Hoy tocan charlas. Se van aclarando ideas e intenciones...

Gracias por leerme, y por vuestros comentarios. Gracias a MJ y P. Los personajes de Crepúsculo no son míos, pero sí esta historia.


Capítulo 20

BPOV

-Bella- comenzó- No me voy a disculpar por mi comportamiento de esta mañana. Te prometo que iba a hacerlo, no comprendía ni por qué nos habíamos enfadado por una tontería así… hasta que he leído la mente de Jacob – frunció el ceño y me clavó la mirada- ¿Cómo pudiste callártelo? Su actitud fue amenazante, te asustó, y te lo guardaste para ti. ¿Es que no confías en mí? ¿Crees que lo voy a matar o algo así? - Hizo una pausa cuando vio que yo arqueaba una ceja recordando la escena de horas antes - De acuerdo, es cierto que he tenido que emplear toda mi fuerza de voluntad para dominar el impulso de arrancarle la cabeza cuando he leído sus recuerdos. Pero lo que importa es que al final no lo he hecho, ¿no? – sonrió levemente, pero sus ojos centelleaban.

-Irás a hablar con él, ¿verdad? – quise saber, preocupada, y él asintió - Prométeme que no le harás daño. Es el novio de mi mejor amiga.

-¿Me crees capaz de hacérselo?- dijo, y compuso aquella cara de inocencia que yo ya conocía.

-Edward, no te has visto la expresión esta tarde, en Urgencias. Me has asustado. Parecía que ibas a saltar sobre él.

-Si no le he matado entonces no creo que vaya a hacerlo en un encuentro más o menos preparado. Puedes estar tranquila… supongo - añadió, curvando levemente una comisura de sus sensuales labios.

-Sí, mira, tranquilísima estoy, sobre todo después de ese "supongo"- su sonrisa se amplió más y sus dientes brillaron. Me obligué a mirarle a los ojos y no a la boca.

-Por supuesto que iré a hacerle una visita. Esta tarde no era el lugar ni el momento para dejar las cosas claras. Pero no voy a dejarlo así, y ni por un momento creas que él lo va a hacer. ¿Pensabas que ignorándole como has hecho hasta ahora nos iba a dejar en paz?

-¿Pero por qué? ¿Por qué ese odio hacia vosotros?

-Él sabe lo que soy, lo que mi familia es. Lo sabe porque su padre es uno de los patriarcas de los quileutes, y es un secreto que se transmiten entre ellos.

-Ya imaginaba que lo sabía por todo lo que me dijo, pero ¿cómo?

-Es una vieja historia, de la primera vez que aparecimos por aquí toda la familia, hace muchas décadas. Los quileutes no se tragaron nuestro disfraz de personas normales. Nosotros no lo sabíamos, pero ellos podían detectar que olíamos diferente que el resto de humanos. Según sus leyendas, hace siglos los lobos vencieron a unos vampiros en una lucha a muerte por poseer este territorio. La lucha fue larga y hubo muchas bajas en ambos bandos, pero ellos salieron victoriosos. Dicen que su tribu desciende de aquellos lobos, y no sé qué hay de real en eso, pero sí es cierto que algunos de ellos aún conservan el don de detectarnos.

-No me estarás hablando de hombres lobo...- después de aceptar que Edward era un vampiro y leía mentes creí que ya nada sería demasiado, pero de vez en cuando había nuevas revelaciones que me hacían desestimar esa idea, como la capacidad de Alice de ver el futuro, y ahora… esto.

-Bella, ahora no hay hombres lobo por aquí, aunque probablemente sí los hubo- me tomó ambas manos entre las suyas y las acarició.- Verás, aunque los vampiros seamos mucho más fuertes que los humanos no somos completamente indestructibles, además somos muy escasos en número, y no nos interesa que la gente sepa de nuestra existencia. El caso es que los quileute supieron lo que éramos pero cuando descubrieron cuál era nuestra alimentación… eso los descolocó, en sus leyendas no se hablaba de vampiros como nosotros. Cuando se aseguraron de que éramos distintos del resto de nuestra especie hicimos un pacto: ellos nos dejarían en paz y nos guardarían el secreto mientras siguiéramos con nuestra dieta especial, y nosotros respetaríamos todo su territorio, la zona que actualmente ocupa la reserva. Supongo que no acaban de fiarse de nosotros, piensan que algún día se liberará nuestra auténtica naturaleza y prefieren tenernos lejos.

