¡Muchas gracias por todos vuestros comentarios sobre el capítulo anterior! Yo creo que ahora que se han lanzado estos se van a animar bastante...

Gracias a Maria José y P. Y a todas (y todos, por lo menos se presentó un chico) las que leéis y me animáis con vuestros comentarios.


EPOV

-Yo también te amo, Edward-susurró Bella.

De inmediato abrió mucho los ojos y exhaló con fuerza, como sorprendida por lo que acababa de decir. ¿Habría sido algo impulsivo y se acababa de arrepentir? Yo lo había dicho sin pensar, pero no estaba en absoluto arrepentido de haberlo hecho, porque era lo que sentía. ¿Sentía ella lo mismo? ¿Estaba bien que sintiera lo mismo? ¿Era yo un enorme egoísta? Lo eres, y Edward, deja ya de darle tantas vueltas a todo. Me quedé mirando su rostro. Ella parecía estar analizando lo que acababa de decir, y me descubrí mirándola con intensidad, intentando leer en cada mínimo cambio de expresión lo que estaba pasando por su cabeza.

-Sí, es cierto, te amo-sonrió, todavía perpleja por sus propias palabras.- No me lo había planteado, pero es verdad.

...

Bella dormida era la representación de la paz. Completamente abandonada en mis brazos, respiraba pausadamente. Un leve rubor cubría sus mejillas, donde su piel de alabastro brillaba de forma especial. Hacer el amor con ella había sido lo más extraordinario que recordaba haber vivido. Nada en mis recuerdos se podía comparar a esto, y ninguna de las veces que había fantaseado estar con ella pude acercarme a imaginar realmente lo que sentiría. Lo que más había temido era hacerle daño, pero confiaba completamente en mi control sobre mi propio cuerpo. Y al final todo fue instintivo: mi cuerpo se movió con el suyo como en un baile ya aprendido, sin temor, libremente. Mi otro miedo había sido la sed, pero volví a confiar en mi voluntad. Ya había olido su sangre, la había probado, y había sabido parar. Mientras la besaba cerca de esas venas tentadoras, donde podía escuchar y oler cómo fluía el manjar más irresistible que había conocido, había surgido en mí una intensa sed que había contraído mi garganta, pero el horror que sentí ante la idea de provocarle el más mínimo daño la había extinguido de inmediato.

Abrió los párpados y me dirigió una tímida y dulce sonrisa.

-Edward… me he dormido…- de pronto pareció recordar algo- ¡Oh, no! Me has dicho que me amas y ¿me he dormido? –exclamó, con los ojos abiertos de par en par.

-Bueno, no diré que no haya dolido, pero supongo que estabas agotada- fruncí el ceño y curvé las comisuras de mis labios en un puchero aprendido de Alice.

-Oh, Edward, lo siento, de veras - de pronto su expresión cambió, y entornó los párpados- serás… me estás tomando el pelo, ¿verdad? – Asentí riendo y me golpeó el hombro.

-La verdad es que antes de caer en los brazos de Morfeo, que por cierto es un rival a tener en muy en cuenta, te ha dado tiempo a contestarme- su expresión se relajó.

-Ahora lo recuerdo... Lo siento...esta noche he dormido mal, y la astenia de la gripe aún no me ha abandonado- se disculpó.

-Qué pena, yo pensaba que era porque el sexo conmigo te había dejado muy relajada. He sobreestimado mis habilidades - estalló el calor en su rostro, lo que yo pretendía.

-No has sobreestimado nada. Ha sido… no, no tengo palabras-replicó a pesar de su sonrojo.

Esa mirada y sus palabras estaban consiguiendo excitarme, deseaba intensamente sentir su calor y su humedad de nuevo, pero no quería asustarla con mi libido… Empecé a concentrarme en recordar letras por letra todo el código genético de la mosca de la fruta para distraerme. Debían ser evidentes mis esfuerzos porque vi la risa bailando en sus ojos.

-¿Se puede saber en qué piensas? Cuando pones esa expresión, ya sabes, la de -puso cara seria y engoló la voz - "estoy ausente por motivos de fuerza mayor".

-Pienso en cosas completamente aburridas que me obliguen a desviar la atención de otras más atractivas. ¿Se nota mucho?

