Aquí tenéis el del domingo pasado, siento el retraso pero la web no deja actualizar desde el sábado veremos cuándo puedo colocar el siguiente.

Vuelvo a decir que Bella tiene 26 años y Edward es vampiro desde esa misma edad. Parece que ella está empezando a notar cosas raras en ese cirujano...

Muchas gracias por vuestros comentarios, y también a Maria José y P, como siempre.


Capítulo 8

BPOV

No sé cómo pude atinar a introducir la llave en la cerradura. Me temblaban las manos, al igual que el resto del cuerpo. Entré en casa como una exhalación sin mirar a Angela y subí corriendo hasta mi dormitorio, tumbándome en la cama en la oscuridad. Estaba muy alterada y aún no había racionalizado el porqué. Hice un esfuerzo intentando controlar el temblor que me recorría así como mi ritmo respiratorio. Pasó un largo rato hasta que pude conseguir que mi cuerpo comenzara a obedecer. No sabía cuánto tiempo más habría pasado cuando escuché unos golpecitos y la puerta se entreabrió.

-¿Puedo? ¿O prefieres estar sola?- se oyó tras la puerta. Lo pensé unos segundos.

-Puedes. Pero no abras la luz.

La escuché entrar y noté cómo mi cama se hundía a la altura de los pies. Miré a Angela en la penumbra. Llevaba un tazón entre sus manos.

-Valeriana, tila, melisa, y un buen chorro de whisky. Bueno, esto último es broma- dijo, tendiéndome el tazón.

-Pues no me vendría mal. A lo mejor luego me tomo un trago. O mejor, media botella - me senté, sorbí un poco del cálido líquido y suspiré - Por favor, no bromees sobre lo que has visto.

-¿Eres tonta? No, no es una pregunta. Eres tonta. Sólo he visto una pareja de enamorados demostrándose lo que sienten, Bella. Creo que sé cuándo puedo bromear con las cosas y cuándo no - me frotó el brazo con cariño y suspiré.

¿Enamorados?

-No me esperaba… reaccionar así. Me he dejado llevar.

-A veces está bien dejarse llevar, Bella.

Permanecimos en silencio unos instantes, mientras me terminaba la cálida bebida. Intentaba poner orden en mi cabeza y mi corazón, pero en ambos había una fuerza de la naturaleza que había entrado a sacarlo de su perfecto equilibrio, y tenía nombre propio. Dejé el tazón en la mesita y me levanté.

-Vamos al comedor. Necesito algo más fuerte.

-¿Un poco de helado, quizás? Eso es lo que hacen en las películas cuando hay problemas sentimentales- comentó Ang siguiéndome-. Aunque no tenemos, pero te puedo traer nieve de fuera - bromeó intentando animarme.

-¿Helado? Tú no estás bien de la azotea. Vamos a por ese whisky, necesito algo fuerte de verdad.

Estábamos sentadas en el sofá con un vaso de escocés cada una, sin hielo. Angela me había obligado a cenar un bocadillo y no sirvieron para nada mis protestas. Decía que no podía beber con el estómago vacío, que me iba a dejar KO. Al final aunque no tenía apetito comí un poco, pues ella me amenazó de todas las maneras posibles hasta que se salió con la suya. Era peor que mi madre.

-Y bien… explícame.

Hice una respiración profunda y seguidamente le expliqué lo que había pasado en los últimos dos días entre Edward y yo, sin apenas pausa. Cuando terminé le di un sorbo a la bebida mientras ella me observaba, pensativa.

-Imagino que Edward ahora debe estar flipando…

-Seguro que sí. Puede que esté enfadado, puede que ya no quiera saber nada más de mi, que piense que estoy jugando con él, puede…- la interrumpí atropellándome con las palabras.

-Puede, puede…- me cortó ella a mí, rodando los ojos y negando con la cabeza- Bells, abre el corazón y piensa un poco, a Edward le gustas. Eres la primera chica que conozco con la que se comporta así. No se va a echar atrás por un malentendido. Te apuesto lo que quieras. Otra cosa es lo que desees hacer tú. Porque me has explicado lo que ha pasado, pero no lo que sientes.

-No… yo aún no sé bien lo que quiero- permanecimos en silencio durante unos minutos mientras intentaba poner en orden mis ideas y al fin proseguí - Angela, él puede hacer que yo no sea más yo… No sé decirlo mejor. Creo que puedo perder el control sobre mi misma. Y me inquieta, pero al mismo tiempo me atrae. De pronto en aquella cafetería pude sentir toda esa atracción y necesité salir de allí. - Suspiré por enésima vez- Antes pensaba que sólo era una cita con un amigo guapo que me gustaba, y que estaba empezando a enamorarme, pero esto… me es desconocido. Y me da miedo que alguien a quien apenas conozco tenga ese poder sobre mí, y más aún alguien que creo que me oculta algo- de repente sentí humedad en mi cara y me descubrí llorando. Me sentí aliviada.