-¿No habéis demostrado suficientemente que no sois peligrosos? Tú y tu padre, con vuestro trabajo diario… y los demás Cullen.

-Bella, no todo el mundo es como tú. Eres la única humana que he conocido que trata así con vampiros, con esa confianza. Por más que nos encuentren atractivos hay algo, una sensación inconsciente, que en algún momento hace percibir a los humanos que somos peligrosos. Lo sé porque he leído miles de mentes a lo largo de mi existencia. Algunos te dirán que somos raros, otros que hay un no se qué que no les gusta, pero lo cierto es que ninguno confía en nosotros de forma absoluta y todo el tiempo, tal como haces tú.

-¿Y quién tiene razón?

-¿Quién tiene razón? ¿Toda la humanidad o tú? Quién sabe – sonrió amargamente y apoyó la palma de su mano en mi mejilla. Yo coloqué la mía encima y la presioné contra mí, anhelando sentir su contacto. Me miró con dulzura - No dejamos de ser monstruos para los humanos y extrañas rarezas para los de nuestra especie. No tenemos lugar en ninguno de los dos mundos. Nos resistimos a un impulso tan natural en nosotros como tomar un vaso de agua y beber de él lo es para ti. Nos resistimos a abandonar lo poco de humano que queda en nosotros. – Me miró con intensidad. - Bella… jamás te haría daño. Pero el miedo que siente Jacob es totalmente instintivo, natural. Él teme que mi proximidad sea peligrosa para la mujer que ama. Por eso no iré a romperle la cara, porque comprendo lo que es proteger a tu mujer. Pero por eso mismo tampoco toleraré que te asuste o amenace, no por un temor infundado. Deberá aprender a vivir con esto, o llevarse a Angela a otro sitio. Y te pido que no me impidas que quiera protegerte.

-Me gusta que me protejas, pero ten en cuenta que Angela es mi mejor amiga. Temo que si vas a ver a Jake y discutís pueda influir negativamente en nuestra amistad.

-Bella, he de hacerlo. Me parece que no comprendes hasta dónde puede llegar Jacob queriendo proteger a su mujer.

-¿Me haría daño? ¿Te haría daño a ti, o explicaría el secreto de los Cullen?

-Eso no, él es muy respetuoso con las tradiciones de su pueblo. Y a mí no puede hacerme nada él solo. Tampoco creo que te hiciera daño físico, pero si no puede conseguir que tú y yo nos separemos intentará que Angela y tú no viváis bajo el mismo techo.

-Ya. Pues yo haré lo que pueda por impedírselo. Jacob no se tiene que llevar a Angela a ningún sitio por una estupidez como esa. Y que digas "su mujer" me choca un poco… ¿Tú me ves así, como "tu mujer"? - Edward me dirigió una mirada incandescente.

-Bella, yo lo siento así. Para mí eres la mujer, mi mujer, y no hay sitio para ninguna más... ni lo habrá – repuso.

-Edward, no puedes saber el futuro, y tu vida es muy larga. ¿No es un poco pronto para hablar así? - me angustié.

-Bells, los vampiros somos una especie monógama. Nuestra libido es fuerte, como ya sabes -sonrió levemente- y podemos tener relaciones esporádicas. Pero normalmente cuando nos enamoramos es para siempre, mientras nuestra pareja exista. A veces, incluso después de que ésta deje de existir nadie puede reemplazarla- bajó el tono de voz. El tema era delicado para ambos y mi corazón latía arrítmico, tal como él podía percibir.

-Edward… tú esperas que me convierta tarde o temprano, ¿no es así?- repuse con un hilo de voz. No me había parado a pensar en lo que nuestra relación significaba para él. Me sentía egoísta pero tampoco conocía esa característica de su especie, hasta el momento.