-No sé si otros lo notarán, yo sí, pero ya me empieza a gustar verte con esa expresión… porque sé lo que esconde -Desvió la vista y miró por la ventana- ¿qué tal si me enseñas un poco la propiedad? Aún es de día, y no hace demasiado frío. Venga, me encanta ver el mar y me encuentro estupendamente bien, ¿o no lo has notado? – añadió con un guiño al ver mi cara de preocupación.

-De acuerdo, salgamos a que tomes el aire. Pero tienes un pequeño problema de vestuario… siento haberte roto la ropa interior antes.

-¡Oh! -se tapó la boca con los dedos, las mejillas ardientes - No lo recordaba…

-No te preocupes. Por ahí hay ropa interior sin estrenar de mis hermanas, tienen tanta que ni se enterarán si la cojo. Rosalie tiene más o menos tu misma talla y estatura.

Salí y regresé con varias cajas de medias y braguitas. Bella estaba sentada en la cama, pensativa.

-Tienes tantas cosas que explicarme… Supongo que tu familia comparte tu condición- me observó preocupada.

-Sí. Y también se alimentan de animales- añadí de inmediato, sentándome en la cama. Lo último que quería era asustarla.

-Tus padres me parecieron realmente encantadores.

-Y lo son. Bella - le tomé la barbilla entre el pulgar y el índice, mirándola fijamente - no te angusties. Los conocerás a todos sólo si tú quieres, y cuando quieras.

-Es tu familia. Claro que los querré conocer. Pero dame tiempo para seguir digiriendo esto. De momento con un vampiro en mi vida tengo el cupo cubierto. – Sonrió - ¿Con qué frecuencia os veis?

-Bueno, hemos pasado por varias fases. Hemos vivido temporadas de estar juntos y otras de más independencia. Hasta hace unos dos años vivíamos todos en esta casa. Luego a Carlisle le salió el trabajo en Vancouver, Esme lo acompañó, Rosalie y Emmet decidieron viajar por el norte de Europa en luna de miel, y Alice y Jasper se animaron a establecerse en Nueva York. Ya hacía tiempo que Alice deseaba vivir una temporada en la Gran Manzana. Me instaron a seguirles, pero yo preferí acabar la especialidad de cirugía, y luego ya vería lo que hacía.

-¿Por qué cirugía aquí, en Forks? Seguro que podías haber elegido Seattle, o Vancouver como tu padre.

-Por varios motivos. Me gusta Forks, me gusta esta casa… es donde más años de mi vida he estado. Además el lugar tiene un clima perfecto para mí, mejor aún que Seattle, y buena caza. Y tú sabes que muchas veces se aprende más en estos sitios pequeños, donde hay mucho más trabajo y menos medios. Ya me especializaré más adelante.

-Podría decir muchas cosas pero lo único que se me ocurre es: ¿dos años de luna de miel? Joder - dijo con los ojos abiertos como platos.

-Sí, y eso que llevan ya unas cuantas - reí al ver su cara.- Bueno, ahora ya no están de luna de miel, Rosalie es traumatóloga y Emmet bombero en Boston. Ella trabaja para la Universidad de Harvard.- Bella soltó una exclamación de admiración.

-Entonces, ¿cuándo os reuniréis?-preguntó, de nuevo ansiosa.

-No hay prisa -cambié de tercio para hacer desaparecer su preocupación. - Puedes escoger entre estas cajas lo que quieras ponerte, y si deseas ducharte ahora hay toallas limpias en el baño.

-Parece que hayas atracado una lencería- comentó mientras escogía entre las cajas que había dejado sobre la cama.

Tomó la ropa y se metió en el baño. Me obligué a no mirar su tentador cuerpo para evitar lanzarme sobre ella, pero me gustó que no hiciera esfuerzo alguno por taparse. Había descubierto en Bella una atractiva mezcla de timidez y lujuria. Sabía lo que quería y no se andaba con rodeos para pedirlo.

...

-Aquello de allá- señalé a lo lejos- es la playa de la reserva.

-La noche que conocí a tus padres volvía de esa playa -me sobresalté al oírlo. Desconocía esa parte de la historia, tan sólo sabía que la habían encontrado en la carretera en plena noche con un frío glacial.

-¡Isabella Swan! ¿Se puede saber qué hacías en esa playa en pleno invierno, de noche, tú sola? ¡Fue una locura!-la reprendí.

-Eh, eh, Edward Cullen, ¿cuándo te he dicho yo que sea una persona cuerda? ¿Si lo fuera estaría aquí contigo?-repuso con descaro.