-Creo que estás enamorada, Bells. Y no sé si Edward oculta algo, pero si él te importa quizá vale la pena intentar averiguarlo.

-No puedo creer que esté sintiendo esto, Angela– limpié las lágrimas con un pañuelo que me tendió.- Y ya no puedo evitarlo.

-¿Evitarlo? ¿Y cuál es el problema? Bella, ese hombre no ha descansado en toda la noche mientras te ayudaba en un trabajo que no tenía por qué hacer. Vale, eso podría ser por pura profesionalidad, compañerismo, yo qué sé, pero… chica, ¿te das cuenta de que ha pensado en poner unas cadenas en las ruedas de tu coche para que tú no tuvieras que preocuparte por ello?

-Claro que me doy cuenta. Angela. Ya te lo he dicho, nunca me había sentido tan absorbida por alguien, y me da miedo... Como si fuera a hacer "puenting" o algo así. Y tengo otros planes para mi vida - tomé otro sorbo. El alcohol estaba empezando a hacer su efecto, embotando mi mente por momentos. Ang suspiró.

-Bella… lo que necesitas ahora es dormir. Estás demasiado agotada como para pensar en nada. No te voy a decir lo deberías hacer. Eso lo sabes tú muy bien, sólo tienes que darte cuenta - comentó serena, mientras me tomaba la mano.

Eso me hizo recordar el tacto de Edward. Su suave piel no era cálida, pero su tacto lo compensaba, era capaz de hacer arder cualquier parte de mi cuerpo que rozara. Volví a recordar sus besos y el calor invadió mis mejillas cuando rememoré el contacto de nuestros sexos a través de la ropa. Si Ángela no llega a vernos en ese momento…

-Vale, no sé en qué estás pensando ahora pero déjalo ya- la voz de Angela me despertó del trance y me encontré acariciando su mano. La aparté como si me hubiera dado un calambre.

-Lo siento- contesté sofocada, observando como mi amiga aguantaba la risa a duras penas- Vale, vale, tú ríete, envidiosa- continué, sacándole la lengua.

-Sí, eso es totalmente cierto. Me muero de envidia, mmmm, seguro que Edward besa muy bien. ¡Chica, qué ganas de ver a Jake me han entrado desde hace un rato!- ahora sí se carcajeó a gusto.

-Puedo asegurarte que besa mejor que muy bien-me sonrojé, aún me parecía sentir el sabor de su boca en la mía.

-Pues espera a probar el resto, creo que tus dudas se disiparán rápidamente- replicó arqueando las cejas, con expresión pícara, tras lo cual salió corriendo rápido esquivando el cojín que le lancé.

Aunque Angela había conseguido animarme un poco me costó dormirme. Y cuando lo conseguí fue un sueño inquieto el que me acogió, mezclado con periodos de desvelo durante los cuales mi mente iba de un lado al otro sin tomar una decisión. Porque mi corazón ya había decidido.

...

-Menudas ojeras te gastas hoy, chica - comentó Jessica.

-No he dormido bien- contesté lacónicamente. No tenía ganas de conversación.

Había necesitado dosis extra de café para poder coger el coche con cierta seguridad y dirigirme al trabajo. Angela doblaba turno de nuevo y tenía que llevar su propio coche. En la sesión de la mañana, donde se comentaban los casos de los niños que habían ingresado en la guardia y la evolución de los que estaban hospitalizados, bostecé tantas veces que, aunque me tapaba para disimular, Emily me miró con algo de preocupación.

Esa semana me tocaba pasar visita a los niños ingresados. Hoy pasaba junto a Jessica, que llevaba el "busca" del paritorio. Nuestra relación seguía siendo un poco tirante, pero nos tolerábamos la una a la otra con bastante cortesía.

Uno de los recién ingresados era un niño de cuatro años llamado Daniel. Su madre había explicado en Urgencias que había observado que a veces el niño orinaba de color rojo, como con sangre, desde hacía un par de días. Esto se confirmó en los análisis de urgencias. Al tomarle la tensión arterial esta resultó estar elevada, por lo que Ben lo había ingresado al sospechar que se trataba de una inflamación del riñón llamada glomerulonefritis. Tras el saludo inicial Jessica se dedicó a hablar con la madre, tomando la historia clínica del pequeño, mientras yo le hacía una exploración física completa. Daniel era un niño de cabellos y ojos oscuros, simpático y abierto. Cuando terminé de explorarle ya nos habíamos hecho amigos. No hallé nada anormal.

