sus trabajos forzados ya cobraban factura en su cuerpo, provocando que sus pasos se volvieran lentos quedándose poquito atrás.

-Sube- la llama aquel joven pelinegro, se encontraba agachado frente a ella, indicándole con su mirada que se subiera a su espalda. Al verlo Rey se siente apenada, pero no podía rechazar su oferta, estaba demasiado cansada para continuar caminando y no sabía cuanto más faltaba para llegar a la nave. Con bastante cuidado se trepa colocando sus brazos alrededor de su cuello, lentamente Ben se incorpora sujetando sus piernas sobre su cintura.

"Gracias" susurra quedito a su oído, pero el joven padawan no le responde continuando con su andar. El tiempo pasa dejando escapar un bostezo de sus labios, sin poder soportarlo más, Rey recuesta su cabeza en su hombro sintiendo en su rostro los suaves mechones negros del muchacho, perdiéndose en ellos, sus ojos de poco en poco cedieron al cansancio, hasta cerrarse por completo.

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"Rey despierta" alguien le llama, puede escucharlo a la lejanía, pero no deseaba seguirlo, estaba tan tranquila, que no recordaba cuando fue la última vez que experimentaba tanta paz.

" Rey, tienes que despertar" la voz vuelve a insistir, dejándose esta vez guiar por ella.

Se sobresalta, abriendo sus ojos de golpe, norteada mira a su alrededor sin entender lo que sucedía, al incorporarse cae en cuenta que estaba dentro de una nave. No había sentido el pasar del tiempo, ni supo como llegó hasta allí, lo último que recuerda es que se quedó dormida en el desierto de Jakku en el hombro del jedi pelinegro, haciéndola sonrojar ante su recuerdo.

-Vaya Rey, si que tienes el sueño pesado- la pequeña se gira para encontrarse con esa voz, era de Luke, quien estaba en la entrada sonriéndole.

-Sígueme pequeña, hemos llegado- el jedi se acerca a ella y la toma de la mano, guiándola hasta la salida, abriendo frente suyo la compuerta.

Al acoplar sus ojos a los rayos del sol, Rey no podía dar crédito a lo que estaba frente suyo, aquel era un paisaje hermoso, cubierto de pastizales verdes, con una gran edificación al centro y rodeada de pequeñas cabañas de piedra. Jamás había visto un lugar así en toda su vida, la arena era lo único que conocía, aquello definitivamente debía ser el paraíso. Luke mira hacia la pequeña, sintiendo una gran dicha por haberla traído consigo, estaba seguro de que se convertiría en una buena aprendiz.

-Bienvenida Rey a tu nuevo hogar-


Bueno hasta aquí mi primer capítulo, espero sea de su agrado, para ser sincera hace años dejé de escribir así que me he decidido volver y escribir una historia reylo, ya hace días traía esta idea en mi cabeza y no dude en plasmarla, estaré feliz de leer sus comentarios, ustedes son los que me inspiran, feliz san valentín ,nos vemos hasta la próxima.