Uff, qué subidón tengo hoy con ciertas imágenes de Amanecer que se han filtrado nada inocentemente. Tanto subidón que cuelgo el capítulo antes del fin de semana. Estos dos aún tienen ciertas cosas que aclarar antes de.. eso. Pero no queda mucho.
Aviso: cuando Edward y Bella (los de esta historia) se relajen un poco y se dejen de tantas tonterías, no colgaré capi más de dos veces por semana.
Gracias a las lectoras por vuestros comentarios, sin los que no tendría sentido ir colgando capítulos, y bienvenidas las nuevas. Gracias a P y Maria José.
Capítulo 11
BPOV
Ángela se marchó a pasar el sábado con Jake. Yo tenía trabajo que hacer y me negué a acompañarles a pesar de su insistencia. Aunque si no hubiera tenido tareas me las habría inventado, su relación estaba dando un paso adelante y no pensaba entorpecerla. Y a mí me vendría muy bien algo de tiempo para pensar.
Aparté la vista de la pantalla después de haber leído el mismo párrafo diez veces y no haberme enterado de nada. Definitivamente, el Pediatric Nephrology debía irse a tomar viento. Sólo tenía a Edward en la cabeza.
Fui a prepararme un café. Estaba en la cocina, e involuntariamente vívidas imágenes de lo sucedido por la mañana me llenaron la mente. Todo era extraño. Recordé sus palabras. Él dijo que se marcharía sólo si le pedía que lo hiciera. ¿Qué había pasado para que cambiara de idea? Me había lamido la sangre de la herida. No, definitivamente eso no era normal. Nos habíamos besado. Esto sí era más normal, y no era la primera vez que pasaba. Intenté pensar con lógica. Edward había probado mi sangre y no se marchaba porque entonces ya no creía ser peligroso para mí. ¿Por qué hizo aquello y por qué fue todo tan… erótico? Me sonrojé sólo de recordarlo. Lo peor era que él se había dado cuenta, lo vi en su expresión. Fue entonces cuando me arrastró a la encimera y me besó.
El café subió con un ruido borboteante. Me lo serví y me senté a la mesa de la cocina.
Pensaba. Me venían a la cabeza ideas locas, personajes como Hannibal Lecter. Sólo eran pensamientos absurdos, yo le creía cuando decía que no era un criminal, pero mi imaginación podía más.
Había más cosas extrañas en él, como lo veloz que parecía moverse a veces, pero eso podía ser una falsa percepción mía, me turbaba tanto su cercanía que mis sentidos parecían funcionar peor. La sangre. Eso era lo más raro de todo. Ahí debía estar la clave.
De pronto una idea se encendió en mi cerebro: nunca había visto comer a Edward, como mucho tomar un sorbo de café el día que salimos. ¿Sangre? ¿Un cirujano al que le gusta beber sangre? Solté una carcajada medio histérica. Me iba a volver loca. ¿Cómo podía pensar en esas cosas?
Seguí sorbiendo el café. Quizás Edward tenía alguna enfermedad del metabolismo que yo no conocía. Eso debía ser. Me dirigí al ordenador. Absurdamente miré a mi espalda antes de teclear en la web de la Librería Nacional de Medicina. Me sentía ridícula con lo que estaba haciendo, pero usar la lógica científica era la única forma que veía de plantearme la cuestión si no quería que peligrara mi salud mental. Crucé los términos "sangre" y "alimentación" en mi búsqueda. La mayoría de artículos que resultaron eran para veterinarios. Otros hablaban de picaduras de artrópodos, pero ninguno de gente que se alimentara de sangre. Por lo menos tampoco había ningún artículo de revista psiquiátrica sobre locos que bebían sangre de sus parejas, ya era un punto positivo. Y yo quería ser positiva.
Empezaba a estar muy turbada. Miré la hora… las cuatro de la tarde, quedaban un par de horas antes de que Angela volviera. No podía quedarme así hasta el lunes. Tenía que hablar con él. Tenía que preguntarle, no sabía cómo, pero encontraría la manera. Al fin y al cabo él me había dicho que me explicaría más cosas… que quizá no me iban a gustar. ¿No me gustaría si supiera que bebía sangre? No me resultaba una idea agradable, pero… de dónde sacaba esa sangre era lo importante. Dios, estaba hecha un lío.
Me detuve un instante antes de darle al botón de llamada ¿Confiaba en él? No era racional hacer lo que iba a hacer, pero ya había admitido que Edward se había bebido todo mi sentido común. Y contra toda lógica sí, confiaba en él.
-¿Bella? ¿Estás bien?-sonó precavido.