-La analítica completa está normal. ¿No es extraño que la creatinina renal sea normal si es una glomerulonefritis? Puede que la causa de la hematuria sea otra - comentó Jessica ya en el despacho médico.

-Sí, no es algo muy habitual-repuse.- A ver qué información nos dan la ecografía renal y la recogida de orina de 24 horas. De momento las tensiones siguen algo altas… aunque el niño tiene un aspecto estupendo. Lo más importante es descartar un tumor con la eco - comenté observando la gráfica y ocultando por enésima vez un bostezo.

Terminamos de escribir las órdenes médicas de todos los niños ingresados y continuamos con la sala de neonatología. Allá hoy había poco trabajo, pero después del toque de atención que le di a Jessica el primer día no volvió a escaquearse más del trabajo cuando estaba conmigo.

Acabamos pronto la tarea y fuimos al despacho médico para repasar bien todos los tipos de glomerulonefritis, ya que nuestro caso no parecía de los típicos.

-Qué majo fue Edward el otro día, ¿eh? Me refiero a lo de ayudarte con el neonato aquel- comentó Jess como de pasada mientras buscábamos información médica actualizada en el ordenador del despacho. Ben estaba en el otro ordenador redactando informes de alta.

Me pilló desprevenida. No habíamos vuelto a hablar de él desde el primer día. Mi cambio de coloración fue evidente, pero por suerte ella estaba con la vista fija en la pantalla.

-Sí, sí lo fue- contesté secamente, evitando que me temblara la voz. Pero sólo conseguí que se girara para observarme la expresión. Seguí con la vista fija en los últimos artículos de la revista Pediatric nephrology.

-No suele ser tan amable, más bien al contrario- insistió.

Bruja.

-No es eso lo que tengo entendido, sé que es arisco, pero es buen compañero y profesional- le defendí sin poder disimular. Tecleé para descargar un artículo que prometía.

-Vale, lo que tú digas- repuso Jessica sin dejar de observarme.

-Estoy con Bella, Edward no es un tío muy sociable y es rarito, pero siempre ha sido buen colega- intervino Ben mientras tecleaba en el otro ordenador.

Gracias, Ben. No sólo por defender a Edward sino también por desviar la atención de la bruja.

-Sí, raro sí lo es. Y poco sociable- repuso Jess mosqueada por no tener apoyo. En aquel momento sonó el teléfono y contesté yo.

-Pediatría.

-Hola, soy el doctor James Watson, quisiera hablar con la doctora Swan.

-Soy yo, James.

-Hola, Bella, me alegro de oírte. Quería darte buenas noticias, que espero te interesarán. El bebé que nos trasladasteis ayer está ya tomando lactancia materna y si sigue tan bien mañana lo pasaremos con su madre. No parece tener secuelas por falta de oxígeno. Ella también está bien, aunque un poco débil.

-Me das una alegría muy grande, James. En serio. Gracias por preocuparte y llamar.

-No me des las gracias. Vuelvo a decirte que lamento lo que pasó. Y recordarte que te estamos esperando con los brazos abiertos dentro de pocas semanas. Eres una buena profesional.

-Eres muy amable, James. Pero tuve una buena ayuda- repuse, odiando a Jess por seguir observándome en vez de dedicarse a trabajar.

-Bien. Además modesta. Volveré a llamaros cuando haya novedades. Saludos a Emily.

Hice una respiración profunda al colgar. Recordé por un momento la airada reacción de mi padre cuando se había enterado del error que habían cometido en el Hospital Infantil. Charlie estuvo a punto de llamar a James para decirle cuatro palabras sobre la incompetencia de su secretaria y presionarle sobre su decisión de posponer hasta abril mi estancia en aquel centro. Fuimos mi madre y yo las que lo convencimos de que no sería una buena idea ni daría buena imagen de mí el que a mi edad mi padre interviniera en mis asuntos personales. Aunque ahora no me apetecía tanto ir al que tendría que haber sido mi destino original. Seguí repasando la bibliografía al lado de Jessica, o más bien haciendo como que leía. Ella también eligió unos cuantos artículos, los importó y le dio a "imprimir". Ya teníamos trabajo para casa.

Más tarde fuimos a Radiología para ver la ecografía que le habían practicado a nuestro paciente. Jess se había empeñado en ser mi sombra aquel día, y me acompañó. Yo deseaba con toda mi alma que hubiera un parto de trillizos para librarme de ella.