-Tocado, de nuevo- gruñí, y ella rió.

Estábamos sentados en la arena de la calita de nuestra propiedad, ella apoyada sobre mi pecho mientras yo la abrazaba por la cintura. Sus cabellos alborotados por la brisa me hacían cosquillas en la nariz y me tentaban con su perfume. Las olas lamían las rocas, y el cielo lucía gris. Quedaba poco para el crepúsculo. Ya le había explicado a Bella que nunca dormía y ella recordó el episodio de la habitación en la primera guardia que compartimos; simuló enfadarse cuando le confesé que estaba esperando su llegada, pero al final ambos reímos. No recordaba haber reído tantas veces seguidas en mucho tiempo.

-Edward… ¿cómo fue? Quiero decir, cómo pasaste de morir de gripe a ser un vampiro.

-Fue en 1916... yo trabajaba en un hospital de Boston. La pandemia era brutal. La gente moría a centenares cada día en todas las salas del edificio, sin que apenas pudiéramos hacer nada más que certificar las defunciones.- Bella se incorporó, se sentó enfrente de mí y me tomó las manos, clavando sus castaños ojos en los míos.- Carlisle Cullen era uno de los mejores médicos de la ciudad, y además parecía inmune al cansancio. Éramos muy amigos. De hecho fue mi profesor en la facultad, y el que me ofreció el puesto de médico en el hospital. Tenía 26 años y estaba sano, pero nada de eso sirvió cuando me contagié de la gripe. Carlisle se sintió responsable cuando caí enfermo de extrema gravedad. Absurdo, porque nadie estaba a salvo del virus, pero él es así. Sabía que había perdido a mis padres en la epidemia –al oírme Bella hizo un gesto de dolor y me oprimió los dedos- así que cuando mi corazón estaba al borde del paro y no había vuelta atrás, me mordió -paré un momento para darle tiempo a digerir la información.

-¿Basta con un mordisco?-inquirió, acariciándome las manos un tanto inquieta.

-Bella, la única forma de reproducirnos es mordiendo a un ser humano. Pero el veneno para producir esto lo segregamos a voluntad y se mezcla con la saliva. Además para completar la transformación, el humano ha de beber sangre del vampiro que lo ha mordido. Cuando sólo queremos alimentarnos la saliva simplemente contiene un anestésico que además es cicatrizante, lo que es muy útil para alimentarse varias veces de la misma víctima. Aunque los vampiros que viven de la sangre humana no suelen parar una vez han comenzado a beber de alguien - rematé, sombrío.

-Por eso cuando me lamiste la sangre se me calmó el dolor-repuso pensativa.

-Sí, pero la saliva no era responsable de lo que te pasó después, eso aún no me lo he explicado – alcé una ceja, burlón.

-Yo tampoco. Seré rara, pero el momento me pareció tremendamente erótico- contestó a pesar de haber vuelto a ruborizarse, sin dejar de mirarme a los ojos.- Sigue, por favor.

-Sí, rara eres, o no estarías conmigo -sonreí.- Bien, estuve inconsciente tres días y cuando me desperté… -exhalé con fuerza, recordando aquellos momentos- fue muy duro. Carlisle jamás acabó con ninguna vida humana y me inculcó ese principio, yo lo sentía como él, pero… el ansia de beber sangre humana te posee, se apodera de ti, sigues siendo tú pero te sientes un monstruo, porque es una necesidad casi irrefrenable. Es, supongo, como vivir cada día con síndrome de abstinencia. Cada segundo de cada día, durante meses, años. Y hay momentos donde se siente auténtico dolor. Al final acabas soportándolo, cada vez mejor, y vives aceptablemente con la sangre de animal. Bueno, aparte de… ya sabes, mi recaída. Por eso sé que la sangre animal no te da la misma energía ni te sacia como la humana, pero yo me siento más... en paz – Bella me escuchaba absorta. Sus ojos chocolate me derretían.

-¿Ves como soy rara?- murmuró dulcemente- Debería marcharme chillando y sólo tengo ganas de abrazarte.

-¿Y qué te detiene, Bella?- susurré. No podía resistir más la necesidad de volver a tenerla.