-No. Sí. No, quiero decir que estoy bien pero si no hablo contigo ahora voy a enloquecer. Si es que no me falta ya un tornillo.
-¿No quieres esperar hasta el lunes? Sería lo mejor.
-Creo que no. A menos que quieras que pase la noche en vela y mañana cometa un error médico del cual te haré responsable, por la falta de sueño- amenacé. Él rió. Cómo me gustaba escuchar ese sonido.
-Vale, pequeña manipuladora. ¿Y quién te dice a ti que después de hablar conmigo podrás dormir? – repuso. Tocada.
-No lo sé, pero te aseguro que en la situación actual no dormiré- insistí.
-Bien…- pareció dudar un instante- No quiero ese cargo sobre mi conciencia. ¿Te paso a buscar ahora?
-Te espero.
Me puse lo primero que encontré, unos pantalones muy viejos y un jersey grueso bastante feo, que guardaba solamente porque era cálido. De calzado, unas gruesas botas de montaña. No quería parecer demasiado interesada en arreglarme, sólo íbamos a hablar, no quería que lo que sentía por él me arrastrara como solía suceder últimamente. Intenté estar poco o nada "sexy". Pero me dejé el cabello suelto… claro, era por el frío.
Suspiré ante el espejo. ¿A quién quería engañar? Sabía que a él le gustaba más así.
Mis propósitos fueron absolutamente inútiles, tal como comprobé al abrir la puerta. Me observó de arriba abajo admirativo, como si llevara puesta carísima ropa de firma en vez de un jersey anti-ligue.
-Eres preciosa. Aunque te empeñaras más aún en no estar guapa jamás lo conseguirías – me dijo, burlón. Me sonrojé.
-No me he empeñado en nada, es mi ropa de más abrigo y te agradecería que lo respetaras - mentí a medias mientras me ponía el anorak que colgaba al lado de la puerta.
-Claro, claro- se rió, tendiéndome la mano- ¿damos un paseo por el bosque? O lo que quieras. A lo mejor prefieres que haya gente a nuestro alrededor- comentó como indiferente, pero atento a mis reacciones.
-¿Por… por qué iba a preferir eso?-farfullé, perdida en su mirada.
-Hum, no sé… ¿no te parezco un tanto extraño? ¿No tienes instinto de supervivencia, Bella Swan? ¿No te enseñó tu madre a no fiarte de los tíos raritos como yo?
-Eres raro hasta decir basta, Edward. Pero confío en ti, y no me preguntes por qué – respondí, cabreada por su alusión a mi falta de sentido común. Aunque, por otra parte, estaba de acuerdo con él.
Le tomé la mano y salimos, cruzando la carretera y adentrándonos en el bosque. La tierra estaba todavía cubierta de nieve en algunas zonas, en otras la hierba estaba húmeda. El olor mezcla de tierra y vegetación mojada se mezclaba con el aroma del hombre que caminaba a mi lado, deleitándome.
Me tuve que poner los guantes, porque tenía las manos heladas. Edward también, pero no parecía importarle. Caminábamos en silencio. Yo solía estar incómoda con ese tipo de situaciones a menos que tuviera mucha confianza con la otra persona. Pero con él podía limitarme a andar, respirar, disfrutar de su mano sujetando la mía, sin decir nada en absoluto. Era extraño.
Estuve cavilando cómo empezar con lo que quería decirle y que no pensara que estaba loca. Él aguardaba a que yo tomara la palabra.
-Edward… ¿por qué has hecho lo de antes?- fui directa, ya que no se me ocurría cómo hacerlo de otra forma.
-¿Besarte? Es obvio, ¿no? -lo miré enfadada. Me estaba tomando el pelo otra vez.
-Sabes a lo que me refiero- repuse, seria. Suspiró.
-De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ha sido el olor de tu sangre. Me ha trastornado- lo miré mientras caminábamos. Él miraba al frente. Pasó un largo rato hasta que prosiguió - Bella, yo no puedo alimentarme como tú… mi metabolismo sólo procesa la sangre- dijo.
Así que yo no andaba desencaminada.
-¿De dónde la sacas? ¿Del ... banco de sangre del hospital? - no podía admitir otra posibilidad.
-¿Qué! ¿Cómo puedes pensar que haría eso? ¡Robarles la sangre a los pacientes! ¡Con lo que escasea! -se le veía tan indignado porque yo hubiera sido capaz de pensar eso de él que no pude evitarlo y me dio un ataque de risa. Él me miró como si temiera por mi salud mental.
-Perdona. Es la conversación más absurda de toda mi vida- expliqué entrecortadamente. No podía parar de reír. Yo también empezaba a dudar de mi sano juicio, porque en el fondo no dejaba de encontrar un tanto divertida la situación.