-No espero nada. Sólo vivo el presente, disfrutando de lo que siento. Simplemente quería saber lo que pasaba por tu corazón, porque hasta ahora no habíamos hablado de esto y ahora me parecía un buen momento- hizo una pausa.- De todas formas, Bella… sé que es muy pronto, pero ¿te ha pasado alguna vez por la cabeza?

-¿El qué?- pregunté estúpidamente.

-Transformarte en vampira- estudié su rostro y me perdí unos segundos en sus cálidos iris, antes de continuar.

-Sí. Una y otra vez. Pero… no puedo separarme así como así del que ha sido todo mi mundo hasta hace poco. Te amo como jamás pensé que amaría a nadie... pero aún así no daría mi humanidad por ti, Edward. No ahora. Y no sé si algún día podré.

Edward no hablaba. Me miraba desde el interior de su alma y a mí me dolía cada palabra que salía de mi boca.

-Creo que no soy capaz de renunciar a mi familia, mis amigos, mi posible maternidad, a la vida tal y como la conozco -continué.- Quizá tendríamos que haber tenido esta conversación antes de lanzarnos del avión sin paracaídas.

-Para mí no habría cambiado nada- la sonrisa de Edward tenía un rastro de tristeza - Bella, cuando decidí estar contigo sopesé antes todas las posibilidades. Seguí adelante porque descubrí que no me importaba ninguna de ellas, porque pasara lo que pasara iba a seguir adelante con mis sentimientos. Lo lamento, porque yo tenía ventaja al conocer la situación real, y no tuve problemas en enredarte en este lío.

-No digas eso. Cuando me di cuenta de que te quería ya era demasiado tarde para cambiar mis sentimientos, pero nada tiene que ver tu voluntad en eso. Sencillamente pasó.

-Me podía haber alejado de ti…

-Ya lo intentaste y no te dejé -le interrumpí. No me gustaba el nuevo derrotero que tomaba la conversación.- No vuelvas a hablar de eso, por favor. No elijas por mí, no vuelvas a hacerlo- supliqué.

-No lo haré más, Bella, te lo prometí. No hablemos más del tema. En estos momentos no nos lleva a ningún sitio. Y tenemos poco tiempo para estar juntos. Mañana tengo otra guardia, ha caído un compañero más por la gripe.

-Vaya mierda.

-Sí, eso de ser el único inmune a la gripe tiene sus desventajas.

-Entonces quizá podíamos aprovechar el tiempo... -murmuré, mordiéndome el labio.

-¿Se te ocurre alguna manera? Quizá Angela guarda un juego de cartas por ahí y podíamos jugar al póker, para matar el rato- repuso sin dejar de mirarme la boca con la mirada encendida.

-Claro… podemos jugar al póker. No se me ocurre nada mejor que hacer para pasar el tiempo contigo. Ven, creo que sé dónde lo tenemos guardado. Por cierto, ¿sabes eso que dicen de qué es lo mejor de las peleas?- le dije, tirando de él hacia mi habitación.

Cuando llegamos a mi cama ya no llevábamos ni una sola pieza de ropa…


Habíamos acordado que Edward se marcharía antes de que Angela llegara. Quería hablar con ella. Estábamos cenando y saqué el tema de conversación que me interesaba.

-¿Has llegado a hablar con Jake esta tarde en Urgencias, Ang?

-No, él iba con mucha prisa, normal, claro… pero al menos nos hemos visto.

-Angela ¿Sabías que Edward y Jake no se caen bien?

-Sí, eso es de dominio público- sonrió tranquilamente mientras cortaba una manzana a trozos.

-Nunca me habías dicho nada.

-Porque es una cosa entre ellos dos, Bells. A mí Edward sí me cae bien, pero cuando saco el tema de que salís juntos Jacob se pone… no sé decírtelo, pero su expresión cambia de una forma que casi asusta, y su único comentario es que no entiende cómo puedes salir con él. Cada vez que le he pedido que se explique lo único que acierta a decir es que no se fía de Edward, pero no me quiere decir por qué. ¡Yo qué sé! Cosas de tíos, a mí me da igual. Yo creo que tienes muy buen gusto, y eso es lo que importa, ¿no?- me guiñó un ojo.