Entramos en la sala de radiólogos, y nos dirigimos a hablar con la ecografista. Justo en aquel momento estaba redactando el informe. Jessica y ella se pusieron a comentar los resultados. El no haber dormido apenas en dos días me estaba pasando factura y mi mente empezó a divagar. Recordaba aquellas horas trabajando con Edward mano a mano, el beso en el helipuerto, su sonrisa en la cafetería de Port Angeles, el tacto de su mano, la mirada ardiente, el fuego de mi interior bajo su tacto, sus caricias y besos…

-¡Bella!- exclamó la nasal voz de Jessica, retornándome a la realidad. La miré como si fuera una aparición.

-¿Qué pasa?- contesté mal, mosqueada por la brusca interrupción.

-Que te he repetido tres veces si venías y no ha habido respuesta, eso es lo que pasa. ¿Te has enterado de algo de lo que hemos hablado?- espetó alzando las cejas.

-No. Ya te dije que no había dormido bien. Vamos- salí por la puerta del despacho sin esperarla.

-Pues entonces te podías ir a casa- rezongó siguiéndome.

Estuve a punto de mandarla a un sitio menos fino que freír espárragos pero me mordí la lengua y apreté los labios.

...

-Te cambio unas patatas revenidas por un poco de arroz pasado- pidió Mónica.

El comedor de personal estaba lleno, y para mí eso era un misterio tan insondable como los dibujos en el desierto de Nasca. Me habría comido un bocadillo como hacía casi cada día pero, dado que ahora me atraía el "puenting", podía atreverme con el menú del hospital.

-No sé si el cambio es justo. Déjame probar una patata –respondí.

-¿Justo? Si el mundo fuera justo no tendríamos que soportar esta comida- añadió Anne, con cara de estar bebiendo vinagre.

-Chicas, os quejáis de todo. Es comida- repuso Julia, la enfermera supervisora de pediatría, metiéndose un trozo de hamburguesa medio carbonizada en la boca.

-Ahora sólo hace falta que nos hables de la escasez de alimentos en la posguerra -comentó Angela, que hoy comía con nosotras. Inmediatamente recibió una mirada asesina de Julia.

-Oye, muchacha, ya está bien de cachondeo, tengo 50 años, no 60 ni 70. No he vivido la posguerra. Pero es que la juventud os quejáis de todo. Si total apenas coméis, estáis todas de un delgado insano.

Todas sonreímos. Nos encantaba hacer enfadar a Julia, porque sabíamos que no se lo tomaba a mal y pasábamos un buen rato.

-Esta tarde tengo cinco histeroscopias, tendré que alimentarme bien -comentó Anne, ladeando la cabeza y levantando las hojas de lechuga de su ensalada una por una.

-¿Se puede saber qué buscas? No hay gnomos por ahí abajo- la regañó Julia.

-Gnomos no habrá, pero una vez encontré en la ensalada un gusano del mismo tamaño que el cerebro de Mike Newton –repuso Anne, muy seria. Me tapé la boca para que no se escuchara mi carcajada.

-¿Desde cuando dejan traer microscopio al comedor? -añadió Mónica, sin tantos reparos.

-Oye, que estoy aquí, ¿no me habéis visto?- protestó un ofendido Mike justo detrás de Anne. Estaba sentado en otra mesa con Paul y Jared, que estaban partiéndose de risa sin disimular.

-Claro que sé que estás detrás-contestó Anne, tranquilamente, mirando hacia él -¿Prefieres que diga estas cosas sin estar tú presente? Tengo muchos defectos, pero no soy hipócrita… venga, no te enfades, sabes que es broma - contestó Anne. Era cierto, Anne tenía la lengua afilada y Mike era uno de sus objetivos favoritos, cosa que este aceptaba con más o menos resignación- Además, no es correcto escuchar conversaciones ajenas, si tan aburridos estáis podéis sentaros con nosotras- y al decir esto miró directamente a Paul.

No se hicieron de rogar. Se acercaron con las bandejas de comida y se sentaron a nuestro lado. Estuvimos charlando animadamente hasta que fue hora de volver al trabajo. El resto de la jornada pasó sin pena ni gloria, y yo no sabía nada de Edward. Pensaba que me lo encontraría por el hospital pero no fue así. ¿Por qué no había tenido el valor de ir yo a buscarlo? Al fin y al cabo ¿con qué idea se habría quedado él anoche? Le correspondí para luego rechazarlo sin explicación ninguna. Era una maldita tonta.

