Ya hace tiempo que no lo digo: los personajes son de Twilight, pero la historia es mía.

Gracias a mis dos pre-lectoras. Gracias por leerme y por vuestros comentarios, que me animan el día. Espero que esto os siga interesando. ¿Dormirán o no dormirán? Pensemos que Bella es humana... necesita dormir ;-)


Capítulo 16

BPOV

-Te juro que estoy agotada, esto de doblar turnos me puede. Y no están siendo turnos tranquilos, precisamente. Parece que tengamos el gafe encima. Oye, y la próxima vez tenemos que salir del pueblo. Estoy un poco cansada de ver las mismas caras. ¿Ves aquél que me mira mal, en la otra mesa? - señaló discretamente con la cabeza y asentí- Estaba harta de verlo en Urgencias por crisis de asma y, no te lo pierdas, la última vez que le atendimos salí un momento a preguntarle algo, al ver que no estaba en la sala de espera salí del edificio y ¡lo pillé fumando!. ¿Te lo puedes creer? ¡Acabábamos de ponerle tres nebulizaciones de oxígeno y ventolín! Se lo expliqué al residente que lo atendía y la que se armó, se ve que por culpa de todo esto le subirá la póliza del seguro médico. Por eso me mira mal. Creo que algún día me iré a trabajar a la gran ciudad.

Sorprendentemente Angela apenas respiró entre frase y frase. Estábamos sentadas en una pizzería del pueblo ante un plato de deliciosa pasta fresca y una botella de Lambrusco compartida. Angela no paraba de hablar acelerada, realmente se la notaba estresada. Le apreté la mano para frenarla.

-Ok, Ang. Ahora pasa de él. Pasa de todo. Hablemos de otras cosas que no sean trabajo. Necesitas desconectar, tanto como alimentarte. Come. Dale un trago al vino.- Ella suspiró.

-Vale, hablemos de otras cosas. O mejor me cuentas cuántos - arqueé ambas cejas.

-¿Cuántos qué?

-Cuantos polvos has echado hoy –dijo en tono confidencial, inclinándose sobre la mesa mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie de las mesas vecinas nos escuchaba.

-¡Ángela! –exclamé avergonzada.

-Bella, tienes los labios hinchados, un brillo en la mirada y una expresión radiante que pocas cosas pueden provocar, aparte del buen sexo- sonrió traviesa.

-Un par… – repuse bebiendo un trago de vino, por lo menos su frescura aliviaría el acaloramiento que sentía.

Quizá lo mejor hubiera sido seguir con las anécdotas del trabajo. Ella abrió los ojos como platos y negó con la cabeza.

-¿Sólo un par? Pues habrán sido de sobresaliente porque con la cara que pones... Eres jodidamente afortunada, y te envidio lo indecible. Hasta ahora había tenido la esperanza de que Cullen fuera gay. Llegaste tú y fue evidente que no lo era. Después confié en que al menos fuera un desastre en la cama… si, no me mires así, ¡no se puede tener todo! Pero no, es un dios del sexo, sólo hay que verte. ¡Qué injusto! - afirmó con teatral indignación elevando los ojos al cielo.

Negué sonriente mientras bebía otro sorbo de vino y de paso ocultaba un poco mi expresión. Temía que Ang pudiera leer en mis ojos "Edward Cullen es un vampiro". Si ella supiera el secreto de Edward no me consideraría tan afortunada. Yo estaba enamorada de él pero no estaba cegada por el amor. Una relación así no iba a ser fácil.

-Pues, a propósito de eso, te quería decir que luego viene a casa. Vamos a dormir juntos – comenté como de pasada.

Mi amiga se atragantó con la pasta que se llevaba a la boca. Estuve tentada de ir a asistirla en su atragantamiento con una maniobra de Heimlich, pero no hizo falta.

-¡Vaya! Dormir… ¿dormir? Ya. Lo vuestro va en serio, ¿eh? Después de la tardecita que os habéis dado, ¿no tenéis suficiente? Espero que no hagáis mucho ruido, mañana madrugo, ya sabes - escondió un bostezo. El maquillaje apenas disimulaba sus ojeras.

-No haremos ruido. Estoy… estamos cansados, y él tiene guardia mañana. Vamos a dormir.