-Sin mencionar que casi desde el primer día que me conociste ya quisiste liarme con él-le recordé.

-Sí, sin mencionar eso –sonrió pensativa. -¿A ti Edward te ha dicho algo? ¿Cómo te has enterado de eso de la antipatía?

-Bueno… he visto cómo se han mirado los dos hoy en Urgencias y me ha quedado muy claro.

-Piensa que Jacob y Edward coincidieron en el hospital durante cuatro años. A eso de las caras de vinagre cada vez que se encuentran ya estaba acostumbrada, e incluso a que Jake arrugue la nariz cada vez que siente a Edward cerca de él, como si este no oliera de maravilla -rió.- ¡Hombres!

-Sí, hombres…-repuse, pensativa.

Me alegraba escuchar la opinión de Angela. No creía que se dejara influenciar fácilmente por Jake, tenía las ideas muy claras desde hacía tiempo. En aquel momento sonó el teléfono y mi amiga se levantó disparada a contestar, supongo que pensando que sería su chico.

-Bells, es de tu casa- dijo, pasándome el aparato. Empezó a retirar la mesa, mientras yo me llevaba el teléfono a mi habitación.

-Hija, ¿cómo estás?- la voz de mi padre sonaba seria.

-Bien, papá.

-No, no estás bien. Hija, ¿se puede saber qué te pasa por la cabeza? He hablado con James Watson.

Mierda. Quería habérselo dicho yo y no que se enterara así.

-Papá, no entiendes.

-No, no entiendo por qué mi única hija cruza el Atlántico para trabajar en un hospital que tiene muchas menos prestaciones y capacidad docente que donde estaba antes. ¿Es por ese chico?-su voz sonaba realmente enfadada.

-No, papá. No es por él. Podría salir con él y trabajar en Seattle sin problemas.

-Entonces aún lo entiendo menos.

-Papá, estoy muy bien aquí, es un buen centro, con buenos compañeros, y aunque no te lo creas estoy aprendiendo mucho.

-¡Para eso no hacía falta que hicieras miles de kilómetros!

-Pero los he hecho, y es lo que me he encontrado, Charlie -siempre le llamaba Charlie cuando me enfadaba con él, y ahora empezaba a mosquearme. Toda mi vida había aceptado sus consejos y orientaciones porque coincidían con lo que yo deseaba, o eso pensaba yo. Quizá lo que pasaba era que no me importaba mucho lo que fuera que tenía que decidir y le hacía caso. Sólo fui en contra de sus recomendaciones en dos ocasiones: a la hora de elegir especialidad, y ahora. Y no iba a echar marcha atrás.

-Hablaré con tu jefa para que te haga entrar en razón.

-¡Ni se te ocurra! - cualquiera le decía que Emily le daría la razón a él.- Papá, no te metas en mi vida. Soy una adulta.

-Hija, no lo haría pero me parece que estás tirando por la borda una oportunidad de oro. La única oportunidad de trabajar de adjunto en un gran hospital. ¿Cómo vas a competir con compañeros que acrediten una formación en las últimas técnicas? ¿Dirás que has estado en un hospital de pueblo pero que la gente era "muy maja"?- casi gritaba.

Estaba a punto de colgarle el teléfono. Lo imaginaba de color granate, como cada vez que se enfadaba mucho por algún motivo. De fondo escuchaba a mi madre intentando calmarle. Yo me parecía más a ella que a él. La decisión de mudarse a Barcelona había sido de ella. Renée sentía que iba a estar a gusto en esa ciudad, y fue lo único que le importó. Que tuvieran suerte y encontraran un buen trabajo bien remunerado gracias también a su prestigio eran cosas secundarias para ella. Y él, que la adora, se dejó convencer sin problemas.

-Escúchame, papá. No quiero que hagas nada. Es mi vida. Y tampoco creo que vuelva a España cuando acabe el año – hala, ya lo había dicho.