Llegué a mi solitaria casa en un estado mezcla de agotamiento físico y emocional. Me tumbé en la cama, dándole vueltas a todo en la cabeza, hasta que me decidí a llamar a Edward. No podía dejar las cosas así.

Lo intenté varias veces, pero no cogió la llamada. Suspiré. Eso no me daba buena espina. ¿Estaría enfadado? No creía que fuera eso, sería algo infantil, o rencoroso, y él no cuadraba con ninguna de esas definiciones. Quizás estaba en algún otro sitio y se había dejado el móvil.

Cuando llegó Angela y me preguntó sobre el tema le dije que no tenía ganas de hablar. Cenamos en silencio, mirando la TV. Ella de vez en cuando me dirigía miradas de preocupación, a lo que yo forzaba una sonrisa para tranquilizarla… pero sabía que no lo lograba. Me marché a la cama en cuanto terminé, pues mi cuerpo ya no daba para más.

Pasé otra mala noche, despertándome con frecuencia, hasta el punto que no sabía cuándo pensaba o cuándo soñaba. Al día siguiente, jueves, estaba aún más ojerosa si cabía. Esta vez mi jefa no ocultó su preocupación.

-Bella, desde la guardia del lunes parece que no levantas cabeza. ¿Duermes bien?

-Sí, Emily, tranquila- repuse sin desviar la vista de la gráfica de Daniel. Forcé un cambio de tema:- ¿Te has fijado?- señalé la gráfica- me refiero a las oscilaciones de tensión arterial que tiene Daniel. A veces está normal y otras alta. ¿Si fuera una glomerulonefritis no debería estar siempre alta?

-Sí, es un caso poco frecuente. Y la analítica ha salido completamente normal, salvo lo que ya sabíamos, que hay pequeñas cantidades de sangre en la orina - comentó observando atentamente las líneas. Objetivo conseguido.

-¿Cómo eran los glóbulos rojos?

-Estaban sin fragmentar, no es típico. Habrá que pensar en otras posibilidades diagnósticas. - Yo asentí, pensativa.

No había conseguido engañar a Emily y me mandó a hacer burocracia en vez de tomar la historia clínica de los niños ingresados. Odiaba el trabajo burocrático, pero era una labor que por fuerza ocupaba gran parte de mi labor profesional. Lo peor ahora era que estar sentada frente a la pantalla no me ayudaba nada. Mientras tecleaba mi cabeza se escapaba una y otra vez, unas veces recordando la cita con Edward, otras ideando teorías que explicaran por qué aún no sabía nada de él, por qué no había respondido a mi llamada, y las demás insultándome a mi misma por darle tanta importancia a cosas que no la debían tener.

-Bella, ¿puedo interrumpirte un momento?- sonó una voz masculina a mi espalda.

Era Paul. Me giré y asentí con la cabeza, extrañada de ver a un anestesista perdido por la sala de pediatría. No lo había oído entrar, concentrada como estaba en mis cavilaciones y mis informes. Se acercó y tomó una silla, colocándose a mi lado.

-Tú dirás.

-Hemos quedado unos cuantos para salir el viernes por la noche. Algo tranquilo, sin movernos de Forks. Hay un pub que no está mal. ¿Te apetece venir?

-No lo sé. Hace días que no descanso mucho- dije, poniendo cara de circunstancias.

-No hace falta que lo jures, se te nota. Oye, anímate, también vendrá Angela, se lo acabo de preguntar. Jake viene este fin de semana y se apunta. Y Anne, Jessica, Monica, Jared… Mike no, aún está flojo por la gripe y tiene guardia el sábado.

Eso debería haberme acabado de convencer. Pero seguía sin ánimos. Decidí confiarme a Paul.

-¿Y Edward?- musité, intentando parecer indiferente. Su expresión se volvió cautelosa.

-Edward no viene. Bella…-hizo una breve pausa y tomó aire- hace tiempo pidió una estancia de cirugía torácica en el Hospital Northwest de Seattle y se la concedieron hace dos semanas. Tiene muchas cosas que preparar antes de irse.

Intenté aguantar las ganas de llorar que me habían entrado de repente, pero no pude evitar que mis ojos brillaran más de lo normal. Aparté bruscamente la mirada hacia la pantalla del ordenador.

-Gracias, no lo sabía. Ya te diré - me sentía incapaz de decir nada más con sentido.

Paul se quedó unos breves instantes a mi lado, seguramente sopesando qué hacer o decir. Luego se levantó y se marchó.

-Te esperamos mañana, Bella.


La próxima el lunes o martes, si Fanfiction lo permite. Espero vuestros comentarios...