-Tú verás como desperdicias tu tiempo, Bella Swan. Si Jake estuviera conmigo lo último que haría sería dormir. Tengo tantas ganas de verlo, de tocarlo, de estar con él… esos pocos días que vamos a pasar juntos se me pasarán en un suspiro. La última vez que nos vimos no llevábamos condón y no nos pudimos dejar llevar, pero esta vez me voy a llevar dos cajas tamaño extra. ¿Tú tomas precauciones con Edward, verdad? - desvié la mirada hacia la comida y pinché un ravioli.

-Claro… mamá- le saqué la lengua. Por lo menos en ese aspecto el sexo con Edward era sexo seguro.

-Lo siento, chica, es deformación profesional. En serio, lo que te envidio es lo cerca que estás de él. Yo hice el gilipollas con Jake. Eso que él estuvo rondándome todo un año y no le hice caso. Y mírame ahora, doblando turnos para poder estar con él. Me lo merezco, por no apreciar lo que tengo hasta que lo pierdo de vista.

-Lo importante es que te hayas dado cuenta, aunque sea un poco tarde.

En aquel momento oímos unas voces conocidas.

-¡Hola, Bella, Angela!-saludó Monica, junto con Paul, Anne, Ben y Jared- Bella, veo que ya estás recuperada de la gripe, me alegro. ¿Es una cita íntima o nos podemos añadir?

-Por supuesto que sí, no le tiraría los tejos a Bella, creo que no tengo ninguna posibilidad con ella en estos momentos -bromeó Ang.

-Con el pedazo de maromo que se gasta no tienes nada que hacer, chica, parece mentira -rió Anne mientras el camarero acercaba sillas y una mesa para ellos.

-Disculpad ¿hay alguien que no lo sepa de aquí al Mississipi? Porque si es así puedo poner un anuncio en la revista Life, o en el New York Times -bufé, enfurruñada.

-No te enfades, Bella, esto es un pueblo, el hospital es pequeño y es todo un notición, no sabes cuántas le han tirado los trastos al soltero de oro, y llegas tú y en unas pocas semanas… - dijo Paul chasqueando los dedos.

-Sí, Lauren y Jessica están que trinan, ya debes saberlo. Fueron las más lanzadas persiguiendo a Edward, y cuando las rechazó, y no fue sólo una vez, empezaron a despreciarle. Desde entonces son más amigas y por si fuera poco tienen su pequeño grupito de colegas envidiosas... Tendrás que cuidarte de sus lenguas venenosas, como ya viste el otro día -dijo Jared.

-Gracias por el consejo, chicos - sonreí. Como si me fuera a importar mucho que me envidiaran, y menos ésas.

Los recién llegados hicieron su pedido y estuvimos charlando un buen rato. Pude observar con alegría que Paul y Anne parecían tontear, aunque aún se cortaban un poco. A Anne debía importarle mucho Paul porque normalmente era más lanzada con los chicos, y con él era incluso tímida. Acabando de cenar se marcharon a un pub local. Angela no se apuntó al plan alegando que volvía a doblar turno el domingo, y yo dije que necesitaba descansar. Cuando ella escondió una sonrisa ante mis palabras la miré a modo de advertencia.

Apenas me puse el pijama le mandé un mensaje a Edward. Estaba terminando de lavarme los dientes cuando sonó el timbre. En cuanto le abrí la puerta me levantó del suelo y me besó con suavidad los labios.

-Estabas aquí cerca, ¿verdad?-susurré en su boca, y tuve que sofocar un suspiro. Los ojos parecían brillarle más, quizá por haberse alimentado hacía poco. Vestía tan sólo una sencilla sudadera, vaqueros oscuros y deportivas. Miré sus labios sonrientes y recordé el placer que esa perfecta boca podía regalar, deseé morderlos… tuve que hacer un esfuerzo para controlarme.

Había dicho dormir. Mierda.

-He salido a cazar un poco por el bosque de al lado de tu casa, no pensaba hacerlo pero… haces que me entre hambre -murmuró él en mi oído, depositándome en el suelo. Luego miró por encima de mi hombro -Hola, Angela. ¿Os lo habéis pasado bien?

-Sí, claro. Gracias por cedérmela unas horas -sonrió.

-Es lo justo.

-Eh, vosotros dos, ya vale de hablar de mí como si fuera una cosa – bufé y estiré de él hacia las escaleras.