-¿QUÉ? ¿NO VAS A VOLVER? – ahora sí chilló, tanto que tuve que separar el auricular de mi oreja, y me arrepentí de haber sido tan brusca. Lo había dicho sin pensar. Ni siquiera era una decisión que hubiera sido plenamente consciente de tomar, pero ahora que lo había dicho estaba segura. Escuché cómo mi madre le quitaba el teléfono.

-¿Qué dice Charlie, Bella? ¿No vas a volver?

-Mamá, no estoy segura, pero creo que no.

-Es por ese chico, ¿no?

-Sí.

-¿Tan fuerte es? Apenas hace unas semanas que salís.

-Mamá, ¿cómo puedes decirme eso? ¿No fuisteis vosotros quienes os prometisteis a las dos semanas de conoceros?

-Sabía que algún día me arrepentiría de haberte explicado esa historia- bufó, pero inmediatamente cambió el tono de voz y supe que estaba sonriendo.- Está bien, hija. Confío en ti, ya eres mayor para tomar tus propias decisiones.

-Díselo al doctor Aguafiestas Swan.

-Hija, él sólo dice lo que cree que es mejor para ti - de fondo se escuchaba gruñir a Charlie palabras que no llegué a entender.- Bien, pues habrá que conocer al chico que ha logrado la hazaña de robarle el corazón a nuestra hija. Tenemos mucha curiosidad ¿verdad Charlie? ¿Qué te parece si te hacemos una corta visita para la Semana Santa, hija?- además de la voz de mi madre se escucharon más gruñidos inconexos al otro lado del teléfono. A mí me dio un vuelco el estómago. ¿Mis padres conociendo a Edward? ¿Y si notaban algo extraño? Esto iba demasiado rápido. No, no estaba preparada para eso.

-Eeeeh… tengo que mirar el calendario de guardias, y eso. Ya os diré algo, ¿vale?

-Mándanos una foto de los dos, hija. Al menos nos haremos una idea de cómo es.

-De acuerdo mamá.- Pensé que no tenía ninguna foto de Edward. Tenía que poner remedio a eso. A lo mejor si le mandaba lo que me pedía satisfacía su curiosidad y posponían su visita hasta el verano.

O hasta dentro de diez años.

Me despedí de mi madre, porque Charlie no quiso volver a coger el auricular. Estaba enfurruñado, y probablemente la próxima vez que habláramos intentaría volver a convencerme de que estaba cometiendo un error. Era lo que había, iba a echarles de menos, a ellos y al sol, pero la opción de llevarme a Edward a mi soleado Mediterráneo era impensable y yo no me imaginaba sin él. Tenía que empezar a sondear mis posibilidades de trabajo por la zona, aunque aún me quedaban unos meses por delante. Parecía absurdo tomar esta decisión el mismo día que había hablado con Edward de mis dudas sobre mi posible transformación, pero una cosa tenía clara: no sabía si podría abandonar mi vida, pero lo que sí sabía era que no quería vivir sin él.


EPOV

Esperé pacientemente ante la puerta del edificio donde vivía Jacob a que este llegara de su trabajo. Me apoyé en un coche que había aparcado enfrente. Caía una lluvia suave, pero yo no llevaba paraguas ni me importaba. Me limité a pasarme la mano por el cabello para apartármelo de la cara. Unas chicas pasaron, me miraron y luego rieron tras dirigirse una mirada de complicidad. Sonreí al escuchar sus pensamientos.