-Tienes un sentido del humor un tanto peculiar, Swan - frunció el ceño.
-Lo siento. Ya está. Ya me calmo. Son sólo… nervios. Entonces, ¿de dónde sacas la sangre?
-Bella, te he hablado de sangre, pero en ningún momento he dicho que sea sangre humana. Cazo. Animales- concretó. De pronto sentí un tremendo alivio ante lo obvio, tan enorme que casi creía que me iba a estallar el pecho.
-Animales…- repetí, pensativa.- ¿Hueles la sangre? – de pronto paró y se puso frente a mí, alzándome el mentón.
-La huelo. Normalmente no tengo problema, ni siquiera en el trabajo. Pero el olor de la tuya… me hace perder el control- observé un leve atisbo de la expresión animal que había mostrado por la mañana.
-Lo normal al escuchar eso sería salir corriendo, pero no sé cómo tus palabras me producen el efecto contrario. Tengo un problema contigo - murmuré sin apenas voz. Esa mirada, su presencia, me atraían, me embrujaban.
-Sí, está claro que tienes un grave problema- se inclinó sobre mí, las manos sobre mi rostro. Sentía su aliento embriagador acariciándome, encendiéndome - Hueles demasiado bien. Y sabes aún mejor. Podría volverme adicto a ti- sus labios estaban demasiado cerca. Hice acopio de la poca voluntad que conservaba, puse las manos en su pecho y me separé de él una distancia prudencial.
-Edward. Hablemos.
-Perdona ¿tenías más preguntas?-sonrió.
-Ahora no recuerdo- él rió y me atrajo hacia sí, abrazándome.
-Yo sí tengo preguntas- murmuró cerca de mi oído- ¿Siempre reaccionas así cuando te lamen las heridas?- dijo con voz sensual. Me ruboricé hasta la raíz del cabello.
-No lo sé porque es la primera vez que me lo hacen. Dímelo tú -contraataqué- ¿Es normal que las chicas reaccionen así cuando haces eso?- me miró serio sin soltar su abrazo.
-No lo sé, también era mi primera vez. Ya te he dicho que nunca antes me había descontrolado.
-¿Nunca habías probado la sangre humana? - pregunté con un hilo de voz. Empezaba a inquietarme cada vez más el rumbo de la conversación.
-Sí, sí lo hice, hace muchísimo tiempo- suspiró y me observó atentamente la cara- Bella, ¿no te preguntas cómo se llama mi trastorno?- me separó de él sin soltarme completamente pero sentí frío, percibiendo el vacío entre los dos. Negué con la cabeza. Aún estaba procesando lo que acababa de decirme - ¿No lo quieres saber?- repetí el gesto. No quería saberlo. No ahora. Él tenía razón, bastaba de descubrimientos por hoy.- ¿Volvemos a tu casa?- Afirmé con la cabeza. No tenía nada que decir, mi mente estaba en blanco.
Volvimos para casa cogidos de la mano y en silencio. Yo continuaba incapaz de pensar. Sólo se repetían sus palabras en mi mente como un eco, como si mi cerebro estuviera vacío.
-¿Quieres que mañana te lleve al trabajo?-preguntó con inseguridad.
-¿Eh?- definitivamente mi mente ya estaba dañada, o no contestaba o me salían monosílabos.
-Bella, tienes el coche en el taller, supongo- abrí mucho los ojos. ¡Era cierto! Ni siquiera lo había pensado.
-Si no te importa madrugar un domingo…-paré cuando me miró como un padre que pilla a su hijo cometiendo una falta.
-¿Prefieres que te lleve Angela, o ir a pie? Bella, no te preocupes por mi sueño.
-De acuerdo… ¿mañana a las 7.30 aquí?- habíamos llegado a la puerta de casa. Él asintió. Nos quedamos mirando; sus ojos tenían un fondo de tristeza y duda.
-Hasta mañana, pues- me apretó la mano y se giró para marcharse.
-Edward - me acerqué a él, me puse de puntillas aferrada a su cuello y le besé los labios desplazándome por ellos con suavidad, lenta y tiernamente. Sonrió contra mi boca.
-Gracias por confiar en mí - apoyó su frente contra la mía durante unos instantes y se despidió.
Cuando llegó Angela yo continuaba siendo un manojo de nervios. Intentaba calmarme preparando una cena que no sabía si iba a poder probar, mientras ella me explicaba el día tan maravilloso que había pasado con Jake, y que se habían besado. Me alegré mucho por la noticia. ¡Por fin! Se la veía resplandeciente. Habían quedado para verse mañana.