-Buenas noches, Angela. Que descanses- dijo Edward cortésmente.

-Lo haré si no hacéis mucho ruido, chicos -gritó mi amiga mientras subíamos las escaleras.

Edward rió y negó con la cabeza, pero yo habría estrangulado a Angela.

Cumplió su palabra, vaya que si lo hizo. No me rebajé a suplicarle pero intenté tentarle de distintas formas y se limitó a decirme que "si no me comportaba" él se acostaría por fuera del edredón. Realmente su autocontrol era increíble. Y odioso. Al final me rendí y pasamos la noche abrazados. La Bella cansada lo agradeció. La Bella lujuriosa no tanto, pero al final también se durmió, después de refunfuñar bastante. Por la mañana me despedí de él y de Angela y volví a la cama, pero sentía el lecho demasiado grande. Vacío. Suspiré. Ya tenía síndrome de abstinencia.

Decidí levantarme, hoy aprovecharía el tiempo para estudiar temas que tenía pendientes de la consulta externa. Me duché, me puse un viejo jersey y unos pantalones de chándal, recogiéndome el pelo en una coleta y, tras desayunar, me senté ante el ordenador. Seguí con mi revisión de los problemas renales que podían provocar que hubiera sangre en la orina. Estaba concentrada y no sabía cuánto tiempo habría pasado cuando escuché el timbre de la puerta. No esperaba visitas. Me asomé a la mirilla y mi corazón se paró por un momento. Hice un par de respiraciones profundas y abrí la puerta. No había alternativa.

-Buenos días -dijo la desconocida con una voz melodiosa -Disculpa que te moleste sin haberte avisado antes. Soy Alice, Alice Cullen - dijo, y extendió una menuda mano. Dudé un instante y la estreché. Su piel estaba fría. Lo había imaginado en cuanto la vi. Tez pálida, ojos color miel aunque de un tono distinto al de Edward, y una belleza aplastante. De estatura era bastante menor que yo, pero sus proporciones bajo el abrigo se adivinaban perfectas. Me sentí una cenicienta al lado de esta hermosa joven (eso era lo que parecía), que para colmo iba vestida con un estilo juvenil pero exquisito.

-Pasa, Alice. Yo soy Bella, aunque imagino que eso ya lo sabes- me miraba como si quisiera traspasarme y, tras darme las gracias, se adentró en mi casa.

La observé y sentí una punzada de envidia. Su oscuro cabello estaba cortado en forma de melena corta despuntada que la favorecía mucho, tanto como la ropa que llevaba. Aunque a decir verdad si hubiera sido calva y vistiera andrajos no habría tenido dificultad en ganar un concurso de belleza, sin hablar de la elegancia de bailarina con la que se movía. Me sentí como un hipopótamo vestido con andrajos dando clases de ballet mientras andaba a su lado.

-Y bien, tú dirás- dije, una vez sentadas en el sofá.

Alice no contestó, me miraba fijamente con una expresión inescrutable. Probablemente se estaría preguntando qué había visto su hermano adoptivo en mí. Yo también empezaba a replanteármelo, observándola. De momento él y yo no habíamos hablado de ex parejas, pero sí sabía que Edward jamás había estado con una humana. Una luz se había encendido en mi mente: si antes había estado con vampiras, y la belleza era un atributo de esa especie, cosa que empezaba a sospechar al ver a Alice… una punzada de celos me atravesó el corazón. Incómoda, rompí el silencio.

-Si no me vas a decir nada podría seguir con mi trabajo, y mientras tanto tú me observas. ¿Te parece? Mi tiempo libre es muy escaso -dije fríamente, más dolida por lo que acababa de pensar que por la actitud de Alice. Me levanté y ella me detuvo al tomarme de la mano con un movimiento veloz.

-No… disculpa mis modales, Bella -suspiró-. He venido a conocerte. Edward habla mucho de ti. Las veces que hablamos por teléfono apenas habla sobre otro tema, de hecho - comentó, rodando los ojos - Así que podríamos decir que te conozco un poco. ¿Qué sabes tú de mí?

-Que Edward te quiere y te echa de menos. Y que eres una vampira que no bebe humanos.

-Eres directa, eso me gusta. Yo también lo seré. ¿Te contó Edward de su don, y de que contigo no… no funciona? –asentí - Pues no es el único.