No es que el nombre de Jacob Black saliera en la guía de teléfonos, pero fue sencillo saber dónde vivía gracias a Jasper. Ningún dato confidencial escapaba a la habilidad de mi hermano en la red. La informática era su trabajo y romper barreras de seguridad en Internet su pasión. Cuando le pedí que me consiguiera la dirección de Black me reprendió y me dijo que le hacía perder el tiempo al pedirle tareas que hasta un niño de primaria podría conseguir. Luego me confesó que había investigado a Bella, su pasado y su familia. Me enfadé con él por hacerlo sin mi permiso, que evidentemente no habría obtenido. Aunque se me pasó rápido. Sabía que lo hacía porque estaba preocupado por mí, como toda la familia. Jasper era quien menos comprendía mi relación con una humana. Hasta conocer a Alice su dieta había sido durante años la habitual de un vampiro, y eso no era algo fácil de superar. Pero él lo había conseguido, por amor a mi hermana. Ahora ya no tenía ningún problema en la convivencia con los humanos, pero aún le quedaban muchas décadas para poderse dedicar a una profesión como la de Carlisle, Rosalie y mía.

Jacob llegaba caminando pausadamente, las manos en los bolsillos del anorak, con la capucha puesta. Iba mirando al suelo. A unos cuantos metros de mí alzó los ojos, arrugó la nariz y frunció el ceño. Su reacción habitual.

-Te agradezco que no hayas entrado en mi casa. Por lo menos en la calle el tufo no es tan insoportable, Cullen -dijo, deteniéndose a un par de metros de mí. No estaba asustado, pero sí alerta.

-Quiero hablar contigo- dije fríamente, ignorando su comentario.

-Entonces será un monólogo, porque yo no tengo nada que decirte - espetó, cruzándose de brazos.

-Supongo que no me vas a invitar a entrar en tu madriguera, así que hablaremos aquí fuera, si así lo deseas. Me basta con que me escuches, y espero que tu oído sea tan fino como tu olfato de perro, porque no lo repetiré.

-Habla rápido y líbrame de tu molesta presencia, Cullen.

-Muy bien, escucha atentamente y no olvides esto: jamás, jamás ¿me oyes? te vuelvas a dirigir a Bella de la forma en que lo hiciste aquel día. No la asustarás, molestarás ni le faltarás al respeto. Si me entero de que lo has hecho tendrás graves problemas. Y no es una amenaza, es una promesa- dije, y mi voz sonaba gélida mientras me acercaba a él. Fue retrocediendo hasta que tocó con la pared.

-Ya tardabas en venir a defender a tu novia, Cullen. No he roto el pacto, pero no toleraré que se ponga en peligro a Angela- me sostuvo la mirada y he de decir que durante un instante le admiré el valor. Nadie conseguía aguantar ni dos segundos cuando lo miraba de la forma en que lo hacía ahora con él. Incluso algún humano había llegado a orinarse encima.

-¿Cuándo te entrará en la dura mollera que los Cullen no somos un peligro para nadie? –dije cansinamente.

-Cuando viváis en la Antártida, sanguijuela. Entonces sólo temeré por los pingüinos, pero viviré más tranquilo. En lo que a mí respecta eres como un ex-alcohólico que trabaja en un bar. Tarde o temprano caerás, y no quiero que mi novia esté delante cuando eso suceda. Y para mi gusto pasas demasiado tiempo cerca de ella por culpa de tu amiguita- decidí que ya tenía suficiente de esta conversación. Le tomé por el cuello de la chaqueta y acerqué mi cara a escasos centímetros de la suya, clavando mis ojos en los suyos. Ahora sí empezaba a asustarse, pero no desvió la mirada.

-Deja a Isabella en paz –vocalicé cada sílaba. - Si no lo haces, te obligaré a hacerlo – mi voz ya era un gruñido bajo.

-De acuerdo, creeré tus palabras y la dejaré tranquila. Y ahora aléjate de mí o tu olor impregnará mi ropa y tendré que tirarla a la basura.

-Bien. Sólo espero que te haya quedado claro- solté mi agarre y, sin despedirme, me alejé de él. Oí cómo escupía en el suelo al alejarme. Desde luego, no sabía si Jacob Black era valiente o idiota. Quizá las dos cosas. Pero sí sabía que no me decía la verdad en lo primero que había afirmado pues seguía sin creerme, pero sí en lo segundo. No volvería a molestar a Bella.


Jacob es un poco cansino, ¿no?

El siguiente será el domingo en vez del lunes; aparecen dos Cullen más. Gracias por leerme y por dejar vuestros comentarios.