Se abalanzó sobre mí, envolviéndome en sus brazos, besándome los labios, los párpados, la nariz, los pómulos, embriagándome con su aroma y su ternura, regalándome su calor. Me tumbé en la arena con ella encima. Su liviano cuerpo sobre el mío, la calidez de su piel, su aliento, me envolvían y me cautivaban, abandonándome en la infinidad de sensaciones que me provocaba su contacto. Ella introdujo su mano bajo mi camiseta y me acarició el abdomen, provocando una inmediata tensión en mi pantalón. Su boca buscó la mía y nuestras lenguas se acariciaron sensualmente, sin apremio. Ansiaba tocar su piel, pero temía que cogiera frío. Sin separarme de su boca me volteé en la arena colocándome encima de ella, cuidando de no apoyar mi peso sobre su cuerpo. Profundicé el beso hasta que se separó un momento para tomar aire.

-Te amo, Edward -susurró jadeando, fijando sus oscuros ojos en los míos.

-Necesito tenerte otra vez -murmuré roncamente. La deseaba como nunca antes había deseado nada, ansiaba sentirla otra vez a mi alrededor, y verla estremecerse de placer - Vamos a la casa.

-Vamos -suspiró contra mi piel.

La tomé en mis brazos y me encaminé de vuelta al edificio. Bella comenzó a besarme y lamerme el cuello y la oreja, provocando que mi nivel de excitación ascendiera peligrosamente.

-Tú no quieres que lleguemos a la casa, ¿verdad?- jadeé entrecortadamente.

-No puedo evitarlo…- ronroneó sensual- sabes deliciosamente bien- dijo, y me acarició la oreja con su ardiente lengua.

-Bella, si juegas con fuego te quemarás- advertí, pero ella no cedió y continuó su tormento.

Aunque iba rápido el trayecto se me hizo eterno. De no ser por la helada temperatura la habría desnudado allí mismo.

Llegamos a la casa y en cuanto cerré la puerta de entrada le arranqué la ropa con incontrolable lujuria. No podía dominarme, estaba poseído por la necesidad de disfrutarla con mis cinco sentidos. El placer de mirar su cuerpo desnudo, la dicha de acariciarla, el gozo de olerla y saborearla por entero, el deleite de escuchar sus sonidos de excitación.

Por un instante temí haberla asustado con mi violencia pero ella se mordió el labio inferior mirándome con deseo y ya fue demasiado para mi. En un instante me deshice de mi ropa y la acorralé entre mi cuerpo y la pared, atacando su boca con ansia. Enlacé sus piernas alrededor de mis caderas, y la observé un instante.

-Quiero que te corras gritando mi nombre, Bella.

No contestó. Jadeaba y su corazón palpitaba enloquecido. Se abrazó a mi cuello y miró fascinada mis ojos que, estaba seguro, lucían negros como el carbón. Aproximé mi miembro a su entrada, sintiendo su cálida humedad, oliendo su ardiente esencia. Me invadió el aroma de su excitación, tan enloquecedor como el de su sangre. No pude refrenarme. Me introduje en ella de una sola estocada. Gimió fuertemente, aferrada a mi nuca. Comencé a embestir cada vez con mayor fuerza, sujetándola entre mi cuerpo y la pared, mientras violentas oleadas de placer procedentes de su abrasador interior invadían cada parte de mi cuerpo. Cada acometida provocaba nuevos gritos, hasta que ella emitió un fuerte quejido y al fin gritó mi nombre. La contracción de su estrecha pared sobre mi miembro me provocó un clímax arrollador, y rugí sin ninguna contención. Ella se dejó caer sobre mí, desmadejada como una marioneta sin hilos.

Empecé a preocuparme y la deposité en el sofá. Tenía los párpados cerrados pero estaba consciente. Me asusté de veras cuando percibí una lágrima cayendo por su mejilla.

-¿Estás bien, amor?-inquirí, tocándole el rostro y observándola, aterrorizado.

Esta vez no había controlado mi fuerza lo suficiente, no me lo perdonaría jamás. Ya no era sólo un tremendo egoísta. Era un monstruo. De nuevo.

Por única respuesta ella dibujó una leve sonrisa, y movió apenas la cabeza para asentir, lo que calmó mi ansiedad. Su latido y la respiración iban normalizándose. Por fin abrió los ojos, fundiéndome con su mirada.

-Oh, Bella, siento haber sido tan… salvaje. Temía haberte hecho daño- acuné su rostro entre mis manos.

-Edward, no me has hecho daño, tontito. Sólo me has hecho tocar el cielo... y me ha costado un poco bajar- sonrió, colocando sus manos sobre la mías.- Siento que te hayas asustado.