-¿Cómo?

-Que yo también tengo un don- dijo Alice pacientemente- y lo bloqueas. ¿Lo haces sin querer? -bufé sin quererlo remediar y negué con la cabeza.

-Partiendo de la base que hace sólo unos días que sé que los vampiros existen y que uno de ellos puede leer las mentes, no, aún no me ha dado tiempo a controlar mi super-poder- gruñí. Para mi sorpresa Alice rió musicalmente.

-Ahora empiezo a intuir lo que ha visto Edward en ti… tienes carácter, entre otras cosas. Bella, Edward lee las mentes, y yo tengo visiones del futuro. Pero contigo no me pasa, ni siquiera ahora que te tengo delante. Y lo peor de todo es que cuando estás con mi hermano él desaparece de las visiones, y eso me hace sentir muy inquieta. Comprenderás que no estoy acostumbrada a las incertidumbres y Edward me preocupa.

Yo todavía estaba digiriendo lo que me acababa de decir. No es que no la creyera, pero jamás había pensado que el futuro estuviera escrito. Comprendiendo mi estupefacción ella siguió hablando.

-Te lo explicaré. En la vida hay varios posibles caminos que recorrer… La voluntad es la que decide, al final. Pero yo veo lo que sucederá mientras la voluntad no cambia. Hace varios días me inquieté mucho cuando Edward me explicó por teléfono que se sentía muy atraído por una humana, porque yo no lo había visto venir. Y algo tan importante tendría que haberlo previsto. Pero ayer mi hermano "desapareció" por completo de mis visiones y no lo he vuelto a ver hasta hoy. Le he estado llamando al móvil pero él lo tenía desconectado. Por eso tomé el coche y me vine hasta aquí desde Nueva York. Hace un par de horas he podido contactar con él, y por fin ha vuelto a aparecer en mis visiones. Me ha explicado que... que habéis pasado todo el día de ayer juntos y no quería interferencias externas, por eso había apagado el móvil. Y que hoy tenía guardia -intenté digerir todo lo que me estaba diciendo.

-Entonces has venido desde Nueva York… eso son… serían ¡dos días en coche! ¡Te has cruzado el país de este a oeste en menos de un día? ¿Cómo lo has hecho?- Alice sonrió con suficiencia.

-Bueno, digamos que me gusta la velocidad, y que mi coche es rápido.

-Y que no tienes miedo a morir. Joder…

-Te das cuenta, te digo que veo el futuro y te quedas casi como si tal cosa, te digo que conduzco rápido y se te salen los ojos de las órbitas- tenía razón y ambas reímos ante lo absurdo. - Realmente eres extraña, pero me caes bien. Siento la mala impresión que te habré dado al principio, quiero a Edward con todo mi ser y el no tenerle en mis visiones me asustó muchísimo. Cuéntame cosas de ti, por favor. Quiero saber más de la mujer que por fin ha hecho perder los papeles a mi hermanito.

Y así estuvimos hablando sobre mí durante más de una hora. Yo quería saber cosas sobre ella. Sólo me explicó que tenía una tienda de ropa que diseñaba ella misma en Manhatan, y que era de producción "sostenible y ecológica". Me dijo que otro día sería mi turno de preguntas, si es que yo quería volver a verla.

-Claro, Alice. Cuando vuelvas a Forks me encantaría volver a verte.

-Bella… hay algo más que te quería preguntar, y aunque sé que Edward se enfadará mucho, muchísimo, tengo que hacerlo.

-Dispara- repuse, inquieta.

-Es sobre vuestra relación ¿lo has pensado bien? Todo lo que no puedes hacer con él… no puedes ir de vacaciones a una playa soleada, ni compartir una buena comida, ni presentarlo a tus padres como su futuro yerno, no puedes tener hijos, tú envejecerás y él no…-la hice callar con un gesto de la mano.

El hecho de que yo misma hubiera pensado ya en algunas de esas cosas no quitaba que doliera al oírlo. Y no tenía ganas de hablar de eso con Alice Cullen, cuando no había sido capaz de hablar del tema con su hermano. Ni siquiera hablarlo conmigo misma. Era demasiado pronto. Había tardado semanas en reconocer que estaba enamorada de Edward. Ya pensaría más adelante en lo que ello comportaba. Ya tomaría decisiones. Pero no ahora.