-Bueno, ahora tú. Por cierto – me observó de arriba abajo- ese jersey y esos pantalones están diciendo "hay unas estupendas rebajas de moda en Port Angeles y mejores aún en Seattle".- Yo me miré la ropa y luego a ella.
-Pasa de mí. Es calentito. Y no tengo nada que contar- zanjé mientras vigilaba atentamente las hamburguesas de la plancha.
-Os habéis besado. Habéis hablado. Y no hay nada de contar. Vale - repuso burlona.
-No… Espera ¿cómo sabes que nos hemos besado?
-Bueno. A ti se te lee en la cara como un libro abierto. Edward disimula muy bien, pero de cintura para abajo… no - estalló en risas mientras mi rostro se encendía en llamas.
-¡ANGELA! Eres… -volví a voltear las hamburguesas-. Vale, esta mañana nos hemos besado, pero ahora no tengo ganas de hablar del tema, es… complicado- si se me ocurría soltarle a mi amiga lo que me había dicho Edward pensaría que era una broma de mal gusto o peor.
Decidimos cenar viendo una película. Fui repasando las que teníamos encajadas en el mueble del comedor. "El silencio de los corderos" o "Drácula de Bram Stoker" no eran buenas opciones. Mejor "Full Monty", al menos nos reiríamos un rato.
Me acosté pronto, pero tuve la precaución de tomarme un ansiolítico. No me gustaba hacerlo pero mañana trabajaba las 24 horas y sabía que de no tomarlo no dormiría. Cuando fui a poner el despertador en el móvil vi que había un mensaje de Edward. Con el corazón acelerado lo leí.
"Buenas noches, Bella. Espero que puedas descansar. Anhelo que llegue mañana para volver a verte, pero si tú no deseas verme más sólo dímelo y desapareceré de tu vida.
E."
Sin pensarlo un instante contesté. Mi ya escasa prudencia desaparecía por completo con este mensaje.
"Yo también deseo volver a verte, rarito Cullen. No me sacarás de tu vida tan fácil. Buenas noches.
B."
La respuesta no se hizo esperar.
"Tú ya estás en mi vida, temeraria Swan. Hasta que lo decidas. Buenas noches
E."
Sonreí con su respuesta y cerré la luz. Inmediatamente me dormí. Fue una noche sin sueños.
EPOV
Cuando acabé de hablar, Carlisle se levantó y se quedó mirando por la ventana, las manos en los bolsillos. Esme seguía sentada a mi lado frente a la chimenea, pensativa. Les había contado a ambos el incidente de la mañana con la sangre de Bella, así como nuestra pequeña conversación.
-Es una chica extraña. Por lo que dices no sólo no se asustó con tu reacción sino que cuando le hablaste de tu "dieta especial" no salió huyendo – continuaba desconcertado.
Por respeto a nuestra intimidad no le había explicado a Carlisle que Bella no sólo no se había asustado sino que había disfrutado sensualmente de mi reacción. Sólo de recordarlo se despertaba mi propia lujuria.
-No. Y creo que puedo confiar en ella.
-¿Estás seguro? ¿Vas a explicárselo todo?- se giró y me observó con reparo.
-Sí… bueno, todo de golpe no. Sería demasiado. Es lista. Le diré lo más importante, y lo demás lo deducirá ella.
-¿Has pensado a lo que te expones?
-A volver a empezar en otro sitio. Sólo eso ¿crees que alguien la creería si repitiera lo que escuche de mi boca? Pero no dirá nada. Ella, Carlisle, es distinta.
-Me tiene realmente sorprendido lo que sientes por ella, y más aún que ella te corresponda a pesar de lo que ya sabe de ti. Pero no olvides que te arriesgas a más cosas, Edward. Te estás enamorando, si es que no lo estás ya. Pero ella es humana, su existencia…
-Ya lo sé - corté-. Pero me he hartado de pensar. Y no voy a decidir por ella. Que sea ella la que elija si me quiere o no en su vida, y de qué forma.- Miré a Esme y me sonrió, maternal. Luego hubo un breve cruce de miradas entre ellos dos y Carlisle pareció más convencido.
-Hijo, creo que ya has sopesado todas las posibilidades. No sé cómo saldrá esto, pero está bien que sigas adelante si crees que debe ser así, y respeto tu decisión - dijo ella. Carlisle se limitó a asentir, con la duda aún escrita en los ojos.
-Gracias por vuestro apoyo. Lo necesitaba- les sonreí.
El próximo domingo o lunes (mañana seguro que no ;-)).
Gracias por comentar.