Estudié con atención su rostro, cada parte de su cuerpo, y no observé daños físicos. Sólo su rostro radiante, sus carnosos labios levemente hinchados. Por fin, me convencí de que realmente no la había dañado, de que sólo la había hecho feliz. Nos miramos fijamente en silencio; no hacían falta palabras para transmitir lo que sentíamos. Se puso de rodillas en el sofá y se acercó más a mí, acarició mi rostro con ambas manos extendiendo los dedos como si quisiera memorizarlo. Cerré los párpados, sus dedos tocando mi piel provocaban sensaciones deliciosas. Al cabo de unos minutos suspiró. La realidad nos llamaba.

-He de marcharme - dijo por fin.

Sentí una punzada en el pecho al oírla.

-Mañana tengo guardia, y tú el lunes. No podremos estar juntos hasta el martes. Quédate conmigo esta noche, Bella. Te dejaré dormir -acerqué mi rostro al suyo y repartí por él pequeños besos, escuchando su corazón latir con fuerza.

-No puedo… -repuso quejumbrosa- hace días quedé con Angela en que iríamos a cenar por ahí. Últimamente apenas nos vemos - mientras la besaba ella acariciaba mis cabellos, enredándolos entre sus dedos. Inspiró profundamente - Cómo me gustaría quedarme contigo esta noche, pero… Un momento ¿Por qué no te quedas tú en mi casa? Te mando un mensaje cuando volvamos a casa después de la cena. Si quieres, claro. Se lo explicaré a Angela, si te ve llegar a casa y meterte en mi habitación sin explicación previa le dará un pasmo - rió.-Ah, y prométeme que dormiremos.

-Prometido- contesté alegremente- Y tú promete que no cambiarás de idea en lo de dormir. No quisiera tener que decirte que no, lo necesitas –rematé en tono petulante.

-¡Ja! Tú ocúpate de controlarte, que con lo cansada que estoy no voy a tener problemas, vamos, ni que se me pusiera el mismísimo Robert Pattinson en la cama iba yo a responder.

-¿Quién?- inquirí mosqueado.

-Tú no ves mucho cine, ¿verdad? Es un actor, pero estoy bromeando, no tienes nada que envidiarle -miró alrededor como buscando algo y entonces abrió los ojos como platos – Joder, Edward… ahora sí tengo un grave problema de vestuario.

-No, no lo tienes. Ya te dije que Rosalie y tú tenéis la misma talla. Cogeremos alguna pieza de su ropa.

-No sé… puede que no le guste. No quiero problemas con una "cuñada" que ni siquiera me conoce.

-No te preocupes, ya la restituiré. Seguro que a ella no le importa. Bella, de nuevo te pido perdón por mi falta de contención- ella reprimió una sonrisa.

-Me gusta que seas apasionado, pero si seguimos así necesitaré una visita urgente a las rebajas. Angela estará feliz, hace tiempo que quiere llevarme.

Como pensaba, a Bella le quedaba perfecta la ropa de Rose. La llevé a su casa antes de que su amiga volviera del trabajo, y me adelanté a abrirle la puerta del coche.

-Espero que con estos anticuados modales no hiera tu orgullo de mujer moderna.

-No. Me encantan tus anticuados modales- bajó del coche, y en aquel momento se le doblaron las rodillas. Habría caído al suelo si no la hubiese sujetado.

-¡Eh! ¿Estás bien? -la aferré contra mí.

-Ups… tengo flojera en las piernas- rió.

-Pues no sé por qué -comenté, acercándome más a su cara, respirando sobre ella, mis ojos penetrando en la oscuridad de sus iris.

La música de su corazón volvía a sonar fuerte para mí. Era adicto a ese sonido. No, era adicto a ella. Tragó en seco y me apartó suavemente pero con energía.

-Eh, Cullen, esta noche nada de trampas como esta.

-¿Trampas? ¿Qué trampas? -repuse arqueando las cejas con toda la inocencia que pude aparentar.

-Lo sabes de sobras. Voto de castidad. Si es que eres capaz - me picó.

Sin darme tiempo a contestarle me besó los labios y se metió corriendo en su casa. Me quedé allá mirando la puerta por la que había desaparecido y desde fuera la escuché reír.


Las que habéis leído a Anne Rice y a Charlene Harris os habréis dado cuenta de que los vampiros de esta historia son una mezcla de los de Crepúsculo y aquellos.

El jueves más... Gracias por leerme.