-Alice, estoy enamorada. Tú me hablas con la razón. Te comprendo y yo misma pienso como tú, pero no puedo evitar sentir lo que siento.

-No quiero que él sufra, Bella. Y cuanto más tiempo estéis juntos más dolerá al dejarlo. Debes plantearte si quieres convertirte en vampira, y si no olvidarte de Edward.

-¿Qué? No me planteo nada de eso. No estoy segura de nada, Alice. Sólo de que le amo. ¿Has venido aquí para convencerme de que lo deje? Creía que era para conocernos -repuse algo dolida. Ella suspiró.

-Si te convenciera con mis razonamientos vaya amor iba a ser el tuyo… hubiera deseado que fuera así, pero al mismo tiempo me alegro de que no lo sea. Qué poco razonable, ¿cierto?- repuso, curvando sus labios en una preciosa sonrisa.

-El mundo no lo gobierna la razón, Alice, lo sabes. Escucha... Yo te quería preguntar también una cosa- ella asintió.- Los demás de la familia piensan como tú, supongo. Respecto a nuestra relación.

-Eso no es una pregunta- me observó atentamente.- Pero no te voy a responder, creo que le corresponde a Edward explicártelo.

-Con eso ya me has respondido, supongo -Alice me miraba con ternura, pero obvió mi comentario.

-Bella, ahora tengo que marcharme, pasaré por el hospital a saludarle. No le digas nada de lo que hemos hablado, por si acaso puedo despistarle y no lo lee en mi mente. ¡Qué suerte tienes de que no pueda leer la tuya!-exclamó.

La acompañé a su coche. Mi boca se abrió hasta el suelo: era un llamativo Porsche amarillo.

-Un regalo de Edward –me guiñó un ojo y me puso la mano bajo la barbilla para cerrarme la boca.- Sí, esa es la reacción normal.- Ambas reímos. Joder con Edward.

Nos despedimos con un beso en la mejilla. Ahora tenía bastante claro que mi relación no ilusionaba a la familia de Edward, pero por lo menos tenía una aliada. Quizá una amiga. En el breve tiempo que habíamos pasado juntas estaba convencida de ello.

-Oye- me dijo tras abrir la ventanilla del coche - la próxima vez que venga podemos ir de compras, es algo que me encanta hacer. ¿Te apetecería?

- Preferiría donarte medio litro de mi sangre, Alice Cullen. Creo que ahora sí me das mucho miedo.- Ella se carcajeó y puso rumbo hacia la carretera.

La visita de Alice me había alterado un poco y no podía concentrarme en el estudio, así que después de comer me dediqué a limpiar. Ang y yo teníamos repartidas las tareas pero últimamente a causa de mi gripe y sus dobles turnos la casa estaba bastante abandonada. Limpiaba el baño cuando sonó el timbre. Estaba claro que hoy era el día de las visitas ¿Quién sería un domingo a las cuatro de la tarde?

-¡Hola! Angela está trabajando… pensaba que lo sabías- miré a mi visitante, que estaba plantado ante la puerta con cara seria. Su expresión no cambió y eso me inquietó- ¿Ha pasado algo?

-¿Puedo pasar? -preguntó Jacob con amabilidad aunque sin modificar su expresión.

-Adelante…-mi cara debía reflejar mi confusión.

Tomamos asiento en la mesa de la cocina ante un par de cervezas frías. No necesitaba más café.

-Verás, Bella, es contigo con quien quiero hablar, y he venido ahora porque sé que Angela está trabajando.

-Me estás asustando ¿Qué quieres decirme que no pueda oír ella? No tenemos secretos.

-Me parece que en eso te equivocas, Bella. Todos tenemos secretos, incluso para nuestros seres más queridos- espetó.

Una alarma saltó en mi interior. El único secreto que tenía para mi mejor amiga era la… peculiaridad, por decirlo así, de Edward y su familia.

¿Pero cómo…?

-Eso que estás pensando es a lo que me refiero- cortó mi hilo de pensamiento.

-Pues tendrás que decirme qué es lo que estoy pensando porque soy yo la que no sabe a qué te refieres.

-Mientes fatal, eso ya me lo ha explicado Angela. Ella me habla mucho de ti, ¿sabes? Te quiere casi como a una hermana, aunque apenas hace tres meses que os conocéis. Y me ha contado que estás saliendo con un Cullen.

-Edward.

-Cualquiera, para el caso es lo mismo. Escúchame. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de ciertas cosas… ¿Cómo puedes estar enamorada de él? No lo comprendo - me miró con expresión asqueada, haciéndome sentir muy violenta. ¿Dónde estaba el Jake agradable, el que yo conocía?

-No sé de qué cosas me hablas y si has venido a insultarnos será mejor que te largues –me levanté y fui a abrirle la puerta pero Jacob me alcanzó antes de llegar a tocarla, me tomó firmemente de ambos hombros y me inmovilizó frente a él. Sentí temor.

-Oye… no me importa la forma en que decidas jugarte la vida, por mí como si haces puenting sin cuerda, pero escúchame bien: de ninguna forma voy a tolerar a ese… a "eso", metido en la misma casa que la mujer que quiero. No lo quiero cerca de ella. Lo aguanté bastante en el hospital mientras estuve haciendo la especialidad, pero esto es diferente – bufó.

-¡Jacob, estás loco! Estás insultándonos, a mí y al hombre que quiero–su cara de asco se acentuó al escuchar mi declaración- ¿Crees que yo jugaría con la vida de nadie? No tengo ni idea de lo que estás hablando, ni creo que tú la tengas o no estarías desvariando de esa forma. Si hay alguien peligroso aquí puede que seas tú. ¿Sabe Angela lo que has venido a hacer? No, claro, no te atreverías a hablarme así en su presencia- me removí, soltándome de su agarre.

-No es por eso que he venido ahora, es porque ella no puede oír nada de lo que te digo, es un secreto.

-Ah, tú también le escondes secretos, y luego me acusas a mí.

-No por el mismo motivo que tú, yo estoy obligado a guardar este secreto, pero tú puedes decidir seguir con "eso" o dejarle- su voz sonaba amenazadora.

-Ahora escúchame tú: sigo sin entender nada de lo que me dices, no quiero oírte más hablar de Edward como "eso", y no voy a dejarle porque un tío con trastorno de personalidad venga a pedirme que lo haga. - Rápidamente abrí la puerta y salí de la casa. Me estaba asustando. – Te vas a marchar ya o voy a empezar a gritar para que los vecinos llamen a la policía. Quedaría muy bien un "detenido por intento de agresión" en tu currículum para el próximo trabajo.

Realmente no esperaba que llegara a tanto, pero tenía que conseguir que se fuera. Salió de la casa en dos zancadas y se detuvo ante mí, con expresión de ira contenida, los puños apretados. Yo ya no recordaba al Jacob que conocí en la reserva.

-No puedo llamar otra cosa que "eso" a algo que no es humano- siseó.

Definitivamente, lo sabía.

Entré en casa, cerré la puerta en sus narices y me apoyé contra ella, intentando sosegar mi respiración. Me dejé resbalar hasta el suelo y permanecí allá apoyada, hasta que me calmé. Estuve dándole vueltas a la conversación. Jacob se había comportado de un modo horrible, justificado a medias porque estaba preocupado por Angela, pero ni aún así. Me puse a llorar como una niña… Hoy el mundo parecía haberse puesto de acuerdo para pedirme que me alejara de Edward. No me esperaba una situación tan desagradable después del maravilloso día de ayer. En aquel momento sonó el teléfono.


Pobre Bella, y ahora... ¿quién será?

Quiero hacer dos pequeños comentarios.

El primero, la maniobra de Heimlich quizá la habréis visto en alguna película, se usa cuando algún adulto se atraganta: una persona se coloca detrás suyo, la rodea con los brazos y aprieta la zona del estómago... si el boca a boca es el beso de la vida, eso se podría llamar el abrazo de la vida, pero hay que saber hacerlo.

Lo segundo es que ya desde este episodio os advierto que no habrá Renésmee. Edward es estéril, como todos los vampiros. Me pareció absurdo no ya que Edward fuera fértil en Amanecer (cada uno hace lo que quiere con sus vampiros), sino la explicación que daba la autora sobre por qué las vampiras NO lo eran. Sinceramente, señora Meyer, lo suyo no es la biología. En fin... No sé si os va a gustar pero es así... La que espere embarazos vampíricos y demás ya lo sabe.

Gracias por leerme, y por animaros a comentar. Aprecio mucho ambas cosas.